‘Ingoma’ for the struggle!: la música en la lucha contra el apartheid

Apartheid Struggle, South Africa

Esta semana la música es la protagonista de nuestra sección de Artivismo, donde haremos un breve recorrido por el hilo musical que vertebró las luchas contra el régimen racista del apartheid en Sudáfrica. Y es que éste tuvo varias etapas de represión social, política y de leyes de segregación racial en los que se dieron acontecimientos históricos que se fueron reflejando claramente en el arte sudafricano, siendo éste una importantísima herramienta de protesta y resistencia. Las canciones cada época reflejaban la realidad social y fueron una forma eficaz de reconocer y protestar contra un sistema político injusto.

No nos olvidemos de la funcionalidad del arte tradicional africano dentro de una comunidad. Schumann (2008), en su trabajo sobre el arte de la resistencia, afirma que “las tradiciones orales, debido simplemente a sus medios de transmisión, ofrecen una especie de reclusión, control e incluso anonimato, que las hacen ideales vehículos de resistencia cultural”. En este caso, el arte no era sólo una actividad elitista, sino que fue un movimiento de resistencia cultural popular que jugó un rol importante en la comunidad y en la lucha por la libertad.

En la década de 1950, se utilizó el contenido de las canciones como protesta, abierta y directa a los políticos, para denunciar el abuso al que estaba sometida la población negra aquellos años de inicio del régimen llamado ya oficialmente “apartheid” – “separación” en afrikaans-. A pesar de ello muchos músicos no consideraban su música como denuncia o protesta social, sino como la descripción de su vida cotidiana marcada por la particular situación política del país. Miriam Makeba lo explicaba: “la gente dice que  canto política, pero lo que canto no es política, es la realidad”.

Seguramente, una de las canciones de protesta más conocidas de la década de 1950, fueron las cantadas por las mujeres en la campaña contra los pases, pasaportes que se crearon para que la población negra que desplazaron hacia los bantustanes y que ya no tenían nacionalidad sudafricana, pudiese ir a trabajar a las áreas reservadas para población blanca. Una de las más famosas fue en 1956: “Hey Strydom, Wathint’a bafazi, así ithint’imbodoko uzaKufa” que se traduce en “Strydom, ahora que has tocado a las mujeres, has golpeado una roca, has desprendido una roca, y serás aplastado” o la de Dorothy Masuka -originaria de Zimbabue y exiliada por dedicar una canción a la muerte de Lumumba- con su canción “Dr. Malan Unomthetho Onzima” (“Dr. Malan el gobierno es cruel”). Otra canción que se hizo popular por la posterior adaptación de Miriam Makeba, fue la compuesta por el activista político y músico asesinado durante el régimen, Mini Vuyisile: “Naants’indod’emnyama, Verwoerd bhasobha, naants’indod’emnyama”, traducida como “¡He aquí los negros que avanzan, Verwoerd!. ¡Cuidado con los negros que avanzan!“. Esta fue una de las más coreadas canciones de entonces.

La reubicación de la población negra de Sophiatown a Meadowlands en el año 1956, inspiró otra canción con el mismo nombre. Y es que “Meadowlands” fue un conjunto de casas construidas por el régimen para realojar a la población. De ahí el tono irónico de la canción.

La masacre de Sharperville marcó década de los sesenta, década en la que además, se encarceló a los líderes políticos de los movimientos sociales dejando a la población sacudida, también a nivel creativo ya que los grandes del jazz se exiliaron: entre ellos Abdullah Ibrahim, Gwangwa Jonas, Miriam Makeba, Hugh Masekela, Chris McGregor, y Kippie Moeketsie, silenciando así la comunidad musical.

Por ello desde finales de 1960 y durante la década de 1970 se codifican las letras de las canciones para evitar su censura y las represalias por parte de la Dirección de Publicaciones, y de esta manera poder llegar a la población. Los conciertos, eran otra oportunidad en la que se podía hacer uso de la espontaneidad en las letras. Las canciones que homenajeaban a los diferentes colectivos sociales, eran más tarde adaptadas para la lucha. “Shona Malanga” , originariamente “Thursdays”, fue una canción muy utilizada que inicialmente cantaba al día libre semanal de las madres y trabajadoras del hogar, los jueves, y que pasó a utilizarse en toda Sudáfrica como canción de lucha.

A partir de la matanza de Soweto en 1974, otras esferas del arte, como las artes visuales, despiertan y comienzan a tomar conciencia del uso del arte como reivindicación política y denuncia social. Este uso se estableció durante los años ochenta, considerada la década de “the people’s war” (Amandla!2002) en que los artistas utilizaban su arte como “arma de lucha” (Peffer, 2009). La resistencia cultural era una herramienta de inmenso poder en aquel momento. Hubo varios artistas que se encararon directamente con el gobierno, como fue el caso de Roger Lucey, arruinando de esta manera su carrera musical. Otro fue Mzwakhe Mbuli, con sus canciones “Behind de bars” y “Shot down”, que motivó su arresto, encarcelamiento y tortura. “Senzenina” fue otra de las canciones populares. “¿Qué hemos hecho?” se preguntaba la población negra de todas las generaciones que la cantaban: “ser negros” era la respuesta. Estuvo presente durante estos años Radio Freedom, la radio del ANC que sirvió de canal unificador e informativo y marcaba las directrices del movimiento, empezando y acabando siempre con una canción.

La fusión entre músicos negros y blancos, que tocaban juntos a pesar de estar prohibido poniendo en riesgo su carrera comercial, fue otro hecho característico de aquella década. El músico blanco Johnny Clegg y Sipho Mchunu exploraron juntos la cultura zulú frente una audiencia que había aprendido que la interculturalidad estaba mal (Drewett, 2003). Como resultado de esa fusión musical grupos como Harari -de Sipho Mabuse- y Malombo tuvieron un nuevo impulso. También surgieron grupos como Sakhile, Bayete, Sabenza, Tananas y Savuka, así como otros grupos locales, que mezclaban diversos tipos de música. Como afirman algunos autores, esta fusión fue muy importante ya que, al igual que sus audiencias, los grupos de música rechazaban en su comportamiento y su compromiso, siglos de discriminación racial .

Estos acontecimientos fueron aprovechados por el gobierno de forma desastrosa. Aprovechó esa tendencia de fusión musical y promovió una iniciativa: el patrocinio de una canción titulada “Juntos construiremos un futuro más brillante” en la que muchos músicos prominentes fueron contratados para cantar en inglés, afrikaans, zulú, xhosa, sotho, tswana y pedi. Fue una inversión económica muy grande, que además supuso un escándalo y el rechazo de la población lo percibió como una hipocresía. Esta intención, dejaba claro también, que el régimen no fue consciente nunca de la importancia de la música para la revolución.

Los acontecimientos políticos de 1984, con la inauguración del Parlamento tricameral en los que los negros no eran representados, dieron lugar a la declaración del Estado de emergencia, lo que se reflejó también en la música. Sibusiso Nxumalo -activista antiapartheid- afirmaba que estos hechos se reflejaban en las canciones, porque las canciones tenían que articular esta nueva urgencia y esta nueva dirección y esto era, militarizándolas. No era efectivo intentar negociar con las fuerzas del gobierno blancas, sino que ya había que luchar y pelear por la libertad.

A raíz de los enfrentamientos con las tropas del gobierno el archipopular Toyi-Toyi se populariza, siendo adoptado por el MK (Umkhonto we Sizwe, La Lanza de la Nación), facción armada del ANC. Era una poderosa combinación de música y danza utilizada como el entrenamiento físico para la guerrilla y para elevar la moral. El Toyi-Toyi, fue como “un arma cuando no tenías armas, cuando no tenías gases lacrimógenos. Era una arma de guerra” (Amandla! 2002) y un método para asustar al enemigo. Era a la vez una danza unificadora que proporcionaba complicidad a pesar de que nadie sabía cómo iba a acabar, sólo se avanzaba.

El rol de los músicos dentro de la lucha del apartheid se formalizó mediante el South African Musicians Alliante (SAMA) en 1988, centrado en tres libertades básicas: libertad de asociación, libertad de expresión y libertad de movimiento, apoyando además a los artistas que querían salir al extranjero.

La liberación de Nelson Mandela de la cárcel en 1990 fue también la inspiración musical del momento. Las canciones eran en su honor, pero también transmitían un sentimiento de esperanza generalizado de la sociedad sudafricana. Los artistas exiliados participaron en la creación de canciones para recoger fondos que iban a parar a las víctimas de la violencia del apartheid.

“Dios bendiga a África” que fue una canción prohibida durante el apartheid, hoy en día es el himno de Sudáfrica. Miriam Makeba se encargó de cantarla como testimonio de todos aquellos duros años de lucha.

Pero esta cultura musical de contestación social, no se quedó sólo en Sudáfrica, sino que se convirtió en parte de la cultura pop occidental a través de canciones tales como “Biko” de Peter Gabriel, campañas como “Sun City”, llevada a cabo por Little Steven o los sucesivos conciertos dedicados a Mandela en el Estadio de Wembley en Londres en 1988 y 1990.

Recordando la idea de que el arte tradicional africano siempre ha tenido una función para la comunidad, se hace comprensible que haya significado a lo largo del periodo del apartheid una manera de expresar la espiritualidad, de compartir las vivencias, de contestación, de denuncia y de protesta social. La música “era parte de liberarse a ellos mismos” (Amandla!2002) y ha sido el eje central en todas las etapas que vivió el país, llegando a ser una poderosa arma de intimidación al mismo sistema represor, como por ejemplo el Toyi-Toyi.

La música fue tan importante durante estos años, que no sólo transmitía sentimientos de lucha y protesta, sino que era un medio de comunicación que podía transmitir amor y sentimientos compartidos. Un ejemplo de ello fue la gran fiesta a Mandela cuando le liberaron y cuando fue presidente del país. Cantos, fiesta y alegría generalizada. Cada momento de la lucha tenía su propia canción, por lo que es muy difícil de cuantificar la producción musical en casi cincuenta años de régimen y lucha.

Para concluir este artículo, os recomiendo el documental de Lee Hirsch “Amandla! A revolution in Four Part Harmony” que realiza un buen análisis de este tema, con imágenes de archivo y música original.

“We never used to cry, we used to sing”
(Amandla!, 2002)

 

Bibliografía

  • Drewett, M. (2003). Music in the Struggle to End Apartheid: South Africa. EN: Cloonan, M. and Peffer, J. (2009). Art and the end of apartheid. Minneapolis: University of Minnesota Press.
  • Hirsch, L (2002). Amandla! A revolution in Four Part Harmony. Documental.
  • Schuman, A. (2008). The Beat that Beat Apartheid: The Role of Music in the Resistance against apartheid in South Africa. Stichproben. Wiener Zeitschrift für kritische Afrikastudien Nr. 14/2008, 8. Jg., 17‐39
  • Williamson, S, (2004). Resistance Art in South Africa. Cape Town:Double Storey Book.

 

Recomendaciones musicales de Guinea, Madagascar y Etiopía

Los descubrimientos de esta semana (gracias a la cartografía sonora de nuestros maestros, los Sonideros) son los siguientes:

(Mi recomendación favorita de hoy) Mamadou Barry -también conocido como Hady Barry o “Maestro” Barry-, és un saxofonista guineano que mezcla el afrobeat con distintos ritmos mandingas creando materiales tan originales e inflamables como esto:

El malgache Charles Kely con el tema Zoma Zoma:

Y el prolífico etíope  Mahmoud Ahmed con el tema Mela Mela:

FATOU: el primer LP de la maliense Fatoumata Diawara

La tradición wassoulou, el jazz y el blues confluyen en la voz y la obra de la maliense de 29 años Fatoumata Diawara. La que se daba a conocer este mismo año en el circuito del mal llamado “world music” como una de las revelaciones africanas más novedosas (no ya en Àfrica Occidental donde ha ejercido de actriz y comediante durante años), está a punto de sacar su primer LP FATOU (World Circuit, 2011), previsto para el 19 de Septiembre.

Con insistencia en temas de género y feminismo en África, sobre la infancia y los roles de edad, Fatoumata nos habla en sus temas desde un prisma optimista y con la conciencia de formar parte de una cultura donde la oralidad tiene un peso político crucial, y por lo tanto comprometida con su sociedad.

Os dejamos un vídeo y esperamos que os guste tanto como a nosotros!

La primera sudafricana en cantar jazz: Sathima Bea Benjamin

Sathima Bea Benjamin es una cantante y compositora de jazz sudafricana, que creció escuchando a Nat King Cole -de él hereda una dicción impecable- Ella Fitzgerald o en menor cantidad, a Sarah Vaughan,  en la vieja radio que sonaba en la cocina de casa de su abuela, a principios de los 50′ en Johannesburg.
Actualmente vive en Nueva York, pero fue la primera africana en cantar jazz en un clima político de Apartheid y también de sexismo (en el que las mujeres que se dedicaban al mundo del espectáculo no estaban muy bien consideradas).

Breve pincelada sobre la música Juju

Si hablamos de afrobeat, casi la mayoría de los lectores de esta web van a tener almenos alguna noción de lo que es ese tórrido estilo que mezcla soul, jazz y ritmos Yoruba, y del que fue su máximo exponente e “inventor” Fela Kuti. Además, a día de hoy podemos afirmar que el afrobeat es uno de los estilos que está más de moda, con bandas como los norteamericanos Antibalas reformando y actualizando su sonido. Pero la verdad es que Nigeria puede presumir de tener una de las más prolíficas culturas musicales del mundo, con una variedad de estilos en continua actividad, como prácticamente sucede en todo el continente. Hoy queremos hablar de otro de los pilares fundamentales de la vida musical del pueblo Yoruba, que junto al afrobeat y al fuji constituyen una de las mayores riquezas de sus gentes. Nos centramos en el Juju por ser el ritmo pop más antiguo, que como otros estilo como la rumba congoleña (o zairense en su día) se crearon en la década de los 50′ con la integración de elementos europeos como los instrumentos eléctricos. Quizás os suene el que es uno de sus principales precursores: King Sunny Adé.

Os dejamos el trailer del documental de Jacques Holender “Juju Music”. Muy recomendable.

MY LIFE, el segundo larga duración de SIA TOLNO

En la confluencia de Guinea, Sierra Leona y Liberia, se encuentra una cultura africana algo desconocida más allá de sus fronteras, la kissi. Una de sus principales representantes en la actualidad es la cantante Sia Tolno, una mujer con mucho carácter y con una fuerte determinación política implícita en su música. Su segundo LP se va a llamar “My Life” y es una especie de crónica autobiográfica que relata temas tan crudos como la guerra civil en Sierra Leona o el exilio. Su disco, grabado en el estudio de Mory Kante y editado por la discográfica Lusafrica, nos regala una mezcla de música mandinga, funk y rumba con un poliglotismo cantando en criollo, ingles, mende o sosoxi.

Para los que queráis saber más sobre ella y lo que nos ofrece, os dejamos una entrevista que se le hizo para promocionar su recién editado EP “Odju Watcha”.

El neo Soul xhosa de Simphiwe Dana

Queridos lectores, para todos aquellos que no la conozcáis, os presento a la talentosa joven sudafricana Simphiwe Dana, una de las mayores joyas del África austral, que canta y compone de una manera tan elegante y única como lo que podéis escuchar en el siguiente vídeo y que por su delicadeza y naturalidad al mezclar estilos xhosa y estilos afroamericanos como el jazz o el soul más soft, ha embriagado a medio mundo con tres discos que son verdaderas delicias. Os dejo uno de sus temas más prolíficos, Bantu Biko Street, de su segundo álbum “The one love movement on bantu Biko street”, un homenaje al líder antiapartheid Stephen Biko, asesinado en 1977 y un auténtico paso hacia adelante de la música de raíz africana, bastante alejada de otros productos nacionales más famosos, tendentes al pop comercial, como es el caso de la llamada “Reina del Afro Soul” Lira (de la que añado un impresionante videoclip de su cuarto y último disco ‘Return to Love’).

La voz zimbabuense de Chiwoniso

Hoy volvemos a zambullirnos en ese universo del “entro-dos” (recogiendo el término usado por el filósofo camerunés Jean-Godefoy Bidima), ese que está entre el mundo visible y el invisible, pero que vamos a hacer extensivo también al universo de la Diáspora y que nos brinda productos tan interesantes y bellos debido a la fusión de estilos a caballo entre la tradición y la modernidad. Este es el caso de la artista que tenemos hoy en el asador: Chiwoniso Maraire. Hija de un etnomusicólogo, multiinstrumentista (mbira, marimba) y cantante, Chi -como la llaman sus familiares-, nació en Washington y creció entre instrumentos y voces comprometidas. A los nueve años ya tocaba la mbira con fluidez (aunque para los shona tradicionalmente era un instrumento reservado a los hombres), y a la vuelta familiar a Zimbabwe fundó el primer grupo de rap del país, con el que grabó su primer álbum, ‘Ancient voices’ (1996). Ganador de varios premios y galardones, fue el disco que le abrió paso a una fructífera década, musicando films y documentales.  En 2004 nace ‘Timeless’ y en 2006 un disco junto a otros artistas zimbabuenses bautizado como ‘The Collaboration’. Su cuarto álbum (2008) es una joya de repercusión internacional llamada ‘Rebel Woman’. Con una voz potente, elegante, profunda y arenosa, la de Chiwoniso representa una generación de mujeres con un tremendo poder sobre sus sociedades y capaces de traspasar fronteras con mensajes llenos de contenido. Vale la pena conocer su obra y juzgar por uno mismo, y por eso os dejamos un vídeo suyo a continuación.

Black Prophet, reggae desde Ghana

Uno de los artistas africanos de la escena reggae que más ha crecido en los últimos años, ganándose la admiración de los más grandes y el respeto de sus compatriotas, es el conocido popularmente como Black Prophet. Oriundo de Accra (Ghana), debutó a los tan solo siete años con la banda Ola Williams. A los quince gravaba ‘Captivity’ con una banda llamada Vibration Kings, pero a finales de los 90′ fue cuando empezó su verdadera carrera musical con el disco ‘Chains’, que contenía uno de sus temas más aclamados ‘No Pain No Gain’ y ya como Black Prophet. No fue hasta 2003 que consiguió despuntar a nivel nacional y fue con el tema ‘Doubting me’ como Kenneth Wilberforce Zonto Bossman, como se llama realmente, ganó un premio nacional a la mejor canción de reggae, y salió del continente para hacer una gira por distintos grandes festivales de Europa acompañado por la banda Thunder Strike. Después de esto, su carrera no pararía de ascender verticalmente, con colaboraciones con la afincada en Ghana Rita Marley, los británicos Steel Pulse, los jamaicanos Don Carlos o Buju Banton, u otros africanos como el marfileño Alpha Blondy o el sudafricano Lucky Dube. En 2009 gravará el single ‘Good Feeling’ con el conocido productor Dean Fraser, que tras sus LPs ‘Prophecy’ y ‘Legal Stranger’, representará el paso hacia su último y brillante disco Tribulations, con participaciones tan estelares como el del jamaicano Capleton y que lo ha llevado a través de varias giras internacionales a los escenarios más potentes de las escena reggae mundial. Como un artista consolidado, Black Prophet utiliza su música para educar y para despertar a la gente. Sus creencias de rastafary y su conciencia social, lo hacen un cantante popular y un artista aclamado dentro y fuera de África.

Ahí va un video de uno de sus últimos directos

Omawumi, un producto estrella salido del show IDOLS WEST AFRICA

Omawumi Megbele es una nigeriana de 29 años que tuvo la suerte (o la desgracia, depende de como se mire) de participar y ganar en la versión nigeriana de American Idol, el show televisivo Idols West Africa el año 2007. Esto le permitió una notable proyección internacional, algunos premios y poder actuar junto a estrellas como Angie Stone, siendo una de las mayores representantes del Afro-pop actual.

A pesar de esa horrible sección de vientos digitalizada, el tema If You Ask Me (Na Who I Go Ask) merece una especial mención en este blog

Tita Nzebi, la protegida de Manu Dibango

Tita Nzebi

Tita Nzebi

Otra mujer extraordinaria, esta vez de Gabon, nos sorprende con un sonido fresco pero maduro, surgido del vientre de la ciudad de Libreville. Tita (su apodo de la infancia) Tita Nzebi (nombre de la etnia a la que pertenece), quien ya había debutado con grupos locales a finales de los 90′ (como Mouyanga o Ngumi), y popularizado la danza L’Ngwala (danza Nzebi); presenta ahora el álbum MÉTIANI.

Manu Dibango fue el primero en difundir su música,  en la emisora Africa n.1, cuando en 2007 Tita distribuyó algunas copias de su maqueta M’biss Miti. Pero solo sería el primero de tantos medios que se interesarían por la propuesta de la gabonesa. Los catorce cortes de su disco justifican el clamor de los medios, que subrayan la naturalidad y dinamismo de su música, y los arreglos de lo que representa los mejores músicos de Gabon (algunos de los cuales han tocado con estrellas internacionales como The Wailers, Nina Simone, Marvin Gaye o Luciano).

La lengua y los ritmos Nzebi no han tenido ninguna repercusión internacional hasta este álbum, la cual cosa ya hace el trabajo interesante de por sí. Pero sus canciones, que nos hablan de la pérdida de identidad de las culturas africanas con cierta melancolía pero sobretodo desde un punto de vista de denuncia, son algo más que una simple muestra cultural. Se trata de la lucha de la música no comercial, que a su vez está fuera del circuito world music y que aun no ha encontrado la manera de venderse fuera de sus fronteras. En Francia (donde ha pasado la última década), la venta de discos está de capa caída como en el resto de Europa, y en África, el asunto de los derechos de autor y la piratería hacen muy difícil la supervivencia de este negocio. A pesar de ello, Tita ha sabido luchar contra las adversidades del mercado y está consiguiendo llevar la música Nzebi donde nunca antes había llegado. Desde Wiriko, le deseamos toda la suerte del mundo!

El anti-escaparatismo étnico de la nigeriano-parisina ASA

Asa - Les Victoires de La Musique 2011 - Show

Hacía tiempo que quería dedicar un espacio de este blog para Asa (Bukola Elemide -1982), porque me parece un perfecto exponente de eso que llamamos el África contemporánea, la urbanita, la mestiza… y porque sus dos discos me tienen enganchada desde hace mucho, mucho tiempo… Pero ya se sabe, a veces nos impone respeto eso que más amamos. Así que me he tomado mi tiempo para hablar de ello.

Nacida en París de padres nigerianos, creció en Lagos, una ciudad que se bate entre dualidades y que conserva cierta armonía ante el aparente caos de la mayoría de ciudades africanas. La frustración fue parte de la juventud de la joven cantante, en la que su rol dentro de la familia como la única hija de entre cuatro hermanos (bien saben las africanas cual es su peso dentro de la sociedad) y una especie de “in-adaptación social”, la convirtieron en una persona tímida que prefería los momentos de soledad cantando en su habitación que cualquier otra cosa. Dice que cantar le daba cierto consuelo y así es como su música nos logra consolar a todos, ciertamente.

Así fue… entre cierta necesidad vital y compromiso consigo misma, que terminó centrando su vida en la música, siguiendo los referentes que su padre escuchaba en casa, siempre a un paso entre el pop africano y el afroamericano…

Tuvo que salir de Nigeria y plantarse de nuevo en París para poder construir un sólido proyecto musical. Ahí actuó junto a Manu Dibango, Les Nubians o Tony Allen y su nombre empezó a estar muy presente en el marcado internacional con temas tan alucinantes como ‘Jailer’, uno de mis favoritos. A partir de entonces empezó a telonear a gente como Beyoncé o John Legend, cosa que abrió su música a un público muchísimo más amplio y que la situó en un lugar privilegiado en las listas de ventas, fichando para la discográfica francesa Naïve (Adele, Angelique Kidjo…), quien editaría su primer álbum internacional (Asha), que incluía algunos de los temas de The Captivator.

Cantar en Yoruba no le ha supuesto ninguna barrera cultural para llegar al público europeo o americano (no os perdáis Eye Adaba o Oré), y si que le ha permitido, en cambio, que Nigeria la considere uno de sus mayores talentos. Su último álbum (Beautiful Imperfections) es el definitivo rompehielos de las conciencias occidentales y de los moldes psicológicos que estas emplean a la hora de mirar África como algo uniforme y aislado del resto del mundo, y a la vez es algo que suena muy occidental. Muy fino. Muy profundo. También muy fresco y muy personal. Pero sobretodo, y lo que me parece más interesante, es que Asa es lo más inspirador que ha salido en mucho tiempo de entre los escombros de la música comercial. Su estilo es un antídoto contra el pesimismo generalizado y huye del “escaparatismo étnico”. El mundo necesitaba algo así! Y somos muchos los que ya tenemos ganas de escuchar qué será lo próximo que nos regale. Mientras tanto, os dejamos un vídeo de otro alucinante tema de su último disco, que aborda impecablemente en directo (Preacher Man).