Fatou: “Si nuestras mujeres siguen llorando, se reflejará en la siguiente generación”

Fatoumata Diawara (Fatou) es un vendaval en el escenario pero, tras la última nota, deja calma y muchos pensamientos. La artista maliense llega esta semana a España (viernes 27 en Cartagena y sábado 28 en Valencia) para seguir con la presentación mundial de su último trabajo, Fenfo, que salió a la venta el pasado mes de mayo.

Fenfo, que podría traducirse como “algo por decir”, es una declaración de intenciones. Diawara llevaba mucho tiempo guardando cosas que ya no le cabían en su pecho. Por eso, a boca llena viene a defender los derechos humanos. “No me conformo con decir que todo está bien porque no lo está. Ahora tengo un hijo. Hay que crear un mejor futuro”, contó la cantante a Wiriko.

Este nuevo álbum, que llega siete años después de su aclamado Fatou, es un doctorado por la paz. Un alegato a favor de los migrantes, de las generaciones frustradas del continente africano y del empoderamiento de la mujer. “Es hora de ver la cara amable de África. Somos nosotros los que tenemos que darla a conocer al mundo”, dijo Diawara durante su poderoso concierto en el londinense Jazz Café.

Fenfo “es la voz de un bebé por nacer que le habla a este mundo caótico. Hay niños viviendo en guerras, sin comida y ya nadie sabe qué va a ser de ellos. ¿Cuál es su futuro?”, se pregunta la maliense. Y mientras, su hijo se escucha revoltoso al otro lado de la conversación telefónica que la cantante mantiene con este periodista. “Soy madre. Soy más sensible y ahora tengo otra razón para luchar por alguien”.

La vocalista desmorona los estereotipos con su voz dulce. Mide las palabras o quizás las busque. Se excusa en su dominio del inglés, pero Diawara no necesita otro idioma más que el suyo, el bambara, para generar debate. A pesar de que se le ha animado a cantar en francés o en inglés, la artista prefiere dedicar esfuerzos a los suyos con temas directos que al principio incomodaban. “Ya no les sorprenden mis letras. Son mis señas de identidad para hacer que las cosas cambien”, afirma.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí

Dhafer Youssef, el uso de la voz como instrumento

Dhafer Youssef usa su voz para llegar a unos registros agudos y graves inconcebibles. El músico recuerda la llamada a la oración de los almuecines. Deja en el aire el canto y agarra su oud, laud árabe, para continuar con una atmósfera mística impregnada de jazz y música electrónica.

Youssef une lo sufí de manera orgánica con otros sonidos que ha ido recopilando a lo largo de su trayectoria. Desbarata las etiquetas y pone sobre el escenario una música honesta que llega ahora a España con un par de conciertos en las Islas Canarias y otro en Alicante.

El compositor y laudista tunecino Dhafer Youssef / Foto cortesía del músico

“Tengo un mensaje espiritual y artístico que toca almas. La música genera cambio si es sincera y no es cuestión de armar un mensaje de amor y paz. No hay que ser profeta sino compartir”, dijo a Wiriko desde Fez donde actuó en la última edición del Festival de Músicas Sagradas del Mundo.

Youssef lleva su música hacia la espiritualidad. Sus giros vocales hacen volar, como el propio músico alienta a los espectadores en sus conciertos. “Hay gente que tiene un problema cuando la música les llega. Algunos lloran y otros me odian porque abro sensibilidades y no lo aceptan. La gente oculta las emociones y la música es una terapia”, explica.

La capacidad vocal del compositor y laudista hace que su voz sea un instrumento más en sus actuaciones. Nacido en el seno de una familia de almuecines, las personas encargadas de llamar al canto, la escuela coránica es algo imprescindible para entender la música del tunecino. “La primera conexión con la música fue a través de la religión. Esta fue la única posibilidad que tuve de hacer música y me encantó”, dice Youssef que admite no ser muy religioso: “Todos somos sacros y profanos. Es la espina dorsal de cada ser humano. Es como mi madre y mi padre, es parte de mi existencia y no puedo negarlo”.

Youssef reconoce que la espiritualidad de la religión late en su pecho. Es una herencia familiar con la que convive desde su juventud y creció cuando formó parte como vocalista de un grupo local de canción litúrgica. Sin embargo, debido a la politización de las actividades decidió dejar la agrupación.

Es entonces cuando se interesa por el oud y comienza a practicar en el centro juvenil de su Teboulba natal. Tras ser miembro de la banda Radio Manastir, Youssef decide enrolarse en el conservatorio musical de Nahj Zarkoun en Túnez y acabaría en Viena para completar su formación musical.

La fusión sufí con el jazz surgió en el club Porgy & Bess donde Youssef acabó siendo un asiduo. “Fue una experiencia ver a los músicos de jazz estadounidenses. Me di cuenta que era algo complementario a lo que quería hacer, una nueva forma de arte. A día de hoy estoy viviendo ese sueño”, dice

Youssef ha recorrido el mundo con su oud / Foto cortesía del músico

El lanzamiento de su primer álbum, Malak, en 1998 es el inicio de una carrera musical donde el oud se encuentra con el jazz. Pero el compositor sigue buscando melodías, moldeando su identidad sonora y lleva al tradicional instrumento a jugar con la música electrónica en su segundo trabajo, Electric Sufi.

Las nominaciones en 2003 a los Premios World Music de la BBC por su disco Digital Prophecy evidencian la consolidación de un artista que también aterrizó en la escena electro-jazz escandinava. Con el guitarrista y productor noruego Eivind Aarset, Youssef ha manifestado la sinergia de las melodías de su adolescencia con una arrebatadora curiosidad musical.

Con diversas colaboraciones y siete discos publicados, Dhafer Youssef se mueve por distintos estilos que guarda bajo su sombrero. En el escenario presenta lo cosechado en un espectáculo que une lo profano y lo sacro y transita por el dolor, el entusiasmo y la exaltación. Un ejemplo de una discografía libre y mutante.

“Tengo un nuevo trabajo que será publicado a finales de agosto. Algo muy suave, no jazzísitico. Se llama Sounds of Mirrors y a partir de marzo del año que viene iremos de gira”, apunta el músico.

Suzy Eises quiere diversificar la música namibia a base de jazz

Suzy Eises, saxofonista namibia / Foto cortesía del artista

No hay muchas mujeres negras instrumentistas en el continente. Y menos son aquellas que tocan el saxofón. Pero desde Windhoek, la capital de Namibia, Suzy Eises se consolida como una de las músicos más prometedoras del país.

La joven artista tiene el reto de diversificar la escena musical de Namibia y busca su espacio gracias a un jazz combinado con soul, funk y afrobeat. A pesar de no poder contar con una banda a tiempo completo, pocos músicos locales cuentan con formación jazzística, Eises supera las adversidades con su inseparable Imms Nicolau a la guitarra. No le faltan bolos.

“Para mí es una bendición. Soy la única saxofonista en el país y afortunadamente me salen muchos trabajos. Muchos me dicen que estaban esperando algo jazzístico en la música local”, dice la músico a Wiriko en Windhoek.

Eises se enfrenta a la norma. Intenta hacerse un hueco en una industria donde faltan estudios de grabación, locales de ensayo y salas de conciertos. Y además lidia con los comentarios estereotipados. “Hay que cambiar la concepción que se tiene de la música instrumentista. Me ven en el escenario y esperan que cante”, resalta.

El empeño de la saxofonista le llevó a cosechar seis nominaciones en los Premios Anuales de la Música Namibia (NAMA, en sus siglas en inglés). La consolidación vino cuando se llevó los galardones al Mejor Álbum y Mejor Artista Revelación gracias a su disco homónimo que también se coló en nuestra lista de novedades el pasado mes de abril.

“Me gusta el disco pero no me enamora. Honestamente no quería grabarlo pero lo hice por todos aquellos que me animaron a sacar mi material y a desafiarme”, reconoce la saxofonista. Eises explica que tuvo que trabajar con un productor de música pop y fue difícil captar el sonido que había planeado para su trabajo debut.

El jazz apenas cuenta con espacio en Namibia. Gracias a sus premios, algunos de sus temas se colaron en las radiofórmulas, especialmente Only You, en el que colabora el sudafricano DJ Maphorisa. Pero la tarea sigue siendo ardua.

La saxofonista namibia es ambiciosa. Sus compatriotas comienzan a saber de esta artista emergente que no se acomoda. Eises quiere seguir formándose y ya prepara su estancia en el Instituto Africano de Música en Libreville, Gabón, base en el continente de la prestigiosa Escuela de Música de Berklee. Esta es una oportunidad para trabajar con otros músicos y productores y potenciar el sonido que no pudo obtener en su primer trabajo. Y después quiere dedicarse a la formación jazzística de los jóvenes en su país.

Suzy Eises da clases de saxofón y su deseo es montar una escuela para que los músicos instrumentistas puedan ganarse la vida en Namibia. Un proyecto que facilitará el acceso de estudios de grabación y espacios para ensayar que tanto escasean en Windhoek. “Mi música también consiste en apoyar a la comunidad. A muchos adolescentes se les dicen que no van a lograrlo y yo quiero mostrarles que es posible”.

Thabo: “No supe lo que era ser africano hasta que dejé el continente”

Thabo reivindica en el escenario con una música que hace bailar mientras sacude la conciencia de los asistentes. El energético zimbabuense hace un soul que educa, empodera y entretiene. “Nuestro objetivo es pensar lo más que podamos en quien nos escucha. Tenemos que hacer aquella música que tú mismo quieres escuchar”, dice en una entrevista a Wiriko. Y él hace canciones pensando en Bob Marley, Michael Jackson o Dolly Parton.

Your Mama, que supone su tercer trabajo, es una defensa del medio ambiente. El alarido de la naturaleza está recogido en cuatro temas que intentan rescatarnos de la distracción. “Lo más ofensivo es que insulten a nuestra madre”, dice Thabo. Y en este trabajo ha querido mostrar el ultraje que el ser humano hace al planeta, la madre de todos. [Your mama, my mama, same mama] Sin embargo, cómo y cuándo se reacciona. [We don’t care to stop we just hit and run/ Much too busy having fun] El músico se compromete con la actualidad y deja el pesimismo de lado para cantar a una sociedad que resiste [If it goes on like this I know that we will pay/ Yet every day we’re alive is another chance to change]

Thabo confiesa que no hizo el EP de manera consciente. “Me pregunté porqué la música que escuchaba no reflejaba las conversaciones que tenía con mis amigos. Eso me llevó a descubrir músicos que hablan de estos temas y al final las canciones vienen a ti porque has mostrado interés”.

El discurso responsable del artista residente en Huddersfield, Reino Unido, no es una impostura. Antes de este nuevo trabajo presentó “Ruffled Feathers”, otro puñado de canciones que guerrearon para clamar contra la manipulación en nombre de la democracia, el hurto tapado como recesión o la morfina diaria empaquetada por los medios de comunicación. Un preámbulo que fijó su discurso a ritmo de soul y r&b.

Thabo invita a no formar parte de la ilusoria fiesta que los poderes políticos y económicos han organizado gracias a temas como World War Free, Sex Sells o Run & Tell. Anima a generar cambio sin discursos superficiales [As long as the beat is right / you can say whatever your like] y demanda responsabilidad gubernamental. Advierte del consentimiento a líderes y personalidades que tienen el gusto de no hacer nada [Run and tell the world/ that we have been invaded by the shameless/ who just want to be famous/ for nothing at all] y indaga para buscarle las vueltas al status quo.

Sonidos contra las ataduras
Thabo escribe contra la normalización de la prisa. “Vivimos por lo inmediato y olvidamos lo que lleva tiempo. Hay un proceso, un ritmo”, reconoce. Su firma por el sello Virgin le abrió los ojos de una industria constreñida. Pronto descubrió que su mensaje no podía estar supeditado a las presiones económicas y dejó la compañía musical. Pero, tras ocho años con el grupo Thabo and The Real Deal, también ha llegado el momento de crear en solitario “una banda sonora para el individuo que quiere ser mejor persona y quiere librarse de su baja autoestima”.

El músico zimbabuense se ha olvidado de las etiquetas y busca un sonido que se acople a su visión del mundo. Eso es lo que Thabo traduce como “sonidos para una liberación futura”.

“Venir de África tiene un gran significado en cómo escribo mis canciones. No supe lo que era ser africano hasta que dejé el continente en el 2000. No entendía lo que significaba porque nunca había visto a un africano guay. En mi mente toda la gente negra así eran estadounidenses. Cuando era un niño pensé que tenía que ser estadounidense para molar. Cuando llegué al Reino Unido me di cuenta que me había colonizado a mi mismo. “Future Liberation Sounds” me permite liberarme de esas imposiciones y potenciar mi africanismo”, explica.

Pero no hay que olvidar que es un proceso de acción de futuro. Un cambio continuo que invita a la superación. “Hay un África del futuro que comienza a abrir puertas. Estoy buscando la música que sonará en el continente dentro de 200 años. África tiene que liberarse de lo que sabe de ella misma en la actualidad para convertirse en un mejor lugar”.

3MA, el encuentro transcultural africano de cuerda

3MA representa la armonía cultural entre Malí, Marruecos y Madagascar. La primera sílaba de estos países conforman el nombre de un proyecto formado por Ballaké Sissoko, Driss El Maloumi y Rajery.

Ballaké Sissoko toca la kora, el instrumento tradicional de 21 cuerdas del África occidental. El maliense es, junto con su amigo Toumani Diabaté, uno de los máximos exponentes de la cultura griot en la actualidad. El marroquí Driss El Maloumi busca en el Mediterráneo la confluencia entre lo árabe, lo bereber, lo occidental y lo subsahariano. Recoge en su oud, el laúd árabe, las distintas músicas de esta encrucijada geográfica. El trío lo completa Germain Randrianarisoa, más conocido como Rajery. El malgache es un referente de la música de su país y a pesar de la amputación de su mano derecha, es denominado como el príncipe de la valiha, cítara circular de 18 cuerdas hecha de bambú y característica de Madagascar.

Los tres tomaron con entusiasmo la oportunidad de trabajar juntos y reunir sus instrumentos para desarrollar un sonido que va más allá de las individualidades. El proyecto surgió en 2006 cuando El Maloumi y Rajery coincidieron en Agadir. Posteriormente el músico marroquí fue invitado a Madagascar por el Instituto Francés y se forjó una colaboración a la que posteriormente se sumaría Ballaké Sissoko. “Lo que es admirable es la unión de tres culturas diferentes, tres personas distintas, tres instrumentos y tres países”, explica Rajery a Wiriko en Fez.

El músico malgache además resalta la celebración de lo africano como reclamo creativo ya que normalmente en lugares como Madagascar se piensa más en la influencia europea que en la de África.

3MA salvaguarda el patrimonio cultural griot, bereber y malgache mientras investiga nuevos retos expresivos. Los instrumentos crean un lenguaje común ligado a un universo suave y místico sin olvidar los sonidos enérgicos y arrebatadores. “Como griot es muy importante para mi poder conocer otras culturas. Me encanta cómo suenan los tres instrumentos juntos”, apunta Sissoko.

Comenzaron a desarrollar melodías en sus primeros encuentros y para 2008 publicaron un trabajo homónimo. Desde entonces han mantenido sus carreras en solitario aunque sin perderse de vista. También han formado parte de diversos proyectos e incluso han coincidido en “Las Rutas de la Esclavitud” y “Hesperion XII”, propuestas musicales lideradas por Jordi Savall. La colaboración es para 3MA un eje de desarrollo creativo y permeabilidad. Ya lo expresó Sissoko a Wiriko en una anterior entrevista: “No se puede vivir con la kora guardada en una habitación. Hay que dar y recibir y esa es la principal razón por la que he realizado tantas colaboraciones con otros músicos”.

Ahora, tras una década lanzan Anarouz. Este nuevo álbum testifica la sinergia de las tres culturas y expone la madurez musical de unos artistas que acunaron a los asistentes en el jardín Jnan Sbil de Fez bajo el marco de la 24ª edición de Festival de Músicas Sagradas del Mundo.

3MA anoche en el Jardín Jnan Sbil de Fez / Foto: Ramón Fornós

La luna gibosa creciente regaló ayer una noche luminosa y romántica. La brisa suavizó el calor e incluso las ranas se sumaron al espectáculo con un croar casi inoportuno y que añadió magia de la velada. 3MA puso a la kora, el oud y la valiha sobre el escenario. Los cantos en bamana, malgache y árabe transportaron a los espectadores a Bamako, Agadir y Antanarivo en un viaje intercultural donde la tradición se fundió con nuevos horizontes musicales, esencias y colores.

La presencia de 3MA casa con la misión del Festival de Músicas Sagradas del Mundo de Fez de compartir valores como la tolerancia a través de las artes, según expresa el presidente del presidente del festival, Abderrafi Zouiten. La música se presenta como convivencia y una respuesta actual a los problemas globales. Sin embargo, Driss El Maloumi explica cómo en demasiadas ocasiones son abordados con estas cuestiones migratorias y de refugiados por el hecho de ser africanos mientras que otros artistas no son preguntados por lo mismo: “Estamos proponiendo un trabajo artístico, una concepción estética y una acumulación de saber hacer desde los viajes y de la cultura de cada uno. Se puede juzgar lo que nosotros hacemos en relación a lo que hace todo el mundo. No estamos para crear una sensibilidad especial para con los refugiados aunque es cierto que el tema nos concierne. Nosotros trabajamos para crear algo novedoso y puramente artístico”.

Fez reivindica los saberes ancestrales en su festival de música sacra

Latonero en la plaza Seffarine de Fez/ Foto: Gramma Photography

El sonido seco de un martillo es la banda sonora de la plaza Seffarine de Fez. Ante la mirada de los visitantes, un joven artesano golpea el latón al compás. Evoca a un martinete. La imagen coreográfica y musical desafía a los tiempos modernos y recuerda a los maestros que transmitieron el conocimiento de unos de los oficios más antiguos de la medina.

Fez llama y el mundo escucha. La ciudad marroquí acoge esta semana la 24ª edición del Festival de Músicas Sagradas que se inició el pasado viernes con el espectáculo “Creación de inauguración”, una reivindicación a lo artesano.

Los saberes ancestrales son la temática de la presente edición el festival. Fez es defensora del patrimonio artesanal cuyo centro creativo es la medina. El contexto sagrado en el que el artesano transfiere su saber se presenta como amparo de la tradición a la vez que un modelo de renovación de la antigua manera de vivir.

“Las raíces de lo artesanal están completamente ligadas a la espiritualidad. La mayoría de los oficios tienen relación con lo sagrado”, explica el director artístico del festival, Alain Weber.

Por ello Weber concibió una gala inaugural para indagar en la mitología detrás del trabajo de forjadores, alfareros o curtidores y equiparar su labor a la defensa de la tradición oral de griots, shaers y rwayyes. Estos artesanos de la música configuran un punto de partida para encontrar también la espiritualidad del genio humano en las creaciones en piedra, acero, arcilla, vidrio o madera. “Hablamos de la música, la danza o la poesía pero olvidamos la tradición artesanal”, recuerda el director artístico.

Intercambio sagrado y profano
El Festival de Músicas Sagradas, organizado por la Fundación Ibn Battuta y la Fundación Espíritu de Fez, es una oportunidad para ser testigos del acercamiento cultural entre civilizaciones. El cartel incluye distintas noches sufís, una velada de música andalusí, el coro góspel de Soweto, el compositor nacido en Sarajevo Goran Bregovic, el trío 3MA, el cantaor Jesús Mendez o el violagambista Jordi Savall, entre otros.

Más de veinte países están representados en una edición que combina además cantos litúrgicos ortodoxos, hebreos, gregorianos y jesuitas haciendo que Fez vuelva a otorgar un espacio para la pluralidad religiosa. La programación intenta exponer una música sacra que preserve su identidad a la par que es atractiva para el espectador, como reconoce el director artístico, Alain Weber.

Issam Serhan y Jesús Méndez durante la gala inaugural del festival / Foto: Ramón Fornós

Lo secular también tiene cabida en un festival en el que se reduce la línea divisoria entre ambas modalidades. “Hay artistas contemporáneos que están inspirados por una visión sagrada de la vida pero no son necesariamente personas religiosas. Simplemente la están utilizando para expresar emociones y sentimientos. Por eso la idea de lo sacro ha cambiado totalmente en los últimos 20 años”, explica Weber.

El Festival de Músicas Sagradas de Fez se cimenta desde el hermanamiento y la convivencia. Se fomenta una espiritualidad libre y sin imposturas que no esté directamente ligada a la religión. “[El objetivo del festival] es mostrar un espíritu de tolerancia, diálogo entre diferente culturas y civilizaciones y crear un muro contra el extremismo y la radicalización”, explica presidente del festival, Abderrafi Zouiten.

Skinflint, la referencia botsuana del heavy metal africano

El heavy metal como el punk son estilos que tienen un hueco en el continente africano desde hace décadas. De hecho, Botsuana se ha convertido en los últimos años en el país de referencia del heavy metal africano donde han surgido diferentes grupos como Skinflint.

Esta banda, que nació en 2006, es en la actualidad un referente del panorama musical de Botsuana. Está formada por Giuseppe Sbrana, vocalista y guitarrista, el bajista Kebonye Nkoloso y la batería Alessandra Sbrana. Aunque la batería dejó el grupo tan sólo un año más tarde, en 2012 dio la sorpresa y regresó para formar parte de nuevo de este proyecto. En sus 12 años de trabajo han lanzado un total de seis álbumes entre los que destacan “Iklwa”, “Nyemba” o “Chief of the Ghosts”. Su último trabajo, “Skinflint”, fue publicado el pasado 1 de junio y ya está dando mucho de qué hablar.

Wiriko. ¿Cómo surgió Skinflint?
Giuseppe Sbrana. Skinflint surgió de la unión de dos elementos clave: la cultura africana y el heavy metal. Nuestra música está muy vinculada a la espiritualidad africana y a la mitología, pero la base del heavy sigue ahí. En 2006 dimos nuestros primeros pasos.

W. Seguramente muchas personas se sorprenden al oír hablar de esta fusión ¿Qué le diríais a aquellos que opinan que el heavy metal no puede ser africano?
G.S. Sencillamente les diría que no creyeran en los estereotipos. El arte de verdad no entiende de fronteras. El origen de un estilo musical no impide que llegue a otras partes del mundo.

W. Skinflint tiene la habilidad de mezclar este género con música tradicional africana. ¿Qué importancia tienen para vosotros las raíces africanas?
G.S. Creo que el ambiente que rodea a los músicos puede tener un impacto muy importante, especialmente en la producción artística. En nuestro caso, las raíces africanas están presentes en las letras que escribimos y en otros aspectos de la música que creamos.

W. ¿Cuáles creéis que son las principales razones que han hecho que el heavy metal tenga tanto éxito en Botsuana?
G.S. Desde mi punto de vista una de las razones del éxito del metal en nuestro país se debe a que Botsuana aún permanece a salvo de ciertas tendencias sociales muy extendidas en otros países. De alguna manera esto ha facilitado cierta libertad entre los artistas para explorar.

W. ¿Qué grupos y artistas han influido a Skinflint?
G.S. Las influencias son muy variadas, pero diría que Black Sabbath, Iron Maiden y Jimi Hendrix son las principales. Además recibimos el influjo de algunas corrientes originales de blues y, por supuesto, nos inspiramos en la cultura africana, como la música tradicional borankana y diferentes ritmos africanos.

W. Habéis publicado nada menos que seis discos a lo largo de vuestra carrera ¿Qué podéis contarnos sobre vuestro último trabajo?
G.S. Nuestro último trabajo se lanzó el pasado 1 de junio y decidimos ponerle el nombre del grupo “Skinflint”. Para que este sexto trabajo saliera adelante hemos trabajado con Into Records.

W. ¿Qué países han acogido mejor vuestra música?
G.S. A través de todo el apoyo online que recibimos se puede decir que tenemos seguidores en muchos lugares del mundo. Nos resulta muy difícil determinar qué países nos han acogido mejor.

W. Habéis realizado dos giras por Europa en 2014 y 2017. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Habéis notado alguna diferencia entre ambas ocasiones?
G.S. Creo que la reacción fue increíble y tuvimos una bienvenida muy calurosa por parte de la audiencia. Tengo que decir que al principio había muchísima curiosidad por nuestro estilo de música y al final se convirtió en apreciación. Obviamente teníamos mucha más experiencia en el tour del año pasado, lo que hizo que nuestra gira fuera tan impactante. ¡Esperamos volver pronto de gira por Europa!

Namvula: ”Las revoluciones del día a día son sosegadas”

Namvula es una persona apacible. Su música es el reflejo de una personalidad inquieta a la par que tranquila. Conversamos en una cafetería del centro de Londres mientras promociona su último disco, Quiet Revolutions, que sin embargo salió al mercado a finales del pasado año. La cantautora no huyó del invierno británico sino que ha sido madre.

“La grabación tuvo lugar cuando estaba de siete meses y tras el lanzamiento en noviembre volví a Lusaka aunque siempre estoy a caballo entre el Reino Unido y Zambia”, explica.

Imagen promocional de Quiet Revolutions. Foto: Susan Wanjelani

El segundo trabajo de la músico zambiana muestra su forma de mirar la vida sin estridencias. “[El álbum] es sobre las mujeres. Intenta desempaquetar las experiencias femeninas a la vez que resalta lo que tenemos en común. Compartimos vivencias que van más allá de la geografía y del tiempo. Cada historia es individual y al mismo tiempo se repite”, dice.

Namvula tiene una postura honesta. No puede ser de otra manera cuando Quiet Revolutions es una celebración femenina de lo cotidiano. ”Las revoluciones del día a día son sosegadas. Lo que las mujeres consiguen a diario no son enunciados grandilocuentes”.

La cantautora habla sobre las pequeñas metas conseguidas, las que suman y generan cambio. Además apuesta por una mayor presencia femenina en la escena musical africana: “La música no es una carrera fácil y más siendo mujer. Existen todo tipo de retos y prejuicios que hay que encarar. Necesitamos más mujeres en la música y dar una nueva perspectiva. No podemos seguir viendo la vida desde la mirada de los hombres”.

Desde la publicación de su primer trabajo, Shiwezwa, ha aprendido a tener más confianza en la forma de expresar lo que quiere. Confiesa que Quiet Revolutions ha sido un proceso arduo a la hora de equilibrar cómo debía sonar, lo que quería hacer y las expectativas del público. También reconoce que este segundo álbum es sonoramente más accesible que el anterior.

“Al crecer como músico y asentarme todo sale de una forma más natural”, explica la cantautora cuyo trabajo es difícil de conceptualizar. “Las etiquetas son muy útiles para los promotores o cuando intentas explicar tu música a un público que no te conoce. Pero es lo mejor es invitarlos a que simplemente la escuchen”, apunta.

Namvula es una recolectora de sonidos. Sus raíces se entremezclan entre Zambia y Escocia aunque ha vivido en los Estados Unidos, Suiza y el Reino Unido. Sus influencias han marcado un estilo único que le han ayudado a abordar el sentido de la pertenencia. “Me ha ayudado a estar más cómoda conmigo misma y ser estas múltiples personas, estar en múltiples sitios siendo una misma persona”.

Lucha para acceder a la escena musical de Lusaka, donde reside una buena parte del año, aunque la situación es muy restrictiva para los artistas que no hacen música mainstream. “El número de salas de conciertos es muy reducido y los festivales han sido tomados por las corporaciones donde la programación deja de ser cultural. Se da espacio a gente consolidada ya que la audiencia en Zambia es muy conservadora y no sale a escuchar a gente que no conoce”, explica.

La efervescencia cultural del continente
Namvula no se detiene. Las buenas críticas cosechadas por sus dos trabajos la encaminan hacia otros mercados. Y también quiere explorar la escena musical de ciudades como Nairobi o Lagos.

La cantautora aplaude la expansión cultural del continente y resalta las posibilidades para hacer cine, música o literatura. Crecen las expresiones artísticas, los espacios se habilitan y el objetivo cambia. “Si hablas con jóvenes cosmopolitas en África ya no piensan en cambiar el modo en que otros ven el continente sino en celebrar sus historias. Su actitud es más de dejar que se piense lo quiera desde fuera y hacer arte para nosotros. Ya no es una reacción sino una manera de subrayar lo que pasa”, comenta Namvula que también es fotógrafa.

El proyecto Unscrambling Africa le sirve para ejemplificar la efervescencia cultural actual. “Muestra la diversidad, complejidad y belleza del continente. Me sorprendo con todas las manifestaciones culturales y es genial que se refuercen desde el continente. Durante mucho tiempo había una falta de orgullo e inferioridad con respecto a Europa”.

Namvula es además una de las fundadores del festival de cine africano de Londres, Film África. Generó oportunidades a través del cine en una cita que ya prepara su octava edición. Desde la diáspora se esforzó por dar visibilidad a las historias del continente y abrir nuevos caminos para los directores africanos. “Era bochornoso que en lo que se supone que es la capital cultural del mundo no hubiera nada que celebrase el cine africano”.

Descoloniza tu iPod (V)

Cada primer lunes de mes Wiriko presenta su selección de lanzamientos discográficos africanos, recopilando los trabajos que se han ido presentando a lo largo de las últimas semanas y que suenan cada semana en nuestro programa de M21. En la 5ª entrega de esta recopilación “descolonizadora” los aficionados de la música africana descubrirán las últimas novedades discográficas que nos han llegado en mayo. Como es habitual, Groove africano con un mantra por bandera…

Abrir los oídos para abrir la mente. 

Dobet Gnahore – Miziki (4 mayo, LA Café/Media Nocte)

La cantante marfileña Dobet Gnahoré, hija del maestro percusionista Boni Gnahoré, presenta su 5º larga duración Miziki. El álbum de doce pistas viaja a través de una gran variedad de estilos musicales de la mano del guía musical y productor francés Nicolás Repac –que ya había trabajado con anterioridad con la maliense Mamani Keita– lleva a la artista por la senda de la música afro-electro. “Creo que la electrónica es quizás un canal para transmitir nuestra música africana, a veces un poco complicada para el extranjero”, dice en una entrevista reciente sobre el giro hacia este estilo que ha tomado en su último álbum. Cantando en Bété y en francés, Dobet rinde tributo al pan-africanismo, a las mujeres y a la juventud en uno de los discos que más nos harán bailar este 2018.

Konkere Beats – YORUBA! Songs and rhythms for the Yoruba Gods in Nigeria (4 mayo, Soul Jazz Records)

El patrón de llamadas y respuestas superpuestas es uno de los elementos fundamentales de la música africana tradicional. Y esto es precisamente lo que encontramos en este álbum de cantos yoruba registrado en Lagos, la mayor megaciudad africana, para rendir tributo a los Orishas, ​​espíritus que se interponen entre el mundo humano y lo sobrenatural, aún muy arraigados en las creencias de la sociedad nigeriana contemporánea. Raíz de los sonidos de la Santería en Cuba o del Condomble en Brasil y el Vodou de Haití, estas canciones dan un peso crucial a la percusión y nos devuelven a los orígenes recorriendo las principales deidades del panteón Yoruba, de Yemoja a Ogun. 

Abiah – Abiah sings Nina (6 mayo)

El tenor ghanés establecido en Estados Unidos, Jeremiah Abiah, explora la música de la legendaria pianista, vocalista, compositora y activista Nina Simone. Abiah Sings Nina se centra en las baladas de la afroamericana, que le van como un guante debido a su tesitura vocal y al dominio impecable de su instrumento. Este disco tributo, llega en plena era de Trump, cuando Simone se rescata como una de las mayores comentaristas sociales y críticas contra el racismo del mundo. Una antología de música protesta de la era de la lucha por los derechos civiles en un momento que parece volvernos a sumergir en un pasado convulso donde las voces negras debían escoger entre cantar por dinero o cantar para concienciar. Un tributo precioso.

BATUK – Kasi Royalty (11 mayo, Teka Music/iDol)

Provenientes de Johannesburgo, los miembros de esta banda panafricana –Manteiga y Spoek Mathambo–  llevan sacudiendo el mercado global desde que nacieron, en 2015, tocando en más de 15 países [incluido España, gracias a nuestrxs compañerxs de Moto Kiatu]. Ahora, el dueto lanza su esperado segundo álbum ‘Kasi Royalty’, que es una auténtica inyección de kwaito y house sudafricano mezclados con música electrónica. Una fórmula infalible para las pistas de baile globales tanto como locales, que ya anticipaban con el recientemente publicado EP ‘Move!’ y que secundan que África está dando un toque inconfundible a la música electrónica contemporánea.

Fababy – La symphonie des chargeurs vol 2 (11 mayo, Explicit)

En 2012 el rapero francés de origen marfileño Fabrice Ayékoué, más conocido como Fababy, lanzó un proyecto que marcó su carrera: ‘La symphonie des chargeurs vol 2’. Desde entonces, el rapero había estado ocupado con su propio sello –Poduim Enterteinment– y el lanzamiento de dos álbumes que le labraron un campo fértil en el mundo del hip hop francófono: ‘La force du nombre’ (2013) y ‘Ange et Démon’ (2016). Ahora, para deleite de sus seguidores, presenta su tercer larga duración.

Bombino – Deran (18 mayo, Partisan Records)

Omara Moctar, más conocido como Bombino, es considerado uno de los mejores guitarristas de blues vivos del mundo. Sus tres álbumes más recientes han encabezado el iTunes World Music Chart y los diez temas que componen su reciente trabajo apuntan a seguir la misma senda. Si hace unos meses declaraba a Wiriko que las guitarras y voces tuareg son consideradas armas revolucionarias, con el lanzamiento su sexto disco, ‘Deran’, vuelve a erigir la música por encima de los prejuicios y las amenazas de aquellos que desafían al pueblo tuareg mostrando el carácter político y de resistencia que tiene su cultura. El disco, que ha sido grabado en Casablanca devolviéndolo a África por primera vez en casi una década, es una muestra de la amplitud de estilos de Bombino desde el blues-rock al tuareggae (como la banda bautiza al reggae tuareg). Y vuelven a encontrar en el de Adagez un altavoz para la causa tuareg.

African Scream Contest 2 (Analog Africa No. 26) – (18 mayo, Analog Africa)

La segunda parte de esta compilación llega diez años después de que Samy Ben Redjeb, melómano, coleccionista e investigador detrás de la escudería Analog Africa presentara una selección musical (parte de su tesis) de disco-funk de Benin y Togo. Este nuevo tesoro del Afrobeat inspirado en funk Vodoun es un viaje de descubrimiento, como su predecesor, que incluye bandas que desaparecieron en la época de la dictadura del presidente beninés marxista-leninista Mathieu Kerekou. Ignace de Souza, una primeriza Orchestra Poly-Rythmo de Cotonou o Gnonnas Pedro y su Dadjes Band conforman una oda al patrimonio musical del continente.

Samba Touré – Wandé (25 mayo, Glitterbeat Records) 

Con su primer larga duración, ‘Songhai Blues: Homenaje a Ali Farka Touré’, el legendario guitarrista y vocalista maliense logró el éxito internacional y se labró un lugar como una figura musical clave en Mali que lo ha llevado a colaborar con Toumani Diabaté o Vieux Farka Touré. Con su quinto álbum de estudio, ‘Wande’, vuelve a un sonido blues más tradicional, más acústico y espontáneo, y con la presencia como figura central del tama (o talking drums). Su mensaje es una auténtica declaración de intenciones. En temas como Goy Boyro, Samba critica los estereotipos históricamente dañinos de África en Occidente, pero también da cabida a tratar temas como la lucha por la igualdad de los afroamericanos.

Fatoumata Diawara – Fenfo (25 mayo, Pias) 

Siete años después de su exitoso debut (Fatou, 2011), llega el segundo larga duración de Fatoumata Diawara: Fenfo (o ‘algo que decir’)un fabuloso trabajo de 11 canciones que mezclan el Wassoulou tradicional con otros géneros populares malienses, funk y pop-rock para desvelarnos la Fatou más activista. Tras trabajar con Matthieu Chedid en Lamomali, Damon Albarn o Amadou y Mariam, dirige su discurso a la juventud africana – en especial a la mujer–, y advierte del drama migratorio en la frontera mediterránea, para impulsar la necesidad de un nuevo renacer africano. Voces como las de Sidiki Diabaté (hijo de Toumani) refuerzan el espíritu panafricano y de una nueva generación llamada a llevar África a nuevo estadio, que envuelve las canciones de este nuevo álbum. Un disco lleno de colores y matices donde Fatou vuelve a brillar llevando su guitarra acústica y su voz seductora hacia un lienzo nutrido de sintetizadores, ngonis, koras y chelos.

Touré Kunda – Lambi Golo (25 mayo, Soul Beats Records) 

Tras diez años de silencio discográfico –después de publicar su Santhiaba (2008)–, los míticos casamanceses Touré Kunda (la família de los elefantes) vuelven con un nuevo trabajo dedicado a la lucha senegalesa, el deporte nacional de Senegal que une a todas las comunidades del país. Con temas grabados junto a Manu Dibango (Demaro), Carlos Santana (una deliciosa versión en clave de salsa de la famosa Emma) o Lokua Kanza (en Soif de liberté), Ismaïla y Sixu Tidiane Touré evocan la pérdida de valores de la nueva generación en una fusión musical enérgica y eclectica. Cantando en Soninké, Wolof, Fula, Mandinga, Diola y Creole portugués, el (ahora) dueto nos vuelve a la Casamance, la región entre Senegal y Guinea Bissau que los vió nacer, para celebrar cuatro décadas de carrera encima de los escenarios de una de las bandas más míticas de África Occidental.

Adekunle Gold – About 30 (25 mayo)

El segundo álbum del nigeriano Adekunle Gold es un trabajo de 14 pistas que combina baladas, funk, afrobeat y consolidados afrobeats comercialoides en una perfecta receta de pop de rápida digestión que incluye pistas junto al mismísimo Seun Kuti (Mr. Foolish) o la paticipación de la estrella nigeriano-británica Jacob Banks (Ire). El Yoruba entra así en el circuito global con este álbum lleno de odas al amor y de ritmos intencionadamente pensados para las pistas de baile. Un disco dispuesto a hacerse con la audiencia nigeriana tanto como con el mercado global, ofreciendo un abanico de estilos para todos los públicos y para todos los gustos.

EP’s: 

Sudan Archives – Sink (25 de mayo, Stones Throw)

El pop experimental, el hip hop y el R & B más suave explotan en el segundo EP de esta joven afroamericana de 24 años que hilvana con su violín y su voz un lienzo de influencias africanas que tienen su epicentro en Camerún y en el etnomusicólogo Francis Bebey, que ya hizo un híbrido similar de sonidos africanos orgánicos y electrónicos a finales de los 70. Las seis pistas de este trabajo contienen rastros de violines de una sola cuerda del norte de África y aterrizan en el continente africano de una forma natural y fresca que sorprenderá a muchxs africanxs. No, no es africana. No es hija de africanos. Pero África le corre por las venas, y su ADN se destila en su particular sonido gracias al demostrado respeto por sus tradiciones.

Más novedades discográficas de 2018:

Descoloniza tu iPod (IV)

Descoloniza tu iPod (III)

Descoloniza tu iPod (II)

Descoloniza tu iPod (I)

Sudáfrica aterriza de nuevo en el Primavera Sound 2018

El Primavera Sound 2018 nos trae de nuevo artistas emergentes de todo el mundo dispuestos a aprovechar la oportunidad que les brinda formar parte de un gran festival. En el marco del Primavera Pro, dos bandas sudafricanas con las que hemos tenido la oportunidad de charlar, aterrizan en Barcelona para ofrecer una actuación gratuita en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) y otra en el Parc del Fòrum, donde se celebra el festival del 30 de mayo al 3 de junio.

Ikati Esengxoweni

Ikati Esengxoweni

Sábado 2 de junio – Parc del Fòrum (22:00h)

Domingo 3 de junio – CCCB (16:30h)

Lark Wantu y Anam Manyati son las líderes de la banda sudafricana Ikati Esengxoweni, literalmente “El gato en el saco” en lengua xhosa. Formada en 2016, esta banda originaria de la Nelson Mandela Bay enmarca su música dentro de la World Music urbana, alternativa y afrofuturística. “Es un honor para nosotros formar parte de un festival internacional tan grande como este. Estamos muy emocionadas de compartir nuestra música con el mundo y muy agradecidas a todos los que lo han hecho posible”.

Sus canciones son cuentos, historias interpretadas en acústico o acompañadas por la banda al completo: violín, bajo, guitarra y batería. “De nuestros conciertos podéis esperar una montaña rusa de emociones. Fuegos artificiales, pasión y excelencia”. Preguntadas por la influencia en su música de las múltiples culturas que forman su país, afirman que “Sudáfrica es un país maravilloso, con una rica herencia cultural. No podríamos haber creado este sonido si estuviéramos en otro lugar”.

Después de participar en el Primavera Pro, la banda se concentrará en grabar su próximo EP, del que ya avanzan que será una selección de historias cantadas en inglés y en xhosa.

 

Bye Beneco

Bye Beneco

Sábado 2 de junio – Parc del Fòrum (02:00h)

Domingo 3 de junio – CCCB (17:40h)

Procedentes de Johannesburgo, Bye Beneco es una banda formada por tres jóvenes sudafricanos, con la voz de Lenny Dee-Doucha a la cabeza, que autodefinen su música como dream-pop ecléctico: “Es difícil para nosotros enmarcarse en un género concreto. Desde el principio fuimos muy conscientes de que no queríamos que nuestra música fuera fácilmente etiquetada y encasillada. ¡Ya lo descubriréis cuando nos veáis en acción!”.

En los originales y coloridos vídeos de Bye Beneco, encontramos la expresividad que caracteriza a su música: Chemirocha o Jungle Drums nos atrapan con su estética caleidoscópica y sus singulares ritmos. “Nuestra música está inspirada en Johannesburgo. Sudáfrica es un lienzo en blanco que recuerda a la Nueva York de los ’80. Estamos encontrando nuestra fuerza y creatividad”.

Después de Space Elephant y Ghetto Disko, sus dos primeros álbumes, Bye Beneco nos avanza que ya están ultimando los detalles de un nuevo trabajo. Hasta entonces, prometen que sus conciertos en Barcelona serán muy diferentes a cualquier cosa que hayamos oído antes: “Es muy especial para nosotros formar parte de este festival, ¡hemos estado esperando este momento durante años! Estamos deseando ver a todos los artistas que participan en él y compartir escenario. Además, nos encanta patinar, así que pasar una semana en una de las mecas mundiales del skateboarding en el marco del Primavera Sound ya es una experiencia increíble por sí misma!”.

“Las ambiciones están destruyendo mucho de lo poco logrado en África”

A pesar de haberse dedicado a la música durante toda su infancia y adolescencia acompañando a su madre (Aminata Diakité) en los coros en bodas y bautizos, la carrera internacional de la maliense Oumou Sangaré no explosionó hasta que tenía 20 años. Lo hizo de forma abrumadora en 1989 con su álbum debut Moussolou [Mujeres], que abogaba contundentemente por sus derechos. Desde esa primera declaración de intenciones en forma de disco ya criticaba los matrimonios infantiles o la poligamia, que había conocido de primera mano a través de la experiencia de sus padres. Su voz se convirtió pronto en una de las más aclamadas de África occidental.

Casi tres décadas más tarde, Sangaré ha cosechado éxitos en todo el planeta y es una de las figuras más potentes del panorama sonoro africano. La diva maliense, que llega sube mañana a los escenarios del Primavera Sound de Barcelona, cuenta los entresijos de su último álbum y desvela por qué sigue siendo un icono y un símbolo de la fortaleza y la lucha incesante de la mujer africana.
“Por todas las dificultades añadidas que experimentan las africanas, tiene más mérito cada una de sus historias de superación. Necesitamos visualizarlo, y hablar de ello para darlo a conocer y luchar contra esa realidad”, dice Sangaré cuando se le pregunta acerca de pandemias socioculturales que afectan a Malí relacionadas con la violación de los derechos de las mujeres —por ejemplo, la mutilación genital femenina, practicada a cerca del 90% de las malienses, según la Organización Mundial de la Salud—. Sin embargo, la artista, de 50 años, se niega a quedarse solo con las narrativas que se centran en lo negativo. “Poco a poco vemos mujeres que acceden a puestos de poder y que empiezan a ser escuchadas. La verdadera revolución comienza en cada una de sus casas, han de saber que no están solas y que las cosas están cambiando”, contesta durante una entrevista realizada por correo electrónico en abril.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí

Gato Preto: afrofuturismo y reivindicación en la pista de baile

Gato Preto

Afrofuturístico es uno de los pocos adjetivos que puede acompañar a Gato Preto, un dúo difícil de clasificar formado por la cantante Gata Misteriosa y el productor Lee Bass que, junto con la percusión en directo del senegalés Moussa Diallo, actuarán en la Sala Caracol de Madrid el próximo 25 de mayo de la mano de Moto Kiatu para celebrar el Día de África.

Su música es una mezcla de sonidos que recorre el continente africano: desde el house sudafricano al kuduro angoleño, sin olvidar el djembe senegalés. Sus orígenes son igual de plurales: el dúo se formó en 2012 en Alemania, pero las raíces de Gata, nacida en Lisboa, se sitúan en Mozambique, y las de Lee, nacido en Alemania, las encontramos en Ghana. Definen su estilo como música afrofuturística con mensaje, y es que su último álbum, Tempo, es un homenaje, pero también una reivindicación de la historia y las raíces africanas.

Ya en sus trabajos anteriores, también incluidos en Tempo, encontramos la estética que los define combinada con una reinterpretación de las tradiciones africanas: en el video Barhulo (2015), por ejemplo, Gata y Lee pasan de ser prisioneros de guerra a superhéroes en un mundo postapocalíptico. Tampoco la reivindicación de sus raíces ha estado ausente en su carrera. En 2016 lanzaron Dia D que, en palabras de Gata, es “una celebración de la contribución de África al pop y a la música electrónica mundial en la ultima década” y Take a Stand, una llamada a no olvidar las raíces en un mundo dominado por la cultura occidental.

Tempo es una combinación perfecta de enérgicos ritmos y reivindicación. El álbum abre con A Luta Continua, parte del discurso de mismo nombre de Samora Machel, ex presidente de Mozambique considerado padre de la independencia del país. También hay lugar para una llamada a la diáspora africana y la solidaridad en la lucha: Polícia habla de la brutalidad policial contra los afroamericanos en EEUU, en un claro guiño al movimiento Black Lives Matter. La opinión de Gata, entrevistada por Bandcamp, es clara al respecto: “Decidí hacer esta canción porque siento que aún somos vistos como esclavos. Todavía somos perseguidos y no puedo entenderlo. No entiendo por qué, en el siglo XXI, aún tenemos que defender que las vidas negras importan. Siento rabia y lo único que puedo hacer como artista es usar mi voz.”

Gato Preto lleva cinco años exhibiendo el explosivo directo que le ha dado fama por festivales de todo el mundo: desde el Oslo World Music Festival al Nyege Nyege en Uganda, pasando por el Lowlands neerlandés o el Blacks to the Future Festival parisino. Este mes Gata Misteriosa, Lee Bass y Moussa Diallo aterrizan por primera vez en Madrid con motivo del Día de África, un evento imprescindible en la escena musical electrónica africana.

ENTRADAS DISPONIBLES