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Luto en el cine senegalés tras la muerte de Abdel Aziz Boye

Fallece Abdel Aziz Boye, fundador de Ciné UCAD y Ciné Banlieue, dos centros clave en la formación de jóvenes cineastas en Senegal, y miembro del comité de gestión de los Fondos de Promoción de la Industria Cinematográfica y Audiovisual (FOPICA). Nacido en Saint-Louis en 1953, yace a sus 64 años de edad esta figura emblemática en un país de larga y célebre trayectoria cinematográfica.

La tarde del 9 de noviembre la comunidad de cineastas senegaleses recibía la triste noticia del fallecimiento de Abdel Aziz Boye, el Señor Boye, como consecuencia de una corta enfermedad. El cuerpo fue velado la mañana del viernes 10 de noviembre en el Centro de salud Abdoul Aziz Sy situado en el barrio Parcelles Assainies, en Dakar, para luego ser enterrado en Saint-Louis, su lugar de nacimiento. Decenas de jóvenes formados por el gran maestro, así como establecidos directores y la Dirección de la Cinematografía de Senegal, compartían el dolor ante la noticia a través de las redes sociales, elogiando sus contribuciones al cine. Rama Thiaw, cuyo documental La revolución no será televisada fue premiado en la Berlinale de 2016, exclamaba: “Estoy realmente triste. Este hombre ha hecho mucho con muchísima generosidad y muy pocos medios por el cine en Senegal y la formación de jóvenes de las afueras y los barrios populares. Descanse en paz. ¡Un gran hombre!”

La figura de Abdel Aziz Boye, generosa, humilde, sabia, constante y comprometida con su país, es un excelente ejemplo del papel que determinados individuos, artistas, intelectuales y demás actores sociales, desempeñan en la cultura senegalesa, a pesar de la falta de medios y subvenciones para apoyar el talento de un país con más de un 55 por ciento de población juvenil, según el portal de información Au Sénégal. Su modestia hacía que se auto-presentara como “un loco apasionado del cine.” En contraste con los nostálgicos de la época de esplendor del cine senegalés, con las primeras películas de Ousmane Sembène y Djibril Diop Mambéty desde los años sesenta y setenta, ambos ya fallecidos, el Señor Boye se empeñaba en defender que el cine senegalés no ha desaparecido, a pesar del cierre de las salas.

Nacido en Saint-Louis en julio de 1953, donde vivía cerca de uno de tantos cines que desparecería en Senegal a finales de siglo XX, el cine VOX, su relación con el cine comenzaría a muy temprana edad. Solía contar que a los siete años crearía sus primeras imágenes en movimiento, con un cartón, y que desde entonces el cine no le había abandonado nunca. Tras sus estudios en la escuela Brière (ahora, Émile Sarr), donde se formaron grandes personalidades del país, como el segundo presidente, Abdou Diouf, el Señor Boye se fue a Francia en 1976, para hacer de su pasión su profesión. Allí estudiaría en el Conservatorio Libre del Cine Francés (CLCF) y más adelante en la Universidad París VIII, en el departamento de psicología y sociología. Durante ese tiempo, nunca dejó de hacer cine, colaborando con distintos cineastas. Fue así como el realizador senegalés Ousmane William Mbaye acudió a él para que fuera asistente de realización en varias de sus películas, Fresque Francophone, en 1992, y un título cuya producción acabaría abortando, Talatay Nder. Con motivo del rodaje de esta última película, Abdel Aziz Boye volvería a Senegal, donde se instalaría hasta el último día de su vida, compartiendo su experiencia y aprendizaje con los jóvenes.

Tras 22 años en París, el Señor Boye fundó Ciné UCAD, un centro de formación en la Escuela Superior Politécnica de la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar (UCAD), destinada a los jóvenes universitarios, ofreciendo la única formación disponible entonces sobre el séptimo arte. Su labor no concluiría en la universidad. En 2008 fundaría Ciné Banlieue, en las afueras de Dakar, para ofrecer formación cinematográfica a los jóvenes de las afueras, una zona afectada por limitadas condiciones de saneamiento, y cuyos orígenes son coloniales, cuando el poder colonial francés desplazó a la población de Dakar de determinados barrios a las afueras, debido al incremento exponencial de la población. Ciné Banlieue dio sus primeros pasos en el centro sociocultural del municipio de Guédiawaye, reuniendo a jóvenes de distintos barrios de las afueras, como Guinaw-Rails y Keur Massar. Estos arrojarían luz sobre las arduas condiciones en la banlieue, desde una mirada interna y conocedora de sus problemas. Fue así como nacerían corto-metrajes como Guinaw Rails (Detrás de las vías), en referencia al barrio del mismo nombre, de la realizadora Kady Diediou, en 2014, con Mamadou Khoma Gueye como cámara, ambos estudiantes de Ciné Banlieue. Tras un año en Guédiawaye, Ciné Banlieue se traslada al Centro Cultural Léopold Sédar Senghor en Pikine, a las afueras de Dakar, para finalmente establecerse en Parcelles Assainies, un barrio de Dakar colindante con las afueras.

Con escasos medios, pero desbordante pasión y determinación, la casa se transformaría en escuela de cine, con varios pupitres y sillas, las clásicas pizarras, formando un par de aulas, llamadas Djibril Diop Mambéty y Ousmane Sembène, en homenaje a los grandes del cine senegalés; un patio central descubierto donde se celebrarían la mayoría de los talleres y clases, más ventilado que las aulas, unos aseos, una pequeña oficina, y una terraza que se convertiría en cine bajo las estrellas en determinadas ocasiones. El espacio, aún activo tras casi diez años, constituye un espacio de culto para los cinéfilos del país.

 

El Señor Boye no solo compartía su sabiduría sino que invitaba a técnicos profesionales del cine, trabajando con célebres cineastas, como Mousa Sene Absa, o a los propios realizadores, como Ousmane William Mbaye y Alain Gomis, cuya impecable trayectoria cinematográfica acaba de alcanzar la mirada de los óscars, con su película Félicite, nominada para representar Senegal en 2019. Esta es de hecho fruto de una co-producción en la que se incluye FOPICA, de la que el Señor Boye es miembro del comité gestor.

La cantidad de títulos salidos de esta modesta pero crucial escuela de cine es tal que muchos de los jóvenes realizadores se han incorporado al circuito internacional de festivales de cine, como el director del cortometraje Moly, sobre un joven con discapacidad física llamado Moly Kane, proyectada en el Festival de Cannes en 2011, o Baye Fall, el soldado de la paz, de Pape Bolé Thiaw, otro de los jóvenes formados en Ciné Banlieue. Para Bole Thiaw a, quien describe al Señor Boye como alguien que lo era todo para él, “un mentor, un formador, pero más que nada, un padre”, la noticia de su muerte ha sido devastadora. Son muchos los jóvenes que reconocen el mérito de su trabajo, capaz de hacerles descubrir una pasión ue en algunos casos llegaría a convertirse en profesión. Nazir Cisse, cámara del telediario “rapeado” por Keyti y Xuman, JTR, y dedicado a la realización de video-clips, fue otro de los discípulos de este gran maestro: “El es el que hizo que me gustara el cine. Estuve dos años en Ciné Banlieue siguiendo sus cursos. Todo lo que sé de realización es a través de él. Y no soy el único. Despierta la pasión por el cine a muchísimos jóvenes de las afueras y lo hace de forma gratuita. Es un grande de la cultura senegalesa.”

 

En 2013, Ciné Banlieue se decidió a crear su propio festival, para dar visibilidad a las películas creadas por Ciné Banlieue, así como a otros títulos del cine senegalés y demás países africanos. Con una periodicidad anual, en 2015, el agregado cultural de la embajada española apoyaría el proyecto, contribuyendo a la internacionalización del festival. Así, en la segunda edición, el Banlieue Film Festival iniciaría una colaboración con el Slum Film Festival de Kenya, fruto de un intercambio y acuerdo de colaboración propiciado por Federico Olivieri y Pape Bole Thiaw. Ambos se conocieron en un taller de crítica en 2013 en el 10º Festival de cine Africano-FCAT, coordinado por Federico Olivieri, co-fundador a su vez del Slum Film Festival, y donde Pape Bole Thiaw era una de los tres beneficiarios de la beca de AECID, junto con la periodista Kodou Sene, y otro compañero de Ciné Banlieue, Keba Danso. Este último se encuentra ahora en las islas Canarias, donde también está creando su propio cineclub con los jóvenes isleños. Cuando estos le preguntan sorprendidos por cómo Keba Danso les regala su tiempo de manera altruista este responde: “También en mi vida hay una persona llamada Señor Boye a la que le gustaba el cine y esta persona nos daba todo su tiempo y nos ayudaba sin pedir nada. Nos ha salvado la vida a muchos jóvenes de los suburbios haciéndonos creer en nosotros mismos y convenciéndonos de que podemos contar nuestra propia historia.”

La segunda edición del Banlieue Film Festival no ha sido la única colaboración entre Cultura Dakar y Ciné Banlieue, que también ha organizado la proyección de cortometrajes en el Aula Cervantes de Dakar. Fuera del marco institucional, el Señor Boye se ha mostrado siempre disponible al trabajo de jóvenes realizadores españoles y de distintos países, ofreciéndoles un excelente espacio de difusión y reflexión sobre sus obras en Ciné Banlieue en Parcelles Assainies.

Ciné Banlieue, a través del liderazgo de Abdel Aziz Boye, se ha convertido en un colectivo, centro y movimiento de participación obligada en las citas cinematográficas del país. Deja un legado inmenso en el mundo del cine senegalés, que requiere del apoyo y reconocimiento de las distintas instituciones senegalesas, así como del empeño de sus discípulos, para que dicho legado no cese y siga creciendo, dando larga vida al maestro a través del cine, y evitando esa segunda muerte que es el olvido.

La Revolución no será televisada: obra maestra de la cultura urbana

La sexta edición del consolidado Film Africa sigue incrementando el tránsito de los cinéfilos que acuden a esta cita anual. Las redes sociales participan del ruido cultural del festival, con intentos de reventas o restituciones de las disputadas entradas para cada una de las películas, pues la gran mayoría se agotan un par de días antes de la proyección. Uno de los títulos más esperados es The Revolution won’t be televised (La Revolución no será televisada), de la directora mauritano-senegalesa Rama Thiaw. El documental ha marcado historia en el mundo del cine tras ser la primera película con un 80 por ciento de producción senegalesa seleccionada y galardonada en el prestigioso festival de cine internacional de Berlín, la Berlinale.

914c5ee6c5ec62067db9091470238cecDesde entonces, la película circula por numerosos festivales, tanto en Senegal como en otros países africanos, europeos y americanos. Si este hecho no fuera bastante para generar expectación entre el público londinense, Film Africa añadía no solo la invitación a la directora, para presentar y debatir sobre la película tras la proyección, sino también, un concierto gratuito del grupo de rap senegalés que protagoniza la película, Keur Gi, en el ático del cine, The Ritzy, en pleno corazón del barrio de Brixton.

Si ya en Wiriko contábamos la paradójica situación actual de este Reino (des)Unido desde la votación del Brexit, en la crítica de A United Kingdom (Amma Asante, 2016, Reino Unido), en este caso, los perjudicados han sido los artistas del grupo de rap Keur Gi, a quienes las fronteras de Reino Unido han cerrado sus puertas, denegándoles el visado, por cambios de los requisitos provocados por la salida del país británico de la Unión Europea. “Es la primera vez en la historia de Film Africa que se deniegan visados, y el caso de los raperos de Keur Gi no ha sido aislado”, informan los organizadores del festival, de la Royal African Society.

(Foto: Iván González. Web: www.ivangonzalez.co.uk)

El documental se sitúa a principios de 2012, cuando la sociedad senegalesa, protagonizada por los raperos del grupo Keur Gi, Thiat y Kilifeu, se movilizó de manera masiva, saliendo pacíficamente a las calles para reclamar la invalidación de la candidatura de Abdoulaye Wade, quien llevaba en el gobierno 12 años (2000-2012), y que sería derrotado por la oposición Macky Sall (2012-presente). Justo este año, el actual presidente de la república senegalesa lanzaba un referéndum de proyecto de reforma constitucional para acortar el mandato de siete a cinco años, que podrá aplicarse desde la próxima presidencia, según lo indica la constitución senegalesa – y lo cual dio lugar también a mucha polémica entre el colectivo de Y’en A Marre, como muestra la canción “Non au référendum”, y otros raperos de referencia, como Xuman y Keyti, del Journal Télévisé Rappé.

El título del documental de Rama Thiaw está inspirado en la canción de los setenta de Gil Scott-Heron, miembro del movimiento americano marxista The Black Panthers: “Cuando escuché la canción The Revolution won’t be televised encontré un eco entre nuestra revolución y la que sucedió en los setenta en Estados Unidos”, apuntaba la directora. “Los medios no cubrían correctamente nuestra revolución. Hablaban simplemente de algunos raperos que estaban haciendo ruido. Eso es porque todavía estamos colonizados. Al gobierno francés no le convenía tener una ‘primavera negra’ porque ya tenían una ‘primavera árabe’”. Eso fue lo que motivó a la directora a filmar la revolución no televisada, acompañando el día a día de la revolución, las manifestaciones en las calles, en plena plaza del Obelisco de Dakar o de la Independencia, en las distintas regiones senegalesas donde se hizo una campaña de sensibilización para salir a votar la oposición de Wade, en espacios de discursos y representación con una música cargada de compromiso político, o en la casa donde se reunían los miembros del colectivo “Y’en A Marre” protagonista de la revolución, y liderado por los raperos de Keur Gi, Thiat, Kilifeu y el DJ Gadiaga, quienes, según declara Thiat en la película, encuentran que el mayor reto como artistas es aportar lo mismo que les ha dado a conocer como activistas.

Estos planos de documental observacional, interactivo, con una posición interna clave para contar la historia, en el día a día de la revolución, desde el acompañamiento de los raperos de Keur Gi, muestran una posición clave de la realizadora –quien ha logrado completar el film tras seis años de producción, con su propia compañía Boul Fale Images– para adentrarse en la revolución de un país tan pacífico “donde ver un arma sería tan raro como ver un dólar cayendo del cielo”, decía Thiaw. Según la directora, esa es la revolución, el día a día, lo que sucede entre bambalinas: “Una revolución no es lo que te muestra la televisión. Dura mucho tiempo. Es un largo viaje”. Otro de los retos era el lograr contar este momento histórico a través de una coherencia entre el fondo y la forma, ya que la directora considera que las diferencias entre cine de ficción y cine documental no están tan marcadas como se cree: “Para mí el colocar la cámara en un determinado ángulo es un acto político, yo no creo en la objetividad, y era muy importante cuidar la calidad técnica. Pasamos mucho tiempo calibrando las cámaras para conseguir por ejemplo una luz apropiada para filmar a negros, porque las cámaras están diseñadas para filmar a blancos”.

El resultado es una pieza donde sucesos reales se entremezclan con momentos de back-stage con los artistas, actuaciones de los raperos, paradas por distintas regiones senegalesas donde estos hablaban con los vecinos y les animaban a salir a votar por el cambio, entrevistas a los raperos por televisión con una edición multipantalla, editados rítmicamente, imágenes de videoclips de los raperos, primeros planos en plena oscuridad con una luz lateral en la que no solo hablan los raperos de manera individual, sino la poetisa y realizadora Khady Sylla –quien falleció en 2013 y a quien Rama Thiaw dedica su film–. El resultado es una obra maestra de la cultura urbana, en el que la narrativa audiovisual está compuesta por una armoniosa sintonía entre la estética del lenguaje de la cultura urbana y el fondo del contenido político de la revolución, con una cuidada edición sonora donde los testimonios, la lectura de la carta de Khady Sylla y los sonidos directos, se entremezclan con canciones de rap de la carga política de la movilización social.

Como realizadora, Rama Thiaw confiesa tener que enfrentarse a preguntas sobre género que la clasifican como mujer antes que como cineasta: “Cuando cojo una cámara, no pienso en si soy hombre o mujer. En un festival sobre mujeres me preguntaron que por qué en mi película sobre la lucha no salían mujeres, algo en lo que yo ni había caído. Es como si por ser mujer estuviéramos obligadas a filmar a mujeres. Y en realidad sí había mujeres en la multitud, como en esta película, donde están en primera línea de la revolución, pero es como si parecieran invisibles. Yo creo que antes que nada somos seres humanos y que para ser iguales tenemos que ser diferentes. Eso sí, como mujeres, tenemos que conquistar el espacio público. Algunas mujeres no querían ser filmadas o hablar ante la cámara, pero ellas también hicieron la revolución, como yo, detrás de las cámaras”.

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A pesar del mal sabor de boca que había dejado el anuncio de la denegación de visados a los raperos, el festival logró complacer a su público con el concierto de uno de los koristas senegaleses con base en Reino Unido más destacados, Kadialy Kouyate. El músico, del sur de Senegal, está a punto de lanzar su último álbum, “Na Kitabo” (en mandinka, “mi libro”), y ha tocado en numerosos festivales y salas de prestigio por todo el mundo, tanto como solista como en colaboración con números artistas de distintos países. En un ático del histórico cine de Brixton, The Ritzy, tanto él como su banda, Kadialy Kouyate and Sound Archive, mostraron un absoluto dominio de la escena ofreciendo al público un espectáculo de gran energía y riqueza sonora.

Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko como medio oficial del Film Africa está ofreciendo a la audiencia en español.