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Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

“Al salir del armario me he convertido en un ciudadano real”

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

* Esta entrevista ha sido publicada originalmente en El País – Planeta Futuro, por un acuerdo de colaboración entre Planeta Futuro y Wiriko.

El pasado diecinueve de enero, el día después de su aniversario, Binyavanga Wainaina publicaba en el blog Africa Is A Country el capítulo no publicado (lost chapter) del libro Algún día escribiré sobre África (Sexto Piso, 2013) “Mamá, soy gay” (I am a homosexual, mum). El titular dio la vuelta al mundo: una de las mentes más brillantes de la nueva generación de africanos talentosos y el escritor keniano más famoso, había salido públicamente del armario y se situaba en el eje de los debates sobre la homosexualidad, dentro y fuera de África.

Binyavanga Wainaina, fundador de Kwani Trust –la red literaria anglófona más relevante del África del Este–, ganador del Caine Prize para la escritura africana en 2002 por su relato corto Discovering Home (G21Net, 2001) y autor del viral e hiriente relato corto Cómo escribir sobre África (Granta, 2005), nos recibe en el porche de su modesta casa, en el nairobense barrio de Karen, con una de sus túnicas fashions, cabeza afeitada con una franja de pelo azul y cigarrillo en mano. Su asistente Isaac y su viejo perro Toni nos acompañan junto a unas tazas de té con leche y unos mandazis (una especie de pan frito que suele ser el desayuno para la mayoría de kenianos y tanzanos).

Durante un rato Wainaina juega al rol de periodista interesado sobre la política, la historia y los movimientos independentistas actuales en España. Se habla sobre la crisis. Sobre la situación de Europa. Sobre la migración de europeos en busca de una vida mejor en África. Y después de un par de horas distendidas, con el desayuno acabado, empieza la grabación…

A sus 43 años, este keniano inquieto, bohemio y creativo dice estar apasionado por la creatividad que emerge del continente. “Lo que he hecho en los últimos diez años, cuando no he escrito, han sido cosas en el mundo literario. Trabajo con talentos. Talentos jóvenes africanos, particularmente en inglés”, reconoce con orgullo. “Lo que ha pasado en la última década es que se han vuelto a abrir muchos espacios creativos, llenos de productores creativos contando sus propias historias en el cine, en la literatura… ¡Y todo esto me fascina!”.

La generación del FMI

“Yo llamo a mi generación, la generación del FMI. Somos la generación que vio la clase media derrumbarse a finales de los ochenta y los noventa con los condicionamientos que impuso el FMI como no conceder subvenciones para la educación. La gente se fue o fracasó. Fracasó, fracasó y fracasó de nuevo hasta que se pudieron alimentar de sus propios frutos. Nos volvimos, no sé… diferentes, más fuertes, más cínicos pero más anti autoritarios durante un tiempo. Los movimientos anti democráticos crecieron mucho y seguimos por esos derroteros. Y en cierto sentido, esto es lo que significa ser africano a día de hoy”, afirma el escritor.

El que fuera director del Centro Chinua Achebe para artistas y escritores africanos de Nueva York reconoce que lo suyo no era la vida en Occidente. “Estaba aburrido. Cuando venía aquí [Kenia] era más osado, yendo y haciendo mis cosas. Tener un gran puesto institucional en Estados Unidos suponía un rol más burocrático, político, de Universidad… Llegué al punto donde pensé para mí mismo: me he estado mintiendo sobre ese afropolitanismo de que puedes construir una institución literaria africana ahí fuera, en Nueva York, y eso es mentira. ¡No puedes!”, explica mientras reconoce que el lugar donde se pueden crear esas instituciones es precisamente en África. “Así que dejé mi trabajo y volví. Soy uno de esos que creen en el crecimiento y la regeneración africana. Por eso estoy aquí. Quiero estar aquí mientras pasa este huracán de cambio, para lo bueno, lo malo y lo feo. Para pelear con lo malo, para golpear desde dentro de los buques de las buenas intenciones e irme con ellos. Y producir. Y escribir. Y pensar”.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Y su lucha e implicación desde lo creativo es indiscutible. No es casualidad que su homosexualidad salga a la luz en un momento en que países como Uganda o Nigeria institucionalizan la discriminación sexual con graves leyes homófobas. Donde en su propio país, Kenia, las retóricas homófobas hierven públicamente. La recientemente aprobada ley anti-homosexual de Uganda hace punibles con cadena perpetua las relaciones o el matrimonio entre personas del mismo sexo, y puede penar con siete años de prisión a todo el que “ampare” o “incite” a la homosexualidad.

El escritor responde a bocajarro sobre el tema. “Cuando te conviertes en ese tipo de personas de clase internacional, que se llaman a sí mismas intelectuales, y estás cambiando la imagen del continente eres completamente inmune, como si permanecieras ajeno. La forma en la que interactúas está plenamente infectada por esta inmunidad. Y puedes tener compasión por quien no tiene este salvoconducto. Así que diría que en cierto sentido político me he convertido con este acto en un ciudadano real”, confiesa refiriéndose tanto a su vuelta al continente como a la acción pública de salir del armario. “Fue una cosa profundamente personal, por supuesto. Hay toda esa mentira mala que no dices. Que todo el mundo de tu alrededor sabe. Hablas de todo tipo de cosas en público sin temer, de alguna forma, las consecuencias que puedan caerte encima… Y decides dar el paso”.

Estigmatizar a los homosexuales

Para él, la vulneración de los derechos del colectivo LGBTI y su estigmatización social en África es un instrumento populista que esconde intereses políticos más profundos y pretende generar sentimientos de unidad nacional que la religión, por ejemplo, no consigue crear.

“El Gobierno lo está utilizando como una vara política. Es un tema muy conveniente para las elecciones. Dará una victoria bien sólida para ganarse al electorado. Sin embargo, la policía no lo va a aplicar, ya tienen suficiente trabajo luchando contra los ladrones. Pero lo que es más peligroso es que habrá más vigilancia social. El Gobierno ha generado leyes permisivas para que la gente gestione las cosas fuera de las manos del Estado”.

Aunque cree que eso se va a extrapolar y que los más pobres van a ser los que sufran las consecuencias más crudas de este tipo de leyes. “La gente económicamente vulnerable estará en riesgo; en un riesgo aleatorio. Las consecuencias reales son un creciente sentido del miedo y la amenaza en el dominio público. Incluso otros asuntos aparte de los homosexuales. Esta ley fue validada para reforzar tus miedos y permitir a los Estados mantener el control”, afirma con preocupación mientras enciende un cigarro.

Es precisamente su responsabilidad en torno a la situación social que lo rodea lo que le empujó a dedicarse al mundo de la literatura. “Trabajaba con una editorial llamada Character, muy conocida en el Reino Unido y me facilitaron una edición de su revista Africa Issue publicada en 1994. Estaba leyéndola en el tren, porque por aquél entonces estaba haciendo un máster en Inglaterra, y pensé: ¡esto es terrible, es Inglaterra y por falta de algo mejor que esto así es como escriben los escritores africanos en todo Londres! Eran escritores bien reconocidos pero no pudieron encontrar ni a uno, que pudiera escribir correctamente sobre África. Bueno… Encontraron solo a uno…”. Sonríe.

“Los reportajes de la revista tenían un barniz misionario, del tipo ‘salvar a África’ y este tipo de tonterías. Y fue realmente chocante ver algo así. En plan: ¿Me estáis diciendo de verdad que una revista rigurosa puede editar algo así? Así que envié un mail larguísimo al editor analizando toda la revista. Un año más tarde decidieron hacer otro número de African Issue y me pidieron escribir algo. Justo en ese momento creo que yo estaba editando Kwani? así que seguía posponiendo ese algo para ellos, hasta el último día, que el editor Matt Weiland, me dijo: ‘¿Por qué no escribes sobre ese mail que me enviaste?’. Lo hice, pero con una condición: que fuera accesible en Internet. Se subió a la red gratuitamente y fue algo incendiario que ahora está en todas partes”

Portada de 'How to write about Africa' o 'Como escribir sobre África'.

Portada de ‘How to write about Africa’ o ‘Como escribir sobre África’.

Así nació su premiado ensayo How to write about Africa (¿Cómo escribir sobre África?).

“Mis amigos occidentales me dijeron –¡Oh!, no sabíamos que esta fuera la realidad. Pero el poder siempre te hace inocente, ya lo decía hace quince años Chinua Achebe en su escrito crítico Heard of Darkness y todos repetían también lo mismo: “¡Oh!, no estábamos al corriente”. En Occidente, mi ensayo me otorgó mucha fama. Tuve encuentros con la presidenta de Alemania, el presidente de Noruega y todos me decían: –Gracias, este escrito es la verdad”, reproduce Wainaina con voz sarcástica.

“Pero todo era una pantomima, nada ha cambiado. Es verdad que cuando las dinámicas de poder están cambiando puedes tener este tipo de conversaciones, por eso escribí ¿Cómo escribir sobre África?, por si acaso lo habían olvidado. Esto es de lo que trata mi ensayo. Recordar dónde estábamos hace cien años en nuestra relación, particularmente con Europa y Occidente. Y hay que decir que estamos en el mismo lugar que en 1881. Por si acaso lo habían olvidado, nada ha cambiado realmente en nuestra relación”.

¿Es ese fantasma colonial el que sobrevuela conceptos como la moda del afropolitanismo y los afropolitanos?, le preguntamos. Wainaina coje aire. “Es un tipo de identidad que no asume ningún tipo de responsabilidad. Consume. A veces crea. Pero no tiene ninguna residencia en ningún valor sólido. Es una moda. Es una moda guay que no tiene piernas. No va a durar mucho pero si es bueno para darnos piezas de ropa bonita no me importa”, bromea este confeso amante de la moda.

“Achille Mbembe [filósofo camerunés] escribió algo sobre afropolitanismo y creo que su idea era bien diferente a la que viene recogida como mercancía. Una de las cosas maravillosas de ser africano es que tienes sociedades con espacios que de forma extraña nunca han sido colonizados hasta el punto de que la media en el África urbana habla cinco lenguas. Se vive en una sociedad donde el sonido de varias lenguas y culturas es parte de quién eres, y te sientes muy cómodo siendo parte de este cosmopolitismo. Así que cuando piensas en qué significa, en términos de Estados coloniales, claro que estos Estados definieron lo que fue la realidad cosmopolita. Y casi todos nuestros problemas políticos derivan del hecho de que tienes esta herencia cosmopolita que ha topado con las realidades locales. Si tenemos que pensar en el afropolitanismo como un cosmopolitismo de tipo occidental sobre la diáspora… La verdad es que no tengo tiempo para ello”.

Discurso africanista

El escritor es un pieza clave de las nuevas voces africanas. Un engranaje indispensable con un discurso africanista capaz de pintar con sus palabras escenas que dibujan imágenes de una África muy diferente a la de las primeras generaciones de escritores continentales. Se trata de un escritor que rehuye del encasillamiento y las etiquetas absurdas y vacías. “¡No puedo soportar el dogma!” exclama con las manos en la cabeza para sentenciar: “Mi cuerpo no lo acepta”.

¿Qué es lo que más le aburre?

“Creo que formar parte de la clase media africana ha sido un gran asunto con el que lidiar. La clase media africana somos las mejores jodidas máquinas de aprobar exámenes. Cualquier cosa que interfiera en este proceso como imaginar, leer… Es un problema. Si estás en un continente donde todo se trata de “re-”, como en países como Nigeria, que se re-industrializan, o conceptualizan las cosas suponiendo que debes empezar cosas nuevas, lo que te encuentras es con una clase media con terror a innovar. A probar cosas nuevas. Somos muy buenos si nos dicen –haz las cosas así y asá… Y lo haremos excelentemente. En Estados Unidos o el Reino Unido existe de forma muy visible –y estoy muy interesado en esta clase de excepcionalismos–, africanos trabajando de forma increíble en altas instituciones bancarias. Toda esta gente terminaron el instituto y se fueron. Los que hicieron físicas, están en la banca. Los que estudiaron literatura o filosofía, están en la banca. Algunos vuelven ahora que hay un crecimiento turbulento de la economía con capital de sus maestros, los bancos. Algunos están ya retirados con dinero de sus bancos y ahora son inversores aquí”.

Pero el crecimiento económico del continente también ha ido acompañado de un boom en el campo de las industrias creativas africanas, y en concreto del universo literario. “Creo que los escritores africanos estamos de moda ahora mismo, y esto es maravilloso”, nos dice mientras compara la literatura anglosajona africana o india con la literatura de América Latina producida en español. “Hay un mundo anglófono, para lo bueno y para lo malo. La gente en Inglaterra no tiene ni que pensar en ello. Pero nosotros sí que lo hacemos. Tienes que pensar en qué hay en el mundo anglófono porque si no lo haces chocarás con las puertas del infierno. Tienes uno ojo allí y otro aquí”. El autor está convencido de que escribir en inglés es una forma excelente de poder contar las historias cotidianas de África a los lectores de otros puntos del planeta.

Y a la hora de analizar la envidiable salud del panorama literario del continente, el escritor sostiene que el medio ambiente de la escritura africana tiene ecosistemas nuevos, crecientes y cambiantes.

“Con los cambios democráticos han crecido las editoriales independientes como Kwani? y muchas otras. En los últimos tres años han habido muchas publicaciones digitales, así que lo bonito es que tienes a gente como Kwani? que actúan como un gran paraguas. Aunque ahora también hay otras iniciativas nuevas fuera de él. Se trata de algo muy interesante, tenemos un fenómeno con diferentes tipos de expresiones. Hemos tenido una explosión literaria en los últimos tres años, pero veremos un crecimiento extremadamente espectacular en los próximos cinco años”.

Soy uno de esos que creen en el crecimiento y la regeneración africana. Por eso estoy aquí

La revolución digital

Este es uno de los fenómenos que más le interesan a Binyavanga. Cuando le decimos que en la revista Wiriko se le considera como un twittero compulsivo, el keniano se ríe y reafirma con la cabeza. “Verás, en el último año, estaba muy aburrido, muy deprimido después de que un muy buen amigo y otros conocidos murieran de VIH. Estaba empezando a escribir mi libro. Y entre que escribía y no escribía, me acostumbré a twittear”, confiesa. “Pero es que es un nuevo espacio para probar cosas. Y soy de esas personas que no se puede resistir cuando les brindas algo nuevo para probar”, afirma con cara de pillo.

“Soy un libertario en transición. Un libertario buscando un hogar. No sé dónde aterrizar. Siendo parte de esa generación FMI eres escéptico acerca de cualquier autoridad en general. Me siento muy cómodo fuera de los espacios institucionales, donde puedo crear mejor mi lugar. Siempre que estoy en sitios institucionales las cosas se vuelven demasiado… Aburridas. Y no pasa nada. En twitter puedo interaccionar y actuar y hablar de la forma que quiero sin sentirme censurado”. Y mientras expresa que de esta forma las relaciones están en plena transformación, puntualiza: “No es que así impongas tus condiciones sino que negocias en mejores condiciones”.

Es un fervoroso amante de Internet desde el principio, y desde que existe el email se ha negado a enviar copias de lo que escribe en formato papel. “Siempre he reconocido la capacidad de sentarse en este país desconocido donde adquieres mucho poder porque estás entregado, no solo a la tecnología, sino a la plataforma en una forma en que ellos (el poder institucional) no están”. Y pasa a continuación a  contar cómo durante sus años de residencia en Sudáfrica pasaba las noches en vilo intercambiando relatos en las primeras plataformas literarias que existían. “La Universidad tenía líneas abiertas y yo me metía en la sala de ocho de la tarde hasta la madrugada para estar online. En todos esos grupos primerizos de escritores locos en Internet, yo estaba dentro desde el principio”.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Port Harcourt, capital mundial del libro

La participación de Wainaina en cualquier iniciativa relacionada con el mundo literario en todo el continente es incondicional. No hay evento serio que ocurra en África donde no se le tenga en cuenta. Y justamente uno de los países contra los que ha cargado el keniano últimamente por sus políticas homófobas, Nigeria, va a acoger este año la capital mundial del libro. “No estoy muy seguro de cómo viajar a Nigeria ahora mismo”, dice Wainaina medio en broma mientras explica su implicación en el proyecto Africa 39. “Port Harcourt va a ser este año la capital mundial del libro. Mi trabajo fue conseguir a 120 escritores de menos de cuarenta años que luego fueron a parar a manos de los jueces”. La lista final con los seleccionados se anunciará durante el mes de abril. “Están preparando una Feria del Libro que creo que se va a convertir en una de las más importantes del continente”, sentencia el literato elogiando los esfuerzos del gobernador del Estado nigeriano de River State en esta iniciativa.

La novela del huracán

Pero las distintas iniciativas con talento africano –la citada Africa 39 y un proyecto para erigir la ciudad keniana de Kisumu como un centro para las artes y el refugio político–, no le impiden a sumergirse en su próxima novela. “La idea original surgió de mi último año como docente en Estados Unidos. Estaba en mi habitación, tecleando… Y aterrizó el huracán. Podías ver cómo estaba arrasando las calles de Nueva York, devastando parte de la baja Manhattan… Fue delirante. Aterrador”, dice trazando un paralelismo con la situación social, política y económica del mundo en la actualidad y ante la escalada imparable de acontecimientos globales.

“A lo que estamos viviendo ahora yo lo llamo “el huracán”. Pones la tele y te aparece…. “¡Grecia, Grecia, Grecia, Grecia y… puuuh!”, alza la voz. “¡Turquía, Turquía….!¡Egipto…, Ucrania…! Y me hace sentir como cuando era un niño y veía a mis padres mirar la tele en los setenta y veías: otro presidente ha sido asesinado… Quiero recoger eso, cómo sienta este huracán o el estar dentro de él; dentro del huracán africano, en particular. Estamos viviendo uno de esos subproductos neoliberales, como tantos otros, pero que tiene sus ventajas específicas. Tenemos nuevos proyectos ferroviarios que están abriendo nuestro continente y que no habíamos visto en cien años. El proyecto ferroviario es el motivo por el que Nairobi existe hoy en día y ahora la gente sabe que hay una línea que irá hasta Camerún. Aún no han pagado por ello, pero el sello ya está puesto en el contrato. No hay marcha atrás. Y para mí y mi generación esta idea de que “no hay marcha atrás” es realmente emocionante. Así que he estado utilizando diferentes tiempos verbales, jugando con ellos. Se puede ver en el Lost Chapter, cómo empiezo a jugar con esta idea agitándo los tiempos para darles electricidad. Esto es lo que voy a hacer este año”.

Y mientras esperamos este nuevo trabajo que se trae entre manos, y como broche de la entrevista, ¿una sugerencia en exclusiva para todos los amantes de la literatura africana? El keniano apuesta decididamente por Search Sweet Country, del ghanés Kojo Laing. “Para mí, es la mejor novela de todos los tiempos escrita por un africano. Fue publicada en los ochenta y la crítica la recibió de forma insólita. Es una novela sin etiquetas posibles. Monumental. Es un estilo en sí misma. Y el autor, de los mejores autores del siglo XX. Hay que leerla”.

Diseño Suajili: el milenario arte africano de la talla de madera

Detalle de estilo swahili del trabajo de la madera en un Dhow o embarcación de la isla de Lamu, Kenia. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Detalle de estilo suajili del trabajo de la madera en un Dhow o embarcación de la isla de Lamu, Kenia. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

* Este artículo ha sido originalmente publicado en el Boletín trimestral del Centro de Estudios Africanos de Barcelona por colaboración entre Wiriko y el Cea

A día de hoy, la talla de madera continúa siendo un oficio de prestigio evidente en toda la costa suajili. En los talleres, las técnicas y conocimientos milenarios se transmiten de padres a hijos, y el trabajo de los talladores de madera y yeso se pueden encontrar en prácticamente todos los hoteles de lujo del África del Este. Centros de arte como el Diani Beach Art Gallery, exhiben algunas de sus muestras, y un mercado internacional adinerado procura hacerse con piezas de diseño de inspiración suajili como preciosas obras de arte. Y así, parte de su cultura material se expande por el mundo como una de las artesanías más ricas y preciadas de toda África.

Más de un millón de personas, de Somalia a Mozambique, conforman la cultura suajili. Su población es descendiende de la comunidad de africanos bantú arabizados a partir del siglo II-III d.C. a consecuencia del intercambio comercial con el sur de Arabia, Irán o la India occidental. Se trata de una de las culturas más influyentes de todo el continente y prueba de ello es que, a día de hoy, el kisuajili como lengua franca es hablado por más de noventa millones de personas en diferentes puntos del África del Este.

Una de las puerta suajilis de la isla de Lamu. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Una de las puerta suajilis de la isla de Lamu. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Sin embargo, la cultura suajili como tal -esencialmente una comunidad marítima de corredores e intermediarios cuyo máximo esplendor se dio entre los años 1300 y 1500 según Colin Breen y Paula J. Lane (476:2003)– ha desarrollado a lo largo de su historia un arte único y original. Ya no hablamos de la cultura del Kanga, introducida en el África Oriental en el siglo XIX, de los tatuajes con henna, las pinturas de la “escuela TingaTinga”, ni tampoco directamente de la arquitectura suajili, con sus típicas casas rectangulares de varios pisos, arcos, patios, torres y terrazas. Sino del arte milenario de la talla de madera, que a pesar del declive del sultanato omaní debido a la abolición del comercio de esclavos y las colonizaciones portuguesa y británica, no ha dejado de representar tanto uno de los rasgos identitarios más bellos de la cultura suajili como un sector económico rentable.

Ya sea en la ciudad de Lamu (norte de Kenia), en la Stone Town de Zanzíbar (Tanzania) o en Ilha de Mozambique (Mozambique), reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad, el trabajo de la madera en las puertas de las casas, en sus muebles o incluso en los dhows (embarcaciones tradicionales de la costa suajili), se erige como símbolo indiscutible de poder.

Una de la postales más conocidas de la costa este africana son las artes decorativas de las puertas de las casas. El cenit de su elaboración data de finales del siglo XIX, cuando se realizaron las puertas de mayores proporciones y estéticamente más sobrecargadas. Su estilo se caracteriza por adornos con figuras geométricas y motivos florales tallados en relieve tanto en sus dinteles laterales como en su parte central. Además, se distinguen porque sus paneles no llevan adornos, sino que son biselados con ornamentos de latón o de hierro que las embellece aún más al romper con el color de la madera (Gordon Campbell 2006:326).

La complejidad de esta artesanía queda patente por el minucioso trabajo de los talladores. La construcción de una puerta tradicional suajili, tallada a mano por los artesanos locales, puede llevar entre cuatro y seis meses de trabajo. Sus materiales son maderas autóctonas como el ébano, el cerezo, el arce o el nogal, aunque algunas de sus más antiguas producciones están hechas con materiales importados gracias a la trata a través del Índico, como es el caso de la teca de Birmania.

Un artesano suajili de la madera trabaja en un taller en la isla de Lamu, Kenya. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Un artesano suajili trabaja la madera en un taller en la isla de Lamu, Kenya. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Del mismo modo, más allá de los bancos de piedra (o Baraza) que se observan a cada lado de las puertas de las casas, y donde se disfruta de la compañía de vecinos y amigos a la sombra de las estrechas calles empedradas, se esconden auténticos tesoros para los amantes del interiorismo. Dentro de las casas levantadas a partir de coral, bigas de madera tropical y orientadas hacia la Meca, el patio central (o Kiwanda) nos conduce a dormitorios en los que el mobiliario suajili se impone como uno de los más preciados bienes. Las paredes enyesadas con cal blanca y a veces pintadas de color turquesa, dan profundidad a espacios diáfanos, pero también dibujan nichos adornados en las paredes, donde reposan Coranes, inciensos o velas.

Al levantar la cabeza, uno se topa con bigas de madera decoradas a rallas granates y negras, que al mismo tiempo, harmonizan con los tocadores, divanes, baúles y mesas, que conservan la imprenta del arte local. Algunos de los más típicos muebles son los tronos, o sillas del poder (kiti cha enzi): majestuosas butacas de caoba que a veces incorporan marfil como símbolo de la riqueza del patriarca. Pero ningún mueble se muestra tan altivo como la cama, robusta y altísima, hasta el punto de necesitar un taburete para subirse en ella.

Sin embargo, el arte africano de la talla de madera no está exento de controversias. La que se puede considerar como una de las producciones más bellas de la costa este africana, se ha visto perjudicada en los últimos años por la modernización urbana o la adquisición de reliquias por parte de turistas o anticuarios de todas partes del planeta. A parte, la utilización inadecuada de maderas nobles como el ébano, puede acarrear un impacto medioambiental muy perjudicial a largo plazo. Todo ello, sumado a que la mayor parte de edificios suajilis mejor conservados están actualmente en manos de empresarios del sector turístico, hace imprescindibles programas como el implementado por la UNESCO en el marco de la Recomendación sobre el paisaje urbano histórico, dedicado a involucrar a agentes y gobiernos locales en la conservación y preservación del patrimonio material suajili. Esto es, indiscutiblemente, una necesidad primaria para que estos bienes no desaparezcan o se monopolicen solamente en manos extranjeras.

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La lente de Mutua Matheka, transformando la imagen de África

972194_641840135830000_1064981269_nMutua Matheka es uno de los fotógrafos contemporáneos con más renombre en el continente africano. Ilustrador y artista gráfico, es una mente creativa que desafía la imagen tradicional que ha sido proyectada de África para centrarse en la prosperidad de las capitales africanas como representación de un nuevo continente capaz de construir sus propias narrativas. Consciente de las posibilidades transformadoras de la tecnología e Internet, Mutua es uno de los fundadores de Kenya 365, una plataforma online donde los kenianos pueden subir fotografías de su cotidianidad. Y trabaja junto a otros talentos para transformar la imagen que los propios africanos tienen del continente.

“A los diez años decidí que quería ser arquitecto, pero no fue hasta mi último año de carrera que descubrí las posibilidades de exploración de la arquitectura a través de la fotografía. Así que dejé mi trabajo como arquitecto y diseñador de interiores y me lancé de cabeza a la fotografía urbana”, dice mientras saborea un zumo de maracuyá en uno de los Java House de Nairobi.

A pesar de que Mutua empezó a explorar el mundo de la fotografía digital en 2009, solo hace dos años que se dedica profesionalmente a captar los paisajes urbanos, y en tan poco tiempo ya se ha posicionado, según algunos, como “el fotógrafo de Nairobi”.

G: ¿Por qué crees que tus fotografías te han llevado a ser uno de los nombres más reconocidos entre los creativos africanos?

M.M.: Para ser sincero, no sé cómo he llegado a conseguir tanta fama en tan poco tiempo. Es algo que no esperaba en absoluto. Pero creo que hacer aquéllo que otros no se atreven a hacer, me ha puesto en el ojo de mira. La gente está pagando mucho dinero por mis fotos y creo que esto se debe a que representan el orgullo de ser keniano o nairobense… Pero quizá mi éxito solo haya sido una cuestión de suerte. En el libro Fueras de Serie: por qué unas personas tienen éxito y otras no, de Malcolm Gladwell, el autor explica que no somos producto de nosotros mismos sino de muchos otros factores que no podemos controlar. Nos cuenta que si Bill Gates o Steve Jobs hubieran nacido solamente tres años antes, no serían quienes son a día de hoy. Así que creo que, en mi caso, el éxito como artista también ha sido una cuestión de suerte.

G: ¿Cómo crees que tu trabajo puede contribuir a desestereotipar la imagen de Kenia o de África en general?

M.M.: Mi intención desde el principio ha sido esa: el cambiar las imágenes recurrentes de África. Lo peor es que esa imagen no es exclusiva de las fotos de los occidentales sino también de los fotógrafos del continente. Verás, yo soy de los que piensa que las transformaciones profundas se dan lentamente, pero también creo que tienen que empezar por un cambio psicológico. Mi principal objetivo es fotografiar de tal forma que los africanos crean en el poder de África. Estoy convencido de que si creemos en África, todo puede cambiar. Este es mi propio activismo. Algunos salen a las calles a protestar, yo tomo fotografías capaces de transformar la imagen que los africanos tenemos de nuestro hogar. Creo que si cambiamos la imagen que tenemos de nosotros mismos, si imaginamos nuestro potencial, podemos realmente transfromar las cosas. Mis fotos hacen que mucha gente se sienta orgullosa de su ciudad, las comparten en las redes sociales y eso demuestra que al menos el primer paso para ese cambio de mentalidad está produciéndose.

G: ¿Tiene algún sentido seguir hablando de artistas africanos como si fuera una categoría separada?

M. M.: Para mí no tiene sentido alguno decir que eres un artista africano. ¿No es suficiente con decir simplemente artista?

G: ¿Y qué significa para ti ser un artista?

M.M.: Mi definición de artista es alguien que busca la inspiración en el medio en el que se encuentra y hace o crea algo fuera de él. Sea en la forma de vestir, escribir, diseñar o fotografiar, un artista es aquél que expresa quién es a través de cualquier forma de creación.

G: Y a tí, ¿qué te inspira a crear?

M.M.: Me gustan los desafíos. Soy celoso y curioso, y creo que eso es justo lo que me empuja a crear. Ver lo que hacen otros artistas me inspira muchísimo. Recuerdo cuando creadores como el keniano Jim Chuchu empezaron a despuntar internacionalmente con cosas verdaderamente distintas. Algo en mí me decía “¡si él puede, yo también!”. Eso te supone salir de tu zona de confort. Querer avanzar. No conformarte, porque un artista no debe temer a los límites. Debe ser atrevido. Arriesgado.

Adaptación de la película sudafricana "District 9" en el paisaje urbano nairobense, por Mutua Matheka.

Adaptación de la película sudafricana “District 9” en el paisaje urbano nairobense, por Mutua Matheka.

G: Me da la sensación que tienes un gran anhelo de crear nuevas realidades.

M.M: (Se ríe) La normalidad solo lleva a una cosa: el aburrimiento. Pero fuera de ese mundo, lo que es excitante es multiplicar las posibilidades de re-invención. Cuando no te dejas limitar por esa normalidad aburrida, eres capaz de crear lo que sea. ¡Lo que sea! Las limitaciones sólo me parecen interesantes por su posibilidad de hacerte crecer. Es como… Imagínate una planta. Cuando plantas una semilla en el suelo, automáticamente la tierra se convierte en enemiga, porque te empuja hacia abajo, pero es esencial porque te nutre para que crezcas. Así que las limitaciones te fuerzan a ser creativo. Sí. ¡Me declaro amante de las limitaciones, y enemigo del rendirme ante ellas!

G: ¿Y qué quieres provocar en el espectador cuando mira una de tus fotografías?

M.M: Quiero que la gente observe la imagen pero que vea algo más allá. Que la gente vea la belleza en lo mundano. Por ejemplo, imaginemos una fotografía de una escoba en la que nadie se dé cuenta de que es una escoba. Eso me excita, que la gente vea formas diferentes en las cosas más normales. 

G: Creo que en este momento, Nairobi está experimentando un gran boom de creatividad. Cuéntanos un poco de qué se trata el grupo de fotógrafos, cinematógrafos, escritores y aventureros kenianos de OneTouch, del que formas parte.

M.M.:  One Touch es primero de todo un grupo de quince amigos que compartimos una imagen positiva de África. Para que la fotografía keniana de un paso más allá, es imprescindible aprender y compartir en un ambiente creativo. En este grupo, cada cual aporta su propia imprenta. Al principio empezamos a realizar salidas para fotografiar diferentes puntos de Kenya una vez al mes. En fin de año de 2012 decidimos ir a la costa keniana y bajar hacia Tanzania. Hasta que la cosa se fue animando y empezamos a planear un viaje hacia Bujumbura que cristalizó en una exposición en Nairobi el pasado mes de noviembre. La motivación del proyecto es mostrar esa otra África. Pero además, la verdad es que la mayoría de africanos no conocemos mucho más allá de nuestras fronteras nacionales. Por ejemplo, la gente del proyecto fotográfico Invisible Borders, del que soy fan, estaban planeando un viaje a África del Este, pero anularon su turné por miedo a la violencia. Y yo me pregunté a mi mismo “¿África Occidental con miedo a África Oriental? ¡Pero si son ellos los que tienen conflictos bélicos!”. Pero todo eso es fruto de la ignorancia. Así que nuestro trabajo se tiene que dirigir irremediablemente a los propios africanos, y hay que seguir viajando por África y captar esas realidades a través de nuestras cámaras para poder enseñar a los africanos la riqueza de nuestro continente.

G: ¿Considerarías One Touch como un proyecto panafricano?

M.M.: Completamente.

G: ¿Y cual es el próximo viaje?

M.M.: Río de Janeiro. Nos vamos al mundial de fútbol de Brasil. Mucha gente cree que estamos locos. Y puede ser que tengan razón, porque la idea es cruzar el continente en coche hasta Abiyán y trasladarnos en barco hacia, probablemente Buenos Aires, y de ahí conducir hacia Río.

G: Es broma, ¿no?

No. La idea es hacerlo en cuatro meses. Un mes dedicado a Sudamérica y el resto a África. Volver vía Port Elisabeth, en Sudáfrica, y conducir hasta Kenia. Seguimos trabajando en la parte financiera, pero creo que el proyecto va a salir adelante y que el resultado va a ser hermoso.

Reliquias de la independencia keniana

Jomo-Kenyatta

El 12 de diciembre de 1963 la bandera de la Kenia emancipada ondeó por primera vez y el “God Save The Queen” [Dios salve a la Reina] pasaba a la historia para dar paso al himno nacional: Ee Mungu Nguvu Yetu [Oh Dios de toda la creación]. Con el primer ministro Jomo Kenyatta (Mzee, el sabio o el viejo) al frente, quien había ganado las elecciones el 27 de Mayo, nacía una nueva nación. Después de décadas de kipande, o tarjetas de identificación que dividían los ciudadanos según tres clases (europeos asiáticos y africanos), el 1 de Junio, el día del Madaraka, Kenyatta asumía las responsabilidades de la regencia. Pero no fue hasta el 12 de diciembre cuando los colonos británicos cedieron el poder a Jomo, quien declaraba oficialmente la independencia de Kenia. Las máximas de ‘tolerancia y cooperación’, marcas resumidas bajo el lema Harambee o ‘trabajar juntos’, se convirtieron en la política del Mzee.

Cincuenta años más tarde, los más veteranos recuerdan la fiesta del día de la independencia que se conmemora esta semana. Los miles de asistentes a la fiesta en la Civic Ball de 1963 entonaron junto a los invitados Miriam Makeba y Harry Belafonte, lo que se convertiría en un himno internacional. La canción swahili Malaika, grabada por primera vez por Fadhili William, ya gozaba de gran popularidad entre los kenianos, aunque nadie se podía imaginar que gracias a la adaptación de Makeba de esa noche, el tema se convertiría en toda una leyenda en la historia de la música africana.

Portada de la canción que Sal Davis escribió a Uhuru Kenyatta para celebrar la Independencia.

Portada de Makini, de Sal Davis.

Esa misma noche, Sal Davis, uno de los músicos más prolíficos del momento en Kenia, actuó junto a Belafonte y Makeba después de volver de Inglaterra llamado por el ministro Tom Mboya. Sal, estrella internacional aplaudida y admirada hasta nuestros días, le escribió una canción a Jomo para esa ocasión. “Estabamos orgullosos de ser kenianos ese día”, dice Sal en una entrevista realizada hace dos años por la cadena K24.

El pasado 20 de Octubre, en la celebración del Mashujaa Day (o Día de los Héroes), Sal quería cantar una canción que había compuesto expresamente para celebrar los cincuenta años de independencia. Sin embargo, Uhuru Kenyatta, actual presidente e hijo del primer ministro de la República, abogaba por clásicos como el ‘Karibuni Kenya’ o ‘Kenya Hakuna Matata’. Quizás por eso, el día en que la memoria de los héroes abatidos durante la lucha por la independencia debía ser conmemorada, Sal Davis despotricó contra lo que él llamó “las reliquias de la dictadura de antaño” en un discurso que nada gustó al actual presidente.

Las críticas de una estrella como Sal Davis, quien después de años en Europa y Estados Unidos, volvió para retirarse en Mombasa, nos llevan a hacer parada incondicional en los estilos que forjaron el paisaje sonoro de la nación independiente. Esos sonidos que se batieron entre la euforia de la independencia y el desinflarse de una nación carente de emancipación económica. Inspirados por Sal y en un ejercicio de omisión de las reliquias heredadas de la dictadura, queremos sumergirnos de lleno en las reliquias heredadas de los sonidos de la independencia para poder hacer honor a aquellos que protagonizaron, desde el otro lado de los amplificadores, el barullo independentista.

LOS SONIDOS DE LA INDEPENDENCIA: 

El estado keniano de Jomo Kenyatta, a diferencia del Zaire de Mobutu o la Ghana de Nkrumah, importó más música que no exportó y por ello, muchas veces se dice que la música keniana es un mero “melting pot” [mestizaje]. Los primeros años de gobierno colonial, la música folk dominaba el panorama sonoro de Kenia. Pero pronto, los músicos quedaron eclipsados por los gigantescos sonidos congoleños, la música sudafricana y las influencias del R&B y el Soul norteamericanos.

La música Taarab, proveniente de Zanzíbar, penetró en la costa desde principios de los años 20. Pero durante las siguientes décadas, el Soukous congoleño y el Kwela sudafricano se instalaron como estilos predilectos en bandas como Equator Sound BandSlim Ali & the Hodi Boys, quienes se dedicaron a versionar los principales hits que sonaban en las radios. Los 60 y 70 se impregnaron del Funk de James Brown y George Clinton, de los éxitos de los Temptations y la voz de los soulmen Otis Redding, Marvin Gay o Ray Charles. Franco Luambo, “el brujo de la guitarra”, o el recientemente desaparecido Tabu Ley Rocherau, marcaron el paso de la rumba congoleña en las ondas radiofónicas kenianas.

El Funk y Disco kenianos de Kelly Brown, más conocido popularmente como Cally the Bushman, es una gran muestra del impacto que este estilo tuvo fuera de África, particularmente en Alemania, donde Brown se hizo muy famoso. Mientras tanto, en Nairobi y en Mombasa, otros grandes del los ritmos pegadizos y frenéticos del Funk keniano como Air Fiesta o The Ashantis contagiaban el baile en las pistas más populares de clubes y discotecas.

Pero la emancipación nacional keniana tuvo un ritmo popular por excelencia: el Benga. Un estilo caracterizado por todas las influencias vecinas e internacionales y tamizado con la adaptación del nyatiti o el orutu a las guitarras acústicas y los sonidos eléctricos. La música Benga, lo que se podría considerar el Afro-pop de los años 60 y 70 y principal marca sonora del país, emergió ya durante los 40 y 50, procedente de las comunidades Luo. Sin embargo, se pueden encontrar distintos subgéneros, entre los que destacan el Benga Kikuyu.

Daniel Owino Misiani.

Daniel Owino Misiani.

Pero la escena Pop keniana de los 60 y 70 no estuvo exenta de altibajos. El eco de los problemas políticos que vivía el país retumbó en letras sobre los asesinatos de personajes como el activista Pio Gama Pinto, el socialista Josiah Mwangi Kariuki o incluso miembros del gobierno como Tom Mboya. Luos como Owino Misiani (o el abuelo del Benga), Ochieng’ Kabaselleh o Gabriel Omollo comprendieron la capacidad de la música para la movilización social de la comunidad Luo, cosa que los llevó muchas veces a confrontaciones con el poder, especialmente a finales de los años 70, durante la etapa presidencial de Daniel arap Moi, quien detuvo a varios músicos acusados de incitar los movimientos subversivos.

Músicos como el originalmente tanzano Daniel Owino Misiani & Shirati Jazz Band, fueron controvertidos tanto por sus canciones de amor, que enloquecían a las chicas y enfurecían a muchos hombres, como por sus canciones más políticas. Misiani, uno de los guitarristas más famosos de la época, fue encarcelado más de una vez, mientras muchos otros artistas fueron censurados por pretender criticar el régimen.

Daniel Kamau Mwai o DK & The Lulus Band fue uno de los músicos y emprendedores más reconocidos de la Kenia de los 60, 70 y 80. Su estilo Benga Kikuyu es una mezcla de benga y rumba congoleña. Pero la figura de DK no solo es reconocida como uno de los principales músicos de la época esplendorosa del Benga, sino por ser el impulsor del sello DK Undugu Sound (o el sonido de la hermandad DK) y el propietario de diferentes tiendas de música y estudios de grabación en el centro de Nairobi. A partir de los 80 el negocio de la venta de discos comenzó su declive, la piratería y la copia de casetes hizo caer en picado los ingresos y ya, en 2011 tuvo que cerrar sus negocios. A pesar del declive del sector, actualmente Mwai sigue apoyando el talento local y regenta la productora DK Wamaria.

kenya-special450pxLa juventud keniana dejó caer las viejas glorias en el olvido. Con la liberalización de las emisoras de radio, a mediados de los 90, el Hip Hop y el Reggae, el New-Soul, el R&B o todo tipo de Pop, barrieron del mercado las figuras del Benga. Sin embargo, el trabajo de recopilación que ha hecho Ketebul Music para recuperar los iconos del Benga, la música popular Kikuyu o el Funk merece la pena ser mencionado. Sus recopilaciones son una exquisita antología que rescata las principales joyas de los sonidos vintage de Kenia. Junto a sus ediciones, otro de los tesoros revisionistas de la historia de los sonidos de la Kenia independiente nos lo presta la discográfica británica Soundway Records, quien a principios de 2013 lanzó el recopilatorio Kenya Special.

El jueves 12 de Diciembre de 1963 inauguró un nuevo capítulo en la historia. Hoy, cincuenta años más tarde, urge hacer recapitulación de los logros y retos de la joven nación africana.

 

Millicent Ogutu en un monólogo lejos del “aquí” y “ahora”

TMWL 9

Marie Stopes (1880-1958) fue una paleobotanica británica famosa por su lucha por los derechos de la mujer y por haber fundado la primera clínica de prevención del embarazo en Inglaterra. ¿Qué hace que en el siglo XXI una obra sobre su vida sea de especial relevancia para el público de Nairobi? Continúa siendo una incógnita para el escaso auditorio que llenaba las butacas del Braeburn Theatre el pasado sábado.

El que la obra To Marie With Love, escrita por Pauline Devaney y dirigida por June Gachui, se estrenara en el teatro de una de las escuelas privadas internacionales más preciadas de la clase alta de Nairobi, en la comunidad de Lavington, dando la espalda a una de las zonas más deprimidas de la ciudad (el slum de Kawangware), puede ser en sí mismo indicativo del tipo de público al que iba dirigida la obra. Pero al final de la actuación, uno se daba cuenta de que lo único destacable de To Marie With Love era la interpretación del monólogo de la protagonista, la keniana Millicent Ogutu.

El soliloquio de Ogutu puede parecer monótono y sin sabor. La narración de la vida de Stopes se bate entre los delirios de grandeza truncados por frustraciones erótico-sexuales, y el éxito de una científica que no es capaz de lidiar con su propia vida emocional. Ogutu parece más cómoda en el cambio de roles interpretativos, poniéndose en la piel de los jueces que juzgan a Stopes por liderar una carrera en pro de los contraconceptivos, o bien poniéndose en la piel de aquéllos que le escriben correspondencia contándole sus problemas sentimentales. Definitivamente, Ogutu consigue romper con la monotonía introduciendo personajes no-presentes en la obra.

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La tragicomedia de una mujer desesperada por encontrar el amor, que siendo una de las mentes más brillantes de su generación en Europa, descubre su virginidad después de su matrimonio, pierde un hijo y queda atrapada en una lucha por mantener vivos sus matrimonios, es la radiografía de una mujer de clase media europea de principios del siglo XX.

¿Qué similitudes puede tener ese papel con el de una mujer keniana del nuevo milenio? ¿El peso de la religión judeocristiana y su amor romántico? ¿El estigma social de una mujer incapaz de engendrar hijos en edad joven? ¿La deshonra de la utilización de contraceptivos desde una mirada tradicional? ¿La eterna pugna entre el pensar racional-científico y el sentir emotivo? ¿La incapacidad por transmitir de forma natural educación sexual a las mujeres?

Sea como fuere, Ogutu lleva en esta obra, el peso de la colonización británica a sus espaldas. Así como la escenografía, bien llevada por la directora June Gachuri, permite a Ogutu desplegarse en diferentes supuestos escénicos, el eurocentrismo impregna todas y cada una de las escenas de forma omnipresente, sin darnos la posibilidad de comprender una nueva interpretación de la sexualidad de la mujer africana, aquí (en África) y ahora (en pleno siglo XXI).

The Chimurenga Chronic: un acto de rebeldía cultural

Un fragmento de la portada del Chronic

Un fragmento de la portada del Chronic

En estos tiempos cualquier aventura editorial únicamente se puede calificar de auténtica locura, pero algunas de ellas habría que añadirles un “hermosas” locuras o un “bienvenidas” locuras o, quizá, “afortunadas” locuras o, incluso, un “necesarias” locuras. Es el caso de The Chimurenga Chronic, una publicación periódica panafricana, que pone toda su experiencia en una dimensión mucho más cultural que la prensa convencional y que se basa, fundamentalmente, en una visión del mundo en la que prima la creatividad. Vaya, una auténtica locura.

The Chimurenga Chronic se enfrenta al mundo a pecho descubierto, sin matices, sin ocultarse. No en vano “chimurenga” significa en lengua shona algo así como “lucha revolucionaria”. Pero su revolución es distinta. Su revolución es de las que entienden que la cultura y el arte sólo pueden  ser comprometidos. Por eso, se podría decir que las dos características más importantes de The Chimurenga Chronic son la creatividad y el compromiso.

Este proyecto no es ni mucho menos un periódico, aunque haya adoptado esa apariencia. Se trata más bien de un proyecto editorial en el que escritores y periodistas tratan temas de relativa actualidad pero empleando un tono y unos géneros con una libertad creativa que elude el encorsetamiento del entorno puramente periodístico. De este modo, las páginas del Chronic albergan reportajes, pero también textos de no ficción creativos, otros autobiográficos, es decir experiencias en primera persona; acompañados por espacios satíricos y análisis. La explicación del sentido de esta iniciativa es tan sencilla como atractiva. Lo explica el propio editor jefe de este proyecto editorial, Ntone Edjabe cuando se queja de que parece que “el conocimiento producido por los africanos sólo puede estar restringido a la simplicidad por estar atrapados en una lógica de emergencia” constante; por ese motivo el Chronic no pretende demostrar, sino que es la muestra de lo que dice su editor Edjabe: “Efectivamente, existe el hambre y la guerra, pero también hay vida. Existe también la innovación, el pensamiento, los sueños, en definitiva, todas las cosas que hacen la vida”.

Portada del suplemento de libros que incluye la publicación

Portada del suplemento de libros que incluye la publicación

The Chimurenga Chronic es la prueba perfecta que apoya todas estas tesis de su editor y para ello las páginas de esta apasionante locura albergan una lista de nombres que sólo puede despertar admiración. En el primer número del proyecto, aparecido en abril de 2013, se podían leer firmas como las de Wainaina, Nganang o Kahora, entre muchos otros. En realidad, esta corta trayectoria de unos siete meses y dos números es engañosa. The Chimurenga Chronic bebe de un proyectus interruptus, un ensayo bautizado como Chimurenga 16, realizado en 2011 y que hasta este The Chimurenga Chronic no ha encontrado continuidad. En realidad, nada en un océano mucho más amplio, el de la “plataforma” Chimurenga que incluye desde un magacín que ha actuado ambiguamente como padre, precursor y paraguas del Chronic, una editorial esporádica, una librería-biblioteca, espacios de investigación conjuntos o una emisora de radio, entre otros elementos.

Si el proyecto del Chronic, a efectos de contenidos, de enfoque y de géneros, parece una atractiva locura, la filosofía y la mecánica de trabajo hacen saltar por los aires todos los esquemas y, sobre todo, demuestra la arbitrariedad de las fronteras. La voluntad de romper las fronteras (figuradamente) de los géneros ya había quedado clara, pero es que los responsables de esta publicación desbordan las fronteras físicas (literalmente). El Chronic es, sobre todo, una publicación panafricana. Eso no quiere decir que en sus páginas escriban autores de diferentes países… no. El Chronic se produce, como si se tratase de un solo espacio, en Ciudad del Cabo, Johannesburgo, Nairobi, Paris, Lagos, Yaundé, Accra, Kinshasa, Dakar, Kampala y Delhi; y la edición impresa se distribuye en las principales ciudades de Sudáfrica y en tiendas concretas en Mozambique, Zimbabue, Nigeria, Kenia, Uganda, India, Francia, Alemania, Países Bajos, Reino Unido y Estados Unidos. Esta distribución parece, más bien, un gesto simbólico teniendo en cuenta que los números se pueden adquirir formalmente en todo el mundo a través de la tienda on-line.

El camerunés afincado en Sudáfrica, Ntone Edjabe, editor de The Chimurenga Chronic y fundador de la plataforma Chimurenga. Fuente: Wikimedia - Lettera27

El camerunés afincado en Sudáfrica, Ntone Edjabe, editor de The Chimurenga Chronic y fundador de la plataforma Chimurenga. Fuente: Wikimedia – Lettera27

Partiendo de la base de que detrás de toda esta locura y de la plataforma Chimurenga, en general, está Ntone Edjabe resulta un poco menos extraño lo descabellado, arriesgado y atractivo de la apuesta. Ntone Edjabe es un camerunés afincado en Sudáfrica desde hace veinte años. Se trata de un auténtico guerrillero cultural. Aparece como escritor y periodista, pero también como DJ y, evidentemente, como ideólogo y promotor de locuras realizables, siempre relacionadas con una cultura comprometida y nada conformista. Esa es la trayectoria de su vida, proyectos editoriales y musicales que habitualmente han tenido un carácter aglutinador y que no se han frenado frente a impedimentos como las nacionalidades.

Edjabe ha conseguido, además de reunir a personajes comprometidos de la vida cultural, ir construyéndose un considerable prestigio en otros ámbitos (desde el académico, hasta el institucional) a fuerza de sacar adelante estas iniciativas fuera de lo común. Así, en la andadura del Chronic cuenta con la colaboración y el apoyo de otros editores independientes africanos como Kwani? (Kenia) y Cassava Republic Press (Nigeria) e instituciones como el Chinua Achebe Centre for African Writers and Artists del Bard College de Nueva York (Estados Unidos), el Mail & Guardian (un diario sudafricano), la Glänta (una revista literaria sueca), la lettera27 Foundation, el Goethe Institute, la Heinrich Boell Foundation SA y Medecins Sans Frontieres.

La literatura africana herida en el ataque al WestGate

En uno de los primeros poemas del poeta, novelista, ensayista y diplomático ghanés Kofi Awoonor se pueden leer los siguientes versos:

I am on the world’s extreme corner,

I am not sitting in the row with the eminent

But those who are lucky

Sit in the middle and forget

I am on the world’s extreme corner

I can only go beyond and forget.

Se trata de un fragmento de “Songs of Sorrow”, publicado en Rediscovery el primer libro de Awoonor, editado en 1964, hace casi cincuenta años. Aunque ahora se puede interpretar como una advertencia, es prácticamente seguro que su autor no hacía referencia al que sería su final. El de Kofi Awoonor es uno de los más de sesenta nombres que aparecen en la lista de víctimas del ataque que el pasado sábado se produjo en el centro comercial WestGate de Nairobi, en Kenia. El que era, casi con toda seguridad, el poeta ghanés vivo más reputado encontró la muerte en el tiroteo protagonizado por un comando presuntamente vinculado a Al Shabab, según las primeras reivindicaciones. Más bien la muerte le encontró a él, en forma de una bala sin destino concreto cuando realizaba una actividad, a priori, nada arriesgada: pasear por un centro comercial en la otra punta de África, respecto a su Ghana natal. Durante su vida, vivió exilio y cárcel y fue el pasado 21 de septiembre de 2013, mientras esperaba a participar en el festival StoryMoja Hay Festival de Nairobi cuando falleció.

Kofi Awoonor. Fuente: Graphic Online

Kofi Awoonor. Fuente: Graphic Online

Kofi Awoonor-SeaA pesar de que ninguna de sus obras ha sido editada en castellano, la figura de Awoonor es enorme, aunque sólo sea por sus múltiples dimensiones.  En primer lugar, está el Awoonor literato, el que reflejó en sus poesías toda la tradición de la literatura ewe. Robert Fraser señala en West African Poetry: A critical history que la aparición de Rediscovery supuso un impacto porque trasladaba no sólo a la letra impresa sino también a un idioma extraño como el inglés los formatos de la poesía tradicional ewe. Después llegaron otros títulos poéticos como Night of My Blood, en 1971, o The House by the Sea, en 1978, que recoge sus experiencias en la cárcel, después de ser acusado de apoyar un golpe de estado. Pero Awoonor también fue novelista y nada complaciente. Su primera supuesta novela fue This Earth, My Brother … An Allegorical Tale of Africa, publicada en 1971. Supuesta novela, porque en realidad supone un género experimental más próximo a la poesía en prosa en algunos momentos y perlado de referencias y simbolismo religioso que se trenza con una narrativa, más o menos, clásica.

Después está el Awoonor conservador y defensor de la tradición literaria africana. Es evidente, por la temática y el formato de sus obras, que su propia actividad literaria es ya un alegato a favor de los géneros genuinamente africanos. Awoonor revisita en sus obras esa literatura tradicional para adaptarla a nuevos tiempos y demostrar su vigencia. Pero además, desarrolló una actividad investigadora, científica y divulgadora en este sentido. Sin ir más lejos, el ensayo The Breast of the Earth: A Survey of the History, Culture and Literature of Africa South of the Sahara, publicada en 1975, es una transcripción de su tesis doctoral, la que defendió en Estados Unidos, haciendo virtud de la necesidad y arrancando la parte más positiva al hecho de que haber sido obligado a abandonar Ghana.


Hay también un Awoonor político y militante, al que se considera, nada más y nada menos, que responsable del concepto del panafricanismo que defendió el primer presidente de la Ghana independiente, Kwame Nkrumah. El literato recién desaparecido fue uno de los más próximos colaboradores de Nkrumah, tanto que cuando éste cayó en el golpe de estado de 1966, Kofi Awoonor se vio obligado a exiliarse. A su regreso, no abandonó su posicionamiento político y, de nuevo, su significación le llevó a ser considerado uno de los soportes de un golpe de estado, lo que le llevó a la cárcel. Esta dimensión impregna hasta tal punto la actividad de Awoonor que reiteradamente se descubre en sus obras literarias el tema del impacto de la colonización europea en África. En otras ocasiones sus denuncias y sus críticas fueron menos sutiles como en el caso del ensayo Ghana: A Political History from Pre-European to Modern Times, de 1990.

Kofi Awoonor-EarthLa última de las dimensiones, al menos, de las más destacables de Awoonor ha sido la de diplomático, se podría decir incluso, estadista y figura preeminente en general. En varios periodos, el literato fue representante diplomático de Ghana en diferentes países. Pero durante su representación ante la Organización de las Naciones Unidas, se hizo especialmente visible al liderar la cruzada internacional contra el régimen racista del apartheid de Sudáfrica. Su carácter de prohombre se ha evidenciado tras su muerte, no sólo por las reacciones en diversos lugares del mundo y por las reseñas sobre su fallecimiento en medios de comunicación de todo el planeta, sino porque su desaparición ha provocado una manifestación popular en Accra, la capital de su Ghana natal.

Una de las virtudes de Kofi Awoonor ha sido ser capaz de trenzar de manera natural todas estas dimensiones y hacer que la literatura fuese el principal vehículo de todos sus demás compromisos, con el panafricanismo, con la cultura propia, con la libertad o con la independencia. Así, su muerte en Nairobi provocó de manera inmediata la suspensión del StoryMoja Hay Festival y la sustitución por un homenaje que se celebró el lunes en la misma ciudad en la que perdió la vida. El propio Binyavanga Wainaina, uno de los literatos keniatas más populares, ha animado en estos últimos días la participación en este reconocimiento a través de su cuenta de Twitter. De este modo, la literatura africana, puede considerarse también una de las víctimas o, al menos, una de las heridas en el ataque al centro comercial WestGate.

Shujaaz.FM: “simplemente” héroes

Antes o después uno se enfrenta a la evidencia de que las etiquetas sólo son corsés para la creatividad. Sin embargo, delante de la iniciativa Shujaaz.FM incluso ese cliché salta por los aires. Shujaaz.FM es un cómic, probablemente el más distribuido de Kenya; es un programa de radio; es una iniciativa educativa basada en la creatividad; es una comunidad virtual… Es cierto que es todo eso, pero también, seguramente, mucho más.  Por eso, quizá no valga la pena intentar ponerle una etiqueta y lo más interesante sea hablar sobre este proyecto e intentar aprender sobre él.

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La base de todo este edificio creativo-educativo es un cómic, que nació en 2010 y que a finales de 2012 aspiraba a distribuir 650.000 ejemplares. Shujaaz.FM cuenta la historia de cuatro personajes Boyie, un adolescente que se hace llamar DJ B en el programa de radio que emite desde la radio pirata que ha montado en su habitación; Malkia, una muchacha, en esa época de cambios de etapa vital, amante del hip-hop; Charlie Pele, un niño, el más joven de todos ellos, que aspira a convertirse en jugador de fútbol; y Maria Kim, una joven que trata de sacar adelante a su hermano pequeño. Boyie aparece como el personaje principal ya que la publicación toma el nombre de su programa de radio. Las historias de las cuatro tiras se desarrollan en los barrios más desfavorecidos de Kenia y pretenden conectar, precisamente, con los jóvenes de estos suburbios, los slums.

Quizá pueda parecer que los personajes son completamente estereotípicos, simples, previsibles, pero el hecho es que dan en la diana de su público objetivo. Un número nada desdeñable de jóvenes y adolescentes kenianos (alrededor de 5 millones de entre 10 y 25 años, según los responsables) se ven reflejados en las aventuras de estos personajes que mezclan en sus historias consejos de todo tipo, desde sanitarios, hasta agrícolas, sin dejar de lado los valores de la convivencia o el respeto. En todo caso, el mensaje que transmite Shujaaz.FM es un mensaje optimista y bien, muy bien orientado. Los comics están escritos en sheng, una jerga mezcla de swahili e inglés propio de los barrios populares  y del entorno urbano keniano, en general. En esta lengua, “shujaaz” significa “héroe”. Y, probablemente, ese es uno de los secretos del éxito de este cómic, convertir en héroes a millones de jóvenes y adolescentes, valorar sus vidas, prestarles atención y hacerles sentirse valiosos.

En su versión más básica Shujaaz.FM se presenta como una revista mensual de 32 páginas que se distribuye gratuitamente con el diario Daily Nation. Entre las cuatro historias, el comic intercala pasatiempos y contenidos referentes a los lectores que a todas luces pueden parecer mundanos, pero no dejan de ser propios de revistas juveniles (no se escapan del típico Test del Amor). Sin embargo, toda esa maraña de materiales sirve a un objetivo básico, transmitir mensajes mucho más profundos como puede ser la lucha contra el racismo.

El complejo de Shujaaz.FM deja pocos cabos sueltos. Los seguidores pueden sentirse más implicados con la historia escuchando directamente el programa que Boyie emite desde su radio pirata, incluso, a la misma hora que el joven se “calza” los cascos sobre el papel. Los tentáculos del “complejo” Shujaaz se extienden a las redes sociales con la cuenta de Facebook de DJ B que prácticamente cuenta con 26.000 seguidores; la cuenta de Twitter de todo el edificio Shujaaz seguida por casi 1.700 usuarios; o el canal de YouTube, con más de 17.000 reproducciones de los vídeos en los que los ciudadanos hablan de las series, de sus gustos y de sus propuestas.  La oferta editorial se complementa con series puntuales como es el caso de Janjaruka, protagonizadas por otros personajes, y que ofrecía expresamente consejos de ahorro; o Kuwa Shujaa (“sé un héroe” en sheng) que encaja con toda la corriente de cómics que tratan de sensibilizar en la cuestión del VIH y que se puede encontrar prácticamente por toda África, protagonizada en cada país por el personaje de cómic más popular.


Sin embargo, el elemento definitivo de la iniciativa Shujaaz.FM es la propia web del proyecto que ofrece todo tipo de información sobre la trastienda de esta idea, pero también todos los materiales que un fan de Shujaaz.FM puede necesitar, desde las explicaciones de los personajes hasta la lista completa de los cómics editados, pasando por los enlaces en las redes sociales o algunos de los programas de radio. Y para dar más fuerza a esa sensación de pertenencia a una comunidad, se ofrecen promociones o se premia públicamente a los seguidores “más fieles”.

Detrás de esta iniciativa está una consultora keniana Well Told Story especializada, precisamente, en generar productos de comunicación y de entretenimiento que puedan aportar su grano de arena al cambio social. Entre los reconocimientos que ha recibido esta iniciativa se pueden señalar las organizaciones e instituciones que le prestan su apoyo que van desde las fundaciones de Nike o Google hasta las agencias de ayuda para el desarrollo de EE.UU. o Reino Unido, entre otros. Sin embargo, el último de estos reconocimientos, además del mantenimiento y el éxito, fue el premio Emmy en versión digital en la categoría infantil y juvenil, que Shujaaz.FM recibió hace algo más de un año, en abril de 2012.

Kanga, diálogo swahili a todo color

kangecollectionSería difícil pasear por las calles de algunos países como Kenya, Tanzania, RDC, Malawi, Burundi o Madagascar y no ver a las mujeres vestidas con kangas. Sería difícil porque es uno de los tejidos más utilizados por las mujeres de la región, y cada vez más por las mujeres y hombres de otros países incluso fuera del continente.

Aparte de mencionar su vertiente más fashion y versátil en las pasarelas internacionales como en el Swahili Fashion Week tanzano, queremos detenernos en la función social que ha tenido este tejido desde que llegó a la región zanzibareña del continente. Su importancia va más allá de lo meramente estético y ha servido de altavoz para la población, especialmente para las mujeres. Este tejido africano también se adapta a los diferentes contextos sociales y ha sido un excelente aliado en la comunicación no verbal, como ha sucedido con otros tejidos de los que hemos hablado en otro artículos. A continuación veremos el porqué.

Partes del Kanga

Partes del Kanga

El termino kanga proviene del ki-swahili “ku-kanga” que significa “envolver” o “encerrar” Kanga también significa “ave”, específicamente las coloridas y llamativas aves guineanas. Por la similitud de estas aves coloridas con la tela, se le ha puesto este nombre. El tejido está hecho de algodón, mide aproximadamente un 1X1,5m y se compone de tres partes diferenciadas: el pindo, que en swahili significa el borde, el mji que es la parte central que tiene un estampado diferente a los bordes y la jina, que es la leyenda escrita en la tela, normalmente en ki-swahili, o en lingala en el caso del África Central. Varios estudios (Beck, 2001) apuntan a su origen europeo, una importación de los portugueses establecidos en Zanzíbar a finales del siglo XIX. Las mujeres, intrigadas por el nuevo tejido, empezaron a comprar varios metros de los estampados repetidos de lo que los portugueses llevaban como pañuelos o chales. Además unían varias piezas con las que después se hacían sus vestidos. Finalmente la importación de la tela se adaptó a este uso y se popularizó la utilización de lo que se llamaría también leso, que consistía en piezas de tela con patrones repetidos.

Una vez en la zona costera oriental del continente, el kanga tuvo un destacado rol en el momento de la emancipación de los esclavos y su integración en las comunidades musulmanas swahilis de África del Este (Beck, 2001). Los estampados entonces estaban inspirados en patrones de las mujeres más ricas de la época. Su imprenta a máquina —y no a mano— y la adopción de patrones florales e iconografías más modernas, hacía referencia a la “no autenticidad” o “modernidad” del tejido, por lo que manifestaba una vez más la integración en el nuevo estatus y la constante tensión entre la modernidad y la tradición. No fue hasta el siglo XX que el comerciante de Mombasa Kaderdina Hajee Essak, también conocido como “Abdullah” introdujo la escritura de proverbios en el tejido, inicialmente en árabe y más tarde en letras romanas, mediante su marca “K.H.E.-Mali ya Abdulla” hoy en día comercializada en Kenya.

Un kanga —para ser un buen kanga— tiene que tener dos características básicas: por una parte, un llamativo estampado central, y por otra, un audaz proverbio swahili. Y es a partir de la inclusión de proverbios en el tejido, que éste empezó a ser un vehículo de mensajes codificados tanto directos como indirectos. Su popularización fue inminente porque llegaba a amplios sectores de la población, como por ejemplo a las mujeres analfabetas que entienden el significado y los colores simbólicos del kanga sin tener que leer los mensajes inscritos en él. Yahya-Othman (1997) nos pone como ejemplo el hecho de que algunos estampados se utilizan en ocasiones especiales como bodas, funerales y otras celebraciones. O que el hecho de vestir el kanga rojo y negro en el dormitorio, puede ser un mensaje de la mujer a su marido de que tiene “dolor de cabeza”. Como la misma autora afirma, el kanga permite a la mujer expresar sentimientos que socialmente no tiene permitido expresar, sobretodo en el ámbito público. Y sirve además para entablar una conversación, ya que se inicia un diálogo comentado a partir de los mensajes inscritos de los kanga de otras mujeres con expresiones como: “Usinambie!” “¡no me digas!” o “Na kweli!” “¡En efecto!”, entre otras muchas.

¡Felicidades Barack Obama!Dios nos ha dado amor y paz. Fuente: http://pernille.typepad.com/louderthanswahili/2008/11/tanzanians-praise-obama-hongera-barack-obama.html

¡Felicidades Barack Obama!Dios nos ha dado amor y paz. Fuente: Louder than Swahili

Teniendo en cuenta el acto social al que se acuda, se puede vestir un kanga u otro, dependiendo de a quién se va a encontrar, quién va a ser el receptor del mensaje y qué se quiere transmitir. La interpretación de este mensaje estará condicionado por el contexto específico de los incidentes previos y la relación entre las dos personas. Por ejemplo, es delicado llevar según que tipo de kanga dependiendo de la ocasión, ya que puede tener varios significados y matices, algunos incluso de contenido sexual. Es además un regalo muy común en la cultura swahili, precisamente por su papel transmisor, tanto de maridos a mujeres, como de hijos a madres o entre mujeres. Pero éste no es un simple regalo, sino que la persona que recibe el regalo recibe el kanga, pero además el mensaje que hay en él—¡ya sea bueno o malo!—. No sólo ha formado parte del ámbito privado, sino que ha sido también utilizado durante las campañas electorales, políticas e incluso en campañas de salud pública, por ser una efectiva herramienta de movilización social.

Antiguamente el kanga estaba mayoritariamente fabricado en Europa, India, o incluso China y Japón, pero a partir de los años cincuenta se empieza a fabricar más en Kenya, Tanzania y en otros países de África. Además, el aumento en la utilización de tejidos usados mayoritariamente en África en la moda internacional, propicia la utilización del tejidos como el kanga o el wax. Diseñadores y marcas africanas como Lalesso o la línea “Kangalicious” del tanzano Mustafa Hassanali, son una muestra de ello.

Kangas Fashion. Foto: Fashion Junkii

Kangas Fashion. Foto: Fashion Junkii

Si buscamos un ejemplo de cómo la moda puede ir de la mano de un impacto social muy positivo, podemos echar un vistazo al proyecto The African Shirt Company. Fue creado por Joan y Lindi, dos amigos fascinados por la moda y por la conservación que decidieron llevar a cabo este proyecto que consiste en la confección de camisas para hombre y mujer utilizando este tejido fabricado en Kenya y cuyas ganancias invierten en parte en la comunidad en la que trabajan. El proyecto se desarrolla en Kitege, un pequeño pueblo de Kenya con muy pocos recursos. Para ello han formado en corte y confección a dos mujeres de la comunidad que trabajan también en el proyecto. Su idea es ir ampliando el negocio para poder ir formando y contratando a más mujeres de estas comunidades, y parece que lo están consiguiendo. Podéis encontrar más información en su web e imágenes en su Tumblr.

Foto: The African Shirt Company

Foto: The African Shirt Company

No hay duda de que es interesantísimo el poder de comunicación de este tejido, que muestra una vez más la utilización del arte como expresión.

¿Qué tipo de mensajes podemos encontrar el los kangas?

  • Hakuna mkamilifu: Nadie es perfecto
  • Karibu mgeni: Bienvenido visitante
  • Karibuni waalikwa shughuli yetu imefika: Bienvenidos a los visitantes!Nuestra fiesta está lista.
  • Moyo wangu sultani cha mtu sitaamani: Estoy feliz con lo que tengo
  • Tunaipenda Africa yetu: Amamos nuestra África
  • Mwembe tayari: Los árboles de mango están listos
  • Nitazidi kumpenda mpate kusema sana: Sigue hablando, cuanto más cotillees, más le querré.
  • Wazazi ni kioo cha jamii: Los padres son el espejo de la sociedad

Aquí podéis ver más algunos más.

Vista la diversidad en los mensajes, una recomendación: cuando os compréis tela kanga ¡aseguraos bien del mensaje del tejido y que éste se adecúa a la ocasión!

 

Fuentes:

 

Marionetas y guiñoles, alter egos africanos

Portada de "Marionnettes du Mali" de Werewere Liking.

Portada de “Marionnettes du Mali” de Werewere Liking.

Las sociedades africanas pre-coloniales gozaban de una gran variedad de figuras icónicas con funciones rituales y pedagógicas. Títeres, marionetas, máscaras y figuras hechas con distintos materiales formaban parte de espectáculos y ceremonias de todo tipo, y servían de soporte para la transmisión de la historia a través de mitos y epopeyas. La polifacética camerunesa-marfileña Werewere Liking ya recopiló entre 1977 y 1978 un catálogo sobre marionetas y estatuillas de Mali en su obra «Marionnettes du Mali» donde se apunta que los títeres y las marionetas son elementos cruciales para las comunidades a las que pertenecen. La polinización de estas figuras por parte de formas europeas y asiáticas de expresión ha contribuido a generar nuevas formas de marionetas y guiñoles contemporáneos. Por ello hoy queremos mostrar una panorámica general del teatro africano de títeres, marionetas y guiñoles en su diversidad más amplia, e indagar en algunas de sus más originales formas de expresión contemporáneas, que nos llevan irremediablemente a uno de los medios de comunicación de masas por excelencia: la televisión.

Ya hemos comentado varias veces como los procesos de emancipación nacional de los estados africanos vinieron acompañados por una increíble explosión cultural fomentada por los nuevos gobiernos. Éste fue el caso del ya citado Troupe National des Marionnettes de Mali, pero también del Burkina Faso Union of Drama Groups, creado el 1989 por el mítico Jean-Pierre Guingané en colaboración con el International Theatre Institute. Guingané luchó toda su vida por el reconocimiento del teatro con marionetas como un arte, y fue el responsable de la creación del festival bianual de teatro de marionetas FITMO/FAB Festival International de Théâtre et des Marionnettes de Ouagadougou/Festival des Arts de Burkina, que cuenta con la colaboración de compañías de Mali, Costa de Marfil, Benín o Guinea. La última edición de éste festival (del 22 al 27 de Noviembre del 2012) fue la primera sin la presencia de Guingané (1947-2011), pero se consagró como uno de los más populares eventos culturales de todo el África del Oeste.

Imagen de archivo del XI FESTIVAL INTERNATIONAL DE THÉÂTRE ET DE MARIONNETTES DE OUAGADOUGOU (2008). Fuente: Africultures

Imagen de archivo del XI FESTIVAL INTERNATIONAL DE THÉÂTRE ET DE MARIONNETTES DE OUAGADOUGOU (2008). Fuente: Africultures

Otra iniciativa mítica de la zona es sin duda la que ofrecen los titiriteros de la compañía Sogo bo, quienes representan el legado marionetista más grande de Mali. Se trata de una asociación teatral que recoge las tradiciones Bamana, Somoni y Bozo del centro-sud de Mali a través de espectáculos con figurillas talladas en madera que representan la vida cotidiana de sus poblaciones. Granjeros, pescadores, mujeres, animales, misioneros o dioses son presentados con ropajes, trapos y rafia, y acompañados por bailarines y músicos. Pero Sogo bo no es la única compañía marionetista de Mali, la Kabako Théâtre Troupe de Yaya Coulibaly -del que ya nos hablaron nuestros compañeros de Afribuku– es otra de las agrupaciones internacionales y punteras de su género en el África del Oeste.

Momento de la obra 'Tears By The River' (2012) que el keniata Chrispin Mwakideu narra junto a Fedelis Kyalo. Fuente: 'Living the Dream', blog keniata sobre marionetas.

Momento de la obra ‘Tears By The River’ (2012) que el keniata Chrispin Mwakideu narra junto a Fedelis Kyalo. Fuente: ‘Living the Dream’, blog keniata sobre marionetas.

En Togo, una experiencia similar invade frecuentemente las calles de Lomé. Es la Compagnie des Marionnettes de Danaye Kanlanfeï. No se trata solo de una agrupación sino de una escuela para la formación de actores del teatro con marionetas. Sus integrantes utilizan materiales reciclados para crear sus títeres -auténticas obras de arte que han sido expuestas ya en distintas galerías de Europa- y manejan sus marionetas como herramienta para la educación en temas medioambientales o para despertar la conciencia contra la corrupción.

En el extremo opuesto del continente, otro titiritero emplea muñecos de paño para cambiar el mundo. Se trata del kenyano Chrispin Mwakideu. Periodista, dramaturgo y actor, lo que nos lleva a él es su faceta teatral. Escritor de dramas para el proyecto educativo germánico “Learning by Ear” (en inglés, amhárico, francés, hausa, swahili y portugués) se inspira en las historias contadas por las marionetas para generar crítica social entre la audiencia, mayoritariamente infantil. Su amor por los títeres empezó a mediados de los 90, con espectáculos de marionetas tradicionales que le sirvieron para sensibilizar sobre el sida, la malaria o los derechos humanos, pero Mwakideu encontró en los títeres una manera sencilla de criticar el gobierno keniata y empezó a ganarse un público más adulto.

Una de los carteles promocionales del Show XYZ. Fuente: XYZ.

Una de los carteles promocionales del Show XYZ. Fuente: XYZ.

No se trata de una iniciativa aislada en el país. Si hace pocos días veíamos como Mwangi utiliza el arte callejero para generar crítica social e influir en las próximas elecciones, el programa televisivo semanal XYZ Show se erige como una versión moderna del teatro con títeres y como una de las sátiras más mediáticas de todo el África Oriental, por no decir de todo el continente. Se trata de una versión africana de ‘Les Guignols’, co-producida por Homeboyz Studios (productores de Tinga Tinga Tales), y que reúne la cantera de titiriteros y guionistas más eminentes del país. Como a lo largo de la historia, dar la responsabilidad de ciertas palabras -incómodas para los dirigentes y necesarias para las masas- a títeres, marionetas y guiñoles, resulta una práctica social sana y un buen síntoma de libertad de prensa. A pocas semanas de las próximas elecciones, XYZ se erige como una fuente de inspiración para los votantes y un preámbulo excelente para la regeneración política, de la que muchos deberían tomar buena nota.

Y para ilustrar la versatilidad que las marionetas pueden adquirir, no podíamos obviar un vídeo que en 2011 se convirtió en un bombazo en la red. Se trata de un titiritero angoleño que ha hecho dar la vuelta al mundo a su alter ego de trapo. Bailando semba, uno de los estilos más populares de Angola, hace evidente cómo una marioneta puede, en realidad, hacer todo aquello que no nos atrevemos, no podemos o no “debemos” hacer nosotros.

‘Silicon Savannah’, una “tecnopolis” en Kenya

konza

 

“Un sueño hecho realidad”, así se refieren los medios a esta “tecnopolis” ideada por el gobierno keniano, encabezada por el Secretario permanente del Minisiterio de Información y Comunicación, Bitange Ndemo. Está claro que desde nuestra perspectiva occidental aún nos sorprende el potencial tecnológico africano, pero nada más lejos la realidad. En Wiriko ya hemos hablado en alguna ocasión del importante papel que juegan las nuevas tecnologías en África. Precisamente lo hizo nuestro compañero Carlos Bajo, que junto con Antoni Castel profundiza en su papel en el continente en su libro “Redes Sociales para el Cambio en África” publicado por Catarata y Premio de Ensayo de Casa África.

Sin ánimo de hacer una análisis muy profundo sobre el impacto de las nuevas tecnologías en el continente, hemos querido hacer mención de un proyecto de dimensiones mastodónticas que no deja de sorprendernos, no sólo en su versión africana, sino en otras experiencias a nivel mundial de tal magnitud. Nos referimos al ‘Silicon Savannah’, que ya sólo con el nombre nos da una pista de qué tipo de proyecto estamos hablando. Su nombre está inspirado en ‘Silicon Valley’, el de sobra conocido conglomerado de empresas tecnológicas en el norte de California (EEUU). Su nombre “Silicon” alude a la alta concentración de empresas de electrónica e informatíca, y viene de “silicio” que es el elemento químico característico de los materiales que utilizan.

Construida sobre 2000 hectáreas, se espera que Konza Tecnology City esté construida en el año 2020 con financiación público-privada. Estará situada a 60 km de Nairobi y a 50km del aeropuerto internacional Jomo Kenyatta. La maqueta evidencia el contorno de la futura ciudad: un distrito financiero internacional, edificios para compañías tecnológicas y laboratorios de innovación, plantas de manufactura, ríos artificiales y hasta casas, escuelas, iglesias y mezquitas. Albergará a unos 200.000 puestos de trabajo y en ella vivirán unas 35.000 personas. Será la base africana de grandes empresas como Google, Facebook y Microsoft. Este megaproyecto de unos 7 billones de dólares, forma parte de uno de los principales objetivos del gobierno, que es el de promover la industria tecnológica como clave para el desarrollo en los próximos años. La mirada —y la esperanza— está fija en el 2030 y en el ambicioso plan que tiene proyectado Kenya.

El hecho de que Kenya pretenda erigirse como el país más puntero de África en cuanto a nuevas tecnologías, no es casualidad. Las estadísticas ayudan en este caso a entender un poco la situación [1]: 9 de cada 10 kenianos tienen móvil y 15 millones de personas transfieren unos 7 billones al año vía móvil, que es el 20% del Producto Interno Bruto con el sistema M-Pesa. Por otra parte, el gobierno de Kenya tiene un portal llamado Kenya Open Data donde da información de interés público a los ciudadanos de forma abierta y transparente —al menos en la teoría—. Además invierte grandes cantidades en el desarrollo de proyectos de tecnología.

Uno de los más destacados e interesantes proyectos, es el iHub que basado en el “coworking” es un espacio incubador de nuevos proyectos lanzado en el año 2010 por Erik Hersman. iHub proporciona un espacio donde los jóvenes emprendedores que son miembros, pueden recibir tutoría, conexión a Internet y la posibilidad de financiación de empresas interesadas en sus proyectos. El iHub se coloca como “la sede no oficial del movimiento tecnológico de Kenya”.

El iHub también desarrolló la aplicación de móvil M-Farm, que permite a los agricultores acceder a la información sobre el precio de los mercados con un modelo básico de teléfono y actualmente usado por unos 5.400 agricultores. El financiamiento inicial de este gran proyecto de iHub, provino de Ushahidi, una empresa de desarrollo de software de código abierto de recolección de información, visualización y mapas interactivos. Inicialmente trabajaron en los informes del mapa de violencia post-electoral en Kenya y se ha convertido ahora en una plataforma de crowdsourcing y para la visualización de los datos de 156 países.

A pesar de las intenciones y objetivos del gobierno, lo cierto es que este “sueño” aún no se ha alcanzado y no parece ser un sueño para muchos detractores. Por una parte está la prudencia de muchas empresas que quieren esperar y ver los resultados antes de invertir en el proyecto, lo que complica un poco la visión de partenariado público-privada esperada, ya que se estima que por el momento han invertido sólo un 40% de lo esperado.

Por otra parte, se habla de “burbuja” de “capital vanidosa” refiriéndose a Nairobi. Mucho dinero invertido y un impacto desconocido. No es de extrañar que se cuestione y se critique la gran inversión de dinero que se va a realizar en esta nueva ciudad, en un país con aún muchos problemas sociales, como el desempleo y la pobreza. Algunas voces y artículos critican el bombo exagerado que se le ha dado en los medios de comunicación, y como se está generando que las pequeñas empresas vayan a la caza de las ayudas y subvenciones con ideas, no del todo desarrolladas, para satisfacer a los donantes. Se afirma también que ese dinero invertido por los donantes, a menudo inversores que poco tienen que ver con la tecnología, no tienen en cuenta la viabilidad a largo plazo de los proyectos, dando esperanza a los jóvenes empresarios, pero sin ofrecerles recursos para convertir esas ideas en negocios sostenibles.

Habrá que estar atento a ver cómo avanza este gran proyecto y ver si el rápido despegue tecnológico de Kenya es sostenible y no sólo una “burbuja” con riesgo de explotar. Aún así cabe volver a destacar proyectos colectivos como el iHub y Ushahidi, pioneros en África, que arrojan esperanza a nuevas formas abiertas, sostenibles y colaborativas de creación y desarrollo proyectos ligados a las nuevas tecnologías y relacionados con el software libre.

 

Fuente:
[1] Heavy Chef

Más información

  • The Guardian
  • The East African
  • Konza City
  • Wired
  • Voa News