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La bienalización del arte africano

Aula Wiriko

4ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Javier Guirado Alonso

Venecia, 1893. Han pasado poco más de 20 años desde el establecimiento de Roma como capital de Italia, el colofón, de la unificación. Con el pretexto de celebrar las bodas de plata del rey Humberto I y Margarita de Saboya, el ayuntamiento de Venecia decide celebrar una exposición internacional de arte. Dos años después, el 30 de abril de 1985, se inauguraba la Biennale de Venecia: la primera bienal de la historia.

Pero, ¿qué es una bienal?

Es una feria de arte que se celebra cada dos años en una ciudad del mundo. La primera tuvo lugar en Venecia, en 1895 y, seguramente, siga siendo la de mayor calado. Le siguieron las de Sao Paulo (1951) o París (1959), en la que tuvo un papel fundamental André Malraux, entonces ministro de cultura. Durante los 60 y 70 el fenómeno se fue expandiendo por muchas otras ciudades, la mayoría en Europa.

Ya desde muy temprano se vio el potencial político que podían llegar a tener estas ferias. En 1895 la Biennale de Venecia supuso un impulso extraordinario a la idea de nación que había que transmitir dentro y fuera del país. La configuración de la muestra, que concedía un espacio a cada país participante, acentuó esta narrativa de legitimación nacional. Los efectos que supuso para la ciudad, además, en términos de comercio y reconfiguración urbana fueron fundamentales.

Tomando la Biennale de Venecia como modelo, y debido a la utilidad, actualmente el número total ronda entre las 100 y 200, con gran presencia mediática y organismos como la Biennial Foundation. Sin embargo, es a partir de los años 90 cuando el fenómeno comienza a generalizarse, coincidiendo con la desregulación de los mercados que se dio en esa época. A este aumento exponencial en la celebración de este tipo de ferias es a lo que se ha llamado bienalización del arte. Los efectos de este modelo han suscitado gran discusión. Van Proyden (2006), por ejemplo, señala los 90 como una época centrada no tanto en movimiento artístico alguno sino en la promoción a través de instituciones culturales y sedes pomposas.

Con la bienalización del arte, la presión para que el mayor número de ciudades posible tenga una muestra de este tipo lleva a Sassatelli (2016) a señalar que “una bienal te pone en el mapa porque, hoy, las bienales son el mapa”. Tomando la estimación de la Biennial Foundation, lo cierto es que solo el 9 por ciento de las bienales se celebran en África. Un porcentaje francamente pequeño que representa la dificultad y el relativo éxito del continente por subirse al carro de esta bienalización. No obstante, sí que hay varias ferias de gran éxito. Una de ellas es el Dak’Art, con su última edición en 2016 y cuyo eco ha llegado también a España. Centrada en arte contemporáneo, el Dak’Art tiene la importancia estratégica de celebrarse en Senegal, país natal del gran arquitecto de la Negritud, Leopold Sedar Senghor.

Dado que uno de los elementos fundamentales para el éxito de estas ferias es la puesta en claro del capital cultural de la región, no es extraño que las referencias a Leopold Sedar Senghor sean habituales, como también lo son al Festival Mundial del Arte Negro, de cuya edición celebrada en Dakar se cumplían 50 años en 2016. En el marco de la reafirmación nacional se celebraron también las bienales de Johannesburgo de 1995, llamada Africus, y 1997. Tras la caída del apartheid, el Nobel de la Paz de Mandela y su ascenso a la presidencia de Sudáfrica, Johannesburgo era una ciudad deseosa de mostrarse al mundo como un lugar abierto, plural y en el que había cabida para la élite mundial del arte contemporáneo tras años de aislamiento internacional.

La Bienal de Fotografía de Bamako celebraba su décima edición en 2015 bajo el nombre de Telling Time. En un marco de inestabilidad como el que ha sufrido Mali en los últimos años, una estrategia de la organización consistió en llevar a los artistas a las escuelas para fomentar el interés de los estudiantes en el arte africano, la fotografía y la muestra en sí. En una época en la que el uso del smartphone está ya generalizado entre los jóvenes africanos, la temática cobra especial relevancia.

Aunque no es una bienal sino una exposición itinerante, Making Africa ha cumplido también un papel fundamental en la difusión del arte africano. Con Okwui Enwezor como comisario, muy relacionado con el mundo de las bienales y criticado muchas veces por ofrecer a Occidente una visión comercial y estereotipada del arte africano, Making Africa ha sido una exposición de gran éxito que ha pasado ya por el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, el Guggenheim de Bilbao o el museo Vitra Design.

La bienalización de África no es una noticia ni buena ni mala. Indica, exclusivamente, que el desarrollo de las instituciones culturales y artísticas en dicho continente siguen la estela de un modelo que se está dando en el resto del mundo. No parece, por tanto, que el éxito de ferias como las bienales de Johannesburgo, Dak’Art o la Bienal de Fotografía de Bamako sean reflejo de un despertar africano genuino, sino del sometimiento a un modelo ya establecido, con una crítica que tiene más que ver con el mercado del arte que con la emancipación simbólica de un continente. Lo global ha terminado por ser una forma elegante de referirse al canon occidental, dejando de lado la posibilidad de que los sures o los orientes adquieran una voz propia.

Más aún, el primitivismo (Laganà, 2008) del que ha bebido el arte africano contemporáneo tiene también que ver, muchas veces, con una mirada occidental que tiende a acentuar elementos exóticos que pueden ser o no locales, o formar parte de una idea nacional, desde el pretexto de la emancipación. Se toma una perspectiva esencialista para tener al africano como un sujeto que solo es capaz de expresarse desde la artesanía localista, fomentando el llamado “arte de aeropuerto”.

El debate por la descolonización de las mentes tiene en las bienales africanas su particular presencia, en tanto que cada muestra refleja las identidades fronterizas a las que ha dado lugar la estructura social y política poscolonial (Neila, 2009). Con una tradición entrelazada con los estados europeos coloniales, parece ya una labor artificial separar la impronta que dejaron, el arte tradicional de cada región africana y los desarrollos actuales, que cada artista escribe al ritmo de unos patrones muy relacionados con el canon occidental. Las identidades fronterizas, a caballo entre el arte global mercantilizado y la reivindicación de la tradición, por tanto, parece que van a seguir siendo el pan de cada día de cualquier muestra de arte africano.


Referencias

Biennial Foundation

Laganà, L. (2008). “The Primitivism debate and Modern Art”, en Art & Time, IV Mediterranean Congress of Aesthetics, Irbid: Universidad de Yarmouk.

Neila Hernández, J. L. (2009). “La «descolonización de las mentes» en el África Subsahariana: identidad y conocimiento social”, en Estudios internacionales: Revista del Instituto de Estudios Internacionales, 162, Santiago: Universidad de Chile.

Sassatelli, M. (2016). “The biennalization of art worlds: the culture of cultural events”, en Hanquinet y Savage (eds.) Handbook of The Sociology of Art and Culture, Londres: Routledge.

Van Proyen, M. (2006). “Administrativism and Its Discontents”, Art Criticism, 21 (2).

C. Obioma: “Ser llamado escritor africano, todo ese ruido artificial que distrae”

Al llegar al Mirador del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) estaban poniendo más sillas. La sala estaba abarrotada de personas que querían escuchar a Chigozie Obioma (Akure, Nigeria; 1986), el autor de Los Pescadores, recientemente publicado en español (Siruela) y catalán (Els pescadors, Quaderns Crema). Obioma contó que su novela se podía comparar con el sonido de un tambor. “Los igbo, un pueblo de Nigeria, dicen que el sonido de un tambor se oye más claro desde la distancia. Este proverbio puede no tener mucho sentido a no ser que se sepa de qué tipo de tambor estamos hablando. Se trata de un udu, una vasija hecha de arcilla. Es esférico, con el cuello alargado como si fuera una garrafa, y al golpearse emite un profundo, ensordecedor e incluso hipnótico sonido. En las manos de un instrumentista hábil, un udu puede liberar tal sonido que los igbo (hasta que el apocalíptico huracán de la civilización occidental barriera su cultura) creían que el sonido llegaba al reino de los muertos, al abismo de los ancestros, la versión igbo del Elíseo. Y no sólo esto, el udu es además un medio con el que trasmitir un mensaje. Esta era una de las maneras a través de las cuales los vivos conversaban con los muertos, los ancestros. Los Pescadores fue el resultado de tocar un udu“.

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Las palabras del escritor también resultaban hipnóticas. Tan sólo el susurro de los audífonos que traducían del inglés al catalán interferían en el magnetismo de un relato que todos los presentes escuchaban con atención, como a quien le es revelado un secreto que quizás imaginaba pero que nunca le habían confirmado de primera mano. Se cumplía así, desde un primer momento, el objetivo de ‘África como relato‘, el ciclo de conferencias en el marco de la exposición ‘Making Africa‘, presente en Barcelona hasta finales de agosto. Si el propósito de la muestra es dar una visión más real del continente a través de creaciones artísticas africanas, la finalidad de ‘África como relato’ va todavía más allá y pretende no sólo dar espacio sino también voz a algunos de los responsables de esa otra África menos mediática.

Sin embargo, Obioma fue mucho más allá e hizo de la presentación de su debut literario un doble alegato. En primer lugar para defender su elección de usar el inglés para expresarse en sus obras. “Si elijo aceptar Nigeria, yo debo aceptar la lengua inglesa también, y la educación occidental. Debo aceptar que yo (y mis antepasados) fuimos conquistados y forzados a aceptar una nueva política, en la cual sus hijos siguen constreñidos”, afirmó. Así de tajante se manifestó, aclarando que por muy dolorosa que pudiera resultar esa aceptación, el inglés ahora es suyo, le pertenece como nigeriano y, por tanto, se sirve de él: “Escribo para ayudar a ensanchar el límite de lo que la lengua inglesa no puede abarcar”.

Igual de rotundo se mostró para la segunda idea que más peso tuvo durante su ponencia. Este novelista quiso exaltar el valor del contenido de la creación artística por encima de su procedencia. Podría parecer una cuestión de sentido común más que una defensa, pero en el caso africano tal y como manifestó, el escritor “es cargado con un peso que él no debería llevar y estorbado por una crisis en la que él no debería estar implicado”. Se refiere a la crisis de la identidad. ¿Para quién crea una obra un autor africano? Según Obioma esta es una pregunta a la que no debería tener que enfrentarse: “África simplemente es el lugar de mi procedencia, lo que quiere decir que esto define mi identidad no mi estética”.

Chigozie Obioma - Àfrica com a relat 13 abril 2016 CCCB © Miquel Taverna, 2016.-

Chigozie Obioma – Àfrica com a relat. CCCB © Miquel Taverna, 2016.-

Con su primera obra literaria lleva esa teoría a la práctica. Reconocida por varios premios y prestigiosas nominaciones como el Man Booker Prize, Los Pescadores es una muestra de cómo el lector puede reconocer en el universo africano presentado a través de una familia nigeriana elementos como el amor, el dolor, la niñez o el miedo; que a todos nos son universales. En Wiriko ya te hablamos sobre este libro y su autor, pero la presentación que le hicimos a Chigozie Obioma en la apertura de ‘África como relato’ nos dio la oportunidad de conversar con él previamente.

La superstición es uno de los temas más importantes en su novela. ¿Cree que es un aspecto característico de las sociedades africanas?

Sí. Nigeria, específicamente, fue colonizada por Gran Bretaña y así tuvimos que aceptar la civilización y la cultura occidentales. Debido a ésto ahora nosotros somos occidentales, pero también hemos encontrado un modo de mezclarlo con nuestra propia tradición cultural. Así que algunos aspectos que son considerados supersticiones en Occidente, no lo son en África. Esta novela, por ejemplo, ha sido leída por algunos lectores occidentales como realismo mágico o  fantasía, pero es realismo en Nigeria.

Sí, pero su novela deja en evidencia cómo ser supersticioso puede llegar a ser contraproducente. ¿Ser supersticioso es algo a mejorar como sociedad?

Creo que el hecho de que la gente vea las cosas de manera diferente no significa que la perspectiva de esas personas sea correcta o errónea. Alguien que mira con lente occidental pensaría que ser supersticioso está pasado de moda o es de tontos, mientras que los africanos piensan que Occidente está lleno de gente loca… Suelo tener esta discusión con mis amigos americanos. Ellos dirían algo como: “Mira a las mujeres en los países árabes, llevando hiyab, sufrimiento, marginación…” y todas esas cosas. Yo viví con turcos durante mucho tiempo y los considero mis amigos. Les gusta el hiyab y no podían imaginarse por qué ninguna otra mujer no lo llevaría. Desde luego hay gente que se siente atrapada, a quien no le gusta y se fuerza a hacerlo, pero a algunas personas realmente les gusta. ¿El modo en que ellos viven está mal? ¿Es que son tontos? No, ellos piensan lo mismo de ustedes,  así que ¿quién tiene razón? Si no les daña de ningún modo, ellos probablemente no tengan que cambiar.

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La novela se desarrolla durante la década de los noventa en Nigeria. ¿Por qué quería resaltar este periodo de la historia de su país?

La gente siempre dice que cuando alguien empieza como novelista hay una tendencia a escribir sobre lo que conoce. Pues bien, yo crecí en los noventa así que sé mucho sobre esta década y pensé que sería mejor situar la novela en este periodo. Pero además, este momento capta uno de los aspectos que quería tratar en el libro y que es el origen de los problemas de Nigeria, así que la novela se desarrolla en la década perfecta, que comienza en 1993 cuando las elecciones de MKO Abiola son anuladas. Esto fue cuando, después de mucho tiempo, Nigeria intentó tener un sistema democrático otra vez. La siguiente ocasión en que Nigeria volvería a intentarlo fue en 1999, la gente entonces tenía miedo de que algún militar le pegara un tiro a alguien y se pensaba que otra vez no volvería a triunfar la democracia. Pero sí tuvo éxito y finalmente Nigeria acabó teniendo un gobierno civil en 2003. Desde 1993 hasta 2003 es realmente la década en que transcurre todo esto y por eso la novela acaba en 2003. Quería una manera de usar la década en la que transcurre la historia como una herramienta para crear comentarios políticos sobre este periodo, entre el primer intento de Nigeria y el momento en que lo consiguió.

Se le asocia bastante con Chinua Achebe, ¿comparte la visión que tenía este escritor sobre el uso de la lengua de la antigua colonia, en el caso de ambos el inglés, para que las realidades africanas narradas por africanos puedan llegar a más gente?

Pienso que la lengua inglesa que Achebe usó, de algún modo, no era la de los británicos porque estando colonizados durante mucho más de cien años se crearon generaciones y generaciones; y fue la generación de Achebe la que adquirió el inglés. Creo que él vio la lengua inglesa como su lengua primaria de composición, y a mí me ocurre lo mismo. Si alguien quiere escribir en, digamos, yoruba puede hacerlo pero, ¿por qué hacerlo cuando la mayoría de la gente en el mundo lee en inglés de todos modos? Esto tiene muchas ventajas. Yo veo el inglés como mi primer idioma, no el igbo. De hecho, ahora que lo pienso, no sé exactamente cuál es mi lengua materna porque yo hablaba tres lenguas cuando era un niño. (Se ríe) Así que no sé cuál es mi lengua materna.

DSC_0191.NEF¿Cree que su actual residencia en Estados Unidos le ha facilitado el acceso al competitivo mercado literario?

No, no pienso que eso sea necesariamente así. Terminé Los Pescadores cuando vivía en Chipre y mi primer relato fue publicado en uno de los más importantes diarios norteamericanos cuando yo vivía allí. Era, de hecho, un cuento que versionaba a Los Pescadores, así que podría haberlo hecho desde cualquier parte. En los tiempos que corren tenemos correo electrónico, es muy fácil convencer a un agente.

¿Es fácil?

Bueno, (se ríe) no es fácil. Es muy difícil, extremadamente difícil. Conseguir publicar un libro es una de las cosas más difíciles en este mundo, no sé cómo lo hice… Lo intenté muchos años, tengo otros libros. Pero lo que quería decir es sólo que, si buscas en Internet lo que ellos quieren, te piden que les envíes tres o cuatro capítulos y lo haces, da igual si estás en Afganistán, eso no importa. Pero desde luego, de algún modo, fui a una escuela de escritura creativa. Antes de ir a Estados Unidos, nunca había conocido a un escritor y estar allí me permitió ir a un Programa de Escritura Creativa, que es una beca  para escritores, en la que los escritores estamos juntos durante alrededor de dos años y leemos el trabajo de cada uno. La Universidad de Michigan es la segunda que mejor Programa de Escritura Creativa tiene en el mundo, en ese sentido soy afortunado. Pienso que fui a clase con los futuros grandes escritores americanos. Algunos de ellos serán los críticos del futuro, redactores,… Uno de mis compañeros ahora es redactor en una editorial. Así que en este sentido, quizás residir en Estados Unidos me ayudó a conocer gente, pero aparte de eso, no creo que el lugar donde residas importe realmente.

Nadie habla de literatura europea, por ejemplo, ¿entonces por qué se habla entonces de literatura africana?

Creo que la gente habla de literatura americana, por ejemplo. Yo lo hago un montón. Aunque viva en América, si quiero hablar de Jonathan Franzen, digo “el escritor americano”, porque para mí él es extranjero. Cuando estaba en Nigeria y leía a J.D. Salinger, Toni Morrison,… esta gente era extranjera para mí, así que los veía como parte de un espacio. Pienso que los africanos están protestando demasiado sobre ser llamado escritor africano, todo ese ruido artificial está distrayendo de lo que deberíamos hacer. Si vives en China, por ejemplo (mi libro está siendo publicado en China); en realidad mejor en Taiwan, hay gente que no sabrá nada sobre Nigeria. Ellos saben que está en África, así que ¿cómo esperas que respondan? Sería el mismo caso para un asiático que viene a Nigeria, la gente lo vería como alguien representativo de Asia. Ésta es la forma en que yo lo veo. No creo que estemos marginalizando de ningún modo. Si alguien lee mi libro en Nigeria me verá sólo como un escritor, porque estoy siendo leído dentro de Nigeria; pero aquí por ejemplo soy extranjero, en este caso mi trabajo es visto como un trabajo extranjero. Por eso pienso que hay que dejarlo pasar. Yo no tengo ningún problema con esta realidad, pero sé que muchos de mis colegas lo tienen y hacen de esto una gran causa. Empatizo con ellos, pero para mí no es un problema.


DSC_0192.NEF¿Está preparando un nuevo libro?

Sí, tengo casi completada una nueva novela. Lo gracioso es que Los Pescadores fue terminado hace tres años, pero necesitó un tiempo para ser publicado. Así que en ese tiempo me puse a escribir, he estado muy ocupado (se ríe).

¿Y cuándo podremos leerlo?

La versión inglesa quizás podrá leerse en 2018, pero no sé cuándo lo tendrán en España.

La gira española de África: cines, museos y conferencias

Algo está cambiando. Este viernes 8 de abril el zumbido de las puertas de muchos cines españoles estrenan la película etíope Efraín, del director etíope Yared Zeleke. Es noticia. Claro. Por diversos elementos como el momento histórico. Barcos cargados de personas huyen de la deteriorada Europa y son repatriados a una tierra que les espera de espaldas y en llamas. Naciones viejas occidentales que compran la empatía (esa suerte de privilegio humano) a un tercero. Y este resquicio que agoniza, es el que aprovechó hace unos días Zeleke al subrayar que “pretendo hacer ver a Europa que nadie abandona su casa porque quiere”. Para ello, y a través de un poema visual plasma la dura realidad a la que se enfrentan los jóvenes en Etiopía.

El otro elemento, evidente, es el que está teniendo lugar en el Centro Cultural de Arte Contemporáneo de Barcelona (CCCB) y que permanecerá cincelando conciencias hasta el 28 de agosto: Making Africa. Okwui Enwezor, comisario consultor de la muestra lo explica de la siguiente manera: “Pensar en el futuro es pensar en nuestras posibilidades en el mundo. El futuro le corresponde a África, porque parece que al resto del planeta ya ha llegado”. Making Africa ofrece un nuevo relato del continente desde un ángulo diferente para los medios generalistas aunque no para los que trabajamos tratando de desestereotipar esta fotografía desenfocada. En muchas de las grandes capitales africanas se está consolidando una generación que alrededor de la cultura, y a través de la creación y el diseño, reivindica su derecho a construirse en libertad y sin tutelas externas. Pero hay más. En el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León hasta el 12 de junio tiene lugar “El iris de Lucy. Artistas africanas contemporáneas”. Esta exposición comisariada por Orlando Britto Jinorio  pretende reflexionar sobre aspectos relevantes de la pluralidad de realidades del continente africano a través de las obras de 21 artistas africanas que viven y desarrollan su trabajo tanto en África como en la diáspora. Procedentes de diferentes países, contextos, etnias y religiones, a través de su diversidad permiten entender complejas y variadas facetas del espacio cultural plural que es África.

Y un tercer elemento es el que tendrá lugar durante el mes de abril. La directora americano-ghanesa Akosua Adoma Owusu, uno de los nombres más importantes de los cines africanos contemporáneos a nivel global, visitará ciudades como León (7 de abril), San Sebastián (8 de abril), Vitoria (19 de abril) o Barcelona (21 de abril) en una amplia gira española donde la cineasta ofrecerá diferentes encuentros en los que reflexionar sobre la evolución de su cine, las dificultades materiales, los aspectos formales y estéticos, y las motivaciones principales de su trabajo, recorriendo de su mano sus primeras obras de vídeo experimental hasta llegar a su reciente desembarco en el mundo del cine. Entre sus últimos éxitos, Reluctantly Queer (2015) ha tenido el honor de ser el único cortometraje seleccionado en competición de todo el continente africano en la última Berlinale. Adoma irá acompañada de la crítica de cine y programadora Beatriz Leal cuyo trabajo en España en los últimos años es de necesaria referencia para entender algunas de las dinámicas que están teniendo lugar en los cines africanos y con la que hemos contado en Wiriko en varias ocasiones.

Sirviéndose del video experimental, el documental o la ficción, Akosua Adoma Owusu fuerza al espectador a pararse y meditar sobre la construcción de los discursos de raza, colonialismo, sexismo y dominación y a enfrentarse a estereotipos y ansiedades para profundizar y ampliar el diálogo que África mantiene con el resto del mundo. Hace tres años publicábamos un artículo sobre ella en el que dejábamos patente la necesidad de memorizar este nombre como una de las directores claves contemporáneas. Algo está cambiando cuando África y los africanos son los protagonistas en otros términos a los que estamos acostumbrados y cuando se subrayan las posibilidades por encima de los problemas.

Filmografía de Akosua Adoma Owusu:

  • Reluctantly Queer (2016), cortometraje
  • Bus Nut (2014), cortometraje
  • Kwaku Ananse (2013), cortometraje
  • Split Ends, I Feel Wonderful (2012), cortometraje
  • Drexciya (2011), cortometraje
  • Me Broni Ba (My White Baby) (2009), cortometraje
  • Intermittent Delight (2007), cortometraje
  • Ajube Kete (2005), cortometraje

La directora americano-ghanesa Akosua Adoma Owusu, uno de los nombres más importantes de los cines africanos contemporáneos a nivel global, visitará ciudades como León (7 de abril), San Sebastián (8 de abril), Vitoria (19 de abril) o Barcelona (21 de abril). Foto: http://accradotaltradio.com

Cinco exposiciones para sumergirnos en África antes de 2016

Este 2015 nos deja sin duda un atractivo panorama de producciones culturales en el continente que hemos ido desgranando a lo largo del año en nuestra revista, en cada una de las secciones en las que trabajamos: música, cine, letras africanas y artes visuales.

Pero una muy buena manera de despedir el año y empezar el 2016 con energia es sumergiéndonos en las artes contemporáneas africanas en vivo y en directo, ya que tenemos la oportunidad a través de las diferentes exposiciones que hay en varios puntos de nuestro país. Quién sabe, quizá estás vacaciones se puedan aprovechar para hacer la ruta de las exposiciones de artes africanas…Lo dejamos a vuestro criterio, pero por si acaso estáis cerca, hacemos un breve repaso por las más destacadas:

 

>>Madagascar 1906 – Casa África – Las Palmas de Gran Canaria – Del 2 de octubre al 30 de diciembre de 2015

Una deliciosa muestra de fotografías que recoge imágenes de principios de siglo que dan muestra de las costumbres de las gentes por aquel entonces. Las fotos están hechas por una fotógrafa anónima, una viajera pusiente, que se dedicó a contemplar y plasmar el modo de vida de la población local. Este proyecto, iniciativa de Zero Memory Archive, tiene una interesante historia que ha pasado por manos de varios anticuarios. “La mujer que realiza estas fotos pertenece a ese grupo de maravillosas damas viajeras cuya labor era mostrar al resto del mundo lo que sólo ellas y los nativos habían visto, incorporando el componente emocional en la percepción del continente, aportando minuciosidad y sensibiliad, intentando despejar esa incógnita que el ciudadano africano seguía siendo a medida que occidente se familiarizaba con África”, cuenta Casa África. Muy recomendada si estáis por las Palmas estos días antes de que acabe el año.

>>Making Africa – Museo Guggenheim Bilbao – Del 30 de octubre al 21 de febrero de 2016

Definitivamente una oportunidad de ver en nuestro país una exposición que da muestra de lo que se está haciendo en África. Ya hablamos de ello en nuestro magacín cuando se inauguró en Bilbao: “Su objetivo es cuestionarse de qué manera el diseño influye en los cambios políticos, sociales, culturales o tecnológicos en el mundo, y para ello vuelve su mirada hacia África y una nueva generación de creadores, pensadores y artistas, presentando una serie de obras interdisciplinarias. Su intención no es abarcar el continente entero, un continente plural con miles de realidades distintas, sino mostrar una nueva visión de éste, lejos de los prejuicios a los que los medios nos tienen acostumbrados: un continente que cambia a pasos agigantados, que crea, que emprende”.

Así no nos queda más que recomendarla y rescatar una de las sugerentes frases que describen la exposición “Son trabajos que sirven como nexo entre la revolución digital y nuestra existencia analógica; que reinventan los materiales de manera radical; que reflejan un sentido de la responsabilidad hacia la sociedad más que hacia el mercado; y que realizan atrevidas afirmaciones acerca del futuro”.

>>Dakar. Cuerpo a cuerpo – África imprescindible – Pamplona – Del 10 de diciembre al 10 de enero de 2016

A través de 81 fotografías y dos vídeos, la exposición nos narra algunos de los problemas ligados a la urbanización desmesurada, el medioambiente y la pobreza en Dakar (Senegal). Además, expresa el contexto, el paisaje y cuerpos singulares, con historias explicadas en primera persona. Esta exposición que fue expuesta en Casa África anteriormente, fue Premio Casa África en la edición 2011 de la Bienal de Fotografía de Bamako (Mali). En Wiriko tuvimos la oportunidad de entrevistar a esta fotógrafa a propósito de “Retratar un clima” que parte de la premisa de que es posible y necesario crear un diálogo entre las movilizaciones que se suceden, se enlazan y se afectan en las ciudades de todo el mundo. Este proyecto será el que la traiga de nuevo a nuestro país; buen momento para retratar el clima electoral.

>>Street Attitude – Galería Out of Africa – Barcelona – Del 5 de diciembre al 31 de enero de 2016

La exposición se centra en la obra de la artista camerunesa Kristine Tsala, integrante del colectivo camerunés 3Kokorikos del que hablamos hace tiempo en el magacín. Hoy en día, la vida cotidiana en las urbes, sigue siendo la fuente de inspiración de la artista, con mujeres muy presentes en su obra, que llevan tejidos de colores. También le inspira el encuentro tradición-modernidad reflejado en sus pinturas al óleo y acrílicas de vivos colores.

 

>>Restrospectiva KALAO 10 años – Kalao Bilbao – Del 16 de octubre al 31 de diciembre de 2015

threeboystwoA través de esta retrospectiva, Kalao celebra sus 10 años acercando artistas africanos contemporáneos a pesar de las dificultades que hay en el ámbito de la promoción cultural. Para ello, presentan una de muestra de los artistas que han estado expuestos en sus paredes durante su andadura, agradeciendo a aquellas personas y organizaciones que han formado parte de ella.

Artistas como Camara Guèye, del que ya hablamos en Wiriko, Nú Barreto, Nástio Mosquito o Natalie Bikoro, son solo algunos de los artistas que han pasado por Bilbao. Para conocerlos mejor, os recomendamos asomaros por Kalao.

Making Africa: el arte contemporáneo africano llega al Guggenheim de Bilbao

Nada más entrar, las gafas del artista kenyano Cyrus Kabiru dan la bienvenida al visitante. Son gafas hechas de materiales reciclados, que se mueven entre las fronteras de la escultura, la performance, la moda y el diseño. Sabemos que nuestra visión de África está formada por clichés y un imaginario colectivo reduccionista, por ello, la obra de Kabiru nos invita a adoptar nuevas perspectivas de la realidad. Las gafas pueden reducir tu campo de visión, focalizar o imponer una cierta perspectiva, pero también pueden ofrecerte una nueva forma de ver las cosas. Este es el objetivo de “Making Africa: un continente de diseño contemporáneo”.

Vitra Design Museum

Vitra Design Museum

La exposición es obra de una colaboración entre el Vitra Design Museum (Weil-am-Rhein, Alemania) y el Guggenheim de Bilbao, en el que podrá visitarse del 30 de octubre 2015 al 21 de febrero 2016. Su objetivo es cuestionarse de qué manera el diseño influye en los cambios políticos, sociales, culturales o tecnológicos en el mundo, y para ello vuelve su mirada hacia África y una nueva generación de creadores, pensadores y artistas, presentando una serie de obras interdisciplinarias. Su intención no es abarcar el continente entero, un continente plural con miles de realidades distintas, sino mostrar una nueva visión de éste, lejos de los prejuicios a los que los medios nos tienen acostumbrados: un continente que cambia a pasos agigantados, que crea, que emprende. 

En el prólogo de esta exposición, a parte de la obra de Cyrus Kabiru, también podemos encontrar vídeos con numerosas entrevistas a personas vinculadas al mundo del arte africano, así como las conferencias de TED de Komla Dumor o Chimamanda Ngozi Adichie. Sin embargo, esta primera parte se centra sobretodo en cómo las artes gráficas contemporáneas representan al continente de una forma distinta y contribuyen así a una nueva visión. Sorprende, por ejemplo, la obra del artista sueco Nikolaj Cyon basada en una idea clave: ¿cómo sería el mapa político africano actual si Europa nunca hubiese colonizado el continente? De este modo, a partir de búsquedas históricas, el artista realiza un mapa con distintas fronteras que, al fin y al cabo, siguen siendo artificiales. Su obra nos invita a preguntarnos sobre si los conceptos europeos de “estado”, “nación”, “pueblo” o “frontera”, podrían ser aplicados al contexto africano. En esta sección también podemos encontrar el conocido mapa de Kai Krause “El verdadero tamaño de África”, algunas de las webs que muestran al continente lejos de clichés, tales como Africa is a country o African Digital Art, así como proyectos del ZIVA o de Slum TV.

Continuando la exposición nos encontramos con “I and We”, una sala en la que se nos presenta al diseño como herramienta para mostrar la pertenencia a un grupo o distinguirse del resto, sin olvidar las dimensiones políticas y sociales. Se trata de presentarnos una nueva generación de africanos que se perciben como parte de una cultura globalizada, utilizando blogs, redes sociales o Youtube, sin embargo, no se dedican a copiar las tendencias occidentales, sino que toman algunos códigos y los transforman para crear nuevas formas de expresión cultural propias. Aquí encontramos, por ejemplo, “Coz Ov Moni” del dúo de raperos ghanés FOKN Bois, la primera comedia musical del mundo en pidgin, disponible además en Youtube, un mediometraje que muestra la vida cuotidiana de dos jóvenes en Accra. También se presentan al visitante algunas portadas de Ovation, la revista de prensa rosa africana por excelencia, y se trata el tema de la moda exponiendo, por ejemplo, el trabajo de la marca senegalesa Nafytoo, la primera en África subsahariana especializada en el mundo de la lencería, o el blog sudafricano sobre moda más influyente: “Skattie, what are you wearing?”, víctima de su éxito convertido ahora en la web Skattie.

En esta sala destacan sobretodo las fotografías del proyecto “The Studio of Vanities”, del fotógrafo senegalés Omar Victor Diop. En su obra, Diop ha querido retratar a las personalidades de la escena artística y cultural de Dakar de su generación, realizando una composición propia de fotografía de estudio que recuerda directamente a los pioneros Malick Sibidé y Seydou Keïta, artistas a los que pretende homenajear y que también podemos encontrar en esta exposición.

“Space and Object” es el penúltimo tema de Making Africa. En él encontramos obras que tratan del individuo y de su entorno, en especial relacionado con las grandes ciudades. África es el continente con la tasa de urbanización más elevada del mundo y sus grandes ciudades, que crecen a gran velocidad y normalmente de forma caótica, están lejos de cubrir las necesidades de sus habitantes, en especial de los más desfavorecidos. En Making Africa se nos presentan obras que tratan y analizan ese crecimiento incesante, mostrando que dicha densidad urbana presenta retos sociales, económicos, políticos, medioambientales y culturales que deben ser abordados.

En esta línea encontramos, por ejemplo, el proyecto Map Kibera, ideado por el cartógrafo Mikel Maron, o el Urban Africa Project del arquitecto David Adjaye. Impresionante es la instalación escultural “Jua Kali City” de los artistas Tahir Carl Karmali, Dennis Muraguri y Tonney Mugo. Jua Kali, término swahili que significa “sol feroz” (fierce sun), se refiere en Kenya al sector de la economía informal, un sector que nace de la necesidad y que representa la principal fuente de ingresos para la mitad de la población del país. La instalación se compone de dos grandes ruedas dentadas: las mayor, hecha de acero, madera, cristal y componentes informáticos, representa la economía “oficial”. La menor, compuesta de deshechos metálicos y de madera, representa la economía informal. La intención de sus autores es reflejar que sin la creatividad de ese sector informal, la economía formal no podría progresar.

“No miramos hacia el este ni hacia el oeste, miramos hacia el futuro”. Esta frase del primer presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, representa perfectamente la última parte de Making Africa: “Origin and Future”. África y sus nuevos creadores miran hacia el futuro, pero la presente mundialización también les hace reflexionar sobre sus raíces. Algunos artistas se vuelven hacia las figuras más destacadas de su continente, como es el caso de la colección “Bour Sine – Hommage à Senghor,” de la creadora y estilista senegalesa Oumou Sy, o del proyecto “Mandela Poster Project Collective”, idea creada por un grupo de artistas sudafricanos con motivo del 95º aniversario de Nelson Mandela. Otros cuentan historias prácticamente desconocidas, como la realizadora ghanesa Frances Bodomo y su cortometraje Afronauts, en el que se inspira de una historia real: Zambia, después de su independencia, creó un programa espacial ambicioso cuya petición de financiación fue rechazada por la UNESCO, razón por la cual el proyecto cayó en el olvido. Bodomo muestra la motivación y el optimismo del proyecto, que a su vez enviaba un mensaje a otros países ignorados mediáticamente. Sin embargo, la ambición y competitividad americana y rusa en este tema durante la Guerra Fría dejó a los demás sin ninguna oportunidad.

En definitiva, Making Africa presenta al visitante un gran recorrido por el arte contemporáneo africano en múltiples disciplinas, mostrando cómo ayuda a cambiar la visión de África que tenemos fuera de ella, pero también cómo colabora de forma activa en la transformación del propio continente, siendo un importante motor de cambios sociales, económicos y políticos mediante proyectos que no sólo ayudan a dar visibilidad a ciertas problemáticas, sino que además influyen directamente en la vida de las personas.

 

Guggenheim de Bilbao

Making Africa

Vitra Design Museum

VVAA, Catálogo de la exposición “Making Africa: a continent of contemporary design”. Vitra Design Museum, Weil-am-Rhein, 2015.