Carta Abierta del Colectivo de Actrices y Actores negrxs de Barcelona

La semana pasada la Kompanyia Jove del Teatre Lliure estrenaba “Àngels a Amèrica” de Tony Kushner, dirigida por David Selvas. Hoy las actrices y actores racializados de Barcelona nos sentimos un poco más invisibilizados que ayer y ahora os explicaremos el porqué.

En la obra original de Kushner, entre su reparto hay un personaje que se llama Belize. En la descripción de personaje se dice: Belice es un hombre negro abiertamente gay a quién le gusta el travestismo (vestirse de mujer) y que también trabaja como enfermero… es extremadamente liberal en su política. Sin embargo, en parte debido a su identidad racial, Belize parece más preocupado por las realidades del día a día.

En la Kompanyia Jove del Lliure no hay ningún actor negro, pero ése no fue motivo suficiente para no seguir hacia adelante con la obra, así que se propuso este personaje a un actor blanco. Este actor al recibir el reparto se puso en contacto con varias actrices afrodescendientes porque no terminaba de estar cómodo con esta propuesta. Le aconsejaron que hablara con el director de la producción para que viera que este papel era para un actor negro y que se tenía que contratar a uno, de la misma manera que se han contratado a otros actores que no son de
la Kompanyia, y que si era necesario se tendría que hacer un casting.

Esta mediación duró unos meses sin ni siquiera plantear lo que para nosotrxs es lógico, que es que este sitio pertenece a un actor negro. La semana pasada estas actrices se reunieron con Selvas y Aurora Rosales, directora en funciones del Lliure, sabiendo que ya no se podría cambiar nada, ya que en los meses
anteriores no parecía que hubiera habido ningún cambio. Simplemente querían que les explicaran el por qué. La respuesta fue que el problema es de la selección de participantes en la Kompanyia por no tener ningún actor racializado (compañía que se formó bajo la dirección del ya dimitido Lluis Pascual) y que ésta es una obra donde los límites se difuminan y permite que el personaje de Belize lo haga un actor blanco.

Más allá de quién es el máximo responsable de la falta de actores y actrices de diferentes etnias en la Kompanyia, ya que sólo hay actores y actrices caucásicos perpetuando así su privilegio, lo que estamos señalando aquí es una falta de responsabilidad ética.

¿Por qué?

  1. Porque el personaje de Belize es un personaje que el autor especifica que tiene que ser negro. Es parte importante de su conflicto por ser negro y enfermero que cuida pacientes con SIDA cuando nadie quería hacerlo.
  2. Porque los actores y actrices no blancos difícilmente tenemos espacio en las ficciones si no son para estos papeles, los que ponen específicamente que el actor o actriz debe ser negrx, gitanx, morx…
  3. Porque esto provoca que las actrices y actores pertenecientes a las llamadas “minorías” que trabajamos en este sector ya precarizado estemos doblemente precarizados.
  4. Porque esto implica blanquear a un personaje y privar de referentes a la nueva generación de niños y niñas negros. Las actrices y actores racializadxs estamos aquí y no queremos ser invisibilizadxs.

Colectivo de actores y actrices negrxs de Barcelona.

La identidad Afropea a debate en Barcelona

La escritora camerunesa establecida en Francia Leónora Miano dice en una entrevista reciente que “se llama afropea la etnicidad de las personas que han nacido o crecido en Europa, pero que tienen lazos subsaharianos marcados en distintos grados. Los afropeos constituyen una categoría de la familia afrodescendiente, aquella en la que Europa es el espacio de referencia. La importancia de esta denominación reside en la necesidad de hacer patente la experiencia de las personas concernidas. Un afropeo no es un afroamericano ni un africano en sentido estricto. Los estudios afrodiaspóricos deben dar un espacio a estos grupos humanos, lo que comienza por nombrarlos convenientemente. Desde mi punto de vista, el término afropeo vehicula una utopía difícil aún de actualizar en un mundo en donde, como se ve, el racismo no baja la guardia. Abarcar en un mismo movimiento todas esas pertenencias y abolir las posturas nacionalistas no es algo fácil. Sin embargo, eso constituye la originalidad de la propuesta afropea”.

Las identidades afropeas se manifiestan de múltiples formas, y frecuentemente reescriben y repiensan el significado y las narrativas que construyen este concepto. Según el sociólogo británico afrodescendiente Paul Gilroy, la noción de identidad afropea reivindica una conciencia híbrida o doble de ser Europeo y negro que lleva a ‘formas culturales estereofónicas, bilingües o bifocales’ (Gilroy:1993).

La identidad Afropea a debate en el FICAB:

Dear White People

En nuestra sociedad, son cada vez más las personas afrodescendientes que construyen su identidad en dos lugares de referencia diferentes. En este caso, África y Europa son espacios que les son igual de propios y a veces, ajenos por partes iguales. Eso es lo que cuenta, de forma cómica y aguda en su obra de teatro No es país para negras, la actriz Silvia Albert, representante del colectivo Black Barcelona y una de las ponentes que esta tarde debatirán en el Centre Cívic Pati Llimona dentro de la mesa redonda ‘Afropeus: Diàspora Africana a l’Europa del segle XXI’, última actividad paralela del Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona.

Silvia Albert durante una de sus actuaciones.

“No me siento al cien por cien representada por ese término y tampoco tengo muy claro qué significa. Apenas me siento española o catalana (a pesar de que en otros momentos sí he luchado por esa identificación), así que no puedo identificarme con una estructura tan grande como Europa”, nos avanza Desirée Bela-Lobedde (La Negra Flor), activista estética, comunicadora, bloguera, youtuber e integrante del equipo de la revista feminista Locas del Coño, que también nutrirá el debate de esta última actividad del FICAB.

Desirée Bela-Lobedde es una activista digital nacida en Barcelona y conocida por su proyecto La Negra Flor.

“Mi trabajo, por el feedback que recibo, ayuda a abrir la mirada y, en algunos casos, a ponerse en el lugar de las personas racializadas. Ello implica un aumento de la sensibilidad de algunas personas blancas, que toman conciencia de los niveles de sutileza a los que llega a veces el racismo. Sobre todo en cuanto a lo que se refiere a la cuestión estética”, cuenta.

La mesa redonda, que también contará con la participación del historiador senegalés Baye Ababacar Thiakh, coordinador técnico de la cooperativa de exmanteros DiomCoop, estará precedida por la proyección de la película Dear White People (Justin Simien, 2014), una comedia que mezcla raza, sexo, privilegio, poder y microagresiones hacia los jóvenes afroamericanos en un campus universitario. Una bofetada a los blancos que, creyendo entender y haber superado el racismo estructural de Estados Unidos, perpetran la discriminación y exotizan la diversidad cultural. Y una pregunta (entre otras) a debate: ¿Está Europa muy lejos de lo que Estados Unidos en referencia a su trato a las personas racializadas?

Con la moderación de la investigadora Celia Murias, miembro del colectivo Africaye, también se dará un espacio para el colectivo de personas migradas que desde hace más de un mes ocupan la Massana, con réplicas en Poblenou y Badalona, en rechazo al racismo institucional y para pedir la derogación de la ley de extranjería o el cierre de los CIE. 
Con esta actividad de clausura del primer ciclo que el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona ha celebrado en la ciudad, sus organizadores y organizadoras quieren impulsar el diálogo y la cooperación entre diferentes colectivos que trabajan en el campo cultural y social de la ciudad, y contribuir tanto a la revisión de los estereotipos como a la construcción de una Barcelona más respetuosa, diversa e inclusiva. Y con este punto y a parte, el Centre d’Estudis Africans i Interculturals, Wiriko y Africaye despiden el pistoletazo de salida del FICAB apuntando las principales líneas que marcarán el futuro de este nuevo espacio para los cines y las culturas africanas en la capital catalana.

Centre Cívic Pati Llimona

Carrer del Regomir, 3, 08002 Barcelona

18:00h. Proyección DEAR WHITE PEOPLE

20:00h. Mesa Redonda ‘Afropeos: Diáspora Africana en la Europa del siglo XXI’

“En mi tierra, si quieres hacer amigos, o utilizas la música o una pelota”

* Por Alicia Oliva González

Kilema (Toliara, Madagascar, 1960), con más de veinte años de carrera musical, lleva desde los 12 años haciendo instrumentos con materiales reciclados. Comenzó fabricando guitarras con trozos de madera y tres o cuatro cuerdas de hilo de pescar; más tarde, cambió el hilo por cables de frenos de viejas bicicletas. Hoy se ha convertido en un referente de la cultura malgache allá por donde viaja. De su nombre real, Randrianantoandro Clément, nace su nombre artístico. “Madagascar era una antigua colonia francesa y para elegir el nombre de los recién nacidos se usaban los calendarios con el santoral con nombres en francés, y cuando yo nací, me tocó, “Clément” pero a mis abuelos les resultaba difícil pronunciar la sílaba francesa “clé”, y al final siempre decían “kile”, y de ahí, Kilema”. Llegó a Europa en 1993 y desde 1999 vive en Encinarejo, Córdoba.

Kilema no solo da nombre al artista sino también a su grupo, creado en 1997 en París. Comenzó como cuarteto y de ahí han ido evolucionado con distintas formaciones: dúo, trío y en solitario; pero en grandes escenarios, siempre son cuatro: su hermano Nesta Randrianantoandro como vocalista, Katsá, melódica y calabaza; Pedro Delgado Antúnez (Perico para los amigos) bajo y coros, y Manuel Luque Pérez, percusión.

Kilema en una de sus actuaciones. Foto: Javier Baeza

Tu relación con la música comenzó a una edad muy temprana, ¿de dónde nace esa curiosidad por fabricar tú mismo los instrumentos?

Soy el último niño de una familia con doce hijos. Con 5 años estuve en el coro de mi colegio junto con cinco de mis hermanos. El mayor tenía su banda de música y los ensayos tenían lugar en mi casa. Allí es cuando empecé a interesarme por lo que hacían. Los pequeños mirábamos desde un agujero porque no nos dejaban entrar. Yo tenía buen oído. Mi padre tocaba la guitarra y mi madre cantaba. Todo empezó en casa. Éramos niños y queríamos tocar imitando a los hermanos mayores, pero… ¡imposible! Así que empezamos a buscar trozos de madera y fabricar cualquier cosa. Al principio era con hilo de pescar con 3 o 4 cuerdas. Lo de cable de freno de bicicleta vino después.

¿Cuándo comienza tu carrera musical?

Empezó en el año 1990. Mi primer contrato fue en el hotel Hilton de Antananarivo, la capital de Madagascar. Era una banda de animación turística y tocábamos todo tipo de música, desde música tradicional hasta pop y folk internacional.

¿Cómo definirías la música de Madagascar?

Estamos a unos 400 km de África. Hace más de 1.000 años, pobladores de Asia llegaron a Madagascar con sus cultivos y sus lenguas, asentándose en la isla y constituyendo, las primeras poblaciones. Madagascar es una mezcla entre África y Asia.

Sin duda tu música tiene el ritmo de África pero también se ha nutrido de la melodía de Asia, ¿la música española ha influido en tus ritmos o te has mantenido fiel a tus raíces?

Exacto. La música malgache es el fruto de esa fusión afroasiática. Desde mi llegada a Europa en 1993, mi vinculación con diferentes estilos han ido influyendo en mi música y, por supuesto, también la española, en especial la guitarra flamenca; aunque siempre he mantenido una línea de “pureza” con mis raíces.

Hace unas semanas, ofreciste un concierto en las XV Jornadas de derechos humanos e inmigración que se organizaron en Motril, ¿qué relación tiene tu música con los derechos humanos? ¿Consideras que la música es un lenguaje universal que puede unir a las personas y luchar por la paz?

Lo has dicho. ¡Es un lenguaje universal! La música no entiende de fronteras o de razas y se puede utilizar como herramienta de transformación social. En mi tierra, si quieres hacer amigos, o utilizas la música o una pelota de fútbol.

¿Qué mensaje buscas transmitir con tu música?

La música une. ¡Somos todos uno!  Música es paz, respeto y convivencia.

¿Qué público tiene tu música?

Hicimos un concierto en Noruega hace un par de años y en el público había un bebé de unos meses. El bebé empezó a llorar cuando paramos de tocar. Mi música es para todas las edades.

El concierto que tuvo lugar en el Teatro de Calderón de la Barca del Ayuntamiento de Motril se convirtió en una auténtica clase sobre música e instrumentos tradicionales de Madagascar, como el marovany, uno de los protagonistas. ¿Buscas crear una complicidad con el público para que se acerque más a tu cultura?

Se convirtió en un concierto didáctico, un viaje musical para descubrir música y cultura diferente. Cuando voy en solitario siempre me gusta crear ese tipo de ambiente. Suelo dar estos conciertos en colegios, institutos, conservatorios de música, etc., más de 20.000 alumnos/as lo han visto y compartido en España, Taiwán, Suecia, Noruega, Chile y Francia, como una educación en valores, mezclando diversión y aprendizaje. El público no son solo personas que vienen para escucharte y luego vuelven a su casa, si fuera solo  eso, podrían comprar un disco y escucharlo en el salón de su casa. Mi concierto es muy interactivo y dejo siempre un hueco en cada canción para que canten conmigo o bailen si la sala lo permite. Eso siempre crea un ambiente de convivencia, de familia. Aprovecho también para hablar de mis instrumentos reciclados” Hago música con una lata, una goma de riego, un palo de bambú con cuerdas de freno de bicicleta, una calabaza etc.

Me siento como un embajador cultural de mi pueblo. Después de mis conciertos, estoy seguro que la gente se interesa por conocer mi isla, nuestras tradiciones y culturas. Madagascar es aún una gran desconocida para los españoles.

¿Has notado un incremento en el interés hacia la música africana?

Ahora hay más festivales de música del mundo y eso es muy positivo. La gente va interesándose más por estas músicas. África es un continente inmenso con una gran diversidad, aunque en España, este tipo de música, aún no es muy conocida.

Ka Malisa es tu primer disco en solitario, ¿qué significa Ka Malisa? ¿Podríamos decir que es tu filosofía de vida?

Ka malisa es mi primer disco, y significa “sin prisa”. Sin duda es mi filosofía de vida. Para qué correr tanto. Hay que vivir más despacio y disfrutar de la vida. Después de este primer trabajo vinieron  Lavi-Tany y Mena. En este momento trabajo en mi cuarto disco, que espero vea la luz a lo largo de este 2018.

*Alicia Oliva González es graduada en Traducción e Interpretación (UPF) y Máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos (UAM). Escribo reseñas sobre literatura africana en Historias del África Negra y siempre que puede se escapa al continente.

Guillem d’Efak, el negro antiimperialista que cantaba en catalán

¿Negro y además canta en catalán? ¡Mira que hay que ser desgraciado!”. Estas desafortunadas palabras fueron pronunciadas hace más de cuarenta años por un capitán general franquista en Catalunya después de prohibir un recital musical en el que participaba un catalán negro, según Bartomeu Mestre, autor del libro Balada d’en Guillem d’Efak (Documental Balear, 1997).

Guillem d’Efak / ARA BALEARS.

Entre 1962 y 1977, el régimen franquista censuró más de 400 canciones en catalán. “L’estaca”, de Lluís Llach; “Diguem no”, de Raimon, o “Conillet de vellut”, de Joan Manuel Serrat fueron algunas de las más perseguidas por el antiguo Ministerio de Información y Turismo. Sin embargo, esta muestra de xenofobia y racismo iba dirigida a otro personaje del, por aquél entonces incipiente, movimiento catalán de la Nova Cançó: el de Guillem Fullana i Hada d’Efak, más

Guillem d’Efak, en Guinea Ecuatorial con su padre, Antoni Fullana. Foto: Archivo Familiar.

conocido como Guillem d’Efak o “el negro que cantaba en catalán”.

Nacido en Asobla, Guinea Ecuatorial, en 1929, hijo de madre fang proveniente del clan Efak y de Toni Cremat, un cabo de la Guardia Colonial mallorquín destinado más de 15 años a la única (ex)colonia española en África Subsahariana, Guillem se crió en Manacor, Mallorca, y fue un poeta, cantante bohemio y creador nunca suficientemente reivindicado. A los 14 años ya leía a Rimbaud en francés. A los 18, rompió relaciones con su padre y se instaló en un burdel de Palma. Allí, se unió a una orquesta para turistas donde cantaba espirituales negros en inglés y también algunas piezas traducidas al catalán como el Fever, popularizada por la cantante norteamericana Peggy Lee.

Su figura vuelve ahora a salir a la luz gracias al documental Guillem d’Efak. L’Ànima negra de l’illa, de Manu Benavente y Alfonso Garrido, que junto a la productora catalana Manual Produccions, rescatan su legado revolucionario del olvido y rompen el silencio que envuelve la leyenda de este creador único e irrepetible. Con el investigador y dramaturgo Pep Tosar – quien dedicó la obra Tots Aquests Dois a d’Efak- como hilo conductor, el documental narra la vida de Guillem, un agitador cultural sin parangón, amante de las mujeres, los libros y el alcohol, que flirteó por partes iguales con la música, el teatro y la escritura, y que representa un activismo que debería ser referencia para la historia contemporánea de España. El documental se estrenó el pasado 18 de enero en el programa El Documental de TV3.

Catalán, negro y antiimperialista

No se puede negar que Guillem d’Efak fue una rara avis del panorama cultural de la época. Era el único negro que cantaba en catalán, una lengua perseguida y marginada que desde diferentes círculos culturales del País Valencià, las Illes Balears y Catalunya (lo que se conoce como Països Catalans), se intentaba defender a capa y espada. Comparando Guinea Ecuatorial y Catalunya, d’Efak explicó en una entrevista: “En Guinea estaban mejor que nosotros aquí. Mi padre me contaba que tenían ordenes estrictas de respetar las lenguas indígenas, los usos y costumbres, tribunales, matrimonios, la poligamia… Nosotros (los catalanes) somos peor que una colonia porque a nosotros no nos reconocen la situación de colonia” (L’Estel de Mallorca, 15 de mayo de 1993).

Sin embargo, tal y como cuenta Gustau Nerín, antropólogo e historiador especializado en el colonialismo español en África, en El Nacional: “Guillem había llegado de la Guinea Española a los 2 años (…) y prácticamente había perdido contacto con la cultura africana”. De hecho, en una entrevista poco antes de fallecer, el artista confiesa no tener recuerdos de su infancia en Guinea y dice: “con el primer negro que vi me llevé un puto susto de muerte”.

Manacorí de a pie, Guillem fue un catalanista convencido que grabó ocho discos en catalán, publicó un largo etcétera de libros de poesía, cuentos y prosa en esta lengua e incluso hizo de actor. Aunque menos afortunada fue su etapa como minero en Alemania… Su obra, prolífica, ha permanecido oculta para el gran público hasta la fecha.

La canción popular mallorquina, el blues y el jazz fueron carne de su asador, pero sobre todo fue una figura excepcional como precursor de la Nova Cançó, un movimiento cultural que se desarrolló durante la década de los años 60, en plena dictadura franquista, para impulsar la canción en catalán. Guillem trabajó junto a figuras como Guillermina Mota, Núria Feliu, Pau Riba o Tete Montoliu para hacer que la lengua catalana trascendiera la miseria cultural franquista.

El cantautor valenciano y comunista Ovidi Montllor (a la izquierda) junto a su mentor Guillem d’Efak, ambos parte del movimiento La Nova Cançó, en la Cova del Drac. Fuente: Archivo Personal de Ovidi Montllor i Mengual.

En 1965, fue la primera referencia de Concèntric, un sello discográfico mítico que operó de 1964 al 1978 y que adaptó el catalán a grandes éxitos de la música anglosajona, al yéyé y al pop rock. Y se convirtió en una de las figuras más originales y modernas de la música catalana, especialmente como alma mater de la Cova del Drac, un café-teatro mítico de la calle Tusset de Barcelona, que regía junto a Josep Maria Espinàs (miembro de Els Setze Jutges, uno de los grupos más representativos de la Nova Cançó) y donde cantaba canciones propias y versiones catalanas de clásicos del jazz y del soul.

D’Efak dejó Barcelona en 1980, cuando creyó que Catalunya, con la reinstauración de la Generalitat, había conseguido recuperar la normalidad institucional. La suya era claramente una tarea política, no solo musical, y al finalizarla, volvió a Palma, donde sobrevivió como guía turístico, sin dejar de escribir nunca, hasta su muerte, en 1995.

‘She’s Gotta Have It’, la serie feminista, afrocéntrica y anti-gentrificación de Netflix que todos deberíamos ver

“Pansexual poliamorosa sexo-positiva”. Así se autodefine Nola Darling, la protagonista de la nueva serie de Netflix que está haciendo furor: She’s Gotta Have It. En esta adaptación de la ópera prima de Spike Lee de 1986, la historia de Nola, una artista emergente de 27 años de Brooklyn que ya se ha convertido en la heroïna feminista de Lee, se actualiza con una serie irresistible de 10 episodios que pone en la coctelera la gentrificación, el machismo, el mandato Trump o el panafricanismo con una exquisita banda sonora (ilustrada con ráfagas de portadas de los álbumes después de que suene cada canción), el papel central del arte africano y de la diáspora y guiños constantes al cine que definen a toda una generación.

DeWanda Wise, la actriz que interpreta a Nola Darling, protagonista de la nueva serie de Netflix, ‘She’s Gotta Have It’.

Alguien podría ver en esta serie una versión contemporánea y para la clase media de Sexo en Nueva York. Para Wiriko, quizás tenga mucho más en común con la serie ghanesa An African City. Sin embargo, nada que ver ni con la una, ni con la otra: los clichés no tienen cabida en She’s Gotta Have It, articulada desde una perspectiva orgullosamente negra y desde el universo de la clase trabajadora urbana, afrontando retos cotidianos a los que todos, y especialmente todas, podemos sentirnos identificadas.

La actriz DeWanda Wise, que da vida a Nola en la serie, interpreta a una artista luchadora en cuya vida el sexo tiene un papel fundamental. Es criticada y juzgada por una sociedad machista por ser una mujer culta, segura de sí misma y urbanita que se atreve a disfrutar del sexo sin prejuicios rechazando la monogamia. En su “cama amorosa” practica malabarismo con tres amantes masculinos bien diferentes: el empresario de Wall Street Jamie Overstreet (Lyriq Bent), el modelo y fotógrafo narcisista hijo de una francesa y un Pantera Negra, Greer Childs (Cleo Anthony) y su mejor amigo, el mensajero-rapero mitad puertorriqueño Mars Blackmon (Anthony Ramos). También entra en juego una amante femenina, la lesbiana Opal Gilstrap (Ilfenesh Hadera). Pero lógicamente, Nola no es siempre ni un personaje sexual ni una superheroína, y así, consigue rehuir los estereotipos sin dejar de representar un icono feminista negro.

Feminismo y arte urbano contra la misoginia:

No es casual que la mirada femenina marque esta serie. Tras las críticas que Spike Lee recibió por su trato a Nola en la película, como un personaje femenino ideado por un director masculino, ahora un elenco de mujeres se ha encargado de nutrir los guiones de la serie. La esposa del director, Tonya Lewis Lee, su hermana Joie Lee (que también participó en la película original e interpreta a la madre de Nola en la serie), y su hija Satchel Lee, forman parte de este elenco de afroamericanas, que incluye a las dramaturgas Eisa Davis y Lynn Nottage.

Una de las características esenciales de la serie es el retrato constante que hace de la misoginia generalizada. El hostigamiento se presenta como un elemento cotidiano de la vida de las mujeres; una amenaza constante que puede manifestarse en diversas formas de opresión. De hecho uno de los catalizadores del activismo y del arte de Nola es la agresión sexual que sufre en la calle, volviendo sola de noche. “Sexy ! ¡Sexy! ¿Cuál es tu nombre, niña?”, le grita un individuo mientras la agarra por el brazo. No es un escenario para nada infrecuente en Nueva York. Los espacios públicos son igual de hostiles para la mujer en Madrid, Barcelona, Nairobi o cualquier ciudad del mundo, y la serie se ha querido hacer eco de ello, generando un impacto real fuera de las pantallas. Tras el éxito del viral #MeToo (#YoTambién), en octubre de 2017, para denunciar el acoso, la agresión sexual y la naturaleza generalizada de la conducta misógina a través de Twitter, la campaña de la serie tenía el terreno abonado.

Lee se ha inspirado en el trabajo de la artista Tatyana Fazlalizadeh, creadora de la campaña de arte público “Stop Telling Me Smile” en 2012, para generar la intervención urbana de empapelar las calles de Brooklyn con la campaña #MyNameIsnt, una serie de carteles con caras de mujeres negras y un texto superpuesto que dice “Mi nombre no es…” seguido de varios insultos a los que Nola, como tantas otras mujeres, han sido llamadas por la calle, por ejemplo: “puta” o “perra”.

La importancia del arte africano para los afroamericanos:

La revista de negocios Bloomberg Buisiness, ya advertía en 2015 que el boom del mercado del arte africano estaba en camino. El personaje de la comisaria y galerista Clorinda Bradford (interpretada por Margot Bingham), encarna perfectamente esas predicciones, y muestra el creciente interés de los norteamericanos, especialmente las comunidades afroamericanas en búsqueda de sus raíces negadas durante siglos, por el arte africano y la diáspora africana. Antes de abrir su galería, afirma a su amiga Nola, que en esa galería habrá tanto arte negro que la gente creerá que está en la “Madre África”. “Aparta, Wangechi Mutu“, advierte Clorinda postulando a Nola como competencia directa para la artista keniana, que recibió el premio a Artista del Año del 2013 por el Museo de Brooklyn.

“Bienvenidos al Diastopian”, anuncia la comisaria imaginando la apertura de la galería. “Se trata de un movimiento de artistas Afro-céntricos con visión de futuro que cruzan fronteras para fabular, deconstruir, redefinir, afirmar y expandir la amplitud y el alcance de las voces millennials de la gente de la diáspora africana”.

Tampoco es casualidad que uno de los amantes de Nola, Jamie Overstreet, tenga en casa diferentes cuadros de la artista senegalesa-italiana Maïmouna Guerresi. O que aparezcan los famosos retratos pop del marroquí Hassan Hajjaj.

She’s Gotta Have It

Además, la serie critica especialmente cómo los blancos siguen dominando el mercado de las artes y cómo se establecen los cánones estéticos de lo que es o no es vanguardista en las creaciones emergentes de los afroamericanos desde fuera de estas comunidades. Esto queda bien reflejado con el personaje de Julius Kemper (interpretado por el actor Wallace Shawn), crítico de arte, que personifica perfectamente la figura de “foráneo” definiendo lo que debe (o no debe) ser la perspectiva política del “ser afroamericano”, generando frustraciones y traumas a jóvenes artistas que se encuentran con un conflicto interno a la hora de encontrar y construir sus propias voces.

Gentrificación, el problema del urbanita de clase media en el siglo XXI:

El barrio de Fort Greene, en Brooklyn, Nueva York, es escenario de gentrificación y el lugar escogido por Spike Lee para emplazar la serie “She’s Gotta Have It”.

Ya lo habíamos visto con otras series de Netflix, como The Get Down, centrada en el gentrificado barrio neoyorkino del Bronx. En ‘She’s Gotta Have It’, Nola reside en el barrio de Fort Greene, en Brooklyn. Un lugar aburguesado, ejemplo de un ecosistema urbano mutante donde la joven y sus padres artistas, Septima (Joie Lee, que interpretó a Clorinda en la película) y Stokely (Thomas Jefferson Byrd), luchan para construir el presente codo a codo, pero no sin conflictos y traumas, con los nuevos residentes. El aumento de los alquileres, códigos culturales diferentes trazados por los nuevos vecinos blancos y ricos, el desplazamiento de vecinos negros y latinos que, como Nola, han vivido en Brooklyn durante toda su vida… acaban por colisionar en las reivindicaciones de #BlackLivesMatter durante una reunión vecinal que contrapone a los diferentes grupos raciales del barrio.

Cada episodio se abre con la imagen de un cartel de propiedades que muestra los costosos alquileres de la vivienda en Brooklyn. Y Lee no titubea en volver a poner el arte urbano al servicio de la denuncia social, pintando letras “G” verdes en las paredes de los pisos para indicar aquellos edificios que están gentrificados. Una de las vecinas blancas de Darling, Bianca, que se queja del ruido, los vagabundos, los malos olores, los graffitis y otras “molestias” que hallan en su vecindario, dice que esa “G” es un símbolo del racismo invertido, cosa que levanta la indignación de todos los vecinos “nativos”.

La lucha cotidiana de los residentes para poder seguir viviendo en su barrio es evidente en cada uno de los personajes. Para poder salir adelante y pagar su alquiler, Nola da clases de arte en la escuela primaria de Crown Heights y pasea a perros de blancos mientras su trabajo (aún) no le da de comer. Con todo, a duras penas consigue llegar a fin de mes y costear la terapia de psicología que sigue tras haber sido agredida por la calle, con el riesgo de tener que volver a casa de sus padres si no consigue el dinero para su piso, que es a la vez su estudio de trabajo.

Ser africano o afrodescendiente bajo el mandato Trump (¿y el de Rajoy?):

Wole Soyinka, el primer africano en ganar el Nobel de Literatura, destruyó su Tarjeta de Residente Permanente en Estados Unidos tras la elección de Donald Trump como presidente. Y no es de extrañar, el discurso racista y anti-inmigración de Trump ha dado evidencias de que el país más poderoso del mundo tiene a su cabeza un presidente “intelectualmente y temperamentalmente deficiente y moralmente en bancarrota”, como decía hace escasas semanas un columnista de The New York Times.

Un artículo reciente del Huffington Post explica que los afroamericanos son casi tres veces más propensos que los blancos a ser asesinados por el uso de la fuerza por parte de la policía estadounidense, que los indígenas tienen casi el triple de probabilidades de sufrir tal destino y los hispanos tienen el doble de probabilidades. Día tras día, la administración Trump demuestra que la segregación racial y la xenofóbia están lejos de ser un asunto superado. Sin ninguna vergüenza, el presidente Donald Trump apoyó a los supremacistas blancos y neonazis de Charlottesville el pasado agosto e indultó al conocido xenófobo antiinmigrante Joe Arpaio, el sheriff de los “campos de concentración” para hispanos…

Es por ello que Trump es otra de las piezas clave en la crítica de Spike Lee en la versión serializada de su primera película como director. Un episodio refleja la elección del presidente Trump con un descorazonador montaje de cinco minutos con “Klown Wit Da Nuclear Code”, o “Payaso con el Código Nuclear”, de Stew & The Negro Problem.

Muchos, ignorantes de las realidades cotidianas de mujeres o de negros, podrán pensar que She’s Gotta Have It es una serie más, o quizás, que no representa la realidad que nos toca vivir a los hispanoparlantes, y a los afrodescendientes que conforman nuestras sociedades… Malas noticias para ellxs: centenares de personas migrantes y racializadas tuvieron que salir el pasado 12 de noviembre en Madrid para protestar contra el “racismo estructural en España”. Y es que el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) de la ONU ya ha denunciado en varias ocasiones al gobierno de Mariano Rajoy por prácticas policiales discriminatorias, las famosas devoluciones en caliente, los CIEs o las escuelas gueto.

¿Y qué decir sobre la situación de la mujer en España? En lo que llevamos de 2017 ya han sido 44 las mujeres asesinadas en España por la violencia machista y más de 1,4 millones de mujeres sufriendo agresiones, abusos y acoso sexual.

¡Spike Lee ha dado en el clavo con problemas que nos afectan a todxs!

¡No os la perdáis!

Pasaporte español, raíces africanas: Silvia Albert Sopale

Me llamo  Silvia, Silvia Albert Sopale, la Negra para mis amigxs, Chivita para mi mamá, aunque ella en verdad quería ponerme Wineyla, pero en el 76, en España, no podían ponerse esos nombres, así que tuvo que ponerme uno como Dios manda. Mi nombre africano es Ifeyinka, me lo puso mi tía abuela y quiere decir todo amor, y yo, me puse Adelaida para las noches de fiesta. ¿Y de niña? ¿Cómo me llamaban de niña?  Este es uno de los textos de la obra No es país para negras, de la que soy co-autora y que estaré representando durante el mes de Julio en Madrid en la sala Off de la Latina… Pero de esto hablará más tarde.

Silvia Albert Sopale. Foto de Thaïs Batlle.

Nací en San Sebastián en 1976, soy hija de una ecuatoguineana Bubi y de un Nigeriano Igbo. Mis padres se conocieron en Guinea, donde fue a parar mi padre tras perder a los suyos a muy temprana edad. Él se hizo a sí mismo, se crió en las calles, vendió chatarra, estudió, superó la pobreza, jugó al futbol en el  atlético de Malabo, Juventud Biafra y la Selección Nacional de Guinea Ecuatorial y conoció a mi madre. Una de las hijas de Sisi Yoko, criadas por Atoloni, bien formadas, educadas, bellas…

A la izquierda, de brazos cruzados, el padre de Silvia.

Todas esas historias para la mayoría de los lectores y lectoras, sonarán a nombres lejanos, pero para todas aquellas personas que vivieron en Guinea en los años 60 y para su descendencia forman parte de nuestra historia.

Historias que sueño con recuperar y compartir en los teatros de España, del mundo. Historias que unen a España con Guinea para siempre. Que se deben recordar, que deberían ser estudiadas en las escuelas, contadas en cuentos, en películas. Historias que ayudarían a que este fuese un país más amable.

Mis padres llegaron en el 74 en busca de una vida mejor, como habían hecho antes que ellos otros compañeros, vinieron como insiste mi madre desde “una provincia” de España y no una colonia. Con derecho de pertenencia llegaron a Mallorca y de allí a San Sebastián, en donde mi madre estudió auxiliar de enfermería y mi padre comenzó con la fotografía y a trabajar en bares. Muchas fueron las penurias que pasaron, mucho el trabajo que realizaron, muchísimas las situaciones racistas que sufrieron y con todo eso formaron una familia, tuvieron cuatro hijos. Yo ocupo el tercer lugar.

Y con todo eso pasaron por Almansa y llegaron a Alicante en los años 80, donde echaron raíces.  Mi madre siguió estudiando y acabó sacándose el título de enfermera, cargo que ocupa ahora en el Hospital Universitario. Mi padre montó un Bar, “El Kuka’s”,  uno de los establecimientos que forman parte de la historia de la ciudad. Se hacían hamburguesas, se servían copas y se escuchaban músicas africanas. El que comenzó siendo un pequeño negocio, acabó convirtiéndose en un negocio multimillonario, del que vivieron muchas familias durante casi treinta años.

 

No fue para contar historias por lo que comencé a estudiar teatro, eso vino después, con el tiempo, con la conciencia. Comencé porque me encantaba jugar, vivir otras vidas, ser quien no era, ser quien no era capaz de ser. Vivir todo aquello que estaba tan lejos de mi.

Me matriculé en la Escuela Superior de Arte dramático de Murcia. Como la mayoría de estudiantes, tenía que escoger carrera pasada la selectividad (prueba que por suerte no hice) ¿Cómo puedes escoger una carrera sino tienes ni idea de quién eres, ni de lo que te gusta? Cada una escoge la carrera por diferentes motivos: por puntuación, por exigencia/petición /influencia familiar, por los amigos y amigas… Mi motivo fue salir de casa, tenía que huir. Escogí una  escuela que estaba cerquita, pero no en mi misma ciudad. No en la ciudad en la había pasado los últimos 18 años. Una ciudad en la que no podía ser yo, en la que era siempre la hija de… la hermana de… la sobrina de… Una ciudad que no me ofrecía mucho a nivel cultural, en la que mi alma se dormía. Una ciudad en la que viví abusos, agresiones, racismo. Una ciudad contra la que me revelé, bueno, en verdad le declaré la guerra al mundo y a sus ocupantes a los 15 años y no firmaría la paz definitiva hasta los 30. Algún día contaré esa historia.

Fui de las pocas de mi grupo de amigos y amigas que terminó los estudios de Arte dramático, eso sí, sin tener ni idea del tipo de teatro que quería hacer, pero sabiendo todo lo que no me interesaba. Y eso que en la escuela hice todo tipo de papeles, cosa que no se repetirá en 20 años, ya que la gran mayoría de las veces que me buscan es para hacer de prostituta, inmigrante, delincuente, mujer de la limpieza. En España, a pesar de haber profesionales racializados en todos los sectores, no se ve reflejado en los medios. Es indignante cuando mandas el material para un casting en el que dice: SE BUSCA ACTRIZ MORENA y te responden que no han pedido actrices de raza.

Ser una rebelde te pone en otro lugar frente a la vida. Creía que todas las personas estaban contra mí, no pensaba bajar la cabeza ante nadie, primero pisar a dejarme pisar. Perdí muchísimas batallas, luchaba en una guerra de guerrillas. Esta fue una de las expresiones que utilizó Enrique Villatoro, mi terapeuta, durante más de 3 años, refiriéndose a mi caso. A los 30, ya viviendo en Barcelona, comencé a hacer terapia Gestalt con él. Recuerdo las primeras sesiones, me miró y me dijo: “No es nada fácil tú historia Silvia, pero te puedo ayudar si  te comprometes conmigo”. Rompí a llorar. A partir de ese momento estuvo de mi parte, hiciera lo que hiciera. Trabajamos y recuperé el amor por el teatro, por la vida, firmé la paz con el mundo, encontré el amor de pareja, trabajé de regidora en el Teatre Lliure y me quedé embarazada. Y el mundo se giró de nuevo.

Ifeyinka…como me puso mi tía abuela.

Comencé a cuestionar mi negritud. Me había criado entre personas negras. En el cole tenía 2 hermanas mayores que abrieron camino, que sufrieron los insultos y los golpes por mi. Veía a mis primos y tíos con frecuencia. En el bar de mi padre, mayoritariamente trabajaban y lo frecuentaban negros. ¿Y qué sería de mi hija, viviendo en Barcelona totalmente alejada de su familia negra? ¿Cómo impregnarla a ella de negritud? ¿Cómo prepararla para lo que se le vendrá encima? ¿Cuál sería su tribu?

En terapia, entendí que no podría proteger a mi hija de lo que viviría, siendo una niña mestiza en un país de blancos. Allí comprendí que lo único que podía hacer, es dotarla de herramientas y confiar en que sepa utilizarlas y estar muy cerca de ella para cuando me necesite.

Buscando referentes para ella encontré a mi comunidad a través de las redes sociales y más tarde comenzamos los encuentros fuera de éstas. España necesita más referencias positivas afro/negras. Un montón de hermanos y hermanas se han sumado a la lucha que hace años comenzaron otro montón de personas, y comenzamos tareas nuevas. Nuestro deseo es llevar a España de una vez al siglo XXI. Una parte de mi colaboración es con la obra No es país para negras, donde el público que consigue superar el shock inicial que les produce el título, se encuentra con una tragicomedia, que les saca más de una carcajada y les puede hacer sentir vergüenza al segundo siguiente.

Hago esta pieza con la intención de sacudir conciencias. Y está funcionando. Os contaré tres casos para terminar:

Al finalizar una actuación en Gijón, un grupo de señoras salió afirmando que este no era país para negras, que no era posible que tuviéramos los mismos derechos. Agradecí que ellas pudieran verbalizar su pensamiento. Me apenó no haber estado en ese momento para entablar una conversación. Confío en que en alguna de las conversaciones que tuvieron tras ver la obra, alguien las confrontara. Por esto me parece importantísimo hacer la obra en centros cívicos, en teatros de barrio, ya que el público de estos espacios va sin muchos miramientos, está dentro de su rutina y de vez en cuando se encuentran con piezas que les hacen cuestionarse y pensar.

Otro de los casos es el del mi tío blanco. Casado con mi tía y con quien tiene una hija de 40 años. La primera vez que actuamos en Madrid, él se negó a venir a ver la obra. “¿Por qué Silvia ha hecho esta obra?”, les preguntaba. Le invitamos a venir a verla, pero él se negó. El título le produce pavor. Es algo que ocurre muy a menudo. La gente piensa que se va a encontrar con un montón de acusaciones y quejas, nada más lejos de la realidad. Por otro lado me da pena mi tío. Me imagino cuantas situaciones racistas habrá tenido que vivir teniendo una mujer negra y una hija mestiza. Situaciones que no le habrá contado a nadie, chistes, comentarios… ¿Qué habrá vivido para que no pueda compartir con su familia una experiencia así, sólo por el título?

El tercer caso ocurrió en una actuación que hicimos en Mallorca a finales de junio del mes pasado. Una espectadora le contó a una de las organizadoras que ella era la chica del otro lado, la que nos llamaba chocolate, conguitos, la que nos decía que olíamos mal, nos tocaba el pelo y todas esas cosas. Para ella ver la obra ahora, que ya había recorrido un camino y que sin duda está en otro momento de su vida, la había impresionado tanto que no se pudo quedar al coloquio. Para mí, que ella viniese y que compartiera aquello, creo que es sanador para ambas.

Si queréis ver la obra, estaremos en Madrid, los viernes y sábados de julio (menos el 15 y 16), en La Sala Off de La Latina, a las 20h. C/Mancebos 4.

Peluquería africana: refugio de la masculinidad negra


Dice Santiago Alba Rico en su artículo Bares que “si está cerrado el tribunal o la consulta del psiquiatra, nos refugiamos en el bar”. Además el filósofo y escritor aporta que “cada español tiene su propio bar y su propio equipo de fútbol”. En África, la peluquería es el bar español. Ese “espacio público íntimo” como describía el nigeriano Andrew Esiebo. Otro compatriota, esta vez el multidisciplinario Inua Ellams, ha llevado al escenario una obra de teatro que tiene a las peluquerías como punto de encuentro.

Wiriko tuvo la oportunidad de asistir al estreno de Barber Shop Chronicles en el Teatro Nacional de Londres. Dirigida por Bijan Sheibani, la pieza es un proyecto concebido para hablar sobre la masculinidad del hombre negro tanto en el continente como en la diáspora. Ellams compone un tratado de filosofía callejera y experiencias vitales a través de diferentes historias entrelazadas en distintos lugares del África anglófona. 9 actores ponen en escena unas situaciones reconocibles en cualquier barbería y que son el fruto de los viajes del autor para documentar la pieza teatral.  Las crónicas inician un recorrido que se inicia en Lagos y continua en Accra, Kampala, Johannesburgo y Harare. Pero la conexión de todas estas escenas están en la peluquería Three Kings de Peckham, barrio londinense conocido como “la pequeñas Nigeria”. Allí se reúne algún familiar, un conocido, un amigo de un amigo. Y todo transcurre en un mismo día de abril de 2012 con el mundo del deporte pendiente de la semifinal de Champions League entre Chelsea y Barcelona.

La jornada comienza antes de las 6 de la mañana en Lagos cuando un joven necesita un urgente corte de pelo antes de una entrevista de trabajo. Se traslada a Accra donde un padre primerizo busca consejo sobre su cómo afrontar la paternidad y el viaje se alarga hasta Kampala para discutir cómo las leyes antihomosexuales están afectando las exportaciones del país. En Johannesburgo un vecino arremete contra Mandela por defraudar a su pueblo al dejar impune a los partidarios del apartheid y el chimurenga, género musical zimbabuense, es el tema a debatir en Harare. Ellams nos lleva por el continente pero siempre vuelve a Londres donde la trama principal se centra en la tensa relación entre Samuel y Emmanuel.

Barber Shop Chronicles es una recopilación de instantáneas compartidas en torno a un cortapelos. El texto se acelera para la burla, se incendia en el debate político, social y religioso y se detiene a la hora de admitir la culpa. La audiencia es testigo de unos diálogos que van más allá de la cotidianidad. La peluquería es el bar para miles de africanos que hablan sin concesiones y sin miedos. Y el peluquero escucha, asiente y niega.

El servicio no se limita a un simple corte de pelo. Se va a pedir consejo sobre relaciones amorosas, las diferencias generacionales o cómo iniciar el último gran negocio para hacer dinero. Pero también hay cabida para aliviar las preocupaciones. ¿Por qué se evita hablar de la salud mental de unos hombres enfrentados al racismo, la migración o los secuelas de una herencia colonial? ¿Cuáles son las expectativas que tiene la sociedad puesta el hombre negro?

La obra de teatro también profundiza en la búsqueda de la identidad. “¿Puedo venir mañana? Sólo para sentarme y hablar”, dice Ethan, uno de los personajes que bien puede ser el alter ego de Ellams. El autor, al mudarse a Londres, vio cómo la comunidad afrocaribeña de Peckham lo invitaba a pasar las horas en la peluquería y el personaje es una representación de todos esos jóvenes que no sólo van a cortarse el pelo sino luchar contra la soledad, enfrentarse al choque cultural y buscar la identidad de un joven negro en el Reino Unido. Y entre bromas se aparenta pero se echa de menos el hogar porque “todos somos huérfanos fuera de África, de nuestra tierra”

Por eso Inua Ellams lleva las historias África y las hace identificables en cualquier ciudad del continente. Cambia la escenografía, los personajes, el huso horario pero no las conversaciones e inquietudes de unos hombres que se preguntan qué significa ser un hombre negro. Y en la búsqueda siempre hay una peluquería que sirve de anecdotario y un peluquero al que calentarle la oreja. Porque “incluso en las malas épocas, el peluquero siempre está disponible para la comunidad”.

La poesía es mi manta: lo cotidiano como práctica creativa

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Por Camila Monasterio

Algo maravilloso ocurre en el acto creativo. De la nada emerge aquello que con un lenguaje propio nace para contar algo. Deseos, dolores, filosofía. Lo que sea que, conectando vísceras e intelecto, nos mueve hacia la expresión artística. Hay tantas maneras de crear como espíritus potencialmente creativos, y tantas posibilidades de participar del arte como maneras de entenderla y vivirla. En este sentido, ponerse a la obra en colectivo es un experiencia en la que el proceso de gestación, que suele ser algo íntimo, ha de darse con la confianza necesaria para que cada quien vuelque la parte de sí que quiera poner en el todo.

En ‘La poesía es mi manta’ ese espacio de intercambio ha servido para construir un espectáculo teatral donde se remezclan textos, versos y música. El objetivo es asomarse a los lados de las fronteras, hablar de cómo esas brechas geográfico-políticas, pero también cotidianas, nos impiden no sólo movernos libremente sino conocernos unos a otros en calidad de iguales. Porque en este collage escénico narrado de forma coral se traza el itinerario de un viaje, que aunque en inicio parezca el de aquel que marcha de África para llegar a Europa, es más bien el que hace el espectador al ponerse en la piel de quien está narrando su historia.

Las fuerza de ‘La poesía es mi manta’ reside, precisamente, en el poder de la primera persona. El relato no tiene sombra de duda en cuanto a su veracidad, ni está afectado del paternalismo que puede acompañar la representación de un drama cuando se mira desde fuera. Los y las protagonistas cuentan cómo dejan atrás a su gente, sufren el racismo y la persecución policial, sienten esa mirada a veces de sospecha, a veces de condescendencia y tratan de salir de la precariedad. Puestas en escena, poesía y música son el lenguaje con el que se narra, encontrando resonancias en quien observa que van más allá de los hechos que se desvelan.

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Este espectáculo es una apuesta por conectar ambas orillas del escenario, e ir incluso más allá. Porque la dureza de la vida de las personas extranjeras, simplemente por serlo, es apenas conocida por quienes la padecen o por sus relaciones más cercanas. Y la justificación de por qué quienes migran merecen sólo una vida de segunda se acepta tácitamente por la sociedad, normalizando el racismo y la xenofobia. Pero un discurso articulado en el odio y el prejuicio se desmonta, simplemente, mirándose a los ojos y buscando ese lazo común. Y para eso, el teatro es un contexto poderoso. Por su desnudez y crudeza, y por su falta de artificios, es capaz de reproducir esa atmósfera de confianza inicial donde los integrantes de este grupo teatral compartían lo íntimo que finalmente, tablas afuera, se hace público.

El colectivo está compuesto por personas que un día decidieron migrar pero también por otras autóctonas que forman parte redes activistas de apoyo mutuo, o por aquellas que comparten afinidades artísticas que van desde la música, la escritura o el teatro. Lo que une a este grupo heterogéneo es, más que nada, el placer por esos versos, melodías y puesta en escena. El rap, el soul, la poesía. Composiciones propias entreveradas con otras del autores/as de renombre que desdibujan, precisamente, esa firma con nombre propio para hablar de lo universal.

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Así, un poema de Ibrahim Sall y una adaptación libre en castellano de ‘A change is gonna come’ de Sam Cooke, son piezas del mismo fresco que también componen el rap ‘Me voy’ de Serigne Mbaye o ‘Sin Papeles’, una canción reggae en voz de Dieumba Cissé. En este grupo amateur no escasean las habilidades artísticas y cada quien, desde su lugar, aporta su prisma al mural que acaba por mostrarse con complejidad y riqueza. Además, la compañía en sí misma es una experiencia de convivencia, una muestra de que sí es posible un entendimiento, un ir más allá de la piel. Una transformación del paisaje atravesado por barreras, puesto que donde no había cruce de caminos, hoy hay un territorio mestizo.

‘La poesía es mi manta’, además, ha lanzado una campaña de crowdfunding para editar su banda sonora en cd y consolidar la compañía. Quienes colaboren como mecenas contribuirán para que el proyecto se convierta en una fuente de formación y autoempleo para sus integrantes. El dinero, además de ser destinado a la grabación, producción y edición del disco (que será producido por Santi Mijarra-Bass Culture Players), también servirá para realizar cursos de interpretación, canto y se invertirá en la creación de ropa cosida por los sastres/intérpretes de la compañía. Todo un desborde de sueños en tiempos donde la solidaridad merece ser sembrada.

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

África se revela en la II Muestra Itinerante de Cine Africano de Colombia (MUICA)

Película ‘Un hombre que grita’, del director chadiano Mahamat-Saleh Haroun (2010)

Negro soy
Negro soy desde hace muchos siglos
poeta de mi raza, heredé su dolor.
Y la emoción que digo ha de ser pura
en el bronco son del grito
y en el monorrítmico tambor.
El hondo, estremecido acento
en que trisca la voz de los ancestros,
es mi voz.
La angustia humana que exalto
no es decorativa joya para turistas.
¡¡Yo no canto un dolor de exportación!!

Jorge Artel
Poeta y escritor Afrocolombiano

No. No es raro. Es esencial y fundamental que haya un festival como la II Muestra Itinerante de Cine Africano (MUICA) en Colombia. Porque trae urgencia y es capaz de quebrar los engaños cobardes. Hace falta cultura para sensibilizar y visibilizar. Pero España. Es esa parte de la historia que en la Península Ibérica no estudiamos y sin llegar a comprender cómo es posible que en Colombia haya negros, se asume que siempre estuvieron allí. Se nos ha privado de la explicación de que fueron los españoles quienes enmarcados en las luchas imperialistas conquistaron –que no descubrieron– un territorio a golpe de credo y espada. Cuando hubieron evangelizado en las hogueras a los que no pensaban que los fines de los Reyes Católicos fueran los más ortodoxos necesitaron más y más mano de obra para seguir expoliando el Virreinato de Nueva Granada (Panamá, Colombia, Venezuela y Ecuador). Y es aquí cuando entra en juego África.

Los negros africanos llegaron a Colombia procedentes de al menos siete regiones de África como herramientas destinadas al trabajo físico y alienados de sus culturas. Estas raíces con regiones como Senegal y Gambia, Costa de la pimienta, Costa de oro, Golfo de Benín, Golfo de Biafra, África Central y África Occidental, y una veintena de etnias africanas diferentes han conformado un auténtico crisol. Dentro de la población negra o afrocolombiana se pueden diferenciar cuatro grupos importantes: los que se ubican en el corredor del pacífico colombiano, los raizales del Archipiélago de San Andrés Providencia y Santa Catalina, la comunidad de San Basilio de Palenque y la población que reside en las cabeceras municipales o en las grandes ciudades, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Y las cifras que aporta el último censo oficial realizado en 2005 –hace 12 años– es que en Colombia hay más de 4 millones de afrocolombianos, en concreto: 4.311.757 personas, el 10,62% de la población total del país (49 millones).

Al igual que el lema nacional jamaicano “Out of Many, One People” (De muchos, un pueblo) o el himno nacional trinitario “Aquí cada credo y raza encuentran un lugar igual”, la visión de Colombia es que es una nación esencialmente mestiza y que la negrura o el indigenismo no son necesariamente ignorados: ambas tienen historias largas y con frecuencia forman parte de las representaciones nacionales. Pero los valores coloniales que privilegiaron la ligereza del color de la piel como un signo de estatus social o como el supuesto destino nacional parece que siguen siendo omnipresentes. 

Bajo este paraguas se presenta la II Muestra Itinerante de Cine Africano (MUICA) que durante 30 días inundará las salas de cine alternativo, universidades, centros culturales, bibliotecas, colegios y barrios en Bogotá (3 al 9 de mayo), Cali (10 al 16), Cartagena (24 al 31) y Providencia (2 al 10 de junio). Un catálogo con 20 películas sobre África y su diáspora durante el mes de la herencia africana en Colombia y del que Wiriko participa como medio de comunicación aliado.

Tres secciones componen la muestra: Hecho en África, selección principal de películas realizadas por cineastas africanos; Otras Miradas, compuesta por títulos que abordan temáticas africanas dirigidos por realizadores no africanos; y Diáspora, que incluye historias que giran en torno a la afrodescendencia en el mundo. Las proyecciones serán presentadas por miembros del equipo de producción y programación, y algunas de ellas contarán con la presencia de expertos locales que estimularán la discusión en torno a temas relacionados con el contenido de las películas.

El cineasta camerunés Jean-Pierre Bekolo acompañará la MUICA 2017 en su paso por Bogotá, presentando Las Sangrientas y El Presidente, dos películas que lo han consolidado como una de las voces de vanguardia en la escena cinematográfica africana. La MUICA 2017 también presenta el taller de cine africano África ReXiste en Cali y Providencia. El taller hace una exploración por los antecedentes e inicios del cine en África, y busca despertar reflexiones sobre la influencia del arte y del cine en el desarrollo de la historia.

Entre los trabajos que presentará la Muestra destacan el documental Mandela, el mito y yo, que cuestiona el legado del icono de la reconciliación en la Sudáfrica actual; La Piragua, que trata sobre la compleja realidad de la migración africana hacia Europa, esta vez desde la perspectiva de los viajeros, y que fue seleccionada para la sección “Una cierta mirada” del Festival de Cannes; Afronautas, que cuenta la historia real de Matha Mwamba, escogida en 1964 por la Academia Espacial de Zambia para ser la primera mujer africana en el espacio; o Capitán Thomas Sankara, una semblanza del revolucionario presidente de Burkina Faso, reconocido por algunos como el “Che” africano y asesinado en 1987.

La música también tendrá su espacio con trabajos como Death Metal Angola, que documenta la determinación de unos jóvenes por hacer el primer festival de este género musical en su país; Apenas abro los ojos, que narra la historia de una joven que canta rock de resistencia política, con las delicadas implicaciones sociales y culturales que esto tiene en la sociedad tunecina todavía sometida a una dictadura; el corto experimental musical Disonancia, que ha participado en 12 festivales internacionales en el 2016; y Mama África, que nos cuenta la vida de la gran cantante y activista sudafricana Miriam Makeba.

Habrá cine para todos los gustos y públicos en esta Muestra Itinerante de Cine Africano, una iniciativa de la fundación Otro Sur, que trabaja para promover el intercambio cultural entre África y América Latina, coproducida por la corporación Artes Vivas y apoyada por el Ministerio de Cultura a través de la Corporación Gaia Lúdica y Cultura. Esta muestra también cuenta con el apoyo de USAID, la Organización Internacional para las Migraciones – OIM, el Centro de Estudios Afrodiaspóricos (CEAF) de la Universidad ICESI de Cali, el Museo La Tertulia, la Consejería Cultural de la Embajada de España en Colombia, la Embajada de Francia, el Instituto Francés, el Instituto Goethe, la Embajada de Suiza, el Instituto Distrital de las Artes – Idartes, el Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal – IDPAC, la Universidad Jorge Tadeo Lozano, EK Hotel, el Centro de Información de Naciones Unidas y más de 30 organizaciones a nivel nacional e internacional.

Para ver el catálogo completo de películas en el MUICA pincha aquí

Cuentos y música africanos para descubrir la tradición oral del continente

*Por Alicia Justo

Los cuentos tradicionales africanos han permanecido en el acervo cultural de muchos de sus habitantes con el desafío de haber sobrevivido al paso del tiempo. Rescatarlos supone su revalorización, al mismo tiempo, que sirve de escaparate a la cultura tradicional africana.

Una de las iniciativas creadas en esta línea es la puesta en escena del espectáculo de cuentos y música africanos Suenan las noches en Senegal de la narradora y escritora Ana Griott y los músicos Hermanos Thioune. Las historias están recogidas en el libro El dragón que se comió el sol y otros cuentos de la baja Casamance, de la propia Griott quien reunió en este volumen una serie de cuentos populares que rondan desde hace muchos años en el imaginario de las gentes del sur de Senegal. La música la ponen los Hermanos Thioune con instrumentos de cuerda como la guitarra española o la kora. La inclusión de la también conocida como arpa africana es un guiño a los griots, puesto que ellos destacan por narrar historias reales y mágicas a través de la música y la palabra, como si de trovadores se tratara.

Esta adaptación al mundo actual pretende ser un reflejo de lo que antaño se vivió en aldeas y ciudades de Senegal cuando las nuevas tecnologías no habían modificado las relaciones interpersonales. A estas tierras no llegaban los libros, de modo que eran las personas mayores las que actuaban como bibliotecas personificadas reuniendo en el centro de las casas, al caer la noche, a los niños y jóvenes. A través de historias protagonizadas por personajes reales y fantásticos como serpientes pitones, sirenas o dragones trasladaban a sus oyentes a mundos mágicos. El cierre de estos cuentos siempre era una moraleja, una enseñanza moral que los más sabios del lugar querían regalar a su público.

Por ello, sus creadores intentan demostrar que en un mundo materialista se puede educar y entretener sin necesidad de acudir a lo tangible, solo con una historia bien hilada, música y color. Además, es una vía para visibilizar la existencia de largas tradiciones que aún perviven. “África está viva y existe con sus tradiciones. El problema es que Europa desconoce el continente y por eso el arte intenta enseñar a África como algo real, que existe y que no siempre está ligado a conceptos negativos como miseria o enfermedades”, argumenta el compositor de la obra, Khaly Thioune.

El arte como herramienta de multiculturalidad

La representación de cuentos es una de las ramas artísticas que manejan desde la empresa senegalesa afincada en Las Palmas de Gran Canaria Hermanos Thioune. Uno de sus fundadores, Khaly Thioune, reconoce que su propósito a la hora de iniciarse en este proyecto era “hacer del arte una herramienta de multiculturalidad, tolerancia y solidaridad“. Y desde su creación en 2009, ha logrado diversificarse en varias áreas como la danza, a través de la impartición de talleres; de la música, con la realización de conciertos; y de espectáculos, como la propia representación de los cuentos o shows de temática africana.

Thioune es licenciado en Artes Escénicas por la Escuela Nacional de Arte de Senegal, aunque se inició en el mundo artístico cuando era un escolar en su natal Bambey donde tocaba percusión, bailaba y hacía teatro. Desde su llegada a Gran Canaria en 2002 para ejercer como profesor de Cultura y Música Africana en la Universidad Popular de Las Palmas de Gran Canaria, ha trabajo en esa doble dimensión de potenciar el arte y mostrar un África alejada de estereotipos, donde también se respira arte y cultura como en otras partes del planeta.

Su labor tuvo un reconocimiento especial en 2012 cuando el Gobierno de Canarias le concedió el Premio Individual Joven Canarias por su labor en defensa de la interculturalidad y multiculturalidad.

La compañía está formada por 20 personas que son en su mayoría de origen senegalés y se han formado artísticamente en su país. Aunque han realizado pequeñas incursiones en su tierra, han desarrollado su faceta profesional en Europa donde trasladan todos los conocimientos adquiridos en Senegal.

Con su música, bailes y espectáculos han llegado a festivales como el Womad de Cáceres y Las Palmas de Gran Canaria en 2009, el África Vive de Casa África desde 2011 a 2015, el Rototom Sunsplash de Benicassim desde 2010 a 2016 o el Bimbache Jazz Festival de El Hierro desde 2013 a 2015.

– Suenan las noches en Senegal se representará el 2 de mayo de 2017 en la sala OFF Latina a las 20:30 horas.

 

Alicia Justo es licenciada en periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Periodismo Internacional de la UNED y Agencia EFE. En la actualidad lleva la comunicación y gestión de redes sociales de Hermanos Thioune.

Pasaporte Español, Raíces Africanas: Begoña Bang-Matu

Hablar de mi misma siempre me ha costado un poco, abrir el corazón sin que duela… es difícil y también por no conocer mucho de donde vengo. Mis orígenes africanos, vienen de Guinea Ecuatorial. Hablaré de mi abuelo: Motuu M’abegue (nombre fang).
La  sociedad Fang, está dividida en clanes, llamados ‘tribus’ en España. Motuu M’abegue, hombre del clan Nzomo, era el cabeza de familia. Hombre muy influyente por su carisma y por ser un hábil comerciante, considerado como una especie de rey en la zona, también por tener muchos recursos materiales lo que a su vez le permitió tener varias esposas. A la llegada de los colonos fue un interlocutor y mediador, le nombraron jefe principal de Nzomo.
Durante un tiempo, todo fue bien, pero a mediados de los años 30, la cosa cambió. Guinea quería que en la Peninsula (España) se supiese de las verdaderas necesidades del pueblo guineano, y enviaron a un abogado que acudiese para comunicar todo esto. Pero los colonos, acusaron a Motuu de traición y le desterraron. Volvió a su ciudad, siendo un anciano y muy cansado.
Envió a varios hijos a estudiar a España. Uno de ellos, Federico Bang-Matu, llegó para estudiar la carrera de Económicas y trabajó en la Embajada de Guinea Ecuatorial en España.

Begoña Bang-Matu

Mis padres se conocieron estudiando, imagino que fue un choque social verles juntos por las calles de Madrid, paseando del brazo. Por su muerte temprana, apenas pude conocer a mi padre, que falleció cuando yo tenia 6 años. Y aunque no conozco a mucha familia de mi padre, si he tenido ocasión de conocer a muchos tíos y primos que han venido a visitarnos. También están aquí, en España, otros primos y tíos que como mi padre vinieron a estudiar y formaron sus familias aquí.

Begoña Bang-Matu

Siempre me gusto cantar y bailar, de hecho de niña no hacia otra cosa. Por mediación de uno de mis primos, empecé a cantar R&B en un grupo llamado La Noche de la Iguana… Para mí era super divertido, ya que teníamos ensayo los viernes por la tarde noche y por aquél entonces, yo era menor de edad y no salía. Pero al ir con mi primo, mi madre me dejaba cantar.

Así empezó todo, de forma muy divertida… Más tarde, continué con el grupo Malarians y ahí es donde empezó mi andadura profesional dentro de la musica jamaicana. Para mí, un honor y sobre todo una responsabilidad que se me considere la primera mujer en el Estado que canto rocksteady.

Continúo trabajando con otros artistas y aprendiendo de cada experiencia…, ya que todo esto es aprendizaje continuo.

Tengo pendiente con mis primas ir a Guinea y conocer a esa gran família que tengo allí, para todos, sería un gran motivo de celebración.
————————
*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Pasaporte español, raíces africanas: Kathy Sey Asare

Soy Kathy Sey Asare, tengo 25 años y soy cantante y actriz. Ya desde pequeña me inclinaba hacia la rama artística. Con mis hermanas siempre cantábamos y montábamos unas coreografías geniales y de niña siempre me montaba muchas historias y tenía mucha imaginación. A parte de eso vengo de familia de artistas. Mi abuelo por parte de padre tocaba el violín, mi padre es cantante y batería-percusionista y mi madre y su familia siempre han cantado en la iglesia, así que el amor por el arte me viene de herencia.

 

Hoy en día puedo decir que vivo de lo que más me gusta hacer. Soy cantante de la formación de gospel THE SEY SISTERS con el que sacamos nuestro primer disco en 2015 llamado ‘Let freedom ring’ y también de la banda de funk/soul/black music FUNKYSTEP & THE SEY SISTERS con la que sacamos nuestro primer disco en 2016, ‘A Matter of Funk’. Canto en más formaciones pero éstas dos son las más personales. Y como actriz he actuado en distintas obras de teatro desde que terminé mis estudios en Arte Dramático en la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) Eòlia. Actué dos años consecutivos en el Festival Grec de Barcelona y he participado en un par de cortometrajes y en una película.

Hace 33 años mis padres vinieron de Ghana cuando mis hermanas mayores tan solo tenían 4 y 1 año. Vinieron porque a mi padre, junto a su grupo de música, le ofrecieron hacer una gira por distintos hoteles en Cataluña. A mi padre le gustó y vió la oportunidad de quedarse a vivir aquí y traer a su mujer y sus hijas pequeñas con él. Dicho así suena muy fácil pero estoy segura que no lo fue en absoluto. Dejar a toda tu familia, tus amigos, todo lo que conoces, todo lo que has sido hasta entonces para irte a un lugar en el que no hablan la misma lengua que tú, que tienen otras costumbres, y que está muy lejos de lo que tu conocías… no creo que sea una situación fácil para nada ni para nadie.

Foto de la familia Sey.

 

Se establecieron en Hostalets de Balenyà, un pueblo cerca de Vic (Barcelona) porque tenían algún amigo por la zona, pero eran de las poquísimas familias negras que había en el pueblo en esa época. Mi padre se iba a trabajar y mi madre se quedaba en casa con las dos niñas intentando comunicarse como podía con los vecinos. Por suerte se encontraron con gente dispuestos a ayudarlos.

Unos 7 u 8 años más tarde nacimos mi hermana gemela y yo en Vic. Así que yo he nacido, he crecido y me he criado en Cataluña pero mis orígenes y mi familia son de Ghana. Y es curioso porque a veces, con ese afán que tiene la sociedad de catalogarlo y poner una etiqueta a todo, no he sabido exactamente a qué “categoría” pertenezco. Hace unos años oí que se hablaba del concepto “nuevo catalán” o “nuevo español”, y no me siento identificada con eso en absoluto. Me da la sensación que se ha tenido la necesidad de crear un concepto nuevo para aquellas personas que hemos nacido aquí pero somos de otro color o nuestro origen no se encuentra en España. ¿Qué necesidad hay en ello?

Creo, o quiero creer, que no vivimos en una sociedad racista, pero lo que sí es cierto es que el racismo ha dejado huella en nuestra sociedad y que aún se tiene que trabajar muy duro para llegar a la igualdad. Como actriz, me estoy encontrando con este “esfuerzo extra” que tengo que hacer por el simple hecho de ser negra, es como que esta característica mía pese más que cómo pueda actuar o cantar y no creo que deba ser así, y en esto está trabajando muy bien The black view, una plataforma que quiere dar visibilidad a actores y actrices negros que están en toda la geografía española.

Me siento muy afortunada de poder trabajar de lo que más me gusta, de tener la familia luchadora que tengo y de tener mis raíces y familia en Ghana. Hay que seguir trabajando para que esta sociedad realmente sea integradora y que la gente deje de tener miedo de lo distinto, lo desconocido y lo diferente y estoy dispuesta a trabajar por ello.