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Vuelve la magia del ritmo y el poder curativo de Sara Tavares

La primavera es un período de renacimiento que, para algunas culturas orientales, se inicia en febrero. En ella, la savia de la vida resurge generosa por los poros de la naturaleza en un proceso en el que la creación no es más que la culminación de un camino trazado desde la energía fría y calmada del invierno. Tras un gélido periodo de ocho años (y tras pasar por la dura experiencia de la extirpación de un tumor cerebral en 2010), la compositora, cantante y guitarrista caboverdiana afincada en Portugal, Sara Tavares, nos avanza a ese periodo tan deseado del año. Y es que está a punto de presentar un nuevo álbum reposado, profundo y que, a juzgar por su single de presentación, es puro florecimiento.

Hemos tenido la oportunidad de conversar con ella y de, por supuesto, acabar de caer del todo rendidas a sus pies:

Gemma Solés: Lisboa, que es una de las capitales europeas más cosmopolitas, está llena de talentos como tu, impregnando la ciudad de África. ¿Cómo consideras a los africanos que estáis transformando la mirada hacia el continente? 

Sara Tavares: Sin duda los africanos en la ciudad son grandes representantes de un nuevo africano contemporáneo que viaja mucho entre la raíz y el mundo sin confusiones de adaptación o identidad. Ellos son la nueva cara del cosmopolitismo africano, orgullosos de lo que son y  cada vez más cómodos como ciudadanos del mundo.

G.S: Eres una de las voces más influyentes del momento. Desde la música, has contribuido mucho a hacer llegar los sonidos de esa “generación mestiza” y a pocos meses de que tu nuevo álbum vea la luz, ¿podemos proclamar que Sara vuelve definitivamente a la carga, y que tendremos más inspiración de Cabo Verde?

S.T: Es curioso que esta identidad criolla se sienta incluso si los temas están escritos en portugués, pero es cierto que mis canciones tienen una melodía melancólica que recuerda los viejos coladeiras cálidos y… me provoca un gran placer llevar conmigo la cultura de otras lenguas y sonidos… Por ejemplo, cantar una melodía de reggae en español como Manu Chao o cantar salsa en lingala como lo hizo el congoleño Franco y Rocherou… me encanta hacer de lo regional mundial y de lo mundial regional al contar historias con un lenguaje propio.

G.S: Han pasado siete años después del éxito rotundo de Xinti (2009)… ¡¿Por qué nos has hecho esperar tanto?!

S.T: No sé por qué. Me ha ocupado un silencio que hablaba más fuerte que todas las notas o palabras juntas… Ha sido un tiempo de escucha profunda, aunque no es parte de mi naturaleza hacer música de manera automática. Quiero sentir siempre que hacer música tiene sentido para mí en primer lugar; para dejar algo auténtico en el mundo.

G.S: Y, ¿qué has hecho cuando no has estado haciendo música?

S.T: Tiendo a vivir improvisando, vivo la vida como una improvisación; de vez en cuando quiero boleros, cha cha chas, cosas predecibles y reconfortantes de casa de mi madre, Cabo Verde… Ver películas, días de playa, ser libre y leve. Otros días quiero aprender, ver exposiciones, leer, escuchar un montón de música que empuja mis capacidad de análisis. Clásica, experimental, exótica. Conferencias. Cursos. Me interesan la filosofía, la poesía, la espiritualidad, etc. Otros días sólo quiero un beso en la boca y ser feliz…

Tengo el privilegio de no estar atada a un jefe o un empleo, pero la libertad exige responsabilidad. También paso mucho tiempo meditando en mi misión con los que me rodean, la familia, amigos y seguidores…

G.S: Ya llevas muchos años en la industria musical. ¿Crees que los artistas africanos lo tenéis mejor ahora que cuando empezaste a cantar profesionalmente?

S.T: Siento que hay una mayor apertura porque se agota la creatividad del llamado “primer mundo”. Hay que hacerse eco de la fuerza del segundo y el tercero… más aún cuando la realidad social está cambiando tan rápidamente que la fuerza a la cultura también acompaña a esta transformación. Dentro de varios siglos, para entender la historia, se utilizará la cultura como documento social. Además, la industria de la música es un circuito, por así decirlo, casi exclusivamente occidental. El “tercer mundo” está demasiado angustiado para sobrevivir por debajo de los niveles mínimos de pobreza y derechos humanos, como para tener cultura. En la mayoría de los casos, solo hay una cultura de supervivencia.

G. S: En una entrevista para The Guardian en 2007 decías que “las canciones llegan a tí como plegarias”. Explícanos cuál ha sido tu proceso de composición para este trabajo que tienes entre manos.

S.T: En este álbum no ha sido tanto pedir, sino escuchar y dar voz a sentimientos que no siempre están bien definidos; es importante tener en cuenta que en esta ocasión no compuse sola, hay una gran cantidad de colaboraciones no sólo en la producción sino también en la escritura de las letras.

G.S: ¿Cómo se llamará este nuevo álbum y de qué colaboraciones hablamos?

S.T: Aún no hay nombre, necesitaré verle la cara primero. Generalmente el nombre se revela a sí mismo sin estrés, a su tiempo justo. Tendrá un sonido más urbano, un poco más de electricidad; ya en el single Coisas Bounitas uso teclados que no suelo usar… Aún no acabé de cocinar el disco y no quiero emitir una expectativa precisa. Todavía tengo que investigar un poco más.

G.S: En tu música hay una atmósfera intimista, romántica, poderosamente delicada y profunda… pero también hay un elemento educativo, poético y casi moralizante. ¿De qué tratan las letras de tus nuevas canciones?

S.T: No habrán canciones protesta o revolucionaria. Son ondas musicales cometidas por la pasión entre la música y el ser humano, sobre todo de la magia del ritmo y su poder curativo y transformador… Hablo de amor, de pasión, de complicidades, de lo que es hacer una canción, de lo que sucede cuando vivimos el presente…

G.S: ¿Estamos demasiado colonizados aún por una mentalidad homogeneïzadora?

S.T: ahh 😉 Creo que estamos demasiado desconectados de nosotros mismos, demasiado auto descompensados por la carrera de tener todo lo que los demás tienen, en lugar de ser todo lo que podemos ser… Esto nace de dos extremos, el individualismo y el autismo, y del liderazgo ciego con los liderados… La desesperación del capitalismo, de tener que aplastar o ser uno mismo, conduce al fanatismo y al fundamentalismo arrogante, o a la falta de conciencia y a una vida descontrolada y en modo automático que va tan rápido que cuando uno mira hacia atrás ya está casi al final de la línea y no se detuvo a pensar con la cabeza y sentir con su corazón.

“Ser feliz” con lo nuevo de Anita Zengeza

“Ser feliz es decidir simplificar la melodía”. Lo dice Anita Zengeza (Zimbabue) en la canción que abre su segundo disco, Natural Journey (Slow Walk Music, 2016). Sencillo. Honesto. Fresco. Apetecible y necesario, llega tres años después de su primer LP, bautizado con su nombre (Whatabout Music, 2013) y lo hace regalándonos el mejor disco para esta primavera, pero también la dicha de tenerla bien cerquita.

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Y es que la joven zimbabuense de 25 años ha encontrado en Barcelona el entorno perfecto para desarrollar su carrera profesional. Estudiante de Jazz y música moderna en el Conservatori del Liceu, halla en el cosmopolitismo de la capital catalana una fuente de inspiración. Aunque para cosmopolitismos el suyo. Nacida en Botswana de padre zimbabuense y madre chino-malasia y emigrada a Harare a la edad de 5 años, con solo 17 se trasladó a Italia con una beca para estudiar música, para instalarse a la ciudad condal en 2010. Pura energía creativa y puro talento le bullen en las venas desde que empezara a cantar y tocar el piano, con solo ocho años. Desde entonces, el violín, la viola o la guitarra han sido sus mejores compañeros de viaje para una travesía sonora que nos llega hoy como un oasis.

ac3ae52f-c62d-45d0-b2dd-ed0f5cb09e40Esta Travesía Natural, tal como se podría traducir de su título en inglés, emana sutilmente cuica brasileña, folk norteamericano, melódica, ritmos antillanos, arreglos de jazz o sabar senegalés que bailan y se mezclan en un estilo al que Anita le gusta llamar afrofusión o afropop. Un discurso sereno que nos habla de aspectos cotidianos de una forma poética y que nos zarandea con cambios radicales que nos deslizan por túneles sonoros como hacia universos paralelos. Dándonos la vuelta bruscamente, la zimbabuense nos devuelve en todo momento al curso natural de melodías suaves que nos mecen delicadamente. Como en la vida, en Natural Journey predomina el equilibrio.

La voz de Anita recuerda a la sudafricana Zolani Mahola (Freshlyground) y se acerca a menudo a los destellos luminosos de Sara Tavares. Mezclando letras en inglés, castellano o francés, su voz escala y desciende, nos eleva y nos hunde, aportando múltiples colores y texturas que dibujan nuevos perfiles de una personalidad que la hacen única. Que nos enamora. Nos devuelve a nuestra parte más latina. Más barcelonesa. Más honesta. Más mestiza.

Próximos conciertos de ANITA ZENGEZA: 

28/05/2016 Miombo Magic Festival (Harare, Zimbabwe)
2/07/2016 Festa MaJor de Sant Cugat (España)
15/07/2016 NunOff Festival, Barcelona (España)
5/08/2016 Sala Montjuic, Barcelona (España)
19/08/2016 CCCB ‘Making Africa’, Barcelona (España)

Teofilo Chantre, el parisino de Cabo Verde

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Teofilo Chantre. Foto: NKrumah Lawson-Daku/Lusafrica.

 

Teofilo Chantre es más conocido como el músico parisino de Cabo Verde que como el músico caboverdiano de París. A su temprana adolescencia, Teofilo emigró hacia la capital francesa para vivir con su madre, después de una infancia con sus abuelos en la isla de Sao Nicolau. El balanceo de sus mornas y coladeras cantadas en francés y criollo, y con una fuerte influencia de la música de Brasil, sintetizan la biografía de uno de los compositores de más peso de los sonidos internacionales que emergen del archipiélago oeste-africano. Compositor de algunas de las canciones que llevarían a la fama a Cesaria Évora con su Miss Perfumado (1992), Teofilo Chantre se situó en el podio de una generación que transformó la historia de la música popular africana.

Con motivo de la gira homenaje que la orquestra de Cesaria Evora está brindando por el mundo, y que llevará al espectáculo en el marco del festival Womex de Santiago de Compostela el próximo 23 de Octubre, Teofilo nos habla sobre su experiencia como músico.

De izquierda a derecha: Teofilo Chantre, Ismael Lo, Bonga, Angelique Kidjo y Camané. Foto tomada el 28/09/2012, durante el Tributo a Cesaria Evora en el Cirque d'Hiver de Paris. Autor: Nkrumah Lawson-Daku/Lusafrica.

De izquierda a derecha: Teofilo Chantre, Ismael Lo, Bonga, Angelique Kidjo y Camané. Foto tomada el 28/09/2012, durante el Tributo a Cesaria Evora en el Cirque d’Hiver de Paris. Autor: Nkrumah Lawson-Daku/Lusafrica.

G: Tu nombre puede ser familiar para aquellos que han seguido el camino de Cesaria Evora por haber compuesto algunas de sus obras. ¿Cómo fue su encuentro con la Diva de los pies descalzos

T: Conocí a Cesaria en París en los años noventa, después de un concierto en que los dos habíamos participado. Ella era maravillosa. Luego en seguida su productor José Da Silva me pidió algunas canciones para su futuro disco. Así que todo fluyó.

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Teofilo con Cesaria en Le Grand Rex de Paris, en la última aparición de la diva de los pies descalzos. Foto: NKrumah Lawson-Daku/Lusafrica.

¿En qué medida, en su opinión, la figura esencial de Cesaria Evora fue la responsable de que los sonidos de Cabo Verde invadieran el mundo? 

Cesaria Evora fue la cantante que evidenció y mostró la música de Cabo Verde internacionalmente. Son cosas inexplicables, para mi es como un milagro que se operó gracias a su voz y a su historia personal.

Y tú, ¿cuando empezaste a hacer música? 

A los 16 años empecé a tocar la guitarra. Pero la música siempre estuvo a mi alrededor.

¿Cómo llegaste a mezclar los diferentes estilos que componen tus canciones? Morna, música francesa, ritmos brasileños…

Yo creo que antes de todo empecé a hacer música para superar la saudade de mi tierra natal. La mezcla ha venido de las músicas que escuchaba, del ambiente donde vivía. La raíz de mi música es caboverdiana pero el vestido es universal.

Cuéntanos sobre el homenaje que está rindiendo a Cesaria Evora en diferentes escenarios del mundo. ¿Cómo es trabajar con el nuevo grupo de talentos de jóvenes caboverdianos como la impresionante Mayra Andrade o Bonga? 

Para mi es muy emocionante cantar para la memoria de Cesaria. Intentamos traer un poco de ella a sus fans. Es un gran placer trabajar con los demás cantantes porqué cada uno canta realmente sus canciones preferidas del repertorio de Cesaria. Se crea un clima muy especial encima del escenario.

Le hemos visto con figuras como Ismael Lo en canciones como “petit pays” … ¿Hasta qué punto cree usted que la música de Cabo Verde ha penetrado como una influencia en otros países africanos como Senegal? 

La música caboverdiana es muy apreciada en África y eso desde hace mucho tiempo con grupos como Cabo Verde Show por ejemplo. No es algo nuevo.

Y, ¿qué hace a Cabo Verde más cercano de Brasil que de Mauritania o Senegal? 
Yo creo que es la mezcla cultural y la historia de su pueblo. El Atlántico. Cabo Verde puede ser considerado como un nuevo mundo que apareció de sus islas desiertas.

¿Acepta la afirmación de que, en la actualidad, la industria de la música de Cabo Verde es 90% propiedad de capital extranjero? ¿Hasta qué punto se ha abusado de la etiqueta comercial de “World Music” para presentar la música de Cabo Verde? 
Todo eso es un poco complicado. Es verdad que la mayoría de la producción se hace en el extranjero. Pero la fama de la música de Cabo Verde está beneficiando a muchos jóvenes músicos. Para mi toda la música es música del mundo. Yo no me considero como un artista”world music” sino como un cantautor. Pero la etiqueta está allí.

¿Dónde vamos a poder escucharte pronto? 

Acabo de estar en México (12,13,16 de octubre) y tengo un concierto en París el próximo 20 de diciembre entre otras fechas más que aún no están confirmadas. Estaré en España en abril del 2015 para el festival Barakaldo Folk, en Euskadi.

Procuraremos estar ahí para verlo y escucharlo…
Muchas gracias.

Gracias a usted. 

Frazão: “Luanda es para mí lo que Nueva York para Woody Allen”

Aline Frazao. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Aline Frazão. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Aline Frazão es una joven cantante y compositora angoleña afincada en Barcelona. Fascinada por el Jazz, la Bossa Nova, la música caboverdiana, la música popular angoleña y el Fado, decidió combinar sus estudios de comunicación con una pasión que le viene de muy temprana edad: la música. Con tan solo dieciocho años dejó su Luanda natal para empezar la universidad en Lisboa, y desde entonces, ha vivido en Santiago de Compostela y Madrid. Ahora, desde Barcelona, Aline prepara el lanzamiento de su último trabajo en España, a pocos meses de su gira brasileña. Decidida a que su música de sonoridades atlánticas nos embriague a todos, y dejando entrever las múltiples influencias de su ir y venir biográfico, nos ha dejado conocerla un poco mejor y hasta nos ha querido regalar una canción.

¿Qué escucha Aline Frazão?

¡Hay tantos nombres! Me encanta el Jazz. Sigo escuchando muchísima música de Brasil, aunque me alejo un poco de ella y me acerco cada vez más de nuevo a África. Me encantan voces como las de la caboverdiana Mayra Andrade. Me identifico mucho con los sonidos sudafricanos más reivindicativos. Músicos angoleños como Paulo Flores, Rui Mingas o Filipe Mukenga.

¿Cómo empezaste con la música?

Empecé a cantar música de Angola, Cabo Verde y Brasil sobre todo cuando solo tenía nueve años. Más tarde me aficioné a una guitarra española que mi padre tenía por casa. Buscaba canciones de Bossa Nova por Youtube, sacaba los acordes e intentaba tocar de esa forma. A los quince años un amigo mío me regaló un recopilatorio de Jazz de Ella Fitzgerald y flipé completamente. En ese momento ya era casi una experta en música popular brasileña: Tom Jobim, Joao Gilberto, Caetano Veloso… Todo eso se convirtió en un lenguaje muy mío y empecé a escribir canciones. Pero he sido una autodidacta desde el principio y no he desarrollado una técnica depurada. De hecho, me he inventado mis propias comodidades y posiciones, y muchas veces ni siquiera sé los nombres de los acordes. Mi teclista es el que se encarga de traducir los nombres de los acordes al resto de los músicos. ¡Suerte que es muy amigo mío! (ríe). Me parece que de esta forma me expreso de una forma más libre, no estoy determinada por la teoría…

¿Cuándo decides que tus composiciones son suficientemente maduras como para dejar que los demás disfruten de ellas? ¿Y como llegas a profesionalizarte? 

Fue mucho más tarde… Primero quise ser ingeniera civil, para reconstruir Angola después de la guerra civil, que terminó en 2002. Siempre fui consciente que yo tenía más oportunidades que otra gente en mi país, y siempre seguí mi propia regla: a más posibilidad, más responsabilidad. Pero como también me gustaba mucho todo el tema de la argumentación y la comunicación verbal, decidí ser periodista. Bueno, en esto mi padre no estuvo muy de acuerdo. ¡Imagínate como está la libertad de expresión en Angola! Es un país muy bloqueado democráticamente, por decirlo de una manera suave.

¿Cómo afectó la guerra de Angola a tu vida?

Enormemente. Yo nací en  1988 y la guerra no terminó hasta 2002. Siempre viví en Luanda, y las capitales siempre han estado más protegidas. Pero en el 92, el año que nació mi hermana, la guerra llegó a la capital. Yo era muy pequeña aunque las consecuencias de la guerra estuvieron siempre ahí. Convives con los niños de la calle, que se han quedado sin padres. Con las personas mutiladas por la guerra. La pobreza extrema. Las noticias. La radio. La tensión de tus padres. El miedo. Aunque creo que he sido una privilegiada. Mis padres tenían un poco más de dinero, pero mi educación siempre me hizo mirar hacia fuera. Supongo que por eso, siempre he mantenido una voz crítica. Aunque es una cosa muy angoleña. La cantante Sara Tavares, que es muy amiga mía, siempre dice que los angoleños somos unos pesados por qué siempre estamos hablando de política. Así que sí, todo esto es parte de mí. Y creo que de toda mi generación, tenemos una carga histórica que tomamos muy en serio.

Aline Frazao. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Aline Frazão. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Cuéntanos cómo ha evolucionado tu carrera y tus ires y venires geográficos.

Al acabar la carrera en Portugal, vine a Barcelona y me cambió la vida. Aquí hay un montón de vida asociativa, de proyectos vecinales… Me involucré en muchísimos proyectos y cambié mi perspectiva de vida. Así que al llegar a Madrid, ya llegué con otro espíritu. Allí fue donde empecé a tocar más por pequeños clubes y bares de barrios como Lavapiés. Conocí a Uxía, la cantante gallega y directora artística del festival dedicado a la lusofonía Cantos Na Maré, y me invitaron, ni más ni menos que ir a representar a Angola. Y, ¿quién representaba a los otros países? Estaba el increíble Lenine de Brasil, y el fadista portugués António Zambujo. Por entonces, yo ni siquiera tenía agencia ni nada, así que estaba literalmente flipando con la oportunidad. Y que Lenine te diga, por las calles de Santiago, que tienes que grabar tus cosas y que tu música es bonita… Te hace plantearte que las cosas pueden funcionar. Ese fue el momento en que decidí que iba a dedicarme a esto profesionalmente.

¿En qué año fue esto? 

Fue en diciembre de 2010.

Vaya, es muy reciente. 

Sí. Pero desde entonces han pasado muchas cosas. Me fui a Argentina. Me afinqué en Santiago. Y entre Santiago y Lisboa escribí Clave Bantú (2011).

Es cierto que la idea para Clave Bantú la coges del programa homónimo de Trópico Utópico de Radio 3, de Rodolfo Poveda

Y tanto. Yo escuchaba mucho Radio 3. Adoro el programa cuando los elefantes sueñan con la música de Carlos Galileo y Trópico Utópico. Y un día un amigo me dijo que Rodolfo había hecho un programa dedicado a la música de Angola y del Congo. Me pareció curioso porque normalmente aquí se escucha más música del África Occidental. Y me encantó, me vino una saudade tan grande del Soukous y las cadencias del Semba… Empecé a darme cuenta de que los ritmos brasileños que a mi me fascinaban eran justamente los que venían de la raíz Bantú. Y no tanto los Yoruba. Vi tan claro que me identificaba con lo Bantú y que el concepto sintetizaba lo que yo era, que decidí hacer un homenaje a toda esa cultura del baile, el cuerpo, de un tiempo más pausado…

Dices que tienes mucha influencia del mundo luso pero no mencionas en ningún caso Mozambique. Parece como que Mozambique no llama mucho a los angoleños, ¿no? ¿Porque crees que esto pasa? 

Es el océano. El Atlántico nos tiene mucho más ligados con otros países. En la literatura si que se dialoga un poco más: el mozambiqueño Mia Couto con el angoleño Pepetela, por ejemplo. Pero en música conozco a poquísima gente de Mozambique, como Stewart Sukuma. Sin embargo, en Mozambique si se escucha más música angoleña.

¿Qué te perece este boom del Kuduro angoleño que se escucha en prácticamente todo el continente y que ha roto barreras también fuera de él? 

Me parece una manifestación muy auténtica de lo que son las ciudades africanas contemporáneas. Me gusta. Representa el caos, la locura, la explosión de ciudades como Luanda. Pero me parece exagerado que se haga una reducción y que se relacione Angola solamente con el Kuduro. Yo de pequeña bailaba Kuduro, es parte de mi cultura. Pero obviamente, mi cultura angoleña no es solo esto.

Aline Frazao. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Aline Frazão. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

¿Cómo ves la industria musical angoleña actual? 

Es complicado. Como siempre, hay dos mundos: el comercial, con más dinero y criterios comerciales; y los mercados más alternativos, que cada vez van teniendo públicos más grandes. Tampoco puedo hacer un análisis de todo el país, sería pretencioso. Pero en Luanda sí que hace falta construir una estructura que proteja y oriente a los artistas, que los ayude a profesionalizarse. Que ayude a que los propios angoleños aprendan a apreciar y escuchar el talento de los músicos de Angola. Aunque es un momento creativo muy positivo para el país. Cada vez hay más gente volviendo para Luanda sobre todo, y eso crea más dinamismo en la cultura.

¿Crees que tu generación puede jugar un rol decisivo en la creación de nuevas dinámicas en el sector creativo y crear unas condiciones laborales más dignas para los artistas? 

No solo puede sino que debe. Es nuestra obligación. Además, los que estamos fuera, tenemos una responsabilidad extra. Aunque es complicado. Angola es la tercera potencia económica de África, pero es un embuste. No hay muchas perspectivas para los que no están alineados con la ideología del régimen. Y las estadísticas no son realistas con la situación de la mayoría de la población. Creo que los que tenemos la posibilidad de montar una estructura, debemos abrirla y compartirla, no solo en Luanda sino en todo el país para que se conozca en otras partes del mundo, lo que hay en Angola. Sí… Nuestra generación tiene muchas ganas de hacer cosas. Personalmente, siento que tengo una responsabilidad en este sentido.

¿Sientes que tu música representa a Angola? 

Hace tres años te hubiera dicho que sí; de cabeza (ríe). “Yo como angoleña… Blablabla”. Pero la identidad es algo que va cambiando. Por ejemplo ahora estoy enganchada al americano Nick Drake. Me quiero comprar una guitarra eléctrica. No sé si es el indie barcelonés que me está haciendo volver una hipster… ¡Es broma!

Vaya, que no te gustan los esencialismos… 

Cada vez menos. Es que es muy complicado hablar de identidad. Decir ‘Angola’ se queda muy grande para mi boca. Solo diciendo ‘Luanda’, ya es demasiado. Voy y vengo de Luanda, escribo para el periódico angoleño Rede Angola y estoy muy conectada con la realidad de allí. Participo ahí y estoy comprometida, pero la identidad angoleña se sigue construyendo, y yo tengo muchas identidades, no solo la nacional. Aunque la música tradicional de raíz, la literatura angoleña… Me mueven. Hablo mucho de Angola en mis canciones, pero no me considero ni puedo considerarme una embajadora de nada. Pero lo que te puedo decir es que Luanda es para mí, lo que Nueva York para Woody Allen. Está en todo lo que hago.

¿Has podido presentar ahí tus discos? ¿En qué otros lugares? 

Por supuesto.Ya habíamos presentado el primer disco en el Festival de Jazz de Luanda, y hemos tocado en diferentes clubes de Luanda. Pero también presentamos el disco en Portugal. En el Festival de Sines, tuve la oportunidad de tocar junto a Silvia Pérez Cruz, y me cambió la vida. ¡En la primera canción ya estaba llorando! ¡Me encanta! También estuvimos en diferentes clubes de Jazz de Portugal. De hecho, es ahí donde tengo más público y donde he tocado más. En Bélgica. En Alemania. En Austria. Y ahora vamos a ir a tocar a otros dos festivales alemanes y, en noviembre, si todo va bien, tocaremos en Brasil.

¡Qué suerte! ¿Qué esperas de Brasil?

Pues… No sé si debo esperar algo. Ya he estado ahí, tengo familia en Río. ¡Brasil tiene tantísimo talento! Además, son muy endogámicos. Pero creo que le debo algo a Brasil.

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¿Y te vas a llevar a tus músicos de gira?

Claro. Los músicos que me acompañan son los mismos que grabaron conmigo Movimento, y están afincados en Lisboa. El teclista y guitarrista portugués Marco Pombinho; Marcos Alves, que también es batería del caboverdiano Tcheka, y el italiano Francesco Valente, de Terrakota. Son buenísimos.

Pero vas a volver a Barcelona, ¿no? ¿Qué te trajo a la capital catalana?

Claro que vuelvo. Me encanta Barcelona. Vine aquí un poco a auto-recluirme. Buscaba un sitio donde estar tranquila, y como aquí tengo muchos amigos, vine a por el calor de esa otra familia. He estado un tiempo relajada y ahora estamos empezando a preparar la presentación de mi último disco (Movimento, 2013), que con suerte será para el próximo otoño. Me apetece muchísimo, porque el disco no se ha podido presentar aún en España. Así que sí, tengo muchas ganas de arrancar aquí. De hecho, antes de venir aquí estudié catalán en la universidad de Lisboa. Jamás en mi vida estudié castellano. Pero aquí, la gente se da cuenta que eres extranjera y te habla directamente en castellano. Me da mucha rabia porque al final acabo sin poderlo practicar. Pero me encanta vivir aquí.

Vas a interpretarnos el single de tu último álbum, “Tanto”. Cuéntanos de qué va. 

El single de mi último álbum salió de una actuación que hicimos en Bélgica. Fue en la ciudad de Ghent. Me impactó muchísimo la pulcritud de esa ciudad. Todo en su sitio. Jamás había visto tanto orden. Contrastaba mucho con Luanda, y en el videoclip, de hecho, quise reflejar los contrastes de Luanda.