Pasaporte español, raíces africanas: Diara Ballo Asenjo

El fundador del Imperio de Malí fue Mandika Sundiata Keita, que, a partir de su pequeño estado de Kangaba, unificó una vasta región, de la que ya formaban parte en 1235 las ricas tierras del Níger y sus minas de oro.

El que fuera rey fundador del Imperio de Malí nació en 1217 en Niani, la actual Guinea, y era hijo del rey Maghan Kon Fatta, perteneciente al clan de Keita, quien controlaba un pequeño territorio.

La conocida como Carta de Kurukan Fuga o Carta del Mandé está considerada como una de las primeras declaraciones de Derechos Humanos de la Historia que consagra, entre otros aspectos, el respeto a la vida, el derecho a la educación, la libertad de expresión y la protección del Medio Ambiente. 

A finales de 1236, Sundiata Keita, recién coronado emperador de Malí, convocaba a todos los jefes guerreros y notables en el claro de Kurukan Fuga para la proclamación de una serie de leyes y normas.

Esta es una breve parte de la historia de lo que es uno de los países de mayor extensión de Africa del Oeste y que alberga varias etnias.

Yo soy Bambará.

Diara Ballo

Mi nombre es Diara Ballo Asenjo, y tengo 28 años. He nacido y crecido en Barcelona y soy de origen africano y español. Mi madre es de un pueblo de Castilla y León, al ladito de Ponferrada.

Soy administrativa e interprete de lengua de signos titulada. La relación que tengo con el arte es que tengo una marca de ropa, junto a mi pareja y mi padre, que actualmente en pausa, por cambio de local y jubilación de mi padre (él es sastre, de ahí me viene). Confecciono prendas de Prêt-à-porter con telas africanas y estas prendas van ligadas a la música, a artistas que quieren llevar esas prendas para “representar” la diáspora africana.

Mi padre es de Mali, de Segou una ciudad a 237 quilómetros de Bamako, la capital, y sé de donde provengo, porque fui desde muy pequeñita, igual que al pueblo de mamá. Para mí, era algo muy normal, ir un año al pueblo de mamá y otro al “pueblo” de papá. De hecho pensaba que para todos los niños era igual, creía que ellos también iban a África un año y al otro año, al pueblo de sus madres, porque además pensaba que todos los niños tenían un papá africano.  Nunca noté ni hice diferencias en mi doble identidad por qué era una cosa tan normal en mí. Con papá hablaba francés y con mamá castellano. En el colegio les dijeron a mis padres, que mejor que no aprendiera francés porque a veces lo mezclaba, qué mejor de más mayor, si eso. Mis padres no les hicieron caso. Menos mal.

A lo largo de mi vida, he atravesado varias “crisis” de identidad. No tiene por qué tener una connotación negativa ni mucho menos. Eso, claro, lo veo ahora. Ahora que ya se lidiar con ambas identidades.

Los padres de Diara Ballo.

Mi educación también ha sido doble, porque mi padre me inculcó, valores y tradiciones africanas, y al haber nacido y crecido en entorno occidental, inevitablemente, también he adoptado esta. Pocas veces, (o ninguna) se habla de estas “crisis”, ya que cada uno, nos vamos construyendo, a nosotros mismos, pero en la adolescencia, es caótico. Por qué te sientes solx, y no tienes otro apoyo u otro referente.

Me gusta poder compartir un plato de Tigadegué (o Mafé, arroz con salsa de cacahuete) con mis amigos, y también unas patatas con alioli. Llevar mi afro suelto o recogido con una tela wax, o trenzarme y poderme alisar el pelo, porque quiero, no por imposición y no por qué mi pelo sea “malo”, por que NO lo es. Es el mejor, y es mío y ahora que lo conozco, no quiero otro.

La familia de Daira Ballo.

Esa es la doble identidad que vivo. Y me gusta, de hecho, me encanta. Y es una realidad, no por ello he de ser una persona migrante, o qué no me “integro” en la sociedad española, porque ya estoy integrada. Más bien la sociedad española, no quiere integrarse a las demás culturas. Y qué pena.

Cuando una comunidad es (injustamente) oprimida durante mucho tiempo, sin duda, volverá con más fuerza. Y esta fuerza está aquí. Mujeres y hombres, y nos toca a nosotros hablar por nuestra propia voz y no ser el complemento circunstancial de un movimiento, sino el complemento directo.

Diara Ballo

Myles Sanko por Simon Buck.

Myles Sanko: “En África está todo rítmicamente conectado”

Sus fotografías. Sus videoclips. Su vida. Todo en él está marcado por una dicotomía: el blanco y el negro. No es casual que su EP debut, que apareció en 2013, se llame Born In Black and White (Nacido en Blanco y Negro). “Nací en Accra, de madre ghanesa y padre bretón, del norte de Francia. Pasé los 16 primeros años de mi vida en Ghana, antes de trasladarme a Cambridge”, cuenta Myles Sanko, la nueva sensación del Soul-Jazz británico.

Después de arrasar con su primer álbum Forever Dreaming en 2014, 2016 fue el año en que Myles realizó su álbum más personal, Just Being Me. Hoy, a punto de cumplir 37 años, se ha convertido en una de las voces más cotizadas y frescas de Europa. Siendo considerado uno de los renovadores de la música británica, pocos saben o reconocen la herencia africana de esta voz a caballo entre dos ciudades: Accra y Cambridge. Y antes de que vuelva a pisar la península ibérica para la presentación de último LP, nos ha brindado generosamente unos minutos de su tiempo, en los que hemos podido desgranar más sobre su carrera y sobre su parte más africana:

Myles Sanko por Simon Buck.

“No cambiaría mis orígenes por nada del mundo. Nacer de dos culturas tan distintas me ha permitido ver ambos lados de la realidad. Me siento absolutamente agradecido de que mis padres decidieran estar juntos y me permitieran experimentar la vida desde diferentes ópticas”, explica Sanko.

Y supongo que diferentes realidades significa también diferentes lenguas, ¿verdad?

Por supuesto. Mis lenguas maternas son el Akan, que se habla en Accra, y el Ewe, la lengua de mi madre. Pero también hablo perfectamente francés, que es la lengua materna de mi padre. El inglés, por supuesto. Y el italiano. A parte, también estoy aprendiendo checo y español…

¡Dios mío! Y en España la gente se cree que somos políglotas por ser bilingües en el mejor de los casos… A menudo nos olvidamos de que África nos pasa la mano por la cara en estas cuestiones, ¿verdad?

Somos absolutamente injustos cuando juzgamos África. África tiene un lugar irremplazable en mi corazón. Nací y crecí en África. Mi madre es africana. Y aunque vivo en Cambridge estoy muy conectado con el continente. África es un continente muy joven, que ha estado sujeto a muchas penurias, empezando por la colonización y los siglos de esclavitud… Pero tendrá su día. Un país como el mío, Ghana, fue uno de los primeros en conseguir la independencia. Pero hoy en día, tener independencia no significa absolutamente nada. Puedes tener libertad y a la vez seguir amarrado. Mi generación sigue sufriendo del trauma colonial, que acarrea de la generación anterior, y cuesta a veces celebrar África más allá de los problemas… Es difícil, a menudo, salir del pensamiento de que Europa es mejor en términos de conseguir mejores trabajos o pensar que lo que vemos en la televisión es mejor que nuestra forma de vivir. A mi me gusta celebrar África por lo que es. Estoy super orgulloso de ser africano. Y estoy seguro de que le llegará el día. Y espero que no esté muy lejos.

¿Y cuales son tus mejores recuerdos de tu infancia en Accra?

Vivíamos en Tema, cerca de la playa. Un lugar precioso. Mi mayor recuerdo es cómo todo, la vida, las personas, estaba ligado al ritmo. En África está todo rítmicamente conectado. En la infancia, vivíamos al lado de un carpintero. Recuerdo que cuando trabajaba, siempre martilleaba con ritmo. “Tatatá – tatatá – tatatá…”. Eso me parecía fascinante. Había ritmos por todos lados. Cuando iba a la playa, me encantaba ver a los pescadores. Entre seis y diez hombres empujaban sus canoas al mar para ir a pescar. Y para empujar juntos, lo hacían a ritmo, cantando y empujando a la vez. Toda mi infancia está impregnada de eso. En África hay música en todos lados. La música es parte de todo.

Además, Ghana ha sido y continúa siendo el epicentro de la creación musical más puntera del continente. Desde el highlife de los años cincuenta hasta los Afrobeats de hoy… ¿Te ha influenciado mucho la música ghanesa en tu carrera? 

¡Por supuesto! Crecí escuchando Highlife y muchos otros estilos africanos. Todos esos ritmos están en el sustrato de mi propio sonido. Porque forman parte de mi manera de pensar y vivir. Todos esos ritmos que escuchamos y creemos que son americanos, en realidad, son africanos. La música negra norteamericana está cimentada en ritmos africanos…

Myles Sanko por Simon Buck.

Recientemente, en España, se ha presentado un documental extraordinario – Gurumbé– que explora las raíces africanas del Flamenco. En una entrevista que te hicieron el año pasado en El Periódico hablabas sobre las semblanzas entre el Flamenco y el Soul. ¿Crees África está en la raíz de todo eso?

No tenía ni idea de las raíces africanas del Flamenco. Me parece super interesante. Pero cuando hice referencia a las similitudes entre el Soul y el Flamenco, básicamente me refería a que son dos estilos que evocan sentimientos muy profundos. Creo que ambos estilos conectan con un aparte muy profunda del ser. Pero no se trata de hallar África en todos los ritmos. Porque al final, los ritmos son humanos y pertenecen a todo el mundo. Tratar de categorizar o etiquetar los sonidos no está bien. Los sonidos deben ser lo que son, sin necesidad de comprenderlos. Solo están entre nosotros para disfrutarlos. Para conectarnos entre nosotros.

¡Sabias palabras! 

Vamos a avanzar en tu biografía, cuando empezaste a vivir de forma permanente en Inglaterra. ¿Qué hacía Myles Sanko cuando tenía 20 años? 

La comida es una de mis pasiones. A los 16 años, cuando estaba en el instituto, ya asentado en Cambridge, empecé a trabajar como lavaplatos en restaurantes. Y empecé a desarrollar una gran pasión por la cocina, aunque esa pasión siempre había sido parte de mí. Así que a los 20 años me convertí en chef. Y trabajé cocinando comida hasta que decidí dedicarme cien por cien a la música. Me enamoré de la música a través del Hip Hop, y eso fue la chispa que encendió mi interés para dedicarme a ella. El Hip hop era la progresión natural del Funk, el Jazz, el Soul, el Blues… Así que gracias al Hip Hop me encontré con todas las raíces de la música negra norteamericana.

Como el que identifica cada ingrediente de un plato estrella… ¡Qué interesante! Parece que nutrirnos de buenos alimentos, ha sido una tónica en tu vida. 

¡Sí! (ríe). Para mí, cocinar o hacer música es algo muy similar, que calma la mente y el cuerpo en muchos sentidos. Mezclas ingredientes diferentes para crear algo que la gente pueda disfrutar, y que disfrutas tu mismo a la vez.

Y algo básico tanto en la cocina como en la música es encontrar el equilibrio entre los ingredientes que se utilizan, ¿no? No he probado tu cocina pero escuchando tu receta sonora, creo que el equilibrio y la armonía son una parte importante del proceso de creación. ¿Es esto responsable de que suenes tan maduro?

Para ser honesto, no me rompo la cabeza para conseguir ese equilibrio. No lo hago conscientemente. Supongo que para crear hay que estar en armonía con uno mismo. Simplemente hago lo que le sienta bien a mi corazón, lo que me suena bien… Está bien poder dar una pizca de “esto”, un poco de “lo otro”. Pero cuando se trata de crear, no hay una respuesta fija. Sale así.

Entonces, ¿simplemente se trata de ser honesto con uno mismo?

Supongo. Aunque cada cual tendrá su fórmula. Siempre que lo que haga me haga feliz, y que los demás puedan verlo y entenderlo, estará bien.

Cuando compones, bebes de un montón de fuentes. Son evidentes influencias desde Staple Singers a la música disco más ochentera. Pero: ¿eres más del Soul de Motown o de Stax? ¿Te gusta más el Jazz neoyorkino o los oldies a lo New Orleans? 

Me encantan los productos de Motown y de Stax. Estoy bastante en medio. Aunque diría que el Jazz que me gusta es el de Nueva York, ¡por supuesto! Aunque aún estoy explorando y conociendo el estilo. Pero cuanto más intentas conocer algo más tienes que buscar en ti y no fuera. Si no viene de dentro, nunca hallarás nada interesante por más que explores.

Tu primer EP suena bastante más “british”, incluso Northern Soul, que los posteriores LPs, que tienden más al Jazz… ¿Has hecho una especie de transición hacia un sonido más americano no?

El northern Soul no es británico técnicamente. No deja de ser Soul, y tiene las raíces que tiene. Pero no estoy muy en esa línea. Creo que los músicos con los que trabajo, que son británicos, pueden transmitir un poco esa sonoridad. Porque los sonidos trascienden fronteras en muchos sentidos. Obviamente lo puedes encontrar en mis canciones. Pero no de una forma intencional.

Y si los sonidos pueden trascender fronteras, los artistas pueden adoptar multiples formas de expresión. Y ese es tu caso. Cuéntanos cuál es tu vínculo con el cine. 

Para mí el cine es una parte muy importante de mi creatividad. Cuando era joven y veía películas, siempre admiraba los ángulos en los que se ponía la cámara para filmar, y a veces incluso dejaba de prestar atención a la historia… Así que cuando llegué al mundo de la música, para mi los videoclips se convirtieron en una parte natural de mis creaciones. Me acuerdo cuando gravé mi primer videoclip, en 2007, que acabé tomando las riendo del equipo de cinematógrafos. Acabé dirigiéndolo yo, y cuando se tenía que editar, relegué al editor. Básicamente, porque sabía perfectamente lo que quería. Desde entonces, grabo, edito y dirijo todos mis videoclips.

Y vemos que te encanta jugar con la cámara. Como en el videoclip de Forever Dreaming, donde juegas con la mirada del espectador, como queriendo que se dé cuenta de que el cine es una falsa imagen… 

Me encanta enseñar lo que hay al otro lado de la cámara. Y que el espectador, cada vez que la cámara me enfoque a mí, sea capaz de ver también que detrás de la cámara está pasando algo, no solo delante del objetivo. Me gusta enseñar que hay todo un mundo detrás de lo que se enfoca… Me encanta que la audiencia vea mi perspectiva. Mi mundo.

Acaba de ver la luz otro de tus videoclips, el de This Ain’t Living… Un precioso vídeo con una pareja de ciegos como protagonistas, que también son mendigos y negros, y a todo lo que deben enfrentarse en su día a día…. 

Si. Es el segundo single de mi tercer álbum (Just Being Me). No es solo un videoclip, es un cortometraje. Y es una clara muestra de que, poco a poco, mi música me permite introducirme en el mundo del cine.

Y por acabar, ¿qué le dirías al público español para que se acerquen a verte?

Simplemente, ¡venid y vamos a conectarnos!

Muchas gracias por tu tiempo Myles, ha sido un placer gigantesco.

Gracias a vosotros. Disfruté mucho con la entrevista.

 

Estas son las citas que Myles Sanko tiene preparadas para la presentación de su álbum Just Being Me, este marzo en España:

Madrid –  Sala El Sol, miércoles 22 de marzo

Barcelona – Sala Apolo, jueves 23 de marzo

Murcia – Teatro Circo, viernes 24 de marzo

Burgos – Caja de Burgos, sábado 25 de marzo

Minna Salami: “El feminismo es la única ideología que atiende a todas y todos”

Foto: Carola Michaela Photography

*Autor invitado: Fernando J. Sánchez Jaén

Minna Salami (1978) es escritora y bloguera sobre feminismo y la diáspora africana, pero sobre todo, es una de las voces más reivindicativas y mediáticas dentro de la lucha por la igualdad. Desde su premiada bitácora MsAfropolitan reclama una revolución psicológica de la mujer. Es colaboradora habitual de medios como The Guardian o Huffington Post y su TEDx Talk de 2014 acumula más de 114.000 visitas. Está considerada, según la revista ELLE, como una de las doce mujeres que están cambiando el mundo. Wiriko ha tenido la oportunidad de tomar un café con ella para hablar de temas como la lucha por la igualdad de las mujeres, la política, la inmigración y otros problemas sociales.

Tras los últimos acontecimientos políticos se avecinan tiempos convulsos para la mujer y las minorías. Es en esta incertidumbre cuando la voz de Salami se alza con más fuerza y se vuelve más ácida que nunca. Una mujer con la que es difícil concretar una cita y con la que resulta más difícil aún definir su identidad con tres pasaportes distintos, pero si se insiste lo suficiente, pronto se averigua que nació en Finlandia de madre finesa y un padre nigeriano, que vivió diez años en Suecia (su tercera nacionalidad) y que también es londinense porque es donde ahora tiene su campamento base. Gracias a esa extravagante herencia biológica pronto comprendió que las cosas nunca son simples y que siempre hay algo en común, aunque a veces haya quienes prefieran resaltar las que separan.

FEMINISMO

Fernando J. Sánchez: Su formación es bastante interdisciplinar: estudiaste ciencias políticas, te especializaste en estudios africanos, luego te pasaste al marketing y la publicidad, y ahora eres una reconocida bloguera y activista feminista. ¿Qué es MsAfropolitan y cuál es su intención?

Minna Salami: MsAfropolitan es una voz que es mía. También es una voz que no es solo mía, es más grande que yo. Una voz que está en protesta contra el mundo y que no existe en ciertos lugares. Una voz que habla sobre feminismo, sobre la feminidad africana en una forma en la que antes no se ha expresado, al menos de la misma manera que ahora. También, es un espacio para explorar diferentes filosofías y expresar la mía. Quiero que a la gente que lo lea le entren ganas de cambiar las cosas, que sientan curiosidad, que es como se empiezan las revoluciones. Quiero que se pregunten si lo que tenemos ahora es lo que deberíamos de tener, o al menos, lo que queremos. Creo que mi blog puede ayudar a eso. También, quería llenar un vacío. Cuando hablamos de ideas siempre son los hombres quienes hablan sobre ello. Hay blogs sobre mujeres escritos bajo el punto de vista de los hombres. Siempre, son los hombres quienes marcan la agenda. Y mi blog está para interrumpir precisamente eso. Si estoy escribiendo algo sobre lo que tradicionalmente escriben los hombres, si es bueno, gracias a las redes sociales, se comparte y por la tanto, tú no puedes ignorar esa voz, no de la misma manera que podían hacerlo antes. Si más gente lee, más gente está informándose.

FJS: ¿Cómo describirías el feminismo en estos días?

MS:  Describiría el feminismo como una herramienta para la revolución, para el cambio global y la justicia social. Una cosa importante, feminismo no es solo una herramienta para el futuro, es el futuro en sí mismo. Tenemos que visionar en qué tipo de sociedad queremos vivir y cuando miro cualquier clase de ideología, no me ofrecen una sociedad en la que todo el mundo pueda tener su espacio. Pienso en el liberalismo o en el marxismo y no ves la voz de las mujeres. Buscas una sociedad igualitaria, pero ¿dónde están las mujeres? El feminismo es la única ideología que atiende a todos: mujeres, hombres, jóvenes, viejos, diferentes razas, diferentes clases sociales, diferentes sexualidades, a todos.

 

FJS: Entonces, ¿cómo hacer que el empoderamiento realmente funcione?

MS: Yo critico el término empoderamiento. Y vengo con un término mejor, re-empoderamiento. Pero, no es importante la forma del término ni el lenguaje. Lo importante es su significado, su esencia. Todo es volver al elemento revolucionario del término original. Empoderamiento es un eslogan publicitario que se ha quedado vacío, que es inútil. Pero, lo podríamos utilizar de forma política y revolucionaria, que es lo que deberíamos de hacer, porque originariamente lo era. Tenemos que limpiar su esencia y volver a convertirlo en un término revolucionario. Su significado original era precioso, poner el poder dentro de ti mismo. Solo hay que recordar a la gente lo que significa.

FJS: ¿Y eso no es tan fácil como parece?

MS: No, no es fácil, ese es el problema. Cuando el opresor controla tu mente, lo controla todo. El mayor problema que enfrentan las mujeres son los opresores que controlan nuestra mente, otras veces esos opresores son nuestra propia mente. Intento con mi trabajo deshacer el control de la mente de las mujeres. Recuperar tu mente. Cuando lo haces, al mirar términos como empoderamiento o feminismo con tu propia mente, lo entiendes de otra forma.

FJS: ¿Cuál cree que es el mayor reto que afrontan las mujeres hoy día?

MS: La opresión psicológica. Es muy interesante, porque las mujeres en Occidente tienen muchas libertades en comparación con la de otras partes del mundo. Tienen derecho a la educación, por ejemplo. Pueden hacer lo que quieran. Pero, la gran mayoría de las mujeres no son libres. Siguen eligiendo vidas en las que hacen la mayor parte del trabajo doméstico, hacen malabares para compaginar su carrera con el matrimonio y la vida doméstica. No tienen que hacerlo, pero lo hacen. Eso demuestra la importancia de la opresión psicológica. Nos hemos centrado en que la mujer debe poder entrar en política, que debe de tener igual salario que un hombre, etc. Eso está muy bien. Pero, si una mujer no está psicológicamente liberada no puede disfrutar de todas esas libertades. Porque sí puedes tenerlo, pero si no te liberas, sigues eligiendo lo que no quieres.

FEMINISMO Y ÁFRICA

FJS: Eres especialista en África y además, eres nigeriana ¿Cómo evaluarías la situación de la mujer en África?

África es un continente muy complicado. No podríamos generalizar. Todas las mujeres africanas comparten una historia muy similar, aunque condicionada luego por la realidad de sus diferentes países. Pero, sin duda necesitamos una revolución de la mujer africana. La mujer africana es increíblemente dual. No hay ningún lugar donde encontrar una mujer tan fuerte como las que tenemos en África, pero a la misma vez, no hay ningún lugar, aparte de Oriente Medio, donde las mujeres estén tan oprimidas como en el continente africano. Soportan demasiada presión. Tenemos que seguir peleando por la mujer en África.

FJS: ¿En África el feminismo cobra una mayor importancia?

Es importante porque es específico de la mujer africana y es muy concreto debido a su herencia geográfica y biológica. Tiene particularidades debido a la raza y a las tradiciones del continente. Igual que el feminismo en América Latina o Asia también tiene sus particularidades. Pero el núcleo del feminismo es el núcleo del feminismo en todas partes, en Londres, en el Caribe y en Escandinavia. Puesto en una sola frase: lo que quiero es acabar con el patriarcado.

NIGERIA

FJS:  La situación política y social en Nigeria es también complicada. Además, con un presidente que hace declaraciones que atacan directamente a la mujer. ¿Qué opinión te merece la situación política?

MS: No hay muchas cosas positivas que decir de la situación política en Nigeria. Hay bandidos liderando mi país. Es muy patriarcal y muy corrupto. Tenemos un problema con el liderazgo político en nuestro país y problemas preocupantes que afectan específicamente a la mujer. Hay una Constitución que no otorga los mismos derechos y unas tradiciones muy peligrosas y dañinas. Hay que alzar más la voz en Nigeria, hay muchas mujeres que están haciendo eso y son muy valientes, pero necesitamos más.

FJS: ¿Necesita Europa hacer más presión en Nigeria para hacer respetar los derechos humanos? Parece que Europa muestra gran interés en África para combatir el terrorismo y cuando se trata de los otros asuntos… se olvida.

MS: El sistema no funciona. Tiene que parar. Occidente tienen que irse completamente. Cada individuo tiene que resolver su propia vida. Lo mismo con los países. Se puede pedir ayuda cuando se necesita, pero tiene que venir de forma honesta. Si viene de alguien que quiere tomar ventaja no ayuda a largo plazo. Lo que sí creo que Occidente debería de hacer es compensar financieramente por el colonialismo y la esclavitud, pero no creo que eso pase, ¿verdad? No pueden llegar a Nigeria países como el Reino Unido que dan con una mano y destruyen diez veces más con la otra. Tampoco creo que Occidente quiere realmente ayudar a terminar con el terrorismo en Nigeria. Creo que lo que sí quieren es presencia militar de alguna forma en el país, porque Nigeria es un país con muchos recursos naturales y casi todo lo que se necesita se puede encontrar en sus fronteras.

Foto: Carola Michaela Photography

ESTEREOTIPOS, RACISMO Y XENOFOBIA

FJS: Hablando de África, existen muchos estereotipos sobre el continente ¿Necesitamos más festivales como el Film Africa, o el Festival de Cine Africano de Tarifa para mostrarla como es realmente?

MS: En África no invertimos lo suficiente en cultura. Y es algo común en personas traumatizadas. Cuando eres feliz lo expresas a través de la cultura. Han esquilmado tanto el continente y maltratado tanto a su gente que la cultura es lo primero que se ha ido. Tenemos que tener más festivales y financiar más artes, pero no para mostrar nada a Occidente sino para nosotros mismos. Porque nos gusta nuestra propia cultura. Y es ahí, cuando el resto del mundo se interesará. Los festivales en Europa ayudan. Pero, me gustaría que todos esos festivales que se celebran contribuyeran también de vuelta en África, porque necesitamos construir en África, necesitamos construir el continente africano.

FJS: Ha vuelto a resurgir el racismo, la xenofobia, los nacionalismos y desde luego no ayudan para nada el Brexit y la recién nombrada administración Trump.

MS: Es vergonzoso que todavía estemos lidiando con tanto racismo y xenofobia en Estados Unidos y Europa. Tenemos toda la tecnología y la ciencia en nuestra mano, sin embargo, psicológicamente, todavía somos los hombre de la cueva. Somos totalmente primitivos y se comprueba en la forma en la que nos dividimos y abusamos de unos y de otros. Siempre me sorprendo cuando veo a gente hablar de culturas primitivas en América Latina o África y luego veo cómo se comportan aquí. Hay mucha gente que ha sido muy manipulada que ahora viven en una burbuja y no pueden ver la realidad. El adelanto tecnológico no siempre significa desarrollo. A veces, parece que disfrutamos viendo sufrir a personas delante de nosotros. Y lo permitimos.

FJS: Parece que cuesta superar el racismo

MS:  El racismo, sexismo, la xenofobia, el clasismo nunca se han ido. Nunca los superaremos hasta que cambiemos psicológicamente. Hemos cambiado instituciones y leyes, en América los negros ya no se sientan en la parte de atrás del bus, cambiamos todas esas cosas y no desaparecen. ¿Por qué? Porque no abordamos la psicología de la misma. Los niños no hablan en la escuela de por qué algunos blancos se sienten superiores, de por qué algunos hombres se sienten superiores a las mujeres. En la escuela no se tiene esa conversación. Hay que cambiar el sistema educativo, hay que cambiar de lo que están hablando los niños.

FJS: ¿Quiere decir que no estamos acostumbrados a ver negros en roles de liderazgo?

MS:  Por ese motivo, pienso que ver a los Obamas en la Casa Blanca, es muy simbólico. Ver a un hombre negro en un puesto tan poderoso y a su mujer en un puesto con tanta influencia y a sus hijas es psicológicamente inspirador para los negros y para todo el mundo porque nos damos cuenta de que todos podemos hacer lo que queramos. Una de las maneras más fuertes de oprimir es no mostrar a gente como tú en la cultura. En este caso a hombre negros.

FJS: ¿Es difícil ver a actores negros interpretando papeles principales en cine y en televisión, sobre todo, en Hollywood?

MS: Hollywood no va a cambiar. Vamos a tener que cambiar nosotros mismos. Tenemos que trascender el debate estúpido sobre la belleza africana, si es hermosa o no. Lo que necesitamos es mujeres negras creando películas y escribiendo libros y así cambiará todo, porque contaremos nuestra historia.

FJS: Y a veces, el hombre negro tiene más representación que la mujer negra.

MS: Eso tiene mucho que ver con la definición de feminidad y masculinidad. Ambas describen erróneamente. Relacionamos masculinidad con ser fuerte, viril… y ahí el hombre negro encaja en esas etiquetas y por eso tienen más exposición. Por otro lado, relacionamos feminidad con fragilidad, delicadeza, ternura… Y las mujeres negras a causa del racismo, las luchas y el sufrimiento que nuestro continente y diáspora tuvieron no tenemos tiempo para ser tiernas y delicadas. Así que la definición de feminidad no encaja necesariamente con la feminidad africana, porque la mujer africana es más compleja. Pero no me importa no tener esa exposición. No quiero mujeres negras en la portada de revistas o en películas convertidas en objetos para el placer masculino. No estamos luchando por eso. Entiendo que tiene que haber igualdad en toda las quejas pero no estamos luchando por eso. No me sirve estar solo en la portada para enseñar mi cuerpo si luego no aparezco en otra para contar algo interesante.


*Fernando J. Sánchez Jaén es periodista especializado en política internacional y afincado en Londres.

12 películas sobre negros que Trump nunca visionará

Hace unos meses inauguraba el entonces presidente Obama en Washington el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana. Ha tardado un siglo en convertirse en realidad. No ha sido un milagro sino voluntad. Aunque bien podría incluirse la presidencia de Barack Obama en el catálogo de los milagros si tenemos en cuenta el pasado reciente de esta nación. Hablo de milagro que no de santidad, ojo. El gesto de este nuevo museo fue solo uno de sus intentos en enmendar el pasado de su país en relación con la población, que es mayoritaria, hijos de migrantes. Incluido el propio Trump. Pero esta afirmación cobra importancia en el campo del cine. Se puede afirmar que la era Obama y el relanzamiento de lo “afro” comenzó en enero de 2009, cuando el director Lee Daniels dirigió su ácida Precious, adaptada por Geoffrey Fletcher de una adaptación de Push, primera novela de Ramona Lofton escrita bajo el pseudónimo Sapphire. El guionista recibió un Oscar, como también Monique Angela Imes (Mo’nique) a la mejor actriz de reparto. Precious dejó sin palabras a los jurados de decenas de festivales entre ellos los de San Sebastián, Cannes, Toronto o Sundance.

No era una historia bonita. Más bien de esas que te desgarran las lágrimas y te dejan desalmado. Seco por dentro y por fuera. Porque Precious es una adolescente obesa, analfabeta, embarazada por la violación de su padre y con un madre que la sacude psicológica y físicamente. Una película donde el director Daniels expone toda la rabia de la pobreza afro arraigada en los suburbios de Nueva York, en Harlem. Un odio hacia los orígenes de la segregación en la capital del mundo.

Era el tipo de película que Hollywood nunca pensó que llegaría a tener éxito. Y sin embargo, lo hizo. Reconocimiento de la crítica, sus seis nominaciones a los Oscar, dos galardones, una recaudación magnífica que la mantenía en las carteleras mucho más tiempo de lo que nadie había esperado. E incluso, el objetivo conseguido: se desencadenó un gran debate dentro de la industria sobre las perspectivas de otros proyectos desafiantes y, por qué no, moralizantes.

El debate comenzó a intensificarse y la textura de las historias que aparecían en pantalla comenzó a cambiar. Ese mismo año aparecería The Blind Side (Un sueño posible), 2009 que le valió un Oscar a Sandra Bullock examinando la culpa blanca cara a cara. Pero las caras negras todavía estaban detrás de las bambalinas. Claro que desde hace años el pódium de los actores y actrices negros han tenido eco y mucho: Morgan Freeman, Denzel Washington, Will Smith, Samuel L. Jackson, Halle Berry, Eddie Murphy o Whoopi Goldberg. Había películas de negros dirigidas a atraer a un público negro. Pero durante los ocho años de gobierno de Obama, si algo hizo por la historia afro de los Estados Unidos fue apoyarla, hacerla visible y naturalizarla a través del cine. Ayudar a reescribir la historia.


La esclavitud como pecado original del nacimiento de los Estados Unidos

Hace unos años tratamos el tema en Wiriko. En ese artículo decíamos que las visiones diferenciadas de la Guerra de Secesión estadounidense que ofrecían Spielberg, con su película Lincoln, 2012 y Tarantino, con Django desencadenado, 2012 conducían a un clima previo a la celebración de los Óscar enmarcado en el sentimiento patriótico a la bondad de la nación. Sea como fuere, 12 años de esclavitud, 2013 dirigida por Steve McQueen abrió un nuevo camino: revisión del pasado, orgía de azotes y tres Oscar, uno de ellos a la mejor película, otro al guion adaptado y a la mejor actriz de reparto, la keniana Lupita Nyong’o.

 

 

 


Marcha para reclamar el voto afroamericano

Selma, 2014 es un drama político entusiasta, en el que la directora Ava DuVernay narra la historia de la batalla trascendental que vivieron el reverendo Martin Luther King y otros líderes para aprobar la ley de 1965 del Derecho al Voto. Una marcha desde Selma a Montgomery, Alabama, en marzo del 1965. Con Selma, DuVernay se convirtió en la primera directora afroamericana en ser nominada en los Oscar a la mejor película.


Diferencias de clase y menosprecio a los criados negros

Criadas y Señoras (The help), 2011 cuenta la historia de una joven escritora valiente, Eugenia “Skeeter” Phelan, quien ha decidido escribir un libro sobre las criadas negras que crían a los niños blancos en su ciudad natal. Estamos en Jackson, Mississippi en 1963. Un guion sobre la segregación, el linchamiento y la humillación.

El mayordomo (The Butler), 2013 es el relato ficticio de un hombre negro del sur del país que trabajaba como mayordomo de la Casa Blanca durante siete presidentes: desde Eisenhower hasta Reagan. La historia de este hombre, que comienza en un campo de algodón de Georgia y termina con una invitación al lugar de donde emigró, describe un viaje personal, racial y nacional de una manera que hace pensar, a pesar de lo ficcionado, que es un claro mensaje a la exploración de los orígenes de Obama.

 


Discriminación policial y de las leyes contra la población afrodescendiente

Estación Fruitvale (Fruitvale Station), 2013 fue la ópera prima de Ryan Coogler, y se estrenó golpeando en el corazón del debate. La película recoge el trágico incidente en la estación de metro de San Francisco Fruitvale en la noche vieja del 2008 cuando Oscar Grant III fue asesinado por un policía tras unos altercados que fueron grabados con el móvil de los propios pasajeros del metro. Aunque le condenaron a dos años de prisión, el policía fue puesto en libertad a los once meses. En los Estados Unidos las manifestaciones  han aumentado en el último año a causa de los asesinatos de población negra a manos de los cuerpos de seguridad estadounidenses que se exceden en sus cometidos.

13, 2016 acaba de recoger tres Premios de la Asociación de Críticos y está en la lista a los Oscar al mejor documental. La película narra cómo el sistema de justicia criminal de Estados Unidos ha sido impulsado por el racismo desde la época de la esclavitud hasta los tiempos actuales donde existe una encarcelación en masa. La película se llama así por la 13 enmienda constitucional que abolió la esclavitud con la excepción de castigo si cometes un delito. Y aquí establecieron la trampa. ¿Porque qué se entiende por delito?


Amor y superación

Como escribía el periodista Jordi Costa en el diario El País, la película Figuras ocultas, 2016 “reivindica el decisivo papel de las matemáticas afroamericanas Katherine Goble Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson en el seno de la NASA, sobre el telón de fondo de una carrera espacial obligada a acelerar tanto su ritmo como su eficacia tras el lanzamiento del Sputnik I por parte de la Unión Soviética. La lucha por los derechos civiles, que alcanzaba sus primeras conquistas aisladas contra la segregación, suma dimensión épica a la justa labor de visibilidad que rige la película”.

 

Loving, 2016 trata sobre el matrimonio en 1958 entre Richard, un hombre blanco de clase trabajadora interpretado por Joel Edgerton y Mildred Jeter, una mujer negra interpretada por la etíope irlandesa Ruth Negga. La ceremonia se llevó a cabo en Washington DC, pero la pareja se encuentra acosada, encarcelados y perseguidos en su estado natal de Virginia debido a las leyes basadas en ese insidioso y término cuasi-científica: “mezcla de razas”. Con la bendición del fiscal general Bobby Kennedy, el caso de los Loving es tomado por la Unión Americana de Libertades Civiles y su caso es finalmente aprobado por en el Tribunal Supremo estableciendo el derecho a vivir como marido y mujer y derrocar las leyes de Jim Crow. Estas leyes estatales y locales en los Estados Unidos en vigor entre 1876 y 1965, propugnaban la segregación racial en todas las instalaciones públicas por mandato de iure bajo el lema “separados pero iguales” y se aplicaban a los afrodescendientes y a otros grupos étnicos no blancos en los Estados Unidos.

Pasaporte español, raíces africanas: Mónica Obono Ndongo Okenve

Mi nombre es Mónica Obono Ndongo Okenve, tengo 35 años. He nacido y crecido en España. Adquirí la nacionalidad española por derecho de tierra (haber nacido en territorio español) y por derecho de sangre (entonces se heredaba la nacionalidad de tus progenitores, en mi caso, ambos españoles oriundos de Guinea Ecuatorial).

Crecí en Tres Cantos, una ciudad-dormitorio por entonces, a las afueras de Madrid con una población muy joven y de clase media. Mis padres, como el resto de vecinos, fueron a habitar unos pisos recién construidos en parcelas literalmente desiertas con pequeños caminos, dos o tres calles principales y cuatro comercios contados. Era una apuesta de futuro de vida, pues se seguía edificando y estaba planeado que la ciudad creciese hasta dotarla de todas las infraestructuras para convertirse en un municipio independiente, como así ocurrió.

En ese entorno, al igual que ocurre en los pueblos, había un fuerte sentimiento comunitario no sólo porque eran muy pocos vecinos y todos se conocían sino porque sabían que para vivir en un lugar donde aún no disfrutaban de muchas comodidades debían ayudarse los unos a los otros y mostrar esa disposición. Así que siendo ese espíritu de solidaridad el denominador común, había poco o ningún espacio para actitudes racistas o discriminatorias. Ello no significa que, en el ambiente escolar, no sufriera racismo, con actos como burlas hacia mi color de piel o mi pelo, sin embargo esto no ocurría de forma regular o constante porque no eran niños o niñas de mi entorno inmediato o porque simplemente se cansaban. Además yo, de carácter ingenuo, interpretaba muchos gestos como carentes de malicia.

De izquierda a derecha: el hermano de Mónica, Marcos (Junior), con 3 años, Denise, en el medio, de 1, y Mónica, con 5 años. La fotografía fue tomada en 1986 en la parte trasera de la primera casa de Mónica, en Tres Cantos, Madrid.

El hecho de que mi familia me educara mayoritariamente en la cultura española, al mismo tiempo que concienciándome sobre mi pertenencia a la etnia fang, contribuyó a que no me sintiera diferente a nadie. Toda esa normalización contrastaba con otra vía de enculturación como eran los medios de comunicación, en particular cine, TV y radio. Recuerdo que la primera película que mis padres me llevaron a ver al cine fue “El Color Púrpura”, de Spielberg (aún no debían existir las clasificaciones por edades). Era mi primera mirada al mundo negro, el que no había a mi alrededor. Pero sobre todo recuerdo la serie Raíces y cómo a partir de verla comencé a hacerme infinitas preguntas sin respuesta que se resumían en una sola: por qué.

En mi mente había una línea divisoria en lo referente a negritud y racismo entre la historia, lo cual era pasado, y el presente que yo vivía. Esa clara disociación entre la narrativa de la esclavitud y el racismo y la contemporaneidad que yo protagonizaba me ayudaba a tomar distancia emocional de cualquier sentimiento negativo (rabia, rencor, dolor), o por lo menos a que no cristalizaran en mí. Además, desde mi subjetividad, entre estas narrativas no había solución de continuidad. Yo lo encajonaba todo en otro espacio y otro tiempo. Por entonces no conocía la existencia del apartheid, por ejemplo. Como consecuencia, mi identidad negra se construía desde 0 en otro eje espacio-temporal. Me sentía más identificada con las series de afroamericanos como “La Hora de Bill Cosby” o las decenas de comedias que se emitieron luego en los años 90.

Otra fuente de disonancia procedía del sector informativos en televisión y prensa. Disonancia causada por el modo sesgado en que retrataban, y siguen retratando en general, África con imágenes de hambruna, pobreza, enfermedad que difería de mi experiencia de haber vivido en Guinea Ecuatorial durante cinco años en mi infancia.

En la izquierda, la abuela paterna de Mónica, de quién hereda su nombre, en agosto de 2014. Fotografía tomada en la entrada de la casa de la abuela en Bata, Guinea Ecuatorial.

Por otro lado, estaba y sigue estando muy presente la influencia de la música en esa construcción de identidad, pues he heredado la melomanía de mis padres. Además de música africana, en mi casa se escuchaba música occidental de todos los géneros, con una predominancia de música pop, es decir, todo lo que fuera los éxitos del momento. A mí, sin embargo, me atrajo poderosamente la música negra desde el primer momento que escuché en mi tocadiscos el disco Thriller de Michael Jackson. A través de la música sí me supe diferente porque la música de los negros, melódica y rítmicamente, lo era, en efecto. Ya de adolescente, escuchar música se convirtió en una actividad autodidacta por la cual definía mis propios criterios y gustos. Cree todo un imaginario estereotipado compuesto por los conceptos que transmitían las letras de las canciones e imágenes de los videos (amor platónico y romanticismo, sexo y sensualidad, frenesí y entretenimiento).

Dentro de la música negra, el hip hop estaba en auge. Nunca escuché el hip hop de reivindicación sino el que era más comercial, de lírica frívola y bases instrumentales ligeras. De nuevo, me distanciaba inconscientemente de otra realidad de la experiencia negra. La música negra como elemento cohesionador me sirvió para socializar en entornos de afrodescendientes como eran las discotecas de música negra en Madrid. Sin embargo, era una falsa socialización, pues a pesar de frecuentar estas discotecas y bares durante años, jamás hice una sola amistad. Además, era desconcertante comprobar que sí existía una comunidad negra, la cual de día, o incluso de noche en otros espacios, parecía invisible.

En el área académica, me decanté por hacer un Master en Etnomusicología (una mezcla de música y antropología) con la idea de investigar sobre la música tradicional de mi otro país, acercándome a ella y a mi cultura de origen desde el estudio; y, en cierto modo, al redactar la tesina con vistas a su publicación, de dignificar esta cultura. Mientras finalizaba la tesina, conseguí mi actual puesto de trabajo en la discográfica Warner, donde contribuyo a promocionar la música clásica, una música que tradicionalmente se ha denominado culta y que, aún a día de hoy, tiene un halo de elitismo.

Como etnomusicóloga, me opongo a dicha categoría puesto que nace de una jerarquización de la música occidental impuesta por musicólogos en los años 20 del siglo anterior. Mi creencia en el igualitarismo de culturas, géneros y músicas del mundo es solamente un reflejo o una extensión de mi creencia en la igualdad de razas, géneros y cualquier otro tipo de elemento identitario, que sea producto de una construcción social.

Mónica Obono Ndongo Okenve, por Javier Sánchez Salcedo.


*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a la entonces conocida como Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia, en Santa Isabel-Bata. Esta imagen icónica es una pieza clave de la historia de la diversidad cultural española. Fotografía de Iberia Airlines.

 

Yeison García, la identidad de “el otro”

Ninguna identidad es sólo una identidad. Todas las identidades están formadas de una infinidad de piezas. Uno de los retos a los que nos enfrentamos a diario es que esas piezas encajen de manera más o menos correcta, de manera aceptable, podríamos llegar a decir. La literatura muchas veces ha sido el mapa ideal para encontrar la colocación de todas esas piezas. Yeison García busca en sus versos un sentido para la que en algunos momentos ha sido una identidad desgarrada. El joven nacido en Colombia y residente en Madrid intenta encajar sus piezas, la de su parte africana, la indígena, la de colombiano y la de su presente en Madrid y todas ellas, habitualmente contestadas.

Yeison García en una imagen de su Facebook.

“Mi parte indígena, mi parte negra, mi parte española

me interpelan ante el espejo y siento sus pesos

cuando la gente me salpica con su indecencia y lamento de vida”

Dice Yeison en su poema “Los márgenes de la memoria”.

La preocupación por su identidad ha llevado a este joven a proyectar en sus versos sus inseguridades y sus dudas, unas tribulaciones que no sólo tienen que ver con su origen y su piel. La sociedad, la aceptación y la manera en la que los demás entienden su alteridad influyen en cómo él mismo se siente. Lo refleja en una de las estrofas de “El otro”:

“Se rompe algo, una membrana invisible,

un silencio sin una mirada compañera,

canciones de infancia sin recuerdo.

Cuando sé que siempre seré el otro”

Estas son algunas de las piezas que Yeison García ha  reunido en Voces del impulso, su primer libro de poesía publicado por el Centro de Estudios Panafricanos. Y es que una buena parte de sus poemas destilan la amargura de la primera estrofa de “El otro”, una sensación que llega a ser incluso de frustración cuando Yeison refleja su desgarro. Sin embargo, la exploración de su identidad afrodescendiente ha parecido ser una de las claves de la propia trayectoria del joven como apunta en la última estrofa de ese mismo poema.

Tiño mis mundos de negro intenso

para bailar sin complejos en el arco-iris.

Nadando entre los mares ocultos del miedo,

siento, me apropio, contemplo, soy el otro

Esa identidad africana, esa porción de identidad africana, ha marcado la actividad creativa de Yeison, pero también su trayectoria vital, una experiencia que el joven colombiano considera parte de su triple exilio: el primero, el de los hombres y mujeres arrancados como mercancía del continente africano; el segundo, el del abandono de la tierra natal; y el tercero, el de crecer en un Madrid poblado de personas con demasiadas reticencias.

A pesar de todo, algunos de los versos de Yeison García destilan un optimismo consciente, o quizá inconsciente.

“Mis raíces crecen regadas por las palabras que me hablan como mestizo-negro

y el perfume de gentes de miradas amplias, me levanta como a un niño”

Un  optimismo que se apoya en la necesidad de repensar el mundo y repensarse a uno mismo, de deshacerse de todas las cargas para poder tener acceso a una realidad nueva, en la que, por ejemplo, no se repitan los errores del pasado y, sobre todo, no se vuelva a caer en la trampa de la discriminación. Para Yeison, ese se ha convertido en su principal combate, la lucha contra la discriminación y el ejemplo más claro de esa situación de injusticia son los CIE a los que el joven poeta se ha enfrentado como activista y como artista. En un poema dedicado a estos centros colocados al margen de la legalidad Yeison García clama una descripción que aúna la cerril repetición del pasado, con la denuncia y la esperanza:

“Sus pieles oscuras curtidas se desvanecen

tras rejas que recuerdan épocas pasadas.

Miradas derrochadoras de vida y ausencia,

aún sus llamas aguantan la dureza de las paredes

rotas por desespero, alimentadas por las

frágiles líneas de viento que entran por descuido”.

Un “museo vivo” de Londres narra las historias de migrantes y refugiados

Jade se seca las lágrimas. Su voz se entrecorta pero sigue empecinada en terminar su historia. Ella es una refugiada ugandesa que llegó a Londres huyendo del dictador Idi Amin Dada. Su régimen mató a toda su familia. Ella se libró de casualidad y gracias a un niño soldado cuyos padres habían trabajado en su granja. Jade habla bajito. Cuenta su relato como para quitarse un peso de encima. Para sentirse viva. Como cuando decidió ir a por una hamburguesa del McDonald’s tras quemar la yuca que cocinaba, perdida en el pasado.

londonstoriesweb-landscapeleLucas es de Sudáfrica. De padre indio y madre inglesa. Se mudaron al Reino Unido cuando todavía era un niño y en el colegio no quiso ser “paki” (término despectivo hacia las personas de origen paquistaní) aunque no lo fuera. Cosas de niños, o no, lo de generalizar. Decidió entonces distanciarse de su padre, de esa parte de la familia que no era blanca. Avergonzado de su propia identidad, gracias a Londres supo abrazar su multiculturalidad abandonada.

Estas dos historias, un pequeño sustrato de la Londres africana, son sólo un par de ejemplos de todas las que formaron parte del montaje London Stories: Made by Migrants organizado por el Centro de Artes de Battersea. Un refugiado sirio, una superviviente de Auschwitz, un padre víctima de un ataque racial… Maryam, Lily, Eithne, JJ, Graciella, Prossy, Rabiah, Lemmar… Todos ellos también tienen su relato. 29 historias procedentes de los cinco continentes, de personas de distintas edades, sexo y religión. Y todos tienen a Londres en común.

La segunda temporada de este proyecto, se inició en 2013, se ha centrado en las migraciones. “Decidimos hacer esta edición debido al clima político actual y a la negatividad de la prensa ante la inmigración. Queremos contar estas historias porque en esta experiencia la audiencia va más allá de los titulares. Es una fotografía verdadera, real, amplia y honesta de la ciudad”, explica a Wiriko el asistente de producción Ralph Thompson.

El Centro de Artes de Battersea ha sido históricamente un lugar volcado hacia la comunidad. Antigua sede del ayuntamiento del distrito d Battersea, fue punto de encuentro de los movimientos sindicalistas y apoyó la lucha a favor del sufragio femenino. Además en 1913 fue el lugar donde John Archer, el primer alcalde negro de Londres, fue elegido. London Stories se convirtió en una ocasión para acercar a los vecinos y a otros tantos residentes londinenses a escuchar, a emocionarse, a reír y a dejarse llevar. “Vivimos en una ciudad de 8 millones de personas. Me cruzo con gente, voy en el metro y me pregunto cuál serán sus historias. El objetivo era abrir nuestro edificio, un edificio público, para contar historias de gente que forma parte de la comunidad”, dice Thompson.

No son sólo historias de personas que escaparon de la guerra sino también de irlandeses o británicos que han acabado en Londres“, apunta el asistente de producción de un largo proceso de cinco meses. La iniciativa recibió más de 200 relatos, donde el principal desafío fue encontrar un equilibrio entre todas las vivencias.

Como complemento entre el que cuenta y el que escucha, la antigua Sala de Plenos acogió la exposición de distintos objetos personales de los protagonistas. Una muñeca, cartas de familiares, fotografías, la biografía de Malcom X e incluso una pierna ortopédica. London Stories: Made by Migrants fue una compilación de experiencias compartidas en un antiguo ayuntamiento pero que caminan a diario por una Londres que es “némesis y salvación”.

Las personas detrás de los titulares de prensa

Los medios, contribuyentes del imaginario social, han apostado en muchas ocasiones por representar la inmigración como un ataque a los valores identitarios. El montaje sin embargo tiende la mano a las personas opacadas por la generalización. En un escenario íntimo y con sólo ocho personas presentes, el contacto visual desbarata cualquier miedo a lo desconocido. El arte de escuchar se desempolva y se disfruta. Los protagonistas acuden a cada sesión con sus estados de ánimo, con la lista de la compra en la cabeza y con el vencimiento de la factura de la luz. No hay más guión que su propia vida. “No son actores y cada día es distinto. Sólo tuvieron un par de talleres en los que les ayudamos a estructurar su relato”, cuenta el asistente de producción, Ralph Thompson.

Estas historias, tanto de Londres como de cualquier otro sitio, tienen poco que ver con el teatro. “Es una experiencia íntima para desmontar la idea del migrante como una amenaza. Se produce un contacto humano” en una invitación a una realidad tan compleja que no entiende de etiquetas. Los responsables han querido desafiar a aquellos medios que frivolizan y utilizan a los inmigrantes como incentivo para vender periódicos. O ganar visitas. Fue así como surgió la idea de empapelar las instalaciones del recinto con diversos titulares de prensa como:

“Ministro: respete nuestras leyes y costumbres. Sea británico, Hurd. Dígaselo a los migrantes”, The Daily Mail. 24 de febrero de 1989.

“Los migrantes toman todos los trabajos en el Reino Unido”, The Daily Express. 2 de noviembre 2007

“Migrantes, ¿cuántos más podemos acoger?”, The Daily Mail. 28 de agosto 2015

En un contexto brexiteer producciones como London Stories desmontan los prejuicios. La opción del Remain ganó en Londres (59.9% de los votos) y la ciudad mostró su identidad migrante. Casi el 40% de los londinenses han nacido fuera del Reino Unido según el último censo.

Pasaporte español, raíces africanas: Tamara Ndong Bielo

En 1959, Bioko, Bata y Mongomo se conviertieron en provincias españolas en los territorios del golfo de Guinea. Y es que, a pesar de que muchos españoles parecen obviar – cuál brote de amnesia nacional – que hasta 1975 España tuvo colonias en el continente africano, hoy, esa realidad tan poco expuesta nos sigue emparentando con esa tierra vecina de una forma mucho más profunda de la que se cree. Una de las consecuencias, es que en la actualidad hay muchos españoles con aspectos diversos, saharauis, o negros y negras, hijos, nietos o incluso bisnietos de ecuatoguineanos, o africanos de otras nacionalidades, que llegaron un día a España y se quedaron a trabajar y vivir aquí, enriqueciendo la diversidad cultural española con ingredientes africanos.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo operado por Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Wiriko inicia hoy la serie Pasaporte español, raíces africanas, que quiere ceder un espacio para que esas personas de pasaporte español y un vínculo familiar en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales, nos cuenten, en primera persona, sus historias de vida y su trabajo. Para que se expresen sobre su identidad, sobre sus preocupaciones y sobre sus vivencias. Y sobre todo, para que nos ayuden a conocerlos un poco mejor y amplíen las miras de lo que significa, hoy, tener pasaporte español e identidades múltiples.

Hoy, la actriz catalana Tamara Ndong Bielo:

Tamara Ndong Bielo

Tamara Ndong Bielo

Mi nombre es Tamara Ndong Bielo, tengo 22 años y soy procedente de Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial, situada en la costa norte de la isla de Bioko. De madre bubi y padre fang, vine a Catalunya sola a los 6 años. Supongo que aquella fue una de las decisiones más duras que han tomado mis padres en toda su vida. Dejar ir a su hija y perderse gran parte de su vida a cambio de una buena educación y sobretodo de la opción a elegir el transcurso de su vida.

Siempre he pensado que el mayor acto de amor que puedes hacer hacia otro ser querido es dejarlo ir y darle la oportunidad de conocer, experimentar y crecer en todos los ámbitos posibles. Y al dejarme ir mis padres me dieron la oportunidad de ser la persona que soy hoy en día y es algo que siempre les agradeceré.

La vida puso en mi camino a una de las personas que más quiero en este mundo. Mi segunda madre. Desde el momento en el que le cogí la mano en el aeropuerto la primera vez que la vi, empecé a formar parte de su familia. Mi familia. Así pues, tengo 2 madres, 1 padre y 8 hermanxs. Más afortunada no puedo ser.

Si tengo que elegir una palabra que me describa a la perfección es “soñadora”. De hecho siempre he tenido problemas por vivir mucho en las nubes, pero sigo creyendo que son los sueños que nos mantienen vivos y nos hacen no rendirnos jamás, al menos en mi caso.

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la obra "Pell de Llarinté, cua de Tiré" (dirección Moisès Maicas, Temporada Alta 2016).

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la Compañía Joven del Espai Àfrica-Catalunya, en la obra “Pell de Llarinté, cua de Tiré” (durante el festival Temporada Alta de Girona, 2016).

Desde muy pequeña soñaba con ser actriz, me fascinaba el hecho de poder transformar-se en otra persona de cualquier tiempo y en cualquier lugar sin dejar de ser uno mismo y poco a poco, con mucho esfuerzo, trabajo diario y algún que otro sacrificio puedo decir que estoy viviendo mi sueño.

El teatro es la forma que he elegido para expresarme. En él puedo hablar sobre la vida y la muerte, sobre el amor, el odio, el engaño, sobre el pasado, presente y futuro, puedo hablar sobre la sociedad y el poder, sobre la magia, los sueños y secretos pero sobre todo hago teatro porque es lo que me hace feliz. Me hace feliz saber que he aportado un pequeño grano de conocimiento, de alegría, de ira, de esperanza o cualquier otro sentimiento que pueda insertar en cada uno de los espectadores que decide compartir su tiempo gozando del gran placer que es el TEATRO.

Este año, tras terminar los estudios de Arte Dramático en el Institut del Teatre de Barcelona, tuve la suerte de poder entrar en la Compañía Joven del Espai Africa-Catalunya, con la cual hemos presentado nuestro primer espectáculo “Pell de llarinté, cua de tiré” en el Festival de teatro Temporada Alta en Girona. El espectáculo trata sobre un cuento mandinga.

El cuento es una alegoría de las fiestas del nacimiento y de los nombres (bautizo) de los mandinga. Todos los ingredientes que lo componen (fiesta, baile, alegría, nacimiento, cacería) se reflejan en este espectáculo, que combina el fondo fantástico de la fábula del cuento y la realidad todavía vigente hoy de la etnia en su hábitat tradicional. Se trata de un espectáculo divertido e ingenioso, pleno de ritmo; de una celebración en torno a conceptos universales, que unen culturas, en que la confluencia de lenguajes y tradiciones sirve para celebrar la vida y el misterio de la aventura.

Nuestra compañía se diferencia de otras por la variedad de procedencias de cada uno de los miembros que formamos parte de ella.

Malcom McCarthy es un actor de procedencia cubana

Nuria Cuyàs, es una actriz catalana

Omar Ngom, es músico y procedente de Senegal

William Yazaki, es un actor de padre japonés y madre danesa

Tamara Ndong, es actriz procedente de Guinea Ecuatorial

Creo que justamente la heterogeneidad que hay en la compañía es nuestro punto fuerte. Somos muy diferentes entre nosotros y venimos de formaciones distintas, pero justamente esta variedad es la que hace que nos complementemos tan bien. Trabajar con ellos es muy fácil y sobretodo, es un gran placer. Cada uno aporta parte de su ser en el trabajo que sin duda tiene mucho que ver con su procedencia. Cuando no estamos trabajando estamos estamos bailando, haciendo bromas y si no nos encuentras seguro que estaremos comiendo en el restaurante africano más cercano que haya. Porque hemos formado una pequeña familia que disfruta junta haciendo y compartiendo lo que más les gusta: actuar.

10

la actriz catalana Tamara Ndong Bielo.

En mi caso al vivir casi toda mi vida con mi familia catalana casi nunca me he sentido diferente a los demás. Desde pequeña mi madre me dejó claro que tendría que trabajar un poco más que el resto para poder conseguir mis metas pero que yo tenía los mismos derechos y era igual de apta para cualquier cosa que me propusiera. Y yo la creí.

Me gusta enseñar a mis amigos más próximos parte de mi origen, de mis tradiciones, de mi cultura y presentarles a mis familiares africanos pero acostumbro a ser muy reservada en ese sentido y tengo que confiar mucho en alguien para abrirle las puertas de mi mundo al completo.

Estoy muy orgullosa de mis orígenes ya que forman parte de mí pero tengo por lema no dejar que nadie me menosprecie solo por ser africana. Soy una africana que vive y se ha criado en Catalunya, por tanto soy guineano-catalana.

Somi, la panafricanista del jazz contemporáneo

Una excusa. Llegó 30 minutos tarde a la entrevista. Era su primera vez en España. La presión del Festival de Jazz de Madrid. Su diminuto bolso cruzado a través de un pecho que amasaba acordes de algún lugar extraño y que no soltaba. Su sonrisa. Su largo y trenzado pelo. No estaba preparada para las cámaras –aseguró– y todo se pospuso para el final del concierto. Lo que aconteció después fueron casi dos horas de un ensayo general que debería haber sido una rutinaria prueba de sonido en el Teatro Fernán Gómez Centro Cultural la Villa. Una espera delicatessen para los técnicos y el que escribe. No queríamos que se bajara de las tablas porque nunca antes habíamos visto a una artista girar las estructuras del jazz de esa forma. Bebía agua. La hora se acercaba. Su sonrisa. Su largo y trenzado pelo. Sus calcetines color rosa que hacían de ese momento algo muy acogedor. Íntimo. Los finales de las canciones parecían no estar limados y todo apuntaba a que la improvisación de este trío musical compuesto por voz, piano (Jerry Leonide) y bajo (Michael Olatuja) sería la tónica dominante. Vestuarios. La audiencia llenaba el aforo. Luz tenue. El presentador confirma que el espectáculo marcará una inflexión. Aparece Somi. Su sonrisa. Su largo y trenzado pelo.

somiLaura Kabasomi Kakoma o Somi te ofrece un camino incansable de sobresaltos. Una experiencia completa de hora y media que evoca lugares alejados entre sí como Nueva York o Nairobi, Johannesburgo, Washington o Río de Janeiro. Ritmos africanos, soul de Stevie Wonder, la improvisación entre graves y agudos del jazz vocal, música de contemplación y escucha atenta, o de baile dislocado para un sábado noche. Somi interpreta un estilo musical que salta con tanta facilidad entre los límites que la categorización de su música es irrelevante.

Así que ¿quién es Somi?
Nací en Ilinois, crecí en Zambia, volví a Ilinois para continuar el colegio, después estudié en Kenia, Tanzania para volver nuevamente a Nueva YorK…

Un momento. Pero entonces ¿de dónde eres?
Soy panafricanista, ¿sabes? Tu casa al final es donde la construyas. Soy, a fin de cuentas, una cantante, una compositora, una escritora… Esto es quien soy.

Te encuentras entre dos mundos, ¿no?
–Ríe–. Mi madre era ugandesa y mi padre ruandés así que era una combinación perfecta, un impulso normal, el querer descubrir mis raíces. He viajado mucho por el continente y además he podido estudiar en él para entender mejor a la gente afro de los Estados Unidos. Estuve entre Kenia y Tanzania interesándome por la antropología médica. Cuando vivía en África del Este estaba preocupada por desenterrar mi verdadero ser cultural: una niña negra americana y de padres inmigrantes, aunque ya estaba occidentalizada. Estaba tratando de averiguar mi identidad cultural para reclamar mi conexión con África y me hallé privilegiada de ser una americana y de ser una persona de ascendencia africana. La experiencia me dio todo este espacio para decidir lo que realmente quería hacer. Y la música fue la elección obvia.

jazzmadrid-2016-somiA menudo te definen como una versión moderna de Miriam Makeba, y una mezcla vocal entre Nina Simone y Dianne Reeves. ¿Te sientes identificada con esta descripción?
Es un honor. Muchas gracias por tus palabras. Verás yo empecé a tocar el violonchelo cuando tenía ocho años y escuchaba mucha música clásica en la radio. Mi madre que cantaba, aunque no de forma profesional, me susurraba canciones de Uganda y de, por ejemplo, Elvis Presley.

¡Vaya! Menuda combinación de sonidos y de movimientos de cadera
–Ríe–. Sí… A mi padre le encantaba el reggae. La elección de ser músico no fue fácil. Me encantaba cantar, pero no pensé que fuera una opción viable como carrera profesional. Todo el mundo en mi familia tenía un trabajo más tradicional y, además, las familias de inmigrantes no suelen animar a sus hijos a ser artistas.

Hoy has demostrado que tu repertorio abarca un amplio espectro con canciones de conciencia social sobre el movimiento Occupy Nigeria, con letras que hablan sobre el estado de la mujer en Nigeria, de la pobreza, del amor. ¿Cuál es el rol de un cantante?
Mi último álbum lo escribí y compuse en Nigeria. Quería saber qué estaba ocurriendo allí, en una capital tan cosmopolita como Lagos, en un país que es la primera economía del continente. Así que mi rol es decir la verdad. Hablo de asuntos que le preocupan a la gente como los movimientos de ocupación en ciudades africanas, de la circuncisión, de las trabajadoras sexuales…

Pero Somi, esto no es comercial, no vende…
Ya lo sé, pero ese no es mi problema. En esencia el artista debe ser honesto consigo mismo. No es plan de decir, ¡oh, tengo que escribir una canción sobre Trump por lo que representa! Más bien tratar asuntos que estén relacionados con lo que tú necesitas explicar. Quizás sea sobre el medioambiente o sobre el fenómeno migratorio. Como te decía, hay que ser honesto con uno mismo porque esto es lo que la gente siente.

Imagen de Somi en su camerino en e concierto del Festival de Jazz de Madrid. Foto: Sebastián Ruiz.

Imagen de Somi en su camerino en e concierto del Festival de Jazz de Madrid. Foto: Sebastián Ruiz.

Ahora que mencionas a Trump. ¿Cuál es tu valoración?
–Silencio. Somi calla durante al menos 30 segundos. Los ojos se le ponen llorosos–. Es un tema muy obsesivo. Es una mala época. No se trata sobre lo que le ocurrirá a la gente negra, a los musulmanes, a los homosexuales… Nos afecta a todos. Estos días he dormido temerosa por el mundo que nos espera con este tipo en la Casa Blanca. No sé qué está ocurriendo. Hoy, salir al escenario fue muy importante por un número de razones: era la primera vez que abría mi corazón y era capaz de hablar de mis sentimientos, de mis sueños, después de unos días. He tenido un espacio para volar y para decir la verdad a través de la música. Sobre Trump no sé realmente qué más puedo decir.

somi_foto_glynis_carpenter_3-jpg__1600x768_q85_crop-smart_cropper-media_background-_subsampling-2¿Nuevo álbum a la vista?
Ahora estoy trabajando en un nuevo álbum sobre los inmigrantes africanos en Harlem, –donde ella vive– sobre sus experiencias, sobre la xenofobia que sufren… Aunque realmente esta enfermedad no es exclusivamente americana porque ocurre lo mismo también en Europa. Así que intento reflejar cómo fenómenos como este, o incluso la gentrificación, tienen lugar en barrios tradicionalmente marginados y cómo la población que vive en ellos se enfrenta a estos problemas. Cómo negocian las vicisitudes. Pero hablo también sobre la humanidad, porque Harlem nos recuerda la historia de la experiencia afroamericana y es una historia importante, pero viven también otras comunidades desde hace 40 o 50 años y no son realmente incluidas en la conversación cuando hablamos de cómo la gentrificación está cambiando Harlem. Así que mi nuevo álbum es para recordarlos a todos.

[En enero de 2008 la cantante fundó la organización sin ánimo de lucro New Africa Live con un objetivo claro: “crear un espacio cultural de pertenencia para los artistas africanos contemporáneos mediante la producción de eventos artísticos multidisciplinares. Y entre tanto, que entretenga, que eduque y cree conciencia sobre el valor de la cultura africana en un mundo globalizado”. Según explica Somi, con estos eventos tratan de cuestionar la idea homogeneizada de producción cultural africana (no todo son timbales) y apoyan el trabajo de artistas que interrogan las políticas de identidad africana con un espíritu cosmopolita y de hibridación urbana.]

¿Y algún otro proyecto en el que estés embarcada?
Estoy inmersa en una jazz-opera sobre Miriam Makeba en Nueva York que se estrenará en diciembre y supone un proyecto que engloba la escritura, la música en sí y la interpretación.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Como te defines como una panafricanista, te pregunto sin tapujos. ¿Cuál debería ser en tu opinión la nueva agenda para África?
Lo más importante y excitante es que estamos volviendo a ser propietarios de nuestra narrativa en un camino que nunca antes habíamos hecho. Específicamente en el mundo artístico porque estamos cambiado muchas cosas, empleando muchas cosas. Es maravilloso decir que esta inversión es en nosotros mismos. Es un tiempo maravilloso en el continente, pero también en la diáspora porque mucha gente que conozco no tenía estas oportunidades para expresarse por ellos mismos. Ahora pueden ser artesanos, diseñadores, emprendedores… ¡cualquier cosa! Y no necesariamente un abogado o un médico porque la sociedad de alguna forma te lo imponga. Así que es maravilloso ver el valor de los nuevos artistas e invertir en este talento y, observaremos cómo la economía del continente crecerá en este sentido.

¿Tu sueño para África?
La autosuficiencia para ser responsables de nosotros mismos y no tener que depender de nadie. Trabajar por la igualdad y el aprovechamiento de los recursos para invertir en nuestras propias infraestructuras en un sentido amplio. Porque es maravilloso que se invierta en los artistas, pero es algo más grande cuando los gobiernos invierten en el pueblo y no tienen que pedir explicaciones en el círculo del desarrollo. Mi sueño es cambiar la narrativa de la ayuda, de la pobreza. Porque está ahí, pero debemos usar todo lo que tenemos ya que África es un continente realmente rico: los recursos están allí, los minerales están allí.

¿Y un sueño para los EE.UU.?
–Silencio–. No lo sé honestamente…

Bueno, mejor matizo: ¿un sueño para tu hogar en Harlem?
¡Oh! Muchas gracias porque estaba pensando en que se acabara la legislatura de Trump mañana mismo… –ríe–. Creo que es importante recordar la cultura. No es algo sobre la raza, sino sobre la cultura. Crear espacios de intercambio en esta ciudad, en estos barrios donde se está destruyendo la esencia… es algo horrible. De cualquier forma no sé si este sería mi sueño, pero se convertiría en algo precioso.

Incertidumbre viva: las respuestas del arte africano a los desafíos de la humanidad

Es necesario desvincular la incertidumbre del miedo. Bajo ese lema, la comisaria de la 32ª Bienal de São Paulo, en Brasil, reúne hasta el día 11 de diciembre en la capital paulista a 81 artistas de 33 países que hablan a través de esculturas, pinturas, dibujos, instalaciones y performances sobre la necesidad de enfrentar con menos angustia y más convergencias a las inconstancias y crisis múltiples propias de nuestro tiempo.

captura-de-pantalla-2016-11-09-a-las-12-26-59El esfuerzo político de la exposición, considerada la segunda más importante del mundo, es desmontar la dicotomía estabilidad/incertidumbre que siempre ha sido exitosa en asociar la primera a la continuidad y la segunda, al riesgo, tal como prueban la xenofobia y la securitización de la vida en Occidente.

Esa es una edición especialmente diversa de la Bienal, con una mayoría de artistas oriundos de fuera de Europa Central y Estados Unidos. La selección de nombres africanos, en particular, es una de las más importantes de la historia del evento. “Yo pasé mucho tiempo en el continente [africano] y en Brasil pensando en las voces que podrían contribuir para la conversación, pero que también pensaran en un lenguaje transnacional que pudiese ser desarrollado colectivamente”, afirma la artista sudafricana Gabi Ngcobo, una de las cinco comisarias de la exhibición.

Sobre el escenario del arte contemporáneo africano, la comisaria retoma la importancia de superar las fronteras artísticas impuestas por Occidente y, al tiempo, construir espacios de resistencia dentro de esas mismas fronteras.

Nosotros africanos nos hemos preguntado sobre qué es África. Entonces la emergencia de lo ‘africano’ se vuelve problemática. Es nuestra responsabilidad crear espacios de respiro, pero también aceptar que existimos en un lugar en que las exhibiciones se volvieron una tendencia”, dice. “Es nuestra responsabilidad trabajar con esas tendencias. Resistir, pero también encontrar dentro de esas tendencias lugares en que podamos ser libres.”

El equipo e Wiriko estuvo en el pabellón de la Bienal –un edificio que compone el conjunto de estructuras dibujadas por el mítico arquitecto brasileño Oscar Niemeyer en el Parque del Ibirapuera– para descubrir la participación de cinco artistas africanos en ese debate.

Anawana Haloba – Close-Up

anawana-close-up-aproximac%cc%a7a%cc%83o-2016

Anawana Haloba – Close-Up

A artista nacida en Zambia, pero radicada en Noruega, es contundente al asociar el momento cultural actual con una piedra de sal que se liquidifican gota a gota, minuto a minuto, delante de los ojos de los espectadores. “Es una metáfora de la desaparición de las culturas e identidades”, explica Haloba. Son diez piedras colgadas en una sala por hilos y telas de nylon casi invisibles. Algunas son rosa y otras, de un blanco extremo, y flotan en el espacio que estaría completamente vacío si no fuera por las ollas y cacharros que, en el suelo, justo debajo de esas piedras, hacen reverberar el sonido de cada gota que se desprende.

La sensación, para quien camina entre la instalación, es de una lenta pero cadente sinfonía. “La sal es como una lagrima. La gota produce un silencio que te hace reflejar y ganar conciencia de uno mismo. Mientras caminas, consigues sentirla en el aire”, dice la artista. Según Haloba, la opción por las piedras de sal como materia central en esa instalación se justifica por la voluntad de retratar los fluidos corporales y, al tiempo, hacer referencia a la sal como materia-prima, fuente de conflictos, intereses económicos pero también de resistencia – como en el caso de Gandhi en India.

El efecto visual va aun más allá: al final de cada día, con el calor del ambiente, el agua evapora y lo que se ve son los rastros de la sal blanca en el suelo, “apenas un trazo de lo que sucedió allí”, afirma.  Los componentes visuales de “Close-Up” son potenciados por una grabación sonora que mezcla la lectura de un poema guaraní –un importante idioma indígena en Sudamérica– con la voz de Haloba hablando en el dialecto lozi, de su madre. Con ese elemento, la artista quiere provocar la reflexión sobre como las diferentes identidades pueden ser preservadas en un contexto de destrucción ambiental y cultural del planeta.

“Estoy interesada en sociedades diferentes. No quise apenas referirme a lo que se pasa en Zambia, pero a como las diferentes cosas son interpretadas en diferentes sociedades.” Para ella, la cuestión central en el tema de la incertidumbre es entender como las diferentes lenguas y culturas del mundo pueden ser preservadas, qué significa su desaparición.

Dineo Seshee Bopape – : indeed it may very well be the ___________ itself

Mientras la obra de Haloba se centra en el paso del tiempo, la instalación del artista sudafricano Dineo Bopape enfoca la presencias y ausencias humanas, siempre relacionadas a la posesión de la tierra.

bopape

Dineo Seshee Bopape – : indeed it may very well be the ___________ itself

Como en el caso de “Close-Up”, en “:indeed it may very well be the ___________ itself” es posible caminar entre los elementos –rectángulos y cuadrados de tierra comprimida sobre las que se ven agujeros formando juegos tradicionales, objetos diversos y hasta reproducciones de órganos femeninos–. Al tiempo, el espectador escucha el latir de un corazón y el sonido de los árboles y de la tierra siendo trabajada. Los bloques de tierra están marcados por ranuras, que profundizan la sensación de abandono. La unión de esos elementos parece hacer referencia a la perpetuidad de las memorias y a la huella dejada atrás por el movimiento humano.

“Yo estaba pensando sobre presencia(s) y ausencia(s) de algo, materia, nada. El desplazamiento de eso desde (dentro y fuera) ‘aquí’ hacia ‘allá’. Vacuos, fisuras y agujeros y cavidades. Plenitud, depresiones, vacíos, confinamientos”, explica Bopape. “Ese trabajo en particular, para mi, considera la negociación entre algo y la nada”, completa. La instalación también subraya de modo inequívoco a la cuestión de la propiedad de la tierra en tiempos de escasez. “En Sudáfrica, por ejemplo, las políticas de posesión de la tierra puestas en marcha durante los años coloniales y en el apartheid en larga medida tienen efecto todavía hoy. El dato aproximado es que el 79% de la tierra (y de la riqueza) permanecen en las manos de una minoría blanca y la mayoría de los africanos no tienen tierras –en su propia tierra–”, afirma Bopape.

“Eso no es exclusivo de Sudáfrica. En numerosos lugares con una historia de colonialismo la población nativa fue desposeída de tierra –sea para uso y acceso como para propiedad–. ¿Y qué es tierra, suelo, polvo… de que cada uno esta hecho? ¿Cómo es no tener posesión de tu ‘base’, de uno mismo? ¿Y cómo es tenerla?”, cuestiona el artista.

Para la curadora Gabi Ngcobo, la obra de Bopape es una experiencia corporal porque reúne las energías de los cuerpos que la crearon. Por otra parte, le llama especial atención las ranuras en la tierra. “Me gusta esa metáfora porque en la narrativa histórica siempre existen esas ranuras y me gusta pensar que nuestro trabajo habita esos espacios porque es de ellos que viene la luz”, dice.

Em’kal Eyongakpa – Rustle 2.0

El camerunés Em’kal Eyongakpa tradujo en su instalación la dualidad entre naturaleza y civilización, organicidad y tecnología. Al entrar en una sala completamente escura, el espectador es rodeado de sonidos que oscilan entre el agua corriente y el efecto del viento sobre los árboles, por un lado, y las motosierras y su ruido metálico, por otro. Aunque no se pueda ver con claridad, uno puede sentir el olor húmedo del musgo y de la paja que cubren el las paredes y el suelo del cubículo.

eyongkapa-rustle-2-0-farfalho-2-0-2016

Em’kal Eyongakpa – Rustle 2.0

A los pocos, por efecto de luces de colores que corren dentro de tubos que se asemejan a fibra óptica, se dibujan dos grandes pulmones, con sus bronquios y bronquiolos iluminados. Pero lo que se ve, en realidad, son las siluetas aproximadas, hermanadas, de África y América.  La idea de la obra es compaginar naturaleza y cultura en un mismo todo, y no como ámbitos separados y autónomos. Según la comisaria, “Eyongakpa sugiere la idea de algo orgánico en la sobrevivencia y en la manutención de diversos sistemas –digitales, ecológicos, políticos– revelando una rara familiaridad entre ellos”.

“Esa es una experiencia corporal muy, muy fuerte porque entras en ese espacio, el olor cambia y el sonido, a todo el tiempo, no importa cuantas veces lo escuches, te golpea desde dentro”, dice Gabi Ngcobo. “La habilidad de Em’Kal de conectar todos esos materiales con el cuerpo, y con referencias al cuerpo, provoca una experiencia realmente muy íntima”, completa.

Misheck Masamvu – Midnight y Spiritual Host

fbsp_24910_32bsp_misheckmasamvu_lista_039-lpr

Jump Spread Your Legs [Passo largo], 2013 – Misheck Masamvu

Las dos pinturas presentadas por el zimbabuense Misheck Masamvu son ventanas para la realidad política y social en Harare. En su primera exposición en Brasil, Masamvu trae una trilogía intencionalmente desfalcada: “las dos obras son parte de un dialogo en tres partes, en que la tercera pintura es conscientemente excluida de la muestra”. Ese dialogo, dice, “se hizo para dar forma a las sombras que se encuentran en la estera del desaparecimiento de la humanidad”.

Con una precisión observadora y simple, el pintor que califica el arte contemporáneo en su país como un “sobre decorado” detalla de modo íntimo el proceso creativo e intelectual que rodea la creación de las dos piezas. Sobre el aparente caos traducido por los colores intensos, el Masamvu afirma que “se refiere a eventos experimentados, o a una vida vivida en miedo, o mantenida bajo examen por el incómodo producido por las conocidas consecuencias que pueden suceder a aquellos que se levantan por sus derechos”.

Y sigue: “Midnight es un tiempo que cuelga de la idea de lo próximo, de los probables desenlaces. Entretanto, habla de quietud, de un pasaje cuando lo desconocido reside en la emergencia de las sombras. Es un tiempo en que tu imaginación puede crecer más fuerte que la esperanza, o cuando tu fe es cuestionada por las sombras y los espíritus se elevan para agitar a tus huesos de horror. Tu prefieres que tus ojos sean cerrados a ver el fantasma del tiempo escribir a tu obsoleto futuro. Spiritual Host se refiere a la noción de los ‘headliners’, aquellos que expresan conciencia y percepción. Midnight son cuernos encerrados, un pueblo indeciso, en conflicto. Midnigh es pegar a tu oponente. Midnight es una colección de huesos. Spiritual Host es paciencia, es el sacrificio de uno mismo, es la vida que vale la pena preservar y un mensaje de esperanza.”

Sobre la relación entre las dos obras y el tema central de la Bienal –las incertezas vivas–, defiende sin dudar que la humanidad esta en riesgo por los ingredientes ‘deseducadores’ en oferta, que promueven el individualismo en lugar de lo colectivo en el desarrollo de soluciones para nuestros desafíos.

Mmakgabo Helen Sebidi – Tears of Africa

detalhe-de-tears-of-africa-1987-1988_helensebidi_matedu_000

Mmakgabo Helen Sebidi – Detalle Tears of Africa 1987-1988

La conversación transnacional de la que hablaba Gabi Ngcobo alcanza su máxima expresión en el trabajo de Helen Sebidi. La artista sudafricana, veterana en un grupo de jóvenes artistas emergentes, pasó cuatro meses en una residencia en el Goethe Institut de Salvador, en Bahia, trabajando en la segunda de las dos piezas que exhibe en la Bienal.

La primera es la mítica Tears of Africa, una pintura en carbón, tinta y collage que, en blanco y negro, resuena con un impacto asustadoramente actual los conflictos por los que pasaba el continente africano en los años ochenta, así como el régimen del apartheid en su país. Desde su creación, por determinación de la artista, la obra nunca salió de allá. “Ella decidió mantenerlo para aprender de él, como una herramienta de educación y trabajo para ella y otros artistas. Creo que eso muy profundo”, dice Ngcobo, que frecuentó la casa y el estudio de Sebidi y articuló el traslado de la obra.

La segunda pintura es justamente la continuación de esa historia no superada, que todavía resuena en un mundo de relaciones post-coloniales o neo-coloniales. Con una referencia directa a la esclavitud en Brasil y su conexión con la persistente violación y discriminación de la población negra, la segunda parte de Tears of Africa es, según Ngcobo, un retrato de esa historia compartida entre Brasil y el continente africano.

“Es una conversación que llega tarde en Brasil, en comparación con Estados Unidos, por ejemplo, y muchas veces es evitada, a pesar de ser absolutamente crítica”, dice la curadora.

Black Folk Don’t: Esas “cosas” que los negros no hacen

bfd-get-maried-titleAngela Tucker es la directora y productora de la webserie Black Folk Don’t que con pequeños capítulos disecciona aquellas costumbres arraigadas en el imaginario de la población estadounidense sobre lo que los negros se supone que tienen que hacer. Es aquello de coger una cámara y desatornillar las construcciones mentales con la imagen y la palabra. El keniano Ngugi wa Thiong’o argumentó en su libro Descolonizar la mente que “la lengua fue el vehículo más importante mediante el cual el poder fascinó y atrapó el alma”. Ahora, en una época donde las industrias culturales dominan los sistemas de producción de ideologías y pensamiento, una contra narrativa urge.

Los largometrajes de ficción todavía están dominados por las imágenes de los hombres (sí, hombres) blancos. Sé que esto no es una novedad para las personas que leen artículos como este, pero es un problema más grande de lo que pensamos. “Básicamente, se deriva de los blancos que tienen una falta de entendimiento de la cultura negra. Es decir, los negros de las montañas de Colorado tienen mucha más facilidad de ir a las calles de Nueva York y escribir disertaciones sobre la cultura blanca, pero la mayoría de la gente blanca… no tanto. Este desequilibrio nos ha conducido a un momento en el que la industria cinematográfica carece de diversidad en un grado alarmante”. Las palabras entrecomilladas corresponden a Tucker. Pero espera, no vayas a la sección de comentarios y te desahogues. Sigue leyendo.

 

Black Folk Don’tproducida por Black Public Media con el apoyo de la Corporation for Public Broadcasting, invita a huir del pensamiento perezoso y a permanecer en las zonas grises sin importar el color de la piel. Y lo más importante: hacerlo con naturalidad. El proyecto, en su cuarta y última temporada recién estrenada, consigue enganchar al espectador con una fusión de humor y perspicacia que desmonta ciertos supuestos exponiendo su origen social, siempre anclados en el racismo. 

“Déjeme darle un ejemplo más visual. ¿Conoce esos rompecabezas de 1.000 piezas que las familias extienden sobre una mesa y pasan todo un fin de semana juntos completándolo? En el cine, los blancos son retratados por el estilo. Ellos son muy variados y se les permite poner muchas de sus piezas en exhibición. Mientras que nosotros llegamos a tener dos, tal vez tres piezas, que aparecen en la pantalla y eso es todo. A pesar de ello, seguimos siendo capaces de vernos a nosotros mismos. ¿Por qué? Debido a que todas las personas son complejas. Es el momento de mostrar nuestro dinamismo. Queremos crear imágenes en las que las mujeres negras sean vistos como las 1.000 piezas del rompecabezas”, explica la realizadora.

“Los negros no dejan propinas”, “los negros no van al médico” o “los negros no saben nadar” son algunas de las afirmaciones que esta webserie cuestiona. “Una gran cantidad de personas negras no nada pero las razones no son como nos gustarían: principalmente es porque no hemos tenido acceso y si tu familia no lo tiene no puedes aprender. Algunos de estos estereotipos pueden tener algo de verdad, pero el objetivo de la serie es mostrar la complejidad de la experiencia negra en los Estados Unidos”, matiza Tucker. Construir nuevos caminos a golpe de frames. Estamos hambrientos de medios de comunicación que permitan avanzar en el pensamiento crítico y Black Folk Don’t no solo lo consigue provocando, sino que también proporciona un breve contexto social en cada episodio.

AFRICA UTOPIA, “la instantánea de una utopía artística”

Desde la terraza del Queen Elizabeth Hall, con vistas al Támesis, Diabel Cissokho despide el día. Maame Adjei, una de las protagonistas de An African City, explica la dificultad de ser una mujer occidentalizada y encajar en la sociedad local en su regreso a Ghana. Los componentes de la Ópera de Ciudad del Cabo cantan en la Sophiatown de 1955 y Daliso Chaponda repasa la actualidad político-social enlazando bromas. Son retratos de una África diversa, efervescente y moderna.

Hannah Azieb Pool, directora de los programas de AFRICA UTOPIA. Imagen de Okayafrica.

Hannah Azieb Pool, comisaria de AFRICA UTOPIA.

El Southbank Centre de Londres acogió la semana pasada la cuarta edición del festival Africa Utopia. Por primera vez el evento se alargó cinco días en los que se compartieron distintas manifestaciones artísticas procedentes de África y la diáspora. Conciertos como los de Femi Temowo y Chineke! y sesiones de baile. Literatura de la mano de Chibundu Onuzo y Leila Aboulela. La aportación de Film Africa y el estreno londinense de la obra Expensive Shit de Adura Onashile. En esta edición se apostó por la moda que abarcó gran parte de la programación en la jornada del sábado y no faltó la participación del colaborador y uno de los fundadores artísticos del festival Baaba Maal.

Es un momento para ensalzar este trabajo. Intentamos crear una instantánea de lo que podría ser una utopía artística”, explica la comisaria de Africa Utopia, Hannah Azieb Pool, a Wiriko.

El festival se ha consolidado como un evento para acercarse a la actualidad del continente. La exhibición de ideas africanas que están cambiando el mundo es la seña de identidad de una programación que busca el intercambio con África. “Hay ideas increíbles y poderosas en el continente que si pasan inadvertidas serían una perdida para nosotros. África puede solventar problemas de Occidente”, dijo la directora artística del Southbank Centre, Jude Kelly, en la presentación del festival.

El trabajo de la diáspora también cuenta con un espacio para que los artistas exhiban la conexión con sus raíces. “La diáspora es clave en términos creativos, políticos, económicos y de activismo. Ellos lideran las conversaciones sobre el continente y muchos están volviendo a sus países. La diáspora es un puente para iniciar conversaciones y tener una percepción de ambos lugares”, dice Pool.

Africa Utopia celebra la innovación, el dinamismo y la creatividad africana. Pero no deja de lado la situación política y socioeconómica gracias a una programación de charlas y coloquios que se centraron en el cambio social, el activismo e la igualdad de género.

Como en anteriores ediciones, el público abarrotó las instalaciones del Royal Festival Hall, en especial en las jornadas del fin de semana. El festival sigue con la filosofía del Southbank Centre de hacer del arte algo accesible y “romper las barreras de clase social, dinero y privilegios”. La mitad de la programación es gratuita favoreciendo a que los asistentes disfruten una África que no siempre tiene espacio en los medios de comunicación e instituciones culturales. “Cada año revisitamos la idea de desafiar los estereotipos a través del arte. El debate debería haberse ganado hace años pero desafortunadamente sólo hay que ver las limitadas programaciones que hay, algunas de ellas racistas”, explica Pool. Y continúa: “si eres un artista del continente o de la diáspora normalmente se exige pertenecer a una etiqueta y tu obra se suele percibir desde un punto de vista muy occidentalizado”.

Africa Utopia es un ejemplo de la buena salud creativa del continente. Es un altavoz cultural que como en muchos otros casos pasa inadvertido a pesar de la potencia que destila. El objetivo de este entramado multidisciplinar cuenta con el tiempo y el espacio como principales desafíos. Es imposible poder reflejar todo el trabajo del continente y de la diáspora. “Podemos tener un festival cada semana y seguirán escapándose cosas. Ahora mismo África es muy rica creativamente y este año hemos intentado ser lo más panafricanos posible. Todavía no representamos los 54 países aunque es una meta para futuras ediciones”, dice la comisaria.