Hervé Samb alumbra un nuevo estilo: el «Jazz Sabar»

‘Sabar’ es una palabra wolof que refiere a una constelación de eventos culturales, ritmos percutidos y bailes representativos de la sociedad wolof y serer de Senegal. Principal lenguaje expresivo de los Dakarois (nombre con el que se conoce a los residentes de Dakar), ha pervivido a lo largo de los siglos como una característica sociocultural intrínseca en Senegal. Hoy, con 38 años y un largo recorrido musical por escenarios de todo el mundo, el virtuoso guitarrista senegalés Hervé Samb lo pone en el epicentro de su cuarto álbum de estudio, Teranga, que ha visto la luz el 12 de enero de 2018, invitando al mundo a descubrir la cultura, la tradición y la danza “Sabar” revisada desde el Jazz.

Adaptando con originalidad y delicadeza temas como el Giant Steps, clásico de John Coltrane, y respaldado por Daara J, Faada Freddy o N’Dongo D, su reinterpretación del Sabar refleja un talento brillante y un deseo de modernización del repertorio de la música senegalesa a través del lenguaje jazzístico sin precedentes. Un trabajo que el compositor dedica a los ya desaparecidos Doudou Ndiaye Rose y Coumba Dieng Ndiouga.

¿Quién es Hervé Samb?

H.S.: Un niño que comenzó a tocar la guitarra a la edad de 9 años, en Dakar (Senegal) y se convirtió en un apasionado de la música. Comencé tocando blues y grabé mi primer álbum a la edad de 12 años, con mi primera banda en ese momento. Descubrí la música Jazz con 14 años, junto a mi mentor Pierre Van Dormael (que por entonces ejercía de profesor en el Conservatorio de Dakar) quien me dio todas las llaves que necesitaba para desarrollar mi talento. A la edad de 19 años, me mudé a París, mi mejor patio de recreo, donde tuve la oportunidad de tocar muchos estilos de música con muchas bandas. Es el comienzo de una carrera internacional entre París y Nueva York, acompañando al saxofonista David Murray, a los malienses Amadou y Mariam o Oumou Sangaré, a la cantante Meshell Ndegeocello, a la estrella jamaicana Jimmy Cliff o al jazzman Marcus Miller.  A través de este viaje, grabé tres álbumes que muestran mi evolución y colaboraciones: Cross Over (2008), Kharit (2011) y Time to Feel (2013). Ahora, he decidido utilizar mi experiencia como senegalés junto a todo lo aprendido en los últimos 20 años y desarrollar un nuevo concepto llamado «Jazz Sabar» con mi último disco: Teranga (Cristal Records, 2018).

¿Cuáles son tus principales inspiraciones musicales?

H. S.: Son muy diversas. Pero diría que mi fundación se basa en BB King, Jimmy Hendrix, Charli Parker o John Coltrane, y que mi inspiración senegalesa, mandingue y wassolou son Soriba Kouyate, Cheikh Tidiane Seck, Youssou Ndour y todos los instrumentos tradicionales.

¿Y qué significa para tí el concepto de ‘Jazz Sabar’ que impregna tu cuarto álbum?

H.S.: Es muy simple, es un jazz que tiene un lenguaje totalmente diferente, donde podemos usar los diversos ritmos provenientes del Sabar (percusión senegalesa típica) con la complejidad del Jazz. Donde también improvisamos armónica y rítmicamente usando el lenguaje Sabar. Donde acercamos la danza Sabar, que es indisociable de las percusiones, al Jazz.

Tu álbum se titula Teranga, que significa hospitalidad, fraternidad y compartir en wolof. ¿Como la cultura Sabar integra el Jazz en tu obra? 

H.S.: La Teranga es un valor muy importante para nosotros, las personas senegalesas. Este proyecto es una oportunidad para mostrar este valor a través de la música. La música senegalesa a través de sus estilos tradicionales, la danza y el sabar acogen y abrazan al jazz.

¿Cómo y cuándo comenzaste a interesarte por el Jazz? ¿De qué manera el Jazz, un estilo poco desarrollado en Senegal, penetra en tu vida?

H.S.: Mi padre solía escuchar música Soul y Blues y tenía un club de música en vivo donde tuve la oportunidad de compartir música en directo e intercambiar conocimientos con músicos profesionales, muy jóvenes. Así que, naturalmente, comencé por el Blues, que me llevó al Jazz un poco más tarde porque tenía mucha curiosidad. Por eso que a la edad de 14 años llegué al Jazz. Quería desarrollarme musicalmente, y el Jazz es una escuela esencial para cualquier músico en el mundo que quiera desarrollar su talento.

Hemos escuchado a grandes músicos influenciados por Jazz en África. Desde Mulatu Astatke y su Ethiojazz, hasta Abdoullah Ibrahim y su Cape Jazz… ¿Crees que el ‘Sabar Jazz’ puede ser tomado por los amantes del Jazz internacional como un nuevo subgénero y que esto puede atraer oídos occidentales hacia África, en este caso, hacia Senegal?

H.S.: ¡Eso espero! Es un nuevo género que está muy cerca de los músicos senegaleses y también de todos los amantes de la música senegalesa. Cada vez habrá más música que promocionará el Sabar y ayudará al mismo tiempo a la promoción del Jazz Sabar. Los músicos senegaleses de Jazz harán más y más discos. Y creo que a través de mi experiencia, todo está ahí para los oídos occidentales, el ritmo, sus hermosas armonías, su alegría, el romance, etc.

Tu agenda de conciertos te lleva por Suiza, Austria, Alemania o Francia de forma frecuente. ¿Dónde encuentras más público, en Europa o en África? ¿Y qué diferencias encuentras en la reacción de cada audiencia a tu estilo?

H.S.: En realidad, para mí da lo mismo, aunque haya diferentes reacciones. Cuando toco en Senegal, por ejemplo, realmente no necesito explicar nada porque conocen el lenguaje, incluso si nunca antes habían escuchado mi música. En Europa, me sorprende mucho ver que las personas entienden el mensaje y disfrutan descubriendo nueva música e instrumentos que nunca antes habían visto. Y eso me da la oportunidad de invitarlos a venir y descubrir nuestra «Teranga» a Senegal.

Dos obras infantiles inspiradas en África celebran la Navidad en el Teatro Español

Cada vez son más los espacios culturales madrileños que hacen un hueco a propuestas culturales africanas o afrodescendientes. Es el caso del Teatro Español que incluye en su programación navideña dos obras de teatro infantil: Mali y Sayo, de la Compañía hispano-marfileña Samadeni – Cultural Mandjani, que estará en Madrid del 22 al 28 de diciembre y Samabá Samadé, que se podrá ver en la capital del 29 de diciembre al 4 de enero. Ambas obras son dramaturgias de Marisa Llull y Kassoum Sanogo, creadores y directores de este proyecto escénico, y hoy nos regalan un ratito entre viajes, papeleos y ensayos para introducirnos en estos pequeños universos africanos.

Aunque ellos se conocen y trabajan juntos desde “hace mil años” fue en 2007 cuando decidieron fundar la Asociación Cultural Mandjani, una plataforma para la creación de proyectos artísticos, educativos y sociales relacionados con la cultura africana y que nació con el compromiso de cambiar la visión reductora que tenemos de África y reivindica el deseo de unión con su parte más vital y esperanzadora. Sobre estos cimientos se creó unos años después la Cía. Samadeni.

Foto: Orietta Geraldín

¿Cuál fue la chispa que originó la Compañía Samadeni?

ML: Surgió de una invitación de Javier Yagüe para realizar una obra de teatro infantil en el teatro Cuarta Pared. Enseguida me puse en contacto con Kassoum  y empezaron a surgir ideas: África, Costa de Marfil, elefantes… De ahí surge el nombre de la obra “Samabá, Samadé” (“Elefante grande, elefante pequeño” en lengua mandinga). Empezamos trabajando por teléfono, con todos los sinsentidos que conlleva, pero al final todo es transmisión oral, como en África. Podríamos decir que nació primero la función y después la compañía.

“Samabá, Samadé” es un espectáculo visual, musical y enérgico, que habla sobre la importancia que tiene la observación de la naturaleza para aprender sobre nosotros mismos. El Elefante es el hilo conductor para contar esta historia. ¿Por qué precisamente el elefante?

KS: En Costa de Marfil hubo un elefante que salió de la selva y llegó hasta el centro de la ciudad de Bouaké. Salió en todos periódicos, pasó realmente. A raíz de esa noticia surgió la idea principal de la función.

Foto: Julio Castro

En la obra se utilizan la música y la danza de Costa de Marfil, así como de la percusión corporal interactiva y otros elementos visuales para introducir a los espectadores en la cultura africana ¿Cómo se consigue amalgamar todo esto para que llegue a los niños?

ML: La dramaturgia es muy sencilla, pero muy eficaz para conectar con ellos. Se van introduciendo en la cultura africana de la forma más ancestral, a través de los tambores, los diferentes instrumentos, los cantos, la voz de Bintou Sanogo. Es algo que entra a través de los sentidos.

KS: Los niños forman parte del espectáculo. Queremos que los niños se lo pasen tan bien como nosotros. Les hacemos bailar, cantar, subir al escenario. La magia de conectar con los niños en el escenario es a veces difícil, pero lo hemos conseguido. Nosotros nos divertimos mucho y esa es la clave. A veces paramos el espectáculo para charlar con un niño y luego seguimos con el guión…

La obra comienza con una locución en lengua mandinga y sobre el escenario se  intercala con el castellano. ¿Cuál es la reacción de los espectadores más pequeños?

KS: Cuando salimos al escenario hablando mandinga los niños están más atentos porque no saben lo que decimos y cuando empezamos a hablar en castellano surge un “aaah vale, ahora entiendo”

ML: En realidad da igual que no lo entiendan, queremos que oigan el sonido, que vean que hay dos lenguas, diferentes sonidos y texturas. Es entrar en otro mundo de sensaciones.

“Samabá Samadé” se ha representado en muchos teatros madrileños y también habéis estado de gira por España. ¿Qué tal la experiencia?  

KS: Muy bien, sobre todo en Sevilla fue la bomba ¡las madres salían del teatro cantando!

ML: Aunque la historia es muy infantil, la mayoría de los padres tampoco están acostumbrados a las músicas y danzas mandingas de Costa de Marfil y les sorprende mucho.

¿Por qué hay que ir a ver “Samabá Samadé”?

ML: Porque es muy diferente del resto de obras de teatro infantiles que normalmente usan códigos muy definidos, muy convencionales. “Samabá Samadé” está fuera de todo eso. Lo que intentamos es crear mundos y cada miembro del equipo aporta muchísimo. Konan Koffi es una artista que tiene mucha delicadeza y cada espectáculo lo hace diferente. Bintou Sanogo tiene un gran corazón y transmite calor y bondad. Kassoum, además de ser un gran músico, es un gran actor.

Foto: Orietta Geraldín

 El segundo espectáculo familiar que Samadeni representarán esta navidades en El Español es “Mali y Sayo” que está inspirada en una historia africana. Sayo es una niña con dificultades para relacionarse con sus amigos. A través del encuentro con Mali, un hipopótamo con el que puede hablar, Sayo descubre dónde reside su verdadero poder y eso le ayuda a liberarse de sus miedos. Es un espectáculo poderoso e iniciático donde la danza, la percusión en vivo y el teatro nos confrontan con valores como la amistad, la autoestima y optimismo.

¿Cómo fue esta vez el proceso creativo?

ML: Muy distinto. Esta vez Kassoum quería contar la historia de “Mali y Sayo”, un antiguo cuento popular. De hecho Toumani Diabaté le dedicó una canción muy famosa.

KS: Si, “Mali y Sayo” es una canción que transmitían los griots con la kora. Las historias en África no están escritas y son los griots los que actúan como bibliotecas. Cuando mueren hay historias que van cambiando o se pierden. Esta canción cuenta la historia de la amistad entre una niña y un hipopótamo. Lo que la gente sabe es que la niña podía hablar con el hipo, que eran amigos y se entendían. Pero no sabemos el verdadero final de la historia, solo lo saben los viejos en África.

ML: Cogimos el principio como base y luego creamos un final. Además hemos añadido máscaras y más personajes.

Foto: Orietta Geraldín

La escenografía está especialmente cuidada ¿qué nuevos elementos habéis introducido?

ML: Hemos estado casi un año discutiendo y dándole forma. Yo buscaba algo muy esquemático y a Kassoum quería algo muy africano, pero sobre todo no queríamos caer en convencionalismos. Al final hemos llegado al término medio. Después de pensarlo mucho, porque supone un trabajo de creación largo y extenso, hemos introducido el vídeo con las ilustraciones realizadas y animadas por la artista Sara Ortiz Lull, inspiradas en nuestra historia y en el País Dogón. Los paisajes y personajes que aparecen son dibujos en movimiento, pero no están perfectamente acabados hay espacios en blanco para que sean completados por la imaginación de los niños. Todos aportan y construyen su propio espectáculo que así es más interesante y bonito.

KS: Los niños se integran y entran en el espectáculo, pero nosotros no les llamamos, entran solos y eso es fenomenal.

El espectáculo cuenta con varias máscaras, un elemento tradicional africano que habéis llevado a escena de una manera muy diferente. ¿Cómo lo habéis conseguido?

ML: Hay cinco máscaras en la obra y son elementos principales. La más importante es la del hipopótamo Mali realizada por el artista y diseñador Británico-libanés Sean Mackaoui. Konan Koffi da vida a Mali con esa máscara y le hace bailar, hablar y entablar una gran amistad con nuestra protagonista Sayo, interpretada por Bintou Sanogo.

KS: Yo mismo he diseñado y  fabricado la máscara del rey, que a los niños les encanta porque crece en le escenario. En ellas hay algo de contemporáneo y algo de tradición africana. En la obra que viene habrá más máscaras…

En vuestro espectáculo es primordial la música en directo, que interpreta el mismo Kassoum Sanogo.

KS: Uno de los principales elementos que componen la narración de “Mali y Sayo” es la música en vivo, la orquesta mandinga al completo con djembés, dundunes, Kalimba, tama, balafón, ngoni y otros instrumentos como el cajón y platos. En los espectáculos me dejo llevar mucho por lo que siento dentro del escenario, mi cuerpo me dice lo que funciona y lo que no. Ese sentimiento, esa intuición la tengo muy en cuenta.

TOP 10 Música Africana 2017

Por Chema Caballero (África no es un país) y Gemma Solés i Coll (Wiriko)

La cuenta atrás ha empezado para este 2017, que nos ha regalado infinidad de nuevas producciones musicales, efervescentes sonidos urbanos y deliciosas melodías para nuestro selectivos oídos, ávidos de buena música. Multitud de producciones de géneros diversos nos han ido llegando desde el Sur del Sahara. A veces, han trascendido sus fronteras, otras solo han conseguido llegar a audiencias locales. Pero durante todo el año, la(s) música(s) africana(s) nos han dejado prácticamente extasiados por su calidad, su originalidad y su diversidad. ¡Y queremos festejarlo!

Antes de empezar a celebrar que, un año más, seguimos en pie y sin poder dejar de mover ni las pestañas con el frenesí musical que nos llega del continente vecino, África no es un país y Wiriko hemos querido aunar esfuerzos para presentaros un subjetivo y retrospectivo TOP 10 con lo mejor de este 2017, para que hagáis sonar durante las comilonas navideñas, en la fiesta de fin de año o para que os acompañe durante los próximos días. Podéis escuchar esta pieza en formato radiofónico aquí o poneros la lista de reproducción de YouTube que os hemos preparado para después de cantar el “Fum, fum, fum” en familia.

El mejor regalo de todos para estas fiestas:

¡Compartir cultura!

  1. Elida Almeida – Kebrada (Lusafrica) – CABO VERDE

Dos años después de que debutara con su ‘Ora doci Ora margos’ (Dulces tiempos amargos), la que con solo 24 años de edad se ha postulado como la nueva voz de Cabo Verde, presentaba el pasado 20 de octubre: ‘Kebrada’. ‘Kebrada’, apodado así por el nombre de la región en la que se crió de pequeña, es una afirmación de la identidad africana más híbrida, y de las resonancias de ida y vuelta que tanto han marcado los sonidos del Atlántico negro. En él, Elida Almeida se consolida con una propuesta bien nutrida a base de ritmos caboverdianos como batuque, funaná, coladera y tabanka delicadamente aderezados con música latina. Una receta pegadiza tanto en sus himnos más bailables y festivos como en sus cortes más melancólicos, que no está exenta de crítica social. En la balada ‘Forti Dor’, uno de nuestros temas preferidos, Almeida cuenta la historia del joven que muere enmedio de una multitud. En ‘Grogu Kaba’, la voz de Elida se lamenta de las palizas que un bebedor de ron le da a su esposa tres veces al día… ¡Almeida llegó para quedarse!

  1. Kokoko! – Tokoliana (Ici Leble)  – REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

Tokoliana significa nos estamos comiendo los unos a los otros, en lingala. Es también el título del álbum presentación del colectivo Kokoko un grupo de la República Democrática del Congo asentado en Kinshasa, que fabrica sus propios instrumentos. Un trabajo cargado de pistas hipnóticas y mensajes políticos que nacen de la realidad que se vive en la RDC. Llaman a su sonido tecno kitueni o zagué, en lingala, a pesar de ello, se les cuela un toque punk. Detrás de ellos está el productor francés Débruit que les ayuda a dar el salto a la escena internacional.

El primer sencillo que nos llegó de este trabajo se titula como el LP y llegó acompañado de un vídeo dirigido por el cineasta alemán Makus Hofko que se fija en los pigmeos “por ser los perdedores de la sociedad congoleña, saqueados por las empresas madereras y despreciados por muchos en el país”, según comentó a la revista digital Nowness. Las imágenes fueron filmadas durante un ritual pigmeo llamado wale, que ocurre cuando una mujer da a luz a su primer hijo.

  1. Amazones d’Afrique – Republique Amazone (Real World Records) – ÁFRICA OCCIDENTAL

Este 2017, diez de las principales divas africanas de la canción de ayer y de hoy (entre ellas Angélique Kidjo, Mariam Doumbia de Amadou & Mariam o Nneka), se han unido para darle voz a las mujeres del África Occidental y cantar contra las desigualdades de género y contra el machismo imperante. Su álbum debut, ‘República Amazona’, es una de las bombas sonoras más sorprendentes y potentes que nos ha llegado a las manos en los últimos meses. Producido por Liam Farrell, salió a la luz el pasado 10 de marzo, dejando claro que la huella electrónica y las distorsiones Afrofuturistas que llevaron a la fama a Mbongwana Star el año pasado, eran una fórmula infalible. Ritmos frenéticos que no pierden la elegancia en ninguno de los cortes y donde destaca ‘I Play The Kora’, reivindicando que la mujer toma el timón (la Kora es un instrumento tradicionalmente tocado por hombres). El tema que más ha sonado en las pistas de baile, es inconfundiblemente ‘Dombolo’, con la beninesa Kidjo a su frente, cargando con la fuerza y el legado de las guerreras cotidianas del África: las mujeres. Una banda sonora perfecta para el año del #MeToo.

  1. Janka Nabay – Build Music (Luaka Bop) – SIERRA LEONA

Janka Nabay comenzó haciendo lo que luego se ha conocido como bubu electrónico, allá en los años 90 en Sierra Leona donde grabó algunas cintas que se vendieron muy bien. Bubu. Es una música tradicional tocada soplando cañas de bambú de distintos tamaños y acompañada de tambores, quizás una de las más antiguas de su país. La guerra hizo que Nabay abandonase su país rumbo a Estados Unidos donde se ganó la vida trabajando en hoteles y en restaurantes de comida rápida. Poco a poco ha comenzado a reconstruir su carrera musical junto a la Bubu Gang.

En marzo de este año publicaba un nuevo trabajo que lleva por nombre Build Music. A él pertenece el tema Sabonah (que se puede traducir por Esto es nuestro o esto nos pertenece, más o menos). Se trata de una canción que ya fue grabada en los años 90, en una de aquellas cintas que hizo en su país, y que ahora recupera y actualiza. Es muy interesante el vídeo que acompaña al tema dirigido por Wills Glasspiegel en colaboración con Benjamin Dominic y John Llori en Freetown.

La música bubu nos ha gustado mucho y por eso mismo su renovación nos atrae baste, quizás esta sea la única razón por la que este tema está aquí.

  1. Mokoomba – Luyando (Out Here Records) – ZIMBABWE 

Cinco años después de irrumpir en el mercado musical con el álbum ‘Rising Tide’, la banda juvenil más exitosa de Zimbabwe, Mokoomba (que significa ‘amor de madre’ en Tonga), ha vuelto a golpear este 2017 con un nuevo enfoque de su Zimrock y la rumba congoleña con matices mucho más acústicos, líricos, suaves, pero repletos de energía, con su nuevo LP ‘Luyando’. En él, han querido sintetizar la tradición sonora de su hogar, las Cataratas Victoria, cantando en cuatro idiomas zimbabuenses (Tonga, Shona, Luvala, Ndebele), además de en inglés, en un set que incluye consejos sobre cómo lidiar con leones y donde el agua de las Cataratas fluye cual sangre por las venas de sus miembros. Las armonías vocales y el tono relajado del disco, presentan un sonido orgánico y sin adulteraciones que desnuda la receta central de Mokoomba y nos hace descender a la cultura más arraigada de uno de los lugares más maravillosos del Planeta. Un disco reconstituyente para el año en que Mugabe deja el “trono” del país tras 37 años en el poder.   

  1. Elemotho – Beautiful World (Arc Music) – NAMIBIA 

Este álbum es una pequeña joya que profundiza en el alma del ser humano y la naturaliza. El compositor y cantante namibio comparte los recuerdos de su infancia, de esos cuentos que se narran alrededor del fuego en el desierto del Kalahari, recorre el destino del ser humano, saca esperanza de lo más perdido y belleza en la oscuridad. Canta en inglés y en varias lenguas de su país acompañado de varios instrumentos entre los que se encuentran la guitarra, el violín, el acordeón, la mbira, la conga…

El LP aborda la condición de hombre africano. Pero no se centra en lo negativo, como tantos otros hacen, en la opresión, sino que invita a los oyentes a tomar el control de su destino. Por ejemplo, en el tema del mismo título que el álbum canta el estribillo: “Tienes ojos, tienes una mente, tienes manos, lo tienes todo”. Sediegi (No te desvíes) es una versión de un tema funerario que repite: “una vida sin sueño es como un arroyo sin agua”. Kuruman habla de la migración… Todo esto se resume en el tema que sirvió de presentación a este trabajo, Balck man y que está marcado por una especie de mantra que el djembe rubrica y donde el espíritu de Fela Kuti o el Steve Biko están muy presente. El vídeo que lo acompaña tiene mucha fuerza y está cargado de imágenes muy provocativas de pobreza, violencia, dignidad, desigualdad económica y esquizofrenia espiritual para mostrar el imaginario del hombre negro en Namibia tras su independencia. Dice Elemotho que con esta canción quiere hablar de temas como verdad, libertad y dignidad, lo que en realidad caracteriza al ser humano.

  1. Ibibio Sound Machine – Uyai (Merge Records) – NIGERIA / REINO UNIDO

La nigeriana Eno Williams, alma mater detrás del explosivo proyecto Ibibio Sound Machine, vuelve a demostrarnos que lo suyo es crear tendencias en las pistas de baile con un cóctel que contiene afrobeat, jazz sudafricano, techno, indie, rock, makossa camerunés, funk y música disco con muchos sintetizadores. Su segundo álbum de estudio, ‘Uyai’, que significa ‘Belleza’, llega tres años después de su debut discográfico, y en él, la lengua Ibibio se convierte una vez más en un vehículo de denuncia social con letras que hablan de temas como el secuestro de Boko Haram a las niñas de Chibok y que tienen el empoderamiento de la mujer como eje central. Los doce cortes del álbum son un torbellino de beats que se viven de una forma mucho más orgánica en directo, pero que dejan espacios para el sosiego en pistas vaporosas que dan tregua a la taquicardia sonora. Un trabajo desde la diáspora londinense que muestra la necesaria aportación africana a las pistas de baile de todo el mundo. Todo un regalo en pleno Decenio Internacional para los Afrodescendientes.

  1. Mr. Eazi – Life is Eazi, Vol 1: Accra to Lagos (Starboy Entertainment) – NIGERIA / GHANA

No cabe duda de que Mr. Eazi se ha convertido en uno de los artistas más escuchados durante este año. Nacido en Port Harcourt, Nigeria, y residente en Accra, Ghana, se lanzó al mundo de la música como organizador de fiestas durante sus años en la Universidad de Kumasi. En 2013, presentó una mixtape con 13 temas, About to Blow. Uno de ellos, el sencillo Skin Tight, que se convirtió rápidamente en uno de los más escuchados. En aquel entonces, Mr. Eazi se definía como pionero de la música banku, una fusión de highlife y otros sonidos ghaneses con acordes nigerianos.

El 10 de febrero de este año presentó el álbum Life is Eazi, Vol 1: Accra to Lagos bajo los auspicios de su nuevo productor, Wizkid y su casa discográfica Starboy Entertainment. Se trata de un homenaje a las dos ciudades en las que se ha criado y desarrollado su talento artístico. El primer sencillo salido de él, Leg Over, ha sido todo un éxito, escuchándose por todas partes en el continente y fuera de él. Una canción en la que el artista se queja de que su chica está jugando con él pero tampoco parece importarle tanto mientras reciba su parte de amor (o sexo). Los otros sencillos salidos, hasta el momento, de este trabajo –Tilapia, In the morning, Fight y Business– no han tenido la difusión que este primer tema.

  1. Jupiter & Okwess – Kin Sonic (Glitterbeat Records) – REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

Cuatro años después de despuntar con su debut internacional, el veterano de Kinshasa, Jupiter Bokondji, ha lanzado su segundo y potente trabajo de estudio: una bomba de ritmos congoleños repletos de influencias del funk y el soul norteamericanos de los 70 y 80, con potentes guitarras distorsionadas y rugidos de voz que lo devuelven al podio de los más buscados para escenarios y festivales que ponen África en su epicentro. Damon Albarn y Gorillaz, tanto como Robert Del Naja y Massive Attack, siguen impregnando esta propuesta musical, que despuntó a escala global (y comercial) en 2013. Pero más allá de las influencias europeas, la música congoleña impera en este álbum tal como lo hacía en el documental Jupiter’s Dance que hace diez años lo descubrió a los melómanos más inquietos de Occidente. Energía en bruto denunciando la miseria política en República Democrática del Congo y mucho ‘Bofenia rock’ al servicio del baile, lo hacen uno de los discos indispensables de este 2017.

  1. Soul Bang’s – Cosmopolite (Rnb Boss Musik) – GUINEA 

Fue en noviembre de 2016 cuando el guineano Soul Bang’s ganó el premio RFI al artista africano revelación del año (este año ha recaído en el maliense M’Boulillé Koité). Así que 2017 ha sido el año de este artista que comenzó a rapear con 11 años y que hoy mezcla ritmos tradicionales con R&B a los que imprime un toque urbano. Como parte del premio, el artista ha ofrecido conciertos en la mayoría de las capitales africanas y, también, fuera del continente.

En marzo publicaba su tercer álbum, Cosmopolite. Fue presentado el 12 de febrero en el concierto que ofreció en su ciudad, Conakry, en la explanada del Palacio del pueblo. De él destaca el sencillo Faré Bombo M’bai. Un tema muy bailable que tiene de fondo una danza guineana conocida como Faré ghkni. Según muestra el vídeo no parece fácil de ejecutar, pero todo es ponerse a ello.

Guintche llega a Madrid después de deslumbrar Barcelona

Al sur de las islas Azores y al oeste de Mauritania, tiene lugar uno de los carnavales más coloridos, híbridos y grotescos de Cabo Verde: el Carnaval do Mindelo, en la isla de Sao Vicente. El espectáculo es el resultado de los atuendos brasileños con un toque portugués, mezclado con las prácticas criollas. Todo un cúmulo de elementos aparentemente antagónicos, tanto como parejos, que se convierten en la principal influencia de las actuaciones de Marlene Monteiro Freitas, coreógrafa y bailarina caboverdiana cofundadora de P.O.R.K y parte del colectivo Bomba Suicida desde 1997. Con su pieza Guintche, la artista visitará el próximo mes de enero Madrid.

Marlene Monteiro Freitas, bailarina y coreógrafa. Fuente: L’A CDC

Marlene Freitas conoció la danza y la música en su isla natal a través del ritual del carnaval. La experiencia le hizo empaparse de sus energías, colores y máscaras. Sin embargo, recibió otro tipo de aportaciones cuando estudió tanto en Bruselas como en Lisboa y trabajó para distintas personalidades de la danza. En el blog turco iDans destacaba: “Uno de los coreógrafos con los que me sentí muy cercana es Loic Touzé. Con el tiempo he adoptado sus métodos de trabajo y orientaciones. A pesar de ello, lo que fomenta mi imaginación viene de campos dispares: de un documental, una exhibición o un espectáculo de teatro. No sólo de la danza o del encuentro con otros coreógrafos”.

De esta manera, las obras de la bailarina y coreógrafa recogen las múltiples piezas de su identidad las cuales siempre encuentran la manera de hibridarse y transformarse. No sólo porqué hayan sido parte de su recorrido, sino porque son parte de su día a día. “Me gusta cuando hay una distribución de cosas que normalmente no pondríamos las unas al lado de las otras, pero como el teatro no es la vida, lo podemos hacer fácilmente. Es la ficción, y la ficción es un acto de libertad”, como comentaba en la revista francesa Femmes à Rennes (F.A.R).

Guintche, la obra que ya presentó en Barcelona este pasado noviembre, y ahora llega a Madrid, es también una construcción a partir de la combinación de elementos dispares. De hecho, Guintche es una palabra criolla caboverdiana que tiene dos significados: el nombre de cierto pájaro y una mujer prostituta. Además, como explicaba a F.A.R: “El término puede ser usado verbalmente para alguien que brinca de un evento a otro sin tomar una elección lógica y coherente”, lo cual evoca a los procedimientos para inspirarse que la artista explicaba.

En cuanto a la experiencia que la llevó a crear Guintche: “Asistí a un concierto de jazz cuyo cantante llevaba un bonito sombrero. En un momento, el cantante se sentó en un banco, y mientras escuchaba a los otros músicos, él permaneció estático. Fue ese momento, en el que estaba escuchando, que me movió profundamente. Supongo que serían las luces, pero aquella situación tuvo un impacto emocional en mí. Dibujé al cantante sentado en el banco como recordatorio de aquel preciso momento”, narraba en la revista de TimeOut New York.

El nombre de su espectáculo y la experiencia del concierto parecen muy dispares. No obstante, la bailarina destaca que entre el concierto y el dibujo hay un eje vertebrador: la intensidad. La misma intensidad con la que vivió el Carnaval do Mindelo en su infancia y con la que brinca de evento en evento, de lugar a lugar. Asimismo, en cuanto a los elementos que estructuran la pieza, la bailarina destacaba en F.A.R: “Guintche es un ser, una figura o una condición del presente”.

Marlene Monteiro Freitas durante su espectáculo Guintche. Fuente: Festival International des Arts de Bordeaux Métropole.

Con esa fuerza y mirada al presente, durante la hora de actuación, Marlene Freitas expone la contradicción identitaria que la acompaña: ¿Cómo ser alguien distinta a ella que a la vez es fiel a sí misma? La cuestión la acecha a través de movimientos repetitivos de la parte baja de su cuerpo, muecas exuberantes, deformaciones faciales, la transformación del maquillaje de su rostro, cuerpos pintados de negro y blanco que la escoltan y mediante la mezcla transgresiva de los códigos de belleza y fealdad.

Como recalcaba la crítica Ester M. Gonzalez tras el paso de Marlene Freitas por Barcelona: “La bailarina, nos va a transportar a su enigmático origen, mediante sus gestos y sus movimientos. En apariencia, los gestos faciales, no son percibidos como una forma de baile, sin embargo, en esta propuesta, se pone en evidencia, que sí son útiles, para transmitirnos la esencia de lo que se nos quiere explicar”.

“En Guintche todo es cuestión de impureza, de infierno y de paraíso”. Fuente: Joana Patita.

La obra, que se creó en 2010, ya tiene 7 años de rodaje. Pero como explicaba a la revista francesa: “Creo que los espectáculos ocultan siempre secretos, que es necesario descubrir poco a poco, paso a paso. Bailar se convierte en caminar al lado del público, por que se trata de bailar con la pieza. A veces es como un número de circo, la puedo repetir durante muchos años, pero puedo tener siempre un aterrizaje sorprendente”. De este modo, Guintche deviene una escultura de cera que se funde, se solidifica, se rompe y cambia de forma durante los años.

Así, os animamos a asistir al continuo proceso de transformación de Guintche el miércoles 17 y jueves 18 de enero en Teatros del Canal de Madrid. Además, no sólo tendrán el placer de verla en acción sino también de escucharla durante la conversación con Manuel Segade (director del Centro de Arte Dos de Mayo) el miércoles tras finalizar la primera función.

La Tchame, la nueva rompepistas de Gabón

En Gabón, los ritmos más bailados son el hip hop o el afrobeats, la música nigeriana que ejerce una gran influencia dentro y fuera del continente africano. Esto explica que después de haber quemado las pistas con el Bôlô, el Jazzée, el Ndem, el Affro Mabe y la Zyeute dance los escenarios dejen paso a la Tchame o también conocida como Ntcham. Esta es la danza urbana que los últimos años se ha extendido desde los bares y calles del barrio de Akébé de Libreville, a los distintos espacios cotidianos y festivos del resto del país. Y a ella le dedicamos la pieza de hoy.

Crazy Designe Danse Gabon, los referentes gaboneses de la Tchame en internet. Fuente: YouTube

La Tchame se crea en 2013, en un escenario político que confronta a diversos sectores de la población:

  • A nivel económico, el 20% de la población gabonesa está en paro, cuyo 35% representa los/as jóvenes. Esto lleva a la población a cuestionar la distribución de las ganancias en la venta del petróleo.
  • A nivel social, la censura hacia artistas de hip-hop se multiplica y las prometidas reformas en la educación no hacen más que aplazarse.
  • Por último, a nivel artístico y cultural, el presidente Ali Bongo, ignorando las danzas urbanas creadas por los y las jóvenes gabonesas durante los últimos años, priorizó apoyar durante el primer Festival Internacional de Libreville danzas extranjeras como la samba brasileña. Dicha elección fue promovida por intereses políticos del gobierno y costó más de 5 mil millones de CFA (7,5 millones de euros) a los/as gabonesas.

La Tchame nace pues, en un contexto crispado sobre todo entre la población juvenil. Así, puede entenderse que en sus orígenes tchame significara “enfrentamiento” o “pelea” en argot juvenil. Es por ello que se trata de una danza que simula gestos de combate, como por ejemplo: patadas, puñetazos, posiciones de defensa y amenazas al ritmo de músicas generalmente lentas. Giggaboy, bailarín gabonés residente en Accra (Ghana), nos explica que en Gabón: “En el proceso de creación, elevar los puños y simular golpear algo fueron los movimientos esenciales para la inspiración del nombre de Tchame”.

No obstante, en cuanto a las influencias de los movimientos, el bailarín gabonés nos comenta que: “De hecho, la Tchame teje enlaces y mantiene movimientos enérgicos de base que antes de ser desarrollados, están más cerca de la salsa cubana y del deporte de combate Kick boxing japonés que de otras danzas gabonesas”. Lo cual cobra sentido por las relaciones del gobierno gabonés en términos de salud con Cuba que es evidente por la presencia de médicos/as cubanas en el país, y las relaciones de cooperación económica entre Japón y Gabón así como el cada vez más presente cine japonés.

Giggaboy: “Todo el mundo siempre me ha conocido como bailarín de Bôlô, que fue mi primera pasión, de Krump y de Hip-hop Ballet Coreografiado”.

A partir de estas influencias exteriores pero con la elaboración local: “La originalidad se encuentra en los ghettos de las ciudades, en manos de jóvenes sin recursos que no conocemos. Después, artistas que tienen el poder de mediatizarlo se aprenden los pasos y se apoderan de ellos, muchas veces ignorando los nombres originales”, nos cuenta Giggaboy expresando su decepción en los procesos de descontextualización. Él defiende que los pasos y las danzas nacidas con una intención concreta en Gabón deben de mantenerse siempre vivas.

Por esta falta de medios, dicho proceso de construcción es silenciado durante un año desde su creación. No es hasta el 2014 que la Tchame se populariza a través del artista gabonés J-Rio llevándola a las pantallas. Se trata de un proceso que repite, pues él también asumió la divulgación del Ndem. El cantante visibiliza los movimientos en el videoclip de “La Mini-Nga” con la actuación de un niño con una expresión muy seria y, pocos meses más tarde, mediante el desafío viral “Ntcham Video Challenge” dónde gaboneses y gabonesas de distintos rincones del mundo bailaban la Tchame.

No obstante, “El movimiento de la Tchame no es demasiado conocido alrededor del mundo. Cabe decir que además está aún en desarrollo, es una danza que puedo afirmar que cada dos o tres meses cambia y evoluciona muy rápidamente por la simple razón que los gaboneses crean movimientos y pasos cada instante. La inspiración es muy fuerte”, relata el bailarín residente en Accra mostrando una sonrisa de orgullo.

Esta situación se debe a que, por una parte, muchos/as gaboneses/as de la diáspora, especialmente los/as bailarines/as, no acostumbran a practicar la Tchame como danza completa y variada, sino como un único paso a pegar en coreografías hibridas. Así, la diáspora es cómplice a menudo de la corta vida de las danzas urbanas gabonesas. Por otra parte, esto les lleva a olvidar la constante regeneración de los bailes urbanos, ya que: “las modificaciones se comparten en los bares y las discotecas. De hecho los bares en Gabón han sido siempre los espacios de encuentro de los jóvenes de las calles” declara el bailarín.

Al corriente de las nuevas creaciones, Giggaboy, en representación de una parte de la diáspora gabonesa dedicada a la danza, expresa: “Es cierto que los gaboneses ponen el peso de la promoción de las danzas en la diáspora, y personalmente es por ello que actualmente trabajamos en ello. En Ghana estoy teniendo el placer de compartir con algunos profesionales de la danza la riqueza artística de mi país, y es así como me gustaría seguir para hacer notar la identidad gabonesa entre la efervescencia del Azonto”.

Asimismo, con ejemplos como Giggaboy en Ghana y demás profesionales de la danza en otros continentes, los bailes y la identidad artística gabonesa encontrarán un lugar entre las pistas.

S.O.S. La danza contemporánea senegalesa en peligro

El reconocido festival Duo Solo Danse, que debe celebrar su 10ª edición, peligra por falta de fondos como ocurre con otro referente de la danza contemporánea: L’Ecole des Sables de Germaine Acogny

A comienzos de este año 2017, la conocida como “madre de la danza africana contemporánea”, Germaine Acogny, lanzaba un grito desesperado para salvar L’Ecole des Sables, institución que ha educado, inspirado, animado y reunido bailarines y coreógrafos de toda África y de todo el mundo en el pequeño pueblo senegalés de Toubab Dialaw.

L’Ecole des Sables en Toubab Dialaw (sur de Dakar)

Artistas y agentes culturales del continente se preguntaban cómo podía ser que este lugar histórico, creado por la Germaine Acogny de la escuela Mudra Afrique y que ha a sus 73 años sigue siendo una verdadera embajadora de la danza y cultura africana en todo el mundo, estuviese en peligro por falta de fondos. Durante sus 20 años de existencia, este Centro Internacional de Danzas tradicionales y contemporáneas ha sobrevivido gracias a subvenciones de instituciones extranjeras lo que le ha permitido ofrecer formaciones gratuitas a bailarines africanos realizando una impagable labor de profesionalización del sector. Pero las ayudas estatales siempre han sido una promesa en el horizonte, incluso  en el Año de la Cultura decretado por el presidente senegalés Macky Sall.

Las autoridades senegalesas son sensibles al trabajo que hacemos no solo como embajadores de nuestra cultura al extranjero sino también como actores económicos en el país –la escuela da trabajo a un centenar de personas en el pueblo- y en la promoción del turismo cultural, pero esto no tiene una correspondencia económica”, explica Patrick Acogny, Director general y artístico de L’École des Sables.

Hoy, a finales de este fatídico 2017 el sector vuelve a pasar por una situación difícil. Al otro extremo del país, en Saint Louis, el consolidado Festival Duo Solo Danse, sufre problemas de financiación para sacar adelante la edición de su décimo aniversario, lo que ha obligado a movilizar amistades y simpatizantes a través de una campaña de micromecenazgo de 7.600 euros que pueda salvar el evento.

Cartel de la 10a edición del festival 2018

En sus nueve ediciones anteriores, el festival ideado por el bailarín Alioune Diagne y ejecutado por el equipo de la Compagnia Diagn’art, ha conseguido no solo reunir en un mismo escenario a artistas reconocidos del continente, sino ofrecer una plataforma a nuevos talentos que pueden recibir master class e intercambiar con figuras consolidadas a nivel internacional.

Cada tarde después de comer artistas y público interesado se reúnen en el mítico barco Bou el Mogdad para debatir, alrededor de un ataya (té que se toma tradicionalmente en Senegal) sobre las particularidades tanto técnicas y artísticas como filosóficas de las piezas representadas el día anterior.

El pasaje de Nora Chipaumire (Zimbawe), Salia Sanou (Burkina Faso), Panaibra Canda  (Mozambique), Marcel Gbeffa (Benin) o Aida Colmenero (España) son algunos de los momentos fuertes del histórico del festival, que en 2015 acogió los encuentros coreográficos de la plataforma regional Danse, l’Africa Danse!, un programa de acompañamiento a la creación juvenil en África del Oeste.

Sesión de debate entre publico y artistas en el Duo Solo. Ruth Roukema

Desgraciadamente, un festival de este tipo no puede vivir sin subvenciones. Aunque tenemos muchos sponsors y socios que nos ofrecen servicios gratuitamente, lo que nos ayuda mucho, siempre se necesita un dinero en metálico para pagar vuelos y retribuir aunque sea simbólicamente a las compañías”, explican desde la organización.

Aprender a amar la danza contemporánea

Uno de los objetivos que persigue el festival es el de crear un nuevo público interesado en la danza contemporánea, y para ello la estrategia es entrar en los barrios en su búsqueda. A través de la actividad Cours Parcours (juego de palabras que significa paseo por los patios o de patio a patio) los vecinos de los barrios periféricos de Saint Louis reciben a los bailarines del Festival en escenarios inimaginables interpretando piezas que normalmente apelan a la interacción con el espectador. La organización estima que más de 20.000 personas participan cada año en alguna de las actividades del festival.

Espectáculo de calle en el Duo Solo. Elise Fitte-Duval

La danza contemporánea conlleva un trabajo de educación del público para que la aprecie y entienda que no está en contradicción con la tradición, como muchos pueden pensar”, opina Patrick Acogny.

Los jóvenes de hoy en día tienen ganas de crear según su identidad múltiple, que bebe de fuentes tradicionales pero que se conjuga con la cultura urbana, moderna, ciudadana, y por eso se reconocen en estos estilos”, dice Maaike Cotterink, directora general del Duo Solo, “pero tienen que conocerlos”.

Con este objetivo, este año el Duo Solo Danse también pondrá el acento en el público joven, con un programa en diez escuelas primarias de la ciudad durante los días del festival.

Hemos conseguido que se espere el festival, no solo un público elitista culturalmente, sino también los jóvenes de la calle, la gente de los barrios”, explica Cotterink.

Creer en el arte como factor de cambio social

No cabe duda de que el arte es un factor de cambio social, y en este sentido la labor de estas dos instituciones de promoción de la danza han jugado su rol.

El Festival nos ha permitido reagrupar a muchos jóvenes que se encontraban sin trabajo, sin formación, y nos ha permitido acompañarlos y ofrecerles posibilidades de formarse y visitar otros países, de encontrar a otra gente y sobre todo tener una ocupación”, dice Alioune Diagne.

Alioune Diagne, director del Duo Solo, en escena. Elise Fitte Duval 2015

En el plano nacional, el Festival Duo Solo ha contribuido a hacer la ciudad de Saint Louis más atractiva para residentes y visitantes, visibilizando el potencial artístico de la juventud senegalesa e impulsando a la profesionalización del sector. Además, ha forjado la sede del festival como un dinámico centro cultural, conocido como Le Chatêau (El Castillo), que desde 2015 trabaja durante todo el año en la promoción de los géneros artísticos urbanos.

Los artistas pueden encarnar la posibilidad de que un cambio es posible”, sentencia Ruth Roukema, productora del Festival de Saint Louis.

Por su parte, en los 20 años de andadura L’Ecole des Sables, Patrick Acogny señala que los mayores cambios que ha visto en el sector son en relación al incremento de la participación de las mujeres como creadoras, “ya no ven el casarse o tener hijos como un obsctáculo a su desarrollo artístico y profesional” y también sobre la aceptación del oficio de bailarín por parte de la sociedad.

En el ámbito institucional, Acogny señala como indicador favorable de la evolución del sector la promesa de creación de un Fondo para el Desarrollo de la Danza para 2018, al imagen del FOPICA en el ámbito del cine, que apoyará a estructuras y creadores.

Apertura de la 8a edición del festival Duo Solo Danse en El Centro cultural Le Chateau. Elise Fitte-Duval

Mientras no llega, ambas estructuras siguen imaginando cómo diversificar ingresos, abriéndose no solo al profesional sino también al gran público, por ejemplo, o contemplando realimentar sus actividades con otras de divulgación, promoción o  comerciales que puedan generar ingresos etc. Pero siempre llevando por bandera su activismo por una cultura de la danza africana de calidad, profesional y de libre acceso al público.

Para contribuir:

Festival Duo Solo Danse: https://onepercentclub.com/en/projects/festival-duo-solo-danse-10/

L’Ecole des Sables: http://ecoledessables.org

Songhoy Blues: “la música debe ser un factor de unión, de reconciliación, de paz y de amor”

Songhoy Blues es una de esas bandas con una historia digna de ser contada. Originarios del norte de Mali, Garba Touré, Aliou Touré y Oumar Touré, que no tienen ningún tipo de parentesco a pesar de su apellido, se conocieron en Bamako como exiliados después de que, tras la rebelión tuareg de 2012, Ansar Dine, grupo extremista vinculado a AQMI, tomara el control de la región y prohibiera la música a sus habitantes. Con la idea de mantener viva la tradición musical Songhai del norte del país tanto para ellos como para los demás exiliados, se juntaron y empezaron a hacer conciertos en las salas de Bamako. Con el tiempo se les unió el baterista Nathanael Dembéle y juntos, publicaron su primer álbum en 2015 llamado Music in Exile, a la vez que protagonizaban el documental They will have to kill us first. Este año ha visto la luz su segundo álbum Résistance y hemos podido conversar con Aliou Touré, cantante de Songhoy Blues, días antes de sus conciertos en Madrid y Barcelona en el marco de la gira mundial del grupo.

N.L: Conociendo la historia de Shongoy Blues y después de veros en el documental They will have to kill us first, ¿que se siente como músico cuando la música se prohíbe?

Como músicos ha sido un golpe muy duro, sobretodo teniendo en cuenta la importancia de la música en la cultura de Mali. Venimos de un país en el que la música está incrustada en el tejido social y cultural, e impregna la vida diaria de las personas. La prohibición de la música nos metió de lleno en una realidad muy difícil de soportar. La música es nuestro trabajo, pero también nuestra vida, nos quitaron una parte muy importante de nosotros, una parte de nuestra alma.

N.L: ¿Habéis vuelto al norte de Mali desde entonces?

Sí, por supuesto. Hemos podido volver y cuando no estamos de gira vamos a visitar a la familia.

N.L: Résistence es el título de vuestro nuevo álbum. ¿Os referís a vosotros o al conjunto de vuestro país?

Buena pregunta. Nosotros, personalmente, como grupo y como personas que hemos vivido una situación difícil, hemos resistido y seguimos resistiendo, pero no olvidamos que somos portavoces, mensajeros de nuestro pueblo, un pueblo que también resiste, todo el mundo en Mali ha resistido y resiste a las dificultades del país. De algún modo, este nuevo álbum es una continuidad respecto a nuestro álbum anterior (Music in Exile, 2015), entre lo que pasó en Mali en 2012 y lo que sigue pasando hoy en día en el mundo. Es algo que no concierne únicamente a Mali, ni a África, concierne al mundo entero, debe ser una resistencia global.

N.L: ¿De qué hablan las canciones de vuestro nuevo álbum?

Lo que queremos transmitir principalmente es la resistencia ante las situaciones difíciles, también de la vida cotidiana. Todo el mundo sabe que en Mali la vida es difícil, pero intentamos salir adelante a pesar de ello. Hay que tener en cuenta el lado bueno de las cosas para vencer el miedo. En Bamako, por ejemplo, a pesar de las dificultades, si sales por la noche hay mucho ambiente, mucha música, la gente tiene ganas de celebrar la vida e invitar a todo el mundo a estar unido, independientemente de las diferencias de etnia, color, cultura o de la lengua que se hable, y también queremos transmitir ese ambiente festivo en nuestras canciones, como por ejemplo con el tema Bamako.

N.L: ¿Cómo ves el futuro de Mali?

Hay que plantearse las cosas, ver qué es lo que no ha funcionado y lo que sí ha funcionado. Ser conscientes de lo bueno y de lo malo, hablarlo. Prefiero ser positivo en cuanto a nuestro futuro y el de nuestros jóvenes, tenemos que serlo. Y quiero ver un país que sale adelante a pesar de todo.

N.L: ¿Cuáles son los proyectos de futuro de Songhoy Blues?

Tenemos varios proyectos en Mali, pero de momento nos concentramos en nuestro rol de embajadores de nuestra música y nuestra cultura. Nos tomamos muy en serio este papel y el mensaje que queremos hacer pasar con nuestro trabajo.

N.L: ¿Cuál es exactamente ese mensaje que os gustaría que llegara al público?

El mensaje más importante es que la música debe ser un factor de unión, de reconciliación, de paz y de amor sin importar la cultura, el idioma o la religión de cada uno. Queremos que la gente sonría al escuchar nuestra música, que disfrute. En nuestros conciertos es la sonrisa del público lo que buscamos y lo que queremos ver.

Sorteamos 2 entradas dobles para ver a Les Filles de Illighadad en Barcelona y Madrid

¡El avant-rock de Les Filles de Illighadad aterriza en Barcelona y Madrid! Este trío de mujeres originarias de Illighadad, Níger, tiene sus raíces bien cimentadas en el folk nigerino, y destacan por sus inconfundibles riffs de guitarras, voces polifónicas, percusión tradicional y un sonido orgánico y atemporal. ¡Y estamos sorteando 2 entradas dobles para que acudas a una de sus próximas citas en Barcelona o Madrid!

El lunes 20 de noviembre, les Filles de Illighadad se suman al ciclo Caprichos de Sala Apolo de Barcelona y el martes 21 en Moby Dick Club de Madrid para presentarnos su primer álbum de estudio «Eghass Malan», que acaba de editar la discográfica Sahel Sounds el pasado 28 de octubre de 2017. Se trata de un álbum grabado durante su primera gira europea, que está lleno de canciones de amor y elogios al desierto, una celebración a su pueblo y origen, y un canto a la tradición.


En Barcelona, Les Filles de Illighadad estarán acompañadas por nuestro amigo Dj Diego Armando (@riembauet), un habitual en las cabinas de Barcelona y que ha pasado por festivales como Sónar, Faraday o Black Music Festival. El selector abrirá el show con uno de sus sets de ritmos africanos y electrónicos. En Madrid, abrirá el concierto el guitarrista Mdou Moctar, otro de los nombres consolidados que han internacionalizado la tradición y música Tuareg en los últimos años.

¿Cómo conseguir tu entrada doble para ver a Les Filles de Illighadad el lunes 20 de noviembre en el Apolo de Barcelona o el martes 21 de noviembre en Moby Dick Club de Madrid?

Comparte nuestro post de Facebook o Twitter en tu muro y envíanos tu canción favorita de Les Filles de Illighadad a info@wiriko.org con el asunto SORTEO FILLES DE ILLIGHADAD. Y no te olvides de añadir tu nombre y apellidos, junto a tu DNI (además de un pantallazo de la compartición del post en tu muro).

¡Mucha suerte!

Derek Gripper: “Escuchar ‘Kaira’ fue como encontrar el santo grial”

Hace casi 30 años el virtuoso de la kora, Toumani Diabaté, lanzó su primer álbum en Occidente. Un trabajo en solitario titulado “Kaira”. Cuando el guitarrista sudafricano Derek Gripper escuchó el disco, su búsqueda finalizó. No sabía que rastreaba pero lo había encontrado.

“Estoy entre dos culturas en cierto modo. Aprendí a tocar música clásica pero vivo en un lugar que cuenta con un elemento trascendental. La música que exploraba con anterioridad eran los sonidos del Cabo pero echaba de menos otras músicas. Y de repente escuché a Toumani y me dejó sin palabras”, explica Gripper en una charla con Wiriko en Londres.

Y comenzó un largo camino. Gripper es una esponja musical. Absorbe y su currículo lo ha trasladado a aromas, paisajes y sonoridades ricas y diversas. Buscó los sonidos de la India en su álbum “Rising” junto al trompetista Alex van Heerde y se sumergió en la música tradicional pakistaní y afgana en su colaboración con Udai Mazumdar. Se atrevió con Bach y en 2014 tomó los temas de Egberto Gismonti para indagar en la música brasileña. “Kaira” abrió las puertas de un proyecto sin embargo mastodóntico. La misión de Derek Gripper fue la de crear un repertorio para guitarra basado en las composiciones de los grandes músicos africanos como Toumani Diabaté, Ballaké Sissoko y Ali Farka Touré. La traducción musical de la kora, el instrumento de 21 cuerdas del África occidental, a las 6 cuerdas de su guitarra acústica parecían imposible. Pero Gripper se empeñó y el resultado de su disertación sonora fue el disco One Night on Earth: Music from the Strings of Mali publicado en 2012.

Al principio Gripper reconoce que aprendió a reproducir los sonidos de la kora pero no entendía la complejidad de las composiciones. Comenzó a escribir los acordes y partituras en interminables horas de práctica pero la dificultad era hacer que la guitarra replicase a la kora.

“En “Kaira”, Toumani Diabaté grabó Jarabi y 20 años más tarde en las “Mandé Variations” toca Cantelowes. Descubrí que eran la misma pieza. Comprender que las composiciones no eran improvisadas fue como encontrar la Piedra Roseta”, explica Gripper quien al transcribir ambos temas vio cómo Diabaté sólo había cambiado el orden. “Me llevó 10 años para acceder a Toumani y pensar su música de una forma correcta. La manera de la que hablamos de su música es con un el mismo léxico que aplicamos al jazz o al rock pero hay que pensarlo como un compositor”.

El trabajo de Gripper ha desmontado la burbuja purista de la música clásica. Interpreta, que no versiona, temas populares. “No pensamos que Glenn Gould toca una versión cuando toca a Bach. Pensamos que lo está interpretando”, apunta. Gripper explica que en la actualidad hay intercambios musicales que no pueden ser ignorados como el de Ballaké Sissoko y Vincent Segal. “Ellos rompieron la barrera entre la música clásica y la popular o llamada música del mundo. Es muy difícil que en recitales de música clásica haya participación de músicos populares”.

Pero Gripper está en una misión de celebrar a los grandes de la música africana y los ha llevado a nuevas audiencias. “Desde el punto de vista musical, Toumani Diabaté es un compositor como se denominaría en la música clásica. Los malienses aprenden a través de grabaciones y así lo hizo Toumani de su padre. Bach habría grabado sus composiciones si hubiera podido. Pensamos que una partitura es como algo que otorga superioridad pero es simplemente una manera más de anotar una composición. Ahora un estudiante graba sus clases en un teléfono móvil”, explica.

Toumani Diabaté escuchó las interpretaciones de Gripper. Le preguntó a su productora Lucy Durán si aquello era solo una guitarra tocada por un hombre. Ante la afirmación de Durán, el maliense invitó a Gripper a viajar a Malí por primera vez y tuvo la oportunidad de tocar en el Festival de Festival de Música Acústica de Bamako. El guitarrista sudafricano ha continuado con su estudio de la kora y con su álbum “Libraries on Fire” incluyó también composiciones de Sekou Batourou Kouyate y Amadu Bansang Jobarteh. “Mali on Oak” es su último trabajo hasta la fecha y es una colaboración con el músico Tunde Jegede.

Este noviembre, mujeres afrodescendientes en escena

Sobre los escenarios de teatro, las actrices en España ya suman tres generaciones. Aún así, cuando se trata de emplear a actores y actrices, los primeros se sobreponen a las segundas. Según el Estudio Sociolaboral de 2016 de la Fundación AISGE, la entidad española sin ánimo de lucro constituida por AISGE (Artistas Interpretes, Sociedad de Gestión), la tasa de desempleo de las mujeres alcanza el 51,6% mientras que el de los hombres es seis puntos más bajo. Aspecto que lleva a las mujeres al desempeño de la profesión cobrando menos y trabajando sin contrato más días al año, es decir, en peores condiciones que sus compañeros.

Cartel Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente en Valencia 2017. Fuente: Movimiento por la Paz

Es por este motivo que en distintas provincias españolas, surgen proyectos con un carácter de visibilización y promoción de las mujeres como creadoras, a todos los niveles, dentro del sector de las artes escénicas.

Uno de ellos es la asociación de mujeres dedicadas a las artes escénicas Projecte VACA, cuya sede está en Barcelona. Cerca de cumplir los 20 años, nace con el deseo de potenciar la influencia y el peso de las mujeres en éste ámbito laboral, realizando investigaciones, procesos de experimentación y producción escénica de y por mujeres. Desde el marco del proyecto, también organizan un festival anual con la muestra de actividades y creaciones artísticas que difunden el trabajo creativo femenino. Éste festival es el Novembre Vaca.

Cartel Novembre Vaca 2017. Fuente: Projecte VACA

La edición del Novembre Vaca 2017 cuenta con una cartelera compuesta por la participación de mujeres afrodescendientes con piezas teatrales que exponen y reflexionan sobre la figura de las mismas. Como nos explican desde la asociación: “Teniendo presente que estamos en el decenio de la afrodescendencia, hemos decidido apoyar la creación de mujeres afrodescendientes”. Es así como la actriz VACA y creadora de “No es país para negras”, Sílvia Albert Sopale y la actriz y directora Alejandra Egido, estipulan la temática del festival. No obstante, como declaran desde la asociación: “La falta de apoyos institucionales ha provocado que el festival no sea al 100% como se había ideado”. Lo cual nos cuentan que ha repercutido en la participación de compañías como Teatro en Sepia con el espectáculo Afrolatinoamericanas, y Alaya Theatre con Nenas negras que han considerado el suicidio cuando el arco iris era suficiente.

Aún así, las profesionales de las artes escénicas componentes del Projecte VACA decidieron seguir con la temática para el festival. Como nos exponen: “Lamentablemente en España la representación de las personas afrodescendientes es pésima, la gran mayoría de los papeles a los que optan reproducen estereotipos e invisibilizan la realidad de la comunidad. Es necesario hacer una reflexión a nivel de ciudad y de país sobre cómo afecta la representación de las personas racializadas a ellas mismas y a su entorno”.

De esta manera, se ponen en relación obras y espacios de reflexión que denuncian el racismo normalizado en España, otras que visibilizan la sexualidad de las mujeres, también piezas que ponen en valor la identidad, y aquellas que velan por el reconocimiento de mujeres afrodescendientes.

Una de las obras cuyo objetivo es poner en valor el papel de las referentes afrodescendientes en la historia es He contado las manchas del leopardo hasta llegar a la luna, que está programada para el 1 y 2 de Diciembre del 2017 a las 20h en el Centre de Cultura de Dones Francesca Bonnemaison. Una conversación en escena creada por No Somos Whoopi Golberg que, como narran: “buscamos rescatar el trabajo y las voces de mujeres con las que pudiésemos sentirnos identificadas, que constituyesen un legado para nosotras, un modelo, un referente”. 

“No Somos Whoopi Goldberg” compañía teatral de afrodescendientes.

La obra de Silvia Albert Sopale, Kelly Lua y Maisa Sally-Anna Perk mana a partir de la investigación sobre la herencia histórica de diferentes y diversas mujeres negras. Como explican: “Cada una tenía intereses distintos y quería resaltar perfiles más políticos o más artísticos o más científicos. Nos encontramos que había muchas historias por contar y resultaba complicado decidir qué figuras escoger debido a la riqueza y la diversidad de éstas”. Es por ello que, en primavera, a raíz del encuentro con Eva Hibernia, dramaturga y directora del espectáculo, deciden elegir tres personajes y ponerlos a dialogar a partir de las reflexiones personales que florecieron al investigarlas.

Tres personajes que, como leopardos, haciendo referencia al título, al nombre de Wangari (que significa leopardo en la tradición Kikuyu) y escuchando el relato de las actrices de la compañía, “se callan, se enjaulan o a los que se le da caza: la caza del silencio”. Es por ello que manifiestan: “Nos gustó pensar al leopardo como un ancestro, o más bien como un símbolo de nuestra parte a la que llamamos salvaje, la que no se deja ver y parece peligrosa”.

Mismamente, las actrices de No Somos Whoopi Goldberg encarnadas en la escritora semianalfabeta brasileña Carolina María de Jesús, la matemática estadounidense Katherine Johnson y la científica y activista keniana Wangari Maathai, harán al espectador/a sorprenderse y experimentar distintas texturas y emociones. Como precisa el trío:

“[El espectáculo] Es como un leopardo, va rápido y salta enérgico. Esperamos que sepa dar ese salto fértil a la percepción del espectador y que se agazape como un buen compañero tras sus ojos, una vez se acabe la función. Para que después esté más atento a las manchas, los olvidos, los silencios que contienen grandes figuras dentro”.

Kelly Lua, Silvia Albert Sopale y Maisa Sally-Anna Perk, componentes de la compañía “No Somos Whoopi Goldberg”

Vieux Farka Touré: “con la música intentamos poner el nombre de Malí en el mundo”

Vieux Farka Touré en una fotografía promocional / Foto: Christophe Losberger

Hundido en un sofá de cuero burdeos, Vieux Farka Touré sonríe y responde a la batería de preguntas. La conversación tiene lugar en los camerinos del Jazz Café de Londres, lugar elegido para hacer sonar por primera vez su último disco, “Samba”. La gira de presentación llega ahora a España con dos conciertos, hoy en Madrid y mañana en Bilbao.

El apellido, es hijo del mítico Ali Farka Touré, no ha intimidado a Vieux que ha curtido una carrera enraizado en lo que mamó: el blues del desierto. Ha vuelto al árido norte de Malí como hiciera en 2011 con “The Secret”. Ahora, además de buscar las huellas del género musical, ha ido a buscar sus raíces. Con “Samba”, palabra songhai para denominar al segundo hijo, parece haber encontrado y estar seguro de quién es. Así, el músico nacido en Niafunké, ha lanzado un álbum introspectivo cuando se cumplen diez años de su homónimo primer trabajo. Lejos quedan esos temas que ideó cuando a su padre lo debilitaba el cáncer. “He hecho varios discos y es difícil describir cómo he llegado hasta aquí. Ha sido un camino muy largo en el que apenas he parado de trabajar”, dice.

Lo sembrado parece haberse recogido en este último trabajo cuyo concierto se asemeja a una tormenta de verano. Truena y refresca. Grabado en directo, “Samba” fue pensado como un disco recopilatorio de sus clásicos. Sin embargo, Vieux llegó a la sesión de grabación con diez nuevos temas. Tras los trabajos con Julia Easterlin y Idan Raichel, el guitarrista decidió mirarse a sí mismo. “Volver al blues es importante. He tocado bastante últimamente y he hecho colaboraciones pero en esta ocasión quise hacer algo para mí”, apunta el maliense.

Acompañado con Mamadou Koné (calabash y batería) y Valery Assouan (bajo), Vieux Farka Touré llega ahora a España con disco que suena lleno de pinceladas funk, reggae y rock. Una mezcla de sonoridades que el músico ha sabido combinar a lo largo de su trayectoria. “He visto mucho estando en la carretera y he aprendido enormemente de las personas, la vida, la cultura y la música. Mi primer álbum fue Vieux Farka Touré y este representa lo mismo pero con otro nombre. Soy Samba”, apunta. “Incluso yo le llamo así”, salta Nick Gold, productor de Ali Farka Touré y la persona detrás del sello World Music Circuit. Un padre adoptivo para Vieux que viene a saludar y que cariñosamente tiene el apodo de “jefe”.

Vieux Farka Touré emprendió su carrera musical a pesar de la reticencia inicial de su padre. Ali quería que siguiera la tradición familiar de alistarse al ejército. Vieux sin embargo comenzó a tocar la batería en el Instituto Nacional de las Artes de Malí aunque siempre estuvo interesado en la guitarra. Comenzó a practicar en 2001 y fue en 2007 cuando apareció en la escena musical de Malí.

Mi padre no quería que me dedicase a la música porque él tuvo muchos problemas hasta que comenzó a trabajar con Nick. Él me aconsejó y tuve claro lo qué hacer cuando firmé mi primer contrato”, explica Vieux.

El músico maliense ha madurado. Lo confiesa y se deduce de sus palabras. Se siente agradecido por ser el hijo de Ali Farka Touré aunque advierte que él tiene su propio estilo y hace su propia música. Y tiene algo especial. “Todos los samba tienen algo especial que dar a la vida. Van a ser conocidos por lo bueno o por lo malo”, dice.

Vieux Farka Touré sabe adónde lleva su carrera y cómo soportar las presiones de la industria. Siempre viaja con el recuerdo de su tierra porque como explica, “con la música intentamos poner el nombre de Malí en el mundo”. Una afirmación compartida por muchos de sus compatriotas ya que “ahora mismo todo el mundo lo relaciona con la guerra pero llevamos la cultura a todas partes”.

La diversidad cultural de Barcelona pone el foco en África

En el interior de un espigado edificio de color gris en Barcelona presentado como Centre Cívic Navas se encuentra la primera pieza del ciclo de Diversitats, Cultures del Món. Llama la atención por la explosión de colores de telas estampadas con diversos motivos, al estilo de Vlisco, la exposición de tejidos de LALOLA d’Àfrica. Están expuestas en marcos de madera, tejidas en pequeños pantalones y faldas, y doblegadas en pequeñas zapatillas. Allí nos encontramos con Oriol Pallarès, el coordinador de la programación.

El barrio de Navas se encuentra en la franja este de la ciudad de Barcelona, en el distrito de Sant Andreu. En el conjunto del barrio se reúne un 27,9 % de población migrada, de la cual el 4,6 % nacieron en el continente africano, siendo las nacionalidades más presentes del sur del Sáhara Senegal, Guinea y Nigeria.

La propuesta de Diversitats, Cultures del Món, nace en un intento de poder especializarse como centro en un ámbito que a la vez pueda acoger y exponer diversas perspectivas de distintas disciplinas. Este foco, por lo tanto, contempla la exposición de aspectos tanto artísticos, culturales como sociopolíticos. Con ello, y por su cometido ineludible al servicio de la comunidad, este espacio pretende dar a conocer otras realidades a habituales del centro cívico.

Este ciclo empieza casi por casualidad en la región del Oeste Sur-sahariano, nos cuenta Oriol. Empezó tirando del hilo de Marga Mbande, y de allí comenzó a conocer a otros artistas. “Es como si se hubiesen manifestado los vínculos dentro de la comunidad de la diáspora africana en Barcelona”. Así, en la programación, encontramos estilos de lo más variados. Como nos explica Oriol, las jornadas pretenden huir de la folclorización de las culturas africanas y de la representación del continente africano como una región donde aparentemente la cultura tradicional es imperante. Por eso, han decidido aunar sonidos de la modernidad y la hibridación intercontinental, así como los más tradicionales.

Marga Mbande.

El programa fue inaugurado la primera semana de Octubre con el espectáculo de Ndione Michel Doudou, pero en los próximos días encontraremos artistas de distintos orígenes e identidades artísticas, como son Ngomez Nokass y Betty Akna.

Griots de Senegal y un espacio de creación para la infancia

Ngomez Nokass, que significa algo así como “salsa picante de distintos ingredientes de la familia Ngom”, como nos cuenta Mamadou Ngom -componente del grupo-, no es la primera vez que actúa en la ciudad condal. El colectivo ya lleva 15 años en Barcelona, 10 de los cuales participando al son del djembé, del sabar, del djun djun, del soruba y la tama en su vida festiva y pública.

Ngomez Nokass.

Nos explica, además, sorbiendo de un café en una terraza cualquiera, que Ngomez Nokass es un concepto originario de la familia de griots a la que pertenece, ya desde Senegal y que viajó junto a su tío para consolidarse en Barcelona. Es así como sus espectáculos no pretenden ser únicamente animados, festivos, enérgicos y frescos –que también-, si no que además procuran dejar un mensaje. “Queremos que cuando el público se vaya, tenga algo de lo que hablar”, como expresa Mamadou. Por ello explican las canciones a la audiencia y hacen vibrar al ritmo de los mensajes de sus composiciones, que tratan de distintos temas, como por ejemplo el agradecimiento a sus madres.

Asimismo, como griots con la idea de llegar a distintos públicos, ofrecen también un taller, un espacio de creación para la infancia en el que desde la producción de sonido y movimiento se promoverán los mensajes que inspiran sus canciones. Podréis encontrarlos el 10 de Noviembre para el taller de creación, y para la tralla final, el 16 de Noviembre.

Una exposición sonora de colores:

Betty Akna. Imagen de Afroféminas.

El 21 de Diciembre también es una fecha a reservar. Estará Betty Akna ofreciendo una explosión sonora de colores. La artista vuelve a Barcelona, la ciudad dónde se crió, y de la que nos declara, recordando el pasado, que le tiene un cariño especial y agradece todo lo bueno que ha podido aprender; contenta y honrada por participar en una iniciativa cultural y artística dirigida a África.

La cantante llega después de vivir durante unos años en Guinea Ecuatorial, una experiencia que, recalca, le ha hecho crecer y completar su identidad sonora. Como expresa “no es lo mismo escuchar las canciones en un reproductor de música que vivirlas en el terreno y directamente con los artífices de ella”. Betty Akna, consciente de este proceso, pretende ser uno de los referentes culturales de tanto personas migrantes como autóctonas. Así expresa la artista su voluntad: “Ser embajadora artística de una cultura, de una realidad existente pero desconocida y/o distorsionada por muchos, e inspirar a las personas en general y a los africanos en particular a amar su cultura y compartirla“.

Además una de las particularidades que ha podido añadir a su música, alma y voz ha sido la lengua Ndowe en algunas de sus composiciones como en “I miss you” o “Lembo la mboka ame”. Aspecto que además de ofrecer sonoridades y fonemas singulares al canto, da la oportunidad a generaciones actuales como futuras. “Escuchar esta lengua y parte de la carga cultural de ésta, no se perderá” como nos expresa desde el sentimiento la artista.