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Contratos de siete cifras

Se acerca el final de 2015 y pronto empezaremos a encontrar listas de los mejores libros del año y todo tipo de balances similares. No vamos a echar la vista atrás para ver lo que se ha publicado en los últimos doce meses, aunque en varias ocasiones nos hemos felicitado al encontrar pistas que nos hacen pensar que poco a poco la literatura de autores africanos va ganando terreno. No vamos a dejar de reclamar que se equilibre una situación desigual que se ha prolongado durante siglos, sin embargo, tampoco podemos negar que el panorama literario africano se abre un hueco en una audiencia global. El año 2015 ha sido un poco mejor, pero mirando al futuro nos sorprendemos con la posibilidad de que 2016 marque un hito, que quizá no deje de ser anecdótico.

Es evidente que las grandes compañías del sector editorial internacional marcan el paso, que a menudo son las operaciones de marketing las que establecen qué autores alcanzan la proyección mundial y cuáles se quedan en la cuneta. En todo caso, durante este año también hemos tenido la oportunidad de descubrir cómo las iniciativas surgidas del continente van forzando el monopolio de esta industria eminentemente dominada desde occidente. El hito que se prepara para el año 2016 tiene que ver con esas operaciones faraónicas de lanzamientos mundiales grandes superestrellas, pero esa no es excusa para no reconocer el papel de los editores independientes y las organizaciones de autores que desde el continente africano llaman a la puerta del mercado global.

Mbue DreammersHace apenas tres semanas el diario The Wall Street Journal sorprendía con un artículo dedicado a los grandes lanzamientos que se preparan para 2016. El periódico ofrecía una lista de autores noveles que se estrenarán el próximo año con novelas por las que las correspondientes editoriales han pagado adelantos de la friolera de más de un millón de dólares. En esa selecta lista de los suscriptores de contratos de siete cifras se colaba un nombre que unos meses antes había llamado la atención de muchos de los principales medios culturales africanos. La camerunesa Imbolo Mbue es una de esas promesas editoriales que ha recibido un adelanto de más un millón de dólares.

Behold the Dreamers es el título de la novela de Mbue que vale semejante cifra para Random House incluso antes de ser presentada. En la feria de Frankfurt de 2014 ya se anunció el insospechado contrato, por la historia del chofer camerunés de un alto ejecutivo de la compañía Lehman Brothers en el momento de su caída en 2008. Después de algunas informaciones confusas (que han incluido el cambio del título previsto) ahora se ha anunciado que la novela verá la luz durante el año 2016, posiblemente durante el mes de agosto. Pero además el artículo de The Wall Street Journal rompía con otro de los misterios de esta operación. Por primera vez, se publicaba una foto de la autora, a la que algunos analistas del sector habían perseguido, sin éxito, a través de los recovecos de la red.

Gyasi HomegoingSin embargo, la información del periódico neoyorkino ofrecía una segunda novedad. Si Imbolo Mbue será recordada como la primera autora africana en firmar un cheque de siete cifras por su primera novela, no será la única. En el selecto grupo de los noveles de oro para 2016 hay otra escritora de origen africano. Se trata de Yaa Gyasi, de 26 años de edad, nacida en Ghana y crecida en Alabama. La firma del acuerdo editorial se hizo pública en la Feria de Londres de este año y dicen los cronistas que se rubricó luego de una subasta entre diez editoriales que se disputaban los derechos de publicación.

Homegoing es el trabajo que firma Gyasi y que está previsto que vea la luz en junio de 2016. La novela trata el tema de la trata esclavista a través de la historia de dos hermanastras ghanesas que siguieron recorridos vitales diferentes en el siglo XVIII. Desde ese punto de partida, Gyasi recorre 250 años de la historia de la comunidad afroamericana, desde las razzias esclavistas en la llamada Costa del Oro, hasta la actualidad pasando, por la guerra civil estadounidense, el trabajo forzado en las minas de carbón sureñas y la gran migración de la Harlem Renaissance.

Las firmes apuestas por las autoras de origen africano (que sigue la estela de las últimas publicaciones del ya valor seguro de Chimamanda Ngozi Adichie) de las grandes editoriales nos lleva a pensar que, al menos, las literaturas del continente conseguirán algunas plazas en los primeros puestos de este sector.

Cassava Republic Press, otros editores contra corriente

CRPLogoDicen que su objetivo es “alimentar la imaginación africana” y explican que su misión es cambiar “la imagen que todos tenemos de la literatura africana”. Y esa imagen renovada exige que la “prosa contemporánea africana refleje la experiencia africana en toda su diversidad” desde las megalópolis como Lagos o Kinshasa, a las pequeñas comunidades rurales más desconocidas “desde el pasado reciente hasta el futuro próximo”, según ellos. Ellos son Cassava Republic Press y sólo por estas declaraciones de intenciones ya merecen que se les preste atención. Al detenerse sobre su actividad se descubren muchas más cosas y se pone de manifiesto que lo que se merecen, en realidad, es admiración.

Cassava Republic Press es una editorial independiente nigeriana, una muestra de descabellada audacia, como las que ya hemos admirado en otras ocasiones en los casos, por ejemplo, de la sudafricana Chimurenga o la ruandesa Bakame. Se trata de una iniciativa de Bibi Bakare-Yusuf y Jeremy Weate que echó a andar hace siete años, en 2006, cuando sus promotores se dieron cuenta de dos cosas: por un lado, que los nuevos autores nigerianos tenían dificultades para publicar; por otro, que resultaba más fácil encontrar sus obras en el exterior que en el propio país. En siete años, han demostrado que su locura era, en realidad, una idea viable, han establecido contactos con otros editores independientes africanos con la misma visión vanguardista y se han convertido en editores de referencia en el panorama continental.

Frank Bures en un artículo sobre la industria editorial africana publicado en The Africa Report aventuraba que uno de los factores del éxito de Cassava Republic Press y de “una nueva generación de editores como Bakare-Yusuf” ha sido “el aprovechamiento de la tecnología y de la economía mundial para comercializar los libros como nunca se había hecho hasta ahora”. Hace referencia a dos cuestiones: por un lado, la búsqueda del mercado extranjero haciendo a Cassava (igual que a otras editoriales independientes africanas) competidoras de las grandes editoriales mundiales; por otro, de la explotación de la economía globalizada, por ejemplo la deslocalización a países más baratos de algunos de los procesos de edición, pero también de la exploración de las nuevas vías como los libros electrónicos.

Every day is for the Thief, de Teju Cole

Every day is for the Thief, de Teju Cole

Más allá de las cuestiones empresariales que sin duda son imprescindibles, pero que no son el objetivo ni de esta sección ni de este Magazín, Cassava Republic Press ha roto muchos de los moldes previos (o al menos, los pocos que había) también con su enfoque relacionado a los géneros y al tipo de libros a editar. Los responsables de la editorial han considerado que debían cultivar todos, todos los géneros por poco extendidos que estuviesen. Y así en su catálogo nos encontramos con una apuesta considerable por el libro infantil ilustrado. La verdad es que las sorpresas en su catálogo son uno de los elementos más atractivos de esta editorial. Algunas de estas sorpresas constituyen los éxitos, las medallas que la empresa ha conseguido colgarse y que forman parte de su historia; otras son más bien las apuestas, las arriesgadas y esperanzadoras apuestas.

Entre el primer grupo de los éxitos, Cassava Republic Press tiene el honor de poder decir que ha publicado a Helon Habila, un autor nigeriano que acumula numeroso premios, incluido el Caine Prize; también han publicado a una escritora que ha estado repetidamente a punto de hacerse con este galardón, pero a la que siempre se le ha negado (lo que no pone en duda su calidad), la ugandesa Doreen Baingana. Y entre las apuestas exitosas están por ejemplo Lola Shoneyin cuya The Secret Lives of Baba Segi’s Wives despertó el interés de editores británicos y estadounidenses. Cassava Republic Press ha editado por ejemplo a Teju Cole, un autor que ha cosechado un tremendo éxito y que, según se explica, inició su actividad literaria a través de un blog que despertó el interés de los editores nigerianos. Ahora Cole es un autor reconocido.

Entre las sorpresas sin resultado conocido (todavía) nos encontramos con obras, autores y géneros de lo más diversos. Entre los últimos lanzamientos nos encontramos con dos curiosidades. Soldiers of Fortune, un ensayo de Max Siollun con una gran voluntad narrativa. Siollun y Cassava Republic Press, con él, se aventuran a analizar una de las épocas más oscuras de la historia reciente de Nigeria, los periodos de gobierno militar de Muhammadu Buhari e Ibrahim Babangida y las consecuencias en la Nigeria actual. Es un ejemplo del trabajo en el terreno de la no ficción de la editorial.

Nairobi Heat, de Mũkoma wa Ngũgĩ

Nairobi Heat, de Mũkoma wa Ngũgĩ

Por otro lado, el catálogo nos ofrece entre las novedades Nairobi Heat, de Mũkoma wa Ngũgĩ. Esta novela inaugura una de las series más esperadas de Cassava, la de literatura policiaca. Su autor es un experto en literatura keniano que ha colaborado con y ha escrito para medios internacionales de renombre (desde la BBC hasta LA Times) y que, curiosamente, está relacionado de una u otra manera con los proyectos editoriales y periodísticos más innovadores de África anglófona (desde Chimurenga hasta Pambazuka News). Es además el hijo de uno de los escritores y activista keniano más popular, Ngũgĩ wa Thiong’o. Mũkoma ofrece a través del blog de Cassava una serie de consejos para los autores noveles que puede resultar muy interesantes.

What Sunny Saw in the Flames, de Nnedi Okorafor

What Sunny Saw in the Flames, de Nnedi Okorafor

Como última de las sorpresas que el catálogo de la República de la Yuca (eso es lo que significa Cassava Republic) nos ofrece hemos optado por un libro que nos llama poderosamente la atención. Se trata de What Sunny Saw in the Flames y lo mencionamos fundamentalmente porque ya hemos hablado de su autora en esta sección. La nigeriana afincada en Estados Unidos Nnedi Okorafor es probablemente una de las representantes más relevantes de la literatura de ciencia ficción en África. La publicación de su obra (que ha salido este mes) demuestra la voluntad de Cassava Republic Press de tocar todos los palos, de cultivar todos los géneros, de satisfacer todas las demandas y de escuchar todas las voces, más allá, mucho más allá de cualquier tipo de prejuicio.

Cassava Republic Press se muestra como un proyecto audaz, como una de las locuras necesarias de las que ya hemos hablado en esta sección. Igual que esas otras ideas descabelladas llevadas a la práctica por africanos con la cabeza muy bien amueblada, Cassava está llamada a ser uno de los motores de un cambio en África, pero no sólo un cambio económico, o un cambio en el control de ciertas industrias, sino un cambio profundo, un cambio de mentalidad.

¿Y si el libro digital fuese la solución?

Escolares africanos con libros digitales. Fuente: Worldreader

Escolares africanos con libros digitales. Fuente: Worldreader

La industria editorial en África se ha convertido en la eterna promesa, aparece sistemáticamente como un sector con tremendos problemas para su desarrollo, pero al mismo tiempo con un enorme potencial en caso de superarlos. El hecho es que la industria del libro en África es débil, pero en un momento en el que las industrias culturales, en general, son un sector pujante en el continente no para de buscar soluciones, de albergar iniciativas y esperanzas. Habitualmente, las tasas de analfabetismo o el bajo poder adquisitivo son los factores más esgrimidos, pero no hay que olvidar la tradición oral o la preponderancia de las lenguas europeas y por supuesto los elevados costes de producción y de distribución. Una información sobre la pujanza de una plataforma para la edición digital que se ofrece a editores independientes despierta las reflexiones, sobre todo, frente a los últimos obstáculos señalados, los elevados costes de producción y de distribución. ¿Y si no fuese necesario imprimir? ¿Y si no fuese necesario desplazar toneladas de papel, primero en blanco y después impreso? ¿Y si realmente el libro digital fuese la solución para la industria editorial africana y para el acceso a libros de los africanos?

Resulta que el teléfono móvil se ha revelado en los últimos años como una de las soluciones a muchos de los problemas de África. Los de las comunicaciones y la falta de infraestructuras, por supuesto, porque las redes inalámbricas resultan más baratas que el cableado que en muchos lugares nunca ha llegado a tenderse. Pero también, las transacciones económicas, las compras, y las conexiones a internet, en general, que abren un sinfín de posibilidades. Quizá el teléfono móvil, y tecnologías similares, tengan algo (importante) que decir en lo que se refiere a la industria editorial y al acceso a los libros.

Snapplify es una de las plataformas de edición digital más exitosas y que además se ofrece como solución a los editores independientes africanos

Snapplify es una de las plataformas de edición digital más exitosas y que además se ofrece como solución a los editores independientes africanos

La excusa ha sido una especie de campaña de Snapplify, una plataforma de edición digital, ofreciéndose como una solución para los editores independientes africanos que ha tenido repercusión en muchos medios especializados en industria editorial y en nuevas tecnologías. Los argumentos de Snapplify parecen robustos dicen que “la limitación del mercado a las librerías y los puntos de venta locales conduce a la asfixia de la industria”, mientras que el libro digital ofrece un mercado global que rebasa fronteras. Y en ese mismo sentido, recuerdan que en el libro digital las diferencias de recursos entre las grandes editoriales y los editores independientes se hacen mucho más pequeñas. Para los lectores, las ventajas pueden ser similares, el acceso a libros que de otro modo serían inaccesibles y el abaratamiento del precio del libro (aunque en este caso es necesario contar con un soporte, ya sea ordenador, tablet o smartphone, que puede resultar caro). Evidentemente, la apertura de un mercado abre un debate, con sus ventajas y sus inconvenientes.

Curiosamente Snapplify es una herramienta africana, concretamente sudafricana. Ha sido desarrollado por una compañía de soluciones digitales y con más de una década de experiencia en diferentes e-business. Se trata de un proveedor de soluciones para la edición digital que permite que el proceso de producción de una publicación digital, ya sea libro o revista, resulte sencilla y de la misma manera facilita el acceso a estas publicaciones por su compatibilidad con diferentes sistemas. Es decir, el producto final es adecuado tanto para ordenadores como para tablets y teléfonos móviles inteligentes, y del mismo modo es absolutamente compatible con formatos vinculados a Apple, Android o BlackBerry. Snapplify además modifica ligeramente el concepto de publicación, ya que las ediciones digitales permiten incorporar elementos que van más allá de la letra impresa o las imágenes estáticas. Una publicación digital de este tipo puede incorporar música o vídeos entre otros elementos.

Diagrama sobre la forma de trabajo que ofrece la propia web de Snapplify

Diagrama sobre la forma de trabajo que ofrece la propia web de Snapplify

Destrás de Snapplify está Wesley Lynch, un emprendedor sudafricano que se ha convertido en una referencia en negocios electrónicos. A Lynch parece moverle una voluntad de encontrar soluciones específicas para las necesidades del continente africano, aunque las motivaciones puede que sean más empresariales que filantrópicas (eso es difícil de saber), los resultados son aplicaciones como Snapplify. Esta herramienta nació en 2011 y de manera vertiginosa fue recabando apoyos y colaboraciones en los países de pujantes de la esfera anglófona africana, como Kenia, Nigeria, Zimbabue y la propia Sudáfrica. Sin embargo, desde África se ha proyectado al resto del mundo y se ha hecho con aliados importantes en EE.UU. y Reino Unido.

El ejemplo de Lynch y de Snapplify hace pensar en que la edición digital no sólo puede ser una solución para el mercado editorial en África, sino que puede ser incluso una herramienta que haga competitivos a editores africanos en el mercado global. Además no se puede perder de vista que Snapplify no es el único sistema en este sector sino que existen otras herramientas para la publicación digital sólo que no ha conseguido tanta proyección o no están tan ligados a África, como por ejemplo, Wobook.

Octavio Kulesz realiza un estado de la cuestión completo en relación a la situación de las ediciones digitales desde todos los puntos de vista en L’Edition numérique dans les pays en développement, un libro en el que dedica un capítulo al África Subsahariana y que se puede consultar on-line. En este trabajo, Kulesz recoge, por ejemplo, la opinión de un editor camerunés, François Nkeme, que hace un resumen muy acertado del potencial del libro digital tanto para la industria como para los usuarios: “La edición digital puede ayudarnos verdaderamente (…). Yo creo que nos corresponde a nosotros (los editores) imponerla, mostrarla poco a poco, tímidamente, en todo caso, es cierto que no tenemos nada que perder. Con la edición digital, tendremos la oportunidad de llegar a un público extranjero. Pero pienso que nosotros, como editores, si queremos sacarle partido, aquí, tenemos que empezar a transmitir que hay una versión digital, una versión electrónica que será barata, porque como he señalado la mayor parte del coste para nosotros es la impresión en papel. Quizá pasando a una versión digital, eso nos permita vender libros más baratos, a un precio accesible”.

En este trabajo de Kulesz se pueden encontrar tanto las dificultades con las que se encuentra la industria editorial actual como los obstáculos a la migración a la versión digital, pero también las posibles soluciones y las perspectivas. Entre esas perspectivas, como ya se había aventurado previamente, Kulesz privilegia el papel que puede jugar el teléfono móvil que considera previsiblemente “el verdadero protagonista en la edición digital del mañana (quizá ya el hoy) en África”.

El proyecto Wordreader se ha basado en algunas ocasiones en la distribución de distintos dispositivos para la lectura de libros electrónicos. Fuente: Wordreader

El proyecto Wordreader se ha basado en algunas ocasiones en la distribución de distintos dispositivos para la lectura de libros electrónicos. Fuente: Wordreader

En todo caso, hace años que diversos proyectos solidarios han entendido que esta, la del libro digital puede ser una buena vía de acceso a la literatura y los conocimientos, tanto en entornos escolares como domésticos. Quizá el más destacable de estos proyectos sea el de Worlreader que en diferentes oleadas ha distribuido dispositivos de lectura electrónicos en países como Nigeria o Ghana y que ha conseguido el apoyo de empresas como Amazon o de instituciones como la Bill and Melinda Gates Foundation o la fundación del F.C.Barcelona para favorecer el acceso a los contenidos.

Más allá de las más o menos acertadas iniciativas solidarias y de los análisis que requieren una mayor profundidad, la edición digital se presenta, al menos, como una nueva puerta abierta para la industria editorial, para las letras africanas y para el fomento de la lectura. Y parece una puerta a la que, cuando menos, vale la pena asomarse.