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Beats of the Antonov, cine y música de resistencia

Beats of Antonov

*Artículo escrito por Alma Toranzo (@alma_toranzo), miembro del portal de información Hemisferio Zero.

**El nombre del director aparecerá en este artículo en minúscula para respetar la grafía que utiliza él

La música de Sudán ha llegado a España con el documental Beats of the Antonov, del director sudanés hajooj kuka**, en el Festival de Cine Africano de Córdoba – FCAT 2015, que ha tenido lugar entre el 21 y el 28 de marzo. Beats of the Antonov, galardonado con el Premio al Mejor Documental en el Festival, no ha dejado a nadie indiferente. En las dos proyecciones que se realizaron en diferentes salas de la ciudad andaluza los espectadores hicieron llegar sus felicitaciones y sus impresiones al director, quien ha estado presente durante el FCAT.

El documental –Los ritmos del Antonov, en español- nos trae imágenes de los campamentos de refugiados sudaneses del Nilo Azul y de las Montañas de Nuba, unos campamentos que surgieron debido al conflicto que nació tras la separación del país en Sudán y Sudán del Sur en 2011. Pero no es el típico documental de guerra que estamos habituados a ver. Sus imágenes nos cuentan a través de la música cómo sobreviven las diferentes comunidades que se encuentran refugiadas en los campamentos. “Música de resistencia, como elemento de unión y supervivencia”, explica hajooj.

La primera vez que hajooj visitó los campamentos fue porque quería documentar qué es lo que estaba pasando allí. Pero después de pasar un día en unos de los campamentos del Nilo Azul se dio cuenta del importante papel que jugaba la música. “Cuando llegué al campamento dos jóvenes se encargaron de enseñarme todo: me acompañaban a las entrevistas, me presentaban a la gente, etc. Y cuando llegó la noche me preguntaron si quería ir a dar un paseo”, cuenta hajooj sorprendido, pues no entendía dónde querían llevarle, era de noche, estaba todo oscuro y no había nada qué ver, pensaba él. Así que se fueron y empezaron a escuchar música que venía de una boda. Después le llevaron a lo que de día funciona como colegio y había dos grupos tocando. La gente se ponía alrededor del que tocaba mejor. Había jóvenes, niños y un montón de gente bailando. Después le llevaron a otro sitio y había otro grupo tocando los tambores. “Según íbamos caminando nos encontrábamos música aquí y allá, música por todas partes. Ahí fue cuando me di cuenta que quería hacer un documental sobre la música y la identidad”.

El resultado es una visión diferente de la guerra, de la gente que vive en los campamentos de refugiados que muestran a través de su música la esperanza y el anhelo por el fin de la situación en la que se encuentran, alejados de sus casas y de sus medios de vida. La música se convierte además en un elemento de unión, pues Sudán es un país donde conviven múltiples etnias y culturas que se encuentran conviviendo en los campamentos.

Beats of the Antonov no ha pasado sólo por diferentes festivales de todo el mundo como el FESPACO, celebrado el pasado febrero en Burkina Faso, el Festival Internacional de Cine de Durban o en el Festival de Cine Africano de Luxor y ganado numerosos premios; también ha sido proyectado en los campamentos donde realizó el rodaje. “A los refugiados les ha encantado ver la película, la consideran como suya”, señala hajooj, que ha llegado a establecer muchos vínculos con sus protagonistas tras los dos años que ha tardado en grabar el documental. “Todos los días después de grabar les enseñaba las imágenes y me pedían que volviera a grabar determinadas escenas porque no les gustaba cómo habían salido o cómo habían dicho algo”, cuenta kuka entre risas.

Hajooj Kuka, director del documental Beats of the Antonov.

Hajooj Kuka, director del documental Beats of the Antonov.

Pero el trabajo de este carismático director no se queda ahí. También es el director creativo de 3ayin, que en árabe significa “mirar”, una agencia de noticias que informa sobre lo qué esta ocurriendo en Sudán contado por los propios sudaneses. “Empezamos a enseñar a chicos y chicas en la zona de las Montañas de Nuba a grabar y a editar para que fueran ellos los que documentaran lo que estaba pasando. Entre ellos, hay cuatro jóvenes que mostraron mucho interés y que han realizado muchos cortos. Incluso grabaron algunas de las imágenes de Beats of the Antonov”, explica hajooj.

Además, tiene en marcha un proyecto de teatro y cine en los campamentos. “La última vez que fui hablé con una mujer impresionante que hacía teatro antes de la guerra con su marido y pusimos en marcha un grupo de teatro. Cuando vuelva en julio o agosto espero poder grabar las escenas que representen para que pueda llegar a más gente”, cuenta kuka.

Por otra parte, hajooj kuka forma parte de un movimiento de resistencia no violenta en su país llamado Girifina, cuyo objetivo es cambiar el gobierno que se encuentra actualmente en el poder. Dentro de este movimiento en el que participa gente de todas las edades, hajooj ha realizado también numerosos cortos denunciando la situación en la que se encuentra Sudán. “No he tenido problemas de censura con la película porque es un poco artística y el gobierno no se fija en el arte, no la han seguido realmente. Tengo más problemas por el movimiento de resistencia no violenta que por el documental”, afirma hajooj.

Hajooj Kuka está convencido del importante papel que juega el cine para sensibilizar y denunciar las violaciones de derechos humanos que afirma está realizando el gobierno de su país. Además, cree firmemente en la resistencia no violenta. “Una revolución real tiene que estar basada en la resistencia no violenta. Cualquier revolución tiene que llevarla a cabo la sociedad”, afirma.

Un instante durante los "Aperitivos de Cine" durante el FCAT. -Hajooj Kuka (Beats of the Antonov), Lova Nantenaina (Ady Gasy) y Michel Zongo (La sirène du Faso Fani). Foto: Luis RIvera.

Un instante durante los “Aperitivos de Cine” durante la 12ª edición del FCAT. Hajooj Kuka (Beats of the Antonov), Lova Nantenaina (Ady Gasy) y Michel Zongo (La sirène du Faso Fani). Foto: Luis RIvera.

La resistencia del Nilo Azul gana en Toronto

Fotograma de la película "Beats of the Antonov", del director sudanés Hajooj Kuka.

Fotograma de la película “Beats of the Antonov”, del director sudanés Hajooj Kuka.

Vivir en un estado aparentemente perpetuo de guerra civil. Y entre vida y vida, la música como instrumento para hablar con el alma, alterar el estado de ánimo y encapsular el tiempo opresor. Para los agricultores y pastores sudaneses, y los rebeldes que residen en las regiones del Nilo Azul y las Montañas Nuba, la música significa mucho más. Sirve como un símbolo de su patrimonio y como una herramienta para mantener a las personas despiertas el tiempo suficiente, como atalayas vigías, para detectar a los bombarderos Antonov de fabricación rusa que descienden sobre ellos día y noche. Esta es la historia del documental Beats of the Antonov, del director Hajooj Kuka, que ha sido recientemente premiado por el público en la 39ª edición del Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), como el mejor documental.

Beats of the Antonov se construye de forma elegante hilando con suma delicadeza un mensaje político y de esperanza por la paz que sucumbe bajo la música y las risas de los primeros minutos. El trabajo de Kuka bebe de fuentes casi antropológicas para mostrar el día a día de las personas que esquivan la codicia de las bombas que caen del cielo. La irracionalidad de la situación y el horror con el que el director interpela al espectador hace que la propia butaca se quede sin aliento. Y el directo, sin trucos, el documental de cámara al hombro, muestra cómo los habitantes de estas tierras se ponen a cubierto en unas zanjas medio improvisadas. Ansiedad. Falta lenguaje. Pero la cantidad de dolor o sufrimiento por estos proyectiles cobardes queda aparcada cuando estas personas salen de los refugios con una sonrisa: la suerte de no haber sido afectados. Esta vez.

Es entonces, cuando suena la música de la rababa (un instrumento de cuerda casero). La escena es irrepetible para la pupila de un espectador normalmente ataviado de seguridad, ya que el desconcierto por el estruendo del estallido segundos antes, se difumina con la algarabía de cantos y bailes que durarán todo el día y toda la noche… Hasta el siguiente Antonov cargado de muerte. El trabajo de Kuka, producido por el reconocido sudafricano Steven Markovitz, reseña la capacidad de resistencia, la cultura, y la fuerza de estos habitantes de las montañas en Sudán, pero sobre todo, su lucha por mantener la identidad: sus raíces africanas frente a un gobierno que los está empujando a adoptar un estilo de vida más arabizado.

Kuka representa exquisitamente en su ópera prima las numerosas ramificaciones que plantea el conflicto como: el racismo por el color oscuro de la piel en comparación con la mayoría de egipcios y libios; o la importancia de poder hablar la lengua árabe en Sudán para tener más posibilidades de obtener una educación decente y ascender en la sociedad. Un racismo creciente que provoca marginación hacia los sudaneses no árabes.

Entre las duras imágenes de la guerra y la pobreza, el joven director sudanés encuentra inspiración en la música, considerada como una droga que evade y que quita el dolor de la vida por unos momentos. Y es a través de los ritmos infecciosos de instrumentos como la rababa que el pueblo se une. Sin embargo, lejos de ser un documental victimista, Kuka ofrece espacios para la reflexión y la esperanza como son las entrevistas con los campesinos, intelectuales o músicos locales que se niegan a renunciar a la paz. Así que la música y la danza, que han sido una parte tradicional de sus vidas, ahora adquiere un nuevo significado de desafío.

Quizás, como punto disonante, sea interesante mencionar la falta de crítica histórica del director sobre el porqué de la situación actual así como la necesidad de citar a algunos de sus culpables. La propia organización Amnistía Internacional denunciaba en 2011, a escasas semanas de la formación del nuevo estado de Sudán del Sur, que “China, Rusia y Estados Unidos son algunos de los Estados que han suministrado armas o adiestramiento militar a las Fuerzas Armadas de Sudán, así como al Ejército de Liberación Popular de Sudán”. Pero el mérito de Kuba es otro. Su documental se ha ganado al público de Toronto mostrando la resistencia del Nilo Azul.