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Desafiando las leyes de la gravedad

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La acrobacia como herramienta contra la pobreza y la exclusión social aterriza en España

Son las siete de la mañana, hay 9 grados de temperatura en la calle y Samuel, Kelvin y Eric, de ocho y nueve años, deambulan en la entrada del centro comercial Junction, una de las mayores galerías de Nairobi. Vestidos con prendas sucias y rotas, arrastran un saco de rafia con el que recogen basura para revender con una mano, mientras con la otra sujetan una botella de plástico con la que esnifan cola. Según Unicef, en los barrios deprimidos de Kenya, los niños tienen más probabilidades de convertirse en adictos de esnifar pegamento que a graduarse en la escuela secundaria.

La vida de estos chicos no es una excepción en Kenia, donde el 42% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Las estadísticas apuntan que, tan solo en Nairobi, son más de 500.000 niños de la calle, y las cifras parecen no dejar de crecer. El desempleo en el país afecta mayormente a los jóvenes, y sobre todo, a los jóvenes de las zonas urbanas. Si bien el desempleo de jóvenes entre 15 y 25 años es del 20-25% en la zona rural, el desempleo en la ciudad se encontraría entre un 35 y un 60% según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP).

“En Nairobi la pobreza es un gran problema. Muchos jóvenes y niños viven en la calle, sin comida, sin refugio, comiendo de la basura. Muchos acaban convirtiéndose en ladrones y muriendo de un disparo de la policía. Algunos terminan contrayendo el VIH debido a la falta de educación y la espiral acaba siendo mortal”, reconoce Antony Mwangi, uno de los cinco jóvenes del grupo Afro Jungle Jeegs. Provenientes de diferentes barrios marginales de la capital keniana, los cinco jóvenes acróbatas que forman este grupo, observan la realidad de los necesitados del país con cierto optimismo, a pesar de la multitud de retos y problemáticas que afrontar.


Parte de un movimiento mucho más grande que engloba a docenas de acróbatas kenianos, este pequeño grupo de cinco artistas visita España este verano para llevar las acrobacia de gira en festivales y ferias. “Estamos de gira por Europa durante tres meses. Nuestro objetivo es poder dedicar el dinero que estamos recaudando a mejorar la escuela de acróbatas que tenemos en Jericho. Nuestra gira, en este sentido, es totalmente benéfica. Para generar un futuro mejor entre nuestros jóvenes y procurar educación a través de las artes circenses”, nos cuenta Bonface Sakwa, otro de los miembros de la joven banda de gira por España gracias a la productora Con Mucho Arte.

El barrio de Jericho, de donde provinen parte de los Afro Jungle Jeegs, no es una de las zonas más pobres pero si una de las más peligrosas de la ciudad. La falta de actividad económica y la pobreza endémica del vecindario hace que emerjan bandas de delincuentes juveniles que, como sucede en otros barrios como Kayole, Dandora o Buruburu, tienen a los vecinos aterrorizados. “Nos entristece muchísimo que se produzca tal violencia en nuestras comunidades. Cuando vemos a los chavales, tan jóvenes, dedicándose a este tipo de actividades, nos desesperamos. Es por eso que los llamamos a unirse a nosotros y a utilizar su talento y energía para paliar la pobreza y luchar por la paz”, confiesa David Kiarie, uno de los saltimbanquis de Afro jungle Jeegs, con ganas de generar nuevas dinámicas en sus barrios a través de las acrobacias.

528272766_9dea4eab80_b“Utilizamos la acrobacia como una herramienta poderosa para luchar contra la pobreza, la discriminación o el crimen, y así empoderamos a los jóvenes a través de la disciplina del gimnasio y el trabajo en equipo. Trabajar en equipo ayuda a dejarse de preocupar por uno mismo y empezar a dar importancia al grupo por encima del individuo”, subraya David.

Los Afro Jungle Jeegs no son el único grupo de acrobacias del país. La escuela Sarakasi, situada en el barrio de Ngara, en el centro de Nairobi, fue la primera escuela de circo, danza y acrobacias del África del Este. De allí salen la mayoría de profesores y profesionales del país, multiplicando las iniciativas y el impacto de las acrobacias en los barrios más desfavorecidos de la ciudad. “Con nosotros, todo comenzó cuando conocimos a un grupo de hombres que se dedicaban a las acrobacias, nos preguntaron si estábamos interesados en aprender y nos decidimos. Al principio nos daba mucho miedo, por las caídas y el daño que te puedes hacer. Pero nos dimos cuenta que no era tan difícil como pensábamos. Así que, en cuando vimos los beneficios físicos, mentales, económicos y sociales de nuestro trabajo, decidimos comprometer nuestras vidas con la acrobacia”, cuenta Nicholas Okoth, el cuarto miembro de los cinco acróbatas nairobenses.

Donde la vida pesa tanto como en Jericho, poner el centro de gravedad en la confianza hacia el equipo o la comunidad es la base para el equilibrio. “Nuestros entrenamientos son gratuitos. No cobramos nada para que todo el mundo pueda unirse a nosotros. La acrobacia es un movimiento social”, cuenta Ronald Onzere, quien junto a los compañeros de Afro Jungle Jeegs demuestra una profunda sensibilidad social. Y es que este grupo de kenianos no desean solamente hacer que las acrobacias se expandan entre los jóvenes, sino que pretenden generar puestos de trabajo y fomentar la inclusión social; y de paso, incubar esperanza y confianza tanto en los acróbatas como individuos como en la comunidad que los rodea.

La pérdida de confianza y autoestima en uno mismo, la carencia de habilidades sociales y la falta de capacidades desarrolladas para entrar en el mercado laboral, son algunas de las consecuencias que la pobreza acarrea entre los jóvenes de Kenya. La construcción de una escuela de acrobacias, en este contexto, no solamente pretende formar a profesionales, sino educar a parte de la sociedad y cultivar las semillas para el cambio social. Por eso, esta gira que lleva a los Afro Jungle Jeegs representa una oportunidad tanto para ellos, como para la comunidad de la que emergen.

“Durante esta gira vamos a asistir a un total de 17 eventos, en 4 países diferentes: España, Italia, Suiza y Alemania. Visitar diferentes comunidades europeas ya está siendo una de las mejores experiencias de nuestra vida. Porque llegamos a conocer a las nuevas realidades y culturas”, confiesa Antony. En esta gira, Zaragoza, Burutain (Pamplona), Bilbao o Viladecans (Barcelona), ya han podido disfrutar de su espectáculo de entretenimiento. Y la audiencia ibérica pudo acabar de degustar y hacer su aportación a la transformación social de los barrios menos favorecidos de Nairobi el pasado fin de semana. El sábado 18 de Julio estuvieron actuando en la Fira de Circ al Carrer de La Bisbal d’Empordà (Girona), para cerrar gira el 19 de Julio, en el Festival Pirineos Sur.

 

Debere Berhan: un circo integrador y social

FOTO 5Este colectivo es ejemplo, en Etiopía, de cómo se pueden desarrollar habilidades a través de las artes escénicas y circenses y convertir la discapacidad en ventaja.

El Circo Debere Berhan es ejemplo de la toma de conciencia acerca de la integración social en un país, Etiopía, donde la discapacidad está estrechamente conectada con la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades. A través de las artes escénicas y circenses, los integrantes de esta compañía han demostrado que es posible luchar contra las estadísticas y contra un destino abocado a la miseria y la marginación.

Etiopía, con cerca de 95 millones de habitantes, tiene a un 30’7% de su población viviendo bajo el umbral de la pobreza (1.25 dólares por día) según estadísticas de Unicef. La diversidad funcional (anteriormente definida negativamente como dis-capacidad) sensorial, motora y/o cognitiva no se puede desligar de estas elevadas tasas de pobreza. Los datos son tan dispares respecto a este colectivo que las cifras que se barajan oscilan entre el 2% y el 20% de la población. Sin embargo, según el Informe Mundial sobre la Discapacidad, publicado por el Banco Mundial en el año 2011, se estima que son 15 millones los niños, adultos y ancianos etíopes -de ellos un 95% vive bajo el umbral de la pobreza-, los que sufren diferentes tipos de diversidad funcional.

Tras las conocidas hambrunas de 1973-1974 y de 1984-1985, la crisis política por la caída del régimen socialista de Mengistu del 1991 al 1994, y la inseguridad alimentaria que ha sufrido Etiopía en las últimas décadas, la mayoría de estudios apuntan a la malnutrición y a las complicaciones en embarazos y/o partos como las principales causas de las elevadas tasas de diversidad funcional. Sin embargo, otras causas como los conflictos bélicos o los accidentes de tráfico son variables importantes a la hora de analizar este fenómeno.

El difícil acceso a la educación primaria universal o al sistema sanitario después del periodo comunista, las consecuencias de algunas enfermedades tropicales enquistadas en el país, o el complicado acceso a empleos y a mecanismos de ayuda dirigidos a estas personas, las sitúa en una preocupante situación de vulnerabilidad y exclusión social. Si a esto le añadimos el estigma social o incluso la demonización que muchas de ellas sufren por ser diferentes, el peligro de abandono durante la infancia por parte de padres o madres incapaces de hacer frente a sus necesidades, la elevada mortalidad infantil o los abusos sexuales, sobre todo hacia niñas y adolescentes, nos encontramos con una situación de fragilidad absolutas.

Para paliar los problemas de este colectivo, muchas son las medidas que se han adoptado en los últimos años. Un ejemplo: la Asamblea General de las Naciones Unidas se comprometió en septiembre de 2013 a incluir la diversidad funcional en los Objetivos del Desarrollo del Milenio para 2015; el gobierno etíope firmó en 2007 la Convención de la ONU para los derechos de las personas con discapacidad y lleva a cabo el Plan de Acción de la Década Africana de las Personas con Deficiencias (2010-2019) impulsado por la Unión Africana; también se creó, en 2005, el Centro Etíope para la Discapacidad y el Desarrollo (ECDD), una de las organizaciones más importantes para la inclusión de las personas con diversidad funcional que trabaja para asegurar los derechos y el acceso a los servicios y oportunidades a todos los etíopes; del mismo modo, numerosas ONG e iniciativas de la sociedad civil promueven la inclusión, la aceptación y la toma de conciencia y responsabilidad para romper las barreras a las que se enfrentan estos 15 millones de etíopes.

SueciaOriginario de la ciudad de Debere Berhan, situada en el centro de Etiopía, este colectivo de acróbatas nació en 1998. “La idea embrionaria fue de Netsanet Assfa, quien fundó este circo para todos. Empezamos trabajando con la escuela de la aldea de Atsa Zeriyakob, una escuela especial para niños con diversidad funcional como la ceguera, la sordera y otros problemas físicos”, nos cuenta su actual director ejecutivo y artístico, Teklu Ashagir. “Con ellos, hacíamos circo adaptado a sus problemas. Por ejemplo, si alguno tenía dificultad en una pierna, potenciábamos lo que podía hacer con su mano”.

Pero a partir de esa idea embrionaria, el colectivo se dio cuenta de que las actuaciones locales tenían mucho éxito y que la implicación de los chicos en el circo era muy positiva. “Vimos que en realidad, si te dan la oportunidad, puedes hacer cualquier cosa”, afirma Teklu. “Cuando iniciamos esta aventura contábamos con más de 30 artistas con diversidad funcional. Para mí, Habtamnesh Behailu ha sido uno de las mejores artistas que ha tenido el Circus Debere Berhan. Ha sido la campeona nacional del proyecto gimnasta etíope de 2013 y a pesar de ser ciega y haber competido con personas sin diversidad funcional, se ha convertido en la mejor”, explica con orgullo el director del circo. “Desde entonces, Habtamnesh ha actuado en Bélgica, la República Checa, Holanda, Francia y Alemania. Pero hay otros nombres a subrayar como el de la acróbata Wossena Tefera, que también es ciega y una de las mejores malabaristas de Etiopía; o Meaza, que tiene problemas físicos pero que es una magnífica gimnasta en la modalidad de pelota”, subraya orgulloso el joven etíope. 

Las historias de vida de los artistas del Circus Debere Berhan son reveladoras. Pero el caso de Tameru Zegaye es especialmente conmovedor. Abandonado por su madre tras nacer con una malformación en las piernas, fue criado por uno de sus abuelos, quien también lo abandonó tras quedarse ciego. Con tan solo nueve años Tameru llegó a la ciudad etíope de Lalibela arrastrándose sobre sus propias manos. Después de mendigar durante largo tiempo, tuvo la suerte de ser rescatado por una ONG y tras más de una docena de operaciones consiguió andar, se graduó en turismo y se unió a este circo etíope.

Y es que el Circo Debere Berhan es un claro ejemplo de circo social. Como parte de un movimiento internacional más amplio, fusiona creatividad y arte para generar esperanza y justicia a través de herramientas pedagógicas alternativas con capacidad para la transformación social. “Empezamos a formar a los chavales a partir de los 7 años de edad, y a partir de ahí, van ascendiendo. Tenemos un club de malabaristas, uno de cuchillos y fuego, distintos ejercicios de equilibrio, el rolla bolla, ejercicios aéreos, juegos con pelotas de ping pong, espectáculos de contorsionismo o actos con animales artificiales de cartón piedra”, manifesta Teklu.

Pero además, el circo representa una forma de vida que posibilita la profesionalización de los artistas que trabajan en él y reduce la profunda brecha con la que las personas con diversidad funcional se encuentran a la hora de hallar medios de subsistencia a largo plazo. “Al principio nos financiábamos gracias a la ayuda de la organización solidaria Handicap International, sin embargo, en seguida pudimos generar ingresos vendiendo nuestras habilidades a nivel local e internacional. Y actualmente somos completamente auto-suficientes”, reconoce el director, que añade que “el circo es una forma de vida, pero hay que luchar mucho para no depender de las ayudas externas. Por eso queremos que nuestro circo se convierta en un negocio rentable que permita a los artistas vivir de ello”.

Y a pesar de las dificultades, la semilla está plantada. El mensaje para desestigmatizar, promover la equidad social y educar en torno a los problemas de salud entendida de forma holística, ha acompañado al Circo Debere Berhan desde su inicio. Y sus espectáculos han pisado escenarios, tanto cerrados como en el aire libre, en Uganda, Kenia, Tanzania, Sudáfrica, Suiza (donde han estado cinco veces), Bélgica, Francia, Holanda, Alemania y la República Checa. “En Etiopía, el circo se ha convertido en un motivo de orgullo y en parte de nuestra identidad, además de en una de las opciones de ocio más atractivas para nuestros jóvenes”.

*Este artículo ha sido publicado originalmente en el blog Planeta Futuro de EL PAÍS, por acuerdo entre este periódico y la revista WIRIKO

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Sarakasi: el pulso del baile y el circo en Kenia

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Bailarines de Sarakasi Trust. Foto: Sebastián Ruiz / Wiriko.

“Soy de Kisumu, pero vine a Nairobi buscando cumplir mi sueño: hacerme bailarín” dice Óscar, de veinticinco años. “Desde muy pequeño el baile fue mi pasión, pero nunca había tenido la oportunidad de aprender a bailar profesionalmente hasta que apareció Sarakasi”.

La coreógrafa Renee, de treintaidós años y residente en Pangani, uno de los suburbios de la capital keniana, nos explica que durante su adolescencia sólo tuvo oportunidad de bailar en la iglesia, y que sus primeros pasos importantes fueron junto al grupo de hip hop Kalamashaka. Pero con los ojos a punto de estallar nos confiesa: “Es Sarakasi lo que me ha dado la oportunidad de mantener a mi familia, a mi abuela y a mi hija de trece años”.

Sarakasi Trust es una organización que tiene como objetivo el desarrollo, empoderamiento, apoyo y promoción de las personas con pocos recursos, para fomentar sus capacidades a través de la creatividad y la cultura. ‘Sarakasi’, o ‘Circo’ en kisuajili, tiene diferentes programas de formación que se desarrollan en Sarakasi Dom, un gran edificio situado en la céntrica calle de Ngara Road, y la primera escuela de danza y acrobacias que existió en el África del Este.

Erigida en el corazón de Nairobi gracias al empeño de su directora, Marion Van Dijck, hoy en día es una factoría de profesionales y de jóvenes comprometidos con su entorno, tanto en el campo de la danza, de la música, como de las acrobacias. En Sarakasi Dom unos dieciséis profesores entrenan a un total de cien estudiantes, que provienen de diferentes puntos del estado y que, tras pasar unas duras pruebas de selección, son formados gratuitamente para formar parte de una nueva generación de profesionales. Sarakasi está formado actualmente por cien apasionados y adictos al baile o la música, que gracias a la fundación, han encontrado una forma de mejorar sus vidas. Pero los valores transmitidos por esta escuela de danza van mucho más allá de instruir a los mejores profesionales y darles oportunidades de trabajo.

Detrás de todos estos jóvenes talentosos se encuentra un gran elenco de artistas, pero también de personas cuyo objetivo es contribuir a crear una nueva generación de ciudadanos comprometidos socialmente. “De 8.00h. a 17.00h., aquí se trabaja duro”, sentencia Edwin Odhiambo, director creativo y coreógrafo de Sarakasi Trust. “Aunque en Sarakasi no sólo se baila -confiesa-, los alumnos son nuestra familia, así que lo que pretendemos es enseñarles a ser mejor personas. Es inútil enseñar a cómo moverte sin enseñar a pensar o a sobrevivir. Les enseñamos a comportarse con los demás, cómo conseguir contratos, cómo comunicarse con los clientes. A ser más honestos y a tener objetivos en la vida. Les ayudamos a saber lo que quieren ser, los guiamos para que se respeten y que los demás los respeten. Les ayudamos a focalizarse en la vida y a construir una sociedad mejor”, dice con orgullo Edwin. “Los bailarines que formamos en Sarakasi se convierten en modelos a seguir para otras personas fuera de la escuela”.

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Gregory, un joven de veintitrés años que proveniente de Gara, nos dice que su expectativa es aprender más para inspirar a otras personas. “He estado aquí cinco años, y ahora creo que me toca inspirar a otras personas”, dice. Del mismo modo, Agnés, de veinticinco años, manifiesta con entusiasmo: “Me gustaría poder llegar a montar mi propia escuela de danza, y ayudar a la gente a que crezca, darles herramientas a aquéllos que creen que no pueden hacer nada o que se sienten menospreciados; sea una mujer oprimida por su marido o una chiquilla que cree que no puede más que vivir del dinero de su novio… Quiero ser la armadura de la gente que tiene pasión por el baile pero por el motivo que sea, no tiene el coraje para dedicarse a ello”. La joven suspira cuando le preguntamos “¿qué es la danza para ti?”, traga saliva y nos dice: “¡La danza es mi vida! Es lo que me hace feliz. ¡Es lo que me anima a levantarme de la cama cada mañana!”.

El Festival Sawa Sawa y Sarakasi fuera de la escuela:

Hace un mes, Sarakasi celebró su séptimo festival urbano anual, centrado en el tema de los cincuenta años de independencia del país. Una plataforma multidisciplinar donde se reúne talento del mundo de la danza, de la música y de las acrobacias de Kenia y de todo el África del Este. Wiriko no faltó a la cita del Sawa Sawa en la capital keniana, que demostró que cada vez hay más audiencia para las artes escénicas en la ciudad. A pesar de que “los kenianos no somos muy callejeros; en Sarakasi intentamos motivar a que la gente salga fuera, es un desafío para nosotros, pero no dejamos de intentarlo” nos cuenta Odhiambo acerca de la cada vez más amplia audiencia en los festivales organizados por la asociación.

Edwin, coreógrafo de Safari Park Hotel durante más de ocho años, en la actualidad es uno de los profesores del famoso show televisivo Tusker Project Fame o de Niko na Safaricom – donde participan muchos de los bailarines de Sarakasi-, y uno de los más comprometidos docentes de la organización, de la que forma parte desde que arrancó, en 2001. “También trabajamos con muchos músicos y con festivales organizados por Safaricom, con muchos eventos culturales de todo el África del Este, con programas de televisión…”

Y bien cierto es que su persistencia y constancia los ha llevado a tener partenariados internacionales de alto voltaje. Su vinculación con festivales como el Festival Mundial de Holanda o el Umoja Cultural Festival de Maputo, ha consolidado la presencia de sus bailarines en cada edición. Pero también han podido pisar escenarios de Estados Unidos durante tres años y han actuado en Gran Bretaña, donde volverán en Junio. Con Noruega tienen un programa de intercambios y también reciben estudiantes de otros lados del continente, sosteniendo programas como el Umoja Exchange Carpet. “Kenia es el centro neurálgico de las artes escénicas en el África del Este, y creo que Sarakasi es un gran centro de capital artístico”, dice Edwin.

A parte de sus programas de intercambio, Sarakasi ha ido ampliando poco a poco su presencia y tejiendo red con otros proyectos como el Africa Yoga Project, abrazando, así, cualquier iniciativa que pretenda fortalecer las capacidades de los jóvenes en el campo artístico y escénico.

El Circo de Sarakasi Trust:

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Acróbatas de Sarakasi Trust. Foto: Sebastián Ruiz / Wiriko.

Pero no sólo el baile inunda las salas de Sarakasi Dom. En la planta baja del edificio se escuchan chirridos de gomas de zapatillas. Asomamos la cabeza y comprobamos como cinco jóvenes construyen una estructura humana. Dos chicas se contorsionan una encima de la otra. Nos dejamos llevar por los sueños del circo keniano y nos maravillamos como niños chicos ante cualquiera de los números que están ensayando. Rápidamente, el profesor John Washika los organiza para mostrarnos sus virtudes. Malabares con fuego, acrobacias en el aire…

Washika tiene 40 años y su vida como acróbata cambió completamente desde que “fichara” para Sarakasi. “Empecé con la acrobacia en los 90 -nos dice- aunque por aquél entonces no teníamos un lugar donde entrenar. No teníamos un lugar común, así que se hacía difícil aprender los unos de los otros”. A pesar de que el gobierno no apoyaba mucho las iniciativas del mundo escénico, pasaron de tener la acrobacia como un simple hobby a convertirlo en un campo del que vivir. “Empezamos a ir a hoteles, escuelas y eventos a actuar, e incluso pudimos viajar por Holanda” reconoce Washika. Sin embargo, en los 90, el salario de un acróbata en Kenia, con suerte, era de unos 20 euros por show. “Desde que estamos con Sarakasi, los acróbatas podemos sacarnos entre 50 y 100 euros por persona” manifiesta sonriendo. “Sarakasi nos dio la oportunidad de formarnos en China durante un año”, nos explica John. Durante ese tiempo, los acróbatas aprendieron técnicas nuevas y se posicionaron con un estilo nuevo dentro de las artes escénicas del país. “La acrobacia keniana se parece mucho de un lugar a otro del país, pero en Sarakasi aportamos ideas nuevas gracias a nuestros intercambios internacionales. Eso nos da un plus”, dice el veterano.

“Los chavales a los que entreno tienen muchas más oportunidades de las que tuvo mi generación. Ahora los chicos tienen un lugar con buen equipamiento, que además es absolutamente gratuito, donde aprender con profesorado internacional… ”.

Sarakasi: un milagro sanador

Y si la danza o las acrobacias pueden convertirse en “el desayuno, la comida y la cena” de los estudiantes de Sarakasi, como bien confiesa uno de ellos, su proyecto en el hospital convierte el baile en un milagro sanador. “La presencia de bailarines y músicos en el hospital motiva a los niños enfermos a levantarse de la cama. Muchos médicos alucinan de los procesos de recuperación de algunos chiquillos”, nos dice el director creativo de Sarakasi Trust.

El proyecto de Sarakasi Hospital se inició en 2006 con una visión holística de la sanación: curar a través del arte, la creatividad y la sonrisa. Desde entonces, se han beneficiado niños y jóvenes en proceso de rehabilitación de hospitales como el Kenyatta National Hospital o el hospital del distrito de Mbagathi; pero también se ha alargado fuera de los hospitales, ya que muchos niños con desventajas sociales no pueden hacer frente a las facturas de la sanidad en Kenia. Actualmente, este programa llega a unos seiscientos niños y adolescentes kenianos, no solo curando, sino también, inspirando a los jóvenes a que salgan de la situación de desventaja y quizás, algún día, puedan también vivir de cantar, bailar o hacer acrobacias; y por encima de todo, que puedan formar parte de una transformación social más amplia.

El circo africano, un antiguo fenómeno contemporáneo

Miembros del circo africano "Mama Africa" durante un show del año 2007 REUTERS/Ina Fassbender (GERMANY)

Miembros del circo africano “Mama Africa” durante un show del año 2007 REUTERS/Ina Fassbender (GERMANY)

El circo es un fenómeno contemporáneo en África, un espectáculo de la arena transnacional que mezcla distintas disciplinas, tradiciones y valores. En éste fenómeno moderno bajo la forma actual, los africanos han pasado por diferentes etapas marcadas por las relaciones internacionales de cada momento. De algunas, sólo tenemos constancia a través de pinturas rupestres y textos antiguos, de otras nos llegan carteles y propaganda de la época colonial, pero no es hasta bien entrado el siglo XX que podemos hablar de un verdadero florecimiento del circo africano. Hoy, podemos gozar de muchos tipos de circos africanos, y su internacionalización demuestra el éxito que el circo ha tenido en África, tanto como espectáculo como herramienta educativa. Hoy tenemos la suerte de podernos dejar embrujar por la magia de los artistas y saltimbanquis, los contorsionistas y clowns, los bailarines, actores y actrices, que giran por todo el planeta como profesionales aplaudidos y admirados. Todos ellos llevan un legado enorme a sus espaldas, y son representantes de culturas que a menudo aún nos suenan muy lejanas.

El fenómeno circense se remonta a las antiguas civilizaciones mediterráneas y asiáticas, dónde se exhibían habilidades acrobáticas, bailes o pruebas de equilibrio para entretener a las élites y las cortes reales. En el Valle del Nilo, en Egipto, existen pinturas de acróbatas y equilibristas que datan del 2500 a.C, y se cree que fue durante el reinado de Alejandro el Grande que el circo, junto a la cultura griega, se expandió por todo el Mediterráneo, facilitando el intercambio de animadores, actores, acróbatas, comediantes y también animales por todo el imperio.

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En pleno siglo XVIII, y después de un periplo de varios siglos de comercio triangular y tráfico de esclavos africanos hacia América, el circo moderno –de la mano de Philip Astley (1742-1814) y Charles Hughes (1746-1797)- empezó a exhibir exóticas colecciones humanas, así como muchos museos, eventos comerciales, teatros y demás espectáculos se sumaron al “negocio-espectáculo etnológico” y a la industria del entretenimiento. La iconografía imperial y militar de Europa encontró durante el siglo XIX una gran propaganda en todo elemento de la cultura, especialmente en los espectáculos de ocio a los que la incipiente burguesía y las altas clases de la sociedad asistían. De esta forma, las tesis racistas eurocéntricas del darwinismo social que daban justificación al negocio esclavista, se alimentaron con supuestas muestras de in-civilización que rebajaban al hombre negro a la animalidad.

En 1930, en plena ocupación del continente por parte de las tropas occidentales, en Estados Unidos la “selección más rara de humanos del mundo” empezaba una gira bajo el nombre de Tribe of Genuine Ubangi Savages. El flyer del espectáculo de los empresarios Barnum & Bailey anunciaba a esos africanos como los de las “bocas y labios tan largos como los de los cocodrilos adultos”, y los situaba en la escala más baja de un progreso lineal que tenía su cúspide en la civilización moderna occidental. Esos “in-civilizados” se convirtieron en un espectáculo por pura otredad, que se presentó como argumento sobre la distinción de las razas, la evolución humana o la barbarización de lo no-moderno y lo no-occidental.

A partir de la emancipación de las naciones africanas, las artes escénicas adquirieron un papel fundamental en la transformación de las sociedades. Por un lado, la maquinaria política estatal se dio cuenta del poder que las artes escénicas tenían para comunicar rápidamente mensajes al público. Y por el otro, financiar y crear una escena local ayudaba a generar identidad comunitaria, y por lo tanto consciencia nacional. De esta forma, muchos estados realizaron un enorme esfuerzo para construir las industrias del espectáculo ya antes de las independencias, primero para dar fuerza a las luchas políticas dotándolas de elementos identitarios propios y después para fomentar herramientas de transformación que generaran dinámicas socio-económicas que hicieran crecer los nuevos países africanos. Se abandonó el imperialismo cultural del Norte y se dio protagonismo a los valores del Sud, empezándose a producir tanto teatro, música, cine o literatura en lenguas locales y poniendo en duda la legitimidad de las lenguas coloniales. La inversión pública fue enorme en algunas naciones, pero la privada se hizo notar con la misma fuerza en el mundo del espectáculo.

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Nokulunga Buthelezi, contorsionista sudafricana apodada la “Chica-Serpiente”

A finales de los años 70, el teatro para el desarrollo, que bebía de las fuentes de Freire y de Boal, tuvo una gran repercusión en el continente africano. A partir de los años 80 se impartieron diferentes talleres en Swazilandia, Malawi, Nigeria, Sierra Leona, Camerún, Lesotho y Zimbabwe. Muchas ONGs locales e internacionales, proyectos de cooperación, iniciativas empresariales o particulares interesados en el desarrollo cultural empezaron a apostar por la herramienta educativa del circo, entrenando a jóvenes de la calle en la práctica de las acrobacias, los contorsionismos, la introducción de las bicis de una rueda, los malabarismos, artes visuales, el arte del clown, los trucos de magia, el baile, la música… convirtiendo el circo en el arte escénico por excelencia por la cantidad de disciplinas que puede aglutinar. La posterior aparición del Movimiento del Circo Social (con ejemplos tan claros como el Cirque du Soleil) se convertiría en todo un boom a nivel mundial, dando paso a muchos proyectos circenses africanos dentro y fuera de sus fronteras. A día de hoy, podríamos decir que nos encontramos en uno de los momento más dulces del circo africano. Tanto en las calles, teatros y clubes de las ciudades africanas como en carpas y salas de ciudades de cualquier parte del mundo, cada vez es más fácil encontrar nombres africanos en los carteles.

Uno de sus ejemplos es el del mítico Circus Baobab de Guinea Conakry.

Otro ejemplo de la contemporaneidad de las artes circenses en África es el trabajo del Circus Debre Berhan de Etiopía.

O incluso podemos citar otros circos africanos fabulosos, establecidos fuera del continente, como es el caso del Circo Mama Africa, afincado en Alemania y en constantes giras internacionales.

 

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LLEWELLYN, L.O. Juggling Agendas: Circus in Ethiopia. Research Master’s Thesis. Leiden University, 2011.

VÁZQUEZ, R. Modernity, the Greatest Show on Earth. Thoughts on visibility en Borderlands e-journal Volume 9, Number 2, 2010.