“Regreso a Niamey con una caja llena de historias de memoria colectiva”

Nacida en Zinder (Níger) en 1982, la gestora y productora cultural Nana Kadidjatou Abdou Mounkaila es una de las impulsoras de la compañía de teatro Arène Théâtre, situada en el distrito norteño de Séno —donde la compañía cuenta con un espacio para dar acogida a personas víctimas de las fuertes inundaciones de 2012—, y del Festival de teatro Émergences. Trabajando desde diferentes propuestas culturales con personas en situación de marginalidad, Nana Kadidjatou y sus colegas de Arène ofrecen programación como la del festival Bijini Bijini de artes de la calle, un evento con formaciones de carácter artístico y cultural muy necesarias en la ciudad nigerina.

Nana Kadidjatou Abdou Mounkaila durante su estancia en el Grigri Pixel 2019.

En motivo de su paso por Madrid para participar en la IV edición del programa de residencias, encuentros y talleres Grigri Pixel, Nana se une a otros cuatro actores culturales que, como ella, ponen Níger, Marruecos, Senegal, Mozambique y Burkina Faso, en el mapa de colaboraciones que, junto a españoles de diferente origen, están llevando a cabo hasta el próximo 26 de octubre en el espacio Medialab Prado. ¿El objetivo? Que África y Europa estrechen lazos culturales para generar ciudades hospitalarias, inclusivas y diversas a través de la creación de objetos mágicos (grigri es a lo que los wólof de Senegal llaman a los amuleto-talismán).

Gemma Solés. Cuéntanos un poco sobre las iniciativas de Arène Théâtre y el festival Émergences en Niamey. ¿Cuál es el impacto social de tales eventos culturales en la capital nigerina? 

Nana Kadidjatou Abdou Mounkaila: Las iniciativas de la compañía de teatro Arène son tanto culturales como sociales. Por un lado, la compañía de teatro Arène contribuye a la promoción y profesionalización del sector cultural a través de:

  • La producción y distribución de representaciones teatrales a nivel nacional e internacional desde 2001.
  • La organización de talleres de formación para artistas y jóvenes fuera de la escuela.
  • Desde 2006, la organización de Emergences-Arts & Racines, festival internacional de artes escénicas en Niamey, para la promoción, recepción y distribución de representaciones teatrales a la población local y los detenidos de Niamey.
  • Desde 2007, la organización de FESTHILY, festival de teatro entre escuelas secundarias de Niamey para contribuir a la educación artística de estudiantes de secundaria de Niamey. Algo que, por otro lado, contribuye al desarrollo de la comunidad a través de la realización de proyectos con conceptos innovadores como el concepto de las “Ayudas Ciudadanas” para contribuir a la promoción de la democracia participativa y la responsabilidad cívica; el concepto de “Cine en casa” para contribuir a la promoción de los derechos de las mujeres y la escolarización de las niñas en la escuela; el concepto de “Más allá de la prisión” para contribuir al refuerzo de la autoconfianza, la lucha contra la reincidencia y la reducción de la violencia en las cárceles de mujeres y menores en Niamey, Kollo y Say; y finalmente, “Arte y terapia” para contribuir a la integración y el apoyo psicosocial de los migrantes y refugiados en Niamey y Diffa.

Por lo tanto, el impacto de cada iniciativa es vital en el cambio de comportamiento y luego en los niveles social, económico, cultural y educativo.

G.S. ¿Cuáles son las particularidades del distrito Séno de la capital Niamey, donde la empresa Arène Théâtre tiene su espacio fijo? ¿Por qué se estableció allí y qué impacto tiene la presencia de este grupo en la vida del vecindario?

N.K.A.M: El espacio Forge-Arts fue creado en 2018 por la compañía de teatro Arène para hacer que nuestras acciones sociales y obras artísticas y culturales sean accesibles para la población local que no suele tener esta oportunidad. Porque en Séno no hay un centro socioeducativo y cultural local. Séno es un distrito popular de Niamey compuesto por víctimas del desborde del río Níger. El impacto es traer fuerza vital y progreso para esta población que tiene una gran necesidad en todos los sentidos.

G.S: Níger es uno de los países donde los asentamientos informales están más poblados, espacios donde el hacinamiento, la falta de infraestructura o la falta de trabajo bien remunerado conducen al empobrecimiento de la población. ¿Crees que podemos concebir a priori los entornos urbanos “degradados” y estructuralmente débiles como áreas de creatividad y empoderamiento colectivo? 

N.K.A.M: Sí, hoy es importante pensar en espacios que ofrezcan actividades recreativas para el empoderamiento colectivo. Espacios de orientación e integración social de mujeres y jóvenes para tener un equilibrio económico, social y educativo.

G.S. ¿Qué papel juegan las mujeres en las actividades culturales en las que participas? ¿Cómo su participación en estas actividades mejora su calidad de vida?

N.K.A.M: Las mujeres trabajan en nuestras actividades artísticas y culturales por cuestiones de equilibrio social, igualdad de género y también por empoderamiento económico y social. Y por ello, están en mejores condiciones de hablar sobre los problemas que les preocupan. Nuestras actividades contribuyen a una conciencia colectiva y ciudadana y participativa que sin duda mejora su nivel de vida.

G.S. Ahora que estás en Madrid para los talleres de Grigri Pixel, ¿qué crees que Madrid puede aprender de Niamey? ¿Y Niamey de Madrid?

N.K.A.M: Este es un intercambio de dar y recibir. Grigri Pixel es un taller transversal que forma parte de una dinámica de investigación, colaboración y creación de grigris para fortalecer nuestra hospitalidad hacia otros en África y Europa. El taller me permitirá valorar mis experiencias, conocer gente nueva y tener una apertura a otras formas de experiencias. Regreso a Niamey con una caja llena de historias de memoria colectiva doméstica de la comunidad de migrantes, escolares, la población local que traducirá la hospitalidad de la gente de Madrid.

Teatro antifascista y antirracista en el Temporada Alta

El Festival Temporada Alta de Girona y Salt ha vuelto a abrir las plateas con el mejor teatro internacional y del país. Desde el pasado 6 de octubre y hasta el próximo 9 de diciembre, cerca de un centenar de obras reivindican la contemporaneidad de los grandes clásicos a la vez que reflexionan sobre la condición humana en uno de los mayores eventos culturales de este otoño, que hogaño, apunta hacia el descontento de la clase trabajadora y visibiliza la Europa de los y las afrodescendientes con una propuesta de tintes antirracistas y antifascistas.

En su 28ª edición, el festival Temporada Alta apuesta “por espectáculos que invitan a la reflexión y a repensar de dónde venimos, dónde estamos y cuáles son los retos de futuro que nos debemos plantear como sociedad”, apuntaba su director, Salvador Sunyer, en una entrevista reciente para EL PAÍS. Por ello, no es de extrañar que el certámen, con réplicas en otras ciudades como Buenos Aires, Montevideo y Lima, haya querido contar con una obra punzante, crítica y que nos hace plantear la situación política en la que vivimos hoy como es Retorno a Reims, del director Thomas Ostermeier, una estrena en primicia en todo el Estado español.

Protagonizada por el rapero, slammer y actor franco-senegalés Blade MC Alimbaye junto a Cédric Eeckhout e Irène Jacob, la de Thomas Ostermeier — director del destacado Teatro Schubühne de Berlín— es una obra de teatro documental basada en un libro autobiográfico de 2009 del historiador cultural y filósofo francés Didier Eribon. Se trata de un análisis crítico sobre las razones por las que la clase trabajadora, tradicionalmente de izquierdas, desarrolla una inclinación por la extrema derecha; y ahonda en cómo se puede pasar del voto comunista hacia el voto al Frente Nacional. Además, la obra habla de las luchas obreras en la Europa del siglo XXI y se ponen sobre la palestra asuntos de tanta actualidad como el movimiento social de los chalecos amarillos o los chalecos negros, a la vez que se visibiliza y se ahonda en la herida colonial de Europa en África.

Sunyer, que tiene un gusto exquisito a la hora de detectar las pulsiones teatrales más interesantes del momento, ha querido contar con el alemán Ostermeier —uno de los directores que más ha hecho por politizar el teatro—, para mostrar lo que la crítica ha descrito como una radiografía de la Francia de las ciudades medianas, regiones industriales diezmadas y olvidadas por la clase política. Y es que Retorno a Reims es una fotografía veraz e hiriente de la fractura social que actualmente está sacudiendo a la sociedad francesa.

Un fragmento de “Retorno a Reims”, del director alemán Thomas Ostermeier

Una de las particularidades y mayores aciertos de “Retorno a Reims”, ha sido la incorporación al elenco de actores del franco-senegalés Blade MC Alimbaye para hablar de una Francia invisible en el teatro. La Francia de las “minorías” —básicamente, de las personas racializadas—, que este verano ha salido a reivindicar papeles con la marcha de los Chalecos Negros, es reivindicada en el medio artístico con el testimonio de Blade MC Alimbaye. El rapero, cuenta al final del espectáculo, como su abuelo, nacido en Senegal, fue reclutado a la fuerza entre los “tirailleurs sénégalais” —un grupo de 140.000 hombres de África Occidental que fueron obligados a luchar en la Primera Guerra Mundial por una causa que les era absolutamente ajena—. Y denuncia asuntos como la silenciada masacre de Thiaroye, otro vergonzoso capítulo del pasado colonial francés, abofeteando al espectador a golpe de memoria histórica.

La esencia del espectáculo, que señala el punto muerto en el que se encuentra Francia en 2019, cuestiona de la misma forma la Europa contemporánea en la que nos encontramos, polemizando sobre el por qué y el cómo las clases populares están dando el voto a la extrema derecha y evidenciando la necesidad de neutralizar las tendencias fascistas. En definitiva, el Temporada Alta nos trae una propuesta de teatro político, antifascista y antirracista como píldora cultural necesaria en un otoño políticamente decisivo.

#cesteuxquienparlentlemieux “Retour à Reims” de Thomas OSTERMEIER par Blade Mc Alimbaye from Théâtre Vidy-Lausanne on Vimeo.

La obra se podrá ver los próximos jueves 5 de diciembre a las 20:30h. y viernes 6 de diciembre a las 18:00h. en el Teatre Municipal de Girona, con entradas de 10 a 40€.

“La Nayda es el deseo de producir música en Marruecos por y para marroquíes”

La gira española del cantante Ahmed Soultan quiere acercar la creatividad sonora del Marruecos urbano y dar a conocer las demandas sociales de su generación

A pesar de que según las últimas estadísticas del INE en España viven hoy más de un millón de marroquíes, poco se sabe sobre la cultura urbana que emerge del país vecino, los sonidos que hacen bailar los clubes nocturnos en sus principales ciudades o las luchas diarias de su juventud más comprometida.

Copan las portadas de los periódicos la migración irregular o las relaciones comerciales entre España y Marruecos, pero el Pop y la modernidad emergente del país norteafricano quedan relegados al universo de lo exótico en el mejor de los casos, si no es prejuzgado de producto “occidentalizado” por los críticos musicales del Norte. Sin embargo, Marruecos tiene una escena discográfica efervescente, cuya Nayda — una especie de Movida madrileña del siglo XXI— marca el ritmo de toda una generación, de la cual emerge una de las voces más soulful de la región: la de Ahmed Soultan.

Con una infusión local del rock, hip-hop y soul afro-árabes, Soultan cree que España es ajena a los sonidos que emergen del Marruecos más urbano “precisamente porque es principalmente un movimiento marroquí, menos presente en la diáspora marroquí en España”.

Sin embargo, con su primera gira europea, que hará parada los próximos 10 de octubre en Sala Bóveda de Barcelona y el 12 de octubre en Café Berlín de Madrid, el artista pretende romper este vacío y dar a conocer el ‘Afrobian’, un estilo propio que como nos cuenta en una entrevista vía email decidió crear “para definirme geográficamente, no tanto artísticamente, porque el arte es subjetivo, mientras que la realidad de una geografía es un hecho”.

Así, desde el universo árabo-africano, el artista nacido hace 41 años en el seno de una familia de humildes agricultores de Taroudant, en el sur de Marruecos, llega con su directo “Afrobiano”. Con casi dos décadas dando el callo encima de los escenarios y resonando en radios de toda África, Ahmed Soultan se ha convertido en toda una estrella del Magreb. “Llevo 15 años mezclando mis idiomas, el amazigh y el darija árabe marroquí con inglés y francés”, dice el políglota músico, quién además nos desvela sus principales influencias musicales: “Mi tío Ammouri Mbarek con su banda “Ousman” fue parte de la música de mi infancia, pero también el Nu-Soul de Filadelfia, con artistas como D’angelo, Soulquarians… así como artistas de la Nigeria contemporánea o de Ghana”. Además, proclama sin complejos: “Para ser sincero, no soy una persona purista, escucho un poco de todo”.

Y eso se refleja en las canciones pegadizas de su último larga duración, titulado Music has No Boundaries —La Música No Tiene Fronteras— y la versión extendida que viene a presentar a España, con las que Ahmed Soultan irradia optimismo. “Mis palabras hablan de positivismo, de estar en un estado mental positivo. Esto es, en mi opinión, un requisito previo si se desea superar ciertas situaciones que vivimos hoy. Creer en uno mismo y en las capacidades de uno es crucial”, señala. Y parece que esta actitud le ha funcionado a las mil maravillas, ya que gracias a su empeño ha podido contar con grandes nombres de la música en su último álbum. “Después de colaborar con George Clinton, a quien conocí gracias a su sobrino Ray, tuvimos la idea de invitar a Fred Wesley y Pee Wee Ellis, dos músicos de James Brown que me encantan. De allí surgió la posibilidad de asociarnos también a Femi Kuti. La música habló y así nació mi ‘Afrobian’”, recuerda orgulloso.

Esa infusión de Funk y Afrobeat, con beats electrificados y neo-soul con aromas de clavo lleva impreso el sentimentalismo y las alabanzas a la mujer como uno de sus temas preferidos. Aunque no promulga un romanticismo infantil, ni quiere erigirse en portavoz del feminismo, sino que promueve un amor maduro que enaltece a la mujer rural amazigh, árabe, negra o africana en general. “Pretender ser un hombre capaz de comprender las dificultades que encuentra una mujer en Marruecos estaría fuera de lugar”, reconoce Soultan.

Ahmed Soultan, un ejemplo de la autoafirmación de la escena musical marroquí

Y a pesar de considerarse un tipo optimista y querer insuflar positivismo con sus canciones, Ahmed Soultan no quiere dar un mensaje erróneo y reivindica la necesidad de llevar los tímidos desarrollos materiales de Marruecos a un nuevo estadio centrado en las personas. “En pleno siglo XXI, en los pueblos de Safa y Loubna Douar, en Mezghala, donde vivo, hay riesgo de desescolairzación si la infraestructura de transporte no se establece rápidamente; un sistema de salud deficiente o el desempleo juvenil son desafíos que deben superarse a través de un modelo económico que aún no se ha encontrado pero que será nuestro”, señala apuntando a la necesidad de hallar soluciones locales a los retos que vive Marruecos hoy.

Los problemas, las preguntas, las afirmaciones de un joven noruego, un español o un neozelandés son muy diferentes de las de un indio urbano o un marroquí que vive en el mundo rural, creo que es importante tener en cuenta que aunque todos somos terrícolas, no tenemos las mismas prioridades. Sería bueno si las empresas de los países más avanzados económicamente integran este parámetro, y las cuestiones de orden social o libertades individuales son parte de él”, opina el artista marroquí, mostrándose crítico con los más de sesenta años de soluciones fallidas impuestas desde Europa para África desde las independencias.

De la desilusión de una emancipación no llevada a cabo del todo o de las tímidas transformaciones políticas de las últimas dos décadas, emerge la propia escena musical marroquí contemporánea, un movimiento que nace como un acto de autoafirmación.

La Nayda es el deseo de producir música en Marruecos, por marroquíes y para marroquíes primero, y si es agradable en otros lugares, genial. Pero en este estilo hay una idea primigenia de independencia económica, financiera, de un mercado propio…”. Aunque el artista no titubea en reconocer la importancia de poder despuntar en un marco internacional: “Lo que me gustaría es poder contar a través de mi experiencia el éxito de un músico marroquí en el extranjero, no solo en casa (…) Se trata de conquistar la demanda de mercados “maduros””, señala Soultan haciendo referencia a la industria musical del Norte global.

Y es normal que los artistas del país aspiren a prosperar económicamente. De hecho, tal como cuenta el cantante, así ha sido a nivel local en los últimos años. “Hemos vivido transformaciones estructurales, de equipamientos, infraestructuras, conectividad ferroviaria y aérea, transformaciones agrícolas…”, reconoce. Pero también explica, reivindicando la necesidad de trabajar en pro de los derechos humanos que aunque “la Nayda es un reflejo de este período de euforia, ahora estamos en una especie de segunda fase, donde los hombres y las mujeres deben trabajar sobre sí mismos y donde lo humano necesita ser puesto en el centro de las políticas públicas. La música urbana actual en Marruecos lleva impreso de forma parcial este mensaje”.

 

VENTA DE ENTRADAS

Barcelona: Sala Bóveda el 10 de octubre de 2019.

Entradas disponibles aquí.

Madrid: Café Berlín el 12 de octubre de 2019

Entradas disponibles aquí.

Descoloniza tu iPod 2019 (IX)

LPs

Tinariwen – Amadjar (6 septiembre, ANTI Records)

El mayor exponente del blues tuareg, la banda Tinariwen, vuelven dos años después de su exitoso Elwan con los sonidos del desierto y sus guitarras electrificadas para presentar su nuevo álbum Amadjar, el noveno de su carrera. Junto a voces como la de Noura Mint Seymali, el violonchelista Warren Ellis (The Bad Seeds), los guitarristas Cass Mc Combs y Rodolphe Burger, Tinariwen vuelve a demostrar el poder intrínseco en las melodías que parecen susurrar las dunas de arena, entre susurros airosos que nos transportan a la intimidad y arraigo del tuareg con su medio. Con la identidad Tamasheq y la cosmovisión tuareg impresa en cada tema, los 13 cortes de Amadjar vuelven a seducir nuestros oídos y corazones.

Oxmo Puccino – La nuit du réveil (6 septiembre, Believe) 

El rapero y poeta de Segou (Mali) establecido en París (Francia) Abdoulaye Diarra, más conocido por su nombre artístico Oxmo Puccino, vuelve a destilar su fórmula ganadora de rap consciente en su nuevo álbum ‘La Noche del Despertar’. Tras una exitosa carrera de más de veinte años y colaboraciones fructíferas como las que tiene junto al gran Gaël Faye, Oxmo —una de las voces más prestigiosas de la diáspora africana en Francia— presenta un álbum que habla de revelaciones surgidas de noches de insomnio para iluminar a la audiencia con sus palabras, emancipadoras y agitadoras.

Mah Damba – Hakili Kélé (13 septiembre, Buda Musique / Socadisc) 

Hija del legendario griot maliense Baba Sissoko, Mah Damba es una de las voces femeninas más consolidadas de la tradición mandinga, tanto en África Occidental como en su Europa de adopción. Tras labrarse una carrera musical junto a su marido Mamaye Kouyaté (DEP) tras mudarse a París, debutó en solitario con À l’Ombre Du Grand Baobab en 2010, un álbum nutrido de colaboraciones que le permitió brillar más allá de la noble sombra de su padre y su, hasta entonces, marido. Ahora, con Hakali Kélé, Mah Damba canta las penas y las alegrías de su Mali natal, denunciando la violencia y los conflictos étnicos que como cuenta en una reciente entrevista para RFI, “no son parte de nuestra cultura”.

Abdullah Ibrahim – Dream Time (13 septiembre, Enja Records)

Tras su recientemente editado The Balance, el sudafricano Abdullah Ibrahim, una de las mayores leyenda vivas del jazz lanza su segundo álbum en menos de tres meses. Una rara avis para la industria de la música, que llevaba cinco años esperando temas inéditos por parte de este icono de la resistencia sonora cotra el régimen del Apartheid, el también conocido como Dollar Brand nos deleita con 20 nuevos temas que no quiere dejar en el tintero. Prolífico a sus 84 años, las desnudas teclas blancas y negras del teclado de Ibrahim siguen poniendo a Ciudad del Cabo en el circuito internacional del Jazz.

Sampa The Great – The Return (13 septiembre, Rough Trip)

Carismática y desafiante a la ortodoxia occidental, la rapera Sampa The Great es una de las voces más reconocibles del hip hop contemporáneo, y escuchando su álbum debut con atención se entiende el por qué. Nacida en Zambia, criada en Botswana y residente en Australia, Sampa Tembo representa a una diáspora moderna y rompedora, que teje su discurso sonoro a través de varias influencias del África austral y el poliglotismo de sus letras sin complejos y pisando con mucha contundencia. En su The Return confirma un sonido distintivo que la ha llevado a ser reconocida como una de las artistas de R&B más cotizadas y potentes del momento. Ni más ni menos que 19 temas. ¡Suban el volumen de sus reproductores y disfruten(la)!

Arabstazy  – Under Frustration Vol​.​2 (13 septiembre, InFiné & Shouka)

El colectivo tunecino Arabstazy, vuelve con el segundo volumen de su proyecto ‘Under Frustration’, un compendio que pretende deconstruir los estereotipos occidentales y homogeneizadores fundados por el colonialismo a partir de la producción musical. Manifiesto de una nuevo futurismo underground árabe, es un reflejo sonoro de la diversidad cultural en el mundo árabe post-revolucionario, que incluye todo el norte de África. Fundado por el tunecino Mettani, el colectivo Arabstazy es una plataforma multidisciplinar de investigadores musicales con sede en Túnez, París y Berlín.

Rachid Taha – Je Suis Africain (20 septiembre, Naïve/Believe)

Un álbum póstumo es siempre una mala noticia. Y más cuando se trata del álbum póstumo de un genio como el franco-argelino Rachid Taha, que dedicó su último año de vida a componer y grabar lo que hoy tenemos en nuestras manos y que, lamentablemente, va a ser el último cartucho del artista. Nadie como él podía hacer rock árabe con esencia punk de tanta calidad, o inspirarse en el repertorio tradicional del norte de África para mezclarlo con chanson française sin sonar pretencioso… Un año después de su muerte, el rey del Rock-Rai nos lega su undécimo álbum en solitario, un trabajo de diez pistas donde las guitarras bailan con el balafón, los violines orientales flirtean con ritmos Gnawa, mandol, chaabi… y hasta le canta a Andy Warhol. Y se despide del mundo con un absoluto tributo a los africanos y nos deja en un “final feliz” que nos deja con la lagrimilla rodando… ¡Gracias maestro!

Eliasse – Amani Way (20 septiembre, Soulbeats Records) 

El cantante y guitarrista comorense Eliasse presenta su segundo álbum de estudio, un definitivo paso hacia su carrera internacional que le ha valido hacerles de teloneros a la banda norteamericana Groundnation durante su última gira por Europa. Tras su exitoso debut (Marahaba, 2008) y establecido en Burdeos de forma permanente, el maloya ha elaborado un álbum en formato de trío y un espíritu más rock blues que el anterior donde evoca la energía eléctrica y percudida de la guitarra de Keziah Jones. Sin embargo, el alma pausada y susurrada casi a partir de las olas sigue acariciando y apaciguando todo el álbum de forma casi instintiva.

EPs

Bantwanas – Back to Front (6 septiembre)

El colectivo de productores, compositores y músicos africanos Bantwanas (o ‘Niños de África’) es uno de los “descubrimientos” que más nos han entusiasmado a nuestra vuelta al cole. Esenciales en la escena de clubes y festivales de electrónica en Sudáfrica, y con una proyección internacional indiscutible, esta banda sudafricana de House está formada por 10 miembros: 5 vocalistas, un batería, un guitarrista, un pianista y dos potentes productores: Ryan Murgatroyd y Blanka Mazimela. Otro exponente de la prolífica producción electrónica africana contemporánea que nos deleita con dos temas remasterizados y auto-reinterpretados, y en los que destacamos un trabajo coral preciosita.

Ebo Taylor – Palaver (13 septiembre, Tabansi Records / BBE Music) 

Producciones que nos hacen felices como esta, hay pocas. Con 83 años, Ebo Taylor, el rey del Funky-Highlife ghanés, vuelve a regalarnos genialidad por doquier en un EP titulado ‘Palaver’ que reedita el álbum de 1980, una colección imprescindible para los amantes de los sonidos de la época dorada africana. El álbum, lanzado exclusivamente por el sello Tabansi en su momento, se grabó durante una gira de Taylor por Nigeria y se han rescatado (recuperando con mimo y nitidez) las cintas maestras, que quedaron archivadas en una habitación polvorienta en el cuartel general que el sello Tabansi tenía en la ciudad nigeriana de Onitsha. ¡Una joya!

Singles

Michael Kiwanuka – You Ain’t the Problem (13 septiembre, Interscope)

No podía ser de otra manera. El primer single del nuevo álbum de Michael Kiwanuka, que se titulará ‘Kiwanuka’ y que verá la luz el próximo 1 de noviembre, nos tiene a todas al bolsillo. Un tema uptempo en la línea de su “Love & Hate” (Polydor/Universal, 19) que anticipa un 3er larga duración con vocación de mantenerse fiel a su personalidad y carisma: “El último álbum surgió de un lugar introspectivo y fue como una terapia, supongo. Este habla más de sentirme cómodo con lo que soy y preguntarme qué quiero decir. ¿Cómo puedo ser valiente y desafiarme a mí mismo y al oyente? Es acerca de la aceptación de uno mismo de una manera triunfante, más que de una forma melancólica. Es un álbum que explora lo que significa ser un ser humano hoy en día”, anticipa en la nota de prensa.

Burna Boy “resalta el poder de África” con su afrofusión

Burna Boy se ha convertido en uno de los referentes de la escena musical de Nigeria. Temas como “On the Low”, “Anybody” y “Gum Body” han copado las listas de reproducción veraniegas y en este 2019 no ha parado de hacer colaboraciones con artistas como Jorja Smith, Dave o Mahalia. Además, ha participado en el último álbum de Beyoncé, The Lion King: The Gift, con la canción “JA ARA E”.

Carátula del nuevo disco de Burna Boy, African Giant

2019 es el año de Burna Boy. El compositor nigeriano encadena casi 18 meses de ascenso internacional y pasó por el  prestigioso festival Coachella de Los Ángeles en abril. Y allí, sentado en el wáter, como él mismo reconoce, puso título a su nuevo disco, African Giant (uno de los discos destacados en la edición veraniega de nuestra exitosa serie Descoloniza tu iPod).

“No podía ver mi nombre. ¿De verdad toco aquí? Tuvieron que marcármelo”, explicaba el cantante en una reciente entrevista con Trevor Noah. En un cartel en el que destacaban artistas como Childish Gambino, Solange, Tame Impala o Ariana Grande, su nombre se escondía entre las fuentes de menor tamaño.

Ante la competencia internacional —”nunca me había pasado”, apunta- quiso poner su orgullo en la línea de batalla y reivindicarse como uno de los actuales grandes del continente africano.

African Giant es un trabajo que “resalta el poder y el orgullo del africano y de África en general”. Burna Boy pone el foco en la otra parte del continente que no prevalece para combatir el prejuicio. Trae alboroto tras la publicación en 2018 de “Outside”, un disco más personal.

Con este cuarto álbum, el compositor ha hecho “un proyecto africano para dar visibilidad a las dificultades, tribulaciones, alegrías, felicidad,… la verdad de las personas de África”.

Y desde Nigeria exporta al mundo su afrofusión con retales de inspiraciones en las que Fela Kuti es el máximo exponente. “Es como una pizza. La cosa principal, lo que toda pizza necesita, es la base. El afrobeat es la base y a partir de ahí puedes tener la pizza que quieras”, ha explicado.

El afrobeat y el jazz lo tomó de su abuelo, Benson Idonue, que fue el primer manager de Fela Kuti. El joven cantante sembró, por el camino se encontró con otros géneros como hip hop, dancehall, highlife, reggae y ahora recoge los frutos de una apuesta por el cruce cultural, pero “de manera contraria” a lo que se acostumbra. No incide en la conquista del mercado occidental si no que lanza una invitación: !Vengo aquí (Occidente) para llevarte de vuelta porque de donde vengo es el origen del principio”, comenta.

La música es como un saco de boxeo para Burna Boy. Es una forma de plantarle cara al lado más difícil de la vida. Como dice su madre, mientras otros niños cantaban las canciones corales de la escuela, Burna Boy tarareaba “Hip Hop Hooray” de Naughty by Nature. Por aquel entonces no había tomado su figura artística y mantenía su nombre real, Damini Ogulu.

El joven músico de Port Harcourt, al sur de Nigeria y centro petrolero del país, se aficionó a la estación de trabajo de audio digital Fruity Loops, conocida hoy como FL Studio. Pronto comenzaría a desarrollar sus propios sonidos que se llevó a Londres, donde fue a estudiar.

Más de música que de apuntes, Ogulu dejó la universidad, pero la estancia londinense fue clave para su desarrollo creativo. Tras su regreso a Nigeria, su madre le consiguió un trabajo en una emisora de radio local y después de cada turno, se iba al estudio de grabación. Y llegó su primer single, “Freedom Freestyle”. Con la ayuda de Youtube, —”fue así como la gente comenzó a conocerme”, explica— su música viajó y ha seguido la estela de otros artistas nigerianos como WizKid, Patoranking y DaVido.

En 2014 se dio cuenta de que la cosa iba en serio. En la actualidad se asienta como uno de los mayores talentos musicales del continente y piensa seguir ocupando ese puesto: “Si hablo de algo que me ha pasado va a interesarle a alguien que le ha pasado lo mismo. La gente va a decir: ‘Está hablando de mí’. Ellos son como yo. Por eso no se sabe nada de muchos artistas después de un tiempo porque están en este negocio por las razones equivocadas. No entienden la seriedad de la música. La música no es un juego”.

El Gnaua marroquí y el Singeli tanzano aterrizan en el Reina Sofía

Por tercer año, el Museo Reina Sofía acoge el ciclo de conciertos Archipiélago, el cual invita a comprender la complejidad del mundo contemporáneo mediante la escucha, indagando en lo que se entiende por música experimental y su relación con lo popular a partir de diferentes narrativas y geografías.

La presente edición explora el concepto de tradición: un término que parece asociado al conservadurismo y la involución frente al cambio. Sin embargo, Archipiélago prefiere contemplar la tradición como la transmisión de conocimiento, de una persona a otra y de una generación a la siguiente. En este sentido, se acerca a ella más como una manera de avanzar y conciliar, y no tanto como un intento sesgado de preservar cierta originalidad mitificada.

Así, la tradición pasa a presentarse como un conjunto de saberes, afectos y prácticas compartidas y específicas de unos contextos, momentos y grupos concretos. Desde este prisma, el programa se aproxima a distintos artistas que desarrollan géneros en apariencia no relacionados entre sí (gnaua, noise, singeli, electroacústica o músicas de baile que desafían cualquier intento de clasificación) o que, pese a supuesta novedad, se asocian de forma remota a alguna tradición musical.

Aún hoy géneros nacidos en Occidente como el techno o el house, se siguen percibiendo como universales gracias a su omnipresencia, mientras que otros, como el gqom sudafricano o el singeli tanzano, son escuchados como “periféricos” aunque sus artistas hagan giras por festivales de todo el mundo y sus ritmos comiencen a calar de manera decisiva en el trabajo de artistas europeos.

De ahí que resulte conveniente considerar las palabras del escritor keniano Ngũgĩ wa Thiong’o sobre las literaturas de África, Asia y América Latina y aplicarlas al terreno de lo musical,  al recordarnos que las manifestaciones culturales de dichas regiones  “no son periféricas (…) [sino] centrales para entender qué es lo que ha hecho que el mundo sea lo que hoy es”.

Entre los artistas presentes en este 2019 se encuentran Ricardo Vincenzo, Ipek Gorgun, Lechuga Zafiro, Saba Alizadeh, Síria, Lea Bertucci, Rashad Becker o Kolida Babo, procedentes de países como Brasil, Turquía, Uruguay, Irán, Portugal, Estados Unidos, Alemania o Grecia. En el caso de las músicas africanas estarán representadas el sábado 21 por partida doble, con el grupo Gnaua de Casablanca Asmâa Hamzaoui & Bnat Timbouktou (las hijas de Tombuctú) y el dúo tanzano procedente de Dar es Salaam Bamba Pana & Makaveli, cuyo último disco Poaa hemos destacado como uno de nuestros álbumes de referencia para este verano 2019

La danza contemporánea sacude Dar Es Salaam

Por Rocío Periago – Dar Es Salaam (Tanzania)

Es una noche húmeda y bochornosa del mes de julio. En el Nafasi Art Space, un espacio alternativo a las afueras de Dar Es Salaam, se han reunido un centenar de personas de todas las edades para ver bailar a algunas de las promesas de la danza del continente africano. Sobre un suelo de cemento y acompañados de los juegos de luces, sonido y el atrezzo de cada uno de los espectáculos, jóvenes de Tanzania, Zimbabwe, Sudáfrica y Alemania comparten escenario y hacen disfrutar a un entregado público. Es el Haba na Haba, el festival internacional de danza tradicional y contemporánea, que va ya por su tercera edición y que atrae a bailarines y coreógrafos de diferentes partes del mundo.

En el espacio, aunque la entrada es gratuita, un par de chicas invitan a dejar un donativo para apoyar el proyecto. Hay muchas personas, tanto adultos como niños de todas las edades. Algunos están simplemente por curiosidad, pero entre el público hay muchos futuros bailarines y coreógrafos que buscan aprender de los profesores y artistas que vienen a compartir su trabajo.

Muchos de los bailarines actuales de danza tradicional quieren hacer algo contemporáneo, y ¿por qué? porque la danza contemporánea es el presente”, dice el bailarín Isack Peter Beneko, director artístico de esta edición y cofundador del Festival.

Explica orgulloso que lo que en un principio pueden parecer dos géneros completamente diferentes en Tanzania, tienen mucho en común. “De alguna manera nuestro patrimonio tradicional de danzas está desapareciendo, porque la mayoría de los jóvenes no tiene interés en aprenderlo, prefieren hacer danza contemporánea, hip-hop u otro tipo de bailes. Por eso comenzamos a desarrollar el Festival, porque busca ofrecer estos dos géneros de forma que los bailarines de contemporáneo puedan apreciar las danzas tradicionales y viceversa. Que unos puedan ver lo que es bello del otro estilo y puedan mejorar y aprender unos de otros”.

Además de los espectáculos, hay organizados talleres dirigidos a bailarines de ambos estilos, que han tenido una acogida muy buena entre los participantes. “Queremos enfatizar ambos estilos de danza porque la danza tradicional es nuestro pasado y la contemporánea es nuestro presente y futuro. No podemos avanzar y llegar más lejos si de alguna manera nuestro pasado está desapareciendo, nuestro patrimonio no se está cuidando y llevando a la práctica y no es algo de lo que nos podamos sentir orgullosos”, afirma Beneko tajante. “Buscamos que los jóvenes y la sociedad puedan sentirse orgullosos de nuestras danzas tradicionales y de nuestra cultura tradicional a la misma vez que celebrar la danza contemporánea y la modernidad”.

Este año, la participación internacional se ha centrado sobre todo en artistas procedentes de Sudáfrica y Alemania. Musa Hlatshwago es un productor, coreógrafo, bailarín y profesor sudafricano que lleva participando en el Festival desde los inicios. “Es una experiencia muy buena (…) además es una oportunidad para mí de estar al tanto sobre lo que se está moviendo en Dar Es Salaam, ver el crecimiento de la industria, el desarrollo de nuevos proyectos y el impacto que están teniendo. También porque creo que Haba na Haba es un festival que tiene un papel enorme en el desarrollo no solo de la danza, sino del arte tradicional y contemporáneo en la ciudad”.

Este año ha presentado con su compañía Qhawe, una búsqueda metafórica de la identidad de un joven que crece en una sociedad impuesta a través de la cultura, la tradición y la religión, donde el bailarín Njabulo Zungu llena el escenario con sus movimientos durante más de una hora sin descanso. “Para mí significa mucho, porque es la primera vez que presentamos este trabajo fuera”, cuenta Zungu, orgulloso. De pequeña estatura y con un cuerpo fibroso y atlético, puede pasar por uno de los muchos niños que observan el espectáculo en la primera fila, absortos en los giros y saltos de su cuerpo cuando baila.

A lo largo de dos días, se van alternando espectáculos: la danza tradicional y ritual Mdundiko/Vanga de la tribu Zaramo, asociada a los matrimonios y la celebración del paso de la mujer a la pubertad y el espectáculo Fear of what? de D.D.I, un grupo de 6 bailarines que mediante baile y acrobacias buscan enfrentarse a sus miedos. También están los bailes tradicionales de Umoja Primary School y el espectáculo Forest, de T-Africa, donde mezclan el baile con proyecciones audiovisuales o las danzas tradicionales de Elimisha Arts Group, un grupo de 12 artistas que llevan casi 20 años mezclando bailes tanzanos tradicionales con la danza contemporánea.

Maura Morales es una bailarina cubana afincada en Alemania. Es la primera vez que participa en Haba na Haba, realizando un taller y presentando Exceso de la nada, un espectáculo en el que analiza la imagen de Cuba como país fotogénico al que la gente quiere visitar “antes de que cambie”, mientras sus propios habitantes quieren salir de allí porque nada cambia. Una paradoja que Morales representa sobre el escenario sola, acompañada de una vieja mecedora y con la proyección de imágenes de la isla caribeña. Durante su espectáculo, se ven algunas personas entre el público limpiándose las lágrimas. “Es siempre un regalo ver cómo reacciona el público en diferentes países con esta pieza”, dice Morales. “A veces crees que no tienen nada que ver con esto, es una pieza súper personal y muy íntima y sin embargo muchos de ellos hacen el viaje conmigo. Hoy también disfruté mucho bailando en este sitio”.

Haba na Haba está producido por Asedeva, una asociación especializada en eventos artísticos en Tanzania, y este año han contado con el apoyo del Goethe Institute, la Embajada Suiza y otras entidades, además de la financiación propia que han buscado los participantes extranjeros para poder venir. Pero Beneko tiene claro que necesitan más apoyos, porque los retos del festival son ser independiente económicamente, poder disponer de un espacio propio y que sea conocido y pueda seguir creciendo.

Vistas las dificultades, se puede entender el trabajo que supone que salga adelante un festival de esta categoría, que además no tiene coste para los asistentes, pero el que gente de Europa y Estados Unidos vengan a bailar y presenten sus trabajos en Haba na Haba ofrece muchas oportunidades.

Estamos dando la bienvenida a artistas internacionales porque cuando vuelvan a sus países, ellos hablarán del festival y seremos más conocidos, pero también para que vean a los bailarines que tenemos aquí. Además, los bailarines tienen la oportunidad de relacionarse con coreógrafos internacionales, y esa relación, cuando ellos vayan a Europa ya tienen un contacto, ya tendrán a alguien que les conozca.

De esta manera piensa también Michael Mourissens, un bailarin belga que lleva toda su vida trabajando en Alemania. Especializado en documentación y video, oyó hablar del festival y este año decidió venir con la idea de conocer un poco más del contexto de la danza tradicional y contemporánea en Tanzania. Después de una semana conociendo a los bailarines dentro y fuera del festival, lo tiene claro: “¡para ellos, la danza contemporánea es una forma de baile que les permite contar historias!” Está documentando todo el festival con la idea de compartirlo y ofrecérselo, para que puedan tener un material propio.

Haba na Haba significa en suajili “paso a paso”, y esa es la actitud con la que encaran el futuro. Hombres y mujeres para los que la danza es una forma de expresarse, un modo de vida, y que gracias a este festival pueden relacionarse y compartir su experiencia con bailarines de diferentes partes del mundo.

 

Rocío Periago (Lorca, 1986). Viajera y contadora de historias. Toca el violonchelo y está en continua búsqueda de nuevos sonidos. Interesada en el mundo social y la sostenibilidad, colabora con Planeta Futuro, Altaïr Magazine o Revista Late, entre otros. 

Descoloniza tu iPod 2019 (VI, VII & VIII)

Buika & Santana – Africa Speaks (7 de junio, Concord Records)

El genio y figura de Concha Buika se ha asociado con el guitarrista mexicano Carlos Santana para rendirle tributo a África, continente fundamental en la génesis de la música latina. Que la mallorquina de origen ecuatoguineano y el mexicano se encierren en un estudio de Malibu para grabar los 11 cortes de Africa Speaks, no solo es un preludio de que el álbum estará repleto de pirotecnia musical de calidad, sino también, de que África como fuente e inspiración está en la senda de todo gran músico en algún momento de su carrera. El álbum no parece haber ahondado mucho más allá de los ecos transatlánticos, reflejando un combo de blues estándar con pizcas de psicodelia y pedales wah-wah, pero sin revelar mucho de la música africana contemporánea más allá de la hechicera voz de Concha. Aunque Africa Speaks, o ‘África Habla’ se refiere quizás más al África inherente en las congas, en candomblé o la santería que a África en sí.

Zeal Onyia – Trumpet King Zeal Onyia Returns (14 de junio, BBE)

Considerado uno de los fundadores de la highlife de África occidental en países como Ghana o Nigeria, el trompetista Zeal Onyiba defendió la música swing y los sonidos de Duke Ellington en los principales clubes de la región desde los años 40. Era una época dorada de los sonidos de la región, cuando ET Mensah, en los años 50, y Fela Kuti, más tarde, empezaron a brillar en los combo de jazz sesenteros. Esta reedición de Trumpet King Zeal Onyia Returns es una auténtica joya del Igbo-highlife perfecto para los amantes del sonido de la vieja escuela.

Abdullah Ibrahim – The Balance (28 de junio, Gearbox Records)

Con 84 años, el jazzman conocido como Dollar Brand, Abdullah Ibrahim (1934), vuelve a deleitarnos con otro larga duración de “Township Jazz” y el diálogo permanente entre la high class y el gueto, entre lo blanco y lo negro, entre lo africano y lo occidental… como buen cronista sonoro de la Sudáfrica moderna, The Balance, que sigue su último LP The Song is My Story, encarna las visiones del jazz y busca la excelencia musical que le caracterizan, trascendiendo las barreras estilísticas y geográficas, y hablando, tocando, desde el corazón. Nacido en Ciudad del Cabo y exiliado por el Apartheid durante su juventud, tocó para la ceremonia de la toma de posesión de Nelson Mandela en 1994. Lejos del gqom o el Kwaito que inunda las fiestas en el país del arcoiris, Ibrahim es símbolo de una generación hoy olvidada por los más jóvenes.

Trash Kit – Horizon (5 de julio, Upset the Rhythm)

Trash Kit es un trio post-punk con origenes en Zimbabwe pero asentado en Reino Unido que nos han sorprendido con un álbum elegante y original que combina crítica social y política con música de baile. El tercero de su carrera discográfica, el disco pone en la voz de Rachel Aggs, su cantante, la transmisión de mensajes que hablan de la realidad global contemporánea y que están marcados por la impetuosidad de la baterista Rachel Horwood. Dos mujeres y un hombre, el bajista Gill Partington, que tejen un discurso sonoro con la mbira como elemento primigenio y los polirritmos como lienzo, y que representan los sonidos, las inquietudes y la riqueza cultural de la diáspora.

Kokoko! – Fongola (5 de julio, Royal Mountain Records)

La banda congoleña KOKOKO! son la punta del iceberg de la nueva efervescente escena musical que de la capital, Kinshasa, donde los artistas utilizan el arte como forma de protesta en un contexto político cada vez más tenso. Fongola, su primer larga duración después de darse a conocer con varios EPs y singles que ya hemos destacado con anterioridad, es una banda sonora que retrata el caos kinois fruto de la interacción cotidiana de 11 millones de personas en la megaciudad africana. Provenientes del barrio de Ngwaka, KOKOKO!, que significa ‘golpes’ transmiten a golpe de ritmo un espíritu de emergencia social.

Africa Express – Egoli(12 de julio, Africa Express) 

Aunque acusados de neocolonialismo en su última aventura en África para producir este trabajo, el colectivo de músicos interculturales dirigido por Damon Albarn presenta un nuevo álbum de 18 pistas junto artistas sudafricanos, europeos y estadounidenses que se labró en una semana. Con bandas emblemáticas del pop y la electrónica local como BCUC, Otim Alpha (Nyege Nyege), Poté, Dominowe o DJ Spoko, el álbum es una rave de grandes influencias angoleñas y sudafricanas. Egoli, o “la Ciudad Dorada” en Xhosa, fue grabada en siete días en un estudio sudafricano. Las 18 pistas son la catalización de varias influencias vanguardistas gracias a las muchas colaboraciones y colores musicales que presenta. No os perdáis Absolutely Everything Is Pointing Towards The Light, con la voz de la gran Zolani Mahola.

Burna Boy – African Giant (25 de julio, Bad Habit/ On a Spaceship/ Atlantic)

El nuevo álbum del artista nigeriano conocido como el “Niño Maravilla” llega cargado de colaboraciones estelares (Jorja Smith, Damian Marley o Angelique Kidjo). La electrónica sigue dominando el estilo de este “Gigante Africano” —tal como reza el título de este trabajo—, que gracias a sus éxitos ha conseguido ser reconocido como un coloso por la escena global más comercial. En lo que representa su 4º álbum de estudio,  Burna Boy vuelve a emplazar el multilingüismo a revisar el dominio de inglés o francés como lenguas dominantes en el mercado musical. Con un sempiterno auto-tune enmascarando su voz y la sombra de Fela custodiando —¿quizás cuestionando desde el más allá?— el liderazgo de los Afrobeats en el mundo, Damini Ebunoluwa Ogulu presenta 19 pistas pegajosas y bailongas.

Sidiki Diabaté – Béni (26 de julio, Universal Music Africa) 

Si hay un artista que pueda ser apodado “estrella del Pop” en Mali y África Occidental, ese es el pequeño de los Diabaté: Sidiki. Con este mini-álbum titulado Béni —”Estoy bendecido, el hijo bendecido de Malí”, reza—, el hijo del maestro Toumani marca una nueva etapa en el desarrollo de su carrera. Tras su participación en el exitoso álbum y gira Lamomali, junto al francés Matthieu Chédid, Sidiki (de 27 años) sigue sirviéndose de las 71 generaciones de griots que le preceden y del dominio de la Kora, para sumergirse de lleno en la música urbana de África Occidental. Para ello, se sirve de dos grandes nombres de la música comercial africana: el congoleño Fally Ipupa y el marfileño Safarel Obiang.

Moken – Missing Chapters (8 agosto, Moodswing Records)

Algunos lo llaman “trovador afro-futurista”, porque el camerunés establecido en Atlanta —¡un barítono con una flexibilidad vocal virtuosa!— es un interesantísimo vanguardista que canta baladas de una forma muy poco ortodoxa. Continuación de su debut Chapters of My Life (álbum producido por nuestro bienamado Blick Bassy en 2016), un disco sobre su migración a Estados Unidos y sobre cómo sobrevivir en su automóvil en Detroit; su Missing Chapters es un excéntrico viaje infusionado de optimismo y esperanza que cuenta una vida dura y cómo America trata a los africanos migrados. “Chocolate caliente para los oídos”, según la revista PopMatters.

Lady Donli – Enjoy your life (9 de agosto, Makiyayi) 

Lo retro sigue teniendo impacto en el pop nigeriano contemporáneo. Prueba de ello es el álbum debut de Lady Donli, una joven de 22 años que acaba de irrumpir en el mercado musical global con este interesante larga duración de 15 pistas repleto de grandes ritmos. Un estilo lleno de optimismo y crónica social que destaca con su “adicta al cash (dinero)”, algo que describe muy bien la carrera por el dinero que se vive a un lado y otro del Planeta. Nacida en Cleveland, Ohio, criada en Abuja y ahora viviendo entre Londres y Lagos, Donli pertenece a una clase global y como tal, nos presenta un estilo repleto de hip-hop con beats electrónicos, melodías neo-soul e infusiones de funk psicodélico. ¡Nos encanta este álbum! ¡Disfruta tu vida!

Jahkasa – Neé Chikora (23 agosto)

Representante de la nueva generación reggae en África, el burkinabés Jahkasa, alias Karim Sanou, lanza su tercer álbum, titulado Née Chikora, una alusión a una generación que tiene que luchar para sobrevivir. Con 33 años, el estilo “reggae balafón” de Jahkasa se ha labrado un espacio único en la escena internacional de aromas jamaicanas, situando el balafón como un instrumento sin fronteras. Con letras como “Marine Le Pen, me das pena”, Jahkasa lanza dardos envenenados que cuestionan la situación política de África tanto como el racismo y los derechos vulnerados de los migrantes hacia Europa.

EPs: 

Guiss Guiss Bou Bess – Heritage, EP 1. (1 de junio)

Estamos construyendo la música del mañana“, nos advertían en una entrevista para Wiriko los senegaleses. Literalmente “Nueva Visión” en Wolof, Guiss Guiss Bou Bess es el joven proyecto de Stéphane Costantini, compositor y beatmaker, y Mara Seck, cantante, percusionista y bailarín de tradición griot. Una mezcla explosiva de ritmos electrónicos y ritmos ancestrales de los sabars, fruto del encuentro y la fusión de tradiciones diversas. Un EP que inquieta tanto como abduce a un universo de encuentros interculturales aderezado con grandes dosis de procesadores capaces de alterar la conciencia. Quizás por eso, el dueto franco-senegalés se ha hecho con los principales escenarios europeos para este tipo de géneros este verano.

Gafacci – Tash BNM (11 de julio, Clam Clam)

El ghanés Gafacci es uno de los productores más interesantes de la escena electrónica actual. Sus instrumentales electrónicos y su estilo asokpor son predilectos de nuestro proyecto de difusión de música electrónica africana Moto Kiatu. De hecho, el tema Lavapies to Labadi surge de una estancia de Gafacci en nuestra casa en el barrio madrileño, que se ha seguido de una estancia de Wiriko en Ghana a razón de nuestra participación en el festival de arte urbano Chale Wote de Accra. Los ritmos infundidos en este Tash BNM son parte del ADN de Gafacci, influenciado directamente por su padre Sega Gafatchi, un ex miembro de la banda legendaria de la música juju, Chief Commander Ebenezer. Una auténtica exploración de sonidos “lo-fi”, infundidos con atuendos minimalistas y un toque pop que nos hacen vibrar y mover en cada fiesta.

Recopilatorios: 

Worldwide, 30 Years of Real World Music (26 de julio, Real World)

Para celebrar su 30 aniversario, la discográfica de Peter Gabriel y su Real World Records (1989) ha lanzado una compilación retrospectiva que va de Tanzania a China, de Irlanda al Tíbet, y donde África ocupa una posición privilegiada como la gallina de los huevos de oro de los sonidos globales. En el álbum encontraremos a Papa Wemba, quién grabó tres de sus álbumes más importantes con el sello; pero también a nombres como Geoffrey Oryema, Tabu Ley o Youssou Ndour, que dominaron las mal-llamadas “músicas del mundo” cuando la industria lanzó los sonidos africanos al mundo.

Singles: 

Rachid Taha – Je Suis Africaine (19 de junio)

El próximo 20 de septiembre, solo unos días después del primer aniversario de la muerte del gran músico argelino Rachid Taha, saldrá a la venta su álbum póstumo Je Suis Africaine. ¡Y cómo anticipo, nos llega este potentísimo videoclip! ¡Qué ganas de escuchar el álbum entero!

Sampa The Great – OMG (10 de julio) 

The Return, el primer LP oficial  de la artista nacida en Zambia y residente en Australia, llegará este septiembre y nos lo ha anunciado con el sencillo Oh My Gash, y este videoclip filmado entre Sudáfrica y Botswana, donde se crió la rapera Sampa Tembo (1993). Según la artista, su intención es volver a volcar la mirada hacia el continente, para rendirle tributo, hacerle justicia, y celebrarlo.

Tinariwen – Kel Tinawen (20 agosto) 

Una de las bandas más representativas de los sonidos tuareg contemporáneos, Tinariwen, se unían este verano a la voz de la tuareg Noura Mint Seymali para presentar “Zawal” junto a Jeiche Ould Chighaly y Warren Ellis. Justo después, nos presentaban “Kel Tinawen”, uno de los temas que han acompañado a Wiriko durante el verano, mientras esperábamos el nuevo álbum del combo maliense, Amadjar, que salió el 6 de septiembre y que vamos a incluir en la próxima entrega de nuestra serie Descoloniza tu iPod.

Carlos Lopes, el cantante que quiere “calmar las almas”

La música siempre ha sido uno de los pilares culturales de Cabo Verde, tanto en el territorio nacional como forma de resistencia a las opresiones portuguesas o bien en las diásporas para recordar las islas de la morabeza (hospitalidad, calidez humana). Lo cierto es que cada vez son más las iniciativas las que se están impulsando para reforzar su papel como seña identitaria. Es el caso del cantautor e intérprete caboverdiano Carlos Lopes (1985) quien a la edad de diez años emprendió un viaje de reunificación familiar que le llevó a crecer en Francia, dejando atrás Santiago, su tierra natal. Sin embargo, esto no ha sido impedimento para que su primer trabajo discográfico explore los sonidos de su tierra. Y hoy, nos lo cuenta.

Este año se han celebrado en Santiago dos eventos que subrayan la importancia musical de las islas: el Kriol Jazz Festival (JKF) y el Atlantic Music Expo (AME). Siendo esta su 11ª edición, el JFK surgió en 2009 con vistas a promover el talento de artistas dentro de la esfera criolla, ya sean de origen caboverdiano, caribeño o del Océano Índico. El festival reúne a músicos de todas partes del mundo, intentando atraer así a un público internacional. Por otro lado, cabe destacar la reciente puesta en marcha de la AME, diseñada para entablar redes transnacionales entre artistas de Cabo Verde y de otros lugares. Y es que según un informe de las Naciones Unidas sobre la economía creativa en Cabo Verde, la cultura se ha convertido en un factor esencial para el desarrollo del país insular. Por lo que no es de extrañar el especial énfasis que, desde lo público y lo privado, se está poniendo para popularizar la producción musical del archipiélago.

Hoy queremos destacar una de las voces de la diáspora caboverdiana que está contribuyendo a la difusión de los sonidos criollos mediante sus composiciones. Nos referimos a Carlos Lopes. Desde una edad temprana la música se constituyó como una parte muy importante de su universo personal. Fue tras mudarse a Niza cuando empezó las clases de canto y más tarde sus estudios en el Conservatorio Nacional de la ciudad francesa, apostando así por dedicarse profesionalmente a ella.

Carlos Lopes, cortesía del autor.

Aunque influenciado por los géneros que encontró en la ciudad europea, la música de Lopes también está impregnada de las sensaciones y recuerdos de su infancia en Cabo Verde. Su primer álbum, Kanta pa Skece (2017, Early Records), combina una mezcla de sonidos y tendencias musicales, estando así en sintonía con el carácter criollo de las islas de la macaronesia.

Hablamos con el artista caboverdiano,que nos cuenta un poco más sobre su recorrido profesional.

I.G.B. Hace casi dos años que salió a la venta Kanta pa Skece. ¿Cómo ha sido el recibimiento de tu trabajo hasta entonces?

C.L. Mi primer álbum fue bien recibido. Estoy muy contento porque fue una producción que además hice con mi primo Gabriel.

I.G.B. En la carátula del disco y en las actuaciones, apareces con una oreja pintada de azul, ¿a qué se debe?

C.L. Para mí es importante tener una identidad sólida en el arte. El azul es para recordar el color del cielo de mi país y la oreja es el símbolo que elegí para representarme a mí mismo; quiero transmitir un mensaje que llegue a los oídos de las personas.

I.G.B. Tengo entendido que has creado un país y una lengua ficticia. ¿Nos puedes contar cómo surgió esta idea y por qué?

C.L. En Cabo Verde no había habitantes, por eso hablo de que somos la brisa de varios continentes. Mi alma sólo tiene un sentimiento de África, por lo que en este lenguaje imaginario utilizo onomatopeyas de sonidos africanos, pues para mí son un canal directo que me permite estar en contacto con mis antepasados.

I.G.B. Después de haber crecido en un país totalmente distinto a Cabo Verde, ¿sientes que con Kanta pa Skece has recuperado una parte de tu identidad caboverdiana?

C.L. Nunca he perdido mi identidad caboverdiana. Aunque me haya ido de Cabo Verde, Cabo Verde nunca se irá de mí. Lo primero que me dije cuando llegué a Francia con diez años es “Soy de Cabo Verde”. Tuve que aprender un idioma nuevo y una cultura nueva. Fue muy gratificante, pero alrededor de los veinte años sentí la necesidad de encontrar mis raíces y la música me hace sentir que tengo que cantar en criollo.

I.G.B. La diáspora caboverdiana es la principal responsable de la popularización de los sonidos caboverdianos. ¿Crees que esto reproduce lógicas eurocentristas? ¿Por qué crees que los trabajos de los y las artistas que viven en las islas no llegan a Europa?

C.L. La diáspora caboverdiana contribuyó no sólo a la popularidad de nuestra música, sino también a enriquecerla. Por ejemplo, los músicos caboverdianos que viven en Europa o Estados Unidos no tocaban exclusivamente música de Cabo Verde, también funk, jazz… Lo que significa que cuando volvemos a nuestra música, hay elementos que salen naturalmente. Los artistas siempre están innovando. Lo único nuevo son las tendencias.

I.G.B. Durante tu adolescencia interpretabas canciones en varios idiomas (inglés y francés), sin embargo, las letras de tus canciones de ahora son en criollo. ¿Consideras que esta elección ha tenido repercusiones positivas o negativas a la hora de difundir tu trabajo?

C.L. Cuando era pequeño descubrí el reggae gracias a los vinilos que mis tíos trajeron de Europa. Cantaba canciones de Bob Marley y UB40 sin saber lo que decían. El idioma no es una barrera, da igual cuál se utilice en una canción que si esta es hermosa llegará a la gente.

I.G.B. Hace poco se ha anunciado que tu nuevo álbum se llamará Mémoria Azul. Teniendo en cuenta que el azul se refiere a tus recuerdos del mar y del cielo de Cabo Verde tal como nos acabas de contar, ¿es este un trabajo de introspección también? ¿Qué vamos a encontrar en él? ¿Cuándo lo podremos escuchar?

C.L. Mi primer álbum es un homenaje a la música de Cabo Verde. Mémoria Azul, mi segundo trabajo, es más amplio en el sentido de que tiene una sonoridad más moderna. Tengo planeado que salga el próximo año y en él habrá canciones que hablan de momentos históricos importantes de Cabo Verde, pero también de los recuerdos que tengo de cuando era niño y vivía allí.

Carlos Lopes, cortesía del autor.

I.G.B. Mientras estudiabas música contemporánea en el Conservatorio Nacional de Niza también te formaste en piano y canto lírico, ¿escucharemos algo en esta línea en tu próximo trabajo?

C.L. Estudiar canto lírico ha contribuido, por un lado, a abrirme a otros géneros musicales, y puede que sin yo saberlo haya influencia de la música clásica en lo que hago. A pesar de que me gusta estudiar por ejemplo la armonía de jazz en el piano, me siento más cómodo componiendo mis propias canciones en otros estilos/géneros.

I.G.B. Si pudieras colaborar con cualquier artista, ¿quién sería y por qué?

C.L. Hay muchos artistas con los que me gustaría colaborar, pero lo que me interesa especialmente es que haya un intercambio real, no sólo lo que programen los productores. Estoy abierto a propuestas. Acabo de grabar una canción con un rapero que saldrá este verano. En el próximo álbum habrá invitados, pero es una sorpresa.

I.G.B. En una sociedad acelerada donde se promueven más los valores superficiales, ¿qué crees que puede aportar tu música?

C.L. Me gusta cantar y cuando lo hago es para mí algo espiritual, olvido todo en ese momento. Espero que mi música haga feliz a la gente, que calme sus almas; por eso canto.

I.G.B. Muchas gracias Carlos, ¡esperamos poder disfrutar pronto de nuevo álbum!

“Mucha gente piensa que la música africana siempre tiene que tener una kora o un djembé”

Cuando George Ashirifie y Eugene Ampid (alias Kyekyeku) se reunían en el centro de la Alianza Francesa de Accra para tocar, no podían imaginar que con el tiempo recorrerían España juntos para actuar en festivales de música. Ambos son las voces principales de sus respectivas bandas, FRA! y Kyekyeku & Ghanalogue Highlife, los dos grupos ganadores de la última edición del Vis a Vis, un proyecto de cooperación cultural que desde hace diez años organiza Casa África para garantizar una mayor presencia de música africana en los escenarios españoles y generar industria cultural en África. “Vi la oportunidad de participar en Vis a Vis en Internet y le envié el enlace a George, luego estábamos entre los 12 grupos preseleccionados entre los 65 que se presentaron y el día que elegían a los seleccionados, George me dijo: ¿Te imaginas si FRA! gana y ustedes también ganan? ¡Eso sería fantástico!”, relata Kyekyeku con ilusión al recordar ese momento que les ha traído este verano a España para hacer aquello que le apasiona: “Enseñar la cultura local de Ghana a través de la música”. 

George Ashirifie y Kyekyeku.

Una de sus primeras paradas en esta gira de conciertos ha sido la tercera edición de MAPAS, el Mercado de las Artes Performativas del Atlántico Sur que se ha celebrado del 10 al 14 de julio en Santa Cruz de Tenerife. “Las oportunidades no están en todas las partes del mundo, es muy difícil conseguir financiación, incluso si consigues buenos contactos es difícil porque en la música no se trata de lo bueno que puedas ser, sino de las oportunidades que encuentres”. Y, en este sentido, el líder de FRA! añade: “Vis a Vis nos ha dado la oportunidad de llegar a España y MAPAS nos puede dar la oportunidad de llegar incluso más lejos que España”. ¿Y qué se puede hacer para depender menos de estas oportunidades externas? “No podemos desconectar la música africana de la industria musical que está fuera de África porque se trata de un sistema globalizado”, asegura George.

Para Kyekyeku la cuestión no está tanto en la cantidad de oportunidades que puedas encontrar, sino en la calidad de las mismas: “Yo he tenido oportunidades en África y aquí, y en ninguna de ellas he tenido apoyo institucional, esta es la primera vez, con el apoyo del gobierno español y del ghanés, y esto nos permite estar aquí y explorar nuestras posibilidades, y eso es bueno”. Aunque no es la primera vez que Kyekyeku & Ghanalogue Highlife tocan en España, afirma que en el caso de MAPAS tienen “la oportunidad de conocer a mucha gente de todo el mundo, y en eso consiste la música en conectar a la gente”.

Kyekyeku & Ghanalogue Highlife / Fotografía de Juan MaRe.

En sus conciertos en la isla canaria la conexión fue absoluta. Públicos de todas las edades no hacían ningún amago de resistirse. No lo hicieron con FRA! y tampoco con Kyekyeku & Ghanalogue Highlife. Era media tarde y hacía un calor soporífero, más digno de siesta, pero las butacas de la sala del Auditorio de Tenerife se encontraban prácticamente vacías porque la mayoría de los asistentes bailaban amontonados frente a un escenario que desprendía un sonido magnético.

Tanto Fra! como Kyekyeku tocan highlife, un género musical muy extendido en Ghana, que se llama ‘buena vida’ porque cuando surge, en los años veinte, era la música que se tocaba en las fiestas de la clase alta. “El highlife coge ideas de lugares diferentes y las mezcla con la vida ghanesa. Es una combinación del caribeño, de la música de las iglesias europeas, del bolero, del chachacha, de la rumba, … Era una manera de modernizar la sociedad a través de la música. Treinta años después, este género empezó a definir la música de Ghana”, explica Kyekyeku.

FRA! / Fotografía de Juan MaRe.

Sin embargo, la juventud imperante entre los miembros de ambas agrupaciones les ha llevado a dar nuevos aires a este sonido nacional. “No hacemos el típico highlife, sino que cogemos un poco de influencia de este highlife antiguo y añadimos más sonidos. Nosotros llamamos a nuestro estilo afrofusión, cogemos el sonido local y lo mezclamos con diferentes estilos de música”, explica el cantante de Fra! Y de ahí el nombre de esta banda, que en akan significa mezcla. Continua Kyekyeku explicando este ‘neohighlife’ agregando que su “generación está muy influenciada por la música estadounidense, por el rock, por ejemplo; y esto también es parte de nosotros. Para nosotros es muy importante poder usar la música de nuestra cultura y poder mirar al futuro y ver qué podemos proyectar de ella”.

Sus letras sí que distan de parecerse. Mientras que las creaciones de Fra! son “para sentirse bien, canciones felices para escuchar y bailar”, en el caso de Kyekyeku & Ghanalogue Highlife cantan acerca de “sistemas políticos y religiosos y sobre la vida como la conocemos en África. Hay cosas que ocurren en África que afectan al mundo entero también porque estamos conectados con todo. Por eso es importante hacer pensar a todo el mundo en qué podemos hacer para solucionarlo. En estos momentos a mí me preocupa que la gente use la religión y la espiritualidad como una forma de negocio. Por supuesto, respeto las religiones y la espiritualidad, pero cuando la gente lo usa para ganar dinero no está bien. Así que hablo de esto en mi música de una forma muy divertida para que la gente se lo pase bien, como una manera de invitar a pensar en ello”.

A pesar de sus diferencias musicales y aun siendo bastante identificable el sonido que ambos profesan, de cara a la industria su estilo pertenece a las ‘músicas del mundo’, al igual que el afrobeat, la maringa o el mbalax procedentes de la región de África Occidental o la mirunga, que proviene del otro extremo del continente. “Este término fue creado para poner toda la música africana en una misma caja”, dice George al respecto. A Kyekyeku no le molesta la etiqueta en sí, incluso considera que tiene ventajas. El problema lo ve en la generación de estereotipos que conlleva.

“Yo no tengo problema si alguien llama a mí música ‘música del mundo’, yo se lo que es mi música. Pero pienso que antes de que algo se llamara ‘músicas del mundo’ había grandes géneros como el blues o el rock que procedían de un único lugar y luego empezaron a aparecer grandes músicos africanos que fueron reconocidos, como Salif Keita o Miriam Makeba o Fela Kuti, y no sabían qué género darle a sus canciones, así que los empezaron a llamar músicas del mundo. Es una categoría para localizar esa música y eso la hace más accesible a la gente. Para mí la música del mundo como género no existe porque todas las que se meten en esa categoría son muy distintas entre sí. Hacer una categoría para la música no es lo más importante, pero hay un grupo de gente que piensa en este tipo de música como tribal y esto sí es un problema. Lo que hay que promover es que la gente localice esta música y la escuche. Mucha gente piensa que la música africana siempre tiene que tener una kora o un djembé, y esto es un problema porque en África hay muchos más instrumentos, mucha más música”.

Guiss Guiss Bou Bess: “Estamos construyendo la música del mañana”

El grupo, que prepara su nuevo trabajo para el mes de noviembre, podrá verse en el African Village del Festival Rototom Sunsplash este año

Su tema Thieb bou Dup funcionó como una metáfora para sintetizar el invento musical de este dúo senegalo-francés: el electro-sabar, una fusión de los ritmos tradicionales senegaleses con bases de música electrónica.

Con este tema, que juega con el nombre del famoso plato de arroz con pescado (thieb bu dien) y uno de los ritmos más tocados de los sabar de Dakar, se dio a conocer en 2017 Guiss Guiss Bou Bess (GGBB) —traducido literalmente como “nueva visión”—, uno de los grupos de la escena urbana senegalesa que está pegando más fuerte, rompiendo tanto pistas de baile como esquemas mentales.

¿Es compatible la tradición con la modernidad? Mara Seck y Stéphane Costantini han demostrado que sí: a través de una fusión en la que el electro se adapta a los ritmos marcados por el sabar —término que designa a la vez un instrumento de percusión, un estilo de música y una forma de baile—. “Empezamos con el remix de temas de Mara, para ver qué salía. El maridaje pareció fluido, natural, y empezamos a crear nuevos temas en los que, la mayoría de las veces, soy yo el que sigo las propuestas que marca la percusión”, explica Stephane.

El sabar es un momento de encuentro, sobre todo de mujeres y niños, donde bailan y se expresan libremente. Normalmente se hace con ocasión de algún evento social (boda, bautizos, ligado más al misticismo, para curar a personas enfermas, etc). ¿Dónde se baila, entonces, su versión electro? “Tanto en las pistas de baile como en las calles”, responde Mara Seck. “Mi madre, mis tías y primas al principio lo veían raro pero ahora cuando lo oyen lo dan todo”, ríe.

El líder vocal del grupo se ha criado en la Medina, barrio popular del centro de Dakar. Hijo de una gran familia de griots por parte de madre (familia de los Sing-sings) crece entre ritmos e instrumentos y empieza a tocar desde muy pronto. Su padre es el celebre Alla Seck (bailarín y cantante de la orquesta Super Étoile con Youssou Ndour) que facilita su subida al escenario, haciendo sus pinitos primeramente en la danza y después como percusionista y “tassu” (un tipo de oratoria local).

Con esas tablas encuentra, en 2016 a Stéphane Costantini, doctor en Ciencias de la Comunicación vinculado a la Universidad de Paris 13 que se encontraba en Dakar en el marco de una investigación académica. Procedente de la esfera hip-hop francesa, Constantini cuenta con formación en diferentes instrumentos de percusión.  Su pasión por la música lleva a este beatmaker a trastear la escena dakaroise y entre ambos surge la chispa : “GGBB es una propuesta híbrida en la que las dos culturas se encuentran, siendo el electro el que va hacia el ritmo tradicional y no a la inversa: no es un corta-pega. Es una apropiación cultural a la inversa. La apuesta de GGBB es que Senegal se apropie del electro”, resume Constantini.

Al proyecto se une un equipo de creadores como Tiziana Manfredi, artista videasta, que aporta la imagen a este cruce de universos. “Estamos construyendo la música del mañana”, afirma Seck. “Queremos exportar el sabar, elementos del mbalax senegalés, al resto del mundo: una evolución de la tradición que hable a la juventud, que la ligue a sus raíces abriéndola al mundo”.

Su primer álbum, Heritage fue publicado el 2 de junio bajo el sello Helico Music y es, como explica Seck, un homenaje a su padre, “a la herencia de los ancestros”. En él GGBB se repasan los códigos cotidianos del país: se habla de la fuerza de las mujeres, de la tradición de los griots, de la cultura bayefall, …  sin dejar a un lado los problemas sociales a los que se enfrenta el continente, en el tema “jem ca kanam”.

El grupo prepara un nuevo álbum para el próximo mes de noviembre, enriqueciéndose de las experiencias de estos dos primeros años de trabajo conjunto y de encuentros con otros artistas, como el realizado con el dúo afropunk tribal de Germaine Kobo & Bella Lawson en el marco de la primera residencia de la Villa Saint Louis -Ndar en Senegal.

Listos para su gira de verano, en España serán acogidos en el African Village del Festival Rototom Sunsplash el 20 de agosto. Tras haber pasado por las islas canarias en el Womex 2018 será el momento para testar el calado de esta nueva propuesta en los escenarios de la península y ver si tiene igual de buena acogida que en la esfera francófona.

Los mejores festivales de teatro africanos de 2019

El séptimo arte ha tenido siempre un papel muy especial en el continente africano. Durante los últimos años ha emergido un teatro social que pone sobre la mesa los desafíos a los que se enfrentan distintos países. Ya hemos visto el caso de Kenia y de Mali, donde diferentes iniciativas han contribuido a sensibilizar y cohesionar la sociedad. Sin embargo, como ilustra The Communication Initiative existen muchos más: en Namibia, Sudáfrica y Uganda se han desarrollado proyectos teatrales enfocados en la concienciación sobre el VIH,  la preocupación medioambiental o el desarrollo económico, uno de los objetivos perseguidos por iniciativas llevadas a cabo en Malawi, Mozambique y Nigeria.

Podríamos pasarnos horas aprendiendo sobre propuestas y movimientos sociales que manifiestan de una manera crítica y original sus preocupaciones a través del teatro. Sin embargo, y atendiendo a la importancia de la rama de las artes escénicas en el continente, hoy repasamos los festivales teatrales africanos más relevantes de este 2019.

Zabalaza Theatre Festival (8-16 de marzo)

Ciudad del Cabo (Sudáfrica)

Zabalaza Theatre Festival 2019

El Centro de Teatro Baxter, junto con la Universidad de Ciudad del Cabo, buscan reflejar las culturas de todas las personas de Sudáfrica en los escenarios, vestíbulos y galerías. El compromiso social de dicho centro multicultural le ha llevado a impulsar el Zabalaza Theatre Festival, el cual se ha convertido en una plataforma esencial para los nuevos talentos. Con una periodicidad anual, el evento acoge cada vez a más jóvenes artistas, dándoles la oportunidad de compartir sus ideas y creatividad a través del mundo teatral.

Festival 10 SUR 10 – Théâtre Francophone pour Jeunes (11-12 de marzo)

Dakar y Saly (Senegal)

Fuente: Sur 10 Sur.

En 2011 nacía en Polonia Drameducation – Centro internacional de teatro francófono, con el objetivo de fomentar el aprendizaje del francés entre los y las estudiantes a través de piezas artísticas contemporáneas. 10 SUR 10 es uno de los programas de Drameducation, que consiste en la creación y representación de obras teatrales, así como en la organización de festivales. Esta iniciativa se ha trasladado más allá de las fronteras europeas, llegando hasta Armenia, Túnez y Estados Unidos. Por primera vez, este 2019 aterriza en Senegal el festival teatral hecho por y para los niños y niñas. Celebrado en distintos centros educativos e instituciones del país africano, el evento contó con la representación de 12 textos de la mano de pequeños y pequeñas intérpretes de origen suizo, belga, canadiense, francés y camerunés.

Lagos Theatre Festival (8-14 de abril)

Lagos (Nigeria)

Fuente: The Theatre Times.

Fundado en 2013 por el Consejo Británico como parte de sus ambiciones de promover el intercambio y la colaboración entre artistas de Nigeria y de Gran Bretaña a través de la presentación de teatro de calidad. El objetivo es fomentar un festival teatral alternativo en el que las producciones rompan con los cánones escenográficos.“Imagina lo inimaginable” fue la temática de este año, invitando así a que las compañías e intérpretes dieran rienda suelta a su creatividad y pudieran presentar sus trabajos sin restricciones. Ya por su 5ª edición, el festival experimental contó con la participación de 600 artistas que llevaron a 20 escenarios distintos más de 100 espectáculos.

Festival Internacional de Teatro do Cazenga (4-14 de julio)

Luanda (Angola)

En esta 14ª edición del festival de Luanda (también conocido como FESTECA), las piezas teatrales giran en torno al lema “Juventud, arte y amor: 30 años al servicio de la sociedad”, que hace referencia a los 30 años de la conmemoración del grupo Turma Cómica KK. Y es que dicha compañía será homenajeada durante el evento, que tendrá lugar en el Centro de Animación Artística de la capital angoleña. Durante más de una semana se podrá disfrutar de la puesta en escena tanto de intérpretes nacionales como internacionales, dentro de la esfera lusófona (Cabo Verde, Mozambique y Brasil).

The Kenya International Theatre Festival (1-10 de noviembre)

Nairobi (Kenya)

Este festival se presenta como una oportunidad para mostrar el teatro keniano al resto del mundo, a la vez que incorpora espectáculos internacionales, celebrando de esta forma la diversidad y las experiencias a través del teatro. El objetivo es ofrecer una plataforma en la que las producciones teatrales locales e internacionales puedan tratar los temas sociales más actuales y explorar las intersecciones entre los distintos géneros del teatro. Así pues, KITF crea un espacio en el que artistas nóveles o con experiencia previa pueden expresarse, estimulando además la interacción de diferentes prácticas culturales.

Midelact (7-16 de noviembre)

Mindelo (Cabo Verde)

Fuente: Mindelact.

El Festival Internacional de Teatro de Mindelo (Cabo Verde) es actualmente el acontecimiento teatral más importante de los países lusófonos y de África Occidental. Para su 25ª edición, el evento acogerá obras nacionales e internacionales que se desplegarán en diferentes espacios de la ciudad de Mindelo, contando además con una extensión en la capital de Praia.Mindelact no se conforma con ofrecer espectáculos, sino que también quiere promover el intercambio entre participantes y las acciones de formación en las áreas artísticas más diversas ligadas al teatro, conciertos musicales, exposiciones de diseño y artes plásticas entre otras.

Kampala International Theatre Festival (26-30 de noviembre)

Kampala (Uganda)

Fuente: Kampala International Theatre Festival.

Este evento nació en 2014 fruto de los esfuerzos en común de la Fundación de Cultura Bayimba y el Programa de Teatro del Instituto Sundance para contribuir a desarrollar una industria teatral visible y dinámica en la región de África oriental. Ambas partes acordaron crear una plataforma con la que fomentar los lazos entre diferentes comunidades artísticas de la región, expandiendo el teatro y buscando nuevos públicos.El festival, que se celebrará en otoño en Uganda, cuenta con la participación de producciones internacionales, yaque uno de sus objetivos es ser capaz de generar un diálogo entre el teatro y el público, construir puentes entre las personas en un mundo que es cada vez más individualista.