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Ngũgĩ wa Thiong’o: “El problema es que las lenguas se han usado para asegurar las desigualdades del sistema colonial”

Antes de que Kenia consiguiese la independencia, Ngũgĩ wa Thiong’o ya había puesto su pluma al servicio de la libertad y de la emancipación de su pueblo. Su primera novela trataba sobre el choque entre las culturas europeas y africanas, precisamente en el momento del levantamiento mau-mau, un tiempo en el que el compromiso se pagaba caro. Cuando los gobiernos independientes no cumplieron con las expectativas de derechos para los ciudadanos, Thiong’o no tuvo reparo en colocarse enfrente, su compromiso seguía siendo el mismo: por la libertad y la emancipación, fuese quien fuese el que cometía los atropellos; y eso le llevó primero a la cárcel y después al exilio. Esa coherencia alejada de cualquier dogmatismo y esa alineación siempre con las capas más populares de la sociedad le ha convertido casi en un mito; la calidad de su trabajo literario, que abarca teatro, novela, ensayo o cuento infantil, además, le ha convertido en un referente global. Es uno de los autores africanos más publicado en castellano (probablemente el más publicado) y unas de sus últimas obras traducidas son, precisamente, los dos primeros volúmenes de su trilogía de memorias (Sueños en tiempos de guerra y En la casa del intérprete, de la editorial Rayo Verde, publicados también en catalán).

El novelista keniano Ngũgĩ wa Thiong’o en Barcelona. Foto: Carlos Bajo

A sus ochenta años recién cumplidos, el escritor keniano, continúa viajando por el mundo para hablar sobre sus experiencias y sus reflexiones. Está en Barcelona de paso, para presentar En la casa del intérprete en el festival MOT (un festival literario que se celebra entre Girona y Olot), y charla sereno y animado a pesar del cansancio que le provoca el jet lag de su viaje desde Los Ángeles, donde reside y ejerce como profesor universitario. La fatiga no le impide ni ser firme, en algunas ocasiones; ni bromear, en otras.

Con el tiempo usted se ha convertido en un referente en la defensa de las lenguas africanas.

Todo el mundo tiene un derecho a su propia lengua y no sólo a la lengua, sino a todo lo que una lengua contiene, la historia, la cultura, los sistemas de conocimiento. Y ese es un derecho innegociable. Esa es mi base. Desde esta base tú puedes conectar con el resto de lenguas y culturas del mundo. Cuando añades lenguas a tu propia lengua, eso es empoderamiento. Por el contrario, si conoces otras lenguas pero no conoces la tuya, o bien la sustituyes, eso es sometimiento. Es un debate tan largo como alcanzo a recordar.

Su apuesta, entonces, ¿es a favor de las lenguas africanas?

Evidentemente, yo parto de mi propia lengua, mi lengua materna, que es una lengua africana, el kikuyu, pero puedo usar otras como el inglés, por ejemplo, cuando es necesario. La base, es la lengua madre, pero conocer otras lenguas, como el inglés, es bueno para mí. En realidad, es una cuestión de relaciones. A mi propia lengua le puedo sumar otras, incluidas las que que podemos llamar lenguas coloniales. Mi propuesta es una política de tres lenguas: la lengua materna, en mi caso el kikuyu; la lengua nacional que sea la mayoritaria en un país en un momento, la que aglutine grandes comunidades, en mi caso el kisuajili; y finalmente, el inglés, el francés, el español o el idioma global que sea. Al final, es una cuestión de sentido común, se trata de utilizar la lengua que te permita comunicarte en cada situación.

Entonces, ¿dónde está el problema?

El colonialismo ha establecido relaciones de poder desiguales, que no responden a las relaciones naturales de las lenguas. Los sistemas de desigualdad han distorsionado los procesos de empoderamiento de las personas y la relación de esas personas con sus propias lenguas. El problema es que las lenguas se han utilizado para asegurar esas desigualdades del sistema colonial y esas relaciones entre las lenguas, reflejan esas relaciones de desigualdad.

¿Como cuando Macron intenta reclutar escritores de origen africano para revisar la Francophonie?

Les corresponde a los países africanos resistirse a la primacía de las lenguas, es decir, les corresponde a los países africanos decidir cuáles deben ser sus políticas lingüísticas. Impulsar el francés, por ejemplo, puede ser una de ellas, pero en todo caso, lo deben decidir ellos, igual que pasa con el inglés. En todo caso, el francés puede tener una posición de apoyo, es correcto, pero no de sustituto de las lenguas nacionales. Este es un tema que me apasiona y sobre el que llevo más de treinta años trabajando. Ya, alrededor de 1920, uno de los directores de la Alliance Française, advirtió que algún día los países del África francófona serían independientes y por eso era necesario establecer ataduras psicológicas fuertes basadas en la lengua y la cultura, para conseguir que siguiesen siendo dependientes de París.

Ngũgĩ wa Thiong’o durante su última estancia en Barcelona. Foto: Carlos Bajo

¿La lengua es la coartada?

A medias. La lengua no es sólo un escudo, también es una herramienta para el control económico y político.

En este contexto de defensa de las lenguas, ¿qué papel tiene su colaboración con el colectivo de jóvenes escritores Jalada?

Tenia que colaborar con ellos porque han puesto en práctica lo que nosotros discutíamos en teoría. Yo he teorizado mucho sobre este tema, ¡pero ellos lo han hecho realidad! Me pidieron una historia (La revolución vertical) y yo la escribí en kikuyu, les entregué el original, y también se lo traduje al inglés. Hoy este relato está traducido a 68 lenguas de todo el mundo, creo.

Y, ¿que papel juegan las nuevas formas de editar, las tecnologías digitales?

Oh, no, yo sólo les di la historia (ríe). Lo mío son las viejas tecnologías (bromea). Pero por supuesto que esas tecnologías digitales son muy importantes para las nuevas publicaciones. Lo que pasa es que también es importante controlar el uso, porque pueden tener un efecto negativo. Todas las grandes empresas y los grandes negocios se apoyan en el uso de los medios sociales.

¿Vivimos tiempos de homogeneización?

No, no… Estamos en medio de una lucha entre las fuerzas que buscan el control social y las que quieren un mundo mejor. Esa lucha se refleja en los medios convencionales, en los medios sociales y en todos lados. Pero, por mucho que las grandes compañías estén intentando imponer esa cultura homogénea, siempre hay grupos que están desarrollando las alternativas.

¿Dónde ha quedado el papel emancipador y liberador de la literatura?

Sigue siendo necesario. La literatura empodera a la gente. Eso siempre es necesario y cada uno de tenemos que contribuir a nuestra manera desde diferentes ámbitos.

Con su experiencia vital, ¿cómo vive que siga habiendo escritores perseguidos o encarcelados en diferentes países de África?

Es el reflejo de las tendencias represivas. Cuando los escritores o los líderes de opinión, en general, son encarcelados es el reflejo de una represión mucho mayor. Los escritores son los cabezas de turco, meterlos en la cárcel pretende dar un ejemplo para el resto de la sociedad. He reescrito un libro que habla sobre mi experiencia en prisión y lo he dedicado a todos los escritores que son encarcelados, porque encarcelar a los escritores es un intento de silenciar sus ideas.

¿Por qué se ha decidido ahora a escribir sus memorias?

Porque tengo ochenta años, amigo (ríe). Pero no me siento mayor, ha sido mi mujer la que me ha dicho “te estás haciendo mayor, tendrías que ir escribiendo tus memorias para tus hijos y tus nietos”. Y las he escrito pensando en la teoría “globaléctica” que nos permite ir conectando fenómenos y situaciones. Al final, en cada conversación podemos conectar con todo el mundo y llevamos encima la historia del universo. En mi vida siempre ha estado muy presente la interacción y cómo todas esas fuerzas que hay a nuestro alrededor me han impactado. Esa es la imaginación globaléctica.

Y, ¿cuál es el punto fuerte de la tercera parte de su autobiografía, la que todavía no se ha publicado en español?

Cómo me convertí en escritor. Cómo me dije a mi mismo he nacido para hacer esto, cómo estaba intentado reflejar mi propia lucha y la importancia y la interacción con todas las fuerzas que influían en mi toma de conciencia sobre la escritura.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Éditions Bakame, la madriguera de la literatura infantil ruandesa comprometida

Logotipo de la editoral rwandesa

Logotipo de la editoral rwandesa

El trofeo entregado en Bolonia que acredita a Bakame como la mejor editorial infantil de África. Imagen cedida por la editorial.

El trofeo entregado en Bolonia que acredita a Bakame como la mejor editorial infantil de África. Imagen cedida por la editorial.

Una editorial que publica obras para niños, literatura infantil y libros escolares, que lo hace a un precio asequible, en una lengua nacional africana, poniendo por delante la calidad y el uso pedagógico de la tradición parece simplemente un proyecto suicida. Abocado al fracaso. Sin embargo, Éditions Bakame tiene ya dieciocho años de vida y no sólo eso sino que además afronta un futuro prometedor y sólo hace unos meses recibió el premio a la mejor editorial de libros infantiles en África en la Feria de Bolonia.

Agnes Gyr-Ukunda, la responsable de esta editorial rwandesa considera que el secreto de la supervivencia de esta iniciativa es simplemente “amar lo que se hace, rodearse de personas competentes y creer en un futuro mejor”. Esta filosofía se transmite en la propia dinámica de trabajo del proyecto cuyos objetivos se despliegan en tres direcciones, según las explicaciones Gyr-Ukunda. Por un lado, “crear y producir una literatura de calidad basada en la cultura rwandesa para niños y jóvenes en lengua nacional kinyarwanda”. Por otro lado, la editorial trata de “promover el hábito de la lectura en un país en el que la cultura oral tradicional está todavía muy viva y en el que la escritura es reciente”. Y, por último, ¿qué sentido tendría publicar libros a los que nadie puede acceder? Por ello, la responsable de la editorial señala que uno de sus objetivos es “producir libros a precios accesibles”.

Lo más interesante de este posicionamiento clarísimo es que no es un brindis al sol. El catálogo de Éditions Bakame está lleno de volúmenes apoyados completamente en cuentos tradicionales y rezuma por los cuatro costados una voluntad de valorizar la cultura eminentemente rwandesa, sin complejos, pero sin prejuicios, sin necesidad de imitar nada, con la certeza de que lo propio ya es suficientemente bueno. “La cultura encierra saberes ancestrales y es una referencia para cualquiera que quiera conocer su identidad como individuo que pertenece a un pueblo concreto. Hacer literatura juvenil en lengua nacional basada en la cultura es dar a los jóvenes la oportunidad de conocer la tradición, que es una de las bases reales y sólidas de su propia identidad”, según explica Agnes Gyr-Ukunda.

Cubierta de una de las publicaciones de la editorial Indyo yuzuye iduha ubuzima bwiza

Cubierta de una de las publicaciones de la editorial Indyo yuzuye iduha ubuzima bwiza

Agnes Gyr-Ukunda, responsable de Éditions Bakame. Foto cedida por la editorial

Agnes Gyr-Ukunda, responsable de Éditions Bakame. Foto cedida por la editorial

La visión que desde la editorial tienen del valor de la cultura en el desarrollo personal y colectivo puede parecer inocente, pero en realidad es tremendamente atractiva y motivadora. Gyr-Ukunda asegura que “promover el hábito de lectura entre los jóvenes supone despertarles el gusto por leer, el acceso a los libros y a informaciones diversas” y se muestra convencida de que “saber leer supone combatir la ignorancia y una abertura a la modernidad”. Y desde esa perspectiva esta incansable editora rwandesa da una importancia especial a “aprender a leer y escribir en la lengua materna, porque estar alfabetizado en la lengua propia da la oportunidad de aprender rápido y mejor, facilitando después el aprendizaje de otras lenguas y ofreciendo las competencias necesarias para la vida profesional”.

No cabe duda de que el mérito de Éditions Bakame es grande, tanto por su supervivencia como por sus orígenes, porque no se puede obviar que en 1995 abrieron una puerta que parecía que no existía, la de los libros infantiles en lengua kinyarwanda. Parecía que el combate no iba a ser fácil, porque la tradición de literatura escrita en el país es débil y reciente, pero los impulsores del proyecto no se amilanaron. Y Gyr-Ukunda tiene claro por qué su objetivo tenían que ser los niños: “Crear una editorial para jóvenes era para mí una prioridad, para darles la oportunidad de crecer con un libro y de utilizarlo para salir de la ignorancia que es la fuente todo subdesarrollo intelectual. La literatura da placer, permite evadirse, viajar sin desplazarse, relajarse. Yo quería ofrecer este placer a los niños”. Porque más allá de la lectura como placer, la sensibilidad que muestra la editorial en la elección de los temas, de temas comprometidos, pone de manifiesto la voluntad educativa y constructiva. “La lectura como placer permite también  los jóvenes lectores familiarizarse con los medios de comunicación y hacer valer su propia voz en las discusiones”, afirma la responsable de Éditions Bakame.

La editorial se enfrenta a un mercado complicado, en el que la publicación resulta cara por el precio de la importación del papel, en el que hay pocos especialistas en la industria editorial, en el que el público tiene poco poder adquisitivo y en el que el libro continúa percibiéndose como un objeto de lujo. A pesar de estas adversidades, los impulsores de este proyecto se aferran, seguramente, a la convicción de que “escribir en la lengua nacional supone vehicular la cultura, apoyar esta lengua y hacer revivir los cuentos y relatos tradicionales”, según la responsable de la editorial.

En todo caso y a pesar de los inconvenientes, preguntar a Gyr-Ukunda por el futuro resulta esperanzador: “El futuro será lo que construyamos hoy. Si utilizamos adecuadamente todas las posibilidades y las oportunidades que se nos presentan hoy, el futuro es viable”.