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Descoloniza tu iPod 2018 (IX)

Ha empezado el otoño, y con el solsticio, llegan cambios en nuestras listas de reproducciones. Viajamos al continente gracias a todas estas maravillosas novedades discográficas que os hemos seleccionado con todo nuestro mimo.

 

 

Siwo – Stand For (1 de septiembre)

SIWO, el alter ego de Simonal Bie, es un productor, vocalista, beatmaker, performer y bailarín mozambiqueño afincado en Barcelona que está considerado como un pionero y agitador de la escena afro española por su banda de afro-funk Moya Kalongo. Grabado en su propio estudio, debuta en solitario con STAND FOR, una exploración de su identidad como artista multidisciplinar de la diáspora africana donde música, baile, fotografía, arquitectura y vídeo se mezclan para conjugar un estilo que denomina “electrónica afrofuturista con pinceladas de hip hop, punk, soul y afrobeat”.

Manu Gallo – Afro Groove Queen (14 de septiembre, Contre-Jour)

La marfileña y reina del Afro Groove, la cantante, bajista y percusionista Manou Gallo, lidera un álbum lleno de funk y energía irresistibles. Nacida en Costa de Marfil, Manou fue criada entre el rico patrimoni cultural Djiboi por parte de su abuela, aprendiendo percusión y después, el bajo eléctrico. Ganando rápidamente reputación como bajista, Manou se unió a la legendaria banda Zap Mama y poco después se mudó a Bélgica en 2003. Tras colaborar con Bootsy Collins, Manou ha trabajado con Marcus Miller, Wyclef Jean, Manu Dibango o Mamady Keita. Ahora, con “Afro Groove Queen” (su cuarto álbum de estudio) cuenta con el invitado especial Chuck D y un “reencuentro” con Manu Dibango. Un álbum fresco y apetecible.

The Sey Sisters – Rise (14 septiembre)

Edna, Yolanda y Kathy, el trío de portentosas hermanas, cantantes y actrices catalanas de ascendencia ghanesa, se consolidan con su segundo álbum “Rise”, una llamada al empoderamiento afrodescendiente y femenino. Tras más de una década juntas encima del escenario nutriéndose de funk y góspel junto a su banda FunkyStep, y tras su presencia en el anuncio de Estrella Damm el pasado verano, nos premian con un disco que las postula como las nuevas divas de la música negra. Energía, luz, pasión y técnica endulzan clásicos de Marvin Gaye y clásicos del góspel cantado en inglés como “this little light of mine”, cerrando el disco con un tributo a Ghana con “Me Nsi Den Me Nkafo”.

Benin International Musical – BIM#1 (14 de septiembre, World Tour Records)

La tierra que nos ha regalado a Angélique Kidjo o la Orquesta Poly-Rythmo de Cotonou, ahora nos vuelve a mostrar que la escena musical local tiene aún mucho que ofrecer, especialmente con un colectivo asombroso: los Benin International Musical. Nacidos de la iniciativa de Radio France, en asociación con la EBU (Unión Europea de Televisores de Radio) y con la presencia de figuras beninesas como Aristide Agondanou, fundador de la banda de música Gangbé Brass Band, emergen de Cotonou hace cinco años y nos presentan su álbum debut BIM#1. Un álbum que combina los ritmos tradicionales del vudú con arreglos pop, electrónicos y de hip-hop y que cuenta con la presencia de músicos como el rapero Yehweyeton, ofreciendo un contrapunto a los coros femeninos tradicionales que presentan un ritmo urbano que es la síntesis de escena sónica que está en ebullición hoy en el país del África Occidental.

Thabang Tabane – Matjale (14 septiembre, Mushroom Hour Half Hour/Modulor)

El álbum debut del cantante y percusionista Thabang Tabane nos llega fresco desde Pretoria (Sudáfrica). Tabane es hijo del recientemente facellido cantante y guitarrista de jazz Philip Tabane, considerado el creador del estilo Malombo, del que fue pionero en la década de los 60. La música del hijo es una especie de reinvención del blues espiritual, logrado gracias al virtuosismo y la pasión con el que acaricia la piel de sus tambores, agita sus cascabeles y elabora sus conjuros y quejas. Además, su sonido puede entenderse como un auténtico ritual de curación, dado que el gran tambor venda malombo ha sido utilizado durante años como tal. El álbum es un animado reinicio de la eterna fórmula de Malombo, la banda de su padre. Una celebración de la vida a través de resonancias y ritmos musicales

Stella Chiweshe – Kasahwa (14 septiembre, Glitterbeat Records)

La virtuosa de la mbira dzavadzimu, la zimbabuense Stella Chiweshe, desafió la tradición que le impedía tocar el instrumento por ser mujer tanto como la ley colonial que lo prohibió en las ceremonias espirituales, por representar un desafío a lo desconocido de los poderes locales. Pero la revolución psoterior que vio el surgimiento de músicos políticos como Thomas Mapfumo, impulsó a Stella, que hoy es una de las músicas de mbira más reconocible en el mundo. Este disco reúne las canciones que llevaron a Chiweshe a la fama local, de los 70 y 80 y que impulsaron el instrumento tradicional Shona —considerado un elemento de comunicación con el mundo de los espíritus— al mundo de la música moderna.  Silbidos y melodías hipnóticas que nos hacen aterrizar de lleno a la calidez familiar y el fluir natural de los sonidos Shona.

Two Niles to Sing a Melody: The Violins & Synths of Sudan (14 septiembre – Ostinatto Records)

El nuevo recopilatorio de los maravillosos Ostinatto se centra en el swing de Sudán de las décadas de los 60, 70 e inicios de los 80. Un sonido que fusiona la tradición local con los préstamos del pop internacional, característicos de la Jartum más cosmopolita, antes de que se impusiera la Ley de la Sharia, en 1983. Compuesto a través de las grabaciones realizadas a la vera del río Nilo, este trabajo muestra la creatividad con la que se deleitaba a una nación joven atenta a las novedades radiofónicas que iban emergiendo. Y queda patente el flirteo entre violines y sintetizadores como parte de un diálogo constante que se refleja entre dos Nilos, uno de tradicional y otro de moderno, que fluyen en una misma corriente, pero donde la cultura que les subyace ha quedado relegada a la sombra de un régimen caduco, y dividida, por la independencia de Sudán del Sur en 2011.

Dur Dur of Somalia – Vol. 1 & 2 (14 septiembre, Analog Africa)

La reedición de este triple LP de la banda somalí Dur-Dur Band, da fe de la modernidad de un supergrupo de músicos cosmopolitas que hace treinta años dominaban la escena musical de Mogadishu. Órganos policromáticos y ritmos discotequeros se mezclan con soul para hacer arqueología de la historia cultural de Somalia, cuando el hoy devastado país, era aún un paraíso moderno de cultura y comercio. En un nuevo esfuerzo como rastreadores de las historias de la música, Analog Africa indagó in situ en cassettes de la época para descubrirnos el funk de los primeros dos discos de Dur-Dur, lanzados en 1986 y 1987 respectivamente, así como dos temas inéditos. Sonidos que te harán sudar desde el este de África, con funk electrónico, reggae y pop se mezclan con Daantho y Saar, para que no olvidemos que Somalia no es solo cenizas.

Aline Frazao – Dentro da Chuva (21 septiembre, Jazzhaus Records)

El nuevo álbum de la cantante y compositora angoleña Aline Frazão,  “Dentro de la Lluvia”, desnuda a la luandesa en una nueva batería de canciones más introspectivas que nunca. Grabado en Río de Janeiro, desprende influencias de la bossa nova a las que Aline ya nos tenía acostumbrados. Aunque su carácter político define la mayoría de sus canciones, así como el activismo de una artista muy comprometida con la sociedad. Sucede con “Manazinha (Nuevo Día)”, que critica el estado deplorable de la salud pública angoleña, pero también lo encontramos en la reivindicación feminista de “Sumaúma”. Después de su disco “Insular”, “Dentro da chuva” — que toma su nombre del tema “Kapiapia”, del escritor angoleño Ruy Duarte de Carvalho—fluye naturalmente como agua de manantial, destilando con sutileza y elegancia, todo el bagaje que la artista ha ido acumulando desde entonces. Cantado en portugués criollo, pero también en francés, esto es, sin lugar a dudas, uno de los mejores álbumes que nos han llegado este 2018.

Malawi Mouse Boys – Score For A Film About Malawi, Without Music From Malawi (21 septiembre, Toy Gun Murder)

Los chicos que se daban a conocer en 2013 con sus cantos religiosos mientras seguían vendiendo ratones asados al palo, vuelven con su 4º álbum de estudio, lanzado el Día Internacional de la Paz. Lo inusual del disco es que es una colección de temas principalmente instrumentales creados para una película ambientada en Malawi que, lamentablemente no se usó. Pero, su productor, Ian Brennan se ha empeñado en que el mundo los escuche. Y aunque los miembros de esta banda continúan viviendo sin electricidad ni agua corriente, nos recuerdan que son la primera banda en haber lanzado internacionalmente la lengua Chichewa en el terreno musical, tras actuar por Australia, Reino Unido, Nueva Zelanda o Estados Unidos. Su éxito les ha permitido tener techos de zinc para sus casas, colchones de aire para sus hijos, una bicicleta, clases de inglés o la compra de un sistema de sonido. Este nuevo álbum muestra lo difícil de salir de la pobreza para una banda como ellos.

Lionel Loueke – The Journey (28 de septiembre, Aparté)

“El viaje”, del prodigio de la guitarra de Benin, Lionel Loueke, nos presenta al genio en un ambiente despojado, a menudo pintando suaves bocetos de sonido usando solo su voz y una guitarra. En lugar de su trío habitual, compuesto por el baterista Ferenc Nemeth y el contrabajista Massimo Biolcati, Loueke ha reunido a una gran variedad de músicos invitados para un acompañamiento sutil, y a través de esta receta construye el discurso de las quince canciones compiladas en este álbum. La versatilidad del guitarrista es, quizás, la principal característica. En palabras del propio Loueke: “Este álbum es un proyecto muy personal, es el reflejo más claro de las melodías y la atmósfera musical que llevo dentro de mí todos los días”.

“La migración es el resultado de siglos de saqueo”

Heredero de Touré Kunda, una de las bandas más míticas de África Occidental, el músico mauritano-senegalés Daby Touré resurge con un nuevo álbum lleno de reivindicaciones sociales

Daby Touré en un estudio de grabación. Nicolas Diop.

Daby Touré en un estudio de grabación. Nicolas Diop.

En Mauritania, país predominantemente árabe-bereber, la esclavitud se ilegalizó formalmente en 2007, modificando la Constitución para reconocer la diversidad cultural. Sin embargo, en la excolonia francesa sigue habiendo familias enteras trabajando de forma esclava para mauritanos de tez clara, que admiten tener derechos heredados sobre los negros. Poco o nada se está haciendo para liberar a esta población del yugo histórico. Los activistas del país son perseguidos y la comunidad internacional no quiere actuar de forma contundente por miedo a perder a Mauritania como aliado en la lucha contra el terrorismo yihadista. Así, el racismo campa a sus anchas entre las porosas fronteras del Sahel y muchos negros se ven obligados a migrar.

Este fue el caso de Daby Touré y su familia. Con solo 18 años, en 1989 Touré emigró con su padre a París, invitado por sus tíos Sixu e Ismael, huyendo de esta lamentable situación. Ellos habían emigrado desde Casamance, en el sur de Senegal, donde parte de la familia se había establecido generaciones atrás. Los antepasados remontan sus raíces al antiguo imperio de Mali. Sin embargo, el conflicto armado de Casamance empujó a la esta generación de los Touré a moverse hacia la metrópolis francesa. “La migración es algo natural para nosotros. Es la historia del ser humano. Usamos la palabra de forma negativa, pero es algo muy positivo. Cómo se convirtió en negativo, no lo sé, pero sería urgente recordarlo”, reivindica Daby Touré desde su París adoptivo.

Cuando llegó a Francia desde Nuakchot, el joven Daby descubrió que tenía allí una gran familia, un icono de la diversidad cultural que había revolucionado los sonidos parisinos con una de las bandas que mejor tejió el discurso cosmopolita de la capital. Eran los míticos Touré Kunda y estaban en la cresta de la ola. Daby se unió a sus primos, tíos y su padre y con la historia de la migración desde Mauritania por bandera, popularizaron un discurso multicultural con el soninké, el wolof, el mandinga, el dioula o el criollo portugués, hablados en la región más sureña de Senegal, entronizándolos como estrellas del cosmopolitismo del París de los 80 y 90. Su símbolo, el elefante, representación de la familia, volvió a trasladarse a Casamance en el año 2000. Pero Daby decidió quedarse en la urbe francesa y seguir dedicándose a la música.

Este artículo ha sido posible gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y Planeta Futuro (El País). Para seguir leyendo, pincha aquí.

 

África: banda sonora 2015 (IX)

En la tierra de las Mil Colinas se habla un lenguaje extraño. Un lenguaje que sirve para comunicar un pozo común  en el que se ha enterrado el terror y la locura. Es el lenguaje del silencio. Del dolor. De lo indecible. De las heridas aún abiertas de un genocidio que se llevó a 800.000 almas en tan solo 100 días. 21 años después, en Ruanda, sobrevuela un silencio ensordecedor acerca de las atrocidades cometidas mayormente por Hutus contra Tutsis. Pero también sobre el posgenocidio, mucho menos tratado, de Tutsis contra Hutus y venganzas que se llevaron a otros miles de personas por el camino. De un proceso de reconciliación nacional traumático y de un gobierno, – el de Paul Kagame-, que pretende perpetuarse en el tiempo como única alternativa a la estabilidad. El pasado de este pequeño país de apenas 12 millones de habitantes está envuelto en una afonía que cubre 10.000 km2 en la región de los Grandes Lagos. Sin embargo, algunos han encontrado refugio y consuelo en el universo de los sonidos. “La música puede ser una forma de expresar sentimientos que de otra forma no podrían comunicarse. Sentimientos que ni siquiera sabías que tenías y que se descubren en el proceso de creación y reproducción de la música“, cuenta Adrien Kazigira, superviviente del genocidio de Ruanda.

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Junto a Adrien, Stany Hitimana y Jeanvier Havugimana han encontrado en la música el poder de la sanación mental y nacional. Bajo el paraguas del grupo The Goos Ones (Los Buenos), el cuarteto ruandés utiliza la música como herramienta para expresar una identidad nacional que les ayuda a mantenerse unidos. “La música es siempre una manera de curar a la gente y mantenerla unida. El cuerpo no miente cuando se trata de bailar. Si una canción mueve a alguien emocionalmente, entonces eso habla por sí mismo. Somos hermanos, somos ruandeses, independientemente de lo que nuestros antepasados ​​puedn habernos llamado“.

La estabilidad de Ruanda tras dos décadas del genocidio, ha garantizado lo que se llama “el milagro económico africano” -por su increíble emergencia en medio de una región convulsa como ha sido históricamente la de los Grande Lagos-, se sustenta en un silencio sepulcral de aquellos que no quieren recordar, no quieren decir, solo quieren proyectar hacia el futuro. Adrien, Stany y Jeanvier quisieron romper el silencio. “Después de acarrear todos aquellos recuerdos dolorosos, queríamos crear un grupo de los “buenos“. Queríamos cantar y avanzar positivamente con nuestras vidas“, dice Adrien. Pensando también en una forma de generar ingresos además de sanar heridas y hacer terapia de grupo, The Good Ones empezaron a invertir en instrumentos para poder sacarse un sobresueldo fuera de sus actividades económicas cotidianas. “Dos de nosotros sobreviven principalmente de la agricultura“, reconoce Adrien sobre una actividad que emplea al 70% de la población ruandesa. “Mahoro es conductor y Janvier trabaja en la construcción“, explica el líder de la banda, criticando la falta de oportunidades para vivir de la música en el país. “Ni siquiera en la capital, Kigali, hay muchos clubes nocturnos, con lo que no es fácil vivir de este negocio“.

Cuando se les pregunta sobre las similitudes entre hacer música o cultivar la tierra, Adrien lo tiene claro: “La música alimenta a la gente, por eso creo que no es tan distinta de la comida que generan los campos. Pero al contrario de lo que ocurre con la comida, las grabaciones no son perecederas, así que pueden proporcionar alimento incluso después de la muerte del músico”, pronuncia.

Sin embargo, sus quehaceres en el campo tuvieron que posponerse cuando un joven cazatalentos aterrizó en Ruanda. Eso fue cuando conocieron al productor norteamericano Ian Brennan. En un viaje del músico a Ruanda, donde acompañaba a la madre de su esposa, ruandesa, de visita en el país tras el genocidio, Ian andaba en busca de sonidos genuinos que pudiera grabar y exportar. “En las semanas que estuvimos allí, busqué en todo el país bandas que tocaran música local, pero pareció que la mayoría de ellas tocaban sonidos muy diluidos por influencias occidentales. La mayoría eran copias baratas de artistas como Beyonce o Snoop Dogg, pero con letras en kinyarwanda. Pero cuando nos encontramos con The Good Ones, sentí a 50 metros de distancia, en la oscuridad, que había algo muy raro y de verdad en ellos. Era casi palplable“, nos cuenta el artista. “Eran músicos difíciles, pero con una sensibilidad subyacente enorme. Me fijé en Adrien, que emana la autoridad de un poeta o un sabio, tanto como lo es“, explica el norteamericano, que acabó grabandolos y ayudándolos a distribuir sus sonidos en Europa o Estados Unidos.

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En Rwanda Is My Home (Ruanda es mi hogar), un álbum con once cortes muy frescos que reúne tradición tutsi, hutu y twa, The Good Ones presentan a su primer álbum de estudio, después de la publicación de su anterior disco – Kigali Y’Izahabu-. “Nuestro primer álbum fue grabado en una sola noche, al aire libre. Con el segundo álbum, hemos sido capaces de pasar más tiempo en el estudio y con mejores micrófonos. Pero aún así hemos grabado todas las canciones en vivo, sin overdubs. Ian Brennan es un productor muy raro porque saber escuchar y nos ayuda a creer en nosotros mismos y sacar partido a nuestros puntos fuertes, que antes, ni siquiera sabíamos que existían“, explica Adrien.

Con Rwanda Is My Home, el cuarteto ruandés quiere hablar sobre el orgullo hacia su Ruanda, sobre las cosas positivas de este pequeño país africano. “Estamos orgullosos de nuestra patria. Una de nuestras nuevas canciones, Nyamwanga Kumva! (“Terco Hasta el Final”), fue compuesta por el hermano mayor de Janvier, Manassaé, el hombre que nos inspiró y nos enseñó a tocar los primeros acordes. Murió tristemente durante el genocidio más reciente (de tutsis contra hutus)”, explica emocionado Adrien mientras nos desgrana los ingredientes de su último álbum. “La última canción del disco – Dans L’oublie (“The World Is in Chaos)- es sobre el caos que crea la guerra y la sensación de que el mundo se acaba cuando uno ve ciertos horrores que la humanidad es capaz de llevar a cabo“. Y aunque sus canciones son crudas y cantan lo indecible, lo impronunciable, también dejan espacio para verdades universales como el amor. “Escribimos mucho acerca de las mujeres y el amor“, reconoce el ruandés.

Ahora, en plena presentación de Rwanda Is My Home, la banda ruandesa se dispone a pisar terreno europeo. “Se supone que debemos recorrer Alemania este invierno. Más allá de eso, no sabemos lo que nos depara el futuro, pero esperamos poder viajar mucho más algún día y tocar nuestra música en el extranjero, donde la gente está interesada en escuchar nuestro sonido“, pronuncia el líder de la banda lanzando un llamamiento a promotores y salas de conciertos internacionales.