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Patricia Willocq: “Las mujeres son víctimas en todas partes del mundo”

El trabajo de la fotógrafa Patricia Willocq, que nació y creció en República Democrática del Congo (RDC), es conocido principalmente por la serie White Ebony (2013) en la que retrata el albinismo en su país natal desde una perspectiva poco habitual: la cotidianidad, la dignidad y sobre todo, la tolerancia. Este particular enfoque constante en su obra, y en particular en su trabajo sobre el albinismo, ha hecho que el proyecto fuese premiado como Mejor fotografía del año por Unicef y haya sido exhibido y difundido en varios países del mundo. Quizá también ha sido el que la ha puesto en escena. Para Willoqc, la fotografía da sentido a su vida, y afirma: “Con mis imágenes puedo ayudar a cambiar la percepción sobre algunas cuestiones que me importan. Y eso me hace sentir mejor”.

Leer la entrevista en el artículo original publicado el 7 de abril de 2016

Esther y la maternidad

Esther y la maternidad

Fiston Mwanza Mujila: el escritor feliz

Tram 83 fue uno de los lanzamientos más exitosos de un escritor de origen africano en 2014. Su autor, el congoleño, Fiston Mwanza Mujila, pasó a finales de 2015 por Barcelona para presentar la edición de su primera novela en catalán por la Editorial Periscopi y ha hablado con Wiriko para explicar algunos de los detalles de su obra.

El escritor congoleño, Fiston Mwanza Mujila. Foto: Carlos Bajo

El escritor congoleño, Fiston Mwanza Mujila. Foto: Carlos Bajo

Tram 83 está ambientada en Ville-Pays, un espacio imaginario, dominado por una especie de fiebre del oro, en el que una mina ocupa un lugar central, con el permiso siempre de ese club, el Tram 83 en el que se desarrolla la mayor parte de la vida social. ¿Qué tiene Ville-Pays de su país?

Para crear ese ambiente de Ville-Pays me he basado en una mezcla de varias ciudades que conozco y, evidentemente, entre ellas en Lumumbashi. Me interesa, sobre todo, la energía creativa que se genera en los lugares en los que las cosas no funcionan. En estos lugares, todo está por hacer y, de repente, los milagros se hacen posibles. Me interesa también el ambiente en el que la música está presente por todos lados, las ciudades bulliciosas con ritmo.

¿Entonces, su novela es una obra crítica, porque se hace referencia a la corrupción al totalitarismo o las persecuciones políticas?

Quizá tenga elementos críticos y tiene referencias al Congo, pero no es lo fundamental. No es un ensayo, sino una novela, una obra literaria. Lo que he intentado ha sido inspirarme en esas situaciones dislocadas, que permiten hablar de la realidad de una manera diferente. Pero no me considero un escritor especialmente comprometido. En ese sentido, soy pragmático y mi interés fundamental es la literatura. De todos modos, entiendo esa duda porque presentando el libro me he encontrado con que algunos lectores que han hecho lecturas en clave de cosas que yo ni siquiera había pensado, pero esa es la riqueza de la literatura.

Fiston Mwanza Mujila, durante una de las presentaciones de su libro en catalán. Foto: Carlos Bajo

Fiston Mwanza Mujila, durante una de las presentaciones de su libro en catalán. Foto: Carlos Bajo

¿Le agradan o le desagradan esas interpretaciones?

Quizá parezca extravagante, pero veo el libro como un hijo y en el Congo los hijos no sólo son de sus padres, sino de toda la comunidad. Así que el libro es también de toda la comunidad. Creo que las cosas son así.

Uno de los personajes de la novela es Lucien, un escritor que aparece completamente fuera de lugar en esa ciudad de buscavidas. ¿Qué hay de Fiston Mwanza Mujila en Lucien?

No, no. Lucien no soy yo, ni mucho menos. En realidad Lucien es un soñador y yo soy una persona eminentemente pragmática. No se parece a mí. En realidad, el personaje de Lucien me sirve para hacer una reflexión que me interesa mucho: cuál es el papel del escritor, del intelectual en general, en un país en el que las cosas no funcionan.

Y, ¿cuál cree que es ese papel?

Bueno, por mi experiencia el papel del escritor tiene que ser muy didáctico. Yo me he dedicado a hacer talleres de literatura en colegios o en prisiones y creo que el escritor puede ayudar a entender la vida, a dar herramientas para ver cómo afrontarla.

¿Ese es para usted el lugar de la literatura?

La literatura da otra visión de la historia. Por ejemplo, frente a los discursos del poder nos damos cuenta cómo se multiplican las memorias, cómo se cambia y se rectifica. En diferentes momentos se construyen diferentes historias oficiales y éstas se confrontan a las memorias colectivas. En estas confrontaciones es donde entra la literatura. Pero en todo caso, yo no soy un escritor triste. Me considero un escritor feliz, porque la literatura tiene algo de infantil.

El autor de Tram 83, Fiston Mwanza Mujila. Foto: Carlos Bajo

El autor de Tram 83, Fiston Mwanza Mujila. Foto: Carlos Bajo

¿Qué opina del debate sobre el uso de las lenguas en las literaturas africanas? ¿Usted utiliza el francés, pero un francés muy particular?

Para mí, por mi experiencia, por mi educación y por mi cultura, el francés también es una lengua africana. Aunque es evidente que el francés que se habla en Francia, tiene unas características diferentes. En realidad, yo utilizo un francés que intenta hablar de las realidades que trata la historia. Si mi lengua es algo especial, es por los temas de los que trata, necesito que el francés de mis personajes se adapte a su personalidad, que la lengua se reactualice.

Seguramente la academia no estaría demasiado de acuerdo en cuanto a los límites…

No me preocupa. La academia no ha pagado mis estudios, así que no siento la necesidad de pedirle permiso para usar la lengua. Creo que es un bien común, pertenece a unos tanto como a otros. Un saxofonista no pide permiso al inventor del saxofón cuando encuentra una manera nueva y personal de tocarlo. Y además nadie lo pretende.

No pierde la oportunidad de llevar la conversación al territorio de la música. Es importante en su novela, ¿no es verdad?

He concebido esta novela como un concierto de jazz en el que hay momentos de absoluta armonía, pero, de repente, hay otros de bullicio, de algo que parece desorden, pero luego nos encontramos con que no se ha perdido el ritmo tampoco en esos momentos.

El ginecólogo que salva a las mujeres

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* Artículo publicado originalmente el 14 de mayo de 2015 en El País – Planeta Futuro

El doctor Denis Mukwege, ginecólogo, activista y Premio Sájarov 2014, aceptó la propuesta de que la senegalesa Angèle Diabang hiciese un documental sobre el trabajo que se lleva a cabo en el hospital Panzi fundado por él mismo en 1999 en Bukavu, capital de Kivu Sur, en República Democrática del Congo (RDC). Aceptó complacido, “contento de que fuese una africana quien hiciese una película sobre ese tema”, explica Angèle Diabang, directora del documental Congo, un médecin pour sauver les femmes (Congo, un médico para salvar a las mujeres), presentado en la duodécima edición del Festival de Cine Africano de Córdoba, que acaba de celebrarse en la ciudad andaluza.

La idea de tratar la cuestión de la violencia sexual que sufren las mujeres en a República Democrática del Congo a través de un documental vino cuando Diabang leyó un artículo del diario francés Le Monde en 2012 que le permitió comprender mejor qué estaba ocurriendo en ese país y qué trabajo estaba llevando a cabo el doctor Mukwege.

La larguísima guerra del Congo que “transforma el cuerpo de las mujeres en un campo de batalla”, según las propias palabras de Mukwege y en el que la violencia sexual es un arma de guerra, es el escenario donde transita esta dura realidad. Una realidad en la que unas 400.000 mujeres son violadas de forma brutal cada año, segúnAmerican Journal of Public Health. Ante esta realidad, Diabang decidió que era importante rodar un documental que no profundizase tanto en las causas políticas de esta guerra eterna, sino que estuviese centrado en las mujeres que la están viviendo y en las terribles consecuencias que tiene para ellas. “Hay tanto de lo que hablar que podría haber hecho un largometraje, pero hemos decidido enfocarnos en el tema, no he querido entrar en temas políticos”, explica.

Congo, un médecin pour sauver les femmes da la palabra a Mukwege, fundador del hospital de Panzi en 1999, creado con el fin de que las mujeres de la comunidad pudieran tener partos seguros. Tras observar que la mayoría de las pacientes acudían por violación y, en consecuencia, con graves problemas físicos y ginecológicos, decidió abrir un servicio especializado y advertir a las organizaciones internacionales de lo que estaba pasando. El documental cede también la palabra a las mujeres, que hablan de sus durísimas experiencias, de cómo sacan fuerza para superar su realidad, del dolor físico, pero también el emocional por ser rechazadas por sus propias familias, amigos, vecinos, etc. “Las mujeres al ser violadas están deshonradas y por eso las repudian. Es una forma de rechazar el dolor en general, pero a la vez es el momento en el que las mujeres necesitan mas soporte. Por eso es importante sensibilizar a la población congoleña (a los vecinos, amigos, familia, etc) sobre la importancia de apoyarlas. El deshonor es abandonar a la mujer”, afirma Diabang.

Esta realidad hizo también más complicado el rodaje de un documental que gira alrededor de estos desgarradores relatos: “El entorno era difícil, se ha destruido el tejido social y las mujeres han vivido un verdadero drama”, afirma la directora. Y por ello, la relación de confianza con las mujeres se fue construyendo poco a poco: “No encendíamos la cámara nada más llegar, así podíamos hablar tranquilamente con ellas e iban tomando cada vez más confianza con nosotras”, relata.

Hacer un documental sobre esta cuestión sin caer en el sensacionalismo no es fácil. La directora menciona este aspecto como otra de las dificultades artísticas a la hora de enfrentar el proceso de creación del documental: “Hemos querido quedarnos en la distancia de ese sufrimiento. Por ejemplo, cuando alguien lloraba, en lugar de poner el zoom como habitualmente se hace, nosotras nos alejábamos. Yo respeto ese dolor… es ya suficientemente difícil. Más que el drama me interesa retratar su fuerza y cómo ellas participan en la mejora del Congo”.

El documental, ha sido aplaudido por el doctor, por el equipo del hospital y por las propias mujeres: “[A Mukwege] le ha gustado mucho, sobre todo porque tenemos una misma visión de un África fuerte, digna y sin complejos. Además, la encargada de comunicación del hospital también me comentaba que era la primera vez que alguien mostraba las imágenes, incluso a las propias mujeres, que estaban muy emocionadas de ver el documental”, cuenta Diabang.

Quizá esa África fuerte queda visibilizada en el trasfondo del documental, en los logros del hospital y en el espíritu de superación de las mujeres. Desde que se creó, el equipo del hospital ha atendido quirúrgicamente a unas 40.000 pacientes, se ha creado un centro de formación para integrar a aquellas que están en riesgo de exclusión, en el que aprenden a defender sus derechos y a recuperar las ganas de vivir, entre otras muchas cosas. “Lo que me emociona del doctor Mukwege, es que, además de repararlas físicamente, él sabe irradiar a las mujeres, darles un lugar, una cierta autoestima… Es un médico que tiene un verdadero amor por sus pacientes, que no trata con lástima, sino que las escucha y respeta. Si han conseguido sobrevivir a tal trauma y vislumbran un futuro, es que pueden hacerlo todo. Denis Mukwege es un feminista que no duda en poner por delante a las mujeres, especialmente en el organigrama del hospital, donde son más del 65%. Para mí también, la mujer es la esperanza de África”, relata la directora.

La mujer africana, protagonista de la obra de Angèle Diabang

Angèle Diabang en el FCAT / Vanessa Anaya

Angèle Diabang en el FCAT / Vanessa Anaya

Nacida en Dakar y formada en Senegal, Francia y Alemania, Angèle Diabang es la directora de películas como Mon beau sourire, Sénégalaises et Islam Yandé Codou, la griotte de Senghor, entre otras. A pesar de que “no es por militancia”, como afirma ella misma, la realidad de la mujer africana está presente en la gran mayoría de sus películas. Su próximo proyecto Une si longue lettre, una adaptación de la novela de Mariama Bâ al cine, trata la cuestión de la poligamia desde la mirada femenina.

También es la precursora de Karoninka, la productora creada en 2006, que ha producido 12 películas de países como Mali, Togo, Cabo Verde, Congo y Senegal y goza de un creciente reconocimiento a través de varios festivales y premios. Es una muestra de que “África se mueve” y un reflejo de la situación esperanzadora que está viviendo Senegal en relación al cine y que Diabang defiende: “Diría que la situación en Senegal es prometedora, sobre todo a través del la creación del FOPICA, un fondo de promoción de la industria cinematográfica y audiovisual. Es todo un ejemplo en África y muy alentador”.

¿Están, por fin, los escritores africanos conquistando su espacio?

Imagen de los finalistas de la presente edición de The Man Booker International Prize

Imagen de los finalistas de la presente edición de The Man Booker International Prize

Quizá sólo sea una sensación o quizá tengamos tantas ganas de que ocurra que hacemos una interpretación intencionada, pero algunos indicios nos hacen pensar que, después de décadas de menosprecio, los escritores africanos están conquistando el espacio que les corresponde. Hemos visto a autores como Chimamanda Ngozi Adichie o Binyavanga Wainaina aparecer en listas de los mejores libros del año o de las personas más influyentes. Hemos visto también a escritores africanos como el fallecido Chinua Acheve o, más recientemente, Ngũgĩ wa Thiong’o aparecer en las quinielas del Premio Nobel de Literatura. El último de estos indicios acaba de hacerse público, es la lista de finalistas de uno de los premios literarios más prestigiosos del mundo, el Man Booker International Prize 2015. Esta lista, formada por diez autores, incluye cuatro africanos y, más concretamente, tres de África subsahariana y uno de África del Norte.

Es cierto que los responsables de este premio, que cuenta seis ediciones, no se caracterizan por arriesgarse especialmente en sus nominaciones y que apuestan habitualmente por carreras consolidadas. En esta última lista de nominados aparecen dos de las figuras más incuestionables de la literatura contemporánea africana, el mozambiqueño Mia Couto y el congoleño Alain Mabanckou. El tercer nombre de África Subsahariana que aparece en la lista es quizá algo menos conocido. Se trata de la sudafricana Marlene Van Niekerk.

De hecho en la historia del premio y hasta la presente edición, sólo dos autores africanos habían sido seleccionadas como finalistas y sus nombres no resultan nada sorprendentes. Se trata del nigeriano Chinua Acheve, en 2007, y el keniano Ngũgĩ wa Thiong’o, en 2009. Precisamente, Acheve consiguió ganar este premio.

Arriba a la izquierda, Alain Mabanckou; a la derecha, Marlene van Niekerk; abajo a la izquierda, Mia Couto; y a la derecha, completando el cuarteto africano, el libio Ibrahim al-Koni.

Arriba a la izquierda, Alain Mabanckou; a la derecha, Marlene van Niekerk; abajo a la izquierda, Mia Couto; y a la derecha, completando el cuarteto africano, el libio Ibrahim al-Koni.

Curiosamente los autores seleccionados escriben en lenguas diferentes. Mia Couto, lo hace habitualmente en portugués; Mabanckou, en francés; y Marlene Van Niekerk, en afrikáans. Este último dato, resulta también importante, la autora sudafricana escribe en una de las lenguas nacionales africanas y, a pesar de ello ha sido seleccionada para un premió internacional del calado del Man Booker International Prize. Aunque no hay que obviar que prácticamente todas sus obras han sido traducidas al inglés y Triomf, la novela que le dio una mayor popularidad, fue también llevada al cine.

En la presentación de la lista de finalistas ha tenido un especial protagonismo la cuestión de la diversidad. La presidenta del jurado, Marina Warner, en su comparecencia oficial hizo declaraciones como que “los escritores seleccionados ofrecen una extraordinaria variedad de experiencias” o que “la ficción puede ensancharnos el mundo a todos”. Precisamente esta última idea es la que lleva a reclamar el reconocimiento de los escritores africanos, porque si la literatura ayuda a ampliar los horizontes, no se pueden obviar las producciones de un importante porcentaje de la población mundial y de una literatura que además aporta una visión muy particular.

Se ha destacado en todos los ámbitos que seis de los escritores que aparecen en la lista de finalistas pertenecen a países que nunca antes habían tenido representantes en esta fase final premio. Lo que pone de manifiesto que los responsables del premio han hecho un esfuerzo por abrir sus propios horizontes. Por primera vez, además no hay dos aspirantes de la misma nacionalidad. Y The Guardian, por ejemplo, destacaba que escritores de renombre mundial, como Karl Ove Knausgaard y Haruki Murakami habían quedado fuera de la lista, lo que avala la importancia del premio.

La lista se anunció recientemente en la localidad sudafricana de Ciudad del Cabo y el nombre del autor ganador se anunciará el 19 de mayo en Londres. El escritor que finalmente se haga con el premio será galardonado con 60.000 libras. En todo caso, sea o no uno de los tres creadores de África Subsahariana el que aparezca en el anuncio definitivo, la literatura africana ha dado, sin duda, un nuevo paso hacia la normalización de su reconocimiento.

Revisitando a Conrad y revisando la globalización

El novelista congoleño, In Koli Jean Bofane. Fuente: Web de la editorial Actes Sud/Lionel Lecoq

El novelista congoleño, In Koli Jean Bofane. Fuente: Web de la editorial Actes Sud/Lionel Lecoq

El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, es probablemente uno de los libros más conocidos sobre África y, sin duda, el que más se cita como paradigma de la visión eurocéntrica del continente negro desde la literatura y al que más se mira cuando se quiere ejemplificar la imagen parcial y deformada de la desconocida región que se extiende al sur del Sáhara. Precisamente desde el Congo que visitaba, pero no descubría, el Marlow de Conrad llega una revisión de esa realidad enfocada habitualmente desde unos lugares comunes. Es un autor nacido en la República Democrática del Congo y residente en Bélgica el que rompe el encuadre más frecuente para girar la cámara y mirar a la globalización desde el corazón del continente africano.

Congo Inc. es la novela más reciente de In Koli Jean Bofane, publicada en 2014. Con ella, Bofane pretende arrojar un poco más de luz sobre la realidad congoleña y ayudar a comprender que su análisis es complejo. El autor explicaba en una reciente entrevista el sentido de la idea Congo Inc.: “El Congo es el algoritmo primordial. Sirve para todo y ha permitido que el mundo sea lo que es ahora”. Y en esa ensaladera Bofane coloca el caucho en la época industrial, el que permitió que la I Guerra Mundial se hiciese sobre ruedas; y coloca también el uranio que puso fin la II Guerra Mundial; y el cobre de la munición de la guerra de Vietnam; y además pone a los refugiados del genocidio ruandés y a los combatientes que cruzaron las fronteras sin preocuparse de cuestiones de soberanía; las compañías petroleras o los gorilas aparecen también en la ecuación que traza el escritor.

En el centro de Congo Inc. aparece Isookanga, un pigmeo que vive en el bosque, pero que está completamente fuera de lugar. El protagonista no encaja en la idea de comunión con la naturaleza, se decanta más por la de su explotación y encuentra su entrenamiento ideal en un juego de internet Raging Trade, que sublima el capitalismo más salvaje y despiadado. Isookanga o, más bien Congo Bololo, su personalidad en el juego compra y vende, se estrena en el mundo del petróleo, la minería o las tierras. Evidentemente la competencia va más allá de las reglas del mercado y se enmarcan más bien en las de la esclavitud, los asesinatos, la limpieza étnica, o los desplazamientos de población.

Convencido de que más allá de Internet, el mundo está lleno de riquezas que le están esperando, Isookanga se traslada a Kinshasha. Una Kinshasha que es la máxima expresión de la globalización. En sus calles se mezclan los señores de la guerra de Kivu que han cambiado las armas por la corbata, los empleados de Naciones Unidas e, incluso, antropólogos. Y con ellos, todo un ejército de buscavidas de lo más variopinto. Bofane dibuja el abigarrado retablo de personajes desde el humor ácido que le ha permitido sobrevivir en su tumultuosa vida.

congoincNo es extraño escuchar el relato de una turbulenta trayectoria que ha incluido, según el escritor, momentos en los que se ganaba la vida “pistola en mano”, junto a episodios de crítica social, etapas de “sin papeles”, publicista o estudiantes de comunicación, antes de convertirse en escritor de éxito. In Koli Jean Bofane consiguió con su primera novela, Matemáticas congoleñas, el Grand Prix Littéraire d’Afrique Noire. Era el año 2009, el año anterior, el escritor congoleño había saltado, según explica, casi por obligación, de los cuentos a la novela. Bofane asegura que tras el genocidio ruandés se hartó de que sólo hablasen de los hecho analistas no africanos y por ello decidió dar voz a través de la literatura a los congoleños.

Han pasado cinco años desde aquella exitosa historia y Bofane se había convertido en una de las voces de la literatura africana más esperadas. Ahora Congo Inc. ha empezado un recorrido de promoción avalado por una narración corrosiva y realista que dibuja una realidad de la globalización a la que no estamos acostumbrados. Como muestra un botón: el uranio de la bomba nuclear de Hiroshima salió de las minas del Congo y, a pesar de eso, se ha intentado mantener al país alejado de la “historia”.

Fiston Mwanza Mujila: el retablo de la fiebre del oro congolesa

Fiston Mwanza Mujila. Foto: Philippe Matsas. Fuente: Editorial Métailié

Fiston Mwanza Mujila. Foto: Philippe Matsas. Fuente: Editorial Métailié

Es una de las sorpresas del nuevo curso de la literatura africana en francés. Con su primera novela Tram 83, Fiston Mwanza Mujila ha irrumpido en la primera división de las letras francesas, provocando sólo una relativa sorpresa. Este congolés, nacido en Lumumbashi pero residente en la ciudad austriaca de Graz, ha diseñado un complejo y evocador universo sustentado en la decadencia de una sociedad desestructurada que hace tiempo que perdió de vista cualquier atisbo de moral y que se entregó al mandato del dinero fácil y los placeres mundanos de la mano de la corrupción y la arbitrariedad. En medio de ese escaparate degenerado aparece la figura de un aspirante a escritor soñador e idealista, cuya candidez no evitará que se manche cuando camina por el fango.

El Tram 83 es en realidad un local nocturno, bar, prostíbulo, discoteca, centro de negocios y parlamento, todo al mismo tiempo. Es el centro neurálgico de la Ville-Pays, una geografía imaginaria que sólo se sostiene por la existencia de una mina de diamantes y que lidera un militar disidente que de facto la escindió del Arrière-Pays. El retablo de Fiston Mwanza Mujila recuerda enormemente a los escenarios de la “fiebre del oro”, una ciudad sin ley que ejerce de imán de todo tipo de buscavidas, charlatanes, embaucadores, prostitutas y todo aquel dispuesto a vivir y a presentarse como lo que no es. El ambiente ya es en sí mismo atractivo y suculento, pero el joven autor, además, se vale de sus anteriores experiencias como dramaturgo y poeta, para que la descripción lo convierta en un escenario vívido y magnético.

Sólo faltan en el retablo los personajes principales. Y qué mejor que un pez sacado del agua. Lucien es, en realidad, un soñador, un aspirante a escritor que aparece en Ville-Pays como caído de una nave espacial en su huída de la persecución política en Arrière-Pays. Para completar el contradictorio círculo virtuoso narrativo, el principal apoyo de Lucien, casi su cicerone en ese mundo caótico, será Requiem, un antiguo compañero de estudios con el que milagrosamente se reencuentra. Sin embargo, Requiem es más que el alter ego de Lucien. Es, más bien, la otra cara de la moneda, por ese pasado común que les mantiene unidos. Requiem es casi un ciudadano modelo en Ville-Pays, una especie perfectamente adaptada a un ecosistema de locos, con una enseña clara “los chacales no comen chacales”. Requiem, como su compañero también cree en el renacimiento del mundo, pero lo busca desde la podredumbre, algo así como la necesidad de tocar fondo, o más bien, de explorar el fondo, de vivir en el fondo, de regodearse en el fondo, antes de poder volver a conquistar la superficie. Con el riesgo latente, siempre, de quedarse atrapado en el lodo.

Fiston Mwanza Mujila aparece como un escritor obsesionado con la música. En sus obras tiene un papel fundamental el jazz y en sus conversaciones se menciona siempre un saxofón que se él mismo asegura que es un sueño recurrente para él. Quizá por ese motivo, explica en una entrevista publicada en Le Point explica que escribe como si compusiera y que a todos los textos les atribuye un ritmo: “Intento asignar a cada texto un tempo. (…) Este ritmo es diverso : es el saxofón soñado, la circulación de los trenes que unen Lumumbashi con Mbuji-Mayi (la ciudad natal de mi familia), la rumba, los ruidos de Kinshasa, la soledad, el río Congo … Lo que importa no es sólo el sujeto, sino el ritmo agitado o la polka de las palabras en una hoja de papel”.

tram 83A pesar del personaje de Lucien y de su propia experiencia, Mujila desmiente que Tram 83 sea una novela autobiográfica. Eso sí, asegura que transmite su propia visión (personalísima) del Congo y del mundo y obliga a una reflexión sobre la figura del escritor y del intelectual en África. “En un país en el que todo el mundo habla de dólares, es una locura pretender ser escritor”, confiesa en una entrevista a AllAfrica.

En todo caso, Fiston Mwanza Mujila ha recibido numerosos premios, incluso antes de esta incursión en la novela. En 2009 recibió la medalla de oro de literatura de los VI Jeux de la Francophonie en Beirut y, ahora, en 2014 ha sido galardonado con el premio de literatura de la ciudad de Graz y su primera novela es una de las finalistas del prestigioso premio de la literatura francófona Prix Wepler-Fondation La Poste. Está previsto que esta novela se publique en los próximos meses en Estados Unidos, Alemania, Holanda e Italia, entre otros lugares.

 

El otoño teatral nos trae África a Girona

Temporada Alta, el festival de otoño de Catalunya Girona-Salt (del 3 de octubre al 8 de diciembre) nos acerca este año a tres espectáculos teatrales que nos llegan de África: Macbeth (Sudáfrica), Coup Fatal (Congo) y El Bestido (Sudáfrica). Se trata de tres obras de teatro rompedoras que completan un calendario de actuaciones que van del teatro, la música, la danza y el circo, la creación contemporánea o el cine. El pasado 3 de octubre, el Auditori de Girona ya nos brindó la oportunidad de ver al tuareg y nómada Bombino, de Mali, arrojando altas dosis de blues-rock del desierto con su último trabajo Nomad.

Lo que viene por delante nos da muestra de algunas de las obras africanas más internacionales del momento.

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MACBETH de Brett Bailey:

Viernes 17 de octubre a las 21 h.

Sábado 18 de octubre a las 18 h.

Precios: 36, 22, 18, 9 €.

Duración: 1 h 40 min.

Espectáculo en italiano con sobre-títulos en catalán.

Brett Bailey es el creador más polémico del teatro africano contemporáneo. El año pasado, su obra Exhibit B ya alborotó al público europeo con una exposición de actores negros encerrados en expositores. En 2014 su Macbeth lleva la opera de Verdi al corazón de África, transformando al protagonista en un señor de la guerra ávido de crimen y matanzas que nos recuerda al viejo Zaire de Mobutu. Una obra que muestra un contexto de luchas étnicas y tráfico de armas evocando a la migración masiva de la población.

La escenografía muestra a un Shakespeare monstruoso, con el acompañamiento de una orquesta y doce cantantes excepcionales.

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EL BESTIDO (THE SUIT)

Peter Brook, Marie Hélène Estienne y Franck Krawczyk.

Viernes 24 de Octubre a las 22 h

Sábado 25 de Octubre a las 18 h

Precio: 36, 22, 18, 9 €

Duración: 1 h 15 min

Espectáculo en inglés con sobre-títulos en catalán

Peter Brook nos ha enseñado las claves de la simplicidad escénica en Shakespeare y los clásicos griegos, y este mito de la dirección nos ha hecho gozar de grandes espectáculos. Junto con Marie Hélène Estienne y Franck Krawczyk, este 2014 presenta The Suit, la historia de un adulterio escrita por un autor sud-africano contemporaneo pero que, según Brook, “la podria haber escrito Txèkhov”. Una obra que, en francés, giró durante años, y que ahora vemos en inglés después de entusiasmar a los Estados Unidos: “a tocar de la perfección”, dijo The New York Times. Un tesoro pequeño y rutilante que contiene toda la herencia de Brook.

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GOLPE FATAL (COUP FATAL)

Alain Platel, Serge Kakudji, Rodriguez Vangama, Fabrizio Cassol

Viernes 18 de noviembre a las 21 h

Sábado 29 de noviembre a las 18 h

Precio: 35€

Duración: 1 h 45 min

Espectáculo casi sin texto

El contra tenor Serge Kakudji paralizaba los sentidos del público mientras marcaba el paso de los bailarines de uno de los espectáculos más míticos de Les Ballets C de la B, Pitié!

Ahora, con Coup Fatal Alain Platel vuelve a defender la voz aterciopelada de Kakudji y una orquesta de trece músicos congoleños que interpretan un repertorio barroco y hacen danzar a esta explosiva fundición de culturas. Un golpe fatal a las convenciones escénicas. Después del cabaret geriátrico de Gardenia (Temporada Alta 2010), esta representa la nueva creación de un artista genialmente imprevisible.

Reflejos de la colonia: la Escuela de pintura Poto-Poto de Brazzaville

Guerriers en lutte (c. 1955), de Nicolas Ondongo. Oli sobre tela

“Warriors fighting” de Nicolas Ondongo

Las ciudades africanas son a menudo consideradas como resultantes de la colonización y como símbolos indiscutibles de modernidad en el continente. Lo cierto es que ya antes de la Conferencia de Berlín, que repartiría el continente entre las principales potencias europeas en 1885,  existían ciudades y civilización urbana en ciertas regiones que los colonizadores aprovecharían para re- apropiarse y transformar según sus necesidades. Sidney Kasfir (1999) habla de tres procesos sociales que acompañaron el colonialismo europeo en África y que da lugar a nuevos tipos de creaciones artísticas: la urbanización, la introducción de la tecnología y cultura de Occidente y la expansión del alfabetismo a través de la educación formal. Después se le añade el desarrollo de un “mercado del arte” bajo los patrones europeos. A pesar de que la urbe era considerada como un espacio hostil para los africanos, en los años cuarenta y cincuenta esta percepción cambió. Se extendió una música popular corriente que impulsó el florecimiento de las grandes ciudades de Sudáfrica, Ghana, Nigeria y Congo, bajo la idea de la “ciudad feliz” y de un espacio de libertad donde encontrar todo tipo de oportunidades. Este contexto vivido en las ciudades propiciaba iniciativas que entrarían a formar parte de la historia del arte del país, pero también del continente. Tal es el caso de la creación de la Escuela de pintura Poto-Poto, situada en el barrio del mismo nombre.

Creación, filosofía y estilos de la Escuela Poto-Poto pierrelods

Su creador Pierre Lods, era un pintor francés y matemático expatriado en Brazzavile y un profundo admirador de las creaciones artísticas locales, así como de la vida en Congo Brazaville. En 1951, lanzó el proyecto después de descubrir una pintura de uno de los miembros del personal de servicio que tenía en su casa, Felix Ossali. “Nunca había visto nada como eso en artes africanas, sus pinturas eran innegablemente ‘negras’ en su habilidad para sorprender y en la grandeza y magia que emanaba de ellas”, afirmaba Lods. Tal fue su impresión que se puso manos a la obra para la creación de una escuela de arte en el barrio (Poto-Poto) con el apoyo económico del gobierno francés. Empezó a animar a jóvenes sin formación y sin experiencia en materiales y métodos de creación a que pintasen a partir de las vivencias del mundo que les rodeaba, facilitándoles objetos tradicionales como máscaras, esculturas, proverbios y poesías de África.

Estos objetos influirían en el resultado de sus creaciones, logrando así un estilo particular característico de la escuela Poto-Poto y basado en la supuesta esencia “puramente africana” y en el arte como medio de expresión más que en la elaboración de un discurso intelectual. Así, la escuela era concebida como una espacio donde la personalidad del artista se podía desarrollar libremente sin la intervención de una instrucción académica, sin una comprensión técnica ni un conocimiento de los materiales utilizados. De esta manera Lods se aseguraba que fuesen creaciones propias, espontáneas y alejadas de las imposiciones que pudiesen bloquear la creatividad de los artistas. Algunos de los nombres que forman parte de esta escuela son: Ossali, Ondongo, Elenga, Iloki, Zigoma, Owassa, Bandzila, Okola, Gotène et Ikonga.

La idea de Lods era la de utilizar el arte moderno para representar cuentos, leyendas y tradiciones africanas; creación artística a partir de la herencia cultural de los artistas del Congo. Los primeros trabajos estaban enfocados en la representación de la vida cotidiana y momentos de la vida más tradicional de la sociedad: escenas de mercado, baile de máscaras, percusión, ceremonias de iniciación, etc. Pero a pesar de la repetición de la temática, lo cierto es que había una gran diversidad expresiva entre los artistas que estaban en la escuela, lo que hacía que a la vez que reconocible, el estilo Poto-Poto no fuese masificado.

La escuela, aparte del soporte del Gobierno francés tanto para sostener la escuela como ofreciendo becas de formación, se conformó como cooperativa ofreciendo beneficios sobre las ventas a los artistas y motivando así la continuación de sus estudiantes, que de otra manera tenían dificultades de acceder al mercado laboral. Al mismo tiempo, los primeros años de existencia Poto-Poto tuvo un impacto internacional organizando exposiciones en Sudáfrica (1953), Nueva York (1954), Alemania (1956), Suiza y Francia (1957).

En 1961 Lods, fue invitado por Senghor, entonces presidente de Senegal, a enseñar en la Escuela de Artes de Senegal en Dakar, lo que le desconectó casi de inmediato de la escuela e hizo que las exposiciones fuesen cada vez menos frecuentes en Poto-Poto y los trabajos producidos mucho más comerciales y dirigidos a los turistas europeos. A la vez, visto el carácter comercial, antiguos estudiantes empezaron a producir en masa los temas populares de Poto-Poto. Después de la decandencia que vivió la escuela, la intención del gobierno es recuperar el edificio y la institución de acuerdo a aquellas épocas en que la escuela era una de las más destacadas de continente. Hoy, la Escuela de pintura Poto-Poto es una institución en el país, sobre todo en el campo del arte, donde muchos artistas siguen formándose. Esta cooperativa compuesta por quince artistas y presidida por Pierre Claver Gampio, sigue en activo.

Escribir desde el humor o leer la vida desde la risa, el doble impulso de la vis cómica africana

Imagen del Día de la Risa. Fuente: www.nazret.com

Imagen del Día nacional de la Risa. Fuente: www.nazret.com

En Etiopía, en el mes de octubre, celebran el “Día nacional de la risa”, lo que no quiere decir que sólo se rían ese día. Se ríen a menudo pero han decidido dedicar un día entero a la risa y al buen humor, como terapia, como relax, como forma de olvidarse de los problemas.

“Estas cosas tan poco serias solo ocurren entre los etíopes” fue la frase que más me replicaron al comentar la noticia, lo que me hizo  darme cuenta de que hay quien dice etíopes como quien dice marcianos porque desconocen todo sobre este país, sus gentes o sus coordenadas físicas, “está por ahí, por África, ¿no?” acertaban a decir los más atrevidos, como queriendo decir en un lugar muy remoto, muy profundo y muy oscuro, y que no le daban ningún valor a dedicar un día a desarrollar uno de los sentidos más importantes: el sentido del humor. De lo anterior  te das cuenta cuando se quedan perplejos si les replicas que esos seres verdes que son los etíopes celebran el “día de la risa” como nosotros celebramos el “día de San Consumo”, solo que ellos acaban relajados, felices y renovados, y nosotros estresados por no saber qué comprar y enfadados por sentirnos timados un año más, y todavía habrá quién se  pregunte que de qué se pueden reír tanto los africanos.

El humor aparece con mucha frecuencia en las autobiografías o semi-biografías. Alguien tan seco, huraño y serio como JM. Coetzee ya lo utilizó en su novela Verano donde se rememora y disecciona, mediante entrevistas, la vida de un escritor recientemente fallecido llamado… John Coetzee. Otra novela que también tiene nombre propio es Algún día escribiré sobre África donde un Binyavanga Wainaina, previo a hacer pública su homosexualidad, recuerda las palabras con las que le anunciaron su nominación al premio Caine, “Estimado individuo aceptado para el premio Caine, de nombre Binya…vanga. ¿Quiere venir a Inglaterra y cenar en la Cámara de los Lores y hacer lecturas e ir a la Biblioteca Bodleiana para asistir a una cena de muchos platos, con vino y todos los intelectuales de Londres? En dicha cena descubrirá si la baronesa Tipa Importante le premia con quince mil dólares”, os adelanto que sí que fue y luego escribió el libro, un relato sobre el recorrido vital que le llevó a ser el escritor reconocido que hoy es y en el que luce un brillante sentido del humor y de la ironía. También están los que recurren a sus recuerdos de la infancia para soltar algunas verdades como puños provocando la risa, nada como un niño para decir lo que de verdad se piensa. Eso es lo que transmite el narrador de Buenos días, camaradas de Ondjaki cuando con mucho sentido común (otro que tampoco ejercitamos demasiado) pregunta si los angoleños deberían de tener una playa en la Unión Soviética, al enterarse de que los rusos tienen una playa propia en Angola. En Mañana cumpliré veinte años, su autor, el congoleño Alain Mabanckou hace lo mismo con su infancia y la suya tampoco tiene nada de tenebrosa o torturada, al contrario, es un niño curioso, travieso, luminoso y divertido y nos ofrece un texto plagado de momentos de humor.

La risa, en el fondo, es un asunto muy serio, ya que si no se dosifica o utiliza bien, el texto puede quedar grotesco o patético. Por eso arriesgarse a escribir un libro desde el humor tiene doble riesgo: el primero el de lograr que aflore, y el segundo el hacerlo por escrito, porque cuando uno tiene a alguien delante puede examinar al de enfrente y al contemplar su reacción hacer un gesto y provocar la carcajada, como hace Chris Abani en este vídeo, o cambiar el tema del discurso o cambiarse de país directamente. Sin embargo, cuando uno escribe no tiene a nadie enfrente, no sabe cómo van a reaccionar los lectores y mucho menos si se van a reír. A pesar de tratar realidades muy dolorosas en su novela Graceland, el escritor utiliza el sentido del humor para dotar de algunos gramos de luz a las duras vidas de sus protagonistas. Así el humor, sin ser el eje central de la novela, logra suavizar la narración y dar al lector algún respiro.

Además, el humor se puede utilizar también para disfrazar la desvergüenza, como en la novela Puta vida del togolés Sami Tchak, cuyo autor afirma que sin el humor del narrador habría resultado una novela demasiado cínica. Razón no le falta ya que la única novela traducida al castellano de Tchak es una obra plagada de sexo, donde late el enfado del escritor al hablar sobre el trato que reciben los emigrantes (ya sean de primera o de segunda generación). En este caso el protagonista es nacido en Francia de padres africanos (sobre los que tampoco se calla lo que piensa). Os sorprenderá por su estilo directo y crudo que no obvia casi nada en relación al sexo y al racismo, provocando la risa casi, casi, en cada párrafo, a pesar de su crudeza “En nombre de esa verdad de pacotilla, habría querido decirle a aquella joven blanca cuatro cosas bien dichas sobre los indocumentados:¡A uno que no tiene papeles no se le hace tanta publicidad¡ ¡No se la merece, joder¡ Hay que darle un guantazo y mandarlo allí donde debería haberse quedado de un puntapié. ¿Tan difícil es?”. Y también como manera para dar forma a un personaje, como ocurre con la protagonista de la extraordinaria Condiciones nerviosas, la inquieta Tambu, escrita por Tsitsi Dangaremba. En las obras de Ahmadou Kourouma el humor es primo hermano del horror, provocando una extraña sensación al leer la vida del pequeño Birahima, el niño-soldado protagonista de Alá no está obligado y de la inconclusa Cuando uno rechaza dice no. Gracias a sus inestimables diccionarios con los que intenta comprender lo que le rodea (nada menos que cuatro, todos escritos por la mano colonizadora), Birahima va poniendo nombre a cada situación y a golpe de humor/horror se le llena la boca de verdades como puños: “’Civilización o comunidad’ cuando se habla de un grupo de blancos y ‘etnia o tribu’ cuando se trata de un grupo de negros,’Guerra de civilizaciones’ cuando combaten los europeos y ‘conflicto tribal’ cuando lo hacen los bárbaros indígenas negros de África”.

Escribir desde el humor, es difícil. Sin embargo a veces es la única manera de escribir  que tienen algunos escritores, como Henri Lopes que reconoce que utiliza el humor en sus obras pero no le atribuye una función determinada, simplemente es su estilo, la mejor manera de escribir para él. Alain Mabanckou recurre también al humor y a la ironía a menudo. La hilarante Memorias de Puercoespín nos cuenta la leyenda según la cual todo ser humano tiene un doble animal. Puercoespín, parlanchín incontinente, le contará su azarosa vida a un baobab, a veces truculenta, a veces ácida. Las peripecias de Puercoespín nos asombrarán y provocarán nuestras carcajadas, al igual que Vaso Roto que desde los confines del mugriento bar congolés “El crédito se fue de viaje” y con un lenguaje coloquial, a veces vulgar, a veces escatológico, hace desfilar a sus clientes, seres fracasados, patéticos, bordeando la marginalidad, provocándote la risa con párrafos como este: “Al dueño del Crédito se fue de viaje no le gustan las frases hechas del tipo en África, cuando un anciano muere, arde una biblioteca y cuando oye este tópico manido, se enfada un montón y suelta al momento depende del anciano, dejaos de chorradas, yo sólo me fío de lo que está escrito”.

Una forma de humor diferente es la que propone el humor negro. El nuevo proyecto editorial 2709 books de la mano de Marina M. Mangado, nos acerca a un escritor que hasta ahora no tenía obras traducidas al castellano. Dos cortos relatos del marfileño Venance Konan nos dan pie para pensar que en la obra de este autor el humor es una constante, y no solo el humor, sino también el humor negro que asoma en El entierro del tío Kouadjo. El tío Kouadjo, todo un carácter, de joven camorrista y de viejo un cascarrabias, ha muerto y hay que enterrarlo. El entierro deviene en un torrente de situaciones cómicas: desde la lluvia que dificulta las labores, a las viejas rencillas, los enfrentamientos debido a las infidelidades y el propio espíritu del tío Kouadjo que parece decidido a imponerse incluso en su propio entierro. Y vaya si lo logra.

También hay mucho de humor negro en la obra Reír y llorar de Henri Lopes, forzosamente ya que gira en torno a  la vida de un dictador no tan imaginario. Esta novela se abre con un prólogo en el que se hace una “Advertencia muy seria”, ya que según la “Asociación interafricana de Censores francófonos” todo lo que narra el libro es fruto de la invención de su autor, fruto del mal gusto y una deformación intolerable de la realidad africana. Solo con un prólogo así ya tienes motivos más que suficientes para adentrarte en la historia de un dictador y de País, un estado africano inconcreto, en una certera sátira sociopolítica, donde la corrupción, la opresión, el sufrimiento, las torturas y la connivencia de los estados europeos, nos muestran un mundo a la deriva con una gran vis cómica.

-Mandad delegaciones a los países africanos productores de grandes hechiceros.

Se marcharon más de cuarenta misiones y volvieron cada una con su rara avis.

-¡Un momento¡ No se olviden de Europa. Búsquenme allí a los mejores videntes.

En la conferencia que reunió a todos aquellos expertos, hubo menos europeos que africanos.

-Al menos existe un campo en el que destacamos.

Henri Lopes nos cuenta, a través de su protagonista, por qué reír cuando lo normal sería llorar. Cuando el “Maitre” (protagonista de la novela) le pide opinión a uno de sus compatriotas sobre los primeros capítulos de su obra, éste le contesta que no sabría cómo encuadrarla; si a veces le parece que lo narra un historiador, otras veces, en cambio, le parece que lo hace un griot, es decir, un mercader de sueños y de diversiones, para algunos, y una clave para descodificar la vida en el poblado, para otros.

Es gracias a la risa por lo que las áfricas han salido hacia delante, nos dice Lopes. Ante la brutalidad, la sinrazón, la explotación, la inhumanidad…De nuevo el humor permite escribir y nos permite poder leer tanto sobre temas atroces, sobre realidades lacerantes como  sobre la vida cotidiana, el sencillo ir y venir de los preciados días.  Otra vez, en esta ocasión desde las áfricas, el humor, sin duda, nos reconcilia con la vida.

Lumumba, Césaire y ‘Una temporada en el Congo’

A Season in the Congo (1965) o Una Temporada en el Congo es una de las obras de teatro[1] del poeta, dramaturgo y hombre de política de la Negritud[2]: Aimé Césaire (1913-2008). El título de la obra es un guiño a Un Saison en Enfer o Una Temporada en el Infierno (1873) de Arthur Rimbaud, aludiendo al infierno político y social que vivió el país en el momento en que la obra fue publicada. Césaire fue una de las figuras más decisivas contra el imperialismo francés, alzando su voz desde Martinica y convirtiéndose en uno de los intelectuales más prominentes de la literatura francófona del siglo XX. El pasado 26 de Junio se cumplía el centenario de su nacimiento y no se podría haber festejado de mejor forma que con la celebración de la nueva realización de ésta obra imprescindible, sobre escenarios europeos.

El director británico Joe Wright se ha sumergido en el libro del antillano más de cuatro décadas después de su publicación y trabajado cada detalle de la obra, para mostrar a la audiencia del Teatro Young Vic de Londres (desde el 6 de Julio y hasta el 10 de Agosto) la vigencia y actualidad del relato de la historia del Congo. Para ello, Wright y parte del equipo se trasladaron a Kinshasa para encontrarse con los familiares y conocidos de Patrice Lumumba, protagonista indiscutible de Una temporada en el Congo. Sobre terreno, el equipo descubrió que hay mucho en común entre el antiguo Zaire y el Congo actual, donde el caos y la corrupción siguen beneficiando a empresas y hombres de negocio extranjeros, tanto como a sus socios locales. Fruto del trabajo de investigación previo y de la comprensión de las décadas de conflicto y corrupción que vive el país, la obra se ha sabido actualizar y se ha convertido en un relato imprescindible para comprender la situación económica y política que vive el antiguo Zaire.

En general, la obra constituye una dura sátira del periodo de independencia de la República Democrática del Congo, repasando el auge y la caída de un sueño emancipador prácticamente efímero. La trama narra cómo los colonos belgas afrontan los movimientos independentistas y describe como Lumumba, líder socialista de la independencia zaireña (1960), es perseguido y delatado por miembros de su propio gobierno, como es el caso de Mokutu –nombre que adquiere Mobutu Sésé Seko en la obra-, quien conseguiría “el trono” por la fuerza y con el apoyo de los antiguos colonizadores. El complicado armazón político de la Guerra Fría y las artimañas jugadas por los belgas y los norteamericanos durante éste periodo, son señalados por Césaire, sin titubeo, como principales causas de las frecuentes torturas, encarcelamientos y posterior asesinato de Patrice Lumumba.

Antes de su publicación, los belgas intentaron por todos los medios censurar la obra, que fue ferozmente defendida por intelectuales africanos y antillanos instalados en París durante esos años, alrededor de círculos que liderarían las independencias. En la actual representación del Teatro Young Vic de Londres, Wright consigue mostrar este complejo de superioridad del colonizador, descubriendo un poder belga que observa a los africanos desde arriba hacia abajo, y utilizando marionetas que representan los socios de la administración colonial, tanto como a los nuevos siervos de la modernidad congoleña.

Chiwetel Ejiofor, el actor que representa a Lumumba en la obra 'The Season in the Congo'.

Chiwetel Ejiofor, el actor que representa a Lumumba en la obra ‘The Season in the Congo’.

Lumumba, interpretado por el actor británico-nigeriano Chiwetel Ejiofor, se presenta en el Young Vic Theatre como un comerciante de cerveza que vende el adormecedor alcohol que introdujeron los europeos en el continente. Pero el personaje de Lumumba va adquiriendo poco a poco los tonos revolucionarios que lo han llevado a ser entronizado como uno de los mártires de la historia de África. Los críticos ingleses están dejando la interpretación magistral del actor por las nubes. De su personaje dicen que humaniza a Lumumba de manera soberbia y escalofriante, haciendo sentir la pasión y los ideales del “profeta” a través de monólogos que hacen erizar el bello; así como que parte el corazón al transmitir la amargura y la derrota de ver como el proyecto nacional del Congo se convierte en la sombra de un sueño inalcanzable.

El reparto de la obra se caracteriza por la participación de un gran elenco de músicos y bailarines, de la compañía Umoja, que ayudan a construir el discurso. Entre ellos, las coreógrafas Lydie Alberto, Nandi Bhebé o los congoleños Josepha Madoki como bailarina y el músico Kaspy N’Dia. Pero también consta de la participación del increíble coreógrafo belga-marroquí Sidi Larbi Cherkaoui, cuyo trabajo está siendo muy aplaudido. Otro papel que tiene que ser destacado es el de los banqueros, caricaturizados por la avaricia y la corrupción, y que se erigen como símbolos del flagrante fracaso del proyecto nacional.  Un fracaso muy ligado a la codicia que regna en torno a los recursos que el colono nunca dejó de ambicionar: las minas de oro y diamantes.

En definitiva, toda una proeza para la memoria de dos personajes clave en la historia de África y la diáspora, pero también una historia crucial para comprender la actualidad de uno de los puntos calientes del continente.

 

Para más información: 

Poetry Foundation 

Huffington Post

BBC

 


[1] Une Saison au Congo (1965) es el segundo de los trabajos sobre las resistencias a la dominación colonial, lo que Césaire llamó su “tríptico” de obras, cuya primera entrega fue La Tragédy du roi Christophe (1963) y que termina con Un Tempête (1969).

[2] El término ‘Negritud’ nace a finales de los años 30, y gana popularidad durante los 40, 50 y sobre todo 60. Es una expresión poético-literaria, cultural y humanista relacionada con la descolonización de África y/o el Caribe que se erige como crítica a los modelos moderno-coloniales. ‘Negritud’ es un sinónimo de resistencia a la enajenación y a la asimilación cultural provocada por los mecanismos de dominación colonial (Valdés García, 2012:113).

Black to the Future (I): África está preparada para la ciencia ficción… africana

Nnedi Okorafor. Fuente: www.nnedi.com

Nnedi Okorafor. Fuente: www.nnedi.com

En el año 2009, la escritora nigeriano-estadounidense Nnedi Okorafor se preguntaba en un ensayo si África estaba preparada para la ciencia ficción. Okarafor es una de las más prominentes representantes del movimiento del afrofuturismo radicado fundamentalmente en Estados Unidos y formado por autores afroamericanos. Sin embargo, a través de este trabajo la escritora establecía el nexo definitivo entre el movimiento americano y el origen africano.

El análisis de Okorafor hace referencia a una circunstancia absolutamente obvia que, sin embargo, demasiado a menudo es necesario recordar. La ciencia ficción como género (tanto cinematográfico, como literario) debe adaptarse a las necesidades y, sobre todo, a las particularidades africanas. Este ensayo tiene dos elementos interesantes. El primero de ellos es el propio análisis sobre el estado y el futuro de la literatura de ciencia ficción en África. El segundo, su referencia a autores africanos que ya están abriendo el camino para ese establecimiento del género.

Por lo que se refiere al análisis la idea fundamental es la que ya se ha mencionado, la necesidad de adaptar el género a la realidad africana y a sus particularidades culturales. Parece sencillo, ¿verdad? Pues por si alguien no lo entiende no hay nada mejor que uno de los ejemplos prácticos que la propia autora expone. Okorafor reproduce las palabras de Naunihal Singh, un profesor experto en conflictos y relaciones entre población civil y militares, así como en otras dimensiones políticas del África Subsahariana y, a decir de Okorafor, un amante de la ciencia ficción. Singh pone de manifiesto una evidencia absolutamente esclarecedora cuando señala:  “Sería duro conseguir que la gente pueda tener miedo de un futuro en el que los ordenadores se apoderen del mundo, cuando no están familiarizados con la presencia de una computadora en su escritorio”.

Por ello, Singh apela a los principios más básicos de la ciencia ficción, como la exploración del espacio y considera que estos argumentos podrían tener más éxito, siempre y cuando, claro está se adapten a la audiencia. “A los africanos les encantaría ver historias sobre africanos en una nave espacial”, asegura.

La propia autora estadounidense de ascendencia nigeriana se ha dado cuenta de que el problema no es el género sino, podría decirse, la contextualización. Ella misma ha podido percibir cómo en uno de sus relatos cortos, “Spider the Artist”, que trata sobre arañas robóticas que vigilan los oleoductos del delta del Níger, se adapta mejor a los gustos de la audiencia africana. Ella misma señala que esa adecuación no viene por el hecho de que esas arañas robóticas adquieran voluntad propia, sino porque el relato se para en cuestiones sociales y culturales que pueden interesar al público como la precariedad de la vida en esta región o la angustia de una mujer que no puede tener hijos.

Otra de las críticas que realiza Nnedi Okorafor entronca con una de las quejas habituales relacionadas con la literatura africana, en general, y que en esta misma sección se ha hecho evidente al hablar de la literatura oral. Dice Nnedi que otra parte del obstáculo para la ciencia ficción son “las actitudes coloniales sobre lo que es literatura y lo que no lo es”. “La base de lo que es ‘gran literatura’ en África está demasiado definida todavía por Occidente y Occidente todavía tiene problemas para ver la ciencia ficción como un género de verdadera literatura”, señala la autora.

Tchidi Chikere: Fuente: www.nollywoodgossip.net

Tchidi Chikere: Fuente: www.nollywoodgossip.net

Entre las voces con las que Okorafor cuenta para sustentar esa pregunta de si África está o no preparada para la ciencia ficción está el cineasta y escritor nigeriano Tchidi Chikere. De hecho la autora señala que fue él mismo el que le planteó esta duda. En lo que se refiere a su producción literaria, Chikere es autor de una serie de relatos cortos titulado Strangers in Paradise y la novela Daughter of the Cave. Son todas producciones que pueden enmarcarse en el género de la ciencia ficción o la literatura fantástica.

Cubierta de una de las novelas del ghanés Kojo Laing

Cubierta de una de las novelas del ghanés Kojo Laing

Del mismo modo, Okorafor recuerda la obra del ghanés Kojo Laing o la del congolés Emmanuel Boundzeki Dongala, como muestras de ciencia ficción eminentemente africana. Todo ello, sin olvidar un amplio movimiento radicado en Sudáfrica. En todo caso, aunque la autora nigeriano-estadounidense no lo cite, no se puede olvidar un caso absolutamente paradigmático. Se trata de la obra de Umaru Dembo. En 1969 este visionario se atrevió a publicar la novela Tauraruwa mai wutsiya (“El cometa”), en la que el protagonista, Kilba, realiza un viaje espacial en el que se encuentra con diferentes seres extraterrestres. Y lo hizo nada menos que en lengua hausa.

Con todos estos antecedentes, con las producciones actuales, con las condiciones que señala Okorafor y, sobre todo, con los elementos de ciencia ficción inscritos en las propias tradiciones culturales africanas (y de los que la autora del ensayo también habla) es indudable que como ella misma dice, “la audiencia africana está preparada”, eso sí, para una ciencia ficción africana.

Baloji y el “blues de la jungla”

Un momento del concierto de Baloji en la Sala Apolo. Foto: Carlos Bajo/Wiriko.

Un momento del concierto de Baloji en la Sala Apolo. Foto: Carlos Bajo/Wiriko.

Baloji, que en swahili significa “brujo”, lleva sellado en su nombre la historia de su venida al mundo, marcada por la curación de su madre en manos de un médico tradicional. A pesar de esto, el MC belga-congolés conoció tarde sus raíces y apenas en su último disco Kinshasa Succursale (Crammed Discs, 2011) empezó a explorar los sonidos que marcaron las primeras décadas del antiguo Zaire. Él quería rehuir todo tipo de etiquetas y estereotipos, explorando una identidad que a veces lo ha absorbido en cierta paranoia y que lo ha hecho sentirse extranjero tanto en África como en Europa. Al final, acabó realizando uno de los discos más originales que se han escuchado en el panorama afro-europeo, razón por la que pudimos verlo en acción el pasado viernes en la capital catalana.

Los primeros compases del reggae de A l’heure d’été calentaban los motores que la armada Orchestre du Katuba arrancaban en la Sala 2 del Apolo. De ellos afloraría una de las canciones de Soukous más famosas de la historia, el Cha Cha de la Independencia de Le Gran Kallé, para abrir interrogantes sobre la verdadera emancipación de África cincuenta años después de sus independencias. “Mano que da, mano que dirige” dice el cantante muy acertadamente mientras dispara balas que hieren directamente, donde más duele.

Baloji en la Sala Apolo de Barcelona. Foto: Radio África.Sonidos Urbanos

Baloji en la Sala Apolo de Barcelona. Foto: Radio África.Sonidos Urbanos

El bajista, entregado en voz y cuerdas, detonó sensibilidades con el Funk profundo que le corre por las venas a Petit espèce, mientras los solos de teclado y guitarra se otorgaban toda la atención del público. Y puestos a resucitar las raíces de la música afroamericana, la banda revivió el I’m Going Home de Marvin Gaye para transfigurar la autobiográfica Nakuenda/Nazongi Ndako. A esas alturas no creo que hubiera alguien en la sala que no se preguntara ¿qué sería de Baloji sin los cuatro músicos que lo acompañan?

El Soukous retomó fuerzas con Congo Eza Ya Biso (Le Secours Populaire), fiesta frenética al más puro estilo congoleño que encendió definitivamente al rapero, dando vueltas cual derviche mientras pateaba el plato de la batería. Ya se había condensado el aire cuando empezó a sonar la guitarra de Karibou Ya Bintou, literalmente ‘Bienvenido al Limbo’. El silbido del pito y la potencia ‘congotrónica’ del likembe en el teclado hacían presentes, sin estarlo, a los Konono Nº1 (con los que grabó tanto la canción como su videoclip). La crudeza del hip hop se hizo palpable en el ambiente y el estrés del oyente llegó a su máxima tensión para dejarse caer dulcemente en los brazos del Jazz orgánico de Shishi.

Con una bofetada en toda la cara Baloji volvió a sacar los colores a más de uno con la frase “en España sabéis un poco sobre colonias, ¿verdad?”. Sería el último cartucho a quemar y había que fulminar a los asistentes, así que Tout Ceci Ne Vous Rendra Pas Le Congo no dejó títere con cabeza. Un explosivo final que como apuntó el mismo Baloji nos sumergía en el “blues de la jungla” y con el que brilló con especial elegancia el guitarrista Dizzy Mandjeku. Auténtica leyenda de la canción congoleña, el veterano, miembro de la imprescindible TPOK Jazz, acompañante de Luambo Makiadi “Franco” o Tabu Ley Rochereau, se levantó de la silla en la que había estado sentado durante todo el concierto, se colocó la guitarra en el cogote y empezó a bailar mientras la púa de su guitarra jugaba alegremente con las cuerdas. El BB King congolés fue el encargado de recoger amarras y dirigir los últimos saludos a un público que, a pesar de ser extremadamente escaso para una propuesta con tanto caché, se dejó embrujar por todos y cada uno de los matices del directo.

Momento estelar de Dizzy Mandjeku en Barcelona. Foto: Carlos Bajo/Wiriko.

Momento estelar de Dizzy Mandjeku en Barcelona. Foto: Carlos Bajo/Wiriko.