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Fonko: La nueva África a través de su música urbana

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El documental Fonko, que comenzó con un proyecto materializado en una serie de seis capítulos en 2014, ha terminado condensando en 86 minutos de sobredosis de decibelios, agitación corporal, reivindicación política y en un escaparate perfecto para voltear la mirada hacia el continente africano donde existe, desde hace varios años, una escena musical contemporánea llena de vitalidad. Fonko, que en idioma wolof hace referencia a “cuidar del prójimo”, a construir algo entre todos, explora el África del siglo XXI a través de su música urbana y de las revoluciones musicales que han tenido lugar en los géneros del kuduro, coupé-décalé, ndombolo, azonto, afrobeat, hiplife o el house sudafricano. Para este recorrido cuenta con destacados músicos como la leyenda senegalesa Youssou N’Dour, el sudafricano Hugh Masekela, la artista nigeriana-alemana Nneka, el artista ghanés-rumano Wanlov, o la rapera senegalesa Sister Fa.

Producida por Tobias Janson, y dirigida por los suecos Goran Olsson, Daniel Jadama y Lars Loven, este equipo recorrió durante tres años las principales capitales africanas para producir este documental en el que han contado con la colaboración en la voz narrativa de la rapera y compositora sueca Neneh Cherry (en 1994 cantó junto a Youssou N’Dour el éxito Seven Seconds y, en 2007 nuevamente formó un dueto con la estrella senegalesa para interpretar Wake up Africa). Como afirma Cherry: “La música africana ha influido desde hace décadas en lo que ahora llamamos la música moderna sin ningún tipo de reconocimiento. Ahora, las circunstancias han cambiado porque hay toda una generación de jóvenes músicos que están dispuestos a comerse el mundo y reclamar sus derechos con plena legitimidad”. Para los que se encuentren en Barcelona, podrán disfrutar de este documental el próximo sábado 29 de octubre y martes 1 de noviembre en el marco del Festival In-Edit.

Según matizaba en una entrevista reciente Lars Loven su acercamiento a las músicas africanas comenzó con la música negra. “Personalmente solía ser DJ y ponía mucho soul de Estados Unidos. Cuando empecé a buscar nuevos etilos musicales encontré las músicas de los 60 y los 70 de Nigeria y Ghana y ahí comenzó mi interés. Al principio fue el amor a la música pero después comencé a ver los contextos detrás de esta”. Fonko, además mantiene una constante bajo los pensamientos y frases del gran y único Fela Kuti.

Algunas paradas del viaje

Sudáfrica y Nigeria son dos países con un pasado turbulento que constituyen hoy en día las grandes potencias económicas y culturales de África. Sudáfrica es el hogar de estilos como el kwaito, el house o el shangaan electro. Nigeria, por su parte, es un país de extremos con  una abultada brecha de ingresos, corrupción arraigada y conflictos con una base religiosa importante. Es aquí donde se puede encontrar lo más comercial del continente, pero también una música de protesta feroz, como la del mencionado Fela Kuti, uno de los cantantes reivindicativos más influtentes de todos los tiempos.

África occidental francófona no solo está unida por el idioma francés y una moneda común, sino también por las tradiciones y las lenguas de los vastos imperios que dominaron la región mucho antes de que llegara el colonialismo. Dakar es el centro incomparable de la escena hip hop en el África occidental. Surgida de Costa de Marfil con influencias parisinas, el coupé-décalé se ha convertido en una gran influencia en todo el África occidental. En Burkina Faso, el nombre y discursos del ex líder icónico, Thomas Sankara es utilizado por los músicos para protestar contra las injusticias y la corrupción. Y en Benín, los veteranos de la Orchestre Polyrytmo dan un fondo histórico de la escena musical de hoy.

Ghana y Angola son dos de las economías de más rápido crecimiento en el mundo, así como dos países en medio de una revolución musical. Angola todavía está tratando de llegar a una paz espiritual y física con las tres décadas de guerra civil que atormentaron el país. Mientras tanto el kuduro (culo duro), lo que podría ser descrito como el tecno extravagante del gueto, ha surgido de los barrios pobres para convertirse en el mayor activo cultural del país. Ghana, por su parte, tiene una tradición totalmente diferente de la educación y la democracia. Sus músicos no tienen que luchar por la libertad de expresión y, por lo tanto, centrarse en lujos artísticos como la ironía y el pastiche. Esta libertad se utiliza, no solo para desafiar a los sentimientos religiosos y tradicionales, sino también, para crear nuevos estilos como el azonto.

Festival XEEX: luchar contra la contaminación a través del color

Cartel del festival, diseñado por el artista

Cartel del festival, diseñado por el artista Iker Muro.

El fin de año se aproxima, y con él, uno de los meses de mayor festividad y actividad cultural en Senegal. Entre noviembre y enero, decenas de festivales inundan las calles del país de la teranga (la hospitalidad característica senegalesa) como el Festival de cine documental de Saint-Louis, el Festival nacional de artes y culturas en Kaolack, el Festival XEEX en Dakar, el Festival Nioro du Rip en Kaolack, el Festival de folklore y percusión de Louga, el itinerante Africa Fête y otros tantos en la región de Casamance.

Entre el 11 y el 13 de diciembre, coincidiendo con la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se celebró en París entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre, la asociación XEEX presentaba la quinta edición de su Festival XEEX, que en wolof (la lengua nacional de Senegal, hablada por más de un 80% de la población) significa combatir, “un combate pacífico – explica su fundador, Nicolás de la Carrera, actor cultural español con más de 20 años de experiencia en Senegal – cuyo arma fundamental es el arte, en todas sus manifestaciones posibles”. Se trata de seguir ampliando el proyecto AFRICA ♥ COLOR , iniciado en 2011 por el festival, un evento vivo, dinámico y en constante expansión. Durante tres días, artistas muralistas y grafiteros decoran de manera altruista, las fachadas de algunos edificios de la Medina, cedidos alegremente por sus vecinos. Entre los colores de las obras de artes regaladas por sus artistas figuran mensajes de concienciación contra la contaminación, invitando también al cuidado de nuestras calles.

Tres Cabezas.

Artwork: Tres Cabezas. Foto: Estrella Sendra

El espacio en que se desarrolla este festival es el emblemático barrio de la Medina, del cual proceden alguno de los miembros fundadores del proyecto. Desde la costa de pescadores Soumbedioune, la medina, según nos cuenta de la Carrera, “es un barrio histórico muy singular, donde se han forjado muchos movimientos culturales e intelectuales, cuna de artistas de la talla de Youssou Ndour, rey del mbalax, ritmo senegalés por excelencia conocido a nivel mundial, con una base de percusión continuada; pero, la mismo tiempo, es también uno de los más desfavorecidos de la capital”. Añade que “la degradación ambiental es muy latente: erosión costera, suciedad, polución y falta de infraestructuras para combatirlo”. Tal vez sean estas las condiciones que hayan hecho que la medina se conozca más en los libros que en la calle. Más allá de la turística Village des arts, con su mercado artesanal, en pocas ocasiones se ven turistas transitando las calles. Así, con la pintura de distintos murales en el barrio Damels, la medina se convierte en una especie de museo de arte urbano al aire libre, invitando al turismo cultural de viajeros y artistas, con el fin de “crear un Sindicato de Iniciativas turísticas que generen empleo y organicen la visita al lugar”, explica de la Carrera.

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Fue justo este objetivo el que se experimentó hace una semana. A diferencia de otros festivales, aunque fuera éste el último día, no era una clausura. El arte perdura, y prueba de ello fue la visita guiada (un animado paseo) a los distintos murales que se han ido haciendo desde los inicios del proyecto en 2008. Sus coordinadores, Aïcha Touré y Mame Cheikh, acompañado por el director del Agregado Cultural de la Embajada española en Dakar, Ignacio Garrido, así como distintos miembros de Cultura Dakar, principal colaborador del festival junto con la compañía aérea Binter y otros curiosos y amantes del arte, se dieron cita en Soumbedioune, para visitar cada una de las obras. Entre las pirogues, barcas de pescadores, se congregaban los amigos del festival, mientras los pescadores agradecían a los artistas el trabajo: “De verdad, no sabéis la alegría que nos va a dar salir a pescar, mirar hacia acá y ver todos estos colores. Es muy bonito, muchísimas gracias”.

Otros se quejaban porque habían escogido ese lado de Soumbedioune y no el de ellos y no podrían gozar de las vistas. Los artistas invitados este año han sido los españoles H101 y Sabotaje al Montaje, el francés 3 TT MAN , y los senegaleses Black Xu, Aisatou Touré ‘Missygraphiksto’, Haby Diallo (Créas I Am), Adjara Kane y Deep. Son 3 TT MAN y Black Xu los que crean el mural emblemático de Soumbedioune, con el mensaje Geej du mbalit. Ñen ko samb ñun ñep xeex, que en wolof quiere decir El mar no es una basura. Tenenos que cuidarlo. Combatir. En efecto, si bien la ciudad de Dakar está rodeada de rocosas costas de acantilados y atardeceres de cine, entre buganvillas y restaurantes de pescado fresco, y animadas playas de adolescentes, hay un enorme problema de suciedad, con basura tanto en el mar como en la tierra. “El concepto de reciclaje es muy lejano”, nos dice Aisatou Touré, diseñadora gráfica, directora de su estudio ‘Missygraphiksto’, coordinadora del Festival XEEX en Dakar. “Además, es el propio sistema socioeconómico que hace que la gente tire la basura indiscriminadamente, así que hay muchos artistas que trabajan con materiales desechados reciclando, reutilizando y reinventando objetos por la creación de arte”. Cual marea, el mensaje de Soumbediune se extiende hacia todo el barrio de la medina, con el mimo de sus calles a través del color.

Artwork: Adjara Kane Leye, Mous Leye

Artwork: Adjara Kane Leye, Mous Leye

“Es un combate en el sentido positivo, una lucha contra el catastrofismo actual y el cuidado del medio ambiente”, afirma Touré. Como lo indica su lema, se trata de proteger la calle, pero también “hacer revivir a los muros”. Los murales se caracterizan por su diversidad. Da la sensación en efecto de estar en un museo. El paseo tiene un toque simpático. Resulta que en la visita guiada al museo, dedicada a los colaboradores y amigos del proyecto, nos colamos, sin quererlo ni saberlo, en los campos de fútbol de los niños de la medina, un barrio animadísimo, lleno también de cabras. Uno de los murales es un león con torso humano. Uno de los niños se levanta la camiseta cual futbolista tras marcar un gol y nos dice que “ése es el”; a lo que otro aún más pequeño dice que “no, que es él”. Muchos niños se apuntan a posar para las fotos, pero cuando pasan más de diez segundos ya nos hacen ver que estamos estorbando en su partida de fútbol. Otros murales están dedicados al líder del mouridismo, Cheikh Amadou Bamba. Y, este año, destaca precisamente el mural con indumentario mouride de tres gatos. Su artista, Mousleye, nos cuenta que es porque hay muchos gatos callejeros en Dakar, y muchas veces no se les trata bien. La respuesta de la gente, porque resulta difícil hablar de público en este tipo de festival tan apelativo, ha sido, según nos cuenta Aisatou Touré, “muy optimista”. Y añade: “cuando ven a los artistas pintar en los muros de las casas se ponen muy contentos y van a darles las gracias. Porque es un festival que puede favorecer el turismo local, con la Village des arts, pero también porque es un barrio con la particularidad añadida de que tiene muchísimos árboles y además a los vecinos les encanta sentirse implicados en las actividades que hace este festival”.

Artwork: Mous Leye

Artwork: Mous Leye

La visita terminó en la galería de Haby Diallo, Creas I Am, en la calle 19 de la medina. Haby Diallo es una joven artista que trabaja con botellas de plástico. Las reutiliza dando lugar a distintas obras de artes decorativas y de inmobiliario; y organiza talleres con niños para concienciarlos por el cuidado del medio ambiente. “Nada se pierde, todo se transforma”, una iniciativa que podrían  seguir todos para cuidar el medio ambiente, como nos contaba Aisatou Touré.

Un proyecto fruto de la pasión: “es el corazón el que nos hace avanzar”, contaba Aisatou Touré, al explicar cómo a pesar de la falta de medios, este proyecto ha seguido adelante gracias a la implicación de sus artistas y colaboradores.

Touba: un poema visual sobre un peregrinaje espiritual “festivado”

Tuba, la mezquita más grande del mundo negro. Foto: Sebastián Ruiz.

Tuba (Senegal), la mezquita más grande del mundo negro. Foto: Sebastián Ruiz.

La directora Elizabeth Chai Casarhelyi, conocida por su documental Youssou N’Dour: I Bring What I Love, con múltiples premios y proyectado en más de 50 festivales, realiza ahora Touba, un documental que se estrenó en el Festival y conferencia de música del suroeste (SXSW) 2013, en Texas, donde ganó el premio del jurado a la mejor realización, y que se proyectó el domingo 23 en los cines de Londres Hackney Arts Picturehouse y The Ritzy, ambos en zonas de gran diáspora africana. Si el anterior documental se centraba en la figura global de Youssou N’Dour (griot y cantante senegalés que sería proclamado Ministro de Turismo y Cultura entre abril y octubre de 2012, y luego Ministro de Turismo y Ocio hasta septiembre de 2013), éste se centra en un espacio global, la ciudad sagrada de Touba, en Senegal, en donde más de un millón de personas peregrinan cada año. Con una fotografía espectacular, filmada en 16 mm por el realizador Scott Duncan, este documental nos muestra uno de los mayores peregrinajes religiosos del continente africano, en honor al Cheikh de Touba, Sërigne Tobua, Ahmadou Bamba Mbacké (1853-1927), fundador tanto de la ciudad (en 1887) como de la cofradía musulmana de los Mourides, una de las seis que hay en Senegal.

Touba es un documental observacional, que coloca la cámara en una multiplicidad de ángulos para reflejar las dimensiones de la gran mezquita de Touba. Su estética recuerda a la de los documentales de Ron Fricke, Baracka y Samsara, con una realización y fotografías impecables, cuya banda sonora y tratamiento del sonido, sin diálogos, hacía de estos filmes poemas visuales que dan mucho que pensar sobre el mundo. En este caso, en lugar de transportarnos a distintas localizaciones del mundo relacionadas entre sí, la directora Chai Vasarhelyi se centra en una sola, el peregrinaje a la Grand Magaal de Touba, para introducirnos en esta experiencia espiritual, mística. El documental comienza con una estructura un poco de “road-trip”, con planos largos de “car-rapides” (un tipo de transporte público en Senegal), en pleno embotellamiento de camino a Touba, con canciones y rezos cantados colectivamente en honor a Sëriñe Touba. Por esas mismas carreteras se montan mercados, en los cuales los devotos nos cuentan por qué se unen a este peregrinaje: por la paz en Senegal; en conmemoración a esta figura pacífica resistente a la colonización francesa, uno de “los primeros políticos africanos modernos”, como decía uno entre el público durante el debate que siguió a la película; para conseguir un buen marido; o para tener buena suerte en los exámenes, decían algunas mujeres y estudiantes en la película. A esa secuencia la sigue otra más cronológica, que día por día, arroja luz a la importancia de Cheikh Ahmadou Bamba, sus discípulos y califas posteriores, a través de los cuales se conoce el mensaje de Sëriñe Touba.

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Sin embargo, la abundancia de planos en pleno peregrinaje, mezquita y alrededores, con una multitud de gran colorido, por la ropa de los devotos, dan una impresión de festividad a este fenómeno espiritual global que va más allá. Con ‘time-lapses’ de un día en la gran mezquita, desde al amanecer hasta el atardecer y la caída de la noche, a ‘slow-motions’ de planos detalle de pies, manos y la piel de aquellos que forman parte de esta peregrinación, si bien la impresión puede ser de “inmersión” en la ciudad de Touba, como decía un espectador (occidental), también se produce una apariencia de observación desde una perspectiva ajena, al menos “en un diez por ciento de la película”, como decía un joven mouride de Londres. En cierto modo, este documental constituye una especie de poema visual, sobre un peregrinaje espiritual “hecho festivo”, donde se da una celebración sin precedentes de un fenómeno global, pero donde tal vez se echan en falta algunos matices.

Un gran acierto del documental es su acento en el espacio, Touba, en lugar de la persona de Cheikh Ahmadou Bamba. Aquellos lugares que no fueron más que localizaciones en el documental sobre Youssou N’Dour, se convierte ahora en el punto de mira. Esto es impontate porque supera la personificación del mouridismo. Aunque son muchísimos los objetos con la imagen de Cheikh Ahmadou Bamba, no sólo en camisetas o collares sino también en el arte callejero de Senegal, todas esas imágenes se basan en una única fotografía que fue tomada en 1912, y cuya localización se muestra en este documental. Otro símbolo de gran popularidad entre los mourides es el Lamp Fall, el minarete de la mezquita de Touba. Sin embargo, como dicen los propios mourides, Cheikh Ahmadou Bamba o Sëriñe Touba, no es sólo esa fotografía, sino que ha sido conocido mediante sus discípulos, lo cual se refleja perfectamente a través de este énfasis en el espacio.

Imagen del documental durante el .

Imagen del documental durante el el peregrinaje a la Grand Magaal de Touba.

No obstante, lo que no logra mostrar el documental es el crecimiento de Touba, cuya mezquita se construyó entre 1926-1963, como metrópolis espiritual y lugar de culto, desde 1920, cuando los analistas franceses coloniales criticaron la construcción de esta enorme mezquita en medio de la nada, como un desperdicio de recursos, hasta hoy, donde más de 500.000 personas viven en la ciudad y más de un millón la visitan en peregrinaje cada año. Aunque Touba fuera entendida en principio como una forma pacífica de resistencia al colonialismo francés, persecutor de Cheikh Ahmadou Bamba, su crecimiento es cada vez mayor, hasta tal punto que Touba es hoy la segunda aglomeración urbana más grande de Senegal. Este crecimiento se debe en parte a la emigración, un aspecto clave para la difusión del mouridismo a través de las dahiras (asociaciones de discípulos). Éstas han sido fundamental para mantener los vínculos con la tierra natal, pero también para funciones sociales, como ayudar a los senegaleses a encontrar ingresos en los países de residencia. Touba esa un lugar fijo de referencia[1] para los mourides de todo el mundo, y además, a través de las distintas dahiras, está presente en siete de las ciudades globales más importantes, como Londres, Nueva York, París, roma, Tokio, Los Ángeles y Chicago.

La directora del documental, Elizabeth Chai Vasarhelyi, junto al diretor de fotografía Scott

La directora del documental, Elizabeth Chai Vasarhelyi, junto al diretor de fotografía Scott Duncan.

Algo que también se echa de menos es la falta de referencia al origen del nombre de Touba, o Tûbâ, “el árbol del paraíso”, también entendido por los sufistas como “el árbol de la luz”, donde las raíces están en Dios y donde las ramas y frutos iluminan el mundo[2]. La espectacular fotografía de Scott Duncan rinde homenaje a estos orígenes, con unos tonos cálidos de amarillos de las luces del exterior, donde el atardecer se funde en las luces de la noche y dan luego paso a los amarillos de los azulejos y las luces del interior de la mezquita. Cheikh Ahmadou Bamba es bien conocido por su poesía, divulgativa de los valores del islam, que estaba escrito en árabe. El documental Touba adopta también la forma de poema, un poema visual en el que es islam está retratado de manera global y alternativa a los modos periodísticos. Una gran introducción a un fenómeno cada vez más global que tiene lugar en Senegal.

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[1] Diouf, M. (2000) The Senegalese Murid trade diaspora and the making of a vernacular cos- mopolitanism, transl. S. Rendall, Public Culture, 12(3), pp. 679–702.

[2] Jeffrey, 1959/60 in Ross, Eric (2011) “Globalising Touba: Expatriate Disciplines in the World City Network”, in Urban Studies, 2011 48:2829.

Cómic y música para la paz en RCA

Los medios de comunicación han convertido a la República Centroafricana en las últimas semanas en la nueva Ruanda, el lugar donde los vecinos se matan entre sí de la manera más salvaje por diferencias de etnia o de religión; en la nueva República Democrática del Congo, el lugar en el que la violencia se ha apoderado del día a día y se ha convertido en la ley irracional del más fuerte (o el más armado) y el menos escrupuloso; en el nuevo Corazón de las Tinieblas de Conrad, un auténtico agujero sombrío sin ningún atisbo de esperanza. Pero los medios de comunicación vuelven a mostrarse deslumbrados por el espectáculo de la violencia. La guerra, la destrucción y el drama son incuestionables. Sin embargo, en medio de ese panorama oscuro la cultura pone el contrapunto. Dos ejemplos claros, como el de Didier Kassaï, un dibujante que se abre paso a trazo de lápiz, para explicar una situación menos simple, pero más humana, desde el mismo corazón de la crisis. Y una cantante, Idylle Mamba, que encabeza a un grupo de artistas africanos que cantan desde Paris por la paz en la República Centroafricana.

Kassaï, dibujos para contar la historia

Portada del cómic de Didier Kassaï publicado por La Revue Dessinée

Portada del cómic de Didier Kassaï publicado por La Revue Dessinée

Desde el mismo corazón del desastre se erige un periodista poco ortodoxo. Didier Kassaï es, en realidad, un dibujante, un autor de cómic, posiblemente uno de los más exitosos de la maltrecha República Centroafricana, que acaba de publicar una atípica crónica de lo que está ocurriendo en su país. Bangui. Un témognaige de Didier Kassaï es un relato en primera persona de los enfrentamientos entre diferentes milicias en la capital del Estado africano, que va desde el 5 de diciembre de 2013 al 4 de enero de 2014 y que se ha publicado en La Revue Dessinée. Efectivamente es mucho más que un cómic y está planteado como un auténtico reportaje construido a base de viñetas.

El propio autor es el protagonista de la historia y su honestidad es avasalladora. Al principio del relato asegura que se trata del “desgarro” más duro para él y por ello le resulta complicado encontrar “las palabras para describir este caos sin tomar partido” y “sin arriesgarse”, asegura. Kassaï pretende ser imparcial porque en la situación que está viviendo la República Centroafricana hay muchos responsables, pero los análisis siempre tienden a olvidarse a alguno de ellos.

La experiencia de este dibujante le hace especialmente indicado para enfrentarse al reto de contar la República Centroafricana desde el punto de vista del ciudadano de a pie, de los que sufren la situación actual. Él es cristiano y su esposa musulmana, quizá por eso muestra en su comic tanto desprecio por la explicación simplista del enfrentamiento religioso. En las viñetas de Bangui. Un témognaige de Didier Kassaï aparecen los atropellos de la Séléka (la milicia musulmana), pero también la de los “anti-Balaka” (los hombres armados del “bando” cristiano) y los mercenarios chadiano o sursudaneses, las fuerzas internacionales…

El cómic es la historia de un mes dramático en la vida de este dibujante, desde que se decide a arriesgar su vida para saber de su hermano, hasta que Bangui, la capital de la República Centroafricana, se convierte en un caótico campo de batalla entre las milicias. Incluyendo la puesta a salvo de su familia, la huída hacia una zona segura cerca del aeropuerto de la ciudad, el intento de regreso a una casa devastada o la vida en un improvisado campo de desplazados.

Kassaï no pretende adornar la realidad y la que fue “Bangui la coquette” (“Bangui la coqueta”) en un cómic que el mismo dibujante firmó en 2006, se convierte en esta obra en “Bangui la roquette” (“Bangui el misil”). Los dibujos de Kassaï muestran también las consecuencias de los enfrentamientos, los heridos y las víctimas y los choques despiadados, el pillaje y el odio que destilan todos los contendientes. Pero sobre todo muestra, y su posicionamiento es muy claro, a los que padecen esta situación. Los ciudadanos que tienen que esconderse en los lugares más insospechados, refugiarse en zonas poco adecuadas, abandonar sus casas a la carrera, sobrevivir a duras penas.

Kassaï ha recibido premios a sus trabajos en Francia e Italia y ha publicado en países europeos y africanos. Y ahora sigue trabajando para explicar lo que se está viviendo en un país que desgraciadamente ha asaltado las páginas de los periódicos con las imágenes más atroces. Hace sólo unos días Kassaï se lamentaba a través de Facebook de la falta de materiales que estaban retrasando sus encargos (está previsto que durante este año se publiquen dos álbumes de este dibujante) y recibía la solidaridad y el apoyo de compatriotas en el extranjero y amigos de diferentes nacionalidades.

La publicación de Bangui. Un témognaige de Didier Kassaï está acompañada de un texto de análisis de la situación firmado por David Servenay en el que desgrana algunos de los detalles poco conocidos del país y de la situación política (sin escatimar críticas y desconfianzas hacia la intervención francesa) y de un perfil del autor realizado por el también dibujante Beb-Deum.

Desde Bangui (esa Bangui desgraciadamente “la roquette”), Didier Kassaï continúa difundiendo páginas de las que su puede deducir que serán las próximas entregas de su particular crónica del conflicto en la República Centroafricana. Así es como este dibujante se ha convertido en una fuente incuestionable de información y en una muestra de cómo vive la sociedad centroafricana esta situación, de la voluntad de la población civil de construir la paz y de su rechazo a un discurso que pretende enfrentar a comunidades religiosas que son perfectamente capaces de convivir pacíficamente.

Mamba, la música de la reconciliación

Idylle Mamba junto a Toussou N'Dour. Fuente: Página oficial de Idylle Mamba

Idylle Mamba junto a Toussou N’Dour. Fuente: Página oficial de Idylle Mamba

Por otro lado, Idylle Mamba muestra otra cara de la implicación de la cultura en la construcción de la paz. La artista centroafricana ha colaborado con el senegalés Youssou N’Dour, posiblemente uno de los músicos africanos con más proyección internacional, en una iniciativa orientada a fomentar la paz en la República Centroafricana. Los dos músicos han tratado de escenificar con la grabación de una canción a dúo la ausencia de las diferencias confesionales. Él es musulmán, ella es cristiana y, así han pretendido desacreditar el argumento de que las diferencias religiosas provocan la violencia. “One Africa”, el tema estandarte de esta iniciativa, es un canto a la unión entre las creencias, sobre bases tremendamente sencillas.

Cartel del concierto solidario de músicos africanos celebrado el 10 de marzo en París.

Cartel del concierto solidario de músicos africanos celebrado el 10 de marzo en París.

Sin embargo, “One Africa”, que se lanzó hace poco más de un mes, muestra también la voluntad de potenciar la solidaridad africana. La canción apela a un hermanamiento entre el pueblo senegalés y el centroafricano, por otro lado tan voluntarioso como inocente.

La canción es, en realidad, la primera de una serie de acciones que implican a otros músicos también africanos, reforzando esa idea de solidaridad continental y la de la capacidad de la cultura, en este caso la música, para ayudar en la construcción de la paz. El siguiente evento, fue la celebración de un concierto el pasado 10 de marzo en el Théâtre de la Ville à Paris en el que participaron figuras como los congoleses So Kalmery, Lokua Kanza y Ray Lema, el angoleño Bonga y evidentemente el dúo Youssou N’Dour – Idylle Mamba. El objetivo de la iniciativa era recoger fondos para la reconstrucción, como no, de un centro cultural en Bangui destruido hace un año por los enfrentamientos en la capital centroafricana.

La implicación de los artistas es tal que se ha anunciado que esta iniciativa pretende realizar una gira por el país en conflicto. Están convencidos de que el paso de los músicos puede preparar el terreno en el que después se instalen las urnas para reactivar la reconciliación. Esta es sólo una de las actividades relacionadas con esta iniciativa de músicos africanos en favor de la paz en la República Centroafricana