El camino que Lucía Mbomío comparte generosamente

Lo que Lucía Mbomío ha hecho en Hija del camino es un acto de generosidad. La periodista alcorconera, esa es una de sus reivindicaciones de pertenencia más firmes, nos regala una herramienta para entender mejor al Otro y a una sociedad que, en realidad, no es como se representa a sí misma. Mbomío, nos acerca a ese Otro que no existe (porque solo depende del punto de vista) pero que siempre está a nuestro lado y, por tanto, nosotros también somos ese Otro, a veces. Y a la vez pone delante del espejo a esa sociedad que se hace trampas al solitario y se empecina en representarse como una sociedad blanca uniforme, cuando nuestros barrios han estado poblados de pieles de tonos diversos (y todas las diferentes experiencias que representan) desde hace décadas.

La periodista y escritora madrileña, Lucía Mbomío, junto a su nuevo libro. Fuente: Instagram de la autora

Lo que hace Lucía Mbomío es un acto de generosidad, básicamente, porque ella misma se ha expuesto para construir esa herramienta. Aunque la historia de Hija del camino es mucho más que la historia de su autora, entre los pliegues del relato se resbalan experiencias que solamente se pueden contar en primera persona, la experiencia de la hija de una pareja mixta de padre guineano y madre española a la que no se le permite identificarse ni con unos ni con otros y que permanentemente busca su lugar. Pero es que la narración de la periodista que explora sus raíces en Guinea Ecuatorial es la historia de una experiencia colectiva. Mbomío lo ha explicado en algunas ocasiones, que Sandra, la protagonista de Hija del camino, no es solo ella, sino una especie de puzle construido con las piezas de muchas experiencias individuales de personas que ella ha conocido y con las que ha compartido conversaciones, es uno de los posibles retratos de esa sociedad ni blanca, ni uniforme. Esa frase que dispara en la dedicatoria da una idea del lugar del que sale el libro:

“Si no nos contamos, nos traicionamos”

Lo que hace Lucía Mbomío en su relato es un acto de generosidad porque no pretende trazar una línea, un ellos y un nosotras, no pretende jugar al sentimiento de culpa, sino que muestra y desvela. La autora de Hija del camino despliega una eficiente combinación de bofetada y caricia. Abofetea contundentemente, con las evidencias que la sociedad ha guardado debajo de la alfombra, ese racismo subyacente, sistémico que pasa aparentemente desapercibido porque se manifiesta en las acciones más cotidianas y más inocentes. Aparentemente desapercibido, evidentemente, porque lo pasa por alto quien lo sufre. Abofetea con toda la carga de discriminación que encierran esos “inocentes” comentarios al estilo “pues saca buenas notas para ser negra” o un mucho más neandertal “es guapa para ser negra”. Frases que se pronuncian sin un deseo manifiesto de hacer daño, pero con una voluntad evidente (aunque pueda ser inconsciente) de marcar una diferencia. Y el golpe, el restallido del cachete es esa sentencia lapidaria que Mbomío coloca en medio de la mejilla de quien se considere completamente inocente:

“Si Sandra seguía sintiéndose de Guinea Ecuatorial era porque no le dejaban sentirse de España”

Pero también acaricia y transmite ternura, abre espacios a la esperanza, expone con serenidad y delicadeza y construye relatos de empatía a los que invita a muchos más Otros que los Otros evidentes con diferentes tonos de piel o distintas texturas de pelo. Algunas de las reflexiones se desprenden como cargas de profundidad:

“Sandra miró a su alrededor y se dio cuenta de que casi no había niños blancos. Entendió que la pobreza tiene la piel oscura y que raza y clase van de la mano”.

Pero a pesar de ello, la generosidad de Lucía Mbomío acerca a la historia de Sandra a muchos más, a cualquiera que se haya criado y haya sentido la periferia, porque Hija del camino palpita y sabe a barrio, a plaza, a pipas y botellones, a intemperie, a hermandades tan accidentales como firmes. Acerca a cualquiera que han estado lejos de casa, porque habla de la nostalgia y de la distancia, habla de buscarse a uno mismo y de perderse, de caer al vacío y de descubrir el mundo y, mientras tanto, de seguir mirando hacia casa. Acerca a cualquiera, que se haya tenido que enfrentar a un gesto torcido, porque la discriminación también tiene el potencial de crear alianzas y aunque no seamos conscientes, es fácil que todos hayamos sido desplazados, por eso Hija del camino es una herramienta para conocernos, entendernos y aproximarnos.

Y mientras tanto, a través de Sandra, va pasando delante de nuestros ojos la vida. El racismo, por supuesto, la denuncia más evidente de la historia:

“El racismo no era un insulto puntual ni una pelea de chiquillos, se trataba de una guerra incesante y ella se comportaba, desde niña, como una soldado dispuesta a defenderse y a lucha”.

Lucía Mbomío es uno de los referentes en España de la comunidad afrodescendiente. Fuente: Instagram de la autora

Pero si nos quedamos solo con lo que salta a la vista, nos perdemos muchas otras cosas que aparecen en el camino que recorre Sandra. Como la construcción de la identidad, que en el caso de una mujer, negra, en España es especialmente turbulenta, pero que puede desestabilizar a cualquiera; las dudas en cuanto al sentimiento de pertenencia, que no afecta solo a la población racializada; incluso la integridad y las convicciones, el compromiso social.

“Durante su convalecencia, entendió que la patria no era una bandera sino el espacio en el que residen los recuerdos de la infancia, y su novio, quería de alguna forma, volver a ellos, construir una Guinea de hermandad y solidaridad, valores que ya solo quedaban en los pueblos”.

Lucía Mbomío ha sido capaz de explicar desvelos, inquietudes, frustraciones y anhelos de una persona (y de un colectivo) que intenta construirse y reconstruirse, reinventarse y ubicarse de una manera que es imposible no sentir empatía:

“Está feliz por la visita, pero cansada de buscar su sitio. Lleva buscándolo desde antes de saber que lo hacía, cuando escribía cartas al niño holandés, cuando decidió aprender francés y se fue de intercambio. Lo buscó con más ilusión que nunca cuando se fue a Guinea Ecuatorial. Y no se encontró. Quizá debía aceptar que su lugar está en el limbo, en ese camino, pero con los suyos cerca, porque en sus risas, sus abrazos parcos y sus charlas siempre se está bien”.

Y evidentemente, en el relato también está Guinea Ecuatorial, observada desde diferentes lentes, con visiones mediatizadas de diferentes maneras. En ocasiones Guinea es Antonio, el padre de Sandra, en otras es Celia, la tía de la protagonista que le presta enseñanzas definitivamente valiosas, a veces un recuerdo, a veces una ilusión… Pero el relato de Mbomío también transmite como a menudo Guinea Ecuatorial es apenas un reflejo en el horizonte que pasa desapercibido y hacia el que esta sociedad se ha convencido que no quería mirar, por motivos, sobre los que antes o después será necesario detenerse. La propia protagonista ni siquiera sabe bien cómo definir su experiencia:

“Había viajado mucho, se había emocionado en diferentes paralelos y meridianos y, sin embargo, Guinea le dolió más que ningún otro sitio y lo amó como a pocos. Fue mucho más que un alto en el camino, allí descendió a los infiernos y conoció la gloria. Guinea era extremo, maniqueo, doloroso y extraordinario. Y viendo desde el cielo aquel brócoli gigante que era la isla de Bioko, supo que nunca podría olvidarlo”

Lo que Lucía Mbomío ha hecho, definitivamente, es un acto de generosidad porque nos ayuda a conocernos, a nosotros mismos, entre nosotros y a los otros, sean quienes sean esos otros y sabiendo que a veces los otros somos nosotros. Antonio confiesa a su hija:

“Yo ya no pertenezco a ningún lugar. No soy de ni de aquí ni de allí. Me sacaba de mis casillas ver según qué cosas cuando estaba en Malabo, pero también me pasa aquí. Los inmigrantes vivimos en un limbo”

Y Sandra le anuncia:

“Las fronteras que atravesasteis vosotros nos atraviesan a nosotros”.

Y, también porque en medio de la confusión y de los inconvenientes recupera la concepción tradicional del viaje como un espacio de encuentro y de conocimiento. Sandra reflexiona sobre su experiencia y abre una puerta que quizá todas deberíamos tener presente:

“Echa de menos una tierra que solo estaba en los recuerdos de su padre, que no era real ni tangible, que puede que nunca existiera. Una quimera que le embaucó igual que te atrapan las sirenas de Guinea, las «Mami Wata», quienes viven en aguas negras africanas y diaspóricas, a los dos lados del Atlántico. Hay quien las considera la deidad de la inmigración porque los que fueron secuestrados por ellas vieron dos mundos. Al regresar son más sabios, pero resultan incómodos y extraños en las dos márgenes”.

Helen Oyeyemi: “La literatura me hace que valga la pena estar en este mundo”

Helen Oyeyemi habla prácticamente en un susurro y se mueve con delicadeza y con suavidad transmitiendo fragilidad. Da la impresión de sentirse más cómoda escribiendo sus propias historias que hablando sobre ellas con extraños. Sorprendió a la industria editorial y al público con una exitosa primera novela cuando todavía no había terminado el instituto. Ahora, con 34 años, ha publicado ocho libros y ha recogido el reconocimiento de la crítica y de los lectores. En 2013, la prestigiosa revista literaria Granta incluyó a Oyeyemi en una lista los 25 mejores novelistas británicos de menos de 25 años. La escritora se ha atrincherado en una particular narrativa en la que acostumbran a convivir mundos imaginarios y reales y en la que son habituales los giros de argumento insospechados. Nació en Nigeria y, cuando tenía 4 años, su familia se trasladó al Reino Unido, ahora tuerce el gesto cuando escucha la más mínima referencia a la etiqueta “africana” para su narrativa. Ha visitado Barcelona en la promoción de Lo que no es tuyo no es tuyo, una colección de cuentos que supone la tercera de sus obras que la editorial Acantilado publica en español, después de El señor Fox y Boy, Snow, Bird.

La escritora Helen Oyeyemi. Fuente: web de la autora.

Tiene la etiqueta de escritora precoz, ¿ha sido un lastre o una ventaja?

En realidad, cada vez que he escrito un libro me he centrado en la historia que quiero contar. Ese es el motivo por el que escribo. Cada libro es una oportunidad para probar una voz distinta, jugar un juego algo distinto. Mi forma de escribir se centra en cada proyecto y muchas veces sé que a mucha gente no le va a gustar lo que haga, pero eso no es impedimento para que lo haga.

Cada libro es un juego, una de sus características es que su forma de narrar es habitualmente rompedora. ¿Hay una voluntad de provocación en la ruptura de algunos límites?

No, expresamente. Pero creo que la forma de escribir de cualquier escritor refleja su percepción de la realidad. Yo no soy muy sospechosa de una narrativa lineal con mensajes inequívocos que solo se puedan interpretar de una forma. Creo que esas narrativas no son verdaderas y por eso acabo escribiendo algo que se opone completamente a esa linealidad.

¿Quiere decir que su forma de ver la vida tiene que ver con esos mundos imaginarios y flexibles?

Sí. Entiendo lo imaginario y lo real como dimensiones que verdaderamente son iguales y que se dan forma y se alimentan entre ellas.

Los cuentos de hadas están muy presentes en sus historias, ¿disfruta deformándolos?

Creo que es mejor ver mis libros uno por uno, hay dos de los ocho libros en los que he reescrito un cuento de hadas, pero no se trataba de que el elemento cuento de hadas fuese el más importante, sino que aprovechaba una forma narrativa. Cogía algunos elementos establecidos que todo el mundo conoce y luego los utilizaba para contar una historia en la voz de una heroína de los años cincuenta o de un escritor norteamericano de la década de los años treinta. Todo está en la forma de narrar.

Hay otra constante en sus historias, sus personajes principales son mujeres.

(Helen Oyeyemi ríe divertida) Justo el libro que estoy escribiendo ahora mismo tiene como protagonistas a dos hombres. No lo he hecho expresamente (vuelve a reír). Me interesan las mujeres, desde la perspectiva que apunta Virginia Wolf en Una habitación propia. Me interesa la visión de las cosas que se ve tangencialmente, la que se ve por el rabillo del ojo. Me interesa más lo que se percibe ligeramente que lo que llena todo el campo de visión.

Pero, ¿le resulta más fácil imaginar un personaje complejo femenino que masculino?

No creo que haya diferencia, cuando pienso en un personaje, me interesa lo que quiere esconder y parto de esa premisa y después veo por donde va evolucionando.

Ha mencionado el libro en el que está trabajando ahora. ¿Qué nos puede avanzar?

(Aparenta hacer una confidencia) La acción pasa en un tren, una pareja va de luna de miel y acaban con mucha más luna de miel de lo que se esperaba. Hay un poco de misterio (sonríe).

En Lo que no es tuyo no es tuyo hay una historia ambientada en Catalunya, ¿de dónde viene?

Es sencillo, fui a La Pedrera y me encantó el edificio, así que poner la casa en un cuento era una forma de apropiármela. La hice mía colocándola en un cuento.

¿Acostumbra a hacer eso, apropiarse de cosas que le gustan a través de las narraciones?

Sí, es una forma de integrar y conectar elementos que de no ser así no tendrían relación entre ellos. Es como una forma de crear mi propio territorio.

¿Escribe para crear otro mundo más amable?

No creo que sea posible escaparse de este mundo, por desgracia. De hecho, una de las cosas más maravillosas de la literatura es que me reconcilia con el estar aquí, me hace que valga la pena estar en este mundo.

A menudo se ha visto el tema de la identidad en sus primeras novelas.

Me lo han dicho varias veces. Me han dicho que mis libros hablan sobre la identidad. Pero yo pensaba que había escrito un cuento de terror sobre un hombre con un amigo imaginario. Creo que lo mejor es que los libros sean lo que son y no intentar hacer que parezcan algo más importante utilizando términos muy concretos.

¿Reclama la literatura como entretenimiento?

Es parte de lo que quiero que sea. Quiero que la literatura sea todo lo que es sin que se le asigne una función concreta. Creo que la literatura es seria por naturaleza, como la vida, pero no es necesario decirlo una y otra vez.

Su última novela Gingerbread aún no se ha publicado en español, ¿qué tiene de especial?

Siento que tiene un corazón más cálido, destila más esperanza. Se preocupa más por el valor de las cosas, lo que vale cada cosas para el individuo y el grupo. Hay una mujer que mide su vida en base al pan de gengibre, pensando lo que puede conseguir de la vida y lo que ella quiere del mundo.

Y sobre Lo que no es tuyo no es tuyo, su último libro editado en castellano ¿Qué es lo que los lectores van a encontrarse?

No puedo prometer nada a nadie (ríe). Son nueve llaves que permiten abrir puertas. Entra y a ver qué te parece.

Pero, ¿qué ha puesto en esas historias?

He puesto de todo. Hay libros que no me gustan tanto porque los escribí sólo con el cerebro, y otros que he escrito con mi mente y mi corazón. Las cosas que me hacen reír, las que me hacen llorar, las que me ponen triste y todo eso está en Lo que no es tuyo no es tuyo.

Hay un grupo de escritoras que han conseguido que la industria editorial les preste atención. Son mujeres de origen africano que escriben desde la diáspora. ¿Qué opina de esa etiqueta?

Para mi, es como si alguien me llamase Joe y mi nombre es Helen. Me suena tan raro… porque está tan lejos de la manera como yo me pienso. Creo que no va conmigo. Creo que antes, pueden haberme colocado en esa etiqueta, pero la gente ha empezado a leer mis libros y se fija en lo que hay en ellos. En todo caso, cuando las personas buscan algo concreto, lo van a encontrar. Lo único que tu puedes hacer es seguir haciendo las cosas con las que te sientes cómoda.

Okorafor y las metáforas desde la ciencia ficción

En los últimos años la escritora de origen nigeriano, Nnedi Okorafor se ha convertido en el referente de la ciencia ficción africana o como ella misma prefiere llamarlo, el africanfuturism o africanjujuism. Las definiciones vendrán después porque ahora el tema principal es Quien teme a la muerte, la última gran novela de la escritora que llega a España y que nos demuestra que quien quiera atribuir a la ciencia ficción o a la literatura fantástica una vocación puramente estética, se ha perdido una parte importante de la partida. Okorafor hace en Quien teme a la muerte una atractiva metáfora de algunos de los problemas que más preocupan a las sociedades africanas (y a las de la mayor parte del planeta), con un contundente toque de autoafirmación africana.

La escritora de origen nigeriano, Nnedi Okorafor. Fuente: Instagram de la autora

Quien teme a la muerte nos ha llegado simultáneamente en catalán y en castellano en un esperanzador ejercicio de colaboración entre Raig Verd y Crononauta, dos editoriales tan periféricas y modestas como comprometidas con la calidad, auténticas militantes de la diversidad de voces y de la apertura mental. Carla Bataller Estruch firma la traducción al español como ya había hecho con otras publicaciones de Okorafor en la editorial sevillana y Blanca Busquets es la responsable de la versión en catalán que publica el sello barcelonés.

La novela que se sitúa en un futuro postapocalíptico en el que el desierto ha acabado conquistándolo prácticamente todo, a excepción del misterioso reino de los Siete Ríos, y haciendo que la vegetación sea poco más que una ansiada anécdota. Pero la devastación medioambiental es solo una de las dimensiones del escenario de caos. En realidad, la violencia entre dos pueblos es el telón de fondo fundamental de la vida de Onyesonwu, cuyo nombre significa “¿Quién teme a la muerte?”. Fruto de una violación y condenada a la marginalidad por un mestizaje que se considera aberrante, la vida de la protagonista experimenta un giro radical cuando descubre que es depositaria de unos poderes místicos. De ser una apestada a la que la gente considera que puede apedrear en el merca, Onyesonwu pasa a ser la elegida que tiene como misión, no sólo liberar a su pueblo sino acabar con una devastadora espiral de violencia.

Okorafor ha contenido en esta historia algunos toda una serie de preocupaciones y de retos que es necesario que plantear. La escritora habla de machismo:

“Yo debería ser el hechicero, tu deberías ser la sanadora. Así es como han sido las cosas desde siempre entre un hombre y una mujer”

Le dice Mwita a su compañera Onyesonwu, mostrando como en la narración Okorafor rompe algunos prejuicios.

Pero también habla sobre otras cuestiones de género como lo que se espera de las mujeres:

“Ya viste lo feliz que estaba en la taberna. Algunos de esos hombres eran encantadores… Ninguna de nosotras teníamos permitido ser así de libres en Jwahir”

Y de otras convenciones que tradicionalmente han mantenido sometidas a las mujeres:

“Ya sabes cómo acaba la historia. Escapó y se convirtió en el mejor líder de toda la historia de Suntown. Nunca construyó un altar o un templo, ni siquiera una choza, en nombre de Tia. El nombre de la chica no vuelve a mencionarse en el Gran Libro. Él nunca pensó en ella ni preguntó dónde la habían enterrado. Tia era virgen. Era hermosa. Era pobre. Y era una niña. Era su deber sacrificar su vida por la de él”.

Incluso una evidente pero reinventada referencia a la mutilación genital femenina:

“Cuando se marchó, me fui a mi dormitorio y lloré. Fue lo único que pude hacer para dominar mi rabia. Entendí por qué usaban un bisturí en vez de un cuchillo láser. El bisturí, al tener un diseño más sencillo, era más fácil de hechizar. Aro. Siempre Aro. Me pasé gran parte de la noche pensando en formas de hacerle daño”.

No en vano, como la propia autora explica en los agradecimiento lo que desencadenó la historia en su imaginación fue una noticia sobre el uso de la violación como arma de guerra en Sudán y además del relato esa sensación se contagia a toda la historia:

“«Esto es lo que le ocurrió a mi madre», pensé. «Y a Binta. Y a innumerables mujeres okekes. Mujeres. Las muertas andantes». Y empecé a cabrearme”.

Otra de las preocupaciones que transmite es la de la convivencia entre comunidades, ese conflicto entre okekes y nurus que está en el origen de toda la historia y a la que a menudo se le da un aura de esencialidad:

“Los milicianos nurus esperaron hasta el retiro, cuando las mujeres okekes se adentraron en el desierto durante siete días para mostrar respeto a la diosa Ani. «Okeke» significa «los creados». Los okekes tienen la piel del color de la noche porque fueron creados antes que el día. Fueron los primeros. Más tarde, mucho después de eso, llegaron los nurus. Proceden de las estrellas, y por eso su piel es del color del sol.”

Sin embargo, la escritora de origen nigeriano desliza en su relato, la clave que a menudo se olvida cuando se tratan estos temas en contexto africano y es que las identidades también se manipulan y las pertenencias tienden a instrumentalizarse en favor de intereses particulares y a menudo sombríos y mundanos:

“Ha crecido como un cáncer, como un tumor – dijo Sola-. Es como el vino de palma para el borracho del Gran Libro, salvo porque la intoxicación que crea Daib provoca que los hombres ejerzan una violencia antinatural (…). Reúne a miles de hombres, locos aún por lo fácil que fue eliminar a tantos okekes en el oeste. Está convenciéndolos de que la grandeza reside en la expansión. Daib, el gigante militar. Madres y padres ponen su nombre a sus primogénitos. Es, además, un hechicero poderoso. Es un problema muy grave”.

El genocidio que se ha desencadenado, en realidad, sólo responde a la ambición de un poderoso hechicero, de un embaucador sin escrúpulos que busca su coartada en el Gran Libro, por eso la misión de Onyesonwu es reescribirlo:

“Pero ¿cómo lo hago, Oga Sola? ¡Esa idea no tiene ni el más mínimo sentido! ¿Y dices que sólo tenemos dos semanas? No se puede reescribir un libro que ya está escrito y que miles de personas conocen. Y que ni siquiera es culpa del libro que la gente se comporte de esta forma”.

La autora hilvana toda esta trama y muchas más denuncias y enseñanzas sutiles en un bagaje cultural propio de algunas sociedades africanas. En la narración, la dimensión mística no es, en realidad, fantasía sino el resultado de trasponer creencias religiosas, usos culturales, tradiciones y formas de organizar la sociedad de diferentes lugares del continente. Durante el relato se van desplegando rasgos de cosmovisiones de culturas africanas y los protagonistas van mostrando poderes místicos que en distintas sociedades se atribuyen a algunos personajes:

“Miré a mi alrededor, con le corazón a mil por hora. Quería echarme a reír. Me latía el corazón mientras tenía un pie en el mundo espiritual y otro en mundo físico. Absurdo. Una parte de mi era de una energía azul y la otra, un cuerpo físico. Medio viva y medio algo más”.

Este es uno de los rasgos que Nnedi Okorafor atribuye a lo que ella entiende como Africanfuturism o Africanjujuism y del que Quien teme a la muerte es un ejemplo clarisimo. “Africanjujuism es”, según Okorafor, “una subcategoría de la literatura fantástica que reconoce respetuosamente la perfecta combinación de las verdaderas espiritualidades y cosmologías africanas existentes con lo imaginativo”. Mientras que uno de los rasgos del Africanfuturism según lo entiende esta escritora a diferencia del Afrofuturismo es que “está específicamente y más directamente enraizado en la cultura, la historia, la mitología y el punto de vista de África, que después se ramificará en la diáspora negra, y no privilegia ni toma como punto de referencia a Occidente”; o dicho de otra manera: “El Africanfuturism (basado en África) tenderá naturalmente a tener elementos místicos (extraídos o crecidos de creencias culturales y de visiones del mundo africanas entendidas como reales reales, no algo simplemente inventado)”.

Este es uno de los elementos que hace de Quien teme a la muerte una obra de ciencia ficción especial (si es que es ciencia ficción) que su relato bebe de una fuente en la que lo que el lector del norte global puede entender como fantasía es, verdaderamente, parte de una realidad diferente, más amplia, más diversa y con menos límites.

El ejercicio de ternura que suponen las dos ediciones, tanto la traducción en catalán como en español, se pone de manifiesto en las respectivas postdatas que las editoras han querido incorporar después de los agradecimientos y las explicaciones de la autora. En el caso de la edición en catalán, recupera unas palabras de Ngũgĩ wa Thiong’o: “Para luchar contra las injusticias de un mundo que no nos gusta, el primer paso es imaginar el mundo que queremos. El segundo paso es soñar que ese mundo es posible”, y hace un guiño a los protagonistas de la narración en cuanto al búsqueda de ese mundo mejor. En el caso de la edición en castellano, las editoras han querido recordar a las mujeres que en Sudán (el país en el que se produjo la noticia que desencadenó la historia) lideraron las manifestaciones contra el régimen Al Bashir justo cuando se estaba imprimiendo el libro y su exigencia de derechos y, sobre todo, su canción “a la Thawra: la Revolución”.

Hablan los padres de las independencias africanas

“La lucha de liberación, que es la expresión más compleja de la vigencia cultural del pueblo, de su identidad y su dignidad, enriquece la cultura y le abre nuevas perspectivas de desarrollo. Las manifestaciones culturales adquieren un contenido nuevo y nuevas formas de expresión. Se convierten así en un instrumento poderoso de información y de formación política, no solamente en la lucha por la independencia, sino también en la gran batalla por el progreso”.

Esa es una de las conclusiones a las que llega Amilcar Cabral, líder de la lucha de liberación de Guinea-Bissau y referente del movimiento nacionalista de la esfera lusófona africana, en relación con “El papel de la cultura en la lucha por la independencia”. El erudito e historiador burkinés Joseph Ki-Zerbó, recogió ese testigo de Cabral e intentó entender y explicar cómo se articulaba la cultura, más allá de la independencia política, en ese objetivo más amplio al que el bisauguineano había llamado “la gran batalla por el progreso”:

“Este es el dilema para la mayoría de los países No-alineados: para consolidar su identidad cultural, se necesita una base económica. Pero, para crear una base económica que no desestructure la sociedad, se necesita una cierta estrategia cultural que corresponde trazar a los No-alineados”.

Un expositor de la editorial Wanáfrica, con la colección de Pensamiento Africano en un lugar protagonista. Cedida: Wanáfrica

Los escritos de Ki-Zerbo y los de Cabral son dos de los que se recogen en la colección Pensamiento Africano de la editorial Wanafrica, un esfuerzo por acercar las reflexiones de algunos de los personajes más importantes de las últimas décadas en el continente. Saiba Bayo, uno de los responsables de esta colección, explicaba en una entrevista a Wiriko: “La mirada de Occidente sobre África se realiza todavía desde el prisma del colonialismo. Esto era algo frustrante para nosotros pero no podemos seguir gritando y quejándonos. Había que hacer algo y teníamos que pensar en una estrategia radical y potente para no caer en el ridículo”. Una parte de esa estrategia es la divulgación de esos pensamientos de figuras destacables africanas del discurso político y social.

La colección se presenta en una caja que alberga selecciones de textos de diferentes pensadores, la mayor parte de ellos relacionados con las luchas de liberación y, de manera, más genérica con los discursos de emancipación africanos. En esos volúmenes se encuentran las palabras del marroquí Mehdi Ben Barka, del martiniqués Frantz Fanon, del tanzano Julyus Nyerere, del bisauguineano Amílcar Cabral, del congoleño Patrice Lumumba, del ghanés Kwame Nkrumah o de los burkineses Joseph Ki-Zerbo y Thomas Sankara. Según los casos, los editores han escogido textos salidos de los discursos más famosos de estos líderes, fragmentos de sus obras de reflexión, artículos destacados o entrevistas en las que reflejaron sus pensamientos.

“No podemos dejar que nos dividan y nos desorganicen. El hecho de que hable inglés no me hace inglés. Del mismo modo, que el hecho de que algunos de entre nosotros hablen francés o portugués no los hace franceses o portugueses. Nosotros somos africanos y nada más que africanos y solo podemos perseguir nuestro interés uniéndonos en el marco de una comunidad africana que no la Commonwealth ni la Comunidad Francoafricana pueden reemplazar”.

Es uno de los fragmentos que Kwame Nkrumah pronunció en la conferencia internacional de los estados independientes de África, celebrada en Addis Abeba en mayo de 1963. Y es que el futuro de los Estados africanos, las relaciones entre ellos y la situación en la que debían quedar los vínculos con los antiguos colonizadores son algunas de las constantes de estas propuestas filosóficas e ideológicas.

En todo caso, los opúsculos de estos padres del pensamientos contemporáneo africano van desgranando temas diversos además del todo lo que tiene que ver con panafricanismo y movimiento de los No-alineados o los pilares de las independencias. Esos discursos comparten una inequívoca voluntad inspiradora y de autoafirmación, como se hace evidente en el conocido como “Mensaje a la juventud africana” atribuido a Joseph Ki-Zerbó, en el que arenga a los jóvenes de la siguiente manera:

“Invocar el pasado solo, el pasado simple, no demuestra nada para el presente ni el futuro, mientras que convocar un presente mediocre o calamitoso como testigo de cargo contra nosotros, puede cuestionar nuestro pasado y poner en duda nuestro futuro.

Por eso, cada africana, cada africano, debe ser aquí y ahora un valor añadido.

Cada generación tiene pirámides que construir”.

La voluntad de proyectar hacia el futuro estas ideas también es una constante de la colección y buena muestra es el fragmento del discurso que Nyerere pronunció en 1997 en Accra, pero que hablaba sobre “La Unidad africana del siglo XXI” y en el que aseguraba como colofón:

“La unidad no nos va a hacer ricos, pero hará más difícil el desprecio y la humillación de África y de su gente. Y, en consecuencia, va a incrementar la efectividad de las decisiones que tomemos e intentemos poner en marcha para nuestro desarrollo. Mi generación ha llevado a África a la libertad política. La actual generación de líderes y pueblos de África debe tomar la antorcha vacilante de la libertad, reavivar su llama y llevarla hacia adelante con su entusiasmo y su determinación”.

Historias de la guerra y la huida de la mano y la palabra de Mia Couto

 

“En aquel lugar, la guerra había matado la carretera. Por los caminos solo se arrastraban las hienas, hurgando entre ceniza y polvo. El paisaje se había injertado de tristezas nunca vistas, en colores que se pegaban en la boca. Eran colores sucios, tan sucios que había perdido toda la ligereza, olvidados del atrevimiento de levantar el vuelo por el azur. Aquí, el cielo se había vuelto imposible. Y los vivos se habían acostumbrado a la tierra, en un resignado aprendizaje de la muerte”.

Así empieza la novela Tierra sonámbula, del mozambiqueño Mia Couto. El título de ese primer episodio es también representativo: “La carretera muerta”.

En 1992, los representantes de Frelimo y Renamo firmaron un acuerdo de paz en Mozambique que acababa formalmente con quince años de guerra civil. Esa guerra fratricida, además había tomado, prácticamente, el relevo inmediato de la guerra anticolonial que las fuerzas independentistas había librado contra Portugal. Es decir, el país ponía fin a un ciclo de casi treinta años de guerras sucesivas, desde 1964.

Ese mismo año, se publicó la primera edición de la primera novela de Mia Couto, que llegaba con la esperanza de paz, pero mirando a los tiempos de conflicto. En una maniobra muy propia del autor mozambiqueño, el escritor descubría y compartía una nueva manera de huir de ese inhumano e insoportable estado de guerra, la literatura se alzaba como una forma de construir, evidentemente, pero también como una vía para la huida cuando no queda otra opción.

La editorial Periscopi se ha sumado, recientemente, con Terra somnàmbula, una edición en catalán, a los volúmenes publicados en castellano por Alfaguara y Debolsillo. La versión traducida magistralmente por Pere Comelles Casanova (de la que se han tomado los fragmentos escogidos y han sido traducidos al español por el autor de la reseña) nos sirve de excusa para recuperar el relato del mozambiqueño que ha sido considerado una de las diez mejores novelas del siglo XX y que fue llevada al cine. El particular estilo de Mia Couto hace el trabajo de traducción de un Comelles premiado más meritorio.

En este caso, la habitual atmósfera onírica creada por la prosa poética e imaginativa de Couto tiene una intencionalidad muy concreta: huir de la realidad o más bien, construir una realidad en la que él y los y las demás mozambiqueñas pueda vivir. El propio autor aseguraba en una entrevista: “Tengo 42 años (en 1998) y he pasado la mitad de mi vida en guerra”. Y al mismo tiempo manifestaba sus temores: “Creía que la guerra no iba a acabar nunca”. Por ese motivo la guerra es una de las protagonistas de Tierra sonámbula, es una constante en la historia y, sin embargo, nunca aparece explícitamente. Es así como Couto transmite el peso de la guerra para la población, es una amenaza, condiciona la vida y es una especie de sombra, un nubarrón, una masa viscosa que lo impregna todo. No hay un solo episodio de guerra al uso en toda la historia y, sin embargo, la guerra siempre aparece en el horizonte.

El escritor mozambiqueño, Mia Couto. Foto: Carlos Bajo

La historia de Tierra sonámbula es un retrato de la guerra pero, sobre todo, es el relato de la huida de esa guerra:

“- Por eso digo: no es el destino, lo importante, sino el camino.

Que hablaba de un viaje que tenía un solo destino, el deseo de marchar nuevamente. Este viaje, sin embargo, debía seguir respetuosamente sus consejos: tendría que irme por mar, caminar hasta la última lengua de la tierra, donde el agua provoca sed y la arena no conserva ninguna huella. Que me llevase el amuleto de los viajeros y lo guardase en una vieja cáscara de una nuez vómica. Y que buscase los confines en los que los hombres no guardan ningún recuerdo. Para deshacerme de mi padre y conseguir que no me siguiese no podía dejar ninguna señal de mi trayecto. Pasaría como los pájaros que atraviesas los ponientes”.

Muidinga, un niño perdido, y Tuahir, el viejo que le acompaña y cuida de él a su manera, están en fuga constante, en medio de la precariedad de una guerra que mezcla sueños, desolación, poesía y muerte. Muidinga encuentra una cierta evasión en los cuadernos de Kindzu, un joven que también esté en medio de una desesperada huida.

A su vez, el relato de Kindzu desvela algunas de las preocupaciones que Couto ha transmitido repetidamente en su trayectoria literaria. Cuestiones como la identidad, como la patria o la convivencia se tejen con el universo onírico y poético del escritor para articular un particular retablo en el que aparecen elementos de la tradición local, por la que Couto se ha preocupado habitualmente, los personajes de las cosmovisiones que persisten en Mozambique, se convierten en actores de la tragedia que tiene un inevitable sabor a historia con moraleja. El clima fantástico del escritor tiene una aliado fundamental, su creatividad lingüística. El mozambiqueño consigue hacer verosímiles situaciones y personajes gracias a su capacidad para inventar palabras y construcciones. Para transmitir un escenario con una particular relación con la realidad no hay mejor fórmula que construir a medida las palabras que mejor se adaptan a las necesidades. Puede que no sea fácil contar un mundo en el que se mezcla lo visible y lo invisible, en el que los genios conviven con la devastación de la guerra o las capacidades que sobrepasan la realidad se cruzan con sensaciones tan mundanas como el hambre o el miedo. Puede que no sea fácil contarlo, si no se tiene las herramientas adecuadas, así que Couto se arma de estos instrumentos.

“En aquellos años todo tenía sentido todavía: la razón de este mundo estaba en otro mundo inexplicable. Los ancianos hacían de puente entre estos dos mundos”.

Tierra sonámbula es la primera de sus novelas y presenta de manera radical todos sus rasgos más característicos. Estan los temas, pero también los ambientes, las construcciones y los trucos del autor, esa creatividad lingüística y la mezcla de tradiciones, el sabor poético de todo lo que escribe que igual le sirve para que el lector se siente delante de una atrocidad, sin apenas haberse dado cuenta, como para mostrar la realidad de la manera más descarnada. Tierra sonámbula contiene todo lo que se ha elogiado de Couto y también todo lo que se le ha reprochado. Y el simbolismo, siempre el simbolismo, un sistema de significados que te permite, volver a rascar la superficie, una y otra vez, y encontrar conexiones que antes de habían pasado desapercibidas.

“El tiempo se paseaba con dóciles lentitudes cuando llegó la guerra. Mi padre decía que era un lío venido de fuera, traído por los que habían perdido los privilegios. Al principio, solo escuchábamos las vagas novedades que pasaba lejos. Después, los tiroteos se fueron acercando y la sangre fue llenándonos los miedos. La guerra es una serpiente que utiliza nuestros propios dientes para mordernos. Su veneno circulaba ahora por todos los ríos de nuestra alma. De día ya no salíamos, de noche no soñábamos. El sueño es el ojo de la vida. Nosotros estábamos ciegos”.

Couto nos reserva incluso algunos giros argumentales que ha ido construyendo y cuidando con mimo a lo largo del relato, para que al final, todos los hilos estén es su sitio y nos muestren el tapiz deseado, que a su vez se permite ocultar, solo a la vista bajo rayo X, la imagen de la historia que nosotros hayamos querido construir o interpretar con las pieza que nos da el autor.

“Eso es lo que quiero: borrarme, perder la voz, desexistir. Suerte que he escrito, paso a paso, este viaje mío. Escritos así, estos recuerdos quedan prisioneros del papel, lejos de mi. Esta es la última libreta. Después, lo ordenaré todo en la maleta que me ha dado Surendra. Al final, Surendra es el único cuya compañía acepto. El indio y su nación soñada: el océano sin fin”.

Writivism, un festival literario que sube la apuesta cada año

En siete ediciones, el Writivism se ha convertido en uno de los festivales literarios más consolidados del continente africano, una cita ineludible en África oriental. Como cada año, Kampala, la capital de Uganda ha sido el escenario de un encuentro que tiene inscrito en su ADN la alergia por la comodidad. Las citas del Writivism funcionan, pero cada año el festival cambia de arriba a abajo y apuesta por propuestas cada vez más arriesgada. Los impulsores de esta cita cultural han entendido como un deber aprovechar su prestigio para abrir nuevos caminos.

Cartel de la edición de 2019 del festival ugandés de literaturas Writivism

La edición de este año tenía un enigmático y épico lema que podría traducirse por algo así como “Vínculos inquebrantables”. Al asomarse al programa, el encuentro volvía olvidarse de la condescendencia y a meterse en terrenos pantanosos sin aparente miedo a ensuciarse. Los organizadores no han tenido reparo en abordar algunas cuestiones espinosas en Uganda, en primer lugar, pero también en el resto del continente. Respecto a la divisa que servía de hilo conductor, esos “vínculos inquebrantables” hacían referencia a las diferentes esferas en las que se desarrolla la vida y la necesidad de mantener vínculos fuertes entre esas dimensiones aparentemente diferentes: “A través de la programación de nuestro festivales estamos reforzando las conexiones entre el continente y su diáspora, lo rural y lo urbano, el texto y la imagen, el sonido y el texto, lo viejo y lo joven, entre otros vínculos que no pueden romperse”, decía la explicación de la actividad que abría el encuentro.

Esther Mirembe es la programadora del festival y hacía una valoración en ese sentido, una vez concluía la cita: “La última edición del festival ha sido, en muchos sentidos, una reflexión, una introspección, si se quiere interpretar así, tanto para los oradores como para el público. Hemos tenido conferencias principales en las que se ha hablado sobre la raza o el nacionalismo, por ejemplo. Y con estas reflexiones queríamos, y creemos que Writivism lo ha hecho, crear un espacio para comenzar, o para continuar, para definir y dar forma a las preguntas que nos hacemos en este sentido. Creo que esta es la virtud del festival. De cada una de las ediciones del festival, que sirve para ir dando forma a la cultura. Para mi, por ejemplo, organizar una exposición con fotos de África y su diáspora británica en el espacio del festival ha sido una de las cosas más emocionante, que además también demostró nuestro compromiso por explorar el tema de los vínculos inquebrantables”.

Uno de esos vínculos y además un tema recurrente en las literaturas africanas es la relación entre el continente, las sociedades africanas, y las diásporas, las reflexiones en torno a la identidad, la voluntad de conjurar el desarraigo, las consecuencias sociales del hecho migratorio, pero también la riqueza del encuentro… todos esos enfoques están contenidos en la aproximación literaria a la diaspora. Pero la falta de complacencia se hace evidente cuando la última actividad prevista (antes de la entrega de premios es la presentación de una antología de historias escritas en la prisión por los internos de la cárcel de Luzira, la más popular del país, promovida por el Centro Pen Uganda.

Además de esas conferencias sobre la diáspora, el festival construyó un espacio protagonista para la visión feminista de las literaturas, con una reflexión de la escritora y pensadora Panashe Chigumadzi sobre el papel de las mujeres en la historia, el sacrificio, el compromiso y el papel protagonista al que están llamadas.

En su vocación de desbordar límites, el Writivism lanzó una mirada a la producción literaria de África occidental, sobre todo a ese enorme agujero negro de la creatividad que es la ciudad nigeriana de Lagos que tiene la característica de poder absorberlo todo. Hubo poesía, moda, música, cine y fotografía en la voluntad de romper las barreras de las disciplinas artísticas e, incluso una mirada al entorno digital en su interés por explorar las nuevas manifestaciones. Así, su acercamiento al mundo de internet era además una llamada de alerta sobre los riesgos del mal uso de la red y sobre una dinámica de control y censura digital de la que en Uganda saben demasiado. Pero también hubo construcción práctica de la literatura del futuro, algo que a los organizadores del festival obsesiona: la promoción de las y los nuevos autores. Con ese objetivo, además de los espacios de pasillo y cóctel previsto para establecer contactos, propiciaron un escenario, al menos, curioso: una ronda rápida de presentaciones de proyectos. Al estilo de las exposiciones en las que las empresas innovadoras intentan atraer inversores haciendo una explicación sencilla y deslumbrante, los y las escritoras tenían la oportunidad de presentar su proyecto a editores a los que debían, más que convencer, enamorar de una manera inmediata.

Las ganadoras de la edición 2019 de Writivism, la sudafricana Resoketswe Manenzhe y la nigeriana Frances Ogamba, junto a la periodista Rosebell Kagumire. Foto: Writivism

Y, sobre todo, en esa convicción de que los vínculos son y deben seguir siendo inquebrantables para mantener una cierta cordura, la última edición de Writivism estuvo cargada de recuerdos con dos propuestas. Por un lado, el memorial que ya se ha consolidado que trata de mantener presente la figura de Kofi Awoonor, el poeta ghanés asesinado en el ataque al Westgate de Nairobi en septiembre de 2013, precisamente cuando estaba en la ciudad para participar en un festival literario. Y por otro lado un recuerdo y un homenaje al recientemente desaparecido Binyavanga Wainaina.

Uno de los fundadores del Writivism es el también escritor Bwesigye bwa Mwesigire, que valora los aspectos más destacados de esta última edición: “Este año ha sido la primera vez que una mujer negra sudafricana de nacimiento, Resoketswe Manenzhe ha sido galardonada como ganadora de nuestro premio de relato corto, con una historia titulada “Maserumo”ambientada en la provincia rural de Limpopo de ese país. De hecho, tuvimos dos ganadoras, lo cual no es nuevo, ya que la nigeriana Frances Ogamba fue la ganadora del Premio Koffi Addo por la no ficción creativa”. E insiste en una idea que de manera natural sobrevuela el festival: “Que las mujeres, cuando tienen las mismas oportunidades que los hombres, se destaquen es un punto importante para nosotros en el entorno de la escritura creativa, sobre todo, dada la masculinidad del canon literario, en África y en otros lugares”.

“La sensación de ser un extraño nunca te abandona”

Diriye Osman se ha puesto, sin complejos, delante de los ingredientes más críticos de la vida de la comunidad LGBTIQ africana en Londres. El desarraigo, la identidad, la experiencia de la migración, la religión, las costumbres y las tradiciones, la presión social, las enfermedades mentales, el rechazo de la familia, pero también el sexo, el placer, la alegría, el amor y la vida que se despliega. Cuando Osman publicó Fairytales For Lost Children provocó una considerable sensación en el mundo literario británico. La crítica acogió con unanimidad la emergencia de una nueva voz fresca, desacomplejada y provocadora, que trataba con naturalidad y claridad los aspectos más oscuros de las vidas de personas LGBTIQ africanas en el Reino Unido. Ahora el autor de origen somalí ve su colección de relatos publicada en español bajo el título Cuentos para niños perdidos (Team Angelica Publishing).

Retrato de Diriye Osman Fotografía: Jaroslav Scholtz

Las historias que componen su libro Cuentos para niños perdidos son realmente impactantes. ¿Qué parte hay de reivindicación? ¿Qué parte de visibilización? ¿Y qué parte de catarsis?

Las historias de este libro fueron creadas desde una posición de autodescubrimiento y, en último término, de catarsis. He querido expresar un poco de la pasión, el miedo, el deseo y la sensación de placer que había experimentado cuando era más joven. He pretendido explorar la intersección de mi sexualidad y mi herencia cultural como un hombre africano queer que vive en Londres a principios del siglo XXI. He intentado hacer una aportación a la existencia de narrativas queer somalíes y, a juzgar por la respuesta positiva que despertó el libro en su momento, tanto en el Reino Unido, como en toda la diáspora, diría que he cumplido mi misión.

Algunas de las historias suenan especialmente íntimas, así que seguramente los lectores se pregunten, ¿qué hay del autor en los protagonistas de esos relatos?

Pues la verdad es que solo hay una historia realmente autobiográfica en toda la colección. Todas las demás son pura ficción. Yo creo que el motivo por el que el libro ha llegado tanto a los lectores, especialmente a los más jóvenes, es por ese tono íntimo. Las historias tienen una gran ventaja, y es que generan la sensación de que al lector se le ha concedido la entrada a mis ansiedades más íntimas y a mis momentos de alegría.

* Artículo publicado originalmente en la Revista CTXT. Para seguir leyendo, pincha aquí

Ben Okri: “Nadie sale de su casa, coge un fusil y dispara a su vecino, si antes no han manipulado sus mitos”

Acaba de cumplir 60 años y se conduce con elegancia. Habla despacio y con serenidad y a menudo desafía sutilmente en el cara a cara, estableciendo algunas distancias. Pero cuando el escritor nigeriano Ben Okri se sube al atril, es otra cosa. Despliega un magnetismo que le conecta con el público y que ha hecho que muchos de sus lectores se conviertan en incondicionales. Es uno de los autores africanos con más reconocimiento internacional y, de hecho, fue el ganador más joven en su momento del Booker Prize, uno de los premios más prestigiosos de la literatura en inglés. Su narrativa ha llamado la atención por su capacidad para combinar con naturalidad el mundo de lo invisible y el de lo visible, mezclando sin artificios espíritus o ancestros con críticas sociales. Pasó por Barcelona para proponer en el CCCB una nueva manera de mirar al mundo.

El escritor nigeriano, Ben Okri. Foto: Carlos Bajo Erro

En su última novela The freedom artist dibuja un mundo sin libros y con un poder autoritario, ¿qué relación hay entre estas dos cuestiones?

En el mundo de The freedom artist es fundamental para las autoridades que los libros desaparezcan. Es fundamental que la gente deje de formular preguntas. Y es fundamental que la gente sienta miedo y sea maleable, porque esto hace que la gente sea más fácil de manipular y hace que el trabajo de la autoridad sea más sencillo. En realidad habla de nosotros. Es hacia donde estamos yendo. Quieren que seamos menos humanos.

¿Es su visión del futuro?

No. Es mi visión del presente.

Ben Okri, uno de los escritores de origen africano más populares de la literatura contemporánea. Foto: Carlos Bajo Erro

Pero también hay una serie de personas que lucha por preservar esos libros…

Siempre habrá personas luchando para preservar las historias. Porque es una de las partes más humanas que tenemos. En las historias conservamos nuestro espíritu, el sentido de nuestras vidas, quiénes somos, quienes quisiéramos ser, en quién quisiéramos convertirnos. Y también nos detienen a la hora de suicidarnos en masa.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí

Tarjeta de divulgación del proyecto African-Meninas

Llegan las historias de mujeres africanas para apuntalar referentes

¿Sabes quién es Nzinga? ¿Has oído hablar de Wangari Maathai? ¿Te suena Ama Ata Aido? ¿Conoces a Ellen Johnson Sirleaf? Si no has podido contestar “sí”, al menos, a dos de las preguntas, no necesitas más explicaciones sobre la necesidad del proyecto African Meninas. Si has podido contestar “sí” a más de dos de las preguntas seguro que eres consciente de que una iniciativa como African Meninas es imprescincible. Los cuatro nombres de las interrogaciones se corresponden con cuatro mujeres africanas sobresalientes. Cuatro ejemplos de las muchísimas figuras ejemplares que podrían mencionarse. Cuatro de las treinta personalidades que el proyecto African Meninas pretende acercanos de manera sencilla, a través de biografías ilustradas de mujeres africanas que todos y todas deberíamos conocer.

La imagen del Nzinga que ilustra la biografía de la reina angoleña

La imagen del Nzinga que ilustra la biografía de la reina angoleña.

El cine y la televisión; la moda y la publicidad; incluso, la literatura, reflejan tradicionalmente un mundo blanco irreal. No es baladí, sino uno de los pilares de una sociedad que no ha intentado construir el equilibrio. Los referentes, los ejemplos, los modelos, los espejos en los que mirarse son mayoritariamente (salvo excepciones puntuales) blancos. Y así es como se construyen las identidades y las propias conciencias, a través de todas esas figuras uno (o una) va dando forma a algunos elementos de su personales, a cómo ve el mundo, a cómo ve a los demás, pero también a cómo se ve así mismo. Y el diagnóstico de expertos y activistas es coincidente, a las niñas y los niños no blancos les faltan referentes con los que identificarse.

African Meninas es una iniciativa de Club Wanafrica que se define como “una asociación sin ánimo de lucro que nace en 2010 con la finalidad de crear espacios de diálogo y proyectos en torno a África, su diáspora, la convivencia y la participación ciudadana”. Continúan desgranando algunos de sus objetivos: “Promover iniciativas de sensibilización, visibilización e intercambio social, cultural entre las distintas comunidades residentes en el Estado español, con especial énfasis en los residentes de origen africano y afrodescendientes, a través de conferencias, talleres, intercambios y acontecimientos interculturales”. En este caso, el Club Wanafrica lanza un libro ilustrado con las biografías de treinta mujeres sobresalientes de origen africano que los padres y madres pueden leer a sus hijos, que las más pequeñas pueden descubrir por sí mismas, pero también que pueden permitir a muchos adultos abrir su mente y diversificar sus referentes.

El lanzamiento del libro está previsto para el mes de noviembre, pero para hacer posible este proyecto la organización ha lanzado una recogida de fondos colaborativa, que en una semana ha recaudado más de un tercio del presupuesto de edición del libro. Sin embargo, este formato de preventa, permite a las personas interesadas apoyar la iniciativa desde su inicio y, al mismo tiempo acceder al trabajo final en las mejores condiciones. Además del libro, a través de las recompensas que se ofrece a las y los mecenas, se pueden conseguir postales con los retratos de esas mujeres ejemplares, bolsas con las ilustraciones y otros materiales de papelería.

Cubierta del libro African-Meninas

Cubierta del libro African-Meninas

El proyecto cuenta con el aval de una reconocida investigadora de la historia y la herencia cultural africana como Karo Moret y ha sido ilustrado por Sara Fratini y por Ana Cebrián, doctora en Bellas Artes e investigadora especializada en arte afro contemporáneo, que ha trabajado en proyectos relacionados con colectivos de afrodescendientes. Otros actores implicados en la iniciativa como el colectivo de creadores audiovisuales New Voices New Futures, orientado hacia las diásporas africanas, o la diseñadora Tanit Castan completan las diferentes dimensiones de este libro que pretende ser no solo una producción editorial, sino también un material educativo.

Una prueba de la biografía de Nehanda Charwe Nyakasikana, lideresa de la resistencia a la colonización británica en el actual Zimbabue.

Una prueba de la biografía de Nehanda Charwe Nyakasikana, lideresa de la resistencia a la colonización británica en el actual Zimbabue.

En todo caso, esta lista de autoras, ideólogas, creadoras y corresponsables del proyecto garantizan un equilibrio delicioso entre el máximo rigor científico de la investigación previa, la selección y la elaboración de las biografías y la belleza y el mimo en las ilustraciones y en la dimensión gráfica de un proyecto que enseña, pero también atrae y atrapa.

Para no aburrirse… muchas letras africanas

Afortunadamente en los últimos meses se han producido un buen número de lanzamientos editoriales de autoras y autores africanos. Eso significa que el verano se abre ante nosotras con trabajo pendiente, no hemos podido seguir el ritmo de reseñas de esas nuevas presentaciones, pero aprovecharemos este mes de agosto, para poneros al día en el nuevo curso.

Sin embargo, aunque no os hayamos podido ofrecer esas reseñas no nos podemos resistir a proponeros algunas de esas novedades. Así compartimos la experiencia.

La revolución vertical, de Ngũgĩ wa Thiong’o

Forma parte de un interesante proyecto del que ya hablamos en Wiriko y que ha hecho que el relato del escritor keniano se haya editado simultáneamente en seis ediciones bilingües en las que el kikuyu en el que fue escrita originalmente la historia comparte páginas con el castellano, el catalán, el euskera, el galego, el aranés y el bable.

En este caso, os traemos la versión castellano-kikuyu que ha lanzado la editorial Rayo Verde, pero en el proyecto también estaban Raig Verd, Txalaparta, Editorial Galaxia y Pagès editors.

Quien teme a la muerte, de Nnedi Okorafor

Nos llega una nueva novela de la referente actual de la literatura de ciencia ficción africana. Nnedi Okorafor es una escritora nacida en Estados Unidos, pero de origen nigeriano que se reclama como heredera de la tradición africana en la construcción de sus mundos literarios de ciencia ficción. Después de las dos primeras piezas de la trilogia Binti, la editorial Crononauta nos acerca esta novela de la escritora, una de sus obras más aclamadas, antes de que su potencial fuese aplaudido por la industria editorial global.

Siguiendo con la iniciativas interesantes. Nos encontramos con que las editoras que se lanzan a la publicación de obras de autoras africanas, además apuestan por nuevas formas de edición. En este caso, al mismo tiempo la novela de Nnedi Okorafor se ha publicado simultáneamente en castellano, de la mano de Crononauta, y en catalán, a través de Raig Verd, bajo el título Qui tem la mort. El entendimiento entre las responsables de estas dos valientes casas editoriales ha permitido este lanzamientos múltiple.

Terra somnàmbula, de Mia Couto

Volvemos a hablar de la primera novela del mozambiqueño Mia Couto, la que publicó hace veintisiete años, justo cuando se firmaba la paz en la guerra civil que había asolado su país. El relato, máxima expresión del estilo onírico de Couto, vuelve a estar de actualidad gracias a la edición que Periscopi ha hecho en catalán.

África en transformación, de Carlos Lopes

La colección de ensayos que Casa África impulsa a través de la editorial Los libros de la Catarata tiene un nuevo volumen. Se trata de una reflexión de Carlos Lopes sobre la situación actual, pero también la trayectoria y la proyección del desarrollo económico del continente africano. Lopes, uno de los economistas africanos más prestigiosos, ha querido poner los puntos sobre las ies, contestar los mitos en negativo y también puntualizar una euforia infundada. Se trata de que una voz extremadamente autorizada ofrezca un análisis riguroso de la situación.

Lluitar amb el diable, de Ngũgĩ wa Thiong’o

De la producción de no ficción del escritor keniano, esta es la obra más impactante. Así al menos lo considera Laura Huerga, la editora de Rayo Verde y de Raig Verd que se ha empleado a fondo en la tarea de acercarnos las reflexiones y las opiniones de uno de los autores africanos con más reconocimiento. En este trabajo, Ngũgĩ wa Thiong’o repasa el año que pasó en prisión, como represalia del régimen keniano por haberse acercado a las clases más populares a través de un teatro social y pedagógico.

No hables, de Uzodinma Iweala

Iweala está contribuyendo a un arduo trabajo en el que se han empleado muchos artistas africanos: dinamitar el tabú en torno a la homosexualidad. En este caso, el autor estadounidense de origen nigeriano nos traslada a las dificultades que entraña en las relaciones familiares la diversidad sexual. Alianza de Novelas (AdN) se ha fijado en otra de las voces de esa floreciente literatura de diáspora que cada vez consigue más visibilidad. Iweala se hizo conocido en el entorno editorial con su primera novela Bestias sin patria que abordaba el fenómeno de los niños soldados.

Doce relatos urbanos, doce voces africanas, de varios autores

La periodista canaria Ángeles Jurado se ha encargado de coordinar este volumen de relatos impulsado por Casa África en su colección de narrativa de la editorial Baile del Sol. Doce relatos urbanos, doce voces africanas recoge historias de una nómina de autores de primera línea que ofrecen una visión sobre las realidades urbanas del continente. Esta narrativa sobre las ciudades se está convirtiendo en unas de las principales herramientas para romper con algunos de los estereotipos que se ciernen sobre África. Las ciudades africanas son espacios extremadamente dinámicos y los narradores y las narradoras africanas las están relatando de una manera inmejorable.

Antología poética, de Gabriel Mwéné Okoundji

Un poco de poesía también se puede hacer un hueco en las lecturas veraniegas. Si los y las autoras africanas están infrarrepresentados en la actividad editorial en España, la publicación de poesía es una auténtica excepción. La Editorial Pre-Textos ha escogido a este autor congoleño ampliamente reconocido en el panorama internacional para acercarnos una obra poética cargada de originalidad. En realidad Okoundji ya había sido traducido al español, pero a través de la editorial argentina Babel. Ahora el poeta congoleño llega también al panorama editorial español.

Bajo las ramas de los udalas, de Chinelo Okparanta

Okparanta ha sido adoptada como una revelación y un referente por algunos apasionados de las literaturas africanas que tratan temas de diversidad sexual. En este caso una historia de amor poderosa y desgarradora se produce en pleno conflicto de Biafra en Nigeria. El contexto de guerra no es único inconveniente que tendrán que superar las protagonistas de la novela para que sus sentimientos ganen la partida. La editorial Baile del Sol ha recuperado empuje con la edición de esta historia que si recibe la atención necesaria debería atraer una atención equivalente a la que ha atraído en otros países.

La societat dels somiadors involuntaris, de José Eduardo Agualusa

El escritor angoleño José Eduardo Agualusa regresa a las estanterías, en este caso, por la publicación en catalán de su penúltima obra. La editorial Periscopi seguramente se ha visto animada por el fantástico recibimiento que tuvo la recuperación el año pasado de Teoria general del olvido (en catalán) y ha hecho en este caso apenas se lo haya pensado para traducir la última novela y penúltimo libro de Agualusa. El narrador mozambiqueño tiene un espacio indudable en la producción editorial española, sin embargo, en los últimos años ese espacio se ha ido consolidando y ensanchando a fuerza de que los y las lectores se encuentren con los relatos fabulosos de este contador de historias incontestable.

Murambi, el libro de los huesos, de Boubacar Boris Diop

El escritor senegalés Boubacar Boris Diop publicó Murambi por primera vez en el año 2000, como como resultado de su participación en una iniciativa que pretendía afrontar el genocidio de ruanda desde la literatura. Diop recreo el escenario de la crisis ruandesa a través de una historia aparentemente ficcionada pero cimentada en una investigación rigurosa de los hechos. La de Diop fue una de las serie de diez novelas que otros tantos autores publicaron dentro de ese mismo programa.

Murambi fue recuperada por la editorial Wanáfrica en 2016 y ahora ha sido publicada por la editorial 2709 books que, como de costumbre hace una propuesta particular. Esta curiosa editorial pone a disposición de los y las lectoras los libros, únicamente en formato digital y lo hace con precios extremadamente atractivos. Recuperamos de esta manera un relato imperdible por el contenido, pero también por la filosofía que lo motivó y lo permitió.

Cuentos para niños perdidos, de Diriye Osman

Acaba de aparecer en castellano una de las colecciones de relatos que causó sensación cuando se publicó originalmente en inglés. Diriye Osman es un escritor y un artista visual de origen somalí que se crió en Nairobí y ha acabado instalándose en Londres. A través de esta serie de relatos que en su momento recibió el aplauso de la crítica, Osman aborda el universo de la comunidad LGBTIQ somalí y de África Oriental y sus interesecciones con la diáspora, el hecho migratorio, la búsqueda de identidad, los conflictos domésticos y familiares y la inestabilidad de la salud mental que para algunos de ellos provocan estas crisis. A pesar de ser relatos, a menudo descarnados y dramáticos, Osman asegura que, en general, ha querido transmitir la alegría de encontrarse a uno mismo y de conseguir que los deseos propios se puedan materializar. Otro de los referentes de los últimos años en la literatura LBGTIQ africana que llega en español hasta nuestras librerías de la mano de Team Angelica.

Una revisión al español que llega desde Abiyán

Cuando Nadia Djadji, estudiante de doctorado marfileña, realiza su investigación sobre la armonía vocálica entre el agni y el andaluz oriental, está poniendo en valor, por un lado, una lengua marfileña minoritaria que no cuenta con protección oficial y, por otro, señalando la heterogeneidad de formas de hablar el español y la aparente “ventaja” con la que podría aprender una persona del sureste peninsular esta lengua africana. Nadia sigue la estela de otros investigadores como el profesor y referente Yaω Ngԑtǎ que ha dedicado gran parte de su carrera a la defensa de esta lengua que cuenta con más de un millón de hablantes entre Costa de Marfil y Ghana y que recientemente ha editado una obra trilingüe (agni, francés y español) Bosoȹɛ̌ / Boule de feu / Bola de fuego (2016).

Imagen del coloquio celebrado en Abiyán. Foto: José Manuel Maroto Blanco

Tanto Djadji, como Ngԑtǎ representan la producción académica de investigadores africanos que trabajan en el estudio del español, como puso de manifiesto el impresionante programa del II Coloquio Internacional Hispanoafricano de Lingüística, Literatura, Civilización y Traducción que se celebró los días 6, 7 y 8 de marzo en la Université Félix Houphouët-Boigny de Abidjan en Costa de Marfil. Este encuentro se ha erigido como uno de los eventos científicos más importantes sobre estas temáticas en el África Subsahariana. Más de 80 ponentes de ocho países africanos (Argelia, Egipto, Nigeria, Ghana, Benín, Gabón, Senegal y Costa de Marfil) y dos europeos (España y Francia) y más de dos centenares de asistentes, muestran el prestigio de este congreso que hace posible el profesorado del grupo de investigación del Département d’Études Ibériques et Latino-Américaines de la Université Félix Houphouët-Boigny de Abidjan y el trabajo de más de 30 voluntarios marfileños, la mayoría estudiantes de Máster y Doctorado .

Esta segunda cita del coloquio, llevaba por título “Panhispanoafricanismo: realidades del presente, retos del futuro”, y pretende promocionar y divulgar el conocimiento acerca de la lingüística, la literatura y la civilización africana y, de manera particular, “dar visibilidad a las lenguas africanas y a la situación de la enseñanza del español en África”, planteándose como un espacio de intercambio entre personas con diferentes visiones y perspectivas investigadoras.

Los asistentes al encuentro hispanoafricano en Costa de Marfil. Foto: José Manuel Maroto Blanco

La efervescencia de este ámbito de investigación se refleja en el resto de trabajos presente en el coloquio, como el de Sandre Lauhé titulado “Le problème de la renaissance africaine dans Changó el Gran Putas de Manuel Zapata Olivella”, puso el acento en temas como la negritud, el panafricanismo o el racismo en Colombia. En él se cuestionó, entre otras, el discurso del “mestizaje” que ha intentado borrar la existencia de la comunidad afrocolombiana y de las relaciones desiguales de poder que aún hoy, más de 30 años después de la redacción de esta obra, siguen presentes en el país latinoamericano. En el caso del contexto español también se presentaron trabajos sobre literatura y memoria como “La literatura de Francisco Zamora o cómo se ve el racismo desde el Viyil” que puso el acento en la continuidad de las lógicas racistas en España a través de una memoria que intenta revertir la amnesia generalizada en nuestro contexto historiográfico. Un taller en exclusiva estuvo dedicado a la historia de España y fue protagonizado por marfileños.

El escritor Manuel Zapata Olivella

Como asegura Nadia Ndjadji, “esta mezcla de culturas es siempre algo muy positivo y este evento es una oportunidad, una suerte, si lo puedo decir así, para los alumnos, sobre todo para los de Master y doctorado, porque eso les permite prepararse para la tesis; es una ventana abierta para ellos y para presentar el resultado de sus trabajos”. Además, la diversidad de enfoques es algo que valoró Koaussi Nogues Kouassi, estudiante de doctorado, pues “estamos acostumbrados a ver cómo los blancos siempre defienden sus propios intereses, su posición de blanco, ver que hay personas que no lo hacen así yo creo que no solo viene bien a los alumnos sino también a los profesores y cambia la imagen que la gente tiene”. El Coloquio contó con muchas intervenciones que trataron de plantear una visión de la Historia alejada de las perspectivas eurocéntricas a las que nos tiene acostumbrada la Academia. Reescribir la historia de España desde una perspectiva afrocéntrica, entendiéndola como una teoría de cambio social (Asante, 2003) y que ponga el acento en desvelar los numerosos y flagrantes silencios de la historiografía española y latinoaméricana, pasa por no huir de temas incómodos para el discurso oficial como la implicación en la trata de esclavos, la colonización del África Subsahariana o la situación de las poblaciones afro actualmente. Hoy todos estos temas siguen pasandodesapercibidos en los manuales escolares y en la inmensa mayoría de programas de estudios de los grados de Historia. La implicación de investigadores/as africanas va a ayudar a dar un impulso a este asunto tan necesario.

Profesor Yao Koffi

Durante el congreso también se llevaron a cabo acciones para fomentar la participación del estudiantado marfileño en diversas actividades. Un ejemplo de ello fue el seminario que organizó e impartió Ángeles Jurado Quintana de Casa África en donde se presentaron dos concursos de la institución, el de microrrelato y el de ensayo. Ambos, premiados con 1.000 y 2.000 euros respectivamente y la publicación de los textos ganadores. No hay mejor manera de romper con la visión estereotipada de África Subsahariana que a través de la pluma de las generaciones jóvenes del continente.

El éxito del coloquio ha ha tenido que superar las dificultades que se han encontrado desde la organización William Jacob EKOU, profesor y uno de los organizadores del evento señala: “La falta de apoyo, la falta de compromiso de las autoridades académicas. Ven el coloquio como si fuera algo personal del que lo está organizando. De modo que no dan un duro”. La embajada española, la AECID, el Instituto Cervantes o la Universidad de Valladolid (el profesor Juan Miguel Zarandona es uno de los organizadores) están apoyando estos congresos junto a universidades francesas. Otras se unirán en la siguiente edición, como la Universidad de Granada a través del Departamento de Historia Contemporánea.

Tanto para profesores como para alumnos se trata de una buena oportunidad. El profesor universitario Bi Drombé Djandjue destacaba la visibilidad que ofrece a la labor investigadora de los docentes, a las instituciones universitarias y a la propia realidad marfileña.A inicio de esta década, sólo Senegal y Costa de Marfil acaparaban dos terceras partes de la demanda de enseñanza de español. “Nosotros tenemos ganas de dar color a la cultura y las lenguas españolas y a nuestras lenguas. Hablando del español hablamos también de nuestras lenguas” afirma Ekou.

Profesor Yaω Ngԑtǎ Fuente: https://attoungblan.net/es/boule-de-feu-de-yao-nguetta-de-laffirmation-a-la-confirmation-de-lidentite/

Este coloquio internacional confirma la cada vez mayor actividad de colaboración entre las universidades marfileñas y españolas. De hecho, en noviembre de este mismo año se celebrará el III Coloquio Internacional “Representaciones colectivas cruzadas: Áfricas, Américas y Caribes. Siglos XIX-XXI”, en las que participará entre otras, la Universidad de Alcalá o el Seminario Permanente Juan Latino de Estudios sobre esclavitud, mestizaje y abolicionismo en el mundo hispánico, de la Universidad de Granada, así como otras universidades francesas; o la I jornada científica “La globalización a la luz del español y del portugués: cambios e intercambios” que tendrá lugar, en este caso, en la Université Alassane Ouattara en Bouaké.

En definitiva, estuvimos ante un Coloquio Internacional que afianza las relaciones entre las universidades del Norte y del Sur, que aparece como un espacio que puede ayudar mucho a romper con la visión tan eurocéntrica de los estudios en Ciencias Sociales y Humanidades, algo muy necesario ya que, como afirma Boaventura da Sousa (2011: 16), la “comprensión del mundo es mucho más amplia que la comprensión occidental del mundo”.

Bibliografía.

Asante, M. K. (2003). Afrocentricity: The Theory of Social Change. Chicago : African American images

Sousa Santos, B. de (2011). Introducción: las epistemologías del sur. En VV.AA. Formas-Otras: Saber, nombrar, narrar, hacer, p. 11-22. Col. Monografías. Barcelona: CIDOB.

Yaω Ngԑtǎ (2016). Bosoȹɛ̌ / Boule de feu / Bola de fuego. Madrid: Assata Ediciones.

Felwine Sarr: “Vivimos en una crisis de la idea de comunidad”

“Vivimos en una crisis de la idea de comunidad. Las personas migrantes, la movilidad…¿Quién forma parte de la comunidad? Las personas a las que llamamos extranjeras no lo son porque no existe tal cosa; todos somos seres humanos, con diferentes experiencias e historias… Pero la identidad principal es la identidad humana”. Es el demoledor diagnóstico que el intelectual senegalés Felwine Sarr hace de la sociedad actual. En los últimos años se ha convertido en una de las voces más escuchadas de una corriente de pensamiento africana que apuesta por replantear el papel del continente y de sus habitantes en un mundo globalizado. 

El intelectual senegalés Felwine Sarr impulsa todo un proceso de repensamiento del papel de África. Foto: Indhira García Belda.

Sarr pasó por Madrid en el contexto de la primera parte de Grigri Pixel, un proyecto desarrollado por Grigri Cultural Projects en colaboración con Medialab-Prado, que se ha desarrollado entre mayo y junio. El programa ya va por su cuarta edición y pretende continuar generando espacios de creación colectiva en los que otros relatos tienen cabida, explorando de esta manera “las prácticas de cooperación cultural y ciudadanía entre África y Europa”.  

Sarr se sentó junto a la filósofa Marina Garcés en una actividad titulada “Dar lugar” para aportar su propia visión sobre el tema de la hospitalidad, que era el hilo conductor del programa de este año, invitando así a meditar y poner en común perspectivas sobre cómo construir puentes en un mundo cada vez más dividido por fronteras políticas, económicas y sociales.  En este marco, Sarr desgranó algunas de las claves de su último trabajo, Habiter le monde, essai de politique relationelle (2018). En este el autor llama la atención sobre la crisis de relacionalidad que estamos viviendo, explicando que los espacios relacionales se han convertido en un conflicto. Si bien es cierto que movimientos como el 8M son capaces de unir a mujeres de contextos muy diferentes en una lucha en común, Sarr piensa que “la relacionanalidad es un espacio muy débil”, y que una civilización que progresa es aquella que genera relaciones entre los individuos. 

El escritor y economista Felwine Sarr, uno de los impulsores de Les Ateliers de la Penséé. Foto: Indhira García Belda

Wiriko pudo compartir una conversación con el intelectual senegalés en la que puso de manifiesto los pilares de su pensamiento. El escritor y economista defiende que todos venimos de un espacio de vulnerabilidad y que hemos sigo acogidos en algún momento. La comunidad tiene que organizarse políticamente, no sólo en términos de ética o mediante cuestiones ideales. Para Sarr las luchas por los derechos de los distintos colectivos de la sociedad son necesarias, pero más allá de los esfuerzos de estos grupos, es importante que todas las personas nos unamos en una sola lucha. 

Teniendo en cuenta que los vínculos entre las personas no atienden únicamente a una historia o una lengua en común, ¿cómo podemos crear un sentimiento de pertenencia a una sola comunidad? La respuesta está en lo que el autor llama “los imaginarios de la pertenencia” y “la narrativa de la comunidad global”. El primer concepto se refiere a la comunidad local de la que todos partimos: nacemos en un contexto y compartimos una historia y una memoria local con el resto. Esta idea de ancestralidad está conectada a la legitimidad ya que muchas veces deriva en la exclusión de aquellos que vienen de fuera. Esto se debe a que a nivel global existe una historia que es la misma para todos, pero no hay una memoria que nos una. 

“Construir la comunidad humana consiste en producir una narrativa que anticipe cómo será esa comunidad” dice el autor, y para ello “tenemos que romper con los imaginarios de la pertenencia”. Profesor también de la Universidad Gaston Berger de Sant-Louis (Senegal), Felwine Sarr considera que los centros educativos pueden ser “un espacio de deconstrucción y reconstrucción que produzcan conocimiento para la comunidad que queremos crear” enseñando que “todos venimos de una cultura, pero que no pertenecemos a ella, no estamos atrapados en ella”. 

“La cultura es una respuesta que los humanos damos a preguntas universales en contextos específicos” explica Sarr. Junto con los imaginarios de la pertenencia, es fundamental también acabar con el imaginario de nación, actuando desde una perspectiva global. “La identidad humana es más importante que las especificidades de mi identidad local (…) Se trata de reconfigurar los imaginarios de quiénes somos, el lugar que tenemos en el mundo y de dónde venimos”. 

Estamos ante una tarea compleja. La crisis de la comunidad no afecta a todos los individuos de una sociedad por igual, así es que es necesario saber qué papel tiene que desempeñar cada uno para poder generar la comunidad global. El escritor nos recuerda que las personas privilegiadas que están en el centro generalmente no tienen razones o intereses suficientes para unirse a este esfuerzo. Son las víctimas de la exclusión las que tienen en sus manos la responsabilidad de impulsar el cambio, ayudándonos así a llegar más lejos. 

En 2016, el compromiso político y social de Felwine Sarr le llevaron a fundar junto con el historiador camerunés Achille Mbembe Les Ateliers de la Penséé, que Sarr entiende como una plataforma en la que los artistas e intelectuales de África reflexionan tanto sobre cuestiones globales como continentales del mundo en el que vivimos. Su próxima edición, que tendrá lugar en noviembre, incluye a participantes de distintas procedencias y tiene como tema principal las vulnerabilidades y cómo estas intersectan. Afrotopía ha sido la obra que ha cimentado toda esta estrategia de repensar el lugar que debe asumir el continente en un mundo globalizado.