El FAC de Palma inaugura con el estreno de una comedia sobre la guerra en Sudán

Presentada en el último Festival de Cine de Venecia y en el prestigioso Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), aKasha, la última película del joven director sudanés Hajooj Kuka se estrenará en España el próximo 14 de marzo en el marco del nuevo Festival d’Altres Cinemes de Palma.

Hajooj Kuka en Mogadishu. Fotografía de Ahmad Mahmoud. Fuente: Humanitarian Bazaar.

Hajooj Kuka, al que ya conocíamos por Beats of Antonov —sobre la guerra, la música y la resistencia de la gente de las montañas del Nilo Azul y Nuba—, o el Esqueleto de Darfur, que cuenta las historias de personas sudanesas desplazadas por el conflicto, es un joven director con un gran compromiso social. Miembro del Club de Refugiados, una agrupación que reúne a artistas que han vivido en situaciones de conflicto bélico o con el estatus de refugiado político, utiliza su arte para dar a conocer de una forma creativa la difícil situación de las personas desplazadas en Sudán.

Con aKasha, que se proyectará por primera vez en España gracias al proyecto Festival d’Altres Cinemes (FAC) de Mallorca, impulsado por la Consellería de Serveis Socials i Cooperació del Govern de les illes Balears, se quiere conseguir mostrar una realidad poco visibilizada sobre el conflicto de Sudán: el amor y el humor, que subyacen como características humanas hasta en las condiciones menos favorables.

aKasha es una comedia poco convencional que sigue un triángulo amoroso entre Adnan —interpretado por Kamal Ramadan—, un rebelde, su novia Lina —interpretada por Ekram Marcus— y una AK47 a la que llama Nancy. Una historia de amor en tiempos de guerra, que se desarrolla en las montañas de Nuba, una región preciosa en el sur del país.

Se trata de una comedia, a pesar de estar ambientada en una zona de conflicto, que quiere romper con los clichés de la devastación y aportar una mirada centrada en lo humano, en lo que subyace bajo cualquier circunstancia. “La revolución debe ser divertida”, explica Hajooj Kuka, su director. “La lucha debe ser creativa, debe ser esperanzadora”.

‘aKasha’ se proyectará en el día de la inauguración del FAC, en CineCiutat de Palma a las 19:15. Además de este estreno nacional, habrá una mesa redonda sobre CONSTRUCCIÓN DE NARRATIVAS SOBRE ÁFRICA. EL PODER DEL CAMBIO EN LOS MEDIOS, que contará con dos periodistas de bandera: Angeles Lucas, periodista y antropóloga del blog “África no és un país”, de El País y Beatriz Mesa, Periodista y experta en temas africanos y Magreb, de la COPE internacional. 

aKasha trailer from Big World Cinema on Vimeo.

Una reflexión sobre la autenticidad en el arte africano

6ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Alba Cartanyà 

Algo auténtico es algo verdadero, real o cierto. Pero ¿acaso no hay tantas verdades, realidades o certezas cómo personas que habitan este mundo? Cuando se habla de arte, y concretamente, de arte africano, suele salir demasiado esa palabra. La abstracta “autenticidad”. Una anécdota -muy significativa- que le pasó al artista Yinka Shonibare, puede resumirlo todo: un profesor le preguntó por qué, siendo africano, no hacía “arte africano”.

Normalmente nadie suele esperar de un norteamericano que haga “arte norteamericano” o de un europeo que haga “arte europeo”. Estos ejemplos muestran claramente la incoherencia de esperar un tipo de arte -con unas características, en teoría, determinadas, pero a la práctica, inciertas- en función del lugar de nacimiento del artista. Según Fred Smith y Jordan Fenton, “el estilo de cualquier grupo étnico consiste en los variados estilos individuales y locales de períodos y medios de comunicación particulares”.

Yinka Shonibare

Ante la pregunta de su profesor, Shonibare pensaba que “los artistas simplemente crean arte y no un subgrupo cultural del mismo”. Por lo tanto, el hecho de que algunas obras -las que vienen del continente africano o del mal llamado Tercer Mundo en general- tengan que llevar el sello extra de la autenticidad para adquirir valor en el mercado, evidencia una clara relación desigual entre los diferentes puntos de producción artística a lo largo y ancho del planeta. La autora Sidney Kasfir, sostiene que la concepción de autenticidad proviene de algunas creencias erróneas sobre las formas artísticas en África, como que antes del colonialismo el arte era estático y puro, ya que no había recibido las influencias ni estéticas ni comerciales de occidente.
Siguiendo la idea de Fred Smith i Jordan Fenton, el arte no es nunca hermético, ni en África ni en cualquier otro sitio: “Se caracteriza por patrones cambiantes que reflejan las migraciones, los préstamos, las adaptaciones y los diversos tipos de cambios internos”.

Esto parece estar muy claro en las expresiones artísticas de (casi) todas partes del mundo, pero no en el caso de África. Y este es básicamente el problema. Que las obras artísticas africanas son reinterpretadas en el contexto cultural de occidente, no en el seno de su creación. “El conocedor occidental es el factor esencial que falta y que transforma el artefacto en arte”, señala Kasfir. Es paradójico que después de invadir esos países -y destrozar culturas, cambiar formas de organización y arrebatar identidades-, años más tarde, los países colonizadores busquen el arte previo a todo ese desastre. Que la lógica mercantil occidental quiera integrar las obras que se han elaborado precisamente al margen de esa lógica mercantil occidental.

Una muestra es el “arte de aeropuerto”, es decir, todas aquellas piezas que se producen para venderlas a los turistas. Se caracterizan por ser “baratas y masificadas”. Ante la calificación de no-auténtico, Kasfir argumenta que el arte africano en general suele ser barato antes de llegar a occidente y que, aunque se hagan muchas unidades, se sigue usando la forma tradicional de creación.

Aún no está claro qué hace auténtica una obra. Si es la elaboración o la intención o la función, pero, en todo caso, la definición de esa obra le pertenece al creador. La apropiación cultural ha llevado a que “se deje la idea de autenticidad como una designación hecha por el espectador en lugar del artista” (Malafronte, 2016). Las expresiones artísticas africanas se han reorientado hacia un consumo occidental y, por eso, muchos artistas africanos necesitan recuperar su autenticidad, sus formas más suyas de arte. Como defienden Smith, Fenton y otros estudiosos, “pueden coexistir diferentes tipos de autenticidad”.

Hay -por lo menos- dos tipos de autenticidad. Una, buscada desde occidente y llena de simplificaciones, omisiones y prejuicios; entendida como el arte puro de carácter étnico, primitivo, hecho por pueblos alejados de las sociedades modernas. Y la otra, reivindicada des de los territorios africanos y sus diásporas; entendida como la vuelta a los orígenes, a las raíces, al arte más tradicional y propio.

En cualquier caso, teniendo en cuenta que los grupos étnicos, y sobre todo en África, “no están y nunca han estado herméticamente sellados, sino que son patrones cambiantes que reflejan migraciones, préstamos y adaptaciones” (Smith, Fenton; 2007), es imprescindible añadir el parámetro del cambio cuando se habla de autenticidad. Hoy en día, en el contexto de un mundo globalizado, es igualmente importante tener en cuenta a los artistas de la diáspora. Así, la idea de que sólo los objetos hechos en África, por africanos para africanos, son africanos se rompe.

Bibliografía:

África y diáspora en corto (I)

Buitenkant (The Outside)

Inauguramos sección de cortometrajes en la que pretendemos acercar miradas del continente y sus diásporas con historias actuales que contribuyan a un mejor entendimiento de las realidades sociales.

Y comenzamos con Buitenkant (The Outside) una joya que evidencia la problemática de las personas  sin hogar en una de las ciudades más turísticas de África. El director William Nicholson lo explica así: “Vivo en una parte de Ciudad del Cabo donde hay un marcado contraste entre las vidas de los profesionales de clase media que viven en bloques de apartamentos y una comunidad de personas sin hogar muy matizada que vive en las calles directamente en los márgenes”.

La actriz sudafricana Rehane Abrahams es la encargada de interpretar a una persona sin hogar. Y durante 11 minutos el espectador será testigo de su viaje mientras lucha contra las dificultades de no tener un lugar al que llamar casa y de los comportamientos fisiológicos, emocionales y territoriales a los que se enfrentan muchas personas que viven en su misma situación. Pero hay un giro. En un golpe de suerte, encuentra un juego de llaves de un apartamento, un descubrimiento que le otorgará la oportunidad de escapar de su dura realidad, aunque solo sea por un momento. Al principio, hace lo que se podría esperar de alguien en su posición y saquea el lugar, buscando comida, ropa y otros artículos para robar. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, su golpe de suerte trae consigo su propio conjunto de desafíos y confusión. En resumidas cuentas, Buitenkant detalla un día en la vida de una mujer sin hogar que se encuentra sola y dentro del piso privado de un completo desconocido.

¡Buen visionado!

Vote Off: el hastío general de una Argelia estancada

Artículo publicado gracias al Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT) del que Wiriko es medio oficial.


Unas elecciones convocadas para el 17 de abril de 2014 y una campaña electoral cargada de reproches, promesas y emoción, pero también de… hastío. Argelia se enfrentaba ese año a unas nuevas elecciones presidenciales en las que, como en las anteriores, la mayor parte de la población ya adivinaba el resultado. El realizador Fayçal Hammoum nos presenta en su documental Vote Off de 2017 la última campaña electoral del país. A lo largo de 82 minutos se nos muestran las diversas opiniones no solo en torno al eterno presidente, Abdelaziz Buteflika, sino al debate que se ha creado sobre la necesidad y la intención de votar o no.

El largometraje empieza con escenas cotidianas, obreros trabajando en la calle y una pequeña tienda. En ella trabaja un joven tendero que comienza a transportarnos a la realidad del país en 2014. No obstante, no solo escuchamos las opiniones de la calle, sino que a través de Vote Off podemos ver y comprender las múltiples realidades que existen en Argelia. Además del vendedor, un presentador de radio comprometido, músicos, trabajadores y periodistas de dos medios de comunicación argelinos van esgrimiendo sus puntos de vista. Curiosamente, todos ellos tienen la misma edad que el director. Claramente, la intención del director es representar la visión de una generación nacida a mediados de 1980, que está cansada, que vive sumida en el mundo de las subvenciones estatales y que no son capaces de movilizarse para lograr un cambio efectivo en su país.

Sin embargo, el logro de esta película se encuentra en su capacidad de entrelazar puntos de vista diversos. Las opiniones de los ciudadanos, las palabras que brotan en programas de radio o el trabajo en la redacción del periódico local Watan y el canal de televisión Chorouk, se alternan con escenas de mítines de los principales partidos. El partido gobernante esgrime la necesidad de apoyar al presidente Buteflika (al que sus ciudadanos no habían visto en dos años y ¡oh sorpresa! no habló en público en toda la campaña) para continuar con el desarrollo del país, evitar la ruptura y la intervención extranjera. Ese repetitivo lema de “nosotros o el caos” que parece común a toda la clase política. La oposición encabezada por Ali Benflis, ex primer ministro del país entre 2000-2003, denunciaba la corrupción, la falta de desarrollo y la necesidad de impulsar la democracia. A través de todos ellos el director dibuja un panorama de la campaña electoral y de la confrontación de ideas, pero no solo a nivel político.

 

Hammoum no interviene en las escenas, cada uno de los protagonistas van contando sus opiniones y es común que en este documental varias personas discutan a la vez sobre la situación del país y el momento político que se está viviendo. Pero, en realidad, faltan muchos testimonios. A medida que el documental se va desarrollando el espectador puede darse cuenta de que la imagen de la campaña electoral y las elecciones está incompleta. En primer lugar, porque todas las personas que forman parte de este documental viven la realidad de la capital, Argel. No hay espacio en este objetivo para otras realidades fuera de este universo, especialmente las visiones de los espacios rurales que nos podrían haber dado una representación mucho más amplia. Pero, además del mundo rural, llama también la atención la enorme escasez de testimonios de mujeres que también viven el día a día de Argelia y de la campaña electoral. Aunque sí que hay voces y podemos entrever sus opiniones, el número de intervenciones es infinitamente menor, lo que no facilita la visión de una auténtica realidad de este país del norte de África.

Los reproches y la tensión son crecientes a medida que nos acercamos a los últimos minutos del documental y de la campaña electoral. Los debates se vuelven más intensos y las conversaciones en torno a las elecciones del 17 de Abril inundan las escenas finales, aunque, como ya se ha dicho, el resultado sea de sobra conocido. Vote Off es una muestra de las (incompletas) realidades que vive el país ante de los comicios. Es la historia del hartazgo y de la denuncia de un sistema estancado.


Artículo publicado gracias al Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT) del que Wiriko es medio oficial.

Ruanda 2.0: Los pájaros cantan en Kigali

Muchas han sido las películas que han relatado el horror vivido en el genocidio de Ruanda que se desarrolló en 1994. Algunas, como Hotel Rwanda (2004), son muy conocidas gracias a la difusión a la que nos tiene acostumbrados la maquinaria de hollywood; pero hay otras, más sutiles, que nos relatan los mismos sucesos y sus consecuencias desde otra perspectiva.

Este es el caso de Los pájaros cantan en Kigali (“Ptaki spiewaka w Kigali”, en polaco), película que participa en la 62ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) en la sección oficial, es un drama dominado por dos mujeres que viven el horror ruandés de primera mano. Anna Keller, interpretada por una agónica Jowita Budnik, es una ornitóloga que junto a Jean Paul (Ciza Remy Muhirwa) investiga el comportamiento de los buitres en el país africano cuando la situación se vuelve insoportable. Claudine Mugambira, papel que interpreta la actriz Eliane Umuhire (que debutó en su papel en Things of the Aimless Wanderer), es una joven ruandesa que trata de huir de los ataques. Con ayuda de Anna, que trabajaba con su padre, consigue huir en las jaulas de los buitres muertos que la ornitóloga se lleva para continuar con su investigación.

Pero esto es solo el principio del largometraje. La propia directora, Joanna Kos-Krauze, que estuvo presente en la proyección, fue muy clara cuando le preguntamos sobre la temática de la película: “No quisimos reconstruir el homicidio y el sufrimiento por el que pasó Ruanda. No nos parecía ético representar el horror en la pantalla”. Por ello la película se centra en lo que ocurre después. Si hay algo que llama la atención en Los pájaros cantan en Kigali es la nueva perspectiva que nos muestra a las personas que vivieron el conflicto, sobre todo a nivel psicológico.

La trama nos cuenta que Claudine consigue llegar a Polonia, pero será alojada en un centro de refugiados y vivirá rodeada de un mundo que desconoce. Sin dejar atrás los traumáticos recuerdos y sin olvidar a sus familiares que no pudieron huir, Claudine tratará de continuar con su vida. Paralelamente Anna vuelve a su Polonia natal, pero su cabeza sigue en Ruanda. Aunque el público no lo ve directamente en la pantalla, sí que se intuye en la mirada de la co-protagonista cómo las escenas vividas vuelven una y otra vez a su cabeza.

Poco después Claudine consigue el estatus de refugiada y Anna opta por acogerla. Con la proximidad los recuerdos están más vivos que nunca y a pesar de que son las únicas que pueden comprenderse mutuamente la convivencia se vuelve insoportable. Cuando parece que la situación no se puede resolver, Claudine recibe noticias de la única familiar que ha sobrevivido al conflicto: su prima Marie-Christine. A partir de ese momento la protagonista se plantea volver a Ruanda y enfrentarse definitivamente a sus fantasmas. Pero no irá sola. Allí las protagonistas buscarán respuestas cuando el resto de los ruandeses tratan de pasar página y cerrar las heridas de los terribles acontecimientos que tuvieron lugar en 1994.

La virtud de esta película es que permite al espectador acompañar a Claudine y a Anna a través de su particular viaje por la ansiedad y el trastorno. Los cortes repentinos, los desenfoques y las eternas imágenes de insectos, vísceras y buitres nos recuerdan el horror de forma sutil. La película, con largos planos y ritmo lento puede dar la sensación de alargarse más de lo debido. Pero esto se debe, en palabras de la directora, “a que los planos largos y desenfocados tienen el objetivo de reproducir la visión de una persona que está en estado post-traumático. Una persona en esa situación no tiene una imagen clara del mundo que la rodea, por eso la narrativa de la película da la sensación de estar rota”.

En cierto modo se agradece que la película no se centre solo en la pesadilla que estalló en 1994 y que podamos conocer cuáles son las consecuencias personales de un conflicto que conmocionó al mundo. Gracias a este largometraje podemos acercarnos y tratar de comprender cómo se vive con el dolor cuando el mundo se ha roto.

Sarr: “La clave de la migración es reorientar la mirada hacia nosotros mismos”

El próximo 19 de octubre la inauguración del 9ª edición del Festival de Cine Invisible de Bilbao presentará Life Saaraba Illegal, una joya documental imprescindible para entender el fenómeno migratorio de África subsahariana a Europa desde un punto de vista personal y colectivo, realizada por el senegalés Saliou Sarr.

Durante ocho años, el director acompañó a su primo Souley en su sueño de seguir los pasos de su hermano Aladji que había emigrado a España y reencontrarse con él. Sus inquietudes, expectativas e ilusiones así como las de sus parientes más próximos, incluido el propio Sarr –que aparece como narrador y personaje del documental– son las protagonistas de esta obra que descubre al espectador un sentido y un significado diferente sobre las migraciones de África del Oeste hacia Europa.

Más allá de este documental, Sarr, más conocido como Alibeta, desarrolla un proyecto integral en el que trabaja a través del cine, la música y otras disciplinas la “África posible” que describe su hermano Felwine en el ensayo “Afrotopia”. A parte de la creación artística, sus compromisos pasan por coordinar un programa de educación en valores para jóvenes universitarios y la puesta en marcha de la productora Baraka Global Arts que trabaja en la construcción de una industria cultural senegalesa.

¿Qué es lo que te ha motivado ha realizar un documental personal sobre la emigración en el que tu familia y tú mismo sois protagonistas?

Al principio yo quería hacer una película sobre mi gran familia, no solamente sobre aquellos que habían partido ilegalmente, sino también los que lo habían hecho de manera regular. Tenía una cuestión conmigo mismo sobre la migración, sobre partir o no partir, y me di cuenta de que en mi familia era ilustrativa porque había todo tipo de casos. Como en una sola película no cabe todo, me concentré sobre los que se fueron ilegalmente: hablar de sus entornos personales, de sus emociones y dar un ejemplo, que puede ser universal, en el que se puede reconocer todo el mundo.

Existen muchas películas y documentales sobre la migración subsahariana hacia Europa. ¿Qué crees que aporta tu visión a la reflexión sobre el fenómeno?

Efectivamente hay muchas películas que hablan de la migración, pero la mayor parte de ellas se focalizan sobre el lado difícil, incluso miserable. Siempre se habla sobre la pobreza de los emigrantes, la pena de dejar sus casas, la dureza del viaje, etc. Nosotros hemos intentando dar una nueva mirada, más humana, que no niega las dificultades pero que enseña los diferentes significados de la emigración para los serer-niominka (hombres del mar). Por ejemplo, se muestra que en ese viaje hay una búsqueda espiritual que es una búsqueda común en todas las personas. Hemos querido filmar con dignidad y dar una perspectiva familiar, de manera que ves el lado universal de la emigración.

 

¿Qué importancia tiene el hecho de ser serer? ¿Percibes diferencias en el enfoque del viaje para la gente de este grupo étnico?

Efectivamente, para los serer no es lo mismo que para los peul o para los wolof, muchos de los cuales viajan con el único objetivo de traer dinero sin importar cómo. Para nosotros los serer no es eso: el viaje tiene un significado simbólico. Somos insulares: partir más allá de los océanos ha sido, independientemente y mucho antes de la emigración hacia Europa, algo importante para alguien que vive en una isla. Es un rito de paso. Nuestros abuelos y nuestros padres lo han hecho y nosotros también lo hacemos. Ahora, en este contexto, se espera mejorar la vida económicamente pero sobre todo volver y guardar tus valores. Todo ese simbolismo se intenta mostrar en el documental.

A parte de la madre de Aladji y Souley, los dos protagonistas, no hay más personajes femeninos en el documental. ¿Cuál es el rol de las mujeres en la migración?  

Es verdad eso. Ella es el ejemplo de la madre que está detrás, que comprende, que apoya… que puede ser que tenga expectativas pero no lo dice porque entiende que es difícil: a ella le gustaría que sus hijos tuvieran los papeles como todo el mundo.

En este documental no he podido tocar el tema pero hay muchas mujeres que están a la espera de sus maridos. Su vida es muy dura porque no saben cuándo éstos volverán y porque mientras les esperan, la sociedad las observa, las controla y no tienen derecho al error. Esperan a un hombre que puede pasar incluso diez años sin venir por no tener papeles y mientras puede haber tentaciones, puede haber cosas alrededor que les tienten a vivir de otra manera, pero no lo hacen… Es un rol muy difícil y es cierto que no hemos hablado suficientemente.

A pesar del esfuerzo de muchos artistas, ONGDs y otros actores sobre los peligros de la emigración clandestina, aún hay jóvenes que sueñan con irse y lo hacen por rutas arriesgadas. ¿Por qué crees que esto sigue pasando?

Es un deseo que ha estado alimentado por todo un sistema, un sistema de dominación, de colonialismo, de desigualdad, un sistema de comunicación que muestra siempre lo bueno del extranjero y lo malo de nuestra sociedad. Los jóvenes africanos tienen la mirada dirigida hacia Europa y ahora se necesita un tiempo y mucho trabajo para reorientarla hacia nosotros mismos.

Pese a eso, para mi es importante no decir a los jóvenes que no viajen. El derecho de migrar es un derecho reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y que hay que respetarlo. Nuestros gobiernos tienen que asegurar que nuestros jóvenes puedan viajar, no sólo hacia Europa sino también a otros países africanos. Si hubiera un sistema que permitiese moverse libremente, pienso que la gente no se jugaría la vida cogiendo una patera o cruzando el desierto.

Imagen del documental ‘Life Saaraba Illegal’.

¿Cuál es la responsabilidad de los gobiernos europeos y africanos en este fenómeno?

La responsabilidad es compartida. Empezaré con la de nuestros gobiernos porque no me gusta que siempre apuntemos al otro para quitarnos responsabilidad. Ante todo, los gobiernos africanos tienen la obligación de hacerse respetar. La relación con otros estados debe basarse en el respeto y no en la dominación. Para mantener su dignidad y la de sus pueblos deben de ser capaces de mantener relaciones dignas con otros países.

En cuanto a los gobiernos europeos, me gustaría que fueran más justos: hablan de los inmigrantes despectivamente obviando todo lo que lo que aportan a la envejecida Europa en términos de fuerza de trabajo, de experiencia, de dinamismo… También me gustaría que fueran más honestos: los africanos van a Europa como consecuencia de la explotación abusiva que desde hace siglos se ha hecho del Continente. Es el karma. Europa ha creado situaciones de pobreza, de inestabilidad, e instaurando relaciones de dominación que hace que hoy en día, los africanos vayan a Europa a coger lo que les corresponde, lo que se les debe.

Si después de todo lo que ha hecho Francia en África del Oeste hoy en día expulsa a los que vienen, no es justo ni es honesto.

Dices en el documental que “todo el mundo tiene su saaraba” (tierra prometida). ¿Cuál es la tuya?

Ah… difícil pregunta… Mi saaraba es mi paz interior. Mi tierra prometida no es obligatoriamente una tierra física, pero por supuesto, estaría en África. Pero independientemente de que fuese en Dakar, Nouakchott o Nueva York, mi saaraba es sentirme útil, apoyar a los que están en mi entorno, darle un sentido a mi vida, independiente de la muerte, llegar a hacer algo importante y sentirme una buena persona.

La película ha sido difundida ya en Senegal y en Alemania. ¿Cuál es la reacción de los diferentes públicos?

En Senegal ha sido muy bien recibida. Se ha apreciado sobre todo por no transmitir una visión miserable y haber tenido paciencia en el rodaje, que ha durado ocho años. También se ha señalado el haber dado una visión de Europa real, lejana al paraíso, sin esconder el hecho de que los chicos se van para buscar dinero y construir una casa en Senegal. Ha gustado que el documental sea realista.

En Europa ha gustado que se muestre la emigración desde otro punto de vista, la perspectiva humana, mostrando personas con sentimientos universales, y no solo cifras como acostumbran a oír. La palabra dignidad ha salido mucho en las discusiones después del pase del documental en Europa.

La música del documental está en parte extraída de tu álbum Bani Adama. ¿Cómo describirías el proyecto artístico Alibeta?

Alibeta es un proyecto integral que engloba lo visual (cine), lo sonoro (música), lo gestual y relacional (teatro)… finalmente el objetivo es tocar el corazón. La idea es dar una visión, pasar un mensaje, una filosofía, que puede ser transmitida a través de diferentes medios.

¿Puede el arte derribar fronteras?

Creo que el arte es una vía de concienciación y por supuesto puede derribar fronteras, contando historias que son al mismo tiempo particulares y universales. El arte es un lenguaje que habla al corazón y tiene el poder de acercar a los seres humanos.

Te describes como Alibeta, trovador afropolita, ¿qué significa para ti ese concepto que ha suscitado tanto debate?

Afropolitanismo es un término utilizado por Achille Mbembe: “el Afropolitanismo es la manera en la que los africanos hacen mundo”. Me gusta ese concepto porque parte de que África se sitúa actualmente en un cruce de culturas, de miradas, de sensibilidades, etc.

Como un trovador yo estoy en el movimiento. Hoy en día puedes vivir en el continente o fuera de él, ir y venir, y estar a caballo entre diferentes influencias. Y todas esas personas que estamos en medio de la circulación de ideas y de mundos, desarrollamos una nueva cultura, que es identitaria africana, pero que no es cerrada, sino globalizada.

Para mi el Afropolitanismo es una continuación de conceptos como el de la Negritud o el Panafricanismo, pero más concreto y moderno, más adecuado a nuestro tiempo. Hoy el Panafricanismo en su versión más extendida peca de ser muy identitario y un poco sectario y excluyente. El Afropolitanismo es más abierto: nos identificamos con la tradición africana pero estamos abiertos al mundo, reconociendo lo que el mundo nos aporta y lo que nosotros aportamos al mundo.

Foto: Jean-Baptiste Joire

 

Los 10 mejores álbumes para este “veroño”

Con casi 4 millones de visualizaciones en YouTube, ‘Despacito’, el reguetón de Luis Fonsi es uno de los temas más escuchados del verano en las principales emisoras y pistas de baile. Por suerte, Wiriko no se rige por lo que suena en Los 40 Principales ni la Cadena 100, como tampoco lo hacen la mayoría de nuestro lectores y lectoras, ni nuestros fieles oyentes de cada viernes. Nuestro ranking de álbumes que nos han acompañado este verano, y que nos llegan ahora para disfrutar del otoño, lo hemos elaborado con una minuciosa selección de las mejores novedades discográficas que vienen de África y su(s) diáspora(s). Así que, aquí tenéis nuestro TOP 10 de lo más fresco que ha marcado el ritmo de nuestras últimas y sofocantes semanas, y que marcarán, por supuesto este “veroño” 2017 (o aquello a lo que nuestros abuelos llamaban el veranillo de San Miguel). ¡Para que la vuelta al cole te sea más leve!

¡Dale al play y sube el volúmen! 

 

10. AMADOU & MARIAM – LA CONFUSIÓN (Because Music, 2017)

Aunque oficialmente no sale a la venta hasta el 22 de septiembre, LA CONFUSIÓN, del dueto Amadou & Mariam ha sido uno de los discos más esperados de la temporada desde que viera la luz su poderoso EP Bafou Safou, el pasado 14 de abril. Con su nuevo álbum «La Confusión», la música disco y el funk modernizan el pop maliense, que se mezcla con bambara y francés para compartir mensajes de celebración y críticas a la situación política y social de Mali, que obliga al exilio aún a muchas personas. También, como es habitual, hay lugar en este álbum para reivindicar la situación de las mujeres en la sociedad. ¡Este dueto nunca defrauda!


9. MSAFIRI ZAWOSE – UHAMIAJI (Soundway Records, 2017)

Esta nueva pieza del tanzano Msafiri redefine los límites de la música gogo (una comunidad de no más de 1 millón y medio de personas en el región de Dodoma). Hijo del prolífico músico Hukwe Zawose, Msafiri se aventura en este larga duración en la experimentación sonora y construye un discurso afrofuturista que lleva la marca inconfundible de los compañeros de Santuri Safari, que llevan algunos años ya revolucionando la escena musical del África del Este. Uhamiaji, grabado entre Londres y Bagamoyo, combina las harmonías vocales gogo e instrumentos tradicionales como la ilimba o el zeze con harmonías vocales emotivas y los sintetizadores de Sam Jones, de SoundThread, que ha trabajado previamente con Orlando Julius, Mugwsia International o Sarabi. ¡Una verdadera sorpresa!


8. MOKOOMBA – LUYANDO (Outhere Records, 2017)

Desde marzo que no nos podemos sacar de la cabeza Luyando, el tercer álbum de la joven banda zimbabuense Mokoomba. Después de haber pisado algunos de los principales festivales y escenarios del mundo con su poderoso Zimrock, en Luyando (‘amor a la madre, en Tonga) se desnudan en acústico y nos sumergen en un baño por los sonidos más enraizados a las laderas de las Cataratas Victoria. Las tradiciones Tonga y Luvale són el epicentro de este álbum, que habla tanto de rituales de iniciación y de festejos populares, como se lamenta por tener que apartarse demasiado tiempo de su hogar para trabajar. ¡Sin duda, uno de los mejores álbumes que nos va a brindar este 2017!


7. ELIDA ALMEIDA – DJUNTA KUDJER (Lusafrica, 2017)

Tras debutar en 2015 con “Ora doci Ora Margos”, el pasado 23 de marzo, la cantante caboverdiana Elida Almeida nos deleitaba con la salida de su EP “Djunta Kudjer”, un delicioso trabajo con 4 temas inéditos, entre los que destaca la versión Tabanka de “Bersu d’Oru”. Djunta Kudjer, que significa vamos a unirnos en la amistad en criollo, está compuesto por seis pistas que combinan baladas, batuque y funana con pop caboverdiano, y cuya mezcla triunfa en el archipiélago atlántico. Un trabajo grabado en La Habana a finales de 2016 y lanzado como single a comienzos de este año, que sirve como tentempié a un larga duración que tiene previsto salir a la luz este otoño.


6. JAQEE – FLY HIGH (Rootdown Records, 2017)

El pasado 19 de mayo, la ugandesa establecida en Suiza Jaqueline Nakiri Nalubale, más conocida como Jaqee, daba a luz a su quinto larga duración, Fly High. Su gran voz vuelve, una vez más, a poner el broche de oro a un estilo impregnado de pop, soul, jazz y r&b que la vuelven a coronar como una de las voces más interesantes dentro del new soul internacional. Música de baile que se convierte en indiscutible rompepistas en ‘Tambuula’ y baladas románticas como ‘Miracle’ se funden con temas tropicales como ‘All in’ o el reggae que cierra el álbum, ‘Don’t Fuss’. Catorce pistas encabezadas por un magnífico ‘Fly High’ que, aunque haya pasado desapercibido por la crítica, vuelven a situar a Jaqee como una de las mejores voces y compositoras pop del momento.


5. ZAIRE 74: THE AFRICAN ARTISTS (Wrasse Records, 2017)

El pasado mes de mayo salió a la venta un vibrante recopilatorio que reúne la crème de la crème de lo que sonó hace 43 años en el legendario festival celebrado en septiembre de 1974 en Kinshasa, actual República Democrática del Congo, por aquél entonces, conocido como Zaire. Los grandes de la música congoleña y africana del momento, Franco & TPOK Jazz, Tabu Ley Rochereau & l’Orchestre Afrisa International, la grandiosa Miriam Makeba o Abeti Masikini conforman este doble disco de 34 cortes. Una auténtica joya para los amantes de los oldies but goodies y para todo amante de los años dorados de la música africana posindependencia. (Si aún no lo has visto, aquí tienes el documental SOUL POWER (2008) completo, sobre uno de los eventos culturales más sonados que ha vivido África en motivo del combate de boxeo ‘Rumble In The Jungle’ entre Muhammad Ali y George Foreman).


4. JUPITER & OKWESS – KIN SONIC (Zamora / Glitterbeat Records, 2017)

Jupiter Bokondji, otro veterano de la escena musical de Kinshasa, presentó su segundo álbum internacional el pasado mes de marzo, y ha conseguido conquistarnos con una alquimia enriquecida por tres magos de los sonidos: Damon Albarn de Blur y Gorillaz, el violinista Warren Ellis de Bad Cave de Nick Cave y Robert del Naja, alias ‘3D’, de Massive Attack. Las frenéticas ‘Musonsu’, ‘Ofakunbolo’ o ‘Nzele Momi’ y sus poderosas guitarras han sido cabecera de algunas de las mejores fiestas y festivales de este verano. Una receta llena de energéticos funk y rock que desafía con sus letras a un sistema injusto y una política nefasta en República Democrática del Congo. Cuanto menos, un disco necesario y de referencia que no se olvida de incluir algunos cortes en acústico que dejan respirar al oyente y lo enraizan a una realidad paciente y resiliente: la de los congoleños, maestros de entereza.

 


3. OUMOU SANGARÉ – MOGOYA (No Format, 2017)

Mayo nos regaló una de las mejores primaveras sonoras con este interesante nuevo álbum de la reina de la música Wassoulou, la maliense Oumou Sangaré. Con una producción electrónica e imbuido en guitarras rockeras y sintetizadores, la tórrida voz de esta diva de los sonidos malienses del siglo XXI nos deslumbra con Yere Faga (junto al maestro de la bateria Tony Allen) y nos zarandea en Fadjamou o Kamelemba, para mecernos y retornarnos al seno de la función del griot en Mogoya o Mali Niale. ¡Un álbum de 9 cortes que no puede faltar en el repertorio de cualquier coleccionista!


2. ORCHESTRA BAOBAB – TRIBUTE TO NDIOUGA DIENG (World Circuit, 2017)

En el tercer álbum de la nueva era de la mítica banda Orchestra Baobab encontramos un nuevo cargamento de música afrolatina muy fiel a las pistas de baile del Senegal de los 70. En este álbum, la kora sigue acariciando y suavizando las rafagas cubanas de la sección de metales con la misma naturalidad que siempre lo hicieron, y en la base, el mbalax sigue asomando la cabeza para recordarnos que no estamos en el Caribe sinó en la costa atlántica africana. Las harmonías vocales cantadas en wolof le rinden tributo a su antiguo solista, Ndiouga Dieng, fallecido a finales del año pasado, a quien está dedicado este álbum. Diez temas que incluyen a Alpha – hijo de Ndiouga- en la voz y que están perfectamente dirigidas por su líder Balla Sidibe. ¡Una perfecta demostración de que los clásicos nunca pasan de moda!


1 TONY ALLEN – THE SOURCE (Blue Note Records, 2017)

Con 77 años, el arquitecto del afrobeat y una leyenda viva de la música, acaba de presentar su undécimo álbum: The Source. Con su primer larga duración para la mítica discográfica norteamericana Blue Note, el nigeriano Tony Allen demuestra cómo el hard-bob y el estilo que lo llevó a la fama junto a Fela Kuti, casan perfectamente. Invocando a las leyendas del jazz, Allen resucita a Miles Davis, Dizzy Gillespie o Duke Ellington, siguiendo con la estela del tributo a Art Blakey & the Jazz Messengers que se marca en su último EP (Blue Note, 2017). Y así es como se mezclan las aguas de dos ríos sonoros con un torrente profundo y lleno de significados y parentescos: las del Mississipi y el río Níger. ¡Una exquisita africanización del jazz!

Judy Kibinge: “Las mujeres en el cine son un vehículo para mandar un mensaje”

Judy Kibige, publicada en Filme aus Afrika.

*Este ha artículo ha sido dirigido, supervisado y editado por los coordinadores de Wiriko, como parte de un periodo de prácticas de la autora en este magacín.  

 

Creo que en muchas de las películas que podemos ver sobre mujeres africanas interpretadas por mujeres africanas, ellas suelen ser un vehículo para contar una historia que va a cambiar algo en su vida, o en la sociedad, o en el país, o en el continente al que pertenece. Creo realmente que vemos películas en las que las mujeres están representadas simplemente como mujeres, con caracteres fuertes y que son el vehículo para detener la mutilación genital femenina, la voz para hablar en contra de las violaciones, quizá contra los matrimonios múltiples o el abuso de menores. Son el vehículo para mandar un mensaje, son simplemente mujeres”, cuenta a Wiriko la directora keniana Judy Kibinge.

El número 5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030 proclama promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer. ¿De qué manera se puede llegar al pleno desarrollo si se niegan los derechos fundamentales a la mitad de la humanidad? Este pretende alcanzar las mismas oportunidades de acceso en todos los ámbitos de la vida, los educativos, políticos, económicos; así como poner fin a todas las formas de discriminación y violencia contra las mujeres. Y es que la mujer, en cualquier parte del planeta, vive sometida a una sociedad patriarcal que la ha situado un paso por detrás de los hombres en todas las esferas. Afortunadamente, los tiempos van cambiando en todo el mundo, algunos se dan más prisa que otros en luchar por la igualdad y, naturalmente, todos tenemos cosas que aprender de los demás.

En África, la igualdad de género ya se está dando en muchos aspectos. Y es que según el informe de 2015 del African Development Bank, aunque se ha progresado mucho en los últimos años hasta llegar a una cierta igualdad, la escolarización de las niñas, que se encuentra en un 76%, sigue siendo inferior a la de los niños, con un 81%. ONU Mujeres tiene en sus líneas de acción principales empoderar a las mujeres para impulsar las economías, eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas, y liderar el cambio hacia la paridad de género en la política. Porque, aunque a nivel social aún quede mucho camino por recorrer, la representación política de las mujeres en parlamentos como los de Mozambique, con el 39% mujeres, o Ruanda, con el 64% de mujeres (la tasa más elevada de todo el mundo), pueden dar alguna que otra lección a Europa.

¿Y qué pasa en el cine? Alrededor del continente africano, se han creado distintas asociaciones de mujeres cineastas con el objetivo de estimular la formación en este arte, promover la cooperación entre las mujeres para obtener mejores productos y paliar los desafíos de la financiación, así como aumentar las posibilidades de distribución. En África oriental, la cineasta Judy Kibinge, con la que hemos podido hablar, lanzó DocuBox en 2013, una plataforma para promover la filmación de documentales. Tsitsi Dangarembga fundó la organización Cineastas Mujeres de Zimbaue en 1996, además de crear el Festival Internacional de Cine de la Mujer en 2002. En Sudáfrica también existen las organizaciones Mujeres del Sol y Mujeres en el Cine y la Televisión en Sudáfrica, por mencionar algunos de los muchísimos movimientos que existen en el continente. Y es que según nos ha contado Kibinge, “si nos fijamos en Kenia y en los nombres de los cineastas más influyentes en el país, muchas son mujeres, incluso productoras. A diferencia de Estados Unidos y quizás Europa, donde los hombres tienen el poder en este campo, en Kenia yo no veo lo mismo”.

Yo estaba en el TIFF (Toronto International Film Festival) cuando una productora de cine africano, la nigeriana Yewande Sadiku, estaba dando una conferencia con un montón de ejecutivos de Hollywood hombres, blancos y estrellas. La conferencia trataba sobre cómo recaudar fondos. No la dejaron hablar, cuando ella era la única con algo nuevo que decir y la audiencia había venido, en gran medida, a escuchar cómo había innovado en la financiación de su película Half of a Yellow Sun, basada en el libro de Chimamanda Ngozi Adichie. El público empezó a jalear y abuchear a los ejecutivos cuando fue obvio el trato que estaba recibiendo y cómo se la estaba callando. ¿Cómo se diferencia esto de cómo la mujer africana se representa en Hollywood? Es como si no existiéramos, si huyéramos de la guerra, del dolor, del hambre con un paquete con nuestras pertenencias sobre nuestras cabezas”, nos explica Kibinge acerca del tratamiento que recibe la mujer africana en Hollywood.

En el reciente estrenado canal de África de Filmin en colaboración con Wiriko, podemos adentrarnos en algunos de estos trabajos. ¿Listos para descubrir nuevas perspectivas de las mujeres africanas en el cine?


Difret

 

“Era jueza antes de fundar esta Asociación. Dejé la judicatura porque creía que todos los ciudadanos, hombres mujeres y niños debían ser tratados por igual. Lo sigo creyendo”, proclama Meaza, la protagonista de la película Difret. Esta abogada, fundadora de la Asociación Adenet que ofrece ayuda gratuita para luchar contra la violencia de género, se enfrenta al reto de defender a Hirut, una estudiante de 14 años que se enfrenta a la pena de muerte por matar a su captor tras ser secuestrada y violada. Esta película etíope del año 2014, cuyo curioso título significa al mismo tiempo “valiente” y “violación”, retrata una historia real y narra la lucha entre la modernidad y la tradición. Una tradición que, hasta antes de llevar el caso de esta joven ante los tribunales, permitía el matrimonio por rapto. Gracias a la lucha de Hirut y esta Asociación, esta práctica tradicional fue ilegalizada y penada con cinco años de cárcel. Ver en Filmin.


Moolaadé

Según Lindiwe Dovey, una cineasta sudafricana, el cine independiente ha sido siempre feminista y ha celebrado, desde sus orígenes, el poder de las mujeres. Y así lo ha demostrado el que es considerado como el padre del cine africano, Ousmane Sembene, que, en su última película producida en 2004, alza la voz contra la mutilación genital femenina y nos presenta Moolaadé (protección o derecho al asilo). En este filme, se narra la historia de Collé Ardo, una mujer senegalesa que hace unos años se negó a que su hija fuera sometida a la ablación y ahora, cuatro niñas han decidido escapar de esta tradición y acuden a ella en busca de protección. Ver en Filmin.


Wilaya

Las mujeres son mucho más que un simple cuerpo que tiene que servir al marido y formar una familia. Así se proclama en Wilaya, la historia de dos hermanas que nos muestran la vida en los campamentos saharauis de Argelia. Fatimetu, una chica española de origen saharaui, se reencuentra con su hermana Hayat en su tierra natal tras la muerte de su madre biológica. Mientras de ella se espera que retome unas ciertas normas culturales, la joven decide mostrar su valía y no resignarse al destino que les aguarda a las mujeres allí. Ver en Filmin.


Timbuktú

Timbuktú va más allá. No se trata simplemente de una película sobre mujeres ni feminismo; se trata de una historia sobre religión, política, libertad, y de cómo las mujeres encajan en ciertas sociedades. Los extremistas religiosos de Azawad se han hecho con el control de la ciudad y sus alrededores, han impuesto su fe, el terror y normas tan absurdas como la prohibición de reír, cantar, jugar al fútbol o que las mujeres muestren alguna parte de su cuerpo, incluso las manos, que tienen que cubrir con guantes. Esta galardonada película del 2014 del director franco-mauritano, Abderrahmane Sissako, nos enseña mucho más de lo que creemos saber acerca de este mundo en constante amenaza. Ver en Filmin.


Tchindas

Finalmente, nos trasladamos al carnaval de la pequeña isla de Sâo Vicente, en Cabo Verde. Tchindas es un documental que nos presenta a la comunidad gay y transexual de la isla. El título del filme lo da Tchinda, una mujer muy querida que salió del armario en 1998 en un semanario local. Su nombre se ha convertido en la manera coloquial y cariñosa de llamar a esta comunidad. A través de las “tchindas” y esta fiesta, se nos presenta un rincón de África que pocos podían imaginar. Ver en Filmin.


Y por si  la curiosidad sigue impaciente, aunque aún no los tengamos disponibles, Kibinge nos recomienda otros títulos clave sobre las mujeres en el continente africano. “Layla Fourie de Pia Marais, una directora sudafricana, es una película que realmente me sorprendió cuando la vi hace unos años porque no es nada típica. La protagonista es inteligente, trabaja como polígrafa, se ve envuelta en la muerte de un ser querido… Es una película sobre su independencia, sobre su fuerza como madre soltera, sobre el amor. Es una de las mujeres más fuertes que he visto y un gran referente para las mujeres en África. Creo también que la protagonista de mi película Something necessary, una mujer fuerte que tiene que rehacer su vida cuando lo ha perdido todo, retrata una nueva forma de mirar a las mujeres en el continente y en la que muchas pueden sentirse identificadas”.

Aún con toda esta tradición de cine africano retratando a la mujer de una forma distinta, sigue quedando mucho por hacer, pues el público al que llegan todas estas películas sigue siendo muy limitado. “Las oportunidades que tienen estas películas de ser vistas en el continente son mucho menores de las que tienen en los festivales de cine en Europa. De hecho, es vergonzoso, pero muchos de los clásicos africanos no vuelven a casa ni son mostrados a la gente por la que se supone que se han hecho. Incluso las películas de Ousmane Sembene, que quería liberar el cine y devolverlo a África, no han sido vistas fuera de su país, ni celebradas, ni ha sido el vehículo del cambio que se suponía que tenían que ser”, sentencia la directora keniana Judy Kibinge. Por esto, proyectos como el de Martin Scorsese y The Film Foundation son tan importantes.

Somos abogadas, profesoras y doctoras. Actrices, realizadoras y directoras. Madres y líderes. Tenemos nuestras propias ideas que queremos defender y voces que queremos hacer oír. Y lo estamos haciendo. Como dice Kibinge, somos mujeres.

Sembène! Una vida de cine, gratis hasta el domingo

El círculo está por cerrar, pero la peripecia del proyecto que sigue, sin duda, es una buena prueba de que el panafricanismo, si todavía existe en el continente, se puede llevar al plano digital. Desde hoy y hasta el 11 de junio se podrá ver de forma gratuita en la plataforma Vimeo el documental Sembene! (2015), de los directores Samba Gadjigo y Jason Silverman. Las barreras de la distribución y exhibición quedarán al margen para rendirle el mejor homenaje que le podían hacer al realizador senegalés Ousmane Sembène (1923-2007) uno de los pioneros de los cines africanos y figura imprescindible del África de las independencias.

La iniciativa “Sembène a través de África” se ha marcado el ambicioso objetivo de regalar la historia de un héroe africano no solo a toda la comunidad de cinéfilos, sino también, a 38 países africanos que ya han podido proyectar el trabajo en escuelas, universidades y centros de trabajo. Sí. Las nuevas generaciones que no conocen a Sembène, considerado “el padre de los cines africanos”, encontrarán en este trabajo la oportunidad de descubrir a un militante convencido de la izquierda antiimperialista y del poder de la imagen para transformar conciencias. En una de las entrevistas que aparecen se puede escuchar la famosa frase de “Sembène llegó al cine e inventó un nuevo lenguaje para representar a la gente negra”.

Nacido en Ziguinchor (Senegal) el 1 de enero de 1923,  tuvo varias vidas, varios guiones que interpretar por imposición histórica e ideológica: pescador, estibador en Marsella, sindicalista, escritor, guerrillero, estudiante de la escuela de cine de Moscú… pero alcanzó a discernir su máxima prioridad: quería crear “piezas de arte que transmitieran la cultura de la gente común de África”. El resto es historia.

El documental muestra un punto académico innegable ya que Samba Gadjigo es un profesor de Estudios Africanos y biógrafo oficial del realizador, con el que tuvo una fuerte amistad, y fue fuente de inspiración para sus dos obras: Ousmane Sembène: Une Conscience Africaine (2007)Ousmane Sembène: The Making of a Militant Artist (2010). Sin embargo, el equilibrio estético lo define el galardonado productor de cine Jason Silverman. Quizás una de las grandezas de este trabajo –que tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine de Sundance de 2015 y posteriormente se proyectó en el Festival de Cannes del mismo año– sea que se muestran sin demasiados filtros las opiniones controvertidas del senegalés hacia el islam, la tradición, le papel de la mujer o los diferentes aspectos de la sociedad africana que Sembène trataba de reflejar en sus películas. Una vida de cine que después de cuatro décadas completó una rica filmografía con temáticas sociales, políticas y religiosas siempre críticas hacia el sistema capitalista.

Quizás, faltaría profundizar en el film la vertiente literaria que es posiblemente donde comenzó su trayectoria artística. No obstante, este documental es una increíble pieza que debe ser celebrada y aplaudida por su visión artística y por su éxito para educar sobre la vida y obra de Ousmane Sembène, una historia que necesita ser contada. Y Sembene! permite difundir este legado. Recuerden: hasta el próximo 11 de junio podrán ver el documental completo que aparece a continuación.

The Tibeb Girls: Las superheroínas etíopes

¿Quién, de pequeño, no ha soñado alguna vez en convertirse en superhéroe o superheroína y tener poderes para salvar el mundo? Todos compartimos, en un imaginario colectivo, los diferentes dibujos animados que marcaron nuestra infancia, nos hicieron soñar y nos ayudaron a crecer. ¿O es que ya nadie recuerda a Las Supernenas, esas tres niñas con superpoderes que se dedicaban a salvar su ciudad de los malvados, cada día? Pues otras tres adolescentes han llegado a Etiopía para combatir los problemas del país desde la pequeña pantalla: The Tibeb Girls.

Esta nueva serie de animación muestra las aventuras de tres adolescentes etíopes que se convierten en superheroínas para plantar cara a los desafíos del día a día y luchar contra todas las injusticias de su país. Con el objetivo de educar a las niñas, las adolescentes y las mujeres etíopes en general, en temas de salud, y ayudarlas a comprender los cambios que se producen en sus cuerpos de una forma saludable, The Tibeb Girls se creó con la idea de mostrar a sus espectadoras, con ejemplos reales, los problemas cotidianos a los que están sometidas las mujeres del país y, así, proporcionarles soluciones para un futuro mejor.

Foto de Whiz Kids Workshop

Y es que, en Etiopía, las jóvenes adolescentes están limitadas a la hora de acceder a una educación de alta calidad, y al mismo tiempo, tienen que luchar contra prácticas tradicionales como el matrimonio infantil (véase el análisis que hicimos en Wiriko de la película etíope Difret), las altas tasas de mortalidad materna y la infección por el VIH. Según el informe del estado mundial de la infancia de Unicef de 2016, en Etiopía solo el 47% de las mujeres entre 15 y 24 años están alfabetizadas; el 67% de las niñas asisten a la escuela primaria y el número se reduce al 18% en la escuela secundaria. El trabajo infantil y a mutilación genital están en el orden del día y, además, el 16% de las niñas se casa antes de los 15 años, mientras que el 41% contrae matrimonio antes de los 18 años. El 22% de las mujeres han sido madres antes de los 18 años y las probabilidades de contraer el virus del sida son más altas en mujeres que en hombres.

Con esta situación, Bruktwit Tigabu, la directora creativa de la serie, junto con su equipo, querían poner en la pantalla a unas jóvenes que se parecieran a ellas y a sus hijas, y así resultar más cercanas a la hora de poner sobre la mesa los problemas mencionados. Estos, se ignoran en algunas comunidades y tampoco se comentan ni se educa para el cambio en las escuelas. Tigabu comentaba en una entrevista para TV2 Africa que la mayoría de series infantiles que llegaban al país se importaban del occidente, por lo que culturalmente, todo lo que se planteaba, quedaba muy alejado de la realidad de Etiopía. “Para mí, era muy importante crear unas chicas que se parecieran a mí y a mis hijas, para que ejercieran un rol modélico en la pantalla”.

Con todo, nos presentan, vestida de color verde a Fikir, que significa amor; de negro, a Tigist que significa paciencia y de rojo, a Fiteh, que significa justicia; tres jóvenes fuertes, rápidas, que pueden ver el futuro y son capaces de sentir los sentimientos de los demás, unos superpoderes esenciales para todas las niñas etíopes y que ponen en relieve valores como el auto-empoderamiento, la educación y la compasión.

Esta serie fue creada por Whiz Kids Workshop, una asociación de padres que se han dedicado a producir material educativo para garantizar el desarrollo desde la edad preescolar, y así contribuir en la educación sanitaria, la construcción de una identidad propia y la alfabetización. Se dieron a conocer con la galardonada serie educativa Tsehai Loves Learning y, actualmente, con esta nueva serie, quieren conseguir llegar a todo el conjunto de la sociedad etíope. Por eso, mientras buscan el soporte necesario para la primera temporada de The Tibeb Girls, ya están pensando en cómo seguir creciendo. Tienen en mente una segunda temporada de 13 capítulos que también quieren producir para la radio, además de lanzar una colección de cómics para llegar a más jóvenes a través de las escuelas.

Brukty, directora creativa; Richard, director de arte; y Tinbit, directora de proyecto. Foto publicada en African Digital Art.

Esta no es la primera serie de dibujos animados producida en el continente africano, pero sí son las primeras superheroínas etíopes que pretenden convertir a todas las niñas y jóvenes de país, en heroínas de carne y hueso.

Dotorado Pro: las marimbas que revolucionan las pistas de baile

Con tan solo 11 años el talentoso Valdano António Mateus da Silva, alias Dotorado Pro, empezaba a crear sus primeros beats. Ello marcaría el inicio de una prometedora carrera que se presenta por primera vez en Madrid, el próximo 25 de mayo en la Sala Siroco, Día de África, en una producción de Moto Kiatu el colectivo pionero en la difusión de música electrónica africana.

Este angoleño es un joven y prolífico músico, basado en Portugal, concretamente en Setúbal, una localidad pesquera cercana a Lisboa, que hace un par de años revolucionó el panorama musical electrónico, tanto en África como en las pistas de baile europeas. En ese momento, a sus 16 años y cuando aún no tenía permitida la entrada a las discotecas, “African Scream” sonaba muy alto en los clubs de Europa y en una escena en la que productores y Dj’s de electrónica africanos y europeos situaban a esta joven promesa entre sus favoritos. ‘African Scream llegaba rápidamente a las 350.000 reproducciones en Soundcloud y catapultaría al joven productor a lo más alto de la escena del afrohouse en Europa y África.

Aunque llegó muy pequeño a Portugal con su familia huyendo de la inestabilidad de la guerra más larga de África, la de Angola (que duró más de 25 años), sus influencias están claramente marcadas por el kuduro del que os hemos hablado en Wiriko en algunas ocasiones. Dotorado Pro cuenta en Wiriko que ha vivido en Lisboa casi toda su vida y que no ha vuelto a Angola por lo que sus conocimientos “vienen de casa”. Aún así es fácil detectar que su estilo bebe irremediablemente de los sonidos que se escuchan en África, a pesar de que forma parte de esos artistas jóvenes que han conocido los sonidos que se crean en África o en otros puntos del continente a través de Internet, que hoy en día facilita el descubrimiento, la creación y la difusión de nuevos sonidos y producciones. Estos sonidos van más allá del kuduro y afrohouse para adentrarse en sonidos como la kizomba o el tarraxo angoleños, a través de remezclas de sus propios temas.

En una entrevista a la revista Thump, el artista reconoce que no se esperaba el éxito de “African Scream” su tema debut que le ha permitido mostrar al mundo lo mucho que le gusta hacer música y moldear su propio estilo. Lo que en principio empezó con la subida de sus canciones a Soundcloud por pura diversión, acabo siendo su profesión cuando se dio cuenta de que lo que hacía era sonaba muy bien y de que podía tener una gran audiencia.

Pero si algo destacamos dentro del estilo de Dotorado, son las marimbas ya presentes en Africa Scream junto con sintetizadores, vocales y con percusiones. Para este joven productor, la marimba es un instrumento que le da un aire “africano” a la canción y dice: “como mis orígenes son de África, estoy siempre buscando eso mismo. Es un instrumento que no puedo sacar de mi cabeza, simplemente me encanta explorar diferentes tonos o patrones por encima del beat del afro-house”. Tanto es así que hace apenas un año, Dotorado Pro lanzaba otro EP de la mano de Enchufada llamado “Rei das Marimbas”, que una vez más ha recibido una gran aceptación por parte de Dj’s y productores que se han encargado de difundirlo a través de sets en las pistas de baile de varios países en Europa y en África.

Tanto su hit ‘African Scream’ como el EP ‘Rei das Marimbas’, están editadas por Enchufada, el sello portugués creado por Buraka Som Sistema y que, junto con Principe Discos, son dos sellos a los que no hay que perder de vista si queremos estar al día de lo que se produce en la escena electrónica afro.

La carrera musical de Dotorado Pro no ha hecho más que empezar así que merece la pena seguir bien de cerca el trabajo de este productor que representa una escena lisboeta el plena ebullición.

¿Quieres venir a ver al primer concierto de Dotorado Pro en nuestro país?

Para participar en el sorteo de 4 entradas (1 por persona participante) que tendrá lugar el jueves 25 de mayo en la Sala Siroco de Madrid a partir de las 23,59h, no tenéis más que escribir un mail con el asunto “Sorteo Dotorado Pro” al mail info@wiriko.org, explicando por qué queréis la entrada. El sorteo se realizará por estricto orden de recepción de correos. ¡No te lo pierdas!

Toda la información del evento en www.motokiatu.com y en el evento de Facebook

 

AfroCubism: “hay mucha música del oeste de África que necesita salir a la luz”

El elenco de AfroCubism Revisted se presenta en Londres / Foto: @dennismcinally

La burocracia se puso de por medio. Nick Gold, cabeza pensante del sello discográfico World Circuit, quiso hacer una trabajo colaborativo entre músicos de Malí y Cuba hace veinte años. Pero los malienses, por problemas de visados, nunca pisaron la isla. Los cubanos reunidos en el estudio Egrem de La Habana decidieron hacer uso del espacio y nació uno de los hitos musicales más importantes del pasado siglo: Buena Vista Social Club. En 2010 Gold recuperó la idea. Esta vez en Madrid, Elaides Ochoa, Toumani Diabaté, Bassekou Kouyaté y Kasse Mady Diabaté entre otros se reunieron para grabar AfroCubism.

“El primer proyecto fue algo muy famoso. Y ahora lo revisamos porque hay mucha música que necesita salir a la luz. Y no sólo de Buena Vista Social Club sino del oeste de África”, explica el trompetista cubano Yelfris Valdés. El músico, junto con el senegalés Seckou Keita, hablaron con Wiriko antes de la presentación de AfroCubism Revisited en el Islington Town Hall de Londres.

Este nuevo proyecto es otro capítulo en una historia cultural que se remonta a la llegada de los esclavos africanos a la por entonces colonia española. En este caso sólo el maliense Bassekou Kouyaté (ngoni) repite en grupo joven pero muy bien capacitado y en el que se unen Seckou Keita (kora), Yelfris Valdés (trompeta), Hammadi Valdés (percusión) y Ednar Enrique Bosch Landa (guitarra). Unos músicos que apenas tuvieron una semana para conocerse y ensayar el repertorio de lo que fue una actualización del disco AfroCubism aunque también se acomodaron algunas composiciones propias.

“Esta es una nueva generación de jóvenes músicos pero también es más diversa. No es sólo Cuba y Malí sino Senegal, Gambia e incluso Italia. El desafío es mantener el respeto a los mayores que hicieron el trabajo aunque a mí me gustaría que el proyecto tomara otra dirección. Algo más variado donde se probaran más sonidos cubanos procedentes de la cultura yoruba e ir más profundamente a la cultura mandé”, describe Keita.

Yelfris Valdés ha asumido la dirección musical de este proyecto en el que ha tratado de “que todos tengan un lenguaje propio y que converjan. Teníamos que sentirnos cómodos y pasarla bien”. Impera la música en un intercambio que abarca distintos territorios separados por el océano Atlántico pero cuyos bagajes sonoros se entrelazan fácilmente.

“Cuando trabajo con músicos cubanos siempre me dicen que lo que hacen es África. La cultura mandé hizo que los sonidos cubanos se enraizaran en nuestra tierra”, dice Keita. “Los cubanos somos muy acérrimos de nuestra clave 6×8 pero eso ya existía en la cultura mandé y es algo que hemos admitido. Además hay ritmos, por ejemplos yorubas, que aunque no son populares en Cuba conectan con el África occidental”, explica Valdés.

Bassekou Kouyaté es el único integrante del primer proyecto AfroCubism. Foto: @dennismcinally

Tanto Keita como Valdés se mostraron entusiasmados por pertenecer a este grupo que basa su trabajo en el respeto a los anteriores miembros. Apuestan por disfrutar de la colaboración y asentarse en la amplia frontera entre la música tradicional y los nuevos sonidos para ahondar en un intercambio musical que ahora busca la continuidad.

“Es una pena dejar toda la responsabilidad a Nick (Gold). Después de que se lanzara el álbum no se hizo nada. La posibilidad es que el “afrocubismo” renazca y continúe con otra generación”, dice Keita cuya visión es muy similar a la de Valdés: AfroCubism fue algo efímero. Había muchas estrellas y muchos egos y además estaba la parte monetaria. Eran muchos los costes para reunirlos a todos y llevar a las figuras al escenario. Esto puede ser una nueva etapa en lo que se conoce como músicas del mundo ya que es un proyecto al que se le puede sacar fruto”.

Los vínculos entre Cuba y los países del oeste africano se consolidan cada cierto tiempo. Algunos son eternos, como la Orchestra Baobab y otros aparecen para reafirmar una historia sonora que parte de una misma tierra. Richard Bona publicó el pasado año su particular recorrido por las raíces sonoras de África en Cuba mientras que el propio Seckou Keita acaba de lanzar un álbum en colaboración con el pianista cubano Omar Sosa. AfroCubism Revisited es otro paso hacia delante de un movimiento que regenera una conexión musical natural con el Atlántico como único intermediario.