“No entiendo los pedales ni las distorsiones. ¿Para qué acoplar una máquina a la kora?”

 

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Seckou Keita. Foto cortesía de Astar Music.

Seckou Keita, uno de los mayores manifestantes de la kora moderna, recibe a Wiriko en medio de su gira por tierras británicas junto a la arpista galesa Catrin Finch.

Seckou Keita es simpático. Llega a la entrevista con retraso, “vamos un poco tarde con la prueba de sonido”, se disculpa y sonríe. Su gira aterrizó en Canterbury, al sureste del Reino Unido, tras su paso por Liverpool, Amsterdam o la representativa Union Chapel de Londres. “Está siendo fascinante”, dice Keita de una gira que tras la serie de conciertos del pasado mayo, ha traído nuevas oportunidades de ver a Finch y Keita tocando temas de su álbum Clychau Dibon (Astar Artes Recording) publicado en 2013.

“Echo de menos la comida, los olores y el sol”, dice Keita de su Senegal natal en la que pasa los inviernos occidentales. Afincado en Nottingham, en el centro de Inglaterra, el músico ha colaborado con grandes artistas como el percusionista guineano Mamady Keita, Francis Fuster o Baka Beyond. Ahora, cuando su carrera está asentada, no deja de seguir buscando nuevas vías para explotar los límites de la kora, el tradicional instrumento de 21 cuerdas del África occidental.

Tras su primer disco, Baiyo (Orphan, 2000), su trayectoria se ha basado en la curiosidad. De esta actitud atenta han surgido trabajos con músicos latinos como el pianista cubano Omar Sosa, el cantante italiano Antonio Forcione, el violinista egipcio Samy Bishai o músicos indios e incluso chinos en un camino donde ha probado nuevas melodías. Así se ha acercado al jazz, al funk e incluso al flamenco como se pudo escuchar en el tema Hino junto a la cantaora sevillana Inma La Carbonera en su disco Miro (Astar Artes Recording, 2012) . “Las colaboraciones tienen que ser adecuadas, no forzadas porque la musicalidad tiene que tener armonía”, explica Keita quien además recalca que no es fácil estar abierto a tantos estilos.


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“Paco de Lucía es una de mis influencias”, dice Keita quien siente el flamenco muy cercano. El camerunés Richard Bona o el compositor de Don’t Worry, Be Happy, Bobby MacFerrin, también están entre sus preferencias. En su abanico de gustos tiene claro que le interesa toda aquella música “que viene del corazón” y alaba el panorama musical de su país aunque “es una pena que no sea tan conocida”, recalca.

Keita ha desafiado los cánones tradicionales de la kora que “se está haciendo conocida”. Músicos como Toumani Diabaté, Ballaké Sissoko, o su tío Solo Cissokho han guiado el camino de un instrumento en expansión. “Hay mucha gente probando nuevas cosas, nuevas técnicas”, comenta Keita quien advierte que a pesar del enfoque innovador de la kora no hay que olvidar que el instrumento tiene que conservar su territorio. Se rompen las barreras pero siempre hay que tener presente la historia y la tradición. “No entiendo los pedales ni las distorsiones. ¿Para qué acoplar una máquina a la kora?”, se pregunta el Keita cuyas armas para hacer frente al arpa africana son simplemente sus índices y sus pulgares.

Seckou-1Sus experimentos iniciales le costaron más que un desencuentro con su abuelo y mentor en su juventud. Keita, apellido noble proveniente de los antiguos reyes Mandika de Mali, no tendría que haber sido músico por tradición. Sin embargo, fue criado por su familia materna perteneciente a la cultura griot, los oradores y herederos de la música en el África Occidental. Una educación estricta que le ha llevado ha convertirse en uno de los exponentes contemporáneos de la kora.

La música africana abraza cada vez más las culturas occidentales a pesar de que se siguen olvidando los problemas políticos y socioeconómicos del continente. Seckou Keita rehúye hablar de política (“tengo bastante con las 21 cuerdas de mi kora”) aunque utiliza un símil futbolístico para explicar de pasada la situación de muchos estados africanos: “si vas a cambiar al 9, pones otro 9 que va a jugar en el mismo campo. Todos son parte del mismo juego incluso aunque vengan con ideas diferentes”.

Así, la cultura africana llega a occidente como aire fresco, “de lo poco que nos hace felices”, dejando atrás las complicaciones asimiladas al continente y los conflictos como el de la región de Casamance, conocida por los problemas separatistas en el sur de Senegal y donde Keita se crió. “Yo he llevado a varios grupos a realizar talleres musicales allí y todo ha ido siempre bien”, dice Seckou de una zona que es “un lugar seguro y de reunión de culturas”.

De las palabras del músico senegalés se denota la concienciación que realiza con su trabajo al tomar la música como medio para aportar su grano de arena. Proyectos como Do you speak djembe? o la política medioambiental que utiliza a la hora de publicar sus discos desde 2007 son declaraciones de intenciones. Además colabora con el Comité Internacional de la Cruz Roja y el 50% de las ventas de su disco The Silimbo Passage (Seckou Keita 2009) va destinado a ayudar a la organización. “Cuando era pequeño cada vez que veía la furgoneta de la Cruz Roja me sentía seguro”.

Antes de despedirse, Seckou Keita anunció la publicación de un nuevo disco en solitario. “Hace casi 14 años que no hago un álbum solo” y aunque no desvela el nombre explica que será una vuelta a las raíces de Senegal y que verá la luz en la próxima primavera.


Dibons en el escenario

Catrin Fick & Seckou Keita. Foto: Judith Burrows/Getty Images

Catrin Fick & Seckou Keita. Foto: Judith Burrows/Getty Images

El concierto de Catrin Finch y Seckou Keita tuvo lugar en el Gulbenkian de la Universidad de Kent en Canterbury. Con un teatro casi lleno, la audiencia se dejó llevar por las melodías de Clychau Dibon, el trabajo conjunto del músico senegalés y la arpista galesa. El álbum se ha paseado por la pasada edición británica del WOMAD 2014 o por el legendario Joe’s Pub de Nueva York y cuya gira finalizará el próximo 9 de noviembre en Helsinki, Finlandia.

Clychau es el término galés para denominar a las campanas mientras Dibon hace referencia a la segunda cuerda de la izquierda en la kora. Sin embargo, dibon es también un ejemplar de pájaro africano. Siempre en pareja, el macho y la hembra pasan todo el día juntos pero duermen en ramas separadas al caer la noche. Los pájaros en este trabajo son Catrin y Seckou, mujer y hombre, galesa y senegalés, blanca y negro, clásica y tradición, arpa y kora, “pero en el corazón siempre están juntos”, dice Keita.

El espectáculo contó con dos partes de 45 minutos en las que se ensalzó el encuentro de dos culturas a través de dos instrumentos tan diferentes y tan similares como son la kora y el arpa. Un acercamiento de posturas y una voz común para recorrer el sur de Senegal y perderse por Gales y todo se reencuentra en el escenario. Mitos, recuerdos, la bruma y el verde de Gales se musicalizan en temas como Future Strings, Samba, Ceffylau o La bras de mer.

Una conjunción donde la tradición de Keita se une con la formación clásica de Finch dando paso a un juego de melodías que encandiló a la audiencia que se daba cita en la lluviosa noche de octubre.

 

 

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Javier Domínguez

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Periodista independiente afincado Londres. Escribe sobre cultura, viajes, derechos humanos y sostenibilidad y colabora con distintos medios
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  1. […] Songlines junto a discos como Musique de Nuit de Ballaké Sissoko y Vincent Segal o 22 Strings de Seckou Keita. Sona Jobarteh ya trabaja en un nuevo álbum que saldrá a finales de año y del que ya se ha […]

  2. […] del oeste de África”, explica el trompetista cubano Yelfris Valdés. El músico, junto con el senegalés Seckou Keita, hablaron con Wiriko antes de la presentación de AfroCubism Revisited en el Islington Town Hall de […]

  3. […] ha emigrado por el mundo gracias al propio Kouyaté y a otros nombres como Toumani Diabaté o Seckou Keita también entrevistado recientemente en Wiriko en un reflejo de cómo la cultura griot ha rebasado los límites de su […]

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