Damon Albarn y Africa Express acusados de neocolonialismo

“La colonización del siglo 21 está viva” 

Con este inflamable mensaje a través de su cuenta de Facebook, el artista sudafricano Petite Noir, incendiaba las redes sociales junto una fotografía –que fue borrada posteriormente– del contrato que Africa Express les hizo a él y a otros músicos de renombre como Spoek Mathambo o Zolani Mahola (cantante de Freshlyground), durante su último viaje a Sudáfrica. Inmediatamente, otras voces como la de la londinense Nabihah Iqbal, se sumaban a la polémica acusando al proyecto iniciado por Damon Albarn (líder de Blur o Gorillaz) en 2006 para lanzar las carreras de talentosos músicos africanos a escala internacional, de trato injusto a los músicos africanos.

“La gente debe saber qué hay detrás de la fachada de esta “organización benéfica” (…) a menos que nos arriesguemos a hablar sobre estas injusticias, las cosas nunca cambiarán”, decía Nabihah en un twitt la semana pasada.

Lo que denuncian algunos de los artistas que han participado en la última “expedición” de Africa Express al continente son las cláusulas de un contrato que, a pesar de haber grabado varias canciones para un álbum coral, cedería los derechos de autor de todos los artistas a cambio de 1 dólar. Es decir, a cambio de 80 céntimos de euro. “¿Cómo puede estar esto comprometido con apoyar la música en África?”, se lamentaba Nabihah en Twitter.

Zolani Mahola y Gruff Rhys en Johannesburg, durante el último viaje de Africa Express en Sudáfrica. Imagen del Facebook del proyecto.

Sin embargo, los organizadores de Africa Express respondieron, también a través de un comunicado público a través de su página oficial de Facebook, donde decían lo siguiente:

“Africa Express invita a músicos del Reino Unido, Europa y Estados Unidos a colaborar con artistas africanos y de Oriente Medio en espectáculos en vivo, eventos y grabaciones de álbumes para promover la música africana y de Oriente Medio. Hemos estado haciendo esto desde hace más de una década, trabajando con cientos de músicos brillantes.

Africa Express no se ejecuta para obtener ganancias. En la medida que pagamos todos los gastos de viaje, alojamiento y otros costos para que los artistas occidentales se unan a nosotros en los viajes, les pedimos que ofrezcan su tiempo como voluntarios. Pueden contribuir a nuestros costos si están dispuestos a ello. No les pagamos. Todos nuestros contratos son negociados, discutidos y acordados, no infligidos.

Los artistas en África son tratados de manera diferente, reflejando a menudo circunstancias diferentes. Les pagamos por su tiempo.

Nos aseguramos de que todos los beneficios obtenidos de las grabaciones, después de los costos, vayan a los artistas y la promoción de la música africana.

Acabamos de terminar una fantástica semana de colaboraciones que esperamos genere otro gran disco, como Maison De Jeunes, In C Mali y The Orchestra of Syrian Musicians, que beneficiará a los artistas intérpretes o ejecutantes que se unieron a nosotros y, con suerte, atraerá a muchos más oyentes hacia algunos maravillosos músicos”.

 

Con más de una década de trabajo en el continente, Africa Express ha trabajado con un increíble elenco de artistas y músicos africanos como Bassekou Kouyate, Amadou & MariamFemi Kuti, Fatoumata Diawara, Dele Sosimi, Daara J o Baloji. Y hasta la fecha, ninguno de ellos había expresado malestar en el trato recibido por el proyecto. Sin embargo, la polémica suscitada en las redes sociales evidencia muchas tensiones laborales desde el colectivo de artistas participantes en la última odisea, que deja abiertos algunos interrogantes bastante preocupantes.

Nabihah Iqbal y BCUC en Johannesburg, Gauteng, durante el último viaje de Africa Express. Foto de Denholm Hewlett.

Descoloniza tu iPod (I)

Abrir los oídos para abrir la mente. 

La música que proviene de África o de sus diásporas sigue formando parte, en gran medida, de los márgenes del consumo de música en Occidente. Damos por sentada la diversidad musical en nuestras emisoras de radio y en nuestras tiendas de música, como si fuera igual de sencillo escuchar punk de Botswana o Ethiojazz como probar comida italiana, tailandesa o libanesa. Pero no es así.

música africana

Imagen de Vain Sthlm.

No hace mucho tiempo, un famoso locutor de Radio 3 –la emisora de música alternativa de RNE–, me dijo sin ningún tipo de sonrojo que “el problema de la música africana es que sus melodías suenan demasiado diferentes a las nuestras”. Una postura esencialista y eurocéntrica hasta la médula que me dejó muda. ¿Falta de “modernidad” y “occidentalización”? ¡Viva la hegemonía Occidental! ¿Pero es que seguimos creyendo que todo “lo africano” es inferior y que el criterio de belleza occidental es el que prima? ¿Pero es que seguimos pensando que África vive aislada del mundo? ¡Lamentable!

Obviamos una y otra vez que el Blues o el Jazz que llenan de audiencias refinadas los principales auditorios de nuestras ciudades les deben todo a los esclavos africanos en las plantaciones del otro lado del Atlántico. Que el dancehall, el Reggae, el Funk, la Salsa, la música Disco, el Hip Hop, el House o incluso el Country tienen tanto de África como el Afrobeat…

A pesar de que voces como Stromae (de padre ruandés) o Michael Kiwanuka (de progenitores ugandeses) han arrasado el mercado del mainstream, el Afrotrap se ha hecho con las emisoras francófonas y los Afrobeats de Fuse ODG o Davido se han convertido en auténticos rompepistas en Reino Unido, la vanguardia musical del continente parece ausente. Residual y desconocida, si no oculta –por ese otro argumento que la censura por ser “demasiado poco africana”, sea lo que sea que eso signifique–, incluso entre los más inquietos melómanos. Y aquí, desengañémonos, no pierde África, sino los y las que nos encontramos al otro lado de la frontera. Otro síntoma más de la decadencia cultural de Occidente.  

Como sabemos, la música puede ser una herramienta muy poderosa para deconstruir etiquetas rígidas y romper corsés que mantienen las desigualdades e injusticias a través de la exclusión racial, lingüística o incluso sónica. Por ello, y con el objetivo de deconstruir y desconolizar nuestro ideario colectivo, iniciamos una serie que, siguiendo la estela de nuestro trabajo radiofónico en la emisora municipal de Madrid (M21) pretende reunir las novedades discográficas más variadas y suculentas que emergen desde África o desde sus diásporas. Sin prejuicios. Sin recelos. Para nutrir y descolonizar tu reproductor de música mes a mes.

Aquí nuestra selección de novedades discográficas de enero de 2018

LPs:

Toto Bona Lokua – Bondeko (19 de enero, No Format)

música africana Africa Musica Doce años después de su debut en colectivo, los miembros de este innovador e incomparable trío formado por el camerunés Richard Bona, el congoleño Lokua Kanza y el antillano Gerald Toto, aúnan sus virtuosas voces, guitarras rasgadas y atmósferas vaporosas para dejarnos, de nuevo, sin palabras. Con la brocha de oro del productor Laurent Bizot, Toto Bona Lokua pintan un lienzo de armonías vocales dulces e inmaculadas, cantadas en francés o en lingala con la misma naturalidad y fluidez que mezclan sentimientos como la melancolía o la euforia. Hipnotizante. 

Burna Boy – Outside (26 de enero, Bad Habit/On A Spaceship/Atlantic)

Música africana Africa

El cantante de reggae y dancehall nigeriano Damini Ebunoluwa Ogalu, más conocido como Burna Boy, presenta nuevo larga duración de doce pistas cargadas de rap y pop norteamericano de principios de los 2000. Bajo la etiqueta de “afrofusión” en la que se ha autodefinido el propio cantante, originario de la ciudad de Port Harcourt, nos regala piezas como la luminosa “Heaven’s Gate”, donde lo acompaña la cantante británica Lily Allen, y donde demuestra por qué junto a WizKid o Davido, Burna Boy es considerado uno de los principales embajadores musicales de Nigeria.

Mo’Kalamity meets Sly & Robbie – One Love Vibration (26 de enero,Sofia Thea Records)

Música africana AfricaLa cantante francesa de origen caboverdiano Mo’Kalamity regresa con un nuevo álbum realizado en Jamaica y fruto del encuentro musical con los legendarios músicos y productores jamaiquinos Sly y Robbie. Tras el éxito de su primer álbum “Warriors Of Light” (2007), y su consolidación con “Deeper Revolution” (2011) y “Freedom Of The Soul” (2013) junto a su banda, The Wizards, con este cuarto álbum titulado “One Love Vibration”, Mo’Kalamity se traslada a los Anchor Studio de Kingston, para presentarnos su cuarto álbum titulado “One Love Vibration”. Un trabajo de 9 cortes que se lanzó el 26 de enero y que son una oda a los “Reinos de África” (tema con el que abre el disco), a sus raíces y al amor.

Zaki Ibrahim – The Secret Life of Planets (31 de enero, Zaki Ibrahim)

Música africana Africa

La cantautora sudafricana afincada en Canadá, Zaki Ibrahim, acaba de lanzar su tercer álbum, ‘The Secret Life Of Planets’. Su último LP, ‘Every Opposite’, vio la luz en 2012, pero en 2016 su EP ‘Orbit’ ya anunciaba un giro en el estilo, profundizando en los ritmos más innovadores de la Sudáfrica de hoy. Ahora, el cosmos (de la experiencia humana) es el eje central de su música. No es casual que el lanzamiento de este nuevo trabajo coincidiera con la superluna, la vista más grande de la Luna que hemos tenido en 70 años. Con una Zaki profundamente conectada con la naturaleza humana tras perder a su padre y ser madre durante la composición del disco. El alma vintage y la atmósfera R&B supuran y sobresalen a los sintetizadores, que toman las riendas de un álbum impregnado de rap y house de la escena más underground de Toronto tanto como de las cadencias de kwaito de Ciudad del Cabo.

Sia Tolno – This Train (26 de enero, Dom disques)

Música africana Africa

La que se postuló en su día como una auténtica Diva del Afrobeat, la guineana Sia Tolno, nos sorprende con su 5º álbum. El cruce de estilos, lenguas y épocas quiere hacer de este trabajo el más internacional de los editados por la artista hasta la fecha, alternando rock, funk y electro y sumergiéndonos en la escena más bailable de Conakry. Con la mano del productor Nicolas Gueret, que ha trabajado previamente con gigantes de la música africana como Salif Keita, Touré Kunda, Khaled, Cesaria Evora o Papa Wemba, Sia Tolno evoca su carácter híbrido y su potencia vocal en 11 cortes que pretenden no dejarnos indiferentes.

Patrick Ruffino – Agoo (19 de enero, Music Development Company)Música africana Africa

El bajista y cantante beninés Patrick Ruffino, icono de la escena afro-parisina y productor de les Amazones d’Afrique, vuelve a traer al frente la escena retro del Cotonú de los 70′ en su 2º álbum ‘Agoo’. Lo que nos conmovió de la Orchestre Poly Rythmo se entrecruza ahora con los sonidos del Sahel, la música de Ghana –de donde era su abuela–, de Burkina Faso –de donde provenía su madre– o las tradiciones mandinga, para ofrecernos 10 perlas únicas que destilan su amor por el jazz, el funk, el soul o la música afrocubana.

Hama Sankare – Ballébé: Calling All Africans (26 de enero, Cleremont Music)

Música africana Africa

El maestro maliense Hama Sankare, percusionista y acompañante vocal del difunto Ali Farka Touré, presenta su primer y brillante álbum, ‘Ballébé: Calling all Africans’ o ‘Llamando a todos los africanos’. Tras más de cuarenta años de carrera musical con su Calabaza, esta joya de 11 pistas nos muestra como las guitarras del blues tuareg se mezclan con el techno sin alejarnos una pizca de la atmósfera más tradicional. Voces profundas y rock pulsante con sintetizadores hipnóticos que reúnen a una impresionante variedad de músicos. El primer disco en solitario de Sankare no decepciona.

Beautiful Nubia and the Roots Renaissance Band – Amunudun (3 de enero, EniObanke)

Música africana AfricaEl nigeriano Segun Akinlolu, más conocido como Beautiful Nubia o “Bella Nubia”, y su banda the Roots Renaissance, nos presentan su álbum Amundun, un LP de 15 cortes envueltos en una atmósfera retro y folk con alma pop, highlife y reggae. Sus letras, cantadas a modo de filosofía popular en yoruba e inglés, muestran otros matices de la música urbana africana contemporánea made in Lagos. 

EPs:

Cesária Évora – Carnaval de Mindelo (26 de enero, Lusafrica)

Música africana AfricaCon el Carnaval a la vuelta de la esquina, Lusafrica presenta un EP de 4 pistas regrabadas con la voz original de la mítica caboverdiana Cesária Évora. Con este trabajo, se quiere hacer honor al estilo musical del carnaval de Mindelo, celebrado en la isla de São Vicente de Cabo Verde, donde vivió Cesária hasta que falleció, el 17 de diciembre de 2011. Con nuevos arreglos festivos de Hernani Almeida, uno de los mejores guitarristas y músicos de la escena caboverdiana contemporánea, la discográfica francesa sigue recordando a la mujer que le dio la oportunidad de convertirse en uno de los mayores sellos discográficos en difundir músicas de África, especialmente, de Cabo Verde.

SINGLES / Sencillos:

Jacob Salem & Somkieta – Nanluli (12 de enero)Música africana Africa

El guitarrista y cantante burkinés Jacob Salem, más conocido como “el rey del Rock Mossi” nos regala un nuevo single junto al anglo-suizo Somkieta, que vuelve a barnizar de rock blues las tradiciones warba. ‘Nanluli’ –que significa “me voy a suicidar”– toma su nombre de una pieza que una mujer de 120 años le cantó a Jacob cuando era pequeño y vivía en la corte real de Mogho Naaba Kougri, donde ejercía de sirviente. Cantando en Mooré, la canción habla de la desesperación de un hombre que no puede pagar sus impuestos en la época colonial de De Gaulle. Poético y socialmente comprometido, este rock blues Mossi denúncia la injusticia que África sigue viviendo hoy, bajo el manto del neocolonialismo.

Aar Maanta – Halaalee (12 de enero)

Música africana Africa

El veterano músico británico-somalí Aar Maanta sigue avivando la llama de la música somalí y lanza un nuevo single con su “Halaalee Dhanto”, una modernización del Dhaanto tradicional, la música folklórica más popular de Somalia. Para la grabación del videoclip de este tema, Aar Maanta ha hecho un llamamiento internacional pidiendo que, ya sea individualmente o en grupo, la gente se grabe cantando ‘Halaalee’ con sus teléfonos móviles y subiendo los vídeos en las redes con el hashtag #HALAALEE. ¡Así que os animamos a participar!

Los sudafricanos Ladysmith Black Mambazo se llevan su 5º Grammy

La 60ª edición de los Premios Grammy 2018 han otorgado el laurel a Mejor Álbum de Músicas del Mundo a los sudafricanos Ladysmith Black Mambazo, por ‘Shaka Zulu Revisited: 30th Anniversary Celebration’, cuya versión original ya les valió su primer Grammy en 1988. Ésta es la 5ª vez que el grupo coral formado por Joseph Shabalala sube al podio de uno de los mayores eventos de la industria musical mundial.

Desafortunadamente, el álbum ‘Elwan’ de los tuareg de Mali Tinariwen, se quedó a las puertas de obtener el galardón, así como el álbum ‘Para Mí’ de Concha Buika. Los fantásticos recopilatorios ‘Bobo Yeye: Belle Epoque In Upper Volta‘ dedicado a la música retro de Burkina Faso y ‘Sweet As Broken Dates: Lost Somali Tapes From The Horn Of Africa‘, sobre la música de mediados del siglo XX en Somalia, también quedaron a las puertas del Mejor Álbum Histórico, y el primero, además, no consiguió el Premio a Mejor Presentación en Caja o Edición Especial Limitada al que optaba.

Otros artistas africanos que se quedaron a las puertas de poder celebrar un premio fueron Timaya de Nigeria y Stonebwoy de Ghana, que han participado en el álbum ‘Avrakadebra’ de la banda jamaicana Morgan Heritage con un “remix global” del clásico de Jimmy Cliff 1983 ‘Reggae Night’, y que estaba nominado en la categoría de Mejor álbum de reggae.

También optaba a Mejor Álbum Vocal Pop el británico Ed Sheeran, en cuyo álbum ‘Divide’ (÷) incluye la canción ‘Bibia Be Ye Ye’, en la cual Sheeran canta en Twi junto al británico-ghanés Fuse ODG.

El rapero Kendrick Lamar, quién ya había ganado tres premios anteriormente, se llevó el galardón a mejor álbum y a mejor desempeño de rap cantado, mejor canción de rap, mejor actuación de rap y mejor video, por su éxito de 2017 ‘Humble’. Cosa que arrebató el podio al video tributo a Miriam Makeba de la francesa Jain.

Al final del espectáculo, la cantante de country Emmylou Harris homenajeó a varios artistas que nos han dejado este año, entre los que se encontraban el recientemente fallecido Hugh Masekela. África también le rendirá tributo al genial padre del jazz sudafricano en el quinto All Africa Music Awards (AFRIMA), que tiene prevista su celebración en noviembre de 2018.

Hervé Samb alumbra un nuevo estilo: el «Jazz Sabar»

‘Sabar’ es una palabra wolof que refiere a una constelación de eventos culturales, ritmos percutidos y bailes representativos de la sociedad wolof y serer de Senegal. Principal lenguaje expresivo de los Dakarois (nombre con el que se conoce a los residentes de Dakar), ha pervivido a lo largo de los siglos como una característica sociocultural intrínseca en Senegal. Hoy, con 38 años y un largo recorrido musical por escenarios de todo el mundo, el virtuoso guitarrista senegalés Hervé Samb lo pone en el epicentro de su cuarto álbum de estudio, Teranga, que verá la luz el 9 de febrero de 2018, invitando al mundo a descubrir la cultura, la tradición y la danza “Sabar” revisada desde el Jazz.

Adaptando con originalidad y delicadeza temas como el Giant Steps, clásico de John Coltrane, y respaldado por Daara J, Faada Freddy o N’Dongo D, su reinterpretación del Sabar refleja un talento brillante y un deseo de modernización del repertorio de la música senegalesa a través del lenguaje jazzístico sin precedentes. Un trabajo que el compositor dedica a los ya desaparecidos Doudou Ndiaye Rose y Coumba Dieng Ndiouga.

¿Quién es Hervé Samb?

H.S.: Un niño que comenzó a tocar la guitarra a la edad de 9 años, en Dakar (Senegal) y se convirtió en un apasionado de la música. Comencé tocando blues y grabé mi primer álbum a la edad de 12 años, con mi primera banda en ese momento. Descubrí la música Jazz con 14 años, junto a mi mentor Pierre Van Dormael (que por entonces ejercía de profesor en el Conservatorio de Dakar) quien me dio todas las llaves que necesitaba para desarrollar mi talento. A la edad de 19 años, me mudé a París, mi mejor patio de recreo, donde tuve la oportunidad de tocar muchos estilos de música con muchas bandas. Es el comienzo de una carrera internacional entre París y Nueva York, acompañando al saxofonista David Murray, a los malienses Amadou y Mariam o Oumou Sangaré, a la cantante Meshell Ndegeocello, a la estrella jamaicana Jimmy Cliff o al jazzman Marcus Miller.  A través de este viaje, grabé tres álbumes que muestran mi evolución y colaboraciones: Cross Over (2008), Kharit (2011) y Time to Feel (2013). Ahora, he decidido utilizar mi experiencia como senegalés junto a todo lo aprendido en los últimos 20 años y desarrollar un nuevo concepto llamado «Jazz Sabar» con mi último disco: Teranga (Cristal Records, 2018).

¿Cuáles son tus principales inspiraciones musicales?

H. S.: Son muy diversas. Pero diría que mi fundación se basa en BB King, Jimmy Hendrix, Charli Parker o John Coltrane, y que mi inspiración senegalesa, mandingue y wassolou son Soriba Kouyate, Cheikh Tidiane Seck, Youssou Ndour y todos los instrumentos tradicionales.

¿Y qué significa para tí el concepto de ‘Jazz Sabar’ que impregna tu cuarto álbum?

H.S.: Es muy simple, es un jazz que tiene un lenguaje totalmente diferente, donde podemos usar los diversos ritmos provenientes del Sabar (percusión senegalesa típica) con la complejidad del Jazz. Donde también improvisamos armónica y rítmicamente usando el lenguaje Sabar. Donde acercamos la danza Sabar, que es indisociable de las percusiones, al Jazz.

Tu álbum se titula Teranga, que significa hospitalidad, fraternidad y compartir en wolof. ¿Como la cultura Sabar integra el Jazz en tu obra? 

H.S.: La Teranga es un valor muy importante para nosotros, las personas senegalesas. Este proyecto es una oportunidad para mostrar este valor a través de la música. La música senegalesa a través de sus estilos tradicionales, la danza y el sabar acogen y abrazan al jazz.

¿Cómo y cuándo comenzaste a interesarte por el Jazz? ¿De qué manera el Jazz, un estilo poco desarrollado en Senegal, penetra en tu vida?

H.S.: Mi padre solía escuchar música Soul y Blues y tenía un club de música en vivo donde tuve la oportunidad de compartir música en directo e intercambiar conocimientos con músicos profesionales, muy jóvenes. Así que, naturalmente, comencé por el Blues, que me llevó al Jazz un poco más tarde porque tenía mucha curiosidad. Por eso que a la edad de 14 años llegué al Jazz. Quería desarrollarme musicalmente, y el Jazz es una escuela esencial para cualquier músico en el mundo que quiera desarrollar su talento.

Hemos escuchado a grandes músicos influenciados por Jazz en África. Desde Mulatu Astatke y su Ethiojazz, hasta Abdoullah Ibrahim y su Cape Jazz… ¿Crees que el ‘Sabar Jazz’ puede ser tomado por los amantes del Jazz internacional como un nuevo subgénero y que esto puede atraer oídos occidentales hacia África, en este caso, hacia Senegal?

H.S.: ¡Eso espero! Es un nuevo género que está muy cerca de los músicos senegaleses y también de todos los amantes de la música senegalesa. Cada vez habrá más música que promocionará el Sabar y ayudará al mismo tiempo a la promoción del Jazz Sabar. Los músicos senegaleses de Jazz harán más y más discos. Y creo que a través de mi experiencia, todo está ahí para los oídos occidentales, el ritmo, sus hermosas armonías, su alegría, el romance, etc.

Tu agenda de conciertos te lleva por Suiza, Austria, Alemania o Francia de forma frecuente. ¿Dónde encuentras más público, en Europa o en África? ¿Y qué diferencias encuentras en la reacción de cada audiencia a tu estilo?

H.S.: En realidad, para mí da lo mismo, aunque haya diferentes reacciones. Cuando toco en Senegal, por ejemplo, realmente no necesito explicar nada porque conocen el lenguaje, incluso si nunca antes habían escuchado mi música. En Europa, me sorprende mucho ver que las personas entienden el mensaje y disfrutan descubriendo nueva música e instrumentos que nunca antes habían visto. Y eso me da la oportunidad de invitarlos a venir y descubrir nuestra «Teranga» a Senegal.

TOP 10 Música Africana 2017

Por Chema Caballero (África no es un país) y Gemma Solés i Coll (Wiriko)

La cuenta atrás ha empezado para este 2017, que nos ha regalado infinidad de nuevas producciones musicales, efervescentes sonidos urbanos y deliciosas melodías para nuestro selectivos oídos, ávidos de buena música. Multitud de producciones de géneros diversos nos han ido llegando desde el Sur del Sahara. A veces, han trascendido sus fronteras, otras solo han conseguido llegar a audiencias locales. Pero durante todo el año, la(s) música(s) africana(s) nos han dejado prácticamente extasiados por su calidad, su originalidad y su diversidad. ¡Y queremos festejarlo!

Antes de empezar a celebrar que, un año más, seguimos en pie y sin poder dejar de mover ni las pestañas con el frenesí musical que nos llega del continente vecino, África no es un país y Wiriko hemos querido aunar esfuerzos para presentaros un subjetivo y retrospectivo TOP 10 con lo mejor de este 2017, para que hagáis sonar durante las comilonas navideñas, en la fiesta de fin de año o para que os acompañe durante los próximos días. Podéis escuchar esta pieza en formato radiofónico aquí o poneros la lista de reproducción de YouTube que os hemos preparado para después de cantar el “Fum, fum, fum” en familia.

El mejor regalo de todos para estas fiestas:

¡Compartir cultura!

  1. Elida Almeida – Kebrada (Lusafrica) – CABO VERDE

Dos años después de que debutara con su ‘Ora doci Ora margos’ (Dulces tiempos amargos), la que con solo 24 años de edad se ha postulado como la nueva voz de Cabo Verde, presentaba el pasado 20 de octubre: ‘Kebrada’. ‘Kebrada’, apodado así por el nombre de la región en la que se crió de pequeña, es una afirmación de la identidad africana más híbrida, y de las resonancias de ida y vuelta que tanto han marcado los sonidos del Atlántico negro. En él, Elida Almeida se consolida con una propuesta bien nutrida a base de ritmos caboverdianos como batuque, funaná, coladera y tabanka delicadamente aderezados con música latina. Una receta pegadiza tanto en sus himnos más bailables y festivos como en sus cortes más melancólicos, que no está exenta de crítica social. En la balada ‘Forti Dor’, uno de nuestros temas preferidos, Almeida cuenta la historia del joven que muere enmedio de una multitud. En ‘Grogu Kaba’, la voz de Elida se lamenta de las palizas que un bebedor de ron le da a su esposa tres veces al día… ¡Almeida llegó para quedarse!

  1. Kokoko! – Tokoliana (Ici Leble)  – REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

Tokoliana significa nos estamos comiendo los unos a los otros, en lingala. Es también el título del álbum presentación del colectivo Kokoko un grupo de la República Democrática del Congo asentado en Kinshasa, que fabrica sus propios instrumentos. Un trabajo cargado de pistas hipnóticas y mensajes políticos que nacen de la realidad que se vive en la RDC. Llaman a su sonido tecno kitueni o zagué, en lingala, a pesar de ello, se les cuela un toque punk. Detrás de ellos está el productor francés Débruit que les ayuda a dar el salto a la escena internacional.

El primer sencillo que nos llegó de este trabajo se titula como el LP y llegó acompañado de un vídeo dirigido por el cineasta alemán Makus Hofko que se fija en los pigmeos “por ser los perdedores de la sociedad congoleña, saqueados por las empresas madereras y despreciados por muchos en el país”, según comentó a la revista digital Nowness. Las imágenes fueron filmadas durante un ritual pigmeo llamado wale, que ocurre cuando una mujer da a luz a su primer hijo.

  1. Amazones d’Afrique – Republique Amazone (Real World Records) – ÁFRICA OCCIDENTAL

Este 2017, diez de las principales divas africanas de la canción de ayer y de hoy (entre ellas Angélique Kidjo, Mariam Doumbia de Amadou & Mariam o Nneka), se han unido para darle voz a las mujeres del África Occidental y cantar contra las desigualdades de género y contra el machismo imperante. Su álbum debut, ‘República Amazona’, es una de las bombas sonoras más sorprendentes y potentes que nos ha llegado a las manos en los últimos meses. Producido por Liam Farrell, salió a la luz el pasado 10 de marzo, dejando claro que la huella electrónica y las distorsiones Afrofuturistas que llevaron a la fama a Mbongwana Star el año pasado, eran una fórmula infalible. Ritmos frenéticos que no pierden la elegancia en ninguno de los cortes y donde destaca ‘I Play The Kora’, reivindicando que la mujer toma el timón (la Kora es un instrumento tradicionalmente tocado por hombres). El tema que más ha sonado en las pistas de baile, es inconfundiblemente ‘Dombolo’, con la beninesa Kidjo a su frente, cargando con la fuerza y el legado de las guerreras cotidianas del África: las mujeres. Una banda sonora perfecta para el año del #MeToo.

  1. Janka Nabay – Build Music (Luaka Bop) – SIERRA LEONA

Janka Nabay comenzó haciendo lo que luego se ha conocido como bubu electrónico, allá en los años 90 en Sierra Leona donde grabó algunas cintas que se vendieron muy bien. Bubu. Es una música tradicional tocada soplando cañas de bambú de distintos tamaños y acompañada de tambores, quizás una de las más antiguas de su país. La guerra hizo que Nabay abandonase su país rumbo a Estados Unidos donde se ganó la vida trabajando en hoteles y en restaurantes de comida rápida. Poco a poco ha comenzado a reconstruir su carrera musical junto a la Bubu Gang.

En marzo de este año publicaba un nuevo trabajo que lleva por nombre Build Music. A él pertenece el tema Sabonah (que se puede traducir por Esto es nuestro o esto nos pertenece, más o menos). Se trata de una canción que ya fue grabada en los años 90, en una de aquellas cintas que hizo en su país, y que ahora recupera y actualiza. Es muy interesante el vídeo que acompaña al tema dirigido por Wills Glasspiegel en colaboración con Benjamin Dominic y John Llori en Freetown.

La música bubu nos ha gustado mucho y por eso mismo su renovación nos atrae baste, quizás esta sea la única razón por la que este tema está aquí.

  1. Mokoomba – Luyando (Out Here Records) – ZIMBABWE 

Cinco años después de irrumpir en el mercado musical con el álbum ‘Rising Tide’, la banda juvenil más exitosa de Zimbabwe, Mokoomba (que significa ‘amor de madre’ en Tonga), ha vuelto a golpear este 2017 con un nuevo enfoque de su Zimrock y la rumba congoleña con matices mucho más acústicos, líricos, suaves, pero repletos de energía, con su nuevo LP ‘Luyando’. En él, han querido sintetizar la tradición sonora de su hogar, las Cataratas Victoria, cantando en cuatro idiomas zimbabuenses (Tonga, Shona, Luvala, Ndebele), además de en inglés, en un set que incluye consejos sobre cómo lidiar con leones y donde el agua de las Cataratas fluye cual sangre por las venas de sus miembros. Las armonías vocales y el tono relajado del disco, presentan un sonido orgánico y sin adulteraciones que desnuda la receta central de Mokoomba y nos hace descender a la cultura más arraigada de uno de los lugares más maravillosos del Planeta. Un disco reconstituyente para el año en que Mugabe deja el “trono” del país tras 37 años en el poder.   

  1. Elemotho – Beautiful World (Arc Music) – NAMIBIA 

Este álbum es una pequeña joya que profundiza en el alma del ser humano y la naturaliza. El compositor y cantante namibio comparte los recuerdos de su infancia, de esos cuentos que se narran alrededor del fuego en el desierto del Kalahari, recorre el destino del ser humano, saca esperanza de lo más perdido y belleza en la oscuridad. Canta en inglés y en varias lenguas de su país acompañado de varios instrumentos entre los que se encuentran la guitarra, el violín, el acordeón, la mbira, la conga…

El LP aborda la condición de hombre africano. Pero no se centra en lo negativo, como tantos otros hacen, en la opresión, sino que invita a los oyentes a tomar el control de su destino. Por ejemplo, en el tema del mismo título que el álbum canta el estribillo: “Tienes ojos, tienes una mente, tienes manos, lo tienes todo”. Sediegi (No te desvíes) es una versión de un tema funerario que repite: “una vida sin sueño es como un arroyo sin agua”. Kuruman habla de la migración… Todo esto se resume en el tema que sirvió de presentación a este trabajo, Balck man y que está marcado por una especie de mantra que el djembe rubrica y donde el espíritu de Fela Kuti o el Steve Biko están muy presente. El vídeo que lo acompaña tiene mucha fuerza y está cargado de imágenes muy provocativas de pobreza, violencia, dignidad, desigualdad económica y esquizofrenia espiritual para mostrar el imaginario del hombre negro en Namibia tras su independencia. Dice Elemotho que con esta canción quiere hablar de temas como verdad, libertad y dignidad, lo que en realidad caracteriza al ser humano.

  1. Ibibio Sound Machine – Uyai (Merge Records) – NIGERIA / REINO UNIDO

La nigeriana Eno Williams, alma mater detrás del explosivo proyecto Ibibio Sound Machine, vuelve a demostrarnos que lo suyo es crear tendencias en las pistas de baile con un cóctel que contiene afrobeat, jazz sudafricano, techno, indie, rock, makossa camerunés, funk y música disco con muchos sintetizadores. Su segundo álbum de estudio, ‘Uyai’, que significa ‘Belleza’, llega tres años después de su debut discográfico, y en él, la lengua Ibibio se convierte una vez más en un vehículo de denuncia social con letras que hablan de temas como el secuestro de Boko Haram a las niñas de Chibok y que tienen el empoderamiento de la mujer como eje central. Los doce cortes del álbum son un torbellino de beats que se viven de una forma mucho más orgánica en directo, pero que dejan espacios para el sosiego en pistas vaporosas que dan tregua a la taquicardia sonora. Un trabajo desde la diáspora londinense que muestra la necesaria aportación africana a las pistas de baile de todo el mundo. Todo un regalo en pleno Decenio Internacional para los Afrodescendientes.

  1. Mr. Eazi – Life is Eazi, Vol 1: Accra to Lagos (Starboy Entertainment) – NIGERIA / GHANA

No cabe duda de que Mr. Eazi se ha convertido en uno de los artistas más escuchados durante este año. Nacido en Port Harcourt, Nigeria, y residente en Accra, Ghana, se lanzó al mundo de la música como organizador de fiestas durante sus años en la Universidad de Kumasi. En 2013, presentó una mixtape con 13 temas, About to Blow. Uno de ellos, el sencillo Skin Tight, que se convirtió rápidamente en uno de los más escuchados. En aquel entonces, Mr. Eazi se definía como pionero de la música banku, una fusión de highlife y otros sonidos ghaneses con acordes nigerianos.

El 10 de febrero de este año presentó el álbum Life is Eazi, Vol 1: Accra to Lagos bajo los auspicios de su nuevo productor, Wizkid y su casa discográfica Starboy Entertainment. Se trata de un homenaje a las dos ciudades en las que se ha criado y desarrollado su talento artístico. El primer sencillo salido de él, Leg Over, ha sido todo un éxito, escuchándose por todas partes en el continente y fuera de él. Una canción en la que el artista se queja de que su chica está jugando con él pero tampoco parece importarle tanto mientras reciba su parte de amor (o sexo). Los otros sencillos salidos, hasta el momento, de este trabajo –Tilapia, In the morning, Fight y Business– no han tenido la difusión que este primer tema.

  1. Jupiter & Okwess – Kin Sonic (Glitterbeat Records) – REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

Cuatro años después de despuntar con su debut internacional, el veterano de Kinshasa, Jupiter Bokondji, ha lanzado su segundo y potente trabajo de estudio: una bomba de ritmos congoleños repletos de influencias del funk y el soul norteamericanos de los 70 y 80, con potentes guitarras distorsionadas y rugidos de voz que lo devuelven al podio de los más buscados para escenarios y festivales que ponen África en su epicentro. Damon Albarn y Gorillaz, tanto como Robert Del Naja y Massive Attack, siguen impregnando esta propuesta musical, que despuntó a escala global (y comercial) en 2013. Pero más allá de las influencias europeas, la música congoleña impera en este álbum tal como lo hacía en el documental Jupiter’s Dance que hace diez años lo descubrió a los melómanos más inquietos de Occidente. Energía en bruto denunciando la miseria política en República Democrática del Congo y mucho ‘Bofenia rock’ al servicio del baile, lo hacen uno de los discos indispensables de este 2017.

  1. Soul Bang’s – Cosmopolite (Rnb Boss Musik) – GUINEA 

Fue en noviembre de 2016 cuando el guineano Soul Bang’s ganó el premio RFI al artista africano revelación del año (este año ha recaído en el maliense M’Boulillé Koité). Así que 2017 ha sido el año de este artista que comenzó a rapear con 11 años y que hoy mezcla ritmos tradicionales con R&B a los que imprime un toque urbano. Como parte del premio, el artista ha ofrecido conciertos en la mayoría de las capitales africanas y, también, fuera del continente.

En marzo publicaba su tercer álbum, Cosmopolite. Fue presentado el 12 de febrero en el concierto que ofreció en su ciudad, Conakry, en la explanada del Palacio del pueblo. De él destaca el sencillo Faré Bombo M’bai. Un tema muy bailable que tiene de fondo una danza guineana conocida como Faré ghkni. Según muestra el vídeo no parece fácil de ejecutar, pero todo es ponerse a ello.

Songhoy Blues: “la música debe ser un factor de unión, de reconciliación, de paz y de amor”

Songhoy Blues es una de esas bandas con una historia digna de ser contada. Originarios del norte de Mali, Garba Touré, Aliou Touré y Oumar Touré, que no tienen ningún tipo de parentesco a pesar de su apellido, se conocieron en Bamako como exiliados después de que, tras la rebelión tuareg de 2012, Ansar Dine, grupo extremista vinculado a AQMI, tomara el control de la región y prohibiera la música a sus habitantes. Con la idea de mantener viva la tradición musical Songhai del norte del país tanto para ellos como para los demás exiliados, se juntaron y empezaron a hacer conciertos en las salas de Bamako. Con el tiempo se les unió el baterista Nathanael Dembéle y juntos, publicaron su primer álbum en 2015 llamado Music in Exile, a la vez que protagonizaban el documental They will have to kill us first. Este año ha visto la luz su segundo álbum Résistance y hemos podido conversar con Aliou Touré, cantante de Songhoy Blues, días antes de sus conciertos en Madrid y Barcelona en el marco de la gira mundial del grupo.

N.L: Conociendo la historia de Shongoy Blues y después de veros en el documental They will have to kill us first, ¿que se siente como músico cuando la música se prohíbe?

Como músicos ha sido un golpe muy duro, sobretodo teniendo en cuenta la importancia de la música en la cultura de Mali. Venimos de un país en el que la música está incrustada en el tejido social y cultural, e impregna la vida diaria de las personas. La prohibición de la música nos metió de lleno en una realidad muy difícil de soportar. La música es nuestro trabajo, pero también nuestra vida, nos quitaron una parte muy importante de nosotros, una parte de nuestra alma.

N.L: ¿Habéis vuelto al norte de Mali desde entonces?

Sí, por supuesto. Hemos podido volver y cuando no estamos de gira vamos a visitar a la familia.

N.L: Résistence es el título de vuestro nuevo álbum. ¿Os referís a vosotros o al conjunto de vuestro país?

Buena pregunta. Nosotros, personalmente, como grupo y como personas que hemos vivido una situación difícil, hemos resistido y seguimos resistiendo, pero no olvidamos que somos portavoces, mensajeros de nuestro pueblo, un pueblo que también resiste, todo el mundo en Mali ha resistido y resiste a las dificultades del país. De algún modo, este nuevo álbum es una continuidad respecto a nuestro álbum anterior (Music in Exile, 2015), entre lo que pasó en Mali en 2012 y lo que sigue pasando hoy en día en el mundo. Es algo que no concierne únicamente a Mali, ni a África, concierne al mundo entero, debe ser una resistencia global.

N.L: ¿De qué hablan las canciones de vuestro nuevo álbum?

Lo que queremos transmitir principalmente es la resistencia ante las situaciones difíciles, también de la vida cotidiana. Todo el mundo sabe que en Mali la vida es difícil, pero intentamos salir adelante a pesar de ello. Hay que tener en cuenta el lado bueno de las cosas para vencer el miedo. En Bamako, por ejemplo, a pesar de las dificultades, si sales por la noche hay mucho ambiente, mucha música, la gente tiene ganas de celebrar la vida e invitar a todo el mundo a estar unido, independientemente de las diferencias de etnia, color, cultura o de la lengua que se hable, y también queremos transmitir ese ambiente festivo en nuestras canciones, como por ejemplo con el tema Bamako.

N.L: ¿Cómo ves el futuro de Mali?

Hay que plantearse las cosas, ver qué es lo que no ha funcionado y lo que sí ha funcionado. Ser conscientes de lo bueno y de lo malo, hablarlo. Prefiero ser positivo en cuanto a nuestro futuro y el de nuestros jóvenes, tenemos que serlo. Y quiero ver un país que sale adelante a pesar de todo.

N.L: ¿Cuáles son los proyectos de futuro de Songhoy Blues?

Tenemos varios proyectos en Mali, pero de momento nos concentramos en nuestro rol de embajadores de nuestra música y nuestra cultura. Nos tomamos muy en serio este papel y el mensaje que queremos hacer pasar con nuestro trabajo.

N.L: ¿Cuál es exactamente ese mensaje que os gustaría que llegara al público?

El mensaje más importante es que la música debe ser un factor de unión, de reconciliación, de paz y de amor sin importar la cultura, el idioma o la religión de cada uno. Queremos que la gente sonría al escuchar nuestra música, que disfrute. En nuestros conciertos es la sonrisa del público lo que buscamos y lo que queremos ver.

Derek Gripper: “Escuchar ‘Kaira’ fue como encontrar el santo grial”

Hace casi 30 años el virtuoso de la kora, Toumani Diabaté, lanzó su primer álbum en Occidente. Un trabajo en solitario titulado “Kaira”. Cuando el guitarrista sudafricano Derek Gripper escuchó el disco, su búsqueda finalizó. No sabía que rastreaba pero lo había encontrado.

“Estoy entre dos culturas en cierto modo. Aprendí a tocar música clásica pero vivo en un lugar que cuenta con un elemento trascendental. La música que exploraba con anterioridad eran los sonidos del Cabo pero echaba de menos otras músicas. Y de repente escuché a Toumani y me dejó sin palabras”, explica Gripper en una charla con Wiriko en Londres.

Y comenzó un largo camino. Gripper es una esponja musical. Absorbe y su currículo lo ha trasladado a aromas, paisajes y sonoridades ricas y diversas. Buscó los sonidos de la India en su álbum “Rising” junto al trompetista Alex van Heerde y se sumergió en la música tradicional pakistaní y afgana en su colaboración con Udai Mazumdar. Se atrevió con Bach y en 2014 tomó los temas de Egberto Gismonti para indagar en la música brasileña. “Kaira” abrió las puertas de un proyecto sin embargo mastodóntico. La misión de Derek Gripper fue la de crear un repertorio para guitarra basado en las composiciones de los grandes músicos africanos como Toumani Diabaté, Ballaké Sissoko y Ali Farka Touré. La traducción musical de la kora, el instrumento de 21 cuerdas del África occidental, a las 6 cuerdas de su guitarra acústica parecían imposible. Pero Gripper se empeñó y el resultado de su disertación sonora fue el disco One Night on Earth: Music from the Strings of Mali publicado en 2012.

Al principio Gripper reconoce que aprendió a reproducir los sonidos de la kora pero no entendía la complejidad de las composiciones. Comenzó a escribir los acordes y partituras en interminables horas de práctica pero la dificultad era hacer que la guitarra replicase a la kora.

“En “Kaira”, Toumani Diabaté grabó Jarabi y 20 años más tarde en las “Mandé Variations” toca Cantelowes. Descubrí que eran la misma pieza. Comprender que las composiciones no eran improvisadas fue como encontrar la Piedra Roseta”, explica Gripper quien al transcribir ambos temas vio cómo Diabaté sólo había cambiado el orden. “Me llevó 10 años para acceder a Toumani y pensar su música de una forma correcta. La manera de la que hablamos de su música es con un el mismo léxico que aplicamos al jazz o al rock pero hay que pensarlo como un compositor”.

El trabajo de Gripper ha desmontado la burbuja purista de la música clásica. Interpreta, que no versiona, temas populares. “No pensamos que Glenn Gould toca una versión cuando toca a Bach. Pensamos que lo está interpretando”, apunta. Gripper explica que en la actualidad hay intercambios musicales que no pueden ser ignorados como el de Ballaké Sissoko y Vincent Segal. “Ellos rompieron la barrera entre la música clásica y la popular o llamada música del mundo. Es muy difícil que en recitales de música clásica haya participación de músicos populares”.

Pero Gripper está en una misión de celebrar a los grandes de la música africana y los ha llevado a nuevas audiencias. “Desde el punto de vista musical, Toumani Diabaté es un compositor como se denominaría en la música clásica. Los malienses aprenden a través de grabaciones y así lo hizo Toumani de su padre. Bach habría grabado sus composiciones si hubiera podido. Pensamos que una partitura es como algo que otorga superioridad pero es simplemente una manera más de anotar una composición. Ahora un estudiante graba sus clases en un teléfono móvil”, explica.

Toumani Diabaté escuchó las interpretaciones de Gripper. Le preguntó a su productora Lucy Durán si aquello era solo una guitarra tocada por un hombre. Ante la afirmación de Durán, el maliense invitó a Gripper a viajar a Malí por primera vez y tuvo la oportunidad de tocar en el Festival de Festival de Música Acústica de Bamako. El guitarrista sudafricano ha continuado con su estudio de la kora y con su álbum “Libraries on Fire” incluyó también composiciones de Sekou Batourou Kouyate y Amadu Bansang Jobarteh. “Mali on Oak” es su último trabajo hasta la fecha y es una colaboración con el músico Tunde Jegede.

Vieux Farka Touré: “con la música intentamos poner el nombre de Malí en el mundo”

Vieux Farka Touré en una fotografía promocional / Foto: Christophe Losberger

Hundido en un sofá de cuero burdeos, Vieux Farka Touré sonríe y responde a la batería de preguntas. La conversación tiene lugar en los camerinos del Jazz Café de Londres, lugar elegido para hacer sonar por primera vez su último disco, “Samba”. La gira de presentación llega ahora a España con dos conciertos, hoy en Madrid y mañana en Bilbao.

El apellido, es hijo del mítico Ali Farka Touré, no ha intimidado a Vieux que ha curtido una carrera enraizado en lo que mamó: el blues del desierto. Ha vuelto al árido norte de Malí como hiciera en 2011 con “The Secret”. Ahora, además de buscar las huellas del género musical, ha ido a buscar sus raíces. Con “Samba”, palabra songhai para denominar al segundo hijo, parece haber encontrado y estar seguro de quién es. Así, el músico nacido en Niafunké, ha lanzado un álbum introspectivo cuando se cumplen diez años de su homónimo primer trabajo. Lejos quedan esos temas que ideó cuando a su padre lo debilitaba el cáncer. “He hecho varios discos y es difícil describir cómo he llegado hasta aquí. Ha sido un camino muy largo en el que apenas he parado de trabajar”, dice.

Lo sembrado parece haberse recogido en este último trabajo cuyo concierto se asemeja a una tormenta de verano. Truena y refresca. Grabado en directo, “Samba” fue pensado como un disco recopilatorio de sus clásicos. Sin embargo, Vieux llegó a la sesión de grabación con diez nuevos temas. Tras los trabajos con Julia Easterlin y Idan Raichel, el guitarrista decidió mirarse a sí mismo. “Volver al blues es importante. He tocado bastante últimamente y he hecho colaboraciones pero en esta ocasión quise hacer algo para mí”, apunta el maliense.

Acompañado con Mamadou Koné (calabash y batería) y Valery Assouan (bajo), Vieux Farka Touré llega ahora a España con disco que suena lleno de pinceladas funk, reggae y rock. Una mezcla de sonoridades que el músico ha sabido combinar a lo largo de su trayectoria. “He visto mucho estando en la carretera y he aprendido enormemente de las personas, la vida, la cultura y la música. Mi primer álbum fue Vieux Farka Touré y este representa lo mismo pero con otro nombre. Soy Samba”, apunta. “Incluso yo le llamo así”, salta Nick Gold, productor de Ali Farka Touré y la persona detrás del sello World Music Circuit. Un padre adoptivo para Vieux que viene a saludar y que cariñosamente tiene el apodo de “jefe”.

Vieux Farka Touré emprendió su carrera musical a pesar de la reticencia inicial de su padre. Ali quería que siguiera la tradición familiar de alistarse al ejército. Vieux sin embargo comenzó a tocar la batería en el Instituto Nacional de las Artes de Malí aunque siempre estuvo interesado en la guitarra. Comenzó a practicar en 2001 y fue en 2007 cuando apareció en la escena musical de Malí.

Mi padre no quería que me dedicase a la música porque él tuvo muchos problemas hasta que comenzó a trabajar con Nick. Él me aconsejó y tuve claro lo qué hacer cuando firmé mi primer contrato”, explica Vieux.

El músico maliense ha madurado. Lo confiesa y se deduce de sus palabras. Se siente agradecido por ser el hijo de Ali Farka Touré aunque advierte que él tiene su propio estilo y hace su propia música. Y tiene algo especial. “Todos los samba tienen algo especial que dar a la vida. Van a ser conocidos por lo bueno o por lo malo”, dice.

Vieux Farka Touré sabe adónde lleva su carrera y cómo soportar las presiones de la industria. Siempre viaja con el recuerdo de su tierra porque como explica, “con la música intentamos poner el nombre de Malí en el mundo”. Una afirmación compartida por muchos de sus compatriotas ya que “ahora mismo todo el mundo lo relaciona con la guerra pero llevamos la cultura a todas partes”.

DJ Floro corona al gremio femenino del Afrobeat

El viernes 29 de septiembre sale a la venta el 4º volumen de Republicafrobeat, una recopilación de 12 joyas de afrobeat en clave femenina que nos llega de la mano de Kasba Music. DJ Floro, una de las piezas clave de la Asociación AfrobeatProject tanto como de la música negra en España, ha seleccionado y ahondado en este nuevo trabajo en el papel de la mujer en el estilo que popularizó Fela Kuti. Y nos presenta algunas de sus voces más representativas, sin dejar de incluir novedades singulares que honran el espíritu gourmet de este selector y su carácter de explorador infatigable.

Haciendo un recorrido geográfico por todo el planeta, esta 4ª entrega dedicada a las mujeres del afrobeat, otorga un papel esencial a las féminas africanas y a sus distintas diásporas, empezando a despuntar España de forma casi inédita a nivel mundial. Se ha querido dedicar el álbum a la mujer, siempre en la sombra, cosificadas, en este estilo, porque “las mujeres del afrobeat se han manifestado más respetuosas con el discurso original del estilo: la denuncia social y política, y lo han amplificado para reclamar sus derechos como personas, reivindicar su libertad e independencia y proteger a su familia y su tierra. Además, rechazan la mutilación genital femenina, los matrimonios infantiles forzados, la prostitución familiar e institucional, la esclavitud sexual y las violaciones masivas, la poligamia, las guerras y el constante expolio del continente“, explica la periodista musical y miembro de AC AfrobeatProject, Sagrario Luna.

El afrobeat, y la figura de Fela en concreto, ha sido una de las más internacionales de todo el continente africano. En cada memorial y festival que se le dedica, el mito crece. Aunque los más críticos con la leyenda nigeriana claman a los cuatro vientos que Fela Kuti era un misógino. Lamentablemente, es algo que persigue en la sombra a otros grandes nombres de la música como Bob Marley. Sin embargo, tanto el reggae como el afrobeat se han convertido en la banda sonora de las periferias. Emergiendo desde el Sur Global (Jamaica y Nigeria, respectivamente), han conseguido aportar discursos críticos y alternativos al neoliberalismo o el racismo, a través de nuevos sonidos capaces de romper con la hegemonía del rock o el pop más “blancos”, e instalarse en la sociedad occidental como discursos musicales arraigados. Ahora, con este recopilatorio, DJ Floro reivindica la necesidad de reconocer y pregonar la existencia del gremio femenino dentro del afrobeat y la construcción de discursos más inclusivos y feministas.

Sandra Izsadore

Una de las voces más significativas del álbum es la de la activista afroamericana Sandra Izsadore, quien conoció a Fela en Los Angeles en el 69 y del que fue amante durante años. En la canción Arewo, junto a Rahab McNeish & Dakore Egubson, que está incluida en su álbum Excerpts Of Fela Vol.1, Sandra muestra la plasticidad del afrobeat, a medio camino entre el jazz, la música más experimental, el hip hop o el r&b. Esta plasticidad se africaniza y nos imbuye a las raíces malienses nada más empezar la escucha con el tema que abre el disco: Fadjamou, uno de los cortes del nuevo e impresionante trabajo de la diva Oumou Sangaré (Mogoya, No Format 2017) – uno de los TOP 10 de Wiriko para este Veroño-.

Juventud a raudales con la nueva hornada de divas africanas y renovadoras del afrobeat, no le faltan a este trabajo. Encontramos a voces tan apetecibles como la de la sierraleonesa Sia Tolno, con su Waka Waka Woman (del disco African Woman, del que nos habló en exclusiva a Wiriko en 2014)- o la de la rompedora nigeriana con residencia en Londres, Ibibio Sound Machine (lee aquí nuestra entrevista) con uno de sus temas más pegadizos: Let’s Dance, de su álbum debut, de 2014. También nos encontramos figuras con una puesta en escena tan espectacular como la de la nigeriana-estadounidense Wunmi (a la que pudimos disfrutar en el Sauti Za Busara de Zanzibar, en 2014 – minuto 2:55-), con su futurista Keep It Rockin’.

Juno & Darrell

Y representando la comunidad afroespañola emergente, la voz de la prodigiosa ecuatoguineana Juno, de nuestros apreciados Juno & Darrell, contribuye con un delicioso tema inédito – Let’s Have a Party (We’re Going To Hell)– que se añade a los 14 cortes que han presentado su original y ecléctico álbum debut: Universo (Greenville Records, 2017). ¡Menudo melón ha abierto la pareja!

Además, DJ Floro recupera perlas imprescindibles como el Fatige del disco Welele! (Afrotropik, 2014) de la seychellense-australiana Grace Barbe; el Keep on Searching de la zambiana-danesa Karen Mukupa junto a Nappion, de su álbum Human (2012) o la energética e infecciosa pieza Bata Boy, el tema que abre el álbum Brothers & Sisters (2016) del colectivo Lakuta, formado por miembros de Kenia, Tanzania, Ghana, Malasia, España y Reino Unido.

¡Prepárense para el reinado femenino de la República Afrobeat! 

Los 10 mejores álbumes para este “veroño”

Con casi 4 millones de visualizaciones en YouTube, ‘Despacito’, el reguetón de Luis Fonsi es uno de los temas más escuchados del verano en las principales emisoras y pistas de baile. Por suerte, Wiriko no se rige por lo que suena en Los 40 Principales ni la Cadena 100, como tampoco lo hacen la mayoría de nuestro lectores y lectoras, ni nuestros fieles oyentes de cada viernes. Nuestro ranking de álbumes que nos han acompañado este verano, y que nos llegan ahora para disfrutar del otoño, lo hemos elaborado con una minuciosa selección de las mejores novedades discográficas que vienen de África y su(s) diáspora(s). Así que, aquí tenéis nuestro TOP 10 de lo más fresco que ha marcado el ritmo de nuestras últimas y sofocantes semanas, y que marcarán, por supuesto este “veroño” 2017 (o aquello a lo que nuestros abuelos llamaban el veranillo de San Miguel). ¡Para que la vuelta al cole te sea más leve!

¡Dale al play y sube el volúmen! 

 

10. AMADOU & MARIAM – LA CONFUSIÓN (Because Music, 2017)

Aunque oficialmente no sale a la venta hasta el 22 de septiembre, LA CONFUSIÓN, del dueto Amadou & Mariam ha sido uno de los discos más esperados de la temporada desde que viera la luz su poderoso EP Bafou Safou, el pasado 14 de abril. Con su nuevo álbum «La Confusión», la música disco y el funk modernizan el pop maliense, que se mezcla con bambara y francés para compartir mensajes de celebración y críticas a la situación política y social de Mali, que obliga al exilio aún a muchas personas. También, como es habitual, hay lugar en este álbum para reivindicar la situación de las mujeres en la sociedad. ¡Este dueto nunca defrauda!


9. MSAFIRI ZAWOSE – UHAMIAJI (Soundway Records, 2017)

Esta nueva pieza del tanzano Msafiri redefine los límites de la música gogo (una comunidad de no más de 1 millón y medio de personas en el región de Dodoma). Hijo del prolífico músico Hukwe Zawose, Msafiri se aventura en este larga duración en la experimentación sonora y construye un discurso afrofuturista que lleva la marca inconfundible de los compañeros de Santuri Safari, que llevan algunos años ya revolucionando la escena musical del África del Este. Uhamiaji, grabado entre Londres y Bagamoyo, combina las harmonías vocales gogo e instrumentos tradicionales como la ilimba o el zeze con harmonías vocales emotivas y los sintetizadores de Sam Jones, de SoundThread, que ha trabajado previamente con Orlando Julius, Mugwsia International o Sarabi. ¡Una verdadera sorpresa!


8. MOKOOMBA – LUYANDO (Outhere Records, 2017)

Desde marzo que no nos podemos sacar de la cabeza Luyando, el tercer álbum de la joven banda zimbabuense Mokoomba. Después de haber pisado algunos de los principales festivales y escenarios del mundo con su poderoso Zimrock, en Luyando (‘amor a la madre, en Tonga) se desnudan en acústico y nos sumergen en un baño por los sonidos más enraizados a las laderas de las Cataratas Victoria. Las tradiciones Tonga y Luvale són el epicentro de este álbum, que habla tanto de rituales de iniciación y de festejos populares, como se lamenta por tener que apartarse demasiado tiempo de su hogar para trabajar. ¡Sin duda, uno de los mejores álbumes que nos va a brindar este 2017!


7. ELIDA ALMEIDA – DJUNTA KUDJER (Lusafrica, 2017)

Tras debutar en 2015 con “Ora doci Ora Margos”, el pasado 23 de marzo, la cantante caboverdiana Elida Almeida nos deleitaba con la salida de su EP “Djunta Kudjer”, un delicioso trabajo con 4 temas inéditos, entre los que destaca la versión Tabanka de “Bersu d’Oru”. Djunta Kudjer, que significa vamos a unirnos en la amistad en criollo, está compuesto por seis pistas que combinan baladas, batuque y funana con pop caboverdiano, y cuya mezcla triunfa en el archipiélago atlántico. Un trabajo grabado en La Habana a finales de 2016 y lanzado como single a comienzos de este año, que sirve como tentempié a un larga duración que tiene previsto salir a la luz este otoño.


6. JAQEE – FLY HIGH (Rootdown Records, 2017)

El pasado 19 de mayo, la ugandesa establecida en Suiza Jaqueline Nakiri Nalubale, más conocida como Jaqee, daba a luz a su quinto larga duración, Fly High. Su gran voz vuelve, una vez más, a poner el broche de oro a un estilo impregnado de pop, soul, jazz y r&b que la vuelven a coronar como una de las voces más interesantes dentro del new soul internacional. Música de baile que se convierte en indiscutible rompepistas en ‘Tambuula’ y baladas románticas como ‘Miracle’ se funden con temas tropicales como ‘All in’ o el reggae que cierra el álbum, ‘Don’t Fuss’. Catorce pistas encabezadas por un magnífico ‘Fly High’ que, aunque haya pasado desapercibido por la crítica, vuelven a situar a Jaqee como una de las mejores voces y compositoras pop del momento.


5. ZAIRE 74: THE AFRICAN ARTISTS (Wrasse Records, 2017)

El pasado mes de mayo salió a la venta un vibrante recopilatorio que reúne la crème de la crème de lo que sonó hace 43 años en el legendario festival celebrado en septiembre de 1974 en Kinshasa, actual República Democrática del Congo, por aquél entonces, conocido como Zaire. Los grandes de la música congoleña y africana del momento, Franco & TPOK Jazz, Tabu Ley Rochereau & l’Orchestre Afrisa International, la grandiosa Miriam Makeba o Abeti Masikini conforman este doble disco de 34 cortes. Una auténtica joya para los amantes de los oldies but goodies y para todo amante de los años dorados de la música africana posindependencia. (Si aún no lo has visto, aquí tienes el documental SOUL POWER (2008) completo, sobre uno de los eventos culturales más sonados que ha vivido África en motivo del combate de boxeo ‘Rumble In The Jungle’ entre Muhammad Ali y George Foreman).


4. JUPITER & OKWESS – KIN SONIC (Zamora / Glitterbeat Records, 2017)

Jupiter Bokondji, otro veterano de la escena musical de Kinshasa, presentó su segundo álbum internacional el pasado mes de marzo, y ha conseguido conquistarnos con una alquimia enriquecida por tres magos de los sonidos: Damon Albarn de Blur y Gorillaz, el violinista Warren Ellis de Bad Cave de Nick Cave y Robert del Naja, alias ‘3D’, de Massive Attack. Las frenéticas ‘Musonsu’, ‘Ofakunbolo’ o ‘Nzele Momi’ y sus poderosas guitarras han sido cabecera de algunas de las mejores fiestas y festivales de este verano. Una receta llena de energéticos funk y rock que desafía con sus letras a un sistema injusto y una política nefasta en República Democrática del Congo. Cuanto menos, un disco necesario y de referencia que no se olvida de incluir algunos cortes en acústico que dejan respirar al oyente y lo enraizan a una realidad paciente y resiliente: la de los congoleños, maestros de entereza.

 


3. OUMOU SANGARÉ – MOGOYA (No Format, 2017)

Mayo nos regaló una de las mejores primaveras sonoras con este interesante nuevo álbum de la reina de la música Wassoulou, la maliense Oumou Sangaré. Con una producción electrónica e imbuido en guitarras rockeras y sintetizadores, la tórrida voz de esta diva de los sonidos malienses del siglo XXI nos deslumbra con Yere Faga (junto al maestro de la bateria Tony Allen) y nos zarandea en Fadjamou o Kamelemba, para mecernos y retornarnos al seno de la función del griot en Mogoya o Mali Niale. ¡Un álbum de 9 cortes que no puede faltar en el repertorio de cualquier coleccionista!


2. ORCHESTRA BAOBAB – TRIBUTE TO NDIOUGA DIENG (World Circuit, 2017)

En el tercer álbum de la nueva era de la mítica banda Orchestra Baobab encontramos un nuevo cargamento de música afrolatina muy fiel a las pistas de baile del Senegal de los 70. En este álbum, la kora sigue acariciando y suavizando las rafagas cubanas de la sección de metales con la misma naturalidad que siempre lo hicieron, y en la base, el mbalax sigue asomando la cabeza para recordarnos que no estamos en el Caribe sinó en la costa atlántica africana. Las harmonías vocales cantadas en wolof le rinden tributo a su antiguo solista, Ndiouga Dieng, fallecido a finales del año pasado, a quien está dedicado este álbum. Diez temas que incluyen a Alpha – hijo de Ndiouga- en la voz y que están perfectamente dirigidas por su líder Balla Sidibe. ¡Una perfecta demostración de que los clásicos nunca pasan de moda!


1 TONY ALLEN – THE SOURCE (Blue Note Records, 2017)

Con 77 años, el arquitecto del afrobeat y una leyenda viva de la música, acaba de presentar su undécimo álbum: The Source. Con su primer larga duración para la mítica discográfica norteamericana Blue Note, el nigeriano Tony Allen demuestra cómo el hard-bob y el estilo que lo llevó a la fama junto a Fela Kuti, casan perfectamente. Invocando a las leyendas del jazz, Allen resucita a Miles Davis, Dizzy Gillespie o Duke Ellington, siguiendo con la estela del tributo a Art Blakey & the Jazz Messengers que se marca en su último EP (Blue Note, 2017). Y así es como se mezclan las aguas de dos ríos sonoros con un torrente profundo y lleno de significados y parentescos: las del Mississipi y el río Níger. ¡Una exquisita africanización del jazz!

Una escuela de música contra el yihadismo

El ‘griot’ Bassekou Kouyate quiere plantar cara a AQMI con una academia en Bamako

El músico Bassekou Kouyate durante un concierto en el Gibraltar World Music Festival. Foto: Gemma Solés i Coll / WIRIKO

“Si no fomentamos la música, en menos de 20 años, tenedlo por seguro, los yihadistas tendrán el control absoluto de Malí”, advierte el músico maliense Bassekou Kouyate a su paso por Gibraltar, donde ofreció un concierto junto a la banda Ngoni Ba, formada por miembros de su familia. Bassekou explica sus planes para construir una nueva escuela de música en la capital como revancha al yihadismo que siembra el terror en el país del África occidental.

Han pasado cinco años ya desde que, en 2012, el terrorismo hiciera temblar Malí, considerado hoy un polvorín del Sahel por albergar al mayor grupo yihadista de la región. Como en cualquier guerra, dejó muertes y sueños rotos. Saqueos y violaciones de derechos humanos, especialmente de mujeres y niños. Y con la imposición de la ley islámica (sharía) en el norte del país, algunos griots dejaron de cantar, otros tantos hicieron su camino hacia el exilio, mientras mercenarios se apoderaban del Azawad. “Vinieron con un montón de dinero seduciendo a los que no tienen nada, y reclutaron así a muchos terroristas”, denuncia Bassekou, quien ve una relación directa entre pobreza y terrorismo.

El país, que se encuentra entre los 25 más empobrecidos del mundo según el Índice de Desarrollo Humano, tiene a la mitad de su población viviendo en condiciones de pobreza. Para muchos, que se sienten desplazados y marginados dentro de un estado que ocupa una extensión de casi tres Españas, el conflicto ha sido un caramelo. Sin embargo, para la mayoría, la ganancia personal en detrimento de la unidad ha sido el camino a la debacle y una sentencia de muerte para las futuras generaciones. “Hay personas que no ganan ni 50 euros al mes. No hay que girar la espalda a esas realidades, sino encontrar soluciones para todas las dificultades y luchar para superarlas de forma conjunta. Los músicos, con nuestras canciones, hablamos a aquellos que menos tienen para evitar que puedan ser reclutados. ¡Y ha funcionado hasta hoy! Pero ahora debemos ir más allá”, explica el griot.

Amy Sacko, Bassekou Kouyate & Mahamadou Tounkara en el Festival de Músicas del Mundo de Gibraltar 2017. Foto de Gemma Solés i Coll / Wiriko

La música tradicional mandinga – con instrumentos tan representativos como el balafón, el ngoni, el tama o la kora– data del siglo XIII y es considerada como un valioso sistema oral de educación informal que se transmite de padres a hijos. Por eso, algunos artistas del país consideran que prohibir la música en Malí, como sucedió durante el golpe de 2012, fue querer privar a su población de oxígeno. “Nosotros somos los que educamos, los que enviamos mensajes y culturizamos a la población. Por eso nos querían borrar del mapa”, explica Bassekou, embajador del ngoni.

Tras la intervención militar francesa, los yihadistas parecen haberse diluido, pero el conflicto sigue latente. El país permanece frágil y mucha gente sigue teniendo miedo. Ante una situación de posconflicto como la que vive el país, el grupo de Ngoni Ba, que acompaña a Bassekou y que está formado por su esposa Amy Sacko, su hijo mayor Madou, su hermano Moctar y su sobrino Mahamadou Tounkara, están convencidos de que el próximo estadio en el que se debe ganar la batalla no es desde los escenarios, sino desde las aulas. Porque, tal como dice Sacko: “la educación musical hará que cada vez haya más jóvenes haciendo lo mismo que hacemos nosotros, transmitir un mensaje de paz”. A lo que Bassekou añade: “hay que apoyar a la juventud para que nos puedan tomar el relevo, como nosotros hicimos con nuestros padres”.

Amy Sacko en el Festival de Músicas del Mundo de Gibraltar 2017. Foto: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Artículo originalmente publicado en la sección Planeta Futuro de EL PAÍS, gracias a una colaboración entre ambos medios. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Mahamadou Tounkara en el Talking Drum durante el concierto de Bassekou Kouyate en el Festival de Músicas del Mundo de Gibraltar 2017. Foto de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Gili Yalo, la voz de las raíces etíopes de Tel Aviv

Tiene 36 años, nació cerca de Gondar, en Etiopía, y vive en Tel Aviv, en Israel. Como tantos otros niños de la diáspora etíope, tuvo que hacer un largo camino hacia el exilio. Cuando tenía 4 años, sus padres se aventuraron a salir de Etiopía en la famosa Operación Moisés, un rescate secreto del Mossat, el servicio de inteligencia israelí, que evacuó cerca de 8.000 etíopes a través de un prolongado viaje por Sudán para subir a vuelos secretos que salieron desde Jartúm. Hoy, Gili Yalo es uno de los nombres de la escena musical emergente de Israel, y sus raíces etíopes juegan un fuerte papel en su sonido, que ha vuelto a recuperar en su recién retorno al país que lo vio nacer. Con él estuvimos durante el último Gibraltar World Music Festival, y pudimos conocer más sobre este artista, tanto como sobre los falashas, o etíopes judíos.

Gili Yalo en el Gibraltar World Music Festival 2017. Fotografía de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Cuando ser judío salvó a los etíopes de la hambruna:

El presidente marxista Mengistu Haile Mariam había prohibido la práctica del judaísmo y la enseñanza del hebreo en Etiopía, y la hambruna azotaba con fuerza a millones, que llegaban por miles a los países vecinos. “La historia de los judíos en Etiopía se remonta a más de 2.ooo años. Era 1984 y había rumores de que si podíamos llegar a Sudán, el gobierno israelí nos trasladaría hacia Israel. Para nosotros Jerusalén significaba una tierra de leche y miel, y un lugar de espiritualidad. Así que anduvimos durante meses junto a otras familias judías etíopes“, cuenta Gili Yalo.

El cantante y compositor forma parte hoy de una comunidad de cerca de 140.000 judíos de origen etíope que viven en Israel, la mayor parte de los cuales llegaron a la Tierra Prometida a través de la Operación Moisés o la Operación Salomón, en 1991, donde cerca de 14.500 personas fueron trasladadas a Israel en menos de 36 horas. Para muchos, esa maniobra del gobierno israelí era una estrategia para reforzar los asentamientos judíos en el país, fundado en mayo de 1948. Para los etíopes, era una salvación de la catástrofe humanitaria que se saldó con cerca de un millón de vidas y que convirtió al país en un símbolo de la pobreza y el hambre para siempre. Aunque Gili recuerda vagamente esa travesía, dice que ahí está la génesis de su carrera. “Pasé la mayor parte de la travesía a cuestas de mi padre, cantando. Y muchas personas se acercaban a mis padres profesando que yo sería cantante“, explica Gili.

Judíos etíopes, conocidos como Falashas o Beta Israel, a bordo de un avión de la fuerza aérea israelí que voló de Addis Abeba a Tel Aviv en 1991. Fotografía de Patrick Baz / AFP / Getty Images.

El “making off” de Gili Yalo:

La familia Yalo tuvo suerte. Pero la huida a través de Sudán no estuvo exenta de asesinatos, violaciones, enfermedades, hambre, robos y separación de seres queridos, que creó amargos recuerdos entre la comunidad etíope. “Ya en Israel, cuando tenía 9 años, me uní al coro de la escuela. Y con ellos me fui de gira por Francia“, explica el músico. Tras varios años en el coro, le tocó hacer el servicio militar a los dieciocho. “No quería empuñar un arma, y casi me meten en prisión por ello. Pero conseguí, aunque no es muy usual, que me dejaran formar parte de la banda militar“.

Al terminar la mili, Gili Yalo se unió al grupo Zvuloon Dub System. Siendo una de las bandas de reggae más míticas del país, su presencia hace que el amhárico, junto al inglés, se entronicen como símbolos de la multiculturalidad en Israel. “Cuando empecé a cantar en amhárico me sentía incómodo. Me daba mucha vergüenza utilizar mi lengua materna en Israel. Era muy cauto cuando se trataba de mostrar mis raíces“, confesa Gili. “Una cosa era mostrar mi origen en la moda, en mi ropa.. y otra era cantar en amhárico“, dice el joven, muy consciente de la discriminación y el racismo que la comunidad etíope sufre en Israel. Sin embargo el mensaje de la banda era la paz, el amor, la solidaridad y la igualdad de derechos para todos, que, en un país tan polémico, era algo absolutamente necesario.

Lo vi claro cuando en un concierto hicimos una versión de la canción ‘Tenesh Kelbe Lay’, de Muluken Mellesse, un cantante y baterista etíope. El público enloqueció, aunque no entendían el amhárico“, explica Gili Yalo. “Eso me hizo sentir muy orgulloso de mis raíces, y me empecé a preguntar por qué no hacía más de ese estilo“. Zvuloon Dub System empezaron a indagar en la rica tradición sonora de Etiopía, y poco a poco, Gili se fue encontrando más y más cómodo en un estilo que había sonado en su casa desde su niñez.

Mezclando sus diferentes influencias y su rico bagaje cultural, Yalo halla un camino personal hacia la expresión artística. En él, Reggae, Hip-Hop, Dancehall, Jazz, Blues, Funk, Rock y Ethio-jazz forman parte de las fuentes inagotables de las que bebe, creando un estilo ecléctico muy interesante. “Así, hace cerca de dos años, decidí empezar un proyecto en solitario, como Gili Yalo. Empecé a actuar y grabar algunas sesiones, y me pareció un viaje maravilloso y fascinante, en el que sigo sumergido“, reconoce el etíope-israelí, que aún no ha dado a luz a su primer álbum.

Reivindicando las raíces africanas en el estado de Israel:

Cuando empecé a escribir canciones no quería escribir sobre amor, era algo demasiado privado. Escribí desde mi sentimiento como etíope en Israel. Canciones más bien políticas y sociales“, explica el cantante, que reconoce haberse sentido discriminado por ser de origen etíope durante toda su vida. “Hagas lo que hagas, aunque vivas en Israel, eres etíope. Tus padres te han criado como a un etíope, porque viven en un entorno de cultura etíope. Hasta más o menos los veinticinco años, luchaba para ser considerado un israelí. Pero llega un punto de tu vida que te das cuenta de que no solo eres de Israel. Y que eres ambas cosas“, manifiesta Gili, reivindicando una identidad híbrida y personal.

Al igual que la familia Yalo, decenas de miles de inmigrantes africanos indocumentados, en su mayoría eritreos y sudaneses, se han establecido en Israel desde hace décadas. Huyendo de la pobreza o la violencia, la mayoría han arriesgado sus vidas cruzando el desierto del Sinaí a pie, y en el peor de los casos, cayendo en las garras de las mafias que trafican con seres humanos. Pero el estado israelí erigió un muro en 2012 a lo largo de la frontera con Egipto, reduciendo drásticamente el número de recién llegados, y un centro de detención de refugiados, Holot Camp, operativo desde 2014. La derecha del país arguye a la necesidad de preservar la “identidad judía”, sea lo que sea que eso signifique para ellos, del Estado de Israel. Además, desde mediados de 2016, el estado ofrece dinero en efectivo y vuelos gratuitos a los solicitantes de asilo africanos que aceptan regresar a casa o volar a otros países africanos, y obliga a los empresarios que tengan a migrantes africanos contratados a ceder parte de sus sueldo en forma de impuestos para pagar este retorno.

Gili Yalo, en el Gibraltar World Music Festival 2017. Fotografía de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Referente para muchos de estos africanos, judíos y no judíos, asentados en Israel, Gili Yalo se muestra claro sobre la necesidad de conocer y llevar por bandera y con orgullo los orígenes. “Hay algo muy importante que debemos comprender. Sin raíces, como los árboles, podemos hundirnos muy rápido. Pero si tienes las raíces bien cimentadas, no importa lo que te digan o lo que te hagan. Hay que comprender la historia y la cultura de cada uno. Llevarla con uno mismo“, confesa el músico, que sigue investigando y descubriendo, en un viaje de auto-descubrimiento interior, la cultura etíope.

Estuve en Etiopía hace dos meses, por primera vez desde que era un crío. Fue un auténtico shock, aunque de forma muy positiva. Y ahora estoy absolutamente obsesionado en saber más. Quiero volver, y volver a volver, una y otra vez. Ha sido maravilloso reencontrarme con mi país de nacimiento”, confiesa Gili, que quiere seguir explorando la diversidad cultural etíope y las diferentes formas de diáspora que Etiopía ha generado fuera y dentro de África.

Sumergido en la grabación de su primer álbum, Gili Yalo también avanza que no solamente va a contener una exploración de las raíces musicales etíopes, o de temas políticos y sociales. “Poco a poco he ido atreviéndome más con temas más personales, como la decepción en el amor. Así que mi primer álbum tendrá estas dos temáticas: raíces y amor, que al fin y al cabo son lo mismo para mi“, desvela el ex-marido de la cantante etíope-israelí Ester Rada y colaborador de productores de la talla de Beno Hendler (Balkan Beat Box) y Uri Brainer Kinrot (Boom Pam).