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Viaje al África urbana

Tráfico frenético. Nula planificación urbanística. Música de fondo. Y en medio de todo esto, la razón de ser de las ciudades: sus habitantes.

África es el lugar del planeta donde la urbanización está produciéndose a mayor velocidad. Por ejemplo, según la ONU, Lagos, la mayor ciudad africana, seguirá creciendo a un ritmo de 77 habitantes por hora hasta 2030. Esta rápida conversión de un continente que, hasta ahora, había sido eminentemente rural, conlleva cambios que trascienden la utilización del territorio y que se manifiestan, especialmente, en la experiencia humana.

A la izquierda el ghanés Nii Ayikwei Parkes, uno de los autores de la colección y, a la derecha, Ángeles Jurado, editora del volumen. Foto: Ana Henríquez Pérez

A través de la mirada y el talento de doce autoras del continente –siete firmas son femeninas, junto a cinco masculinas–, con Doce relatos urbanos. Doces voces africanas, editado por Ángeles Jurado, del departamento de Comunicación de Casa África, el lector se zambulle en el trepidante ritmo de una docena de urbes. La mayoría, subsaharianas, pero también del norte de África, europeas e, incluso, una asiática.

A lo largo de las casi 200 páginas, las historias te rompen el corazón, repetidas veces, con pérdidas y decepciones familiares, te convierten en cómplice de venganzas, y te descubren los secretos mejor guardados de lugares como “la ciudad de los mil sabios” (la Yola de Boubacar Boris Diop), o “Tánger, la inmortal”, que se cuenta en primera persona mediante la pluma de Antonio Lozano, a quien se dedica la obra ‘in memoriam’.

La ciudad no es un El Dorado”, como escribe Ken Bugul en su relato sobre Dakar. No lo es ni en África, ni en ninguna parte, pero sus habitantes se enfrentan, cada día, a los desafíos que ella plantea y demuestran una gran creatividad no solo para sobrevivir, sino para, incluso, intentar mejorar. Le ocurre al protagonista de su historia, un cabeza de familia que se ve abocado al éxodo rural y que se adapta como puede a las escasas oportunidades de ganarse la vida que brinda el monstruo urbano.

Soberbio ejercicio de estilo el de Trifonia Melibea Obono en “El nativo”, emulando el peculiar castellano de un militar de Malabo que transmite una impresión muy clara de la profunda marca de violencia, corrupción y estrictos compromisos familiares que ha quedado en la sociedad ecuatoguineana…, aunque no exclusivamente en la ecuatoguineana.

Otra de las escritoras africanas presente en la selección es la célebre Chimamanda Ngozi Adichie, “el ancla al que todos conocen”, como la definió Ángeles Jurado en la pasada Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria. Con su aportación, Adichie nos presenta a una nigeriana en plena crisis vital en Lagos, “la ciudad llena de ángeles apagados”.

Además de las relaciones, sean entre parientes, de pareja o amistosas, otro tema recurrente es el del racismo, fuertemente vinculado al clasismo. Aparece en “el París de los viajeros” de Armand Gauz, en el doble escenario inglés y abiyanés de Edwige-Renée Dro, y en la historia gastronómica de Nii Ayikwei Parkes. El propio Parkes, en la presentación de la obra en Gran Canaria, declaró: “Me gusta explorar lo que no se ve a simple vista”. Y así se refería alas tensiones que puede generar la convivencia intercultural tan propia de las ciudades.

Y si hay un elemento indisociable de la vida urbana y omnipresente en estas historias ese es el coche. Un medio que transporta de un lugar a otro pero en el que, durante el desplazamiento, se desencadena la acción, sea esta meramente reflexiva o de abrupta reacción. El coche participa como un personaje más que, sin concederle mucha importancia, nos permite contemplar la ciudad a través de los ojos de su pasajero. Como si la urbe agradeciera la intermediación de un vehículo, automovilístico o literario en el caso de Doce relatos urbanos. Doces voces africanas, para poder apreciarla mejor.

Grigri Pixel o la magia de activar una vida en común

*Por Carmen Lozano Bright

Iwaya Community Art Festival, ICAF, Lagos 2016. Imagen de Aderemi Adegbite.

Dijo Marina Garcés en su reciente pregón inaugural de las fiestas de la Mercè que ella regresa a Barcelona, a su ciudad, porque en ella encuentra que aún hay un sentido de la vida en común. A pesar de las tensiones, de los nacionalismos, de los independentismos, del turismo en auge, de la mercantilización y de infinitas formas de hacer y pensar.

Esta semana da comienzo en Madrid la segunda edición de Grigri Pixel: un programa de residencias, talleres y seminarios que durante el mes de octubre será una suerte de laboratorio de esa vida en común imaginada, experimentada y muchas veces olvidada de la que habla Garcés. En regiones del oeste de África, “grigri” significa amuleto, objeto que cuida. Un amuleto nos protege de posibles daños o amenazas y a su vez es capaz de influir en situaciones y lugares. Grigri Pixel es una metáfora habitada, colectiva y encarnada en el mundo cotidiano de esta idea de amuleto protector.

El programa, en el que participarán artistas y activistas, pensadores e intelectuales provenientes de diferentes países de África, tiene como reto la fabricación de un objeto que dé cuerpo a eso que entendemos por “grigri”. Para la construcción de este cacharro mágico, aterrizan en Madrid cuatro personas representantes de iniciativas transformadoras africanas. Se trata de Aderemi Adegbite del Iwaya Community Festival ICAF (Lagos, Nigeria), Ismael Essome Ebone de Madiba & Nature (Kribi, Camerún), Afate Gnikou Kodjo de Woora Make (Lomé, Togo) y Mané Toure Ndèye de Côté Jardin (Dakar, Senegal).

Estas cuatro personas, seleccionadas a través de una convocatoria pública, trabajarán de manera colectiva con una treintena de colaboradores y agentes cómplices del tejido cultural local: el ingeniero electrónico Yago Torroja, el arquitecto David Pérez de Enorme Estudio, la investigadora Blanca Callén, la comisaria Susana Moliner como coordinadora del programa y el centro cultural Medialab Prado. El programa de este año está apoyado además por el programa Acerca de Cooperación Española, Intermediae-Matadero y el propio Medialab.

Iwaya Community Art Festival, ICAF, Lagos 2016. Imagen de Aderemi Adegbite.

Igual que las propiedades de un amuleto no son universales, el grigri que se construirá en Madrid tendrá unas cualidades muy concretas. Está pensado con y para el Espacio Vecinal Arganzuela (EVA), un lugar de uso comunitario y autogestionado en el antiguo Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi. A pesar de que aún no se sabe qué forma tomará este objeto, se ha hecho un diagnóstico previo de necesidades, amenazas, posibilidades y deseos con la comunidad de EVA. Para conocer el grigri, habrá que esperar al 14 de octubre y acudir a su fiesta de presentación en EVA. Pero una cosa es segura: el diseño será de código abierto, replicable y modificable.

En 2016, la primera edición de Grigri Pixel en Madrid trabajó entorno a la energía sostenible junto al jardín comunitario Esta es una plaza de Lavapiés. Este año, los saberes que se pondrán en juego serán el reciclaje y la sostenibilidad, la fabricación digital, la alimentación sana y la mediación comunitaria a través de prácticas artísticas y colaborativas.

En paralelo a la construcción de este objeto se desarrollará un taller de videomapping (proyección de imágenes en superficies como edificios y fachadas) con el software libre MapMap. Esta iniciativa, del grupo de investigación AVFloss de Medialab Prado contará con uno de los co-desarrolladores del programa, Bay Dam, procedente de Senegal.

El cartel de Grigri Pixel incluye el encuentro ‘Lo invisible, lo común, lo mágico: espacios y conocimientos colaborativos entre África y Europa’ el sábado 7 de octubre a las 17:00h en Intermediae-Matadero para explorar cuáles son los retos comunes y las problemáticas urbanas contemporáneas en las ciudades de África y Europa en complicidad con seis pensadores y creadores contemporáneos: Marina Garcés (filósofa), Achille Mbembe (historiador), Abu Ali (artista visual), Paz Núñez (arquitecta), Ken Bugul (escritora) y Simon Njami (crítico de arte).

Si “la cultura es otra cosa, es la posibilidad de relacionar, con sentido, los saberes y la vida”, como indicó Garcés al inaugurar las fiestas grandes de Barcelona, Madrid da la bienvenida a este entorno de posibilidades durante Grigri Pixel 2017. 

Citas públicas

 

África: banda sonora 2015 (X)

Vivir y morir en África resume los anhelos y esperanzas de gran parte de la juventud africana, que representa unos 200 millones de personas entre 15 y 24 años en todo el continente. En total, el 65% de África tiene menos de 30 años. Y a pesar de que esta juventud sufre de desempleo y falta de oportunidades en la mayoría de païses de la región, algo está cambiando en la mentalidad de esta generación, que no quiere marcharse fuera del continente y que desesperadamente, quiere creer en ese sueño donde la clase media se expande y donde la independencia de las naciones adquiere verdadero significado de emancipación.

Mezcla de orgullo del ser africano y de la necesidad de fortalecer el afropositivismo entre los jóvenes del continente, muchos artistas abogan por generar señas de identidad que sean representativas de los anhelos de toda una generación. Y ese sueño, dicen, pasa por quedarse en casa y luchar para transformar los retos en oportunidades.

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Ésta es la idea del tercer álbum de estudio de la banda keniana Sauti Sol, uno de los grupos más punteros y comerciales de la indústria musical africana. Con su pop pegadizo que hizo bailar a Obama en su reciente visita al continente, el cuarteto keniano ha querido remarcar su amor por su tierra y mostrar la Nairobi más flamante.

No es casualidad que Sauti Sol ponga en el epicentro de su iconografía una ciudad como Nairobi. Eso ocurre ya con muchos otros artistas como el también keniano Mutua Matheka, cambiando los discursos sobre el continente y cansados de las mismas imágenes de siempre centrándose en la pobreza o los slums.

África ha sido el continente con un crecimiento urbano más grande en las últimas dos décadas, y las ciudades africanas se presentan hoy como espacios de creación para los jóvenes africanos, donde son precisamente ellos (los jóvenes) los que representan los agentes de cambio de paradigma. A pesar de la brecha socioeconómica exacerbada que separa ricos y pobres en ciudades como Johannesburgo, Abidjan o la propia Nairobi, y de la fragilidad de unas estructuras aún no capaces de ofrecer a sus ciudadanos servicios adecuados, las ciudades africanas emergen como nuevos centros llenos de posibilidades, culturalmente diversos, cosmopolitas y los jóvenes quieren asumir responsabilidades en su construcción.

O así es como lo ven jóvenes como Sauti Sol. “No hay otro lugar donde queremos ir” o “quiero que mi madre se sienta orgullosa de mí”, repiten en su nuevo single presentación.

Modernidad africana, ¿africana?

La arquitectura es una de las disciplinas artísticas que, a través de la construcción de edificios, sirve para expresar la identidad nacional en los jóvenes estados africanos. Con medio siglo de creaciones modernas desde la mayoría de independencias al Sur del Sáhara, parlamentos, universidades, monumentos conmemorativos o centros comerciales se han levantado en diferentes ciudades africanas para mostrar la modernidad de sus epicentros políticos, económicos, financieros, sociales y culturales. Como materialización del encuentro entre lo moderno y lo tradicional. Como muestra de los dilemas sufridos por la radicalidad de la transformación política de los estados tras la colonización. O como ejemplo del cosmopolitismo y la aportación foránea de diseños europeo, rusos o israelitas, los edificios levantados en ciudades africanas como Abidjan, Maputo, Ciudad del Cabo o Nairobi son muestras de la fusión entre la política y la arquitectura. Pero, ¿es la modernidad africana 100% africana?

La arquitectura moderna nació en época colonial y debe ser entendida como un medio de representación del poder, de la continuación del imperialismo colonial después de las independencias o de la supremacía cultural del “otro”, representada por la permanencia del mundo Occidental en África. En muchos casos, la ciudad africana se levanta sin tener en cuenta las identidades urbanas históricas precoloniales y se centra en la modernidad como la continuación del legado colonial. Y a pesar de que la narrativa antiimperialista haya querido criticar esta pervivencia con la crítica más feroz, lo cierto es que hoy en día, el paisaje urbano del continente africano no se podría entender sin la aportación, imposición si se quiere, de la arquitectura occidental. Otro tema ya sería la sostenibilidad, impacto y emergencia habitacional en ciudades que no paran de crecer de una forma acelerada y que necesitan urgentemente de una nueva arquitectura que pueda responder a sus necesidades humanas.

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El libro African Modernism – Architecture of Independence o Modernismo Africano – Arquitectura de la Independencia, publicado por Park Books, analiza las obras levantadas por la modernidad africana en cinco ciudades del continente. A partir de 80 edificios de cinco países africanos (Ghana, Senegal, Costa de Marfil, Kenia y Zambia) recoge fotografías de la sudafricana Alexia Webster y del alemán Iwan Baan para explorar los soportes arquitectónicos que se han ido levantando en la era moderna para dar sentido y construir espacios de convivencia en las ciudades africanas. En general, se trata de edificios que muestran el poder del estado, también  como construcción política moderna, y dejan de lado la arquitectura de casas, tanto las que definirían las identidades de la clase media urbana africana, como las de la pobreza urbana que inunda slums y barrios informales de las capitales de África. ¿Arquitectura de la independencia? La construcción de edificios modernos está absolutamente ligada a Europa, y el diseño de sus principales edificios es solo una muestra de esta afirmación.

El objetivo del libro, que surgió de la exposición homónima que albergó el Vitra Design Museum de Weil am Rhein, Alemania, quería exprimir la idea de su comisario Manuel Herz, arquitecto e historiador, para explorar en formato papel, el catálogo fotográfico de bancos o estadios africanos construidos a partir de los años 50 del siglo XX en los principales centros urbanos de África. A pesar de que Herz eleva el trabajo arquitectónico de la época por haber creado obras sin precedentes en la región del África subsahariana, también reconoce que dichos monumentos siguieron patrones coloniales y no consiguieron, en su mayoría, recoger los anhelos ni las identidades de la mayoría de africanos.

El catálogo se ha convertido en obra de referencia para estudiantes de arquitectura y diseño urbano en el continente. Así, estos edificios se han convertido en iconos de las independencias. Representaciones de la arquitectura moderna de África.

Quizás, la pregunta que deberíamos hacernos ante esta arquitectura es si 100% africana no significa, en realidad, 100% global.

  • La Pirámide de Abidjan (Costa de Marfil), del arquitecto italiano Rinaldo Olivieri, 1973. Imagen de Iwan Baan.

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  • Hotel Ivoire de Abidjan (Costa de Marfil), de los arquitectos alemanes Heinz Fenchek y Thomas Leiterdorf. 1962-1970. Imagen de Iwan Baan.

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  • Kenyatta International Conference Centre, Nairobi (Kenia). Del noruego Karl Henrik Nostvik. 1967-1973. Imagen de Iwan Baan.

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  • Escuela de Ingeniería del KNUST (Kwame Nkrumah University of Science and Technology), en Kumasi (Ghana). Del inglés James Cubitt, 1956. Imagen de Alexia Webster.

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Arte que rompe fronteras (mentales) entre ricos y pobres

Koch Festival, una semana de arte urbano se apodera del espacio público
y democratiza uno de los barrios más pobres de Nairobi

Korogocho es un asentamiento informal keniano, un barrio chabolista de más de cuarenta años que está en el punto de mira de urbanistas e instituciones dedicadas a la protección de los derechos de los ciudadanos más pobres. Situado a unos diez kilómetros del centro de Nairobi, habitan en él unas 60.000 personas. Su historia es, como tantas otras, un relato sobre residentes pobres que han sido desalojados forzosamente de otros slums de la ciudad y se han acabado hacinando en un barrio que nació de personas que reciclaban basura del vertedero de Dandora, uno de los más grandes de todo el mundo.

A pesar de que sus residentes son dependientes en su mayoría de la economía sumergida, con rentas muy bajas e inseguridad en sus calles, sus habitantes celebran cada año una semana que fomenta su capacidad para cambiar el barrio y transformarlo de forma positiva: el Koch Festival. La idea principal es conectar la calle con la vida de sus vecinos y acercar los vecinos ricos de la ciudad a la vida de los vecinos más pobres, para sensibilizarlos y generar dinámicas de participación mútua. Durante una semana, las calles experimentan una mayor democracia y el espacio público se convierte en plataforma para el desarrollo social y económico de sus vecinos. Con todo, el Koch Festival es un actividad que promueve el método Placemaking.

Organizado por Hoperaisers (traducible como ‘movilizadores de esperanza‘), un colectivo de skaters muy conocidos en Nairobi, la actual edición movilizó a centenares de jóvenes de Korogocho y de otros barrios de la capital para que del 10 al 16 de Agosto se involucraran en distintas actividades en la calle. ¿Los objetivos?

  • Construir la identidad del barrio.
  • Revitalizar la comunidad.
  • Empoderar a la juventud a través del arte.
  • Generar un sentido de pertenencia común para Korogocho a partir de la participación de cada individuo en actividades artísticas.
  • Y romper fronteras, sobre todo, mentales, entre barrios ricos y pobres.
'Los niños son el FUTURO', uno de los grafitis del Koch Festival 2015. Imagen de OLET, @visualxolet en Instagram.

‘Los niños son el FUTURO’, uno de los grafitis del Koch Festival 2015. Imagen de OLET, @visualxolet en Instagram.

Una de las actividades más visibles se organizó alrededor de murales en paredes parlantes o ‘Talking Wall Mural’, que reunió a unos veinte grafiteros de la ciudad para decorar las paredes de dos calles de Korogocho. “Seis grafiteros profesionales, junto a varios artistas que se han formado en Pawa254 y otros muchachos de Korogocho con los que hacemos talleres de arte urbano cada tres meses, estuvimos pintando de arriba a abajo las dos calles principales del barrio”, nos cuenta Kerosh, grafitero cuyo estudio se encuentra en Pawa254 y que forma parte del colectivo Hoperaisers desde 2012.

Con el apoyo de Baco Paints, y en colaboración con Spray for Change (o Spray para la Tranformación), el Koch Festival ha podido pintar por sexto año consecutivo las calles del barrio. “Este año el festival ha tenido la participación de la oenegé Arquitectos Sin Fronteras y de Pawa254 para algunos de los talleres. Pero el tiempo que los artistas han dedicado de forma voluntaria a pintar Korogocho ha sido muy agradecido por la comunidad. Es un trabajo que no se puede remunerar pero que tiene muchísimo sentido para los residentes”, afirma Kerosh.

“No se trata del arte en sí sino de lo que se consigue a través del arte. Conseguir que artistas de los barrios altos de Nairobi pinten junto a jóvenes artistas de los barrios más pobres durante una semana, es conseguir algo que está muy por encima del arte. Es crear dinámicas de acercamiento social que trascienden las fronteras geográficas, psicológicas o artísticas. Se desmontan un montón de estereotipos y prejuicios hacia ambos lados. Se plantan semillas para mejorar la vida en la ciudad en su global”.

Pero no solo el grafiti se apoderó de Korogocho para transformar sus calles y su espacio público en pro de mejorar las vidas de sus residentes.  Debates sobre cómo generar dinero a partir del arte o como recaudar derechos de autor, sesiones de hip hop y recitales de palabra hablada o diferentes actividades deportivas en las calles, amenizaron una semana de sus habitantes.

Otra de las actividades destacadas fue una simbólica caminata junto a los residentes del barrio de clase media-alta de Kilimani hasta el barrio humilde de Korogocho bajo el rótulo de ‘Different Communities, One People’ (o Distintas Comunidades, Un Pueblo). “Que trescientas personas de barrios ricos como Kilimani anden catorce kilómetros para encontrarse con los residentes de un barrio pobre como Korogocho, es un éxito de por sí. Las conversaciones que se crearon entre los diferentes viandantes y el intercambio de opiniones entre mujeres, por ejemplo, de mediana edad y clase alta, con chicas jóvenes de bajos ingresos, fueron muy interesantes. En realidad, tanto unos como otros se dieron cuenta de que tienen más en común de lo que creen”, nos cuenta Kerosh evaluando el impacto positivo de las actividades del festival para la vida en Nairobi.

En el teatro Mageuzi, dentro de Pawa254, la oenegé sueca Arquitectos Sin Fronteras contribuyó en un debate sobre el espacio público y la democracia, centrándose en cómo los urbanistas y arquitectos pueden colaborar con los trabajadores culturales con el fin de crear espacios públicos seguros, vibrantes y democráticos. Bajo el rótulo de “arte, espacio público y democracia”, un grupo de urbanistas, trabajadores culturales, artistas, arquitectos y empresarios sociales compartieron sus experiencias para debatir sobre el espacio público. En un foro que pretendía unir el máximo de voces posibles para discutir alrededor de la idea del arte y las expresiones culturales como transformadoras del espacio público, la planificación urbana y la cultura se convirtieron en el eje de debate. La conclusión fue unánime: las artes y actividades culturales pueden contribuir a crear mejores espacios para la convivencia en las ciudades.

Entrevista a Inua Ellams, un revolucionario poeta con ojo visual

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Inua Ellams. Fotografía de Franklyn Rodgers.

Inua Ellams es uno de esos nombres que van a estar presentes para siempre cuando se observe la escena artística nigeriana, africana en general o incluso europea del siglo XXI. Es un artista gráfico y un virtuoso de las palabras influenciado por la cultura hip hop. Inclasificable por abarcar disciplinas tan diversas como las artes visuales, el diseño gráfico, la ilustración, el audiovisual, la poesía o las artes escénicas, es ante todo una mente inquieta capaz de inquietar y un romántico empedernido.

En España, lo conocimos por haber traído su proyecto de aroma situacionista The Midnight Run (o La Huida a Medianoche) en Barcelona, una obra que mezcla improvisación y participación del público en un recorrido que rescata e interconecta las sombras de la ciudad: el hormigón y el acero, los personajes nocturnos, los extraños entre sí… Conectando elementos que van a contracorriente, siendo él uno de ellos. Inua busca rescatar de la oscuridad de la noche los puntos de luz y de belleza de espacios que se reconstruyen y re-definen. Y como amantes de la belleza, no hemos querido perder la oportunidad de hacerle una entrevista sobre sus trabajos y su visión sobre el panorama artístico africano como artista nigeriano en la Diáspora.

The Barcelona, Spain, Midnight Run // 08/06/2013 from Inua Ellams on Vimeo.

G: Escritor nigeriano-irlandés-británico de poemas, cuentos y obras de teatro, diseñador gráfico; artista visual… También tengo entendido que estás haciendo talleres de escritura creativa y he leído frases tuyas como la que dice: “Yo sólo pinto cuadros con palabras.” ¿Cómo te auto-definirías?

I.E.: En este momento me definiría como un buscador de casa. No tengo aún un lugar donde sienta que pertenezca enteramente, y mi escritura es un diario de este proceso de búsqueda. Cuando era pequeño, quería ser un artista visual y pasé gran parte de mi infancia hasta la adolescencia centrándome en la creación de imágenes, en la estructura de la forma y el color. Al dejar la escuela y no poder permitirme lo de la pintura, empecé a escribir con el ojo visual que había desarrollado durante años. Traté de hacer lo que siempre había hecho, pero en lugar de usar un pincel, intenté usar palabras.

G: Como artista de la diáspora (si me permites esta descripción simplista) … ¿Cuál es tu relación con Nigeria y cómo se vive Nigeria des del Reino Unido? 

I.E.: Nigeria siempre es como una madre con muchos hijos, una madre cuya sombra cubre el mundo y a todos sus hijos, les guste o no. Mi relación con Nigeria fluctúa tanto como una sombra lo hace bajo diferentes luces. Es decir, a cada momento hay muchos focos en Nigeria, algunos de positividad extrema, aunque lo único que cuente sean otros de negatividad extrema. Las luces que brillan, y de las que me siento orgulloso, son las de nuestros escritores, nuestros arquitectos, nuestros poetas, nuestros dramaturgos, nuestro espíritus inexorables, la inquebrantable-dad de nuestras espaldas. Las luces que brillan y de las que me asusto son las de la corrupción, la codicia, la pobreza extrema, el extremismo religioso, la explotación y la erosión cultural. Estoy tan orgulloso de Nigeria como estoy avergonzado de ella. En Occidente, aquí en Europa donde vivo, donde las etiquetas necesitan estar conectadas para que algo exista, Nigeria es para mí como un indicio con el que mi conciencia está en relación con el mundo, pero habiendo vivido aquí, soy tan británico (o estadounidense, dada sus influencias culturales) como nigeriano .

G: Tan joven como eres; habiendo ganado el Premio del Festival Fringe de Edimburgo en 2009, siendo el primer africano en presentar un espectáculo individual en el escenario del Teatro Nacional de Londres en 2010, habiendo sido preseleccionado para el Premio Alfred Fagan para dramaturgos de África y de ascendencia caribeña… ¿Cuáles son tus aspiraciones?

I.E.: Por encima de todo, quiero ser capaz de escribir lo que quiero escribir. Mis aspiraciones son numerosas, pero el objetivo final de todas ellas es simplemente estar en condiciones de hacer lo que quiero. Se puede argumentar que yo (o cualquier escritor) puedo hacerlo, pero para tener éxito en el juego de la poesía (para tomar prestada una analogía del mundo del hip hop) hay políticas que jugar, hay maneras de escribir y círculos dónde ser visto, ninguna de las cuales me gusta mucho, pero que siento que debo hacer. Tal vez esto sea una ilusión, pero incluso así sería una yema de huevo a la que estoy atado. Tal vez la política sea una parte de la descripción del trabajo; parte de ser un escritor, en cuyo caso, entonces, mi aspiración es tan amplia como precisa: simplemente para convertirse en un mejor escritor y articulador del(de los) mundo(s) en que vivimos, el(los) por qué(s) y la(s) forma(s) en la(s) que vivimos en él(ellos).

G: Regresaste a tu Nigeria natal después de un largo periodo sin estar allí, para el primer Festival de Teatro de Lagos en 2013. ¿Cuéntanos cómo fue esa experiencia?

I.E.: Fue estimulante. En realidad no esperaba nada, no creía que nada profundo despertara dentro de mi subconsciente, que fuera a echarme a llorar cuando aterrizara en tierra nigeriana. Estoy conectado con las comunidades nigerianas aquí en Londres y gracias a Aljazeera, Twitter, Facebook y los medios de comunicación en línea, siempre tengo la sensación general de lo que está pasando – lo suficiente como para saber que la vida sigue adelante, y que la misma vertiginosa transitoriedad que envuelve Londres también envuelve Lagos y Nigeria. Sin embargo, antes de partir hacia Nigeria, hablé con un ugandés y cuando le pregunté cuántas veces visitaba su “hogar” – a pesar de que vivía y trabajaba en Londres-, me respondió que dos veces al año . Le dije que iba a estar en Nigeria durante sólo seis días, sacudió la cabeza con incredulidad diciéndome que me quedara más tiempo, que tenía que pasar tiempo en ‘casa’. Él hablaba de un lugar más allá del lenguaje – no podía expresar lo que quería decir cuando le pregunté -, pero me di cuenta de cómo sus ojos se suavizaron y por el leve hundimiento de sus hombros y la profundización de su sonrisa, que sólo la idea del lugar HIZO algo a su espíritu. Pensé que si me iba con algo parecido a esa afectación, sería genial … y eso es exactamente lo que pasó! Después de tres días allí de repente me sentí como si estuviera en medio de mi gente, que pertenecía a la tierra, al calor. Fui allí para llevar a cabo una obra de teatro y fue bien recibida por el público, fueron sin duda la mejor audiencia que he tenido para la obra. Se rieron tanto que tuve que parar y esperar a que terminaran de reírse para poder continuar.

G: Nigeria está en el ojo de mira recientemente por su escena artística: la música , el cine o incluso la industria literaria, son de lo más avanzado en el continente y están causando mella. ¿Cómo puede esto fomentar un efecto llamada para aquellos nigerianos que viven fuera de África? ¿Crees  que las oportunidades de trabajo en la escena de las artes promueven o pueden promover, un retorno al continente? ¿Puede beneficiar esto el desarrollo de África?

I.E.: Nigeria es el país más poblado del continente y será el más rico bien pronto. De la inundación de capital en el país, la mayor parte todavía proviene del sector del petróleo y sus negocios periféricos. El mercado laboral está aumentando masivamente, los jóvenes se sienten lo suficientemente liberados para buscar otras formas de empleo más allá de lo tradicional a la mentalidad nigeriana, y el más visible de estos campos son puestos de trabajo en el sector de las artes. Sin embargo, los mercados locales no están apoyando suficientemente los puestos de trabajo para que los artistas puedan hacer una carrera a tiempo completo. Los artistas nigerianos todavía tratan de atraer a los mercados occidentales, por lo tanto, no creo que ningún tipo de iniciativa de retorno a África sea muy inteligente. Blaise Pascale dijo una vez: “Todos los problemas de la humanidad se derivan de la incapacidad del hombre para sentarse tranquilamente en una habitación solo”, pero algunos de los que no se sentarían, irían a reclamar tierras, crear fronteras, dibujar líneas en la arena y apuñalar a la tierra con el asta de una bandera, reclamando su propiedad. Esto se le hizo a nuestra tierra y a nosotros, a nuestros propios cuerpos. Hemos luchado y seguimos luchando para ser incluidos en las sociedades occidentales, seguimos subiendo las escaleras que ayudamos construir y no creo que debamos caminar lejos de ellas. El mundo es como es ahora, todas nuestras economías están vinculadas, y aunque sin duda defiendo el crecimiento financiero en el continente, una iniciativa de retorno a África desestabilizaría las economías de ambos lados de la moneda. La escena de las artes ayudará a contar nuevas narrativas sobre el continente, cambiará la marca del continente y ayudará al mercado en el resto del mundo, pero el desarrollo proviene de las partes más vitales de la economía africana: agricultura, sanidad, construcciones, bienestar, infraestructura… Estos son los bloques de construcción de las naciones. Las artes pueden ayudar a articular la necesidad de cambio, pero no pueden iniciar el cambio por sí solas.

G: Háblanos de tus obras : ‘The 14th Tale’; ‘Untitled’ y ‘Black T-Shirt Collection’. 

I.E.: ‘14 ª Tale’ fue en gran medida una mayoría de edad, un juego autobiográfico sobre mis experiencias de crecer en Nigeria, trasladarme a Inglaterra, a Irlanda y de regreso a Inglaterra. Se trata de una exploración divertida, meliflua, de cambios emocionales, pero ligera, de entender la masculinidad contemporánea africana. ‘Untitled’ es una obra de realismo mágico que acontece entre un pequeño pueblo en el corazón de Nigeria y en la ciudad de Londres. Es sobre los nombres y las consecuencias de ser anónimo. Cuenta la historia de dos hermanos gemelos separados al nacer, mezclando el lenguaje – la filosofía con el folclore y una carrera contra el tiempo asombrosa. ‘The Black T -shirt Collection’, mi obra más reciente, es la historia más grande que he contado nunca. Trata de la homofobia y la homosexualidad en Nigeria, la violencia sectaria en Nigeria, los mercados financieros globales, la industria de la moda, el comercio, la responsabilidad social de las empresas, la explotación y las consecuencias del éxito. Viaja desde Nigeria a Egipto, a Barcelona, ​​España – directo a través de Europa, a Londres y finalmente China. Sin embargo, también es simplemente una historia sobre dos hermanos adoptivos tratando de iniciar una empresa de camisetas. Todo mi trabajo, poemas y obras de teatro por igual creo que versan sobre la identidad, el desplazamiento y el destino.

G: ¿Y cuáles son tus citas para 2014?

Hay mucho, antes de junio, voy a viajar a Bangladesh, Pakistán, Estados Unidos, Nigeria, Nueva Zelanda, Australia y Singapur posiblemente. También estoy trabajando en una nueva obra, dos libros de poesía y varios poemas por encargo e instalaciones artísticas.