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La ironía de Konan que dispara contra la corrupción

Vuelve 2709 Books y, de su mano, regresa también Venance Konan, el autor que se ha convertido prácticamente en un estandarte de la editorial. Se podría decir que 2709 Books, prácticamente, nos descubrió al escritor marfileño y su particular estilo en el que el humor sirve para envolver con suavidad la crítica más afilada al nepotismo, el clientelismo y la corrupción política, así como otros vicios de una sociedad a la que retrata y caricaturiza.

Venance Konan: Olor a realidad

Konan es una especie de talismán para la responsable de 2709 Books. Después de un año sin novedades, desde que en su cuarto aniversario publicasen la deliciosa edición bilingüe de El libro de los secretos – Doomi Golo, de Boubacar Boris Diop, el proyecto ha celebrado su quinto cumpleaños con la historia de Los Catapila, esos ingratos, de Venance Konan, traducido por Alejandra Guarinos Viñals. El escritor marfileño fue el primer autor publicado por este sello, especializado en literatura de autores africanos y que edita sus libros en formato digital, y les ha acompañado en otras celebraciones. Ahora, 2709 Books hace un esfuerzo por mantener su actividad y qué mejor que recurrir a uno de los irónicos y mordaces relatos de Konan.

En este caso, los protagonistas vuelven a ser Robert y los Catapila, la capacidad del primero para meterse en líos y hacer fracasar los planes aparentemente más infalibles y la particular relación entre los propios Catapila y los habitantes del pueblo en el que fueron acogidos. En este caso, los huéspedes son los que son parasitados por los anfitriones que, por otro lado, consideran que los Catapila les deben una especie de gratitud eterna y sin límites. Todos los excesos en sus afán por exprimir a esa comunidad acogida parecen justificados por el hecho de que un día les cedieron un trozo de bosque. La disposición de los Catapila para labrarse un futuro provechoso a base de esfuerzo y trabajo parece que no tiene importancia para Robert y los suyos. Los Catapila serán siempre unos ingratos a sus ojos, al menos, siempre que no cumplan con sus caprichos.

Robert es, en realidad, un vividor fracasado. Aparentemente, es el más popular de su pueblo, un líder natural, como llegan a calificarlo en un momento, y parece llamado a hacer algo importante en la vida. Es un superviviente, en realidad, un holgazán que busca la manera de vivir de la mejor manera posible con el menor esfuerzo. Atribuye a un hechizo temprano su incapacidad para concluir sus proyectos e, incluso, para conseguir retener en sus manos el dinero que, en algunos momentos, fluye en abundantes cantidades. El hechizo es muy sencillo, para Robert todo se limita a conquistas a nuevas mujeres e invitar a beber a sus amigos en el bar, quizá eso tenga algo que ver con el destino frustrante de sus empresas.

Cada vez que Robert se acerca al poder y consigue tenerlo alcance de la mano, parece encontrar el camino del éxito, una circunstancia externa e incontrolable da al traste con sus planes. Golpes de Estado, revueltas, guerras e incluso invasiones se cruzan en la vida de Robert para hacer naufragar sus esperanzas de acomodarse entre los que mandan.

Manteniendo su habitual estilo narrativo, Venance Konan mezcla en esta historia, de nuevo, el entretenimiento con una evidente crítica política y social. Konan no tiene piedad con la autocomplacencia ni con la manía de eludir responsabilidad de una sociedad que prefiere echar la culpa de muchos de sus males a los demás. Si no es la brujería, son los migrantes, pero cualquier excusa parece buena para una sociedad que deja perderse las cosechas o que prefiere quedarse disfrutando “del calor corporal de las mujeres” por las mañanas antes que ir a trabajar. “A ninguno le apetecía abandonar a su mujer de madrugada para empaparse en medio de las malas hierbas. Además, durante la estación de lluvias siempre aparecían arcoíris en el bosque. Y en nuestra cultura, los arcoíris se enrollan en los hombres para chuparles la sangre”, justifica en un momento el narrador uniendo todas las excusas en una misma sentencia. “¡Mierda, nos están jodiendo de lo lindo estos Catapila! Siempre se las apañan para que no podamos prescindir de ellos. Vaya unos impresentables”, se queja el propio Robert en una de las ocasiones en las que el pueblo se deshace de esa comunidad.

Como ya había hecho en otras ocasiones, Konan aprovecha este relato para construir una especie de fábula acerca de la convivencia. Con los Catapila como centro de la otredad en el pueblo de Robert, pero con otros elementos como el Mauritano o un nigeriano que arregla ruedas de bicis. Konan demuestra como la figura del otro acostumbra a ser una excusa para tener alguien a quien echarle las culpas y cómo la resistencia a reconocer la ausencia de diferencias sustanciales tiene que ver, precisamente, con guardar una cabeza de turco útil. Sistemáticamente el pueblo de Robert dirige sus iras contra los Catapila y una vez tras otra los expulsan, pero los vuelven a acoger porque son incapaces de cubrir su vacío. Ese equilibrio entre comunidades es siempre delicado y la ironía y el sarcasmo que destila el relato de Konan, ridiculiza a aquellos que se resisten a aceptar al que es diferente.

Algunos pasajes resultan especialmente representativos de ese ciclo, como la escena que se produce cuando expropian a Mauritano su tienda: “Robert le había dado dinero a Pequeño Robert para que abasteciera la tienda de Mauritano que había pasado a ser de su propiedad. De modo que se fue a la ciudad y volvió con nosotros a las barricadas una semana más tarde, cuando se hubo gastado todo el dinero que Robert le había dado. Nos explicó que había decidido que lo más urgente para él, de momento, era la defensa de la República. Por lo que había dejado la tienda en manos de su mujer. Ella se encargaría de ir a la ciudad a por provisiones. Cuando ella fue a la ciudad se encontró con Mauritano y le pidió que volviera a ocuparse de tienda. Mauritano aceptó y regresó al pueblo; nos sentimos muy aliviados. Se haría cargo de la tienda, aunque el nuevo propietario fuera Pequeño Robert”.

En todo caso, la gran crítica que destila el relato de Konan, como en otras ocasiones, es la de la corrupción política y el clientelismo. La historia de Los Catapilas, esos ingratos, muestra el pegajoso y pringoso lodo en el que se desarrolla la política, especialmente, en los entornos rurales. El dinero, pero más a menudo obsequios más mundanos como camisetas o calendarios engrasan las fidelidades y compran las voluntades que, por otro lado, son evidentemente volátiles. Sin embargo, el ácido relato del escritor marfileño pretende poner de manifiesto que difícilmente se producen cambios importante, más allá de un partido o la cara de un político. Sucesivos aspirantes a contar con la simpatía y el apoyo de los lugareños, repiten una y otra vez las mismas promesas. Y ninguno de ellos las cumple. Ente tanto, los sobres van cambiando de manos y para los impostores profesionales la militancia se convierte en una forma de vida.

Film Africa 2016: El lado más africano de Londres

Wiriko, medio oficial del Film Africa 2016.

Wiriko, medio oficial del Film Africa 2016.

El Film Africa de Londres cumple seis años de vida celebrando lo mejor del cine contemporáneo de toda África y su diáspora y Wiriko vuelve a ser medio oficial para acercaros uno de los festivales referentes en Europa. Desde este viernes 28 de octubre hasta el domingo 6 de noviembre la capital de Inglaterra mostrará una selección de 52 películas de 22 países africanos, así como estrenos propios del Reino Unido y Europa. En total, 11 han sido los lugares elegidos para que el público londinense pueda hacer suya una auténtica fiesta de las cinematografías africanas, entre ellas las ya míticas Hackney Picturehouse, Ritzy Brixton, BFI Southbank, ICA, Ciné Lumière, la British Library o la South London Gallery.

Hoy, hablar de las realidades africanas a través de la gran pantalla se hace más necesario que nunca porque desde esta mañana 60 autobuses están preparados para transportar a 3.000 inmigrantes a los centros de acogida repartidos por Francia. Al terminar la semana, el campamento que surgió hace 18 meses en las dunas de arena cerca del puerto de Calais y que ha sido el hogar de una población que huyó de las guerras y otras crisis desde Siria a Afganistán, de Eritrea a Etiopía, será despojado de vida. Vaciado. Destruido. La evacuación de al menos 6.486 personas –las organizaciones humanitarias estiman que son alrededor de 8.300– del denominado irónicamente “la jungla” es solo la punta del iceberg del problema. Mientras, al otro extremo del Canal de la Mancha, África y su diáspora se presentan de otra forma urgente.

El viernes subirá el telón el estreno de Kalushi: La historia de Solomon Mahlangu, el primer largometraje del director sudafricano Mandla Dube que narra la increíble historia de Mahlangu, un joven luchador por la libertad que jugó un papel clave en las revueltas estudiantiles de Soweto. La película se enmarca en la temática de esta edición 2016 a la que el Film Africa dedicará una especial atención durante sus 10 días de festival: los 40 años del levantamiento de Soweto a mediados de los años setenta. Este verano se repetían los análisis históricos de aquella mañana del 16 de junio de 1976 cuando la policía sudafricana abrió fuego contra los niños que se manifestaban en edad escolar en el municipio de Soweto. El motivo de la reivindicación era protestar contra la introducción obligatoria de estudiar en Afrikaans, el idioma de los colonos, un hecho que fue visto como una humillación más para los alumnos y alumnas que estudiaban hacinados en escuelas empobrecidas y sin recursos. El gobierno del apartheid en lugar de proporcionar una educación a la mayoría negra les obligaba a permanecer en el ostracismo. Nadie sabe exactamente cuántas personas murieron, aunque algunas estimaciones señalan unas cifras de entre 150 y 700 durante los meses de violencia siguientes. Una rebelión que derramó mucha sangre y que provocó la indignación mundial por la brutalidad de la policía, convirtiéndose en una imagen icónica de la lucha contra un sistema racista odiado.

La película que pondrá el broche final será Wùlu, el debut del director maliense Daouda Coulibaly. Un trabajo recién estrenado en el Festival Internacional de Cine de Toronto, y que pone el foco en las disfunciones detrás del golpe de Estado de Malí en 2012. Ambos directores de apertura y cierre, así como el actor principal de Kalushi, el sudafricano Thabo Rametsi, estarán presentes en el festival.

A la luz del discurso desafiante alrededor de la migración hoy, Film Africa presenta Por qué estoy aquí: Historias de Migración. Reuniendo una colección de historias intensamente personales, esta sección explorará las complejidades de la migración moderna y la relación entre el yo y el lugar. Destacan A Stray, de Musa Syeed, una película contextualizada dentro de la gran comunidad de refugiados somalíes de Minneapolis; To the Forest of Clouds del director Robin Hunzinger quien registra sensiblemente el viaje de regreso de su familia a Costa de Marfil, el lugar de nacimiento de su esposa, utilizando el pasado para explorar si podemos realmente volver a casa cuando marchas; y el documental Shashamane de Giulia Amati, en el que con una fotografía excelsa analiza con suma delicadeza esta región de Etiopía que el emperador Halle Salassie reservó para todas las personas negras del mundo en 1948. Una historia sobre los que emigraron para vivir en la tierra de sus antepasados, un éxodo, en definitiva, que para algunos se ha convertido en un refugio, pero que para otros es una jaula sin escapatoria. Otro de los trabajos enmarcados en esta sección es Those who jump, un poderoso vuelo sobre la valla de España y Marruecos filmado por el refugiado maliense Mali Abou Bakar Sidibé.

En esta edición habrá un espacio para la industria de Nigeria, Nollywood, con las últimas obras de tres de los directores más populares, incluyendo a Kunle Afolayan con CEO, The Arbitration de Femi Odugbemi, y Gidi Blues – A Lagos love history, de Niyi Akinmolayan.

En la sección Sonidos del Continente se presentarán tres documentales. El primero de ellos es el pre-estreno de Mali Blues, donde algunos de los músicos más destacados del país, incluyendo la estrella Fatoumata Diawara, discuten su arte y la amenaza a la que se enfrentaron por parte de los extremistas islámicos que tomaron las regiones del norte en 2012. La Revolución no será transmitida se mete bajo la piel del movimiento de resistencia política de jóvenes senegaleses Y’en a marre y, siguiendo esta proyección en el cine Ritzy en el barrio de Brixton, el cantante de hip-hop Keur Gui y su grupo se presentarán en vivo por primera vez en el Reino Unido. La tercera y última propuesta es Roaring Abyss, un documental que explora las diferentes tradicionales musicales en Etiopía.

En el programa de este año se incluyen tres películas recientemente presentadas en Toronto: el estreno en el Reino Unido de la ópera prima de Mbithi Masya, Kati Kati, una fantasía poética que ofrece un reflejo oscuro en la expiación personal a la sombra del pasado violento de Kenia en 2007-2008. Esta película fue distinguida por el premio FIPRESCI del jurado en Toronto, quien describió a su director Masya como “una emocionante y nueva voz única en el cine”; el primer largometraje de ficción de Rahmatou Keïta, The wedding Ring, en el que da voz a las mujeres jóvenes de la población saheliana de Níger que cuestionan las ideas de amor antiguas en un mundo cada vez más moderno; además, se presentará el documental Hissène Habré, una tragedia chadiana de uno de los realizadores africanos más importantes hoy en día, Mahamat-Saleh Haroun (Un hombre que grita, 2010).

Otros películas seleccionadas que plantearán una clara reflexión en la audiencia londinense son: A United Kingdom (2016), de la directora Amma Asante. Basada en el libro Barra de colores de Susan Williams y con un guión de Guy Hibbert, Asante explica la historia simplificada de amor entre Seretse Khama (David Oyelowo), quien era príncipe de Bechuanalandia (y más tarde se convertiría en el primer presidente de Botsuana) y su novia blanca Ruth Williams (Rosemund Pike) de quien ya hemos hablado en Wiriko; Dreamstates, que cuenta la historia inquietante de dos almas descarriadas (Saul Williams and Anisia Uzeyman) quienes descubren su amor el uno al otro mientras gira por los EE.UU. con algunas de las figuras más cruciales de movimiento Afro-Punk; el documental del director Miguel Ángel Rosales Gurumbé del cual hablaremos muy pronto en esta sección y que presenta un reto: cuestionar cómo se ha presentado la historia de los negros esclavos en Andalucía, concretamente en Sevilla, y la influencia de la mezcla cultural entre África y el sur de España en la conformación de un estilo tan mestizo como el flamenco; no queremos dejar pasar la oportunidad para destacar otro trabajo documental, en concreto el de Jonny von Wallström con The Pearl of Africa, la inspiradora historia de la transgénero ugandesa Cleopatra Kambugu y su pareja Nelson, viviendo una historia de amor tierna y juguetona en un contexto de inmensa persecución transfóbica en su tierra natal. También en Uganda y sobre el colectivo LGTBI hemos hablado con God loves Uganda.

El programa de cortometraje de este año abrirá con 12 trabajos procedentes de siete países africanos y que competirán por el 6º Premio Baobab al mejor cortometraje, con el apoyo de MOFILM y juzgados por un panel de expertos de la industria. Por otro lado, el premio al Mejor Largometraje del público en el Film Africa volverá a ser responsabilidad, en su segundo año, de las opiniones del público del festival. Durante los diez días de festival Wiriko será medio oficial así que estaremos en Londres contando de primera mano otras citas indispensables como El Foro de la Industria o el Día de la Familia.

Más información sobre el Film Africa, aquí.

Aberraciones que no deberíamos volver a escuchar sobre África

Estereotipos: imágenes o ideas aceptadas comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable.

Close-Up Portrait of a Stressed African-American Woman

Pensar y emitir juicios de valor en base a estereotipos cuando hablamos de África, o de cualquier otro tema, es una muestra de rigidez mental y una gran contribución a la injusticia social a partir de hallazgos erróneos y poco contrastados. La correcta información es esencial para deconstruir las ideas preconcebidas. Wiriko nació con el principal objetivo de romper los estereotipos existentes sobre África y fomentar un conocimiento más ajustado de las realidades del Sur del Sáhara a través de sus manifestaciones culturales y artísticas.

A pesar de que ya se ha hablado mucho sobre estereotipos, a continuación te proponemos argumentos y contrainformación necesaria para que si vuelves a escuchar alguna de estas aberraciones, simplemente, puedas dar la información correcta para que no tengamos que sufrir más episodios de vergüenza ajena.

    1. Un sobrino mío también estuvo en África… (cuando le dices a alguien que acabas de volver de Marruecos)“. África es un continente de 54 países (55 si incluimos Sáhara Occidental). Muchas veces se habla de África como si fuera un país, pero cuenta con una extensión de 30.272.922 km² – Europa tiene 10.180.000km² -. Vale la pena matizar.
    2. Termínate la comida, que los niños de África no tienen qué comer…“. Casi 800 millones de personas pasan hambre en el mundo según el Programa Mundial de Alimentos. Las sequías, las guerras, los desplazamientos forzosos o la falta de inversión en agricultura son algunos de sus principales motivos. Sin embargo, a pesar de que la desnutrición azota en África a más niños que en cualquier otro continente, tus hijos e hijas conviven diariamente con niños y niñas que pasan hambre. El último informe de UNICEF y OXFAM muestra que el 34’4% de los niños españoles vive en riesgo de pobreza o exclusión social
    3. ¡Qué calor! Parece África…“. El continente tiene diferentes tipos de climas: el tropical seco, el semiárido, el desértico, el mediterráneo… Si bien en el Sáhara o en el Kalahari las temperaturas máximas pueden alcanzar hasta los 59 grados, el Kilimanjaro o el Monte Kenia tienen nieve durante todo el año, y las temperaturas pueden estar bajo cero en invierno en diferentes punto del África austral.
    4. ¿Hablas africano?“. No existe ningún idioma que se llame así. En África se hablan más de 1.500 lenguas distintas.
    5. África debe estar vacía porque todos los africanos están viniendo a Europa“. En África, actualmente, viven aproximadamente unos 1.200 millones de personas. La mayoría de los flujos migratorios se producen a nivel intra-africano, y solamente un 16% de las migraciones del continente van hacia Europa. 2’3 millones de españoles han tenido que emigrar fuera de España debido a la crisis. Vale la pena recordar que algunos de nosotros vivimos actualmente en África.
    6. Yo no quiero ir a África, es demasiado peligroso“. Sudán del Sur, Somalia, República Democrática del Congo y República Centroafricana están en la lista de países más peligrosos del mundo. Sin embargo, el último Índice de Paz Global sitúa Mauricio (por delante de España), Botsuana, Madagascar o Zambia entre los 40 países más pacíficos del mundo.
    7. A África solo se puede ir a ayudar…“. Los cooperantes son muy necesarios, sobre todo, en situaciones de emergencia humanitaria. Sin embargo, se ha abusado demasiado del concepto de “ayuda” en África, nunca exento de críticas. Es cierto que hay muchos expatriados europeos viviendo de la industria de la cooperación en África. Pero también hay muchos otros que viven y trabajan en África simplemente porque les gusta. Otros que están aquí para hacer negocios. Y muchos, para viajar y hacer turismo en un sector que, según Naciones Unidas, emplea a más 9 millones de personas en la región y que se espera doblará sus ingresos para 2030 (actualmente África recibe el 5,8% del turismo mundial).
    8. En África la corrupción es endémica“. África no compite en la primera división mundial de la corrupción, pero la fragilidad de algunos estados la hace devastadora para su población. Siete de los países con más desigualdad del mundo son africanos, mientras 1/3 de la riqueza de los multimillonarios africanos está en paraísos fiscales según los Papeles de Panamá. Sin embargo, Ruanda tiene una política de anti-corrupción ejemplar. Y Botsuana (por delante de España), Cabo Verde, Seychelles, Mauricio o Namibia son percibidos como los países africanos menos corruptos según el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International.

9. “Todos los conflictos bélicos que hay en África son étnicos“. La etnicidad es una herramienta de movilización, pero no el desencadenante de los conflictos en África. Es la desigualdad del acceso a los recursos, el neopatrimonialismo y redes clientelares que excluyen a ciertas partes de la sociedad lo que se presenta como el principal motor de conflictos. Las identidades étnicas se pueden instrumentalizar en pro de intereses políticos, pero el concepto de identidad étnica como algo cerrado es inexistente. La mayoría de sociedades son plurales e interculturales.

10. “Las mujeres no tienen derechos en África“. La discriminación de género también existe en África, donde las mujeres sufren peores tasas de alfabetización que los hombres y donde el machismo parece la norma. La brutalidad de la Mutilación Genital Femenina amenaza a miles de niñas del continente. Pero muchos gobiernos hace años que han prohibido esas práctica, y recientemente el Parlamento Panafricano, órgano legislativo de la Unión Africana (UA), también lo ha hecho. Hay que decir que, a nivel de derechos políticos, algunos países de África parecen ir un paso por delante de España con jefas de estado: Liberia (con Ellen Johnson Sirleaf), Malaui (con Joyce Banda) o Mauricio (con Ameenah Gurib-Fakim). 

Oyama Matomela, una joven sudafricano de 25 años es piloto y rompe con los estereotipos de género en Sudáfrica.

Oyama Matomela, una joven sudafricana de 25 años es piloto de la aerolínea South African Express y rompe con los estereotipos de género en Sudáfrica.

11. “Los africanos no quieren trabajar“. Sudáfrica (+/- 26%), Grecia (+/- 23%) y España (+/- 20%) son los tres países con las tasas de desempleo más altas del mundo. Pero en el caso africano, 9 de cada 10 trabajadores realiza actividades en la economía informal, empleos que no cuentan en las estadísticas por no repercutir directamente al PIB. En el continente vecino, el 70% de los trabajos son empleo vulnerable, pero eso no significa que los africanos no trabajen o no quieran hacerlo.

12. “El problema de África son sus dirigentes políticos“. Según las encuestas de Afrobarometro, el principal problema del continente no son sus líderes sino el desempleo, seguido por la educación. Aunque algunos países tienen serios problemas con sus jefes de Estado (actualmente Burundi, Uganda, Sudán del Sur, República Centroafricana o RDCongo), África ha producido grandes líderes que han inspirado al mundo: Nelson Mandela, Ellen Johnson-Sirleaf, Thomas Sankara, Patrice Lumumba, Julius Nyerere, Kwame Nkrumah…

13. “Antes de la llegada de los europeos, en África no había ni civilización ni progreso“. La civilización del Gran Zimbabue o el Imperio de Mwene Mutapa -, los reinos nubios (que gobernaron de Egipto a Sudán durante casi un siglo); los reinos de Axum (que controlaron las rutas del mar Rojo de Eritrea a Egipto); el poderoso imperio de Ghana (entre el actual Mali y Mauritania); el imperio de Kanem-Bornu (entre los actuales Chad y Nigeria)… Son solo unos pocos ejemplos de sistemas de poder bien consolidados y de poderosas civilizaciones africanas precoloniales con filosofías, sistemas socioecónomicos y políticos, arquitectura, literatura, medicina, gastronomía… propios. Que no aparezcan en nuestros libros de historia no significa que no existieran. 

14. “¿Qué tendrá que ver España con África?“. A pesar de que España llegó tarde al reparto de África por parte de las potencias coloniales, el Sáhara Occidental o Guinea Ecuatorial fueron provincias españolas en el siglo XX. Sin embargo, mucho antes, los bereberes norteafricanos islamizaron gran parte de la península ibérica, pasando a formar parte del imperio musulmán durante casi ochocientos años. Al Ándalus se convirtió entonces, según los historiadores, en el territorio más refinado del Occidente europeo. Hoy, sin embargo, el impacto negativo del colonialismo español al otro lado del estrecho de Gibraltar, es aún motivo de sufrimientos y clandestinidad entre el pueblo saharaui.

Fotografía del nigeriano Andile Buka en la que explora e intenta romper los estereotipos a través de una serie basada en los deportes "de ricos" y la raza negra "oculta" dentro de las elites sudafricanas.

Fotografía del nigeriano Andile Buka en la que explora e intenta romper los estereotipos de clase y raza a través de una serie basada en los deportes “de ricos” y la presencia de negros entre la élite sudafricana.

Veve: Amor, corrupción y drogas en una Kenia contemporánea

Imagen de la película VEVE (2014), del director keniano Simon Mukali.

Imagen de la película VEVE (2014), del director keniano Simon Mukali.

La actual Kenia rompía aguas un 12 de diciembre de 1963 para aparecer ante el mundo como una nueva nación. Los aires nacionalistas del primer presidente de la nación, Johomo Keniatta, intentaban hacer ver que en el territorio todas las pequeñas naciones como los kikuyus, masai, luos, akambas o pokots dejaban de serlo para sentirte simplemente kenianos. Qué osadía. Hoy día, el país con unos 40 millones de personas (el 67% de la población vive en zonas rurales) mantiene sus 42 comunidades étnicas de forma oficial con muchos de los problemas provocados por el proceso de independencia que todavía continúan sin solucionarse.

La capital keniana es a su vez el punto neurálgico para apuestas de futuros, desengaños y especulaciones en el África del Este. Nairobi es tierra de aguas y es tierra de oportunidades: de esperanzas y de un sistema que se muestra desgarrador en alguna que otra esquina; de miradas que enamoran y vuelcan energías; de una primavera descolocada que regala esencias y contratiempos; de lenguas locales que algún día fueron ‘nacionales’… Y este despropósito de emociones sirve como punto de partida para la película Veve (2014) del director Simon Mukali. Sin duda, la mejor película keniana después de Nairobi Half Life (2012), dirigida por David ‘Tosh’ Gitonga.

Aunque Mukali reconoce que su primera opción era ser arquitecto, para lo que estudió, reconoce que quedó enamorado del poder de la imagen a través de una cámara. “Cincuenta años después de la independencia de Kenia las estructuras de poder no parecen haber cambiado mucho. Quizás sí de manos pero en esencia, efectivamente no. Por eso esta película. Por eso ahora”, explica Mukali.

Veve es una inyección de realidad inmersa en un thriller coral en el que se presentan diferentes nacionalidades y diferentes propósitos. Uno de ellos es hablar del tráfico del khat o miraa (Veve), usado durante siglos en el Cuerno de África y con efectos similares a las anfetaminas, y comercializado sobre todo en uno de los barrios más vivos de la capital: Eastlight. “Precisamente viví allí durante 4 años de mi vida y fue el primer acercamiento a la realidad somalí en Kenia”. Este barrio de Nairobi, a tan sólo 20 minutos en bus desde el centro, es una ciudad de 24 horas, los siete días de la semana: tanto si quieres café o miraa somalí; alcohol de fabricación local o sexo barato; ropa de importación o productos electrónicos de origen asiático. En el par de carreteras asfaltadas, en el barro dominante tras la época de lluvias, entre casas de chapa, callejones de tierra o centros comerciales y hoteles, Eastleigh siempre vibra y se mueve en multitud de direcciones.

“En Kenia nunca antes se había hablado del tráfico de Miraa, quizás el foco de los medios y de la industria del cine tanto local como internacional se había centrado en otros asuntos. Esta es una historia fresca. Y lo más importante a destacar es que tenemos muchas historias en Kenia, en África pero nos centramos en los mismos aspectos de siempre”.

Pero el miraa es sólo un pretexto para Mukali y la guionista de la película, Natasha Likimani. La corrupción política, los juegos de poder (con una dosis de sexo) y los efectos de una mala gestión de la economía nacional ponen los puntos sobre las íes a esta emocionante película con una fotografía bien cuidada. “En Kenia, de hecho, la reacción del público y de los medios fue fantástica. ¿Sabes por qué? Principalmente porque el foco no es en Nairobi, sino en la zona rural. De esta forma mostrábamos una Kenia diferente a la que estamos acostumbrados”, subraya el director keniano.

Simon Mukali, director de Veve (2014).

Simon Mukali, director de Veve (2014).

La película se centra en las montañas de Mauá, tierra meru, al norte de Kenia, alejados del cemento que escala metros en vertical en Nairobi, donde crece el veve en un negocio que genera millones e kenian shillings cada día. Allí, Amos, un político local sin escrúpulos, quiere convertirse en el gobernador para las próximas elecciones. Él, proveedor clave para la exportación del veve, comparte su plan con su mano derecha Sammy, quién además afronta el duelo de haber perdido a su mujer y de intentar reconducir a su rebelde hijo Kago que esnifa pegamento. “A Sammy, interpretado por Conrad Makeni, lo descubrimos en los últimos días del cásting y fue una verdadera sorpresa. Su papel es fundamental y ha aportado realismo y dicotomía entre la vida real, con problemas relativamente normales en la zona rural, y la corrupción política”.

La trama comienza cuando Kenzo, un ex convicto amargado, busca venganza por la caza del hombre que mató a su padre: Amos. Con la ayuda de su amigo Julius, recién salido de la prisión, planearán atentar contra Amos y contra sus intereses. Pero la comunidad keniana de origen somalí residente en Nairobi, así como la propia mujer de Amos, y los agricultores de Mauá se verán implicados en un thriller que mezcla el amor, la corrupción, la resignación y la esperanza.

Imagen del cartel de Veve.

Imagen del cartel de Veve.

Pero tanto el director como la guionista reparten para todos. Aunque con un papel muy breve, el personaje de Clint (el único bñanco de la película), interpretado por el actor Adam Peevers, subraya también la responsabilidad de los occidentales que van a trabajar a Kenia y, por extensión, lo hacen en África. En la película, Clint representa a un joven aspirante a director de documentales que pretende dar solución a los problemas locales bajo su cuenta y riesgo. Evidentemente, las consecuencias son desastrosas. “Generalmente son muchos los expatriados que cuando viene aquí dicen lo que está bien o mal sin pensar en la repercusión de sus acciones. Por eso en Veve pretendemos que personas con este tipo de perfil reflexionen y sean conscientes antes de actuar ante cualquier situación ajena a su cultura”.

Veve representa una magnífica carta de presentación para Simon Mukali que ya se encuentra trabajando en su siguiente largometraje. “Mi próxima película estará basada entre Ruanda y Kenia y se centrará en el genocidio. Mi historia es sobre una ruandesa que se exilia en Kenia después de la tragedia ruandesa y descubre años después que su madre está viva”. Esperaremos con emoción que su trabajo esté pronto en la gran pantalla.

 

Análisis de la película Ezra y del conflicto en Sierra Leona

Aula Wiriko

 

 

 

Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Reyes García Martín

Cartel de la película Ezra dirigida por el director nigeriano Newton Aduaka.

Cartel de la película Ezra dirigida por el director nigeriano Newton Aduaka.

Para poder analizar este largometraje debemos conocer un poco antes la realidad surgida en Sierra Leona a partir del conflicto entre bandos y la utilización de niños para su reclutamiento. A fecha de hoy el país se encuentra inmerso en una guerra civil no declarada. Este conflicto surgió en 1991, estando Joseph Saiudu Nomoh en el poder, y a lo largo de estos años ha ocasionado 70.000 muertos, produciéndose además, desplazamientos internos en el país debidos al conflicto. Un ejército de niños y adolescentes combatientes del FRU propagó el salvajismo a través del país, asesinando y mutilando a los civiles. La táctica del terror resultó perfecta para atemorizar a la gente y que salieran del área de los diamantes y poder explotarlos con impunidad, los diamantes de los rebeldes contribuyen al mantenimiento de sus ejércitos. Las gemas se exportan a través de Liberia, donde desde el año 1994 son exportadas.

El director Newton Aduaka en el largometraje Ezra narra la utilización de los niños soldados a través de los ojos de uno de ellos. También nos puede resultar útil conocer la vida del director para poder entender el film.

Newton Aduaka nació en el Este de Nigeria, trasladándose él y su familia a Lagos tras la Guerra Civil Nigeriana. Se graduó en la London International Film School en 1990, creando Granite Film Works en 1997. En 2001, debutó en el cine con el film Rage, la primera película del cine británico financiada íntegramente por un director negro siendo aclamado por la crítica.

Entre 2005 y 2007 coescribió, dirigió y fue productor ejecutivo de Ezra. La película ganó el Gran Premio del Jurado y muchos otros festivales, como FESPACO, Durban, y fue seleccionado para representar a su país en Sundance y Cannes.

La película me ha impactado. El punto fundamental por lo cual me he sentido así es porque he visto el fondo del conflicto a través de los ojos del protagonista, Ezra. Desde el minuto cero podemos observar como los grupos rebeldes secuestran y coartan la educación de los niños para conseguir un mayor control sobre ellos. Como decía Aristóteles: “Hay la misma diferencia entre un sabio y un ignorante que entre un hombre vivo y un cadáver”. Vemos que para la manipulación de los niños utilizan diversas armas como el miedo, la agresión, la influencia que tiene en ellos la religión y las creencias tradicionales. Utilizan discursos agresivos, repetitivos, violentos y manipuladores, utilizando palabras y conceptos que no entienden y que jamás preguntarán que significan (“Preparados y dispuestos a morir. Sois ataúdes ambulantes. Tu rifle es tu vida, y tu vida es tu causa”).

Queda patente que a pesar de exigirles comportarse como adultos son niños que tienen miedo, dudas, que echan de menos a sus familias, su educación… Para ellos ahora la Hermandad de Sangre (facción más dura del FRU) es su única familia. Les forman en el manejo de armas y tácticas militares con un discurso manipulador y falso, ya que no buscan la libertad del pueblo, si no su control, para su propio beneficio. Dichas facciones de los grupos de liberación llevaban a cabo acciones atroces como cortar las manos de los que capturaban para evitar que votaran (“Sin manos no hay voto”).

Newton Aduaka

El nigeriano Newton Aduaka, director de la película Ezra.

A lo largo de la película se viven dos momentos paralelos, la mirada al pasado con el desarrollo y el crecimiento de Ezra a lo largo del conflicto, y el presente en el que se establece una Comisión para la verdad y la reconciliación cuyo objetivo no es juzgar a Ezra, sino que éste reconozca sus crímenes así como que el pueblo y él mismo puedan perdonarse (“Cerrar un horrible capitulo y renovar la esperanza. Los niños soldado son inocentes. Es un alivio no tener que dictar sentencia”).

Es interesante ver cómo en el momento pasado, Ezra manifiesta dudas y temores sobre lo que está pasando y lo que está haciendo, sin embargo, en el momento presente, durante el testimonio que ofrece a la Comisión, explica no recordar nada.

Durante todo el largometraje se observan las consecuencias que puede tener para un niño la inclusión en conflictos armados, la falta de educación, de arraigo y relaciones familiares, uso y abuso de sustancias tóxicas, embarazos no deseados, comisión de delitos bajo el influjo de estas. Ezra pasa 7 años alejado de su familia y de su pueblo, con las consecuencias que puede tener eso para su desarrollo personal.

Ezra_frame2Resulta curioso observar como en medio de tanto horror y muerte celebran la vida cuando Mariam, novia de Ezra se queda embarazada. Ezra, en ese momento cree que la Hermandad es su familia y le ayudará en su venganza, ya que sus padres mueren durante el conflicto, pero lo que Ezra no recuerda, ya que estaba bajo el influjo de las drogas, es que fue él quien mató a su familia.

También es útil observar cómo a diferencia de películas rodadas por directores americanos, no se limita a los tópicos desarrollados por estos en sus películas; ya que en el film también se observa que capturan o dejan que se enrolen mujeres, niñas, en los grupos armados. En las películas americanas o europeas se limitan a hacer ver a la mujer como un objeto que los grupos armados utilizan, principalmente para su satisfacción sexual.

Otra diferencia que podemos establecer con las películas americanas, es que en esta película Ezra se da cuenta durante el conflicto de que hay algo que está mal (“La guerra ha terminado para mí. Esto no es vida, nos dijeron que lo era y lo creímos. Pero ya no me lo creo”).

Quedan patentes los daños que a corto y largo plazo puede tener la utilización de niños soldados en los conflictos, para el propio país, y principalmente para ellos mismos, viéndose signos de estrés postraumático: insomnio, ansiedad, amnesia… También podemos observar que debido a la complejidad del asunto, hay momentos muy confusos para Ezra (“Luchábamos por la libertad. Si matar durante la guerra es un crimen, habría que juzgar a todos los soldados del mundo”).

Durante un largo e interesante diálogo que mantiene Ezra con su novia Mariam, ésta deja entrever los factores por los que ha surgido el conflicto armado: ansia de los gobernantes por quedarse con el dinero del pueblo (tráfico y explotación de diamantes de sangre), falta de libertad de expresión (el padre de Mariam es maoísta, y escribe artículos disidentes por lo que el gobierno pretende capturarle).

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Imagen de la película Ezra.

Otro asunto importante a considerar es la introducción de potencias extranjeras. En este caso, los ingleses, para sus propios intereses, ayudan al gobierno en la lucha armada para apoderarse de las minas de diamantes y del petróleo; a los grupos rebeldes les facilitan sustancias tóxicas para su total anestesia y control. Se observan durante toda la película la intervención de agentes externos e internos importantes para intentar conseguir la disolución de los grupos armados y el fin del conflicto, como los cascos azules de la ONU y la ONG Médicos sin Fronteras. También resalta la importancia que el desarrollo de estos conflictos tiene en los países fronteras con los países en guerra y dentro de su propio país, ya que se producen desplazamientos internos para la supervivencia o el exilio temporal (refugiados) a otros países para no alcanzar la muerte.

Por lo tanto resulta primordial que el director y escritor de la película conozca el conflicto en primera persona, ha vivido en esa realidad tan dura y como consecuencia de ello fue un desplazado interno en su país, Nigeria, para poder sobrevivir.

El ritmo de la película es bestial, siendo rápido en los momentos de horror y lento en momentos en los que es necesario reflexionar sobre lo que estás viendo. La banda sonora ayuda a respetar ese silencio en momentos clave. Por último se puede destacar un dato escalofriante y real que aparece el final de la película: “En el año 2000, unos 30.000 niños luchaban en más de 30 países. De estos, 120.000 en conflictos africanos. Siempre llegan más armas. Los diamantes de sangre, el petróleo y otros recursos se van. Los niños combaten, se perderá otra generación”.

La conciencia ciudadana conquista la literatura

Oduor Jagero. Fuente: Fabebook del autor.

Oduor Jagero. Fuente: Fabebook del autor.

Hace ya un tiempo que se ha hecho evidente la conciencia ciudadana en la mayor parte de los países africanos, sobre todo, en las principales ciudades. El fortalecimiento de los movimientos sociales, las movilizaciones en la calles y, en definitiva, una sensación de que los ciudadanos no están dispuestos a dar un cheque en blanco a la clase política para que monopolicen en control de sus países se ha hecho más visible que nunca. Tal es la tendencia que incluso se ha convertido en un tema novelístico, el ejemplo más evidente y más reciente es el trabajo del keniano Oduor Jagero con su recién publicada obra True Citizen. La publicación ha tenido una repercusión inmediata en los medios kenianos y ha hecho, por ejemplo, que el autor sea invitado al festival literario Storymoja que se celebra en Nairobi en septiembre.

True Citizen es una historia sobre el impacto de la corrupción y la lucha a favor de la buena gobernanza. Es, de alguna manera, un thriller que se desarrolla en el contexto de la búsqueda de la justicia, pero que colateralmente a la trama desarrolla otros elementos fundamentales de la sociedad keniana. Desde las evidentes historias de amor, hasta la implantación de la tecnología, también las sociedades africanas, pasando por la influencia de la presión familiar y, como no, de los efectos de la corrupción más cotidiana en el día a día de los kenianos.

Oduor Jagero ha querido dar protagonismo a un atípico héroe, Maina, un hombre que ha querido dejar de lado un oscuro pasado. Maina ha abandonado su vida como gánster para reconvertirse en un empresario honrado. Se dedica al transporte de pasajeros, el entorno en el que se desarrolla una de las formas de corrupción más cercana a los ciudadanos, la de la policía de tráfico. La voluntad de cambio de vida del protagonista se cruza con una de estas situaciones, cuando la policía de tráfico se inventa infracciones para confiscar su matatu. Maina está tan convencido que ni siquiera quiere plantar cara. Pero su conductor, Kama, no está dispuesto a rendirse.

true citizenJagero pone en juego entonces otra de sus pasiones para vincularla con la historia. Maina recurre a un grupo de hackers, para poner al descubierto una trama de corrupción más importante de lo esperado. Adema, el responsable de la policía de tráfico tiene un acuerdo con políticos al más alto nivel para lucrarse con esas operaciones irregulares. Seguramente ni Maina pretendía meterse en la vida de Adema, ni Adema había previsto cruzarse con Maina, pero llegados a un punto de la investigación, el antiguo hampón no tiene más remedio que llegar hasta el final.

Maina se ve arrastrado por las circunstancias, sin duda, pero durante todo el relato Oduor Jagero pone de manifiesto esa sed de acabar una corrupción que afecta directamente a los ciudadanos.

El estilo de arraigo con la sociedad, de tratar temas candentes y de interés para los ciudadanos forma parte de la trayectoria de Oduor Jagero, ya que, a pesar de que True Citizen es su  primera novela, no es su primera obra como escritor. Jaguero es un periodista keniano con premios como escritor, eso sí de géneros diferentes. Hasta el momento, el autor africano ha firmado poemas, obras de teatro y musicales y lo ha hecho con un éxito considerable. Color of God o Confessions of a Harlot, son algunas de sus obras (musicales) más conocidas. Sin embargo, en 2011 recibió el premio del African Playwright’s Project por su musical Makmende Vies for President.

Estos trabajos previos demuestran las preocupaciones recurrentes de Oduor Jagero. Por ejemplo, el mencionado musical galardonado nos sitúa en una Kenia en la que la situación es insostenible. Pobreza, sequía, inflación y corrupción han llevado al país a una situación catastrófica. En esa situación solo Makmende puede solucionarlo. Makmende es un personaje de la mitología urbana de Nairobi, surgido en los años ochenta y relanzado a partir de 2010 gracias a las redes sociales. Se trata de un chico malo pero honesto, una especie de héroe de las clases populares, el único capaz de solucionar las cosas, cuando éstas ya no tienen solución.

De esta manera, Maina, el protagonista de True Citizen, es un Makmende incipiente, el antihéroe capaz de dar el golpe definitivo a un sistema corrupto.

Poesía catártica contra la corrupción

Corrupthius1Cuando se habla de la poesía como catarsis seguramente no se piensa en algo tan explícito como “Les Vers de Corrupthius”. Cuando se habla de la poesía como pedagogía, tampoco. Y quizá cuando se habla de ella como arma de transformación social, se piensa en un impacto un poco más sutil. “Les Vers de Corrupthius” son de todo menos sutiles. Seguramente, Tommy David Golé Bi Gnamien ha considerado que esta pintoresca divinidad de la corrupción no merecía ni discreción, ni sutileza, ni ningún miramiento. Al contrario, lo que se imponía en esta situación era la más descarnada sinceridad para denunciar una de las mayores lacras sociales en África, la de la corrupción. ¿Falta algo en la frase anterior? Ah, sí. La corrupción, como se hace más que evidente en nuestro entorno, no sólo es patrimonio de África, aunque quizá nosotros también necesitaríamos de un Tommy David Gol Bi Gnamien que la denunciase con imaginación… mejor no nos alejemos del tema.

Tommy David Golé Bi Gnamien es un aduanero marfileño de 40 años. Acaba de publicar un libro en el que denuncia la corrupción. No es una investigación periodística, ni un ensayo, ni siquiera una novela. Tommy David Golé Bi Gnamien ha puesto su denuncia en verso. Les Vers de Corrupthius ou comment déparasiter l’humanité (ese es el título completo de la obra) es un volumen de poesía en el que el autor no deja títere con cabeza. En un ejercicio de honestidad, este funcionario de la Direction Général des Douanes de Côte d’Ivoire, reconoce que la corrupción afecta a todos los ámbitos de la sociedad marfileña y se convierte en uno de esos fenómenos en los que la realidad supera la ficción. La propia estructura del libro reproduce esa especie de dinámica de la bola de nieve que a menudo adquiere la corrupción cuando va pudriendo lo que toca. Al principio Corrupthius, una especie de divinidad de la corrupción, confiesa sus manejos, para acaba dándose cuenta de que los hombre incluso han superado sus designios.

Resulta chocante ver cómo un proceso tan burdo como el de la corrupción, algo tan aferrado a una cotidianeidad de prácticas chabacanas puede esconder un cierto lirismo. Tommy David Golé Bi Gnamien demuestra una sensibilidad especial con la que consigue que palabras mundanas como Général Inspecteur o Général Directeur, rimen con otras mucho más grandilocuentes como honestidad, verdad o alma. La referencia a la rima es absolutamente metafórica, porque todas las poesías están formadas de versos libres, tanto en la métrica como en la rima. En todo caso, el aduanero-poeta pone de manifiesto una brillante habilidad para hacer malabarismos con las palabras y conseguir que incluso la aburrida burocracia encaje en el ritmo poético. Su repaso es absoluta y lamentablemente exhaustivo. Corrupthius confiesa sus relaciones con el médico, con el abogado, con el político, pero también con el ciudadano de a pie.

Crónica de la aprición del libro en la edición del 26 de febrero de 2013 del diario marfileño L'Expression. Fuente: Editorial Publibook

Crónica de la aprición del libro en la edición del 26 de febrero de 2013 del diario marfileño L’Expression. Fuente: Editorial Publibook

Seguramente, la posición de Tommy David Golé Bi Gnamien para hablar sobre el tema es envidiable. La imagen del aduanero es la primera que nos viene a la mente cuando mentamos la corrupción. ¿Qué no sabrá un aduanero sobre billetes deslizados discretamente o sobre miradas hacia otro lado? El autor, sin embargo, no sólo ha demostrado su valentía dando un paso al frente en un contexto tan complicado, sino que además en una buena parte de las comparecencias en los medios que ha propiciado la publicación del libro Tommy David Golé Bi Gnamien ha ejercido de Corrupthuis. El aduanero ha confesado que ha escrito estas poesías como un ejercicio de catarsis, asegura que le han sido impuestas y deja entrever que pretendía saldar una deuda con la propia sociedad marfileña, con la que considera que estaba en deuda. El autor afirma valiente que ha sido corrompido y corruptor  y que eso ha sido, fundamentalmente lo que le ha llevado a denunciar la situación.

No deja de sorprender la mecánica de las presentaciones del libro. Tommy David Golé Bi Gnamien publicó Les Vers de Corrupthius ou comment déparasiter l’humanité en un primer momento en Bélgica y después llevó su obra a Costa de Marfil. En la presentación en el país africano sus jefes, los responsables del servicio de aduanas marfileño han sido los principales valedores de la obra. Y así, el aduanero-poeta ha llenado de versos comprometidos los puestos del país. En medio de la burocracia, Tommy David Golé Bi Gnamien ha hecho emerger la autocrítica y la poesía y eso, al menos, ya es un mérito destacable.

– Algunos fragmentos del libro en Google Books