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Un Salon du Livre poco africano

Entrada del Salon du Livre. Fuente: Augusto Starita - Secretaria de Cultura Argentina

Entrada del Salon du Livre. Fuente: Augusto Starita – Secretaria de Cultura Argentina

Los editores africanos continúan teniendo una escasa presencia en el Salon du Livre de Paris. Se trata de una vieja reivindicación. Hace años que desde diferentes organizaciones de libreros africanos se pone de manifiesto la ausencia en esta cita que resulta fundamental desde el punto de vista empresarial. Este vacío evidencia las dificultades de las casas de edición para acceder a un escaparate fundamental, sobre todo, para los empresarios del libro de la antigua esfera colonial francesa. La ausencia de los editores, sin embargo, no significa que la literatura africana no haya tenido presencia en edición de 2014, celebrada hace un mes y medio.

Al margen de las consideraciones morales, no hay duda de que la presencia en este salón es una buena ventana para los autores africanos. No en vano, los pocos que han tenido la oportunidad de acudir no han dejado de aparecer en los medios, como es el caso de Janis Otsiemi, el escritor gabonés de novela negra del que ya hemos hablado en esta sección, que ha publicado sus últimas obras en la editorial francesa Jigal. En apenas unos días, el autor gabonés ha conseguido aparecer en los principales medios franceses.

En definitiva, la principal puerta de entrada de los autores africanos en el Salon du Livre de Paris ha sido un espacio que en las últimas citas ha consolidado su presencia en esta feria. Livres et Auteurs du Bassin du Congo es el stand en el que de manera más estable y sistemática se programó la asistencia de escritores africanos durante los cuatro días del encuentro (del 21 al 24 de marzo). Como hace sospechar su nombre, los autores y las autoridades congolesas han tenido un especial protagonismo en el espacio, pero eso no quiere decir que por el escaparate no hayan pasado escritores de otros lugares del continente, fundamentalmente de la zona del Golfo de Guinea y de la región centroafricana.

Mesa redonda sobre la novela policiaca en el stand de Livres et Auteurs du Bassin du Congo, con Florent Couao-Zotti, Janis Otsiemi, Alain Mabanckou, Maurice Gouiran y Nicolas Michel. Fuente: Livres et Auteurs du Bassin du Congo

Mesa redonda sobre la novela policiaca en el stand de Livres et Auteurs du Bassin du Congo, con Florent Couao-Zotti, Janis Otsiemi, Alain Mabanckou, Maurice Gouiran y Nicolas Michel. Fuente: Livres et Auteurs du Bassin du Congo

Durante tres días, este espacio fue el escenario de más de cuarenta actos, entre mesas redondas, entrevistas, encuentros con autores o talleres de escritura. Por el stand pasó una envidiable nómina de autores de origen africano entre los que se encontraban desde Calixthe Beyala, Nimrod, Alain Mabanckou, Hemley Boum o el mencionado Janis Otsiemi, entre muchísimos otros. Se habló de literatura, de algunos de los aspectos concretos de la literatura africana, pero también de ciertos géneros como la novela policiaca y el cómic, y además se habló de políticas culturales y del futuro de la edición, fundamentalmente a través de debates relacionados con la edición digital.

En este espacio, algunos editores africanos sí que tuvieron su momento de protagonismo, pero siempre como parte de los debates y las discusiones que se proponían en el espacio de Livres et Auteurs du Bassin du Congo.

El premio Mokanda

Es dentro de la programación de este espacio, en el que se entregó el premio Mokanda al poeta congolés Gabriel Okoundji. Se trata de la tercera edición del galardón y la primera que se otorga a un poeta. El premio está destinado a “una obra íntegramente francófona, que debe estar inspirada por un amor y un vivo interés por África, aunque no es obligatorio que el autor sea originario del continente”, según señala una nota de la Agence d’Information d’Afrique Central. Esta misma fuente pone de manifiesto que, casualmente, el premio ha recaído en un poeta por primera vez en esta edición, precisamente el año en el que Livres et Auteurs du Bassin du Congo estará presente en el Marché de la poésie, otra feria literaria celebrada en Francia. Se trata sólo de un dato con el que no se pretende poner en duda la calidad del galardonado.

Otro espacio para la literatura africana

La publicación trimestral Geopolitique Africaine organizó una serie de actividades dentro de este mismo espacio de Livres et Auteurs du Bassin du Congo, en el que los autores y las obras que tuvieron más protagonismo fueron los dedicados a la no ficción. Este escaparate fue el escenario de cuatro mesas redondas, durante los cuatro días de apertura de puertas para el público general de la feria. Y supusieron una oportunidad para abordar temas como la futura organización de las ciudades africanas, la cultura como motor de desarrollo y el papel de las mujeres en el continente.

Ausencia casi total de los editores africanos

Más allá de estos islotes de literatura africana, la lista de editores participantes en el Salon du Livre muestra una sorprendente ausencia de las editoriales africanas. Esta lista de editoriales demuestra que apenas dos empresas radicadas en África subsahariana (una mauritana y otra guineana) tenían un stand propio en el que mostrar sus trabajos de manera permanente. Resulta curioso que en un momento en el que la literatura africana, probablemente, vive uno de sus momentos de mayor proyección, desde la atracción generada por los autores de la época de las independencias; el escaparate de la producción editorial francófona evidencia esta ausencia. El motivo de esta situación puede poner de manifiesto la existencia, aún, de una cierta rémora: que estos autores africanos irrumpen en el mercado literario mundial sólo de la mano de las editoriales del norte. Da la impresión de que las editoriales africanas no han podido, en la edición de 2014, vencer los obstáculos que ya habían denunciado en años anteriores.

 

Escribir desde el humor o leer la vida desde la risa, el doble impulso de la vis cómica africana

Imagen del Día de la Risa. Fuente: www.nazret.com

Imagen del Día nacional de la Risa. Fuente: www.nazret.com

En Etiopía, en el mes de octubre, celebran el “Día nacional de la risa”, lo que no quiere decir que sólo se rían ese día. Se ríen a menudo pero han decidido dedicar un día entero a la risa y al buen humor, como terapia, como relax, como forma de olvidarse de los problemas.

“Estas cosas tan poco serias solo ocurren entre los etíopes” fue la frase que más me replicaron al comentar la noticia, lo que me hizo  darme cuenta de que hay quien dice etíopes como quien dice marcianos porque desconocen todo sobre este país, sus gentes o sus coordenadas físicas, “está por ahí, por África, ¿no?” acertaban a decir los más atrevidos, como queriendo decir en un lugar muy remoto, muy profundo y muy oscuro, y que no le daban ningún valor a dedicar un día a desarrollar uno de los sentidos más importantes: el sentido del humor. De lo anterior  te das cuenta cuando se quedan perplejos si les replicas que esos seres verdes que son los etíopes celebran el “día de la risa” como nosotros celebramos el “día de San Consumo”, solo que ellos acaban relajados, felices y renovados, y nosotros estresados por no saber qué comprar y enfadados por sentirnos timados un año más, y todavía habrá quién se  pregunte que de qué se pueden reír tanto los africanos.

El humor aparece con mucha frecuencia en las autobiografías o semi-biografías. Alguien tan seco, huraño y serio como JM. Coetzee ya lo utilizó en su novela Verano donde se rememora y disecciona, mediante entrevistas, la vida de un escritor recientemente fallecido llamado… John Coetzee. Otra novela que también tiene nombre propio es Algún día escribiré sobre África donde un Binyavanga Wainaina, previo a hacer pública su homosexualidad, recuerda las palabras con las que le anunciaron su nominación al premio Caine, “Estimado individuo aceptado para el premio Caine, de nombre Binya…vanga. ¿Quiere venir a Inglaterra y cenar en la Cámara de los Lores y hacer lecturas e ir a la Biblioteca Bodleiana para asistir a una cena de muchos platos, con vino y todos los intelectuales de Londres? En dicha cena descubrirá si la baronesa Tipa Importante le premia con quince mil dólares”, os adelanto que sí que fue y luego escribió el libro, un relato sobre el recorrido vital que le llevó a ser el escritor reconocido que hoy es y en el que luce un brillante sentido del humor y de la ironía. También están los que recurren a sus recuerdos de la infancia para soltar algunas verdades como puños provocando la risa, nada como un niño para decir lo que de verdad se piensa. Eso es lo que transmite el narrador de Buenos días, camaradas de Ondjaki cuando con mucho sentido común (otro que tampoco ejercitamos demasiado) pregunta si los angoleños deberían de tener una playa en la Unión Soviética, al enterarse de que los rusos tienen una playa propia en Angola. En Mañana cumpliré veinte años, su autor, el congoleño Alain Mabanckou hace lo mismo con su infancia y la suya tampoco tiene nada de tenebrosa o torturada, al contrario, es un niño curioso, travieso, luminoso y divertido y nos ofrece un texto plagado de momentos de humor.

La risa, en el fondo, es un asunto muy serio, ya que si no se dosifica o utiliza bien, el texto puede quedar grotesco o patético. Por eso arriesgarse a escribir un libro desde el humor tiene doble riesgo: el primero el de lograr que aflore, y el segundo el hacerlo por escrito, porque cuando uno tiene a alguien delante puede examinar al de enfrente y al contemplar su reacción hacer un gesto y provocar la carcajada, como hace Chris Abani en este vídeo, o cambiar el tema del discurso o cambiarse de país directamente. Sin embargo, cuando uno escribe no tiene a nadie enfrente, no sabe cómo van a reaccionar los lectores y mucho menos si se van a reír. A pesar de tratar realidades muy dolorosas en su novela Graceland, el escritor utiliza el sentido del humor para dotar de algunos gramos de luz a las duras vidas de sus protagonistas. Así el humor, sin ser el eje central de la novela, logra suavizar la narración y dar al lector algún respiro.

Además, el humor se puede utilizar también para disfrazar la desvergüenza, como en la novela Puta vida del togolés Sami Tchak, cuyo autor afirma que sin el humor del narrador habría resultado una novela demasiado cínica. Razón no le falta ya que la única novela traducida al castellano de Tchak es una obra plagada de sexo, donde late el enfado del escritor al hablar sobre el trato que reciben los emigrantes (ya sean de primera o de segunda generación). En este caso el protagonista es nacido en Francia de padres africanos (sobre los que tampoco se calla lo que piensa). Os sorprenderá por su estilo directo y crudo que no obvia casi nada en relación al sexo y al racismo, provocando la risa casi, casi, en cada párrafo, a pesar de su crudeza “En nombre de esa verdad de pacotilla, habría querido decirle a aquella joven blanca cuatro cosas bien dichas sobre los indocumentados:¡A uno que no tiene papeles no se le hace tanta publicidad¡ ¡No se la merece, joder¡ Hay que darle un guantazo y mandarlo allí donde debería haberse quedado de un puntapié. ¿Tan difícil es?”. Y también como manera para dar forma a un personaje, como ocurre con la protagonista de la extraordinaria Condiciones nerviosas, la inquieta Tambu, escrita por Tsitsi Dangaremba. En las obras de Ahmadou Kourouma el humor es primo hermano del horror, provocando una extraña sensación al leer la vida del pequeño Birahima, el niño-soldado protagonista de Alá no está obligado y de la inconclusa Cuando uno rechaza dice no. Gracias a sus inestimables diccionarios con los que intenta comprender lo que le rodea (nada menos que cuatro, todos escritos por la mano colonizadora), Birahima va poniendo nombre a cada situación y a golpe de humor/horror se le llena la boca de verdades como puños: “’Civilización o comunidad’ cuando se habla de un grupo de blancos y ‘etnia o tribu’ cuando se trata de un grupo de negros,’Guerra de civilizaciones’ cuando combaten los europeos y ‘conflicto tribal’ cuando lo hacen los bárbaros indígenas negros de África”.

Escribir desde el humor, es difícil. Sin embargo a veces es la única manera de escribir  que tienen algunos escritores, como Henri Lopes que reconoce que utiliza el humor en sus obras pero no le atribuye una función determinada, simplemente es su estilo, la mejor manera de escribir para él. Alain Mabanckou recurre también al humor y a la ironía a menudo. La hilarante Memorias de Puercoespín nos cuenta la leyenda según la cual todo ser humano tiene un doble animal. Puercoespín, parlanchín incontinente, le contará su azarosa vida a un baobab, a veces truculenta, a veces ácida. Las peripecias de Puercoespín nos asombrarán y provocarán nuestras carcajadas, al igual que Vaso Roto que desde los confines del mugriento bar congolés “El crédito se fue de viaje” y con un lenguaje coloquial, a veces vulgar, a veces escatológico, hace desfilar a sus clientes, seres fracasados, patéticos, bordeando la marginalidad, provocándote la risa con párrafos como este: “Al dueño del Crédito se fue de viaje no le gustan las frases hechas del tipo en África, cuando un anciano muere, arde una biblioteca y cuando oye este tópico manido, se enfada un montón y suelta al momento depende del anciano, dejaos de chorradas, yo sólo me fío de lo que está escrito”.

Una forma de humor diferente es la que propone el humor negro. El nuevo proyecto editorial 2709 books de la mano de Marina M. Mangado, nos acerca a un escritor que hasta ahora no tenía obras traducidas al castellano. Dos cortos relatos del marfileño Venance Konan nos dan pie para pensar que en la obra de este autor el humor es una constante, y no solo el humor, sino también el humor negro que asoma en El entierro del tío Kouadjo. El tío Kouadjo, todo un carácter, de joven camorrista y de viejo un cascarrabias, ha muerto y hay que enterrarlo. El entierro deviene en un torrente de situaciones cómicas: desde la lluvia que dificulta las labores, a las viejas rencillas, los enfrentamientos debido a las infidelidades y el propio espíritu del tío Kouadjo que parece decidido a imponerse incluso en su propio entierro. Y vaya si lo logra.

También hay mucho de humor negro en la obra Reír y llorar de Henri Lopes, forzosamente ya que gira en torno a  la vida de un dictador no tan imaginario. Esta novela se abre con un prólogo en el que se hace una “Advertencia muy seria”, ya que según la “Asociación interafricana de Censores francófonos” todo lo que narra el libro es fruto de la invención de su autor, fruto del mal gusto y una deformación intolerable de la realidad africana. Solo con un prólogo así ya tienes motivos más que suficientes para adentrarte en la historia de un dictador y de País, un estado africano inconcreto, en una certera sátira sociopolítica, donde la corrupción, la opresión, el sufrimiento, las torturas y la connivencia de los estados europeos, nos muestran un mundo a la deriva con una gran vis cómica.

-Mandad delegaciones a los países africanos productores de grandes hechiceros.

Se marcharon más de cuarenta misiones y volvieron cada una con su rara avis.

-¡Un momento¡ No se olviden de Europa. Búsquenme allí a los mejores videntes.

En la conferencia que reunió a todos aquellos expertos, hubo menos europeos que africanos.

-Al menos existe un campo en el que destacamos.

Henri Lopes nos cuenta, a través de su protagonista, por qué reír cuando lo normal sería llorar. Cuando el “Maitre” (protagonista de la novela) le pide opinión a uno de sus compatriotas sobre los primeros capítulos de su obra, éste le contesta que no sabría cómo encuadrarla; si a veces le parece que lo narra un historiador, otras veces, en cambio, le parece que lo hace un griot, es decir, un mercader de sueños y de diversiones, para algunos, y una clave para descodificar la vida en el poblado, para otros.

Es gracias a la risa por lo que las áfricas han salido hacia delante, nos dice Lopes. Ante la brutalidad, la sinrazón, la explotación, la inhumanidad…De nuevo el humor permite escribir y nos permite poder leer tanto sobre temas atroces, sobre realidades lacerantes como  sobre la vida cotidiana, el sencillo ir y venir de los preciados días.  Otra vez, en esta ocasión desde las áfricas, el humor, sin duda, nos reconcilia con la vida.