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Aiethopia, imágenes y diálogos de un no-lugar

‘Aiethopia’ es una invención, un espacio imaginario que alcanza casi el paradigma de no-lugar, y es también el título de la exposición temporal inaugurada desde el mes de abril por la Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso. Esta muestra, que se puede visitar hasta el próximo tres de junio en las salas del Museo de Arte Africano de Valladolid, es una suma de diferentes disciplinas artísticas contemporáneas que invitan al debate a través de una conjunción de exposiciones que abarca pintura, fotografía y audiovisuales. Las obras se encuentran repartidas por diferentes salas, creando hilos invisibles y liberando al espectador de un camino predeterminado.

Carte del documental ‘Sun Ra: A Joyful Noise’, de Robert Mugge

La exposición pictórica está protagonizada por Blanca Gracia. A través de dos pinturas y una acuarela el visitante se sumerge en un mundo que, a priori, cuesta comprender. Los colores llenan las paredes y parecen desbordar los cuadros en los que visualizamos la naturaleza exuberante, elementos tradicionales africanos e incluso la agitación política. Una historia ilógica compuesta por elementos que una vez sumados en nuestra cabeza comienzan a cobrar sentido.

Sin embargo, la muestra más crítica de esta exposición es sin duda ‘Los Mitos de Cthuluceno’, una serie fotográfica materializada en postales. Su autor, Adrien Missika, fotografió una serie de trabajos realizados con restos encontrados en la playa de Oaxaca, en México. Estas figuras representan una variedad de deidades inventadas que establecen otro punto de vista en relación a las figuras rituales africanas a través del humor. Pero ¿por qué materializar las figuras en postales? “Las fotografías, convertidas en postales, se convierten en un souvenir para turistas. Para muchos visitantes pueden no ser más que una reliquia exótica que puede recordar un viaje” responde Juan José Santos, comisario de la exposición. Es ahí donde radica la crítica más dura en referencia a la actitud de los turistas y a la reconversión de la cultura en un mero objeto de consumo y de ocio.

La última parte de la exposición es una serie de audiovisuales entre los que podemos encontrar obras como ‘Sombras de Nueva Guinea’ (Andrés Pachón, 2011), ‘O Jardim‘ (Vasco Araújo, 2005), ‘Smoke Signals‘ (Pilar Quinteros, 2016), ‘People from far away‘ (Gerald Machona, 2012), ‘Moonrising‘ (Sanford biggers y Terence Nance, 2014) y la mítica película ‘Space is the place‘, escrita y protagonizada por el músico de jazz estadounidense Sun Ra (1974). Todas ellas combinadas, aunque representan realidades distintas, construyen un discurso común de crítica al pasado colonial y a la relación actual de Occidente con “esos otros” que nosotros mismos construimos. Además, no es una mera coincidencia que una película precursora del Afrofuturismo como ‘Space is the Place‘ esté presente en esta muestra.

“El movimiento afrofuturista intenta trazar una mirada a un futuro lejano  desde el pasado a través de la ciencia ficción. Pero en esa fantasía hay un elemento crítico, vinculado a las reivindicaciones de las culturas afro y a una crítica muy evidente al pensamiento colonial”, comenta el comisario de la exposición. “Sun Ra fue capaz de unir música, cine y política de forma extraña y cautivadora, y esa película arroja una lectura que convive de una forma especial con una colección de arte africano situada en una ciudad europea”, añade.

‘Aiethopia’ es una exposición multidisciplinar donde el debate está asegurado. Este diálogo no sólo se construye entre el espectador y lo que está viendo, sino que la muestra es en sí misma un diálogo continuo entre las diferentes disciplinas que allí se presentan y que, además, generan reflexiones en relación al resto del museo. ¿Cuáles son esas reflexiones? Bueno, estamos en Aiethopia, y lo que allí ocurra, las reflexiones que generen esos diálogos, depende fundamentalmente del visitante.

Black to the Future (III): Futurismo(s) Afrosónico(s)

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El imaginario musical de África y de sus diásporas ha sido siempre un espectro cristalino de las dinámicas que se han dado en sus sociedades. Quizás por ello, el campo donde encontramos algunos de los ejemplos más originales de la ontología afrofuturista sea el de la música. Como su léxico indica, el afrofuturismo (término acuñado por primera vez en 1995 por Mark Dery en un artículo llamado Black to the Future) está proyectado en una ciencia ficción que relata algo más que la reivindicación de una modernidad propiamente negra, como reivindicaron movimientos como el Black Power o el Panafricanismo. Se trata de un fenómeno absolutamente post-moderno, profundamente post-humanista e inevitablemente post-cosmopolita. Una teoría que denuncia y (re)construye los ideales más arraigados del mundo occidental,  que sepulta el humanismo universalista y proyecta hacia el espacio sideral las sociedades africanas en la diáspora (una diáspora espacial). El afrofuturismo es una sátira de la exclusión histórica y tecnológica que han sufrido las sociedades africanas y afrodescendientes. Surge de la dislocación de los negros a partir de la trata esclavista y sitúa en ese instante la semilla originaria para lo que Nietzsche llamó “los primeros modernos”, o incluso dando un paso más allá, lo que se convertirá en una especie de superhombre fuera de lugar, de su “planeta negro”[1], como un extraterrestre de Júpiter o Saturno en la Tierra.

Las mitologías apocalípticas que perduran en la ciencia ficción africana reinterpretadas como aquél mito fundacional del negro arrojado a las Américas, han inducido al boom tecnocientífico y la obsesión explorativa del espacio exterior a situar la historia africana en el epicentro de un futuro que no es más que “una distorsión del presente”[2]. Esto nos lleva a reconocer en las narraciones afrofuturistas una concepción del tiempo circular y, a su vez, a pensar en el tan reivindicado holismo africano, donde la hipérbole del pasado se proyecta cibernéticamente desafiando la idea del progreso. La mal-hiriente negación de la historia y la ciencia africanas es refutada por la mística y la cosmología Dogon[3] que cambia los polos hacia el afrocentrismo relevando la imagen del “pobre africano” por ése negro rítmico que busca identificar su alma en la música (coincidiendo con la Era del Soul) y acaba por convertirse en un ciborg enfundado en trajes hegemónicamente occidentales que evocan a “afronautas” en busca de terceros espacios sónicos, flotando entre samplers, pedales de efectos, sintetizadores, instrumentos electrificados y narcosis astral.

“Y es así”, dirán los libros de historia del siglo XXV “como la era digital engendró el futurismo afrosónico”. Y para ello, será imprescindible que los estudiantes del futuro tengan algunos ejemplos a los que referirse:

Space is the Place (LP)

Sun Ra (nacido Herman Poole Blount) fue el pionero del afrofuturismo, afirmando venir de Saturno. Si bien como compositor era un auténtico alienígena, su música llegó a transformar la vida de los humanos en la tierra. Blues progresivo, Free Jazz y Groove africano mezclados con violines electrónicos que hablan sobre la salvación interplanetaria o evocando una épica judeo-egipcia podrían ser una descripción de lo que emana su extravagante música. Ra elaboró una cosmología propia que sirvió de inspiración para otros muchos iluminados como el productor jamaicano y arquitecto del dub Lee “Scratch” Perry (quien dijo que “Si el Reggae es África en el nuevo mundo, el Dub es África en la luna”), siendo muchas veces tomados por locos o incluso ridiculizados. Pero las letras de Ra contenían auténticos mensajes revolucionarios, y su música fue un icono en los círculos de lucha por los derechos civiles de los afroamericanos durante los 50 y 60. Por lo referente al componente africano, el reiterado recurso a las percusiones es uno de los principales elementos de su receta “mítico-científica” a caballo entre pasado y futuro, o entre el viejo continente y el espacio exterior. Aunque su fascinación por Egipto y por el rey Sol (de quien toma el nombre) es lo más reconocible de su iconografía y lo que mejor entronca con el afrocentrismo que caracteriza el movimiento afrofuturista. Para entender un poco mejor sus discos (más de 200) y su personaje, os recomendamos los documentales Space Is The Place (1974) y A Joyful Noise de 1980, ambos completos.

lEl Doctor Funkestein (George Clinton) y su banda Parliament-Funkadelic representan el siguiente eslabón del futurismo afrosónico. Mezclando los secretos de las pirámides y los astronautas para refutar la negación de una historia propiamente africana; critican la racionalidad liberal, la democracia occidental y la supremacía blanca. Es en el disco Mothership Connection, que Parliament introduce el concepto afrofuturístico del ‘P-Funk’. Mientras el Funk se impone como la música para la afirmación del “alma negra”, el P-Funk futuriza esa misma alma, la tecnifica a partir de voces robotizadas con efecto vocoder, introduce teclados con sintetizadores y clonaciones eléctricas, y da paso de esta forma a la Era del Disco. La tecno-cultura más refinada se apodera así de las ondas sonoras con la promesa de un futuro mejor para las clases oprimidas y con ellas, el Hip Hop invade las calles y cualquier atisbo de nave espacial presta a surcar el espacio.

kool_keith_black_elvisAsí, el excéntrico rapero Kool Keith se hizo con las nuevas tendencias de los sonidos afrofuturistas. Dándo voz a las clases más pobres de las ciudades, desilusionadas por el individualismo postmoderno, el Hip Hop se convirtió en los 80 y 90 en el sucesor del Funk más psicodélico para los más fascinados en la ciencia ficción de cariz afro, pero sobre todo para las masas de jóvenes del mundo perdidas ante una deriva socioeconómica global. Miembro de los Ultramagnetic MCs, Keith realizó en 1997 el disco Doctor Octagon donde proclama su retorno a la Tierra des del futuro del año 3000. En 1999, desafía con su disco Black Elvis algunos de los prejuicios raciales del momento y habla de un rapero nacido en Júpiter que funda una nación marcada por “el poder de un robot voodoo” (un concepto que reúne la tradición afrocaribeña del voodoo y la tecnología robótica).

El Hip Hop recoge las reivindicaciones y actitudes más críticas de la juventud de la periferia (es decir, de los jóvenes no representados por las estructuras de poder), y en África, es (re)absorbido como algo propio y genuino como ya vimos en nuestros artículos sobre los B-boys o las pandillas de Mapantsula. Las temáticas afrofuturistas se convierten en la estética predilecta para artistas como la sudafricana Simphiwe Dana quien a través del arte del videoclip nos muestra sus propias imágenes del afrofuturismo. Una vez más, el afrocentrismo se mezcla con la ciencia ficción y la mitología híbrida. Pero ahora, África se apodera y reinterpreta las narrativas futuristas.

Lo mismo sucede con los kenianos Just A Band quienes, comprendiendo la importancia del audiovisual y las nuevas tecnologías para la industria musical del siglo XXI y convirtiéndose en una de las bandas más rompedoras del panorama internacional por su experimentación afrosónica, se sitúan en el podio del afrofuturismo con reminiscencias estéticas de Egipto y declaraciones de haber ido y vuelto de la luna.

Spoek Mathambo 13 (2012)Y si hay que hablar de post-humanismo, post-modernidad y post-cosmopolitismo en África, habrá que hablar de post-apartheid. Y en ese caso será ineludible el nombre del que hoy es considerado como el más puntero afrofuturista del planeta negro contemporáneo: Spoek Mathambo. El que es apodado como el rey del township mezcla el hip-hop, el dubstep y el house globalizando el Kwaito, que traslada algunas lenguas africanas a las más concurridas pistas de baile de Europa o Estados Unidos, cual idioma alienígena invadiendo la Tierra.

No les falta competencia a los hasta hora mentados, pues los Afro Galactic Dream Factory vienen pegando fuerte con su sinfonía afro-techno audiovisual que nos evoca al espacio exterior. ¿Qué decir sobre ellos más que el futurismo afrosónico es su máxima? Y viendo lo visto,  ¿a alguien le extraña a estas alturas que la Isla de Goré, en frente de la dakarense capital senegalesa, acoja mañana el Festival de música y astronomía ASMAAN (que en wolof significa ‘espacio exterior’)? Se trata de un punto de encuentro para la contemplación del cosmos y una muestra de la tradición estética musical y audiovisual centrada en la naturaleza humana o que le otorga un lugar dentro del universo. Solo una muestra más de que la ciencia ficción y la música están íntimamente relacionadas en el universo africano, y de que “el planeta negro” tiene mucho que decir todavía en este campo.

 

 

Recomendaciones de interés: 

Graham Lock. Blutopia: Visions of the Future and Revisions of the Past in the Work of Sun Ra, Duke Ellington, and Anthony Braxton. 1999.

Eshun Kodwo. Further Considerations on Afrofuturism en The New Centennial Review, Volume 3, Number 2, Summer 2003, pp.287-302.

J. Griffith Rollefson. The “Robot Voodoo Power” thesis: Afrofuturism and anti-anti-essentialism from Sun Ra to Kool Keith” en Black Music Research Journal Vol. 28, No. 1, Spring 2008. University of Illinois.

Hip Hop y Afrofuturismo: La siembra del campo de la Conciencia

This Is Africa

 


[1] Ferran Iniesta. El planeta negro. Aproximación histórica a las culturas africanas. 1998.

[2] Samuel R. Delany, Last Angel of History, 1995.

[3] Recogida por primera vez en la etnografía de Marcel Griaule.