literatura africana

De pequeños países o la vuelta permanente a los orígenes

8ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

*Por Ángeles Garoz Moreno

Leo, escucho, conecto, analizo. Trato de sacar conclusiones, las mías, personales. Para eso estas líneas son un ensayo, una suerte de amalgama de sensaciones que apelan a mi corazón y a mi cabeza para producir algo nuevo.

Las críticas, comentarios y reseñas en torno a Pequeño país, de Gaël Faye, generan atracción hacia la obra, tanto por su argumento (genocidios de Ruanda y Burundi) como por su autor (treintañero franco-ruandés, nacido en Burundi y exiliado en su adolescencia a Francia, donde se formó y vivió, además de en Londres, hasta su traslado en 2015 a Kigali, Ruanda, donde vive con su mujer e hijos).

El relato empuja a avanzar a toda velocidad por las páginas de un libro repleto de imágenes nítidas, tanto visuales como emocionales, narrado desde el punto de vista de un niño de 10 años, Gaby. Un personaje tan bien construido que resulta muy creíble, residente en Bujumbura y que poco a poco asiste a la paulatina pérdida de la burbuja cálida de una niñez confortable, abandonada a marchas forzadas a medida que transcurren los acontecimientos familiares, amistosos y del propio país, Burundi. Gaby nos va conduciendo suavemente hasta el final de la novela (cuya última página suprimiría; la penúltima me pellizca definitivamente el corazón y la prefiero como conclusión) y alimenta las ganas de saber más del autor.

El autor de "Pequeño país", el francoruanddés Gaël Faye. Foto: Cedida Xavier Cervera / Ediciones Salamandra. Literatura africana.

El autor de “Pequeño país”, el francoruanddés Gaël Faye. Foto: Xavier Cervera / Cedida por Ediciones Salamandra.

La apariencia física de Gaël Faye ya llama la atención. Delgado, alto, labios gruesos, pelo rizado, frente despejada, ojos penetrantes, cuello largo, piel clara; atractivo… ¿Quizá sorprende que no sea más negro? ¿Es posible que nos hallemos frente a un estereotipo? Como el prejuicio del que habla el propio Faye en una entrevista (traducción propia): “Cuando llegué a Francia, me preguntaban sin parar por los baobabs y las jirafas, a mí, que había crecido en una cultura dominada por Nike y Michael Jordan”(1).

Estereotipos y simplificaciones de los que también habla Chimamanda Ngozi Adichie en El peligro de la historia única: “… dejé Nigeria para ir a la universidad en Estados Unidos. Tenía 19 años. Había impactado a mi compañera de cuarto estadounidense; me preguntó dónde había aprendido a hablar inglés tan bien y estaba confundida cuando le dije que en Nigeria el idioma oficial resultaba ser el inglés. Me preguntó si podría escuchar mi ‘música tribal’ y se mostró un tanto decepcionada cuando le mostré mi cinta de Mariah Carey. Ella pensaba que yo no podía usar una estufa” (2).

Escapar de los lugares comunes resulta, a menudo, una tarea ardua. La mirada hacia “el otro”, de allí, de aquí, se tiñe de velos compuestos de información y desinformación, de interés y desinterés, de curiosidad, de miedo, de desconocimiento; antipatía, superioridad, condescendencia… Una lista casi interminable. Es evidente la necesidad de desprenderse de todos ellos salvo del único que nos puede ayudar a tratar de entender al humano que desconocemos: la empatía.

La búsqueda continuada de información sobre Faye nos descubre que, además de escritor, es cantante, rapero, y autor, entre otras, de una canción deliciosa titulada igual que su novela, ‘Petit pays’. En su letra descubrimos el posible origen del libro, “Bujumbura, eres mi luciérnaga en mi errante europeo”.

La canción destila nostalgia y la transmite. Tratamos de ponernos en los zapatos de Faye para sentir lo que él sintió al escribir la canción primero y el libro después. ¿Añoranza? ¿Tristeza? En nuestra mente se dibujan otras palabras similares, como morriña, que recuerda a cariño, y al hablar de zapatos y nostalgia, entra en escena Cesária Évora, siempre descalza, por supuesto. Su voz y su música permanecen presentes en la memoria y desencadenan una sensación de sol nublado, que a veces se despeja en parte, sin llegar a calentar verdaderamente, y otras, se oscurece y hace que se sienta frío.

Esas conexiones mentales no parecen casuales. Cesária tiene una canción que se llama también ‘Petit pays’ y, del mismo modo, habla de amor por el lugar de origen (‘pequeño país, te quiero mucho’, repite varias veces la canción). Con esa saudade (sodade en criollo) que solo la morna, el blues caboverdiano, puede transmitir: un equilibrio perfecto entre el lloro y la contención emocionada.

Y cuántas personas más buscan su pequeño país (el diminutivo resulta entrañable, mucho más que el sustantivo solo), a menudo de forma literal, como es el caso de Gaël Faye, quien decidió regresar al origen, Ruanda. O en sentido figurado. ¿No es lo que hacemos todo el mundo, aunque sea de manera ocasional? Volver a la infancia o a cualquier otro momento vital, a los lugares donde fuimos felices, en que la vida no pesaba, ni teníamos que correr inútilmente detrás del tiempo. Puede ser un lugar físico, un pequeño o gran país, un recuerdo, quizás un sabor o una canción. Y aunque no creo poder sentir el desarraigo del exilio del autor o de Cesária y de tantísimas personas anónimas, como expatriada voluntaria que fui, sí que comparto la necesidad, siempre, de volver a los orígenes (aunque sea emocionalmente) de dónde procedemos: son lo que somos.

  1. Gaël Faye, le paradis perdu à hauteur d’enfant, en Liberation, 23 septiembre 2016 https://www.liberation.fr/planete/2016/11/17/gael-faye-le-paradis-perdu-a-hauteur-d-enfant_1529150
  2. Charla TED “El peligro de la historia única” https://www.ted.com/talks/chimamanda_ngozi_adichie_the_danger_of_a_single_story?language=es#t-184587

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Wiriko nació en 2012 como asociación cultural para la divulgación y promoción de las artes y culturas africanas. Wiriko.org, su principal proyecto, es el primer Magacín 100% dedicado a las Artes y las Culturas Africanas del Sur del Sáhara en lengua castellana. Una ventana para dar a conocer las realidades culturales contemporáneas de África y una plataforma para acabar con su desconocimiento y estereotipos. Como herramienta colaborativa para la interconexión y la cooperación cultural, impulsa un África muy distinta a la de los cuatro jinetes del Apocalipsis (guerra, hambre, pobreza y destrucción), y fomenta una visión más realista de lo que se produce, a día de hoy, en el continente africano.
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