Qudus Onikeku: «Las personas más globalizadas del mundo son los africanos»

Hasta la irrupción de Black Panther en 2018, todas las producciones hollywoodienses habían retratado África como un continente rural y encerrado en sí mismo. El argumento del África salvaje previa a la llegada de los europeos, aún reconocible hoy en gran parte de la estética occidental, se ha reflejado así en un vacuo urbano, o en el mejor de los casos, mostrando ciudades caóticas y pobres. Ni huella de la Tombuctú que el National Geographic describía como la París de la Época Medieval. De las cosmopolitas ciudades swahilis y su poderío comercial desde el siglo VIII. Occidente ha borrado la historia urbana africana precolonial para construir una ficción hoy tan arraigada en el imaginario occidental como los prejuicios, el racismo y la ignorancia con los que miramos hacia el continente y, en especial, hacia sus sociedades y culturas.

Mientras tanto, África ha pasado de tener cerca del 14% de población urbana en la década de los años 60 a estar a punto de obtener mayoría urbana. Además, todos los pronósticos apuntan a que el Sur del Sáhara albergará la mayor parte de megaurbes del mundo para 2100. Así, Lagos, Cairo, Dar Es Salaam, Johannesburgo o Kinshasa, acogerán a más personas que Nueva York en menos de un siglo. Pero hay un dato que aún se nos escapa, y es que a escala internacional, las diásporas africanas alrededor del Planeta ya habían construído, con su presencia, una suerte de aldea africana global que está cambiando el propio significado, no solo de África, sino de la humanidad.

Es así como el espacio performático digital Afropolis, un encuentro destinado a eliminar el espacio-tiempo, que se produce tanto en Lagos, Chicago como Barcelona, aterriza este verano en el Festival Grec de la mano de su principal impulsor, el coreógrafo nigeriano Qudus Onikeku. Aunque basado entre la megaurbe de Lagos y Florida —donde hasta 2022 disfruta de una residencia en el Centro de Artes, Migraciones y Emprendimiento de la Universidad de Florida—, nos reunimos con el coreógrafo nigeriano desde la Bienal de Lyon.

Qudus Onikeku. (c) Antoine Tempé.

Iniciándose a muy temprana edad en la acrobacia, el nigeriano de treinta y seis años se trasladó desde el barrio lagosense de Surulere a Châlons-en-Champagne, en Francia, donde se graduó en la Escuela Superior Nacional de Artes Circenses. “Me convertí en artista en la frontera de diferentes culturas, diferentes lenguas y diferentes estéticas. Si hubiera ido a estudiar a Reino Unido (donde por motivos coloniales hay una gran diáspora africana) no hubiera sido lo mismo. La lengua, la gastronomía y cierta parte de la cultura, son muy cercanas. En cambio venir a Francia estaba completamente alejado de todo lo que conocía. Y todo lo que pude navegar durante mi experiencia humana, viendo claramente las similitudes y diferencias culturales entre Francia y Nigeria, me convirtieron paralelamente en el artista que soy hoy”, reconoce el coreógrafo. “Como artista estoy constantemente trotando entre diferentes sensibilidades”.

Hoy , sus creaciones de danza contemporánea hibridan hip hop, capoeira o tai chi con tradición yoruba, en un intento de rehuir cualquier etiqueta efímera y encorsetar su técnica. De esta forma, y tras prácticamente una década forjándose un lugar propio en los principales escenarios del planeta, Qudus volvió en 2014 a Nigeria, donde fundó la organización, incubadora de talentos y laboratorio de experimentación multidisciplinar QDance Center —una exitosa empresa creativa, que erigió junto a su socia Hajarat Alli—. “Me di cuenta rápidamente que no quería sentirme un artista dentro del sistema artístico mundial. Quería una conexión directa con la sociedad y lo que estaba pasando en ella. Así que me puse a averiguar las preguntas que la comunidad se estaba haciendo y cómo mi danza podía darles respuesta”.

Todo ello sucedió en un momento apasionante, cuando, debido a la crisis global de 2008, muchas personas africanas que habían protagonizado una auténtica fuga de talentos y que residían en otros puntos del Planeta, retornaban a sus países natales con grandes dosis de creatividad e ideas que empezaron a sumar en un especie de renacimiento africano, que en el caso de Nigeria germinó en la eclosión de la industria cinematográfica de Nollywood o la revelación internacional de las estrellas de los Afrobeats dominando las pistas de baile occidentales.

Este fue uno de los motivos por los que era tan excitante estar en Lagos por aquél entonces. En ese momento, Nigeria era un país con más de 200 millones de habitantes donde un 65% de población tenía menos de 25 años. La vibración y energía que se estaba gestando en el país era tan excitante y a la vez opuesta al contexto europeo del que venía, donde hay una mayoría de población envejecida y con una energía muy distinta…”, cuenta Qudus recordando cómo muchas ciudades africanas estaban en plena ebullición cual laboratorios culturales y sociales.

Qudus Onikeku. © Isabela Figueiredo.

Despojarse de los marcos occidentales para hallarse a sí mismo:

Diametralmente apartado de la búsqueda de la experiencia africana como una involución derivada de la esclavitud, la colonización o las migraciones forzosas, Qudus ha centrado su búsqueda artística dando un papel central a la libertad del individuo que no se somete a las normas. “Mi interés residía en averiguar quién hubiera sido yo como individuo si nuestro (de los africanos) encuentro con Occidente no hubiera sido violento. Nunca me he querido someter a esa mirada colonial. Así que me centré en la inmensa riqueza de la cultura Yoruba, que ha existido desde hace miles de años, en arte, lengua, poesía, moda, música, teatro… Y no necesitaba buscar esa grandeza, porque nací en ella. Lo que siempre me ha interesado es cómo tomar toda esa herencia que me legaron los ancestros y arrojarla a la luz de un debate contemporáneo global”.

En este sentido, el retorno de Qudus a Lagos le sirvió para centrarse en aquellos elementos, preocupaciones o inquietudes que movían a la juventud de su país. “Las conversaciones sobre el racismo, la migración, anticolonialismo… que se desarrollan en Francia y entre la diáspora, me molestaban muchísimo a la hora de trabajar, porque no me permitían concentrarme en lo verdaderamente genuino”, expresa. “Todos esos temas ya no preocupan a la población nigeriana”, se ríe subrayando la tremenda confusión que a veces existe en Europa entre lo que sucede en África y la realidad de los migrantes africanos en Europa. “Todos esos problemas son propios de Occidente, no de África. Y vivir en Lagos me ayudó a focalizar donde las conversaciones son productivas, y no ahogan, como ocurre en Occidente”, sigue riendo.

Gracias a ese proceso de búsqueda personal, Qudus ideó Re-Incarnation, el espectáculo que está llevando a escenarios internacionales durante estas fechas, y que los próximo 6 y 7 de julio presentará en el Mercat de les Flors, en el marco del Festival Grec. “Yo rehuía la mitología cristiana, su miedo a la muerte y su visión lineal del tiempo, que ha conllevado a una visión de la vida progresista y de crecer más y más y más, como los e rascacielos, en modo vertical insostenible. Y la filosofía Yoruba me daba una alternativa lógica con su forma de entender el tiempo cíclicamente. Y en ella, la creencia en la reencarnación está en la base de la existencia”, explica acerca de la temática que desarrolla la función.

Pero más allá de su propia búsqueda, Qudus ha estado los últimos años trabajando para generar espacios de debate creativo. Así, es el impulsor de otro gran proyecto de la danza contemporánea para el verano barcelonés: Afropolis 2021, una plataforma que nació en Lagos en 2017 y que se hace extensible ahora en Chicago y Barcelona.

Afropolis es un encuentro entre artistas, pensadores, poetas, científicos, filósofos, DJs, directores de cine, artistas visuales… Los reunimos basándonos en sus pensamientos, no en lo que hacen. Y así, durante dos semanas, intercambian ideas y experimentan en un lugar particular. Lo llamamos una “reunión antidisciplinaria”, nos cuenta Qudus acerca de la plataforma, que lleva en marcha cuatro años ya poniendo patas arribas las etiquetas, preconceptos y prejuicios acerca de lo que ocurre en África o incluso sus significados más básicos. En su nodo catalán, Afropolis 2021 tiene el apoyo de la asociación Africa Moment y se desarrollará en El Graner, un espacio del programa Fàbriques de Creació del Ayuntamiento de Barcelona, del 10 al 18 de julio.

Escuchar a África hoy para habitar el mundo de mañana

En un momento donde las ciudades parece ser el foco de atención predilecto para organismos internacionales, académicos o periodistas; y especialmente, cuando África está liderando el crecimiento urbano más acelerado del mundo, Qudus se muestra categórico: “¿Qué entendemos por ciudades africanas? ¿A caso París no es una ciudad africana? ¿No es Barcelona una ciudad africana? Debemos darnos cuenta que los “afropolitas” están por todas partes. Y cualquier lado en el que estén forma parte de la Afropolis”, reivindica. “Siempre digo que las personas más globalizadas del mundo son los africanos. Porque, por diferentes razones, los africanos nos hemos sido obligados a irnos de nuestra tierra durante más de cinco siglos. Y ahí está la ironía: hemos sido globalizados pero no por una globalización fijada por nosotros. Así que entendimos como ser invisibles, como ser fugitivos y como crear una realidad constantemente en movimiento. Y esta forma de estar en el mundo, de ser influenciados por otras culturas y hibridarlas con nuestras propias, ha creado cosas extraordinarias y tangibles como el jazz, el hip hop, la salsa…”, reivindica el nigeriano.

En un momento de agotamiento de recursos naturales y un cambio climático ineludible, por no hablar de la enésima crisis global del capitalismo tras la pandemia de la Covid19, Qudus cree que el mundo debería estar mirando hacia África como la cuna de la resiliencia humana y el lugar que nos da las claves para habitar el futuro. “Cuando vuestro mundo empieza a agotarse, y andáis buscando soluciones… ¡Hace tiempo que estamos aquí!”, se ríe a carcajadas mientras reivindica la necesidad de dejar de buscar en el mainstream occidental y recabar alternativas en la contracultura como repositorio de ayuda. Y en las culturas africanas, como mayor exponente de ellas.

Tras su reciente paso por el Nueva York Live Arts, su presencia actualmente en la Bienal de Lyon, su próxima actuación en el Kalamata Dance Festival de Grecia o su tan esperada estancia por Barcelona, son buena muestra de que los eventos culturales más vanguardistas de Occidente son muy conscientes de la necesidad de mirar hacia África en búsqueda de nuevos horizontes creativos. Un auténtico honor tenerlo tan cerca para seguir acercándonos hacia el futuro, y de manera ineludible, a África.

 

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Investiga y escribe sobre ciudades africanas, derechos humanos y música. Le mueve la creatividad con la que construye futuro la juventud africana en contextos urbanos, especialmente en África del Este. Sus campos de trabajo son el periodismo escrito y radiofónico, la investigación o la gestión cultural. Cofundadora de Wiriko y coordinadora de Seres Urbanos (EL PAÍS), actúa como consultora independiente para entidades del tercer sector y actualmente, es Técnica de Cooperación Internacional en el Ayuntamiento de Girona. Licenciada en Filosofía (UB), posgraduada en Estudios Africanos y Desarrollo (UPF) y máster en Culturas y Desarrollo en África Subsahariana (URV).
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  1. […] y los nuevos ritmos urbanos nutren la propuesta del coreógrafo nigeriano Qudus Onikeku que presenta Re:incarnation (6 y 7 de julio). Por el certamen ya pasado Germaine Acogny, la […]

  2. […] pública sobre lo sucedido esos días. En una estupenda entrevista con Onikeku publicada en Wiriko, este profundiza en las líneas de este proyecto […]

  3. […] Para seguir leyendo:  https://www.wiriko.org/musica-artes-escenicas/qudus-onikeku/ […]

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