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La 7ª edición de Africa Writes buscó historia, memoria y espiritualidad

Ayesha Harruna Attah en la presentación de su libro The Hundred Wells of Salaga en Africa Writes 2018 / Foto: Iván González

Africa Writes regresó a las instalaciones de la British Library de Londres el pasado fin de semana. El certamen, organizado por The Royal African Society, dio visibilidad a la escena literaria africana y de la diáspora con una cita que acogió a más de 60 participantes de diversos países como Camerún, Nigeria, Uganda, Kenia o Zimbabue.

A pesar de la baja de Warsan Shire por problemas de salud, la 7ª edición de Africa Writes estuvo cargada de una potente y diversa programación donde la historia, la memoria y la espiritualidad fueron los principales ejes temáticos. La presencia femenina, con hasta 5 lanzamientos, fue clave en esta edición. “La decisión de programar a todas estas jóvenes mujeres fue una reflexión de la actual escena literaria más que una respuesta al contexto político social”, explica a Wiriko una de las programadoras del festival, Caitlin Pearson.

The Hundred Wells of Salaga de Ayesha Harruna Attah y These Bones Will Rise Again de Panashe Chigumadzi se unieron a los debuts literarios de Novuyo Rosa Tshuma, House of Stone, y de Akwaeke Emezi, Freshwater. Cuatro escritoras cuyas obras se complementan y que miran al pasado desde un nuevo punto de vista. Las jóvenes fueron las sensaciones de una edición que navegó las distintas expresiones literarias sobre apropiaciones, construcción de realidades y mundos. “Nuestro trabajo se ha centrado en la realidad igbo y en la ontología tras la separación que supuso el colonialismo”, dice Pearson.

En el festival, que programó hasta 25 eventos, hubo espacio para adentrarse en la literatura camerunesa y conocer las nuevas generaciones de escritores en Uganda. Además se debatió la importancia de la literatura africana en los currículums escolares y la irrupción de pequeñas revistas literarias tanto en el continente como en la diáspora. Se incluyó también un taller sobre las ideologías afrofuturistas de Black Panther en la literautra, el arte y la moda y se organizó una noche de temática Wakanda que contó con la participación del colectivo Octavia Poetry.

La identidad y la pertenencia también fueron materias esenciales como herramienta de diálogo. La literatura responde al contexto sociopolítico producido por el Brexit y se realizaron sesiones en las que se ahondó en las figuras literarias en la Londres georgiana y eduardiana y se exploraron las diversas representaciones de la identidad con producciones como COAT del cantante y escritor Yomi Sode.

Sode, encargado de inaugurar esta edición, llenó el auditorio con una obra teatral que enfrenta al joven Junior con el regreso a su Nigeria natal tras la muerte de su abuela. Su país de origen, extraño y desconocido tras dejarlo a los 9 años, es sin embargo un vínculo emocional y cultural con la que lidiar a diario. “Es embarazoso que no sepa el nombre de mis abuelos pero puedo nombrar todos los discos de Kanye”, reconoce Junior.

El podcast cultural Mostly Lit volvió al festival en compañía de la periodista y escritora Afua Hirsch. La conversación desgranó los detalles del último libro de Hirsch, BRIT(ish), en el que se buscan respuestas al significado de ser negro y británico en la actualidad.

“Estamos en una fase histórica en el Reino Unido en el que la idea de ser británico está siendo explorada de diferentes maneras y existe un interés en la presencia de africanos y descendientes de africanos aquí”, explicó Pearson.

Una de las sesiones más esperadas del festival fue Loving Womxn: Deliberate and Afraid of Nothing donde se compartieron las experiencias de mujeres que toman conciencia de su identidad a través de la escritura. La editorial nigeriana Cassava Republic presentó She Called Me Woman, una recopilación de 25 historias que dan voz a mujeres queer en Nigeria. También hubo espacio para reivindicar Sista!, una antología de mujeres lesbianas y negras en el Reino Unido con descendencia africana y caribeña.

Liv Little, editora de la revista gal-dem defendió su publicación como “plataforma para mujeres negras que viven su identidad sin remordimientos”. La escritora ecuatoguineana Trifonia Melibea Obono también participó del coloquio gracias a un video grabado con antelación en el que introdujo su última novela, La Bastarda, que acaba de traducirse al inglés.

Asistentes al festival literario Africa Writes / Foto: Iván González

Cuando en muchos países de África se clama que la homosexualidad es una importación occidental, la literatura desmorona el argumento de políticos y líderes religiosos. Otro ejemplo es Lives of Great Men, la memoria gay del periodista y escritor nigeriano Chiké Frankie Edozien.

La 7ª edición de Africa Writes superó el número de asistentes según los organizadores consolidándose como un espacio para un público diverso que consume literatura africana y en la diáspora. “El festival definitivamente continuará exhibiendo historias de jóvenes, queer y mujeres. La involucración de los jóvenes es importantísima porque ellos son la próxima generación de lectores y escritores”, concluye Pearson.

“Necesitamos nombres nuevos”… y necesitamos más libros como este

En 2013, la escritora zimbabuense NoViolet Bulawayo publicó We need new names. Y este año, esta novela que es un universo en sí misma, se publica en castellano, de la mano de la editorial Salamandra y a través de una traducción de Sonia Tapia Sánchez. Necesitamos nombres nuevos, su título fiel en la edición española, podría perfectamente incorporarse a las lecturas recomendadas para los adolescentes: habla su idioma, la historia es conmovedora y atractiva y proyecta una imagen compleja de África, de los africanos y del hecho migratorio, una visión de las múltiples caras de un prisma, muchas de las cuales no se corresponden con los discursos más habituales. Bueno y, sobre todo, porque es una delicia y cumple con todos los criterios para ser uno de esos libros que te enganchan a la literatura.

La escritora zimbabuense, NoViolet Bulawayo. Fuente: Editorial Salamandra.

Darling es la narradora de la primera novela de NoViolet Bulawayo: Bastardo, Chipo, Sabediós, Sbho y Stina forman el grupo de amigos en Darling, todos ellos habitantes de un poblado de chabolas con un evocador nombre: Paraiso. El relato de las correrías de este grupo de niños está lleno de simbolismo y fácilmente encaja en los esquemas de novelas juveniles, de historias pensadas como lectura de verano e ideadas para hacer volar la imaginación. Sin embargo, en el caso de Necesitamos nombres nuevos, la joven autora zimbabuense va dejando caer algunas perlas en forma de referencias externas, más allá del relato de gamberradas, de las idas y venidas que a falta de vigilancia de adultos van descubriendo poco a poco la vida. Esas perlas que pueden pasar desapercibidas son, en realidad, una especie de migas de pan que marcan el camino de una historia mucho más interesante camuflada bajo la superficie.

El desarrollo vital de este grupo de muchachas y muchachos resulta en realidad descarnado, pero sólo cuando el lector levanta la cabeza y empieza a recomponer las piezas del puzzle. Desalojados de sus casas y empujados a ese suburbio que es Paraíso. Apartados de la escuela porque incluso los profesores han huido de un país que se deshilacha. Enfrentados a un futuro incierto al que acechan, desde los embarazos precoces hasta la epidemia del SIDA, pasando por la promesa de la esperanza rota que es la migración y flanqueado por una tradición debilitada y unas iglesias cargadas de supersticiones, vicios y afán de lucro. El grupo de amigos de Darling crece en medio de un cierta inconsciencia que ve perfectamente los dientes de la violencia económica y política, pero que, sin embargo, apenas perturba sus juegos. A través de estos niños, NoViolet Bulawayo dibuja un país marcado por las desigualdades. “Cuando llegamos al centro de Budapest, nos paramos. Esto no es como Paraíso, esto es como estar en un país totalmente distinto. Un país bonito donde vive la gente que no es como nosotros. Claro que tampoco se ve nada que sugiera que aquí vive gente de verdad. Incluso el aire está vacío: no huele a comida rica, no hay olores, no hay ruidos. No hay nada”, dice cuando visita un barrio rico de la ciudad. Dibuja un país que igual desaloja a los blancos que reprime a los disidentes, liderado por élites corruptas e incapaces que se preocupan más por amañar elecciones que por solventar la pobreza. Sin embargo, Zimbabue, no aparece explícitamente en ningún momento durante toda la narración, ni tampoco sus políticos.

Cubierta de “Necesitamos nombres nuevos”

Sin embargo, la experiencia de Darling es todavía más rica y nos transmite algunas sensaciones que estaría bien que el lector del norte global nunca perdiese de vista. “A estos de la ONG les gusta mucho hacer fotos, como si fuéramos sus amigos y sus parientes de verdad o algo así, como si luego, al volver a sus casas, fueran a ponerse a ver esas fotos y a decirles nuestros nombres a otros amigos y parientes. No les importa que a nosotros nos dé vergüenza estar sucios y llevar la ropa rota, ni que prefiramos que no nos hagan fotos”, suelta Darling como una bofetada. Pero tampoco se queda atrás su experiencia migratoria, cuando por ejemplo, una mujer le acorrala en un baño, ya en su etapa en Estados Unidos y le suelta todos los tópicos relacionados con los males de África, con la conmiseración y la caridad. Sí, porque finalmente, después de la frustración del cambio, Darling viaja a Estados Unidos, o mejor a una América de la que presumía delante de sus amigos, pero que no resulta ser como en sus sueños.

La escritora zimbabuense hace pasar al grupo por delante de la devastación del sida, por la arbitrariedad política y por la violencia con delicadeza y una extremada ternura. El desengaño que marca este abrupto fin de la infancia es por encima de todo pura inocencia: “Se me ocurre que podría rezar por ella para que se le pase el cansancio, pero entonces de acuerdo de que he decidido que rezarle a Dios es una pérdida de tiempo. Ya puedes rezar y rezar y rezar, que nada cambia. Por ejemplo, estuve rezando para tener una casa de verdad y ropa buena y una bicicleta y varias cosas más durante mucho, mucho tiempo, y no tengo nada, ni una sola de esas cosas, por eso ahora sé que todos esos rezos por mi padre no son más que un engaño”.

A medida que pasa el tiempo, el tono de la narración va contagiándose de la madurez de Darling y, por ejemplo, su evolución se acelera una vez que es acogida por su tía en Detroit y abandona Paraíso. El dolor de la marcha y de lo que se deja atrás no deja nunca de estar presente. Incluso pasado el tiempo, Darling es incapaz de no rememorar su origen ante el olor de una guayaba que le traslada a su infancia y a las calles de su país.

Si Bulawayo no ahorra críticas al país de origen, ni escatima bofetadas a los occidentales en África, tampoco deja títere con cabeza cuando se refiere a la experiencia migratoria, desde la violencia de la sociedad estadounidense con los tiroteos en colegios y la violencia policial hacia los negros, hasta el desamparo en el que quedan los hijos de padres absorbidos por completo por el trabajo, o el abandono de los mayores, pasando por el conflictivo despertar a la sexualidad o los desórdenes alimenticios.

Sólo tres fragmentos, en todo el libro, no reproducen la voz de Darling. “Cómo aparecieron”, “Cómo se marcharon” y “Cómo vivían”. El primero sobre la creación de un barrio de chabolas como Paraíso, a partir de desplazados internos; el segundo, sobre una de las olas migratorias, aquella en la que Darling sale del país; y la tercera, especialmente conmovedora, sobre el asentamiento de los refugiados en los Estados Unidos. Aparentemente es la voz de un viejo migrante que ha perdido la razón, la que relata como fue la llegada de los primeros desplazados en otros tiempos y como ve que las raíces se van diluyendo generación tras generación. “Venían en manadas, dejando atrás los restos, los jirones de nuestro país. Y nosotros no pensábamos en remendar esos jirones, en remendar lo que era nuestro”, dice en un tono apocalíptico.

Necesitamos nombres nuevos contiene la experiencia completa de una africana, llena de matices y de caras diferentes, una experiencia multidimensional que además se digiere con facilidad gracias a una narración fresca, a un lenguaje sencillo y a un tono cercano. Necesitamos nombres nuevos enseña y divierte. Enseña que las cosas son mucho más de lo que parece y que, por ejemplo, esta experiencia es sólo una de las experiencias posibles. Es decir, enseña diversidad. Y divierte porque pasa sin esfuerzo y porque deja un regusto que llama a repetir, quizá el regusto de las guayabas que los amigos de Darling robaban en Budapest.

Luc Bendza: El africano chino que quería volar

El pasado viernes se estrenaba en la Filmoteca de Catalunya, durante el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB), The African Who Wanted to Fly (El africano que quería volar), un documental que dejó a más de uno con la boca abierta. Se trata de la historia de Luc Bendza, un gabonés que supo de muy pequeño qué quería ser de mayor gracias a las películas chinas de artes marciales. Sí, has leído bien. De hecho, el objetivo era seguir los pasos de sus ídolos Bruce Lee y Jackie Chan para alcanzar su meta: aprender a volar.

Fragmento de la película El africano que quería volar, de Samantha Biffot.

El documental, de la también gabonesa Samantha Biffot, tiene varios puntos interesantes: el de la diáspora africana en China; el de mostrar otra cara del gigante asiático en África alejada de los estereotipos; el de introducir al espectador en el arte marcial wushu; y, quizás, en tener la capacidad de seducir al espectador sobre un género fílmico, el de la lucha, que en Occidente no tiene mucho reconocimiento. Sin embargo, y como explicó el realizador alemán Wener Herzog: “Toda la filmografía de Godard es un timo comparada con una buena peli de kung fu”.

Hijo de altos funcionarios, Bendza nació en 1969 en la tranquila provincia gabonesa de Ogougue-lolo, en el centro del país. No sería hasta la edad de 11 años que este joven intrépido quedó hipnotizado con las películas de artes marciales, aunque el paso definitivo para viajar –con fuertes resistencias familiares, en particular de su madre– lo daría con 15 años. Entonces sí que desafió la gravedad. Un negro en China era un reto identitario más duro que cualquiera de los entrenamientos a los que se vería sometido. El propio Luc explica en un fragmento del documental que fue a una exhibición en una zona rural y que cuando lo vieron aparecer, todo el pueblo salió corriendo… Huyeron. Lo cuenta entre risas, pero no deja de visibilizar el desconocimiento que existe sobre el continente africano en otras regiones del mundo.

El gabonés Luc Bendza.

Sus éxitos comienzan en 1990. Gracias al entrenamiento junto al maestro Wang Huafeng, Luc consigue ganar la medalla de oro en un campeonato de Miao Dao, una técnica en la que mediante acrobacias tiene que soportar un sable de 1,5 metros. ¿La curiosidad? Que en aquel entonces solo cinco personas dominaban esta práctica en China. Pero este solo fue el primero de una larga lista de vistorias para Luc. Dos años más tarde participaría en un campeonato donde atrajo la atención del representante de uno de sus ídolos: Bruce Lee. Impresionado por la actuación del joven africano, le ofreció un papel en una película de artes marciales… Un sueño para el gabonés que aceptó sin dudarlo. Aunque este film nunca llegaría a ver la luz, le permitió hacer sus pinitos en algunas producciones como Dragon from Shaolin (1996), Warriors Of Virtue (1997) o Extreme Challenge (2001). Por cierto, el 20 de julio se cumplirán 45 años de la muerte de Bruce Lee (falleció a los 32 años) que, aunque parezca mentira, solo terminó cuatro películas, según detalla Iván E. Fernández Fojón en su libro Bruceploitation. Los clones de Bruce Lee (Appleheadteam).

El trabajo de Samantha Biffot lleva al cine una historia inspiradora. Pero el día a día en la vida de Luc Bendza continúa a caballo entre Pekín y Libreville haciendo de embajador africano en Asia y de maestro experimentado en su tierra en la que se encuentra luchando por la última de sus batallas: el reconocimiento de los suyos. Sin embargo, The African Who Wanted to Fly es más que el viaje personal de Bendza. Más bien captura a la perfección la cultura del cine popular en muchas partes de África de mediados de los años ochenta y principios de los noventa. La aspiración de Bendza ha sido ampliamente compartida por muchos jóvenes que soñaban con convertirse algún día en Bruce Lee y otros maestros del arte marcial. Un trabajo que proyecta por lo tanto cómo podría haber sido el sueño de muchos jóvenes si hubieran hecho su viaje.

10 canciones de Eurovisión muy (muy) afros

 

La final de Eurovisión tuvo lugar en Lisboa el pasado sábado. Fueron 43 los países que se presentaron en esta edición, de los cuales 26 participaron en la final. Este concurso, aunque tachado en muchos foros como un instrumento más para la difusión de la  música pop, se suele identificar con la diversidad y la tolerancia. Sin embargo, la presencia de afrodescendientes en el concurso a lo largo de su historia ha sido muy baja. En esta edición dos países apostaron por las raíces africanas. Bulgaria se había convertido en una de las favoritas en las últimas semanas. Sin embargo la actuación  de Equinox, formado por tres cantantes búlgaros y otros dos estadounidenses, no logró convencer al público y se hizo con un inesperado decimocuarto puesto. Sin duda alguna la sorpresa de la noche la dio Austria. Su representante, Cesár Sampson, interpretó “Nobody but you” que conquistó al jurado y a parte del público, alzándose con un buen merecido tercer puesto.

A pesar de que en Eurovisión muchísimos países como Alemania, Dinamarca, Bielorrusia, Portugal, Países Bajos o Noruega han sido representados por personas afrodescendientes, todavía son muchos los que se sorprenden cuando una persona racializada representa a algún país europeo. Esto es un claro ejemplo de cómo el racismo sigue vivo en nuestras sociedades y la incapacidad de entender que en los países europeos no sólo viven personas blancas.

Para derribar esos muros, Wiriko ha hecho una selección de diez temas musicales que han representado a diferentes países a lo largo de la historia de Eurovisión. Los temas han sido elegidos para visibilizar la diversidad de países pero también por el impacto que tuvieron en su momento.

1. “Fernando en Filippo”, Milly Scott (Países Bajos, 1966)

Milly Scott se convirtió en la primera afrodescendiente en representar a un país de Eurovisión. Milly Scott era una popular cantante de jazz de Países Bajos y llegó a tener su propio programa de televisión en 1965. Sin embargo, su canción “Fernando en Filippo” nada tiene que ver con la música jazz y se relaciona con la “canción novedad”, un género que tuvo cierto éxito en los años 30 en Estados Unidos. Su actuación le valió la 15ª posición de un total de 18 participantes, recibiendo tan sólo 2 puntos. Por suerte, fue la primera pero no la última artista en representar a Países Bajos que es el país que más veces se ha presentado a Eurovisión con personas afrodescendientes, sumando un total de seis. Peligro: el Ri-ki kong-kong-kong se te puede meter en la cabeza durante varios días.

2. “O Vento Mudou”,  Eduardo Nascimento (Portugal, 1967)

Un año más tarde, el turno fue para Portugal que se presentó al concurso con Eduardo Nascimento. Este cantante, que se convirtió en el primer africano en participar en Eurovisión, nació en Angola y triunfó en Portugal a mediados de los años 60 con su banda Os Rock’s. Aunque “O Vento Mudou” es difícil de clasificar, se encuentra entre el género pop más clásico con una clarísima influencia de la chanson francesa, que recuerda al estilo de Jacques Brel. La profundidad de la voz de Nascimento envuelve al oyente. De los 17 países que se presentaron a esta edición, Portugal alcanzó la 12ª posición.

3. “White and Black Blues”,  Joëlle Ursull (Francia, 1990)

Entre las décadas de 1970-1980 se redujo el número de artistas afro que representaron a algún país en Eurovisión. Sin embargo, los 90 se caracterizaron por una mayor visibilización. 34 años tardó Francia en elegir un representante afrodescendiente. En 1990, Joëlle Ursull, modelo, actriz y cantante de zouk y blues, se convirtió en la candidata de Francia y fue todo un acierto. La guadalupense se hizo con un merecidísimo segundo puesto. “White and Black Blues” fue en todo un éxito gracias a la mezcla de rhythm and blues, pop y a la influencia del zouk. Este éxito catapultó a la fama su segundo álbum, “Black French”. En la siguiente edición de 1991 Amina Annabi, nacida en Túnez, repitió puesto, con la impactante “C’est le dernier qui a parlé qui a raison”.

4. “Monté la Rivié”, Kali (Francia, 1992)

La tendencia de Francia no cambió tampoco en 1992. Ese año, Kali, nacido en Martinica, se presentó al concurso con “Monté la Rivié”. Si Kali merece la pena estar presente en esta lista es sin duda por el tema elegido. En primer lugar esta fue la única vez que una canción era interpretada en lengua criolla antillana en Eurovisión. Además, pocas veces hemos podido escuchar en este concurso música reggae junto con algún que otro ritmo caribeño. No obstante la actuación de Francia en ese año no logró igualar a sus dos antecesoras, colocándose en un octavo puesto.

5. “Where are you?”,  Imaani (Reino Unido, 1998)

Si decíamos de Francia, Reino Unido se lleva la palma. Casi 42 ediciones cumplía Eurovisión ese año, y hasta entonces Reino Unido no había seleccionado una canción interpretada por una persona no blanca. Melanie Crosdale, más conocida como Imaani, representó a su país y obtuvo la segunda posición, justo detrás de Israel. Imaani, que se movía entre el house y el jazz, pero que se presentó con un tema mezclado con pop, logró una combinación explosiva con este tema que conquistó al público. Paradójicamente, esta fue la última ocasión en la que Reino Unido estuvo cerca de ganar el concurso y desde entonces nunca ha logrado pasar la barrera de los 166 puntos que Imaani obtuvo.

6. “Everybody”,  Dave Benton, Tanel Padar & 2XL (Estonia, 2001)

Esta es, posiblemente, la peor canción de la lista. Si por algo nos hemos visto con la obligación de que aparezca aquí es porque es la primera y única vez que un afrodescendiente se alzó con el premio de Eurovisión. Este grupo estaba compuesto por dos voces (Tanel Padar, nacido en Tallin y Dave Benton, nacido en la pequeña isla antillana de Aruba) y el grupo 2XL que hacían de coro. El tema, de letra repetitiva, recuerda a esas canciones de verano que, por alguna razón inconcebible, se hacen populares. Y mejor no hablamos de la actuación… sus intérpretes parecen recién salidos de alguna fiesta loca de principios de siglo.

7. “Haba, Haba”, Stella Mwangi (Noruega, 2011)

Y así llegamos a la última década de Eurovisión, en la que la representación también ha sido muy baja. En 2011 la cantante Stella Mwangi representó a Noruega con “Haba, Haba”. Una actuación de coreografía sencilla y ritmo pegadizo. Este tema era uno de los grandes favoritos en las casas de apuestas para ganar el concurso, sin embargo no logró clasificarse para la final de ese año que tuvo lugar en Düsseldorf. A pesar de ello “Haba, Haba” se convirtió en un éxito en algunos países como Noruega y Kenia. Además se convirtió en la primera canción en introducir la lengua swahili en Eurovisión.

8. “Stand by”, Senhit (San Marino, 2011)

Ese mismo año hubo un segundo tema interpretado por una afrodescendiente italiana. El pequeño enclave de San Marino se presentó a Eurovisión con “Stand by” cantado por Senhit. La propuesta presentada seguía las líneas pop del concurso. El tema era una canción lenta, que no llegaba a ser balada. A pesar de que el tema no destacó (de hecho tampoco se clasificó para la final) la voz de Senhit merece cierto reconocimiento. Su presencia fue lo único que consiguió llenar el inmenso escenario del concurso.

9. “Running”, András Kállay-Saunders (Hungría, 2014)

András Kállay-Saunders, cantante húngaro-americano, representó a Hungría en Eurovisión en 2014. András es hijo del cantante y compositor de música soul Fernando Saunders. A pesar de que en sus carrera la fusión de música pop y soul es evidente, “Running”, la canción escogida para el concurso tiene un marcado carácter pop, sin casi rastros de música soul más allá de los primeros segundos del tema. András se hizo con el quinto puesto del concurso de un total de 37 países que se presentaron al concurso en ese año.

10. “Love injected”, Aminata (Letonia, 2015)

El concurso de 2015 destaca porque fue una de las ediciones con mayor número de intérpretes afrodescendientes. En ese año se presentaron Uzari & Maimuna por Bielorrusia, Mélanie René por Suiza y Aminata por Letonia. Esta última realizó una de las mejores actuaciones en Eurovisión en años. “Love Injected” consiguió clasificar a Letonia en semifinales (justo por detrás de Måns Zelmerlöw, que se convirtió en el ganador de la edición) y la colocó en sexto lugar en la final. Y no es difícil entender por qué. Desde el primer momento Aminata nos envuelve con su impresionante voz, pasando de lo más íntimo a la explosión total marcada por breves golpes electrónicos.

Sirifo Kouyaté, un Griot y su Kora a orillas del Guadalquivir

Con 48 años y una historia de migración desde el sur de Senegal hasta el sur de España, el Griot Sirifo Kouyaté acaba de dar a luz a su primer álbum en solitario. Se trata de una gema que, a través del arte de la Kora –uno de los instrumentos por excelencia del África Occidental–, emparienta la música de Casamance con la tradición sonora flamenca de raíces árabes. Y nos recuerda ese fino hilo invisible en forma de sonido y vibración que nos ha legado la historia entre la Península Ibérica y África, o aquello que hace que la cultura africana no nos sea para nada ajena. Asentado en Sevilla, pero con un pie perennemente en Dakar o Kolda, hoy conocemos un poco mejor a este Griot afincado a orillas del Guadalquivir.

Música africana

Sirifo Kouyaté.

Gemma Solés: ¿Cuéntanos quién es y de dónde proviene Sirifo Kouyaté?

Sirifo Kouyaté: Nací el 17 de Agosto de 1969 en Kolda, al sur de Senegal. Provengo de una familia de Griots. Los Griots son trovadores, narradores de historias, pero con una peculiaridad, que narran las historias a través de la música. Entre los instrumentos mas destacados de los Griots está la Kora, mi instrumento. Entre las familias mas reconocidas y populares de los Griots se encuentran los Kouyaté, Sissoko y Diabaté, y yo provengo de cada uno de ellos. Kouyaté por parte de padre, Sissoko por parte de madre y Diabate por parte de mi abuela materna.

G.S. ¿Qué significa para tí tocar la Kora? ¿Qué valor tiene la Kora en tu cultura?

Música africana

Sirifo Kouyaté.

S.K: La Kora es considerada el instrumento más entrañable, armónico, sensible y bello del imperio Mandinga. Este imperio abarca desde el sur de Senegal hasta Níger, pasando por Gambia, Guinea Bissau, Guinea Conakry, Mali y Costa de Marfil. Para mí la Kora es algo muy especial ya que ha sido la única profesión familiar.

Mis padres me dieron la oportunidad de crecer gracias a ella. Y yo intento darle mi propio estilo para llevar a lo mas grande lo que es y significa para mí. Pero siempre sin olvidar y teniendo en cuenta la tradición.

Aunque he tenido muchos maestros los cuales me han ayudado a ser quien soy, el que mas me ha influenciado es Boubacar Sissoko, mi tío por parte de madre. Él me ayudó y me aportó la fortaleza y la capacidad para ser creativo y saber adaptar otros estilos y tener así un mestizaje como el que intento recrear con la Kora.

G.S. ¿Cuándo decidiste venir a España y por qué? ¿Cómo llegaste y como ha sido tu experiencia en Andalucía y Sevilla en concreto?

S.K: Decidí venir a España en 1994, porque se me presentó la oportunidad, y quería salir a fomentar, transmitir y hacer visible la música a través de mi Kora. Llegué a España con un grupo de danza y música, en el cual yo era percusionista y a la vez Korista. Vinimos para hacer una gira de festivales folclóricos. Mi experiencia en Andalucía fue dura como la vida misma, ya que no es nada fácil estar en un país desconocido, y musicalmente hablando con un instrumento “raro”, diferente… No fue fácil encajar. A día de hoy sigue siendo difícil encajar, aunque actualmente la sociedad está más abierta a conocer culturas diferentes y eso hace que sea un poco más fácil para mí.

En Sevilla, concretamente, como ya he dicho, sigue siendo un camino difícil, aunque he tenido el placer de conocer a grandes músicos. Pero aun así, sigue siendo complicado hacerse visible y poner sobre la mesa el verdadero valor del mestizaje musical en la sociedad. No pretendo que la gente cambie solo que sepan valorar y enriquecerse abriéndose a otras opciones

G.S: ¿Qué elementos de la música folklórica andaluza y/o española coinciden con la música folklórica mandinga? ¿Cuáles se alejan según tu propia percepción?

Música africana.

Sirifo Kouyaté.

S.K: A mi entender y según mis sentimientos, toda la música folklórica de Andalucía y de África es muy similar, diría que prácticamente son iguales, solo que fueron desarrolladas en lugares diferente donde cada lugar lo interpreta con su esencia y sobre todo Sevilla y Andalucía, por la propia historia de la diversidad cultural que ha habido. De hecho, no considero que sea un artista que hace música africana, solamente un músico de origen africano que hace música.

G.S. Hablemos de Sila Kadian. ¿Es tu primer disco? ¿Qué podemos encontrar en él?

S.K: Sila Kadian es mi primer disco en solitario, donde lo principal es la Kora. Anteriormente he participado en otros discos con otros grupos, o en temas de algún otro álbum, pero mi ilusión, mi sueño era expresar mis emociones desde las cuerdas de mi Kora, y al final lo he conseguido. El nombre Sila Kadian quiere decir “el largo camino” en Mandinga, Bambara, Dioula y Soso –las lenguas mas habladas del imperio Mandinga– y refleja mi trayectoria y vivencia personal y musical hasta día de hoy.

En el disco podemos encontrar ritmos con gran calidad y diversidad musical, hay ritmos desde el sur de Senegal hasta el Guadalquivir, pasando por otros países africanos.

G.S: ¿Dónde lo has grabado?

S.K: Lo grabé en Senegal, exactamente en Dakar, en el estudio de Sidy Samb.

G.S. ¿Qué discográfica te ha editado y qué expectativas tienes con el álbum?

S.K. Música Fundamental es la discográfica que apostó por mí para sacar este disco, contando también con muchísimas personas que siempre me han apoyado y animado. Mi intención es realizar giras por todo el mundo ya que creo que muchísimas personas se sentirán identificadas con este disco. En el trabajo podemos encontrar grandes colaboraciones con artistas muy importantes en el panorama musical africano como son: Sidy Samb, Fatou Sissoko, Fatoumata Mballo, Filidie Kouyaté, Sabel Dieng…

G.S. ¿Cuéntanos quiénes son? ¿Y por qué decidiste grabar en Senegal?

S.K: Aparte de tener la emoción y la ilusión de grabar mi primer disco en Senegal, una de las razones que más me motivó fue la diversidad que podría tener allí, con artistas tan talentosos y con la variedad del Mandinga, Wolof, Peul…y también la gran oportunidad de contar con una de las mejores voces de la música tradicional senegalesa Adjia Darro Mbaye. Conseguir que allí, en Senegal, se canten palos flamencos, lo considero un exitoso mestizaje cultural.

G. S: La música senegalesa ha destacado a nivel internacional tanto por el Mbalax como por bandas que han adoptado la música cubana como Africando o Orchestra Baobab, que han triunfado a nivel internacional. Más recientemente nos encontramos con jóvenes músicos como Hervé Samb, que nos sorprende con una interesante mezcla que él ha apodado como “Jazz Sabar” o una hornada de músicos experimentales como Ibaaku. ¿Qué crees que aporta tu estilo al panorama musical senegalés?

S.K: Mi estilo es una aportación para hacer más grande y enriquecer todos estos ritmos. En Sila Kadian hay una gran diversidad musical, cante mandinga, afro-flamenco, un poco de jazz…simplemente lo veo como… ¡¡Música!!

La Tchame, la nueva rompepistas de Gabón

En Gabón, los ritmos más bailados son el hip hop o el afrobeats, la música nigeriana que ejerce una gran influencia dentro y fuera del continente africano. Esto explica que después de haber quemado las pistas con el Bôlô, el Jazzée, el Ndem, el Affro Mabe y la Zyeute dance los escenarios dejen paso a la Tchame o también conocida como Ntcham. Esta es la danza urbana que los últimos años se ha extendido desde los bares y calles del barrio de Akébé de Libreville, a los distintos espacios cotidianos y festivos del resto del país. Y a ella le dedicamos la pieza de hoy.

Crazy Designe Danse Gabon, los referentes gaboneses de la Tchame en internet. Fuente: YouTube

La Tchame se crea en 2013, en un escenario político que confronta a diversos sectores de la población:

  • A nivel económico, el 20% de la población gabonesa está en paro, cuyo 35% representa los/as jóvenes. Esto lleva a la población a cuestionar la distribución de las ganancias en la venta del petróleo.
  • A nivel social, la censura hacia artistas de hip-hop se multiplica y las prometidas reformas en la educación no hacen más que aplazarse.
  • Por último, a nivel artístico y cultural, el presidente Ali Bongo, ignorando las danzas urbanas creadas por los y las jóvenes gabonesas durante los últimos años, priorizó apoyar durante el primer Festival Internacional de Libreville danzas extranjeras como la samba brasileña. Dicha elección fue promovida por intereses políticos del gobierno y costó más de 5 mil millones de CFA (7,5 millones de euros) a los/as gabonesas.

La Tchame nace pues, en un contexto crispado sobre todo entre la población juvenil. Así, puede entenderse que en sus orígenes tchame significara “enfrentamiento” o “pelea” en argot juvenil. Es por ello que se trata de una danza que simula gestos de combate, como por ejemplo: patadas, puñetazos, posiciones de defensa y amenazas al ritmo de músicas generalmente lentas. Giggaboy, bailarín gabonés residente en Accra (Ghana), nos explica que en Gabón: “En el proceso de creación, elevar los puños y simular golpear algo fueron los movimientos esenciales para la inspiración del nombre de Tchame”.

No obstante, en cuanto a las influencias de los movimientos, el bailarín gabonés nos comenta que: “De hecho, la Tchame teje enlaces y mantiene movimientos enérgicos de base que antes de ser desarrollados, están más cerca de la salsa cubana y del deporte de combate Kick boxing japonés que de otras danzas gabonesas”. Lo cual cobra sentido por las relaciones del gobierno gabonés en términos de salud con Cuba que es evidente por la presencia de médicos/as cubanas en el país, y las relaciones de cooperación económica entre Japón y Gabón así como el cada vez más presente cine japonés.

Giggaboy: “Todo el mundo siempre me ha conocido como bailarín de Bôlô, que fue mi primera pasión, de Krump y de Hip-hop Ballet Coreografiado”.

A partir de estas influencias exteriores pero con la elaboración local: “La originalidad se encuentra en los ghettos de las ciudades, en manos de jóvenes sin recursos que no conocemos. Después, artistas que tienen el poder de mediatizarlo se aprenden los pasos y se apoderan de ellos, muchas veces ignorando los nombres originales”, nos cuenta Giggaboy expresando su decepción en los procesos de descontextualización. Él defiende que los pasos y las danzas nacidas con una intención concreta en Gabón deben de mantenerse siempre vivas.

Por esta falta de medios, dicho proceso de construcción es silenciado durante un año desde su creación. No es hasta el 2014 que la Tchame se populariza a través del artista gabonés J-Rio llevándola a las pantallas. Se trata de un proceso que repite, pues él también asumió la divulgación del Ndem. El cantante visibiliza los movimientos en el videoclip de “La Mini-Nga” con la actuación de un niño con una expresión muy seria y, pocos meses más tarde, mediante el desafío viral “Ntcham Video Challenge” dónde gaboneses y gabonesas de distintos rincones del mundo bailaban la Tchame.

No obstante, “El movimiento de la Tchame no es demasiado conocido alrededor del mundo. Cabe decir que además está aún en desarrollo, es una danza que puedo afirmar que cada dos o tres meses cambia y evoluciona muy rápidamente por la simple razón que los gaboneses crean movimientos y pasos cada instante. La inspiración es muy fuerte”, relata el bailarín residente en Accra mostrando una sonrisa de orgullo.

Esta situación se debe a que, por una parte, muchos/as gaboneses/as de la diáspora, especialmente los/as bailarines/as, no acostumbran a practicar la Tchame como danza completa y variada, sino como un único paso a pegar en coreografías hibridas. Así, la diáspora es cómplice a menudo de la corta vida de las danzas urbanas gabonesas. Por otra parte, esto les lleva a olvidar la constante regeneración de los bailes urbanos, ya que: “las modificaciones se comparten en los bares y las discotecas. De hecho los bares en Gabón han sido siempre los espacios de encuentro de los jóvenes de las calles” declara el bailarín.

Al corriente de las nuevas creaciones, Giggaboy, en representación de una parte de la diáspora gabonesa dedicada a la danza, expresa: “Es cierto que los gaboneses ponen el peso de la promoción de las danzas en la diáspora, y personalmente es por ello que actualmente trabajamos en ello. En Ghana estoy teniendo el placer de compartir con algunos profesionales de la danza la riqueza artística de mi país, y es así como me gustaría seguir para hacer notar la identidad gabonesa entre la efervescencia del Azonto”.

Asimismo, con ejemplos como Giggaboy en Ghana y demás profesionales de la danza en otros continentes, los bailes y la identidad artística gabonesa encontrarán un lugar entre las pistas.

“La mirada de Occidente sobre África se realiza todavía desde el prisma del colonialismo”

Históricamente, en la literatura española se han silenciado piezas sobre el continente africano que mostraban narrativas alternativas a la pobreza y la miseria. La mayoría eran escritas por blancos y blancas además de hablar de temáticas de interés occidental. Las descripciones que inundaban e inundan las librerías de España, desde las obras publicadas durante el siglo de oro hasta aquellas escritas en la actualidad, suelen seguir las pautas que en 2006 Binyavanga Wainaina describía en el artículo How to write about Africa en un tono irónico.

Publicaciones de Ediciones Wanafrica. Fuente: Ediciones Wanafrica.

Es por ese motivo que, como herramienta del Grupo Wanafrica, dedicado desde 2006 al periodismo panafricanista en castellano, nace Ediciones Wanafrica en 2014. Su objetivo es el de romper con estas narrativas y editar obras de autores/as africanos/as, antillanos/as y, en menor medida europeos/as, que aproximen a los y las lectoras a las distintas realidades africanas y las de sus diásporas. Como narra Saiba Bayo, el responsable de estrategia del grupo, acerca de la apertura de la editorial: “Antes de lanzar la editorial ya habíamos intuido la necesidad de publicar libros y hemos recibido numerosas peticiones del público que reclama la traducción de obras escritas por autores africanos en francés e inglés”.

El equipo que inició el proyecto de Ediciones Wanafrica sigue hoy, a pesar de la presión, contando con Saiba Bayo, Oumar Diallo, Moustapha Senghor y con los y las colaboradoras. Es también importante, como resalta Bayo, el papel de las traductoras Remei Buitrago y Mercè Tricás Preckler, que han apoyado el proyecto desde un inicio.

Saiba Bayo, politólogo y responsable de estrategia de Ediciones Wanafrica.

Las publicaciones han tenido una muy buena acogida entre el público“, explica el responsable de estrategia. El éxito se debe a que el Grupo Wanafrica a partir de las actividades, iniciativas y eventos que se proponían, consiguió un conjunto de seguidores/as de distintos perfiles de edad, origen y género bastante numeroso. Esta comunidad constituye una parte de sus lectores y lectoras actuales, pero además con los años se ha ido multiplicando. Una de las razones de este auge se debe a la demanda in crescendo de publicaciones y traducciones en lengua catalana. Así, como calcula Bayo: “Si tenemos en cuenta el público afrodescendiente en América interesado en conectar con sus raíces africanas, se estiman acerca de 50 millones de personas a los que van dirigidos nuestros libros”. 

Pero su éxito no es únicamente mérito del público, sino que se debe a la heterogeneidad y exclusividad de formatos, temáticas y autores sobre el pensamiento africano. Como anuncia Bayo, se trata de ejemplares “de libros raramente localizables en el mercado“. Entre sus publicaciones encontramos narrativa, ensayos, cómics, materiales educativos y libros infantiles repletos de filosofía, historia, política, lingüística. Todos ellos escritos por mujeres y hombres africanos, antillanos y europeos.

La variedad producida en la editorial, responde a la idea de recuperar los valores ancestrales, la cultura y la identidad de las sociedades aniquiladas. Como narra Saiba Bayo: “La mirada de Occidente sobre África se realiza todavía desde el prisma del colonialismo. Esto era algo frustrante para nosotros pero no podemos seguir gritando y quejándonos. Había que hacer algo y teníamos que pensar en una estrategia radical y potente para no caer en el ridículo”. Por ese mismo motivo, creen firmemente en un proyecto que transforme las narrativas sobre el África contemporánea y que cuente la realidad de un continente que está cambiando las dinámicas sociopolíticas. Desde la editorial, manifiestan, no tienen miedo a mezclar la emoción y la razón en su discurso.

 

Asimismo, las experiencias narradas en sus libros no son meramente anecdóticas y puntuales sino que pueden ser aplicables a otras situaciones del globo. En su colección Pensamiento africano de ayer para mañana recopilan figuras revolucionarias africanas, líderes independentistas y patriotas cuyas voces fueron silenciadas a golpe de metralleta por el neocolonialismo. Estos personajes – Kwame Nkrumah, Julius Nyerere, Amilcar Cabral, Thomas Sankara, Sekou Toure y Cheikh Anta Diop, entre otros-, pasaron por un proceso de toma de conciencia que puede ser recuperado por otras naciones. En este curso detectaron y quisieron romper con la dependencia del extranjero que les ofrecía un decrecimiento de oportunidades económicas, sociales y políticas dentro de sus países así como en relación a otros.

De esta manera, y en relación a la adaptación a otros entornos, Saiba Bayo confiesa que la situación política actual en España le evoca a los contextos en que estas figuras revolucionarias repensaron sus identidades nacionales y, refiriéndose a la posición de los países europeos, comenta que: “Esto es complejo porque la doctrina europea solo contempla la supremacía del estado nación. Creo que el discurso revisionista europeo se reforzaría si se nutre de las doctrinas africanas en temas de gobernanza horizontal”.

Con esta mezcla de razón y emoción en el discurso, podréis asistir durante los próximos meses a la presentación de las publicaciones de Wanafrica en puntos como Barcelona, Sabadell, Hospitalet y Lleida, y en 2018 en Madrid, Murcia y Valencia.

Leonardo Lumu, ilustrador, presentando “Animales – Bàyyima” en la Escola Joso de Barcelona. Fuente: Escola Joso.

No obstante, como nos comunica el responsable de estrategia del grupo: “Estamos entrando en el último tramo de la primera fase del proyecto que consiste en implantarnos en las principales regiones de España como Madrid, Catalunya y Euskadi. De allí se expandirá en todo el territorio español, hasta alcanzar otros países porque cada vez mas recibimos pedidos de diferentes países de América Latina”.

Wiriko medio oficial del Film Africa

Black is beautiful: El Londres más negro sube el telón del Film Africa

Wiriko medio oficial del Film Africa

Wiriko medio oficial del festival de cines africanos de Londres Film Africa.

Vuelve un Londres en negro. Un negro que es beautiful. Un negro que como canta el cantante Chronixx, es necesario para entender la construcción del imaginario que tenemos del continente africano. Regresa el Film Africa (27 de octubre hasta el domingo 5 de noviembre), la celebración más grande de cines africanos y su diáspora de Inglaterra organizado por la Royal African Society de la que Wiriko continúa por tercer año consecutivo como medio oficial en español de una de las citas imprescindibles europeas. Y cuando se hace alusión a que la urbe inglesa ennegrece cada año es porque su política y objetivos se extiende a lo largo de seis sedes colonizando las carteleras de las principales salas de cine: Rich Mix, BFI Southbank, Ritzy Brixton, Ciné Lumière, Bernie Grant Arts Centre y el South London Gallery. No hay excusas para no enmudecer con alguno de los 38 títulos que se proyectarán procedentes de 21 Países africanos (incluidos 19 estrenos en el Reino Unido, Europa o mundiales) y con la presencia de cineastas, actores y actrices y músicos que endulzarán una semana africana que prestará especial atención a las historias de mujeres.

La apertura de esta noche en el BFI Southbank estará a cargo de la película The Wound (Inxeba), del director sudafricano John Trengove. Un trabajo atrevido que pudimos ver en el festival de Durban el pasado julio y que explora la sexualidad, la masculinidad y el choque entre los valores tradicionales y contemporáneos en la actual Sudáfrica. El actor principal y premiado músico Nakhane, uno de los nuevos talentos más emocionantes del país, asistirá a la proyección y actuará este domingo en el Rich Mix llevando sus melancólicas y lánguidas guitarras y bellas armonías vocales al público londinense por primera vez.

La séptima edición del Film Africa clausurá en el Ciné Lumière el 5 de noviembre, con el estreno en Londres de Foreign Body, el nuevo trabajo audaz y visceral de la directora tunecina Raja Amari. Para conmemorar sus 60 años de independencia de Ghana, el festival proyectará tres trabajos que capturan el espíritu de una de las industrias cinematográficas de más rápida expansión en el continente africano: Keteke, el primer largometraje de Peter Sedufia, con una preciosa banda sonora a cargo de la banda de Accra, Worlasi; la historia épica de la realizadora ghanesa-americana Leila Djansi sobre la trata de esclavos en el Atlántico, I Sing of a Well; y una rara oportunidad de ver uno de los más aclamados trabajos de los últimos tiempos, Kukurantumi – Road to Accra, del realizador King Ampaw.

Film Africa continúa su estrecha asociación con el consorcio de los cinco festivales de cine africano del Reino Unido (Film Africa-Londres, Africa in Motion-Escocia, Afrika Eye-Bristol, CAFF-Cambridge y Watch Africa-Gales) con su sección Clásicos perdidos de África (Africa’s Lost Classics), trayendo a las pantallas algunas de las mejores películas africanas que han sido prohibidas, censuradas, perdidas u olvidadas, incluida la restauración de algunas películas importantes dirigidas por mujeres africanas. Algunos ejemplos serán Fatma 75, una película pionera y el primer trabajo de no ficción de la tunecina, Selma Baccar; Rage, del laureado director nigeriano Newton Aduaka; y Mueda, Memory and Massacre, de Ruy Guerra, una obra central de la ola de Cine Novo, generalmente considerada como el primer largometraje de ficción independiente de Mozambique y una obra maestra de la memoria anticolonial.

En esta séptima edición se podrán ver los primeros trabajos del sudafricano Daryne Joshua con su Call Me Thief, un retrato de la vida en los suburbios de Ciudad del Cabo en la década de 1960; el estreno europeo de I Will Not Bear Tomorrow, de Abraham Gezahagne, que se adentra de lleno en uno de los momentos más oscuros de Etiopía; y en I Still Hide to Smoke, un baño turco es el telón de fondo para la audaz exploración de la directora argelina Rayhana Obermeyer sobre el papel de la mujer en su país hoy día.

Junto a I Still Hide to Smoke y Fatma 75, otros títulos de la programación de la que Wiriko forma parte como asesor muestran historias de mujeres. Por ejemplo, se estrenará en el Reino Unido el documental Sacred Water, de Jordain Olivier que explora la sexualidad femenina en Ruanda; A day for women, de Kamla Abou Zekri un trabajo que reflexiona sobre la comunidad, la convivencia y la libertad de las mujeres en la sociedad egipcia; El cuarto largometraje de Alain Gomis Félicité, ganador del prestigioso Oso de plata en Berlín, que retrata a una madre soltera en la capital congolesa de Kinshasa; y el documental de Pascale Lamache, Winnie, el cual describe la compleja figura de Winnie Mandela, y se pregunta por qué la historia silencia habitualmente a las mujeres líderes fuertes.

Otras películas destacadas incluyen el estreno mundial del documental Di Journey de Maria Khan, una exploración histórica y completa sobre las relaciones de inmigración y raza en la comunidad afro-caribeña del Reino Unido; lo último de la prolífica directora ghanesa Shirley Frimpong Manson, Potato Potahto; y el estreno en el Reino Unido del brillante documental de Samantha Biffot The African Who Wanted to Fly, que cuenta la extraordinaria historia de un joven de Gabón que se convirtió en maestro de Kung Fu en China.

Secciones de cortometrajes, días programados para los niños, conciertos y conferencias paralelas completan una semana que reflejará lo mejor de los cines africanos. Y Wiriko estará allí para contarlo.

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Desvelando Angola y las migraciones

Kianda apenas era una niña cuando se produjo uno de los episodios más oscuros desde la independencia de Angola: una purga entre las autoridades que el 27 de mayo de 1977 acabó con la vida de un numero indeterminado de personas, entre ellos revolucionarios de pedigrí, algunos de los que realmente lucharon y construyeron la emancipación del país. El padre de Kianda fue uno de aquellos purgados.

Kianda apenas era una niña cuando llegó a Londres y tuvo que pelear contra su historia y contra sí misma. La niña probó el sabor del desarraigo y después la necesidad de construir su propia identidad en un entrono adverso. Ella eligió deshacerse de su africanidad para reducir las ocasiones en la que le hacían sentirse la otra, la distinta.

Kianda ya es mayor cuando empiezan a caerse los velos que su madre había puesto a su vida para protegerla. La mujer, una auténtica luchadora, en el lecho de muerte se decide a revelar a Kianda algunos de los secretos de sus orígenes que nunca había conocido.

Kianda ya es mayor cuando supera el vértigo de la incertidumbre para dar una última alegría a su madre enferma: regresar temporalmente a Angola. En el país en el que empezó todo, la muchacha, ya convertida en una adulta con una personalidad muy compleja, se enfrenta a la realidad, en parte al pasado, pero también al presente e, incluso, al futuro.

Kianda, como no podía ser de otra manera es la protagonista de El sueño eterno de Kianda, una novela publicada por Borja Monreal Gainza y que ha merecido el Premio de Novela Benito Pérez Armas. Más allá de ese reconocimiento, el trabajo de Monreal se ha ganado también la excepción de Wiriko que, habitualmente, no reseña los trabajos de autores españoles sobre el continente. Sin embargo, la novela de Borja Monreal, responde a las condiciones que impone el compromiso de Wiriko. El sueño eterno de Kianda no reproduce estereotipos reduccionistas sobre la realidad africana. Al contrario, se sumerge en un complejo acontecimiento histórico que la historia oficial ha obviado. La novela, tampoco utiliza el continente para relatar historias a más gloria del blanco salvador ni dibuja de manera zafia a los personas africanos. El sueño eterno de Kianda es pura historia y pura historia angoleña y sus personajes no son complejos, sino tremendamente complejos, pasa cuando un autor decide no hacer concesiones y se arriesga a dibujar la complejidad de la realidad, las contradicciones, las dudas, la parte fea de la vida, junto a los sueños, los anhelos y las esperanzas. De todo un poco y, sobre todo, mucha vida.

Borja Monreal durante la presentación de la novela galardonada con el premio Benito Pérez Armas. Foto: CajaCanarias

Monreal se plantea cuál es tema fundamental de la novela y lo más curioso es que no tiene respuesta, al menos, juega a no desvelarla. La historia fundamental es la de la construcción de Angola. O bien, la historia que sustenta este relato es la de Kianda, la de su búsqueda de la identidad, una historia de migraciones, diáspora y viajes de ida y vuelta, de desarraigo y de regreso al origen. Seguramente, la novela se apoya sobre los dos pilares y por eso es mucho más sólida que si lo hiciese sobre uno sólo.

De la misma manera, el autor ha construido su narración sobre horas de entrevistas y ha conseguido que algunos angoleños se asombre por el hecho de que el autor no sea uno de sus compatriotas. Este periodista, curtido en los caminos del continente negro, de la mano de la cooperación y el desarrollo reconoce que no escribe con vocación estética sino para remover conciencias. En El sueño eterno de Kianda el resultado es un relato que se sostiene por sí mismo y en el que el autor incluso se permite el lujo de establecer su propio hilo temporal, viaja de una manera aparentemente desorganizada entre 1961 y 2012, pasando por 1965, 1974 o 1977. Va y viene, una y otra vez, sin miramientos por el lector que sólo necesita un poco de fe para darse cuenta de que los saltos guardan una lógica precisa para perfilar cuidadosamente media docena de personajes fundamentales. Y en cuanto a su voluntad, en este caso se trata de ponerse en la piel del otro, de entender al migrante, al habitante de la diáspora, al que trata, por supervivencia, de reconstruirse.

Borja Monreal intenta que el lector se acerque a Angola y los angoleños y pretende a partir de ese episodio poner de manifiesto una constante de las historias de muchos países africanos, pero también del norte global, el carácter efímero de la utopía: lo poco que duran las ilusiones.

Peluquería africana: refugio de la masculinidad negra


Dice Santiago Alba Rico en su artículo Bares que “si está cerrado el tribunal o la consulta del psiquiatra, nos refugiamos en el bar”. Además el filósofo y escritor aporta que “cada español tiene su propio bar y su propio equipo de fútbol”. En África, la peluquería es el bar español. Ese “espacio público íntimo” como describía el nigeriano Andrew Esiebo. Otro compatriota, esta vez el multidisciplinario Inua Ellams, ha llevado al escenario una obra de teatro que tiene a las peluquerías como punto de encuentro.

Wiriko tuvo la oportunidad de asistir al estreno de Barber Shop Chronicles en el Teatro Nacional de Londres. Dirigida por Bijan Sheibani, la pieza es un proyecto concebido para hablar sobre la masculinidad del hombre negro tanto en el continente como en la diáspora. Ellams compone un tratado de filosofía callejera y experiencias vitales a través de diferentes historias entrelazadas en distintos lugares del África anglófona. 9 actores ponen en escena unas situaciones reconocibles en cualquier barbería y que son el fruto de los viajes del autor para documentar la pieza teatral.  Las crónicas inician un recorrido que se inicia en Lagos y continua en Accra, Kampala, Johannesburgo y Harare. Pero la conexión de todas estas escenas están en la peluquería Three Kings de Peckham, barrio londinense conocido como “la pequeñas Nigeria”. Allí se reúne algún familiar, un conocido, un amigo de un amigo. Y todo transcurre en un mismo día de abril de 2012 con el mundo del deporte pendiente de la semifinal de Champions League entre Chelsea y Barcelona.

La jornada comienza antes de las 6 de la mañana en Lagos cuando un joven necesita un urgente corte de pelo antes de una entrevista de trabajo. Se traslada a Accra donde un padre primerizo busca consejo sobre su cómo afrontar la paternidad y el viaje se alarga hasta Kampala para discutir cómo las leyes antihomosexuales están afectando las exportaciones del país. En Johannesburgo un vecino arremete contra Mandela por defraudar a su pueblo al dejar impune a los partidarios del apartheid y el chimurenga, género musical zimbabuense, es el tema a debatir en Harare. Ellams nos lleva por el continente pero siempre vuelve a Londres donde la trama principal se centra en la tensa relación entre Samuel y Emmanuel.

Barber Shop Chronicles es una recopilación de instantáneas compartidas en torno a un cortapelos. El texto se acelera para la burla, se incendia en el debate político, social y religioso y se detiene a la hora de admitir la culpa. La audiencia es testigo de unos diálogos que van más allá de la cotidianidad. La peluquería es el bar para miles de africanos que hablan sin concesiones y sin miedos. Y el peluquero escucha, asiente y niega.

El servicio no se limita a un simple corte de pelo. Se va a pedir consejo sobre relaciones amorosas, las diferencias generacionales o cómo iniciar el último gran negocio para hacer dinero. Pero también hay cabida para aliviar las preocupaciones. ¿Por qué se evita hablar de la salud mental de unos hombres enfrentados al racismo, la migración o los secuelas de una herencia colonial? ¿Cuáles son las expectativas que tiene la sociedad puesta el hombre negro?

La obra de teatro también profundiza en la búsqueda de la identidad. “¿Puedo venir mañana? Sólo para sentarme y hablar”, dice Ethan, uno de los personajes que bien puede ser el alter ego de Ellams. El autor, al mudarse a Londres, vio cómo la comunidad afrocaribeña de Peckham lo invitaba a pasar las horas en la peluquería y el personaje es una representación de todos esos jóvenes que no sólo van a cortarse el pelo sino luchar contra la soledad, enfrentarse al choque cultural y buscar la identidad de un joven negro en el Reino Unido. Y entre bromas se aparenta pero se echa de menos el hogar porque “todos somos huérfanos fuera de África, de nuestra tierra”

Por eso Inua Ellams lleva las historias África y las hace identificables en cualquier ciudad del continente. Cambia la escenografía, los personajes, el huso horario pero no las conversaciones e inquietudes de unos hombres que se preguntan qué significa ser un hombre negro. Y en la búsqueda siempre hay una peluquería que sirve de anecdotario y un peluquero al que calentarle la oreja. Porque “incluso en las malas épocas, el peluquero siempre está disponible para la comunidad”.

Cuentos y música africanos para descubrir la tradición oral del continente

*Por Alicia Justo

Los cuentos tradicionales africanos han permanecido en el acervo cultural de muchos de sus habitantes con el desafío de haber sobrevivido al paso del tiempo. Rescatarlos supone su revalorización, al mismo tiempo, que sirve de escaparate a la cultura tradicional africana.

Una de las iniciativas creadas en esta línea es la puesta en escena del espectáculo de cuentos y música africanos Suenan las noches en Senegal de la narradora y escritora Ana Griott y los músicos Hermanos Thioune. Las historias están recogidas en el libro El dragón que se comió el sol y otros cuentos de la baja Casamance, de la propia Griott quien reunió en este volumen una serie de cuentos populares que rondan desde hace muchos años en el imaginario de las gentes del sur de Senegal. La música la ponen los Hermanos Thioune con instrumentos de cuerda como la guitarra española o la kora. La inclusión de la también conocida como arpa africana es un guiño a los griots, puesto que ellos destacan por narrar historias reales y mágicas a través de la música y la palabra, como si de trovadores se tratara.

Esta adaptación al mundo actual pretende ser un reflejo de lo que antaño se vivió en aldeas y ciudades de Senegal cuando las nuevas tecnologías no habían modificado las relaciones interpersonales. A estas tierras no llegaban los libros, de modo que eran las personas mayores las que actuaban como bibliotecas personificadas reuniendo en el centro de las casas, al caer la noche, a los niños y jóvenes. A través de historias protagonizadas por personajes reales y fantásticos como serpientes pitones, sirenas o dragones trasladaban a sus oyentes a mundos mágicos. El cierre de estos cuentos siempre era una moraleja, una enseñanza moral que los más sabios del lugar querían regalar a su público.

Por ello, sus creadores intentan demostrar que en un mundo materialista se puede educar y entretener sin necesidad de acudir a lo tangible, solo con una historia bien hilada, música y color. Además, es una vía para visibilizar la existencia de largas tradiciones que aún perviven. “África está viva y existe con sus tradiciones. El problema es que Europa desconoce el continente y por eso el arte intenta enseñar a África como algo real, que existe y que no siempre está ligado a conceptos negativos como miseria o enfermedades”, argumenta el compositor de la obra, Khaly Thioune.

El arte como herramienta de multiculturalidad

La representación de cuentos es una de las ramas artísticas que manejan desde la empresa senegalesa afincada en Las Palmas de Gran Canaria Hermanos Thioune. Uno de sus fundadores, Khaly Thioune, reconoce que su propósito a la hora de iniciarse en este proyecto era “hacer del arte una herramienta de multiculturalidad, tolerancia y solidaridad“. Y desde su creación en 2009, ha logrado diversificarse en varias áreas como la danza, a través de la impartición de talleres; de la música, con la realización de conciertos; y de espectáculos, como la propia representación de los cuentos o shows de temática africana.

Thioune es licenciado en Artes Escénicas por la Escuela Nacional de Arte de Senegal, aunque se inició en el mundo artístico cuando era un escolar en su natal Bambey donde tocaba percusión, bailaba y hacía teatro. Desde su llegada a Gran Canaria en 2002 para ejercer como profesor de Cultura y Música Africana en la Universidad Popular de Las Palmas de Gran Canaria, ha trabajo en esa doble dimensión de potenciar el arte y mostrar un África alejada de estereotipos, donde también se respira arte y cultura como en otras partes del planeta.

Su labor tuvo un reconocimiento especial en 2012 cuando el Gobierno de Canarias le concedió el Premio Individual Joven Canarias por su labor en defensa de la interculturalidad y multiculturalidad.

La compañía está formada por 20 personas que son en su mayoría de origen senegalés y se han formado artísticamente en su país. Aunque han realizado pequeñas incursiones en su tierra, han desarrollado su faceta profesional en Europa donde trasladan todos los conocimientos adquiridos en Senegal.

Con su música, bailes y espectáculos han llegado a festivales como el Womad de Cáceres y Las Palmas de Gran Canaria en 2009, el África Vive de Casa África desde 2011 a 2015, el Rototom Sunsplash de Benicassim desde 2010 a 2016 o el Bimbache Jazz Festival de El Hierro desde 2013 a 2015.

– Suenan las noches en Senegal se representará el 2 de mayo de 2017 en la sala OFF Latina a las 20:30 horas.

 

Alicia Justo es licenciada en periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Periodismo Internacional de la UNED y Agencia EFE. En la actualidad lleva la comunicación y gestión de redes sociales de Hermanos Thioune.

Pasaporte Español, Raíces Africanas: Begoña Bang-Matu

Hablar de mi misma siempre me ha costado un poco, abrir el corazón sin que duela… es difícil y también por no conocer mucho de donde vengo. Mis orígenes africanos, vienen de Guinea Ecuatorial. Hablaré de mi abuelo: Motuu M’abegue (nombre fang).
La  sociedad Fang, está dividida en clanes, llamados ‘tribus’ en España. Motuu M’abegue, hombre del clan Nzomo, era el cabeza de familia. Hombre muy influyente por su carisma y por ser un hábil comerciante, considerado como una especie de rey en la zona, también por tener muchos recursos materiales lo que a su vez le permitió tener varias esposas. A la llegada de los colonos fue un interlocutor y mediador, le nombraron jefe principal de Nzomo.
Durante un tiempo, todo fue bien, pero a mediados de los años 30, la cosa cambió. Guinea quería que en la Peninsula (España) se supiese de las verdaderas necesidades del pueblo guineano, y enviaron a un abogado que acudiese para comunicar todo esto. Pero los colonos, acusaron a Motuu de traición y le desterraron. Volvió a su ciudad, siendo un anciano y muy cansado.
Envió a varios hijos a estudiar a España. Uno de ellos, Federico Bang-Matu, llegó para estudiar la carrera de Económicas y trabajó en la Embajada de Guinea Ecuatorial en España.

Begoña Bang-Matu

Mis padres se conocieron estudiando, imagino que fue un choque social verles juntos por las calles de Madrid, paseando del brazo. Por su muerte temprana, apenas pude conocer a mi padre, que falleció cuando yo tenia 6 años. Y aunque no conozco a mucha familia de mi padre, si he tenido ocasión de conocer a muchos tíos y primos que han venido a visitarnos. También están aquí, en España, otros primos y tíos que como mi padre vinieron a estudiar y formaron sus familias aquí.

Begoña Bang-Matu

Siempre me gusto cantar y bailar, de hecho de niña no hacia otra cosa. Por mediación de uno de mis primos, empecé a cantar R&B en un grupo llamado La Noche de la Iguana… Para mí era super divertido, ya que teníamos ensayo los viernes por la tarde noche y por aquél entonces, yo era menor de edad y no salía. Pero al ir con mi primo, mi madre me dejaba cantar.

Así empezó todo, de forma muy divertida… Más tarde, continué con el grupo Malarians y ahí es donde empezó mi andadura profesional dentro de la musica jamaicana. Para mí, un honor y sobre todo una responsabilidad que se me considere la primera mujer en el Estado que canto rocksteady.

Continúo trabajando con otros artistas y aprendiendo de cada experiencia…, ya que todo esto es aprendizaje continuo.

Tengo pendiente con mis primas ir a Guinea y conocer a esa gran família que tengo allí, para todos, sería un gran motivo de celebración.
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*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.