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Otsiemi: dibujo en negro de Gabon

voleurs-de-sexeUnas fotos comprometedoras que se mezclan con un atraco de altos vuelos y con una inaudita oleada de reducciones de penes conforman el grueso del argumento de Les voleurs de sexe. La masonería, el poder y la brujería son los ingredientes que terminan de aliñar esta trama policiaca. Con todos esos elementos, Janis Otsiemi construye el último de sus trabajos en el que demuestra cómo la novela negra es una buena manera de hacer un retazo de la sociedad gabonesa en la que está inmerso el autor. Ya se ha hablado en esta sección de la figura de Otsiemi, como una de las figuras más destacadas de la literatura de misterio del continente y de su capacidad para retratar los bajos fondos de Libreville.

Aunque, evidentemente, su escenario de maleantes, prostitutas, borrachos y hampones locales no es representativo de una sociedad, la trama que dibuja Otsiemi ayuda a proyectar algunos de los rasgos de la actualidad gabonesa. Las luchas de poder, el importante peso de la magia y la brujería, las sociedades secretas o los favores debidos son algunos de los elementos que Les voleurs de sexe pone de manifiesto con un ritmo narrativo magistral. La última novela de este prometedor escritor no ha abandonado el ambiente del lumpen de las anteriores pero muestra cada vez un estilo más sólido y atractivo.

Janis Otsiemi muestra una especial querencia por los bajos fondos de Libreville y, a pesar de que se ha ido haciendo un hueco en el panorama de la novela negra en francés, con las publicaciones de la editorial gala Jigal Polar, se ha resistido a abandonar el país. Un país en el que por otro lado el ambiente político resulta en ocasiones asfixiante con una de las últimas dinastías republicanas del continente. El férreo control que ejercen los Bongo (la familia que dirige los destinos del país desde hace casi cuatro décadas, primero a través de Omar Bongo y después con su hijo Ali Bongo) no impide que Otsiemi adorne una cierta crítica social al estado petrolero en su trama policiaca.

“Gabón es, sin ninguna duda, uno de los países cuya clase política no se ha renovado en los últimos treinta años. Los que hoy están en el poder y en la oposición son todos producto del difunto presidente Omar Bongo Ondimba. Y esta élite no es un modelo, ¡ni mucho menos! Lo que está en juego, durante las próximas elecciones presidenciales que se celebrarán en 2016, entre Ali Bongo y sus antiguos amigos que se han convertido en la oposición, no será más que una guerra de sucesión cuyo epílogo se vivió en 2009”, aseguraba el escritor en un artículo de Le Monde, publicado en octubre de este año.

Janis Otsiemi. Fuente: web de la editorial Jigal

Janis Otsiemi. Fuente: web de la editorial Jigal

En Les voleurs de sexe tres maleantes de poca monta se encuentran con una serie de fotos comprometedoras en el escenario de un accidente de tráfico. Los protagonistas tratarán de sacar ventaja de estas imágenes en las que se ve a los principales responsables del país en una ceremonia masónica, que socialmente se relaciona estrechamente con la brujería. La voluntad de vender las fotos se cruza con las investigaciones de la policía y, a su vez, con un extraño episodio sobrenatural. Los rumores dicen que en las calles de Libreville anda suelto un grupo de extraños individuos capaces de reducir los penes de sus víctimas sin ni siquiera tocarlos, “los ladrones de sexo”. Esta oleada de extraños asaltos amenaza con desestabilizar una sociedad en la que la virilidad aparece como un pilar inapelable.

Numerosos críticos han destacado como secreto del éxito de este escritor, además de sus historias, la frescura de su lenguaje. Otsiemi ha creado un léxico que mezcla el francés y las palabras de las lenguas locales. Pero también ha demostrado su capacidad para crear palabras en una suerte de lenguaje poético urbano, siempre impregnado del sabor de los bajos fondos, de los vapores del alcohol, el ambiente de los maquis (restaurantes/bares populares) y los flirteos de las prostitutas. La corrupción y las relaciones que configuran los tejemanejes petroleros terminan de salpimentar la prosa de Otsiemi.

Más allá de la lengua, el propio autor ha señalado que la presión y el control de los poderosos enriquecen sus narraciones. “A veces me ocurre que siento la necesidad de autocensurarme, es decir, de tomar algunas precauciones para evitar generarme molestias. Esto me obliga a utilizar eufemismos, a crear un lenguaje, a retorcer la lengua hasta los límites del hermetismo para escapar de esta autocensura”, explicaba en el mismo artículo de Le Monde.

A su manera, Janis Otsiemi dibuja la sociedad gabonesa y lo hace de manera crítica. Y no sólo eso, sino que además lo hace con maestría. Engancha y entretiene.

De la A a la I: una propuesta de abecedario de novela negra africana

A mi modo de ver, la mejor manera de saber de qué hablamos cuando mencionamos la novela negra africana es dar la voz a sus autores. Moussa Konaté afirmó al respecto que “la intriga policial era un pretexto”, que lo importante era mostrar diferentes puntos de vista de la realidad maliense. Abasse Ndione opinaba que “lo que en Europa se califica de novela negra en África es ‘literatura’ ” o que “Senegal no es una sociedad apacible. Lejos de las imágenes folklóricas, es una sociedad violenta acerca de la cual no hay mucho que inventar para escribir una novela negra”.Y por último, el sudafricano James McClure, un maestro a la hora de tratar el lado más oscuro del ser humano, comentaba en una entrevista: “el crimen te dice mucho acerca de una sociedad”.

Ahora, nuevas oportunidades se abren con la creación de editoriales sobre el género. La reciente Editorial Cordite de la mano del escritor Helon Habila y de Parrésia Publishers, quiere editar novelas sobre crimen desde África. Cordite (que, según Habila, significa un tipo de pólvora sin humo con un olor bastante distinto al habitual) está actualmente buscando manuscritos de escritores africanos, quienes deben no sólo ser ciudadanos de un país africano, sino también residir allí como condición para poder ser editados. Les anima el deseo de reactivar el mercado literario y popularizar un género, dentro del propio continente, poco frecuentado hasta hace poco.

Cartel promocional de Cordite Books

Cartel promocional de Cordite Books

Achille F. Ngoye (Zaire-actual RD Congo, 1944) inauguró el género policíaco en 1996 con su novela Agence Black Bafoussa publicada en la Serie Noir de la Editorial Gallimard (Francia), abriendo la puerta a la penetración en el continente africano “a un género jamás cultivado allí y considerado superfluo” (Landry-Wilfrid Mampika). Después, otros como Aïda Mady DialloTheo Ananissoh, Baenga Bolya, Henri Lopes o, Abasse Ndione han escrito thrillers o novelas negras.  Alexander McCall Smith, el escocés nacido en Zimbaue, alumbró a Precious Ramotswe, la primera detective de Botswana y, desde la África francófona, el gabonés Janis Otsiemi cultiva una narrativa que discurre por el camino de lo que él llama “miserabilismo” (un reflejo de la vida marginal).

En fechas más recientes, el keniata Mukoma wa Ngugi con Black Star Nairobi, la suazilandesa Malla Nun con Que los muertos descansen en paz, la zimbabuesa Jassy Mackenzie con Pale Horses,  Kwei Quartey con Murder at Cape Three Points  o la apuesta de Lauren Beukes con Las luminosas, nos confirman que el género sigue interesando y mucho.

Las obras publicadas darían para completar un posible abecedario de novela negra africana, pero propongo solo las primeras letras, una forma como otra cualquiera de conocer unas cuantas novelas de un género que hace tiempo dejó de ser menor, para ofrecernos, a través de sus tramas, una disección de las sociedades por las que transcurren y un espejo eficaz de las relaciones de poder, sociales y económicas, al tiempo que ponen la luz sobre realidades como los niños de la calle, la actuación de las multinacionales en el agro africano o la segregación racial, por citar algunas de ellas.

Afirmaba Nicole Canto, directora de la ya desaparecida Editorial granadina Zoela que “leer una buena novela negra de un escritor africano es entrar directamente en África”. ¿Lo probamos?.

A (de Asesinato)

Las luminosas - BeukesUna chica que debería estar muerta y un asesino en serie que viaja por el tiempo. Lauren Beukes crea, en un Chicago que va de adelante hacia atrás, una novela trepidante, en la que dibuja la persecución de una víctima, Kirby, tras los pasos del que intentó asesinarla, Harper, obsesionado con las jovencitas (a las que él llama “luminosas”). Persiguiéndolas desde su infancia, en la que les regala diversos objetos que ellas conservarán el resto de su vida, saltando por el espacio y el tiempo, hasta el momento en el que las mata. Las luminosas es una novela inteligente y muy bien documentada, que forma parte de esa África que escribe también con otros decorados y temáticas más universales, y que incide en la personalidad de sus protagonistas. Sobre todo en la de Kirby, la luminosa no atrapada, una mujer con una gran determinación y sentido del humor… negro.

Lo mejor: La combinación de varios géneros; novela negra y novela fantástica, sin que se resienta el resultado.

Lo peor: ¿Demasiado dura?.

B (de Brujería)

baconi - konatéCuando la desesperación acucia sólo queda la brujería, que un hechizo funcione. El comisario Habib,una creación del maliense Moussa Konaté, es un policía con aires de intelectual, alto y delgado, de aspecto frágil.  Concibe su trabajo como un deber y es consciente de que nunca tendrá un final. Habib sabe que detrás de los índices de criminalidad hay múltiples factores, como le hace saber a su joven e inexperto acompañante, el inspector Sosso. El asesino de Banconi, ambientada en un distrito pobre y marginal de la ciudad de Bamako, salpicado de chabolas y de supersticiones, magia y religión, comienza con un cadáver encontrado en las letrinas, al que seguirán otras dos muertes más. Si no se remedia la Policía Política aplicará sus propios métodos para endosar las muertes al oportuno cabeza de turco, Habib y Sosso cuentan con un plazo de 72 horas para resolver los casos.

Lo mejor: La descripción de la ciudad de Bamako, como un personaje más.

Lo peor: Constatar, una vez más, cómo se abusa de la desesperación de la gente.

C (de Compañeros)

canción del perro - mcclureHay muchas formas de hablar del apartheid. James McClure nos enseña que también es posible hacerlo a través de la novela negra y de manera excelente en La canción del perro, protagonizada por esa peculiar pareja dedetectives Kramer&Zondi o Zondi&Kramer. Dentro de un coche de policía, el único lugar en el que un blanco y un negro pueden estar juntos en Sudáfrica, el blanco desaliñado, un tanto solitario, malhumorado y en apariencia racista, y el negro elegante, inteligente, rápido y camaleónico, que sabe sacar la mejor ventaja de cada situación, alejados de estereotipos o clichés, nos enseñan una Sudáfrica racista y clasista, en la que tendrán que resolver varios asesinatos, mientras se van conociendo. La palabra “cafre” resuena en la obra de manera estremecedora, demostrando que el lenguaje puede ser tan hiriente como el golpe más certero.

Lo mejor: Nos proporciona la oportunidad de ver desde un prisma diferente lo que supuso aquel régimen inhumano.

Lo peor: Que no puedes evitar que se te pongan los pelos de punta ante aquella realidad.

D (de Detective)

ChildrenOfTheStreet-QuarteyDarko Dawson, el detective creado por el ghanés afincado en EEUU, Kwei Quartey, rompe el estereotipo que suele acompañar a estas creaciones, mostrando un esposo fiel y padre cariñoso, aficionado a los refrescos y a la marihuana. Aunque desprecia los tratos de favor y “entretenerse” en otros campos alejados de la pura investigación policial, da el tipo por su intento de no ser absorbido por el sistema. Hasta el momento ya ha protagonizado tres historias. En la segunda, Children of the street, se enfrenta a una cadena de asesinatos de niños de la calle que supone el caso más inquietante y escalofriante de su carrera. Ambientada en los barrios pobres de Accra, en una Ghana en rápido crecimiento y cosmopolita, la novela nos adentra en las duras vidas de estos niños y su brutal entorno vital, en una historia en la que el detective tendrá que averiguar si se trata de las víctimas de un monstruo solitario o son fruto de uno de esos aislados asesinatos rituales, que de vez en cuando golpean a la ciudad.

Lo mejor: Es un estupendo retrato de una ciudad, dinámica y cambiante, que la mayoría de los lectores del libro probablemente nunca han visitado.

Lo peor: La impotencia que surge al conocer uno de los lados más duros de la vida en la calle.

E (de Evasión)

la-vida-en-espiral-ndioneLa vida en espiral gira sobre  la vida de unos jóvenes senegaleses aislados en Sambay, un pueblo cercano a Dakar, y dedicados la mayor parte del tiempo a fumar yamba (nombre local del cannabis). Tras varias semanas sin cannabis, Amuyaakar Ndooy, el protagonista, decide convertirse en un sipikat (traficante de cannabis), dando un doble carpetazo, tanto a sus necesidades en relación con la yamba, como a sus problemas laborales. Se iniciará así una vida en espiral que le irá internando en diversas esferas, en las que se introduce con toda naturalidad, y que suponen un conocimiento de la implicación en el consumo y tráfico de todas las clases poderosas senegalesas. Abasse Ndione, su autor, no propone ningún juicio, su protagonista no se arrepiente ni piensa en dejar el consumo de yamba, al contrario, elogia sus efectos y los busca.

Lo mejor: Elegir un tema muy poco frecuentado en la literatura africana.

Lo peor: La descripción de las peripecias amorosas del protagonista.

F (de Fatalidad)

kuty - dialloLa venganza, dicen, es un plato que se sirve frío. Y de eso sabe un rato Kuty, la protagonista de la novela de Aïda Diallo, Kuty, memoria de sangre. El padre de Kuty es negro, peul y su madre blanca, tuareg. Estamos en 1984 y lo que la pequeña Kuty de diez años presenciará la marcará para el resto de su vida. Una banda de saqueadores tuaregs masacra, viola y asesina a la familia de Kuty. La niña crece con un anhelo principal: vengar a su familia. Convertida en una hermosísima e inteligente joven, va creciendo mientras planea, con una frialdad asombrosa, sin pizca de remordimiento, cada una de sus venganzas. A veces maquiavélica, a veces una niña herida de manera devastadora e irremediable, es difícil no sentir simpatía por Kuty y, al tiempo, no sentirse horrorizada por sus actos.

Lo mejor: El personaje de Kuty que nos recuerda lo difícil y caro que, a veces, resulta el mestizaje.

Lo peor: Recoge las características del género y las sublima en exceso.

G (de Género)

Pale Horses - MackenzieEn la cuarta entrega de la serie protagonizada por Jade de Jong, la atípica detective sudafricana, tan dura y pendenciera como cualquier homológo masculino, se enfrenta a la política, las finanzas y la operación de las multinacionales del agronegocio. El comienzo de Pale Horses parece ser fruto de un mero contratiempo. La muerte de  Sonet, un fatal salto de paracaidismo, se intenta mostrar como un accidente, pero Jade de Jong pronto comienza a sospechar que detrás hay algo más. Así, desplazándose desde la urbana Johannesburgo a la rural Limpopo, descubrirá que Sonet había estado trabajando para una organización que ayudaba a las comunidades más empobrecidas, logrando que fueran autosuficientes, mediante técnicas agrícolas. De Jong, a quien su creadora, la escritora sudafricana Jassy Mackenzie, describe como hostil y violenta en la superficie, pero muy atractiva, acogedora e, incluso, vulnerable, es un poco como la propia ciudad de Johannesburgo; donde la regla es no respetar la ley.

Lo mejor: Animar el género con una detective contradictoria y muy humana.

Lo peor: La historia requiere una gran cantidad de información por parte de la escritora para ser entendible, pero no siempre lo logra.

I (de Identidad)

caso cerrado - lopesLazare Mayele es un atractivo mestizo, con un gran poder de seducción, que se presenta voluntario en la revista en la que trabaja para realizar un reportaje sobre los últimos acontecimientos políticos en la África francófona. En Caso cerrado regresa a Mossika, un país que no figura en ningún atlas. Sin embargo, el país existe, pertenece a mi África interior, nos aclara el protagonista, el lugar del que huyó cuando tenía seis años tras el asesinato de su padre Bossuet Mayélé, del que no guarda ya ningún recuerdo. Su retorno no será únicamente una vuelta para realizar un trabajo, pretende enfrentarse a un continente que reivindica y le da miedo a partes iguales, pretende encontrar al asesino de su padre… y, en último término o quizás en primero, a si mismo. Henri Lopes, mediante una original trama detectivesca, nos sumerge en uno de los temas más frecuentados en la actualidad literaria que proviene de este continente: la de la identidad de la diáspora.

Lo mejor: Lograr que una búsqueda interior se convierta en una trama policíaca.

Lo peor: El viaje de Lazare, a veces, parece demasiado confuso.

Escaparate literario desde Costa de Marfil

Prix Ivoire1

Los premios y concursos son siempre un sistema controvertido cuando se aplica a la literatura, y son habituales las críticas desde las más variadas perspectivas, desde la falta de legitimidad de los convocantes hasta la arbitrariedad de los criterios o las intenciones mercantilistas (más que artísticas o culturales) que se pueden esconder detrás de algunos de ellos. El hecho es que todas estas condiciones se cumplen en África e, incluso, en ocasiones se suman algunas más relacionadas, por ejemplo, con enfoques neocoloniales o, incluso, de explotación (por hacer un paralelismo) de recursos, pero en este caso humanos.

En todo caso, hay un elemento que en un premio siempre se coloca en la columna de las ventajas y es la cuestión de la visibilidad. En el mejor de los casos, un concurso hace que emerjan libros o autores que estaban más o menos sumergidos. En este caso, el Prix Ivoire pour la Littérature Africaine d’Expression Francophone, tiene de alguna manera, esa virtud de escaparate, más allá de los dos millones de francos CFA de los que está dotado (algo así como unos 3.000 euros). Al margen del resultado final, es decir, del fallo del jurado, del único autor que podrá poner en su curriculum que se ha alzado con este galardón en una edición concreta, el premio que ha llegado este año a su sexta convocatoria, nos llama la atención sobre una serie de nombres. Algunos de estos autores tendrán después una trayectoria más larga y, en todo caso, se asoman a un púlpito nada despreciable.

El Prix Ivoire no tiene vocación de descubrir autores absolutamente desconocidos, teniendo en cuenta que premia libros que ya han sido publicados. Pero desde aquí, desde Europa, ésta es una buena excusa para asomarnos a la habitualmente poco accesible literatura africana. Según señalan los propios impulsores del certamen, la asociación marfileña Akwaba Culture, a modo de objetivo, se trata de “un premio africano de literatura destinado a recompensar a un autor africano por una de sus obras”.

En pleno mes de agosto, se hizo pública la lista de los finalistas del premio que debería fallarse el próximo noviembre. Pero es precisamente, este paso, el de la exposición de los primeros preseleccionados, el que cumple fundamentalmente esa labor de escaparate. Evidentemente, el premio es una iniciativa marfileña pero con una vocación panafricana (del África francófona, eso sí) impulsado por la asociación Akwaba Culture y apoyado por el Ministerio de Cultura y de la Francofonía de Costa de Marfil, la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), la Embajada de Francia en Abidjan, el grupo Librairie de France y Orange – Costa de Marfil.

La lista de estos preseleccionados nos descubre un grupo de autores africanos procedentes de cinco países, entre los que se encuentran algunos desconocidos para nosotros y otros que ya han tenido su momento de gloria, o que al menos han tenido una cierta proyección, como es el caso del gabonés Janis Otsiemi, del que ya hemos hablado en esta sección. Simplemente a modo de llamada de atención, el resto de los preseleccionados son los marfileños Josette Abondio y Flore Hazoumé, el guineano Mamadou Aliou Bah, los cameruneses Hemley Boum y Marcel Nouago Njeukam y la marroquí Badia Hadj Nasser. Vale la pena seguir la pista de todos ellos.

Por lo que se refiere a la trayectoria del premio y para seguir llamando la atención sobre autores africanos que no han terminado convirtiéndose en “superestrellas” del panorama literario europeo, pero que merecen atención, el primero de los ganadores (en 2008) fue el senegalés Racine Kane; le siguió el marfileño Tiburce Koffi; en 2010, el galardón fue para la camerunesa Elisabeth Ewombè-Moundo; en 2011 fue premiada la única obra de no ficción de este palmarés, se trató de una biografía de Félix Houphouët-Boigny, concretamente los dos últimos de los tres volúmenes de esta obra de Frédéric Grah Mel; y por último, la última laureada (en 2012) ha sido la senegalesa Mariama N’doye.

Los propios organizadores del premio reconocen que se trata de una buena manera de darse publicidad para los autores y de conseguir visibilidad, gracias a la colaboración con numerosos medios de comunicación y, aunque no lo reconozcan explícitamente, gracias al prestigio que se ha ido construyendo esta convocatoria. Una parte de este prestigio viene dada por el hecho de que el acto de la entrega se convierte en una gran fiesta de la literatura africana francófona. Por el palco de los autores invitados han pasado nombres como Aminata Sow Fall, Djibril Tamsir Niane, Cheikh Amadou Kane, Boubacar Boris Diop, Henri Lopes o Alain Mabanckou, por citar sólo algunos de ellos. En la fiesta que se celebrará en noviembre, este honor recaerá en  la ruandesa Scholastique Mukasonga y el guineano Tierno Monénembo.

Janis Otsiemi y la novela policiaca con sabor de barrios bajos

Janis Otsiemi. Fuente: web de la editorial Jigal

Janis Otsiemi. Fuente: web de la editorial Jigal

La novela policiaca no es uno de los géneros más habituales de la literatura africana. Pero tampoco se puede decir que sea una auténtica excepción. Probablemente el ritmo de urbanización del continente tenga mucho que ver con el hecho de que en los últimos años este tipo de relatos se ha ido haciendo más popular. No es demasiado extraño que sean las historias ambientadas en ciudades las que den mucho más juego a los autores que, poco a poco, se van decantando por este tipo de narraciones.

 

Cubierta de la obra Le Chasseur de lucioles

Cubierta de la obra Le Chasseur de lucioles

Janis Otsiemi es uno de los autores africanos actuales más conocidos de este género, al menos, en lo que se refiere a la literatura del África francófona. Este gabonés de 36 años ha hecho de la novela negra canalla su seña de identidad, con títulos como Peau de balle, La vie est un sale boulot, La bouche qui mange ne parle pas o el más reciente Le Chasseur de lucioles. Uno de los rasgos más destacados de este escritor es precisamente su lenguaje, con el que a pesar de publicar habitualmente en Francia, no pretende demostrar un dominio del francés. Lejos de impresionar al público galo con sus habilidades lingüísticas, Otsiemi emplea este instrumento para transportar al lector al escenario de la historia, no sólo a Gabón, sino habitualmente a los rincones más truculentos de las ciudades del país.

El propio Otsiemi asegura que se crió en uno de los más populosos bidonvilles de Libreville, la capital gabonesa. Y que su primera motivación para escribir fue mostrar a sus amigos y compañeros la realidad del entorno en el que se había movido. Por ello, Otsiemi sitúa las acciones en los bajos fondos de la ciudad, pero también por ello, emplea un lenguaje evocador, que incorpora giros y palabras en argot y en lenguas locales que seguramente hacen tirarse de los pelos a los académicos franceses. Sin embargo, la explicación que ofrece el autor es sencilla, siente la necesidad de “mancillarla” para poder poseerla y añade que esa, la manipulación de la lengua, es también una pequeña revancha contra el colonizador. Una justificación, cuando menos, curiosa.


Interview de Janis Otsiemi sur Canal Plus por Ed-Jigal
Este novelista gabonés es tan descarado como desacomplejado y su obra tiene una evidente vocación de provocación en la medida en la que adereza el misterio de la trama con la presencia de prostitutas, con la corrupción y los ambientes del lumpen más descarnado. Sin embargo, no es sólo la voluntad de provocar lo que le mueve. Otsiemi escribe además ensayos políticos y asegura que ambos géneros, la novela y el ensayo, le permiten sacar los colores a su país, poner de manifiesto y denunciar las “taras” de la sociedad gabonesa. Trabajar con el material más marginal, da la posibilidad a este escritor de mostrar esas deficiencias.

Estas condiciones y esta vocación crítica le ha valido algunos obstáculos. El pasado mes de marzo, Otsiemi fue protagonista de una cierta polémica cuando estando invitado a salón del Libro de París, las autoridades francesas le denegaron el visado justo antes de su partida de Gabon. En aquel momento, las instancias diplomáticas galas alegaron deficiencias en el proceso burocrático de demanda del permiso para acceder a la Unión Europea. Sin embargo, algunos medios entendieron esta decisión como una forma de censura hacia escritores africanos que pueden resultar “molestos”.

Estas características de una narrativa que camina por el camino de lo que él llama “miserabilismo” no ha impedido que su obra sea apreciada y galardonada. Entre los reconocimientos más importantes que ha recibido están el hecho de ser finalista en el Grand Prix Littéraire de l’Afrique Noire en la edición de 2012, y el de haber estado nominado al Prix Ahmadou Kourouma en 2013.