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¡A la calle! ¡Es Carnaval! (V): Negras y paulistas, joyas brasileñas

Educación, cultura y arte negro en femenino con Ilú Obá De Min (São Paulo). Foto: Jennifer Glass Y Fora do Eixo.

Cultura y arte negro en femenino con Ilú Obá De Min (São Paulo). Foto: Jennifer Glass Y Fora do Eixo (2013).

 

Autora invitada: Laura Daudén, periodista por la Universidade Federal de Santa Catarina y máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos por la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente trabaja como redactora para la revista Istoé.

Cuando uno piensa en la majestuosa fiesta del carnaval en Brasil, nos remite, casi automáticamente, a las imágenes de las escuelas de samba y de las “reinas” semidesnudas que comandan las baterías bailando divinamente. Son atendidos, a través de esa puesta en escena, los discursos que se construyeron desde los tiempos coloniales alrededor de la mujer brasileña: es decir, una diosa tropical que mezcla los misterios indígenas y africanos para satisfacer al hombre blanco europeo. Es el propio pecado en forma humana.

Pero la diversidad y la multiplicidad del carnaval ha asegurado espacios –aunque no reconocidos por los grandes medios– a grupos que tratan de reposicionar lo femenino según otros parámetros. Ese es el caso de Ilú Obá de Min (“las manos que tocan el tambor para el Rei Xangô”), una organización fundada y administrada por mujeres que desde el 2005 realiza un cortejo por las atribuladas calles de la ciudad de São Paulo con tal de preservar la cultura afro-brasileña y de reforzar los lazos comunitarios que unen y fortalecen las mujeres, blancas y negras, en el seno de la sociedad patriarcal y de clases.

Reivindicar ser mujer, negra y tocar el tambor en carnavales. Foto: Jennifer Glass/Fora do Eixo

Reivindicar ser mujer, negra y tocar el tambor en carnavales. Foto: Jennifer Glass/Fora do Eixo (2013).

Según la maestra y regente Beth Beli, una de las fundadoras de la organización, la idea primordial era discutir y cuestionar la participación femenina en los rituales ligados a la cultura y a los cultos afro-brasileños. Nadja Baldaconi da Silva Bispo, autora del estudio “Ilú Obá de Min: identidad, oralidad y religiosidad de las mujeres con tambores”, explica que tocar la batería en el Candomblé todavía es tarea exclusiva de los hombres y que la iniciativa del Ilú cuestiona frontalmente el protagonismo masculino al proponer un grupo de percusión afro-brasileña compuesto apenas por mujeres. “Ser mujer, ser negra y tocar el tambor como lucha de la mujer son características desafiadoras dentro de una sociedad regida, en su gran mayoría, por hombres”, afirma.

Así, en la noche del viernes que precede el inicio de las fiestas en todo el país, las más de 200 personas que forman parte del grupo, se juntan en el centro de la ciudad y comienzan un desfile de cerca de tres horas hasta la iglesia Nossa Senhora do Rosário dos Homens Pretos, construida gratuitamente por trabajadores negros en el inicio del siglo XX. Una multitud emocionada acompaña el trayecto. Bajo las luces amarillas de las calles angostas y deterioradas, música, baile y teatro se mezclan para contar en colores y movimientos los mitos de la tradición afro-brasileña y homenajear sus protagonistas, los orixás.

En 2013, todas las canciones y representaciones fueron inspiradas en las yabás, los orixas femeninos en la tradición ioruba. Las cantantes explican su historia al numeroso publico reprimiendo a los hombres por no autorizar la participación de las mujeres en la creación y en la organización del mundo. Así, Oxum, la orixa de la fertilidad, esteriliza a todas las mujeres. En ese momento, los orixas son obligados a reconocer su importancia para la continuidad de la vida y les aseguran un espacio. Ese entendimiento del rol femenino en la religión ioruba es una constante en sus mitos, entre ellos el que explica la existencia de las Iá Mi, las madres ancestrales o hechiceras. “La mujer (…) posee todas las calidades y poderes de una Iá Mi. En varias épocas de su existencia viven diferentes aspectos de ese poder femenino, legado de la naturaleza que reciben las mujeres como parte de su función social, cultural y espiritual”, explica Irinéia Franco dos Santos, autora del estudio “Iá Mi Oroxongá: las madres ancestrales y el poder femenino en la religión africana”. “El poder femenino, en su doble aspecto –creador y destructor– es la síntesis de la vida, suministra el axé [la energía primordial] necesario para la continuación de la existencia en la tierra”, apostilla.

Por la importancia de esas entidades femeninas y también por la simbología de su historia, el desfile de Ilú Obá de Min ha querido destacar, por ejemplo, el ritual Gèlèdé, celebrado en la tradición ioruba para homenajear el principio femenino de la naturaleza (“Ìyá Nlá”) y las entidades femeninas. Su figura ha sido representada con una máscara doble: medio mujer, medio pájaro.

 

Zancudos. Foto: Jennifer Glass/Fora do Eixo (2013).

Un zancudo representa Gèlèdé, el principio femenino de la naturaleza en la tradición ioruba. Foto: Jennifer Glass/Fora do Eixo (2013).

 

Además del grupo de baile y de las representaciones encarnadas por los zancudos y por las percusionistas vestidas de Oxum, las letras de las músicas también han sido fundamentales en la tentativa de construir ese nuevo discurso sobre la mujer: “Un tiempo de lucha y conquista / recuenta nuestra trayectoria / mujeres, madres, señoras / ancestralidad, raíces de nuestra identidad”, dice una de las canciones, mostrando que a través de el culto a Ìyá Nlá se pude reconstruir y propagar los lazos con los reinos originales, de donde partieron gran parte de los millones de esclavos y esclavas responsables de la construcción de Brasil.

“La importancia dada a los lazos familiares y a los clanes expresa en el culto a los ancestros una ligación profunda con su lugar de origen, su aldea e identidad. Así, ¿cómo concebir el horror de la diáspora, de la esclavitud, en el que uno es arrancado de sus raíces y alejado de sus ancestros?”, resume Irinéia Franco dos Santos. “La supervivencia y el mantenimiento de las tradiciones diversas en el ambiente de la diáspora son sintomáticas del proceso.”