Damon Albarn y Africa Express acusados de neocolonialismo

“La colonización del siglo 21 está viva” 

Con este inflamable mensaje a través de su cuenta de Facebook, el artista sudafricano Petite Noir, incendiaba las redes sociales junto una fotografía –que fue borrada posteriormente– del contrato que Africa Express les hizo a él y a otros músicos de renombre como Spoek Mathambo o Zolani Mahola (cantante de Freshlyground), durante su último viaje a Sudáfrica. Inmediatamente, otras voces como la de la londinense Nabihah Iqbal, se sumaban a la polémica acusando al proyecto iniciado por Damon Albarn (líder de Blur o Gorillaz) en 2006 para lanzar las carreras de talentosos músicos africanos a escala internacional, de trato injusto a los músicos africanos.

“La gente debe saber qué hay detrás de la fachada de esta “organización benéfica” (…) a menos que nos arriesguemos a hablar sobre estas injusticias, las cosas nunca cambiarán”, decía Nabihah en un twitt la semana pasada.

Lo que denuncian algunos de los artistas que han participado en la última “expedición” de Africa Express al continente son las cláusulas de un contrato que, a pesar de haber grabado varias canciones para un álbum coral, cedería los derechos de autor de todos los artistas a cambio de 1 dólar. Es decir, a cambio de 80 céntimos de euro. “¿Cómo puede estar esto comprometido con apoyar la música en África?”, se lamentaba Nabihah en Twitter.

Zolani Mahola y Gruff Rhys en Johannesburg, durante el último viaje de Africa Express en Sudáfrica. Imagen del Facebook del proyecto.

Sin embargo, los organizadores de Africa Express respondieron, también a través de un comunicado público a través de su página oficial de Facebook, donde decían lo siguiente:

“Africa Express invita a músicos del Reino Unido, Europa y Estados Unidos a colaborar con artistas africanos y de Oriente Medio en espectáculos en vivo, eventos y grabaciones de álbumes para promover la música africana y de Oriente Medio. Hemos estado haciendo esto desde hace más de una década, trabajando con cientos de músicos brillantes.

Africa Express no se ejecuta para obtener ganancias. En la medida que pagamos todos los gastos de viaje, alojamiento y otros costos para que los artistas occidentales se unan a nosotros en los viajes, les pedimos que ofrezcan su tiempo como voluntarios. Pueden contribuir a nuestros costos si están dispuestos a ello. No les pagamos. Todos nuestros contratos son negociados, discutidos y acordados, no infligidos.

Los artistas en África son tratados de manera diferente, reflejando a menudo circunstancias diferentes. Les pagamos por su tiempo.

Nos aseguramos de que todos los beneficios obtenidos de las grabaciones, después de los costos, vayan a los artistas y la promoción de la música africana.

Acabamos de terminar una fantástica semana de colaboraciones que esperamos genere otro gran disco, como Maison De Jeunes, In C Mali y The Orchestra of Syrian Musicians, que beneficiará a los artistas intérpretes o ejecutantes que se unieron a nosotros y, con suerte, atraerá a muchos más oyentes hacia algunos maravillosos músicos”.

 

Con más de una década de trabajo en el continente, Africa Express ha trabajado con un increíble elenco de artistas y músicos africanos como Bassekou Kouyate, Amadou & MariamFemi Kuti, Fatoumata Diawara, Dele Sosimi, Daara J o Baloji. Y hasta la fecha, ninguno de ellos había expresado malestar en el trato recibido por el proyecto. Sin embargo, la polémica suscitada en las redes sociales evidencia muchas tensiones laborales desde el colectivo de artistas participantes en la última odisea, que deja abiertos algunos interrogantes bastante preocupantes.

Nabihah Iqbal y BCUC en Johannesburg, Gauteng, durante el último viaje de Africa Express. Foto de Denholm Hewlett.

Descoloniza tu iPod (I)

Abrir los oídos para abrir la mente. 

La música que proviene de África o de sus diásporas sigue formando parte, en gran medida, de los márgenes del consumo de música en Occidente. Damos por sentada la diversidad musical en nuestras emisoras de radio y en nuestras tiendas de música, como si fuera igual de sencillo escuchar punk de Botswana o Ethiojazz como probar comida italiana, tailandesa o libanesa. Pero no es así.

música africana

Imagen de Vain Sthlm.

No hace mucho tiempo, un famoso locutor de Radio 3 –la emisora de música alternativa de RNE–, me dijo sin ningún tipo de sonrojo que “el problema de la música africana es que sus melodías suenan demasiado diferentes a las nuestras”. Una postura esencialista y eurocéntrica hasta la médula que me dejó muda. ¿Falta de “modernidad” y “occidentalización”? ¡Viva la hegemonía Occidental! ¿Pero es que seguimos creyendo que todo “lo africano” es inferior y que el criterio de belleza occidental es el que prima? ¿Pero es que seguimos pensando que África vive aislada del mundo? ¡Lamentable!

Obviamos una y otra vez que el Blues o el Jazz que llenan de audiencias refinadas los principales auditorios de nuestras ciudades les deben todo a los esclavos africanos en las plantaciones del otro lado del Atlántico. Que el dancehall, el Reggae, el Funk, la Salsa, la música Disco, el Hip Hop, el House o incluso el Country tienen tanto de África como el Afrobeat…

A pesar de que voces como Stromae (de padre ruandés) o Michael Kiwanuka (de progenitores ugandeses) han arrasado el mercado del mainstream, el Afrotrap se ha hecho con las emisoras francófonas y los Afrobeats de Fuse ODG o Davido se han convertido en auténticos rompepistas en Reino Unido, la vanguardia musical del continente parece ausente. Residual y desconocida, si no oculta –por ese otro argumento que la censura por ser “demasiado poco africana”, sea lo que sea que eso signifique–, incluso entre los más inquietos melómanos. Y aquí, desengañémonos, no pierde África, sino los y las que nos encontramos al otro lado de la frontera. Otro síntoma más de la decadencia cultural de Occidente.  

Como sabemos, la música puede ser una herramienta muy poderosa para deconstruir etiquetas rígidas y romper corsés que mantienen las desigualdades e injusticias a través de la exclusión racial, lingüística o incluso sónica. Por ello, y con el objetivo de deconstruir y desconolizar nuestro ideario colectivo, iniciamos una serie que, siguiendo la estela de nuestro trabajo radiofónico en la emisora municipal de Madrid (M21) pretende reunir las novedades discográficas más variadas y suculentas que emergen desde África o desde sus diásporas. Sin prejuicios. Sin recelos. Para nutrir y descolonizar tu reproductor de música mes a mes.

Aquí nuestra selección de novedades discográficas de enero de 2018

LPs:

Toto Bona Lokua – Bondeko (19 de enero, No Format)

música africana Africa Musica Doce años después de su debut en colectivo, los miembros de este innovador e incomparable trío formado por el camerunés Richard Bona, el congoleño Lokua Kanza y el antillano Gerald Toto, aúnan sus virtuosas voces, guitarras rasgadas y atmósferas vaporosas para dejarnos, de nuevo, sin palabras. Con la brocha de oro del productor Laurent Bizot, Toto Bona Lokua pintan un lienzo de armonías vocales dulces e inmaculadas, cantadas en francés o en lingala con la misma naturalidad y fluidez que mezclan sentimientos como la melancolía o la euforia. Hipnotizante. 

Burna Boy – Outside (26 de enero, Bad Habit/On A Spaceship/Atlantic)

Música africana Africa

El cantante de reggae y dancehall nigeriano Damini Ebunoluwa Ogalu, más conocido como Burna Boy, presenta nuevo larga duración de doce pistas cargadas de rap y pop norteamericano de principios de los 2000. Bajo la etiqueta de “afrofusión” en la que se ha autodefinido el propio cantante, originario de la ciudad de Port Harcourt, nos regala piezas como la luminosa “Heaven’s Gate”, donde lo acompaña la cantante británica Lily Allen, y donde demuestra por qué junto a WizKid o Davido, Burna Boy es considerado uno de los principales embajadores musicales de Nigeria.

Mo’Kalamity meets Sly & Robbie – One Love Vibration (26 de enero,Sofia Thea Records)

Música africana AfricaLa cantante francesa de origen caboverdiano Mo’Kalamity regresa con un nuevo álbum realizado en Jamaica y fruto del encuentro musical con los legendarios músicos y productores jamaiquinos Sly y Robbie. Tras el éxito de su primer álbum “Warriors Of Light” (2007), y su consolidación con “Deeper Revolution” (2011) y “Freedom Of The Soul” (2013) junto a su banda, The Wizards, con este cuarto álbum titulado “One Love Vibration”, Mo’Kalamity se traslada a los Anchor Studio de Kingston, para presentarnos su cuarto álbum titulado “One Love Vibration”. Un trabajo de 9 cortes que se lanzó el 26 de enero y que son una oda a los “Reinos de África” (tema con el que abre el disco), a sus raíces y al amor.

Zaki Ibrahim – The Secret Life of Planets (31 de enero, Zaki Ibrahim)

Música africana Africa

La cantautora sudafricana afincada en Canadá, Zaki Ibrahim, acaba de lanzar su tercer álbum, ‘The Secret Life Of Planets’. Su último LP, ‘Every Opposite’, vio la luz en 2012, pero en 2016 su EP ‘Orbit’ ya anunciaba un giro en el estilo, profundizando en los ritmos más innovadores de la Sudáfrica de hoy. Ahora, el cosmos (de la experiencia humana) es el eje central de su música. No es casual que el lanzamiento de este nuevo trabajo coincidiera con la superluna, la vista más grande de la Luna que hemos tenido en 70 años. Con una Zaki profundamente conectada con la naturaleza humana tras perder a su padre y ser madre durante la composición del disco. El alma vintage y la atmósfera R&B supuran y sobresalen a los sintetizadores, que toman las riendas de un álbum impregnado de rap y house de la escena más underground de Toronto tanto como de las cadencias de kwaito de Ciudad del Cabo.

Sia Tolno – This Train (26 de enero, Dom disques)

Música africana Africa

La que se postuló en su día como una auténtica Diva del Afrobeat, la guineana Sia Tolno, nos sorprende con su 5º álbum. El cruce de estilos, lenguas y épocas quiere hacer de este trabajo el más internacional de los editados por la artista hasta la fecha, alternando rock, funk y electro y sumergiéndonos en la escena más bailable de Conakry. Con la mano del productor Nicolas Gueret, que ha trabajado previamente con gigantes de la música africana como Salif Keita, Touré Kunda, Khaled, Cesaria Evora o Papa Wemba, Sia Tolno evoca su carácter híbrido y su potencia vocal en 11 cortes que pretenden no dejarnos indiferentes.

Patrick Ruffino – Agoo (19 de enero, Music Development Company)Música africana Africa

El bajista y cantante beninés Patrick Ruffino, icono de la escena afro-parisina y productor de les Amazones d’Afrique, vuelve a traer al frente la escena retro del Cotonú de los 70′ en su 2º álbum ‘Agoo’. Lo que nos conmovió de la Orchestre Poly Rythmo se entrecruza ahora con los sonidos del Sahel, la música de Ghana –de donde era su abuela–, de Burkina Faso –de donde provenía su madre– o las tradiciones mandinga, para ofrecernos 10 perlas únicas que destilan su amor por el jazz, el funk, el soul o la música afrocubana.

Hama Sankare – Ballébé: Calling All Africans (26 de enero, Cleremont Music)

Música africana Africa

El maestro maliense Hama Sankare, percusionista y acompañante vocal del difunto Ali Farka Touré, presenta su primer y brillante álbum, ‘Ballébé: Calling all Africans’ o ‘Llamando a todos los africanos’. Tras más de cuarenta años de carrera musical con su Calabaza, esta joya de 11 pistas nos muestra como las guitarras del blues tuareg se mezclan con el techno sin alejarnos una pizca de la atmósfera más tradicional. Voces profundas y rock pulsante con sintetizadores hipnóticos que reúnen a una impresionante variedad de músicos. El primer disco en solitario de Sankare no decepciona.

Beautiful Nubia and the Roots Renaissance Band – Amunudun (3 de enero, EniObanke)

Música africana AfricaEl nigeriano Segun Akinlolu, más conocido como Beautiful Nubia o “Bella Nubia”, y su banda the Roots Renaissance, nos presentan su álbum Amundun, un LP de 15 cortes envueltos en una atmósfera retro y folk con alma pop, highlife y reggae. Sus letras, cantadas a modo de filosofía popular en yoruba e inglés, muestran otros matices de la música urbana africana contemporánea made in Lagos. 

EPs:

Cesária Évora – Carnaval de Mindelo (26 de enero, Lusafrica)

Música africana AfricaCon el Carnaval a la vuelta de la esquina, Lusafrica presenta un EP de 4 pistas regrabadas con la voz original de la mítica caboverdiana Cesária Évora. Con este trabajo, se quiere hacer honor al estilo musical del carnaval de Mindelo, celebrado en la isla de São Vicente de Cabo Verde, donde vivió Cesária hasta que falleció, el 17 de diciembre de 2011. Con nuevos arreglos festivos de Hernani Almeida, uno de los mejores guitarristas y músicos de la escena caboverdiana contemporánea, la discográfica francesa sigue recordando a la mujer que le dio la oportunidad de convertirse en uno de los mayores sellos discográficos en difundir músicas de África, especialmente, de Cabo Verde.

SINGLES / Sencillos:

Jacob Salem & Somkieta – Nanluli (12 de enero)Música africana Africa

El guitarrista y cantante burkinés Jacob Salem, más conocido como “el rey del Rock Mossi” nos regala un nuevo single junto al anglo-suizo Somkieta, que vuelve a barnizar de rock blues las tradiciones warba. ‘Nanluli’ –que significa “me voy a suicidar”– toma su nombre de una pieza que una mujer de 120 años le cantó a Jacob cuando era pequeño y vivía en la corte real de Mogho Naaba Kougri, donde ejercía de sirviente. Cantando en Mooré, la canción habla de la desesperación de un hombre que no puede pagar sus impuestos en la época colonial de De Gaulle. Poético y socialmente comprometido, este rock blues Mossi denúncia la injusticia que África sigue viviendo hoy, bajo el manto del neocolonialismo.

Aar Maanta – Halaalee (12 de enero)

Música africana Africa

El veterano músico británico-somalí Aar Maanta sigue avivando la llama de la música somalí y lanza un nuevo single con su “Halaalee Dhanto”, una modernización del Dhaanto tradicional, la música folklórica más popular de Somalia. Para la grabación del videoclip de este tema, Aar Maanta ha hecho un llamamiento internacional pidiendo que, ya sea individualmente o en grupo, la gente se grabe cantando ‘Halaalee’ con sus teléfonos móviles y subiendo los vídeos en las redes con el hashtag #HALAALEE. ¡Así que os animamos a participar!

Los sudafricanos Ladysmith Black Mambazo se llevan su 5º Grammy

La 60ª edición de los Premios Grammy 2018 han otorgado el laurel a Mejor Álbum de Músicas del Mundo a los sudafricanos Ladysmith Black Mambazo, por ‘Shaka Zulu Revisited: 30th Anniversary Celebration’, cuya versión original ya les valió su primer Grammy en 1988. Ésta es la 5ª vez que el grupo coral formado por Joseph Shabalala sube al podio de uno de los mayores eventos de la industria musical mundial.

Desafortunadamente, el álbum ‘Elwan’ de los tuareg de Mali Tinariwen, se quedó a las puertas de obtener el galardón, así como el álbum ‘Para Mí’ de Concha Buika. Los fantásticos recopilatorios ‘Bobo Yeye: Belle Epoque In Upper Volta‘ dedicado a la música retro de Burkina Faso y ‘Sweet As Broken Dates: Lost Somali Tapes From The Horn Of Africa‘, sobre la música de mediados del siglo XX en Somalia, también quedaron a las puertas del Mejor Álbum Histórico, y el primero, además, no consiguió el Premio a Mejor Presentación en Caja o Edición Especial Limitada al que optaba.

Otros artistas africanos que se quedaron a las puertas de poder celebrar un premio fueron Timaya de Nigeria y Stonebwoy de Ghana, que han participado en el álbum ‘Avrakadebra’ de la banda jamaicana Morgan Heritage con un “remix global” del clásico de Jimmy Cliff 1983 ‘Reggae Night’, y que estaba nominado en la categoría de Mejor álbum de reggae.

También optaba a Mejor Álbum Vocal Pop el británico Ed Sheeran, en cuyo álbum ‘Divide’ (÷) incluye la canción ‘Bibia Be Ye Ye’, en la cual Sheeran canta en Twi junto al británico-ghanés Fuse ODG.

El rapero Kendrick Lamar, quién ya había ganado tres premios anteriormente, se llevó el galardón a mejor álbum y a mejor desempeño de rap cantado, mejor canción de rap, mejor actuación de rap y mejor video, por su éxito de 2017 ‘Humble’. Cosa que arrebató el podio al video tributo a Miriam Makeba de la francesa Jain.

Al final del espectáculo, la cantante de country Emmylou Harris homenajeó a varios artistas que nos han dejado este año, entre los que se encontraban el recientemente fallecido Hugh Masekela. África también le rendirá tributo al genial padre del jazz sudafricano en el quinto All Africa Music Awards (AFRIMA), que tiene prevista su celebración en noviembre de 2018.

Hervé Samb alumbra un nuevo estilo: el «Jazz Sabar»

‘Sabar’ es una palabra wolof que refiere a una constelación de eventos culturales, ritmos percutidos y bailes representativos de la sociedad wolof y serer de Senegal. Principal lenguaje expresivo de los Dakarois (nombre con el que se conoce a los residentes de Dakar), ha pervivido a lo largo de los siglos como una característica sociocultural intrínseca en Senegal. Hoy, con 38 años y un largo recorrido musical por escenarios de todo el mundo, el virtuoso guitarrista senegalés Hervé Samb lo pone en el epicentro de su cuarto álbum de estudio, Teranga, que verá la luz el 9 de febrero de 2018, invitando al mundo a descubrir la cultura, la tradición y la danza “Sabar” revisada desde el Jazz.

Adaptando con originalidad y delicadeza temas como el Giant Steps, clásico de John Coltrane, y respaldado por Daara J, Faada Freddy o N’Dongo D, su reinterpretación del Sabar refleja un talento brillante y un deseo de modernización del repertorio de la música senegalesa a través del lenguaje jazzístico sin precedentes. Un trabajo que el compositor dedica a los ya desaparecidos Doudou Ndiaye Rose y Coumba Dieng Ndiouga.

¿Quién es Hervé Samb?

H.S.: Un niño que comenzó a tocar la guitarra a la edad de 9 años, en Dakar (Senegal) y se convirtió en un apasionado de la música. Comencé tocando blues y grabé mi primer álbum a la edad de 12 años, con mi primera banda en ese momento. Descubrí la música Jazz con 14 años, junto a mi mentor Pierre Van Dormael (que por entonces ejercía de profesor en el Conservatorio de Dakar) quien me dio todas las llaves que necesitaba para desarrollar mi talento. A la edad de 19 años, me mudé a París, mi mejor patio de recreo, donde tuve la oportunidad de tocar muchos estilos de música con muchas bandas. Es el comienzo de una carrera internacional entre París y Nueva York, acompañando al saxofonista David Murray, a los malienses Amadou y Mariam o Oumou Sangaré, a la cantante Meshell Ndegeocello, a la estrella jamaicana Jimmy Cliff o al jazzman Marcus Miller.  A través de este viaje, grabé tres álbumes que muestran mi evolución y colaboraciones: Cross Over (2008), Kharit (2011) y Time to Feel (2013). Ahora, he decidido utilizar mi experiencia como senegalés junto a todo lo aprendido en los últimos 20 años y desarrollar un nuevo concepto llamado «Jazz Sabar» con mi último disco: Teranga (Cristal Records, 2018).

¿Cuáles son tus principales inspiraciones musicales?

H. S.: Son muy diversas. Pero diría que mi fundación se basa en BB King, Jimmy Hendrix, Charli Parker o John Coltrane, y que mi inspiración senegalesa, mandingue y wassolou son Soriba Kouyate, Cheikh Tidiane Seck, Youssou Ndour y todos los instrumentos tradicionales.

¿Y qué significa para tí el concepto de ‘Jazz Sabar’ que impregna tu cuarto álbum?

H.S.: Es muy simple, es un jazz que tiene un lenguaje totalmente diferente, donde podemos usar los diversos ritmos provenientes del Sabar (percusión senegalesa típica) con la complejidad del Jazz. Donde también improvisamos armónica y rítmicamente usando el lenguaje Sabar. Donde acercamos la danza Sabar, que es indisociable de las percusiones, al Jazz.

Tu álbum se titula Teranga, que significa hospitalidad, fraternidad y compartir en wolof. ¿Como la cultura Sabar integra el Jazz en tu obra? 

H.S.: La Teranga es un valor muy importante para nosotros, las personas senegalesas. Este proyecto es una oportunidad para mostrar este valor a través de la música. La música senegalesa a través de sus estilos tradicionales, la danza y el sabar acogen y abrazan al jazz.

¿Cómo y cuándo comenzaste a interesarte por el Jazz? ¿De qué manera el Jazz, un estilo poco desarrollado en Senegal, penetra en tu vida?

H.S.: Mi padre solía escuchar música Soul y Blues y tenía un club de música en vivo donde tuve la oportunidad de compartir música en directo e intercambiar conocimientos con músicos profesionales, muy jóvenes. Así que, naturalmente, comencé por el Blues, que me llevó al Jazz un poco más tarde porque tenía mucha curiosidad. Por eso que a la edad de 14 años llegué al Jazz. Quería desarrollarme musicalmente, y el Jazz es una escuela esencial para cualquier músico en el mundo que quiera desarrollar su talento.

Hemos escuchado a grandes músicos influenciados por Jazz en África. Desde Mulatu Astatke y su Ethiojazz, hasta Abdoullah Ibrahim y su Cape Jazz… ¿Crees que el ‘Sabar Jazz’ puede ser tomado por los amantes del Jazz internacional como un nuevo subgénero y que esto puede atraer oídos occidentales hacia África, en este caso, hacia Senegal?

H.S.: ¡Eso espero! Es un nuevo género que está muy cerca de los músicos senegaleses y también de todos los amantes de la música senegalesa. Cada vez habrá más música que promocionará el Sabar y ayudará al mismo tiempo a la promoción del Jazz Sabar. Los músicos senegaleses de Jazz harán más y más discos. Y creo que a través de mi experiencia, todo está ahí para los oídos occidentales, el ritmo, sus hermosas armonías, su alegría, el romance, etc.

Tu agenda de conciertos te lleva por Suiza, Austria, Alemania o Francia de forma frecuente. ¿Dónde encuentras más público, en Europa o en África? ¿Y qué diferencias encuentras en la reacción de cada audiencia a tu estilo?

H.S.: En realidad, para mí da lo mismo, aunque haya diferentes reacciones. Cuando toco en Senegal, por ejemplo, realmente no necesito explicar nada porque conocen el lenguaje, incluso si nunca antes habían escuchado mi música. En Europa, me sorprende mucho ver que las personas entienden el mensaje y disfrutan descubriendo nueva música e instrumentos que nunca antes habían visto. Y eso me da la oportunidad de invitarlos a venir y descubrir nuestra «Teranga» a Senegal.

Dos obras infantiles inspiradas en África celebran la Navidad en el Teatro Español

Cada vez son más los espacios culturales madrileños que hacen un hueco a propuestas culturales africanas o afrodescendientes. Es el caso del Teatro Español que incluye en su programación navideña dos obras de teatro infantil: Mali y Sayo, de la Compañía hispano-marfileña Samadeni – Cultural Mandjani, que estará en Madrid del 22 al 28 de diciembre y Samabá Samadé, que se podrá ver en la capital del 29 de diciembre al 4 de enero. Ambas obras son dramaturgias de Marisa Llull y Kassoum Sanogo, creadores y directores de este proyecto escénico, y hoy nos regalan un ratito entre viajes, papeleos y ensayos para introducirnos en estos pequeños universos africanos.

Aunque ellos se conocen y trabajan juntos desde “hace mil años” fue en 2007 cuando decidieron fundar la Asociación Cultural Mandjani, una plataforma para la creación de proyectos artísticos, educativos y sociales relacionados con la cultura africana y que nació con el compromiso de cambiar la visión reductora que tenemos de África y reivindica el deseo de unión con su parte más vital y esperanzadora. Sobre estos cimientos se creó unos años después la Cía. Samadeni.

Foto: Orietta Geraldín

¿Cuál fue la chispa que originó la Compañía Samadeni?

ML: Surgió de una invitación de Javier Yagüe para realizar una obra de teatro infantil en el teatro Cuarta Pared. Enseguida me puse en contacto con Kassoum  y empezaron a surgir ideas: África, Costa de Marfil, elefantes… De ahí surge el nombre de la obra “Samabá, Samadé” (“Elefante grande, elefante pequeño” en lengua mandinga). Empezamos trabajando por teléfono, con todos los sinsentidos que conlleva, pero al final todo es transmisión oral, como en África. Podríamos decir que nació primero la función y después la compañía.

“Samabá, Samadé” es un espectáculo visual, musical y enérgico, que habla sobre la importancia que tiene la observación de la naturaleza para aprender sobre nosotros mismos. El Elefante es el hilo conductor para contar esta historia. ¿Por qué precisamente el elefante?

KS: En Costa de Marfil hubo un elefante que salió de la selva y llegó hasta el centro de la ciudad de Bouaké. Salió en todos periódicos, pasó realmente. A raíz de esa noticia surgió la idea principal de la función.

Foto: Julio Castro

En la obra se utilizan la música y la danza de Costa de Marfil, así como de la percusión corporal interactiva y otros elementos visuales para introducir a los espectadores en la cultura africana ¿Cómo se consigue amalgamar todo esto para que llegue a los niños?

ML: La dramaturgia es muy sencilla, pero muy eficaz para conectar con ellos. Se van introduciendo en la cultura africana de la forma más ancestral, a través de los tambores, los diferentes instrumentos, los cantos, la voz de Bintou Sanogo. Es algo que entra a través de los sentidos.

KS: Los niños forman parte del espectáculo. Queremos que los niños se lo pasen tan bien como nosotros. Les hacemos bailar, cantar, subir al escenario. La magia de conectar con los niños en el escenario es a veces difícil, pero lo hemos conseguido. Nosotros nos divertimos mucho y esa es la clave. A veces paramos el espectáculo para charlar con un niño y luego seguimos con el guión…

La obra comienza con una locución en lengua mandinga y sobre el escenario se  intercala con el castellano. ¿Cuál es la reacción de los espectadores más pequeños?

KS: Cuando salimos al escenario hablando mandinga los niños están más atentos porque no saben lo que decimos y cuando empezamos a hablar en castellano surge un “aaah vale, ahora entiendo”

ML: En realidad da igual que no lo entiendan, queremos que oigan el sonido, que vean que hay dos lenguas, diferentes sonidos y texturas. Es entrar en otro mundo de sensaciones.

“Samabá Samadé” se ha representado en muchos teatros madrileños y también habéis estado de gira por España. ¿Qué tal la experiencia?  

KS: Muy bien, sobre todo en Sevilla fue la bomba ¡las madres salían del teatro cantando!

ML: Aunque la historia es muy infantil, la mayoría de los padres tampoco están acostumbrados a las músicas y danzas mandingas de Costa de Marfil y les sorprende mucho.

¿Por qué hay que ir a ver “Samabá Samadé”?

ML: Porque es muy diferente del resto de obras de teatro infantiles que normalmente usan códigos muy definidos, muy convencionales. “Samabá Samadé” está fuera de todo eso. Lo que intentamos es crear mundos y cada miembro del equipo aporta muchísimo. Konan Koffi es una artista que tiene mucha delicadeza y cada espectáculo lo hace diferente. Bintou Sanogo tiene un gran corazón y transmite calor y bondad. Kassoum, además de ser un gran músico, es un gran actor.

Foto: Orietta Geraldín

 El segundo espectáculo familiar que Samadeni representarán esta navidades en El Español es “Mali y Sayo” que está inspirada en una historia africana. Sayo es una niña con dificultades para relacionarse con sus amigos. A través del encuentro con Mali, un hipopótamo con el que puede hablar, Sayo descubre dónde reside su verdadero poder y eso le ayuda a liberarse de sus miedos. Es un espectáculo poderoso e iniciático donde la danza, la percusión en vivo y el teatro nos confrontan con valores como la amistad, la autoestima y optimismo.

¿Cómo fue esta vez el proceso creativo?

ML: Muy distinto. Esta vez Kassoum quería contar la historia de “Mali y Sayo”, un antiguo cuento popular. De hecho Toumani Diabaté le dedicó una canción muy famosa.

KS: Si, “Mali y Sayo” es una canción que transmitían los griots con la kora. Las historias en África no están escritas y son los griots los que actúan como bibliotecas. Cuando mueren hay historias que van cambiando o se pierden. Esta canción cuenta la historia de la amistad entre una niña y un hipopótamo. Lo que la gente sabe es que la niña podía hablar con el hipo, que eran amigos y se entendían. Pero no sabemos el verdadero final de la historia, solo lo saben los viejos en África.

ML: Cogimos el principio como base y luego creamos un final. Además hemos añadido máscaras y más personajes.

Foto: Orietta Geraldín

La escenografía está especialmente cuidada ¿qué nuevos elementos habéis introducido?

ML: Hemos estado casi un año discutiendo y dándole forma. Yo buscaba algo muy esquemático y a Kassoum quería algo muy africano, pero sobre todo no queríamos caer en convencionalismos. Al final hemos llegado al término medio. Después de pensarlo mucho, porque supone un trabajo de creación largo y extenso, hemos introducido el vídeo con las ilustraciones realizadas y animadas por la artista Sara Ortiz Lull, inspiradas en nuestra historia y en el País Dogón. Los paisajes y personajes que aparecen son dibujos en movimiento, pero no están perfectamente acabados hay espacios en blanco para que sean completados por la imaginación de los niños. Todos aportan y construyen su propio espectáculo que así es más interesante y bonito.

KS: Los niños se integran y entran en el espectáculo, pero nosotros no les llamamos, entran solos y eso es fenomenal.

El espectáculo cuenta con varias máscaras, un elemento tradicional africano que habéis llevado a escena de una manera muy diferente. ¿Cómo lo habéis conseguido?

ML: Hay cinco máscaras en la obra y son elementos principales. La más importante es la del hipopótamo Mali realizada por el artista y diseñador Británico-libanés Sean Mackaoui. Konan Koffi da vida a Mali con esa máscara y le hace bailar, hablar y entablar una gran amistad con nuestra protagonista Sayo, interpretada por Bintou Sanogo.

KS: Yo mismo he diseñado y  fabricado la máscara del rey, que a los niños les encanta porque crece en le escenario. En ellas hay algo de contemporáneo y algo de tradición africana. En la obra que viene habrá más máscaras…

En vuestro espectáculo es primordial la música en directo, que interpreta el mismo Kassoum Sanogo.

KS: Uno de los principales elementos que componen la narración de “Mali y Sayo” es la música en vivo, la orquesta mandinga al completo con djembés, dundunes, Kalimba, tama, balafón, ngoni y otros instrumentos como el cajón y platos. En los espectáculos me dejo llevar mucho por lo que siento dentro del escenario, mi cuerpo me dice lo que funciona y lo que no. Ese sentimiento, esa intuición la tengo muy en cuenta.

TOP 10 Música Africana 2017

Por Chema Caballero (África no es un país) y Gemma Solés i Coll (Wiriko)

La cuenta atrás ha empezado para este 2017, que nos ha regalado infinidad de nuevas producciones musicales, efervescentes sonidos urbanos y deliciosas melodías para nuestro selectivos oídos, ávidos de buena música. Multitud de producciones de géneros diversos nos han ido llegando desde el Sur del Sahara. A veces, han trascendido sus fronteras, otras solo han conseguido llegar a audiencias locales. Pero durante todo el año, la(s) música(s) africana(s) nos han dejado prácticamente extasiados por su calidad, su originalidad y su diversidad. ¡Y queremos festejarlo!

Antes de empezar a celebrar que, un año más, seguimos en pie y sin poder dejar de mover ni las pestañas con el frenesí musical que nos llega del continente vecino, África no es un país y Wiriko hemos querido aunar esfuerzos para presentaros un subjetivo y retrospectivo TOP 10 con lo mejor de este 2017, para que hagáis sonar durante las comilonas navideñas, en la fiesta de fin de año o para que os acompañe durante los próximos días. Podéis escuchar esta pieza en formato radiofónico aquí o poneros la lista de reproducción de YouTube que os hemos preparado para después de cantar el “Fum, fum, fum” en familia.

El mejor regalo de todos para estas fiestas:

¡Compartir cultura!

  1. Elida Almeida – Kebrada (Lusafrica) – CABO VERDE

Dos años después de que debutara con su ‘Ora doci Ora margos’ (Dulces tiempos amargos), la que con solo 24 años de edad se ha postulado como la nueva voz de Cabo Verde, presentaba el pasado 20 de octubre: ‘Kebrada’. ‘Kebrada’, apodado así por el nombre de la región en la que se crió de pequeña, es una afirmación de la identidad africana más híbrida, y de las resonancias de ida y vuelta que tanto han marcado los sonidos del Atlántico negro. En él, Elida Almeida se consolida con una propuesta bien nutrida a base de ritmos caboverdianos como batuque, funaná, coladera y tabanka delicadamente aderezados con música latina. Una receta pegadiza tanto en sus himnos más bailables y festivos como en sus cortes más melancólicos, que no está exenta de crítica social. En la balada ‘Forti Dor’, uno de nuestros temas preferidos, Almeida cuenta la historia del joven que muere enmedio de una multitud. En ‘Grogu Kaba’, la voz de Elida se lamenta de las palizas que un bebedor de ron le da a su esposa tres veces al día… ¡Almeida llegó para quedarse!

  1. Kokoko! – Tokoliana (Ici Leble)  – REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

Tokoliana significa nos estamos comiendo los unos a los otros, en lingala. Es también el título del álbum presentación del colectivo Kokoko un grupo de la República Democrática del Congo asentado en Kinshasa, que fabrica sus propios instrumentos. Un trabajo cargado de pistas hipnóticas y mensajes políticos que nacen de la realidad que se vive en la RDC. Llaman a su sonido tecno kitueni o zagué, en lingala, a pesar de ello, se les cuela un toque punk. Detrás de ellos está el productor francés Débruit que les ayuda a dar el salto a la escena internacional.

El primer sencillo que nos llegó de este trabajo se titula como el LP y llegó acompañado de un vídeo dirigido por el cineasta alemán Makus Hofko que se fija en los pigmeos “por ser los perdedores de la sociedad congoleña, saqueados por las empresas madereras y despreciados por muchos en el país”, según comentó a la revista digital Nowness. Las imágenes fueron filmadas durante un ritual pigmeo llamado wale, que ocurre cuando una mujer da a luz a su primer hijo.

  1. Amazones d’Afrique – Republique Amazone (Real World Records) – ÁFRICA OCCIDENTAL

Este 2017, diez de las principales divas africanas de la canción de ayer y de hoy (entre ellas Angélique Kidjo, Mariam Doumbia de Amadou & Mariam o Nneka), se han unido para darle voz a las mujeres del África Occidental y cantar contra las desigualdades de género y contra el machismo imperante. Su álbum debut, ‘República Amazona’, es una de las bombas sonoras más sorprendentes y potentes que nos ha llegado a las manos en los últimos meses. Producido por Liam Farrell, salió a la luz el pasado 10 de marzo, dejando claro que la huella electrónica y las distorsiones Afrofuturistas que llevaron a la fama a Mbongwana Star el año pasado, eran una fórmula infalible. Ritmos frenéticos que no pierden la elegancia en ninguno de los cortes y donde destaca ‘I Play The Kora’, reivindicando que la mujer toma el timón (la Kora es un instrumento tradicionalmente tocado por hombres). El tema que más ha sonado en las pistas de baile, es inconfundiblemente ‘Dombolo’, con la beninesa Kidjo a su frente, cargando con la fuerza y el legado de las guerreras cotidianas del África: las mujeres. Una banda sonora perfecta para el año del #MeToo.

  1. Janka Nabay – Build Music (Luaka Bop) – SIERRA LEONA

Janka Nabay comenzó haciendo lo que luego se ha conocido como bubu electrónico, allá en los años 90 en Sierra Leona donde grabó algunas cintas que se vendieron muy bien. Bubu. Es una música tradicional tocada soplando cañas de bambú de distintos tamaños y acompañada de tambores, quizás una de las más antiguas de su país. La guerra hizo que Nabay abandonase su país rumbo a Estados Unidos donde se ganó la vida trabajando en hoteles y en restaurantes de comida rápida. Poco a poco ha comenzado a reconstruir su carrera musical junto a la Bubu Gang.

En marzo de este año publicaba un nuevo trabajo que lleva por nombre Build Music. A él pertenece el tema Sabonah (que se puede traducir por Esto es nuestro o esto nos pertenece, más o menos). Se trata de una canción que ya fue grabada en los años 90, en una de aquellas cintas que hizo en su país, y que ahora recupera y actualiza. Es muy interesante el vídeo que acompaña al tema dirigido por Wills Glasspiegel en colaboración con Benjamin Dominic y John Llori en Freetown.

La música bubu nos ha gustado mucho y por eso mismo su renovación nos atrae baste, quizás esta sea la única razón por la que este tema está aquí.

  1. Mokoomba – Luyando (Out Here Records) – ZIMBABWE 

Cinco años después de irrumpir en el mercado musical con el álbum ‘Rising Tide’, la banda juvenil más exitosa de Zimbabwe, Mokoomba (que significa ‘amor de madre’ en Tonga), ha vuelto a golpear este 2017 con un nuevo enfoque de su Zimrock y la rumba congoleña con matices mucho más acústicos, líricos, suaves, pero repletos de energía, con su nuevo LP ‘Luyando’. En él, han querido sintetizar la tradición sonora de su hogar, las Cataratas Victoria, cantando en cuatro idiomas zimbabuenses (Tonga, Shona, Luvala, Ndebele), además de en inglés, en un set que incluye consejos sobre cómo lidiar con leones y donde el agua de las Cataratas fluye cual sangre por las venas de sus miembros. Las armonías vocales y el tono relajado del disco, presentan un sonido orgánico y sin adulteraciones que desnuda la receta central de Mokoomba y nos hace descender a la cultura más arraigada de uno de los lugares más maravillosos del Planeta. Un disco reconstituyente para el año en que Mugabe deja el “trono” del país tras 37 años en el poder.   

  1. Elemotho – Beautiful World (Arc Music) – NAMIBIA 

Este álbum es una pequeña joya que profundiza en el alma del ser humano y la naturaliza. El compositor y cantante namibio comparte los recuerdos de su infancia, de esos cuentos que se narran alrededor del fuego en el desierto del Kalahari, recorre el destino del ser humano, saca esperanza de lo más perdido y belleza en la oscuridad. Canta en inglés y en varias lenguas de su país acompañado de varios instrumentos entre los que se encuentran la guitarra, el violín, el acordeón, la mbira, la conga…

El LP aborda la condición de hombre africano. Pero no se centra en lo negativo, como tantos otros hacen, en la opresión, sino que invita a los oyentes a tomar el control de su destino. Por ejemplo, en el tema del mismo título que el álbum canta el estribillo: “Tienes ojos, tienes una mente, tienes manos, lo tienes todo”. Sediegi (No te desvíes) es una versión de un tema funerario que repite: “una vida sin sueño es como un arroyo sin agua”. Kuruman habla de la migración… Todo esto se resume en el tema que sirvió de presentación a este trabajo, Balck man y que está marcado por una especie de mantra que el djembe rubrica y donde el espíritu de Fela Kuti o el Steve Biko están muy presente. El vídeo que lo acompaña tiene mucha fuerza y está cargado de imágenes muy provocativas de pobreza, violencia, dignidad, desigualdad económica y esquizofrenia espiritual para mostrar el imaginario del hombre negro en Namibia tras su independencia. Dice Elemotho que con esta canción quiere hablar de temas como verdad, libertad y dignidad, lo que en realidad caracteriza al ser humano.

  1. Ibibio Sound Machine – Uyai (Merge Records) – NIGERIA / REINO UNIDO

La nigeriana Eno Williams, alma mater detrás del explosivo proyecto Ibibio Sound Machine, vuelve a demostrarnos que lo suyo es crear tendencias en las pistas de baile con un cóctel que contiene afrobeat, jazz sudafricano, techno, indie, rock, makossa camerunés, funk y música disco con muchos sintetizadores. Su segundo álbum de estudio, ‘Uyai’, que significa ‘Belleza’, llega tres años después de su debut discográfico, y en él, la lengua Ibibio se convierte una vez más en un vehículo de denuncia social con letras que hablan de temas como el secuestro de Boko Haram a las niñas de Chibok y que tienen el empoderamiento de la mujer como eje central. Los doce cortes del álbum son un torbellino de beats que se viven de una forma mucho más orgánica en directo, pero que dejan espacios para el sosiego en pistas vaporosas que dan tregua a la taquicardia sonora. Un trabajo desde la diáspora londinense que muestra la necesaria aportación africana a las pistas de baile de todo el mundo. Todo un regalo en pleno Decenio Internacional para los Afrodescendientes.

  1. Mr. Eazi – Life is Eazi, Vol 1: Accra to Lagos (Starboy Entertainment) – NIGERIA / GHANA

No cabe duda de que Mr. Eazi se ha convertido en uno de los artistas más escuchados durante este año. Nacido en Port Harcourt, Nigeria, y residente en Accra, Ghana, se lanzó al mundo de la música como organizador de fiestas durante sus años en la Universidad de Kumasi. En 2013, presentó una mixtape con 13 temas, About to Blow. Uno de ellos, el sencillo Skin Tight, que se convirtió rápidamente en uno de los más escuchados. En aquel entonces, Mr. Eazi se definía como pionero de la música banku, una fusión de highlife y otros sonidos ghaneses con acordes nigerianos.

El 10 de febrero de este año presentó el álbum Life is Eazi, Vol 1: Accra to Lagos bajo los auspicios de su nuevo productor, Wizkid y su casa discográfica Starboy Entertainment. Se trata de un homenaje a las dos ciudades en las que se ha criado y desarrollado su talento artístico. El primer sencillo salido de él, Leg Over, ha sido todo un éxito, escuchándose por todas partes en el continente y fuera de él. Una canción en la que el artista se queja de que su chica está jugando con él pero tampoco parece importarle tanto mientras reciba su parte de amor (o sexo). Los otros sencillos salidos, hasta el momento, de este trabajo –Tilapia, In the morning, Fight y Business– no han tenido la difusión que este primer tema.

  1. Jupiter & Okwess – Kin Sonic (Glitterbeat Records) – REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

Cuatro años después de despuntar con su debut internacional, el veterano de Kinshasa, Jupiter Bokondji, ha lanzado su segundo y potente trabajo de estudio: una bomba de ritmos congoleños repletos de influencias del funk y el soul norteamericanos de los 70 y 80, con potentes guitarras distorsionadas y rugidos de voz que lo devuelven al podio de los más buscados para escenarios y festivales que ponen África en su epicentro. Damon Albarn y Gorillaz, tanto como Robert Del Naja y Massive Attack, siguen impregnando esta propuesta musical, que despuntó a escala global (y comercial) en 2013. Pero más allá de las influencias europeas, la música congoleña impera en este álbum tal como lo hacía en el documental Jupiter’s Dance que hace diez años lo descubrió a los melómanos más inquietos de Occidente. Energía en bruto denunciando la miseria política en República Democrática del Congo y mucho ‘Bofenia rock’ al servicio del baile, lo hacen uno de los discos indispensables de este 2017.

  1. Soul Bang’s – Cosmopolite (Rnb Boss Musik) – GUINEA 

Fue en noviembre de 2016 cuando el guineano Soul Bang’s ganó el premio RFI al artista africano revelación del año (este año ha recaído en el maliense M’Boulillé Koité). Así que 2017 ha sido el año de este artista que comenzó a rapear con 11 años y que hoy mezcla ritmos tradicionales con R&B a los que imprime un toque urbano. Como parte del premio, el artista ha ofrecido conciertos en la mayoría de las capitales africanas y, también, fuera del continente.

En marzo publicaba su tercer álbum, Cosmopolite. Fue presentado el 12 de febrero en el concierto que ofreció en su ciudad, Conakry, en la explanada del Palacio del pueblo. De él destaca el sencillo Faré Bombo M’bai. Un tema muy bailable que tiene de fondo una danza guineana conocida como Faré ghkni. Según muestra el vídeo no parece fácil de ejecutar, pero todo es ponerse a ello.

Guintche llega a Madrid después de deslumbrar Barcelona

Al sur de las islas Azores y al oeste de Mauritania, tiene lugar uno de los carnavales más coloridos, híbridos y grotescos de Cabo Verde: el Carnaval do Mindelo, en la isla de Sao Vicente. El espectáculo es el resultado de los atuendos brasileños con un toque portugués, mezclado con las prácticas criollas. Todo un cúmulo de elementos aparentemente antagónicos, tanto como parejos, que se convierten en la principal influencia de las actuaciones de Marlene Monteiro Freitas, coreógrafa y bailarina caboverdiana cofundadora de P.O.R.K y parte del colectivo Bomba Suicida desde 1997. Con su pieza Guintche, la artista visitará el próximo mes de enero Madrid.

Marlene Monteiro Freitas, bailarina y coreógrafa. Fuente: L’A CDC

Marlene Freitas conoció la danza y la música en su isla natal a través del ritual del carnaval. La experiencia le hizo empaparse de sus energías, colores y máscaras. Sin embargo, recibió otro tipo de aportaciones cuando estudió tanto en Bruselas como en Lisboa y trabajó para distintas personalidades de la danza. En el blog turco iDans destacaba: “Uno de los coreógrafos con los que me sentí muy cercana es Loic Touzé. Con el tiempo he adoptado sus métodos de trabajo y orientaciones. A pesar de ello, lo que fomenta mi imaginación viene de campos dispares: de un documental, una exhibición o un espectáculo de teatro. No sólo de la danza o del encuentro con otros coreógrafos”.

De esta manera, las obras de la bailarina y coreógrafa recogen las múltiples piezas de su identidad las cuales siempre encuentran la manera de hibridarse y transformarse. No sólo porqué hayan sido parte de su recorrido, sino porque son parte de su día a día. “Me gusta cuando hay una distribución de cosas que normalmente no pondríamos las unas al lado de las otras, pero como el teatro no es la vida, lo podemos hacer fácilmente. Es la ficción, y la ficción es un acto de libertad”, como comentaba en la revista francesa Femmes à Rennes (F.A.R).

Guintche, la obra que ya presentó en Barcelona este pasado noviembre, y ahora llega a Madrid, es también una construcción a partir de la combinación de elementos dispares. De hecho, Guintche es una palabra criolla caboverdiana que tiene dos significados: el nombre de cierto pájaro y una mujer prostituta. Además, como explicaba a F.A.R: “El término puede ser usado verbalmente para alguien que brinca de un evento a otro sin tomar una elección lógica y coherente”, lo cual evoca a los procedimientos para inspirarse que la artista explicaba.

En cuanto a la experiencia que la llevó a crear Guintche: “Asistí a un concierto de jazz cuyo cantante llevaba un bonito sombrero. En un momento, el cantante se sentó en un banco, y mientras escuchaba a los otros músicos, él permaneció estático. Fue ese momento, en el que estaba escuchando, que me movió profundamente. Supongo que serían las luces, pero aquella situación tuvo un impacto emocional en mí. Dibujé al cantante sentado en el banco como recordatorio de aquel preciso momento”, narraba en la revista de TimeOut New York.

El nombre de su espectáculo y la experiencia del concierto parecen muy dispares. No obstante, la bailarina destaca que entre el concierto y el dibujo hay un eje vertebrador: la intensidad. La misma intensidad con la que vivió el Carnaval do Mindelo en su infancia y con la que brinca de evento en evento, de lugar a lugar. Asimismo, en cuanto a los elementos que estructuran la pieza, la bailarina destacaba en F.A.R: “Guintche es un ser, una figura o una condición del presente”.

Marlene Monteiro Freitas durante su espectáculo Guintche. Fuente: Festival International des Arts de Bordeaux Métropole.

Con esa fuerza y mirada al presente, durante la hora de actuación, Marlene Freitas expone la contradicción identitaria que la acompaña: ¿Cómo ser alguien distinta a ella que a la vez es fiel a sí misma? La cuestión la acecha a través de movimientos repetitivos de la parte baja de su cuerpo, muecas exuberantes, deformaciones faciales, la transformación del maquillaje de su rostro, cuerpos pintados de negro y blanco que la escoltan y mediante la mezcla transgresiva de los códigos de belleza y fealdad.

Como recalcaba la crítica Ester M. Gonzalez tras el paso de Marlene Freitas por Barcelona: “La bailarina, nos va a transportar a su enigmático origen, mediante sus gestos y sus movimientos. En apariencia, los gestos faciales, no son percibidos como una forma de baile, sin embargo, en esta propuesta, se pone en evidencia, que sí son útiles, para transmitirnos la esencia de lo que se nos quiere explicar”.

“En Guintche todo es cuestión de impureza, de infierno y de paraíso”. Fuente: Joana Patita.

La obra, que se creó en 2010, ya tiene 7 años de rodaje. Pero como explicaba a la revista francesa: “Creo que los espectáculos ocultan siempre secretos, que es necesario descubrir poco a poco, paso a paso. Bailar se convierte en caminar al lado del público, por que se trata de bailar con la pieza. A veces es como un número de circo, la puedo repetir durante muchos años, pero puedo tener siempre un aterrizaje sorprendente”. De este modo, Guintche deviene una escultura de cera que se funde, se solidifica, se rompe y cambia de forma durante los años.

Así, os animamos a asistir al continuo proceso de transformación de Guintche el miércoles 17 y jueves 18 de enero en Teatros del Canal de Madrid. Además, no sólo tendrán el placer de verla en acción sino también de escucharla durante la conversación con Manuel Segade (director del Centro de Arte Dos de Mayo) el miércoles tras finalizar la primera función.

La Tchame, la nueva rompepistas de Gabón

En Gabón, los ritmos más bailados son el hip hop o el afrobeats, la música nigeriana que ejerce una gran influencia dentro y fuera del continente africano. Esto explica que después de haber quemado las pistas con el Bôlô, el Jazzée, el Ndem, el Affro Mabe y la Zyeute dance los escenarios dejen paso a la Tchame o también conocida como Ntcham. Esta es la danza urbana que los últimos años se ha extendido desde los bares y calles del barrio de Akébé de Libreville, a los distintos espacios cotidianos y festivos del resto del país. Y a ella le dedicamos la pieza de hoy.

Crazy Designe Danse Gabon, los referentes gaboneses de la Tchame en internet. Fuente: YouTube

La Tchame se crea en 2013, en un escenario político que confronta a diversos sectores de la población:

  • A nivel económico, el 20% de la población gabonesa está en paro, cuyo 35% representa los/as jóvenes. Esto lleva a la población a cuestionar la distribución de las ganancias en la venta del petróleo.
  • A nivel social, la censura hacia artistas de hip-hop se multiplica y las prometidas reformas en la educación no hacen más que aplazarse.
  • Por último, a nivel artístico y cultural, el presidente Ali Bongo, ignorando las danzas urbanas creadas por los y las jóvenes gabonesas durante los últimos años, priorizó apoyar durante el primer Festival Internacional de Libreville danzas extranjeras como la samba brasileña. Dicha elección fue promovida por intereses políticos del gobierno y costó más de 5 mil millones de CFA (7,5 millones de euros) a los/as gabonesas.

La Tchame nace pues, en un contexto crispado sobre todo entre la población juvenil. Así, puede entenderse que en sus orígenes tchame significara “enfrentamiento” o “pelea” en argot juvenil. Es por ello que se trata de una danza que simula gestos de combate, como por ejemplo: patadas, puñetazos, posiciones de defensa y amenazas al ritmo de músicas generalmente lentas. Giggaboy, bailarín gabonés residente en Accra (Ghana), nos explica que en Gabón: “En el proceso de creación, elevar los puños y simular golpear algo fueron los movimientos esenciales para la inspiración del nombre de Tchame”.

No obstante, en cuanto a las influencias de los movimientos, el bailarín gabonés nos comenta que: “De hecho, la Tchame teje enlaces y mantiene movimientos enérgicos de base que antes de ser desarrollados, están más cerca de la salsa cubana y del deporte de combate Kick boxing japonés que de otras danzas gabonesas”. Lo cual cobra sentido por las relaciones del gobierno gabonés en términos de salud con Cuba que es evidente por la presencia de médicos/as cubanas en el país, y las relaciones de cooperación económica entre Japón y Gabón así como el cada vez más presente cine japonés.

Giggaboy: “Todo el mundo siempre me ha conocido como bailarín de Bôlô, que fue mi primera pasión, de Krump y de Hip-hop Ballet Coreografiado”.

A partir de estas influencias exteriores pero con la elaboración local: “La originalidad se encuentra en los ghettos de las ciudades, en manos de jóvenes sin recursos que no conocemos. Después, artistas que tienen el poder de mediatizarlo se aprenden los pasos y se apoderan de ellos, muchas veces ignorando los nombres originales”, nos cuenta Giggaboy expresando su decepción en los procesos de descontextualización. Él defiende que los pasos y las danzas nacidas con una intención concreta en Gabón deben de mantenerse siempre vivas.

Por esta falta de medios, dicho proceso de construcción es silenciado durante un año desde su creación. No es hasta el 2014 que la Tchame se populariza a través del artista gabonés J-Rio llevándola a las pantallas. Se trata de un proceso que repite, pues él también asumió la divulgación del Ndem. El cantante visibiliza los movimientos en el videoclip de “La Mini-Nga” con la actuación de un niño con una expresión muy seria y, pocos meses más tarde, mediante el desafío viral “Ntcham Video Challenge” dónde gaboneses y gabonesas de distintos rincones del mundo bailaban la Tchame.

No obstante, “El movimiento de la Tchame no es demasiado conocido alrededor del mundo. Cabe decir que además está aún en desarrollo, es una danza que puedo afirmar que cada dos o tres meses cambia y evoluciona muy rápidamente por la simple razón que los gaboneses crean movimientos y pasos cada instante. La inspiración es muy fuerte”, relata el bailarín residente en Accra mostrando una sonrisa de orgullo.

Esta situación se debe a que, por una parte, muchos/as gaboneses/as de la diáspora, especialmente los/as bailarines/as, no acostumbran a practicar la Tchame como danza completa y variada, sino como un único paso a pegar en coreografías hibridas. Así, la diáspora es cómplice a menudo de la corta vida de las danzas urbanas gabonesas. Por otra parte, esto les lleva a olvidar la constante regeneración de los bailes urbanos, ya que: “las modificaciones se comparten en los bares y las discotecas. De hecho los bares en Gabón han sido siempre los espacios de encuentro de los jóvenes de las calles” declara el bailarín.

Al corriente de las nuevas creaciones, Giggaboy, en representación de una parte de la diáspora gabonesa dedicada a la danza, expresa: “Es cierto que los gaboneses ponen el peso de la promoción de las danzas en la diáspora, y personalmente es por ello que actualmente trabajamos en ello. En Ghana estoy teniendo el placer de compartir con algunos profesionales de la danza la riqueza artística de mi país, y es así como me gustaría seguir para hacer notar la identidad gabonesa entre la efervescencia del Azonto”.

Asimismo, con ejemplos como Giggaboy en Ghana y demás profesionales de la danza en otros continentes, los bailes y la identidad artística gabonesa encontrarán un lugar entre las pistas.

S.O.S. La danza contemporánea senegalesa en peligro

El reconocido festival Duo Solo Danse, que debe celebrar su 10ª edición, peligra por falta de fondos como ocurre con otro referente de la danza contemporánea: L’Ecole des Sables de Germaine Acogny

A comienzos de este año 2017, la conocida como “madre de la danza africana contemporánea”, Germaine Acogny, lanzaba un grito desesperado para salvar L’Ecole des Sables, institución que ha educado, inspirado, animado y reunido bailarines y coreógrafos de toda África y de todo el mundo en el pequeño pueblo senegalés de Toubab Dialaw.

L’Ecole des Sables en Toubab Dialaw (sur de Dakar)

Artistas y agentes culturales del continente se preguntaban cómo podía ser que este lugar histórico, creado por la Germaine Acogny de la escuela Mudra Afrique y que ha a sus 73 años sigue siendo una verdadera embajadora de la danza y cultura africana en todo el mundo, estuviese en peligro por falta de fondos. Durante sus 20 años de existencia, este Centro Internacional de Danzas tradicionales y contemporáneas ha sobrevivido gracias a subvenciones de instituciones extranjeras lo que le ha permitido ofrecer formaciones gratuitas a bailarines africanos realizando una impagable labor de profesionalización del sector. Pero las ayudas estatales siempre han sido una promesa en el horizonte, incluso  en el Año de la Cultura decretado por el presidente senegalés Macky Sall.

Las autoridades senegalesas son sensibles al trabajo que hacemos no solo como embajadores de nuestra cultura al extranjero sino también como actores económicos en el país –la escuela da trabajo a un centenar de personas en el pueblo- y en la promoción del turismo cultural, pero esto no tiene una correspondencia económica”, explica Patrick Acogny, Director general y artístico de L’École des Sables.

Hoy, a finales de este fatídico 2017 el sector vuelve a pasar por una situación difícil. Al otro extremo del país, en Saint Louis, el consolidado Festival Duo Solo Danse, sufre problemas de financiación para sacar adelante la edición de su décimo aniversario, lo que ha obligado a movilizar amistades y simpatizantes a través de una campaña de micromecenazgo de 7.600 euros que pueda salvar el evento.

Cartel de la 10a edición del festival 2018

En sus nueve ediciones anteriores, el festival ideado por el bailarín Alioune Diagne y ejecutado por el equipo de la Compagnia Diagn’art, ha conseguido no solo reunir en un mismo escenario a artistas reconocidos del continente, sino ofrecer una plataforma a nuevos talentos que pueden recibir master class e intercambiar con figuras consolidadas a nivel internacional.

Cada tarde después de comer artistas y público interesado se reúnen en el mítico barco Bou el Mogdad para debatir, alrededor de un ataya (té que se toma tradicionalmente en Senegal) sobre las particularidades tanto técnicas y artísticas como filosóficas de las piezas representadas el día anterior.

El pasaje de Nora Chipaumire (Zimbawe), Salia Sanou (Burkina Faso), Panaibra Canda  (Mozambique), Marcel Gbeffa (Benin) o Aida Colmenero (España) son algunos de los momentos fuertes del histórico del festival, que en 2015 acogió los encuentros coreográficos de la plataforma regional Danse, l’Africa Danse!, un programa de acompañamiento a la creación juvenil en África del Oeste.

Sesión de debate entre publico y artistas en el Duo Solo. Ruth Roukema

Desgraciadamente, un festival de este tipo no puede vivir sin subvenciones. Aunque tenemos muchos sponsors y socios que nos ofrecen servicios gratuitamente, lo que nos ayuda mucho, siempre se necesita un dinero en metálico para pagar vuelos y retribuir aunque sea simbólicamente a las compañías”, explican desde la organización.

Aprender a amar la danza contemporánea

Uno de los objetivos que persigue el festival es el de crear un nuevo público interesado en la danza contemporánea, y para ello la estrategia es entrar en los barrios en su búsqueda. A través de la actividad Cours Parcours (juego de palabras que significa paseo por los patios o de patio a patio) los vecinos de los barrios periféricos de Saint Louis reciben a los bailarines del Festival en escenarios inimaginables interpretando piezas que normalmente apelan a la interacción con el espectador. La organización estima que más de 20.000 personas participan cada año en alguna de las actividades del festival.

Espectáculo de calle en el Duo Solo. Elise Fitte-Duval

La danza contemporánea conlleva un trabajo de educación del público para que la aprecie y entienda que no está en contradicción con la tradición, como muchos pueden pensar”, opina Patrick Acogny.

Los jóvenes de hoy en día tienen ganas de crear según su identidad múltiple, que bebe de fuentes tradicionales pero que se conjuga con la cultura urbana, moderna, ciudadana, y por eso se reconocen en estos estilos”, dice Maaike Cotterink, directora general del Duo Solo, “pero tienen que conocerlos”.

Con este objetivo, este año el Duo Solo Danse también pondrá el acento en el público joven, con un programa en diez escuelas primarias de la ciudad durante los días del festival.

Hemos conseguido que se espere el festival, no solo un público elitista culturalmente, sino también los jóvenes de la calle, la gente de los barrios”, explica Cotterink.

Creer en el arte como factor de cambio social

No cabe duda de que el arte es un factor de cambio social, y en este sentido la labor de estas dos instituciones de promoción de la danza han jugado su rol.

El Festival nos ha permitido reagrupar a muchos jóvenes que se encontraban sin trabajo, sin formación, y nos ha permitido acompañarlos y ofrecerles posibilidades de formarse y visitar otros países, de encontrar a otra gente y sobre todo tener una ocupación”, dice Alioune Diagne.

Alioune Diagne, director del Duo Solo, en escena. Elise Fitte Duval 2015

En el plano nacional, el Festival Duo Solo ha contribuido a hacer la ciudad de Saint Louis más atractiva para residentes y visitantes, visibilizando el potencial artístico de la juventud senegalesa e impulsando a la profesionalización del sector. Además, ha forjado la sede del festival como un dinámico centro cultural, conocido como Le Chatêau (El Castillo), que desde 2015 trabaja durante todo el año en la promoción de los géneros artísticos urbanos.

Los artistas pueden encarnar la posibilidad de que un cambio es posible”, sentencia Ruth Roukema, productora del Festival de Saint Louis.

Por su parte, en los 20 años de andadura L’Ecole des Sables, Patrick Acogny señala que los mayores cambios que ha visto en el sector son en relación al incremento de la participación de las mujeres como creadoras, “ya no ven el casarse o tener hijos como un obsctáculo a su desarrollo artístico y profesional” y también sobre la aceptación del oficio de bailarín por parte de la sociedad.

En el ámbito institucional, Acogny señala como indicador favorable de la evolución del sector la promesa de creación de un Fondo para el Desarrollo de la Danza para 2018, al imagen del FOPICA en el ámbito del cine, que apoyará a estructuras y creadores.

Apertura de la 8a edición del festival Duo Solo Danse en El Centro cultural Le Chateau. Elise Fitte-Duval

Mientras no llega, ambas estructuras siguen imaginando cómo diversificar ingresos, abriéndose no solo al profesional sino también al gran público, por ejemplo, o contemplando realimentar sus actividades con otras de divulgación, promoción o  comerciales que puedan generar ingresos etc. Pero siempre llevando por bandera su activismo por una cultura de la danza africana de calidad, profesional y de libre acceso al público.

Para contribuir:

Festival Duo Solo Danse: https://onepercentclub.com/en/projects/festival-duo-solo-danse-10/

L’Ecole des Sables: http://ecoledessables.org

Songhoy Blues: “la música debe ser un factor de unión, de reconciliación, de paz y de amor”

Songhoy Blues es una de esas bandas con una historia digna de ser contada. Originarios del norte de Mali, Garba Touré, Aliou Touré y Oumar Touré, que no tienen ningún tipo de parentesco a pesar de su apellido, se conocieron en Bamako como exiliados después de que, tras la rebelión tuareg de 2012, Ansar Dine, grupo extremista vinculado a AQMI, tomara el control de la región y prohibiera la música a sus habitantes. Con la idea de mantener viva la tradición musical Songhai del norte del país tanto para ellos como para los demás exiliados, se juntaron y empezaron a hacer conciertos en las salas de Bamako. Con el tiempo se les unió el baterista Nathanael Dembéle y juntos, publicaron su primer álbum en 2015 llamado Music in Exile, a la vez que protagonizaban el documental They will have to kill us first. Este año ha visto la luz su segundo álbum Résistance y hemos podido conversar con Aliou Touré, cantante de Songhoy Blues, días antes de sus conciertos en Madrid y Barcelona en el marco de la gira mundial del grupo.

N.L: Conociendo la historia de Shongoy Blues y después de veros en el documental They will have to kill us first, ¿que se siente como músico cuando la música se prohíbe?

Como músicos ha sido un golpe muy duro, sobretodo teniendo en cuenta la importancia de la música en la cultura de Mali. Venimos de un país en el que la música está incrustada en el tejido social y cultural, e impregna la vida diaria de las personas. La prohibición de la música nos metió de lleno en una realidad muy difícil de soportar. La música es nuestro trabajo, pero también nuestra vida, nos quitaron una parte muy importante de nosotros, una parte de nuestra alma.

N.L: ¿Habéis vuelto al norte de Mali desde entonces?

Sí, por supuesto. Hemos podido volver y cuando no estamos de gira vamos a visitar a la familia.

N.L: Résistence es el título de vuestro nuevo álbum. ¿Os referís a vosotros o al conjunto de vuestro país?

Buena pregunta. Nosotros, personalmente, como grupo y como personas que hemos vivido una situación difícil, hemos resistido y seguimos resistiendo, pero no olvidamos que somos portavoces, mensajeros de nuestro pueblo, un pueblo que también resiste, todo el mundo en Mali ha resistido y resiste a las dificultades del país. De algún modo, este nuevo álbum es una continuidad respecto a nuestro álbum anterior (Music in Exile, 2015), entre lo que pasó en Mali en 2012 y lo que sigue pasando hoy en día en el mundo. Es algo que no concierne únicamente a Mali, ni a África, concierne al mundo entero, debe ser una resistencia global.

N.L: ¿De qué hablan las canciones de vuestro nuevo álbum?

Lo que queremos transmitir principalmente es la resistencia ante las situaciones difíciles, también de la vida cotidiana. Todo el mundo sabe que en Mali la vida es difícil, pero intentamos salir adelante a pesar de ello. Hay que tener en cuenta el lado bueno de las cosas para vencer el miedo. En Bamako, por ejemplo, a pesar de las dificultades, si sales por la noche hay mucho ambiente, mucha música, la gente tiene ganas de celebrar la vida e invitar a todo el mundo a estar unido, independientemente de las diferencias de etnia, color, cultura o de la lengua que se hable, y también queremos transmitir ese ambiente festivo en nuestras canciones, como por ejemplo con el tema Bamako.

N.L: ¿Cómo ves el futuro de Mali?

Hay que plantearse las cosas, ver qué es lo que no ha funcionado y lo que sí ha funcionado. Ser conscientes de lo bueno y de lo malo, hablarlo. Prefiero ser positivo en cuanto a nuestro futuro y el de nuestros jóvenes, tenemos que serlo. Y quiero ver un país que sale adelante a pesar de todo.

N.L: ¿Cuáles son los proyectos de futuro de Songhoy Blues?

Tenemos varios proyectos en Mali, pero de momento nos concentramos en nuestro rol de embajadores de nuestra música y nuestra cultura. Nos tomamos muy en serio este papel y el mensaje que queremos hacer pasar con nuestro trabajo.

N.L: ¿Cuál es exactamente ese mensaje que os gustaría que llegara al público?

El mensaje más importante es que la música debe ser un factor de unión, de reconciliación, de paz y de amor sin importar la cultura, el idioma o la religión de cada uno. Queremos que la gente sonría al escuchar nuestra música, que disfrute. En nuestros conciertos es la sonrisa del público lo que buscamos y lo que queremos ver.

Sorteamos 2 entradas dobles para ver a Les Filles de Illighadad en Barcelona y Madrid

¡El avant-rock de Les Filles de Illighadad aterriza en Barcelona y Madrid! Este trío de mujeres originarias de Illighadad, Níger, tiene sus raíces bien cimentadas en el folk nigerino, y destacan por sus inconfundibles riffs de guitarras, voces polifónicas, percusión tradicional y un sonido orgánico y atemporal. ¡Y estamos sorteando 2 entradas dobles para que acudas a una de sus próximas citas en Barcelona o Madrid!

El lunes 20 de noviembre, les Filles de Illighadad se suman al ciclo Caprichos de Sala Apolo de Barcelona y el martes 21 en Moby Dick Club de Madrid para presentarnos su primer álbum de estudio «Eghass Malan», que acaba de editar la discográfica Sahel Sounds el pasado 28 de octubre de 2017. Se trata de un álbum grabado durante su primera gira europea, que está lleno de canciones de amor y elogios al desierto, una celebración a su pueblo y origen, y un canto a la tradición.


En Barcelona, Les Filles de Illighadad estarán acompañadas por nuestro amigo Dj Diego Armando (@riembauet), un habitual en las cabinas de Barcelona y que ha pasado por festivales como Sónar, Faraday o Black Music Festival. El selector abrirá el show con uno de sus sets de ritmos africanos y electrónicos. En Madrid, abrirá el concierto el guitarrista Mdou Moctar, otro de los nombres consolidados que han internacionalizado la tradición y música Tuareg en los últimos años.

¿Cómo conseguir tu entrada doble para ver a Les Filles de Illighadad el lunes 20 de noviembre en el Apolo de Barcelona o el martes 21 de noviembre en Moby Dick Club de Madrid?

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¡Mucha suerte!

Derek Gripper: “Escuchar ‘Kaira’ fue como encontrar el santo grial”

Hace casi 30 años el virtuoso de la kora, Toumani Diabaté, lanzó su primer álbum en Occidente. Un trabajo en solitario titulado “Kaira”. Cuando el guitarrista sudafricano Derek Gripper escuchó el disco, su búsqueda finalizó. No sabía que rastreaba pero lo había encontrado.

“Estoy entre dos culturas en cierto modo. Aprendí a tocar música clásica pero vivo en un lugar que cuenta con un elemento trascendental. La música que exploraba con anterioridad eran los sonidos del Cabo pero echaba de menos otras músicas. Y de repente escuché a Toumani y me dejó sin palabras”, explica Gripper en una charla con Wiriko en Londres.

Y comenzó un largo camino. Gripper es una esponja musical. Absorbe y su currículo lo ha trasladado a aromas, paisajes y sonoridades ricas y diversas. Buscó los sonidos de la India en su álbum “Rising” junto al trompetista Alex van Heerde y se sumergió en la música tradicional pakistaní y afgana en su colaboración con Udai Mazumdar. Se atrevió con Bach y en 2014 tomó los temas de Egberto Gismonti para indagar en la música brasileña. “Kaira” abrió las puertas de un proyecto sin embargo mastodóntico. La misión de Derek Gripper fue la de crear un repertorio para guitarra basado en las composiciones de los grandes músicos africanos como Toumani Diabaté, Ballaké Sissoko y Ali Farka Touré. La traducción musical de la kora, el instrumento de 21 cuerdas del África occidental, a las 6 cuerdas de su guitarra acústica parecían imposible. Pero Gripper se empeñó y el resultado de su disertación sonora fue el disco One Night on Earth: Music from the Strings of Mali publicado en 2012.

Al principio Gripper reconoce que aprendió a reproducir los sonidos de la kora pero no entendía la complejidad de las composiciones. Comenzó a escribir los acordes y partituras en interminables horas de práctica pero la dificultad era hacer que la guitarra replicase a la kora.

“En “Kaira”, Toumani Diabaté grabó Jarabi y 20 años más tarde en las “Mandé Variations” toca Cantelowes. Descubrí que eran la misma pieza. Comprender que las composiciones no eran improvisadas fue como encontrar la Piedra Roseta”, explica Gripper quien al transcribir ambos temas vio cómo Diabaté sólo había cambiado el orden. “Me llevó 10 años para acceder a Toumani y pensar su música de una forma correcta. La manera de la que hablamos de su música es con un el mismo léxico que aplicamos al jazz o al rock pero hay que pensarlo como un compositor”.

El trabajo de Gripper ha desmontado la burbuja purista de la música clásica. Interpreta, que no versiona, temas populares. “No pensamos que Glenn Gould toca una versión cuando toca a Bach. Pensamos que lo está interpretando”, apunta. Gripper explica que en la actualidad hay intercambios musicales que no pueden ser ignorados como el de Ballaké Sissoko y Vincent Segal. “Ellos rompieron la barrera entre la música clásica y la popular o llamada música del mundo. Es muy difícil que en recitales de música clásica haya participación de músicos populares”.

Pero Gripper está en una misión de celebrar a los grandes de la música africana y los ha llevado a nuevas audiencias. “Desde el punto de vista musical, Toumani Diabaté es un compositor como se denominaría en la música clásica. Los malienses aprenden a través de grabaciones y así lo hizo Toumani de su padre. Bach habría grabado sus composiciones si hubiera podido. Pensamos que una partitura es como algo que otorga superioridad pero es simplemente una manera más de anotar una composición. Ahora un estudiante graba sus clases en un teléfono móvil”, explica.

Toumani Diabaté escuchó las interpretaciones de Gripper. Le preguntó a su productora Lucy Durán si aquello era solo una guitarra tocada por un hombre. Ante la afirmación de Durán, el maliense invitó a Gripper a viajar a Malí por primera vez y tuvo la oportunidad de tocar en el Festival de Festival de Música Acústica de Bamako. El guitarrista sudafricano ha continuado con su estudio de la kora y con su álbum “Libraries on Fire” incluyó también composiciones de Sekou Batourou Kouyate y Amadu Bansang Jobarteh. “Mali on Oak” es su último trabajo hasta la fecha y es una colaboración con el músico Tunde Jegede.