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Helen Oyeyemi: “La literatura me hace que valga la pena estar en este mundo”

Helen Oyeyemi habla prácticamente en un susurro y se mueve con delicadeza y con suavidad transmitiendo fragilidad. Da la impresión de sentirse más cómoda escribiendo sus propias historias que hablando sobre ellas con extraños. Sorprendió a la industria editorial y al público con una exitosa primera novela cuando todavía no había terminado el instituto. Ahora, con 34 años, ha publicado ocho libros y ha recogido el reconocimiento de la crítica y de los lectores. En 2013, la prestigiosa revista literaria Granta incluyó a Oyeyemi en una lista los 25 mejores novelistas británicos de menos de 25 años. La escritora se ha atrincherado en una particular narrativa en la que acostumbran a convivir mundos imaginarios y reales y en la que son habituales los giros de argumento insospechados. Nació en Nigeria y, cuando tenía 4 años, su familia se trasladó al Reino Unido, ahora tuerce el gesto cuando escucha la más mínima referencia a la etiqueta “africana” para su narrativa. Ha visitado Barcelona en la promoción de Lo que no es tuyo no es tuyo, una colección de cuentos que supone la tercera de sus obras que la editorial Acantilado publica en español, después de El señor Fox y Boy, Snow, Bird.

La escritora Helen Oyeyemi. Fuente: web de la autora.

Tiene la etiqueta de escritora precoz, ¿ha sido un lastre o una ventaja?

En realidad, cada vez que he escrito un libro me he centrado en la historia que quiero contar. Ese es el motivo por el que escribo. Cada libro es una oportunidad para probar una voz distinta, jugar un juego algo distinto. Mi forma de escribir se centra en cada proyecto y muchas veces sé que a mucha gente no le va a gustar lo que haga, pero eso no es impedimento para que lo haga.

Cada libro es un juego, una de sus características es que su forma de narrar es habitualmente rompedora. ¿Hay una voluntad de provocación en la ruptura de algunos límites?

No, expresamente. Pero creo que la forma de escribir de cualquier escritor refleja su percepción de la realidad. Yo no soy muy sospechosa de una narrativa lineal con mensajes inequívocos que solo se puedan interpretar de una forma. Creo que esas narrativas no son verdaderas y por eso acabo escribiendo algo que se opone completamente a esa linealidad.

¿Quiere decir que su forma de ver la vida tiene que ver con esos mundos imaginarios y flexibles?

Sí. Entiendo lo imaginario y lo real como dimensiones que verdaderamente son iguales y que se dan forma y se alimentan entre ellas.

Los cuentos de hadas están muy presentes en sus historias, ¿disfruta deformándolos?

Creo que es mejor ver mis libros uno por uno, hay dos de los ocho libros en los que he reescrito un cuento de hadas, pero no se trataba de que el elemento cuento de hadas fuese el más importante, sino que aprovechaba una forma narrativa. Cogía algunos elementos establecidos que todo el mundo conoce y luego los utilizaba para contar una historia en la voz de una heroína de los años cincuenta o de un escritor norteamericano de la década de los años treinta. Todo está en la forma de narrar.

Hay otra constante en sus historias, sus personajes principales son mujeres.

(Helen Oyeyemi ríe divertida) Justo el libro que estoy escribiendo ahora mismo tiene como protagonistas a dos hombres. No lo he hecho expresamente (vuelve a reír). Me interesan las mujeres, desde la perspectiva que apunta Virginia Wolf en Una habitación propia. Me interesa la visión de las cosas que se ve tangencialmente, la que se ve por el rabillo del ojo. Me interesa más lo que se percibe ligeramente que lo que llena todo el campo de visión.

Pero, ¿le resulta más fácil imaginar un personaje complejo femenino que masculino?

No creo que haya diferencia, cuando pienso en un personaje, me interesa lo que quiere esconder y parto de esa premisa y después veo por donde va evolucionando.

Ha mencionado el libro en el que está trabajando ahora. ¿Qué nos puede avanzar?

(Aparenta hacer una confidencia) La acción pasa en un tren, una pareja va de luna de miel y acaban con mucha más luna de miel de lo que se esperaba. Hay un poco de misterio (sonríe).

En Lo que no es tuyo no es tuyo hay una historia ambientada en Catalunya, ¿de dónde viene?

Es sencillo, fui a La Pedrera y me encantó el edificio, así que poner la casa en un cuento era una forma de apropiármela. La hice mía colocándola en un cuento.

¿Acostumbra a hacer eso, apropiarse de cosas que le gustan a través de las narraciones?

Sí, es una forma de integrar y conectar elementos que de no ser así no tendrían relación entre ellos. Es como una forma de crear mi propio territorio.

¿Escribe para crear otro mundo más amable?

No creo que sea posible escaparse de este mundo, por desgracia. De hecho, una de las cosas más maravillosas de la literatura es que me reconcilia con el estar aquí, me hace que valga la pena estar en este mundo.

A menudo se ha visto el tema de la identidad en sus primeras novelas.

Me lo han dicho varias veces. Me han dicho que mis libros hablan sobre la identidad. Pero yo pensaba que había escrito un cuento de terror sobre un hombre con un amigo imaginario. Creo que lo mejor es que los libros sean lo que son y no intentar hacer que parezcan algo más importante utilizando términos muy concretos.

¿Reclama la literatura como entretenimiento?

Es parte de lo que quiero que sea. Quiero que la literatura sea todo lo que es sin que se le asigne una función concreta. Creo que la literatura es seria por naturaleza, como la vida, pero no es necesario decirlo una y otra vez.

Su última novela Gingerbread aún no se ha publicado en español, ¿qué tiene de especial?

Siento que tiene un corazón más cálido, destila más esperanza. Se preocupa más por el valor de las cosas, lo que vale cada cosas para el individuo y el grupo. Hay una mujer que mide su vida en base al pan de gengibre, pensando lo que puede conseguir de la vida y lo que ella quiere del mundo.

Y sobre Lo que no es tuyo no es tuyo, su último libro editado en castellano ¿Qué es lo que los lectores van a encontrarse?

No puedo prometer nada a nadie (ríe). Son nueve llaves que permiten abrir puertas. Entra y a ver qué te parece.

Pero, ¿qué ha puesto en esas historias?

He puesto de todo. Hay libros que no me gustan tanto porque los escribí sólo con el cerebro, y otros que he escrito con mi mente y mi corazón. Las cosas que me hacen reír, las que me hacen llorar, las que me ponen triste y todo eso está en Lo que no es tuyo no es tuyo.

Hay un grupo de escritoras que han conseguido que la industria editorial les preste atención. Son mujeres de origen africano que escriben desde la diáspora. ¿Qué opina de esa etiqueta?

Para mi, es como si alguien me llamase Joe y mi nombre es Helen. Me suena tan raro… porque está tan lejos de la manera como yo me pienso. Creo que no va conmigo. Creo que antes, pueden haberme colocado en esa etiqueta, pero la gente ha empezado a leer mis libros y se fija en lo que hay en ellos. En todo caso, cuando las personas buscan algo concreto, lo van a encontrar. Lo único que tu puedes hacer es seguir haciendo las cosas con las que te sientes cómoda.

Alternative identities, de Nengi Nelson. Passports

Fronteras e identidades irreducibles en el 10 aniversario del LagosPhoto

Un año más llega la cita más importante que Nigeria tiene con el mundo de la fotografía. En esta ocasión, el festival artístico internacional LagosPhoto celebra su décimo aniversario, desde su nacimiento en 2010, con el propósito de encapsular las experiencias individuales e identidades que se dan a lo largo de África. Hasta el 15 de noviembre de este año la Isla de Lagos acoge artistas de todo el mundo en esta señalada edición titulada Passaports, una reivindicación al inabarcable espacio de las identidades que critica la reducción de estas en delimitaciones artificiosas.

El festival, a lo largo de sus distintas ediciones, ha supuesto un espacio neutro donde compartir ideas, por lo que en su aniversario se invita a los artistas a experimentar formas alternativas que flexibilicen las restricciones globales existentes. Los trabajos seleccionados forman un compendio de cuarenta y cinco artistas. El jurado, compuesto por el fundador del LagosPhoto Azu Nwagbogu (cuyas palabras pueden leerse en Wiriko), la comisaria Maria Pia Bernardoni y la directora del Festival Internacional de Fotografía FORMAT Louise Fedotov-Clements, escogerá un ganador que tendrá la posibilidad de exponer su obra en una exhibición individual en la African Artists Foundation de Lagos.

Los participantes del LagosPhoto de este año pertenecen prioritariamente a Nigeria, pero también han sido seleccionadas las obras de artistas de Haití, Polonia, Costa de Marfil, Angola, Francia, Italia, Ghana, Zimbabue, Líbano, Marruecos, España, Sudáfrica, Curazao, Argelia o Bélgica. Con sus trabajos fotográficos siguen la línea marcada por la edición de este año que cuestiona los pasaportes, entendidos como certificados de quiénes somos. Del mismo modo reducen nuestras identidades a categorías y estereotipos aun cuando la individualidad de cada uno se encuentra en una simbiosis constante. Para el festival, además, el pasaporte se convierte en una fuente de segregación particularmente ilógica en el continente africano, dada la artificial construcción colonial de las fronteras.

Es una idea que comparte el único fotógrafo seleccionado procedente de España, Rubén Martín de Lucas, profundamente interesado en el concepto de la nacionalidad y su construcción en el imaginario colectivo. Su obra reflexiona sobre la artificiosa naturaleza de las fronteras con una nota de ironía, delimitando y habitando él mismo a lo largo de un día los “microestados” que crea en un área arbitraria. Estas acciones performáticas son documentadas por medio de fotografías y vídeos cenitales, testimonio de su crítica y compromiso.

Por su parte, Maïmouna Guerresi, artista multimedia italo-senegalesa, se nutre de la hibridación que encarnan sus valores y espiritualidad para crear unas imágenes que rehúyen fronteras. Desde su fe sufí pivota hacia distintas formas de espiritualidad con un afán de universalidad y, en su aproximación a la metafísica, encuentra una profunda inspiración para sus trabajos. Su proyecto titulado ‘Beyond the Border’ está cargado de irrealidad, infinitud y armonía.

Otra atractiva propuesta es la de Nengi Nelson, quien utiliza el medio fotográfico para conectar con individuos y comunidades lejos de circunscripciones territoriales. Sus proyectos se dirigen allá donde se precise asistencia, buscando ser motor de cambio. En esta edición presenta un trabajo centrado en la identidad, donde la protagonista es Angel, una mujer ghaniense de treinta y cinco años, que se identifica como género fluido. ‘Alternate Identity Angel’ ahonda en la necesidad innata humana por comprender quién es cada uno y cómo se representa y transforma la identidad.

Estas tres propuestas seleccionadas por Wiriko son solo un aperitivo a la deliciosa muestra que trae este año el festival, que reflexiona sobre la paradójica imposibilidad de viajar libremente en un mundo globalizado para el grueso de la población.

Ben Okri: “Nadie sale de su casa, coge un fusil y dispara a su vecino, si antes no han manipulado sus mitos”

Acaba de cumplir 60 años y se conduce con elegancia. Habla despacio y con serenidad y a menudo desafía sutilmente en el cara a cara, estableciendo algunas distancias. Pero cuando el escritor nigeriano Ben Okri se sube al atril, es otra cosa. Despliega un magnetismo que le conecta con el público y que ha hecho que muchos de sus lectores se conviertan en incondicionales. Es uno de los autores africanos con más reconocimiento internacional y, de hecho, fue el ganador más joven en su momento del Booker Prize, uno de los premios más prestigiosos de la literatura en inglés. Su narrativa ha llamado la atención por su capacidad para combinar con naturalidad el mundo de lo invisible y el de lo visible, mezclando sin artificios espíritus o ancestros con críticas sociales. Pasó por Barcelona para proponer en el CCCB una nueva manera de mirar al mundo.

El escritor nigeriano, Ben Okri. Foto: Carlos Bajo Erro

En su última novela The freedom artist dibuja un mundo sin libros y con un poder autoritario, ¿qué relación hay entre estas dos cuestiones?

En el mundo de The freedom artist es fundamental para las autoridades que los libros desaparezcan. Es fundamental que la gente deje de formular preguntas. Y es fundamental que la gente sienta miedo y sea maleable, porque esto hace que la gente sea más fácil de manipular y hace que el trabajo de la autoridad sea más sencillo. En realidad habla de nosotros. Es hacia donde estamos yendo. Quieren que seamos menos humanos.

¿Es su visión del futuro?

No. Es mi visión del presente.

Ben Okri, uno de los escritores de origen africano más populares de la literatura contemporánea. Foto: Carlos Bajo Erro

Pero también hay una serie de personas que lucha por preservar esos libros…

Siempre habrá personas luchando para preservar las historias. Porque es una de las partes más humanas que tenemos. En las historias conservamos nuestro espíritu, el sentido de nuestras vidas, quiénes somos, quienes quisiéramos ser, en quién quisiéramos convertirnos. Y también nos detienen a la hora de suicidarnos en masa.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí

Burna Boy “resalta el poder de África” con su afrofusión

Burna Boy se ha convertido en uno de los referentes de la escena musical de Nigeria. Temas como “On the Low”, “Anybody” y “Gum Body” han copado las listas de reproducción veraniegas y en este 2019 no ha parado de hacer colaboraciones con artistas como Jorja Smith, Dave o Mahalia. Además, ha participado en el último álbum de Beyoncé, The Lion King: The Gift, con la canción “JA ARA E”.

Carátula del nuevo disco de Burna Boy, African Giant

2019 es el año de Burna Boy. El compositor nigeriano encadena casi 18 meses de ascenso internacional y pasó por el  prestigioso festival Coachella de Los Ángeles en abril. Y allí, sentado en el wáter, como él mismo reconoce, puso título a su nuevo disco, African Giant (uno de los discos destacados en la edición veraniega de nuestra exitosa serie Descoloniza tu iPod).

“No podía ver mi nombre. ¿De verdad toco aquí? Tuvieron que marcármelo”, explicaba el cantante en una reciente entrevista con Trevor Noah. En un cartel en el que destacaban artistas como Childish Gambino, Solange, Tame Impala o Ariana Grande, su nombre se escondía entre las fuentes de menor tamaño.

Ante la competencia internacional —”nunca me había pasado”, apunta- quiso poner su orgullo en la línea de batalla y reivindicarse como uno de los actuales grandes del continente africano.

African Giant es un trabajo que “resalta el poder y el orgullo del africano y de África en general”. Burna Boy pone el foco en la otra parte del continente que no prevalece para combatir el prejuicio. Trae alboroto tras la publicación en 2018 de “Outside”, un disco más personal.

Con este cuarto álbum, el compositor ha hecho “un proyecto africano para dar visibilidad a las dificultades, tribulaciones, alegrías, felicidad,… la verdad de las personas de África”.

Y desde Nigeria exporta al mundo su afrofusión con retales de inspiraciones en las que Fela Kuti es el máximo exponente. “Es como una pizza. La cosa principal, lo que toda pizza necesita, es la base. El afrobeat es la base y a partir de ahí puedes tener la pizza que quieras”, ha explicado.

El afrobeat y el jazz lo tomó de su abuelo, Benson Idonue, que fue el primer manager de Fela Kuti. El joven cantante sembró, por el camino se encontró con otros géneros como hip hop, dancehall, highlife, reggae y ahora recoge los frutos de una apuesta por el cruce cultural, pero “de manera contraria” a lo que se acostumbra. No incide en la conquista del mercado occidental si no que lanza una invitación: !Vengo aquí (Occidente) para llevarte de vuelta porque de donde vengo es el origen del principio”, comenta.

La música es como un saco de boxeo para Burna Boy. Es una forma de plantarle cara al lado más difícil de la vida. Como dice su madre, mientras otros niños cantaban las canciones corales de la escuela, Burna Boy tarareaba “Hip Hop Hooray” de Naughty by Nature. Por aquel entonces no había tomado su figura artística y mantenía su nombre real, Damini Ogulu.

El joven músico de Port Harcourt, al sur de Nigeria y centro petrolero del país, se aficionó a la estación de trabajo de audio digital Fruity Loops, conocida hoy como FL Studio. Pronto comenzaría a desarrollar sus propios sonidos que se llevó a Londres, donde fue a estudiar.

Más de música que de apuntes, Ogulu dejó la universidad, pero la estancia londinense fue clave para su desarrollo creativo. Tras su regreso a Nigeria, su madre le consiguió un trabajo en una emisora de radio local y después de cada turno, se iba al estudio de grabación. Y llegó su primer single, “Freedom Freestyle”. Con la ayuda de Youtube, —”fue así como la gente comenzó a conocerme”, explica— su música viajó y ha seguido la estela de otros artistas nigerianos como WizKid, Patoranking y DaVido.

En 2014 se dio cuenta de que la cosa iba en serio. En la actualidad se asienta como uno de los mayores talentos musicales del continente y piensa seguir ocupando ese puesto: “Si hablo de algo que me ha pasado va a interesarle a alguien que le ha pasado lo mismo. La gente va a decir: ‘Está hablando de mí’. Ellos son como yo. Por eso no se sabe nada de muchos artistas después de un tiempo porque están en este negocio por las razones equivocadas. No entienden la seriedad de la música. La música no es un juego”.

Un Día del Libro o un Sant Jordi africanos

En los últimos meses algunas editoriales valientes nos han acercado algunas obras de autores africanos, algunas auténticos clásicos; otras, una muestra de las producción más innovadora. Aprovechamos la cita del Día del Libro y de la fiesta de Sant Jordi, el próximo 23 de abril, para recopilar algunas de las novedades más notables publicadas en nuestro entorno.

La revolución vertical

Un proyecto en el que varias editoriales del Estado español se han puesto de acuerdo para lanzar este cuento del keniano Ngugi wa Thiong’o en unas cuidadas ediciones ilustradas bilingües en el original kikuyu y español, asturianu, euskera, galego y aranés. El último relato del genio keniano de la literatura universal con todo el sabor y la riqueza narrativa de la tradición africana y con una proyección hacia el futuro y hacia el mundo que nos interpela a todos.

Binti

Nnedi Okorafor es la máxima expresión de la ciencia ficción africana y Crononautas ha publicado los dos primeros volúmenes de su primera trilogía Binti. Una muestra de esa fortaleza de la literatura fantástica que surge del continente y que tiene la capacidad de abrir nuevos escenarios, por ejemplo, el de una joven himba en un viaje interestelar en el que se ocupa de tejer redes entre las diferentes especies. Además, nos mantiene pendientes de la próxima publicación de la tercera y última novela de la trilogía.

Terra somnàmbula

Mia Couto vuelve a construir en Terra somnàmbula unos universos que se entrecruzan para confeccionar una narración magnética. El pasado, la violencia, los escenarios aparentemente irreales, casi oníricos, le permiten al mozambiqueño contar historias de una manera muy particular. Como en otras ocasiones, la traumática experiencia de la guerra en el país africano aparece de manera sistemática como telón de fondo de esta historia que tiene mucho que ver con la búsqueda del camino propio.

La societat dels somiadors involuntaris

El angoleño José Eduardo Agualusa sigue edificando escenarios que le permitan contar la Angola contemporánea. En este caso, el hilo conductor es el sueño, los sueños, más bien, y las diferentes relaciones de los protagonistas con los sueños, en gran medida como una alternativa a una realidad traumática.

No hables

Uzodinma Iweala es, en realidad, un escritor nacido en los Estados Unidos, pero de padres nigerianos. En su obra, esas raíces nigerianas tiene una enorme importancia. En su presentación en el mundo editorial, Iweala se sumergió en la realidad de los niños soldados. En esta última novela, No hables, el escritor se ha preocupado por un tema que ha ido ganando visibilidad en los últimos años. El protagonista tiene que hacer frente al reconocimiento de su homosexualidad y sobre todo a la reacción de su familia.

Las mentiras que nos unen

Esta última propuesta es un libro de ensayo. Concretamente, se trata de un trabajo del filósofo ghanés Kwame Anthony Appiah, que propone una visión sobre la identidad poco convencional. Apphiah pone en cuestión la mayor parte de los pilares atribuidos a esa construcción de la identidad y también a sus consecuencias.

Nigeria en la mirada

El país más poblado de África y con la economía más grande del continente es también una consolidada y siempre prometedora potencia artística. Con motivo de la cita con las urnas que tienen las nigerianas y nigerianos este 16 de febrero, nos acercamos al gigante africano para ver Nigeria a través de las miradas de tres de sus artistas: la fotógrafa Etinosa Yvonne, el escultor Dotun Popola y la artista digital Alexis Chivir-ter. En Wiriko hablamos con ellos.

 

Etinosa Yvonne: Traumas proyectados sobre una fotografía mental

Desde la capital nigeriana de Abuja, la fotógrafa Etinosa Yvonne nos habla de ‘It´s all in my head’ (‘Todo está en mi cabeza’) un proyecto que combina la imagen fija, en movimiento y el sonido para explorar los diferentes mecanismos a los que supervivientes de terrorismo o conflictos armados se aferran para avanzar y borrar la tragedia. El trabajo de Yvonne destaca principalmente por su uso de la superposición de capas, en las que proyecta imágenes de un entorno del pasado que se añora o de un elemento alentador para el futuro. Son retratos de supervivencia que, según explica su autora a Wiriko, tienen el objetivo de abogar por un mayor acceso a la atención psicológica que permita a las víctimas de la violencia en Nigeria recobrar su salud mental. “Es una llamada de atención a la sociedad para que conozca el estado de ánimo de estos supervivientes”, afirma tajante Yvonne.

La creadora confiesa que las conversaciones mantenidas durante las sesiones fotográficas le revelan que muchas de estas víctimas no han superado los episodios que presenciaron y que han simulado seguir adelante haciendo de su vida una suerte de farsa, sin expresar a nadie su dolor y sus dramáticas experiencias. Son personas que viven atrapadas en el pasado intentando construir un futuro endeble. A algunos supervivientes ni se les ha preguntado cómo se sentían, lo que para ella influye sin duda en su estado de depresión, estrés postraumático o en sus ansias de venganza. Otros, en cambio, “han encontrado consuelo en su existencia o en la religión”, señala la fotógrafa.

Testigos de actos extremadamente crueles hacia ellos mismos, sus familiares o sus propiedades, estas personas se ven obligadas a enfrentar una nueva realidad desoladora con poco o sin ningún apoyo psicológico. “La norma aquí es que cada vez que hay un ataque, las organizaciones humanitarias y no gubernamentales se centran en proporcionar ayuda material, crear clínicas, escuelas, etcétera. Sin embargo, se le da muy poca prioridad a la salud mental”, señala la autora del proyecto. Ante este vacío, las fotografías en blanco y negro de ‘It´s all in my head’ tienen el poder de transmitirnos una parte de los sentimientos de sus protagonistas, sus inquietudes y esperanzas. Con estos retratos visuales, Yvonne persigue crear conciencia de problemas que sucedieron en el pasado pero que afectan en la actualidad.

 

Dotun Popola: Anhelos metalizados de la sociedad nigeriana

Generadores de electricidad abandonados, pastillas de freno olvidadas en tiendas de motores, tornillos y cadenas encontradas en los basureros son los objetos que Dotun Popola resucita a base de cortar, perforar o soldar y con los que reivindica el arte contemporáneo hecho en Nigeria porque, tal y como nos cuenta, son obras de un autor local realizadas con objetos encontrados en el país y con el sentido de abordar los problemas de la sociedad nigeriana.

Su arte es integrador y diverso. Vemos obras con detalles capitalistas, como el resto de un escudo de la marca Mercedes y elementos más tradicionales, como la abundante fundición del bronce, una práctica artística habitual entre los pueblos de Bini, o guiños a la cultura yoruba. En cualquier caso, todos estos materiales han pasado por las manos de personas que una vez exprimido su uso determinaron deshacerse de ellos, y esa utilidad que le dieron, su calidad o sus propiedades son capaces de desvelar muchos secretos sobre su antiguo propietario, como su condición sociocultural, económica o política o incluso sus anhelos. “Estos objetos reflejan indirectamente las condiciones de vida del pueblo nigeriano”, asegura el escultor.

Esa dimensión humana que encierra la chatarra es el punto de partida de toda la creación artística de Popola. Su trabajo es el camino para llegar a millones de personas que alguna vez usaron esa pieza metálica y a la que, sin darse cuenta, transmitieron información sobre sus vidas. Una vez recogidas del basurero, Popola los revive porque, según sus palabras, es su propia manera de “gestionar los desperdicios”. Sensibilizado con las cuestiones medioambientales y la fallida gestión de los residuos, se ha convertido en un artivista que contribuye con su creatividad a darle una segunda vida a los desechos ya sea con el reciclaje o la reutilización.

 

Alexis Chivir-ter: El amor como experiencia visual

Observar los collage digitales de la fotógrafa y artista digital nigeriana Alexis Chivir-ter es como hacer un viaje de ensueño a través de los colores, las formas y los espacios con un destino final abstracto y, al mismo tiempo, definido: el amor. Esta creadora, nacida en la pequeña ciudad de Makurdi, es una autodidacta del incipiente surrealismo digital africano que reside en la actualidad en Gran Bretaña, pero que sigue inspirándose prácticamente para todas sus obras en el continente africano. Dice a  Wiriko que suele buscar inspiración en la observación directa del día a día para recoger toda la belleza. Y el amor. Un amor de pareja, de hermanos, de madre a hijo, de amigas.

Este sentimiento, infinito y sin etiquetas, es el que la conmueve y la lleva a tratar con sumo cuidado los retratos que llegan a sus manos, y que después moldea, ya que esas fotografías le informan de que alguien detuvo alguna vez su vida para captar la existencia de otra persona. Para Chivir-ter esto eso es amor y es lo que intenta proyectar en cada una de sus obras envueltas en una colorida composición artística.

El amor es su fuente de creación y al mismo tiempo nos lo trae de vuelta, ya que el principal mensaje que nos quiere transmitir es el deseo de que seamos partícipes de la historia. Así nos encontramos con piezas de base realista, con fotografías de otros autores o realizadas por ella misma, que adorna con estampados africanos, la naturaleza o el universo. Es por tanto una artista ecléctica, no sujeta a normas, que combina diferentes elementos dentro de una misma composición convirtiendo su arte en rupturista y transgresor.

Sylvia: amor y destrucción llegados desde Nollywood

Richard ha tenido desde pequeño la compañía de Sylvia, su amiga imaginaria

Chico conoce a chica. Chica se enamora de chico. Y el chico le rompe el corazón. Los primeros veinte minutos de Sylvia, la nueva película del director nigeriano Daniel Oriahi, llegan hasta ese momento trágico. Previamente, todo es un cuento bonito de dos jóvenes que se conocen desde la niñez.

La elipsis aligera la adolescencia de Richard y Sylvia, protagonistas inseparables de esta historia. Las escenas dulces se suceden y terminan abruptamente cuando suena el despertador del joven. Son las 6 de la mañana y segundos antes ella le ha entregado un hibisco, detalle clave para conocer la relación de ambos.

Pronto el espectador cae en la cuenta de que Sylvia es sólo un sueño. Es la amiga imaginaria que ha acompañado a Richard desde que tiene memoria.

Lo afable se estropea. ¿Cómo se abandona a alguien irreal e inmaterial?

Con Sylvia, Orahi continúa ensanchando los límites de lo que conocemos de Nollywood. Ya lo demostró con su anterior título, Taxi Driver (Oko Ashewo), y ahora vuelve de la mano del novel productor Ekene Som Mekwunye para realizar una película que aborda la temática de la salud mental.

El festival de cines africanos y su diáspora, Film Africa, ha apostado en su octava edición por buscar nuevas narrativas que ilustren la diversidad de géneros y estilos venidos de Nigeria, la segunda industria cinematográfica del mundo en niveles de producción por detrás de la de la India (Bollywood) y por delante de Hollywood. En Nollywood no todo se reduce a una suma simplista de criterios para dar con la fórmula mágica de la “construcción masiva”.

Para ello, el director ha filmado este thriller psicológico en el que los sueños se tornan en pesadillas cuando Richard decide casarse con su novia, la de carne y hueso. Ahí, Sylvia (Zainab Balogun) decide destruir su vida. El llanto desconsolado de la joven muda en una risa feroz y el pasaje termina con Balogun mirando desafiante a la cámara -¡qué ojos!-. Llega la hora del sofoco.

Sylvia se convierte en sexo, destrucción y violencia. Locura, obsesión y posesión. Y poco puede hacer Richard para mantenerse lejos de una amiga imaginaria que se le aparecerá en la oficina, en el gimnasio y poco a poco trepará por cada pensamiento.

Los sueños de Richard se convierten en su vida. No sabe discernir entre la realidad y la ficción y su amiga, herida, no cesará hasta cumplir su venganza.

Zainab Balogun, protagoniza la cinta nigeriana, Sylvia

Film Africa 2018: la celebración londinense de los cines africanos

Fotograma del cortometraje ‘Hair Cut’, de británico-ghanés Koby Adom

Está de vuelta. Como el frío. Film Africa, inicia hoy su octava edición y Wiriko mantiene su apuesta por la cobertura de la celebración más grande en el Reino Unido de cines africanos y su diáspora.

Hasta el próximo domingo 11 de noviembre, el equipo de la Real Sociedad Africana (Royal African Society, en inglés) ha preparado un programa con 39 títulos de 15 países africanos, incluyendo 18 estrenos.

El foco de este año está puesto en Kenia y Nigeria, dos de las industrias cinematográficas más bullentes del continente. Los comisarios han acordado plasmar historias de madurez y primer amor, relatos documentales de comunidades intersexuales y transgénero, thrillers experimentales y psicológicos, etc. para intentar abarcar las distintas narrativas de los jóvenes cineastas que viven y trabajan en África y la diáspora.

The Burial of Kojo de Blitz Bazawule inaugura esta edición. Es el estreno en tierras británicas del rapero y director ghanés con una película que aborda un drama familiar ambientado en el contexto de la industria minera ilegal de su país.

Por otro lado, el festival se despedirá con Kasala! de la directora nigeriana Ema Edosio. En esta ópera prima se presenta la historia de unos jóvenes estafadores de Lagos y que cuenta con referencias al estilo peliculero de Jackie Chan y Chuck Norris y sus patadas voladoras.

El festival también incluye cintas como Rafiki, que fue la primera película keniana en presentarse en el Festival de Cannes, así como la última entrega de Akin Omotoso, A Hotel Called Memory, primera película muda de Nigeria.

La juventud y la rebelión se observan en títulos como Five Fingers For Marseilles mientras que aKashadel director sudanés Hajooj Kuka, explora satíricamente la vida del pueblo y la ideología de los rebeldes Sudán. La migración también cuenta con espacio en el festival gracias a títulos como Deltas, Back to Shores, Lost Warrior, Chateau, y A Season in France.

Film Africa 2018 vuelve en esta edición con el programa de cortometrajes que se disputarán el premio anual Baobab. Además la participación de la audiencia es imprescindible para otorgar el galardón al mejor largometraje que fue a parar el año pasado a Call Me Thief.

“Invitamos a aquellos ansiosos por experimentar, debatir y celebrar la riqueza de historias que los cineastas africanos nos ofrecen en esta fiesta de cine de 10 días. ¡Hay algo para todos!”, dice la subdirectora de la Real Sociedad Africana, Sheila Ruíz.

La nueva era de los videojuegos africanos

Las artes gráficas llevan ya varios años dando mucho de qué hablar en el continente africano. Y es que el arte digital permite la innovación hasta límites insospechados en todos los ámbitos de nuestra vida, así como la combinación de diferentes disciplinas. Su flexibilidad ha permitido aplicarlo a casi a todas las artes visuales, como la realidad virtual o el Net.art, pero también a otras creaciones como los videojuegos.  Sí, los juegos también forman parte del ocio de los jóvenes y no tan jóvenes a lo largo y ancho del continente y, aunque pueda parecer un poco frívolo, también ayudan a reconstruir la imagen de África.

Hasta la pasada década la creación de juegos parecía monopolio de las empresas de los países desarrollados. Esas compañías elegían los argumentos y la imagen de los personajes pero también los escenarios donde se desenvuelven las historias que quieren contar. Algunos juegos incluso tenían como marco algún destino exótico o algún país africano. Desde los clásicos de la década de 1990, entre los que se encuentran el ‘Rey León’ o ‘Faraón’, hasta las series más conocidas como ‘Call of Duty’, ‘Assassin’s Creed’ o ‘James Bond’ han optado por recrear escenarios africanos.

No obstante, la década pasada dio un vuelco a la situación cuando en diferentes países de África comenzaron a surgir estudios y empresas dedicadas a la creación de videojuegos en los que sus protagonistas y sus héroes mantienen rasgos de las culturas africanas, utilizan la tradición y vestimentas típicas, y no sólo relatan sus propias historias si no que, además, en ocasiones incluso permite a la persona que juega enfrentarse a los problemas del día a día a los que puede enfrentarse una persona de alguno de estos países del continente. A la cabeza de este sector se encuentran Egipto, Nigeria, Sudáfrica, Argelia, Marruecos o Kenia, pero en diferentes rincones esta tendencia se está consolidando. El caso más conocido es sin duda el del estudio Kiro’o Games, que vivió su propio boom con el lanzamiento del primer juego de rol creado en Camerún: ‘Aurion: the legacy of Kori-Odan’.

 

Estos videojuegos, a través argumentos y contenidos muy diversos, ayudan a ampliar y a difundir mitos, tradiciones e historias propiamente africanas, ofreciendo a nivel global juegos únicos, con narrativas producidas localmente. Pero no es sólo la diversificación de historias, sino la posibilidad de que gamers de estos países puedan sentirse de alguna forma visibilizados, al utilizar avatares de superhéroes africanos como ocurre en ‘Tales of Hassan’, lanzado en 2014.

Por otro lado, si en origen los juegos nacieron con un formato específico para ordenadores y videoconsolas para después conquistar otros dispositivos como tablets y móviles, en África la mayor parte de ellos se crean directamente para móviles ya que son más accesibles, cómodos y baratos por norma general en el continente. Algunos incluso pueden ser útiles a un nivel educativo, como el ya conocido ‘Mosquito Hood‘ que fue lanzado en Kenia ya en 2015; o el videojuego de simulación política Democracy 3 Africa’, que ofrece la posibilidad de convertir al jugador en primer ministro y empezar a administrar  cualquier país del continente. Además, para los que prefieren los juegos de acción, ‘Nairobi X’ permite defender la capital de Kenia de una invasión alienígena con un género clásico como es el ‘First Person Shooter’ (FPS).

 

Obviamente, cada vez es más complicado para los diseñadores y los estudios gráficos hacerse un hueco en el mundo de los videojuegos, donde las grandes corporaciones monopolizan el sector. Sin embargo, los juegos con sello africano se han hecho ya un hueco en el continente y nada les niega la oportunidad de llegar a más público demostrando que la creatividad y la innovación son un todo inseparable de la expresión digital en África.

Chiké Frankie Edozien: “Estamos aquí, siempre hemos estado aquí y no nos vamos a ir”

Chiké Frankie Edozien rezaba de joven por una novia. Iba a confesarse. Era la década de los 90 y chicos teniendo sexo con otros chicos era algo impensable. El sacerdote le animaba a reprimir lo que sentía. Pero nunca lo consiguió. Dejó su Nigeria natal y pasó por Londres. Finalmente se asentó en Nueva York donde reside en la actualidad. Después de años de lucha era el momento de vivir una vida honesta, gay y libre.

Chiké Frankie Edozien en la presentación de “Lives of Great Men” en el festival Africa Writes 2018 / Foto: Iván González

Lives of Great Men (Team Angelica) es el relato personal de Edozien. Un crónica que no sólo pone el foco en su vida privada sino que da voz a sus amigos, conocidos y transeúntes para desmantelar la idea de muchos de que no existe una comunidad LGTBIQ en África.

¿Es la homosexualidad algo importado de Occidente?, pregunto en nuestro encuentro en el festival literario Africa Writes donde Edozien presentó sus memorias. “La palabra homosexual se centra en el sexo. En África lo vemos desde el sentido más espiritual por lo que quizás la homosexualidad es una importación occidental en cuanto a la palabra pero definitivamente no en relación a la gente del continente que es gay, lesbiana, bisexual, transgénero… Incluso estas palabras son extranjeras para nosotros pero no su significado y su esencia”, responde.

Esta memoria gay, que recientemente ha recibido el premio literario Lambda 2018, es un recorrido por distintas partes del continente africano. Lagos y Accra cuentan con mayor presencia en un texto que nos lleva a Brooklyn, París, Hout Bay (Sudáfrica) e incluso a las inmediaciones de Edimburgo. Las historias que Edozien comparte son inocentes, cómicas y sexis. Pero también desvelan los miedos, las frustraciones y el dolor de la comunidad gay.

Lives of Great Men, que se publicará en Nigeria y Sudáfrica en las próximas semanas, es un canto contra el ostracismo. Es un homenaje a los que luchan por una forma de ser y no una simple preferencia. “Si esto fuera una opción, para qué arriesgar que las leyes nos metan en la cárcel. Nos están forzando a elegir una vida que no es nuestra. [Ser gay] Es una identidad. Es quien soy”, argumenta el escritor.

El libro intenta cambiar la narrativa impuesta en el continente y da voz a aquellos que no pueden, por presión social, vivir su propia identidad.

Edozien se liberó de las ataduras culturales y sociales cuando dejó Nigeria. Tuvo el apoyo de su familia aunque le costó ganarse la aceptación de su padre. Pero esto no es una posibilidad para mucha gente y el libro cuenta con innumerables casos de hombres gais que tras sus escarceos amorosos vuelven a sus vidas. A sus esposas.

Muchos gais en el continente se escudan en el matrimonio. Es una forma segura de esquivar la homofobia y hacer lo que se espera de ellos: casarse y tener descendencia. “En mi sociedad, el matrimonio no siempre es por amor. A veces es por conseguir una propiedad, por obtener un ascenso, por presión familiar. A veces es por supervivencia. Y tan terrible como lo es para los hombres, es aún peor para las mujeres africanas”, explicó Edozien en Africa Writes.

La visibilidad y el rechazo a la homosexualidad como una cuestión meramente sexual son clave, según reconoce Edozien, para combatir la superficialidad de un tema enquistado en diversos países africanos.

Su texto es la primera memoria gay en Nigeria y abre la puerta a otros trabajos como la antología de mujeres queer She Called Me Woman publicadada recientemente por Cassava Republic. “Cuanto más se publique mejor. Es el camino para el cambio y creo que se expandirá a la industria cinematográfica. Nadie puede decir que no conoce a nadie que sea gay”, dice.

El trabajo de las industrias creativas del continente es la vía para la normalización de la comunidad LGTBIQ. Edozien se confesaba al sacerdote porque en los 90 los jóvenes crecían, se casaban y tenían hijos. Sólo sabía que su mejor amigo y él eran “diferentes”. “Espero que los jóvenes abiertamente gais no tengan la carga que mi generación tuvo cuando no había ningún tipo de representación de la diversidad sexual”, explica el escritor que asegura recibir muchos mensajes pidiendo consejos. Les aseguro que no hay nada malo en sentir lo que sienten y que quieran tener un novio en vez de una novia. Elige sensatamente, les digo”.

Chiké Frankie Edozien en una foto cortesía del autor

Lives of Great Men surge como una respuesta a las legislaciones homofóbicas de distintos países del continente. En 2014 el gobierno de Goodluck Jonathan aprobó una legislación contra el matrimonio homosexual en Nigeria. Las medidas represivas seguían la estela de Uganda y Ghana donde estas leyes llegaron arropadas por la embestida del cristianismo evangélico que azota el África subsahariana.

“No vamos a ganar esta guerra luchando con las mismas armas. Hay que combatir para ganar corazones y mentes a través de la cultura pop, de la literatura, del cine… para que la gente piense por sí misma”. Una fórmula que también ayudará a padres y familiares: “Pueden leer estas historias personales e íntimas y entender que sus hijos son diferentes y no demonizarlos”

En muchos países es muy fácil culpar a la comunidad LGTBIQ de los problemas económicos y sociales, reconoce Edozien que advierte cómo el discurso político se endurece principalmente en las campañas electorales. Sin embargo, el escritor se muestra optimista y mientras conversamos recuerda la celebración del primer Orgullo en Suazilandia.

“El coraje que se ha mostrado en Suazilandia no se ha visto en el colectivo LGTBIQ en mucho tiempo y es algo que me entusiasma a pesar de lo pequeño que es el movimiento. Es una manera de decir que estamos aquí, somos diferentes, siempre hemos estado aquí y no nos vamos a ir”, sentencia.

Reivindicación feminista e historia de Nigeria, dos en uno

Quédate conmigo tiene el regusto de las grandes novelas escritas por mujeres en las postindependencias. Tiene ese regusto, pero aporta un sabor renovado. Remite a títulos como Mi carta más larga, de Mariama Bâ o El baobab que enloqueció, de Ken Bugul, en cuanto a esas historias de mujeres que reúnen en una sola persona todos los sufrimientos femeninos. En realidad se trata de mujeres fuertes, también Yejide, la protagonista de Quédate conmigo, lo es, pero parece que sus vidas están destinadas a atraer la desgracia, toda la desgracia.

La escritora nigeriana Ayobami Adebayo. Foto: Eniola Alakija / Cedida

En relación a esos referentes, la joven autora nigeriana Ayòbámi Adébáyò, ha renovado considerablemente la forma de narrar, en parte el lenguaje que seguramente al lector le resultará mucho más próximo, pero sobre todo la estructura de la historia. En Quédate conmigo, dos narradores van contando la misma historia, en ocasiones, incluso, los mismos pasajes y así la aproximación a los personajes resulta más rica, desde su propia intimidad, pero también a partir de cómo otro, alguien muy próximo, interpreta sus acciones. De la misma manera, la escritora ha decidido enmarañar el hilo temporal para mantener hasta el último momento el misterio sobre algunos de los pasajes del relato. La operación es un riesgo, evidentemente porque se aleja de la forma más habitual de leer las historias, pero se puede decir que Adébáyò lo resuelve con éxito, ha demostrado la capacidad de mantener al lector junto a los protagonistas y, al mismo tiempo, jugar con él para dosificar los detalles más determinantes.

En realidad, Quédate conmigo se va desplegando como la historia del calvario de Yejide, una joven nigeriana para la que más allá de su noviazgo con Akin la vida es sufrimiento. El relato se desarrolla durante más de veinte años, pero el entorno político juega un papel especial en los hecho que coinciden con los sobresaltos de los primeros años ochenta y, sobre todo, alrededor del golpe de estado militar de Ibrahim Babanguida. En un momento, incluso la protagonista reconoce el paralelismo entre el país que se está deshaciendo y su vida que, simultáneamente, se desmorona por momento.

Yejide soporta el peso de todos los males que afrontan las mujeres de esa época y de ese lugar, la Nigeria de la década de los ochenta, a pesar de que ella pertenece a la capa social de los acomodados. Seguramente, la elección del personaje tiene mucho que ver con la voluntad de la autora que no sitúa todos estos obstáculos colocados en el camino del desarrollo femenino en un entorno rural, sino en un contexto de familias bienestantes. A través de la protagonista, vemos el impacto que supone la aparición de una segunda esposa, para una mujer que ha asumido un modelo de amor romántico y considera que junto a su marido forma una familia completa.

La hipocresía y el machismo que lo contamina todo son una nota constate en la desventurada historia de Yejide y también de su marido. La incapacidad para concebir es atribuida inevitablemente a Yejide, pero la presión de la familia para aumentar la familia les apremia a ambos. La joven había encontrado en el noviazgo con el apuesto y atento Akin, su primer espacio de plenitud, después de haber sobrevivido en el parto a su madre, de haber tenido que vivir con la sombra del resentimiento del padre y con la marginación y el desprecio por parte de sus madrastras. “Antes de llegar a la adolescencia, aprendí a desconectar de sus espeluznantes descripciones de cuánto sangró, pero nunca superé la forma en que me miraba cunado hablaba de su muerte, como si estuviese evaluando, intentando decidir si yo equivalía a lo que él había perdido”, explica la protagonista. Pero a medida que la presión de la familia aumenta empieza a consolidarse una acción subterránea, las mentiras, los manejos, los planes ideados como geniales que sólo pueden llevar al más absoluto desastre.

Llegan los niños y se incrementan las desgracias, aparecen pesadas losas como las de algunas tradiciones o, más bien, las de las interpretaciones de las tradiciones que no han sabido repensarse. O las de los curanderos decididos a hacer negocio del sufrimiento. Y de pronto esos secretos lo van contaminando todo. “En realidad en mi hogar polígamo, escuchar a escondidas conversaciones ajenas no sólo era de mala educación; era un crimen. Todo el mundo tenía secretos, secretos que estaban dispuestos a proteger con su vida”, recuerda Yejide de su infancia.

Con esa llegada de los niños, la atormentada existencia de la protagonista se va dirigiendo poco a poco hacia un precipicio. “A una madre no le está permitido que se le nuble la vista. Debe percatarse de si el llanto de su bebé es demasiado fuerte o demasiado bajo. Debe saber si la temperatura del niño ha subido o ha bajado. A una madre no se le puede pasar por alto ninguna señal”, tal es la concepción de la maternidad y la carga de responsabilidades que se impone un mujer que ha sido empujada prácticamente hasta la locura (o incluso, más allá de la locura) por no concebir. Las cuitas por la paternidad de Akin también se hacen presentes en medio de un escenario en el que las desgracias se van sucediendo una tras otra. Y otra más, cuando parece que las cosas ya no pueden empeorar.

“La esperanza era un lujo que yo ya no podía permitirme”, llega a confesar Yejide a medida que se acerca el desenlace. “Desde Olamide y Sesan, y ahora con Rotimi, llevaba mucho tiempo gravitando al borde de un precipicio, y ahora estaba tan agotada que sólo quería que me dejasen caer”, sentencia en el momento en el que definitivamente toca fondo. En todo caso, el relato desvela el poder destructivo de los secretos, pero también, a pesar de que no sea de manera evidente, debería ser un antídoto contra los deseos no formulados, las quejas silenciosas enquistadas y, por extensión, todas las palabras no dichas.

Quédate conmigo es una historia descarnada, dura, durísima. No recomendable para mujeres embarazadas, futuros padres, madres en ciernes o familias en fase de construcción. Sí, es dramática, a veces, incluso desagradablemente dramática, porque te revuelve y te lleva al borde de la indignación y, sin embargo, aunque nunca lo habría dicho antes de las últimas doce páginas que constituyen la última parte de la novela, es una historia llena de esperanza y que acaba compensando los pesares previos.

Binti: bajo la ciencia ficción, la conciencia

Ahora mismo, Nnedi Okorafor es probablemente la autora más popular de la ciencia ficción, e incluso, de la literatura fantástica africana, en un sentido más amplio. Más allá de la simplificación que suponen las etiquetas, Okorafor aparece ahora mismo como la principal representante del afrofuturismo literario. No se debe confundir esta clasificación con una moda. La autora de origen nigeriano ha firmado más de una quincena de títulos entre novelas y novelas breves, sin contar ensayos artículos o relatos, durante los últimos trece años. El reconocimiento a esta amplia carrera se ha disparado en los últimos años, aunque durante este tiempo ha ganado una decena de premios estadounidenses e internacionales. Sin embargo, la popularidad responde, en ocasiones, a elementos más mediáticos. En los últimos tiempos, por ejemplo, se ha sabido que HBO convertirá en una serie televisiva la novela Who Fears Death, y que será la encargada de escribir futuras entregas del último gran lanzamiento de Marvel, Black Panther, e incluso una de las secuelas de esta serie de superhéroes que ha sacudido representación que tradicionalmente Holywood hacía del continente africano.

La escritora Nnedi Okorafor, figura del afrofuturismo. Foto: Jim Hines

Su novela corta Binti, precisamente, es uno de sus trabajos más premiados y ha sido reconocido con algunos de los premios más importantes de la literatura de fantástica y de ciencia ficción como el Premio Nebula o el Premio Hugo. La editorial Crononauta se ha embarcado en la publicación de Binti en castellano, traducida por Carla Bataller Estruch. Y así llega hasta nuestras manos una de las obras contemporáneas más representativas del afrofuturismo.

Okorafor, es una novelista y ensayista nacida en Estados Unidos, de origen nigeriano. La vinculación de la escritora con el entorno afro, primero, y explícitamente africano, después, es evidente en sus influencias o en su inspiración. Así que al margen de sus datos biográficos está claro que ella se siente cómoda como autora africana. De hecho, en su faceta ensayística es una de las responsables de algunas de las reflexiones más interesante en torno a la ciencia ficción africana. Okorafor puede decir sin empacho que ya en 2009 le auguraba a este género una buena salud. Los últimos acontecimiento y las tendencias tanto del público como de la industria han demostrado que la escritora tenía razón en aquel ensayo en el que se preguntaba si África estaba preparada para la ciencia ficción.

Binti pone de manifiesto una característica de la literatura de ciencia ficción que se reclama constantemente: su trasfondo. El género es un envoltorio, a menudo, una primera capa que alberga mensajes con mucho contenido. En el caso de la historia de Binti, el nombre de la protagonista, la experiencia básica de la exploración de nuevos mundos, apenas oculta la preocupación medioambiental y una lección en torno a la convivencia intercultural.

Una joven himba decide ser la primera en abandonar la tierra a la que su cultura está estrechamente ligada. No sólo nunca antes nadie se había embarcado en una aventura como la que afronta Binti, sino que además lo hace en contra de la voluntad de los suyos. En un escenario futurista, Binti es una matemática genial y que además combina su capacidad con los números con un don oculto: es una maestra armonizadora, la habilidad más adecuada para controlar las corrientes que se utilizan en la construcción de los astrolabios, en la que se ha especializado su familia. Los astrolabios son artefactos que acaban conteniendo toda la vida de sus poseedores, el pasado con su hitoria, el presente con todos sus contactos y las herramientas para la vida y el futuro, con algo parecido al destino. Quizá alguien reconozca en el astrolabio una especie de teléfono móvil aumentado.

Nnedi Okorafor, escritora de literatura fantástica de origen nigeriano. Foto: byronv2

En parte, la joven pasea con orgullo su exclusividad, su piel “marrón oscuro” y el otjize, la arcilla rojiza con la que cubre su piel y su pelo como muestra de arraigo a la tierra. En parte, sin embargo, no puede evitar la inseguridad que genera la presión social a la que se ve sometida. Binti no ha querido desaprovechar la oportunidad de ingresar en Oomza Uni, la universidad más prestigiosa del universo. La joven ha contravenido todas las normas de su comunidad para asistir a esa Meca de conocimiento. Se ha montado en una nave espacial, que en realidad es un gran organismo vivo modificado, con personas de diferentes procedencias, no solo humanas.

Sin embargo, el viaje será un reto mucho mayor del que Binti se había imaginado. En realidad, todo ese futuro vivido en un entrono aséptico no impide una sociedad que no ha llegado a ser igualitaria y en la que prevalecen algunas discriminaciones. Precisamente, la traición del pacto entre los hombres y las medusas genera una situación extrema en el viaje de la joven exploradora himba y, posiblemente, en el futuro del universo. Sin embargo, el desenlace de ese conflicto es la parte más interesante de la trama que no vale la pena desvelar. Quizá sirva como un indicio el hecho de que Binti es la primera entrega de una trilogía cuyo tercer episodio se ha publicado originalmente este año. Por cierto, la editorial Crononauta ya ha avanzado que próximamente publicará la segunda entrega: Binti: Hogar; y prevee también editar la primera novela para adultos de Nnedi Okorafor, Who Fears Death. Así que continúan los motivos para la esperanza.