Una revisión al español que llega desde Abiyán

Cuando Nadia Djadji, estudiante de doctorado marfileña, realiza su investigación sobre la armonía vocálica entre el agni y el andaluz oriental, está poniendo en valor, por un lado, una lengua marfileña minoritaria que no cuenta con protección oficial y, por otro, señalando la heterogeneidad de formas de hablar el español y la aparente “ventaja” con la que podría aprender una persona del sureste peninsular esta lengua africana. Nadia sigue la estela de otros investigadores como el profesor y referente Yaω Ngԑtǎ que ha dedicado gran parte de su carrera a la defensa de esta lengua que cuenta con más de un millón de hablantes entre Costa de Marfil y Ghana y que recientemente ha editado una obra trilingüe (agni, francés y español) Bosoȹɛ̌ / Boule de feu / Bola de fuego (2016).

Imagen del coloquio celebrado en Abiyán. Foto: José Manuel Maroto Blanco

Tanto Djadji, como Ngԑtǎ representan la producción académica de investigadores africanos que trabajan en el estudio del español, como puso de manifiesto el impresionante programa del II Coloquio Internacional Hispanoafricano de Lingüística, Literatura, Civilización y Traducción que se celebró los días 6, 7 y 8 de marzo en la Université Félix Houphouët-Boigny de Abidjan en Costa de Marfil. Este encuentro se ha erigido como uno de los eventos científicos más importantes sobre estas temáticas en el África Subsahariana. Más de 80 ponentes de ocho países africanos (Argelia, Egipto, Nigeria, Ghana, Benín, Gabón, Senegal y Costa de Marfil) y dos europeos (España y Francia) y más de dos centenares de asistentes, muestran el prestigio de este congreso que hace posible el profesorado del grupo de investigación del Département d’Études Ibériques et Latino-Américaines de la Université Félix Houphouët-Boigny de Abidjan y el trabajo de más de 30 voluntarios marfileños, la mayoría estudiantes de Máster y Doctorado .

Esta segunda cita del coloquio, llevaba por título “Panhispanoafricanismo: realidades del presente, retos del futuro”, y pretende promocionar y divulgar el conocimiento acerca de la lingüística, la literatura y la civilización africana y, de manera particular, “dar visibilidad a las lenguas africanas y a la situación de la enseñanza del español en África”, planteándose como un espacio de intercambio entre personas con diferentes visiones y perspectivas investigadoras.

Los asistentes al encuentro hispanoafricano en Costa de Marfil. Foto: José Manuel Maroto Blanco

La efervescencia de este ámbito de investigación se refleja en el resto de trabajos presente en el coloquio, como el de Sandre Lauhé titulado “Le problème de la renaissance africaine dans Changó el Gran Putas de Manuel Zapata Olivella”, puso el acento en temas como la negritud, el panafricanismo o el racismo en Colombia. En él se cuestionó, entre otras, el discurso del “mestizaje” que ha intentado borrar la existencia de la comunidad afrocolombiana y de las relaciones desiguales de poder que aún hoy, más de 30 años después de la redacción de esta obra, siguen presentes en el país latinoamericano. En el caso del contexto español también se presentaron trabajos sobre literatura y memoria como “La literatura de Francisco Zamora o cómo se ve el racismo desde el Viyil” que puso el acento en la continuidad de las lógicas racistas en España a través de una memoria que intenta revertir la amnesia generalizada en nuestro contexto historiográfico. Un taller en exclusiva estuvo dedicado a la historia de España y fue protagonizado por marfileños.

El escritor Manuel Zapata Olivella

Como asegura Nadia Ndjadji, “esta mezcla de culturas es siempre algo muy positivo y este evento es una oportunidad, una suerte, si lo puedo decir así, para los alumnos, sobre todo para los de Master y doctorado, porque eso les permite prepararse para la tesis; es una ventana abierta para ellos y para presentar el resultado de sus trabajos”. Además, la diversidad de enfoques es algo que valoró Koaussi Nogues Kouassi, estudiante de doctorado, pues “estamos acostumbrados a ver cómo los blancos siempre defienden sus propios intereses, su posición de blanco, ver que hay personas que no lo hacen así yo creo que no solo viene bien a los alumnos sino también a los profesores y cambia la imagen que la gente tiene”. El Coloquio contó con muchas intervenciones que trataron de plantear una visión de la Historia alejada de las perspectivas eurocéntricas a las que nos tiene acostumbrada la Academia. Reescribir la historia de España desde una perspectiva afrocéntrica, entendiéndola como una teoría de cambio social (Asante, 2003) y que ponga el acento en desvelar los numerosos y flagrantes silencios de la historiografía española y latinoaméricana, pasa por no huir de temas incómodos para el discurso oficial como la implicación en la trata de esclavos, la colonización del África Subsahariana o la situación de las poblaciones afro actualmente. Hoy todos estos temas siguen pasandodesapercibidos en los manuales escolares y en la inmensa mayoría de programas de estudios de los grados de Historia. La implicación de investigadores/as africanas va a ayudar a dar un impulso a este asunto tan necesario.

Profesor Yao Koffi

Durante el congreso también se llevaron a cabo acciones para fomentar la participación del estudiantado marfileño en diversas actividades. Un ejemplo de ello fue el seminario que organizó e impartió Ángeles Jurado Quintana de Casa África en donde se presentaron dos concursos de la institución, el de microrrelato y el de ensayo. Ambos, premiados con 1.000 y 2.000 euros respectivamente y la publicación de los textos ganadores. No hay mejor manera de romper con la visión estereotipada de África Subsahariana que a través de la pluma de las generaciones jóvenes del continente.

El éxito del coloquio ha ha tenido que superar las dificultades que se han encontrado desde la organización William Jacob EKOU, profesor y uno de los organizadores del evento señala: “La falta de apoyo, la falta de compromiso de las autoridades académicas. Ven el coloquio como si fuera algo personal del que lo está organizando. De modo que no dan un duro”. La embajada española, la AECID, el Instituto Cervantes o la Universidad de Valladolid (el profesor Juan Miguel Zarandona es uno de los organizadores) están apoyando estos congresos junto a universidades francesas. Otras se unirán en la siguiente edición, como la Universidad de Granada a través del Departamento de Historia Contemporánea.

Tanto para profesores como para alumnos se trata de una buena oportunidad. El profesor universitario Bi Drombé Djandjue destacaba la visibilidad que ofrece a la labor investigadora de los docentes, a las instituciones universitarias y a la propia realidad marfileña.A inicio de esta década, sólo Senegal y Costa de Marfil acaparaban dos terceras partes de la demanda de enseñanza de español. “Nosotros tenemos ganas de dar color a la cultura y las lenguas españolas y a nuestras lenguas. Hablando del español hablamos también de nuestras lenguas” afirma Ekou.

Profesor Yaω Ngԑtǎ Fuente: https://attoungblan.net/es/boule-de-feu-de-yao-nguetta-de-laffirmation-a-la-confirmation-de-lidentite/

Este coloquio internacional confirma la cada vez mayor actividad de colaboración entre las universidades marfileñas y españolas. De hecho, en noviembre de este mismo año se celebrará el III Coloquio Internacional “Representaciones colectivas cruzadas: Áfricas, Américas y Caribes. Siglos XIX-XXI”, en las que participará entre otras, la Universidad de Alcalá o el Seminario Permanente Juan Latino de Estudios sobre esclavitud, mestizaje y abolicionismo en el mundo hispánico, de la Universidad de Granada, así como otras universidades francesas; o la I jornada científica “La globalización a la luz del español y del portugués: cambios e intercambios” que tendrá lugar, en este caso, en la Université Alassane Ouattara en Bouaké.

En definitiva, estuvimos ante un Coloquio Internacional que afianza las relaciones entre las universidades del Norte y del Sur, que aparece como un espacio que puede ayudar mucho a romper con la visión tan eurocéntrica de los estudios en Ciencias Sociales y Humanidades, algo muy necesario ya que, como afirma Boaventura da Sousa (2011: 16), la “comprensión del mundo es mucho más amplia que la comprensión occidental del mundo”.

Bibliografía.

Asante, M. K. (2003). Afrocentricity: The Theory of Social Change. Chicago : African American images

Sousa Santos, B. de (2011). Introducción: las epistemologías del sur. En VV.AA. Formas-Otras: Saber, nombrar, narrar, hacer, p. 11-22. Col. Monografías. Barcelona: CIDOB.

Yaω Ngԑtǎ (2016). Bosoȹɛ̌ / Boule de feu / Bola de fuego. Madrid: Assata Ediciones.

Felwine Sarr: “Vivimos en una crisis de la idea de comunidad”

“Vivimos en una crisis de la idea de comunidad. Las personas migrantes, la movilidad…¿Quién forma parte de la comunidad? Las personas a las que llamamos extranjeras no lo son porque no existe tal cosa; todos somos seres humanos, con diferentes experiencias e historias… Pero la identidad principal es la identidad humana”. Es el demoledor diagnóstico que el intelectual senegalés Felwine Sarr hace de la sociedad actual. En los últimos años se ha convertido en una de las voces más escuchadas de una corriente de pensamiento africana que apuesta por replantear el papel del continente y de sus habitantes en un mundo globalizado. 

El intelectual senegalés Felwine Sarr impulsa todo un proceso de repensamiento del papel de África. Foto: Indhira García Belda.

Sarr pasó por Madrid en el contexto de la primera parte de Grigri Pixel, un proyecto desarrollado por Grigri Cultural Projects en colaboración con Medialab-Prado, que se ha desarrollado entre mayo y junio. El programa ya va por su cuarta edición y pretende continuar generando espacios de creación colectiva en los que otros relatos tienen cabida, explorando de esta manera “las prácticas de cooperación cultural y ciudadanía entre África y Europa”.  

Sarr se sentó junto a la filósofa Marina Garcés en una actividad titulada “Dar lugar” para aportar su propia visión sobre el tema de la hospitalidad, que era el hilo conductor del programa de este año, invitando así a meditar y poner en común perspectivas sobre cómo construir puentes en un mundo cada vez más dividido por fronteras políticas, económicas y sociales.  En este marco, Sarr desgranó algunas de las claves de su último trabajo, Habiter le monde, essai de politique relationelle (2018). En este el autor llama la atención sobre la crisis de relacionalidad que estamos viviendo, explicando que los espacios relacionales se han convertido en un conflicto. Si bien es cierto que movimientos como el 8M son capaces de unir a mujeres de contextos muy diferentes en una lucha en común, Sarr piensa que “la relacionanalidad es un espacio muy débil”, y que una civilización que progresa es aquella que genera relaciones entre los individuos. 

El escritor y economista Felwine Sarr, uno de los impulsores de Les Ateliers de la Penséé. Foto: Indhira García Belda

Wiriko pudo compartir una conversación con el intelectual senegalés en la que puso de manifiesto los pilares de su pensamiento. El escritor y economista defiende que todos venimos de un espacio de vulnerabilidad y que hemos sigo acogidos en algún momento. La comunidad tiene que organizarse políticamente, no sólo en términos de ética o mediante cuestiones ideales. Para Sarr las luchas por los derechos de los distintos colectivos de la sociedad son necesarias, pero más allá de los esfuerzos de estos grupos, es importante que todas las personas nos unamos en una sola lucha. 

Teniendo en cuenta que los vínculos entre las personas no atienden únicamente a una historia o una lengua en común, ¿cómo podemos crear un sentimiento de pertenencia a una sola comunidad? La respuesta está en lo que el autor llama “los imaginarios de la pertenencia” y “la narrativa de la comunidad global”. El primer concepto se refiere a la comunidad local de la que todos partimos: nacemos en un contexto y compartimos una historia y una memoria local con el resto. Esta idea de ancestralidad está conectada a la legitimidad ya que muchas veces deriva en la exclusión de aquellos que vienen de fuera. Esto se debe a que a nivel global existe una historia que es la misma para todos, pero no hay una memoria que nos una. 

“Construir la comunidad humana consiste en producir una narrativa que anticipe cómo será esa comunidad” dice el autor, y para ello “tenemos que romper con los imaginarios de la pertenencia”. Profesor también de la Universidad Gaston Berger de Sant-Louis (Senegal), Felwine Sarr considera que los centros educativos pueden ser “un espacio de deconstrucción y reconstrucción que produzcan conocimiento para la comunidad que queremos crear” enseñando que “todos venimos de una cultura, pero que no pertenecemos a ella, no estamos atrapados en ella”. 

“La cultura es una respuesta que los humanos damos a preguntas universales en contextos específicos” explica Sarr. Junto con los imaginarios de la pertenencia, es fundamental también acabar con el imaginario de nación, actuando desde una perspectiva global. “La identidad humana es más importante que las especificidades de mi identidad local (…) Se trata de reconfigurar los imaginarios de quiénes somos, el lugar que tenemos en el mundo y de dónde venimos”. 

Estamos ante una tarea compleja. La crisis de la comunidad no afecta a todos los individuos de una sociedad por igual, así es que es necesario saber qué papel tiene que desempeñar cada uno para poder generar la comunidad global. El escritor nos recuerda que las personas privilegiadas que están en el centro generalmente no tienen razones o intereses suficientes para unirse a este esfuerzo. Son las víctimas de la exclusión las que tienen en sus manos la responsabilidad de impulsar el cambio, ayudándonos así a llegar más lejos. 

En 2016, el compromiso político y social de Felwine Sarr le llevaron a fundar junto con el historiador camerunés Achille Mbembe Les Ateliers de la Penséé, que Sarr entiende como una plataforma en la que los artistas e intelectuales de África reflexionan tanto sobre cuestiones globales como continentales del mundo en el que vivimos. Su próxima edición, que tendrá lugar en noviembre, incluye a participantes de distintas procedencias y tiene como tema principal las vulnerabilidades y cómo estas intersectan. Afrotopía ha sido la obra que ha cimentado toda esta estrategia de repensar el lugar que debe asumir el continente en un mundo globalizado.

Engánchate a las novedades literarias africanas de esta primavera

En el mes de mayo el célebre escritor y pensador keniano Ngugi wa Thiong’o (1938) visitó Madrid y Barcelona para hablar de “las formas ‘minorizadas’ de la literatura”, coincidiendo con la nueva edición de La revolución vertical (2019), una obra que en 2016 encabezó un proyecto de traducción en lenguas africanas y que desde marzo está disponible en versiones bilingües en gikuyu y castellano, catalán, asturiano, euskera, gallego y aranés. Este es un ejemplo de que las literaturas africanas se están haciendo con un sitio permanente en nuestra sociedad, en la que los libros etiquetados de “clásicos” se refieren a producciones de Occidente, y conforman así una jerarquía en la que autores europeos y americanos disfrutan de la visibilidad de la cúspide mientras las plumas africanas quedan bajo su sombra.

¿Por qué las mujeres salvarán el planeta? (2019). El rayo verde. Fuente: Andreu Zaragoza.

No hay duda de que el panorama literario de hoy en día no es el mismo que el de hace veinte años. Esto se debe a los cambios e imperativos que traen consigo los nuevos tiempos; es decir, la globalización ha afectado el mundo de las letras, le ha hecho transformarse gradualmente. Pero hay actores que han sido determinantes para alterar la configuración de la pirámide de la que hablábamos antes. Las independencias de los países africanos trajeron consigo movimientos culturales que reivindicaban la autoría propia del continente. Figuras como Thiong’o tuvieron un gran impacto, pues no olvidemos que el pensador, persiguiendo el fin de descolonizar la mente, abandonó el inglés como lengua de escritura en favor del gikuyu. Todos estos factores han hecho que sea posible ver cómo obras de autores y autoras de España comparten los escaparates de librerías con, por ejemplo, la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (1977). Por lo tanto, la producción africana se está extendiendo más allá de las fronteras nacionales, abarcando una amplitud de géneros y temáticas que anteriormente las confinaban a narrar crónicas del colonialismo y de la esclavitud.

También es necesario reconocer el papel fundamental que tienen las editoriales para que podamos tener al alcance estas obras literarias. Sin ellas muchos de los trabajos de autores y autoras como Chinua Achebe, Ken Bugul, Nadine Gordimer, Ama Ata Aidoo, Wole Soyinka o Bessie Head seguirían esperando a ser traducidos y publicados. Por ello, desde Wiriko queremos destacar las novedades de las letras africanas que nos esperan en estos meses gracias a la labor de algunas editoriales con base en España.

 El Rayo Verde

En una publicación de marzo hablábamos ya de La revolución vertical (2019) de Ngugi wa Thiong’o y cómo este cuento ha sido traducido por El Rayo Verde y el Raig Verd al castellano, catalán y asturiano. En la conferencia que tuvo lugar en el Museo Nacional y Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, el autor expresó que esta historia es para todos los públicos, ya que se refiere a cuestiones que nos afectan como personas (igualdad, convivencia, etc.).

Por qué las mujeres salvarán el planeta (2019) reúne ensayos y entrevistas de autoras involucradas en la lucha feminista que ponen de manifiesto la correlación entre el feminismo y el medioambiente. De entre las voces recogidas destacamos a la sudafricana Zandile Gumede (1961), quien actualmente ejerce de alcaldesa en la Municipalidad Metropolitana eThekwini; Atti Worku (Etiopía), fundadora y directora ejecutiva de la organización Seeds of Africa; los textos de Shukri Haji Ismail Bandare (Somalia 1947), ministra de medioambiente y desarrollo rural de la República de Somalilandia, y Fatima Jibrell (Somalia 1947), cineasta, activista medioambiental y fundadora de la organización Horn Africa (ahora Adeso); y por último, Nidhi Tandon, activista y escritora nacida en el este de África que trabaja con mujeres y comunidades minoritarias. Esta publicación hace hincapié en materia de igualdad de género (visibilizando el trabajo de mujeres de diferentes nacionalidades) a la vez que nos hace reflexionar en torno al vínculo de la naturaleza, la ecología y el medioambiente con el sexo femenino. Por lo tanto, Por qué las mujeres salvarán el planeta amplifica la voz de autoras africanas, situando además a las mujeres como protagonistas en la lucha contra el cambio climático.

Baile del Sol

De la mano de la colección de literatura de Casa África encontramos Doce relatos urbanos. Doce voces africanas (2019), publicado también en el mes de marzo. Las ciudades son las protagonistas de las doce historias que componen esta publicación. Se trata de cómo los autores y las autoras africanas expresan su punto de vista a través de los espacios urbanos. En el blog África Vive, Ángeles Jurado nos habla un poco más sobre cómo diseñó este proyecto hace dos años, qué escritores y escritoras aceptaron formar parte de la colección, así como la intención de trasladarnos a nuevos lugares mediante los relatos.

La editorial también ha incorporado en sus ediciones castellanas la primera novela de la nigeriana Chinelo Okparanta (1981). En Bajo las ramas de las udalas (2019) conocemos a Ijeoma, una niña cuyo padre es asesinado a causa de la guerra civil nigeriana en 1968. Huyendo del conflicto bélico, la protagonista conoce a Amina. La relación entre ambas lleva a Ijeoma a reflexionar sobre cuestiones de fe y amor entre otras. Por lo tanto, Okparanta nos invita a acompañar a la protagonista en su paso de la infancia a la vida adulta, siendo testigos de los cambios, reflexiones y decisiones que tienen lugar durante su desarrollo personal.

Crononauta

Quién teme a la muerte (2019). Nnedi Okorafor

Fuente: Crononautas

Siguiendo la línea de compromiso con la igualdad de género, la editorial alternativa Crononautas ha contado con una preventa online de la nueva edición de Quién teme a la muerte (2019). Publicada por primera vez en 2010, esta novela, escrita por la estadounidense de origen nigeriano Nnedi Okorafor (1974), presenta un mundo ficticio postapocalíptico. En él su protagonista será testigo de experiencias que combinan la magia, la naturaleza, las tradiciones y aspectos de plena actualidad (genocidio, violaciones y ablaciones entre otros).

2709 books

Publicado en 2015 por Wanafrica, a partir del mes de mayo está disponible otra edición de Murambi, el libro de los huesos (2019), una novela del escritor senegalés Boubacar Boris Diop (1946). Aunque en ocasiones anteriores la editorial ha publicado versiones bilingües de otras obras del mismo autor, en este caso se trata de una nueva edición traducida al castellano. A pesar de que no es una novedad literaria, podremos disfrutar una vez más del trabajo de Diop, el cual rescata el genocidio de Ruanda de 1994 para denunciar el acontecimiento histórico y la impunidad de los actores en él implicados.

Taurus

Fuente: Popular libros

En verano de 2018 el filósofo anglo-ghanés Kwame Anthony Appiah (1954) sumaba a la lista de sus trabajos The Lies that Bind: Rethinking Identity, una obra que, como indica su nombre, explora la identidad. Taurus, el sello editorial de Penguin Random House Grupo Editorial, se ha encargado de ofrecer una edición en castellano en la que el público hispanohablante pueda reflexionar sobre la cuestión identitaria de la mano de las preguntas propuestas por Appiah. De acuerdo con una reseña de The Washington Post, Las mentiras que nos unen: Replanteando la identidad (2019) está dividido en cinco secciones que se corresponden a lo que el filósofo comprende como las cinco bases de la identidad moderna: la religión, el país, la clase, el color y la cultura. De esta manera, Kwame Appiah pone en entredicho el funcionamiento de la identidad tal y como lo hemos conocido hasta ahora.

Plaza y Janés

Otro de los sellos de Penguin Random House ha publicado la biografía de Ousman Umar Viaje al país de los blancos (2019). En ella, el ghanés cuenta su historia, cómo con tan solo 13 años cruzó el desierto del Sáhara, dejando atrás su país natal para migrar a Europa, lugar que a priori presenta muchos factores de atracción. Según una entrevista que realizó para Europa Press, el dinero que recaude gracias a la venta de su libro estará destinado a la organización NASCO Feeding Minds, fundada por él mismo con el objetivo de “proporcionar alfabetización digital a los niños y niñas de Ghana”.

Estas son algunas de las novedades de las letras africanas contemporáneas. Como vemos, la pluralidad del continente se manifiesta en la producción cultural y literaria, dando lugar a obras de ficción, de memoria histórica e inclusive biográficas. Cada vez son más las editoriales que apuestan por publicar a autores y autoras africanas, favoreciendo así una mayor democracia en el campo de la literatura.

La literatura árabe contemporánea destapa el tabú del racismo

Un arma de doble filo de los conflictos entre África del Norte y África subsahariana

La historia del continente africano se caracteriza por ser una de constantes flujos migratorios. Antes de la desertificación del Sáhara, las fronteras no habían sido un problema para las distintas sociedades que se trasladaban; sin embargo, hoy en día el desierto funciona a modo de barrera entre el norte y las regiones subsaharianas. Decir que existen numerosas diferencias entre los dos polos es una explicación simplista que reduce la complejidad del asunto. Lo cierto es que esta separación geográfica es, a veces, una justificación de los países del Norte que tienden a desligarse del resto del continente, prefiriendo estrechar lazos con Europa y con Oriente Medio.

Autor/a: Eleni Kalorkoti. Fuente: New York Times.

Esta desconexión atiende a cuestiones raciales históricas que se remontan al periodo de esclavitud, momento a partir del cual ser negro se convirtió en una categoría inferior. Asimismo, la colonización europea se encargó de ahondar aún más las diferencias entre blancos y negros. Pero las nociones racistas que impregnan actualmente el Norte de África no sólo son una continuación de lógicas pasadas, ya que estas se han reforzado con las dinámicas de los últimos tiempos. Las medidas políticas adoptadas por Europa en materia de migración han seguido profundizando la brecha entre el Norte y el Sur del continente al llegar a acuerdos con países como Marruecos para que pongan freno a las personas migrantes africanas que se dirigen hacia Occidente (léase “La historia del acuerdo de devolución de migrantes a Marruecos que Pedro Sánchez ha sacado del cajón” o “Marruecos, la Unión Europea y el dilema migratorio”).

Otro ejemplo de cómo los compromisos entre Europa y África del Norte deshumanizan a los africanos es el actual comercio esclavista en Libia, país en el que se han externalizado las fronteras Norte-Sur. Sobre el papel, Libia se responsabiliza de parar los flujos migratorios hacia Europa, pero cómo se tratan o qué ocurre con esas personas que son retenidas no ocupa ni la agenda ni la consciencia de los gobiernos. El vacío legal existente crea un contexto de desprotección que ha servido como caldo de cultivo para el resurgimiento de un sistema de explotación que no contempla los derechos humanos. De esta manera, se contemplan a los países árabes de África septentrional como distintos a los del África negra, estableciendo una jerarquía en la que las sociedades negras siguen ocupando el escalón más bajo.

Por lo tanto, no es de extrañar que estas fronteras tanto físicas como morales hayan puesto sobre la mesa la identidad como uno de los principales temas de debate en las reflexiones africanas. El racismo antinegro, presente en el funcionamiento político y económico de África del Norte, es un tabú del que muy pocas personas hablan, pero cada vez son más los actores que rompen el silencio.

¿Cómo refleja esta situación la literatura del Norte de África?

En este caso, la literatura ha servido como instrumento para la proyección de esas voces. El mes de marzo se celebró en Túnez el Foro de la Novela Árabe, el cual se centró en el racismo. De acuerdo con The Arab Weekly, autores árabes contemporáneos acudieron al evento, mostrándose simpatizantes con la causa y expresando su preocupación y compromiso por el tema.

El periodista y escritor eritreo Haji Jaber (1976) fue uno de los asistentes. Su obra más reciente, Black Foam (2018), ha sido nominada para el Premio Árabe de Ficción (IPAF) 2019. La novela cuenta la historia de Dawit, un etíope que parte hacia Israel en busca de una vida mejor, pero una vez que llega a su destino tiene que enfrentarse al racismo al que están sometidos los migrantes negros. El autor utiliza la literatura para reflejar la realidad de las sociedades subsaharianas en el norte del continente, lugar en el que parece no haber sitio para ellos. En una entrevista reciente para el ArabLit, Jaber expresa que sus historias locales pretenden alcanzar un público internacional, por lo que la idea es que su proyecto como escritor, enfocado a dar luz a las realidades que se viven en y desde el cuerno de África, no se quede en un contexto regional.

Mona Kareem. Fuente: Universidad Libre de Berlín.

La kuwaití Mona Kareem (1987), autora de tres colecciones de poemas e investigadora, también acudió al foro pero tiene otra postura al respecto. En su artículo reciente ‘Arabic literature and the African other’, publicado en el prestigioso medio anglófono Africa is a Country, Kareem critica los estereotipos de los que se valen las últimas publicaciones de la literatura árabe. Según la mirada de la autora, el desconocimiento de las sociedades subsaharianas ha hecho que estas se perciban como el Otro. Por lo tanto, la literatura pone de manifiesto que la desconexión del Norte tiene como consecuencia que la ignorancia acerca del Otro se traduce en la prevalencia de cánones erróneos que hacen muy poco por acabar con el racismo.

Y es que los argumentos narrativos parten de la base de que los países africanos (que no los árabes del Norte) son lugares inhóspitos, caracterizados por la suciedad, la pobreza y la delincuencia entre otros. Esta visión afropesimista — término que fue acuñado a finales del siglo XX por autores africanos para referirse a la percepción negativa del continente que atribuye la responsabilidad de la incapacidad de progreso a factores endógenos— sesga la literatura árabe y hace del producto final una obra racista que no contribuye a despojar a África subsahariana de las etiquetas impuestas hasta la fecha.

Por si fuera poco, Kareem denuncia que la literatura árabe responde a las demandas extranjeras, ya que cada vez son más las obras que se centran en las minorías negras dentro de los países norteafricanos por el mero hecho de que es lo que le interesa a las academias y ONGs occidentales. Por ende, esta es una nueva forma de colonización que se ha valido de un lenguaje aparentemente antirracista para conservar su legitimidad en el continente. Por lo que el esfuerzo y la voluntad de cambiar el panorama está siendo tergiversado. Sin embargo, esto iría en contra del espíritu y planes de cooperación regional que se llevan planteando desde hace años, pues lo que se está haciendo es fomentar la fragmentación de África así como el surgimiento de conflictos internos a través de discursos raciales que construyen a los africanos subsaharianos como el Otro.

La diferencia entre ambas partes del continente sitúa a sus respectivas poblaciones en una balanza desigual en la que el Norte es entendido como el espacio de habitantes blancos y no africanos, mientras que el Sur ha sido relegado a una segunda categoría: el África negra. En este contexto, la literatura árabe, dependiendo de las verdaderas intenciones que impulsen su creación, puede ser una de las maneras de poner fin al tabú del racismo y servir como una herramienta más de concienciación. Como diría el autor keniano Ngũgĩ  Wa Thiong’o, es imprescindible descolonizar la mente para que haya una reconciliación entre África septentrional y el África del Sur del Sáhara.

Ngũgĩ wa Thiong’o reclama un nuevo mundo posible

Ngũgĩ wa Thiong’o, una de las figuras más importantes de la literatura africana, visitó España a mediados de mes, con vistas a conversar, de nuevo, sobre su apuesta por las lenguas minorizadas y por la descolonización pendiente que debería reequilibrar las relaciones en los países africanos y los del Norte global. Allá donde va, el pensador keniano es capaz de reunir en el mismo espacio desde especialistas de distintas disciplinas académicas, hasta participantes de clubes de lectura, a la vez que atrae el interés y admiración de las generaciones más jóvenes. Quien esté al corriente tanto de su vida política como de su trayectoria artística (ambas entrelazadas) sabrá que es un veterano en la lucha y la reivindicación por “reubicar” el centro y revisar el papel de las “minorías” de la periferia en ese nuevo orden necesario. Nos referimos a las sociedades africanas, en especial a sus escritores y escritoras, grupos más minorizados que minoritarios, que han sido invisibilizados. La expectación que despiertan las visitas del intelectual keniano es incuestionable y así consiguió llenar tanto el auditorio del Museo Nacional y Centro de Arte Reina Sofía en su paso por Madrid, como el del Centre de Cultura Contemporànoia de Barcelona en su intervención en la capital catalana.

Ngũgĩ wa Thiong’o junto a Chema Caballero durante su presentación en Madrid. Foto: Indhira García Belda

Como apuntó Chema Caballero, encargado de conducir el espacio de reflexión en el Museo Reina Sofía, unas de las tareas más destacadas de Thiong’o ha sido trasladar la teoría decolonial al campo de la literatura, abogando por una descolonización de la mente, mediante la puesta en valor de las lenguas africanas. De acuerdo con el autor, aún queda mucho por hacer en África, ya que la independencia política no se tradujo en independencia económica, y consecuentemente, tampoco se materializó en la independencia cultural. Sigue habiendo un desequilibrio entre el continente y Occidente en el que este último tiene ventajas. Y es que son pocos los aspectos en común entre ambos lugares, por lo que África no está en igualdad de condiciones, y esto ha repercutido en su producción literaria.

Ngũgĩ wa Thiong’o denunció la invisibilidad de la literatura africana, a la cual sólo se ha prestado atención si llevaba una máscara europea. Dentro de esta invisibilidad, destaca a su vez el papel de las escritoras africanas, quienes son actualmente, en palabras del autor, “la fuerza más prominente de sus países”. La representación de África es importante, especialmente a través de las lenguas africanas. Entre bromas, el intelectual afirmó que la literatura africana sólo puede considerarse como tal si es escrita en lenguas africanas, entendiendo a estas como herramientas que, al igual que en el aspecto económico y político, se encuentran en una relación desigual con respecto a las lenguas de los colonizadores.

“La literatura africana solo tiene significado en lenguas africanas”, dijo el escritor. Las lenguas son como instrumentos musicales, cada una de ellas tiene una musicalidad que la hace única, por lo que, según Wa Thiong’o, no podemos establecer una jerarquía; todas son iguales. Así es que el novelista quiere poder compararse con Cervantes y Shakespeare. Pero, tal y como señala Chema Caballero, ellos eran europeos. ¿Por qué entonces compararse con autores con los que no tiene nada que ver?, le provocaba Caballero “Porque son universales”, aprovechaba para sentenciar el escritor.

Ngũgĩ wa Thiong’o puso de manifiesto que el arte, y por lo tanto, la literatura, es el alimento de la imaginación. Gracias a él podemos imaginar nuevos mundos, crear un futuro… Y muchas veces esa posibilidad de soñar el mañana es temida y coartada por los  totalitarismos. Sus experiencias tanto en prisión como en el exilio han hecho de Ngũgĩ wa Thiong’o el escritor que es hoy, ya que según él, “en lo negativo hay una energía creativa”. Por ejemplo, el exilio le dio la oportunidad para desarrollar El brujo del cuervo (2006). Si bien es cierto que no podemos controlar las cosas que nos pasan, sí que podemos decidir qué hacer al respecto, así es que nos recomienda buscar en todo aspectos positivos y negativos, aludiendo una vez más la idea de equilibrio.

El escritor e intelectual keniano Ngũgĩ wa Thiong’o en Madrid. Foto: Indhira García Belda

En su paso por Barcelona, Ngũgĩ wa Thiong’o dialogó con su editora Laura Huerga, la principal responsable de la experiencia de las ediciones bilingües de La revolución vertical. La conexión entre el intelectual keniano y su editora catalana regaló a los asistentes una conversación distendida y un clima familiar. Entre preguntas y respuestas, Thiong’o fue revelando algunas de sus experiencias vitales más determinantes. Un apunte para explicar cómo empezó a plantearse dejar el inglés como lengua de escritura cuando en los foros internacionales detectó que las lenguas africanas se menospreciaban. O una mención a cómo la autoría de una obra de teatro le llevó a inaugurar el año 1978 en una cárcel de máxima seguridad keniana.

Sin pasar por alto cómo evocó la figura de su madre, una figura que para el escritor tiene un protagonismo especial, como muestra en sus memorias. “Ella no sabía leer pero me envió a la escuela”, revelaba Thiong’o, que también señaló cómo le incrustó la idea de superar todas las dificultades desde la modestia y cómo aquella mujer iletrada se las arreglaba para supervisar sus deberes.

Evidentemente, Thiong’o volvió a recordar sus clarividentes reflexiones acerca del papel de África en el mundo, de la manipulación de la idea del continente en el imaginario colectivo, de las intencionadas invisibilizaciones. “El capitalismo se fundó sobre la acumulación primaria del capital que era el cuero de los esclavos africanos”, recordó. “La modernidad de muchas de la ciudades occidentales se construyó gracias a la mano de obra esclava de los africanos”, dijo señalando esa verdad incómoda.

A pesar de todo, como hace siempre, Ngũgĩ wa Thiong’o había venido a traernos un mensaje constructivo y optimista e invitó a las y los asistentes a soñar otro mundo posible. “Los seres humanos han progresado porque siempre han imaginado otro mundo posible que se salía de este. El hombre que quería volar, cayó una y otra vez, pero no dejó de intentarlo”, recordó. Sus palabras sonaban como un desafío en vestíbulo del CCCB: “Nosotros, seres humanos, no podemos aceptar que las cosas estén como están, tenemos que soñar otros mundos posibles, no podemos aceptar la condicionalidad de que tú pases hambre para que yo pueda comer bien, que mi felicidad dependa de tu infelicidad”. Sin embargo, ese desafío no suena abrupto en la voz de Ngũgĩ wa Thiong’o que consigue darle un tono tierno y cálido que llama a la reflexión, a la empatía y a la acción.

Viaje al África urbana

Tráfico frenético. Nula planificación urbanística. Música de fondo. Y en medio de todo esto, la razón de ser de las ciudades: sus habitantes.

África es el lugar del planeta donde la urbanización está produciéndose a mayor velocidad. Por ejemplo, según la ONU, Lagos, la mayor ciudad africana, seguirá creciendo a un ritmo de 77 habitantes por hora hasta 2030. Esta rápida conversión de un continente que, hasta ahora, había sido eminentemente rural, conlleva cambios que trascienden la utilización del territorio y que se manifiestan, especialmente, en la experiencia humana.

A la izquierda el ghanés Nii Ayikwei Parkes, uno de los autores de la colección y, a la derecha, Ángeles Jurado, editora del volumen. Foto: Ana Henríquez Pérez

A través de la mirada y el talento de doce autoras del continente –siete firmas son femeninas, junto a cinco masculinas–, con Doce relatos urbanos. Doces voces africanas, editado por Ángeles Jurado, del departamento de Comunicación de Casa África, el lector se zambulle en el trepidante ritmo de una docena de urbes. La mayoría, subsaharianas, pero también del norte de África, europeas e, incluso, una asiática.

A lo largo de las casi 200 páginas, las historias te rompen el corazón, repetidas veces, con pérdidas y decepciones familiares, te convierten en cómplice de venganzas, y te descubren los secretos mejor guardados de lugares como “la ciudad de los mil sabios” (la Yola de Boubacar Boris Diop), o “Tánger, la inmortal”, que se cuenta en primera persona mediante la pluma de Antonio Lozano, a quien se dedica la obra ‘in memoriam’.

La ciudad no es un El Dorado”, como escribe Ken Bugul en su relato sobre Dakar. No lo es ni en África, ni en ninguna parte, pero sus habitantes se enfrentan, cada día, a los desafíos que ella plantea y demuestran una gran creatividad no solo para sobrevivir, sino para, incluso, intentar mejorar. Le ocurre al protagonista de su historia, un cabeza de familia que se ve abocado al éxodo rural y que se adapta como puede a las escasas oportunidades de ganarse la vida que brinda el monstruo urbano.

Soberbio ejercicio de estilo el de Trifonia Melibea Obono en “El nativo”, emulando el peculiar castellano de un militar de Malabo que transmite una impresión muy clara de la profunda marca de violencia, corrupción y estrictos compromisos familiares que ha quedado en la sociedad ecuatoguineana…, aunque no exclusivamente en la ecuatoguineana.

Otra de las escritoras africanas presente en la selección es la célebre Chimamanda Ngozi Adichie, “el ancla al que todos conocen”, como la definió Ángeles Jurado en la pasada Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria. Con su aportación, Adichie nos presenta a una nigeriana en plena crisis vital en Lagos, “la ciudad llena de ángeles apagados”.

Además de las relaciones, sean entre parientes, de pareja o amistosas, otro tema recurrente es el del racismo, fuertemente vinculado al clasismo. Aparece en “el París de los viajeros” de Armand Gauz, en el doble escenario inglés y abiyanés de Edwige-Renée Dro, y en la historia gastronómica de Nii Ayikwei Parkes. El propio Parkes, en la presentación de la obra en Gran Canaria, declaró: “Me gusta explorar lo que no se ve a simple vista”. Y así se refería alas tensiones que puede generar la convivencia intercultural tan propia de las ciudades.

Y si hay un elemento indisociable de la vida urbana y omnipresente en estas historias ese es el coche. Un medio que transporta de un lugar a otro pero en el que, durante el desplazamiento, se desencadena la acción, sea esta meramente reflexiva o de abrupta reacción. El coche participa como un personaje más que, sin concederle mucha importancia, nos permite contemplar la ciudad a través de los ojos de su pasajero. Como si la urbe agradeciera la intermediación de un vehículo, automovilístico o literario en el caso de Doce relatos urbanos. Doces voces africanas, para poder apreciarla mejor.

Nubes de lluvia, entre la esperanza y el tormento

Makhaya representa una visión muy particular del heroísmo, quizá nadie diría que es un héroe, pero es indudable que es un personaje magnético. Se trata de un periodista que huye de una condena en Sudáfrica y se refugia en una emergente Botsuana y que aparece alternativamente como un idealista comprometido o como un hombre en fuga con un delicado y precario equilibrio emocional. Es el protagonista de Nubes de lluvia, la primera novela de Bessie Head, una escritora respecto a la que ni siquiera hay consenso en su adscripción, a menudo, aparece como una de las mejores novelistas, y otras como una de las más transgresoras narradoras sudafricanas.

La editorial Palabrero Press ha editado en español esa novela publicada en Londres y Nueva York en 1968. Traducida por Elia Maqueda y con un prólogo de Ángeles Jurado que nos acerca a la realidad en la que Head produjo esta historia y a algunas de las circunstancias que nos permiten entender mejor el relato. Jurado se asoma a la biografía de la escritora, pero no solo, también nos acerca a una lectura profunda de Nubes de lluvia.

La historia de Makhaya es la historia de una búsqueda, igual que lo fue la vida de Bessie Head. En el segundo caso, una búsqueda tan turbulenta como infructuosa; en el primero, una búsqueda desesperada, denodada y accidentada. El periodista llega a Botsuana saltándose las convenciones y las leyes e intentando encontrar un lugar en el que volver a empezar. Ese lugar idílico para recomenzar su vida es, aparentemente, Golema Mmidi, pero tampoco allí las cosas son tan sencillas como el protagonista esperaba.

Mientras nos explica el periplo de Makhaya, Bessie Head nos va sumergiendo en un mundo en construcción, en parte, pero también con una profunda resistencia al cambio; un espacio en el que las contradicciones se van desplegando tanto en los personajes como en sus relaciones. Más que en el espacio, Makhaya deberá encontrar su lugar en el sistema que conforman esos personajes que buscan el equilibrio entre las transformaciones que mejoran la vida y los espacios de poder personales, individuales y egoístas; entre quienes desde la tradición piensan en una convivencia beneficiosa para todos y los que han sido capaces de retorcer el progreso a su antojo; un contexto en el que las resistencias no son necesariamente las previsibles o, al revés, no son las personas más resistentes al cambio las que pondrán más difícil el avance.

Las experiencias de Makhaya nos acercan a las consecuencias de las tradiciones instrumentalizadas y de las estructuras sociales parcialmente manipuladas. Mientras nos ofrece la cara más evidente de la hospitalidad y la convivencia, también nos aproxima a sociedades con derivas racistas.

La escritora Bessie Head. Fuente: Editorial Palabrero Press

Todos esos episodios, todas esas experiencias y esas relaciones, tienen la fuerza de la realidad. Las contradicciones que hacen que los comportamientos sean completamente humanos son más creíbles porque parten de la experiencia de Bessie Head. Su biografía es, en sí misma, material de primera para una novela, si no fuese porque la realidad no acostumbra a ser demasiado sexy. La escritora sudafricana convivió desde su nacimiento con las contradicciones, los prejuicios y la hipocresía de una sociedad extremada e inhumanamente cerrada. Fue el fruto de las relaciones entre una mujer blanca acomodada y un trabajador negro, algo más que un acto ilegal en la Sudáfrica del apartheid, un pecado que marcaría toda su vida.

Sus primeros años estuvieron marcados por las instituciones mentales en las que fue a parar su madre y el repudio de la familia. A partir de ahí, el alcoholismo, las continuas huidas, la indigencia a menudo, el exilio y la escritura a veces como una forma de sanación y otras como un nuevo descenso a los infiernos. Son todas esas experiencias las que alimentan o las que enmarcan la creatividad y la narrativa de Head. Nubes de lluvia es prácticamente una autobiografía de su época de exilio en Botsuana, donde también ella llegó buscando una alternativa a la asfixiante atmósfera de la Sudáfrica más discriminatoria.

Un Día del Libro o un Sant Jordi africanos

En los últimos meses algunas editoriales valientes nos han acercado algunas obras de autores africanos, algunas auténticos clásicos; otras, una muestra de las producción más innovadora. Aprovechamos la cita del Día del Libro y de la fiesta de Sant Jordi, el próximo 23 de abril, para recopilar algunas de las novedades más notables publicadas en nuestro entorno.

La revolución vertical

Un proyecto en el que varias editoriales del Estado español se han puesto de acuerdo para lanzar este cuento del keniano Ngugi wa Thiong’o en unas cuidadas ediciones ilustradas bilingües en el original kikuyu y español, asturianu, euskera, galego y aranés. El último relato del genio keniano de la literatura universal con todo el sabor y la riqueza narrativa de la tradición africana y con una proyección hacia el futuro y hacia el mundo que nos interpela a todos.

Binti

Nnedi Okorafor es la máxima expresión de la ciencia ficción africana y Crononautas ha publicado los dos primeros volúmenes de su primera trilogía Binti. Una muestra de esa fortaleza de la literatura fantástica que surge del continente y que tiene la capacidad de abrir nuevos escenarios, por ejemplo, el de una joven himba en un viaje interestelar en el que se ocupa de tejer redes entre las diferentes especies. Además, nos mantiene pendientes de la próxima publicación de la tercera y última novela de la trilogía.

Terra somnàmbula

Mia Couto vuelve a construir en Terra somnàmbula unos universos que se entrecruzan para confeccionar una narración magnética. El pasado, la violencia, los escenarios aparentemente irreales, casi oníricos, le permiten al mozambiqueño contar historias de una manera muy particular. Como en otras ocasiones, la traumática experiencia de la guerra en el país africano aparece de manera sistemática como telón de fondo de esta historia que tiene mucho que ver con la búsqueda del camino propio.

La societat dels somiadors involuntaris

El angoleño José Eduardo Agualusa sigue edificando escenarios que le permitan contar la Angola contemporánea. En este caso, el hilo conductor es el sueño, los sueños, más bien, y las diferentes relaciones de los protagonistas con los sueños, en gran medida como una alternativa a una realidad traumática.

No hables

Uzodinma Iweala es, en realidad, un escritor nacido en los Estados Unidos, pero de padres nigerianos. En su obra, esas raíces nigerianas tiene una enorme importancia. En su presentación en el mundo editorial, Iweala se sumergió en la realidad de los niños soldados. En esta última novela, No hables, el escritor se ha preocupado por un tema que ha ido ganando visibilidad en los últimos años. El protagonista tiene que hacer frente al reconocimiento de su homosexualidad y sobre todo a la reacción de su familia.

Las mentiras que nos unen

Esta última propuesta es un libro de ensayo. Concretamente, se trata de un trabajo del filósofo ghanés Kwame Anthony Appiah, que propone una visión sobre la identidad poco convencional. Apphiah pone en cuestión la mayor parte de los pilares atribuidos a esa construcción de la identidad y también a sus consecuencias.

Nadifa Mohamed, la voz de la diáspora somalí

Durante la última década hemos visto cómo han surgido nuevas voces dentro de la literatura de la diáspora de Somalia. Las letras de este país son reconocidas a nivel internacional gracias a poetas como Mohamed Ibrahim Warsame, más conocido como Hadrawi, o a la larga lista de novelas escritas por Nuruddin Farah. A ellos se ha sumado una nueva generación de mujeres jóvenes vinculadas a su pasado familiar. Si Warsan Shire es la promesa de la poesía somalí, Nadifa Mohamed se ha convertido en el nuevo referente de la novela. 

De padre marinero y de madre terrateniente, Mohamed nació en 1981 en Hargeisa, actual capital de Somaliland. No residió mucho tiempo en su país debido a que en 1986 la familia optó por mudarse a Londres de forma temporal. Sin embargo, el recrudecimiento del conflicto contra el dictador Mohamed Siad Barre y el estallido de la guerra civil les obligó a permanecer en Reino Unido. Licenciada en Historia y Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford, Nadifa Mohamed ha reflejado en sus novelas ese eterno vínculo con las raíces propias de las personas que crecieron en la diáspora. De hecho volvió para visitar Hargeisa en 2008 con el objetivo de conocer, por sí misma, todo aquello que había escuchado en boca de sus padres.

El resultado de todas estas experiencias se fraguó en 2009 cuando publicó su primera obra, Black Mamba Boy. Esta novela, ambientada en la etapa de la ocupación italiana y la creación del Imperio del África Oriental, nos relata las vivencias de un niño de la calle, Jama, que tras la muerte de su madre inicia un largo recorrido que le llevará a diferentes países como Yibuti, Yemen o incluso Gales. El gran logro de esta obra es, sin duda, rescatar de la historia los brutales episodios que se vivieron durante esta época en el Cuerno de África y que la perspectiva del relato la protagoniza el niño. De hecho, este libro ganó diversos premios ya en 2010 como el Betty Trask Award.

Nadifa Mohamed. Wikimedia Commons.

Su segunda obra, The Orchard of Lost Souls (2013), fue publicada cuatro años después y refleja la madurez de la escritora. Si en Black Mamba Boy se dejaba entrever una falta de entender y representar a su propio personaje, en esta segunda novela el desarrollo interno de cada una de las protagonistas es arrollador. The Orchard of Lost Souls nos sitúa en un tiempo diferente y en un espacio concreto: la guerra civil que asoló Somalia desde finales de la década de 1980. El éxito de esta novela reside en la capacidad de la autora para reflejar tres historias de mujeres marcadas por el conflicto: Deqo, una niña de nueve años que abandona el campo de refugiados donde nació para descubrir la ciudad; Kawsar, una viuda solitaria que ha sufrido en sus propias carnes la represión del tambaleante régimen de Siad Barre; y Filsan, una joven soldado trasladada a la zona norte del país para frenar la creciente rebelión contra la dictadura. Cada una de ellas representa la parte de un todo que nos permite comprender lo que supuso un conflicto como el que llevó a Somalia a la desintegración y cómo este episodio tiene unas secuelas terribles en la población y muy especialmente en las mujeres.

La evolución entre la primera y la segunda novela de Nadifa Mohamed es extraordinaria. No obstante, no parece que tenga tanto que ver con la experiencia de los años, como con la capacidad de la autora de identificarse con sus protagonistas. El trabajo de investigación y las entrevistas con otras mujeres es evidente y logra profundizar en la historia y en el carácter de los personajes principales. La vinculación con la tierra donde nació hace el resto y las raíces están presentes en cada vuelta de hoja. Un hecho que se le reconoció con varios premios como el Somerset Maugham en 2014 y el reconocimiento como una de las promesas de la literatura subsahariana por el Africa39 el mismo año.

Mohamed anunció que estaba prevista la publicación de su tercera novela. A pesar de que han pasado más de seis años desde su última publicación, no ha dado más detalles al respecto. Mientras esperamos, tan sólo nos queda redescubrir los mundos que la autora ha creado y tener la esperanza de que las raíces y el vínculo con los orígenes vuelvan a hacer acto de presencia. Eso es, a fin de cuentas, la clave del éxito de su trayectoria.

 

 

Ngũgĩ y la transmisión de la sabiduría

Si la edición de La revolución vertical, de Ngũgĩ wa Thiong’o, que acaba de lanzar la editorial Rayo Verde no atrae lectoras y lectores hacia las literaturas africanas es posible que suponga un definitivo punto final. La propuesta es completamente deliciosa y tiene absolutamente todos los ingredientes. La narración del escritor keniano es sublime; la traducción de Víctor Sabaté ha captado y transmite toda la esencia de la historia; los textos explicativos que acompañan el relato aplifican su efecto y facilitan su comprensión; las ilustraciones de Agustín Comotto refuerzan el sentido del mensaje que Ngũgĩ transmite; y la canción que acompaña esta edición es el lazo definitivo a un libro que es un regalo en todos los sentidos.

Ngũgĩ wa Thiong’o, firme defensor de la producción literaria en lenguas africanas. Foto: Carlos Bajo

El escritor keniano Ngũgĩ wa Thiong’o regaló La revolución vertical al colectivo de Jalada, como parte de un proyecto de difusión de las lenguas africanas. La revista literaria panafricana hizo de esta historia un cuento traducido a 80 idiomas. En un primer momento, se trataba de lenguas africanas, paralelamente las lenguas de las antiguas potencias coloniales y, finalmente, lenguas de todo el mundo.

La historia de La revolución vertical es el relato de un desencuentro entre los miembros del cuerpo humano que pone de manifiesto un aprendizaje básico, que transmite valores como la igualdad, el respeto, la convivencia o la justicia. Ngũgĩ wa Thiong’o muestra una indudable capacidad para manera toda la energía narrativa del género del cuento tradicional. Este relato sabe a historia macerada durante siglos en la transmisión de boca a oreja al calor de una hoguera nocturna. Tiene todos los elementos de esas historias que se han ido construyendo relato a relato con el paso de las generaciones para transmitir de madres a hijos, de tíos a sobrinas o de abuelas a nietas los valores que cimentan la convivencia de la comunidad. El genial autor keniano hace con esta historia un homenaje a esa, a veces denostada, literatura popular y, sobre todo, a esta transmisión oral de las historias y las enseñanzas. Su homenaje es, precisamente, reconstruir un cuento que perfectamente serviría para ser contado en una de esas veladas de narración oral comunitaria.

Wa Thiong’o escribió el cuento originalmente en gĩkũyũ como parte de su proceso de militancia cultural en favor de la defensa y el resto de las culturas minorizadas y él mismo se encargo de hacer la primera traducción, al inglés. El autor keniano ha transmitido sistemáticamente la necesidad de relacionarse con naturalidad con las lenguas y evitar la instrumentalización.

Laura Huerga, editora de Rayo Verde e incondicional de Ngũgĩ wa Thiong’o ha cogido esta joya y ha intentado engarzarla de la manera que se merecía. Esta edición forma parte de un impresionante proyecto que nos trae, de la mano de Rayo Verde y Raig Verd, tres ediciones bilingües en castellano, catalán y asturiano y gĩkũyũ. Pero es que dentro de ese mismo proyecto, la editorial Txalaparta ha lanzado una edición en euskera y la lengua original del cuento; Galaxia ha hecho lo propio en gallego y gĩkũyũ; y Pagès se ha sumado con una edición en aranés y gĩkũyũ.

La propia Huerga pone el contexto con un epílogo que ayuda a acercarse tanto al relato como a la figura del autor y, sobre todo, a la importancia de su militancia cultural, un activismo a favor de las culturas minorizadas que le ha puesto contra las cuerdas durante su vida y le ha llevado a la cárcel y el exilio; pero que al mismo tiempo le ha convertido en un referente de la reflexión decolonial y de la literatura universal hasta el punto de tener un reconocimiento internacional, a pesar de esta muy lejos de los gustos complacientes de la industrial editorial global. Rayo Verde y Raig Verd han publicado en los últimos años, en castellano y en catalán, una buena parte de la producción literaria del autor keniano, tanto de sus ensayos, como de sus obras autobiográficas.

Una de las ilustraciones de Agustín Comotto en el libro de Ngũgĩ

La excepcionalidad de este lanzamiento se completa con las cuestiones formales. Ya que han convertido el relato en un cuento ilustrado con los dibujos del argentino Agustín Comotto que construye una historia gráfica que discurre en paralelo a la narración escrita y que refuerza el mensaje, a través del particular estilo de las ilustraciones.

Efectivamente el lazo tiene forma de canción, compuesta por Clara Peya y adapatada por Alícia Serrat. Rayo Verde ha compartido esta canción con un sencillo vídeo compuesto por algunas de las ilustraciones de Comotto que configuran un perfecto aperitivo, uno de esos que te empujan necesariamente a seguir degustando.

Una velada de slam con sabor africano

El slam es un formato literario que en los últimos años ha ganado terreno en la cultura urbana de las principales ciudades africanas. Se trata de una particular combinación en la que destaca la poesía pero que se completa con la declamación y diferentes manifestaciones de artes escénicas, música, baile y teatro en diferentes grados y propociones. En el caso de las emergencia de las escenas de slam poetry en las ciudades africanas, la reinterpretación del género ha sido fundamental. Los autores (y también los espectadores) han sabido reinventar y adaptar las actuaciones, por un lado, encontrando la dimensión de modernidad que atrae y arrastra a los fans de los slammers; pero al mismo tiempo, permitiendo que esta variedad de poesía declamada entronque de manera natural con la tradición oral de muchas culturas africanas. El viernes en Barcelona se podrá presenciar una pequeña degustación de este fenómeno artístico.

Presentación del progama de la edición de este año de Kosmópolis. Fuente: Kosmópolis

Kosmópolis, el festival literario que ha dado en autodenominarse “la fiesta de la literatura amplificada” han consagrado una noche, la del viernes al slam, y en esa propuesta ha encajado prácticamente toda la presencia de África subsahariana de la cita. Rakaya Esime Fetuga y Lisette Ma Neza son las dos responsables de que esa velada tenga sabor africano, y en ambos casos además, tienen un marcado acento de diáspora e identidad.

La artista británica Rakaya Esime Fetuga. Fuente: Twitter de la autora.

Fetuga es una escritora y slammer británica pero en toda su producción literaria ha reivindicado el protagonismo de su herencia de África Occidental. Por ese motivo la identidad es una de las preocupaciones fundamentales de la artista que ha tenido un reconocimiento internacional de su destreza. En los London Poetry Awards de 2017, recibió el Spread the Word Young People’s Laureate y en 2018 ganó el Roundhouse Poetry Slam. Esos han sido sus principales éxitos en términos de premios, aunque en el mismo año fue una de las finalistas del Out-Spoken Poetry Prize.

En sus versos fluyen las preocupaciones por esa experiencia de construcción de la identidad y de la interculturalidad del Londres en el que ha despuntado su actividad. Por otro lado, el papel de las mujeres, su toma de protagonismo y el espacio que tratan de conquistar es otra de las constantes de su poesía.

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Lisette Ma Neza es una poeta nacida en Ruanda y residente en Bélgica. Fuente: Kosmópolis

Por su parte, Lisette Ma Neza es una joven ruandesa que se ha hecho un hueco en la escena del slam belga. En 2017 fue campeona de Bélgica de Slam Poetry y subcampeona de Europa. En ese momento, con 19 años, era la finalista más joven del campeonato nacional belga y por eso causó especial sensación y recibió incluso el reconocimiento del público en ese certamen. Con una niñez ruandesa, una residencia belga y una nacionalidad holandesa, su experiencia también destila la preocupación por la construcción de la identidad y búsqueda de un espacio propio en una realidad intercultural.

Asegura que siempre se ha sentido atraída por la creación artística en diversas manifestaciones y que se asomó al slam buscando una expresión que fuese accesible para sus amigos y descubrió una manera de transmitir la más absoluta honestidad y un alto grado de libertad. Todas sus preocupaciones encuentran un espacio en sus versos, desde el feminismo y el fenómeno #MeToo, hasta el racismo o también cuestiones más íntimas como la materinidad.

Estas dos jóvenes figuras del slam con sabor africano, compartirán velada con otros y otras reconocidas artistas catalanes, españoles, europeos y latinoamericanos, bajo un título genérico que promete, cuando menos, una ventolera renovadora: “Los relatos que mueven el slam”. La cita es el próximo viernes 22 de marzo, a partir de las 22.30 de la noche en el vestíbulo del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, donde se celebra el festival.

Por otro lado, el festival Kosmópolis también contará con la presencia de Gonçalo M. Tavares, un autor angoleño de nacimiento pero que habitualmente se encuadra en la literatura portuguesa.

Felwine Sarr y la urgencia de que África se repiense

La instrucción es clara: África debe repensarse para poder poner en el lugar que merecen todos los valores y los aprendizajes extraídos de las experiencias, en gran medida, traumáticas. África debe prepararse para reconstruir su futuro desde una nueva mirada hacia sí misma sino las dioptrías que la historia ha ido incorporando a su propia percepción de sí mismo. Son muchos los que tratan de poner su grano de arena a este, relativamente, nuevo pensamiento crítico africano, pero sin duda ha sido Felwine Sarr quien ha sido capaz de formularlo de la manera más exitosa.

El escritor e intelectual senegalés, Felwine Sarr. Fuente: Rama/Wikimedia

Afrotopía, el ensayo clave del intelectual senegalés, que ahora ha sido publicado en castellano por Casa África y Los Libros de la Catarata, es una especie de manual de uso para la edificación de una nueva conciencia. Una nueva conciencia que, en realidad, el propio Sarr construye sobre la base de pensadores clásicos que durante décadas no han dejado de reivindicar esta necesidad de autonomía. Así que al mismo tiempo, Afrotopía es una fantástica guía para recorrer esos caminos del pensamientos crítico africano que tan poco predicamento ha tenido, en general, en el Norte global.

Y a partir de aquí, reducir el contenido de Afrotopía a una reseña es un auténtico disparate, por lo que el ejercicio se debe contentar con mencionar algunas de las piezas que el pensador senegalés pretende colocar en el puzle y reconocer que no pondrá completar el ejercicio porque hay otras que sólo la lectora y el lector pueden extraer del texto.

Sarr anima, con este trabajo, a poner en marcha un ejercicio de construcción y destrucción. Destrucción de estereotipos, de las ataduras que llegan incluso a lastrar el pensamiento, de los complejos y las fronteras impuestas desde fuera, pero también desde dentro. Y a pesar de que toda la reflexión desprende energía positiva, el autor huye del triunfalismo y, sobre todo, de la trampa de un optimismo basado en las grandes cifras de un crecimiento macroeconómico.

“Los discursos actuales sobre África están dominados por ese doble movimiento: la fe en un futuro radiante y la consternación frente a un presente que parece caótico”.

“No obstante, más que un déficit de imagen, es de un déficit de pensamiento y de producción de sus propias metáforas futuras de lo que sufre el continente africano”.

“Se trata, por lo tanto de sustraerse de una dialéctica de la euforia o de la desesperación y emprender un esfuerzo de reflexión crítica sobre sí mismo, sobre sus propias realidades y sobre su situación en el mundo: pensarse, representarse, proyectarse”.

Desde esa posición de realismo analítico, Felwine Sarr transmite constantemente un mensaje de esperanza que no se debe confundir con un optimismo ciego, sino con la confianza en un potencial basado en la experiencia.

“En los albores de la historia humana, los africanos colonizaron territorios hostiles, obtuvieron una primera victoria sobre la naturaleza estableciendo sociedades sostenibles. Permitieron así que la humanidad sobreviviera y fuera perenne”.

Sarr va desgranando ideas y llamando la atención sobre fenómenos que han marcado no sólo las acciones, sino también las reflexiones a partir de un momento concreto influyendo, incluso en la autorepresentación de los africanos. El intelectual va aportando argumentos gracias a los que el lector o la lectora ve desenmarañarse algunas realidades complejas. Explica, por ejemplo, cómo el Norte global ha llegado a imponer su visión del progreso hasta tal punto que ha conseguido que parezca que el único desarrollo posible es un desarrollo lineal. Y por ello reclama la recuperación de otras visiones diversas en torno al devenir de la historia y de los pueblos.

“Todas las sociedades necesitan mitos para justificar su evolución y su apropiación del futuro. Puesto que el colonialismo ha desacreditado definitivamente la idea de misión civilizadora, el desarrollo se ha erigido como la norma indiscutible del progreso de las sociedades humanas al inscribir su marcha en una perspectiva evolucionista, negando la diversidad de trayectorias, al mismo tiempo que la de las modalidades de respuesta a los desafíos que se imponen”.

Y por ello Sarr reclama un reconocimiento de las particularidades culturas africanas como único salvavidas para la construcción de un modelo de futuro mejor.

“Asimismo, la propuesta que se les hizo a los africanos fue la de reproducir un modelo prefabricado de sociedad en donde su cultura local no tenía previsto un lugar y donde esta era frecuentemente evaluada de modo negativo. Esto olvida el hecho de que le desarrollo occidental es un proyecto económico, pero sobre todo cultural, fruto de un universo particular. Esta transposición del mito occidental del progreso tuvo como consecuencia una desestructuración de la personalidad básica de los grupos sociales africanos, de las redes de solidaridad existentes, de sus sistemas de significado, pero, sobre todo, un aprisionamiento de las poblaciones en un sistema de valores que no era el suyo”.

El intelectual senegalés no ahorra críticas al impacto de las imposiciones del Norte global en el continente, sin embargo, en contra de lo que algunos intentarían reprocharle, el análisis de Felwin Sarr no tiene nada de victimista, sino que pretende ser un punto de partida honesto para una toma de todas las responsabilidades.

“Frecuentemente, un discurso que se pretende responsable y que puede ser considerado ligeramente autoflagelatorio intenta por todos los medios negar las consecuencias de la trata transatlántica y del colonialismo en las trayectorias actuales de los países africanos. Se les pide hacerse cargo de sus responsabilidades, y sobre todo, asumir los fracasos ligados a la mala gobernanza posindependencia, dejar de citar el pasado y de acusar a los otros para justificar sus propios fracasos. Lo que por otra parte está justificado, pero solo parcialmente”.

El intelectual reconoce el fracaso de la mayor parte de los gobernantes de las posindependencias y las malas elecciones económicas y políticas, así como el saqueo, en muchos casos, de las riquezas de sus países. Sin embargo, advierte que no se puede obviar el peso de las condiciones en las que les fueron legadas las riendas de esos países.

“Seria una prueba de ignorancia o de mala fe intelectual el simplificar las cosas hasta el extremo de negar el impacto de las dinámicas históricas sobre el destino de los pueblos. Conmociones tan importantes como cuatro siglos de trata transatlántica y un siglo de colonización han tenido consecuencias demográficas, económicas, políticas, culturales y sociales de gran envergadura (…). Recordar estas evidencias no es ni inscribirse en una forma de fatalidad ni rechazar el hacer frente a las propias responsabilidades (…). Señalar con exactitud las causas de la enfermedad es una condición previa al remedio y a la cura”.

A partir de esas premisas, la reflexión de Felwine Sarr sobre la construcción de una economía independiente que permita edificar ese futuro deseado y de una cultura democrática que recree las condiciones para una sociedad más justa van adquiriendo todo sus sentido. El esfuerzo del intelectual es un esfuerzo de equilibrio entre un excesivo optimismo y la necesidad de ir cultivando una especie de autoestima colectiva en la que los valores propios sean la base. Sarr habla de impulsar un nuevo concepto de la modernidad y recupera las reflexiones de otros pensadores africanos para reclamar que África debe aportar más que una copia de las fórmulas europeas (y que de hecho el mundo necesita esa aportación renovadora) o que existe un potencial en la construcción social que se abre paso desde hace tiempo por debajo de las estructuras institucionales. Una y otra vez, Sarr recuerda los valores y las experiencias de esa cuna de la humanidad en la que se pusieron las bases de sociedades sostenibles, por sus relaciones entre sí y con el entorno.

“África debe su fuerte resiliencia social a sus tradiciones. Los africanos han cultivado a lo largo del tiempo los valores de resistencia, valentía y paciencia para hacer frente a los diversos impactos de su historia reciente. También han cultivado valores del vivre-ensemble a través de procedimientos originales: el cousinage à plaisanterie, la noción extensa de filiación y de familia, la movilidad interétnica, la capacidad de integración de la diferencia, el tejido y retejido incesante del vínculo social…”