“La afrosíntesis puede cambiar tu vida”

Barcelona es una ciudad con un pulso cultural insaciable y sin África, hoy, ya no se entendería gran parte de lo que sucede en esta ciudad mediterránea. Según datos del Ayuntamiento, la capital catalana alberga a varios miles de personas procedentes del continente africano. Con raíces en Senegal, Nigeria, Ghana, Guinea Ecuatorial o Camerún, las culturas africanas se vienen mezclando en el tejido asociativo de la ciudad desde hace décadas, haciendo mella en las iniciativas culturales de todo tipo que van emergiendo año tras año. Prueba y muestra de ello es el Festival Alter Africa, un evento que rinde tributo al pulso sonoro de esa diáspora establecida en la capital catalana y que este año se celebra la noche del viernes 6 de diciembre en la Sala La Nau.

El principal motor detrás del Festival Alter Africa es Javi Zarco, un sempiterno emprendedor del sector musical barcelonés y una persona con un empeño infatigable a la hora de visibilizar a los artistas africanos que van emergiendo en la ciudad. En 2013, Zarco —que se autodefine como anarco-manchego, y por lo general, cachondo-excéptico y a veces erótico-festivo— fundó el sello Slow Walk Music, una editorial musical, agencia de representación y contratación de artistas africanos afincados en Barcelona. Pero eso no es más que uno de los hitos de este veterano activista de las culturas. En motivo de la 2ª edición de Alterafrica ha hecho un brutal ejercicio de generosidad y ha querido compartir con Wiriko toda una biografía dedicada a la música, a África y a las músicas africanas… sin la cuál, la música africana hecha en Catalunya sería otra, seguramente, más pobre de lo que es hoy.

Gemma Solés: ¿Qué papel tiene ‘Alterafrica’ en la construcción de otra imagen de África en Catalunya? ¿Con qué intención creíste que hacía falta impulsar un festival como este?
Javi Zarco: ALTER AFRICA es el escaparte, modo festival, para dar visibilidad a la escena local, con algún invitado foráneo.  Nos ha quedado una noche senegalesa, pero no estaba pensado así, en un momento, barajando posibilidades, vimos la oportunidad de dar luz a estos artistas, de agradecer un poquito a este país que tanto nos da. En lo personal, me hace especial ilusión, pero es una realidad que Senegal es un gran potencial en lo musical. Es sólo una muestra de lo que hay. No todos son artistas de Slow Walk Music.

Nayaband Jean, uno de los cabezas de cartel de la 2ª edición del Festival Alter Africa de Barcelona, promovido por Javi Zarco y Slow Walk Music.

G.S: ¿Cómo llegas a África, o África llega a tí?
J.Z: A finales de los 80 vine a vivir a Barcelona. al poco estaba compartiendo mi casa con un senegalés y así entré en contacto con la comunidad que entonces vivía en la ciudad. Era una pequeña comunidad, una tienda, una discoteca…. al poco me lié con una senegalesa, amiga de mi amigo… Era una bailarina que había salido hacía 15 años de Dakar con un compañía de bailes africanos, después de actuar en muchos hoteles y casinos de España y Marruecos. la compañía se deshizo en el casino de Lloret de Mar y ella estaba recién instalada en Barcelona. En ese momento sólo había un grupo de música senegalesa en Barcelona, los Cae Ma Deila, pero ella prefería dejar descansar sus pies y optó por la peluquería africana que hacía en casa. Una casa de tres senegalesas donde también daban comida todos los días.
Era como un consulado, no sólo de Senegal, sino africano, o de la ONU…. el lío fue a más y nos convertimos en pareja, tuvimos una hija en el 92, que nació allí, atendida por varias mamas que se ocupaban de ella cada día. Por las manos de Diara, que así se llamaba, pasaban todo tipo de cabezas, ilustres como Ángels Gunayalons, La Maña, otra vedette del Molino —que era la novia del feo de Los Hermanos Calatrava— o Lucrecia. Cantantes y actrices, pero también muchas africanas, prostitutas y travestís que querían extensiones, así como los primeros rastas de la “city”.
Enseguida montamos una pequeña peluquería en el Born, que sería el embrión del Club Mestizo. Una asociación cultural nacida en el 95 de una necesidad vital: el encuentro con personas similares a nosotros. En el colegio de mi hija, en Vía Laietana, no había niños de otros países, ni otras “razas”…. así que, nos pusimos manos a la obra. El objetivo era tener un lugar de encuentro, un sitio dónde poder escuchar nuestra música, fumar nuestros petas y no molestar a nadie. Pero había otros objetivos importantes: juntar a niños los domingos, hacer talleres de música y baile… y profesionalizar a algunos africanos. El Club estaba en la calle de La Mercà, junto a correos de Vía Laietana, y lo montamos 4: Diara, que tenía su peluquería; Djibril, actor, bailarín y faquir que daba clases de baile; y Max Thiam, que hacía “ataya” (el té a la senegalesa), y se ocupaba de la tienda con artículos africanos que nos traían los amigos que viajaban a África y que luego montaría el Thiossane.
Allí empezamos a hacer cursos, talleres y fiestas ocasionales que acabaron siendo fijas todos los fines de semana. Además de africanos, en poco tiempo teníamos acoplados a más gente negra de distintos orígenes, americanos y europeos, gente de otras razas… Los fines de semana había conciertos, jamms, djs, comida y bebida africana y eso se nos quedó pequeño, no había nada igual en la ciudad. Buscamos espacios alternativos más grandes. Hicimos un primer aniversario en la sala Apolo y nos instalamos como residentes en la recién abierta sala Bikini, donde una vez al mes organizábamos Afro juergas, Latin juergas…. en las que podías encontrar todo tipo de disciplina artísticas  además de la música.
Yo estaba aún trabajando en teatro, en la compañía Sarruga, de manera estable. Como era una compañía de calle, a la que podía me llevaba a mis cuñaos a tocar y metía gente de teatro en nuestras fiestas. Por el club pasaba todo tipo de gente, si bien en su mayoría eran africanos, también pasaban las chicas Almodovar, La Fura dels Baus, mucha gente de teatro, Manu Chao y unos jóvenes Dusminguets, Ojos de brujo y Macacos que se fueron incorporando al club de manera casual.
En el 98 nos cambiamos al un espacio mayor en el Born, donde monté la oficina profesional dedicada a la música, entonces llamaron de las discográficas para preguntarnos si éramos los managers de Dusminguet, Wagnewr Pâ, Sargento García, Macaco, etc, y yo fui concentrando mi trabajo en esos artistas, que supusieron un boom para la música española del momento  y también a nivel internacional.
Disulpad… Me cuesta hablar de mi sin nombrar a los demás…
¡Yo no sería nada sin los demás! 
G. S: En la web de Slow Walk decís que la discográfica “trabaja la afrosíntesis en Barcelona”. ¿Qué entendéis por “afrosíntesis”? ¿Por qué hay que trabajarla?
J.Z: La fotosíntesis es la base de la vida en la tierra, nosotros tomamos África como base de nuestra vida, más en lo profesional, pero en mi caso, como podrás entender es mi día a día en lo personal. Artistas africanos que viven en Barcelona bajo el influjo africano, dan vida a sus proyectos con la luz de esta ciudad. La afrosíntesis puede cambiar tu vida.
G.S: ¿Cómo ha cambiado la escena musical africana y afrodescendiente en Barcelona en las últimas décadas? ¿Crees que Slow Walk ha contribuido a ello?
J.Z: Sí, ha cambiado mucho, por suerte para nosotros y para la comunidad negra. Cuando empezamos en el año 95, sólo había 3 bandas en Barcelona, Cae Ma Deila, Mango Bongo y Luis Mbomío. En Club Mestizo se formaron otras tantas como Kaira, Kienfo, Kendo o Nino Galissa… y ahora hay más de 50 proyectos que podrían subirse mañana mismo a un escenario, Músicos, dj o bailarinas con música. No todos viven de la música, pero podrían ser buenos profesionales, si se dieran las condiciones, claro.
G.S: En su segunda edición, Alterafrica tiene como ejes propuestas de origen senegalés, aunque también habrá invitado de Canarias… Siendo Senegal uno de los mayores países de origen de los migrantes africanos de Barcelona, ¿hasta qué punto crees que es representativo de lo que se está cociendo en la capital catalana?
J.Z: Sí, es representativo, pero no están todos…
G.S: ¿Qué diferencias encuentras o crees que hay entre la escena musical africana de Barcelona o de otras ciudades españolas como Madrid o Bilbao?
J.Z: No puedo hablarte de otras ciudades, por que no vivo ni las controlo igual, claro. Recibimos muchas propuestas de otras ciudades de España, de Europa y de África, pero no podemos asumir más trabajo del que hacemos, no todos lo proyectos funcionan igual, por diversos motivos, y no todo el tiempo invertido da dinero, así que vamos despacito. En teoría, debería haber más proyectos en Madrid, por una cuestión demográfica, pero no sé decirte. Si sé que acaban de montar un sello de música africana en Ibiza, por ejemplo: Dakarai Records.
G.S: Observando un plano más amplio, la diáspora africana en Europa está ya muy consolidada con festivales que funcionan muy bien en Francia, Inglaterra, Países Bajos, Alemania y la vecina Portugal… ¿Estamos muy lejos de consolidarla aquí? ¿En qué punto estamos?
J.Z: Podríamos decir que esos países están en otra liga, bien por su economía o por su pasado colonial con África. Aquí hay lo que hay, y ni tan mal…. En Barcelona hablamos de una escena, itinerante, inestable…. no hay lugares donde ir, ver y escuchar de manera regular y estable… así que son clubs ocasionales como N’zinga, o acciones puntuales. Los encuentros de Black Barcelona, sesiones de Jokkoo, y, cómo no, las mil y una ongs con su rollito misionero…. Vaya, que seguimos en el underground, por el momento…
¿Qué relación tiene Slow Walk Music con colectivos africanos de la ciudad como el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes y otras agrupaciones organizadas por/para africanos?
G.S: Pues ocasionalmente hemos compartido alguna acción y actos puntuales en los que necesitan música… Slow Walk Music trabaja de manera profesional, todo lo demás es personal, de los artistas y/o nuestro. Yo personalmente soy anarco-manchego, por lo general me levanto cachondo-excéptico, que es mi estado natural, pero puedo tener un día más antisocial o erótico-festivo, así que depende del día que tenga, pues así veo las cosas. Hoy estoy faltón, no me apetece estar de buen rollito para todo y no  me creo a nadie que me venga con sus buenas intenciones, estoy profesional y punto. Aunque, tengo un defecto, o una necesidad: acabo juntándome con gente, colaborando y trabajando de manera colectiva… contradicciones, supongo, propias de la naturaleza humana.
G.S: ¿Qué proyectos tiene Slow Walk para 2020?
J.Z: Estamos de lleno con el nuevo disco de Nakany Kanté, que saldrá en mayo en colaboración con Kasba Music. Hay nuevos discos y grupos que daremos a conocer en breve. Trabajamos una linea más electrónica de Alma Afrobeat Ensemble, que además prepara una propuesta conjunta con Sia Tolno. Hemos colaborado con los colectivos No Callarem y Artists At Risk con la rapera y activista LGTBIQ de Kenya, Grammo Suspect, a la que esperamos tener de vuelta en Europa en primavera, después de su residencia artística en el Konvent de Berga. Y seguimos trabajando para consolidar la carrera de Nayaband, Afrikemet, Ngomez Nokass y su nuevo proyecto de electro-sabar Future Guewel.  Además de Sia Tolno y Grammo, tenemos proyectos con otros artistas internacionales como Dissidenten o Gato Preto para traerlos a España. 
Además tengo un trato, personal, con Las Bajas Pasiones, una banda de electrorapqueer, que editarán disco en febrero, y me ocupo del booking y el management, para desintoxicarme un poco… 
Javi Zarco es miembro fundador de la asociación cultural “Club Mestizo” en 1995, junto a otros 3 africanos (Diara, Max y Djibril), el espacio ayudó a impulsar a bandas de música africana como Kaira, Kiemfo, Kendo, Nino Galissa, Fanta o Djby Cissokho, y Djs, asociaciones o bares como el Thiossane. Zarco a trabajado con infinidad de proyectos como el Ballet Nacional de Costa de Marfil, Mad Professor o Daara J, así como con bandas locales como Dusminguet, Macaco u Ojos de Brujo. Ha editado a artistas de la talla de Muchachito Bombo Infierno y llevado a artistas a los mismísimos Grammy Latinos con artistas de flamenco y rumba catalana como Peret, La Troba Kung-Fu o Raimundo Amador. También es miembro fundador de la asociación Afrobeatproject, junto a Dj Floro (de Sonideros, Radio3) y Sagrario Luna, autora de la primera biografía en castellano de Fela Kuti.

El sello que recupera cintas maravillosas de África

Estando en la ciudad etíope de Bahir Dar, Brian Shimkovitz preguntó dónde podía comprar música. Después de varios tumbos llegó a una tienda que guardaba cajas de cintas en el almacén. Este etnomusicólogo estadounidense se dejó llevar. Tomó los casetes de artistas que conocía, otros que escuchó allí mismo y una joya que hizo que su proyecto, Awesome Tapes From Africa (ATFA) tomara una nueva dimensión: la reedición de discos africanos que estaban olvidados.

ATFA ha reeditado el disco “Asnakech” de la cantante etíope Asnakech Worku / Foto: Dusted Magazine

Entre las joyas que se llevó de Bahir Bar se encontraba el álbum “Hailu Mergia & His Classical Instrument” de 1985. A partir de ahí, Shimkovitz buscó al músico etíope que por entonces era taxista en Washington para conseguir bolos. De ahí a girar por todo el mundo. “Y ha tocado en grandes recintos y festivales”, apunta Shimkovitz.

El blog Awesome Tapes From Africa comenzó en 2006 después de que Shimkovitz volviera a Nueva York tras un año en Ghana. El estudiante de etnomusicología investigó sobre el hip hop en el país y volvió a casa con la mochila cargada de casetes. Apenas sin dinero, se refugió en sus posts con la misión de “compartir esta música y así hacer que otros nerds de la música se interesasen por ella”, explica Shimkovitz a Wiriko en conversación telefónica.

“El concepto detrás del blog es música que creo que la gente debería oír”. Y la iniciativa se puso en marcha antes de la consolidación de Youtube por lo que el investigador daba la oportunidad de acceder a músicas que dejaron de escucharse. “Cuando busqué en Google los nombres de estos artistas, no podía encontrarlos”, dice. Por ello para Shimkovitz es “vital” la existencia de un proyecto como este para dar visibilidad a una música que no ha sido reeditada o incluso si está colgada en alguna plataforma musical, la gente no sabe cómo encontrarla.

“La mayoría de la gente no tiene acceso a este tipo de música. En EE.UU. pensamos que sabemos de música africana si vamos a un festival de músicas del mundo o escuchamos unos discos de Fela Kuti”.

Shimkovitz comenzó a recibir cintas que la gente le enviaba. Las visitas al blog aumentaron y “se convirtió en un proyecto social más que académico”. El investigador dio la posibilidad a melómanos, coleccionistas y expertos ha sumergirse en músicas del continente pertenecientes a las décadas de los 70, 80 y 90. Además, como dice su fundador, se crea un vínculo con la tierra para aquellos expatriados “que buscan la música con la que crecieron”.

Lo que comenzó como un pasatiempo se ha convertido con los años en un sello discográfico. Su experiencia en el sector le dio las herramientas para lanzarse a un proyecto que podía funcionar: “la gente quería comprar los casetes que había subido al blog”. Una discográfica de su Indiana natal se puso en contacto con Shimkovitz: “Nos encanta lo que haces. Si alguna vez quieres arruinarte y montar una discográfica, estamos dispuestos a ayudarte”, recuerda. Awesome Tapes From Africa dejó entonces de ser “una cosa que hacer en el fin de semana”.

La música en el blog es para descargar, a pesar de que Shimkovitz no cuenta con los derechos. Él únicamente la hace accesible para todo el mundo, pero otra cosa es la lanzar nuevamente este material. Para ello, una vez contactados los artistas, los beneficios de la reedición del álbum original se dividen al 50%. Gran parte del trabajo del estadounidense reside en la de encontrar a los músicos, una tarea que en ocasiones puede alargarse. Ese fue el caso del ghanés Yaw Atta-Owusu, más conocido como Ata Kak, que en 1984 lanzó un disco titulado “Obaa Sima“. El casete fue la primera publicación del blog y uno de los trabajos más populares, pero Shimkovitz tardó una década en dar con el artista que para entonces llevaba una vida tranquila en Toronto y que ahora ha cambiado por intercalar con giras y festivales. “Escuchar este disco en directo es fantástico”, dice el fundador de Awesome Tapes from Africa.

En otros casos, la búsqueda es más sencilla. Los dos discos reeditados del sudafricano Professor Rhythm “han sido un éxito” a pesar de que este músico y productor haya dejado atrás los sonidos dance. “Ahora hace música góspel y tiene buenos recuerdos de esa época, pero no esperaba que la gente fuera del país se enganchara a su música como lo han hecho”, aclara Shimkovitz.

Su acercamiento a la música no es tanto como coleccionista sino como “observador de músicas como cultura dentro de los entornos urbanos”. Su misión era estudiar tendencias contemporáneas, pero el blog derivó hacia la exposición de músicas de décadas pasadas que se conservan en cintas. A pesar de no ser el plan trazado, el proyecto se ha convertido en una de las discográficas que lleva estos sonidos a las radios, discotecas y fiestas de todo el mundo. Además, Shimkovitz se ha convertido en un DJ demandado y viaja con su colección de casetes para darlos a conocer en las pistas de baile.

Awesome Tapes From Africa es una especie de puente entre músicos y productores africanos y la audiencia occidental. Y está expuesto a las críticas. “Lo más insultante de ser una persona blanca trabajando con música africana se muestra en las redes sociales. Hay gente que no está interesada en las músicas de África sino en la controversia o encontrar algo que en el papel está mal para algunos. No miran lo que el proyecto realmente hace”, sentencia Shimkovitz.

Entrevista a Sahad Sarr: La música como alimento del alma

Hay una figura omnipresente en Senegal, en la cual se encuentran las varias temporalidades que conforman el cronotopo de África. El escritor y músico Felwine Sarr sugiere que el continente africano se caracteriza por una “deslocalización de su presencia en un perpetuo futuro.” Es decir, el imaginario de lo que será, y por tanto, con un presente tal vez incompleto. Sarr nos invita entonces pensar en África de otra manera, como una Afrotopia, lo que el polifacético escritor define como una “utopía activa, que se propone como objetivo encontrar en el realismo africano los amplios espacios de lo posible y entonces fecundarlos.” Para Sarr, dicha tarea solo sería posible a través de una revolución espiritual.

Cheikh Amadou Bamba en Isla de Ngor (Dakar). Fotografía: Áurea Puerto, 2016.

 

A pesar de la variedad de prácticas y creencias religiosas, en el caso de Senegal, hay un líder espiritual en particular que no pasa desapercibido: Cheikh Amadou Bamba (c. 1853-1927). Fundador del Muridismo, o la Muridiyya, una de las principales cofradías sufíes, también llamadas tariqas o turuq,a través de las cuales se practica el Islam en Senegal. Esta organización social deriva del misticismo sufí, en la cual se da una importancia crucial a la educación espiritual de los discípulos y la relación entre el cheikh o líder espiritual, y el murid, los aspirantes, también conocidos como talibés. La devoción a Cheikh Amadou Bamba se extiende a la esfera cultural de Senegal. Su retrato, basado en una fotografía encontrada en 1912, tapiza las calles de Senegal. En camisetas, collares, postales, pósters, pegatinas, graffitis, murales, y car rapides, un tipo de transporte público en Senegal. Su presencia evoca protección, devoción, gratitud, celebración. Se ha convertido en una forma de expresión y cultura popular excepcional. Constituye la encarnación de las distintas temporalidades que conforman el cronotipo de África. Un pasado proyectado en el presente y que ha de tenerse en cuenta para el camino hacia el futuro. Uno de los principales discípulos de Cheikh Amadou Bamba fue Cheikh Ibrahima Fall (c. 1855-1930). Su imagen está también por todas partes en Senegal. Sus disípulos, Baay Fall, o Yaay Fall, en el caso de las mujeres, abundan, y se caracterizan por su leal devoción a los líderes espirituales, el servicio y trabajo por la comunidad y el uso de accesorios o amuletes murides, tales como bolsos, pulseras y collares de madera y cuero, ropa de patchwork o blanca y negra, y a menudo, rastas.

Este conjunto de valores, el cual suele entenderse de manera más espiritual que religiosa, ha tenido un gran impacto en la música. Numerosos son los artistas que incluyen versos del Corán en sus canciones, o palabras de celebración y gratitud a Cheikh Ibrahima Fall, Bamba y demás líderes espirituales. Los festivales de música religiosos, tales como el joven Festival Salam, organizado por el músico senegalés Youssou N’Dour, se convierten en momentos culturales claves de celebración y divulgación del mensaje sufí. Sin embargo, la inspiración sufí en el música y la relación entre el muridismo y la música va mucho más allá de los festivales religiosos de música. Oumar Fall, co-propietario y gestor de ndar ndar music & café, un espacio emblemático en la escena musical de Saint-Louis, nota también una relación muy clara entre la música, religión y el muridismo: “No hay ningún problema en ese sentido. Estamos acostumbrados a ver Baay Falls con sus percusión y canciones dedicadas a su líder espiritual, Cheikh Amadou Bamba. Y ahora los vemos cada vez más tocando y cantando con grupos de música, y ganándose el aprecio, respecto y admiración de su público. En Senegal somos muy abiertos con respecto a muchas cosas y eso no es más que reflejo de esa apertura de espíritu.”

Cheikh Amadou Bamba y Cheikh Ibrahima Fall en la Medina, Dakar. Fotografía: Estrella Sendra, 2015.

 

Fue en ese emblemático lugar donde nos citamos con Sahad Sarr, leader del grupo Sahad and the Nataal Patchwork, con motivo de la séptima edición del Festival Coeur en Or en Saint-Louis. Sahad Sarr es músico, nacido en Dakar, y a caballo entre la capital y Kamyaak, donde lleva el proyecto de su asociación JiwNit. Su hermano, Felwine Sarr, es el autor del premiado libro-ensayo Afrotopia, al que se une otro hermano, Saliou Waa Guendoum Sarr, cuyo nombre artísito es Alibéta, músico, actor de teatro y co-director del documental Life Saaraba Illegal (2016), sobre inmigración irregular. Oumar Fall, gestor de ndar ndar music & café es el anfitrión preferido para los artistas y periodistas culturales locales. Entre vinilos, álbumes cuidadosamente seleccionados por el joven actor cultural, zumos locales y café orgánico de Etiopía, encontramos un acogedor rincón al fondo de la cafetería musical, para hablar con Sahad Sarr, con motivo de su participación en el Festival Coeur en Or, celebrado en Saint-Louis como preludio del prestigioso Festival internacional de Jazz.

Sahad Sarr en ndar ndar music & café. Fotografía: Estrella Sendra, 2019

Más de cincuenta conciertos por todo el mundo, y unos cuatrocientos en Senegal, pero, ¿cómo empezó todo?

Sahad Sarr: Mi relación con la música empezó a muy temprana edad. Solíamos tocar con muchos músicos, por pasarlo bien. No era para salir y ofrecer conciertos. Un día estaba tocando en la universidad y pasó un productor por ahí, nos escuchó, llamó a la puerta y dijo: “¡guau!” Me preguntó si era músico y dije: “No, no doy conciertos.” Y me respondió que debería hacerlo. Así que decidí combinar mis estudios con mi carrera musical. Eso fue en 2010. Empezamos a dar muchos conciertos y tocar en festivales en Dakar durante unos dos años. Antes, sólo había tocado en distintas fiestas en el colegio. Empezamos algún proyecto en Europa y poco a poco me fui concentrando cada vez más en la música.

 

¿Cuándo salió tu primer álbum, Jiw, y dónde lo grabaste?

En 2014 nos inscribimos para los premios de las Jornadas Musicales de Carthage (JMC), en África, con nuestro primer EP, Nataal. Fuimos a Túnez, donde se celebraban, representando África Occidental. Tocamos y nos concedieron el primer premio (Tanit d’Or). Ahí donde arrancó nuestra carrera, realmente. El álbum saldría luego, en 2017. Jiw, el nombre del álbum, significa semilla en Wolof.  Tocamos en el Festival Visa por la Música en Rabat. Después nos seleccionaron para las finales del Mercado Internacional de la Edición Musical en París en 2016. Tocamos allí y nos dieron otro premio. Y después de tocar en el Visa por la Música, empezamos nuestra primera gira europea en 2016. Fuimos a Suiza, Alemania, Bélgica… También firmamos con la discongráfica francesa Mektoub en Francia, pero lo grabamos en un estudio en Dakar. En 2017, fuimos a Washington, Dallas y distintos lugares en Estados Unidos.

 

Como artista, ¿cuáles son tus fuentes de inspiración?  

No es lo mismo ser artista que ser músico. Puedes ser artista y músico, o músico pero no artista. Un artista se divierte. La inspiración viene un poco de todos lados: sus experiencias de vida, encuentros… Los artistas son muy sensibles. Yo dejé la casa de mis padres muy joven, a los 16 años. Me expuse a la vida. Pero es que también en mi propia familia hay músicos. Mis hermanos son artistas. Así que naturalmente, me han influido. Pero además, he estado viajando mucho por África, en Mali, Costa de Marfil, Burkina Faso… Y también he estado viviendo en un mundo sufí durante unos 16 años, sintiendo devoción por el líder del muridismo, Cheikh Amadou Bamba. Esa es mi vida, además de la música, claro. Los sufíes vamos a todos lados en Senegal para trabajar y demás. Todo eso me ha inspirado también muchísimo. Por un lado está la educación que he recibido de mi familia, la universidad, pero también, una educación espiritual. He aprendido mucho de mi Cheikh, y mi educación sufí. Y luego están los encuentros, una conversación con alguien en la que de repente, una idea te viene a la cabeza… La inspiración toma muchas formas.

Tu álbum busca difundir un mensaje de esperanza hacia un mundo pacífico e invita a hacer una exploración al interior de uno mismo. Desde tu propia experiencia como músico, ¿qué relación ves entre activismo, vida espiritual y la música?

Entre el simbolismo Baay Fall, hay música. La música es el alimento del alma. Hoy en día, la temporalidad está vinculada a la espiritualidad. Solo hay un mundo, en el que encontramos cosas tanto espirituales como temporales. Nuestras almas necesitan felicidad y amor. Necesitan alimento, del mismo modo en que nosotros los necesitamos. Entre los Baay Fall, la música ha estado presente siempre. Todo lo que hacemos como seres humanos tiene que ver con la música. Si vas a la calle, escucharás pájaros. La música está cantada por el universo. Y nosotros, lo que hacemos es emular lo que el universo hace. La vida es música, de hecho. La vida es sinfónica. Cada uno hace su propia sinfonía. A través de la música hablamos de lo que sucede a nuestro alrededor. La música desempeña un papel. Lo que hacemos es reflexionar sobre lo que sucede a nuestro alrededor. La música es un modo de despertarse. Se usa para hacer feliz al alma, para hacerla hermosa. Lo que yo hago es reflejar lo que sucede en el entorno a través de la música como medio. Cuando tocamos, es como si no fuera yo quien hablase. Es el alma la que habla. Y hablamos sobre temas sociales y medioambientales. En África, la gente tiende a admirar el modelo europeo, que no nos pertenece. Así que hablamos por ejemplo de cómo no se trata de vivir en un edificio bonito, sino más bien, de encontrarse a sí mismo, como un ser cultural y espiritual. Somos seres híbridos. Y aunque nos parezcamos, tenemos nuestras raíces en alguna parte. No es que juzguemos a Europa. Nuestra posición es, bueno, vosotros tenéis vuestro modo de hacer las cosas. Tenemos que aceptarlo. Pero hay otros modos de hacer las cosas. Los Baay Fall nos han inspirado muchísimo en ese sentido. Cheikh Ibrahima Fall. Hablamos del ser espiritual. Los líderes espirituales coinciden en que el tipo de Islam que llegó desde el norte fue una especie de imperialismo o colonialismo. Nosotros no somos árabes. Se trata de algo mucho más espiritual, en nuestro caso. Como decía Senghor, la misión de la civilización consiste en dar y recibir. Y no podemos abrirnos sin saber dónde estamos.

 

Eres también el gestor de un proyecto sostenible de formación espiritual, educación, energía renovable y huerto orgánico en el pueblo de Kamyaak. Tu música entonces, ¿forma parte de ese proyecto?

Cuando terminé la carrera me metí en un master. Pero lo dejé al mes o así para centrarme en mi carrera musical. Sin embargo, para mí la música no es más que una herramienta, un medio. No es que considere que min lugar esté en la música. La uso para un objetivo, como instrumento para abrir una puerta. Cada ser humano tiene algo que hacer en este mundo, y lo que nosotros queremos hacer es repartir amor. La música se convierte en ese medio a través del cual llegar a la gente. Cuando hablamos de ciertas cosas, a alguna gente le entra miedo. Esto no sucede cuando llegas a ellos a través de la música. No nos consideramos géwëls(griots). No se trata tampoco de dar lecciones a la gente. Pero sí vemos que hay mucha gente enferma. Nos vemos como doctores que curan a través de la curación del alma. Tratamos de darle un sentido a la vida, incluso para gente que ya no sabía a dónde ir o qué hacer con su vida. Hemos de destruir esos muros en el mundo que no son necesariamente físicos.

Shad and the Nataal Patchwork en el 7º Festival Coeur en Or. Fotografía: Estrella Sendra, 2019.

De eso precisamente hablas en tu último single, Wall of China (el muro de China)…

Sí, en Wall of China hablamos del muro de Berlín, el muro en China y todas esas fronteras que impiden la libertad de movimiento e interacción entre las personas. Hablamos del miedo que se convierte en ignorancia. Sólo a través del encuentro con el otro, puede uno llegar a la verdad, porque cada persona tiene su propia verdad, su propia semilla. Y para conseguir algo de sabiduría, necesitamos abrirnos a los demás. Hay un muero enorme en Marruecos llamado Black Mamba. Todos los inmigrantes tienen que atravesarlo. Se nos vende una imagen de Europa. Cuando estamos en África, la miramos con admiración. Y la música desempeña y papel clave en la descolonización de la mente. Hacemos jazz, afro highlife… Pero siempre dentro del espíritu afro. Las primeras veces que iba a Europa me quedé un poco en shock. Me encontré con gente individualista. ¿Dónde estaba la alegría que había yo vivido en Burkina Faso, Senegal y demás países africanos? La gente era fría… Esto era en Francia. Y yo había conocido a gente francesa muy distinta en Senegal… En África se nos vende una imagen de un continente rico. Todo lo que hace a uno feliz se encentra en Senegal, sin embargo. Tenemos el sol… Aquí uno viene y se encuentra a gente feliz, hay un tipo de energía muy sencilla.

 

De repente, una mujer interrumpe, o más bien, sugiere, sin darse cuenta, un coherente modo de finalizar la entrevista. “¡Qué gran concierto, Sahad! Me ha encantado. Muchísimas gracias.” A lo que el artista responde: gracias.

 

¿Ves? Aquí somos muy ricos, pero ni nos damos cuenta de ellos. Hay un sentido de plenitud y de logro en Senegal. Cuando tocamos, lo que intentamos es mostrar y compartir esa energía. Así es como entiendo yo el espíritu afro.

*Esta entrevista es una versión adaptada del artículo publicado recientemente por Estrella Sendra ‘Sufi Sounds of Senegal’ en Critical Muslim CM32, dedicado a la música.

Pat Thomas, leyenda viva del ‘highlife’, aterriza en Madrid

En la década de los 60, el highlife de Ghana y Nigeria gobernó las pistas de baile de África occidental. La mezcla de ritmos africanos, patrones de jazz, guitarras eléctricas y voces folklóricas, construyeron y reinterpretaron con orgullo la modernidad africana. La euforia de las independencias se adueñaba de prácticamente todo el continente, y el highlife se convirtió en la banda sonora de la época.

Pat Thomas fue una figura crucial de ese momento en que se forjó una auténtica revolución sonora, impulsando un seísmo que sigue sacudiendo hoy pistas de baile de todo el mundo. Estamos emocionadas con la noticia de que el próximo viernes 8 de noviembre aterrizará esta leyenda viva del highlife en la sala Shôko de Madrid , después de actuar el jueves 7 de noviembre en el marco de la 21 edición del Festival Womad de Las Palmas de Gran Canaria.

Y por ello, ¡sorteamos una entrada doble para el concierto de Madrid!

(¡Lee hasta el final para saber como conseguirla y llévate 2 entradas!)

A sus 72 años, Pat Thomas es una leyenda viva del highlife. Acaba de editar Obiaa! bajo el paraguas de Strut Records—uno de los LPs del mes en Wiriko—, un segundo álbum registrado junto a la Kwashibu Area Band, que llega tras más de cincuenta años de carrera enarbolando la antorcha del highlife por todo el mundo.

Nacido en una familia de músicos en 1946, Pat destacó como músico desde temprana edad, estudiando batería y guitarra bajo la tutela de su tío King Onyina —guitarrista de Nat King Cole y propietario de una tienda de discos en Accra—. Fue en 1971 cuando comenzó a ganar reconocimiento en Ghana como cantante en la banda de Ebo Taylor, los Blue Monks, una colaboración que se sucedería en varias ocasiones a lo largo de los años. Se integraron en algunas de las grandes bandas de Ghana de los 60: la Broadway Dance Band, Stargrazers y la Uhuru Dance Band, y, posteriormente a la exitosa y subvencionada Sweet Beans, fundada en 1973. Y así, cimentaron la escena del highlife, el afrobeat y el afropop que emergería en los años siguientes.

Tony Allen, pieza clave en la construcción del afrobeat junto al gigante Fela Kuti, y colaborador en una grabación con Sweet Beans registrada en Kumasi en 1975, una sesión aún inédita, confesaba: “Soy un baterista afrobeat, pero Pat Thomas es highlife”.

Pat Thomas & Kwashibu Area Band

Considerado un gran divulgador de la cultura ashanti y de las lenguas fanti y twi, es en 1978, que Pat Thomas recibe un premio como “Voz de oro de Africa”, que le darán un mote que lleva hasta la fecha.

Tras el golpe de estado que sufrió Ghana en 1979, Pat se traslada a Berlín, desde donde editó varios discos con el highlife como bandera, pero introduciendo liturgias religiosas, reggae, calypso, disco-highlife o afropop. Tras vivir en Inglaterra, Alemania, Canadá y los Estados Unidos, y con cinco décadas de escenarios a sus espaldas, ahora, el reconocido cantante de Ghana hará parada por Madrid para presentarnos su último lanzamiento.

¿Quieres ser la afortunada o afortunado que se lleve una entrada doble para el concierto del próximo viernes 8 de noviembre en la sala Shôko de Madrid?

Escríbenos un correo a connecting@wiriko.org con el asunto SORTEO PAT THOMAS respondiendo a la pregunta que te formulamos a continuación (no te olvides de indicar tu nombre y apellidos). 

¿Cuál es el nombre del disco que el ghanés Pat Thomas viene a presentar en España junto a la banda Kwashibu Area Band?

Descoloniza tu iPod 2019 (X)

Ballaké Sissoko & Baba Sissoko – Sissoko & Sissoko – (1 octubre, Homerecords)

Abrir la selección mensual de álbumes para descolonizar nuestros reproductores de música con la conjunción de dos griots del clan Sissoko es una declaración de intenciones absoluta. ¡Conexión con el alma desde el minuto zero y rendirse a la genialidad y sencillez de músicos profetas! En este álbum de trece pistas la tradición mandinga abduce al oyente a la herencia dinástica de Mali para hacernos flotar por encima de lo superfluo a través del diálogo sonoro entre dos primos que tocan verdades en forma de notas. Una kora, un ngoni, dos voces y varios siglos de sabiduría fluyen de este inmenso trabajo hecho por dos de los músicos más internacionales del África Occidental. Habiendo sido miembros del Conjunto Instrumental Nacional de Malí y girado por todo el mundo de forma individual, los Sissoko vuelven a tocar juntos una música que emana paz en momento hostiles.

Cheickh Tidiane Seck – Timbuktu: The Music of Randy Weston (4 octubre, Silène Records)

Timbuktu, el nuevo álbum del legendario músico maliense Cheickh Tidiane Seck, rinde un homenaje póstumo al compositor y pianista estadounidense Randy Weston, fallecido el año pasado a la edad de 92 años. Se trata de un doble LP de aromas panafricanas donde el piano pasa a ser el elemento central, siempre custodiado por una perenne percusión. Con invitados de lujo como Manu Dibango o Abd Al Malik, este disco es un tributo atemporal a las composiciones de Randy Weston, donde las tradiciones musicales tejen un elogio colectivo a la universalidad de la música, en permanente transición en el Atlántico Negro. Y es que de hecho, el Jazz es uno de los estilos que más está prosperando en el continente, y Cheickh Tidiane Seck es uno de sus principales responsables.

Pat Thomas & Kwashibu Area Band – Obiaa! (4 octubre, Strut Records)

Edición de lujo la del segundo álbum que el cantante ghanés Pat Thomas grabó con la banda Kwashibu Area Band, dirigida por su compañero (guitarra, órgano, batería, voz y coros) Kwame Yeboah y el saxofonista Ben Abarbanel-Wolff, para el sello inglés Strut Records. Tras su debut discográfico, en 2015, Pat Thomas, apodado “la voz dorada de África”, demuestra a sus 72 años, que a pesar de no tener las mismas habilidades vocales que lo lanzaron al mercado internacional, sigue destellando energía incesante en su música y sonando fiel al highlife que puso Ghana en el mapa de los sonidos más apreciados entre los amantes de lo retro. ¡Highlife y Afrobeat más que apetecibles!

Aṣa – Lucid (11 octubre, Wagram Music)

Sin duda, uno de los lanzamientos más esperados del año, Lucid llega cinco años después de su Bed of Stone. Bukola Elemide, más conocida como Asa confirma con este lanzamiento lo que ya sabíamos: que la suya es una propuesta fresca, elegante, intimista, transfronteriza y apta para todos los públicos. 4º en su carrera discográfica, el disco de 14 pistas vuelve a entronizarla como una de las voces más distinguibles y uno de los estilos más genuinos del Neo-Soul contemporáneo, un estilo con marcados matices de Pop, Folk y Reggae. Afincada en Francia, desde donde se produce este Lucid, Asa utiliza algo de Yoruba y mucho Inglés para cantarle al desamor, el autodescubrimiento, el empoderamiento, la alegría, el dolor o la identidad. Si la fórmula funcionó y la llevó a ser disco de platino en su primer álbum, ¿por qué no podría conseguirlo ahora?

Souad Massi – Oumniya (11 ocubre, )

La argelina afincada en París, Souad Massi, presenta su 6º disco de estudio. Un trabajo donde el exilio y los mensajes políticos son temas centrales. Mezcla entre folk bereber, chanson française y fado portugués, Massi lleva la maleta de sus años junto a la banda Atakor —que enfrentó varias amenazas de muerte en Argelia— para explorar la traición y la pérdida en este Oumniya, un álbum donde se invoca al mismísimo Leonard Cohen. Con el acompañamiento de la maestría del oud, el maqam, el violín o la darbouka, Souad Massi ha tejido un disco de diez pistas donde muestra cómo la suya es una voz de narradora que cuenta, a través de su historia, la vida de tantas mujeres y hombres en embate contra políticas injustas y comportamientos abusivos.

Asma Hamzaoui & Bnat Timbouktou – Oulad Lghaba (18 octubre, Ajabu!)

El primer grupo de mujeres Gnawa de la historia viene golpeando fuerte con un larga duración para fanáticos del trance y las ceremonias sufíes. Con el gimbri (laúd bajo) y el qaraqab como elementos centrales de un estilo ribeteado por voces llenas de lamentos, Asmaâ Hamzaoui —hija del famoso maalem (maestro) Gnawa, Rachid Hamzaoui— pone en jaque un estilo dominado exclusivamente por hombres hasta la fecha. Y lo hace junto a su banda, Bnat Timbouktou (Las hijas de Tombuctú), que desde 2012, han entronizado a su lider como la instrumentista de gimbri más prominente del mundo. Benditas sean estas 11 pistas de su álbum debut, que dan buena muestra de por qué Asma y Bnat Timbouktou están dando tanto revuelo tanto en el mundo árabe del Norte de África, como en Occidente.

Vagabon – Vagabon (18 octubre, Nonesuch) 

Tras su debut en 2017, la artista camerunesa afincada en Nueva York Laetitia Tamko —alias Vagabon— se erigió como la nueva voz del indie rock contemporáneo. Con su segundo álbum de estudio, vuelve con un sonido más cálido e intimista cuya voz camaleónica, nos seduce a golpe de minimalismo y melodías suaves en un álbum que iba a titularse “All the Women in Me”, pero que a último minuto acabó recibiendo el propio nombre de la artista, como prueba de haber encontrado su estilo más genuino. En su exitoso single de presentación (“Every Woman”), trabajó con el cineasta camerunés, Lino Asana. Y hoy, ya es una auténtico ídolo para las mujeres africanas y afrodescendientes; así como para los cameruneses de habla inglesa, en constante pugna política dentro de sus fronteras.

Bantou Mentale – Bantou Mentale (25 octubre, Glitterbeat Records)

Después de lanzar el EP No Romance en junio, la banda de los enclaves africanos de París Bantou Mentale vuelve como una apisonadora de rock y electrónica dispuesta a convertirse en un nuevo sonido global y futurista. Con miembros de los congoleños Staff Benda Bilili, Konono Nº1, Júpiter y Okwess y Mbongwana Star, Bantou Mentale está liderado por Apocalypse, de la orquesta soukous de Koffi Olomide… Y con esta alineación de bandera, la Kinshasa de París está invocada en este álbum de 12 pistas extremadamente políticas en las que se condena el terrorismo de “Boko Haram”, se canta a la migración clandestina, se advierte a los jóvenes congoleños en Europa para evitarles la cárcel o hasta se habla del conflicto por los recursos petroleros en “Siria”. ¡Brutal!

Recopilatorios Destacados 

Congo Revolution – Revolutionary and Evolutionary Sounds from the Two Congos 1955-62 (4 de octubre, Soul Jazz Records)

¡Bendito este doble vinilo sobre la música revolucionaria de “los Congos” entre 1955-1962! Una auténtica joya para amantes de los prolíficos sonidos de la época de la construcción nacional en África, reúne la música que erigió la revolución contra las metrópolis europeas en República Democrática del Congo y la República del Congo. 21 pistas nos pasean por lo mejor de la rumba congoleña de la época, cuando el género que fusiona influencias africanas, jazz y latinas, se hizo viral en las radios de todo el continente, influenciando la música moderna de África hasta la fecha. El lanzamiento también incluye un folleto de 50 páginas con texto y fotografías de archivo, donde se cuenta la evolución de la música y la historia de los dos Congos, y cómo la música, la política y la cultura popular se cruzan en las independencias de dos países colonizados por Bélgica y Francia. ¡Una auténtica maravilla! ¡Atentas a la utilización del español como lengua de emancipación nacional!

 

POUR ME A GROG: THE FUNANÁ REVOLT IN 1990s CABO VERDE (25 de octubre, Ostinato Records)

La revuelta del Funána en el Cabo Verde de los años 90″ llega de la mano de Ostinato Records para ahondar en las raíces de este estilo, que se remontan a 1950 y los Badius. Con el acordeón como elemento central, este álbum se desmenuza las joyas de estos “griots” caboverdianos cuya riqueza cultural se esconde tras las notas de sus instrumentos diatónicos. La identidad de Badiu, la resistencia de su cultura, sus revueltas y la rebelión contra la dominación portuguesa y las injusticias sufridas a causa de la esclavitud y el colonialismo, son el eje vertebrador de este estilo. Como dice la propia discográfica”: En una tierra que carece de electricidad, el instrumento acústico es el rey”.

EPs Destacados: 

Xenia Manasseh – Fallin’ Apart (3 octubre) 

Voz emergente de la efervescente escena pop de Nairobi, Xenia Manasseh transita entre su Kenia natal y su Estados Unidos de adopción para nutrir el neo-soul y R&B africanos y llevarlos un poco más allá de sus fronteras. Cantando en inglés y kiswahili, Manasseh —que pertenece a una joven generación de músicos formados en Berklee como la de nuestra admirada fabulosa Lisa Oduor-Noah — se ha rodeado de raperos y talentos de todas partes del mundo para destilar los seis temas que conforman este EP debut. ¡Seguro que su trabajo dará mucho que hablar!

Songhoy Blues – Meet Me in the City (25 octubre, Fat Possum)

Tras tocar durante la Cumbre Sobre la Acción Climática de las Naciones Unidas en Nueva York con una actuación en apoyo a la Gran Muralla Verde que se está construyendo en el Sáhara como solución al calentamiento global, ¡las estrellas del documental They Will Have To Kill Us First vuelven! El EP de Songhoy Blues, que llega siete años después de que los chicos dejaran la convulsa Tombuctú para trasladarse a Bamako, y cuatro años después de su exitoso debut discográfico, irrumpen con el inglés en la canción “Time To Go Home” como una auténtica declaración de intenciones: el rock bambara quiere hacerse un lugar en Estados Unidos. Y es que la joven banda maliense se encuentra en plena gira de presentación de los temas de este “encuéntrame en la ciudad”, que predice un próximo y esperado larga duración.

Singles Destacados:

Elida Almeida – Ta Due (4 octubre, Lusafrica)

Con solo 25 años, Elida Almeida ya es considerada una de las mayores artistas de Cabo Verde. Y con su nuevo sencillo “Ta Due” junto a la cantante brasileña Roberta Campos, vuelve a mostrar la versatilidad de su voz y lo transfronterizo de un estilo —el de la amplia paleta de colores de los sonidos caboverdianos— universal . Ambas, parte de este universo llamado PALOP, hallan en la música puentes levantados a golpe de barcos negreros que hoy se siguen encontrando en el ADN cultural a un lado y al otro del Atlántico Negro. Algo que ha sabido capitalizar muy bien Lusáfrica y que ahora también alcanza a las comunidades luso-africanas de todo el mundo. Un tema precioso, y un peldaño más en la carrera ascendente de Elida Almeida.

Grèn Sémé – Pussière (11 octubre, Lusafrica)

En este sencillo en colaboración con nuestro bienamado Gaël Faye, Grèn Sémé avanza el lanzamiento de su próximo EP, que se espera para el 8 de noviembre. Así, entre la chanson francesa y el pop africano de pulsión más electrónica, la música maloya-ségasalegy despega con fuerza de la mano de Lusafrica. “Poussière” (Polvo), es un título lleno de compromiso social que muestra las cosmovisiones de un africano urbano y un campesino de Europa. Así, Reunión, Rwanda y Mali —con la voz de la griot maliense Fatim— hallan un medio de expresión común para mostrarse contundentes en un hit panafricano de proyección internacional.

Ayo – Beautiful (14 de octubre) 

Después de habernos vuelto a enamorar con su voz aterciopelada, sus letras íntimas y su soulful reggae de raíces yoruba y gitanas en su último disco Paname en 2017, la nigeriano-alemana afincada en Estados Unidos Ayọ vuelve con un single que es una oda a la belleza y la fortaleza interior. Mientras la joven madre de tres lleva una temporada mostrando sus fragilidades sin filtro en redes sociales, con este single se autoreafirma como la auténtica diosa que se dio a conocer con ese maravilloso Joyful (2006). Anticipando lo que puede ser su sexto álbum de estudio, Ayo sigue apostando por la música hecha desde el alma para las almas que buscan lo genuino y transparente de cantantes y compositoras como ella.

Michael Kiwanuka – Piano Joint (This Kind of Love) (15 de octubre) 

No es solo el chico del tema principal de Big Little Lies “Cold Little Heart”. Es el tipo que nos hechizó y noqueó con Love & Hate, cuando el mundo dudaba de que fuera posible superar su debut Home Again. Kiwanuka se ha convertido en un auténtico pilar de la música pop en los últimos siete años. Sin embargo, todo apunta a que el tercer álbum del británico de ascendencia ugandesa lo convertirá, con 32 años, en uno de los principales exponentes del revival del soul y el r&b, ese estilo que unido a la crítica social, es una auténtica bomba expansiva. El álbum, que verá la luz el próximo 1 de noviembre y abordará temas como la violencia policial contra los negros, llega con un nuevo single, el impresionante Piano Joint, que enciende los motores para preparar un despegue a lo grande.

Aziza Brahim – Hada Jil (18 octubre, Glitterbeat Records)

Nuestra querida y respetada cantante y compositora saharaui residente en Catalunya, Aziza Brahim, vuelve de la mano de Glitterbeat para fascinarnos, una vez más, con su capacidad de innovación y reinvención. Con la música electrónica como alianza, este single avanza el lanzamiento de su cuarto álbum Sahari, que verá la luz el próximo 15 de noviembre —coproducido con Amparo Sánchez de Amparanoia—. La canción, cuyo título se traduce como “Esta generación”, versa sobre la pasión y la determinación de la juventud del Sáhara Occidental para alcanzar la independencia de su país, considerado por muchos como la última colonia en África.

“Regreso a Niamey con una caja llena de historias de memoria colectiva”

Nacida en Zinder (Níger) en 1982, la gestora y productora cultural Nana Kadidjatou Abdou Mounkaila es una de las impulsoras de la compañía de teatro Arène Théâtre, situada en el distrito norteño de Séno —donde la compañía cuenta con un espacio para dar acogida a personas víctimas de las fuertes inundaciones de 2012—, y del Festival de teatro Émergences. Trabajando desde diferentes propuestas culturales con personas en situación de marginalidad, Nana Kadidjatou y sus colegas de Arène ofrecen programación como la del festival Bijini Bijini de artes de la calle, un evento con formaciones de carácter artístico y cultural muy necesarias en la ciudad nigerina.

Nana Kadidjatou Abdou Mounkaila durante su estancia en el Grigri Pixel 2019.

En motivo de su paso por Madrid para participar en la IV edición del programa de residencias, encuentros y talleres Grigri Pixel, Nana se une a otros cuatro actores culturales que, como ella, ponen Níger, Marruecos, Senegal, Mozambique y Burkina Faso, en el mapa de colaboraciones que, junto a españoles de diferente origen, están llevando a cabo hasta el próximo 26 de octubre en el espacio Medialab Prado. ¿El objetivo? Que África y Europa estrechen lazos culturales para generar ciudades hospitalarias, inclusivas y diversas a través de la creación de objetos mágicos (grigri es a lo que los wólof de Senegal llaman a los amuleto-talismán).

Gemma Solés. Cuéntanos un poco sobre las iniciativas de Arène Théâtre y el festival Émergences en Niamey. ¿Cuál es el impacto social de tales eventos culturales en la capital nigerina? 

Nana Kadidjatou Abdou Mounkaila: Las iniciativas de la compañía de teatro Arène son tanto culturales como sociales. Por un lado, la compañía de teatro Arène contribuye a la promoción y profesionalización del sector cultural a través de:

  • La producción y distribución de representaciones teatrales a nivel nacional e internacional desde 2001.
  • La organización de talleres de formación para artistas y jóvenes fuera de la escuela.
  • Desde 2006, la organización de Emergences-Arts & Racines, festival internacional de artes escénicas en Niamey, para la promoción, recepción y distribución de representaciones teatrales a la población local y los detenidos de Niamey.
  • Desde 2007, la organización de FESTHILY, festival de teatro entre escuelas secundarias de Niamey para contribuir a la educación artística de estudiantes de secundaria de Niamey. Algo que, por otro lado, contribuye al desarrollo de la comunidad a través de la realización de proyectos con conceptos innovadores como el concepto de las “Ayudas Ciudadanas” para contribuir a la promoción de la democracia participativa y la responsabilidad cívica; el concepto de “Cine en casa” para contribuir a la promoción de los derechos de las mujeres y la escolarización de las niñas en la escuela; el concepto de “Más allá de la prisión” para contribuir al refuerzo de la autoconfianza, la lucha contra la reincidencia y la reducción de la violencia en las cárceles de mujeres y menores en Niamey, Kollo y Say; y finalmente, “Arte y terapia” para contribuir a la integración y el apoyo psicosocial de los migrantes y refugiados en Niamey y Diffa.

Por lo tanto, el impacto de cada iniciativa es vital en el cambio de comportamiento y luego en los niveles social, económico, cultural y educativo.

G.S. ¿Cuáles son las particularidades del distrito Séno de la capital Niamey, donde la empresa Arène Théâtre tiene su espacio fijo? ¿Por qué se estableció allí y qué impacto tiene la presencia de este grupo en la vida del vecindario?

N.K.A.M: El espacio Forge-Arts fue creado en 2018 por la compañía de teatro Arène para hacer que nuestras acciones sociales y obras artísticas y culturales sean accesibles para la población local que no suele tener esta oportunidad. Porque en Séno no hay un centro socioeducativo y cultural local. Séno es un distrito popular de Niamey compuesto por víctimas del desborde del río Níger. El impacto es traer fuerza vital y progreso para esta población que tiene una gran necesidad en todos los sentidos.

G.S: Níger es uno de los países donde los asentamientos informales están más poblados, espacios donde el hacinamiento, la falta de infraestructura o la falta de trabajo bien remunerado conducen al empobrecimiento de la población. ¿Crees que podemos concebir a priori los entornos urbanos “degradados” y estructuralmente débiles como áreas de creatividad y empoderamiento colectivo? 

N.K.A.M: Sí, hoy es importante pensar en espacios que ofrezcan actividades recreativas para el empoderamiento colectivo. Espacios de orientación e integración social de mujeres y jóvenes para tener un equilibrio económico, social y educativo.

G.S. ¿Qué papel juegan las mujeres en las actividades culturales en las que participas? ¿Cómo su participación en estas actividades mejora su calidad de vida?

N.K.A.M: Las mujeres trabajan en nuestras actividades artísticas y culturales por cuestiones de equilibrio social, igualdad de género y también por empoderamiento económico y social. Y por ello, están en mejores condiciones de hablar sobre los problemas que les preocupan. Nuestras actividades contribuyen a una conciencia colectiva y ciudadana y participativa que sin duda mejora su nivel de vida.

G.S. Ahora que estás en Madrid para los talleres de Grigri Pixel, ¿qué crees que Madrid puede aprender de Niamey? ¿Y Niamey de Madrid?

N.K.A.M: Este es un intercambio de dar y recibir. Grigri Pixel es un taller transversal que forma parte de una dinámica de investigación, colaboración y creación de grigris para fortalecer nuestra hospitalidad hacia otros en África y Europa. El taller me permitirá valorar mis experiencias, conocer gente nueva y tener una apertura a otras formas de experiencias. Regreso a Niamey con una caja llena de historias de memoria colectiva doméstica de la comunidad de migrantes, escolares, la población local que traducirá la hospitalidad de la gente de Madrid.

Teatro antifascista y antirracista en el Temporada Alta

El Festival Temporada Alta de Girona y Salt ha vuelto a abrir las plateas con el mejor teatro internacional y del país. Desde el pasado 6 de octubre y hasta el próximo 9 de diciembre, cerca de un centenar de obras reivindican la contemporaneidad de los grandes clásicos a la vez que reflexionan sobre la condición humana en uno de los mayores eventos culturales de este otoño, que hogaño, apunta hacia el descontento de la clase trabajadora y visibiliza la Europa de los y las afrodescendientes con una propuesta de tintes antirracistas y antifascistas.

En su 28ª edición, el festival Temporada Alta apuesta “por espectáculos que invitan a la reflexión y a repensar de dónde venimos, dónde estamos y cuáles son los retos de futuro que nos debemos plantear como sociedad”, apuntaba su director, Salvador Sunyer, en una entrevista reciente para EL PAÍS. Por ello, no es de extrañar que el certámen, con réplicas en otras ciudades como Buenos Aires, Montevideo y Lima, haya querido contar con una obra punzante, crítica y que nos hace plantear la situación política en la que vivimos hoy como es Retorno a Reims, del director Thomas Ostermeier, una estrena en primicia en todo el Estado español.

Protagonizada por el rapero, slammer y actor franco-senegalés Blade MC Alimbaye junto a Cédric Eeckhout e Irène Jacob, la de Thomas Ostermeier — director del destacado Teatro Schubühne de Berlín— es una obra de teatro documental basada en un libro autobiográfico de 2009 del historiador cultural y filósofo francés Didier Eribon. Se trata de un análisis crítico sobre las razones por las que la clase trabajadora, tradicionalmente de izquierdas, desarrolla una inclinación por la extrema derecha; y ahonda en cómo se puede pasar del voto comunista hacia el voto al Frente Nacional. Además, la obra habla de las luchas obreras en la Europa del siglo XXI y se ponen sobre la palestra asuntos de tanta actualidad como el movimiento social de los chalecos amarillos o los chalecos negros, a la vez que se visibiliza y se ahonda en la herida colonial de Europa en África.

Sunyer, que tiene un gusto exquisito a la hora de detectar las pulsiones teatrales más interesantes del momento, ha querido contar con el alemán Ostermeier —uno de los directores que más ha hecho por politizar el teatro—, para mostrar lo que la crítica ha descrito como una radiografía de la Francia de las ciudades medianas, regiones industriales diezmadas y olvidadas por la clase política. Y es que Retorno a Reims es una fotografía veraz e hiriente de la fractura social que actualmente está sacudiendo a la sociedad francesa.

Un fragmento de “Retorno a Reims”, del director alemán Thomas Ostermeier

Una de las particularidades y mayores aciertos de “Retorno a Reims”, ha sido la incorporación al elenco de actores del franco-senegalés Blade MC Alimbaye para hablar de una Francia invisible en el teatro. La Francia de las “minorías” —básicamente, de las personas racializadas—, que este verano ha salido a reivindicar papeles con la marcha de los Chalecos Negros, es reivindicada en el medio artístico con el testimonio de Blade MC Alimbaye. El rapero, cuenta al final del espectáculo, como su abuelo, nacido en Senegal, fue reclutado a la fuerza entre los “tirailleurs sénégalais” —un grupo de 140.000 hombres de África Occidental que fueron obligados a luchar en la Primera Guerra Mundial por una causa que les era absolutamente ajena—. Y denuncia asuntos como la silenciada masacre de Thiaroye, otro vergonzoso capítulo del pasado colonial francés, abofeteando al espectador a golpe de memoria histórica.

La esencia del espectáculo, que señala el punto muerto en el que se encuentra Francia en 2019, cuestiona de la misma forma la Europa contemporánea en la que nos encontramos, polemizando sobre el por qué y el cómo las clases populares están dando el voto a la extrema derecha y evidenciando la necesidad de neutralizar las tendencias fascistas. En definitiva, el Temporada Alta nos trae una propuesta de teatro político, antifascista y antirracista como píldora cultural necesaria en un otoño políticamente decisivo.

#cesteuxquienparlentlemieux “Retour à Reims” de Thomas OSTERMEIER par Blade Mc Alimbaye from Théâtre Vidy-Lausanne on Vimeo.

La obra se podrá ver los próximos jueves 5 de diciembre a las 20:30h. y viernes 6 de diciembre a las 18:00h. en el Teatre Municipal de Girona, con entradas de 10 a 40€.

“La Nayda es el deseo de producir música en Marruecos por y para marroquíes”

La gira española del cantante Ahmed Soultan quiere acercar la creatividad sonora del Marruecos urbano y dar a conocer las demandas sociales de su generación

A pesar de que según las últimas estadísticas del INE en España viven hoy más de un millón de marroquíes, poco se sabe sobre la cultura urbana que emerge del país vecino, los sonidos que hacen bailar los clubes nocturnos en sus principales ciudades o las luchas diarias de su juventud más comprometida.

Copan las portadas de los periódicos la migración irregular o las relaciones comerciales entre España y Marruecos, pero el Pop y la modernidad emergente del país norteafricano quedan relegados al universo de lo exótico en el mejor de los casos, si no es prejuzgado de producto “occidentalizado” por los críticos musicales del Norte. Sin embargo, Marruecos tiene una escena discográfica efervescente, cuya Nayda — una especie de Movida madrileña del siglo XXI— marca el ritmo de toda una generación, de la cual emerge una de las voces más soulful de la región: la de Ahmed Soultan.

Con una infusión local del rock, hip-hop y soul afro-árabes, Soultan cree que España es ajena a los sonidos que emergen del Marruecos más urbano “precisamente porque es principalmente un movimiento marroquí, menos presente en la diáspora marroquí en España”.

Sin embargo, con su primera gira europea, que hará parada los próximos 10 de octubre en Sala Bóveda de Barcelona y el 12 de octubre en Café Berlín de Madrid, el artista pretende romper este vacío y dar a conocer el ‘Afrobian’, un estilo propio que como nos cuenta en una entrevista vía email decidió crear “para definirme geográficamente, no tanto artísticamente, porque el arte es subjetivo, mientras que la realidad de una geografía es un hecho”.

Así, desde el universo árabo-africano, el artista nacido hace 41 años en el seno de una familia de humildes agricultores de Taroudant, en el sur de Marruecos, llega con su directo “Afrobiano”. Con casi dos décadas dando el callo encima de los escenarios y resonando en radios de toda África, Ahmed Soultan se ha convertido en toda una estrella del Magreb. “Llevo 15 años mezclando mis idiomas, el amazigh y el darija árabe marroquí con inglés y francés”, dice el políglota músico, quién además nos desvela sus principales influencias musicales: “Mi tío Ammouri Mbarek con su banda “Ousman” fue parte de la música de mi infancia, pero también el Nu-Soul de Filadelfia, con artistas como D’angelo, Soulquarians… así como artistas de la Nigeria contemporánea o de Ghana”. Además, proclama sin complejos: “Para ser sincero, no soy una persona purista, escucho un poco de todo”.

Y eso se refleja en las canciones pegadizas de su último larga duración, titulado Music has No Boundaries —La Música No Tiene Fronteras— y la versión extendida que viene a presentar a España, con las que Ahmed Soultan irradia optimismo. “Mis palabras hablan de positivismo, de estar en un estado mental positivo. Esto es, en mi opinión, un requisito previo si se desea superar ciertas situaciones que vivimos hoy. Creer en uno mismo y en las capacidades de uno es crucial”, señala. Y parece que esta actitud le ha funcionado a las mil maravillas, ya que gracias a su empeño ha podido contar con grandes nombres de la música en su último álbum. “Después de colaborar con George Clinton, a quien conocí gracias a su sobrino Ray, tuvimos la idea de invitar a Fred Wesley y Pee Wee Ellis, dos músicos de James Brown que me encantan. De allí surgió la posibilidad de asociarnos también a Femi Kuti. La música habló y así nació mi ‘Afrobian’”, recuerda orgulloso.

Esa infusión de Funk y Afrobeat, con beats electrificados y neo-soul con aromas de clavo lleva impreso el sentimentalismo y las alabanzas a la mujer como uno de sus temas preferidos. Aunque no promulga un romanticismo infantil, ni quiere erigirse en portavoz del feminismo, sino que promueve un amor maduro que enaltece a la mujer rural amazigh, árabe, negra o africana en general. “Pretender ser un hombre capaz de comprender las dificultades que encuentra una mujer en Marruecos estaría fuera de lugar”, reconoce Soultan.

Ahmed Soultan, un ejemplo de la autoafirmación de la escena musical marroquí

Y a pesar de considerarse un tipo optimista y querer insuflar positivismo con sus canciones, Ahmed Soultan no quiere dar un mensaje erróneo y reivindica la necesidad de llevar los tímidos desarrollos materiales de Marruecos a un nuevo estadio centrado en las personas. “En pleno siglo XXI, en los pueblos de Safa y Loubna Douar, en Mezghala, donde vivo, hay riesgo de desescolairzación si la infraestructura de transporte no se establece rápidamente; un sistema de salud deficiente o el desempleo juvenil son desafíos que deben superarse a través de un modelo económico que aún no se ha encontrado pero que será nuestro”, señala apuntando a la necesidad de hallar soluciones locales a los retos que vive Marruecos hoy.

Los problemas, las preguntas, las afirmaciones de un joven noruego, un español o un neozelandés son muy diferentes de las de un indio urbano o un marroquí que vive en el mundo rural, creo que es importante tener en cuenta que aunque todos somos terrícolas, no tenemos las mismas prioridades. Sería bueno si las empresas de los países más avanzados económicamente integran este parámetro, y las cuestiones de orden social o libertades individuales son parte de él”, opina el artista marroquí, mostrándose crítico con los más de sesenta años de soluciones fallidas impuestas desde Europa para África desde las independencias.

De la desilusión de una emancipación no llevada a cabo del todo o de las tímidas transformaciones políticas de las últimas dos décadas, emerge la propia escena musical marroquí contemporánea, un movimiento que nace como un acto de autoafirmación.

La Nayda es el deseo de producir música en Marruecos, por marroquíes y para marroquíes primero, y si es agradable en otros lugares, genial. Pero en este estilo hay una idea primigenia de independencia económica, financiera, de un mercado propio…”. Aunque el artista no titubea en reconocer la importancia de poder despuntar en un marco internacional: “Lo que me gustaría es poder contar a través de mi experiencia el éxito de un músico marroquí en el extranjero, no solo en casa (…) Se trata de conquistar la demanda de mercados “maduros””, señala Soultan haciendo referencia a la industria musical del Norte global.

Y es normal que los artistas del país aspiren a prosperar económicamente. De hecho, tal como cuenta el cantante, así ha sido a nivel local en los últimos años. “Hemos vivido transformaciones estructurales, de equipamientos, infraestructuras, conectividad ferroviaria y aérea, transformaciones agrícolas…”, reconoce. Pero también explica, reivindicando la necesidad de trabajar en pro de los derechos humanos que aunque “la Nayda es un reflejo de este período de euforia, ahora estamos en una especie de segunda fase, donde los hombres y las mujeres deben trabajar sobre sí mismos y donde lo humano necesita ser puesto en el centro de las políticas públicas. La música urbana actual en Marruecos lleva impreso de forma parcial este mensaje”.

 

VENTA DE ENTRADAS

Barcelona: Sala Bóveda el 10 de octubre de 2019.

Entradas disponibles aquí.

Madrid: Café Berlín el 12 de octubre de 2019

Entradas disponibles aquí.

Descoloniza tu iPod 2019 (IX)

LPs

Tinariwen – Amadjar (6 septiembre, ANTI Records)

El mayor exponente del blues tuareg, la banda Tinariwen, vuelven dos años después de su exitoso Elwan con los sonidos del desierto y sus guitarras electrificadas para presentar su nuevo álbum Amadjar, el noveno de su carrera. Junto a voces como la de Noura Mint Seymali, el violonchelista Warren Ellis (The Bad Seeds), los guitarristas Cass Mc Combs y Rodolphe Burger, Tinariwen vuelve a demostrar el poder intrínseco en las melodías que parecen susurrar las dunas de arena, entre susurros airosos que nos transportan a la intimidad y arraigo del tuareg con su medio. Con la identidad Tamasheq y la cosmovisión tuareg impresa en cada tema, los 13 cortes de Amadjar vuelven a seducir nuestros oídos y corazones.

Oxmo Puccino – La nuit du réveil (6 septiembre, Believe) 

El rapero y poeta de Segou (Mali) establecido en París (Francia) Abdoulaye Diarra, más conocido por su nombre artístico Oxmo Puccino, vuelve a destilar su fórmula ganadora de rap consciente en su nuevo álbum ‘La Noche del Despertar’. Tras una exitosa carrera de más de veinte años y colaboraciones fructíferas como las que tiene junto al gran Gaël Faye, Oxmo —una de las voces más prestigiosas de la diáspora africana en Francia— presenta un álbum que habla de revelaciones surgidas de noches de insomnio para iluminar a la audiencia con sus palabras, emancipadoras y agitadoras.

Mah Damba – Hakili Kélé (13 septiembre, Buda Musique / Socadisc) 

Hija del legendario griot maliense Baba Sissoko, Mah Damba es una de las voces femeninas más consolidadas de la tradición mandinga, tanto en África Occidental como en su Europa de adopción. Tras labrarse una carrera musical junto a su marido Mamaye Kouyaté (DEP) tras mudarse a París, debutó en solitario con À l’Ombre Du Grand Baobab en 2010, un álbum nutrido de colaboraciones que le permitió brillar más allá de la noble sombra de su padre y su, hasta entonces, marido. Ahora, con Hakali Kélé, Mah Damba canta las penas y las alegrías de su Mali natal, denunciando la violencia y los conflictos étnicos que como cuenta en una reciente entrevista para RFI, “no son parte de nuestra cultura”.

Abdullah Ibrahim – Dream Time (13 septiembre, Enja Records)

Tras su recientemente editado The Balance, el sudafricano Abdullah Ibrahim, una de las mayores leyenda vivas del jazz lanza su segundo álbum en menos de tres meses. Una rara avis para la industria de la música, que llevaba cinco años esperando temas inéditos por parte de este icono de la resistencia sonora cotra el régimen del Apartheid, el también conocido como Dollar Brand nos deleita con 20 nuevos temas que no quiere dejar en el tintero. Prolífico a sus 84 años, las desnudas teclas blancas y negras del teclado de Ibrahim siguen poniendo a Ciudad del Cabo en el circuito internacional del Jazz.

Sampa The Great – The Return (13 septiembre, Rough Trip)

Carismática y desafiante a la ortodoxia occidental, la rapera Sampa The Great es una de las voces más reconocibles del hip hop contemporáneo, y escuchando su álbum debut con atención se entiende el por qué. Nacida en Zambia, criada en Botswana y residente en Australia, Sampa Tembo representa a una diáspora moderna y rompedora, que teje su discurso sonoro a través de varias influencias del África austral y el poliglotismo de sus letras sin complejos y pisando con mucha contundencia. En su The Return confirma un sonido distintivo que la ha llevado a ser reconocida como una de las artistas de R&B más cotizadas y potentes del momento. Ni más ni menos que 19 temas. ¡Suban el volumen de sus reproductores y disfruten(la)!

Arabstazy  – Under Frustration Vol​.​2 (13 septiembre, InFiné & Shouka)

El colectivo tunecino Arabstazy, vuelve con el segundo volumen de su proyecto ‘Under Frustration’, un compendio que pretende deconstruir los estereotipos occidentales y homogeneizadores fundados por el colonialismo a partir de la producción musical. Manifiesto de una nuevo futurismo underground árabe, es un reflejo sonoro de la diversidad cultural en el mundo árabe post-revolucionario, que incluye todo el norte de África. Fundado por el tunecino Mettani, el colectivo Arabstazy es una plataforma multidisciplinar de investigadores musicales con sede en Túnez, París y Berlín.

Rachid Taha – Je Suis Africain (20 septiembre, Naïve/Believe)

Un álbum póstumo es siempre una mala noticia. Y más cuando se trata del álbum póstumo de un genio como el franco-argelino Rachid Taha, que dedicó su último año de vida a componer y grabar lo que hoy tenemos en nuestras manos y que, lamentablemente, va a ser el último cartucho del artista. Nadie como él podía hacer rock árabe con esencia punk de tanta calidad, o inspirarse en el repertorio tradicional del norte de África para mezclarlo con chanson française sin sonar pretencioso… Un año después de su muerte, el rey del Rock-Rai nos lega su undécimo álbum en solitario, un trabajo de diez pistas donde las guitarras bailan con el balafón, los violines orientales flirtean con ritmos Gnawa, mandol, chaabi… y hasta le canta a Andy Warhol. Y se despide del mundo con un absoluto tributo a los africanos y nos deja en un “final feliz” que nos deja con la lagrimilla rodando… ¡Gracias maestro!

Eliasse – Amani Way (20 septiembre, Soulbeats Records) 

El cantante y guitarrista comorense Eliasse presenta su segundo álbum de estudio, un definitivo paso hacia su carrera internacional que le ha valido hacerles de teloneros a la banda norteamericana Groundnation durante su última gira por Europa. Tras su exitoso debut (Marahaba, 2008) y establecido en Burdeos de forma permanente, el maloya ha elaborado un álbum en formato de trío y un espíritu más rock blues que el anterior donde evoca la energía eléctrica y percudida de la guitarra de Keziah Jones. Sin embargo, el alma pausada y susurrada casi a partir de las olas sigue acariciando y apaciguando todo el álbum de forma casi instintiva.

Habib Koité – Kharifa (27 septiembre, Contre-Jour)

Tras más de dos décadas dando guerra, el cantante y guitarrista maliense Habib Koité vuelve con su 6º álbum: Kharifa. Sale de su zona de confort y amplía su identidad musical, sirviéndose de colaboraciones transgeneracionales con Toumani Diabaté, Amy Sacko, su hijo CT Koité, su sobrino Mbouillé Koité —precio Decouvertes de RFI en 2017— o el guitarrista Sekou Bembeya. Es un álbum festivo, lleno de matices y que explora diferentes géneros, desde lo más tradicional a los afrobeats que parecen dominar el continente.

EPs

Bantwanas – Back to Front (6 septiembre)

El colectivo de productores, compositores y músicos africanos Bantwanas (o ‘Niños de África’) es uno de los “descubrimientos” que más nos han entusiasmado a nuestra vuelta al cole. Esenciales en la escena de clubes y festivales de electrónica en Sudáfrica, y con una proyección internacional indiscutible, esta banda sudafricana de House está formada por 10 miembros: 5 vocalistas, un batería, un guitarrista, un pianista y dos potentes productores: Ryan Murgatroyd y Blanka Mazimela. Otro exponente de la prolífica producción electrónica africana contemporánea que nos deleita con dos temas remasterizados y auto-reinterpretados, y en los que destacamos un trabajo coral preciosita.

Ebo Taylor – Palaver (13 septiembre, Tabansi Records / BBE Music) 

Producciones que nos hacen felices como esta, hay pocas. Con 83 años, Ebo Taylor, el rey del Funky-Highlife ghanés, vuelve a regalarnos genialidad por doquier en un EP titulado ‘Palaver’ que reedita el álbum de 1980, una colección imprescindible para los amantes de los sonidos de la época dorada africana. El álbum, lanzado exclusivamente por el sello Tabansi en su momento, se grabó durante una gira de Taylor por Nigeria y se han rescatado (recuperando con mimo y nitidez) las cintas maestras, que quedaron archivadas en una habitación polvorienta en el cuartel general que el sello Tabansi tenía en la ciudad nigeriana de Onitsha. ¡Una joya!

Singles

Céline Banza – Te Rembi (4 septiembre)

La cantante, actriz y camarógrafo de República Democrática del Congo, Prix Découvertes RFI de 2019, se ha hecho con el principal galardón del mundo “francófono” con el single de presentación del que será su álbum debut, en 2020. Compuesto por artistas como Asalfo (Costa de Marfil), Charlotte Dipanda (Camerún), Tiken Jah Fakoly (Costa de Marfil), Fally Ipupa (RDC), Angélique Kidjo (Benin), Youssou N’Dour (Senegal) o Oumou Sangaré (Mali), el jurado de este destacado premio, activo desde 1981, ha decidido que Céline Banza merecía entrar en el pool de los talentos musicales más destacados del continente africano.

Michael Kiwanuka – You Ain’t the Problem (13 septiembre, Interscope)

No podía ser de otra manera. El primer single del nuevo álbum de Michael Kiwanuka, que se titulará ‘Kiwanuka’ y que verá la luz el próximo 1 de noviembre, nos tiene a todas al bolsillo. Un tema uptempo en la línea de su “Love & Hate” (Polydor/Universal, 19) que anticipa un 3er larga duración con vocación de mantenerse fiel a su personalidad y carisma: “El último álbum surgió de un lugar introspectivo y fue como una terapia, supongo. Este habla más de sentirme cómodo con lo que soy y preguntarme qué quiero decir. ¿Cómo puedo ser valiente y desafiarme a mí mismo y al oyente? Es acerca de la aceptación de uno mismo de una manera triunfante, más que de una forma melancólica. Es un álbum que explora lo que significa ser un ser humano hoy en día”, anticipa en la nota de prensa.

Burna Boy “resalta el poder de África” con su afrofusión

Burna Boy se ha convertido en uno de los referentes de la escena musical de Nigeria. Temas como “On the Low”, “Anybody” y “Gum Body” han copado las listas de reproducción veraniegas y en este 2019 no ha parado de hacer colaboraciones con artistas como Jorja Smith, Dave o Mahalia. Además, ha participado en el último álbum de Beyoncé, The Lion King: The Gift, con la canción “JA ARA E”.

Carátula del nuevo disco de Burna Boy, African Giant

2019 es el año de Burna Boy. El compositor nigeriano encadena casi 18 meses de ascenso internacional y pasó por el  prestigioso festival Coachella de Los Ángeles en abril. Y allí, sentado en el wáter, como él mismo reconoce, puso título a su nuevo disco, African Giant (uno de los discos destacados en la edición veraniega de nuestra exitosa serie Descoloniza tu iPod).

“No podía ver mi nombre. ¿De verdad toco aquí? Tuvieron que marcármelo”, explicaba el cantante en una reciente entrevista con Trevor Noah. En un cartel en el que destacaban artistas como Childish Gambino, Solange, Tame Impala o Ariana Grande, su nombre se escondía entre las fuentes de menor tamaño.

Ante la competencia internacional —”nunca me había pasado”, apunta- quiso poner su orgullo en la línea de batalla y reivindicarse como uno de los actuales grandes del continente africano.

African Giant es un trabajo que “resalta el poder y el orgullo del africano y de África en general”. Burna Boy pone el foco en la otra parte del continente que no prevalece para combatir el prejuicio. Trae alboroto tras la publicación en 2018 de “Outside”, un disco más personal.

Con este cuarto álbum, el compositor ha hecho “un proyecto africano para dar visibilidad a las dificultades, tribulaciones, alegrías, felicidad,… la verdad de las personas de África”.

Y desde Nigeria exporta al mundo su afrofusión con retales de inspiraciones en las que Fela Kuti es el máximo exponente. “Es como una pizza. La cosa principal, lo que toda pizza necesita, es la base. El afrobeat es la base y a partir de ahí puedes tener la pizza que quieras”, ha explicado.

El afrobeat y el jazz lo tomó de su abuelo, Benson Idonue, que fue el primer manager de Fela Kuti. El joven cantante sembró, por el camino se encontró con otros géneros como hip hop, dancehall, highlife, reggae y ahora recoge los frutos de una apuesta por el cruce cultural, pero “de manera contraria” a lo que se acostumbra. No incide en la conquista del mercado occidental si no que lanza una invitación: !Vengo aquí (Occidente) para llevarte de vuelta porque de donde vengo es el origen del principio”, comenta.

La música es como un saco de boxeo para Burna Boy. Es una forma de plantarle cara al lado más difícil de la vida. Como dice su madre, mientras otros niños cantaban las canciones corales de la escuela, Burna Boy tarareaba “Hip Hop Hooray” de Naughty by Nature. Por aquel entonces no había tomado su figura artística y mantenía su nombre real, Damini Ogulu.

El joven músico de Port Harcourt, al sur de Nigeria y centro petrolero del país, se aficionó a la estación de trabajo de audio digital Fruity Loops, conocida hoy como FL Studio. Pronto comenzaría a desarrollar sus propios sonidos que se llevó a Londres, donde fue a estudiar.

Más de música que de apuntes, Ogulu dejó la universidad, pero la estancia londinense fue clave para su desarrollo creativo. Tras su regreso a Nigeria, su madre le consiguió un trabajo en una emisora de radio local y después de cada turno, se iba al estudio de grabación. Y llegó su primer single, “Freedom Freestyle”. Con la ayuda de Youtube, —”fue así como la gente comenzó a conocerme”, explica— su música viajó y ha seguido la estela de otros artistas nigerianos como WizKid, Patoranking y DaVido.

En 2014 se dio cuenta de que la cosa iba en serio. En la actualidad se asienta como uno de los mayores talentos musicales del continente y piensa seguir ocupando ese puesto: “Si hablo de algo que me ha pasado va a interesarle a alguien que le ha pasado lo mismo. La gente va a decir: ‘Está hablando de mí’. Ellos son como yo. Por eso no se sabe nada de muchos artistas después de un tiempo porque están en este negocio por las razones equivocadas. No entienden la seriedad de la música. La música no es un juego”.

El Gnaua marroquí y el Singeli tanzano aterrizan en el Reina Sofía

Por tercer año, el Museo Reina Sofía acoge el ciclo de conciertos Archipiélago, el cual invita a comprender la complejidad del mundo contemporáneo mediante la escucha, indagando en lo que se entiende por música experimental y su relación con lo popular a partir de diferentes narrativas y geografías.

La presente edición explora el concepto de tradición: un término que parece asociado al conservadurismo y la involución frente al cambio. Sin embargo, Archipiélago prefiere contemplar la tradición como la transmisión de conocimiento, de una persona a otra y de una generación a la siguiente. En este sentido, se acerca a ella más como una manera de avanzar y conciliar, y no tanto como un intento sesgado de preservar cierta originalidad mitificada.

Así, la tradición pasa a presentarse como un conjunto de saberes, afectos y prácticas compartidas y específicas de unos contextos, momentos y grupos concretos. Desde este prisma, el programa se aproxima a distintos artistas que desarrollan géneros en apariencia no relacionados entre sí (gnaua, noise, singeli, electroacústica o músicas de baile que desafían cualquier intento de clasificación) o que, pese a supuesta novedad, se asocian de forma remota a alguna tradición musical.

Aún hoy géneros nacidos en Occidente como el techno o el house, se siguen percibiendo como universales gracias a su omnipresencia, mientras que otros, como el gqom sudafricano o el singeli tanzano, son escuchados como “periféricos” aunque sus artistas hagan giras por festivales de todo el mundo y sus ritmos comiencen a calar de manera decisiva en el trabajo de artistas europeos.

De ahí que resulte conveniente considerar las palabras del escritor keniano Ngũgĩ wa Thiong’o sobre las literaturas de África, Asia y América Latina y aplicarlas al terreno de lo musical,  al recordarnos que las manifestaciones culturales de dichas regiones  “no son periféricas (…) [sino] centrales para entender qué es lo que ha hecho que el mundo sea lo que hoy es”.

Entre los artistas presentes en este 2019 se encuentran Ricardo Vincenzo, Ipek Gorgun, Lechuga Zafiro, Saba Alizadeh, Síria, Lea Bertucci, Rashad Becker o Kolida Babo, procedentes de países como Brasil, Turquía, Uruguay, Irán, Portugal, Estados Unidos, Alemania o Grecia. En el caso de las músicas africanas estarán representadas el sábado 21 por partida doble, con el grupo Gnaua de Casablanca Asmâa Hamzaoui & Bnat Timbouktou (las hijas de Tombuctú) y el dúo tanzano procedente de Dar es Salaam Bamba Pana & Makaveli, cuyo último disco Poaa hemos destacado como uno de nuestros álbumes de referencia para este verano 2019

La danza contemporánea sacude Dar Es Salaam

Por Rocío Periago – Dar Es Salaam (Tanzania)

Es una noche húmeda y bochornosa del mes de julio. En el Nafasi Art Space, un espacio alternativo a las afueras de Dar Es Salaam, se han reunido un centenar de personas de todas las edades para ver bailar a algunas de las promesas de la danza del continente africano. Sobre un suelo de cemento y acompañados de los juegos de luces, sonido y el atrezzo de cada uno de los espectáculos, jóvenes de Tanzania, Zimbabwe, Sudáfrica y Alemania comparten escenario y hacen disfrutar a un entregado público. Es el Haba na Haba, el festival internacional de danza tradicional y contemporánea, que va ya por su tercera edición y que atrae a bailarines y coreógrafos de diferentes partes del mundo.

En el espacio, aunque la entrada es gratuita, un par de chicas invitan a dejar un donativo para apoyar el proyecto. Hay muchas personas, tanto adultos como niños de todas las edades. Algunos están simplemente por curiosidad, pero entre el público hay muchos futuros bailarines y coreógrafos que buscan aprender de los profesores y artistas que vienen a compartir su trabajo.

Muchos de los bailarines actuales de danza tradicional quieren hacer algo contemporáneo, y ¿por qué? porque la danza contemporánea es el presente”, dice el bailarín Isack Peter Beneko, director artístico de esta edición y cofundador del Festival.

Explica orgulloso que lo que en un principio pueden parecer dos géneros completamente diferentes en Tanzania, tienen mucho en común. “De alguna manera nuestro patrimonio tradicional de danzas está desapareciendo, porque la mayoría de los jóvenes no tiene interés en aprenderlo, prefieren hacer danza contemporánea, hip-hop u otro tipo de bailes. Por eso comenzamos a desarrollar el Festival, porque busca ofrecer estos dos géneros de forma que los bailarines de contemporáneo puedan apreciar las danzas tradicionales y viceversa. Que unos puedan ver lo que es bello del otro estilo y puedan mejorar y aprender unos de otros”.

Además de los espectáculos, hay organizados talleres dirigidos a bailarines de ambos estilos, que han tenido una acogida muy buena entre los participantes. “Queremos enfatizar ambos estilos de danza porque la danza tradicional es nuestro pasado y la contemporánea es nuestro presente y futuro. No podemos avanzar y llegar más lejos si de alguna manera nuestro pasado está desapareciendo, nuestro patrimonio no se está cuidando y llevando a la práctica y no es algo de lo que nos podamos sentir orgullosos”, afirma Beneko tajante. “Buscamos que los jóvenes y la sociedad puedan sentirse orgullosos de nuestras danzas tradicionales y de nuestra cultura tradicional a la misma vez que celebrar la danza contemporánea y la modernidad”.

Este año, la participación internacional se ha centrado sobre todo en artistas procedentes de Sudáfrica y Alemania. Musa Hlatshwago es un productor, coreógrafo, bailarín y profesor sudafricano que lleva participando en el Festival desde los inicios. “Es una experiencia muy buena (…) además es una oportunidad para mí de estar al tanto sobre lo que se está moviendo en Dar Es Salaam, ver el crecimiento de la industria, el desarrollo de nuevos proyectos y el impacto que están teniendo. También porque creo que Haba na Haba es un festival que tiene un papel enorme en el desarrollo no solo de la danza, sino del arte tradicional y contemporáneo en la ciudad”.

Este año ha presentado con su compañía Qhawe, una búsqueda metafórica de la identidad de un joven que crece en una sociedad impuesta a través de la cultura, la tradición y la religión, donde el bailarín Njabulo Zungu llena el escenario con sus movimientos durante más de una hora sin descanso. “Para mí significa mucho, porque es la primera vez que presentamos este trabajo fuera”, cuenta Zungu, orgulloso. De pequeña estatura y con un cuerpo fibroso y atlético, puede pasar por uno de los muchos niños que observan el espectáculo en la primera fila, absortos en los giros y saltos de su cuerpo cuando baila.

A lo largo de dos días, se van alternando espectáculos: la danza tradicional y ritual Mdundiko/Vanga de la tribu Zaramo, asociada a los matrimonios y la celebración del paso de la mujer a la pubertad y el espectáculo Fear of what? de D.D.I, un grupo de 6 bailarines que mediante baile y acrobacias buscan enfrentarse a sus miedos. También están los bailes tradicionales de Umoja Primary School y el espectáculo Forest, de T-Africa, donde mezclan el baile con proyecciones audiovisuales o las danzas tradicionales de Elimisha Arts Group, un grupo de 12 artistas que llevan casi 20 años mezclando bailes tanzanos tradicionales con la danza contemporánea.

Maura Morales es una bailarina cubana afincada en Alemania. Es la primera vez que participa en Haba na Haba, realizando un taller y presentando Exceso de la nada, un espectáculo en el que analiza la imagen de Cuba como país fotogénico al que la gente quiere visitar “antes de que cambie”, mientras sus propios habitantes quieren salir de allí porque nada cambia. Una paradoja que Morales representa sobre el escenario sola, acompañada de una vieja mecedora y con la proyección de imágenes de la isla caribeña. Durante su espectáculo, se ven algunas personas entre el público limpiándose las lágrimas. “Es siempre un regalo ver cómo reacciona el público en diferentes países con esta pieza”, dice Morales. “A veces crees que no tienen nada que ver con esto, es una pieza súper personal y muy íntima y sin embargo muchos de ellos hacen el viaje conmigo. Hoy también disfruté mucho bailando en este sitio”.

Haba na Haba está producido por Asedeva, una asociación especializada en eventos artísticos en Tanzania, y este año han contado con el apoyo del Goethe Institute, la Embajada Suiza y otras entidades, además de la financiación propia que han buscado los participantes extranjeros para poder venir. Pero Beneko tiene claro que necesitan más apoyos, porque los retos del festival son ser independiente económicamente, poder disponer de un espacio propio y que sea conocido y pueda seguir creciendo.

Vistas las dificultades, se puede entender el trabajo que supone que salga adelante un festival de esta categoría, que además no tiene coste para los asistentes, pero el que gente de Europa y Estados Unidos vengan a bailar y presenten sus trabajos en Haba na Haba ofrece muchas oportunidades.

Estamos dando la bienvenida a artistas internacionales porque cuando vuelvan a sus países, ellos hablarán del festival y seremos más conocidos, pero también para que vean a los bailarines que tenemos aquí. Además, los bailarines tienen la oportunidad de relacionarse con coreógrafos internacionales, y esa relación, cuando ellos vayan a Europa ya tienen un contacto, ya tendrán a alguien que les conozca.

De esta manera piensa también Michael Mourissens, un bailarin belga que lleva toda su vida trabajando en Alemania. Especializado en documentación y video, oyó hablar del festival y este año decidió venir con la idea de conocer un poco más del contexto de la danza tradicional y contemporánea en Tanzania. Después de una semana conociendo a los bailarines dentro y fuera del festival, lo tiene claro: “¡para ellos, la danza contemporánea es una forma de baile que les permite contar historias!” Está documentando todo el festival con la idea de compartirlo y ofrecérselo, para que puedan tener un material propio.

Haba na Haba significa en suajili “paso a paso”, y esa es la actitud con la que encaran el futuro. Hombres y mujeres para los que la danza es una forma de expresarse, un modo de vida, y que gracias a este festival pueden relacionarse y compartir su experiencia con bailarines de diferentes partes del mundo.

 

Rocío Periago (Lorca, 1986). Viajera y contadora de historias. Toca el violonchelo y está en continua búsqueda de nuevos sonidos. Interesada en el mundo social y la sostenibilidad, colabora con Planeta Futuro, Altaïr Magazine o Revista Late, entre otros.