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La literatura nigeriana está de moda

achebe - Angela Radulescu portada

Chinua Achebe

Hoy, 21 de marzo de 2014, se cumple un año de la muerte de Chinua Achebe, uno de los pilares de la literatura nigeriana. Además de ser considerado el padre de la novela africana, una distinción absolutamente subjetiva, se decía de él que era el principal aspirante del continente al premio Nobel, sin embargo, falleció sin recibir este galardón, seguramente merecido. En todo caso, el aniversario nos lleva a lanzar un vistazo al estado de la literatura nigeriana y a darnos cuenta de que la situación es más halagüeña que nunca. Por un lado, porque los discípulos del maestro son legión. Por otro, porque recibe más atención que nunca por parte tanto de la industria editorial internacional, como de los medios de comunicación. Y, finalmente, porque presenta una atractiva variedad, salud creativa y vías de experimentación. Así, ventas, repercusión, calidad y nuevas apuestas marcan el paso de un panorama que no se puede perder de vista porque se ha convertido en una fuente inagotable de novedades.

Wole Soyinka, uno de los pocos africanos ganadores del Premio Nobel. Fuente: http://uncut.indexoncensorship.org

Wole Soyinka, uno de los pocos africanos ganadores del Premio Nobel. Fuente: http://uncut.indexoncensorship.org

La desaparición de este “padre” de la literatura ha dejado a otro grande (grandísimo) de las letras, como único nigeriano galardonado con el premio Nobel de literatura, Wole Soyinka. Precisamente el literato africano hacía una interesante reflexión, en una entrevista concedida a Sahara Reporters, acerca de la consideración de Achebe como “padre de la novela africana” y de la obsesión por que recibiese el premio Nobel. Soyinka rechazaba la paternidad de Achebe, de la misma manera que rechaza las consideraciones que le señalan a él mismo como “padre del teatro africano”, básicamente porque considera que refuerza las visiones paternalistas de los expertos extranjeros que sólo prestan atención a la literatura escrita y porque esa mención obvia la diversidad de las literaturas africanas.

En relación con la petición del Nobel para el autor de Todo se desmorona, Soyinka lo consideraba una falta de respeto. Para él, los que insistían en esta demanda estaban “escribiendo un epitafio negativo” del, en ese momento, recién fallecido escritor. Aseguraba que la calidad de la obra de Achebe, indudable, no variaba porque no le hubiesen concedido el Nobel, pero además, la insistencia marcaba su desaparición con mancha de frustración que no se correspondía con la importancia del autor. Se preguntaba de manera muy ilustrativa si alguien creía que “había sido el premio Nobel o la representación eurocéntrica de la realidad africana lo que había motivado a un joven escritor a coger pluma y papel para escribir Todo se desmorona”.

Privados de Achebe y sin novedades editoriales de Soyinka desde hace años, la literatura nigeriana podía parecer huérfana. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Sin entrar en comparaciones que serían un terreno indudablemente resbaladizo, muchos autores están tomando el relevo de los maestros, al menos, en lo que se refiere a influencia en la actualidad literaria mundial. Probablemente la punta de lanza de esta “nueva generación” sea la ya archiconocida Chimamanda Ngozi Adichie, de la que se ha hablado en esta sección en diversas ocasiones. Hace sólo una semana, el último libro de Adichie, Americanah, recibió el US National Critics Book Prize. Sin discusión, ahora mismo, la autora de La flor púrpura, Medio sol amarillo o Algo alrededor de tu cuello está en lo más alto del mercado editorial. No en vano, Americanah se ganó un puesto en las listas de los mejores diez libros de 2013 en varias publicaciones incluido el New York Times y su autora fue considerada uno de los 100 africanos más influyentes del mismo año.

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No se trata de hacer una lista exhaustiva de autores nigerianos de éxito y calidad, una lista en la que tendían que aparecer nombres como Chris Abani o Helon Habila o los miembros de generaciones anteriores que han tenido la habilidad de no perder el paso y perpetuarse como referentes como es el caso de Ben Okri. Sin olvidar todos esos nombres, sólo pretendemos recordar los hitos que demuestran la buena salud de la literatura nigeriana en este primer año post-Achebe. Y en este sentido, por ejemplo, hace poco más de un mes, en esta misma sección, nos hacíamos eco de la repercusión internacional del lanzamiento de la segunda novela de Okey Ndibe, Foreign Gods Inc. Los principales medios y revistas especializadas en el mundo editorial, fundamentalmente las del ámbito anglosajón, se hicieron eco de la aparición de esta novela en la que se conecta Estados Unidos y Nigeria a través de los movimientos migratorios y, curiosamente, del arte.

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Más allá de premios y páginas de medios influyentes resulta curiosa la aparición (o el mantenimiento) de algunas voces especialmente arriesgadas que están explorando nuevos mundos narrativos ya sea a través de estilos innovadores o de géneros poco explotados. El primero de estos casos es el de Nnedi Okorafor, con su incursión en la novela fantástica, a través de What Sunny Saw in the Flames, en el que se confunde novela social, ciencia ficción, policiaca y fantástica en la historia de un grupo de jóvenes con poderes que tienen que investigar unos extraños crímenes en un mundo fuera de lo común.

Every day is for the Thief, de Teju Cole

Every day is for the Thief, de Teju Cole

Otro caso de exploración, sin duda, es el del emergente y asombrosamente rápido consolidado Teju Cole. Las nuevas tecnologías se han convertido en un rasgo de identidad de Cole, de su estilo literario y del entorno en el que se desarrollan sus historias, como ocurre en Every Day is for de thief, donde están muy presentes tanto internet como el cine. No en vano, su actividad en el blog ha sido fundamental en el descubrimiento de su obra y actualmente su presencia en Twitter es prácticamente ineludible en los círculos literarios africanos, por supuesto, pero también mundiales.

Casulamente para terminar de redondear esta visión positiva, los dos últimos autores que se han mencionado Okorafor y Cole han sido editados por Cassava Republic Press, un grupo editorial independiente nigeriano. Cassava se ha convertido en un referente en África anglófona se trata de un arriesgado proyecto que combina la publicación de autores consagrados con otros más desconocidos y que pretende acercar a los escritores nigerianos a sus compatriotas, pero también abrirles el mercado editorial internacional. Verdaderamente una muestra más de que el libro nigeriano goza de buena salud.

Lo que queda cuando “todo se desmorona”

Hace unos días entrevistando a un autor catalán que escribe sobre África volvía a aparecer como recomendación de novela africana la obra más conocida del nigeriano Chinua Achebe, Todo se desmorona. Seguramente es uno de los cinco libros africanos más recomendados y ha sido objeto (igual que su autor) de muchos, muchísimos estudios académicos. Sin embargo, no se ha hablado de este clásico de la literatura en la sección de Letras Africanas, posiblemente porque ya se ha estudiado y difundido mucho en otros ámbitos. Sin embargo, hoy me gustaría destacar un elemento de la novela que me parece especialmente interesante (seguramente, hay un millón de aspectos que se podrían tratar): el uso que Achebe hace de las narraciones populares.

Chinua Acebe. Foto: Angela Radulescu (cc - https://www.flickr.com/photos/walkingthedeepfield/)

Chinua Acebe. Foto: Angela Radulescu (cc – https://www.flickr.com/photos/walkingthedeepfield/)

Cuando Chinua Achebe falleció hace poco menos de un año se dijo de él que era el padre de la novela africana.  Es una afirmación que rechazamos  como descripción, porque no creemos que nadie tuviese la osadía de responder a preguntas como ¿quién es el padre de la novela europea?, o, ¿quién es el padre de la poesía americana? Sin embargo, entendemos la afirmación como una muestra de respeto y de admiración, como un homenaje. Lo que sí que es indudable es que la obra de Chinua Achebe ha marcado profundamente la historia de la literatura africana y que algunas de las características de su obra son tan particulares que engrandecen su figura.

Uno de estos rasgos es la maestría con la que Achebe se adaptó a los cánones de la literatura universal sin renunciar a sus diferencias. Y al hacer esta afirmación pensamos en habilidad para conseguir que la tradición africana (a través de su tradición cultural igbo) estuviese presente en su narrativa. Y no sólo presente a modo de anécdota, como rasgo de exotismo, sino que en la obra del escritor nigeriano la tradición cultural propia es, sin duda, la piedra de toque. El ejemplo más claro (o, al menos, un ejemplo suficientemente claro) aparece en cómo los relatos tradicionales, conservados y difundidos por la transmisión oral, hilvanan la historia de la obra con más proyección del autor, Todo se desmorona.

Lo que fascina del uso que Achebe hace del cuento es la capacidad que tiene para convertirlos en una navaja suiza. Son multiusos: por un lado, son un atractivo recurso literario; por otro, son un mecanismo descriptivo que ayuda a caracterizar a los personajes y a describir el espacio y el ambiente en el que se desarrolla la historia; y, por último, son transmisores de valores, como si se tratase de un cuento popular, la novela de Achebe también transmite valores, de manera que los cuentos que se incrustan no son meros adornos, sino que sus moralejas, son algunas de las moralejas de Todo se desmorona.

El cuento de la serpiente-lagarto

En este caso, Achebe no nos cuenta el relato, pero sí que nos transmite sus enseñanzas. Ekwefi, una de las esposas del protagonista de Todo se desmorona le recuerda una historia a su hija Ezinma, lo que hace pensar al lector que la madre había contado este cuento a su pequeña en otro momento, porque ambas lo conocen perfectamente.  La enseñanza de este relato es de lo más simple y práctica, aunque el discurso refleje un tono mucho más profundo. Probablemente, la enseñanza profunda del cuento de la serpiente-lagarto haga referencia también al respeto a los mayores o a los efectos perniciosos de desconfiar de la propia familia. Sin embargo, en este concreto, la madre simplemente recuerda a su hija que la verdura una vez cocinada mengua y que no hay que fijarse tanto en lo que ocupa en la olla cuando se inicia la cocción sino en el volumen una vez hecha. Aparece así como un curioso ejemplo, una lección de cocina a través de un cuento popular.

El cuento de la tortuga y los pájaros

TODO SE DESMORONA

El relato aparece reflejado íntegramente en la narración. Ekwefi explica a su hija Ezinma la historia de la Tortuga que quiso participar en una fiesta de los pájaros. Tortuga consigue embaucar a los pájaros para que le permitan acudir con ellos al gran banquete y para comerse los mejores manjares. Sin embargo, la Tortuga, por aprovecharse de la bondad y la inocencia de los pájaros acaba recibiendo su merecido. Las enseñanzas que la niña puede extraer de este relato son diversas. En primer lugar, una íntimamente ligada a la importancia de la palabra en la mayor parte de las culturas africanas. La palabra se entiende a menudo como principio creador, es tan importante que los charlatanes no son bienvenidos. El cuento muestra a Ezinma y por extensión a todos los lectores que los parlanchines son embaucadores y que la palabra sirve para convencer no siempre con una voluntad positiva, por lo que quien habla mucho no es de fiar.

Por otro lado, una enseñanza que coincide con aquel dicho popular español que señala que “la avaricia rompe el saco”. Para Tortuga el banquete de los pájaros aparece como una salvación frente a la amenaza de una muerte por inanición. Habría podido saciarse tranquilamente, pero no se conforma y pretende comer la primera y los mejores pedazos lo que provoca el enfado y la reacción de los pájaros.

Una tercera enseñanza tiene que ver la dependencia. La tortuga había podido llegar volando al banquete en el cielo gracias a que cada uno de los pájaros le había prestado una de sus plumas. Cuando los traiciona los pájaros deciden recuperar sus plumas, lo que deja a Tortuga en el cielo y sin manera de volar. Además ellos son los únicos que pueden salvarle transmitiendo a su mujer el mensaje de poner colchones y cosas blandas en el suelo, para que amortigüen su caída. Sin embargo, los pájaros no sólo no se prestan porque han sido traicionados, sino que además encuentran el momento de vengarse.

El cuento de la Madre Milana.

El cuento de la Madre Milana explica la desconfianza hacia los hombres blancos que se hacen presentes en el universo igbo de la novela. El relato tradicional cuenta la historia de una milana (un ave rapaz) que educa a su hija en las normas de la caza. Si la madre de la presa no protesta, es mejor devolverle a su vástago. Sólo deben mantenerse las presas de aquellos que se resisten a la captura, porque existe la premonición de que quien no protesta por la sustracción puede estar preparando una venganza más callada y sibilina y que resulte mucho más dañina por su discreción.