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The Rumba Kings, la música es la verdadera riqueza del Congo

“Tenemos diamantes, oro, coltán y todo eso … pero la música también es nuestra riqueza”, Simaro Lutumba.

“Un país que no baila, es un país atrofiado”, Jean Pierre Nimy (historiador congoleño).

Para los congoleños, el verdadero tesoro del Congo no se encuentra bajo tierra. Desde antes de la independencia de Bélgica, Kinshasa era conocida como el corazón musical de África. De allí salieron grandes estrellas como Franco Luambo, Grand Kalle, Dr. Nico o Tabu Ley Rochereau, que llevaron el pop congoleño de la época a las pistas de baile occidentales, siendo adorados como dioses por millones de fans. Ahora, a finales de 2018, el periodista y cineasta peruano Alan Brain Delgado, que pasó casi 8 años en República Democrática del Congo filmando documentales sobre la vulneración de derechos humanos en el este de RDC para la Misión de Mantenimiento de la Paz de Naciones Unidas, nos regalará un documental que honra toda esa riqueza cultural, a menudo menospreciada desde fuera, pero que es un motivo de orgullo para la mayoría de congoleños y congoleñas.

La música congoleña está en las raíces del jazz y el blues de Nueva Orleans. Se encuentra en Cuba. Y conquistó todo el continente africano en el siglo XX. Mientras el peruano Alan Brain se encontraba en Kinshasa se percató del rol crucial de la cultura y la música para los congoleños. Y no quiso perder la oportunidad de capturar con su cámara los aspectos positivos de la cultura congoleña, su sociedad y la identidad de las personas que la forman. Como su amor y fascinación por la música ocupaban casi todo su tiempo libre, puso el objetivo de su cámara a su servicio y se centró en la Rumba congoleña, una de las herencias más notables de la historia de la música moderna, como su objeto de estudio.

En plena etapa final de posproducción, a finales de 2018 se presentará el largometraje documental sobre la era dorada de la rumba congoleña, titulado “The Rumba Kings“, que ya ha despertado la atención de los más devotos amantes de los sonidos del antiguo Zaire – uno de los estilos panafricanos por excelencia–.

Tal como cuenta el director en su página de Facebook: “The Rumba Kings celebra a los grandes músicos y canciones que, durante los años sesenta y setenta, hicieron que la Rumba congoleña fuera conocida en todo el mundo. También nos muestra que, en la República Democrática del Congo, había bandas de rumba congoleñas que tenían el talento de The Beatles y eran tan famosas en África como The Rolling Stones en Occidente”.

La cinta incluye entrevistas con leyendas de la rumba congoleña como Guvano de la banda de Tabu Ley Rochereau, Verckys Kiamanguana de la Orchestre Veve, Manu Dibango, Nedule Montswet –más conocido como Papá Noel–, Bikunda de la banda de Wendo Kolosoi, Lutumba Simaro de OK Jazz, Nkuka Mathiu de African Jazz, Pepe Fely Manuaku de Zaiko Langa Langa, Faugus Izeidi de la African Fiesta, Armando Brazzos, Petit Pierre, Nkuka Mathieu, Roitelet Moniania, Maproco, Papa Wemba , Lokua Kanza o Jean Goubald, entre muchos otros, como testigos de los ritmos magnéticos de la rumba congoleña y su época dorada.

The Rumba Kings from Alan Brain on Vimeo.

Black Bazar: embajadores de la rumba congoleña del s.XXI

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Hace pocas semanas nos dejaba el rey de la Rumba catalana: Peret. Y fue a finales del año pasado, cuando Tabu Ley Rochereau -el rey de la Rumba congoleña– dejaba el mundo de los mortales y se entronizaba como el mito que ya era en vida, cuando un grupo de músicos congoleños nos recordaba que la rumba congoleña no está muerta y que la música del antiguo y turbulento Zaire sigue dando mucha guerra.

black-bazar-round-2-web800La exitosa aventura musical de la rumba del grupo Black Bazar se materializaba a finales de 2013 en forma de su segundo álbum: Round 2 (Lusafrica). Hacía solamente un año que esta tribu de ases de la música congoleña habían irrumpido en la escena internacional con su álbum debut homónimo, Black Bazar (Lusafrica, 2012), y el listón estaba muy alto. Pero lo volvieron a conseguir, y la música refrescante y colorida de su segundo LP no ha parado de sonar durante todo el 2014 en los clubes nocturnos de Bélgica o Francia, tanto como en los de R.D.Congo o República Centroafricana. También la hemos podido escuchar durante todo el verano en festivales y fiestas. Y ya es oficial: Black Bazar son los embajadores del siglo XXI de lo que en los 70 se llamó muziki na biso (nuestra música en lingala) para referirse al Soukous o rumba congoleña.

Con un sonido enraizado en la escena musical de Kinshasa-Brazzaville y un sabor indiscutiblemente transatlántico aderezado con pizcas de makossa y guitarras rockeras con aromas nigerianas y latidos cabo-verdianos, antiguos miembros de bandas de titanes como Franco Luambo, Papa Wemba o Koffi Olomide y maestros como los padres del soukous, Popolipo Beniko -a la guitarra-, Michael Lumana -al bajo- o el aterciopelado Ballou Canta -a la voz-, la banda que fundó el escritor congoleño Alain Mabanckou -su productor y letrista- se ha convertido en una de las exquisiteces preferidas de los amantes de los sonidos africanos tanto en África como en el resto del mundo.

Black Bazar retorna la atención de la música africana moderna de ahí de donde emergió y se inflamó para arrasar con todo: la pista de baile. Y nos recuerda, una vez más, que no caben esencialismos cuando se habla de los sonidos africanos modernos, porque los sonidos no tienen fronteras. La rumba congoleña es uno más de los híbridos sonoros más infecciosos que nos brinda el continente. Se baila en África Occidental, África Central y África del Este con el mismo frenesí. Prueba de su rotundo éxito como música de baile es que, cincuenta años después de las independencias africanas, la rumba sigue manteniendo un diálogo constante entre tradiciones de diferente procedencia, tomando préstamos sonoros e infectando todo África y parte del extranjero.

Con cierto latido cubano en Beau gosse, fragancias antillanas en Bela Mambo y embriague sensual en la rumba pausada de Balabala, Black Bazar realizan una increíble labor de síntesis revestido de maestraje. En su rumba-techno con cadencias de kizomba Sweet Home, la unión de lenguas inglés-lingala sorprende con la participación de Fanfan, cantante haitiano que más bien se reconoce como un congoleño nacido en Haití. La guitarra del gran Franco Luambo parece resurgir como ancestro invocado en Les jaloux vont maigrir, pero los músicos demuestran no estar anclados en la nostalgia con composiciones y arreglos que trascienden la época dorada de la rumba.

Pero si de una cosa podemos estar seguros es de que lo que permanece perenne en la rumba de los Black Bazar es que es portadora de un frenesí desenfrenado. Si no, juzgad por vosotros mismos con este directo que se puede ver en la red. ¡No apto para personas con dolencias cardiovasculares!