Entradas

Literatura no limits

Se han decidido a hacer caer todas las barreras, a eliminar los límites de la literatura. Continúan avanzando en un ambicioso e involuntario objetivo que ni siquiera se han planteado formalmente. El colectivo de escritores Jalada sigue avanzando, sigue en movimiento y lo demuestra especialmente con su última propuesta un festival literario itinerante a medio camino entre un festival al uso, un bibliobús y una gira artística. Los miembros del colectivo no sólo visitan doce ciudades en cinco países de África Oriental, sino que han previsto para cada una de esas paradas una programación específica, en un alarde de creatividad, también en el diseño de los eventos.

Imagen promocional del festival. Fuente: Jalada

Primero hicieron caer las fronteras y edificaron un colectivo de escritores y escritoras panafricano como nunca había existido antes, con autores de cinco nacionalidades (Kenia, Uganda, Zimbabue, Nigeria, Sudáfrica) en el núcleo inicial. Esa diversidad de procedencias ha ido aumentando a medida que aumentaban también los miembros de esta conspiración literaria continental. En ese derribo de fronteras acabaron incluso con una barrera más alta que las de los estados y es la de los antiguos ámbitos coloniales. Jalada ha conseguido acercar a escritores de países con pasado anglófono con otros procedentes del antiguo ámbito francófono.

Después superaron los límites temáticos. Las líneas rojas, como ha comentado alguna vez Sonia Fernández, la autora de Literafricas, que les aparecen a la mayor parte de los autores africanos y que les marcan los temas sobre los que se espera que hablen. Y, sobre todo, esas líneas rojas marcan los temas sobre los que un autor africano no debería hablar. De nuevo, demoler las convenciones fue apenas un pasatiempo para este colectivo. Se presentaron en sociedad y se han ido haciendo con un nombre a fuerza de construir antologías de relatos sobre temas que nadie habría sospechado antes o, al menos, por los que muy pocos editores habían apostado hasta ahora. Han hablado, sin tapujos y sin complejos, sobre erotismo y también sobre afrofuturismo, por ejemplo.

Luego, acabaron con los límites culturales. Esa enorme riqueza cultural que alberga el continente, su diversidad, se ha interpretado, en ocasiones como una dificultad añadida para la difusión, por ejemplo, de la literatura. Jalada se ha puesto delante de esta valoración y simplemente la ha sobrepasado. Cogieron “Ituĩka Rĩa Mũrũngarũ: Kana Kĩrĩa Gĩtũmaga Andũ Mathiĩ Marũngiĩ”, un relato original del keniano Ngũgĩ wa Thiong’o y publicaron una antología en la que traducían esta historia a 32 lenguas africanas (incluidas las antiguas lenguas de las metrópolis coloniales) y abrieron la puerta a continuar aumentando la lista le lenguas.

Finalmente han terminado de menospreciar los límites de los géneros ideando un poco ortodoxo festival literario itinerante. Jalada Mobile Festival es la primera edición de esta propuesta que durante un mes viajará por doce ciudades de cinco países de África del Este. Empezando por la capital de Kenia, Nairobi, se desplazarán a Nakuru y Kisumu, antes de cruzar la frontera de Uganda para instalarse dos días en Kampala y de allí a Kabale. Abandonarán después Uganda y cruzarán a la República Democrática del Congo para detenerse en Goma. Su siguiente parada está en la capital ruandesa, en Kigali. Y, a partir de ahí, comienzan el periplo tanzano que llevará al festival a visitar Mwanza, Arusha, Dar Es Salam y Zanzibar, para regresar a Kenia en la última estación, en Mombasa.

Para cada una de esas paradas, los miembros de Jalada han previsto un programa de actividades diferente que incluyen debates sobre los temas inusuales en esos foros, que realmente son los que interesan a esa nueva generación de creadores. Se discutirá sobre asuntos tan diversos como el papel de algunos medios de comunicación en la construcción de la sociedad, como es el caso de la radio; o algunas formas de cultura tradicional, con un especial interés sobre la tradición oral y su influencia en las formas literarias más actuales; se analizarán las nuevas fronteras de la literatura y algunos mitos y leyendas; se debatirá sobre las organizaciones y los colectivos que han sostenido en los momentos más difíciles la escritura y la lectura como formas de transformación e, incluso, de rebeldía. Son sólo algunos de los temas propuestos, entre los que no se ha olvidado, evidentemente, la cuestión de las lenguas nacionales.

Pero también se proyecta esa diversidad en las actividades paralelas que acompañan en cada estación a los debates y las conferencias. Si en Nairobi se ha previsto un catálogo de todas las posibles intersecciones entre la poesía y la cultura urbana, en Kigali se proyectará una nueva dimensión de la antología que Jalada publicó sobre sexo, sensualidad e intimidad a través de la danza. En todo caso, la palabra hablada será la inevitable protagonista de estas actividades que pondrán de manifiesto como un mismo fenómeno y una misma experiencia se materializa de forma diferente cuando se funde con la cultura local. Si la poesía urbana tiene un sabor especial en Dar Es Salam, propio de la tradición árabe y en Kampala, la particularidad viene del nacimiento del hiphop en las iglesias evangélicas.

En fin, toda una nueva muestra de diversidad que Jalada vuelve a poner de manifiesto en su proceso de redefinición de las líneas de la literatura, unas líneas que nunca son fronteras.

Moto Kiatu, el proyecto de Wiriko pionero en cultura electrónica africana

¡Wiriko inaugura un nuevo y electrificante proyecto…!

motokiatu

Aunque la música lleva más de medio siglo pasando por filtros electrónicos, con el boom de las tecnologías y el surgimiento de equipos de hardware y software asequibles, la música electrónica se ha convertido en mainstream, particularmente en África. Hoy, los músicos componen y graban en la comodidad de sus estudios caseros, y ya no requieren grandes presupuestos y costosos estudios. Por eso no es exagerado decir que la mayoría de los éxitos radiofónicos en el continente africano, siempre pensados para la pista de baile, dependen, en menor o mayor grado, de ordenadores.

Desde nuestro inicio, la sección de música de Wiriko se ha hecho eco de algunas de las propuestas más “electrificantes” del continente. Estuvimos aprendiendo de proyectos como el coordinado por Goethe-Institut en Nairobi, Ten-Cities y la cultura de club en África, y entrevistado a artistas pioneros en el estilo como los congoleños Konono No.1 y Batida, el centroafricano Boddhi Satva o el sudafricano Spoek Mathambo. Pero no teníamos suficiente y empezamos a apasionarnos por todas las subculturas musicales que hoy suenan en las principales discotecas de África, pero que también resuenan en Lisboa o Berlín.

Las subculturas musicales que surgen del continente lo hacen con fuerza, aunque difícilmente llegan a nuestras pistas de baile. Sonidos que se basan principalmente en la electrónica, manteniendo las características más tradicionales y arraigadas a la cultura popular de las sociedades en las que surgen. ¿Cómo podríamos no interesarnos por toda la ola de innovación y creación electrónica africana siendo un medio especializado en culturas africanas contemporáneas?

Creamos una marca propia, Wiriko Sounds, para trasladar nuestra pasión por los sonidos africanos al gran público, colaborando asiduamente con el Rototom o Pirineos Sur, dos de los principales festivales de música del país. Y poco a poco, nos fuimos dando cuenta del vacío en electrónica africana que había en España. Así que decidimos también abrir senda en la organización de conciertos, inaugurando la primavera de 2016 con la banda sudafricana Batuk, a la que programamos en Madrid, en una especie de experimento sociológico para conocer el afán de este tipo de sonidos entre la audiencia del país. ¡Y funcionó!

Ahora, nace Moto Kiatu. “Zapatilla caliente” en kisuajili, es una apuesta por la transmisión de nuevos sonidos y ritmos procedentes de África y su fusión con los sonidos electrónicos. Con este proyecto impulsado junto a los colegas de Sonidero Mandril y Sweat Dealers, queremos dar visibilidad a las nuevas producciones de electrónica africana que suenan en los clubs, a través de conciertos y sesiones #MotoKiatu. A partir de distintas actividades vamos a impulsar una escena de nuevos sonidos aún desconocidos en nuestro país con Moto Kiatu como un espacio pionero en música, cultura y baile, y que muestra la variedad de los intercambios musicales más innovadores que existen entre África y otros puntos del planeta.

¡Estad atentas y atentos, porque esto es solo el principio!

Lee nuestro manifiesto aquí.

Los hipsters “lo petan” en África

Año 2016. Es sábado y en un bar de Maputo suenan los sudafricanos Mafikizolo desde un iPod de última generación. Una pareja se acerca a la barra y pide dos cafés. “¿De Etiopía, de Kénia o de Malaui?”, pregunta la camarera. “¿Nos lo traes a la terraza, por favor?”, piden los jóvenes antes de sentarse delante de la pequeña feria de artesanía y ropa instalada en el magnífico jardín de la cafetería. Una docena de niños y niñas corretean y juegan en la arena y los columpios mientras sus padres se socializan, compran, trabajan con sus ordenadores portátiles o saborean una Laurentina (cerveza mozambicana) fresca. Tirantes, barbas, peinados, boinas, pendientes, gafas de pasta, calcetines de colores, faldas y vestidos de estampados africanos y estilo vintage compiten a ver quién es el/la más cool.

Mismo día del mismo año: la escena se repite de manera muy similar en Nairobi. También en Accra. En Luanda. En Dakar. En Lagos. En Kinshasa… Y es que la moda hipster, un arquetipo demodé según los expertos en últimas tendencias en Occidente, arrasa en las principales ciudades africanas.

o-ORIGINAL-HIPSTER-facebook

La tribu hipster: radiografía de un fenómeno social urbano en África

Aparentemente bohemia y alternativa, una tribu de africanos modernos, urbanos y de clase media (aunque no necesariamente lo han sido siempre) puebla clubs, centros comerciales, festivales y eventos culturales que se producen en las ciudades del continente. Inconformista, esta tribu de jóvenes de entre 20 y 40 años son nostálgicos del África retro pero suficientemente contemporáneos como para hacer honra del individualismo de la era capitalista que les ha tocado vivir. Se sienten diferentes, especiales, por encima de la gran mayoría. Y en las colas de festivales cuyas entradas solo puede pagar la clase adinerada, se huele cierto narcisismo entre sus miembros.

El estilista ghanés Daniel Quist (conduciendo la scooter) y el pionero de la moda DJ Evans Mireku Kissi - más conocido como Steloo-, por las calles de Accra. and Kissi go for a spin around Accra, much to the surprise of some onlookers

El estilista ghanés Daniel Quist (conduciendo la scooter) y el pionero de la moda DJ Evans Mireku Kissi – más conocido como Steloo-, por las calles de Accra. Imagen de Reuters.

Se saben élite y están orgullosos de representar el tan aclamado Africa Rising. Y además han desarrollado un sentido de identidad urbanita que les confiesa amantes de sus ciudades. El “I Love NY” se traduce en “I love Jo’burg” (para Johannesburg) o “I love NRB” (para Nairobi) en camisetas y pegatinas enganchadas en MacBooks. Cosa que retroalimenta la construcción de ciudades-marca en África sin integrar a sus ciudadanos en el diseño o la construcción de dichas ciudades. Seguramente los hipsters africanos sean figuras de márketing publicitario excelentes. ¿Qué vende más al turismo y la inversión extranjera que mostrar una ciudad repleta de festivales, cafeterías y zonas de ocio pobladas por gente joven y guay? Además, como buenos urbanitas, repudian lo rural por ser demasiado vulgar para ellos y se sienten más conectados con lo global, viajando a otras ciudades antes que disfrutando de la naturaleza con la que cuente su país, a no ser que sea playa y puedan lucir sus cuerpos.

Algunos de ellos tejen discursos progresistas en tertulias nocturnas entre semana. Sin embargo, sus quehaceres son apolíticos por naturaleza y a menudo los debates giran en torno al último capítulo de la serie de HBO de moda o en criticar a activistas sociales de su misma urbe. En definitiva, practican nada más y nada menos que lo que se viene conociendo como postureo.

A medio camino entre protointelectuales que beben de los novelistas africanos más Pop y yuppies o esnobs (éticamente hablando), los hipsters de África suelen sentirse cómodos bajo el término acuñado por la escritora Taiye Selasie: Afropolita (nunca libre de críticas). Utilizan las redes sociales y las apps como principales compañeras de viaje, y se pasan el día twitteando ideas ingeniosas bajo hashtags como #IfAfricaWasaBar o #TheAfricaTheMediaNeverShowsYou (junto a otros no-hipsters a menudo más ingeniosos, críticos y socialmente comprometidos que ellos). Tampoco se olvidan de colgar selfies en su cuenta de Instagram. Objetivo: mostrarle al mundo por qué los jóvenes como ellos (guapos y exitosos) están orgullosos de quedarse en África y son felices no teniendo que migrar hacia otros puntos del Planeta. Ellos son África (también).

Afro-hipsters, Música y Cine: 

En enero de 2016, el americano de ascendencia nigeriana Alex Boye, lanzó su videoclip “African Hipster”, junto a la cantante Taylor Swift, a modo de tributo a sus fans africanos y como muestra de orgullo a sus raíces. La letra habla de algunos de los africanos más influyentes – Mandela, Fela Kuti, Idris Elba…-, insinúa que afroamericanos como Morgan Freeman o Barack Obama son también iconos de los hipsters africanos y cita comidas locales como el Fufu, bailes como el Azonto y enaltece a las estrellas cinematográficas de Nollywood.

El cine no ha tardado en hacerse eco del movimiento Afro-hipster como moda urbana representativa de una generación. La sudafricana Sara Blecher (Otelo Burning) se ha querido sumergir en Yeoville, un suburbio de Johannesburgo compuesto por sudafricanos multiculturales y emigrantes de todo el continente, para narrar una historia de superación personal en un contexto que refleja la lucha de géneros. Ayanda (2015), es la historia de una hipster veinteañera y creativa que se introduce en un “mundo de hombres” para restaurar coches de época.

 

Conclusión: 

La dificultad de definir lo que es ser hipster en Estados Unidos o Europa se traduce en África con la misma indefinición. Si bien el matiz contracultural con el que nació el término en los años 50 parece subyacer en el “hipsterismo” africano con el afán de liberarse de los estereotipos (pobreza, epidemias, falta de oportunidades,…) el tono burgués, consumista y globalizador tiene una fuerza indiscutible en el movimiento que encontramos en las urbes del Sur del Sáhara. Hijos, tanto como víctimas, del mercado global reflejado en su ropa y complementos, los hipsters africanos no son muy diferentes de los hipsters europeos o americanos. Sin embargo, mientras en Barcelona o Bogotá el movimiento es odiado por muchos, en Ciudad del Cabo o Kigali parece representar un perfecto bálsamo sedante para los jóvenes.

Arrancamos la 4a temporada desde Pawa254

8mdj141IhoO_WkUsRt2ozp5_xxbGhivIKL7dhJ__unE

Wiriko arranca la 4a temporada del magacín desde un espacio inmejorable. Gracias a una residencia con el colectivo de artistas y activistas kenianos de Pawa254, parte de nuestro equipo estará trabajando los próximos meses y ofreciéndote contenido de primerísima mano, desde uno de los mejores centros dedicados al talento creativo de toda África.

Fotógrafos, animadores, escritores, músicos, blogueros, grafiteros y todo tipo de ideas en la vanguardia de la transformación social del continente, se encuentran en esta incubadora de artistas situada en el corazón de Nairobi. Fundado por el mediático activista keniano Boniface Mwangi, Pawa254 es un espacio para el debate, el intercambio cultural y el fomento de una sociedad comprometida en transformar Kenia, y por extensión, África, a través del arte.

Con la intención de mejorar el contenido de nuestra revista, estrechar lazos con la comunidad de agentes culturales africanos, y trabajar, codo a codo, para fomentar el arte y las culturas contemporáneas entre la audiencia hispanoparlante, Wiriko se traslada en el epicentro de la noticia.

¡Esta temporada, más que nunca

la realidad cultural del continente

desde el continente!