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Ben Okri: “Nadie sale de su casa, coge un fusil y dispara a su vecino, si antes no han manipulado sus mitos”

Acaba de cumplir 60 años y se conduce con elegancia. Habla despacio y con serenidad y a menudo desafía sutilmente en el cara a cara, estableciendo algunas distancias. Pero cuando el escritor nigeriano Ben Okri se sube al atril, es otra cosa. Despliega un magnetismo que le conecta con el público y que ha hecho que muchos de sus lectores se conviertan en incondicionales. Es uno de los autores africanos con más reconocimiento internacional y, de hecho, fue el ganador más joven en su momento del Booker Prize, uno de los premios más prestigiosos de la literatura en inglés. Su narrativa ha llamado la atención por su capacidad para combinar con naturalidad el mundo de lo invisible y el de lo visible, mezclando sin artificios espíritus o ancestros con críticas sociales. Pasó por Barcelona para proponer en el CCCB una nueva manera de mirar al mundo.

El escritor nigeriano, Ben Okri. Foto: Carlos Bajo Erro

En su última novela The freedom artist dibuja un mundo sin libros y con un poder autoritario, ¿qué relación hay entre estas dos cuestiones?

En el mundo de The freedom artist es fundamental para las autoridades que los libros desaparezcan. Es fundamental que la gente deje de formular preguntas. Y es fundamental que la gente sienta miedo y sea maleable, porque esto hace que la gente sea más fácil de manipular y hace que el trabajo de la autoridad sea más sencillo. En realidad habla de nosotros. Es hacia donde estamos yendo. Quieren que seamos menos humanos.

¿Es su visión del futuro?

No. Es mi visión del presente.

Ben Okri, uno de los escritores de origen africano más populares de la literatura contemporánea. Foto: Carlos Bajo Erro

Pero también hay una serie de personas que lucha por preservar esos libros…

Siempre habrá personas luchando para preservar las historias. Porque es una de las partes más humanas que tenemos. En las historias conservamos nuestro espíritu, el sentido de nuestras vidas, quiénes somos, quienes quisiéramos ser, en quién quisiéramos convertirnos. Y también nos detienen a la hora de suicidarnos en masa.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí

La cultura es nuestro campo de batalla

Hoy hace 60 años, el 4 de septiembre de 1957, el poeta y político senegalés Léopold Sédar Senghor publicaba un artículo en el periódico Le Monde, donde argumentaba lo siguiente: “Por descolonización, entiendo la abolición de todo prejuicio, de cualquier superioridad en las mentes del colonizador, y también de cualquier complejo de inferioridad en la mente de los colonizados”. Seis décadas más tarde, la “descolonización de las mentes”, tal como la entiende el escritor keniano Ngũgĩ  wa Thiong’o en su obra homónima, es una tarea inconclusa.

África fue colonizada y subordinada. Y las mentes de africanos y occidentales no sufrieron mejor destino. Las potencias europeas utilizaron los medios de comunicación, los libros de texto o el cine como herramientas para legitimar sus decisiones políticas, barbaries institucionalizadas y crímenes contra la humanidad. Y desde entonces, poco ha cambiado.

La retórica y el imaginario de África en la prensa y la industria cultural predominante han sido, pobreza, salvajismo, incapacidad de autogobierno y necesidad moral de “enseñar(le) a África el buen camino” – aquél que es bueno para el beneficio del que lo instruye, por supuesto-. Y así es como se ha construido la representación de África que predomina globalmente: la del “continente oscuro”. De hecho, estas ideas están tan incrustadas en el imaginario occidental que la mayoría de la gente, incluidos los periodistas, seguimos alimentando este discurso inconscientemente. Pero, ¿estamos seguros de que son solo los africanos y africanas los únicos sumergidos en un oscurantismo?

Los medios de comunicación masivos son un reflejo del estado de nuestra democracia, nuestra cultura y nuestra sociedad. Y el panorama es desalentador. ¡Viva el Panem et circenses! No es casual que nuestros adolescentes tengan como ídolos a Leo Messi, Cristiano Ronaldo, Belén Esteban o la Pantoja, Champions del fraude fiscal o del grotesco más degenerado. El espejo nos devuelve una imagen muy fea de lo que somos, o mejor dicho, de aquello en lo que nos han convertido.

¿Queda alguien sensato que no opine que los medios deban ser reconquistados? ¿Descolonizados? ¿Puestos al servicio de la emancipación de la ciudadanía?

La cultura es nuestro campo de batalla

Las incertidumbres sobre el papel actual de la cultura, y los medios dentro de ella, sobrevuelan el mundo desde la crisis de 2008, cuando Occidente llevaba más de dos décadas confundiendo ‘cultura’ con los conceptos capitalistas de las industrias culturales y creativas. ‘Cultura’ tiene que ver con las formas de expresión que una sociedad manifiesta a través de sus comportamientos, valores y actitudes. Y no con el modo individual e individualista que fragmenta en pos del beneficio económico, o el mero hecho de ir al “supermercado cultural” a comprar o vender tal libro, a proyectar o ver tal película o a ofrecer o asistir a tal exposición…

La cultura es un laboratorio donde imaginar soluciones para los convulsos tiempos en los que vivimos, y ser capaces de encontrar salidas posibles a la complejidad social, la deriva política y las atrocidades humanas cometidas en nombre de la “modernidad”. La cultura debe ser, por tanto, un espacio desde el que arrojar luz y hallar remedios colectivos. Un aliado para la educación. Un ancla a la paz, la convivencia y el aprendizaje mutuo.

La salud cultural de nuestros distintos escenarios globales (África incluida) no debería evaluarse por los presupuestos estatales o supranacionales dedicados a instituciones, públicas o privadas, sino por el nivel de empoderamiento colectivo otorgado desde la creatividad hacia la ciudadanía (global, si se nos permite). Por los niveles de racismo de nuestra sociedad. Por la cantidad de actitudes machistas. Por la intolerancia a la diferencia… Pero es evidente que la falta de inversión pública en el sector cultural ha acarreado consecuencias nefastas en materia de igualdad de género, marginación de colectivos con menor poder adquisitivo, inclusión a la diversidad cultural… 

Sí. La ‘cultura’ ha sido secuestrada por las élites y sometida al proxenetismo de los que nos quieren sordas, mudas y esclavas. Siguen hablando de democracia y libertades pero, ¿a caso puede haber transformación política, económica o social sin una revolución cultural que la preceda? La emergencia de la acción ha dado sobradas muestras de alcanzar su cenit. Y aunque la mayoría esté cómoda en la “miseria cultural” y el adormecimiento, le toca a la minoría actuar como agitador. Y ya lo advertimos en nuestra editorial de la temporada pasada… Esta es nuestra vocación. (Recordemos que ‘wiriko’ significa ‘estar despierto’ en las huellas del bantú que siguen vivas en ciertas partes de Cuba).

Cinco temporadas después de un punto de partida trazado un 1 de octubre de 2012, Wiriko es una isla en un pequeño archipiélago de luz. Desde él, lanzamos constantemente señales de esperanza y ofrecemos herramientas para despertar individual y colectivamente.

Para nosotros la diversidad cultural es un principio de pedagogía radical y la génesis para el florecimiento de una nueva era.

Y aunque somos gueto, también nos sabemos guerrilla ruidosa cargada de herramientas del activismo cultural. Conectados con otras guerrillas afines (¡benditas seáis! ¡no ceséis!*) y resistiendo desde las trincheras.

¿Cómo trazar puentes? ¿Cómo acortar las distancias? ¿Cómo superar la división y saltar los tremendos obstáculos de la cancha del atletismo mediático dopada a base de millones y publicidad engañosa? No competimos en la misma liga pero somos conscientes de algo: tenemos la responsabilidad de contribuir a la construcción de una sociedad mejor informada, más justa y más equitativa. Y es precisamente por ello que queremos recolonizar el mundo de la cultura.

Hemos pasado de ser un medio digital a colaborar asiduamente con prensa escrita como El SaltoPlaneta Futuro.  De trabajar puntualmente con programas de Radio 3 o Radio Exterior de España, a tener un programa semanal en la radio pública del Ayuntamiento de Madrid (M21). De hablar de cine a proyectar cine, tanto a través de nuestro canal de Filmin como a través de proyecciones en diferentes puntos del Estado. De aportar culturas africanas en la academia africanista de España, a ofrecer nuestra propia formación en artes y culturas africanas. De pinchar y hablar de música, a programar fiestas y nutrir el circuito de la música africana en España, tanto con Wiriko Sounds como con el proyecto pionero de Moto Kiatu. De hablar de festivales punteros en cultura a participar en encuentros relevantes en el mundo de las artes y la cultura como el Dak’Art o el Africa Writes… Todo, como parte de un plan para seguir abonando el terreno. Para contribuir a (re)pensarnos. (Re)imaginarnos desde las experiencias artísticas y culturales que nos llegan del Sur del Sáhara.

Iniciamos nuestra 6ª temporada con empeño, ilusión y nuevas ideas a desarrollar durante las próximas semanas y meses. Queremos trabajar para transformar. Conscientes de nuestras limitaciones y nuestras precariedad laboral, con humildad, pero con firmeza y prioridades claras, porque la “abolición de cualquier complejo de inferioridad en la mente de los colonizados”, ¡debe hacerse real en todas partes del mundo! No importa cuántas seamos. Este apetito por escuchar y compartir historias; nuestras ansias para conquistar nuevos espacios; la intuición de que los “condenados fanonianos” de África y Occidente debemos estar en un mismo frente… son parte de una revolución necesaria. Su “sistema de miedos” y sus “mecanismos de dominación” no le pueden hacer pulso a nuestro amor por el conocimiento; a nuestro deseo irrefrenable de sabernos más iguales que diferentes; a la necesidad imperante de unidad…

Desde las “márgenes” de África y su frontera en Europa a través de España, seguiremos resistiendo al mainstream. Seremos canal y puente. Antídoto y revulsivo a la homogeneización y al subdesarrollo occidental (moral y psicológico). Para eso, inauguramos hoy un nuevo curso que quiere llevar nuestras acciones y nuestro trabajo a seguir haciendo fuerza desde abajo para derrocar sus viejos diques y fronteras.

¡Os esperamos, a diario, para transformar el mundo!

¡Hagámonos con la cultura!

*A vosotros y vosotras: Centre d’Estudis Africans i InterculturalsGrupo de Estudios Africanos, la Revista Pueblos, nuestros compañeros de Africaye, Mundo NegroporCausa, SOS Racismo, la Coordinadora estatal de ONGs para el Desarrollo, United Explanations, la Revista 5WCasa ÁfricaAfribuku, el Festival de Cine Africano de Tarifa o nuestros compañeros y compañeras de EFE Africa o Planeta Futuro, siempre a pie de cañón; y por supuesto, a la diáspora africana creando y maquinando a conciencia a través de United MindsThe Black View,  Afroféminas, Black Barcelona, Espacio Afro, EFAE, Asociación Kwanzaa, Poto Poto,… 

Ken Aïcha Sy: “El mundo se espera que hagas un producto “africano” cuando eso no quiere decir absolutamente nada”

Ken Aïcha Sy – Bloguera y propietaria de un sello discográfico. Esta foto es parte de la serie The Studio of Vanities de
Omar Victor Diop, 2011.

Esperando en la calle en el barrio de Mermoz, en el centro de Dakar, Ken Aïcha Sy no pasa desapercibida. Alta y vigorosa, luce un look atrevido incluso para la capital, adornado de piercings y tatuajes y habla un francés mezclado sin complejos con términos en wolof y numerosos anglicismos. Así es esta emprendedora vocacional y activista cultural empedernida, cuya historia, se podría decir vincula pasado, presente y futuro de la cultura contemporánea senegalesa.

Pasado: la agitación para la reflexión

Esta joven de 28 años nació en Dakar en el seno de una familia que bebió del esplendor artístico y cosmopolita del Senegal de la post independencia. De la fusión de las pasiones de sus dos progenitores se conforma lo que es hoy su proyecto de vida: la cultura y la comunicación.

Su madre, la periodista de las Antillas francesas, Anne Jeanbart, le legó el espíritu divulgativo, y su padre, el pintor senegalés El Hadj Sy, el amor por el Arte: así, con Mayúsculas.

El Hadji Sy, padre de la bloggera senegalesa Ken Aïcha Sy. Fotografía de Africanah.

El Hadj Sy , se formó en la Escuela de Dakar puesta en marcha por Senghor en los primeros años de la independencia, sin embargo, pronto se desmarcó de la línea filosófica de la Negritud. Fue uno de los miembros activos del movimiento por la agitación artística, el Laboratorio AGIT-Art, que junto con Amadou Sow, Bouna Seye y muchos otros, se conservó el derecho y el deber de criticar las políticas públicas y de imaginar otra manera de concebir el arte más libre y creativa que la que tenía el presidente.

“No crecí cerca de mi padre y, aunque había cuadros de él en casa, no conocí su obra hasta casi mis 22 años”, comenta Ken Aïcha Sy. “Sin embargo, mi madre, testigo de primera mano, me hablaba de AGIT-art, el laboratorio artístico y experimental que desde los 80 trabaja por la cultura y la creatividad. Me contaba los comienzos y cómo los artistas de la capital se reunían en el patio de Joe Ouakam (como se conocía al recientemente fallecido Issa Samb). Ese periodo ha contribuido enormemente a avanzar la reflexión sobre la cuestión del Arte en Senegal”. 

Esta herencia de concepción de la ciudadanía ligada al activismo cultural aflora en Ken Aïcha SY en 2010. Tras realizar sus estudios básicos en la capital senegalesa, en 2006 se marcha a Francia a formarse en arte y diseño. Su vuelta a África coincide con la 3a edición del Festival Mundial de Artes Negras (FESMAN), en la que retoma contacto con su padre y su círculo artístico al que apenas conocía. Le salta el chip. Se da cuenta de lo desvinculada que está la juventud de ese patrimonio. No hay vuelta atrás. Se decide a poner en valor y visibilizar las iniciativas culturales existentes pero también las potenciales. No puede dejar de ver oportunidades en su entorno. ¡Tanto talento sin explotar!

Presente: las TIC para visibilizar el patrimonio

Así que se pone manos a la obra. Su objetivo: visibilizar y promover la cultura senegalesa. “Era una necesidad real en aquel momento”, explica. Empieza con un blog y al año, crea Wakh’art (un juego de palabras que significa “hablar de arte”, en wolof),  una plataforma cultural que cuenta con más de 10.000 seguidores online y con varios ejes de trabajo: un repertorio artístico con más de 700 entrevistas realizadas por ella misma, una agenda cultural y proyectos como una radio online o la Boîte à Idée (La Caja de las Ideas) un espacio de encuentro físico donde se organizan debates culturales, proyecciones de cine, exposiciones, talleres de pintura y brunch los sábados.

“Internet ayuda mucho pero la gente necesita verse y sentirse. Las actividades son gratuitas, ya que no queremos que el dinero sea un problema para el acceso a la cultura”, afirma.

Wakh Art Akya Sy, por Diattus Design.

En efecto, la Boîte à Idees es también su casa. Y la sede de Wakh’art. Un lugar creado al estilo de la Factory de Warhol… La villa desvela su gusto por el reciclaje y la recuperación, por la cultura urbana en forma de grafitis imponentes que cambia cada año para guardar “el espíritu efímero que debe caracterizar este arte”, detalles mágicos en forma de conchas, árboles, libros escondidos o juegos para los visitantes más pequeños. Se respira amor y respeto por lo que hace y una voluntad de crear un lugar inspirador para los artistas que por allí se acercan.

En forma de entrevista, Ken Aïcha Sy transcribe en primera persona los intercambios que tiene con las actrices y actores culturales de todas las generaciones que pasan por la Boîte à Idées. Con un estilo informal pero rigurosamente documentada, traslada la opinión de estos artistas senegaleses y extranjeros de paso en la ciudad, que no solo hablan sobre sus trabajos, sino que son cajas de resonancia de las realidades sociopolíticas de su entorno.

Observadora privilegiada del panorama cultural de su país no tiene pelos en la lengua: “Aparte de la música, hay poco conocimiento y reconocimiento del arte. Cuando rascas un poco el discurso político en materia cultural está vacío: al final la financiación viene de fuera. Al menos, el gobierno debería obligar a las empresas extranjeras que llevan años beneficiándose de nuestras riquezas a participar en las manifestaciones culturales y aportar dinero al desarrollo cultural de nuestro país. ¡Es lo mínimo!”, se indigna. 

Ken Aïcha Sy, por RapNabisso.

Futuro: el arte como factor de desarrollo

El lema de la asociación Wakh’art, presidida actualmente por el experto en estrategia digital Alpha Ciré Kane, es el “arte como factor de desarrollo”. “Nos referimos a un modelo económico en el que creemos”, dice SY. “En Senegal tenemos un patrimonio cultural muy rico, pero no somos conscientes de su potencial económico. Nosotros creemos que el arte se debe de utilizar para favorecer el desarrollo del país. Si desarrollamos la industria cultural, y la profesionalizamos, mucha gente podría ganarse mejor la vida y a la vez, atraer un turismo diferente”.

“Para eso, habría que llevar a cabo dos acciones: promover que la ciudadanía conozca y ame su propia cultura, y formar profesionalmente a alguna de esa gente para participar profesionalmente en su desarrollo”, comenta.

Tras el análisis, Wakh’art se puso a trabajar: “con el proyecto Arte en la escuela, intentamos promover esa sensibilidad artística en los más jóvenes, incluyendo también disciplinas menos convencionales como grafiti, DJ’ing o reciclaje y dándoles las herramientas para poder descodificar la cultura y aprender a amarla”.

En paralelo, Ken Aïcha SY trabaja para la profesionalización del sector, a través del sello discográfico Wakh’art Music (WAM), cofundado con el músico Moulaye, como empresa independiente pero guardando la misma filosofía.

“Aunque tiene vocación empresarial, WAM nació de la necesidad de jóvenes artistas que se dirigían a nosotros en busca de consejos profesionales para gestionar sus conciertos, agendas, comunicación, contactos. Sin embargo, somos un sello poco convencional: en primer lugar porque mientras otras discográficas se llevan porcentajes descomunales, el artista de WAM se lleva el 70% de los beneficios de sus ventas, y en segundo lugar porque nuestros artistas no hacen tendencia, tienen una pluma extraordinaria y una vasta cultura musical”, explica la promotora.

“Es por ello que es difícil venderlos, porque no son “encasillables”: la industria musical te obliga a buscarles una casilla cuando en realidad entran en varias.  Es una pena que sigamos en esta tesitura cuando el mundo actual es mestizo y plural: un artista se inspirará de diferentes fuentes como Bob Marley, Oumou Sangaré o The Beatles”. 

Hablando del panorama internacional se lleva las manos a la cabeza: “El mundo se espera que hagas un producto “africano” cuando eso no quiere decir absolutamente nada. Aunque seas originaria de un pueblo de África y estés orgullosa de serlo, no es por ello que tu obra deba presentar obligatoriamente un niño pequeño y desnudo que se llame Kirikou. ¡Somos más que eso!”. 

Caso de estudio en numerosas escuelas de emprendimiento y gestión, Ken Aïcha Sy no duda en compartir su experiencia con cualquiera con la misma voluntad de cambiar las cosas que ella. Incluso la han contactado de Nigeria y Camerún para intercambiar sobres las claves de su éxito.

Parece difícil encontrar algo que se le resista a esta mujer, sin embargo confiesa que su reto para este año es visibilizar la creatividad femenina. “Yo soy feminista y tengo ganas de apoyar a las creadoras a dar el salto a lo profesional. Tengo la sensación de no haber hecho lo suficiente por darles visibilidad. Las mujeres son más discretas y la sociedad senegalesa es muy particular al juzgarlas: muchas comienzan pero después se casan y rechazan entrar en una dinámica profesional, o se quedan en un segundo plano, como coristas… no es que no puedan compatibilizar vida laboral y profesional, sí pueden: son mujeres, ¡llevan toda la vida haciéndolo!”.

Se despide dejándonos su descubrimiento de 2017: Angélique Dione, y prometiendo seguir dando mucho más de qué hablar. De arte, por supuesto.

Cheikh Lô: “Los artistas no pueden vivir del amor al arte”

*Por Laura Feal

Ataviado con un cinturón de talibé y sus largas rastas recogidas detrás de la cabeza, Cheikh Lô entra en escena sentándose a la batería para deleite de un público que acoge con un fuerte aplauso el precalentamiento. Comienza el espectáculo. Su pequeña figura se agranda en el escenario. Con su voz única, cosmopolita, irregular, mística, Cheikh Lô mueve las almas pero también los cuerpos de aquellos que tienen el placer de escucharle.

Cheikh Lô. Extraída de Rede Angola.

Decide entonces no esconder ninguna de sus dotes: a la batería, guitarra, percusión, baile y por supuesto al micrófono, el polifacético artista transmitió su profunda entrega a la música en las dos horas de un concierto ofrecido el pasado 9 de diciembre en Saint Louis (Senegal) en el marco de la primera edición del World Music Festival.

En su lucha por conservar su renombre cultural, la ciudad mantiene gracias fundamentalmente a voluntades personales, varios eventos musicales que cubren prácticamente todo el año, como el Festival de Jazz de Saint Louis en mayo, el Metissons en noviembre y varios festivales hip hop (Rap Ndar en abril, Beccegu Ndar en diciembre) al que ahora se une esta nueva iniciativa. En tres días, el World Festival Music ofreció reggea jamaicano, flamenco granadino y un gran elenco local como el korista Youssoupha Cissoko o la mítica Mama Sadio.

Con esta es la cuarta vez que el emprendedor español Jay Hernández hace venir al virtuoso baye fall a tocar a Saint Louis (quinta ciudad del país en número de habitantes, frontera con Mauritania), y al día siguiente nos da la oportunidad de entrevistarlo.

Después de un café y restos de un yassa poulet, a las doce de la mañana nos recibe uno de los compositores e intérpretes más reconocidos del panorama musical senegalés.

Arrastrando quizá el cansancio de la larga noche, Cheikh Lô es parco en palabras pero claro en sus propósitos. “La industria musical senegalesa no pasa por un buen momento. Faltan promotores que sacudan las ciudades y los artistas debemos apoyar a aquellos valientes que organizan festivales pese a no reunir todas las condiciones”, dice agradeciendo iniciativas como la de Jay que permite la promoción de jóvenes talentos locales como Ifrikia, Maimouna o la Orquesta River Sound.

Cheikh LÔ, antes de su último concierto en Saint Louis. Laura Feal/Wiriko.

El artista reivindica la inversión en el sector. “Los productores senegaleses prefieren meter su dinero en la lucha que en la música”, dice en referencia al auge del lamb (lucha tradicional senegalesa) que mueve miles de millones de francos CFA cada año.

Además de los emprendedores privados, Lô se lamenta de la poca participación pública en la promoción de la música en el país. “El Ministerio de la Cultura debe jugar su rol: tiene que tomar la iniciativa para que otros promotores culturales se animen y no apoyar solamente a las iniciativas que están en marcha y funcionan. Los artistas no pueden vivir del amor al arte”.

Celebrando este año el veinte aniversario de su primer disco, Ne la Thiass (1996), el artista analiza su trayectoria: “Mi recompensa musical ha venido tarde, quizá en el momento en el que sería normal parar, con casi sesenta años. Yo creo en la Naturaleza, quizás mi destino era esperar a que mi trabajo estuviera maduro para triunfar”, dice humilde, chocando con la filosofía de uno de sus temas más reclamados, “Ndogal”.

Decenas de jóvenes tararearon el estribillo “Lu xew, lu xew. ñuni ndogal. Yeen ni yi dal du ndogal” que viene a traducirse como “no todo lo que ocurre es fruto del destino”, en el que Cheikh Lô hace una oda al trabajo, que él mismo personifica con cuatro décadas de carrera musical. Nacido en 1955 en Bobo Dioulasso de padres senegaleses, comenzó en la música desde muy joven integrando la Volta Jazz, una de las mejores orquestas del África del Oeste de la post-independencia, que revisitaba tanto pop cubano y congolés como música tradicional burkinesa.

Cheikh Lô es hijo de ese momento de entusiasmo africano, de esa creatividad saheliana, que le hizo pasar por diferentes bandas multiétnicas compartiendo escenario con músicos de Burkina Fasso, Senegal, Costa de Marfil, Cabo Verde…, entre ellos Papa Wemba y Youssou Ndour.

Su trayectoria individual se encuentra recogida en hasta ahora cinco álbumes culminado por Balbalou (2015) que, grabado entre Paris y Estocolmo, combina la madurez del artista con esa osadía a la hora de fusionar sonidos que siempre le ha caracterizado.

Cheikh Lô ha encontrado la clave del éxito con un estilo que mezcla mbalax, blues mandinga o soukous con ritmos venidos de todas las partes del planeta, como la salsa o el reggae, lo que complace tanto al público africano como internacional.  No es quizá azar que “Doxàndem”, trotamundos en wolof, fuera otro de los temas reclamados durante su último concierto en Saint Louis.

La espiritualidad de sus letras, acordes con la filosofía de la cofradía mouride Baye Fall de la que Lô forma parte, es también parte de su gancho, con mensajes a favor de la paz y la tolerancia que calan entre jóvenes y mayores. “En cada álbum tienes la obligación de mejorar, de aportar algo diferente. Es un duro trabajo intelectual”, afirma “Ndigueul” Lô (servicial) como habitualmente lo llaman.

Su tema “Degg gui” (la verdad) que habla sobre la autenticidad y la necesidad de volver a lo esencial, aún sin la sensual voz de la brasileña Flavia Coelho, deleitó ya en el cierre al auditorio Saint-Louisien. Con la misma ligereza con la que sale del escenario, sabiendo que deja ganas de más, se levanta de la silla y con un abrazo sereno, simplemente se va. Y es que lo que Cheikh hace, lo hace de verdad.

* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.

En las trincheras de la cultura, ¡Wiriko resiste!

Hoy iniciamos nuestra 5ª temporada, a pocos días de que se cumpla el cuarto aniversario del nacimiento del primer magacín dedicado a la difusión de la actualidad artística y cultural del sur del Sáhara en castellano. Nacimos en plena crisis, en medio de una ruina cultural que flagelaba (y sigue castigando) a toda una generación de gente joven, con formación, aspiraciones y pasaportes en mano. No llegábamos a fin de mes. Algunos de nosotros, ni siquiera al fin de semana. Y mucha gente nos tachó de locos. “¿Cómo vais a sostener un magacín sobre culturas africanas cuando el sector periodístico se ha visto reducido a cenizas y a nadie le interesa África?”.

Post-adetiba

Bien. Somos esos nadie (y nos encanta). Como tantos otros miles de nadies del mundo, representando hoy a minorías ruidosas atrincheradas en zanjas de tesón. La emprendeduría se ha convertido en nuestra única alternativa en tiempos de crisis, aunque a pesar de la valentía necesaria para llevarla a cabo, el 82% de las y los emprendedores españoles fracasen antes de los cuatro años. Así que podemos estar contentos, eufóricos incluso, porque hemos sobrepasado la barrera del “fracaso”. Pero desengañemonos, a pesar de ser una generación creativa y perseverante, nos han tocado unos gobiernos que no merecemos y un mundo dominado por perversas lógicas capitalistas del que es muy difícil escapar. Y eso que empezamos sabiendo de sobras que las trincheras, nunca han sido un camino de rosas.

El arte y la cultura han caído en las garras del consumismo, se han diluído en eslóganes diseñados por élites que promueven lo cool y lo chic con el único objetivo de generar más riqueza para sí mismos. La función crítica, emancipadora, capaz de romper tabúes y cuestionar los poderes establecidos que lleva implícito el arte, ha sido secuestrada por esa “sociedad del espectáculo”, esa industria del entretenimiento auspiciada por los grandes círculos que dominan el mercado. Las grandes instituciones, museos, teatros y auditorios, subvencionados con fondos públicos y situados en flamantes capitales “globales”, las grandes fundaciones, marcas y revistas “especializadas”, son una buena prueba de ello. Ese gran entramado del sistema capitalista ahoga las posibilidades de transformación social de las personas y de las pequeñas organizaciones aparcando la filosofía colaborativa y de apoyo mutuo propia del concepto Ubuntu, y en detrimento de éstas y su esfuerzo. Pero nunca las minorías han tenido tanto poder. Y si el mundo tradicional y conocido del periodismo se desmorona, se multiplican las nuevas formas de informar y transmitir conocimientos. Y allí nos encontramos con todas vosotras, creciendo día a día y generando cambios sustanciales.

Wiriko, un magacín con vocación de agitador cultural

Retomemos ese “a nadie le interesa África”. A finales de 2012, cuando este magacín empezó su andadura, el panorama africanista en España estaba relegado al ámbito académico. Ámbito subido a una nube casi siempre reservada a “iniciados” y hacía falta una larga escalera para llegara sus contenidos. Cuatro años más tarde, África no solamente despierta un interés creciente en España sino que se han multiplicado las asociaciones, blogs y personas con interés hacia el sur del Sáhara. No hablamos de oenegés y fundaciones, o activistas, blogueros y periodistas, que llevan décadas denunciando situaciones de vulneración de los derechos humanos y que son socios imprescindibles cuando hablamos de divulgar sobre el continente. Hablamos de personas como nosotros y nosotras, nadies, ninguneadas y sin apoyos institucionales o gubernamentales que se han dado cuenta de que ES LA HORA DE SACUDIR CONCIENCIAS Y ROMPER FRONTERAS desde otras esferas, las de los lenguajes del arte y las culturas.

Como sujeto activo, Wiriko no se implica divulgando desde una silla en un despacho en Europa sino que, de trinchera a trinchera, trazamos alianzas y le damos un sentido verdadero a la cooperación cultural con África y con organizaciones afines. Por eso arrancamos la pasada temporada con el apoyo del colectivo de artivistas kenianos Pawa254. Trazar puentes reales con periodistas, artistas, activistas y demás agitadores culturales africanos no solamente nos ha hecho comprender mejor las realidades de las que Wiriko informa sino empatizar e implicarnos con las luchas actuales de los emprendedores culturales de África. Y evidentemente, reafirmarnos en que “no hay un ellos y un nosotros” porque sufrimos de los mismos males y luchamos contra los mismos demonios. Por eso, Wiriko no solamente informa sino que está 100% comprometido con los movimientos, artistas, iniciativas y colectivos a los que divulga y de los que aprende. Como dicen en kisuajili, “Tuko Pamoja”, estamos juntos.

La cooperación cultural con el continente y con todo agente interesado en las realidades culturales africanas es esencial si no queremos ejercer de voceros ventrílocuos y convertirnos en simples intérpretes de una realidad “ajena”. Por no hablar de la estéril misión de ignorancia mutua entre grupos con intereses supuestamente comunes más atraídos por la publicidad de sus propias marcas y mercancías que por el objetivo compartido de hacer más presente África entre nuestros semejantes.

Somos nadies con indiscutible capacidad de transformación e innegables posibilidades de impacto en nuestro entorno inmediato. El equipo que formamos Wiriko damos el pistoletazo de salida de nuestra 5ª temporada con más convencimiento que nunca de que hay un camino fértil y renovador por recorrer más allá de la trinchera en la que estamos sumergidos. Saliendo a flote con fórmulas autogestionadas, inconformes y colaboraciones estrechas que posibiliten el éxito de nuestro objetivo, queremos mostrar nuestra intención de resistir junto a la rebeldía de la cultura de las bases, que se va filtrando poco a poco en las esferas más cotidianas de nuestra sociedad. Desde la desobediencia y el pulso a aquellos que quieren que seamos masa consumista del arte por el arte. Arrancamos de nuevo. 3, 2, 1… ¡fuego!

TW-Adetiba

 

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Acrobacias para el futuro de los niños de Maramba

Son casi las nueve de la mañana en Maramba, una de las comunidades más empobrecidas de Livingstone, en el sur de Zambia. Por una calle, al fondo, se oyen voces de niños que corean diferentes ritmos siguiendo a las de tres adultos que van enfundados en unas mallas negras. Entran en el colegio y en el patio forman un gran círculo. La emoción y la alegría se palpan en el ambiente. Los niños dan palmas, ríen y cantan. Por un segundo parece que todo lo demás ha desaparecido: la basura, la pobreza y el día a día. Los adultos marcan el ritmo. Nos dirigimos al mercado de Mbita, donde empieza su actuación. Piruetas, saltos, volteretas, equilibrismo y aros de fuego. Pero detrás de este espectáculo hay mucho más.

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Acróbatas de Maramba, por Pablo Arconada.

Amos, Edgar y Joseph, son los tres acróbatas que viven en este barrio, que dedican su tiempo y sus esfuerzos a mejorar las condiciones de su comunidad. Todo empezó en 2009 cuando comenzaron sus entrenamientos de la mano de un voluntario australiano, que vio en el compañerismo y el trabajo en equipo un arma contra los principales problemas de la zona. Desde entonces han seguido entrenando, aprendiendo e innovando. Cualquier idea es buena y se puede poner en práctica. Trabajan en diferentes barrios de Livingstone y en ocasiones colaboran con otros grupos dedicados a las artes escénicas como los bailes de máscaras o mulala.

Su objetivo es el futuro de Zambia: los niños, conseguir que vayan a la escuela, ayudarles a salir adelante. Para lograrlo usan todo el dinero que obtienen de sus actuaciones, cuando les contratan, para comprar material escolar y financiar las tasas del colegio. También organizan diferentes actividades culturales con los niños de la comunidad: les enseñan danza, teatro y música. Les enseñan el valor del esfuerzo, del trabajo en equipo.

Esto es algo más que una actuación. Esto es cultura local. Los acróbatas de Maramba hacen uso de las artes con un fin social, más allá del ocio y la diversión. Han convertido la cultura en un instrumento a través del cual se aprende, y del que se pueden obtener los medios para que la comunidad logre cierto empoderamiento.

Puede resultar irónico, pero estos tres artistas no terminaron la escuela. Quizás porque no les dieron la oportunidad, o simplemente porque tenían que cubrir otras necesidades. Amos tuvo que dejarlo hace dos años, cuando falleció su padre. Pero ganas no le faltan. Mientras tanto usa todas las herramientas disponibles para fomentar la educación entre aquellos que le rodean sin perder la esperanza de finalizar sus estudios.

Ritmos africanos para todos en el Cap-Fest 2015

El Cap-Fest es un festival que empodera la diversidad funcional a través de la cultura, y no es casualidad que se haya celebrado en Tenerife. En el sur de esta isla del archipiélago canario se encuentra el municipio de Arona, primer destino turístico de Europa y segundo del mundo para personas con movilidad reducida. También es el lugar de residencia de gran parte de la población africana que vive en Tenerife, por eso no es de extrañar que entre conferencias sobre sexualidad en la diversidad funcional o desarrollo tecnológico impulsado por personas con síndrome de Asperger, conciertos a oscuras para experimentar la ceguera de la mano del cantautor estadounidense Peter Broderick o sesiones de electrónica manejada por los pies del DJ francés Pascal Kleiman, la música tuviera un fuerte carácter africano de la mano de varios artistas procedentes de Angola, Mali o Marruecos.

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El grupo Ait-Nahaya en el Cap-Live / Fotografía del Cap-Fest 2015.-

El grupo Ait-Nahaya en el Cap-Live / Fotografía del Cap-Fest 2015.-

Entre los instrumentos que componen la banda Ait-Nahaya hay un guimbri. Tiene un sonido muy característico que en su origen se utilizaba para las canciones destinadas a los esclavos de los gobernantes árabes y bereberes y más tarde para los rituales de sanación entre las comunidades Gnawa del norte de África. Con este grupo canario-marroquí simple y majestuosamente se combina con el teclado, el bajo, la guitarra, la mandola, la percusión y las voces para crear un sonido intelcultural. Ya había caído la tarde sobre el Cap-Fest y la luz que se lleva el invierno la aportaban desde el escenario Ait-Nahaya y su fusión de la música amazigh y el jazz.

Enrique (izq.) y Toño (dcha.) en el Cap-Fest 2015.-

Enrique (izq.) y Toño (dcha.) en el Cap-Fest 2015.-

En el Cap-Live, el nombre que recibe el espacio dedicado a las actividades musicales al aire libre del Cap-Fest, estaban Enrique y Toño. Ellos son dos jóvenes sordos de nacimiento que habían querido sumarse al Festival de las Capacidades. A los dos les encanta la música, la africana también porque dicen que se puede sentir más. “No entiendo lo que dicen las voces en las canciones”, explica Enrique, “pero sí entiendo el ritmo, simplemente lo siento a través de las ondas de sonido”. Él lleva un implante coclear, lo que le permite percibir los sonidos de un modo más parecido a los oyentes que en el caso del audífono. Toño, que lleva pocos meses con los audífonos, echó en falta que en la primera edición del Cap-Fest  no hubiera una pantalla gigante en el escenario en la que se proyectara a una persona que interpretara las canciones en Lengua de Signos Española (LSE).

“¡Música de minha Cabo Verde!”. Esta frase se abría paso a gritos entre los asistentes del festival. La gritaba una mujer que quería acercarse al escenario sobre el que estaba una incorporación de última hora en el cartel del festival: Waldemar Bastos, un cantante angoleño que si bien no tiene la misma nacionalidad con la efusiva oyente, sí comparte la lengua criolla formada por la retroalimentación del portugués con las lenguas tradicionales de las que fueron colonias lusófonas. La música, en su condición de lenguaje común y raíz de la que emanan las identidades africanas, es incapaz de escapar a su concepción de puente cultural y tiende la mano del angoleño que canta a la caboverdiana que escucha para hablar de historias compartidas que suelen narrar sobre el mar y la tierra, la emigración y la memoria, temas estrella sobre los que versan en gran medida las expresiones artísticas de Angola, Cabo Verde, Guinea-Bisáu, Mozambique, Santo Tomé y Príncipe, todas ellas antaño tierras portuguesas.

Waldemar Bastos en el Cap-Live / Fotografía del Cap-Fest.-

Waldemar Bastos en el Cap-Live / Fotografía del Cap-Fest.-

Todo lo que Waldemar Bastos sabe de música lo aprendió de forma autodidacta. Este artista nacido en la ciudad de M’banza-Kongo, en la frontera entre la República del Congo y Angola, dejó su país natal para huir de la represión de la guerra civil hacia Portugal. Desde allí daría el salto hasta Brasil, donde en 1983 grabaría su primer disco. Desde entonces ha publicado seis álbumes más, incluido el recopilatorio Afropea 3: Telling Stories to the Sea grabado junto a otros artistas del movimiento afro-portugués, como la caboverdiana Cesaria Evora.

Como el cantante angoleño, el proceso de iniciación en la música de Toño también fue en cierto sentido autodidacta. “Siendo alumno del colegio, en clases de música no entendía qué y para qué era la música. Cuando un profesor enseñaba como tocar flauta, armónica, piano y otros instrumentos, yo experimentaba sonidos raros y sentía formas diferentes de vibración. Le pregunté por qué los sonidos eran diferentes. Me contestó que era difícil por no oír y creí que la música solo llegaba a los oídos. Me separé del mundo musical”. Hasta que hace unos años conoció a una intérprete de LSE en Madrid que le dio a conocer “distintos grupos de música y danza africana. Solamente cuando tocaban tambores me daba mucha vibración. Empezó a gustarme la música instrumental y también el baile danza africana”. Ahora está en una asociación de música llamada Bloko del Valle, donde toca el tambor. “Un día compartiendo con un grupo de oyentes descubrí algo misterioso una sensación entre la música y mi cuerpo. Un chico estaba tocando un tambor, dependiendo por donde lo tocara y la fuerza con la que lo hiciera mi cuerpo reaccionaba de diferente manera. Era una sensación bastante extraña ya que si lo tocaba más fuerte lo sentía en la espalda, si lo hacía de manera más suave lo sentía en otro lado de mi cuerpo. Yo los invite a que ellos se taparan los oídos y sintieran lo mismo que yo, quedando ellos mismos asombrados  por lo que se puede llegar a sentir la música sin oír”, asegura Toño. De ahí, que los ritmos africanos le hagan “sentir profundamente la música”.
IMG_7414Así ocurrió para todos los presentes cuando llegó el turno de los malienses Amadou & Mariam. Ataviados con sus características gafas de sol y acompañados de teclado, bajo y batería, las voces y la guitarra de este matrimonio que se conoció hace más de tres décadas en un instituto para ciegos de Bamako hicieron que el público se embriagara de un blues que, pese a su fuerza electrónica y rockera, traslada inmediatamente al oyente a un ritmo del desierto. Este afro blues hizo bailar al unísono a los asistentes, que vibraban con las ondas de sonido como si fuera un elemento compacto. Sólo si hacías el esfuerzo de no dejarte llevar por el ritmo contagioso podías observar que entre el público predominantemente joven que era la masa asistente habían también personas con movilidad reducida subidos a una plataforma desde la que podían ver bien el concierto sin necesidad de que se dejaran el cuello. Parecían hipnotizados por una música que unos metros a su lado hacía jugar a los niños y bailar frenéticamente a los mayores.

Amadou & Mariam en el Cap-Live / Fotografía del Cap-Fest.-

Amadou & Mariam en el Cap-Live / Fotografía del Cap-Fest.-

Uno de los momentos culmen de la actuación de Amadou & Mariam fue al interpretar “Africa mon Afrique”, en la que las luces del escenario se tiñeron de verde, amarillo y rojo, los colores de Mali. Esta canción forma parte del último trabajo del dúo maliense que lleva por título Folila, que en bambara significa música y que fue publicado en el año 2012, al tiempo que Mali comenzaba un conflicto que le ha llevado a ser feudo del radicalismo islámico y, como consecuencia, a hacer de la música un bien perseguido. Una identidad arrebatada que Amadou & Mariam reivindican cada vez que se suben a un escenario y hacen de Folila un grito de lucha que se extiende hacia su país. La última vez que lo hicieron fue en el Cap-Fest, una cita que hizo bailar a un montón de gente distinta que tenían en común algunas limitaciones y mucha capacidad para solventarlas. Al fin y cabo, como dice Toño, “la música proporciona alegría y libertad, y estas emociones no emanan de los oídos sino del corazón”.

Y África crea – Nueva colaboración con la Fundación Voces

La pregunta podría ser ¿qué sabes sobre el arte africano? Pero no os equivoquéis, las manifestaciones artísticas de África subsahariana no caben en este post, ni siquiera en este blog. ¿Alguien puede sinceramente pensar que un continente poblado por mil millones de personas es un desierto cultural? ¿De verdad, estamos dispuestos a aceptar que en ciudades populosas como Lagos, Nairobi, Ciudad del Cabo o Dakar el arte no bulle?

Los muros de estas urbes hablan como lo hacen los de las ciudades del norte. En noviembre, después de que la primera feria de arte africano contemporáneo tomara Londres, la mayor subasta de arte contemporáneo del África del Este generó en Nairobi más de 200.000 euros en un solo día. Nollywood (en Nigeria) es la segunda industria cinematográfica más productiva del mundo (por detrás de la india de Bollywood, pero por delante de la todopoderosa estadounidense de Hollywood). El Azonto y el Kwaito resuenan en las pistas de baile de todo el planeta. Y autoras como la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie o la zimbabuense NoViolet Bulawayo, o editoriales como Kwani? o Chimurenga, se cuelan discretamente en la hermética industria editorial global respondiendo a las necesidades de los lectores africanos. África se mueve, crea y se expresa a través del arte y sólo una miopía condescendiente impide a Occidente disfrutar de todas estas iniciativas, de estos movimientos, de estas corrientes y de estas expresiones.

Wiriko es una asociación cultural que se ha marcado como objetivo difundir las manifestaciones artísticas de África al Sur del Sáhara y en su diáspora. Hablamos de arte y cultura para intentar contrarrestar las únicas informaciones que nos llegan del “continente negro” sobre desastres naturales, guerras, hambrunas, desgracias, pobreza, miseria y violencia. No es el desinterés lo que silencia estas manifestaciones, sino la falta de información. Cuando nos explican que en Dar Es Salaam, la capital tanzana, se celebra una semana de la moda, una fashion week (que suena aún más pomposo), no podemos más que sorprendernos. Cuando nos damos cuenta de cómo el Afrobeat ha colonizado el mundo partiendo desde Nigeria, queremos saber más, escuchar más. Cuando somos testigos del poder que tiene la gráfica y la fotografía en las sociedades africanas en la transmisión de mensajes y en la transformación social. Cuando nos ponen delante a los directores del cine de animación africano no podemos esconder el interés y entusiasmo que suponen sus propuestas. Cuando nos muestran cómo los cómics en África occidental son a la par críticos, educativos y exitosos, pensamos que, definitivamente, quizá tenemos algo por aprender.

 

logo_vocesPor eso, en Wiriko hemos recogido el guante que nos han lanzado desde Voces. Nos han ofrecido implicarnos en el proyecto de este blog y no hemos podido negarnos. Ellos creen en “la fuerza transformadora de la creatividad, la formación y la cultura” y Wiriko considera que el panorama africano es un buen ejemplo de ese potencial. Es cierto que las industrias creativas africanas se enfrentan a importantes dificultadesy una de ellas, quizá el más importante, es la miopía, son los prejuicios occidentales. Y a pesar de ello, África crea.

Desde Wiriko hemos adquirido el compromiso de traer hasta este blog, de manera regular, las experiencias que pueden ayudar a cambiar nuestra imagen del continente africano y de sus habitantes. Queremos compartir la evidencia de que las sociedades africanas son tremendamente dinámicas, creativas y activas. Que las formas de expresión que se dan el continente vecino son diversas, que pueden servir a intereses estéticos o sociales, que se usan para reivindicar y para construir, para transformar y, sobre todo, para crear.

Esperamos que a través de este blog las expresiones artísticas africanas ganen visibilidad, que los artistas africanos se encuentren con una nueva ventana, que los artistas occidentales descubran otras fuentes de inspiración y que el público pueda disfrutar también de esas nuevas experiencias. Esperamos que este blog ayude a cambiar la imagen de África y de los africanos, y que nos ayude a mirar de otro modo a los nacidos en el continente vecino que viven entre nosotros, porque igual que Voces, Wiriko también piensa que la cultura puede ayudar a transformar.

Las evidencias científicas han probado que la humanidad nació en África. La historia nos ha enseñado que muchos artistas occidentales han mirado, a veces en secreto, hacia el talento africano. La actualidad nos demuestra que las sociedades africanas siguen expresando y construyendo a través del arte, con una exquisita habilidad para combinar una rica tradición con una rabiosa modernidad. Nuestro objetivo es simple. Queremos que se despierte y se deje entrar otra visión de África, la del África que crea.

Vanessa Anaya, Carlos Bajo, Sebastián Ruiz, Gemma Solés

 

Música y política en la compleja realidad de Mali

Que la música es algo más que una “simple” manifestación artística es una convicción que diferentes tipos de melómanos tratan de transmitir de las maneras más diversas. Pero cuando se intenta proyectar una idea compleja como esta, lo más difícil es encontrar el ejemplo que lo muestre de una manera que no admita discusión. Andy Morgan ha encontrado ese ejemplo en Mali y ha generado una especie de carretera de doble dirección: el ejemplo de Mali ayuda a entender la importancia de la cultura y, más concretamente, de la música; y el papel de la música ayuda a entender la realidad de Mali, la compleja comunión de tradición y modernidad, de sociedad y política, de fuerzas integradoras y desintegradores, de estados y globalización.

Portada del libro.

Portada del libro.

El ejercicio de Morgan lleva por título Music, culture and conflict in Mali, tiene forma de libro y es tan arriesgado y controvertido como interesante. Mezclar música y política, para que una explique la otra y viceversa, se presenta como una temeridad, que sin embargo, en el caso de Mali parece tener toda la razón de ser. Morgan asegura que sin la música Mali no sería Mali, y para ello cuenta con la complicidad de algunos de los artistas del país del África Occidental más conocidos internacionalmente. Y su reflexión, su investigación y sus conclusiones, en este sentido, cobra todo el sentido cuando se realizan con el telón de fondo de la prohibición contra la música que los grupos islamistas radicales impusieron en los territorios que controlaban en un momento del conflicto en Mali. En este sentido, por ejemplo, se puede leer un análisis de la voluntad de los impulsores de esta medida en términos de “alienación”. El rapero Amkoullel plantea: “Cuando se destruyen todas las referencias de un pueblo, la memoria que se conserva en los museos, los monumentos, la cultura y la música, es como si ese pueblo ya no tuviese un pasado y es entonces cuando se puede reemplazar lo que se ha tenido por lo se está proponiendo”.

Y quizá en esta frase de Amkoullel, como en muchas otras de los artistas que aparecen en el libro, se encuentren algunas de las explicaciones del arraigo que la música tiene en Mali. Paradójicamente, un elemento de peso es que Mali ni guarda su memoria y su historia (o, al menos, no exclusivamente) en los contenedores físicos. La memoria, la historia de Mali está en gran medida escrita en las narraciones o en las canciones tradicionales y se ha transmitido de manera oral durante siglos. Y esta es otra de las circunstancias que se hace absolutamente insalvable desde el momento en el que se pide a los propios artistas su opinión, como hace Morgan. Muchos de ellos, se saben herederos de una u otra manera de la tradición de los griot y los djeli, de la narración y la transmisión oral, de eso que nunca nos hemos atrevido a calificar categóricamente ni de literatura oral ni de oralatura. Y es curioso, pero parece que la referencia más sencilla es la más habitual. Morgan, se refiere a la epopeya de Soundjata, como uno de los ejemplos incontestables de cómo la historia se ha transmitido durante ocho siglos, pero también de cómo la música y la literatura (lease, literatura oral) han ayudado a conservarla.

Andy Morgan. Fuente: web del autor www.andymorganwrites.com

Andy Morgan. Fuente: web del autor www.andymorganwrites.com

El autor de Music, culture and conflict in Mali, Andy Morgan es en la actualidad escritor y periodista y colabora con diversos medios, fundamentalmente, británicos. Sin embargo, en su pasado hay una etapa como organizador de eventos y mánager de grupos. Es precisamente esa época en la que destacan hitos como la colaboración en la organización del Festival au Désert o la estrecha relación con Tinariwen, seguramente el grupo de música tuareg más conocido. Esas relaciones son las que marcan la relación de Morgan con la música del país del África Occidental y, al mismo tiempo, le ha permitido el contacto y la colaboración con una amplia y representativa lista de artistas que aportan sus visiones en este volumen.

Quizá la perspectiva inicial del trabajo de Morgan esté excesivamente ligado a la actualidad, pero lo cierto es que ese intento de poner un freno a la música en Mali es sólo la excusa para que la reflexión vuele mucho más allá. De hecho, a pesar de la amenaza de caer en un cierto tono derrotista, la investigación de Morgan es en realidad un canto a la esperanza. “Sin música, Mali moriría”, dice, pero lo cierto es que sigue habiendo música, así que el mensaje parece ser realmente un mensaje de vida.

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Para más información:

Cuenta Facebook del libro.

Perfil de Twitter del autor.

Un fragmento del libro (en inglés).

The Chimurenga Chronic: un acto de rebeldía cultural

Un fragmento de la portada del Chronic

Un fragmento de la portada del Chronic

En estos tiempos cualquier aventura editorial únicamente se puede calificar de auténtica locura, pero algunas de ellas habría que añadirles un “hermosas” locuras o un “bienvenidas” locuras o, quizá, “afortunadas” locuras o, incluso, un “necesarias” locuras. Es el caso de The Chimurenga Chronic, una publicación periódica panafricana, que pone toda su experiencia en una dimensión mucho más cultural que la prensa convencional y que se basa, fundamentalmente, en una visión del mundo en la que prima la creatividad. Vaya, una auténtica locura.

The Chimurenga Chronic se enfrenta al mundo a pecho descubierto, sin matices, sin ocultarse. No en vano “chimurenga” significa en lengua shona algo así como “lucha revolucionaria”. Pero su revolución es distinta. Su revolución es de las que entienden que la cultura y el arte sólo pueden  ser comprometidos. Por eso, se podría decir que las dos características más importantes de The Chimurenga Chronic son la creatividad y el compromiso.

Este proyecto no es ni mucho menos un periódico, aunque haya adoptado esa apariencia. Se trata más bien de un proyecto editorial en el que escritores y periodistas tratan temas de relativa actualidad pero empleando un tono y unos géneros con una libertad creativa que elude el encorsetamiento del entorno puramente periodístico. De este modo, las páginas del Chronic albergan reportajes, pero también textos de no ficción creativos, otros autobiográficos, es decir experiencias en primera persona; acompañados por espacios satíricos y análisis. La explicación del sentido de esta iniciativa es tan sencilla como atractiva. Lo explica el propio editor jefe de este proyecto editorial, Ntone Edjabe cuando se queja de que parece que “el conocimiento producido por los africanos sólo puede estar restringido a la simplicidad por estar atrapados en una lógica de emergencia” constante; por ese motivo el Chronic no pretende demostrar, sino que es la muestra de lo que dice su editor Edjabe: “Efectivamente, existe el hambre y la guerra, pero también hay vida. Existe también la innovación, el pensamiento, los sueños, en definitiva, todas las cosas que hacen la vida”.

Portada del suplemento de libros que incluye la publicación

Portada del suplemento de libros que incluye la publicación

The Chimurenga Chronic es la prueba perfecta que apoya todas estas tesis de su editor y para ello las páginas de esta apasionante locura albergan una lista de nombres que sólo puede despertar admiración. En el primer número del proyecto, aparecido en abril de 2013, se podían leer firmas como las de Wainaina, Nganang o Kahora, entre muchos otros. En realidad, esta corta trayectoria de unos siete meses y dos números es engañosa. The Chimurenga Chronic bebe de un proyectus interruptus, un ensayo bautizado como Chimurenga 16, realizado en 2011 y que hasta este The Chimurenga Chronic no ha encontrado continuidad. En realidad, nada en un océano mucho más amplio, el de la “plataforma” Chimurenga que incluye desde un magacín que ha actuado ambiguamente como padre, precursor y paraguas del Chronic, una editorial esporádica, una librería-biblioteca, espacios de investigación conjuntos o una emisora de radio, entre otros elementos.

Si el proyecto del Chronic, a efectos de contenidos, de enfoque y de géneros, parece una atractiva locura, la filosofía y la mecánica de trabajo hacen saltar por los aires todos los esquemas y, sobre todo, demuestra la arbitrariedad de las fronteras. La voluntad de romper las fronteras (figuradamente) de los géneros ya había quedado clara, pero es que los responsables de esta publicación desbordan las fronteras físicas (literalmente). El Chronic es, sobre todo, una publicación panafricana. Eso no quiere decir que en sus páginas escriban autores de diferentes países… no. El Chronic se produce, como si se tratase de un solo espacio, en Ciudad del Cabo, Johannesburgo, Nairobi, Paris, Lagos, Yaundé, Accra, Kinshasa, Dakar, Kampala y Delhi; y la edición impresa se distribuye en las principales ciudades de Sudáfrica y en tiendas concretas en Mozambique, Zimbabue, Nigeria, Kenia, Uganda, India, Francia, Alemania, Países Bajos, Reino Unido y Estados Unidos. Esta distribución parece, más bien, un gesto simbólico teniendo en cuenta que los números se pueden adquirir formalmente en todo el mundo a través de la tienda on-line.

El camerunés afincado en Sudáfrica, Ntone Edjabe, editor de The Chimurenga Chronic y fundador de la plataforma Chimurenga. Fuente: Wikimedia - Lettera27

El camerunés afincado en Sudáfrica, Ntone Edjabe, editor de The Chimurenga Chronic y fundador de la plataforma Chimurenga. Fuente: Wikimedia – Lettera27

Partiendo de la base de que detrás de toda esta locura y de la plataforma Chimurenga, en general, está Ntone Edjabe resulta un poco menos extraño lo descabellado, arriesgado y atractivo de la apuesta. Ntone Edjabe es un camerunés afincado en Sudáfrica desde hace veinte años. Se trata de un auténtico guerrillero cultural. Aparece como escritor y periodista, pero también como DJ y, evidentemente, como ideólogo y promotor de locuras realizables, siempre relacionadas con una cultura comprometida y nada conformista. Esa es la trayectoria de su vida, proyectos editoriales y musicales que habitualmente han tenido un carácter aglutinador y que no se han frenado frente a impedimentos como las nacionalidades.

Edjabe ha conseguido, además de reunir a personajes comprometidos de la vida cultural, ir construyéndose un considerable prestigio en otros ámbitos (desde el académico, hasta el institucional) a fuerza de sacar adelante estas iniciativas fuera de lo común. Así, en la andadura del Chronic cuenta con la colaboración y el apoyo de otros editores independientes africanos como Kwani? (Kenia) y Cassava Republic Press (Nigeria) e instituciones como el Chinua Achebe Centre for African Writers and Artists del Bard College de Nueva York (Estados Unidos), el Mail & Guardian (un diario sudafricano), la Glänta (una revista literaria sueca), la lettera27 Foundation, el Goethe Institute, la Heinrich Boell Foundation SA y Medecins Sans Frontieres.

El beso. Consideraciones transculturales sobre el amor

 

Imagen de la exposición "Eaten By The Heart" dentro de "The Progress of Love"

Imagen de la exposición “Eaten By The Heart” dentro de “The Progress of Love”

La idea y concepción sobre el amor, el beso y las emociones son el hilo conductor de la exposición ‘The Progress of Love’, que nos lleva a reflexionar sobre su universalidad —o no— a través de la fotografía y el video-arte de artistas como la nigeriana Zina Saro-Wiwa en su vídeo instalación ‘Eaten by the Heart’. Ésta forma parte del proyecto ‘The Progress of Love’, un proyecto colaborativo entre el Menil Collection de Houston (EEUU), el Centre for Contemporary Art, en Lagos (Nigeria) y la Pulitzer Foundation for the Arts de San Luís (EEUU). Las tres exposiciones simultáneas que componen ‘The Progress of Love’, constituyen un arco narrativo, abordando el amor como un amor ideal, como una experiencia de vida y como algo perdido.

‘The Progress of Love’ en la Menil Collection presenta obras de más de 20 artistas de África, Europa y América que examinan las formas en que el lenguaje, los medios de comunicación, las tradiciones culturales y las estructuras socioeconómicas fomentan imágenes y expectativas sobre el amor. En la exposición se presta especial atención a los efectos de la era digital y se pregunta si nuestras ideas sobre el amor se están acercando a través del Atlántico.

La presentación de ‘The Progress of Love’ en el Centre for Contemporary Art de Lagos, explora la cuestión del amor —a través de una serie de eventos, por un lado, y a través de sus obras, por el otro— en una amplia gama de medios de comunicación dentro del campo de las visuales. Destaca la práctica artística escenificada, que todavía no ha recibido una adecuada atención o compromiso crítico en el campo del arte contemporáneo en Nigeria o incluso en el oeste de África.

El progreso de la exposición ‘The Progress of Love’ en la Pulitzer Foundation for the Arts de San Luís explora el final del amor y sus consecuencias. Con la inclusión del arte africano y occidental, la exposición invita a los visitantes a examinar sus propias ideas sobre el amor y su pérdida.

Zina Saro-Wiwa

Zina Saro-Wiwa

Dentro de esta amalgama de tramas que se dibujan a través de diferentes soportes visuales como la fotografía, la instalación o el vídeo-arte, se configura la exposición sobre el amor, donde se encuentra el trabajo de Saro-Wiwa, originaria de Nigeria e hija del escritor y activista nigeriano Ken Saro-Wiwa [1] al que ya habíamos dedicado un artículo hace unos meses. Nos hemos querido centrar en su obra por lo pertinente y reflexivo del tema que trabaja, y nos ha parecido interesante su exploración de estas experiencias personales. Su obra busca hacer tangible el espacio entre la experiencia interna y la externa trayendo a escena consideraciones interculturales.

Son muchos los cuestionamientos que ha habido durante los últimos siglos en torno a las concepciones occidentales del amor, que han ido tomando forma por factores políticos, económicos, religiosos, sociales y culturales. A la vez, nuevas formas subversivas emergen para hacer tambalear la concepción tradicional del amor en nuestra sociedad, dando lugar a otros planteamientos alternativos. Pero durante todo este proceso, que se ha dado desde un punto de vista etnocéntrico, se ha prestado poca atención a África, y se han considerado universales muchas de nuestras concepciones occidentales, tanto sobre este aspecto como sobre muchos otros.

Para resaltar la voz del continente y poder acercarnos desde otro paradigma cultural, la vídeo-artista analiza algunas de las nociones y concepciones sobre el amor —y todo lo que le rodea— desde una perspectiva africana y diaspórica, y desde una identidad comunitaria, aunque también desde el punto de vista individual. Mediante su cámara realiza este “mapeo de los paisajes emocionales” de las personas entrevistadas que le permite irse adentrando en su intimidad, logrando poner sobre la mesa este cuestionamiento cultural del amor y sus diferentes manifestaciones. Más allá de la discusión entre antropólogos de si el beso es un comportamiento aprendido o instintivo, si es africano o no o si es público o privado—tal y como cuestionan algunos de los entrevistados—, nos obliga a pensar algo que seguramente desde nuestra cultura se asume como universal.

Nuit de Nöel de Malick Sidibé en "The Progress of Love"

Nuit de Nöel de Malick Sidibé en “The Progress of Love”

Lo que queremos destacar del proyecto es la interesante manifestación de la fusión de las culturas, por la globalización y mediante los procesos diaspóricos que han tenido lugar en el tiempo y que nos abren la puerta a la cuestión de la identidad, en este caso africana y negra, y a la cuestión de la concepción cultural sobre la esfera pública/privada. Este es el hilo conductor del trabajo de la nigeriana en su obra ‘Eaten by the Heart’, y del que podemos disfrutar una parte.

A través de su cámara, nos invita a pasar a un espacio íntimo —muy íntimo— que genera complicidad y curiosidad a las que hemos sido espectadoras durante estos minutos. Para que sepáis de qué os estamos hablando, os invitamos a que durante once minutos activéis la pantalla completa y disfrutéis de esta incursión al corazón —metáfora muy apropiada en este caso— de sus protagonistas.

 

 

Estos vídeos son sólo un aperitivo de lo que les espera a aquellos afortunados que anden cerca de algunos de los centros culturales que acogen la muestra desde este mes de diciembre, hasta marzo de 2013.

¿es la idea y el sentimiento del amor universal? ¿es el beso monopolio occidental? ¿cuáles han sido los intercambios culturales con respecto a las ideas y demostraciones de amor?

 

[1] Ken Saro- Wiwa uno de los máximos defensores del medio ambiente y de los derechos humanos en Nigeria desde los inicios de los 90. Después de su condena a muerte en 1994, y de su ejecución el año siguiente, Saro-Wiwa se convertió en un mártir para una gran mayoría. Presidió la Ogoni Central Union (1989-1993), fue vicepresidente de la Unrepresented Nations and Peoples Organization(1993) y la presidió la Ethnic Minority Rights Organization of Africa (1992-1995). También de 1993 a 1995 fue presidente del Movement for the Survival of the Ogoni People (MOSOP), un movimiento que ayudó a crear y del que fue uno de los más activos portavoces, especialmente a nivel internacional, hasta su asesinato (2005, Lagarriga, D.)

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Fuentes:

The Progress of Love

Arise Africa

Delux Magazine

Okayafrica

This is Africa

The Lilith Gallery Network

The Menil Collection

CCA Lagos – Centre for Contemporary Art, Lagos

Pulitzer Foundation for the Arts de San Luís

Lagarriga, D. P. (2005): Afroresistències, afroressonàncies. Teixint les altres Àfriques. Barcelona: Oozebap.