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Dilemas de Norte y Sur (VI): Múltiples dimensiones, múltiples miradas… y mucha valentía

Logo de la editorial La Sahélienne. Fuente: Éditions La Sahélienne

Logo de la editorial La Sahélienne. Fuente: Éditions La Sahélienne

La Sahélienne es una editorial malí. Sólo ese dato ya pone de manifiesto un considerable grado de coraje teniendo en cuenta las dificultades a las que se enfrenta la industria editorial en el África del Oeste. Sin embargo, sus méritos no terminan ahí, ya que su actividad está teñida de un compromiso social y de una voluntad de colaborar en la transformación que a menudo no termina de encajar bien con los intereses puramente económicos. Una muestra de esta intención constructiva es la puesta en marcha el mes de diciembre pasado de una colección de libros dedicados exclusivamente a hacer un análisis de crisis en el país.

“Regards sur une crise”, que así se llama la colección, tiene dos elementos especialmente interesantes. Por un lado, el hecho de que se aborde la situación como una realidad compleja y con múltiples dimensiones. Con ese punto de partida, el objetivo de arrojar un poco de luz de hacer la crisis un poco más comprensible sólo es posible como lo hacen en “La Sahélienne”: ofreciendo voces diferentes, con puntos de vista distintos. Por otro lado, la búsqueda de voces autorizadas locales, malís que hablan sobre Mali (con la excepción de dos autores mauritanos) que ponen de manifiesto, sin complejos, sus propias capacidades para el análisis de la situación y para la búsqueda de soluciones, sin necesidad de injerencias.

Algunos de los ejemplares que forman parte de la colección. Fuente: Éditions La Sahélienne

Algunos de los ejemplares que forman parte de la colección. Fuente: Éditions La Sahélienne

Seis títulos forman esta colección aparecida entre noviembre y diciembre de 2012 y que, seguramente ahora resulta más vigente que nunca. Si bien la recomendación es echar un vistazo al currículum de la nómina de autores de estos libros, vale la pena hacer algunos comentarios sobre el espíritu general. Le patriote et le djihadiste es un caso curioso, un ejercicio valiente, firmado por Mohamed Ag Erless, un autor del que ya hemos hablado en esta sección, y Djibril Koné. Ambos tienen una relación muy directa con el mundo tuareg y desde su posición de conocedores intentan desentrañar las figuras de dos personajes colocados cada uno a un lado de la trinchera pero con mucha responsabilidad en sus bandos.

Por otro lado, Réplique es en sí mismo un compendio de voces diversas que ofrece opiniones diferentes sobre la situación. Algunos de los autores participante tiene un perfil especialmente curioso, como es el caso de Zeidane Ag Sidalamine que ha tenido responsabilidades en diferentes movimientos relacionados con el Azawad, pero que también ha ejercido como consejero de diversos presidentes malís. Entre sus títulos la colección tienen uno tan premonitorio como L’occupation du Nord du Mali, en el que diversos autores con experiencias diferentes plantean su visión sobre la situación. Entre los responsables de este volumen se encuentran Ciré Ba y Boubacar Diagana, dos investigadores mauritanos que plantean la responsabilidad del ex presidente malí, Amadou Toumami Touré, a quien consideran responsable de haber dejado hacer libremente a grupos criminales en el norte del país.

El responsable de La Sahélienne, Ismaïla Samba Traoré, señala en una presentación de la colección que este conjunto de libros permite que se escuchen las voces de quienes protestan en las calle de Bamako, pero también de los militares, de las mujeres del entorno rural y de los independentistas, de los yihaidistas y de los actores internacionales, de las poblaciones hechas rehenes y de los partidarios y los detractores del golpe de estado que siguió a la rebelión. La razón de ser principal de “Regards sur une crise”, según esta misma presentación es que “documentar la memoria de esta grave crisis política y de seguridad empujando a tomar la palabra a cronistas y analistas es un ejercicio por el que es necesario pasar”.

La responsabilidad de la colección refleja de alguna manera la de la propia editorial que durante años se ha empecinado en sostener el mercado editorial en lenguas nacionales. De hecho en el impulso de la colección, La Sahélienne cuenta con el apoyo de organizaciones sociales malís como el Mouvement Malivaleurs o el PEN-Mali que agrupa a escritores y periodistas del país comprometidos con la libertad de expresión y con la creación cultural.

Dilemas de Norte y Sur (V): Arquitectura sudanesa en Mali

Siguiendo con nuestro propósito de dedicarle especial atención a las artes y culturas de Mali, llega el turno de rendirle un pequeño homenaje a la característica arquitectura sudanesa que podemos encontrar en algunas ciudades del país.

La arquitectura sudanesa es un estilo que se generó en África Subsahariana y que abarcó principalmente Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger y en menor medida Ghana y Costa de Marfil. El término “Sudán” proviene del término en árabe “bilan as-sudan” que significa “País de los negros”. Según Antonio Orihuela (2001), los antecedentes de esta arquitectura son aún hoy en día discutidos por los investigadores, aunque se barajan dos momentos históricos. Uno de ellos, se sitúa en la época del antiguo Imperio de Ghana (actual Mauritania y noroeste de Mali) y su difusión en los imperios de Mali (1235-1450) y Songhay (1454-1591). El segundo momento histórico se da en la época de la llegada del ejército marroquí que acabaría con el Imperio Songhay y que permanecería más de dos siglos. Las aportaciones de estos pueblos y su vuelta de la peregrinación a la Meca, pasando por Egipto y el Mar Rojo, influiría una vez más en el ámbito artístico y arquitectónico de África Subsahariana.

Esta arquitectura está construida con una tecnología muy sencilla, y con las manos, dando una característica forma redondeada al adobe, que es un material muy barato. El resultado es espectacular, sobre todo por la integración al paisaje desértico propio de la zona. El arquitecto egipcio Hassan Fathy (1900-1989), especializado en arquitectura social del Tercer Mundo, escribió sobre su experiencia en New Gourna (Egipto) en la que construyó una ciudad utilizando esta técnica por ser según él la más óptima para ese tipo de entornos.

Mali

A pesar de la fragilidad de su material, hoy en día se conservan algunos ejemplos de ella, como es el caso de las dos ciudades de las que hablamos en nuestro artículo, Djené y Tombouctou. Son dos ciudades de sobra conocidas y de visita obligada cuando nos acercamos por la zona, tanto por su belleza como por su historia. Desde el año 1988 son declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Djené, fundada en el siglo IX, está situada en el delta interior del río Níger y rodeada por un brazo del río Bani —afluente del Níger— siendo una de las grandes ciudades del actual Mali y una de las más antiguas de África Occidental. Su apogeo como enclave comercial tuvo lugar en durante los siglos XIV-XVI durante los imperios de Mali y Songhay ya que en su puerto se realizaban intercambios de sal por grano, oro, esclavos, marfil, etc. Además, su situación en el delta, rodeada de agua, le ha valido de protección ante catástrofes e incendios por lo que su arquitectura se ha podido mantener casi intacta. Salvo algunas construcciones más recientes, hoy en día podemos apreciar la arquitectura predominante de adobe, lo que le dota de la belleza que le ha supuesto la inscripción como Patrimonio de la Humanidad desde 1988.

Gran parte de su población, originariamente animista, se convirtió al Islam junto con el rey Koi Koumboro en el siglo XIII, que había sido introducido por los mercaderes del Imperio de Ghana. Según los escritos que datan del siglo XVII, él mismo mandó construir la Gran Mezquita de Djené que se realizaría a partir de su propio palacio en 1280. El fundador del imperio Massina, el peul Cheikou Hamadou, dejó en 1819 que la mezquita se destruyese bajo el pretexto de que era muy lujosa para ser mezquita —con ánimo de revancha porque le prohibieron la entrada años antes— y cuando los daños ya eran irreversibles, puedo justificar la construcción de otra más austera y no tan interesante desde el punto de vista artístico. Durante la colonización francesa, en 1907, se volvió a reconstruir la mezquita de Komboro al estilo tradicional original.

 

 

La Gran Mezquita de Djené- Foto: 10b travelling

La Gran Mezquita de Djené- Foto: 10b travelling

 

La llamada “la ciudad de los 333 santos”, Tombouctou fue el centro espiritual, intelectual y para la propagación del Islam en el continente durante los siglos XV y XVII. Fue fundada por los tuareg en el año 1100 y su enclave, punto de encuentro entre África Occidental, nómadas bereberes y árabes, ha sido también otra de las principales ciudades referentes en comercio Norte-Sur de la época, en los que intercambiaban sal del Mediterráneo por oro, pescado y fruta.

Mezquita de Djinagareiber- Foto: Dave Lantner

Mezquita de Djinagareiber- Foto: Dave Lantner

Aparte de la arquitectura de adobe, Tombouctou conserva varias joyas arquitectónicas que le han valido ser declarada Patrimonio de la Humanidad, también en 1988. La Gran Muralla, la Biblioteca Andalusí de Tombouctou (que ha inspirado algún documental), el Palacio Buctú, el mercado, etc. son algunas de sus bellezas, que incluso han podido inspirar a arquitectos como Gaudí. La Mezquita de Djinagareiber encargada por el emperador Kankan Mussa, fue construida por el arquitecto granadino Ishaq es-Saheli en 1325 y desde ella se puede avistar toda la ciudad. Otra de las mezquitas que conforman el paisaje es la mítica Sangoré, que fue construida sobre el siglo XIV-XV, que es la sede de la universidad coránica y refugio de intelectuales andalusíes después de la toma de Granda en 1492. Por último, la Mezquita de Sidi Yahya de finales del siglo XV, es la mejor conservada de las tres.

Desde el punto de vista cultural y artístico de Mali, estas maravillas, y otras muchas, corren un gran peligro en la actualidad. Ya desde el año pasado hemos sido espectadores de los dramáticos acontecimientos que amenazan estas ciudades y su patrimonio.

La historia de estas ciudades nos remiten al África clásica, y son una parte muy importante de la memoria histórica del continente. Por ello, y especialmente en estos momentos, hemos querido hacerle un guiño a la historia antigua africana, a menudo olvidada.

Como afirmaba el historiador marxista Thomas Hodgkin, en 1959:

Cuando la gente habla del África, y sobre todo de la región que comienza al Sur del Sahara como de un «continente sin historia», lo que dice en realidad es que se trata de un continente cuya historia, por desgracia, se desconoce en el resto del mundo. No faltan motivos que expliquen este hecho. En parte nos agrade o nos disguste continuamos siendo absurdamente etnocéntricos: para la mayoría de nosotros, la «historia» es la historia nacional o a lo sumo «europea» u «occidental». (…) Finalmente, hay que reconocer que en cierto grado somos todavía víctimas de una mentalidad colonial: aceptamos con dificultad que los africanos hayan tenido durante siglos sus propias civilizaciones aborígenes, antes de que se nos ocurriera a los europeos, empezando por los portugueses a fines del siglo XV, la idea de tratar de venderles la nuestra.

 

Fuentes:

  • Hodgkin, T. (1959). Tombuctú, centro de cultura medieval. En: El Correo. Una ventana abierta sobre el mundo. UNESCO. Octubre, 1959.
  • Orihuela, A. (2001). Arquitectura sudanesa en Mali. En: Pastor, M. (Ed) (2001) La mujer subsahariana: tradición y modernidad, I:Mali. Granada: Editorial Universidad de Granada.
  • Arquetour: Tombouctou y Djene
  • Kamit

Dilemas de norte y sur (IV): Letras tuaregs como granos de arena del desierto

Siguiendo con la voluntad de mostrar otras caras del Malí que ahora sí que atrae la atención de los informativos pero sólo por el conflicto hemos reparado en el universo tuareg. La verdad es que lo que al principio parecía una buena idea se ha convertido en una tarea complicada. No es fácil encontrar casos de autores tuaregs de los que se puedan poner ejemplos. Y tampoco es necesario hacer una larga explicación, basta con aceptar que se trata de un pueblo que tradicionalmente vive bastante aislado (en su gran mayoría) y que en su cultura ha mantenido la importancia del relato oral, que como ya hemos comentado en otras ocasiones tiene dificultades para ser convenientemente reconocido en la literatura occidental.

En todo caso, y a modo de aperitivo, podemos citar dos nombres. Dos casos muy diferentes que pueden servir, como hacemos siempre, al menos para despertar un cierto interés. Se trata, por un lado de Moussa Ag Assarid y, por otro, de Mohamed Ag Erless. El primero de ellos se ha adaptado a las exigencias del mercado literario mayoritario y se ha convertido en autor de libros en los que relata su propia experiencia. El segundo, sin embargo, ha tratado de adecuar la tradición tuareg a los gustos occidentales y se ha recogido cuentos, proverbios y adivinanzas tuaregs, un escaparate para la literatura oral de su pueblo.

Moussa Ag Assarid. Fuente: Wikimedia

Moussa Ag Assarid. Fuente: Wikimedia

Moussa Ag Assarid se hizo conocido con un libro traducido al español como En el desierto no hay atascos. Un tuareg en la ciudad. Este joven escritor tuareg despierta simpatías constituyendo un ejemplo viviente de los clichés del pueblo tuareg y en sus intervenciones no pierde la ocasión de cantar a la arcadia perdida de un desierto que lejos de aparecer como un lugar inhóspito se presenta como el paraíso de la tranquilidad, la calma y la autenticidad del ser humano. En En el desierto no hay atascos… Ag Assarid refleja el contraste, por otro lado evidente, de la sociedad nómada de pastores y la occidental. Más allá de las reflexiones sobre manidos choques culturales (el agua que fluye de los grifos, la inmensidad de las camas o la prisa de las calles de la ciudad) y de que Ag Assarid aparezca como un moderno Tarzán en la urbe, es indudable que permite acercarse a una manera de vivir muy diferente a la que estamos acostumbrados y que la comparación pone, al menos, en tela de juicio las prioridades y los valores de occidente.

La figura este autor es de película: el niño nacido en un incierto lugar del desierto entre Tumbuctú y Gao que un día tiene un encuentro casual con unos periodistas participantes en el Rally Paris-Dakar que le regalan un ejemplar de El principito. A partir de ahí, el entonces niño analfabeto se propone ser capaz de leer ese libro que le ha fascinado, consigue ir a la escuela y después a la universidad en Francia. Sus intervenciones en los medios aparecen perladas de frases lapidarias que ayudan a reforzar la imagen del desierto que pretende transmitir, al estilo “vosotros tenéis los relojes y nosotros tenemos el tiempo” o la explicación del título de su libro “en el desierto no hay atascos, porque nadie intenta adelantar a nadie”. Más allá de esta imagen Ag Assarid se presenta con una encomiable voluntad de transmitir la cultura del desierto y se ha convertido en un activo militante para llevar la educación, a través de la financiación de una escuela a los recónditos rincones del desierto y se presenta como un “musulman, no fanático”. Su presencia ya es algo y su dibujo de la cultura tuareg es más que nada.

Portada de En el desierto no hay atascos

Portada de En el desierto no hay atascos

 

Mohamed Ag Erless. Fuente: La Sahelienne

Mohamed Ag Erless. Fuente: La Sahelienne

Por otro lado, Mohamed Ag Erless tiene una aproximación más académica, este tuareg de la región de Kidal se ha empeñado en recoger parte de la cultura del desierto a través de la recopilación de algunas piezas típicas de la literatura oral, fundamentalmente cuentos, proverbios y adivinanzas como en Il n’y qu’un soleil sur terre.

Una de los principales valores de Ag Erless es que ha realizado la mayor parte de su labor de recopilación de las expresiones orales de la cultura tuareg, precisamente desde centros de estudios de Bamako. Un artículo de Cécile Leguy en la revista Cahiers d’études aficaines pone de manifiesto algunas de las dificultades fundamentales de la labor de Ag Erless (que coinciden con las de todos los intelectuales que se han desvivido por recuperar la tradición oral): “Mohamed Ag Erless menciona en su introducción las dificultades con las que se ha encontrado en la transcripción de los textos, en la medida en la que la lengua de los tuaregs no ha sido objeto de un análisis lingüístico de conjunto y que todavía no existe un sistema unificado de los distintos dialectos tuaregs”.

Portada de Il n'y qu'un soleil sur terre

Portada de Il n’y qu’un soleil sur terre

A pesar de estos desvelos el autor ha realizado el esfuerzo de realizar esta labor de sistematización y de recuperación, por un lado para garantizar la supervivencia de esta tradición oral y, por otro, para difundirla, para darla a conocer, para ponerla en el “envoltorio” que el intolerante mundo de la cultura occidental exige a la literatura.

Ambos autores ponen de manifiesto una característica fundamental de la cultura tuareg y es la consideración de “gens de parole”, lo que supone la importancia que da este pueblo a las palabras, ya sea en su forma de conducirse o en los relatos orales y lo que no se debe olvidar, igual que pasa con los griots en muchos lugares de África, dar importancia a la palabra supone dar importancia también a los silencios, es decir, tiene tanto valor lo que se dice como lo que se calla.

Fuentes:

– Ag Assarid, Moussa. En el desierto no hay atascos. Un tuareg en la ciudad. Editorial Sirpus, Barcelona, 2006.

– Ag Erless, Mohamed. Il n’y a qu’un soleil sur terre. Contes, proverbes et devinettes des touaregs Kel-Adagh. Harmattan, Paris, 2010.

– Cécile Leguy, « Ag Erless, Mohammed. – « Il n’y a qu’un soleil sur terre ». Contes, proverbes et devinettes des Touaregs Kel-Adagh. Aix-en-Provence, Institut de recherches et d’études sur le monde arabe et musulman, 1999, 84 p. (« Travaux et documents de l’IREMAM » no 20). », Cahiers d’études africaines [En ligne], 163-164 | 2001, mis en ligne le 25 mai 2005, consulté le 21 janvier 2013. URL : http://etudesafricaines.revues.org/129

Dilemas de Norte y Sur (III): Recorrido por Mali en 35mm.

Película La Génesis de Sissoko. Foto: Catherine et Bernard Desjeux.

Película ‘La Génesis’ de Sissoko. Foto: Catherine y Bernard Desjeux.

La primera generación de cineastas africanos nació de una voluntad implacable de desarrollar una identidad de las culturas nacionales y con un profundo deseo de dar testimonio de las mismas, teniendo por objetivo rechazar la imagen que de ellos había dado el cine durante la época colonial. Las estructuras formales cinematográficas se puede decir que florecieron en Mali con un cierto orden y lógica. En el año 1962 se creó el OCINAM (Oficina Cinematográfica Nacional de Mali) que abarcaba, en principio, todos los sectores, hasta que en 1966 se creó Scinfoma (Servicio de Información del Cine) incorporado en 1977 dentro del CNPC (Centro de Producción Nacional).

Para conseguir que los africanos pudieran reencontrarse con una identidad que les había sido usurpada y rebajada al rango de la barbarie, los cineastas asumieron el firme compromiso de dirigirse al espectador, de interpelar directamente al africano que se observaba a través del cine, de su cine. Es por eso que el cine de los primeros años posee una marcada tendencia política y didáctica, pues estos pioneros no consideraban al séptimo arte como un entretenimiento, sino como un vehículo ideológico que podía servir para descolonizar las mentes, desarrollar una toma de conciencia y recuperar las herencias y tradiciones auténticamente africanas.

Este es el caso del aclamado Souleymane Cissé, que en 1970, se convirtió en el primer maliense en tener terminado el ciclo completo de estudios en una escuela superior de cine, en concreto, en el Instituto de Moscú. Por esta escuela pasarían figuras claves del cine maliense como Djibril Kouyaté que dirigió durante un tiempo el OCINAM.

Después de los primeros pasos en el cine documental con el sello etnográfico de Jean Rouche, los realizadores y técnicos malienses, formados durante los años 60-70 en la Unión Soviética y en las Repúblicas de Europa del Este (principalmente Yugoslavia), se orientaron hacia la ficción. Estas obras, se inspirarían en el realismo, ofreciendo una mirada aguda y comprometida por el poder y la dictadura de Moussa Traoré instaurada en 1968 afectando a toda la cultura audiovisual.

Entre 1970 y el 2001, Malí había producido y co-producido poco más de 20 largometrajes, 30 documentales y 20 cortometrajes según las cifras del (CNPC). Esta producción tan reducida en una franja de 30 años ha llevado a una drástica reducción en la tasa de asistencia al cine, dejando el campo libre a las imágenes extranjeras, e impulsado por las cintas de vídeo y las cadenas satélites. Parte de esta responsabilidad fue debido a la supresión del OCINAM cuyo papel, entre otros, era el de gestionar las salas de cine y asegurar la programación, distribución y la explotación de las películas de producción nacional.

Además de la eliminación del OCINAM, la ausencia de film político explicaría lo que algunos han denominado “la corriente a través del desierto del séptimo arte maliense”. No obstante, el espíritu de lucha, inventiva y crítica de algunos de sus directores ha mantenido al país en el reconocimiento internacional; es el caso del mencionado Souleymane Cissé, de Cheick Oumar Sissoko o de Abdoulaye Ascofaré.

 

Un celuloide bien dinámico

Imagen de la película 'Tela de Araña', que representará a Mali en el FESPACO

Imagen de la película ‘Tela de Araña’, del director Ibrahim Touré. Este film representará a Mali en la sección al Mejor Largometraje en el próximo FESPACO (23 febrero al 2 de marzo).

 

Actualmente, el Centre National de la Production Cinématographie (CNPC) se encuentra intentando relanzar un sector que aunque nunca ha llegado a detenerse está por ver de qué manera afectará el conflicto actual que está teniendo lugar y que mantiene al país dividido. Prueba de ello es la firmeza que mantiene la UCEAO (Unión de Creadores y Empresarios del Cine y el Audiovisual de África del Oeste), creado en 1996.

Pese al subrayado en rojo de todos los indicadores de organizaciones internacionales que analizan este país, el presente cinematográfico se antoja dinámico. Así lo demuestran los últimos premios recibidos por películas malienses. El último de ellos ha sido para el film Toiles d’Araignées (Tela de araña) obteniendo el Premio de la Organización Internacional de la Francofonía (OIF) en el marco del festival canadiense International Film Festival Vues d’Afrique 2012. Este largometraje de 92 minutos, producido íntegramente por el CNPC y dirigido por Ibrahim Touré, está basado en la novela de Ly Ibrahim.

Como afirmaba el propio director: “La película revive las páginas oscuras de las dictaduras africanas que sellaron el destino de nuestro pueblo con el silenciamiento de las voces y el aplastamiento brutal a cualquier atisbo de disidencia”. Toiles d’Araignées será además una de las seleccionadas para representar a Mali en el FESPACO (Festival Panafricano de Ouagadougou que se celebra bianualmente y que vendrían a ser como los Oscar africanos), en la categoría de mejor largometraje, según anunciaba ayer la web oficial. También lo harán en la categoría de cortometraje Dankuma de Bakary Diallo, y en la de documental Hamou-Beya (Pescadores de arena) de Andrey Samonté Diarra.

Dilemas de Norte y Sur (II): Aminata Traoré una voz alzada sin miedo

Aminata Traoré, en el 7º Congreso Ibérico de Estudios Africanos. Fuente www.guinguinbali.com

Aminata Traoré, en el 7º Congreso Ibérico de Estudios Africanos. Fuente www.guinguinbali.com

Casi involuntariamente (casi, he dicho) resuenan ahora en mi cabeza las palabras de Aminata Traoré, una de las intelectuales más mediáticas e internacionales de Mali (si no, la más), que dicen que “para ayudar a África hay que comprenderla primero”[1]. Se mezclan con la visión de la portada de un periódico malí que rezaba en los últimos días “Vive la France!”, al hilo de la intervención armada de soldados galos en el norte del país. En un collage intencionado estas frases se mezclan con otra de la escritora malí en la que advertía que “Francia y otras naciones industrializadas toman del sur, incluida África, lo que necesitan, saqueando las riquezas sin reparos y sin ningún miedo de agravar la situación en los países de origen”.

Aminata Traoré es una escritora comprometida que ha trascendido su labor literaria por la militancia y el compromiso social. Entre 1997 y 2000 esta mujer, nacida en Bamako en 1947, fue ministra de Cultura y Turismo del gobierno de Alpha Omar Konaré, considerado en el país como el responsable del retorno de la democracia. Una situación que difícilmente se produce en otros países fuera de África. A pesar de las críticas pocos estados occidentales escogen como ministros de cultura, precisamente, a prominentes figuras de la cultura.

El hecho es que Aminata Traoré mantiene una postura de reivindicación del potencial africano, de confrontación con los poderes extranjeros que de facto se han instalado en muchos casos en una dinámica de injerencia. Lo ha hecho a través de los libros que le han dado la proyección internacional, pero lo ha mantenido también en sus numerosas intervenciones mediáticas y en su militancia en el Forum Social Africano, del que es fundadora. Traoré es una de las piezas de esa constelación de intelectuales de orígenes diversos que se han aglutinado en torno a las ideas de la globalización social y del final de los desequilibrios entre el Norte y el Sur, precisamente uno de los pocos escenarios en los que los pensadores, investigadores y estudiosos del Sur no son relegados. Así, las intervenciones de la escritora basculan entre las teorías del decrecimiento, las críticas a instituciones internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional y sus políticas deshumanizadas, pero también en torno a la necesaria independencia del continente africano, la defensa de sus particularidades culturales o la impuesta noción de democracia occidental.

El discurso de esta escritora está clara y voluntariamente teñido por los rasgos del movimiento altermundista (por no utilizar el controvertido término “antiglobalización”), una mezcla virtuosa de crítica rigurosa y fundamentada con un espíritu constructivo como se puede comprobar tanto en las declaraciones en las que afirma que “África es un continente de futuro si aprende a preservar mejor sus recursos, que son inmensos y a negociar mejor su destino”[2], pero también en algunas de sus obras desde África en un mundo sin fronteras hasta África humillada.

Aminata Traoré no pierde la oportunidad de denunciar el intervencionismo occidental en los asuntos de Mali y de África, en general. De momento, no parece haberse pronunciado acerca de la nueva fase de las hostilidades en su país natal aunque sin duda será una de las voces interesantes a escuchar para tener un análisis completo de la situación. Desde su posición de mujer de la cultura, sin embargo, y como autora comprometida socialmente, Aminata Traoré ya criticó el golpe militar de marzo de 2012 y a finales del pasado año levantó su voz junto a la de otras personalidades malís para oponerse a una intervención armada. En un interesante documento en el que figuraba la firma de esta escritora[3] se consideraba al pueblo de Mali como un “rehén de actores políticos y institucionales que no se ven obligados a rendir cuentas” y, en referencia a la alerta por la imposición de la sharia en el norte del país, recordaba que en otros países en conflicto se ha producido “la instrumentalización de la violencia ejercida contra las mujeres para justificar la injerencia y las guerras de rapiña de las riquezas de sus países”. Este texto, previo a la intervención resulta esclarecedor, por ejemplo, cuando señala que las mujeres malís se enfrentan a tres fundamentalismos igualmente opresores “el religioso a través del islam radica; el económico a través del mercado todopoderoso; y el político a través de la democracia formal corrupta y corrompedora”.

Como punto final parece interesante la respuesta que Aminata Traoré dio en una entrevista a la pregunta “¿Cuál sería el papel de África en un mundo global?”[4]. Traoré hizo una estremecedora reflexión: “África no es pobre y tiene su dignidad. Los occidentales saben que pueden saquear, acusar y ridiculizar a los africanos. No les cuesta nada. Tienen medios de comunicación poderosos que difunden la imagen de una África decrépita que no sale adelante. Y la verdad es que podría si le tendiera la mano. La creatividad es nuestra esperanza, incluida la creatividad política. Cuando vemos los desastres de hoy, las proezas tecnológicas, pero también los daños que producen las tecnologías, nos damos cuenta, una vez más, de que África posee unos valores sociales y culturales que pueden salvar el mundo. Pero con la condición de que dejen de machacarnos, de humillarnos”. Nos quedamos sin duda con “la creatividad es nuestra esperanza”, con “África posee unos valores sociales y culturales que pueden salvar el mundo” y con “con la condición de que dejen de machacarnos, de humillarnos”.

Obras de Aminata Traoré:

Femmes d’Afrique: douleureux ajustement, Éditions Actes Sud,1995

L’Étau, Éditions Actes Sud, 1999

Le Viol de l’imaginaire, Éditions Fayard, 2002

La violación del imaginario, Sirius Comunicación Corporativa, 2004

Lettre au président des Français à propos de la Côte-d’Ivoire et de l’Afrique en général, Éditions Fayard, 2005

L’Afrique humiliée, Éditions Fayard, 2008

L’Afrique mutilée, Taama Éditions, 2012


[1] Entrevista de Fernando Gotilla publicada en la revista Pueblos en marzo de 2006, consultable on line en http://www.revistapueblos.org/old/spip.php?article359.

[2] Extraído de la biografía de Aminata Traoré en el blog Mujeres que hacen la historia, consultable en http://mujeresquehacenlahistoria.blogspot.com.es/2009/10/siglo-xx-aminata-traore.html.

[3] « Femmes du Mali: Disons “NON !” à la guerre par procuration » se puede encontrar íntegramente en la página de Slate Africa en http://www.slateafrique.com/98611/femmes-du-mali-disons-non-la-guerre-appel-femmes-aminata-traore.

[4] Publicada en Rebelión en febrero de 2007 y consultable en http://www.mujeresenred.net/spip.php?article943

Dilemas de Norte y Sur (I): artes escénicas malienses

Tuareg en la pasada edición del Festival au Desert. Fuente: Ruyé Yaakov.

Tuareg en la pasada edición del Festival au Desert. Fuente: Ruyé Yaakov.

 

Es de candente actualidad que Mali se encuentra inmersa en una crisis política que ha pasado a ser de interés internacional, pero el complejo entramado sociopolítico e histórico que ha llevado a esta franja sahariana al conflicto actual, trasciende el humilde objetivo de nuestro artículo de hoy: dibujar un mapa cultural del país a través de las artes escénicas que contribuya a aportar algunos rasgos identitarios de este icono del arte sub-sahariano.

Como en la mayoría de culturas africanas, la música y la danza van de la mano. Lo ilustra bien el hecho de que para los bambara y mandinga de Mali, ubicados mayormente en la parte sur del país, la palabra donkili (canción) signifique ‘llamada al baile’. Pero lo cierto es que sería imposible definir un baile, una música o un teatro maliense en singular. Lo que sí se puede afirmar es que la danza y el teatro contemporáneos de Mali están profundamente enraizados a las tradiciones del teatro y la danza regionales y locales, tanto los producidos en zonas urbanas como los de las zonas rurales. Durante el proceso de emancipación nacional, las patrias del África Occidental Francesa, inspiradas por el impulso cultural del gobierno guineano de Sékou Touré, crearon varios grupos de teatro, música y danza que establecerían las bases del teatro y las músicas nacionales. En el caso maliense, el primer presidente Modibo Keita impulsó la creación del Malian Instrumental Ensemble, que estaba compuesto por instrumentistas y vocalistas jeli[1] o el Malian Ballet, muy ligado a la estética tradicional. Éstos fueron los predecesores de lo que sería el National Dramatic Group, fundado en 1969, o ya en 1986, la compañía de títeres Troupe National des Marionnettes.

Mapa de la localización de los Bambara en Mali. Fuente: Bethany World Prayer Center © 1999

Mapa de la localización de los Bambara en Mali. Fuente: Bethany World Prayer Center © 1999

La mayoría de actores, cantantes, oradores y bailarines se formaban en la que entonces era la capital cultural del África Occidental Francesa: Dakar. La academia cristiana École William Ponty, que se había convertido en “el gran laboratorio del drama africano”[2], acogería multitud de creaciones teatrales malienses. Pero la mayoría de ellas representaban solamente a la tradición bambara y mandinga del sur del país -un 80% del total según Dorothea Schulz (2012:178-179)-, ensalzando figuras legendarias como el fundador del Imperio de Mali, Sundjata Keita o al líder político del reino de Segu, Da Monzon. De esta manera se pretendía tanto enaltecer el pasado glorioso del territorio como encontrar iconos nacionales para fomentar el patriotismo maliense, pero con excepción de las minorías del norte.

Mapa de la localización de los Mandinga en Mali. Fuente: Bethany World Prayer Center © 1999

Mapa de la localización de los Mandinga en Mali. Fuente: Bethany World Prayer Center © 1999

Al volver a Mali, los artistas empezaron a crear grupos de teatro amateurs y emprendieron cierta militancia política a partir de la identidad nacional que se fue cimentando con sus obras. Pero esta identidad, raramente incluyó rasgos Songhai o Tuareg, que representaban las minorías étnicas del norte. El tagest, danza tuareg que se caracteriza por el solo movimiento de la cabeza, las manos y los hombros mientras el bailarín permanece sentado; o el agabas songhai, música que se caracteriza por mezclar sonidos tradicionales con guitarras modernas y que es bailado entre hombres y mujeres, no fueron incluidos como bailes nacionales y por lo tanto, se excluyeron de las representaciones que conformaban la identidad artística del país. Algunos tuaregs, que habían sido beligerantes con los colonos franceses así como con los bambara[3], ya habían sido marginados del poder durante la época colonial, y sus danzas y bailes también lo serían de esa construcción de “tradiciones locales auténticas”.

Las múltiples revueltas terminaron desplazando a los tuaregs más subversivos a Níger, Libia, Argelia o Chad durante la década de los 70, mientras el golpe de estado de Moussa Traoré (1968-1991) postergaba la escena artística y cultural del país a la debacle. Los 70 y 80, como en gran parte de África, estuvieron caracterizados por la falta de inversión en cultura y el adelgazamiento del estado. Así que el teatro y la danza tuvieron que encontrar cobijo en las privatizaciones y las ONGs extranjeras. De esta forma, las temáticas se amoldaron a nuevos tópicos (VIH/SIDA, agendas del buen gobierno, planificación familiar o campañas contra la ablación femenina).

A partir de 1990 los hijos de los tuaregs exilados volvieron al país para unirse a las manifestaciones contra el gobierno de Traoré, pero Gao se convirtió en escenario de crímenes masivos. Uno de sus combatientes fue el líder de la internacional banda de música Tinariwen. En el 92, Alpha Oumar Konaré se convirtió en presidente y firmó un pacto para dar más autonomía a Tombuctú, Gao y Kidal, en el Norte del país. A pesar de todo, esta zona ha estado en continuas disputas con el gobierno central de Bamako.

La creación del Festival del Desierto, en 2001, no ha sido suficiente para fomentar la unión nacional a través de música, danza y oralidad. A pesar de su década de existencia pacífica, la 13ª edición de este certamen cultural ha tenido que ser desplazada a Burkina Faso. Artistas marroquíes, mauritanos, malienses, argelinos y nigerinos protagonizaran una caravana de artistas para la paz y la unidad nacional con destino a la ciudad de Oursi (también poblada por tuaregs, songhais i fulas) después de que la danza y la música hayan pasado a la clandestinidad en el Norte de Mali.

Proyectos aún en fase de realización como Sahel Calling, recogen las voces de artistas malienses en contra de la violencia y el extremismo en el norte del país, y suponen un pilar y un muro de contención para aquellos que pretenden borrar del mapa los rasgos culturales que han conformado la región, hayan sido o no marginados de las políticas del estado maliense moderno. Os invitamos a ver el trailer de este documental y a seguir apoyando las creaciones malienses.

 

Recursos bibliográficos:

SCHULZ, D. Culture and Customs of Mali. Greenwood Press, 2012.

PEEK, P.M. KWESI YANKAH. African Folklore an Encyclopedia. Routledge, 2004


[1] Estos personajes, fueron músicos y oradores tradicionales, griots de las sociedades  mandinga y bambara hasta el siglo XIX, cuando empezó la colonización francesa. Su función era la de transmitir y guardar la historia de generación en generación.

[2] BAHNAM, M. HILL, E. WOODYARD, G. The Cambridge Guide to African & Caribbean Theatre. Cambridge, 2000.

[3] Quienes habían sido sus esclavos años atrás.