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5 películas africanas sobre migraciones

Un catálogo subjetivo para comprender las migraciones africanas desde el otro lado y a través de la mirada de 5 cineastas. Porque detrás de la barbarie que se vive en la frontera europea, hay historias humanas que vale la pena conocer:

A Stray
Director: Musa Syeed
País: EE.UU. 
Año: 2016

Poco después de conocerse quién sería el nuevo presidente de los Estados Unidos, saltaba la noticia de que Ilhan Omar, de 34 años, ha hecho historia al convertirse en la primer legisladora somalí del país. Esta ex refugiada y activista nacida en Somalia servirá como miembro del Parlamento, en el estado de Minnesota. Una elección que se producía pocos días después de que Donald Trump acusara a los inmigrantes somalíes de este estado de “difundir sus puntos de vista extremistas”. Minnesota tiene la comunidad más grande somalí de la nación, alrededor de 50.000 según el censo de los Estados Unidos.

A stray (un perro callejero) cuenta la historia de un adolescente somalí llamado Adan, interpretado por Barkhad Abdirahman, quien crece en Minneapolis, y que perdió a su padre en la guerra en Somalia. Su madre le ha expulsado de su apartamento por el robo de sus joyas. “Eres un somalí y musulmán, nadie te va a contratar”, le dice uno de sus amigos al inicio de la película.

Así que cuando el director de cine Musa Syeed comenzó a viajar desde su casa en la ciudad de Nueva York hacia el corazón de la comunidad somalí en Minneapolis, la ciudad más grande de Minessota, se enfrentó a una queja recurrente: la de los propios somalíes que pensaban que sería un periodista más que terminaría haciendo un producto sobre terrorismo. De hecho, la película de Syeed no ignora esta cuestión y refleja la psicosis de que parezca que haya un agente del FBI al acecho en cada esquina. Pero muestra la vida de los refugiados en Minneapolis matizada, con problemas, sí, pero también hermosa.


Triangle Going to America 
Dirigida por Theodros Teshome
País: Etiopía
Año: 2014

“Conocí a un hombre nacido en Etiopía que decidió compartir conmigo su historia de cómo llegó a Estados Unidos”, explica el escritor y director etíope Teshome Theodros. “Yo estaba intrigado, no sólo por las dificultades de su viaje, sino también por investigar los motivos que le llevaban a dejar su patria y arriesgar su vida. Indagando me encontré con cientos de historias similares. Historias de muertes. Historias sobre la dificultad que tienen los africanos orientales antes de llegar a Estados Unidos. Triangle Going to America se basa en estos hechos”, sentencia el realizador.

Ya hay alguna referencia en el cine etíope a la inmigración y a la esclavitud gracias al trabajo del director Haile Gerima y su Sankofa (1993) en la que una mujer afro-americana viaja en el tiempo y experimenta la esclavitud. Una película poética, precisa y desafiante intelectualmente en la que el espectador no puede evitar las preguntas incómodas que plantea Gerima de manera elocuente.

En la película Triangle Going to America aparecen Kaleab y Jemal, que están dispuestos a soportar cualquier peligro para llegar a América por la promesa de una vida mejor. Pero, ¿realmente es así? En el camino, Kaleab conoce a Winta, de la vecina Eritrea, que se encuentra en un viaje similar. El trayecto y sus dificultades les harán acercarse y enamorarse profundamente. En este momento, y junto a un grupo de etíopes y eritreos, viajarán por un camino arduo e ilegal desde África oriental a los Estados Unidos, a través de Libia, Italia, México. Sin duda, un mensaje urgente sobre la inmigración y sus causas desde una latitud poco retratada en los medios occidentales: desde África del Este a América.


Hope
Director: Helmer Boris Lojkine
País: Nigeria / Camerún / Francia
Año: 2014

Existe un rico mosaico antropológico de historias de supervivencia de los migrantes del África al sur del Sahara que han atravesado el desierto y el mar en busca de una vida mejor en Europa, pero son los guiones menos llevados al cine. Y esto sería razón suficiente para dar la bienvenida a Hope (Esperanza), una crónica pragmática y sensible del encuentro entre una joven nigeriana y un hombre camerunés que luchan en unas condiciones brutales por alcanzar las costas de España. El debut narrativo del francés Helmer Boris Lojkine fue quizás silenciado de forma solemne en las carteleras europeas.

La esperanza es la fuente principal de combustible en el largo camino representado en la película. Y el detalle simbólico del guión de Lojkine ya que también es el nombre de la joven protagonista que viaja sola y se une a un grupo de varones cameruneses en dirección al norte. Humillada y violada por sus compañeros de viaje, es rescatada y posteriormente protegida por Leonard, quien la acompaña a los guetos migrantes sombríos surgidos en la periferia urbana de Tamanrasset (Argelia). Una road movie sobre la vida. Y sobrevivir.


Mille Soleil
Directora: Matis Diop
País: Senegal
Año: 2013

Han pasado cuarenta años desde que los corazones de Mory y Anta quedaran desgajados en el puerto de Dakar tras el rodaje de Touki Bouki (Mambety, 1972). Mil vidas. Mil relojes ya sin cuerda. Mil soles. Con este ancla en el presente, retoma el guión del documental Mille soleils (2013) la hija del músico Wasi Diop y, por lo tanto, la sobrina de uno de los cineastas africanos más legendarios: Djibril Diop Mambety. En este documental de 45 minutos, donde la ficción penetra en la retina camuflada por la actuación impasible y cualificada de Magaye Niang (Mory), la directora Mati Diop, nacida en París, revisita con delicadeza una ecuación cargada de patrimonio: la huida (marcharse) frente a la espera (quedarse). “¿Viajar? ¿Era necesario?”.

El film, que abre con una imagen de la Dakar contemporánea que devora vidas en el frenesí rutinario frente a la tradición del pastoreo de bueyes representada por Mory, continúa contraponiendo a dos generaciones: la que tuvo en sus manos la utopía de una verdadera independencia de la metrópolis francesa pero no supo encauzar sus esfuerzos mediante la vía política, y la de los jóvenes indignados que tienen nuevas herramientas para el cambio social como son las nuevas tecnologías o la música encabezada por el Hip Hop y el RAP.

Quizás una de las escenas donde se materializa de forma clara la posición de Mati Diop sea en la conversación que mantiene el protagonista con un taxista -que no es otro que el rapero Djily Bagdad, líder del grupo 5kiem Underground. “Cada generación tiene su misión”, le reprocha el conductor mientras se suceden dos discursos: por un lado, las imágenes reales grabadas durante las movilizaciones del 2011 promovidas por la plataforma Y’en a marre (¡Ya estamos hartos!) en protesta por el aumento del coste de vida, el elevado paro juvenil o los fracasos en las políticas educativas y sanitarias del, en aquel entonces presidente de Senegal, Abdoulaye Wade; y, por otro lado, la emisora de radio que tiene sintonizada el taxista en la que se percibe el malestar social: “Cuarenta años de socialismo en el que se nos decía que todo iba a cambiar pero no ha sido así. Nosotros somos el poder, nosotros somos el pueblo”.


África Paraíso
Director: Sylvestre Amoussou
País: Senegal
Año: 2006

Y después de esta selección… acabamos con una famosa cita panafricanista: “África para los africanos”. Estas son las palabras que se repiten en el guión de Sylvestre Amoussou que sitúa sobre el tapete una cuestión necesaria en los discursos hegemónicos. ¿Qué pasaría si Europa se fragmentara en el 2030, los índices de paro se dispararan y se provocara una fuerte migración a la inversa? Es decir, si los europeos buscaran trabajo a la desesperada en el edén africano, ¿qué ocurriría? Amoussou describe a un África donde las políticas migratorias son feroces contra los inmigrantes, donde los jóvenes africanos están súper cualificados y donde se generan, también, suburbios de blancos que buscan un futuro mejor. No hay más. Una auténtica crítica a contrapelo de la historia, como diría Walter Benjamin. Aunque la fotografía deja, eso sí, mucho que desear.

 

La inmigración desde el otro lado

inmigrantes en el Mediterráneo

Llovía y los sueños se convirtieron en pesadillas. Nadie sobrevivió a ellas. Salvo sus recuerdos. Oscuridad profunda. El naufragio de la última semana ha dejado la cifra de más de 700 fallecidos en las aguas del Mediterráneo. Pero no, esto no ha sido una “tragedia”. La palabra tragedia implica una calamidad accidental. Una desafortunada confluencia de espacio y tiempo. Y esta vez, como en tantas otras, no ha habido nada de accidental en estas muertes. Han fallecido como consecuencia directa de políticas gubernamentales nacionales y a nivel europeo. La inmigración se hunde en políticas mojadas.

Provienen de más de 20 países llegando a Libia como una especie de embudo hacia Europa: eritreos que pretenden escapar de la represión o el servicio militar, somalíes que huyen de Al-Shabaab; sirios que han perdido la esperanza de volver a casa. En pueblos de Senegal y otros países de África occidental, los que deciden emprender “el camino” venden todo lo que tienen o piden préstamos con la esperanza de una vida mejor en Europa o, tal vez, con la esperanza de unirse a algún familiar o conocido que alcanzó tierra firme.

Las motivaciones entre las decenas de miles que hacen el viaje a la costa del Mediterráneo son tan numerosas y variadas como las nacionalidades involucradas, de acuerdo con investigadores y grupos de derechos humanos. Pero en el año 2014 más del 80% de ellos se dirigió a la costa de Libia como el punto de embarque más fácil. Desde el Cuerno de África hasta el Atlántico, desde Siria y Gaza, estos aspirantes a migrantes viajan por rutas bien establecidas.

“No todo el mundo viene a España por la misma razón. Estudiar o perseguir sus sueños atraídos por el éxito de los suyos”. Quien habla es la senegalesa Mariama Badji que, tras 6 años en la Península, explica su visión de la historia en el documental Témoignages de l’autre côté, en el que se ofrece testimonios de distintos inmigrantes senegaleses que viven en España, desde el otro lado, la otra costa a la que en Senegal se refieren como “El dorado”.

A pesar de que el documental fue producido en 2011 y dirigido por la colaboradora habitual de Wiriko Estrella Sendra, en la última semana el debate ha provocado que la directora decidiera poner este documental a disponibilidad de todos. “Me gustaría que se presentara de alguna forma como un tributo a los desaparecidos… Recordando que esto es algo que empezó hace mucho y que el año pasado, cuando filmamos la segunda parte de este documental, ahora terminándose de editar, se cuestionó si el tema de la inmigración seguía siendo de actualidad… Lamentablemente, vemos que desgraciadamente sí”.

naufragio-de-lampedusa-italia-imigrantesUbicados en distintos espacios, sus protagonistas comparten su experiencia de la inmigración en un tono de debate y reflexión a lo largo de 33 minutos sin espacio para la pausa visual. Mogo Tagheu Leon, natural de Camerún, lanza una imprescindible frase para la opinión pública: “La realidad que he encontrado en España ha sido diferente de la que había imaginado cuando estaba todavía en África”. Opinión que recoge el senegalés Assane Niang afirmando que “hay trabajo y muchas posibilidades”. El debate queda servido.

Aunque sin duda, uno de los puntos dramáticos de este corto documental con una clara implicación de su autora, es cuando Assane Diouf, responsable de una casa de acogida desde 2005 perteneciente a CEPAIM, afirma, tras un silencio, que los recortes presupuestarios del gobierno español han provocado que su centro se vea obligado a negar asilo a varios inmigrantes. Otro de los dramas ocultos.

Con una fotografía que recuerda al cine directo, planos cerrados y ubicaciones inexactas, llevan al espectador por un guión que, aunque con algunos puntos flacos, es parte de la realidad que viven muchas de las ciudades españolas. La convivencia con un número cada vez mayor de vecinos del continente africano. La música de Malick con temas como “Chowli” o “Ça ira bounce” presentes en toda la obra, cierran un documental que como bien afirma Sendra, se vuelve necesario en estos días de luto e incertidumbre política.

Desde Sudáfrica también han llegado las tristes noticias de la represión que están sufriendo los inmigrantes en este país del sur del continente donde al menos 8 personas han fallecido y unas 8.500 personas se han visto obligadas a huir a los centros de refugiados o estaciones de policía la pasada semana a causa de la violencia. La tasa de desempleo en la nación del arcoíris es del 24%, y muchos en el país acusan a los extranjeros de tomar puestos de trabajo. La violencia contra los inmigrantes en 2008 mató a más de 60 personas.

Actualmente, Estrella Sendra y Mariama Badji, anterior protagonista, están coproduciendo y codirigiendo la segunda parte del documental, Témoignages du Suñu Gal, con Manuel Broullón como director de fotografía y postproducción y Pablo Lara como sonidista, así como con nuevas incorporaciones al equipo tanto senegalesas como españolas.

Passport immigration stamp

Ghirmay Andom, una voz eritrea en el exilio

Ghirmay Andom

Ghirmay Andom

Después de años trabajando en rediseñar los tambores tradicionales eritreos y desarrollando su estilo propio, Ghirmay Andom saltó a la fama a principios de 2010 cuando se llevó el 82 por ciento de los votos de la competición en África del este de Le Rêve Africain.

“Creo que gané porque usé ritmos y estilos tradicionales pero con un arreglo moderno, combinando instrumentos tradicionales con otros de contemporáneos” dice Ghirmay Andom, que califica a su música como afropop.

La vida y trayectoria profesional de este treintañero y músico autodidacta se entrelaza con la historia de su país, Eritrea. Nació en un pequeño pueblo al oeste de Asmara, pero a sus tres años, su familia dejó el país huyendo de la guerra. Cruzaron las montañas caminando para después de dos años llegar al Sudán, dónde pasó su infancia en un campo de refugiados.

Su niñez fue de lo más difícil que se puede vivir pero también con memorias bellas que han dejado huella en su música. En el campo de refugiados creció entre un ambiente internacional, viviendo junto a somalís, nigerianos, yemenís y etíopes. “Así conocí sus culturas y su música. De pequeño bailaba en las ceremonias etíopes en el campo. Vivíamos en harmonía aunque hubo una guerra muy destructiva”.

También escuchaba la radio de liberación de Eritrea con su familia. “Para mí, era como oír las voces de mis hermanos muertos que nunca había conocido y el sonido de la libertad y la esperanza que llegaría un día a la nación.” Hoy le decepciona que ese día todavía no haya llegado.

Desde hace tres años Ghirmay Andom está de nuevo en Sudan. Cuando acoge a Wiriko en el modesto cuarto que alquila en Jartum, suena la letra española de una canción de salsa – un estilo de música por la cual dice estar “loco loco loco”.

Pero cuando volvió a Eritrea como adolescente el país no daba muchas oportunidades para aprender música. Ghirmay aprendió a través de libros que le trajo un amigo escocés mientras estudiaba ciencias de la educación. Empezó a trabajar como profesor de música y drama y daba clases de salsa y baile latino a la comunidad internacional. Al graduarse, fue reclutado por el ministerio de educación para formar parte de su banda nacional, donde comenzó su carrera como músico.

Ghirmay Andom

Ghirmay Andom

“Oficialmente era para promover la cultura y la música eritrea, pero en realidad el objetivo era diferente. Era hacer propaganda para el gobierno, independientemente de si las políticas les gustaban a la gente o no. Tú estás allí como una herramienta para convencer a la gente y enseñarles que hasta los artistas cantan a favor de estos planes – a favor de esta guerra. A la gente le encanta la música y se fía de los artistas. El gobierno abusa de esta confianza. Durante la lucha por la independencia tenía un objetivo muy concreto de apurar la liberación, pero después de la guerra siguieron usándolo para mantener el poder y la dictadura.”

Al darse cuenta de los objetivos verdaderos de la banda, Ghirmay Andom empezó a rechazar participar en actuaciones que no correspondían con sus creencias, aunque significó desperdiciar oportunidades de giras en el extranjero y un sueldo mejor. Sus principios firmes le dieron la etiqueta de no nacionalista. Dice que tuvo suerte – podrían haberle castigado con encarcelación o enviándole al ejército. Pero pudo quedarse en el ministerio haciendo tareas más pequeñas. Hizo investigación cultural y trabajó en un proyecto para fomentar la educación de niñas en zonas rurales. A la vez, siguió desarrollando su música en su tiempo libre. Y después de muchos años de trabajo, produjo su primer álbum “Mslekhi iu” en 2011. Dedicó el disco a su madre quien le dió todos sus ahorros para que su pudiera trabajar en el álbum. El mismo año, uno de sus videos, el dueto “Brhan Ainey” con Milena Hailu llegó a ser el tercer videoclip  más visto en Eritrea.

Después del éxito con Le Rêve Africain, Ghirmay Andom se preparaba para hacer su primera gira fuera de Eritrea. Pero un mes antes del viaje, las autoridades le retiraron el pasaporte y le empezaron a seguir – en Eritrea una señal de que una encarcelación es inminente. Tomó la decisión más difícil de su vida. En tres días vendió todas sus cosas y dejó el país al cual tanto había deseado volver. Sin despedidas, para no poner a nadie en peligro de ser detenido.

“Quería a mi país y todo lo de allí, el paisaje, el mar, la gente. Crecí en exilio y no pensaba que volvería a este tipo de vida,” dice con la voz tambaleante. Su fuga sorprendió a mucha gente, pero a la familia no. “Saben que soy una persona franca, soy sagitario” dice riendo, “y siempre estuvieron preocupados por si acababa en prisión. Para ellos fue en parte un alivio aunque también fue muy doloroso”.

Ghirmay Andom. Foto: Wiriko/Caroline Hammargren.

Ghirmay Andom. Foto: Wiriko/Caroline Hammargren.

Al contrario de muchos eritreos que sufren raptos, violaciones y tiros al intentar cruzar la frontera, Ghirmay Andom consiguió llegar sano y salvo a la capital sudanesa en septiembre de 2011. Pero aunque la vida como exiliado en Sudan le permite un refugio temporal, tampoco es una situación estable. Agentes de la seguridad nacional de Eritrea operan en Sudan y corre el riesgo de ser detenido y devuelto. Aun así, sigue haciendo música. Ha sido entrevistada en la televisión sudanesa y de vez en cuando actúa en diferentes eventos. “Siempre estoy preocupado, pero no quiero que eso me limite las oportunidades. Soy cantante y eso es lo que hago, no puedo dejarlo porque tenga miedo. Eso es la vida que he escogido”.

Mientras tanto, espera la resolución de su solicitud de refugiado en Estados Unidos, y sueña con Chicago, ciudad que le interesa por ser multicultural y por su fuerte tradición musical. Encima del armario le espera su maleta y dos bolsos de guitarra.

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Ghirmay Andom

A pesar de todas dificultades por las que ha pasado Ghirmay Andom es de las personas que siempre sonríe. “No puedo parar”, dice con una gran sonrisa. En Jartum también estudia un posgrado en paz y desarrollo, pero sobretodo cree en el poder de la música. “Una canción puede cambiar la historia de una nación. Puede influenciar más que los políticos. Siempre tienes que estar a favor de la gente desamparada.”

Después de llegar a Sudan ha escrito muchas canciones sobre las dificultades que afrontan los eritreos. Siendo los eritreos su público principal, la mayoría de sus canciones son en tigriña, pero ha empezado a cantar en inglés y arabé. “Nunca cambiaré mi estilo pero el idioma sí porque voy a estar en otro ambiente. Para mí lo más importante es enviar un mensaje que la gente pueda comprender.”

Aunque ve su música como algo político no es muy partidario de esa palabra. “Llamarlo política es sólo un nombre. Si canto sobre las dificultades que afrontan los eritreos, para algunos eso es política. Pero no lo es desde el punto de vista de políticos que luchan por el poder. Es una lucha para los derechos humanos más básicos para la gente que los ha perdido”.