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Assurance

Ser mujer y DJ en Nigeria

¿Por qué todavía no es común ver a una mujer a los platos?” se pregunta la DJ Chinwe Pamela Nnajiuba (Juba) al arranque de Assurance, un documental recién estrenado en 4:3 by Boiler Room, que revela los obstáculos a los que se enfrentan las DJ en Nigeria, tanto dentro como fuera de la pista de baile, y que también se convierte en una oda al desafio de las artistas por cumplir sus propias aspiraciones a pesar de qué dirán y de los obstáculos en su camino. La pregunta se irá resolviendo durante la media hora que dura el documental.

YubaJuba, nacida en Londres y de ascendencia nigeriana, eligió su país de origen para realizar su primer trabajo audiovisual, por los contactos y conexiones que tiene, así como su conocimiento del contexto social y político y las facilidades logísticas. Lagos ha sido el punto de partida para iniciar esta conversación en torno a los roles de género en el mundo de la música, concretamente de la música electrónica: “Nos pareció que hablar sobre mujeres DJ en Nigeria era algo interesante. En parte porque yo soy DJ, y es un tema del que se habla mucho pero el problema es que estas conversaciones están muy reducidas a Reino Unido, Alemania, etc. En definitiva, a Europa. Nunca se presta mucha atención a las DJ otros sitios, de países africanos como Nigeria, Ghana, Uganda, etc.”, relata Juba. “Queríamos analizar esa cuestión en el contexto de Nigeria para ver qué tipo de presión social, juicios e impacto recae sobre las mujeres DJ allí. Tenía curiosidad por saber más”.

Sensei Lo (enfermera de formación, productora musical y DJ), Dj Yin (compositora, cantante y Dj) y Dj Ayizan (DJ nacida y criada en Londres), son las artistas que nos transportan —con una banda sonora de excepción— a la mega urbe Lagos y a través de las cuales descubrimos las particularidades y los problemas a los que se enfrentan por el simple hecho de ser mujeres y haber decidido dedicarse a esta profesión. Según Juba, el principal obstáculo al que se enfrenta una mujer es el juicio de la sociedad por ser DJ: “creo que en Europa, si una mujer decide ser DJ, los problemas están más relacionados con el entorno musical, mientras que en Nigeria, el hecho de que una mujer decida ser Dj y no profesora, médica o abogada, tiene implicaciones en cómo la ve la gente porque lo asocian más a salir de fiesta y algo como ‘perder la moral’. Es un tipo de juicio sobre lo que son las mujeres como personas. También se supone que por ser DJ no van a encontrar a la pareja correcta ya que ellos no las van a tomar en serio porque son mujeres que trabajan por las noches. En Nigeria el matrimonio es una parte importante y hay mucha presión social por casarse, así que ser DJ compromete su potencial para crearse un futuro, de alguna manera”.

De este estigma hablan en varias ocasiones las propias protagonistas en el documental: “No creo que ninguna madre quiera que su hijo se case con una mujer que está fuera por las noches todo el tiempo”, asegura DJ Yin en Assurance. “Te tienes que casar, estar en casa. Eso es lo que la sociedad espera de ti”, afirma Sensei Lo.

Pero además del juicio social —que también lo hay— el documental permite identificar algunos problemas con los que las mujeres DJ también tienen que lidiar en Europa: desigualdad en los salarios, los retrasos o impagos, las insinuaciones, la peligrosidad por trabajar en horas nocturnas, el paternalismo de los promotores y público, o simplemente, que se dé por hecho que técnicamente las mujeres no son tan buenas como los hombres, como se ve en el documental con el testimonio de un hombre cualquiera.

Juba, como DJ, conoce bien las pistas de baile de las ciudades más importantes de Europa, que ha recorrido a también con su proyecto Boko Boko*, proyecto formado junto con las productoras y DJ Tash y Mina, que pretende fomentar el trabajo de las mujeres en la música a través de sus fiestas principalmente. Y para ella, hay tres estrategias clave en la lucha contra la desigualdad de género en el ámbito música: la normalización de las mujeres en la escena, la implicación por parte de los promotores para que amplíen miras y programen a mujeres en sus line ups y que las propias mujeres se empoderen y se sientan seguras de su música y de lo que hacen.

De este último aspecto trata Assurance, que muestra la resistencia de estas tres artistas. De su lucha por dedicarse a la música en un contexto social conservador y por mantener la independencia que les brinda ser DJ, de su amor por la música y por hacer disfrutar a su público, de su voluntad de recuperar los instrumentos tradicionales africanos y electrificarlos, de sus ganas de usar la música para muchos otros fines y sobre todo, de su lucha por tener su espacio en un mundo aún de hombres. Todo esto es Assurance.

Si quieres ver el documental ¡solo tienes que darle al PLAY!

 

*Juba actuó por primera vez en España en una de nuestras sesiones de Moto Kiatu, de difusión de música electrónica africana.

16 libros (también infantiles) para regalar y leer en fiestas

El camino no está siendo fácil pero tenemos la sensación de que cada vez nos llega literatura africana en mejores condiciones. No sin el esfuerzo de algunas editoriales guerrilleras que han editado y traducido obras contemporáneas que nos acercan a unas literaturas extremadamente ricas, diversas y dinámicas. Ahora vamos a hacer una selección de algunos de los lanzamientos más llamativos de este año que nos pueden servir para regalar y leer durante las próximas fiestas. Son 16 libros, que intentan abarcar el abanico más amplio posible. Seis libros infantiles. Nueve obras para adultos. Y una que es un auténtico comodín. Diversidad de géneros, de estilos y de procedencias. Esperamos que encontréis lo que buscáis.

1. African Meninas, de Karo Moret

La historiadora Karo Moret se ha encargado de seleccionar treinta mujeres excepcionales africanas cuyas biografías ilustradas suponen una batería de referentes para las niñas y los niños racializados, una aportación extraordinaria a transmisión de las partes más silenciadas de la historia universal y una forma atractiva y pedagógica de recuperar relatos tan inspiradores como olvidados. Las ilustradoras Sara Fratini y Ana Cebrián se han encargado de la parte gráfica, de un proyecto que impulsado por la editorial Wanafrica se ha construído a través de una campaña de micromecenazgo que ha puesto de manifiesto hasta que punto es necesaria esta revisión de la historia.

2. Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie

La penúltima de las aportaciones de la autora nigeriana más popular de los últimos años Chimamanda Ngozi Adichie ha llegado al público infantil. La editorial Beascoa ha editado un álbum ilustrado con la conferencia de la novelista que primero se viralizó en las redes y que después se convirtió en un breve volumen. Ahora Leire Salaberria ha puesto imágenes a las palabras de Adichie para que esa lección de la novelista llegue a la raíz a los y las más pequeñas y en definitiva a toda la familia.

3. La historia de Awa, de Camila Monasterio y Lydia Mba

219 mecenas han hecho posible que se materialice este proyecto multimedia, un cuento musical, como lo definen sus impulsoras. Detrás de esta iniciativa están la escritora, bióloga y música, Camila Monasterio; la ilustradora, Lydia Mba; la cantante, Astrid Jones y otros músicos originarios de diferentes países africanos. De nuevo, una voluntad férrea por construir referentes diversos para las niñas y niños, no solo para los racializados. Y de nuevo, la apelación a una convicción colectiva para hacer realidad esta idea. Una campaña de mecenazgo ha permitido que este cuento musical esté a disposición de todas y de todos.

4. Esto es África, de Atinuke y Mouni Fedagg

Esto es África es una especie de atlas, un minucioso recorrido por el continente país por país que pone el acento en la diversidad de cada una de esas etapas. El prólogo de la edición en castellano de este trabajo de la escritora de origen nigeriano Atinuke y de la ilustradora Mouni Fedagg ha sido encargado a Xavier Aldekoa. La intervención del periodista catalán ya supone un aval de la mirada honesta que el libro lanza sobre el continente y de la voluntad de cambiar la imagen más convencional que se proyecta de África.

5. La magia de Sisi, de Sofia Black y Lydia Mba

Se trata de un proyecto especialmente particular. Sofia Black es el nombre comercial de una tienda de cosmética online especializada en el cuidado del cabello y de las pieles afro. La iniciativa de La magia de Sisi supone contar una historia que ayuda a poner en valor la importancia del pelo afro. Es un ejercicio de autoafirmación que se orienta a las más pequeñas de la casa, por lo que se convierte en un trabajo educativo, también. Sofia Black ha contado con la ilustradora Lydia Mba para dar forma a su historia que está disponible en la propia tienda de cosmética.

6. Bob y sus amigos, de Laurence Jammes y Marc Clamens con Jules Bikôkô

Bob y sus amigos es un recorrido musical ideado e ilustrado por Laurence Jammes y Marc Clamens, la historia de un oso que va descubriendo el enorme ritmo que tienen sus nuevos vecinos. En este caso, la aportación de un artista africano se produce precisamente en la parte musical de la mano del Jules Bikôkô, un músico de origen camerunés que es habitualmente conocido por su relación con Macaco, que se ha encargado de realizar esa banda sonora que acompaña al relato.

7. La revolución vertical, de Ngũgĩ wa Thiong’o

Poco más que decir de la deliciosa edición de La revolución vertical, el relato del escritor keniano Ngũgĩ wa Thiong’o, con un indudable sabor a narración popular, que se ha publicado ilustrado por Agustín Comotto y en ediciones bilingües en castellano, català, euskera, galego, aranés y astrurianu y el original en gĩkũyũ. El cuento transmite enseñanzas y valores positivos de construcción de comunidad, al mismo tiempo que engancha a través del ritmo y el estilo y que además es estéticamente precioso. Las impulsoras de este proyecto no han perdido de vista ningún detalle, para una obra que puede ser un relato infantil, pero también una parábola para adultos.

8. Quien teme a la muerte, de Nnedi Okorafor

El lanzamiento durante este año de las ediciones en catalán y en castellano de Quién teme a la muerte ha sido una de las más gratas sorpresas. Nnedi Okorafor, la autora de esta novela, estadounidense de padres nigerianos, es una de las escritoras más populares de ciencia ficción y se reclama como heredera de la tradición africana de la literatura especulativa. Okorafor ha llenado además sus trabajos de contenido social, en este caso, el feminismo, la lucha por los derechos de colectivos minorizados, la convivencia están presentes sistemáticamente en el relato de una manera discreta y natural.

9. Què vol dir quan un home cau del cel, de Lesley Nneka Arimah

De momento sólo ha sido editado en catalán, pero nada indica que la versión en castellano de Què vol dir quan un home cau del cel, de la nigeriana Lesley Nneka Arimah no acabe llegando pronto. La novela es intensa, condensada, llena de personajes femeninos poderosos e inspiradores en medio de un contexto hostil y de un relato que va hilvanando distintas historias apropiándose de una muy particular visión de la realidad. La autora ha recibido numerosos premios y publica en unos medios internacionales que ya no dudan de su reconocimiento como literata consolidada.

10. Hija del Camino, de Lucía-Asué Mbomío Rubio

Lucía Mbomío se ha convertido en una voz imprescindible del periodismo español que reconoce la diversidad de un país que hace demasiado que dejó de ser homogéneo y que se ha resistido hasta hace poco a aceptarlo. En este caso, Mbomío nos pone delante la realidad de las comunidades minorizadas, los obstáculos y las zancadillas de crecer como una niña racializada. La autora pone pone de manifiesto el evidente clima de racismo que a menudo se menosprecia, pero sobre todo, transmite, hasta conseguir que el lector no pueda huir de la empatía, la lucha cotidiana por la construcción de la identidad, por la supervivencia y por encontrar el equilibrio en el que uno mismo (o una misma) se define y se siente cómoda. Hija del camino es una narración que ayuda a completar el relato de la España de a pie de las últimas décadas.

11. África en transformación, de Carlos Lopes 

Para completar el abanico, la colaboración entre Los Libros de la Catarata y Casa África nos trae uno de los libros de ensayo más importantes de los últimos años. Las posiciones de Carlos Lopes son discutidas por amplios sectores de críticos tanto en las posiciones de autonomía del continente como en las de los liberales más radicales. Más allá de la coincidencia con sus reflexiones, el discurso del que fuera secretario general de la Comisión Económica de Naciones Unidas para África (UNECA) refleja las posiciones de una buena parte de las instituciones internacionales que acaban tomando las decisiones económicas más importantes de las que afectan la continente, por lo que es necesaria conocer esos análisis y las correspondientes argumentaciones.

12. Bajo las ramas de los udalas, Chinelo Okparanta 

Chinelo Okparanta es una autora de origen nigeriano que en gran medida ha sacudido la industria editorial del país. Bajo las ramas de los udalas no elude los temas espinosos desde la revisitada y a menudo manipulada guerra de Biafra hasta lo relacionado con el despertar a la sexualidad y la exploración desenfadada de estas dimensiones. Sin embargo, la historia que comparte Okparanta tiene mucho de tropiezos, de pérdidas y perdedores y, sin embargo, esta llena de esperanza, transmite el optimismo de la vida que sigue y se abre paso a través de cualquier obstáculo.

13. Binti. La mascada nocturna, de Nnedi Okorafor

A la editorial Crononauta le debemos el agradecimiento de habernos acercado la trilogía de Binti, de Nnedi Okorafor, sin duda una de las piezas fundamentales del afrofuturismo o, como su propia autora matiza, el africanfuturism. Con la publicación del volumen La mascarada nocturna, se completa la trilogía de la joven himba que conquistó el espacio. El escenario de Binti dibuja una sociedad del futuro hipertecnológica, pero también nos da una lección de convivencia y trata temas tan fundamentales como la aceptación, la familia, el amor o la muerte, todo en un escenario que tiene la extraña capacidad de conectar con naturalidad el espacio exterior y galaxias desconocidas con lo más profundo del desierto de Namibia, sin que la tradición sea en ningún momento un obstáculo.

14. La societat dels somiadors involuntaris, de Jose Eduardo Agualusa

El lanzamiento de una novela de Agualusa, sea en el idioma que sea, siempre es una buena excusa para acercarse al autor angoleño, para recordarlo y reclamar su universo. En el caso de La societat del somiadors involuntaris, el clima onírico habitual del escritor es perfectamente reconocible y como acostumbra a hacer Agualusa consigue construir una historia apasionante con elementos aparentemente descabellados. Y en medio de la supuesta ensoñación y de la pretendida fantasía emerge la visión más  crítica de la realidad que ha rodeado al escritor, los vicios de la Angola independiente y sus enormes abismos no asustan al novelista que los dibuja de forma nítida.

15. Lo que no es tuyo no es tuyo, de Helen Oyeyemi

Oyeyemi aparece como una de las voces llamadas a renovar las letras británicas, tanto por el lenguaje como por el estilo de la narración. A pesar de su juventud, el público y los medios especializados han reconocido su trayectoria. En este caso, en Lo que no es tuyo no es tuyo, Helen Oyeyemi comparte con el lector una colección de historias breves a las que ella misma considera llaves, llaves que abren puertas, concretamente, puertas que dan acceso a mundos insospechados. Una de las características más aplaudidas de Oyeyemi es su capacidad para hilar giros argumentales que impiden que el lector se pueda acomodar y sentir que sabe hacia dónde se desarrollará el relato.

16. Mi hermana, asesina en serie, de Oyinkan Braithwaite

Una realista y actual ciudad de Lagos es el escenario de la Mi hermana, asesina en serie, un título que no tiene nada de metafórico. Braithwaite dibuja los personajes de dos hermanas, una que deja llevarse y pone pocos límites a sus impulsos, hasta el punto de acabar matando a sus ex novios, y la otra abnegada que se ve empujada a ayudar a su hermana a ocultar sus asesinatos. La historia se desarrolla con un animado ritmo de novela policíaca y con una considerable carga de ironía, con la que pone en duda algunos elementos de la vida cotidiana en una gran ciudad palpitante como la actual Lagos.

Soñar con los ojos abiertos

Dakar, Niamey y Bamako acogieron tres talleres consecutivos en noviembre de 2017 en el marco del programa ACERCA de capacitación de la Cooperación Española en pro del desarrollo cultural. Diseñados e impartidos por Héctor Mediavilla, permitieron que 35 jóvenes fotógrafos trabajaran en torno al concepto “afrotopía”. El término, acuñado por el senegalés Felwine Sarr y desarrollado en su libro homónimo, propone una nueva manera de mirar África, insistiendo en esa descolonización mental que reclaman muchos autores del continente. Además, dio título a la 11ª edición de la gran bienal de fotografía “Rencontres de Bamakoen 2018, de cuya sección Off formó parte esta muestra que ahora y hasta el 3 de enero puede visitarse en Casa África.

Casa África.

Mirada autocentrada

Para reflexionar acerca de su porvenir y de la contribución africana a este mundo globalizado, lo primero es partir de la propia realidad económica, ecológica, cultural y simbólica, es decir, valerse de los recursos endógenos. En este sentido, de las 25 propuestas que recoge la exposición, los temas que más se repiten son, por un lado, la preocupación por el medio ambiente y los estragos del cambio climático, y por otro lado, el protagonismo de las mujeres. 

Presencia de basura y residuos tanto en las imágenes nigerinas como en las senegalesas, destacando el contraste entre la elegancia de las modelos y la suciedad que parece no tener fin en ‘El reverso del decorado’, firmado por Ina Thiam. Además, varias instantáneas dejan constancia de la devastadora subida del nivel del mar en la otrora capital senegalesa Saint Louis (‘Erosión’, de Abdoulaye Touré), e impresiona el poderoso contraste del vivo azul del agua y el desolador blanco y negro de un paisaje que remite a sequía y hambre en la aportación del maliense Kadim “Bamba” M’Bayé, ‘África’.

Ellas son las más fotografiadas. Mujeres de todas las edades, desde las más mayores hasta las más pequeñas -siendo tremendamente evocadores los primeros planos de dos generaciones en ‘Colores en movimiento’, del fotoperiodista Assane Sow-; aunque predominando las chicas en edad de estudiar y empezar a trabajar. Sujeto femenino empoderado que está capacitado para dedicarse a lo que quiera, desde gasolinera (‘Mujeres emergentes’, de “Sam” Moussa Samake) hasta amazonas (‘Las nuevas caras de la mujer africana’, de Moctar Ba).

El reverso del decorado®Ina Thiam – Fotografía cedida por Casa África

Lucidez nigerina

El recorrido expositivo se inicia con Níger. Las nigerinas son fotografías que destilan un especial respeto por la tradición. ‘Los trajes gourmantché’ retrata a un sonriente miembro de la etnia saheliana luciendo, orgulloso, las vestimentas propias de su pueblo. Asimismo, en ‘La trenza en la cultura nigerina’, vemos a una niña luciendo el característico peinado, marca de identidad e, igualmente, patrimonio cultural.

Otras imágenes atestiguan la importancia otorgada al trabajo y a alimentos, como la moringa, el donut de soja -desayuno habitual en muchas zonas del país- o la carne seca, denominada kilichi, típica del Sahel y ejemplo del ingenio que se saca ante la adversidad de carecer de electricidad con la que conservar la comida. En idéntico esfuerzo de superación se presenta el reciclaje como revancha en los mercados de recuperación nigerinos o convirtiendo latas en huchas, porque ahorrar también es una forma de mirar hacia el futuro.

El comisario y profesor, Héctor Mediavilla, cuenta que los fotógrafos nigerinos fueron los más tímidos en un principio y esa contención se plasma en la aparente sencillez de sus obras. Sin embargo, Mediavilla celebra los “fulgurantes progresos” que experimentaron las propuestas de los talleristas quienes, al final, lo llenaron de obsequios como agradecimiento a su dedicación.

Las nuevas caras de la mujer africana®Moctar Ba – Fotografía cedida por Casa África

Imaginación senegalesa

Pese a contener el menor número de obras de la muestra, la parte de los creadores senegaleses ocupa un lugar preeminente en la pared que se ve nada más entrar a la sala Kilimanjaro de Casa África. Son fotografías que transmiten movimiento en su sentido más pleno: en el tiempo, con el ‘Time lapse’ de Lamine Dieme; en el espacio, con la voracidad del mar en las escenas de Saint Louis. Incluso la en apariencia estática silueta o ‘Bindé’, obra de Haïdar Chams, contagia al observador el dinamismo de una sociedad vibrante como es la senegalesa.

Sobresale el desafiante surrealismo de la ‘Supertopía’, de Khalifa N’Diaye, cuyas dos imágenes nos muestran al fotógrafo y a la vez modelo, literalmente, suspendido en el aire. Es una invocación a lo imposible: zafarse de las obstinadas leyes de la física. Como si N’Diaye quisiera retar al público africano a imaginar que cualquier cosa puede lograrse.

La elección®Tagaror Wallet Mohamed – Fotografía cedida por Casa África

Valentía maliense

Los más prolíficos parecen haber sido los malienses, habiéndose seleccionado el trabajo de una decena de artistas, con un fácilmente reconocible denominador común: una juventud despierta y preparada que pasa de la sombra a la luz gracias a la educación, como se aprecia en las piezas dobles de Amadou Diagabaté y de Mariam Tapily. Se entiende que Mediavilla subraye el entusiasmo y las ganas de arriesgar de los fotógrafos de este país dada la libertad con la que emplean superposiciones y collages que remiten al estilo cómic.

La clásica disputa entre tradición y modernidad también se plasma en las fotografías de Mali. De un lado, reconocimiento a las labores del campo -’Agricultura. La salvación de África para el desarrollo’, de Mamadou Traoré-, la ganadería -‘Todo valor es enriquecedor’, de Souleymane Diallo-, y al legado de líderes emblemáticos, como Léopold Sédar Senghor y Nelson Mandela, en el montaje doble de Fadio Traoré, ‘Inspiración’. De otro lado, la modernidad se simboliza mediante herramientas tecnológicas, como ordenadores portátiles o teléfonos móviles, que “arman” a las mujeres jóvenes.

Apuestas culturales como esta fotográfica “Afrotopía” ponen su granito de arena para que, como escribe y desea su comisario, “la visión de Sarr se vaya materializando y el resto del mundo reconozca que África tiene mucho por decir”.

 

Helen Oyeyemi: “La literatura me hace que valga la pena estar en este mundo”

Helen Oyeyemi habla prácticamente en un susurro y se mueve con delicadeza y con suavidad transmitiendo fragilidad. Da la impresión de sentirse más cómoda escribiendo sus propias historias que hablando sobre ellas con extraños. Sorprendió a la industria editorial y al público con una exitosa primera novela cuando todavía no había terminado el instituto. Ahora, con 34 años, ha publicado ocho libros y ha recogido el reconocimiento de la crítica y de los lectores. En 2013, la prestigiosa revista literaria Granta incluyó a Oyeyemi en una lista los 25 mejores novelistas británicos de menos de 25 años. La escritora se ha atrincherado en una particular narrativa en la que acostumbran a convivir mundos imaginarios y reales y en la que son habituales los giros de argumento insospechados. Nació en Nigeria y, cuando tenía 4 años, su familia se trasladó al Reino Unido, ahora tuerce el gesto cuando escucha la más mínima referencia a la etiqueta “africana” para su narrativa. Ha visitado Barcelona en la promoción de Lo que no es tuyo no es tuyo, una colección de cuentos que supone la tercera de sus obras que la editorial Acantilado publica en español, después de El señor Fox y Boy, Snow, Bird.

La escritora Helen Oyeyemi. Fuente: web de la autora.

Tiene la etiqueta de escritora precoz, ¿ha sido un lastre o una ventaja?

En realidad, cada vez que he escrito un libro me he centrado en la historia que quiero contar. Ese es el motivo por el que escribo. Cada libro es una oportunidad para probar una voz distinta, jugar un juego algo distinto. Mi forma de escribir se centra en cada proyecto y muchas veces sé que a mucha gente no le va a gustar lo que haga, pero eso no es impedimento para que lo haga.

Cada libro es un juego, una de sus características es que su forma de narrar es habitualmente rompedora. ¿Hay una voluntad de provocación en la ruptura de algunos límites?

No, expresamente. Pero creo que la forma de escribir de cualquier escritor refleja su percepción de la realidad. Yo no soy muy sospechosa de una narrativa lineal con mensajes inequívocos que solo se puedan interpretar de una forma. Creo que esas narrativas no son verdaderas y por eso acabo escribiendo algo que se opone completamente a esa linealidad.

¿Quiere decir que su forma de ver la vida tiene que ver con esos mundos imaginarios y flexibles?

Sí. Entiendo lo imaginario y lo real como dimensiones que verdaderamente son iguales y que se dan forma y se alimentan entre ellas.

Los cuentos de hadas están muy presentes en sus historias, ¿disfruta deformándolos?

Creo que es mejor ver mis libros uno por uno, hay dos de los ocho libros en los que he reescrito un cuento de hadas, pero no se trataba de que el elemento cuento de hadas fuese el más importante, sino que aprovechaba una forma narrativa. Cogía algunos elementos establecidos que todo el mundo conoce y luego los utilizaba para contar una historia en la voz de una heroína de los años cincuenta o de un escritor norteamericano de la década de los años treinta. Todo está en la forma de narrar.

Hay otra constante en sus historias, sus personajes principales son mujeres.

(Helen Oyeyemi ríe divertida) Justo el libro que estoy escribiendo ahora mismo tiene como protagonistas a dos hombres. No lo he hecho expresamente (vuelve a reír). Me interesan las mujeres, desde la perspectiva que apunta Virginia Wolf en Una habitación propia. Me interesa la visión de las cosas que se ve tangencialmente, la que se ve por el rabillo del ojo. Me interesa más lo que se percibe ligeramente que lo que llena todo el campo de visión.

Pero, ¿le resulta más fácil imaginar un personaje complejo femenino que masculino?

No creo que haya diferencia, cuando pienso en un personaje, me interesa lo que quiere esconder y parto de esa premisa y después veo por donde va evolucionando.

Ha mencionado el libro en el que está trabajando ahora. ¿Qué nos puede avanzar?

(Aparenta hacer una confidencia) La acción pasa en un tren, una pareja va de luna de miel y acaban con mucha más luna de miel de lo que se esperaba. Hay un poco de misterio (sonríe).

En Lo que no es tuyo no es tuyo hay una historia ambientada en Catalunya, ¿de dónde viene?

Es sencillo, fui a La Pedrera y me encantó el edificio, así que poner la casa en un cuento era una forma de apropiármela. La hice mía colocándola en un cuento.

¿Acostumbra a hacer eso, apropiarse de cosas que le gustan a través de las narraciones?

Sí, es una forma de integrar y conectar elementos que de no ser así no tendrían relación entre ellos. Es como una forma de crear mi propio territorio.

¿Escribe para crear otro mundo más amable?

No creo que sea posible escaparse de este mundo, por desgracia. De hecho, una de las cosas más maravillosas de la literatura es que me reconcilia con el estar aquí, me hace que valga la pena estar en este mundo.

A menudo se ha visto el tema de la identidad en sus primeras novelas.

Me lo han dicho varias veces. Me han dicho que mis libros hablan sobre la identidad. Pero yo pensaba que había escrito un cuento de terror sobre un hombre con un amigo imaginario. Creo que lo mejor es que los libros sean lo que son y no intentar hacer que parezcan algo más importante utilizando términos muy concretos.

¿Reclama la literatura como entretenimiento?

Es parte de lo que quiero que sea. Quiero que la literatura sea todo lo que es sin que se le asigne una función concreta. Creo que la literatura es seria por naturaleza, como la vida, pero no es necesario decirlo una y otra vez.

Su última novela Gingerbread aún no se ha publicado en español, ¿qué tiene de especial?

Siento que tiene un corazón más cálido, destila más esperanza. Se preocupa más por el valor de las cosas, lo que vale cada cosas para el individuo y el grupo. Hay una mujer que mide su vida en base al pan de gengibre, pensando lo que puede conseguir de la vida y lo que ella quiere del mundo.

Y sobre Lo que no es tuyo no es tuyo, su último libro editado en castellano ¿Qué es lo que los lectores van a encontrarse?

No puedo prometer nada a nadie (ríe). Son nueve llaves que permiten abrir puertas. Entra y a ver qué te parece.

Pero, ¿qué ha puesto en esas historias?

He puesto de todo. Hay libros que no me gustan tanto porque los escribí sólo con el cerebro, y otros que he escrito con mi mente y mi corazón. Las cosas que me hacen reír, las que me hacen llorar, las que me ponen triste y todo eso está en Lo que no es tuyo no es tuyo.

Hay un grupo de escritoras que han conseguido que la industria editorial les preste atención. Son mujeres de origen africano que escriben desde la diáspora. ¿Qué opina de esa etiqueta?

Para mi, es como si alguien me llamase Joe y mi nombre es Helen. Me suena tan raro… porque está tan lejos de la manera como yo me pienso. Creo que no va conmigo. Creo que antes, pueden haberme colocado en esa etiqueta, pero la gente ha empezado a leer mis libros y se fija en lo que hay en ellos. En todo caso, cuando las personas buscan algo concreto, lo van a encontrar. Lo único que tu puedes hacer es seguir haciendo las cosas con las que te sientes cómoda.

Alternative identities, de Nengi Nelson. Passports

Fronteras e identidades irreducibles en el 10 aniversario del LagosPhoto

Un año más llega la cita más importante que Nigeria tiene con el mundo de la fotografía. En esta ocasión, el festival artístico internacional LagosPhoto celebra su décimo aniversario, desde su nacimiento en 2010, con el propósito de encapsular las experiencias individuales e identidades que se dan a lo largo de África. Hasta el 15 de noviembre de este año la Isla de Lagos acoge artistas de todo el mundo en esta señalada edición titulada Passaports, una reivindicación al inabarcable espacio de las identidades que critica la reducción de estas en delimitaciones artificiosas.

El festival, a lo largo de sus distintas ediciones, ha supuesto un espacio neutro donde compartir ideas, por lo que en su aniversario se invita a los artistas a experimentar formas alternativas que flexibilicen las restricciones globales existentes. Los trabajos seleccionados forman un compendio de cuarenta y cinco artistas. El jurado, compuesto por el fundador del LagosPhoto Azu Nwagbogu (cuyas palabras pueden leerse en Wiriko), la comisaria Maria Pia Bernardoni y la directora del Festival Internacional de Fotografía FORMAT Louise Fedotov-Clements, escogerá un ganador que tendrá la posibilidad de exponer su obra en una exhibición individual en la African Artists Foundation de Lagos.

Los participantes del LagosPhoto de este año pertenecen prioritariamente a Nigeria, pero también han sido seleccionadas las obras de artistas de Haití, Polonia, Costa de Marfil, Angola, Francia, Italia, Ghana, Zimbabue, Líbano, Marruecos, España, Sudáfrica, Curazao, Argelia o Bélgica. Con sus trabajos fotográficos siguen la línea marcada por la edición de este año que cuestiona los pasaportes, entendidos como certificados de quiénes somos. Del mismo modo reducen nuestras identidades a categorías y estereotipos aun cuando la individualidad de cada uno se encuentra en una simbiosis constante. Para el festival, además, el pasaporte se convierte en una fuente de segregación particularmente ilógica en el continente africano, dada la artificial construcción colonial de las fronteras.

Es una idea que comparte el único fotógrafo seleccionado procedente de España, Rubén Martín de Lucas, profundamente interesado en el concepto de la nacionalidad y su construcción en el imaginario colectivo. Su obra reflexiona sobre la artificiosa naturaleza de las fronteras con una nota de ironía, delimitando y habitando él mismo a lo largo de un día los “microestados” que crea en un área arbitraria. Estas acciones performáticas son documentadas por medio de fotografías y vídeos cenitales, testimonio de su crítica y compromiso.

Por su parte, Maïmouna Guerresi, artista multimedia italo-senegalesa, se nutre de la hibridación que encarnan sus valores y espiritualidad para crear unas imágenes que rehúyen fronteras. Desde su fe sufí pivota hacia distintas formas de espiritualidad con un afán de universalidad y, en su aproximación a la metafísica, encuentra una profunda inspiración para sus trabajos. Su proyecto titulado ‘Beyond the Border’ está cargado de irrealidad, infinitud y armonía.

Otra atractiva propuesta es la de Nengi Nelson, quien utiliza el medio fotográfico para conectar con individuos y comunidades lejos de circunscripciones territoriales. Sus proyectos se dirigen allá donde se precise asistencia, buscando ser motor de cambio. En esta edición presenta un trabajo centrado en la identidad, donde la protagonista es Angel, una mujer ghaniense de treinta y cinco años, que se identifica como género fluido. ‘Alternate Identity Angel’ ahonda en la necesidad innata humana por comprender quién es cada uno y cómo se representa y transforma la identidad.

Estas tres propuestas seleccionadas por Wiriko son solo un aperitivo a la deliciosa muestra que trae este año el festival, que reflexiona sobre la paradójica imposibilidad de viajar libremente en un mundo globalizado para el grueso de la población.

Ben Okri: “Nadie sale de su casa, coge un fusil y dispara a su vecino, si antes no han manipulado sus mitos”

Acaba de cumplir 60 años y se conduce con elegancia. Habla despacio y con serenidad y a menudo desafía sutilmente en el cara a cara, estableciendo algunas distancias. Pero cuando el escritor nigeriano Ben Okri se sube al atril, es otra cosa. Despliega un magnetismo que le conecta con el público y que ha hecho que muchos de sus lectores se conviertan en incondicionales. Es uno de los autores africanos con más reconocimiento internacional y, de hecho, fue el ganador más joven en su momento del Booker Prize, uno de los premios más prestigiosos de la literatura en inglés. Su narrativa ha llamado la atención por su capacidad para combinar con naturalidad el mundo de lo invisible y el de lo visible, mezclando sin artificios espíritus o ancestros con críticas sociales. Pasó por Barcelona para proponer en el CCCB una nueva manera de mirar al mundo.

El escritor nigeriano, Ben Okri. Foto: Carlos Bajo Erro

En su última novela The freedom artist dibuja un mundo sin libros y con un poder autoritario, ¿qué relación hay entre estas dos cuestiones?

En el mundo de The freedom artist es fundamental para las autoridades que los libros desaparezcan. Es fundamental que la gente deje de formular preguntas. Y es fundamental que la gente sienta miedo y sea maleable, porque esto hace que la gente sea más fácil de manipular y hace que el trabajo de la autoridad sea más sencillo. En realidad habla de nosotros. Es hacia donde estamos yendo. Quieren que seamos menos humanos.

¿Es su visión del futuro?

No. Es mi visión del presente.

Ben Okri, uno de los escritores de origen africano más populares de la literatura contemporánea. Foto: Carlos Bajo Erro

Pero también hay una serie de personas que lucha por preservar esos libros…

Siempre habrá personas luchando para preservar las historias. Porque es una de las partes más humanas que tenemos. En las historias conservamos nuestro espíritu, el sentido de nuestras vidas, quiénes somos, quienes quisiéramos ser, en quién quisiéramos convertirnos. Y también nos detienen a la hora de suicidarnos en masa.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí

Burna Boy “resalta el poder de África” con su afrofusión

Burna Boy se ha convertido en uno de los referentes de la escena musical de Nigeria. Temas como “On the Low”, “Anybody” y “Gum Body” han copado las listas de reproducción veraniegas y en este 2019 no ha parado de hacer colaboraciones con artistas como Jorja Smith, Dave o Mahalia. Además, ha participado en el último álbum de Beyoncé, The Lion King: The Gift, con la canción “JA ARA E”.

Carátula del nuevo disco de Burna Boy, African Giant

2019 es el año de Burna Boy. El compositor nigeriano encadena casi 18 meses de ascenso internacional y pasó por el  prestigioso festival Coachella de Los Ángeles en abril. Y allí, sentado en el wáter, como él mismo reconoce, puso título a su nuevo disco, African Giant (uno de los discos destacados en la edición veraniega de nuestra exitosa serie Descoloniza tu iPod).

“No podía ver mi nombre. ¿De verdad toco aquí? Tuvieron que marcármelo”, explicaba el cantante en una reciente entrevista con Trevor Noah. En un cartel en el que destacaban artistas como Childish Gambino, Solange, Tame Impala o Ariana Grande, su nombre se escondía entre las fuentes de menor tamaño.

Ante la competencia internacional —”nunca me había pasado”, apunta- quiso poner su orgullo en la línea de batalla y reivindicarse como uno de los actuales grandes del continente africano.

African Giant es un trabajo que “resalta el poder y el orgullo del africano y de África en general”. Burna Boy pone el foco en la otra parte del continente que no prevalece para combatir el prejuicio. Trae alboroto tras la publicación en 2018 de “Outside”, un disco más personal.

Con este cuarto álbum, el compositor ha hecho “un proyecto africano para dar visibilidad a las dificultades, tribulaciones, alegrías, felicidad,… la verdad de las personas de África”.

Y desde Nigeria exporta al mundo su afrofusión con retales de inspiraciones en las que Fela Kuti es el máximo exponente. “Es como una pizza. La cosa principal, lo que toda pizza necesita, es la base. El afrobeat es la base y a partir de ahí puedes tener la pizza que quieras”, ha explicado.

El afrobeat y el jazz lo tomó de su abuelo, Benson Idonue, que fue el primer manager de Fela Kuti. El joven cantante sembró, por el camino se encontró con otros géneros como hip hop, dancehall, highlife, reggae y ahora recoge los frutos de una apuesta por el cruce cultural, pero “de manera contraria” a lo que se acostumbra. No incide en la conquista del mercado occidental si no que lanza una invitación: !Vengo aquí (Occidente) para llevarte de vuelta porque de donde vengo es el origen del principio”, comenta.

La música es como un saco de boxeo para Burna Boy. Es una forma de plantarle cara al lado más difícil de la vida. Como dice su madre, mientras otros niños cantaban las canciones corales de la escuela, Burna Boy tarareaba “Hip Hop Hooray” de Naughty by Nature. Por aquel entonces no había tomado su figura artística y mantenía su nombre real, Damini Ogulu.

El joven músico de Port Harcourt, al sur de Nigeria y centro petrolero del país, se aficionó a la estación de trabajo de audio digital Fruity Loops, conocida hoy como FL Studio. Pronto comenzaría a desarrollar sus propios sonidos que se llevó a Londres, donde fue a estudiar.

Más de música que de apuntes, Ogulu dejó la universidad, pero la estancia londinense fue clave para su desarrollo creativo. Tras su regreso a Nigeria, su madre le consiguió un trabajo en una emisora de radio local y después de cada turno, se iba al estudio de grabación. Y llegó su primer single, “Freedom Freestyle”. Con la ayuda de Youtube, —”fue así como la gente comenzó a conocerme”, explica— su música viajó y ha seguido la estela de otros artistas nigerianos como WizKid, Patoranking y DaVido.

En 2014 se dio cuenta de que la cosa iba en serio. En la actualidad se asienta como uno de los mayores talentos musicales del continente y piensa seguir ocupando ese puesto: “Si hablo de algo que me ha pasado va a interesarle a alguien que le ha pasado lo mismo. La gente va a decir: ‘Está hablando de mí’. Ellos son como yo. Por eso no se sabe nada de muchos artistas después de un tiempo porque están en este negocio por las razones equivocadas. No entienden la seriedad de la música. La música no es un juego”.

Un Día del Libro o un Sant Jordi africanos

En los últimos meses algunas editoriales valientes nos han acercado algunas obras de autores africanos, algunas auténticos clásicos; otras, una muestra de las producción más innovadora. Aprovechamos la cita del Día del Libro y de la fiesta de Sant Jordi, el próximo 23 de abril, para recopilar algunas de las novedades más notables publicadas en nuestro entorno.

La revolución vertical

Un proyecto en el que varias editoriales del Estado español se han puesto de acuerdo para lanzar este cuento del keniano Ngugi wa Thiong’o en unas cuidadas ediciones ilustradas bilingües en el original kikuyu y español, asturianu, euskera, galego y aranés. El último relato del genio keniano de la literatura universal con todo el sabor y la riqueza narrativa de la tradición africana y con una proyección hacia el futuro y hacia el mundo que nos interpela a todos.

Binti

Nnedi Okorafor es la máxima expresión de la ciencia ficción africana y Crononautas ha publicado los dos primeros volúmenes de su primera trilogía Binti. Una muestra de esa fortaleza de la literatura fantástica que surge del continente y que tiene la capacidad de abrir nuevos escenarios, por ejemplo, el de una joven himba en un viaje interestelar en el que se ocupa de tejer redes entre las diferentes especies. Además, nos mantiene pendientes de la próxima publicación de la tercera y última novela de la trilogía.

Terra somnàmbula

Mia Couto vuelve a construir en Terra somnàmbula unos universos que se entrecruzan para confeccionar una narración magnética. El pasado, la violencia, los escenarios aparentemente irreales, casi oníricos, le permiten al mozambiqueño contar historias de una manera muy particular. Como en otras ocasiones, la traumática experiencia de la guerra en el país africano aparece de manera sistemática como telón de fondo de esta historia que tiene mucho que ver con la búsqueda del camino propio.

La societat dels somiadors involuntaris

El angoleño José Eduardo Agualusa sigue edificando escenarios que le permitan contar la Angola contemporánea. En este caso, el hilo conductor es el sueño, los sueños, más bien, y las diferentes relaciones de los protagonistas con los sueños, en gran medida como una alternativa a una realidad traumática.

No hables

Uzodinma Iweala es, en realidad, un escritor nacido en los Estados Unidos, pero de padres nigerianos. En su obra, esas raíces nigerianas tiene una enorme importancia. En su presentación en el mundo editorial, Iweala se sumergió en la realidad de los niños soldados. En esta última novela, No hables, el escritor se ha preocupado por un tema que ha ido ganando visibilidad en los últimos años. El protagonista tiene que hacer frente al reconocimiento de su homosexualidad y sobre todo a la reacción de su familia.

Las mentiras que nos unen

Esta última propuesta es un libro de ensayo. Concretamente, se trata de un trabajo del filósofo ghanés Kwame Anthony Appiah, que propone una visión sobre la identidad poco convencional. Apphiah pone en cuestión la mayor parte de los pilares atribuidos a esa construcción de la identidad y también a sus consecuencias.

Nigeria en la mirada

El país más poblado de África y con la economía más grande del continente es también una consolidada y siempre prometedora potencia artística. Con motivo de la cita con las urnas que tienen las nigerianas y nigerianos este 16 de febrero, nos acercamos al gigante africano para ver Nigeria a través de las miradas de tres de sus artistas: la fotógrafa Etinosa Yvonne, el escultor Dotun Popola y la artista digital Alexis Chivir-ter. En Wiriko hablamos con ellos.

 

Etinosa Yvonne: Traumas proyectados sobre una fotografía mental

Desde la capital nigeriana de Abuja, la fotógrafa Etinosa Yvonne nos habla de ‘It´s all in my head’ (‘Todo está en mi cabeza’) un proyecto que combina la imagen fija, en movimiento y el sonido para explorar los diferentes mecanismos a los que supervivientes de terrorismo o conflictos armados se aferran para avanzar y borrar la tragedia. El trabajo de Yvonne destaca principalmente por su uso de la superposición de capas, en las que proyecta imágenes de un entorno del pasado que se añora o de un elemento alentador para el futuro. Son retratos de supervivencia que, según explica su autora a Wiriko, tienen el objetivo de abogar por un mayor acceso a la atención psicológica que permita a las víctimas de la violencia en Nigeria recobrar su salud mental. “Es una llamada de atención a la sociedad para que conozca el estado de ánimo de estos supervivientes”, afirma tajante Yvonne.

La creadora confiesa que las conversaciones mantenidas durante las sesiones fotográficas le revelan que muchas de estas víctimas no han superado los episodios que presenciaron y que han simulado seguir adelante haciendo de su vida una suerte de farsa, sin expresar a nadie su dolor y sus dramáticas experiencias. Son personas que viven atrapadas en el pasado intentando construir un futuro endeble. A algunos supervivientes ni se les ha preguntado cómo se sentían, lo que para ella influye sin duda en su estado de depresión, estrés postraumático o en sus ansias de venganza. Otros, en cambio, “han encontrado consuelo en su existencia o en la religión”, señala la fotógrafa.

Testigos de actos extremadamente crueles hacia ellos mismos, sus familiares o sus propiedades, estas personas se ven obligadas a enfrentar una nueva realidad desoladora con poco o sin ningún apoyo psicológico. “La norma aquí es que cada vez que hay un ataque, las organizaciones humanitarias y no gubernamentales se centran en proporcionar ayuda material, crear clínicas, escuelas, etcétera. Sin embargo, se le da muy poca prioridad a la salud mental”, señala la autora del proyecto. Ante este vacío, las fotografías en blanco y negro de ‘It´s all in my head’ tienen el poder de transmitirnos una parte de los sentimientos de sus protagonistas, sus inquietudes y esperanzas. Con estos retratos visuales, Yvonne persigue crear conciencia de problemas que sucedieron en el pasado pero que afectan en la actualidad.

 

Dotun Popola: Anhelos metalizados de la sociedad nigeriana

Generadores de electricidad abandonados, pastillas de freno olvidadas en tiendas de motores, tornillos y cadenas encontradas en los basureros son los objetos que Dotun Popola resucita a base de cortar, perforar o soldar y con los que reivindica el arte contemporáneo hecho en Nigeria porque, tal y como nos cuenta, son obras de un autor local realizadas con objetos encontrados en el país y con el sentido de abordar los problemas de la sociedad nigeriana.

Su arte es integrador y diverso. Vemos obras con detalles capitalistas, como el resto de un escudo de la marca Mercedes y elementos más tradicionales, como la abundante fundición del bronce, una práctica artística habitual entre los pueblos de Bini, o guiños a la cultura yoruba. En cualquier caso, todos estos materiales han pasado por las manos de personas que una vez exprimido su uso determinaron deshacerse de ellos, y esa utilidad que le dieron, su calidad o sus propiedades son capaces de desvelar muchos secretos sobre su antiguo propietario, como su condición sociocultural, económica o política o incluso sus anhelos. “Estos objetos reflejan indirectamente las condiciones de vida del pueblo nigeriano”, asegura el escultor.

Esa dimensión humana que encierra la chatarra es el punto de partida de toda la creación artística de Popola. Su trabajo es el camino para llegar a millones de personas que alguna vez usaron esa pieza metálica y a la que, sin darse cuenta, transmitieron información sobre sus vidas. Una vez recogidas del basurero, Popola los revive porque, según sus palabras, es su propia manera de “gestionar los desperdicios”. Sensibilizado con las cuestiones medioambientales y la fallida gestión de los residuos, se ha convertido en un artivista que contribuye con su creatividad a darle una segunda vida a los desechos ya sea con el reciclaje o la reutilización.

 

Alexis Chivir-ter: El amor como experiencia visual

Observar los collage digitales de la fotógrafa y artista digital nigeriana Alexis Chivir-ter es como hacer un viaje de ensueño a través de los colores, las formas y los espacios con un destino final abstracto y, al mismo tiempo, definido: el amor. Esta creadora, nacida en la pequeña ciudad de Makurdi, es una autodidacta del incipiente surrealismo digital africano que reside en la actualidad en Gran Bretaña, pero que sigue inspirándose prácticamente para todas sus obras en el continente africano. Dice a  Wiriko que suele buscar inspiración en la observación directa del día a día para recoger toda la belleza. Y el amor. Un amor de pareja, de hermanos, de madre a hijo, de amigas.

Este sentimiento, infinito y sin etiquetas, es el que la conmueve y la lleva a tratar con sumo cuidado los retratos que llegan a sus manos, y que después moldea, ya que esas fotografías le informan de que alguien detuvo alguna vez su vida para captar la existencia de otra persona. Para Chivir-ter esto eso es amor y es lo que intenta proyectar en cada una de sus obras envueltas en una colorida composición artística.

El amor es su fuente de creación y al mismo tiempo nos lo trae de vuelta, ya que el principal mensaje que nos quiere transmitir es el deseo de que seamos partícipes de la historia. Así nos encontramos con piezas de base realista, con fotografías de otros autores o realizadas por ella misma, que adorna con estampados africanos, la naturaleza o el universo. Es por tanto una artista ecléctica, no sujeta a normas, que combina diferentes elementos dentro de una misma composición convirtiendo su arte en rupturista y transgresor.

Sylvia: amor y destrucción llegados desde Nollywood

Richard ha tenido desde pequeño la compañía de Sylvia, su amiga imaginaria

Chico conoce a chica. Chica se enamora de chico. Y el chico le rompe el corazón. Los primeros veinte minutos de Sylvia, la nueva película del director nigeriano Daniel Oriahi, llegan hasta ese momento trágico. Previamente, todo es un cuento bonito de dos jóvenes que se conocen desde la niñez.

La elipsis aligera la adolescencia de Richard y Sylvia, protagonistas inseparables de esta historia. Las escenas dulces se suceden y terminan abruptamente cuando suena el despertador del joven. Son las 6 de la mañana y segundos antes ella le ha entregado un hibisco, detalle clave para conocer la relación de ambos.

Pronto el espectador cae en la cuenta de que Sylvia es sólo un sueño. Es la amiga imaginaria que ha acompañado a Richard desde que tiene memoria.

Lo afable se estropea. ¿Cómo se abandona a alguien irreal e inmaterial?

Con Sylvia, Orahi continúa ensanchando los límites de lo que conocemos de Nollywood. Ya lo demostró con su anterior título, Taxi Driver (Oko Ashewo), y ahora vuelve de la mano del novel productor Ekene Som Mekwunye para realizar una película que aborda la temática de la salud mental.

El festival de cines africanos y su diáspora, Film Africa, ha apostado en su octava edición por buscar nuevas narrativas que ilustren la diversidad de géneros y estilos venidos de Nigeria, la segunda industria cinematográfica del mundo en niveles de producción por detrás de la de la India (Bollywood) y por delante de Hollywood. En Nollywood no todo se reduce a una suma simplista de criterios para dar con la fórmula mágica de la “construcción masiva”.

Para ello, el director ha filmado este thriller psicológico en el que los sueños se tornan en pesadillas cuando Richard decide casarse con su novia, la de carne y hueso. Ahí, Sylvia (Zainab Balogun) decide destruir su vida. El llanto desconsolado de la joven muda en una risa feroz y el pasaje termina con Balogun mirando desafiante a la cámara -¡qué ojos!-. Llega la hora del sofoco.

Sylvia se convierte en sexo, destrucción y violencia. Locura, obsesión y posesión. Y poco puede hacer Richard para mantenerse lejos de una amiga imaginaria que se le aparecerá en la oficina, en el gimnasio y poco a poco trepará por cada pensamiento.

Los sueños de Richard se convierten en su vida. No sabe discernir entre la realidad y la ficción y su amiga, herida, no cesará hasta cumplir su venganza.

Zainab Balogun, protagoniza la cinta nigeriana, Sylvia

Film Africa 2018: la celebración londinense de los cines africanos

Fotograma del cortometraje ‘Hair Cut’, de británico-ghanés Koby Adom

Está de vuelta. Como el frío. Film Africa, inicia hoy su octava edición y Wiriko mantiene su apuesta por la cobertura de la celebración más grande en el Reino Unido de cines africanos y su diáspora.

Hasta el próximo domingo 11 de noviembre, el equipo de la Real Sociedad Africana (Royal African Society, en inglés) ha preparado un programa con 39 títulos de 15 países africanos, incluyendo 18 estrenos.

El foco de este año está puesto en Kenia y Nigeria, dos de las industrias cinematográficas más bullentes del continente. Los comisarios han acordado plasmar historias de madurez y primer amor, relatos documentales de comunidades intersexuales y transgénero, thrillers experimentales y psicológicos, etc. para intentar abarcar las distintas narrativas de los jóvenes cineastas que viven y trabajan en África y la diáspora.

The Burial of Kojo de Blitz Bazawule inaugura esta edición. Es el estreno en tierras británicas del rapero y director ghanés con una película que aborda un drama familiar ambientado en el contexto de la industria minera ilegal de su país.

Por otro lado, el festival se despedirá con Kasala! de la directora nigeriana Ema Edosio. En esta ópera prima se presenta la historia de unos jóvenes estafadores de Lagos y que cuenta con referencias al estilo peliculero de Jackie Chan y Chuck Norris y sus patadas voladoras.

El festival también incluye cintas como Rafiki, que fue la primera película keniana en presentarse en el Festival de Cannes, así como la última entrega de Akin Omotoso, A Hotel Called Memory, primera película muda de Nigeria.

La juventud y la rebelión se observan en títulos como Five Fingers For Marseilles mientras que aKashadel director sudanés Hajooj Kuka, explora satíricamente la vida del pueblo y la ideología de los rebeldes Sudán. La migración también cuenta con espacio en el festival gracias a títulos como Deltas, Back to Shores, Lost Warrior, Chateau, y A Season in France.

Film Africa 2018 vuelve en esta edición con el programa de cortometrajes que se disputarán el premio anual Baobab. Además la participación de la audiencia es imprescindible para otorgar el galardón al mejor largometraje que fue a parar el año pasado a Call Me Thief.

“Invitamos a aquellos ansiosos por experimentar, debatir y celebrar la riqueza de historias que los cineastas africanos nos ofrecen en esta fiesta de cine de 10 días. ¡Hay algo para todos!”, dice la subdirectora de la Real Sociedad Africana, Sheila Ruíz.

La nueva era de los videojuegos africanos

Las artes gráficas llevan ya varios años dando mucho de qué hablar en el continente africano. Y es que el arte digital permite la innovación hasta límites insospechados en todos los ámbitos de nuestra vida, así como la combinación de diferentes disciplinas. Su flexibilidad ha permitido aplicarlo a casi a todas las artes visuales, como la realidad virtual o el Net.art, pero también a otras creaciones como los videojuegos.  Sí, los juegos también forman parte del ocio de los jóvenes y no tan jóvenes a lo largo y ancho del continente y, aunque pueda parecer un poco frívolo, también ayudan a reconstruir la imagen de África.

Hasta la pasada década la creación de juegos parecía monopolio de las empresas de los países desarrollados. Esas compañías elegían los argumentos y la imagen de los personajes pero también los escenarios donde se desenvuelven las historias que quieren contar. Algunos juegos incluso tenían como marco algún destino exótico o algún país africano. Desde los clásicos de la década de 1990, entre los que se encuentran el ‘Rey León’ o ‘Faraón’, hasta las series más conocidas como ‘Call of Duty’, ‘Assassin’s Creed’ o ‘James Bond’ han optado por recrear escenarios africanos.

No obstante, la década pasada dio un vuelco a la situación cuando en diferentes países de África comenzaron a surgir estudios y empresas dedicadas a la creación de videojuegos en los que sus protagonistas y sus héroes mantienen rasgos de las culturas africanas, utilizan la tradición y vestimentas típicas, y no sólo relatan sus propias historias si no que, además, en ocasiones incluso permite a la persona que juega enfrentarse a los problemas del día a día a los que puede enfrentarse una persona de alguno de estos países del continente. A la cabeza de este sector se encuentran Egipto, Nigeria, Sudáfrica, Argelia, Marruecos o Kenia, pero en diferentes rincones esta tendencia se está consolidando. El caso más conocido es sin duda el del estudio Kiro’o Games, que vivió su propio boom con el lanzamiento del primer juego de rol creado en Camerún: ‘Aurion: the legacy of Kori-Odan’.

 

Estos videojuegos, a través argumentos y contenidos muy diversos, ayudan a ampliar y a difundir mitos, tradiciones e historias propiamente africanas, ofreciendo a nivel global juegos únicos, con narrativas producidas localmente. Pero no es sólo la diversificación de historias, sino la posibilidad de que gamers de estos países puedan sentirse de alguna forma visibilizados, al utilizar avatares de superhéroes africanos como ocurre en ‘Tales of Hassan’, lanzado en 2014.

Por otro lado, si en origen los juegos nacieron con un formato específico para ordenadores y videoconsolas para después conquistar otros dispositivos como tablets y móviles, en África la mayor parte de ellos se crean directamente para móviles ya que son más accesibles, cómodos y baratos por norma general en el continente. Algunos incluso pueden ser útiles a un nivel educativo, como el ya conocido ‘Mosquito Hood‘ que fue lanzado en Kenia ya en 2015; o el videojuego de simulación política Democracy 3 Africa’, que ofrece la posibilidad de convertir al jugador en primer ministro y empezar a administrar  cualquier país del continente. Además, para los que prefieren los juegos de acción, ‘Nairobi X’ permite defender la capital de Kenia de una invasión alienígena con un género clásico como es el ‘First Person Shooter’ (FPS).

 

Obviamente, cada vez es más complicado para los diseñadores y los estudios gráficos hacerse un hueco en el mundo de los videojuegos, donde las grandes corporaciones monopolizan el sector. Sin embargo, los juegos con sello africano se han hecho ya un hueco en el continente y nada les niega la oportunidad de llegar a más público demostrando que la creatividad y la innovación son un todo inseparable de la expresión digital en África.