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“La autodeterminación de los pueblos es un paso crucial en un mundo fundamentado en los derechos humanos y la democracia”

Tamikrest, por Sebastien Rieussec.

“Durante su periodo de auge, Malí desarrolló y llevó a cabo un modelo de integración política en la que pueblos tan diferentes entre sí como los tuareg, los wolof, los malinké y los bámbara, los songhai, los fula y los tukulor, los diallonke, etc., reconocían a un soberano único”, cuenta el historiador Joseph Ki-Zerbo, en Historia del África Negra. Sin embargo, en el último siglo, los tuaregs han desatado cuatro rebeliones en el norte del Malí actual. La última, surgida en 2012, aún no ha podido implementar los acuerdos de paz de 2015, recientemente frustrados por considerarse insuficientemente inclusivos.

La ciudad norteña de Kidal, uno de los focos de estas revueltas, sigue siendo un feudo para los separatistas del norte. “Se trata de la primera cuna de la rebelión contra el Mali no-inclusivo, pero también donde nosotros dimos nuestros primeros pasos y de donde sacamos nuestra inspiración. Kidal lo es todo para nosotros”, asegura Ousmane Ag Mossa, líder del grupo musical Tamikrest.

La banda maliense, que acaba de editar su cuarto y último disco, titulado Kidal (Glitterhouse Records, 2017), asegura que con este álbum buscan “arrojar luz” sobre lo que ha sucedido en Kidal y pretenden forzar que la comunidad internacional “reaccione”, para garantizar el acuerdo que se firmó con el Estado de Malí hace dos años.

Las regiones de Kidal, Gao y Tombuctú suman el 66% del territorio maliense, pero albergan a solo un 9% de la población, y registran las tasas de desarrollo más bajas del país. En un contexto de duras condiciones de vida, las consecuencias del conflicto han sido devastadoras para su población. “En nuestras canciones tratamos de cantar el dolor y el sufrimiento que viven nuestros pueblos en este vasto desierto donde antes habitaban un silencio y una paz que ya no existen”, advierte con ásperas palabras el cantante y guitarrista tuareg.

A punto de pisar la península ibérica para una gira que los llevará por Huesca, Valencia y Barcelona, los miembros Tamikrest aspiran a llevar su causa fuera de las fronteras africanas, y se muestran críticos con un proceso de descolonización que, según ellos, dejó heridas abiertas que seguirán supurando mientras no se atiendan con urgencia.

“Creo que la autodeterminación de los pueblos es un paso crucial en un mundo fundamentado en los derechos humanos y la democracia”…

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí

Escucha nuestro especial sobre KIDAL, de TAMIKREST, en el espacio radiofónico del magacín Wiriko en M21.

Áfricas: Nueva cartografía

La hibridación entre naturaleza y urbe. Fuente: worldalldetails.com

La hibridación entre naturaleza y urbe. Fuente: worldalldetails.com

 

La ironía del desconocimiento rompe eslabones una y otra vez cuando nos acercamos al Sur del Sahara. Es cuando el francotirador entra en escena. El azote de realidad es tan inesperado que al desestereotipar nuestros imaginarios y narrativas quedamos sin herramientas de análisis. ¿Cómo enfrentarnos al fenómeno de los cambios arquitectónicos en las urbes contemporáneas africanas? Recurrir a la comparación fácil, a la balanza de “aquí se hace así” y que “nuestro modelo de ciudad” es exportable a cualquier esquina es una implosión de ego que ciega y destruye. Una alternativa responsable y humilde a este lado del hemisferio sería, por lógica aplastante, humedecer nuestra percepción y aplicar una buena dosis de escucha activa con los profesionales que trabajan en el terreno. En nuestro artículo de hoy de artivismo queremos conocer de cerca a uno de los arquitectos más influyentes de su generación y que está planteando una nueva cartografía crítica del espacio africano: David Adjaye.

David Adjaye. Fuente: http://elbloc.net

David Adjaye. Fuente: http://elbloc.net

Puede resultar paradójico pero sería una de las esencias del cosmopolitismo: tener unos padres ghaneses, nacer en Dar es-Salaam, Tanzania, y residir en Londres. Este menú continental es lo que le ha proporcionado a David Adjaye, de 46 años, una visión adaptada al escenario políglota, multicultural e híbrido que es el continente africano. Aunque a menudo pasemos de puntillas por las cátedras que postulan los numerosos rankings que dan cancha a reportajes curiosos, valga la excepción de hoy para hablar de este personaje que encabeza la sexta edición de la lista elaborada por Power List colocándolo como la figura negra más influyente en 2013 en el Reino Unido.

Adjaye, que comenzó en 1999 el periplo de visitar y analizar cada una de las 53 capitales africanas -ahora suman 54 con Sudán del Sur-, aporta en cada trabajo una mirada renovada y explicativa, síntesis que ha quedado compilada en su obra Arquitectura metropolitana africana, editado por Rizzoli. Este trabajo se convierte en una herramienta para reivindicar los nuevos espacios urbanos en las metrópolis africanas. Una nueva visión activa de la arquitectura en el continente para evocar las transformaciones económicas, demográficas y arquitectónicas que se han abierto en África.

Lo que este artista de la escuadra y el cartabón nos propone es visualizar el continente en seis grandes áreas geográficas en las que se puede apreciar, salvando las distancias entre países, un tipo de arquitectura particular. “Y hasta que no aceptemos la diversidad africana no comprenderemos nada”, explicaba Adjaye en una entrevista a la revista Courrier International en el último de sus números especiales dedicado a África (marzo-abril-mayo 2013). El norte con el Magreb, la zona saheliana, el desierto, la sabana, la zona boscosa y la parte de montaña. Esta cartografía simplificada es lo que conduce al tanzano a afirmar, no sin polémica en los círculos africanistas, que de las características geográficas deriva la cultura: “Creo que a veces se han exagerado las particularidades históricas. Las gentes pueden hablar diez lenguas diferentes, pero si ellos trabajan la tierra de la misma manera y cultivan las mismas cosas, tendrán el mismo tipo de cultura”. El debate está servido.

 

 

 

Desde que creó su propia agencia en Londres, Adjaye Associates, en el año 2000, este arquitecto ha diseñado talleres de artistas, locales comerciales y edificios públicos como el Centro Nobel de la Paz en Oslo, el museo de arte contemporáneo de Denver, la escuela de comercio de Skolkovo, cerca de Moscú o, la más esperada: el Museo nacional de historia y cultura afroamericana en Washington que abrirá sus puertas en 2015. Pero su gran empresa es recorrer la arena académica y otros foros no tan especializados en Europa y América del Norte para mostrar imágenes de África generalmente nunca vistas desde el prisma de la arquitectura. “Mil millones de personas que viven aquí y muchas personas en Occidente se quedan estupefactas por no tener la menor idea de lo que puede parecer una ciudad africana”, subrayaba crispado Adjaye para la revista francesa. Lo cierto es que frente a los retos ecológicos y de infraestructuras públicas que en ocasiones son inexistentes o deficitarios, una parte del continente como Kenia, con su Silicon Savannah (de la que hablamos en Wiriko) o más recientemente Ghana, con su Hope City apuestan por megalópolis y centros administrativos adaptados a la época del café expres contemporáneo. Está por ver si, como definen los teóricos más sociales de la disciplina, la arquitectura contribuye a estabilizar el enlace con los ciudadanos.