Radiografía de la escena artística afrodescendiente en Barcelona: una explosión de cultura y reivindicación

La escena artística negroafricana y afrodescendiente barcelonesa es una realidad  cada vez más vibrante, más rica, más nutrida de matices y de orígenes diversos que no se conforma con que le dejen aparecer en ciertos espacios. Ahora clama y reclama con fuerza, la pertenencia a este espacio, que durante tantos años se le ha negado. Y es que la potencia con la que llega la música nigeriana, las danzas urbanas del África al sur del Sahara subsahariana o el interés que están despertando en la sociedad las distintas formas de expresión y sentires de las diásporas, empiezan a revolucionar la cultura local. 

Equipo de la iniciativa The Voodoo Club. Foto: Cedida por el colectivo

De hecho, este año el Festival Grec se ha inspirado en esta gran diversidad de culturas africanas que florece en Barcelona y ha llenado su cartel con artistas de la talla de Cimafunk, Concha Buika, o Fatoumata Diawara. También contará con artistas de la ciudad como la actriz y directora de teatro Silvia Sopalé, con su espectáculo No es país para negras o el trío de cantantes Sey Sisters.

Llegar hasta aquí- un lugar en el que estas voces empiezan a ser reconocidas como una parte más de la cultura barcelonesa- ha supuesto, sin embargo, un arduo trabajo para la comunidad afrodescendiente. En este sentido, la mayoría de artistas que participan en el fenómeno, no se han quedado quietos y han dedicado sus esfuerzos a fabricar su propia batuta, para así dirigir su función.

“La solución es hacerlo nosotros” 

Un buen ejemplo de ello es The Voodoo Club, el joven colectivo nigeriano que en los últimos  años ha tomado las riendas de la noche barcelonesa, con fiestas donde se pincha la mejor música comercial y underground africana . Yemi Alaran, el manager del proyecto, explica que estas fiestas nacieron de las inquietudes de jóvenes nigerianos a los que no dejaban entrar en muchas discotecas por ser el hecho de ser negros. “Empezamos grupos de amigos con afinidades y miembros de la misma comunidad, que vivíamos lejos de nuestros orígenes y estábamos hartos de la exclusión, así que decidimos ponerle solución, haciéndolo nosotros”, explica Alaran. 

La respuesta social fue abrumadora. Con el diseñador y cantante Wekaforé Jibril como principal impulsor, el colectivo pasó a convertirse, en muy poco tiempo, en un proyecto tractor de la integración de las culturas africanas contemporáneas en las diásporas a nivel nacional. “Ya antes del coronavirus estábamos empezando a  llevar las fiestas a Ibiza, Madrid, e íbamos a hacer una en el País Vasco”, explica el manager de Voodoo Club. 

“En la moda aún se vive mucho racismo”

Más allá de las fiestas, la iniciativa también integra su propia agencia de modelos, The Voodoo Children’s Agency, donde se promocionan perfiles diversos, libres del corsé de los cánones de belleza del norte global. Una de ellas es la modelo y poeta de origen senegalés, Fatou Cabo, afincada en Barcelona, que ya ha posado para revistas como Vogue. Para ella, la moda aún sigue siendo racista, aunque no se quiere aceptar: “Todavía se ven desfiles completos con muy pocas personas no-blancas en ellos y las marcas aún tienden a tirar del perfil occidental como prioridad”, señala.

Captura de Fatou Cabo en uno de los videopoemas del proyecto BMB.

Cabo se expresa también a través de la poesía y, de hecho, acaba de presentar su primer proyecto, de cuatro videopoemas, realizado por Heidi Ramírez, que se ha presentado en el Sheffield DocFest. En esta obra, la artista relata su experiencia al salir del armario como mujer lesbiana, en el contexto de una familia africana y además musulmana.

“La cultura ha de dejar de ser un espacio cerrado y privilegiado” 

Silvia Albert Sopale. Foto de Thaïs Batlle.

La actriz Tamara Dong. Foto: Marc Bordons

En la escena teatral, algunos artistas de la diáspora también están impulsando potentes iniciativas que favorecen esta efervescencia creativa. Un contexto que cuenta con un nuevo actor clave: la recién estrenada cooperativa Periferia Cimarronas. Se trata de una sala liderada por mujeres racializadas del mundo de la cultura, que apunta a ser referente de la diversidad de la ciudad.“Queremos aportar un espacio cultural diverso, antirracista y afrofeminista a la ciudad de Barcelona, que pueda expresarse mediante el teatro. La cultura ha de dejar de ser un espacio cerrado y privilegiado, por lo que queremos visibilizar la cultura del mestizaje, e influir en lo que está ocurriendo en la sociedad”, señala su creadora, la actriz e impulsora del movimiento cultural Black Barcelona, Silvia Sopale.

Sopale cree que esta sala será una oportunidad para las mujeres negras y racializadas de expresarse, encontrarse y poder actuar con más libertad. “No tendremos que estar pendientes de largas colas para que nos den una sala, o sujetas a altas comisiones por nuestros espectáculos”, explica.

En este sentido, Tamara Ndong, otra de las jóvenes promesas del teatro barcelonés, define la cooperativa como un gran ejemplo de cómo pasar a la acción. Y es que la principal dificultad que se encuentra una actriz negra es la falta de oportunidades: “No tenemos acceso a las mismas pruebas debido a que nuestros rasgos no entran dentro del imaginario de los directores, guionistas y creadores”, explica la actriz. Ndong, a pesar de ello, se ha labrado un currículum que ya cuenta con trabajos de renombre con la Fura dels Baus, en la serie el Ministerio del Tiempo o con la Agrupación Serrano.

“Cada vez se cuenta con más con bailarines negros”

Fatu Afrikangyal, es otra artista barcelonesa que ha hecho del selfmade su forma de vida. De familia maliense  y numerosa, la bailarina nunca pudo acceder a escuelas de baile en sus inicios y aprendió mucho sobre las danzas urbanas del África al sur del Sahára y el dancehall viendo vídeos en su casa.  En la actualidad, la danza es su profesión, además de ser profesora en la escuela Attitude Dancehall. 

La bailarina y coreógrafa Fatu Afrikangyal. Foto: Cedida por la artista

Su proyecto es ella misma, como Afrikangyal, y su objetivo, que a través del baile se pueda lograr más unión entre personas. De hecho, Fatu explica que la música africana está en su punto más álgido en el mundo, lo cual favorece mucho más intercambio cultural entre afrodescendientes. “Cada vez hay más profesores, más estilos, más colaboraciones. Se está creando una red de unión que ha permitido que podamos estar más presentes y que se cuente más con los bailarines negros”, comenta satisfecha la joven bailarina y coreógrafa.

Musica de la diáspora de latinoamericana

Pero la afrodescendencia es muy amplia y diversa, y abarca todos los continentes. Varios años antes de la fiebre del afrobeat en el país, España estaba muy influenciada por el legado cultural que África había dejado en Latinoamérica: los ritmos afrocaribeños, el regueton, la cumbia y la electrónica latina.

El Dj Le Duc. Foto: Cedida

Bebiendo de todas estas fuentes, el artista colombiando afincado en Barcelona, Le Duc, ha creado su propia categoría musical, lo que él ha nombrado “High Faggot Techno”. Una propuesta musical inmersiva que, según LeDuc, te hace entrar en una suerte de ‘hipnosis marica’ : “Trato de crear una atmósfera en la cual hago que quién me escuche, se convierta en maricón mientras dure la música”, explica el dj colombiano.

“Mi objetivo es  crear un punto de debate en la sociedad a través del cine”

En el cine, sin embargo, aún queda más trabajo por hacer. Al menos así es como lo ve el fotógrafo y director de cine, de origen senegalés, Dembo Diaby. “Mucha gente blanca todavía te tiene que dar el doble check. Si eres negro y fotógrafo o director, no acaba de entrar en la cabeza que puedas triunfar en este sector”, señala Diaby. 

El realizador Dembo Diaby. Foto: cedida por el artista

Con sus creaciones, el cineasta barcelonés quiere transmitir historias reales, del día a día,  especialmente sobre las vivencias y sentires de los colectivos minoritarios. De este modo, Diaby aspira a generar debate en la sociedad y así mostrar, según él, que la historia no siempre tiene que ser contada por los mismos. “Es el momento de ocupar este espacio que nunca hemos tenido, sobre todo la comunidad negra”, reclama el realizador.

A pesar de todo, también cree que ha habido avances en la industria del cine, y que en un futuro próximo se verán más. “Viene toda una generación de afrodescendientes muy motivada, que ha avanzado mucho y eso va a marcar toda la cultura venidera”, añade Diaby.

Este artículo ha sido publicado con el patrocinio de:

The following two tabs change content below.

Jennifer Molina

Jennifer Molina Martínez nació en Barcelona en 1987. Es graduada en Periodismo y Comunicación Corporativa, por la Universitat Ramon Llull. Es activista antirracista implicada en movimientos sociales. En su trayectoria laboral, ha trabajado en el Periódico de Catalunya y en Crónica Global, así como en los departamentos de comunicación en diversas empresas.
2 comentarios

Trackbacks y pingbacks

  1. […] de artistas afrodescendientes, pecamos de ser demasiado centralistas y nos fijamos en los proyectos que se crean en grandes ciudades como Barcelona. Y en cierta forma, es verdad que gran parte de los artistas desarrollan sus obras en la capital […]

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *