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Uganda, epicentro cultural del África del Este

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Chica Pokot, un grupo nacional o étnico que se encuentra entre Kénia y Uganda. Imagen de Eric Lafforgue.

Con la población más joven del mundo (el 77% de los ugandeses son menores de 30 años, mientras casi la mitad de la población no llega a los 15), Uganda es a día de hoy una nación prometedora con tantas oportunidades como retos. Mientras la industria tecnológica sigue dominando las esperanzas para el crecimiento económico del país, las economías creativas empiezan a despuntar como plataformas donde la juventud se expresa en su máximo esplendor. Ya sea desde el universo literario, las artes plásticas, el sector de la moda o desde su industria cinematográfica (Ugawood), Uganda se ha situado en el mapa regional como uno de los enclaves culturalmente más interesantes de toda África. Y uno de nuestros destinos preferidos. Siendo uno de los países más pacíficos del mundo, saltó a las portadas de varios periódicos internacionales después de que su presidente, Yoweri Museveni, y en respuesta a unos desafortunados comentarios del presidente español Mariano Rajoy, alegara que Uganda es mejor destino turístico que España.

Turistas occidentales en una furgoneta en Uganda. Imagen de Vice.com

Turistas occidentales en una furgoneta en Uganda. Imagen de Vice.com

A pesar de la mala propaganda del país (sus mediáticas políticas homófobas, un pasado sumido a la sombra del dictador Idi Amín…), común en las narrativas afropesimistas y eurocéntricas sobre el continente, Uganda no es peor destino turístico que España (país más corrupto de Europa, cuyo pasado franquista nunca fue juzgado y posición 33 en el ránking mundial de la libertad de prensa). Aquellos que creen que Uganda solo puede ofrecer visitas a familias de gorilas en peligro de extinción se sorprenderían. Para los que ven Uganda como un destino exclusivo para intrépidos viajeros y aventureros mochileros, no podrían estar más equivocados.

Wildwater Lodge, uno de los hoteles más lujosos de Uganda, situado en las Fuentes del Nilo.

Wildwater Lodge, uno de los hoteles más lujosos de Uganda, situado en las Fuentes del Nilo.

La imponente panorámica de los rápidos de las Fuentes del Nilo, en Jinja, y el retiro de The Haven, las vistas del lago Victoria de hoteles como el Cassia Lodge, experiencias culinarias únicas en la isla de Bulago como las que regala el Pineapple Bay Resort o hasta el lujoso reposo en el antiguo cráter volcánico del Kyaninga Lodge, en el interior del país, solo son aptas para bolsillos acomodados y exigentes. En este sentido, Uganda, como España, puede ser explorada desde muchas ópticas: la natural, la urbana, la de sol y playa, la de selva y sabana, la de congresos y convenciones, la religiosa, la gastronómica, la de compras…

Sin embargo, si una Uganda se está posicionando a nivel regional, esa es la Uganda cultural. Si hace pocos meses os hablábamos del DoaDoa, el mercado de artes escénicas del África del Este, hoy hay que hacer referencia a lo que se ha convertido en el festival de música y artes más importante de toda la región: el Bayimba. Después de que hace pocas semanas los organizadores del Sauti Za Busara, en la isla de Zanzíbar, anunciaran la cancelación de su edición para 2016, y se hicieran evidentes las dificultades de los festivales culturales africanos, la octava edición del Bayimba lo convierte en un puntal a aplaudir y fortalecer para todos los amantes de la cultura. Sin duda, un pilar para la promoción del turismo cultural en la región.

2015-BayimbaBayimba, la crónica: 

Del 18 al 20 de Septiembre, el recinto del teatro Nacional de Kampala acogió conciertos, sesiones de Dj’s, obras de teatro, espectáculos de danza urbana, exposiciones de fotografía, artes visuales o proyecciones cinematográficas en un entorno urbano y culturalmente abierto dispuesto a dejarse seducir. Con entradas a poco más de 1 euro, horarios desde la mañana hasta la medianoche y una programación afrocéntrica con un fuerte sabor local, el Bayimba supo agradar a todos los públicos y descubrió decenas de tendencias a la mayoría de su audiencia.

La mayor sorpresa, para aquellos que aún no los conocían, vino de la mano de Tanzania. El tanzano Msafiri Zawose, con un repertorio de música Gogo, un estilo tanzano a partir de distintos instrumentos locales como el zeze o el ndono, supo aliñar la noche con la dosis perfecta entre música melódica e hipnotizante, y los bailes frenéticos de una banda musicalmente completa, estéticamente muy cuidada y conseguida escénicamente. Si bien no se trata del vídeo del directo en el Bayimba, recomendamos el vídeo que Abdi Rashid, director de Roots International y programador de las noches musicales del Pub Choices de Nairobi, subió recientemente en su canal de Youtube.

La camerunesa Kareyce Fotso, fue otro de los ases desvelados durante el festival. Con un repertorio inflamable y 100% bailable, la cantante demostró el talento y la sensibilidad que están haciendo su sonido exportable al exterior de África, siguiendo los pasos de su paisana Coco Mbassi u otros cameruneses como el formidable Blick Bassy. Su set estuvo acompañado de dos grandes ases, el ugandés Joel Sebunjo, un grande de la Kora – instrumento tradicional del África Occidental- y el maliense Ali Keita.

Durante todo el festival, las actividades no pararon de sucederse en los distintos escenarios que infectaron de arte Kampala. Santuri Safari, un colectivo de Dj’s, locutores de radio, lo que ellos denominan “conectores culturales” y artistas de todo África del Este, estuvieron al cargo del escenario secundario. Construyendo puentes sonoros entre la música tradicional y los sonidos electrónicos más contemporáneos, Santuri Safari creó la atmósfera alternativa para el Bayimba. Una atmósfera que fue complementada por un espacio dedicado a la sociabilización y el relax alrededor de la percusión tradicional y del Ajono: un ritual en torno a una cerveza tradicional en el que el grupo se sienta en círculo y en el que cada tres minutos aproximadamente, se pasa la pajita al vecino de tu izquierda en señal de confianza.

Casi 3.000 asistentes según los organizadores, marcaron el patrón de la diversidad cultural. A diferencia de otros festivales de música y artes africanas del Sur del Sáhara, el Bayimba se caracteriza por centrarse en la cultura local y regional, algo que no tan solo empodera a los músicos y artistas de la región, sino que subraya la intención de sus promotores en apoyar el talento local sin necesidad de contar con artistas extranjeros o estrellas africanas internacionales afincadas en la diáspora. La sostenibilidad de este increíble proyecto cultural, que ha cerrado su octavo año de andadura con un éxito rotundo, tiene mucho que ver con su trayectoria anual y su inclusión de pequeños y grandes nombres en todas las áreas culturales a las que abraza. Entre ellos, la comercial y famosísima en Uganda Sheeba.

Las tiendas y tenderetes de ropa, detalles, souvenirs y moda local hicieron el agosto (en septiembre). Con todo, el impacto económico del festival en la ciudad de Kampala se hizo notar en restaurantes, hoteles y clubs nocturnos, donde los Dj’s de Santuri Safari alargaron las noches en “after parties” abarrotadas en bares de moda como el Iguana, donde la gente se desplazó en boda-boda, el transporte urbano más extendido y barato de la capital ugandesa.

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Balance: éxito rotundo.

El neorralismo ugandés

Donald Mugisha, director de la pelicula ugandesa "Abaabi ba boda boda" (The Boda Boda Thieves).

Donald Mugisha, director de la pelicula ugandesa “Abaabi ba boda boda” (The Boda Boda Thieves).

Esta entrada bien podría haberse titulado “El éxito de las coproducciones panafricanas: el caso ugandés” por la alegría de saberse entre las películas seleccionadas / proyectadas en la Berlinale 2015. Pero vamos por partes. Ante las tremendas dificultades de producir una película se impone la necesidad de buscar aliados. Ya no sólo en Europa, sino también, en el propio continente. Por eso estamos de enhorabuena. El largometraje “Abaabi ba boda boda” (Los ladrones de Boda Boda), dirigida por Donald Mugisha, ha sido un proyecto que, finalmente y tras 3 años, ha visto la luz por todo lo grande.

Esta versión ugandesa de la neorrealista italiana clásica Ladrón de bicicletas (1948), de Vittorio De Sica, es una producción de Yes! That’s us (Sí! Somos esto), un colectivo de cine “guerrilero” y panafricano que abarca la naturaleza colaborativa de la cinematografía y de la importancia de encontrar modelos de trabajo regionales y soluciones de distribución adecuadas. Es una coproducción entre Uganda, Sudáfrica, Kenia y Alemania. El crítico y también guionista Humberto Barbaro, utilizaba el término neorrealismo en 1943, un movimiento más que una escuela, como forma de protesta contra el cine académico y anquilosado. Es decir, un cine no para ricos y preocupado por el testimonio social. Y Los ladrones de Boda Boda pretende movilizar el imaginario sobre la capital ugandesa en estos términos.

Como comenta su director, quien soñaba con dedicarse a la industria cinematográfica: “En casa me instalé un software de vídeo en el ordenador e hice películas caseras con una videocámara. Nunca terminé mis estudios de comunicación de masas. Yo quería filmar. Y como algunos de mis amigos también estaban estudiando, pero realmente queríamos ser artistas, establecimos el colectivo Yes! That’s us. Hicimos películas y clips de vídeo experimental, y desarrollamos nuestro propio concepto y estilo”. El boda-boda o moto-taxi cuenta una historia sobre un joven vagabundo cuya existencia es puesta a prueba cuando un accidente deja a su padre incapaz de conducir.

En 2007 Mugisha hizo su primer largometraje (digital) con Yes! That’s us: Divizionz (2008). En este trabajo el joven director retrataba la separación de clases en Kampala. “Mis películas hablan sobre los fenómenos sociales en Uganda. No es mi intención la de predicar, pero queremos que la gente piense. Provocar. Los artistas tienen un espejo frente a la sociedad”.

Para mostrar la odisea de el éxito final de este trabajo en la búsqueda de financiación (algo parecido tienen que hacer las demás producciones) os detallamos algunos de sus hitos importantes. El proyecto ganó el premio de 10.000€ en la 10ª edición de la Berlinale Talent Campus; fue uno de los cinco proyectos seleccionados por el World Cinema Fund 71.6820€; y, antes de eso, el proyecto también recibió fondos de otras entidades financieras, incluida el III Foro África Produce de Coproducción en el 8º Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT), donde consiguió un acuerdo de coproducción con la compañía keniana Hot Sun Films.

Entre otras menciones especiales recuerda a la carrera del trabajo dirigido por el congolés Djo Munga Viva Riva! (2010), otra película que se benefició de los recursos internacionales de coproducción (Congo, Francia, Bélgica y Sudáfrica, financiado por Canal Plus y Belgium’s Film Fund). Seguiremos la pista de cerca a Donald Mugisha y a su colectivo esperando que nuevas coproducciones panafricanas lleguen a los festivales internacionales.

KLA ART 014 – Festival de Arte Contemporáneo de Kampala

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La capital ugandesa no para. Después de la recién celebrada Bienal de Kampala el pasado agosto, el arte vuelve a inundar las calles de Kampala durante un mes. Esta vez lo hará, desde el 4 hasta el 31 de octubre, con el encuentro bianual Kla Art 014 (Festival de Arte Contemporáneo de Kampala), dirigido por Rocca Gutteridge y comisariado por: Gabi Ncobo, Violet Nantume, Philip Balimunsi, Robinah Nansubuga, Moses Serubiri, Hasyfa Mukyala. En esta edición el motivo será el concepto de “Unmapped”, bajo la idea de que los protagonistas sean las voces que habitualmente no se oyen en la ciudad:

Unmapped explora los escenarios sociales de Kampala, Addis Abeba, Dar es Salaam, Kigali, Kinshasa y Nairobi, y cómo los cambios en la política económica y la influencia del paisaje, inspiran la creatividad en la supervivencia en los habitantes de las zonas urbanas no planeadas de estas ciudades. La creatividad de la supervivencia se ve, por ejemplo, en las bicicletas de los afiladores de cuchillos; en los diseñadores de moda express; en los salones de uñas móviles que utilizan un taburete portátil y se ponen en cualquier lugar de la ciudad, y en la creación de ciudades más pequeñas y de mercados alternativos fuera de la capital.”

¿Qué podremos ver durante el Festival de Arte Contemporáneo de Kampala?

Exposición:

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Un escenario muy apropiado para una edición que tiene la ciudad y sus habitantes como personajes principales, la estación de tren, que acogerá el trabajo de diez artistas de las diferentes ciudades de África del Este. A través de sus creaciones expresarán el concepto de “Unmapped” de sus propias ciudades. Los artistas que participan en la muestra son: Paul Bukenya Katamiira(UG), Francis X. Nnaggenda (UG), Helen Nabukenya (UG), Vithois Mwilambwe (DRC), Tony Cyizanye (RW), Dennis Muraguri (KE), Paul Ndunguru (TZ), Mulugeta Gebrekidan (ETH), Vivian Mugume (UG), Helen Zeru (ETH).

 

El proyecto Boda Boda:

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Este proyecto móvil, tiene a los taxis de Kampala como protagonistas. Estas populares motocicletas serán transformadas en obras de arte, siguendo el concepto asignado en esta edición “Unmapped”. Los veinte artistas ugandeses que participarán son: Anest Gabriel Shaloom (UG), Babirye Leilah (UG), DAPU (UG), Derrick Komakech (UG), Kino Musoke (UG), Grace Sarah (UG), Joshua Godwin Kagimu (UG), Reagan Kandole (UG), Simon Katumba (UG), Kizito Mbuga (UG), Immy Mali and Ian Mwesiga (UG), Sandra Suubi Nakitto and Enock Kagga Kalule (UG), Adonias Ocom Ekuwe (UG), Ogwang Jimmy John (UG), Papa Shabani (UG), Petro (UG), Richard Wasike (UG), Ronex Ahimbisibwe (UG), Stacey GillianAbe (UG), Xenson (UG).

Aparte de estas exposiciones, el Festival cuenta con encuentros con artistas donde éstos podrán explicar al público su técnica y su obra. Los workshops realizados por todo el país los pasados meses de abril y julio han dado como resultado la capacitación de jóvenes artistas y la creación de proyectos “mini Boda Boda” que también serán expuestos en la Galería Nommo durante este mes.

Sin duda Kampala se mueve y este mes estaremos con los ojos bien abiertos a todo lo que pase allá. No dejéis de seguir nuestras redes sociales y las del KLA ART 014 para estar al día de lo que ocurre.

 

La Bienal de Kampala: una nueva cita artística para una nueva África

10401406_261061180769008_1225074019494192066_nLa región del África del Este, igual como sucede con otras regiones africanas, está experimentando en los últimos años un crecimiento exponencial de sus iniciativas culturales y su mercado de ocio. Festivales de música, semanas de la moda, inauguraciones de salas y museos que exponen regularmente, encuentros literarios, subastas de arte o producciones y muestras de cine, se suceden de forma intermitente en diferentes países. Ciudades como Nairobi, Kigali, Dar Es Salaam o Kampala muestran una efervescente escena cultural y un público local cada vez más exigente que se convierte en la audiencia preferida de inversores y promotores.

El próximo guiño a los amantes del arte africano va a ser la primera edición de la Bienal de Arte de Kampala, que se celebrará durante todo el mes de agosto. Si bien Kampala ya nos había sorprendido anteriormente por ser la capital del cine made in Uganda o Ugawood o con iniciativas como la de los Garbage Collectors, la Bienal de Kampala se presenta como un proyecto innovador con la intención de mostrar obras contemporáneas de todo el continente y crear debate sobre su actual valor. Según los organizadores, se trata de dar visibilidad al arte de la periferia del mainstream informativo.

Daudi Karungi, director artístico de la primera Kampala Arts Biennale. Fuente: Growth East Africa.

Daudi Karungi, director artístico de la primera Kampala Arts Biennale. Fuente: Growth East Africa.

“La Bienal de Kampala es un proyecto del Kampala Arts Trust, un colectivo de artistas visuales y del mundo del espectáculo que vivimos y trabajamos en espacios tanto públicos como privados de la ciudad de Kampala”, nos cuenta Daudi Karungi, su director artístico, quien lleva más de quince años regentando la Africart Gallery de la capital ugandesa. “El Kampala Arts Trust está en la vanguardia del desarrollo de la industria artística en Uganda” afirma orgulloso del equipo que capitanea.

Para esta primera edición de la Bienal el emblema es Progressive Africa, que se podría traducir como ‘África gradual’. Un tema que según los organizadores, pone en jaque las dos narrativas predominantes actuales sobre África: África es ahora, que se ha convertido en uno de los lemas de la última conferencia anual Design Indaba de Ciudad del Cabo; y la tan aclamada intervención artística de África es el futuro, todo un distintivo promocional para el continente.

“El tema del África Progresiva se tiene que entender en relación a este par discursivo (ahora o mañana) del Panafricanismo actual. Kampala, como todas las demás ciudades africanas, está intentando encontrar su lugar en la nueva África. Por eso precisamente hemos querido iniciar esta nueva cita artística”, afirma Karungi a pocas semanas de estrenar la primera edición de esta bienal que se dará a pies del lago Victoria.

“45 pintores, fotógrafos e ilustradores de 13 países africanos van a presentar su percepción del estado actual de África a través de las artes visuales. Los países representados son: Uganda, Kenya, Sudáfrica, Etiopía, Angola, Ghana, Nigeria, Togo, Costa de Marfil, Zimbabwe, R.D. Congo, Mali y Tanzania”, dice Karungi, quien representa a una generación de artistas empeñados en que el afrocentrismo halle su espacio en el mercado global.

Artistas como la ghanesa Florine Demosthene, el tanzano Georges Senga, el keniano Michael Soi o los etíopes Ezra Wube o Zerihun Seyoum, son algunos de los ejemplos de obras que se podrán ver expuestas en diferentes galerías, exhibiciones temporales en las calles de la ciudad, en paredes de diferentes edificios en los barrios menos favorecidos… durante la primera Bienal de Arte de Kampala.

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“También habrá espectáculos paralelos durante toda la Bienal. Cine, talleres, instalaciones de arte en las calles…”

Pero a su vez, tal y como pasa en otras bienales de arte, tanto los arquitectos del KAB como las autoridades locales saben que su labor va a generar impacto más allá de la industria cultural. Por ello, nos dice Karungi, “la relación con la ciudad de Kampala es de máximo interés. Tenemos el respaldo del Ayuntamiento de Kampala y del gobierno de Uganda. Nos hemos asociado con la Oficina de Turismo de Uganda y con el Ministerio de Turismo, para poder afianzar la continuidad de la bienal”, asegura su director.

Y es que no son pocas las experiencias que demuestran que una bienal puede posicionar una ciudad en la cabecera de las preferencias para el turismo. La de Venecia, en Italia, queda fuera de toda duda. Pero ejemplos africanos como el de la Bienal de Dakar, en Senegal, ya han demostrado a lo largo de décadas ser capaces de hacer mella en los procesos de desarrollo de la ciudad, y por extensión, del país.

10338742_262539963954463_5294400463612979775_n“Los miembros del equipo del KAB hemos estado en diferentes bienales, incluida la de Dakar, durante los últimos veinte años y durante todos estos años hemos ansiado organizar una en Kampala. En este tipo de eventos se hacen muchas amistades y contactos, y ahora que estamos a punto de encender la llama de la KAB, ahí estarán comisarios, críticos de arte, artistas y profesionales del sector artístico que hemos conocido en este círculo” remarca el galerista y artista ugandés.

Ante el previsible éxito de esta primera edición de 2014, acechan las dudas sobre las causas de no haber iniciado un evento como este con anterioridad, siendo Kampala una de las ciudades africanas que más rápidamente se están desarrollando y una de las más agradables para el turista. “Nunca tuvimos un evento como éste en Kampala porque mucha gente tenía miedo de probar y pánico de fracasar, así que se conformaron con pequeños eventos locales, mercados y exposiciones” opina Karungi. “Vamos a hacer la Bienal de Arte de Kampala para romper las barreras continentales y generar intercambios entre los artistas africanos y los diferentes profesionales del sector de las artes”.

‘Garbage Collectors’: arte, reciclaje y cambio social en Uganda

Johannesburgo. Foto: V.Anaya

Johannesburgo. Foto: V.Anaya

Un proyecto de conservación ambiental del joven colectivo artístico ugandés Afrika Arts Kollective muestra cómo el arte es un buen catalizador de los retos a superar en escenarios de desigualdad, siempre cambiantes y en crecimiento, como son las ciudades africanas.

El aumento de población urbana en África –UN-Habitat prevé que aumente del 40% actual a casi un 60% de la población en 2050– y la consecuente expansión de las ciudades africanas, hacen necesario un replanteamiento constante del modelo de ciudad y su gestión. Aunque el ratio anual de crecimiento urbano va disminuyendo paulatinamente según las previsiones de la ONU, lo cierto es que la población urbana va aumentando. El crecimiento en las tasas de natalidad, el descenso en las de mortalidad o el éxodo rural de una población que busca mejores oportunidades laborales en las urbes, son algunas de las causas de este crecimiento y convierten a Lagos (18,9 millones), El Cairo (14,7 millones) o Kishasa (14,5 millones) en megaciudades con altos puestos en el ranking mundial.

El acelerado crecimiento de las ciudades y la imposibilidad de estas de absorber la creciente población, fomenta el establecimiento de slums o asentamientos informales donde la población vive con unas pésimas condiciones de vida. Esto plantea nuevos retos para los gobiernos, como la gestión de residuos que se ha convertido en uno de los más acusados y en uno de los mayores obstáculos en las grandes urbes africanas.

Gugulethu (Cape Town). Foto: V.Anaya

Gugulethu (Cape Town). Foto: V.Anaya

Gisa Brian, director creativo de Afrika Arts Collective, nos cuenta que Kampala (Uganda) está experimentando un intenso crecimiento demográfico y que genera hoy en día aproximadamente 30.000 toneladas de residuos al mes. Siendo consciente de los riesgos que conlleva esto para la población y de la necesidad de velar por el país como importante destino turístico, el Ayuntamiento de Kampala lleva varios años trabajando en la optimización de la gestión de residuos en la ciudad. Las estrictas normas de recogida y separación de la basura han ido fomentando una conciencia social en torno a esta cuestión.

La filosofía del proyecto de conservación ambiental Garbage Collectors(Recolectores de Basura) es que “la basura es arte” y como tal “la basura nos muestra qué es valioso y qué no, utilizable o inútil”. A partir de aquí, los cinco artistas participantes Ronex, Nabukenya Hellen, Xenson, Sandra Suubi y Ruganzu Bruno, junto con estudiantes y voluntarios del proyecto y bajo el lema Don’t Trash it! Art It! Function it!, han trabajado estos meses en la recogida de residuos en diferentes puntos de la ciudad para crear con ellos una obra de arte (dentro de las áreas de escultura, fotografía, instalación, moda y vídeo). Esas obras hoy forman parte de la exposición colectiva Garbage Collectors visitable en el Museo Nacional de Uganda hasta el 30 de abril.

 

Proyecto artístico de la comunidad Sandra Suubi

Proyecto artístico de la comunidad Sandra Suubi

La utilización de elementos reciclados para crear arte tiene una importante tradición en el continente. El profesor y crítico de arte Yacouba Konaté en A Companion To Modern African Arts nos presenta el movimiento Vohou-Vohou de Costa de Marfil, en el cual durante los años setenta, artistas formados en la Academia de Bellas Artes de Abidjan rechazaban su tradición académica occidentalizada mediante la utilización de materiales reciclados combinados con símbolos y tejidos propios del arte tradicional africano.

Actualmente el ghanés El Anatsui, uno de los escultores más prolíficos del continente desde que emergiera como artista también en la década de los setenta, es uno de los referentes en cuanto a la utilización de materiales reciclados para crear sus obras, esas grandiosas esculturas en forma de cortinas de metal y tejido Kente ghanés. A propósito de su obra Peak Project, creada con latas y alambre, el artista cuestiona la escasa tecnología del reciclaje en África Occidental:

 

ElAnatsui - PeakProject

ElAnatsui – PeakProject

“Un montón de cosas que se hacen en Europa y América, y que son enviadas aquí, llegan en determinados tipos de envases. Por ejemplo, la leche fresca viene en latas. También tenemos nuestra propia leche, por supuesto, pero además hay enormes importaciones de leche desde el exterior, a la que se accede en forma de latas”.

Otros muchos artistas trabajan en torno al “arte y reciclaje” como el congoleño Maurice Mbikayi,o el proyecto tanzano Wonder Workshop s, que trabajan con materiales reciclados para construir a través de ellos un discurso crítico y social, de gran importancia en la actualidad.

En esta misma línea, Garbage Collectors explora la conservación ambiental a la vez que genera propuestas creativas para cumplir con el objetivo con el que nacieron a finales del año pasado: El principal objetivo de la organización es facilitar el cambio social a través del arte y la cultura mediante el desarrollo de una red creativa y socialmente comprometida que fomente las creaciones artísticas a través de la experimentación, la co-creación, el aprendizaje y el desarrollo del conocimiento”.

La respuesta social ha sido muy positiva en su entorno, en parte porque la población ugandesa tiene una gran conciencia sobre el reciclaje. Ello ha facilitado la transmisión del discurso que hay detrás de las creaciones, que en palabras del propio colectivo es “contextualizar el interés contemporáneo en la basura dentro de un marco cultural, histórico y político, así como refinar el pensamiento crítico, el pensamiento creativo y una variedad de habilidades de investigación en torno al arte”.

El trabajo de estos artistas y colectivos y su presencia internacional es vital para aproximarnos desde una perspectiva artística y crítica a una de las más acusadas realidades del continente: la mala gestión de los residuos y la acumulación de basura que inunda las calles de muchas ciudades. Esta crítica, que debe ser planteada a nivel global, también cuestiona el consumismo de las sociedades contemporáneas o la obsolescencia programada de los bienes de consumo, que muchas veces van a parar a África.

A la vez es una lección sobre el importante papel que desempeñan las iniciativas sociales y ciudadanas y sobre la potencialidad que tiene el arte para sensibilizar en torno a cuestiones tan presentes en la agenda internacional como es la conservación del medio ambiente.

Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro (El País) el 23 de abril de 2014

The Spoken Word Project: Slam panafricano work in progress

spokenwordprojectYa os hemos hablado en esta sección del slam, casi como un nuevo género emergente, una combinación en realidad de diferentes disciplinas y de influencias (locales y globales, modernas y tradicionales). También se destacó su carácter de movimiento, un movimiento prácticamente panafricano, porque se reproducían los mismos esquemas en países de todo el continente, pero también porque muchos de los grupos tenían contactos entre sí, aunque eran informales, casi personales. Ahora, sin embargo, nos encontramos con un ambicioso proyecto que plantea estas condiciones continentales de manera más evidente. Auspiciado por el Goethe Institut de Sudáfrica llega The Spoken Word Project, un concurso-demostración continental que se desarrolla sucesivamente en Sudáfrica, Madagascar, Camerún, Angola, Mali, Uganda, Kenia y Costa de Marfil. De hecho, el proyecto está ahora mismo en pleno desarrollo.

En realidad no son tanto los países los que participan en esta iniciativa, sino más bien las ciudades, nadie duda que el slam es un movimiento eminentemente urbano. Por este motivo, el planteamiento del proyecto es conectar a través del verso y la poesía declamanda Johannesburgo, Antananarivo, Yaundé, Luanda, Bamako, Kampala, Nairobi y Abidjan.

El proyecto comenzó a circular el pasado mes de mayo, iniciado el viaje en Johannesburgo, ya que uno de los elementos fundamentales de la iniciativa es la itinerancia, pero no una itinerancia cualquiera, sino una que liga, que va cosiendo los lugares por los que pasa. Este es el sentido de que las demostraciones y los concursos no se desarrollen simultáneamente sino de manera sucesiva. Las reglas del concurso adoptan de esta manera una de las propias características de la historia que tiene la capacidad de viajar rebasando cualquier tipo de frontera y que además en cada etapa de su viaje se modifica, se repiensa, se personaliza, se adapta y se recrea. Al mismo tiempo, el viaje es también una realidad muy africana. Las migraciones dentro del continente son una realidad tan antigua como el propio suelo sobre el que se producen y el proceso ha ido configurando lazos y relaciones insospechados, entre comunidades, a veces, entre etnias, o entre países.


Es así cómo The Spoken Word Project va creciendo a medida que viaja, cómo en cada una de sus etapas suma algo. El viaje comenzó en Sudáfrica en mayo y de todos los participantes fueron seleccionados Noel Kabelo “KB” Ringane, Sbu Simelane, Sabelo Ayanda Lushaba “Juba”. Sus actuaciones se proyectaron en Antananarivo, la segunda etapa, antes de la competición en la capital malgache. Los slamers debían añadir a sus actuaciones algún elemento que hiciese referencia a las demostraciones que ya se habían realizado en la sede anterior, ya fuese continuar con un tema, compartir un objeto o repetir un personaje. El objetivo es que la historia viaje como siempre ha hecho y que a su paso vaya creciendo, vaya tejiendo relaciones insospechadas entre narraciones y artistas, que vaya configurando una red continental hecha en realidad de poesía y oralidad. De Johannesburgo, el ovillo pasó a Antananarivo, de allí a Yaundé, para viajar luego a Luanda, la siguiente etapa fue Kampala y aún están pendientes los pasos por Nairobi, Abidjan y Bamako.

The Spoken Word Project es, en realidad, una muy acertada elección. Por un lado, el slam es una realidad que cada vez más aparece y crece en los entornos urbanos. Por otro lado, tiene un alcance prácticamente continental, desde Dakar hasta Addis Abeba se pueden encontrar colectivos que con más o menos medios, con más o menos organización hacen veladas de slam. Además, el slam encaja perfectamente con la tradición africana de narración oral, de poesía declamada y de importancia del acompañamiento musical, pero al mismo tiempo se proyecta hacia el futuro, a través de influencias y de interacción con manifestaciones en otros lugares del mundo y de la incorporación de las nuevas formas de comunicarse y de tejer redes.

No en vano, uno de los puntos fuertes de The Spoken Word Project es la publicación de los vídeos de las interpretaciones en un espacio web gestionado por el Goethe Institut y una de las principales maneras de difundir la actividad es una página de Facebook que no hace sino reforzar esas redes que se van tejiendo. Si las historias que se recitan en las interpretaciones se van cruzando entre sí, las redes sociales, y Facebook concretamente, son el punto de encuentro, el ágora en la que se ponen en común y se dan a conocer al resto del mundo.

Ugawood: La industria de cine incipiente en Uganda

El cartel Ugawood Hill preside una delas siete colinas ugandesas.

El cartel Ugawood Hill preside una de las siete colinas ugandesas.

La todapoderosa industria nigeriana de Nollywood, entre las primeras del mundo, es un claro referente y exponente del mercado en el cine africano, uno de los motivos por lo que la sombra se hace pronunciada en otros puntos del continente. Sin embargo, el panorama cada vez se hace más heterogéneo, o eso parece. Con apenas una producción de 30 películas al año, Ugawood, la industria emergente en Uganda, se hace notar a pesar de que todavía se encuentra en sus primeras etapas. El binomio que se establece, de tipología “gore”, al relacionar Uganda con el general Idi Amín se nos reduce a un pasado sumido en las tinieblas. Opaco. No obstante, el actual marco sociopolítico y cultural invita a reflexionar sobre las nuevas tendencias en el país al que Winston Churchill, uno de los primeros “turistas” occidentales en visitar el país, le pusiera en 1907 el sobrenombre de “la perla de África”.

La próxima cita política en Uganda tendrá lugar en 2016 cuando el actual presidente Musevini cumpla en el poder 27 años. Del otro lado, la esfera cultural busca una mayoría de edad que le ha sido secuestrada desde la independencia del país en la década de los sesenta… Y así lo reconocía en una entrevista para African Screen la ugandesa Caroline Kamya quien dirigiera la laureada Imani (2010), al subrayar que en el país se realizan desde hace unos años y con mucho esfuerzo tres tipos diferentes de filmes: películas de cine dirigidas a una audiencia de cine local e internacional, como la mencionada Imani, Divizionz (2007) o la reciente The Ugandan (2012) nominada a la sección oficial del último FESPACO; los cortometrajes experimentales; y el Ugawood o Kinna-Uganda, que se asemejaría a las películas de Nollywood, grabadas y editadas en una semana. Precisamente, en el año 2005 se producía Lucha de sentimientos dirigida por Hajj Ashraf Ssimwogerere a la que se le atribuye ser la primera película de Ugawood.

Lucha de sentimientos (2005), primera película Ugawood, dirigida por Hajj Ashraf Ssimwogerere.

El término Kinna-Uganda fue acuñado en Uganda y se utiliza con frecuencia para definir películas producidas únicamente por ugandeses, es decir, de cosecha propia; un fenómeno popular, que surge de la tradición establecida del teatro. Los escasos estudios sobre Ugawood subrayan que el crecimiento potencial de Ugawood tendría la virtud de servir como una válvula de expresión de bajo coste para el pueblo ugandés.

Después de El último rey de Escocia (2006), en el que un espléndido Forest Whitaker se hacía con el Óscar al mejor actor por su interpretación en el papel del dictador Idi Amín, el resto de la crítica internacional situó sus lentes en los artistas ugandases que nutren el Ugawood. Bajo la duda de la calidad de unos guiones que recurren a la adopción de tácticas economicistas (lo que implica la creación y la edición de una película en unos días para luego venderlas en las calles) y con unos métodos cinematográficos ambiguos (actores muy mal pagados y producciones que viven en las especificaciones de un video casero de aficionados) es un importante revulsivo para aquellos que no encontraban la manera de unirse a esta industria y de financiar sus propias producciones independientes.

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Afortunadamente, los programas como el Laboratorio de Cine Maisha (Maisha Film Lab) están ayudando a crear un futuro más brillante para la industria del cine de Uganda. Maisha que en Kiswahili significa “vida” fue fundado por la directora nominada al Óscar Mira Nair y su objetivo es formar a jóvenes talentos en Kenia, Uganda, Tanzania y Ruanda. Desde su inauguración en 2004, 400 participantes han tomado parte, como guionistas, actores, realizadores y editores.

Los festivales de cine también juegan un papel crucial en Uganda. Desde 2004, el Festival Internacional de Cine de Amakula Kampala se ha convertido en un evento anual.  De septiembre a diciembre se centra en la creatividad local e invita a los cineastas a presentar sus trabajos y participar en talleres y seminarios donde les enseñan cómo aprovechar al máximo las grandes ideas con limitados presupuestos. Ugawood no representa los mismos números que Nollywood, Bollywood o Hollywood, pero se presenta como un nuevo foco de inversiones para la creatividad en uno de los países más jóvenes de todo el mundo.