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Descoloniza tu iPod (V)

Cada primer lunes de mes Wiriko presenta su selección de lanzamientos discográficos africanos, recopilando los trabajos que se han ido presentando a lo largo de las últimas semanas y que suenan cada semana en nuestro programa de M21. En la 5ª entrega de esta recopilación “descolonizadora” los aficionados de la música africana descubrirán las últimas novedades discográficas que nos han llegado en mayo. Como es habitual, Groove africano con un mantra por bandera…

Abrir los oídos para abrir la mente. 

Dobet Gnahore – Miziki (4 mayo, LA Café/Media Nocte)

La cantante marfileña Dobet Gnahoré, hija del maestro percusionista Boni Gnahoré, presenta su 5º larga duración Miziki. El álbum de doce pistas viaja a través de una gran variedad de estilos musicales de la mano del guía musical y productor francés Nicolás Repac –que ya había trabajado con anterioridad con la maliense Mamani Keita– lleva a la artista por la senda de la música afro-electro. “Creo que la electrónica es quizás un canal para transmitir nuestra música africana, a veces un poco complicada para el extranjero”, dice en una entrevista reciente sobre el giro hacia este estilo que ha tomado en su último álbum. Cantando en Bété y en francés, Dobet rinde tributo al pan-africanismo, a las mujeres y a la juventud en uno de los discos que más nos harán bailar este 2018.

Konkere Beats – YORUBA! Songs and rhythms for the Yoruba Gods in Nigeria (4 mayo, Soul Jazz Records)

El patrón de llamadas y respuestas superpuestas es uno de los elementos fundamentales de la música africana tradicional. Y esto es precisamente lo que encontramos en este álbum de cantos yoruba registrado en Lagos, la mayor megaciudad africana, para rendir tributo a los Orishas, ​​espíritus que se interponen entre el mundo humano y lo sobrenatural, aún muy arraigados en las creencias de la sociedad nigeriana contemporánea. Raíz de los sonidos de la Santería en Cuba o del Condomble en Brasil y el Vodou de Haití, estas canciones dan un peso crucial a la percusión y nos devuelven a los orígenes recorriendo las principales deidades del panteón Yoruba, de Yemoja a Ogun. 

Abiah – Abiah sings Nina (6 mayo)

El tenor ghanés establecido en Estados Unidos, Jeremiah Abiah, explora la música de la legendaria pianista, vocalista, compositora y activista Nina Simone. Abiah Sings Nina se centra en las baladas de la afroamericana, que le van como un guante debido a su tesitura vocal y al dominio impecable de su instrumento. Este disco tributo, llega en plena era de Trump, cuando Simone se rescata como una de las mayores comentaristas sociales y críticas contra el racismo del mundo. Una antología de música protesta de la era de la lucha por los derechos civiles en un momento que parece volvernos a sumergir en un pasado convulso donde las voces negras debían escoger entre cantar por dinero o cantar para concienciar. Un tributo precioso.

BATUK – Kasi Royalty (11 mayo, Teka Music/iDol)

Provenientes de Johannesburgo, los miembros de esta banda panafricana –Manteiga y Spoek Mathambo–  llevan sacudiendo el mercado global desde que nacieron, en 2015, tocando en más de 15 países [incluido España, gracias a nuestrxs compañerxs de Moto Kiatu]. Ahora, el dueto lanza su esperado segundo álbum ‘Kasi Royalty’, que es una auténtica inyección de kwaito y house sudafricano mezclados con música electrónica. Una fórmula infalible para las pistas de baile globales tanto como locales, que ya anticipaban con el recientemente publicado EP ‘Move!’ y que secundan que África está dando un toque inconfundible a la música electrónica contemporánea.

Fababy – La symphonie des chargeurs vol 2 (11 mayo, Explicit)

En 2012 el rapero francés de origen marfileño Fabrice Ayékoué, más conocido como Fababy, lanzó un proyecto que marcó su carrera: ‘La symphonie des chargeurs vol 2’. Desde entonces, el rapero había estado ocupado con su propio sello –Poduim Enterteinment– y el lanzamiento de dos álbumes que le labraron un campo fértil en el mundo del hip hop francófono: ‘La force du nombre’ (2013) y ‘Ange et Démon’ (2016). Ahora, para deleite de sus seguidores, presenta su tercer larga duración.

Bombino – Deran (18 mayo, Partisan Records)

Omara Moctar, más conocido como Bombino, es considerado uno de los mejores guitarristas de blues vivos del mundo. Sus tres álbumes más recientes han encabezado el iTunes World Music Chart y los diez temas que componen su reciente trabajo apuntan a seguir la misma senda. Si hace unos meses declaraba a Wiriko que las guitarras y voces tuareg son consideradas armas revolucionarias, con el lanzamiento su sexto disco, ‘Deran’, vuelve a erigir la música por encima de los prejuicios y las amenazas de aquellos que desafían al pueblo tuareg mostrando el carácter político y de resistencia que tiene su cultura. El disco, que ha sido grabado en Casablanca devolviéndolo a África por primera vez en casi una década, es una muestra de la amplitud de estilos de Bombino desde el blues-rock al tuareggae (como la banda bautiza al reggae tuareg). Y vuelven a encontrar en el de Adagez un altavoz para la causa tuareg.

African Scream Contest 2 (Analog Africa No. 26) – (18 mayo, Analog Africa)

La segunda parte de esta compilación llega diez años después de que Samy Ben Redjeb, melómano, coleccionista e investigador detrás de la escudería Analog Africa presentara una selección musical (parte de su tesis) de disco-funk de Benin y Togo. Este nuevo tesoro del Afrobeat inspirado en funk Vodoun es un viaje de descubrimiento, como su predecesor, que incluye bandas que desaparecieron en la época de la dictadura del presidente beninés marxista-leninista Mathieu Kerekou. Ignace de Souza, una primeriza Orchestra Poly-Rythmo de Cotonou o Gnonnas Pedro y su Dadjes Band conforman una oda al patrimonio musical del continente.

Samba Touré – Wandé (25 mayo, Glitterbeat Records) 

Con su primer larga duración, ‘Songhai Blues: Homenaje a Ali Farka Touré’, el legendario guitarrista y vocalista maliense logró el éxito internacional y se labró un lugar como una figura musical clave en Mali que lo ha llevado a colaborar con Toumani Diabaté o Vieux Farka Touré. Con su quinto álbum de estudio, ‘Wande’, vuelve a un sonido blues más tradicional, más acústico y espontáneo, y con la presencia como figura central del tama (o talking drums). Su mensaje es una auténtica declaración de intenciones. En temas como Goy Boyro, Samba critica los estereotipos históricamente dañinos de África en Occidente, pero también da cabida a tratar temas como la lucha por la igualdad de los afroamericanos.

Fatoumata Diawara – Fenfo (25 mayo, Pias) 

Siete años después de su exitoso debut (Fatou, 2011), llega el segundo larga duración de Fatoumata Diawara: Fenfo (o ‘algo que decir’)un fabuloso trabajo de 11 canciones que mezclan el Wassoulou tradicional con otros géneros populares malienses, funk y pop-rock para desvelarnos la Fatou más activista. Tras trabajar con Matthieu Chedid en Lamomali, Damon Albarn o Amadou y Mariam, dirige su discurso a la juventud africana – en especial a la mujer–, y advierte del drama migratorio en la frontera mediterránea, para impulsar la necesidad de un nuevo renacer africano. Voces como las de Sidiki Diabaté (hijo de Toumani) refuerzan el espíritu panafricano y de una nueva generación llamada a llevar África a nuevo estadio, que envuelve las canciones de este nuevo álbum. Un disco lleno de colores y matices donde Fatou vuelve a brillar llevando su guitarra acústica y su voz seductora hacia un lienzo nutrido de sintetizadores, ngonis, koras y chelos.

Touré Kunda – Lambi Golo (25 mayo, Soul Beats Records) 

Tras diez años de silencio discográfico –después de publicar su Santhiaba (2008)–, los míticos casamanceses Touré Kunda (la família de los elefantes) vuelven con un nuevo trabajo dedicado a la lucha senegalesa, el deporte nacional de Senegal que une a todas las comunidades del país. Con temas grabados junto a Manu Dibango (Demaro), Carlos Santana (una deliciosa versión en clave de salsa de la famosa Emma) o Lokua Kanza (en Soif de liberté), Ismaïla y Sixu Tidiane Touré evocan la pérdida de valores de la nueva generación en una fusión musical enérgica y eclectica. Cantando en Soninké, Wolof, Fula, Mandinga, Diola y Creole portugués, el (ahora) dueto nos vuelve a la Casamance, la región entre Senegal y Guinea Bissau que los vió nacer, para celebrar cuatro décadas de carrera encima de los escenarios de una de las bandas más míticas de África Occidental.

Adekunle Gold – About 30 (25 mayo)

El segundo álbum del nigeriano Adekunle Gold es un trabajo de 14 pistas que combina baladas, funk, afrobeat y consolidados afrobeats comercialoides en una perfecta receta de pop de rápida digestión que incluye pistas junto al mismísimo Seun Kuti (Mr. Foolish) o la paticipación de la estrella nigeriano-británica Jacob Banks (Ire). El Yoruba entra así en el circuito global con este álbum lleno de odas al amor y de ritmos intencionadamente pensados para las pistas de baile. Un disco dispuesto a hacerse con la audiencia nigeriana tanto como con el mercado global, ofreciendo un abanico de estilos para todos los públicos y para todos los gustos.

EP’s: 

Sudan Archives – Sink (25 de mayo, Stones Throw)

El pop experimental, el hip hop y el R & B más suave explotan en el segundo EP de esta joven afroamericana de 24 años que hilvana con su violín y su voz un lienzo de influencias africanas que tienen su epicentro en Camerún y en el etnomusicólogo Francis Bebey, que ya hizo un híbrido similar de sonidos africanos orgánicos y electrónicos a finales de los 70. Las seis pistas de este trabajo contienen rastros de violines de una sola cuerda del norte de África y aterrizan en el continente africano de una forma natural y fresca que sorprenderá a muchxs africanxs. No, no es africana. No es hija de africanos. Pero África le corre por las venas, y su ADN se destila en su particular sonido gracias al demostrado respeto por sus tradiciones.

Más novedades discográficas de 2018:

Descoloniza tu iPod (IV)

Descoloniza tu iPod (III)

Descoloniza tu iPod (II)

Descoloniza tu iPod (I)

cultura africana

Descoloniza tu iPod (IV)

Como cada mes, te presentamos las últimas novedades discográficas de África y algunas de sus diásporas para que la música te ayude a derribar diques. Y lógicamente, para que disfrutes a tope con lo mejorcito del panorama sonoro contemporáneo. Como siempre, Groove africano que sigue la estela de nuestro programa en M21 y con un mantra por bandera…

Abrir los oídos para abrir la mente.

cultura africana

LPs

Odie – Analogue (6 abril, Unité Recordings / EMPIRE ONNo)

cultura africanaEl hip-hop, el R & B, el pop y el Afrobeat forman parte de la receta sonora del artista nigeriano-canadiense de 21 años ODIE. Canalizando la síncopa y la energía de Fela Kuti con una particular convicción lírica, el joven músico presenta su álbum debut Analogue. Sus influencias recogen legados tan diversos como los de Sunny Ade o Michael Jackson, Usher o Coldplay para darle un giro personal y fresco. Junto a su banda, el colectivo Unité, ODIE irrumpió en 2016 en la escena canadiense, lanzando un puñado de pistas en su página de SoundCloud que acumularon más de 500.000 reproducciones. Su Trance Dance (2017) llegó al millón de escuchas en Spotify, esbozando su lugar en la industria. Ahora, con este Analogue, ODIE espera dar el cañonazo definitivo para la audiencia internacional.

Ebo Taylor – Yen Ara (6 abril, Mr. Bongo)

El veterano guitarrista, compositor y arreglista ghanés de 82 años, Ebo Taylor, uno de los pioneros y principales exponentes del Afro Funk y el Highlife, acaba de producir su último álbum Yen Ara. Un trabajo maravilloso de 9 pistas con temas inéditos y nutridos de joyas rescatadas de la tradición musical de la costa Fanti de Ghana que nos recuerdan que Taylor sigue siendo una figura titánica de la música. Junto a su Saltpond City Band, nos empapa en este nuevo álbum de ritmos hiper-energizantes a través de canciones repletas de tradición y cultura que fueron grabadas en vivo en el Electric Monkey Studio de Amsterdam. La potencia de la Osode, una música folclórica tradicional popular entre los pescadores ghaneses se mezcla con el Afrobeat cantado en Inglés, Fante y Pidgin, y las metáforas se suceden para hacer una sutil crítica política y social en temas como Abro Kyirbin o cantarle a las hazañas históricas contra los Ashanti de su ciudad natal –Cape Coast- en el tema que da nombre al disco, Yen Ara (‘Nosotros’ en Fan). Un imperdible e imprescindible que será, seguro, de lo mejorcito de este 2018.

Freshlyground – Can’t Stop (13 abril, Freeground Records)

El séptimo y último álbum de la banda sudafricana Freshlyground llega tras una campaña de crowdfunding impulsada por fans, evidenciando que incluso las bandas más consolidadas de África están sufriendo la crisis del sector discográfico mundial. Con invitados especiales como los grandiosos The Soil o el titánico Oliver Mtukudzi, y con una clara influencia electrónica que los eleva a iconos del Afro-pop contemporáneo, el tan esperado trabajo incluye la combativa Banana Republic, que la banda lanzó en forma de canción protesta el año pasado para alzar la voz contra la corrupción en Sudáfrica. También hay espacio para cantarles a los refugiados o elevar la voz más feminista de la banda. Pegadizo y fresco, sigue teniendo en la voz de Zolani Mahola una de sus principales muletas para mantenerse en lo más alto tras dieciocho años de carrera.

Octopizzo – Next Year (20 abril)

El rapero keniano Octopizzo, nacido en Kibera –uno de los slums o barrios chabolistas más grandes del mundo– presenta su 4º álbum de estudio: un trabajo de 16 pistas en las que el uso del Nyatiti –una especie de lira keniana de ocho cuerdas– se postula como el aderezo principal y más característico del hip hop del África del Este -cantado en Inglés, kisuajili o el Sheng de Nairobi–. Con letras sobre la juventud, los millennials africanos, su padre, el amor, las dificultades de mantenerse a flote en la complicada industria del entretenimiento… Octopizzo, celebra sus 10 años en el negocio de la música mostrando la madurez de su sonido tras un año de viajes internacionales que han nutrido este disco con elementos globales y la participación de artistas como la canadiense Nitasha Randhawa.

Diogal – Roadside (20 abril, Buda musique)

El compostior, cantante y multiinstrumentista senegalés Diogal nos imbuye en los sonidos provenientes del país de la Teranga creando una mezcla de folk africano aderezado con ritmos de origen occidental. Cantando en wolof, Diogal nos habla a través de 14 cortes sobre la exclusión que sufre parte de la población mundial o de la lacra que causan el individualismo y sus efectos sociales y ambientales. Roadside, su 5º álbum de estudio, es un trabajo en acústico donde el artista hace un llamamiento a la amabilidad, el intercambio y la ayuda mutua, alentando al positivismo en tiempos de codicia y frustración que marcan el día a día de gran parte de nuestra sociedad.

Sun El-Musician – Africa to the World (20 abril / Datafilehost & Zippyshare)

El álbum debut de Sanele “Sun-El Musician” Sithole llega tras el éxito de su colaboración del año pasado junto a Samthing Soweto, para un himno colosal que se convirtió en una de las canciones del año: Akanamali. Bebiendo del mbaqanga hasta la música disco, su Africa to the World contiene 13 pistas que exploran la música electrónica con las melodías vocales como eje central. No solo se incluye el super hit que grabó el año pasado junto a Samthing Soweto, sino que además ha invitado a Desiree Dawson, Les-Ego o Lelo Kamau a la fiesta, reservando una última pista para un remix del Yere-Faga de Oumou Sangaré. ¡Un auténtico rompepistas!

Didier Awadi – Made in Africa (23 abril,

El rapero senegalés Didier Awadi sale de su Studio Sankara para presentarnos una nueva receta sonora de 23 temas, titulado “hecho en África”. El álbum incluye varios temas míticos de la historia de la música del continente como “Bamako blues”, una readaptación del trabajo del famoso músico maliense Ali Farka Touré, fallecido en 2006, en el que cuenta con la colaboración de su hijo Vieux. Un álbum lleno de rap y repleto de colaboraciones como las de Ismael Lô o Alpha Blondy, y con el espíritu combativo y antiimperislista de Thomas Sankara abriendo y cerrando  el último trabajo del rey del Senerap.

Seckou Keita & Catrin Finch – Soar (27 abril, Bendigedig / Theatr Mwldan y ARC Music Prodcutions)

Catrin Finch y Seckou Keita vuelven a unir las culturas del arpa y la kora. Tras el celebrado debut de Clychau Dibon en 2013, la unión entre Gales y Senegal confirma que ambos músicos saben remontarnos a la excelencia musical. Soar es un trabajo delicioso compuesto por ocho pistas y la segunda colaboración entre Finch y Keita, como una metafora sobre la migración de las aves entre África y Europa, mantiene el trasvase cultural como método de encuentro y convivencia. Se evoca a Bach y al griot Baïsso, se recorre la pesadumbre esclavista del siglo XVII y de nuevo se vuela en un trabajo que es magia. El dúo girará por Reino Unido durante mayo para presentar uno de los mejores lanzamientos del año.

Estère – My Design, On Others ‘Lives (27 abril, Rough Peel)

La productora neozelandesa de padre camerunés Estère vuelve tras su debut de 2015 con una propuesta de Pop muy Funk que se inspira en sus raíces africanas. Apodando a su estilo como “electric blue witch-hop”, en este segundo álbum doble presenta My Design –que se lanzó por primera vez en octubre de 2017– y On Others’ Lives –con seis canciones, que completan el set–. Con fuerte presencia de música electrónica y hip-hop, la joven cuenta historias variopintas sobre una prostituta que quiere ser presidente de Estados Unidos, sobre la violencia de las armas, una oda a su abuela y a la familia o incluso habla desde el punto de vista de una ballena, a lo largo de 14 temas que nos narra a través de su voz angelical y conmovedora. La producción del álbum la ha llevado a cabo ella misma dando un peso fundamental a los sintetizadores, cosa que le brinda la oportunidad de dar a conocer su faceta más creativa, y destacar más allá de la sempiterna presencia de voces femeninas en el panorama pop internacional.

EP’s

Ibibio Sound Machine – Eyio (20 abril)

Ibibio Sound Machine, la banda liderada por la nigeriana Eno Williams vuelve a las andadas con su particular estilo: una fusión de música electrónica, punk, disco y los sonidos del oeste de África. Eyio mantiene las señas de identidad de esta banda a través de cuatro temas que dan continuidad a Uyai, disco que publicaron en 2017. El trabajo, además, incluye su particular versión de A Forest de The Cure. Este lanzamiento es otro ejemplo de un estilo multidisciplinar que gana más adeptos en la escena musical de Occidente.

Singles

Sudan Archives – Nont For Sale (5 abril, Stones Throw)

La productora y vocalista de 23 años, Brittney Parks -conocida por su nombre artístico Sudan Archives– mezcla el violín folklórico del noreste de África con música electrónica, creando un sonido innovador entre cuerdas orquestales y ritmos electrónicos para este tema sobre las relaciones tóxicas. Radicada en Los Angeles, Sudan Archives se inspira, como ya ha demostrado con anterioridad, en músicos africanos como el sufí sudanés Asim Gorashi, el maliense Ali Farka Touré o el griot Juldeh Camarah, con el que ha trabajado. Con este “Nont For Sale” anuncia nuevo EP (Sink, que verá la luz muy pronto y al que estaremos muy atentos).

Fababy – La Fin (9 Abril)

El rapero y productor parisino de origen marfileño Fababy presenta con este single su segundo álbum de estudio, que se llamará The Chargers Symphony Volume 2, y que verá la luz el próximo 11 de mayo. Tras el éxito del primer volumen de The Symphony Chargers, que irrumpió en el mercado francés en 2012, el de Pavé Neuf, en Noisy-le-Grand, pretende dirigirse a una audiencia más amplia. 4 meses después del lanzamiento de Westeros, el primer extracto de su próximo álbum, con La fin demuestra que su pluma sigue tiñendo el papel de crítica y avanza lo que debemos esperar de su segundo larga duración.

Stromae – Défiler (bande originale de la capsule n°5 Mosaert) (27 abril / )

Después de cinco años, Paul Van Haver regresa con una nueva canción melancólica que también sirve como video promocional para su nueva colección de ropa. “Défiler” es el primer lanzamiento oficial de Stromae en media década, desde el lanzamiento de su álbum Racine Carée (2013, Square Root). La ropa que exhibe en su videoclip forma parte de la nueva colección de cápsulas para Mosaert, la línea de moda unisex dirigida por Stromae y su esposa, la diseñadora Coralie Barbier. “Défiler” no solo es un himno para la pasarela, sino que conserva sus matices de protesta: la palabra “défiler” tiene varios significados, marchar, al modo de lxs soldados o lxs modelos, y pasar, desplazarse… “Caminamos en filas”, canta. “En grupos o no, caminamos solos. Nos guste o no, tenemos un valor de mercado”.

Más novedades discográficas de este 2018:

Descoloniza tu iPod (III)

Descoloniza tu iPod (II)

Descoloniza tu iPod (I)

literatura africana

Gaël Faye: “¿Por qué no puede haber un Harry Potter en Lagos o un Romeo y Julieta en Kigali?”

Dice que escribe para recuperar los paraísos perdidos para atrapar los momentos del pasado en los que ha sido feliz, porque los lugares se mantienen y a ellos se puede regresar, pero los momentos pasan. Ese es uno de los motivos por los que Gaël Faye (Buymbura, 1982) escribe y por los que en Pequeño país reprodujo, en parte, el clima de la Buyumbura de su infancia. De padre francés y de madre ruandesa, pasó sus primeros años en Burundi, pero en 1995 tuvo que trasladarse a Francia, después del genocidio en la vecina Ruanda y de que estallase la guerra civil en Burundi. Esos años en los que la convivencia en la región entera saltó por los aires enmarcan la historia de su primera novela, que fue en 2016 una auténtica revolución en Francia y que ahora publican la editorial Salamandra en castellano y Empúries en catalán.

El autor de "Pequeño país", el francoruanddés Gaël Faye. Foto: Cedida Xavier Cervera / Ediciones Salamandra.

El autor de “Pequeño país”, el francoruanddés Gaël Faye. Foto: Xavier Cervera / Cedida por Ediciones Salamandra.

Nos encontramos con el escritor y rapero francoruandés en un hotel de Barcelona para hablar sobre Pequeño país y sobre la vida, en general. A pesar de la apretada agenda de su viaje promocial, Gaël Faye se muestra atento. Se mueve sutilmente y muestra una disposición excepcional a hablar y a compartir. Asegura que nunca hubiese pensado que una historia sobre Buyumbura tuviese tanta repercusión y quizá por eso devuelve el agradecimiento de la atención en forma de una exquisita colaboración. Mientras explica sus motivos y sus experiencias, el joven artista transmite serenidad y mesura.

Has repetido en muchas ocasiones que Gabriel, el protagonista de Pequeño País, no eres tú de niño, pero hay muchas similitudes. ¿Cuál es la relación entre Gabriel y Gaël?

Gabriel podría ser yo, porque efectivamente, tenemos mucho en común. Pero para crear a Gabriel, yo me apoye en mis sensaciones, no en mis recuerdos. La verdad es que era muy pequeño y hay muchas cosas que no recuerdo. En intentado acordarme de mis sensaciones, del miedo, del hambre del asombro, de los colores, de los olores… y a partir de esas sensaciones he recreado un personaje. Es cierto que compartimos alguna cosa, pero a partir de eso le he creado toda una serie de acciones, de peripecias que yo no he vivido realmente. Y hay una segunda diferencia importante y es que Gabriel, en el relato, será completamente lúcido sobre la historia política que se está desarrollando, entenderá quienes son los actores, planteará preguntas, tendrá discusiones políticas con sus amigos. Y en mi caso, no fue así. Yo no comprendí lo que estaba ocurriendo. No entendí la guerra, ni la violencia. Todo estaba mezclado y era confuso para mí, así que he dado a Gabriel mi lucidez de adulto. Es un niño literario, no creo que un niño así hubiese podido existir en la realidad.

Y en tu caso, ¿cómo has llegado a esa lucidez, a entender lo que había pasado durante tu infancia?

Lo entendí después, leyendo, acudiendo a las conmemoraciones, escuchando los supervivientes…

La identidad tiene un papel importantisimo en la de Pequeño país. ¿Significa que es algo por lo que te preocupas?

Mira, por ejemplo, a la edad de Gabriel, yo no me planteaba preguntas en ese sentido. Simplemente no entendía y no me lo planteaba. Escuchaba cosas, pero no era capaz de poner las palabras, francés, tutsi, ruandés… ¿quién soy? No. Escuchaba y percibía cosas. Percibí el odio de unos, la desconfianza de los otros… y todo eso me ha marcado, pero no le ponía nombres.

Y, ¿cómo te lo has planteado después?

Bueno, he tenido muchas fases, como cualquiera que busca su identidad. Cuando era adolescente, por ejemplo, rechazaba mi identidad francés porque tenía la impresión de que ser francés suponía ser cómplice del genocidio contra mi familia ruandesa por la responsabilidad de la política francesa en esos hechos. Cuando estaba en Burundi, era blanco, porque un mestizo como yo, en África, siempre es blanco y en Burundi me llamaban mzungu (nombre que se da a los blancos en suajili). Y en Francia, mis amigos franceses hablaban de “Gaël el negro”,o “nuestro amigo negro”… Así que generaba una cierta inestabilidad y tenía la sensación de que tenía que tener un papel concreto, como los blancos me veían negro, tenía que ser negro. Y ha sido gracias a la escritura y, sobre todo, a la literatura que he entendido. Sobre todo, gracias a la literatura criolla de Haití, de Martinica, de Guadalupe, de la Guayana, a la literatura de gente que vive en un mundo “criollizado” que he podido entender que se podían unir todas esas identidades en una sola.

¿Cuál es el resultado de esa reflexión?

Por ejemplo, ahora, si en Ruanda alguien me dice que no soy un verdadero ruandés porque tengo la piel clara, o porque he ido a un colegio francés… no me importa, sé que soy ruandés y no necesito la aprobación de los otros. Antes eso me afectaba, cuando era adolescente me tomaba esos comentarios como un ataque, igual que cuando escuchamos a algunos racistas franceses que dicen marchaos a vuestro país, yo pienso “no, este es mi país, yo soy francés”, aunque evidentemente tenga un origen distinto. Soy francés 100%, igual que soy ruandés 100% o burundés 100%. No estoy fraccionado, soy una fusión. A veces a los mestizos se les dice que son una suma, que tienen diferentes estratos, pero no es así. Los mestizos tienen que entender que son una fusión y en una fusión no se pueden distinguir unas partes de otras, forman un todo y ese todo el que está en equilibrio, porque es un todo en sí mismo. En todo caso, son varios afluentes los que forman un río.

El escritor Gaël Faye ha pasado por Barcelona en la presentación de la traducción al castellano y al catalán de su novela. Foto: Xavier Cervera / Cedida por Ediciones Salamandra.

Durante todo este tiempo, has ido regresando a Burundi regularmente durante todo este tiempo. ¿Qué similitudes y qué diferencias encuentras entre el Burundi que abandonaste en 1995 y el actual?

Creo que Burundi es un desastre, porque es un país con un gran potencial pero sufre una enfermedad que es la impunidad. Desde la independencia, si no antes, ha habido muchas masacre y nunca ha habido justicia. Eso hace que esté quien esté en el poder siempre hay una especie de ánimo de revancha. Es como un ciclo infernal de la violencia y la venganza que se repite. Mientras en Burundi no haya un proceso de reconciliación como el de Sudáfrica o el de Ruanda no habrá un cambio real. Por ejemplo, en Ruanda, a pesar de las dificultades, hay una sociedad que avanza, que está estructurada, hay instituciones, proyectos de futuro, la gente no piensa que mañana va a regresar la guerra, al contrario, la gente cree, invierte, hay jóvenes como yo que hemos vivido en el extranjero y regresamos con nuestras familias porque creemos en el país. Esa es la diferencia con Burundi, de donde la gente huye. Hay tendencia a exiliarse, a buscar un visado, porque no hay trabajo, no hay perspectivas de futuro. Y a partir de 2015 ha habido más violencia, más impunidad y los hijos van a querer vengar a sus padres que fueron asesinados…

Pero hablabas del potencial de Burundi…

Claro, a pesar de todo eso, hay un potencial inmenso. Al margen de que el país, sea bonito y esté bien situado, etc, hay una vitalidad política enorme. En 2015, los jóvenes salieron a las calles a riesgo de sus vidas, para reclamar que se respete la constitución y esa es una actitud que merece admiración y que nos hace decir que hay una gran conciencia política y un gran compromiso de la juventud burundesa. El problema es que la represión fue feroz, que unos fueron asesinados y otros tuvieron que exiliarse y la gente vive entre la miseria, el miedo y la familiaridad con la violencia, con todas las consecuencias como la corrupción, el clientelismo, etc, que van a hacer que haya dos o tres generaciones sacrificadas de nuevo, jóvenes que no va a ir al colegio, que van a vivir en la calle, que van a aprender que el futuro es el día a día y la única forma de sobrevivir es el robo… Para mí, es lamentable, por eso digo que es un desastre. Pero en todo caso, ver que hay jóvenes que están dispuestos a morir por palabras como democracia, elecciones, constitución… eso impone respeto y pueden ser un ejemplo para las juventudes europeas: juventudes mucho menos favorecidas que las nuestras y que, sin embargo, lo intentan, intentan que las cosas se muevan.

Tus experiencias las has contado por otros medios. También has hecho música contando este tipo de historias. ¿Con qué lenguaje te sientes más cómodo?

De momento, con la música, el rap. Al fin y al cabo esta es mi primera novela, tengo mucho que aprender. Estoy contento, evidentemente, porque no esperaba encontrarme aquí, por ejemplo, que la novela se tradujese a tantas lenguas (32, concretamente). De todos modos, me he dado cuenta de que la novela es la libertad absoluta, más que la música. Me siento más cómodo con la música, porque rapeo desde los 15 o 16 años y además, que cuando hablas de novela, hablas de literatura y tienes ejemplos que dan mucho respeto.

Pero en Pequeño país, también hay algo de hip-hop, ¿no?

Sí, las cartas que escribe Gabriel, el protagonista, las he planteado un poco así. Quería que tuviesen ritmo, he trabajado las aliteraciones, los efectos, las metáforas,… era mi pequeño recreo cuando escribía la novela. No estaba completamente a gusto cuando escribía la novela, eso tengo que confesarlo, porque era un nuevo estilo para mí. Y por otro lado, me preocupaba que el resultado fuese algo que la gente lo viese y dijese, ah mira es un rapero que ha escrito una novela. Para mí, habría sido una catástrofe. No quería ser el toque exótico. Quería que alguien que no me conociese me tomase por un novelista, no por un rapero escribiendo novela. Incluso, pedí a la editorial que no utilizasen eso como un reclamo en la promoción de la novela. Cuando escribía Pequeño país me ponía mi ropa de novelista, pero evidentemente uno no puede esconder lo que es. Vengo de la música, del hip-hop, de la poesía y también es importante para mí insuflar eso para tener mi propio estilo.

Hablando de literatura, el descubrimiento de la literatura es una tabla de salvamiento para Gabriel, el protagonista de la novela, ¿a ti te ha pasado algo parecido?

En mi caso, ha sido el descubrimiento de la escritura, no de la literatura. Gabriel en el momento en el que todo a su alrededor se funde y se viene a bajo, busca una escapatoria y la encuentra en los libros y lee con apetito novelas a las que hasta ese momento no había prestado atención porque eso le permite escaparse de su realidad, le ayuda. Y, en mi caso, empecé a escribir, en ese mismo momento, como Gabriel, por una razón que ignoraba, sin saber muy bien porqué. Empecé a escribir poemas, hacia 1995, porque tenía miedo, porque no entendía el mundo que me rodeaba, me daba seguridad y me hacía sentir bien. Dos o tres años después, cuando ya estaba en Francia seguí escribiendo. Y, precisamente, porque escribía, me interesé por saber cómo escribían los demás y es así como he descubierto la lectura. En ese orden.

Estamos en un momento en el que hay una importante corriente de escritores africanos que apuestan por utilizar la literatura para despertar las conciencias. Para ti, ¿cuál es el papel que debe jugar el escritor?

Pues la verdad es que intento no teorizar sobre eso. Creo que debe ser natural. Al final, la condición de artista es la posibilidad de ser libre, así que me da miedo que se intente endosar papeles a los artistas. Si mañana quiero escribir una historia de amor que ocurre en Manhattan, tengo todo el derecho. Me da miedo que salir de un ghetto supongo entrar en otro, porque se debe ser un artista comprometido que tiene que hablar de los problemas de África. Quizá en algunas generaciones previas, este papel ha sido necesario porque hacía falta una afirmación de la identidad frente a un mundo que la había aplastado. Pero ahora nos hemos podido considerar ciudadanos del mundo, sin olvidar nuestra raíz africana, está claro. Si tuviese un manifiesto que escribir diría que como joven escritor que viene del continente africano tengo derecho a escribir sobre las guerras, la violencia o la política, pero también sobre nuestras historias de amor, nuestras nimiedades cotidianas, la ciencia ficción, tenemos derecho a ser de todos los colores… y será así cuando nos encontraremos realmente con los otros, porque nos habremos asumido en todas nuestras dimensiones, nuestra pluralidad. Ha pasado lo mismo con el hip-hop, se decía que el rap tenía que ser la voz de la calle, del compromiso y de la conciencia; y yo creo que es enriquecedor que se diversifique y que haya diferentes corrientes.

Los escritores africanos están constantemente asediados por líneas rojas, sobre temas, sobre estilos, sobre enfoques, ¿qué hay que hacer?

Hay que pulverizar todos los muros y todas las cajas, las categorías en las que intentan meternos constantemente. Piensa que cuando escribí Pequeño país, todo el mundo me decía que un libro que habla de África no interesa a casi nadie. Incluso mi familia me decía que una historia de niños en Buyumbura no interesaría a nadie. Calculaban que venderíamos 5.000 ejemplares entre la gente que ha vivido en Burundi y le podía resultar curioso, mis amigos, mi familia, algunas personas que me conociesen por la música… No nos lo esperábamos, pero en la Navidad de 2016, Pequeño país fue el libro más vendido en Francia… por delante de Harry Potter.

Inesperado.

No, no, para mi era increíble. Pero eso me hizo pensar que todo nos ponemos barreras, porque los demás nos las ponen. Una historia que ocurre en Buyumbura es tan local y exótico que no puede tocar lo universal, no puede toca a todo el mundo, pero al final ha resultado que sí. En realidad, es hablando de uno mismo que podemos llegar a tocar lo universal, hablando de tu pequeño rincón, de tu pequeño jardín que tocamos lo universal. Creo que hay que tener confianza en uno mismo y no plantearse preguntas sobre qué esperan los demás de nosotros, cómo van a recibir lo que hagamos. Un artista es como un investigador que debe buscar en sí mismo sus propias emociones para generar una reflexión que sea coherente.

¿Falta cotidianidad en las historias y confianza en sí mismo en los autores?

África necesita también que los jóvenes digan que les apetece una novela de jóvenes que pasa en Buyumbura. ¿Por qué no? En un encuentro en un instituto con estudiantes ruandeses que habían leído Pequeño país, me decían la segunda parte de la novela no nos ha interesado mucho, porque habla de la guerra y así… pero el principio, cuando hablas de la circuncisión, de las historias con las bicicletas, eso sí que nos ha gustado, ¡porque es nuestra vida y eso no lo encontramos nunca en los libros! Los jóvenes africanos tienen ganas de esas cosas. ¿Por qué Harry Potter no puede vivir en Lagos en una universidad? ¿Por qué no puede haber historias de Romeo y Julieta en Kigali? Necesitamos meternos de lleno en nuestras propias historias, con nuestras propias palabras, nuestro propio lenguaje. Eso es afirmarse a sí mismo en toda su diversidad. Y además hay que cuidarse de que Occidente no quiera más que autores africanos que sean abanderados y portavoces del tono serio.

Hay un momento de Pequeño país en el que un personaje bastante particular, Jacques, dice: “África, ¡que desastre!”. ¿Es esa su voz?

No, no, no, ni mucho menos. Ese es el tipo de voz que escuchamos de un tipo de mentalidad de colono, pero también de gente que trabaja para ONG, la cooperación, que están en grandes casas, en las capitales africanas, con grandes jardines y pasa el jardinero y se dicen a sí mismos: Puff no lo conseguimos, ¡qué desastre África! Representan esas fórmulas lapidarias, que no dejan lugar a ninguna esperanza, que transmiten el afropesimismo que considera que no se puede hacer nada por el continente. Y paradójicamente son gente que vive de eso, si no, no sería gracioso. Pero no, está claro que esa no es mi voz.

Descoloniza tu iPod (I)

Abrir los oídos para abrir la mente. 

La música que proviene de África o de sus diásporas sigue formando parte, en gran medida, de los márgenes del consumo de música en Occidente. Damos por sentada la diversidad musical en nuestras emisoras de radio y en nuestras tiendas de música, como si fuera igual de sencillo escuchar punk de Botswana o Ethiojazz como probar comida italiana, tailandesa o libanesa. Pero no es así.

música africana

Imagen de Vain Sthlm.

No hace mucho tiempo, un famoso locutor de Radio 3 –la emisora de música alternativa de RNE–, me dijo sin ningún tipo de sonrojo que “el problema de la música africana es que sus melodías suenan demasiado diferentes a las nuestras”. Una postura esencialista y eurocéntrica hasta la médula que me dejó muda. ¿Falta de “modernidad” y “occidentalización”? ¡Viva la hegemonía Occidental! ¿Pero es que seguimos creyendo que todo “lo africano” es inferior y que el criterio de belleza occidental es el que prima? ¿Pero es que seguimos pensando que África vive aislada del mundo? ¡Lamentable!

Obviamos una y otra vez que el Blues o el Jazz que llenan de audiencias refinadas los principales auditorios de nuestras ciudades les deben todo a los esclavos africanos en las plantaciones del otro lado del Atlántico. Que el dancehall, el Reggae, el Funk, la Salsa, la música Disco, el Hip Hop, el House o incluso el Country tienen tanto de África como el Afrobeat…

A pesar de que voces como Stromae (de padre ruandés) o Michael Kiwanuka (de progenitores ugandeses) han arrasado el mercado del mainstream, el Afrotrap se ha hecho con las emisoras francófonas y los Afrobeats de Fuse ODG o Davido se han convertido en auténticos rompepistas en Reino Unido, la vanguardia musical del continente parece ausente. Residual y desconocida, si no oculta –por ese otro argumento que la censura por ser “demasiado poco africana”, sea lo que sea que eso signifique–, incluso entre los más inquietos melómanos. Y aquí, desengañémonos, no pierde África, sino los y las que nos encontramos al otro lado de la frontera. Otro síntoma más de la decadencia cultural de Occidente.  

Como sabemos, la música puede ser una herramienta muy poderosa para deconstruir etiquetas rígidas y romper corsés que mantienen las desigualdades e injusticias a través de la exclusión racial, lingüística o incluso sónica. Por ello, y con el objetivo de deconstruir y desconolizar nuestro ideario colectivo, iniciamos una serie que, siguiendo la estela de nuestro trabajo radiofónico en la emisora municipal de Madrid (M21) pretende reunir las novedades discográficas más variadas y suculentas que emergen desde África o desde sus diásporas. Sin prejuicios. Sin recelos. Para nutrir y descolonizar tu reproductor de música mes a mes.

Aquí nuestra selección de novedades discográficas de enero de 2018

LPs:

Siti & the Band – Fusing the Roots (1 enero, Stone Town Records)

Toto Bona Lokua – Bondeko (19 de enero, No Format)

música africana Africa Musica Doce años después de su debut en colectivo, los miembros de este innovador e incomparable trío formado por el camerunés Richard Bona, el congoleño Lokua Kanza y el antillano Gerald Toto, aúnan sus virtuosas voces, guitarras rasgadas y atmósferas vaporosas para dejarnos, de nuevo, sin palabras. Con la brocha de oro del productor Laurent Bizot, Toto Bona Lokua pintan un lienzo de armonías vocales dulces e inmaculadas, cantadas en francés o en lingala con la misma naturalidad y fluidez que mezclan sentimientos como la melancolía o la euforia. Hipnotizante. 

Burna Boy – Outside (26 de enero, Bad Habit/On A Spaceship/Atlantic)

Música africana Africa

El cantante de reggae y dancehall nigeriano Damini Ebunoluwa Ogalu, más conocido como Burna Boy, presenta nuevo larga duración de doce pistas cargadas de rap y pop norteamericano de principios de los 2000. Bajo la etiqueta de “afrofusión” en la que se ha autodefinido el propio cantante, originario de la ciudad de Port Harcourt, nos regala piezas como la luminosa “Heaven’s Gate”, donde lo acompaña la cantante británica Lily Allen, y donde demuestra por qué junto a WizKid o Davido, Burna Boy es considerado uno de los principales embajadores musicales de Nigeria.

Mo’Kalamity meets Sly & Robbie – One Love Vibration (26 de enero,Sofia Thea Records)

Música africana AfricaLa cantante francesa de origen caboverdiano Mo’Kalamity regresa con un nuevo álbum realizado en Jamaica y fruto del encuentro musical con los legendarios músicos y productores jamaiquinos Sly y Robbie. Tras el éxito de su primer álbum “Warriors Of Light” (2007), y su consolidación con “Deeper Revolution” (2011) y “Freedom Of The Soul” (2013) junto a su banda, The Wizards, con este cuarto álbum titulado “One Love Vibration”, Mo’Kalamity se traslada a los Anchor Studio de Kingston, para presentarnos su cuarto álbum titulado “One Love Vibration”. Un trabajo de 9 cortes que se lanzó el 26 de enero y que son una oda a los “Reinos de África” (tema con el que abre el disco), a sus raíces y al amor.

Zaki Ibrahim – The Secret Life of Planets (31 de enero, Zaki Ibrahim)

Música africana Africa

La cantautora sudafricana afincada en Canadá, Zaki Ibrahim, acaba de lanzar su tercer álbum, ‘The Secret Life Of Planets’. Su último LP, ‘Every Opposite’, vio la luz en 2012, pero en 2016 su EP ‘Orbit’ ya anunciaba un giro en el estilo, profundizando en los ritmos más innovadores de la Sudáfrica de hoy. Ahora, el cosmos (de la experiencia humana) es el eje central de su música. No es casual que el lanzamiento de este nuevo trabajo coincidiera con la superluna, la vista más grande de la Luna que hemos tenido en 70 años. Con una Zaki profundamente conectada con la naturaleza humana tras perder a su padre y ser madre durante la composición del disco. El alma vintage y la atmósfera R&B supuran y sobresalen a los sintetizadores, que toman las riendas de un álbum impregnado de rap y house de la escena más underground de Toronto tanto como de las cadencias de kwaito de Ciudad del Cabo.

Sia Tolno – This Train (26 de enero, Dom disques)

Música africana Africa

La que se postuló en su día como una auténtica Diva del Afrobeat, la guineana Sia Tolno, nos sorprende con su 5º álbum. El cruce de estilos, lenguas y épocas quiere hacer de este trabajo el más internacional de los editados por la artista hasta la fecha, alternando rock, funk y electro y sumergiéndonos en la escena más bailable de Conakry. Con la mano del productor Nicolas Gueret, que ha trabajado previamente con gigantes de la música africana como Salif Keita, Touré Kunda, Khaled, Cesaria Evora o Papa Wemba, Sia Tolno evoca su carácter híbrido y su potencia vocal en 11 cortes que pretenden no dejarnos indiferentes.

Patrick Ruffino – Agoo (19 de enero, Music Development Company)Música africana Africa

El bajista y cantante beninés Patrick Ruffino, icono de la escena afro-parisina y productor de les Amazones d’Afrique, vuelve a traer al frente la escena retro del Cotonú de los 70′ en su 2º álbum ‘Agoo’. Lo que nos conmovió de la Orchestre Poly Rythmo se entrecruza ahora con los sonidos del Sahel, la música de Ghana –de donde era su abuela–, de Burkina Faso –de donde provenía su madre– o las tradiciones mandinga, para ofrecernos 10 perlas únicas que destilan su amor por el jazz, el funk, el soul o la música afrocubana.

Hama Sankare – Ballébé: Calling All Africans (26 de enero, Cleremont Music)

Música africana Africa

El maestro maliense Hama Sankare, percusionista y acompañante vocal del difunto Ali Farka Touré, presenta su primer y brillante álbum, ‘Ballébé: Calling all Africans’ o ‘Llamando a todos los africanos’. Tras más de cuarenta años de carrera musical con su Calabaza, esta joya de 11 pistas nos muestra como las guitarras del blues tuareg se mezclan con el techno sin alejarnos una pizca de la atmósfera más tradicional. Voces profundas y rock pulsante con sintetizadores hipnóticos que reúnen a una impresionante variedad de músicos. El primer disco en solitario de Sankare no decepciona.

Guy One – #1 (26 de enero, Philophone)

De la ciudad ghanesa de Bolgatanga, de unos 70.000 habitantes, llega un cantante y compositor acostumbrado a actuar en bodas y funerales. Sin embargo, el productor alemán Max Weissenfeldt, que ya ha trabajado con estrellas como Hailu Mergia o Alemayehu Eshete lo lanza este 2018 más allá de su entorno rural en el norte de Ghana con un álbum debut que promete ser una de las sorpresas de este año. Guy One toca música Kologo, un estilo popular entre los Frafra del norte de Ghana que ya ha sido popularizado por maestros como King Ayisoba, que el año pasado nos presentó el álbum 1000 Can Die. El estilo, que toma su nombre del instrumento Kologo – un laúd de cuerdas con la misma sonoridad que el n’goni maliense–, ha encontrado en Guy One a un buscavidas extraordinario que no solo muestra su originalidad en la forma de hacer su música, sino también fabricado su propio instrumento a partir de una lata y un mango de escoba. Un sonido tan arraigado en la tradición como en la instrumentación contemporánea.

Beautiful Nubia and the Roots Renaissance Band – Amunudun (3 de enero, EniObanke)

Música africana AfricaEl nigeriano Segun Akinlolu, más conocido como Beautiful Nubia o “Bella Nubia”, y su banda the Roots Renaissance, nos presentan su álbum Amundun, un LP de 15 cortes envueltos en una atmósfera retro y folk con alma pop, highlife y reggae. Sus letras, cantadas a modo de filosofía popular en yoruba e inglés, muestran otros matices de la música urbana africana contemporánea made in Lagos. 

 Zanmari Baré – Voun (31 de enero, Buda)

Desde el país de la maloya, Reunión, Zanmari Baré renueva este estilo de música a medio camino entre la canción protesta y la nostalgia, siguiendo la tradición del gran maestro Danyel Waro. Con su segundo álbum de estudio, Voun –que significa el humus de los bosques–, el compositor revela un poco más de su propia personalidad tras el exitoso álbum debut con el que lo conocimos en 2013 – Mayok Flér–. Cantando en creole y en francés, el trabajo trata temas como el alcoholismo, las mujeres, el desarraigo, la relación padre-hijo o el amor con una sencillez y naturalidad que nos embelesa y que nos mece con un minimalismo endulzado a base de voces semisusurradas e instrumentos tradicionales del archipiélago de las Mascareñas.

EPs:

Cesária Évora – Carnaval de Mindelo (26 de enero, Lusafrica)

Música africana AfricaCon el Carnaval a la vuelta de la esquina, Lusafrica presenta un EP de 4 pistas regrabadas con la voz original de la mítica caboverdiana Cesária Évora. Con este trabajo, se quiere hacer honor al estilo musical del carnaval de Mindelo, celebrado en la isla de São Vicente de Cabo Verde, donde vivió Cesária hasta que falleció, el 17 de diciembre de 2011. Con nuevos arreglos festivos de Hernani Almeida, uno de los mejores guitarristas y músicos de la escena caboverdiana contemporánea, la discográfica francesa sigue recordando a la mujer que le dio la oportunidad de convertirse en uno de los mayores sellos discográficos en difundir músicas de África, especialmente, de Cabo Verde.

SINGLES / Sencillos:

Témé Tan – Menteur (15 de enero, PIAS)

El multiinstrumentista y productor Tanguy Haesovoets, más conocido como Témé Tan, presenta el single ‘Menteur'(Mentiroso), después de arrasar en 2017 con su álbum homónimo debut. Pop puro a medio camino entre Kinshasa y Bruselas –ciudades que han acunado al músico y cantante– emanan una mezcla irresistible de elementos europeos y africanos entre los que Tan se mueve como pez en el agua. Ser nómada por antonomasia, su música es una amalgama de influencias que van de Zouk, la Rumba congoleña, la electrónica de Kokoko!, la bossa nova de Gilberto Gil o el flamenco de Paco de Lucía, hasta el hip hop intrépido de Beastie Boys aliñados con las voces de niños jugando en el patio trasero de una casa cualquiera de la capital de República Democrática del Congo. ¡Genial!

Jacob Salem & Somkieta – Nanluli (12 de enero)Música africana Africa

El guitarrista y cantante burkinés Jacob Salem, más conocido como “el rey del Rock Mossi” nos regala un nuevo single junto al anglo-suizo Somkieta, que vuelve a barnizar de rock blues las tradiciones warba. ‘Nanluli’ –que significa “me voy a suicidar”– toma su nombre de una pieza que una mujer de 120 años le cantó a Jacob cuando era pequeño y vivía en la corte real de Mogho Naaba Kougri, donde ejercía de sirviente. Cantando en Mooré, la canción habla de la desesperación de un hombre que no puede pagar sus impuestos en la época colonial de De Gaulle. Poético y socialmente comprometido, este rock blues Mossi denúncia la injusticia que África sigue viviendo hoy, bajo el manto del neocolonialismo.

Aar Maanta – Halaalee (12 de enero)

Música africana Africa

El veterano músico británico-somalí Aar Maanta sigue avivando la llama de la música somalí y lanza un nuevo single con su “Halaalee Dhanto”, una modernización del Dhaanto tradicional, la música folklórica más popular de Somalia. Para la grabación del videoclip de este tema, Aar Maanta ha hecho un llamamiento internacional pidiendo que, ya sea individualmente o en grupo, la gente se grabe cantando ‘Halaalee’ con sus teléfonos móviles y subiendo los vídeos en las redes con el hashtag #HALAALEE. ¡Así que os animamos a participar!

La diversidad cultural de Barcelona pone el foco en África

En el interior de un espigado edificio de color gris en Barcelona presentado como Centre Cívic Navas se encuentra la primera pieza del ciclo de Diversitats, Cultures del Món. Llama la atención por la explosión de colores de telas estampadas con diversos motivos, al estilo de Vlisco, la exposición de tejidos de LALOLA d’Àfrica. Están expuestas en marcos de madera, tejidas en pequeños pantalones y faldas, y doblegadas en pequeñas zapatillas. Allí nos encontramos con Oriol Pallarès, el coordinador de la programación.

El barrio de Navas se encuentra en la franja este de la ciudad de Barcelona, en el distrito de Sant Andreu. En el conjunto del barrio se reúne un 27,9 % de población migrada, de la cual el 4,6 % nacieron en el continente africano, siendo las nacionalidades más presentes del sur del Sáhara Senegal, Guinea y Nigeria.

La propuesta de Diversitats, Cultures del Món, nace en un intento de poder especializarse como centro en un ámbito que a la vez pueda acoger y exponer diversas perspectivas de distintas disciplinas. Este foco, por lo tanto, contempla la exposición de aspectos tanto artísticos, culturales como sociopolíticos. Con ello, y por su cometido ineludible al servicio de la comunidad, este espacio pretende dar a conocer otras realidades a habituales del centro cívico.

Este ciclo empieza casi por casualidad en la región del Oeste Sur-sahariano, nos cuenta Oriol. Empezó tirando del hilo de Marga Mbande, y de allí comenzó a conocer a otros artistas. “Es como si se hubiesen manifestado los vínculos dentro de la comunidad de la diáspora africana en Barcelona”. Así, en la programación, encontramos estilos de lo más variados. Como nos explica Oriol, las jornadas pretenden huir de la folclorización de las culturas africanas y de la representación del continente africano como una región donde aparentemente la cultura tradicional es imperante. Por eso, han decidido aunar sonidos de la modernidad y la hibridación intercontinental, así como los más tradicionales.

Marga Mbande.

El programa fue inaugurado la primera semana de Octubre con el espectáculo de Ndione Michel Doudou, pero en los próximos días encontraremos artistas de distintos orígenes e identidades artísticas, como son Ngomez Nokass y Betty Akna.

Griots de Senegal y un espacio de creación para la infancia

Ngomez Nokass, que significa algo así como “salsa picante de distintos ingredientes de la familia Ngom”, como nos cuenta Mamadou Ngom -componente del grupo-, no es la primera vez que actúa en la ciudad condal. El colectivo ya lleva 15 años en Barcelona, 10 de los cuales participando al son del djembé, del sabar, del djun djun, del soruba y la tama en su vida festiva y pública.

Ngomez Nokass.

Nos explica, además, sorbiendo de un café en una terraza cualquiera, que Ngomez Nokass es un concepto originario de la familia de griots a la que pertenece, ya desde Senegal y que viajó junto a su tío para consolidarse en Barcelona. Es así como sus espectáculos no pretenden ser únicamente animados, festivos, enérgicos y frescos –que también-, si no que además procuran dejar un mensaje. “Queremos que cuando el público se vaya, tenga algo de lo que hablar”, como expresa Mamadou. Por ello explican las canciones a la audiencia y hacen vibrar al ritmo de los mensajes de sus composiciones, que tratan de distintos temas, como por ejemplo el agradecimiento a sus madres.

Asimismo, como griots con la idea de llegar a distintos públicos, ofrecen también un taller, un espacio de creación para la infancia en el que desde la producción de sonido y movimiento se promoverán los mensajes que inspiran sus canciones. Podréis encontrarlos el 10 de Noviembre para el taller de creación, y para la tralla final, el 16 de Noviembre.

Una exposición sonora de colores:

Betty Akna. Imagen de Afroféminas.

El 21 de Diciembre también es una fecha a reservar. Estará Betty Akna ofreciendo una explosión sonora de colores. La artista vuelve a Barcelona, la ciudad dónde se crió, y de la que nos declara, recordando el pasado, que le tiene un cariño especial y agradece todo lo bueno que ha podido aprender; contenta y honrada por participar en una iniciativa cultural y artística dirigida a África.

La cantante llega después de vivir durante unos años en Guinea Ecuatorial, una experiencia que, recalca, le ha hecho crecer y completar su identidad sonora. Como expresa “no es lo mismo escuchar las canciones en un reproductor de música que vivirlas en el terreno y directamente con los artífices de ella”. Betty Akna, consciente de este proceso, pretende ser uno de los referentes culturales de tanto personas migrantes como autóctonas. Así expresa la artista su voluntad: “Ser embajadora artística de una cultura, de una realidad existente pero desconocida y/o distorsionada por muchos, e inspirar a las personas en general y a los africanos en particular a amar su cultura y compartirla“.

Además una de las particularidades que ha podido añadir a su música, alma y voz ha sido la lengua Ndowe en algunas de sus composiciones como en “I miss you” o “Lembo la mboka ame”. Aspecto que además de ofrecer sonoridades y fonemas singulares al canto, da la oportunidad a generaciones actuales como futuras. “Escuchar esta lengua y parte de la carga cultural de ésta, no se perderá” como nos expresa desde el sentimiento la artista.

Fez vuelve a encender la llama sagrada de la música

Inauguración del 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez, el pasado 12 de Abril. Fotografía Gemma Solés i Coll/ Wiriko.

Con sus ya 23 ediciones, Fez se ha convertido en un enclave irreemplazable de la arena cultural gracias a uno de las citas musicales más destacadas a escala internacional: el Festival de Músicas Sagradas de Fez.

Toda su riqueza y multiculturalidad, sedimentada en sus edificios, calles, puertas, gastronomía y sociedad, ha sido reconocida por la UNESCO, que la declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1981. Y es que Fez ha trascendido por ser un lugar de acogida y convivencia a través de los siglos. En el año 818, un gran número de andaluces emigraron a Fez tras la Revuelta del Arrabal, en Córdoba. En 824, otra rebelión, en Túnez, hizo que la ciudad acogiese a una gran cantidad de árabes, mayoría étnica a partir de entonces. Y ya en el siglo XV, los judíos sefardíes se instalaron aquí, creando juderías urbanas que estarían en funcionamiento hasta entrado el siglo XX.

Por eso no es de extrañar que esta ciudad marroquí sea hoy un enclave único para el encuentro espiritual de diferentes tradiciones y pueblos. Un crisol de culturas que encuentra una forma de expresión a través de lazos históricos que África, Oriente Medio, Asia y Europa han ido tejiendo en un lienzo inmaterial que hoy se hace evidente en el lenguaje universal de la música.

La 23ª edición del Festival de Músicas Sagradas de Fez (12-20 de mayo)

Con expectación, opulencia y fuertes medidas de seguridad, la alfombra roja inauguraba la noche del viernes 12 de mayo, con la presencia de diplomáticos y prensa internacional, junto a cientos de privilegiados acomodados en palcos de una imponente y señorial Plaza Bab Almakina. Con la asistencia de la princesa Lalla Salma, consorte del rey Mohammed VI, y de Dominique Ouattara, esposa del actual presidente de Costa de Marfil, el evento cultural se transformó en un auténtico acontecimiento regido por el protocolo y la vigilancia.

La tensión se diluyó rápidamente en cuanto el mapping, los actores, actrices y músicos empezaron a iluminar las paredes del recinto y la palestra para recorrer la historia de la humanidad y sumergirnos en la mitología del agua, tema central de este año. La historia del diluvio, el profeta Jonás o el Espíritu del Agua de tradiciones como la amazónica, griega o la egipcia, impregnaron al espectador en una gala que recorrió referencias bíblicas, coránicas y sufíes con el acompañamiento de una orquesta de doce músicos y la participación de intérpretes marroquíes, malienses, kuwaitíes, egipcios, brasileños, españoles, franceses, griegos, indios o iraníes. China, invitado de honor de esta edición, tuvo un peso importante durante la noche, donde no faltaron las acrobacias y el baile, y en la que sorprendieron sinergías como las que protagonizaron los Silbadores de la Isla de la Gomera junto a los Sopladores del Alto-Atlas.

Inauguración del 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez, el pasado 12 de mayo. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Mientras en Bab Almakina todo parecía lujo y solemnidad, la Fez más local, la que no puede permitirse una entrada al festival –en Marruecos, más del 15% de la población vive con menos de 3 euros al día y casi el 40% de los jóvenes urbanos están desempleados– celebraba el Festival en la ciudad en la vecina Plaza de Boujloud. Un espacio que estará activo cada noche hasta la clausura del festival, el próximo sábado 20 de mayo.

Una mujer marroquí mendiga delante de la puerta de una mezquita, en la Medina de Fez. Fotografía de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Los conciertos más destacados del 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez:

La pirotecnia musical está servida desde el sábado 13 en diferentes enclaves de la ciudad. Si el mismo sábado podíamos disfrutar del pianista nómada francés Marc Vella en los Jardines Jnan Sbil, la joven instrumentista china LingLing Lu nos daba una clase magistral de erhu (violín chino) y pita (laúd) en el marco del impresionante patio interior del Riad Dar Ben Souda. Un concierto que fue intimista y mágico, y que permitió a menos del centenar de asistentes, penetrar en la técnica purista de una joven prodigiosa. La noche la cerraba la ópera china Wu Du Zhejiang con un espectáculo histriónico en Bab Almakina.

Lingling Yu en el 23º Festival de Músicas Sagradas de Fez. Fotografía de Gemma Solés i Coll / Wiriko.

La tarde del domingo sintetizaba el alma de la selva amazónica en los jardines Jnan Sbil con el espíritu indígena de Marlui Miranda y las danzas y la poesía berber de Inouraz en Dar Adiyel. Sin embargo, el plato fuerte de la noche fueron Songhai, el proyecto que nació en 1988 de la mano del flamenco de los españoles Ketama y de la kora del maliense Toumani Diabaté. Casi 30 años después de ese revolucionario trabajo, que repitió segunda parte en 1994, Songhai se volvieron a reunir en Fez, aunque sin Antonio Carmona y junto al contrabajista Javier Colina, para volver a decirle al mundo que Andalucía y África Occidental, los gitanos y los bambaras, tienen un pasado común que hoy se hace evidente a través de la música.

Songhai, tras el concierto que ofrecieron en el 23º Festival de Músicas Sacras de Fez. Fotografía: Gemma Solés i Coll / Wiriko.

Ayer lunes, el podio de audiencia se lo llevó el bluesman Eric Bibb, y hoy, la lira griega de Stelios Petrakis Quartet o el encuentro franco-marroquí Taziri le volverán a hacer sombra a la diaria sesión de cines que acoge el Instituto Francés de Fez. El icono del pop libanés Yasmine Hamdan, que actúa el miércoles, el concierto del virtuoso de la guitarra flamenca Vicente Amigo el jueves 18, o el proyecto cubano-marroquí de Aziz Sahmaoui, prometen volver a conseguir que Fez se perpetúe como cita anual imprescindible para todo melómano y melómana.

Pasaporte Español, Raíces Africanas: Begoña Bang-Matu

Hablar de mi misma siempre me ha costado un poco, abrir el corazón sin que duela… es difícil y también por no conocer mucho de donde vengo. Mis orígenes africanos, vienen de Guinea Ecuatorial. Hablaré de mi abuelo: Motuu M’abegue (nombre fang).
La  sociedad Fang, está dividida en clanes, llamados ‘tribus’ en España. Motuu M’abegue, hombre del clan Nzomo, era el cabeza de familia. Hombre muy influyente por su carisma y por ser un hábil comerciante, considerado como una especie de rey en la zona, también por tener muchos recursos materiales lo que a su vez le permitió tener varias esposas. A la llegada de los colonos fue un interlocutor y mediador, le nombraron jefe principal de Nzomo.
Durante un tiempo, todo fue bien, pero a mediados de los años 30, la cosa cambió. Guinea quería que en la Peninsula (España) se supiese de las verdaderas necesidades del pueblo guineano, y enviaron a un abogado que acudiese para comunicar todo esto. Pero los colonos, acusaron a Motuu de traición y le desterraron. Volvió a su ciudad, siendo un anciano y muy cansado.
Envió a varios hijos a estudiar a España. Uno de ellos, Federico Bang-Matu, llegó para estudiar la carrera de Económicas y trabajó en la Embajada de Guinea Ecuatorial en España.

Begoña Bang-Matu

Mis padres se conocieron estudiando, imagino que fue un choque social verles juntos por las calles de Madrid, paseando del brazo. Por su muerte temprana, apenas pude conocer a mi padre, que falleció cuando yo tenia 6 años. Y aunque no conozco a mucha familia de mi padre, si he tenido ocasión de conocer a muchos tíos y primos que han venido a visitarnos. También están aquí, en España, otros primos y tíos que como mi padre vinieron a estudiar y formaron sus familias aquí.

Begoña Bang-Matu

Siempre me gusto cantar y bailar, de hecho de niña no hacia otra cosa. Por mediación de uno de mis primos, empecé a cantar R&B en un grupo llamado La Noche de la Iguana… Para mí era super divertido, ya que teníamos ensayo los viernes por la tarde noche y por aquél entonces, yo era menor de edad y no salía. Pero al ir con mi primo, mi madre me dejaba cantar.

Así empezó todo, de forma muy divertida… Más tarde, continué con el grupo Malarians y ahí es donde empezó mi andadura profesional dentro de la musica jamaicana. Para mí, un honor y sobre todo una responsabilidad que se me considere la primera mujer en el Estado que canto rocksteady.

Continúo trabajando con otros artistas y aprendiendo de cada experiencia…, ya que todo esto es aprendizaje continuo.

Tengo pendiente con mis primas ir a Guinea y conocer a esa gran família que tengo allí, para todos, sería un gran motivo de celebración.
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*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Jac Keïta: “Nadie vendrá inocentemente a África a ayudarnos sin llevarse nada a cambio”

– “Concert bi neexna ma lool” (El concierto me ha gustado mucho)

– “Jerejef way, yeen lay beggee” (Gracias amigo, es para vosotros)

Jac Keita del grupo Takeifa, por Sylvain Cherkaoui para Osiwa.

Exhausto pero enérgico, Jac Keïta, líder de la banda Takeifa, saluda a todas y cada una de las personas que viene a felicitarle tras el concierto ofrecido en un pequeño pueblo del norte de Senegal, organizado por la asociación Hahatay sonrisas de Gandiol. El nivel actual de la banda raramente les permite este contacto con la realidad de su país, algo que el artista agradece. “Es muy motivador tocar ante un público rural, que no te conoce mucho y que ves que tu música le llega. Es un subidón”, ríe.

Takeifa, juego de palabras que significa Familia Keita, es un grupo de largo recorrido, muy conocido y valorado tanto en la escena senegalesa como internacional.

Todo surgió de él, Jac, carismático e inquieto. Hijo de un comisario, creció mudándose constantemente de ciudad con su familia. Allí donde se instalaban los Keïta, Jac formaba un grupo, tocaba la guitarra o cantaba en solitario. Sus padres siempre le apoyaron y poco a poco el gusanillo de la música fue picando a sus hermanos: primero se le unen Ibrahima a la batería y Maah al bajo. Poco después Cheikh, que ya había hecho sus pinitos a la guitarra y le daba también al arte plástico, y Falou, al micrófono, se instalan con ellos en Dakar en 2006 dando comienzo a la aventura.

La primera vez que los escuchamos fue en Madrid en mayo de 2011. Tocaban en el Paraninfo de la Complutense en el festival Africa Vive organizado por Casa África. Por aquella época se llamaban Jac et le Takeifa, habían publicado un solo álbum (Diáspora, 2008) y tenían como cabeza de cartel a Femi Kuti.

Pese a que no eran aún muy conocidos por el gran público, tenían ya su red española bien atada : su manager les había conseguido abrir un hueco en los grandes festivales como el WOMAD o Territorios, en Sevilla.

Aquella noche, esperando al nigeriano, el público se quedó impresionado con la sincronía y presencia escénica del grupo, que ofrecía una música fresca, bailable, fusionando pop, reggae, rap y sonidos africanos. “Prometen”, se decía.

Seis años después, la profecía parece más que cumplida. Agotan entradas en todas las ciudades senegalesas, cuentan con varios clubs de fans, comparten cartel con los grandes nombres de la música africana (Youssou Ndour, Alpha Blondy o Tiken Jah Fakoly) en los festivales europeos y gozan del respeto de la crítica y los medios.

Pese al cansancio, Jac no mira al reloj sino a los ojos, y conversa entretenido sobre los entresijos de su tercer álbum que saldrá a la venta en mayo de este año, bajo el título Gass Giss.

Maah Keita de Takeifa, por Sylvain Cherkaoui para Osiwa.

Habéis hecho bailar a niños y mayores del pueblo, y es que parece imposible no contagiarse de vuestro ritmo ¿seguís siendo el mismo grupo que conocí en 2011?

Seguimos siendo los mismos, pero hemos evolucionado. Hemos aprendido a valorar la sencillez. Hemos entendido la importancia de la precisión y la simplicidad en los arreglos, en la melodía, y también en la puesta en escena. Antes necesitábamos gritar, saltar, usar muchos instrumentos para crear ambiente, pero con el tiempo y al frecuentar diferentes tipos de audiencias, nos hemos dado cuenta de que lo que engancha al público es una sonoridad más profunda, más pura, sin necesidad de sobrecargar.

Hace cinco años de vuestro último trabajo Get Free ¿por qué nos habéis hecho esperar tanto ?

Con Get Free estuvimos tres años de gira en Europa y Senegal. Necesitábamos parar un poco para crear y grabar. El proceso creativo ha llevado su tiempo, y después hemos grabado en Senegal pero la masterizacion la hemos hecho en Estados Unidos… Nuestra discográfica alemana es muy exigente en cuanto a la calidad y creatividad. No aceptan nada del mismo nivel que tu trabajo anterior: tienes que superarte. Tenemos mucha presión en cuanto a la música pero también en cuanto al protocolo, a la imagen, infografía, ruedas de prensa… Esta vez queríamos un álbum internacional, y la obtención de los derechos de autor nos han llevado casi dos años. ¡Es mucho trabajo!

¿Como os sentís ante esta nueva etapa que comienza?

Estamos ilusionados pero serenos. La música es ante todo paciencia. No es difícil ser una estrella de un día, pero nosotros queremos hacer carrera musical, queremos llegar a decir llevamos treinta o cincuenta años en la música. Queremos que el público nos vea crecer poco a poco: eso es hacer carrera.

Os definís como un grupo comprometido. Las letras de vuestros anteriores álbumes trataban temas como la situación de los niños de la calle, el medioambiente, etc. ¿De qué habláis en este nuevo trabajo ?

Hablamos de la abrir las mentalidades: la juventud africana necesita confianza, y esa confianza tiene que salir primero de ella misma (¡tenemos que creer en nosotros mismos!) pero también la clase política tiene que confiar en las nuevas generaciones. Hay muchos jóvenes con energía, ambición y ganas de quedarse en su país y hacer grandes cosas.

En este trabajo, hablamos de la curiosidad, que es lo que mueve a la juventud. Creemos que es positivo viajar y salir del país para ver lo que se hace fuera, para aprender, mezclarse y volver a casa con ideas nuevas. En casa es donde realmente te sientes bien, y a donde todos queremos volver.

Takeifa, por Sylvain Cherkaoui para Osiwa.

¿Es un mensaje político ?

Éste es nuestro mensaje pero esta lejos de ser el discurso de los políticos senegaleses, que hacen política como se hacía hace 150 años en África. Las mentalidades deben cambiar y sabemos que no son estos hombres políticos los que van a provocar un cambio.

Pareces desmotivado…

Yo nunca me desmotivaré del potencial que hay aquí pero sí de nuestra clase política: no confío en ellos y creo firmemente que su manera de hacer no contribuye a mejorar la situación de las poblaciones.

Tenemos que afrontar nuestro propio futuro y dejar de pensar que la solución va a venir de fuera. Dejar de creer que hay una inteligencia superior que va a venir del extranjero para resolver nuestros problemas, no es así : aquí no hay regalos. Nadie vendrá inocentemente a África a ayudarnos sin llevarse nada a cambio.

Es necesario que nuestra clase política, y sobre todo nosotros los africanos, paremos este discurso de la ayuda. Nadie salvará a nadie, nosotros mismos tenemos el destino en nuestras manos.

El título de vuestro álbum Gass Giss  significa “el que busca, encuentra” ¿habéis llegado ya a vuestro objetivo?

Hemos buscado durante mucho mucho tiempo y hemos encontrado el camino que nos gusta, pero tenemos que seguir trabajando. Nuestra apuesta es crear una música que haga cambiar las mentalidades, que innove, que aporte alegría y diversión pero que también pase un mensaje.

La juventud necesita ídolos. Aquí tenemos una juventud que se busca, que es creativa, dinámica y flexible, que pueden hacer cosas extraordinarias, pero que necesita referencias. La música mbalax puede ser bonita, pero a veces cae en la vulgaridad, sus mensajes no fomentan el espíritu crítico y transformador que necesita la juventud.

Habéis creado un “sonido Takeifa”, basado en la fusión de estilos, idiomas e influencias. ¿Os reconoceremos en Gass Giss o tendremos sorpresas a nivel musical?

Para este álbum nos hemos inspirado mucho de la música rock  y
también de la música afro de Nigeria, de Fela y Femi Kuti. Nos hemos inspirado de estas dos nuevas fuentes para fusionarlo al sonido Takeifa y hacer algo más puro, más life.

El directo es claramente vuestra fuerza…

Sabemos que es nuestra fuerza y hemos querido guardarlo en este álbum. Hemos grabado los temas en directo en el estudio, con pocos instrumentos, para poder “sentirlos”. El álbum tendrá 10 temas sin apenas percusión, pero con mucho saxo, que también incluiremos en el directo.

Hemos contado también con el apoyo de Baaba Maal que nos hace un featuring en uno de los temas, y muchas colaboraciones en arreglos con grandes músicos senegaleses.

El disco saldrá a mediados de mayo, ¿os veremos en España?

Después de una presentación en Senegal nos vamos directamente a Francia donde haremos una conferencia de prensa y un gran concierto en París, y comenzaremos la gira europea. En España querríamos tocar pero desgraciadamente aún no tenemos ningún festival para este verano. ¡Pero seguro que pasamos en la gira de invierno!

Para nosotros es muy importante tocar en España: es el país que ha creído en nosotros en primer lugar, que nos dio nuestro primer visado. La Embajada en Dakar nos puso en contacto con Casa África, que nos movió por prácticamente toda España durante casi cuatro años. Podemos decir que ha sido nuestra puerta de entrada al panorama internacional. Es por eso que hablamos un poquito de español…

La noche cae oscura en Gandiol, y a la troupe que acompaña a los Takeifa, formada por doce personas, les quedan aún cinco horas de coche hasta Dakar. “No os despidáis mucho, que volveremos pronto”, promete Jac, alejado por unos instantes del ajetreo que le espera en estos próximos meses.

Aquí os esperamos.

“Beautiful World”, una bofetada de optimismo desde Namibia

Elemotho Gaalelekwee Richardo Mosimane, más conocido como Elemotho nació en el desierto namibio en la era del apartheid. Cuenta que su música está influenciada de la música de las radios botswanesas y del r’n’b americano, pero también de las historias que se narraban en su pueblo alrededor de la hoguera: leyendas pobladas de animales o epopeyas de pueblos, llenas de mensajes.

Como los cuentos de su abuela, la propuesta musical de este estudiante de Filosofía y Psicología Africanas hace bailar, pensar, reír y llorar. Y sobre todo, llena de paz el espíritu.

En su trabajo, los sonidos del Kalahari se mezclan al folk, al jazz e incluso al reggae basado siempre en ritmos de percusión africana. Sus letras, cantadas en su lengua materna, setswana, inglés y otros idiomas namibios como el damara-nama (lenguaje con clics), liberan moralejas llenas de utopía y de realismo al mismo tiempo. “Me veo como un activista musical”, dice.

Con tres discos en solitario (“The system is a joke”, 2003; “Human”, 2008; “Ke Nako”, 2012) y un disco recopilatorio de los tres anteriores (“My Africa”, 2014), Elemotho se ha consagrado como uno de los artistas más reconocidos de su país.

A nivel internacional ha llevado la música namibia a casi todos los rincones del planeta. En 2012 recibe el premio RFI Découvertes que le permitió actuar en 30 países africanos y europeos.  En 2014, actuó en Womad UK, acompañado de su banda ante la presencia de miles de espectadores, y cada año es invitado a varios festivales en Alemania, y también en España de donde son su mujer y sus hijos.

En 2016, dos de sus canciones “Neo” y “La Vida”, son seleccionadas por Netflix para la serie Grace & Frankie en su segunda temporada.

Curriculum aparte, lo primero que llama la atención de él es su enorme sonrisa. Tanto fuera como dentro del escenario Elemotho emana un torrente de energía positiva que inunda desde la primera vez que lo escuchas.

El 26 de mayo sale a la venta su nuevo álbum “Beautiful World” (ARC Music)  y quisimos entrevistarle para que nos contara los detalles de su nueva creación.

Elemotho EPK from Endemic Productions on Vimeo.

Su nuevo álbum se titula « Beautiful World ». ¿Es este un cuento optimista? 

Tengo muchas razones para titular mi nuevo álbum «Beatiful World». Con la madurez, cada vez siento más que somos los actores de nuestro propio destino, o que al menos, tenemos la responsabilidad de ser más proactivos. Es por ello que « Beautiful World » es para mí un lugar de esperanza, de positivismo, que pretende dar luz a un mundo cada vez más inclinado hacia el cinismo y la negatividad.

He nacido en la era del apartheid y eso ha dejado huella en mí. Nadie creía que un sistema como aquel acabaría cayendo y sin embargo, a mis 13 años llegué a ver el desmoronamiento de un régimen que deshumanizó a las personas de un tono de piel más oscuro en su propia tierra.

Las historias que cuento son esperanzadoras: son un recordatorio de que la Vida es tan solo una evocación y el Amor, una canción para el corazón.

Como trotamundos, he podido conocer gente maravillosa y ver sitios alucinantes, es por ello que es un «Beautiful World». Puede ser un titulo pretencioso, pero realmente creo que los humanos nos imaginamos las cosas que queremos ver.

Pese a esa filosofía positiva, su primer single, “Black Man”, es más agresivo y directo de lo que nos tiene acostumbrados. ¿Qué hay detrás de ese contraste ?

Muy buena pregunta. «Black Man» es como un bofetada en toda la cara como primer single de un álbum llamado «Beautiful World». Eligiéndolo he querido ser provocativo y directo tanto musical como visualmente, y eso es algo que normalmente no hago.

En un primer momento pensé en publicar el track «Beautiful World» como primer single pero después decidí ir por otro camino. Estoy muy interesado en la Verdad como concepto y como pensador y filósofo que me considero me tentaba la idea de enviar un mensaje más directo, basado en la narrativa de lo Negro que está tan de actualidad.

«Black Man» fue escrito justo después del asesinato de Eric Garner en manos de la policía en Estados Unidos. Fue grabado en los primeros meses de 2016 pero no lo publicamos hasta que no tuvimos las imágenes adecuadas para el videoclip, que fue a finales de año.

Considero «Black Man» como un tema proactivo, porque predica que la Verdad, la Libertad y la Dignidad son deseos nobles y humanos y que podríamos ser mejores personas usando nuestras mentes y espíritus.

En “Black Man” recoges la frase de Fela Kuti “la música es el arma del futuro”. ¿Debe ser el arte un instrumento de concientización?

Cuando era pequeño mi abuela solía preguntar al terminar de contarnos un cuento qué habíamos aprendido de sus historias y cuáles eran los mensajes que nos llevábamos de ellas. Creo que esto me ha influenciado desde muy pequeño en contar historias con significado o moraleja, tanto directa como indirectamente.

Es por ello que soy muy fan de músicos y compositores que se interesan por los problemas de los tiempos que les toca vivir. Fela Kuti y Bob Marley fueron muy buenos en eso porque les sale de forma natural, sin parecer forzado.

Por otra parte, tampoco creo que sea necesario que todos los artistas lo hagamos o que lo hagamos todo el tiempo. A veces uno se siente simplemente bien y absurdo… y las letras también deben transmitir esa ligereza.

A parte de la música, ¿ha estado comprometido políticamente de algún modo? 

Siempre he estado implicado en debates en el colegio y en la Universidad, interesándome particularmente en la condición humana. Como compositor, me sale naturalmente escribir sobre temas sociales, económicos, políticos y espirituales.

En términos de acción, he estado involucrado con la iniciativa «Save the Rhino Trust Namibia», en su campaña contra la demente caza furtiva de rinocerontes que alcanza dimensiones epidémicas en toda África y que en Namibia estamos sufriendo particularmente.

Me siento muy indignado viendo que estas cosas pasan a escasos kilómetros de mi casa y siendo padre de dos niños, siento un compromiso especial con las futuras generaciones.

En África, alrededor de la hoguera, los oyentes de las historias también participan en ellas.  ¿Cómo le responden sus diferentes públicos?

Creo que uno se hace mejor narrador a medida que crece y vive más experiencias. Me siento muy afortunado y privilegiado de poder usar la música como vehículo para transmitir esperanza y entretener al mismo tiempo.

En cuanto a los oyentes es difícil definirlos en estos tiempos de inmediatez y redes sociales. No creo tener un público determinado, sin embargo, tengo la suerte de que la gente conecta con mis canciones tanto en Namibia y en algunas partes del continente africano, como Europa y las Américas.

Nunca me he visto a mí mismo como un tipo de músico tradicional sino que opto por la fusión de estilos e influencias lo que hace que a veces le tome algo de tiempo a algunas audiencias conectar con mi música.

Por ejemplo, en Namibia, que es un país muy diverso pese a tener tan sólo dos millones y medio de habitantes, es complicado porque no todo el mundo proviene de una cultura participativa de la canción y de la historia.

Llevas años trabajando con el guitarrista congolés Samuel Batola, ¿cómo os habéis encontrado musicalmente? ¿Hay otras colaboraciones en este nuevo trabajo?

Samuel Batola es para mí el mejor guitarrista que conozco y que además tiene una voz increíble. Nos conocimos en 2007 y enseguida congeniamos. Llevamos tocando juntos desde entonces y participó en los álbumes “Human” y “Ke Nako”. En este nuevo trabajo, hace los acompañamientos de varias guitarras, algunas voces y también canta.

En “Beautiful World” he contado con la colaboración del dúo español Feten Feten, el violonchelista francés Matthieu Saglio, el saxofonista americano Terry con mucho soul y funky y de una coral tradicional Batswuana.

Dices que hay que tomarse tiempo de “vivir las historias que después vas a contar con música” como justificación al tiempo de creación entre álbumes. ¿Cómo influyen las discográficas en ese tiempo de creación? 

Afortunadamente todavía soy independiente. Tengo la suerte de tener una increíble compañía discográfica en el Reino Unido llamada ARC Music, con capacidad de distribución y alcance internacional.

El hecho de grabar cuando y como quiero sin presión de tiempo o restricciones creativas significa mucho para mí, ya que me permite trabajar de una manera más adecuada a mi personalidad.

Una relación como esta en la industria de la música actual es un sueño hecho realidad.

¿Cómo ve la industria musical africana?

La música está cambiando en todas partes y también en el continente africano. Los medios digitales y sociales están presentes en todas partes, y eso ha influido en nuevas formas de grabar, producir y consumir música.

¿Tendremos el placer de verle en concierto en España en 2017? ¿Cómo se le acoge musicalmente?

Tengo planes de visitar España este verano 2017. Tenemos algunas fechas confirmadas para julio, pero estamos trabajando en más. He conseguido recorrer España con frecuencia desde 2007 actuando en grandes Festivales como Territorios de Sevilla o Veranos de la Villa de Madrid. El público español ha sido muy receptivo a mi sonido y estoy agradecido de poder todavía realizar y recorrer un país tan hermoso. “Muchas gracias”.

Ke a le boga (muchas gracias a tí en setswana)

 

* Laura Feal es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Santiago de Compostela. Desde 2006 ha trabajado en diversos países de África como Argelia, Malí, Namibia, Mozambique, Mauritania o Senegal con diferentes ONGDs (Cideal, Habitafrica, Alianza por la Solidaridad) y agencias de cooperación en temas de género, migraciones y seguridad alimentaria. Actualmente vive en Saint Louis (Senegal) donde coordina las actividades de la asociación local Hahatay, sonrisas de Gandiol. Se considera una “eterna estudiante y amante del pulso de la vida africana y de sus gentes”.

Mali Blues, un canto contra yihadistas y muyahidines

Mali Blues es un canto a la paz, a la libertad. Al igual que las recientes Timbuktu de Abderrahmane Sissako o They Will Have to Kill us First de Johanna Schwartz, Mali Blues lleva a la pantalla los estragos del pueblo maliense bajo la ocupación yihadista en el norte del país.

Fatoumata Diawara y Ahmed Ag Kaedi en un fotograma del documental Mali Blues

Fatoumata Diawara y Ahmed Ag Kaedi en un fotograma del documental Mali Blues

El documental de Lutz Gregor resalta el valor de la música como una de las vértebras de Mali y apuesta por explorar su riqueza musical a través de cuatro músicos malienses. Cuatro perspectivas para mostrar una identidad sonora que se vió especialmente amenazada en ciudades como Gao, Kidal y la legendaria Tombuctú.

El 22 de agosto de 2012 Osama Ould Abdel Kader, portavoz del Movimiento por la Unidad y Yihad en África del Oeste (MUJAO) anunció la oposición de cualquier música occidental en el territorio ocupado. “No queremos música de Satán. En su lugar habrá versos coránicos. Es lo que impone la sharia. Debe hacerse lo que dios manda”, dijo. La música se convirtió en una prohibición (haram).

film11040_16-06-07-maliblues_poster_deutsch_10x15cm300dpi“¿Cómo le ha podido pasar esto a Mali?”, se lamenta Faotumata Diawara en la película. Diawara, una de las voces más reconocidas del país, es la protagonista de Mali Blues junto al griot Bassekou Kouyaté, el rapero Master Soumy y el tuareg Ahmed Ag Kaedi.

“Si no hay música, no habrá Mali”, expresa Basseoku Kouyaté en su casa de la capital, Bamako. Allí tuvo que huir Ahmed Ag Kaedi. El músico, cuyo equipo fue destruido por los islamistas, no tuvo más remedio que emprender el viaje hacia el sur. Sólo, a más de 1500kms de casa, a Ahmed Ag Kaedi le queda el recuerdo. “Estar en Bamako es peor que estar en la cárcel. Te mentiría si dijese que estoy feliz aquí”, explica. La inspiración de este tuareg está en el desierto mientras que la capital maliense sólo le aporta ruido y contaminación.

Echa de menos unas tierras amenazadas que quedaron en silencio. “No reconozco un Mali que tiene miedo a tocar música. Dios nos dio voces para poder expresarnos y disfrutar”, dice Diawara en el documental.

El puritanismo que se asentó durante casi un año el norte del país no casa con Mali. Es una visión que no se reconoce en la mayor parte de la población y que el rapero Master Soumy deja claro en su tema “Explique ton Islam”. Latigazos, bombas, violaciones y kalashnikovs son los atributos de los muyahidines que intentaron arrebatar la música como seña de identidad.

Pero los músicos malienses no se quedaron callados. Desde Bamako o en el exilio mantuvieron su canto en el aire. “El gobierno de Mali está sometido a un caos que no ha podido parar la aproximación de los yihadistas. Pero los músicos siguen dando guerra”, dijo la productora y musicóloga Lucy Durán durante la presentación de la película en Londres. “La música es lo que une a los malienses y es una parte intrínseca de sus vidas. Las canciones son una licencia para tratar temas tabúes”, resaltó Durán.

A pesar de intentar mostrar los distintos punto de vista a la reciente situación musical de Mali, el documental se decanta por seguir los pasos Fatoumata Diawara. Gregor encuentra en Fatou, quién dejó Mali para escapar de un matrimonio de conveniencia, un hilo conductor para contar la importancia de la música maliense y su indeleble presencia en la cultura local. La música es costumbre pero también un instrumento educativo, político y religioso. “La música contribuye al desarrollo de mi país”, apunta Master Soumy.

En su libro “Música, Cultura y Conflicto en Mali”, el antiguo manager de Tinariwen y periodista, Andy Morgan, explica que en el país no hay una guerra contra la cultura, sino contra un modo de vida, contra la libertad. “En cierto modo, no es una guerra contra el terror, sino contra el amor”, escribe.

Mali es amor. Cuenta con una población donde más del 90% es musulmana y la religión no es el problema. La intolerancia es lo que hace que la sociedad quiebre y se ponga en juego el patrimonio cultural. Mali Blues es un legado visual hecho para dar voz a los que luchan contra la amenaza islamista radical. Por esos músicos que como Bassekou Kouyaté expone “tienen voces más grandes que las armas”.

Bassekou Kouyaté y Fatoumata Diawara en un fotograma de Mali Blues

Bassekou Kouyaté y Fatoumata Diawara en un fotograma de Mali Blues

* Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del Film Africa.

Saint-Louis consigue la no interrupción del festival de jazz

13221483_1159431407422081_5192171366358924204_nEl festival de jazz de Saint-Louis, primera ciudad africana construida por los franceses en África Occidental, celebraba su primera edición entre el 15 y 17 de abril de 1993. Desde entonces, el festival se ha establecido como uno de los mayores atractivos turísticos de la antigua capital de Senegal, y uno de los festivales de referencia de todo el país, con ediciones anuales ininterrumpidas hasta la fecha. Sin embargo, este año, a pocos días de su inauguración – el 3 de mayo – una noticia en Ndarinfo (el periódico de referencia de Saint-Louis), sin duda poco contrastada, anuncia de modo abrupto la cancelación del festival pour una supuesta “amenaza terrorista”. Es más, una desafortunada imagen acompañaba a la noticia y le confería un tono alarmante, al mostrar una foto de un “supuesto terrorista” cubierto por un pasamontañas negro y un cargamento de balas, con el logo superpuesto del festival de jazz. Pronto todas las radios senegalesas y redes sociales extenderían la noticia y entre la esfera cultural de todo el país no se hablaría de otro tema. La imagen (aquí mostrada porque se hizo una captura de pantalla) duró menos de 24 horas en la noticia, ya que se pediría al periódico que se cambiase. Y tras la desaparición de la foto, el “rumor” de la cancelación no habría de durar más de 24 horas. En los medios senegaleses, abundaban las noticias sobre la celebración o interrupción de este histórico festival, en un año en el que en efecto se han cancelado festivales de referencia en todo el continente, como contábamos hace unas semanas en Wiriko. En Saint-Louis, sin ir más lejos, el pasado diciembre el mismo periódico tachaba de “catástrofe cultural” la cancelación de otro festival histórico en la ciudad, la Fanal, una manifestación cultural cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII, en la que las mujeres mestizas (conocidas como “signares” ), desfilaban luciendo joyas e iluminadas por linternas por toda la isla de Saint-Louis.

Saint Louis, la antigua capital de Senegal, alberga uno de los festivales de Jazz más importantes de todo África.

Saint Louis, la antigua capital de Senegal, alberga uno de los festivales de Jazz más importantes de todo África.

Imagen editada para ilustrar la supuesta "amenaza terrorista".

Imagen editada para ilustrar la supuesta “amenaza terrorista”.

Al final, la supuesta “amenaza terrorista” no era sino una nefasta comunicación del esfuerzo de seguridad esperado como mediadas de prevención, dada la proximidad de Senegal con países vecinos víctimas de estos ataques, como Burkina Faso, Mali y Costa de Marfil. Así, los organizadores del festival, tanto de la programación IN, como de la programación OFF – siguiendo la nomenclatura que explicábamos en el caso de la Bienal de Dak’art (con una sede principal de concierto, en este caso en la Place Faidherbe, y otros espacios OFF, como bares, plazas y salas de conciertos) -, pusieron todo cuanto estaba en sus manos para poder financiar la seguridad y así conseguir celebrar la 24ª edición de este festival internacional de jazz, que tanto tráfico turístico y residentes de todo el país atrae durante toda la semana. No obstante, el mencionado artículo trajo consecuencias poco deseables, no sólo con cancelaciones de hotel, como recogía Ndarinfo, sino también con acusadas medidas de seguridad, en un país caracterizado por su hospitalidad, tolerancia y pacifismo. Las medidas de seguridad se encontraban por carretera, en la entrada a Saint-Louis, y junto a la sede principal del festival, la Plaza Faidherbe, con agentes de seguridad armados. Tal vez tampoco sean casuales los escáneres de seguridad a la entrada del aeropuerto de Dakar, instalados durante las fechas del festival. Tal ruido mediático afectó también la programación IN del festival, con dos bajas muy notorias, el bajista neoyorkino Marcus Miller, que iba a clausurar el festival, y el grupo marroquí Bob Magrhib, cabecera en la inauguración.

BabaMaalApEstelar3Aparación estelar de Baaba Maal con el grupo de Cheikh Ndoye

De esta 24ª edición, finalmente celebrada entre los días 11 y 16 de mayo en la ciudad de Saint-Louis, con cinco días de dos conciertos IN, y 6 de actuaciones OFF, destacan tres aspectos fundamentales: la tan disfrutada actuación del famoso músico senegalés Cheikh Lô, el jazz por fin escuchado de Cheikh Ndoye, acompañado por músicos de gran talento, Raúl Pineda a la batería, Dean Brown (quien ha tocado con Marcus Miller) a la guitarra, y Arshak Sirunyan al piano y teclado, además de una aparición estelar del músico senegalés que está dando la vuelta al mundo con su último disco, The Traveller, Baaba Maal. Por último, destacó el ambiente de festival generado por los espacios OFF, donde se reunían apreciados y admirados artistas locales y nacionales, ofreciendo conciertos gratuitos o a precios asequibles para los saint-louisianos, y turistas festivaleros. También se disfrutó mucho la actuación inaugural del grupo senegalés Sarro, con un estilo musical con influencias del blues, jazz y reggae, en un 11 de mayo que marcaba el 35 aniversario de la muerte de Bob Marley, al que se hicieron muchas referencias durante el festival.

CheikhLo&SimbAplaudida actuación de Cheikh Lô el jueves 12, en un festival cuya música va más allá del jazz.

CheikhLoScene

Nacido en Burkina Faso en los 50, donde formó parte de la Orquesta Volta Jazz, Cheikh Ndigël Lô se mudó a Senegal en 1978. Con cinco álbumes y más de 40 años de carrera musical, la música de Cheikh Lô reúne distintas influencias y estilos musicales, desde el mbalax, reggae, la salsa, el jazz. El show fue una demostración de maestría, de dominio del espectáculo, abrazado calurosamente por los presentes. En un espacio no habilitado, en principio, para el baile espontáneo del público, desde la tercera canción, al ritmo de la salsa cubana, algunos de los presentes no pudieron aguantar más y se acercaron al frente del escenario para sentir la música del maestro desde cerca, y comunicarse con él corporalmente, o incluso, espiritualmente. Cheikh Lô es conocido como un verdadero Baye Fall, con sus características largas rastas, seguidor de Cheikh Ibra Fall, discípulo del fundador de la cofradía musulmana muride, combatiente por y para la paz a través de la música y las artes. Su concierto hizo un recorrido desde su primer álbum, Né la Thiass hasta el último, sacado en 2015, Balbalou, con muchos de los temas favoritos de sus seguidores, como Set, Jamm y Doxandem. Sin duda el más disfrutado concierto de todo el festival, con una segunda actuación en el Meyazz Club el viernes, un día después de su intervención en la Place Faidherbe, en la que la recién abierta sala de conciertos, ya considerada por muchos el espacio cultural preferido de Saint-Louis, tuvo mejor ambiente que nunca, según contaban algunos de los presentes.

Cheikh Lô es considerado un embajador de la cultura Baye Fall proveniente de Senegal.

Cheikh Lô es considerado un embajador de la cultura Baye Fall proveniente de Senegal.

El festival recibió la mayor afluencia de público durante el fin de semana, con el clímax alcanzado durante la clausura, gracias a la actuación de jazz de Cheikh Ndoye, músico senegalés, presentado como “l’enfant du pays” (el hijo del país) afincado en Estados Unidos. Ya el viernes el trio israelí Tomer Bar Trio había regalado al público saint-louisiano la dosis de jazz esperada en el festival. Hasta el mismo domingo en que aparecería Cheikh Ndoye como cabecera, se desconocía quién reemplazaría a Marcus Miller. Finalmente, el que iba a comenzar la noche de conciertos pasó a la segunda posición, y fue precedido por una alemana de marcado estilo rockero, cantando también en wolof, y acompañada por dos sabars y un djembe, Lerstein y el grupo Sing Sing Rythme. Esta formaría parte de una serie de conciertos IN más corrientes que destacables, con algunas elecciones claramente influenciadas por motivos de patrocinio, como el quinteto turco de Senay Lambaoglu, seguida por la entrega de regalos a la embajadora de Turquía. El concierto que continuaría, para concluir la programación IN, con Cheikh Ndoye, íntegramente instrumental, en el que cada uno de los componentes del grupo demostraron con maestría el dominio del instrumento, daría un giro a la calidad de la programación de jazz del festival.

Cheick Ndoye, fotografía extraída del facebook de Akhbar Tajudeen.

Cheick Ndoye, fotografía extraída del facebook de Akhbar Tajudeen.

Cuando Dean Brown se había ganado al público con su solo de guitarra, compensando la ausencia de Marcus Miller, el armenio Arshak Sirunyan se lució al piano de forma majestuosa. Y como guinda del pastel, la invitación especial al tan apreciado artista senegalés Monsieur Baaba Maal, quien demostró su dominio sobre la escena en tan solo una canción y agradeció a los organizadores haber mantenido este festival, “tan importante para nosotros”. Por si fuera poco, a esta invitación, se añadió un solo de unos ocho minutos del cubano Raúl Pineda a la batería, dejando boquiabiertos a todos los presentes. Nominado en tres ocasiones a los premios Grammy y ganador en 2000 de este prestigioso premio musical, por la mejor actuación de jazz latino junto con el cuarteto de Chucho Valdés, el festival alcanzaba aquí cumplir e incluso superar las expectativas de esta difícil edición perjudicada por la comunicación.

El batería cubano Raúl Pineda

13179185_1159431437422078_4852266306417946536_nEl último concierto de la programación IN no clausuraba el espíritu festivalero. Los espacios OFF comenzaban otros conciertos por toda la ciudad, con Omar Pène en el Meyazz Club, Takeifa en el norte de la isla, y el célebre korista de Saint-Louis, Ablaye Cissokho, en el Instituto Francés. Los festivaleros apuraban los últimos minutos musicales que tanto habían animado la ciudad durante la semana. Fueron estas actuaciones OFF precisamente las que otorgaron la atmósfera de festival en la ciudad costera senegalesa, con reencuentros con artistas como la cantante Mama Sadio, cantando en el Flamingo, y un último espacio el lunes 16, en la misma plaza Faidherbe, donde el festival daba visibilidad a distintos músicos de la ciudad, más allá de sus estilos musicales. Con esta luchadísima edición del festival, la ciudad demostró estar preparada para el 25 aniversario del festival el 2017, así como la importancia que los festivales han adquirido como espacios reivindicativos de la riqueza cultural de Senegal.

“Ser feliz” con lo nuevo de Anita Zengeza

“Ser feliz es decidir simplificar la melodía”. Lo dice Anita Zengeza (Zimbabue) en la canción que abre su segundo disco, Natural Journey (Slow Walk Music, 2016). Sencillo. Honesto. Fresco. Apetecible y necesario, llega tres años después de su primer LP, bautizado con su nombre (Whatabout Music, 2013) y lo hace regalándonos el mejor disco para esta primavera, pero también la dicha de tenerla bien cerquita.

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Y es que la joven zimbabuense de 25 años ha encontrado en Barcelona el entorno perfecto para desarrollar su carrera profesional. Estudiante de Jazz y música moderna en el Conservatori del Liceu, halla en el cosmopolitismo de la capital catalana una fuente de inspiración. Aunque para cosmopolitismos el suyo. Nacida en Botswana de padre zimbabuense y madre chino-malasia y emigrada a Harare a la edad de 5 años, con solo 17 se trasladó a Italia con una beca para estudiar música, para instalarse a la ciudad condal en 2010. Pura energía creativa y puro talento le bullen en las venas desde que empezara a cantar y tocar el piano, con solo ocho años. Desde entonces, el violín, la viola o la guitarra han sido sus mejores compañeros de viaje para una travesía sonora que nos llega hoy como un oasis.

ac3ae52f-c62d-45d0-b2dd-ed0f5cb09e40Esta Travesía Natural, tal como se podría traducir de su título en inglés, emana sutilmente cuica brasileña, folk norteamericano, melódica, ritmos antillanos, arreglos de jazz o sabar senegalés que bailan y se mezclan en un estilo al que Anita le gusta llamar afrofusión o afropop. Un discurso sereno que nos habla de aspectos cotidianos de una forma poética y que nos zarandea con cambios radicales que nos deslizan por túneles sonoros como hacia universos paralelos. Dándonos la vuelta bruscamente, la zimbabuense nos devuelve en todo momento al curso natural de melodías suaves que nos mecen delicadamente. Como en la vida, en Natural Journey predomina el equilibrio.

La voz de Anita recuerda a la sudafricana Zolani Mahola (Freshlyground) y se acerca a menudo a los destellos luminosos de Sara Tavares. Mezclando letras en inglés, castellano o francés, su voz escala y desciende, nos eleva y nos hunde, aportando múltiples colores y texturas que dibujan nuevos perfiles de una personalidad que la hacen única. Que nos enamora. Nos devuelve a nuestra parte más latina. Más barcelonesa. Más honesta. Más mestiza.

Próximos conciertos de ANITA ZENGEZA: 

28/05/2016 Miombo Magic Festival (Harare, Zimbabwe)
2/07/2016 Festa MaJor de Sant Cugat (España)
15/07/2016 NunOff Festival, Barcelona (España)
5/08/2016 Sala Montjuic, Barcelona (España)
19/08/2016 CCCB ‘Making Africa’, Barcelona (España)