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3MA, el encuentro transcultural africano de cuerda

3MA representa la armonía cultural entre Malí, Marruecos y Madagascar. La primera sílaba de estos países conforman el nombre de un proyecto formado por Ballaké Sissoko, Driss El Maloumi y Rajery.

Ballaké Sissoko toca la kora, el instrumento tradicional de 21 cuerdas del África occidental. El maliense es, junto con su amigo Toumani Diabaté, uno de los máximos exponentes de la cultura griot en la actualidad. El marroquí Driss El Maloumi busca en el Mediterráneo la confluencia entre lo árabe, lo bereber, lo occidental y lo subsahariano. Recoge en su oud, el laúd árabe, las distintas músicas de esta encrucijada geográfica. El trío lo completa Germain Randrianarisoa, más conocido como Rajery. El malgache es un referente de la música de su país y a pesar de la amputación de su mano derecha, es denominado como el príncipe de la valiha, cítara circular de 18 cuerdas hecha de bambú y característica de Madagascar.

Los tres tomaron con entusiasmo la oportunidad de trabajar juntos y reunir sus instrumentos para desarrollar un sonido que va más allá de las individualidades. El proyecto surgió en 2006 cuando El Maloumi y Rajery coincidieron en Agadir. Posteriormente el músico marroquí fue invitado a Madagascar por el Instituto Francés y se forjó una colaboración a la que posteriormente se sumaría Ballaké Sissoko. “Lo que es admirable es la unión de tres culturas diferentes, tres personas distintas, tres instrumentos y tres países”, explica Rajery a Wiriko en Fez.

El músico malgache además resalta la celebración de lo africano como reclamo creativo ya que normalmente en lugares como Madagascar se piensa más en la influencia europea que en la de África.

3MA salvaguarda el patrimonio cultural griot, bereber y malgache mientras investiga nuevos retos expresivos. Los instrumentos crean un lenguaje común ligado a un universo suave y místico sin olvidar los sonidos enérgicos y arrebatadores. “Como griot es muy importante para mi poder conocer otras culturas. Me encanta cómo suenan los tres instrumentos juntos”, apunta Sissoko.

Comenzaron a desarrollar melodías en sus primeros encuentros y para 2008 publicaron un trabajo homónimo. Desde entonces han mantenido sus carreras en solitario aunque sin perderse de vista. También han formado parte de diversos proyectos e incluso han coincidido en “Las Rutas de la Esclavitud” y “Hesperion XII”, propuestas musicales lideradas por Jordi Savall. La colaboración es para 3MA un eje de desarrollo creativo y permeabilidad. Ya lo expresó Sissoko a Wiriko en una anterior entrevista: “No se puede vivir con la kora guardada en una habitación. Hay que dar y recibir y esa es la principal razón por la que he realizado tantas colaboraciones con otros músicos”.

Ahora, tras una década lanzan Anarouz. Este nuevo álbum testifica la sinergia de las tres culturas y expone la madurez musical de unos artistas que acunaron a los asistentes en el jardín Jnan Sbil de Fez bajo el marco de la 24ª edición de Festival de Músicas Sagradas del Mundo.

3MA anoche en el Jardín Jnan Sbil de Fez / Foto: Ramón Fornós

La luna gibosa creciente regaló ayer una noche luminosa y romántica. La brisa suavizó el calor e incluso las ranas se sumaron al espectáculo con un croar casi inoportuno y que añadió magia de la velada. 3MA puso a la kora, el oud y la valiha sobre el escenario. Los cantos en bamana, malgache y árabe transportaron a los espectadores a Bamako, Agadir y Antanarivo en un viaje intercultural donde la tradición se fundió con nuevos horizontes musicales, esencias y colores.

La presencia de 3MA casa con la misión del Festival de Músicas Sagradas del Mundo de Fez de compartir valores como la tolerancia a través de las artes, según expresa el presidente del presidente del festival, Abderrafi Zouiten. La música se presenta como convivencia y una respuesta actual a los problemas globales. Sin embargo, Driss El Maloumi explica cómo en demasiadas ocasiones son abordados con estas cuestiones migratorias y de refugiados por el hecho de ser africanos mientras que otros artistas no son preguntados por lo mismo: “Estamos proponiendo un trabajo artístico, una concepción estética y una acumulación de saber hacer desde los viajes y de la cultura de cada uno. Se puede juzgar lo que nosotros hacemos en relación a lo que hace todo el mundo. No estamos para crear una sensibilidad especial para con los refugiados aunque es cierto que el tema nos concierne. Nosotros trabajamos para crear algo novedoso y puramente artístico”.

Sirifo Kouyaté, un Griot y su Kora a orillas del Guadalquivir

Con 48 años y una historia de migración desde el sur de Senegal hasta el sur de España, el Griot Sirifo Kouyaté acaba de dar a luz a su primer álbum en solitario. Se trata de una gema que, a través del arte de la Kora –uno de los instrumentos por excelencia del África Occidental–, emparienta la música de Casamance con la tradición sonora flamenca de raíces árabes. Y nos recuerda ese fino hilo invisible en forma de sonido y vibración que nos ha legado la historia entre la Península Ibérica y África, o aquello que hace que la cultura africana no nos sea para nada ajena. Asentado en Sevilla, pero con un pie perennemente en Dakar o Kolda, hoy conocemos un poco mejor a este Griot afincado a orillas del Guadalquivir.

Música africana

Sirifo Kouyaté.

Gemma Solés: ¿Cuéntanos quién es y de dónde proviene Sirifo Kouyaté?

Sirifo Kouyaté: Nací el 17 de Agosto de 1969 en Kolda, al sur de Senegal. Provengo de una familia de Griots. Los Griots son trovadores, narradores de historias, pero con una peculiaridad, que narran las historias a través de la música. Entre los instrumentos mas destacados de los Griots está la Kora, mi instrumento. Entre las familias mas reconocidas y populares de los Griots se encuentran los Kouyaté, Sissoko y Diabaté, y yo provengo de cada uno de ellos. Kouyaté por parte de padre, Sissoko por parte de madre y Diabate por parte de mi abuela materna.

G.S. ¿Qué significa para tí tocar la Kora? ¿Qué valor tiene la Kora en tu cultura?

Música africana

Sirifo Kouyaté.

S.K: La Kora es considerada el instrumento más entrañable, armónico, sensible y bello del imperio Mandinga. Este imperio abarca desde el sur de Senegal hasta Níger, pasando por Gambia, Guinea Bissau, Guinea Conakry, Mali y Costa de Marfil. Para mí la Kora es algo muy especial ya que ha sido la única profesión familiar.

Mis padres me dieron la oportunidad de crecer gracias a ella. Y yo intento darle mi propio estilo para llevar a lo mas grande lo que es y significa para mí. Pero siempre sin olvidar y teniendo en cuenta la tradición.

Aunque he tenido muchos maestros los cuales me han ayudado a ser quien soy, el que mas me ha influenciado es Boubacar Sissoko, mi tío por parte de madre. Él me ayudó y me aportó la fortaleza y la capacidad para ser creativo y saber adaptar otros estilos y tener así un mestizaje como el que intento recrear con la Kora.

G.S. ¿Cuándo decidiste venir a España y por qué? ¿Cómo llegaste y como ha sido tu experiencia en Andalucía y Sevilla en concreto?

S.K: Decidí venir a España en 1994, porque se me presentó la oportunidad, y quería salir a fomentar, transmitir y hacer visible la música a través de mi Kora. Llegué a España con un grupo de danza y música, en el cual yo era percusionista y a la vez Korista. Vinimos para hacer una gira de festivales folclóricos. Mi experiencia en Andalucía fue dura como la vida misma, ya que no es nada fácil estar en un país desconocido, y musicalmente hablando con un instrumento “raro”, diferente… No fue fácil encajar. A día de hoy sigue siendo difícil encajar, aunque actualmente la sociedad está más abierta a conocer culturas diferentes y eso hace que sea un poco más fácil para mí.

En Sevilla, concretamente, como ya he dicho, sigue siendo un camino difícil, aunque he tenido el placer de conocer a grandes músicos. Pero aun así, sigue siendo complicado hacerse visible y poner sobre la mesa el verdadero valor del mestizaje musical en la sociedad. No pretendo que la gente cambie solo que sepan valorar y enriquecerse abriéndose a otras opciones

G.S: ¿Qué elementos de la música folklórica andaluza y/o española coinciden con la música folklórica mandinga? ¿Cuáles se alejan según tu propia percepción?

Música africana.

Sirifo Kouyaté.

S.K: A mi entender y según mis sentimientos, toda la música folklórica de Andalucía y de África es muy similar, diría que prácticamente son iguales, solo que fueron desarrolladas en lugares diferente donde cada lugar lo interpreta con su esencia y sobre todo Sevilla y Andalucía, por la propia historia de la diversidad cultural que ha habido. De hecho, no considero que sea un artista que hace música africana, solamente un músico de origen africano que hace música.

G.S. Hablemos de Sila Kadian. ¿Es tu primer disco? ¿Qué podemos encontrar en él?

S.K: Sila Kadian es mi primer disco en solitario, donde lo principal es la Kora. Anteriormente he participado en otros discos con otros grupos, o en temas de algún otro álbum, pero mi ilusión, mi sueño era expresar mis emociones desde las cuerdas de mi Kora, y al final lo he conseguido. El nombre Sila Kadian quiere decir “el largo camino” en Mandinga, Bambara, Dioula y Soso –las lenguas mas habladas del imperio Mandinga– y refleja mi trayectoria y vivencia personal y musical hasta día de hoy.

En el disco podemos encontrar ritmos con gran calidad y diversidad musical, hay ritmos desde el sur de Senegal hasta el Guadalquivir, pasando por otros países africanos.

G.S: ¿Dónde lo has grabado?

S.K: Lo grabé en Senegal, exactamente en Dakar, en el estudio de Sidy Samb.

G.S. ¿Qué discográfica te ha editado y qué expectativas tienes con el álbum?

S.K. Música Fundamental es la discográfica que apostó por mí para sacar este disco, contando también con muchísimas personas que siempre me han apoyado y animado. Mi intención es realizar giras por todo el mundo ya que creo que muchísimas personas se sentirán identificadas con este disco. En el trabajo podemos encontrar grandes colaboraciones con artistas muy importantes en el panorama musical africano como son: Sidy Samb, Fatou Sissoko, Fatoumata Mballo, Filidie Kouyaté, Sabel Dieng…

G.S. ¿Cuéntanos quiénes son? ¿Y por qué decidiste grabar en Senegal?

S.K: Aparte de tener la emoción y la ilusión de grabar mi primer disco en Senegal, una de las razones que más me motivó fue la diversidad que podría tener allí, con artistas tan talentosos y con la variedad del Mandinga, Wolof, Peul…y también la gran oportunidad de contar con una de las mejores voces de la música tradicional senegalesa Adjia Darro Mbaye. Conseguir que allí, en Senegal, se canten palos flamencos, lo considero un exitoso mestizaje cultural.

G. S: La música senegalesa ha destacado a nivel internacional tanto por el Mbalax como por bandas que han adoptado la música cubana como Africando o Orchestra Baobab, que han triunfado a nivel internacional. Más recientemente nos encontramos con jóvenes músicos como Hervé Samb, que nos sorprende con una interesante mezcla que él ha apodado como “Jazz Sabar” o una hornada de músicos experimentales como Ibaaku. ¿Qué crees que aporta tu estilo al panorama musical senegalés?

S.K: Mi estilo es una aportación para hacer más grande y enriquecer todos estos ritmos. En Sila Kadian hay una gran diversidad musical, cante mandinga, afro-flamenco, un poco de jazz…simplemente lo veo como… ¡¡Música!!

Derek Gripper: “Escuchar ‘Kaira’ fue como encontrar el santo grial”

Hace casi 30 años el virtuoso de la kora, Toumani Diabaté, lanzó su primer álbum en Occidente. Un trabajo en solitario titulado “Kaira”. Cuando el guitarrista sudafricano Derek Gripper escuchó el disco, su búsqueda finalizó. No sabía que rastreaba pero lo había encontrado.

“Estoy entre dos culturas en cierto modo. Aprendí a tocar música clásica pero vivo en un lugar que cuenta con un elemento trascendental. La música que exploraba con anterioridad eran los sonidos del Cabo pero echaba de menos otras músicas. Y de repente escuché a Toumani y me dejó sin palabras”, explica Gripper en una charla con Wiriko en Londres.

Y comenzó un largo camino. Gripper es una esponja musical. Absorbe y su currículo lo ha trasladado a aromas, paisajes y sonoridades ricas y diversas. Buscó los sonidos de la India en su álbum “Rising” junto al trompetista Alex van Heerde y se sumergió en la música tradicional pakistaní y afgana en su colaboración con Udai Mazumdar. Se atrevió con Bach y en 2014 tomó los temas de Egberto Gismonti para indagar en la música brasileña. “Kaira” abrió las puertas de un proyecto sin embargo mastodóntico. La misión de Derek Gripper fue la de crear un repertorio para guitarra basado en las composiciones de los grandes músicos africanos como Toumani Diabaté, Ballaké Sissoko y Ali Farka Touré. La traducción musical de la kora, el instrumento de 21 cuerdas del África occidental, a las 6 cuerdas de su guitarra acústica parecían imposible. Pero Gripper se empeñó y el resultado de su disertación sonora fue el disco One Night on Earth: Music from the Strings of Mali publicado en 2012.

Al principio Gripper reconoce que aprendió a reproducir los sonidos de la kora pero no entendía la complejidad de las composiciones. Comenzó a escribir los acordes y partituras en interminables horas de práctica pero la dificultad era hacer que la guitarra replicase a la kora.

“En “Kaira”, Toumani Diabaté grabó Jarabi y 20 años más tarde en las “Mandé Variations” toca Cantelowes. Descubrí que eran la misma pieza. Comprender que las composiciones no eran improvisadas fue como encontrar la Piedra Roseta”, explica Gripper quien al transcribir ambos temas vio cómo Diabaté sólo había cambiado el orden. “Me llevó 10 años para acceder a Toumani y pensar su música de una forma correcta. La manera de la que hablamos de su música es con un el mismo léxico que aplicamos al jazz o al rock pero hay que pensarlo como un compositor”.

El trabajo de Gripper ha desmontado la burbuja purista de la música clásica. Interpreta, que no versiona, temas populares. “No pensamos que Glenn Gould toca una versión cuando toca a Bach. Pensamos que lo está interpretando”, apunta. Gripper explica que en la actualidad hay intercambios musicales que no pueden ser ignorados como el de Ballaké Sissoko y Vincent Segal. “Ellos rompieron la barrera entre la música clásica y la popular o llamada música del mundo. Es muy difícil que en recitales de música clásica haya participación de músicos populares”.

Pero Gripper está en una misión de celebrar a los grandes de la música africana y los ha llevado a nuevas audiencias. “Desde el punto de vista musical, Toumani Diabaté es un compositor como se denominaría en la música clásica. Los malienses aprenden a través de grabaciones y así lo hizo Toumani de su padre. Bach habría grabado sus composiciones si hubiera podido. Pensamos que una partitura es como algo que otorga superioridad pero es simplemente una manera más de anotar una composición. Ahora un estudiante graba sus clases en un teléfono móvil”, explica.

Toumani Diabaté escuchó las interpretaciones de Gripper. Le preguntó a su productora Lucy Durán si aquello era solo una guitarra tocada por un hombre. Ante la afirmación de Durán, el maliense invitó a Gripper a viajar a Malí por primera vez y tuvo la oportunidad de tocar en el Festival de Festival de Música Acústica de Bamako. El guitarrista sudafricano ha continuado con su estudio de la kora y con su álbum “Libraries on Fire” incluyó también composiciones de Sekou Batourou Kouyate y Amadu Bansang Jobarteh. “Mali on Oak” es su último trabajo hasta la fecha y es una colaboración con el músico Tunde Jegede.

Ballaké Sissoko: “La música ha puesto a Malí en el mapa”

BalakéŽ y Segal, por Claude Gassian.

Esto es sobre dos amigos. Y dos instrumentos. Ballaké Sissoko y Vincent Segal. La kora y el violonchelo. Y momentos que se enraízan en la piel y es difícil sacarse.

Tan sólo unos focos cenitales iluminan un escenario desnudo. Ballaké Sissoko acaricia la kora y Vincent Segal espera apenas un minuto y se une con el pizzicato antes de frotar el arco contra las cuerdas de su violonchelo. Suena Chamber Music. Es sublime. El silencio se escucha y ni la inoportuna tos se atreve a dar la nota. Ha comenzado un concierto en el que se repasa el repertorio de un proyecto donde Malí y Francia se dan la mano en una fusión delicada.

Sissoko y Segal son un dúo artístico necesario con una premisa sencilla. “Todo se basa en nuestra amistad. Al principio teníamos que comprendernos, que entendernos. Pasamos días juntos para que nuestros oídos se acostumbraran”, dice Sissoko a Wiriko en su última visita a Londres.

En el camerino contiguo, Segal saluda a los amigos que se han acercado a felicitarle tras el concierto en el Cadogan Hall, en el barrio de Chelsea. Afectuoso, el violonchelista francés se disculpa aunque atiende a este medio poco después para complementar las palabras de su compañero. Dos charlas que retratan un trabajo en el que la música fluye de manera natural y que “no surge si simplemente unes a un músico de kora y a un violonchelista. Podemos hacer cualquier cosa cuando conectamos. No hay egos. Tenemos que ser amigos y hay amor porque de otra forma no haríamos lo que hacemos”, explica Segal.

Y eso se nota en el escenario.

Ballaké Sissoko se enamoró del violonchelo en Grecia. Fue la primera vez que veía el instrumento y posteriormente coincidió con Segal. “Tras el directo de Vincent con Bumcello en Amiens, me acerqué y le dije que deberíamos hacer algo juntos”, rememora el virtuoso de la kora. El maliense apostó por una colaboración que se convertiría en un encuentro cultural entre la kora y el violonchelo y que se escenificó por primera vez en el país galo. “Tuve la oportunidad de organizar un festival en Lyon e invité a Vincent en lo que fue nuestro primer concierto. Y después fuimos a Gabón, a Malí…”, y así hasta que surgió la idea de realizar Chamber Music, el primer disco del dúo, que se publicó en 2009.

“Vicent fue a Malí y le dejé a que fuera a descubrir las distintas sonoridades de Bamako. Adaptó instrumentos como el balafón, el ngoni e incluso la kora al violonchelo y a partir de ahí comenzamos a desarrollar el proyecto”, recuerda Ballaké. “Me rodeé de sus amigos, Toumani Diabaté vive en su misma calle, y después de un tiempo me entró en la cabeza. Ahora es como tomar instantáneas de esos sonidos con mi violonchelo”, dice el francés de su inmersión en la música maliense.

Balaké y Segal, por Claude Gassian.

El resultado fue una apuesta hecha con el corazón sin otro objetivo que el de disfrutar juntos y en el que el griot tomó plena responsabilidad. “Yo pagué Chamber Music y luego lo vendí a la discográfica No Format. Fue un aprendizaje mientras que en el próximo disco ya sabíamos lo que hacíamos”.

Musique de Nuit, el segundo trabajo de este dúo, es una velada onírica. Un álbum hecho madrugada, con poca lumbre y en la terraza de la casa de Ballaké. Sorbiendo té y en compañía de varios amigos. “La grabación fue de noche ya que en Bamako a otra hora del día hace mucho calor y es muy ruidoso. A Ballaké le encanta tocar en casa y al aire libre. Tocamos por tocar sin ninguna pretensión de hacer un disco. No teníamos ningún plan pero probamos unos temas y al final salió”, rememora Segal.

En este trabajo los músicos nos acurrucan y nos desvelan. Nos atemorizan y nos dejan dormidos tras el embelesamiento de una unión única que se escenifica en temas como Passa Quatro. Una nueva colaboración que suman a sus trayectorias y que demuestran la expansión musical de los artistas. Ballaké Sissoko ya había participado en en disco de corte clásico al colaborar en 2003 con el pianista italiano Ludovico Einaudi. El resultado fue el magistral Diario Mali. “No se puede vivir con la kora guardada en una habitación. Hay que dar y recibir y esa es la principal razón por la que he realizado tantas colaboraciones con otros músicos”, explica el maliense. Uno de sus primeros trabajos fue junto a su amigo Toumani Diabaté. New Ancient Strings fue un homenaje a la generación de sus padres. A esos griot que conquistaron los oídos occidentales. “La música ha puesto a Malí en el mapa. Mi padre y el de Toumani Diabaté comenzaron el camino pero esto es una nueva vuelta de tuerca, una nueva reflexión”.

En esa búsqueda de nuevos sonoridades, el maliense supo que el violonchelo era una forma de innovación pero sin estridencias y conforme a su manera de ver la música. “Ballaké se expresa por sí mismo a través de la kora. Es un músico clásico al que no le gusta la idea de escribir sus composiciones. Las memoriza”, describe Segal.

El experimento transcultural cuajó. Sin protagonismos y con una sencillez que se plasma en las palabras de ambos músicos. La voluntad de tocar por disfrutar de lo que se hace. “Siempre soñé con algo así. Quería hacer algo en acústico porque la imagen que se tiene de África es principalmente de festejo. Este proyecto podría seguir para siempre ya que es alivio y amor”, concluye Sissoko.

Sona Jobarteh, la mujer griot

Sona Jobarteh abrazó al verano con ímpetu. A mediados de junio se lanzó en su primera gira por el Reino Unido que colmó con una actuación en el mítico festival de Glastonbury. La joven gambiana desafía los cánones griot tradicionales y el próximo miércoles 16 de noviembre se estrena en el cartel del festival de Jazz de Londres. De bandera lleva su kora, el arpa de 21 cuerdas originaria del África occidental. “La kora transciende muchas cosas a pesar de que es culturalmente un instrumento muy específico de un lugar. No hay muchas músicas a las que no se pueda incorporar. Me hace sentir plena, cálida y me da mucha emoción“, explica Sona a Wiriko.

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En la cultura griot la poesía, el canto o la música llevan siglos transfiriéndose de padre a hijo pero en la familia Jobarteh, que tiene el derecho hereditario para la práctica de la kora, Sona tenía decidido su medio de expresión. “Mi cultura no hace distinción de género pero es cierto que no es algo común que las mujeres toquen”, explica la músico que siempre tuvo el apoyo de sus más cercanos. Sona Jobarteh aprendió a tocar la kora gracias a su hermano, Tunde Jegede, que actualmente dirige el African Classical Music Ensemble. A pesar de cursar estudios de cello y piano regresó a sus orígenes. Estaba expuesta a una tradición musical familiar que incluye a su abuelo, Amadu Bausang Jobarteh, su padre, Dawda Jobarteh, y a su primo, Toumani Diabaté.

La música era algo natural para mí. Nunca pensé en componer pero tampoco tuve que luchar por ello. Estaba en mis manos dedicarme a ello. Cuando crecí llegó un momento en el que tuve que abordar el hecho de que estaba tomando la kora como algo a lo que quería dedicarme profesionalmente. No como un pasatiempo”, dice.

Sus inicios estuvieron marcados por el ángulo feminista de su música. Al principio no lo tomó bien. “Yo no quería que se me viese sólo por una cuestión de género. Yo quería ser simplemente una persona que tocaba la kora”. Sin embargo, abanderó temáticas relativas a las mujeres cuando se dio cuenta de “cómo la música afecta e inspira a otras. Cada vez me siento más cómoda con esa etiqueta”.

Sona Jobarteh, imagen de Modern Ghana.

Sona Jobarteh, imagen de Modern Ghana.

Jobarteh cree que el hecho de que toque la kora siendo mujer siempre impactará al público, sobre todo en África, acostumbrado al virtuoso masculino. “No fallará la presunción de que no sonará igual que si la tocara un hombre. Pero lo impactante es que la audiencia sea testigo de que no hay diferencia y olviden las ideas preconcebidas”, puntualiza.

Al subirse al escenario en un mundo predominantemente masculino, la músico lanza un mensaje para cambiar el discurso de que la mujer sólo puede llegar a conseguir un éxito específico. Sus composiciones, envueltas de sonidos occidentalizados hace que su música cuenten con un ritmo más arrimado al jazz, al funk. Una fórmula que estira los límites de la cultura griot.

Su primer álbum, Fasiya (African Guild Records, 2011) es una muestra de la polaridad certificada de una Sona que equilibra costumbre e innovación. Un ejemplo es el tema de apertura, Jarabi. “Es una tarea difícil porque a veces no sabes cuánto has innovado pero hay que confiar en los instintos y aproximarse a la música con un oído exterior”, cuenta la músico. Fasiya se convertió en uno de los discos de kora preferidos de la revista Songlines junto a discos como Musique de Nuit de Ballaké Sissoko y Vincent Segal o 22 Strings de Seckou Keita. Sona Jobarteh ya trabaja en un nuevo álbum que saldrá a finales de año y del que ya se ha adelantado el single: Gambia. Un tema para celebrar los 50 años de la independencia del país del oeste africano.

Con este nuevo proyecto busco un nuevo sonido dentro de la música mandé. Es una nueva forma de tocar la kora que hará que la gente mandinga reconozca su cultura pero también acerque a los que no están familiarizados con ella”, explica. Pero su nuevo trabajo no es el único proyecto que la gambiana tiene en su mente. En enero, y junto con la ayuda de su padre, decidió abrir una escuela de música en Gambia. The Amadou Bansang Jobarteh School of Music “se ha convertido en una obsesión para crear una institución que sea el reflejo de las universidades occidentales pero estudiando allí donde la música procede. Es impresionante ver que el nivel de especialización en mandinga o en mbira en estas universidades es más alto que en Gambia, por ejemplo“, apunta Sona quien invita a todos aquellos a visitar su país. “Estudiantes de música de todas partes pueden acudir a Gambia a prepararse manteniendo los estándares académicos a los que están acostumbrados“, apunta Sona sobre unos programas ideados para occidentales y africanos.

La epopeya de Ali Farka Touré a 10 años de su muerte

Hace diez años murió un agricultor del noroeste de Mali ferviente de sus cultivos de arroz y con la devoción como fundamento del trabajo bien hecho. Un agricultor cualquiera, un músico como pocos. Cosecha y álbumes. Planes de irrigación que prosperan sus áridas tierras y un legado musical que sigue suelto como ese sonido que se escapó un día de su djerkel (guitarra de una sola cuerda) y engatusó a Occidente con el blues del desierto. Hace diez años murió Ali Farka Touré.

Festival Au Desert in Essakane, near Timbuktu, Mali January 9 - 11 2004. Ali Farka Toure at Festival Au Desert in Mali. (17/01/2004) Digital Image Copyright Matt Devine (+44 7968 869 662/+44 1622 678 896)

Ali Farka Toure en el Festival Au Desert, en  Essakane, cerca de Timbuktu, Mali. Imagen tomada en enero de 2004. Digital Image Copyright Matt Devine.

Mis manos son un desastre. Duelen pero cuando comes el arroz se olvida. Yo soy un agricultor”, remarcaba Touré. Las palabras son de 1999 cuando el guitarrista maliense llevaba ya cinco años en silencio tras su último álbum Talking Timbuktu, en colaboración con el guitarrista Ry Cooder. Touré había regresado a su localidad Niafunké, a orillas del río Níger, para protegerse de los reconocimientos liderados por su primer GRAMMY, las giras y las expectativas. Siempre agricultor antes que músico.

Llevamos todo el equipo por el desierto y la grabación se produjo bajo un sol abrasador o en la noche peleándonos con los mosquitos y las serpientes”, recuerda el productor ejecutivo de World Circuit Records, Nick Gold, en una conversación telefónica con Wiriko. El productor junto al ingeniero de sonido Jerry Boys viajó a Niafunké con un estudio móvil para grabar el quizás disco más fiel del músico. Del esfuerzo salió Niafunké (1999). “Es más auténtico, más real porque se ha grabado donde la música pertenece”, explicaba Ali Farka Touré sobre el álbum.

La conexión con su tierra fue una constante vital en un joven que fascinado por la destreza de Keita Fodeba a la guitarra quiso tantear ese “don otorgado por dios”. A pesar de que su madre era reacia a un oficio que no casaba con su descendencia, el autodidacta Touré destacó en la escena musical de Mali y representó a su país en un festival internacional de artes en Bulgaria en 1968 donde adquirió su primera guitarra.

Ali publicó varios álbumes en Francia pero desconocía, sin embargo, que la casualidad se topaba con el británico DJ Andy Kershaw de Radio 1 de la BBC en una tienda de discos de París. El dependiente le regaló a Kershaw el homónimo Ali Farka Touré que permaneció durante años en el establecimiento sin que nadie se interesara por un trabajo que poco después comenzaría a sonar en la radiofórmula inglesa. Un blues que no llegaba de los Estados Unidos sino de África Occidental.

El sello independiente de Londres World Circuit Records se interesó inmediatamente en su música y Anne Hunt, una de sus fundadoras, viajó a Bamako para intentar firmar al músico que por entonces se encontraba sin discográfica. Ali Farka Touré tocó en el Reino Unido en 1987 por primera vez y sin quererlo se convirtió en estandarte de la música maliense. Desde 1988 hasta su muerte, World Circuit Records lanzó ocho discos del artista y recuperó material de grabaciones anteriores en compilaciones como Radio Mali (1996) y Red & Green (2004).

Una vez se comienza a hurgar y se familiariza con la música, se disfruta mucho más”, dice Nick Gold que fue el encargado de expandir la música de Touré. Gold junto a personas como Lucy Durán, etnomusicóloga y profesora del SOAS, invitaron a Occidente a escuchar a Mali. Ali Farka Touré allanó el camino a músicos malienses como Toumani Diabaté, Kassé-Mady Diabaté, Oumou Sangaré, Salif Keita, Tinariwen, Bassekou Kouyaté o Fatoumata Diawara, entre otros.

Ali Farka Touré, junto a Nick Gold, relajados delante de los Estudios Bogolan. Imagen de Jonas Karlsson.

Ali Farka Touré, junto a Nick Gold, relajados delante de los Estudios Bogolan. Imagen de Jonas Karlsson.

Su hijo, Vieux Farka Touré, también sigue los pasos de ese “hombre sencillo”, como le recordaba en un video grabado para la revista Rolling Stones. Vieux aparecía sentado en una colorida estera bajo un árbol y acompañado de una guitarra en un guiño a aquella estampa en la que su padre explicaba que el blues pertenecía a Mali. Esa escena pertenece al documental de Martin Scorsese “The Blues” Feel Like Going Home en el que el director estadounidense traza un viaje hacia las orillas del Níger en busca de los orígenes africanos del blues.

Martin_Scorsese_Presents_the_Blues_Feel_Like_Going_Home-562769375-largeSu música fluye, los acordes andan desnudos y la belleza se conjura en In The Heart of The Moon (2005) junto a la Kora de Toumani Diabaté. Un trabajo grabado en una habitación del Hotel Mandé de Bamako y por el cual ambos músicos consiguieron el GRAMMY. Pocas semanas después de conseguir el galardón, Ali Farka Touré falleció en su Niafunké debido a cáncer de hueso que le afectaba desde hacía dos años. Savane (2006), su último álbum de estudio, fue ya publicado póstumamente.

Ali Farka Touré era una de esas personas que hablaba como cantaba. Pausado, midiendo las palabras y dejando letras perennes que hablan del trabajo de la tierra y el sacrificio. De educación y tolerancia. Cantó en diversas lenguas como la Sonrai, Peul, Songhai, Bambara o Tamasheck, representando la unión de un Mali muy diverso culturalmente, e invitó a los malienses a trabajar por un mismo objetivo. “Fue el mediador entre el norte y el sur de Mali”, recordaba el escritor y especialista en música maliense, Cherif Keita.

Un icono nacional que aspiraba a lograr de Mali un lugar para “la ilustración de islam, para un islam pacífico”, como explicaba Keita. Sin embargo y años después de su muerte, Niafunké se vio sumida al sonido de los kalasnikovs y enmudeció para verse obligada a cumplir una sharia impuesta por los extremistas que ocuparon la región del norte del país. La música de Ali se dejaba de escuchar en su Niafunké aunque Mali siguió luchando. Siguió tocando y hoy está libre.

Van a poner una calle con su nombre e incluso han preparado un torneo de fútbol en su honor”, dijo Nick Gold antes de poner rumbo a Bamako. En la capital de Mali se organizó ayer un concierto en memoria del músico donde actuaron su hijo Vieux Farka Touré y Bassekou Kouyaté. Vieux, que se encuentra actualmente de gira por la península ibérica, es contundente con como la indústria de las músicas del mundo trató a su padre. “Lo estafaron aprovechándose de que no tenía formación, y no quería que yo pasara por lo mismo“, explica argumentando por qué su padre se oponía a que el hijo se dedicara a la música.

La semana pasada, el Museo Nacional de Bamako rendía homenaje al icono de la música maliense con una exposición fotográfica. Ni Mali ni el mundo podrá jamás agradecer suficientemente a ese humilde agricultor que cultivó, a orillas del Níger, la historia sonora y la unidad de uno de los países culturalmente más fructíferos de África y del mundo.

¡Gracias maestro!

África: banda sonora 2015 (IV)

Orquestra Le Sahel de Dakar, famosa banda que en los años 60 rompió las pistas de baile de la capital senegalesa.

Orquestra Le Sahel de Dakar, famosa banda que en los años 60 rompió las pistas de baile de la capital senegalesa.

En la Dakar de los años 60 era muy frecuente escuchar música en castellano. Después del triunfo de la revolución cubana de 1959, la idea de un interés común entre las naciones explotadas por el colonialismo y el imperialismo europeo y estadounidense, la música cubana se instaló en África como un símbolo de resistencia.

Ya desde los años 20, la interferencia de estudiantes africanos hacia la isla de Cuba fue una constante que cristalizó durante la década de la lucha por las independencias africanas. Y rápidamente, los sonidos cubanos empezaron a integrarse en las pistas de baile de las principales capitales del África Occidental. Los ngonis, balafons y koras empezaron a flirtear con congas, saxofones y maracas. El resultado: un cóctel imparable de ritmo y son mezclado con sonidos populares tradicionales.

Como alternativa a la modernidad europea, la música cubana se convirtió en la nueva modernidad de ciudades como Dakar, Cotonou, Conakry, Kinshasa o Abidjan. Las élites africanas vibraban con bandas como Grand Diop, Saint Louis Jazz, Guinea Jazz, Bembeya Jazz, The Star Band o La Lyre Africaine, y el castellano se convirtió en la lengua alternativa al francés de la metrópolis.

11010972_442865635869932_3154842296071464415_nEn 1972 nació la banda residente del club con más solera de Dakar, le Sáhel. La orquesta, dirigida por Idrissa Diop, contaba con los mejores músicos de la capital. El chá-chá-chá, la salsa, el mambo, la rumba o el son pasaron a ser parte de sus repertorios, mientras versionaban a grandes músicos de la región como Tabu Ley Rochereau, pero también a latinos como Célia Cruz. En 1975, la banda grabó un álbum de 7 temas llamado ‘Bamba’, en el que el mbalax le puso la nota dominante.

Sin embargo, el álbum no trascendió, y sus músicos empezaron a mirar hacia París, donde africanos como Manu Dibango se estaban forjando una carrera ascendente. Ahora, cuarenta años más tarde de este ‘Bamba’, y ante el auge de los sonidos de las independencias, Diop, junto a Cheikh Tidiane Tall y Thierno Koite, vuelven a encender la llama de esa época dorada de las orquestras africanas y presentan su segundo álbum Le Sahel: la légende de Dakar.

África: banda sonora 2015 (III)

0000096098_10Después de la salida del nuevo álbum de la nigeriana, Nneka (My Fairy Tales) y de que el maliense Samba Touré nos sorprendiera con Gandadiko, este 2015 nos sigue premiando con joyas sonoras. Esta vez, Wiriko postra su mirada sobre el segundo álbum del maestro de la Kora guineano Djeli Moussa Condé. Un personaje rendido al instrumento de 21 cuerdas desde niño y que está conquistando los escenarios franceses desde hace más de una década.

a0260432631_2Tres años después de presentar Djeli, junto a Vicent Lassalle, ambos presentan su Womama (2015, Polychrone / Buda Musique / RFI Talents Editions), un álbum repleto de influencias sonoras y de matices. Recién salido del horno, se caracteriza por el plurilingüismo, la mezcla sincrética de varias tradiciones sonoras modernas del África Occidental, Europa y el Caribe, y la ejecución impecable de un elenco de músicos internacionales. Una fotografía muy fiel a la biografía del artista, que formado como griot, ha vivido diferentes etapas de su vida en Gambia, Nigeria, Costa de Marfil o Mauritania, para aterrizar en la capital de Francia ya a principios de los 90.

El papel de la Kora en ‘Womama’ es central, y articula un discurso que se teje a partir de ideas transversales que nutren el disco. En su núcleo: un África urbana, plural e interconectada. Temas como Mandela, una canción dedicada a los ideales de paz y democracia que propagó el líder sudafricano desaparecido el año pasado, quieren enfatizar los puntos de encuentro entre el vasto continente. Por eso, el disco se presenta diverso pero sobrio, con una amplia paleta de colores y texturas se degradan e integran, fusionando tradiciones que Djeli Moussa Touré ha ido adquiriendo de su trabajo junto a grandes de la música africana como Manu Dibango, Salif Keita, Richard Bona, Mory Kante, Sekouba Bambino o Alpha Blondy.

Sekou Kouyaté, la innovación de la kora

Sekou Kouyaté durante un concierto. Fuente: Carolina Vallejo

Sekou Kouyaté durante un concierto. Fuente: www.sekoukouyate.com

Sekou Kouyaté se ha convertido en uno de los maestros de la kora, el arpa de 21 cuerdas típica del oeste de África. Wiriko ya se hizo eco de la progresión de este guineano durante la pasada edición del festival Sauti Za Busara en Zanzíbar (Tanzania) en la que se presentó con el músico neoyorquino Joe Driscoll.

Sekou y Joe continúan rodando por los escenarios de medio mundo y han estado presentes en citas como el GreenMan Festival, el WOMAD o en el prestigioso London Jazz Café. El pasado miércoles fue el turno de la localidad costera del sureste de Inglaterra, Whitstable, donde ya habían tocado el pasado mayo. “La gira va muy bien. Estoy muy contento y es un placer tocar con Joe”, dice Sekou poco antes del concierto.

Hijo de M´Bady Kouyaté y descendiente de la cultura griot, Sekou no tenía otra salida que la música. Conocido en Francia como el “Jimi Hendrix de la kora”, Kouyaté es un virtuoso que ha traído un nuevo acercamiento al tradicional instrumento del África occidental. Los ajustes eléctricos y los pedales generan una nueva dimensión de sonidos que hacen que la kora se aproxime a resonancias más rockeras. Pero Sekou, no se queda ahí e intenta abarcar muchos más ritmos.

“Me gusta todo tipo de música pero me encanta el jazz. Richard Bona y Omar Sosa son músicos que me influyen mucho”, dice Sekou.

Con una actitud despierta para desarrollar un estilo, Kouyaté rompe las presunciones de la kora y ante las críticas al distorsionar su sonido se refugia en las raíces de su cultura. “La base de mi música es la popular”, sentencia.

Descendiente directo de esa combustión de melodías resultó Faya (Cumbancha, 2014), el álbum realizado mano a mano con Joe Driscoll. “Es difícil de calificar”, se ríe el guineano. “No es jazz, ni hip-hop, ni folk. Es una música que se expande”, explica Sekou de un trabajo donde las etiquetas inhabilitan todos sus recovecos sonoros.

Faya se forjó de las improvisaciones tras su primer encuentro en el festival Nuit Metis de Marsella en 2010. Joe apenas hablaba francés lo mismo que le pasaba a Sekou con el inglés aunque la combinación entre el guineano y el estadounidense no tardó en cuajar. Muchas jam sessions y directos para el estudio. “Nos entendíamos como podíamos”, dice Sekou del proceso de grabación. Pero las palabras tenían en este caso mucho menos crédito que las melodías que pululaban por las cabezas de este dúo que vio como el pasado febrero el álbum se ponía a la venta y era bien recibido por la crítica.

A pesar de que en el último año se ha centrado más en la combinación con Joe, Sekou además está inmerso en muchos otros proyectos. Habitualmente lidera el grupo Section Kora, una banda compuesta por los miembros de su familia y que arrasa por tierras escandinavas. A finales de año se espera un disco grabado en directo bajo la producción de OneWorldMusic. También está en colaboración permanente con su primo Ba Cissoko en la formación homónima y con la que ha lanzado cuatro álbumes. “Es una música más tradicional, más cantada”, remarca Sekou sobre la diferencia entre tocar con Ba Cissoko y Joe Driscoll.

Pero de estos proyectos el que sin duda atrae más curiosidad es el que llevó a Kouyaté a trabajar con distintos músicos eslovenos liderados por Igor Leonardi en lo que se llamó Sekou Kouyaté Experience. “Tras tocar en el BaoFest, Igor me dio la oportunidad de grabar un disco”. De ahí nació Dia, un álbum que culmina la colaboración entre Kouyaté y Leonardi.

“La kora cada día está más demandada a pesar de la diversidad de los países de los que proviene”, explica Sekou. El instrumento ha emigrado por el mundo gracias al propio Kouyaté y a otros nombres como Toumani Diabaté o Seckou Keita también entrevistado recientemente en Wiriko en un reflejo de cómo la cultura griot ha rebasado los límites de su territorio.

“Quiero mandar un mensaje a los jóvenes de África”, explica Sekou sobre cómo se puede alcanzar un sueño, un lugar en la música profesional, viniendo de un país como Guinea. Desde su niñez y su aprendizaje de la cultura griot hasta ser un referente teniendo siempre a la música como embajadora y a la kora como un medio innovador para acercar el oeste de África al resto del mundo “en una búsqueda de creación”.

Incendio sonoro
En la esquina de la calle principal de Whitstable, municipio situado al sureste del Reino Unido, el Duke of Cumberland es el pub musiquero de referencia. Noches de jazz, de blues, de rocanrol y en esta cita de música internacional. Joe Driscoll es un asiduo del Duke, como se conoce al espacio cariñosamente, y no dejó de incluirlo en la mini gira inglesa junto a Sekou.

El dúo se presentó arropado por James Breen a la batería y John Railton al bajo. Un cuarteto que incendia los escenarios con ritmos que abarcan diversos estilos bien fusionados y que hace que el concierto sólo pueda clasificarse como una locura bailable en la que Sekou presenta una nueva dimensión sonidera con su kora electrizada.

La noche se abrió con Passport, un tema sobre las fronteras burocráticas impuestas en esta sociedad y que se contrapone a la libertad de la música que viaja sin límites. Siguieron canciones como Lady, New York Womanati para acabar un concierto con Faya, tema que le da nombre al disco del dúo guineano-estadounidense. Un discazo donde lo peor es su duración como recalca el crítico musical del periódico británico The Guardian, Robin Denselow, sobre los 37 minutos de Faya. Sin embargo, el nuevo álbum ya se cuece y Sekou y Joe preparan un trabajo que saldrá al mercado el próximo verano. “En febrero entramos en el estudio”, dijo Driscoll al introducir varios temas nuevos durante el concierto.

Casi sin quererlo, como muchas de las mejores cosas, ha surgido un dúo que rompe moldes. Una ensalada armónica que aterriza en el Jamboree Jazz de Barcelona el próximo viernes 28 de noviembre como cierre a la gira de otoño de Joe y Sekou.

“No entiendo los pedales ni las distorsiones. ¿Para qué acoplar una máquina a la kora?”

 

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Seckou Keita. Foto cortesía de Astar Music.

Seckou Keita, uno de los mayores manifestantes de la kora moderna, recibe a Wiriko en medio de su gira por tierras británicas junto a la arpista galesa Catrin Finch.

Seckou Keita es simpático. Llega a la entrevista con retraso, “vamos un poco tarde con la prueba de sonido”, se disculpa y sonríe. Su gira aterrizó en Canterbury, al sureste del Reino Unido, tras su paso por Liverpool, Amsterdam o la representativa Union Chapel de Londres. “Está siendo fascinante”, dice Keita de una gira que tras la serie de conciertos del pasado mayo, ha traído nuevas oportunidades de ver a Finch y Keita tocando temas de su álbum Clychau Dibon (Astar Artes Recording) publicado en 2013.

“Echo de menos la comida, los olores y el sol”, dice Keita de su Senegal natal en la que pasa los inviernos occidentales. Afincado en Nottingham, en el centro de Inglaterra, el músico ha colaborado con grandes artistas como el percusionista guineano Mamady Keita, Francis Fuster o Baka Beyond. Ahora, cuando su carrera está asentada, no deja de seguir buscando nuevas vías para explotar los límites de la kora, el tradicional instrumento de 21 cuerdas del África occidental.

Tras su primer disco, Baiyo (Orphan, 2000), su trayectoria se ha basado en la curiosidad. De esta actitud atenta han surgido trabajos con músicos latinos como el pianista cubano Omar Sosa, el cantante italiano Antonio Forcione, el violinista egipcio Samy Bishai o músicos indios e incluso chinos en un camino donde ha probado nuevas melodías. Así se ha acercado al jazz, al funk e incluso al flamenco como se pudo escuchar en el tema Hino junto a la cantaora sevillana Inma La Carbonera en su disco Miro (Astar Artes Recording, 2012) . “Las colaboraciones tienen que ser adecuadas, no forzadas porque la musicalidad tiene que tener armonía”, explica Keita quien además recalca que no es fácil estar abierto a tantos estilos.


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“Paco de Lucía es una de mis influencias”, dice Keita quien siente el flamenco muy cercano. El camerunés Richard Bona o el compositor de Don’t Worry, Be Happy, Bobby MacFerrin, también están entre sus preferencias. En su abanico de gustos tiene claro que le interesa toda aquella música “que viene del corazón” y alaba el panorama musical de su país aunque “es una pena que no sea tan conocida”, recalca.

Keita ha desafiado los cánones tradicionales de la kora que “se está haciendo conocida”. Músicos como Toumani Diabaté, Ballaké Sissoko, o su tío Solo Cissokho han guiado el camino de un instrumento en expansión. “Hay mucha gente probando nuevas cosas, nuevas técnicas”, comenta Keita quien advierte que a pesar del enfoque innovador de la kora no hay que olvidar que el instrumento tiene que conservar su territorio. Se rompen las barreras pero siempre hay que tener presente la historia y la tradición. “No entiendo los pedales ni las distorsiones. ¿Para qué acoplar una máquina a la kora?”, se pregunta el Keita cuyas armas para hacer frente al arpa africana son simplemente sus índices y sus pulgares.

Seckou-1Sus experimentos iniciales le costaron más que un desencuentro con su abuelo y mentor en su juventud. Keita, apellido noble proveniente de los antiguos reyes Mandika de Mali, no tendría que haber sido músico por tradición. Sin embargo, fue criado por su familia materna perteneciente a la cultura griot, los oradores y herederos de la música en el África Occidental. Una educación estricta que le ha llevado ha convertirse en uno de los exponentes contemporáneos de la kora.

La música africana abraza cada vez más las culturas occidentales a pesar de que se siguen olvidando los problemas políticos y socioeconómicos del continente. Seckou Keita rehúye hablar de política (“tengo bastante con las 21 cuerdas de mi kora”) aunque utiliza un símil futbolístico para explicar de pasada la situación de muchos estados africanos: “si vas a cambiar al 9, pones otro 9 que va a jugar en el mismo campo. Todos son parte del mismo juego incluso aunque vengan con ideas diferentes”.

Así, la cultura africana llega a occidente como aire fresco, “de lo poco que nos hace felices”, dejando atrás las complicaciones asimiladas al continente y los conflictos como el de la región de Casamance, conocida por los problemas separatistas en el sur de Senegal y donde Keita se crió. “Yo he llevado a varios grupos a realizar talleres musicales allí y todo ha ido siempre bien”, dice Seckou de una zona que es “un lugar seguro y de reunión de culturas”.

De las palabras del músico senegalés se denota la concienciación que realiza con su trabajo al tomar la música como medio para aportar su grano de arena. Proyectos como Do you speak djembe? o la política medioambiental que utiliza a la hora de publicar sus discos desde 2007 son declaraciones de intenciones. Además colabora con el Comité Internacional de la Cruz Roja y el 50% de las ventas de su disco The Silimbo Passage (Seckou Keita 2009) va destinado a ayudar a la organización. “Cuando era pequeño cada vez que veía la furgoneta de la Cruz Roja me sentía seguro”.

Antes de despedirse, Seckou Keita anunció la publicación de un nuevo disco en solitario. “Hace casi 14 años que no hago un álbum solo” y aunque no desvela el nombre explica que será una vuelta a las raíces de Senegal y que verá la luz en la próxima primavera.


Dibons en el escenario

Catrin Fick & Seckou Keita. Foto: Judith Burrows/Getty Images

Catrin Fick & Seckou Keita. Foto: Judith Burrows/Getty Images

El concierto de Catrin Finch y Seckou Keita tuvo lugar en el Gulbenkian de la Universidad de Kent en Canterbury. Con un teatro casi lleno, la audiencia se dejó llevar por las melodías de Clychau Dibon, el trabajo conjunto del músico senegalés y la arpista galesa. El álbum se ha paseado por la pasada edición británica del WOMAD 2014 o por el legendario Joe’s Pub de Nueva York y cuya gira finalizará el próximo 9 de noviembre en Helsinki, Finlandia.

Clychau es el término galés para denominar a las campanas mientras Dibon hace referencia a la segunda cuerda de la izquierda en la kora. Sin embargo, dibon es también un ejemplar de pájaro africano. Siempre en pareja, el macho y la hembra pasan todo el día juntos pero duermen en ramas separadas al caer la noche. Los pájaros en este trabajo son Catrin y Seckou, mujer y hombre, galesa y senegalés, blanca y negro, clásica y tradición, arpa y kora, “pero en el corazón siempre están juntos”, dice Keita.

El espectáculo contó con dos partes de 45 minutos en las que se ensalzó el encuentro de dos culturas a través de dos instrumentos tan diferentes y tan similares como son la kora y el arpa. Un acercamiento de posturas y una voz común para recorrer el sur de Senegal y perderse por Gales y todo se reencuentra en el escenario. Mitos, recuerdos, la bruma y el verde de Gales se musicalizan en temas como Future Strings, Samba, Ceffylau o La bras de mer.

Una conjunción donde la tradición de Keita se une con la formación clásica de Finch dando paso a un juego de melodías que encandiló a la audiencia que se daba cita en la lluviosa noche de octubre.

 

 

“Nuestra música es un mensaje para toda la humanidad”

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Joe Driscoll & Sekou Kouyate. Fuente: Alex Munro.

Uno de los espectáculos más poderosos de la última edición del festival Sauti Za Busara (Zanzíbar, Tanzania), fueron el dueto neoyorkino-guineano de Joe Driscoll & Sekou Kouyate. El grupo, que aprovechó para quedarse en la isla de Zanzíbar algunos días más, fue uno de los más activos socialmente hablando. El último día del festival uno se podía topar por las calles de la Stone Town con el Joe más embelesador. Con una guitarra perennemente colgada de su pecho, Joe entonaba canciones de Bob Marley para los zanzibareños y los turistas curiosos. Y su savoir faire y sencillez nos dejó tan embelesados que quisimos aprovechar para conocerlo un poco mejor.

Las fechas coincidían con el lanzamiento de su álbum. El pasado 18 de Febrero, el dueto de ases transcontinental lanzaron su trabajo: Faya (Cumbancha, 2014). Una coalición de estilos que pone el caramelo en la boca de cualquier amante de la fusión.

Estos dos musicazos se conocieron en el festival francés Nuits-Metis. “Los organizadores del festival creyeron que Sekou y yo tendríamos feeling juntos, así que nos animaron a colaborar” nos dice Joe. “Nos juntamos para una sesión de improvisación, y me quedé asombrado por la tremenda técnica de Sekou. Pasamos una semana entera juntos, improvisando, y fue bastante divertido porque no hablabamos el mismo idioma. Pero igualmente improvisábamos juntos y para al final de esa semana, escuchando de nuevo las jams que grabamos me dije: ‘”Tío, esto es realmente bueno. Deberíamos sacar un álbum de ello”. Así que me quedé en Marsella, y entramos en el estudio unas pocas semanas después de la reunión, para realizar Faya” nos cuenta el líder del dueto africano-estadounidense.

Joe Driscoll pasó su infancia escuchando a los Beatles, la música Motown o Frank Sinatra. Creció sumergido en la cultura hip-hop y el reggae “De La Soul, Bob Marley, Tribe Called Quest, Buju Banton, Wu-Tang…” nos dice. “Me topé con un pedal loop a mis veinte años y empecé a componer música con múltiples bucles en capas de beatbox (percusión vocal), armonías vocales, guitarra, pandereta y otros instrumentos. I básicamente la última década me he dedicado a ofrecer espectáculos con looping por todo el mundo” explica a Wiriko.

Joe Driscoll & Sekou Kouyate. Fuente: Alex Munro.

Joe Driscoll & Sekou Kouyate. Fuente: Alex Munro.

Sekou Kouyate o el Jimmy Hendrix de la Kora, apodo que le viene por la forma en que electrifica este instrumento de veintiuna cuerdas, es la media naranja musical del de Syracuse (Nueva York). Conocido por formar parte del grupo Ba Cissoko, de él, Joe dice: “creo que tocando el kora Sekou es increíblemente innovador y que va a expandir el conocimiento que la gente tiene tanto de este instrumento como de sus usos. Ha sido capaz de trascender los estilos más tradicionales sin dejar de hacerles referencia constante” confiesa el norteamericano afincado en Reino Unido.

“Creo que el actual boom que está viviendo la música africana es sólo el resultado natural de la facilidad con la que la tecnología nos ha permitido comunicarnos en todo el mundo, y de cómo los medios de transporte han hecho más fácil viajar por todo el mundo. El mundo se ha hecho más pequeño. Somos capaces de conectar fácilmente y las herramientas de producción para crear música son cada vez más baratas y más accesibles a la gente de todo el mundo” se alegra el músico mientras se lamenta de que a pesar de todo, la música africana no está suficientemente presente en los circuitos internacionales. “Me encantaría ver más música africana influyendo en Occidente, pero espero que esta facilidad de la que hablaba permita apreciar las culturas más allá de las fronteras, y que haya un deseo más profundo de entender a la gente de culturas distintas a la nuestra. Eso es lo que el mundo más necesita hoy en día”.

Portada de 'Faya', de Joe Driscoll & Sekou Kouyate.

Portada de ‘Faya’, de Joe Driscoll & Sekou Kouyate.

“Siento que soy un conducto entre diferentes géneros, personas y lugares. Sekou y yo sentimos que nuestra música no tiene límites, y esta música sin fronteras es un mensaje para toda la humanidad. Aunque el árbol tiene muchas ramas (la música, la humanidad), todo viene de una raíz” dice el joven. “Era difícil definir mi estilo antes de conocer a Sekou, y aún más difícil ahora que hemos fusionado nuestros estilos. Una gran cantidad de reggae, una gran influencia del hip-hop, un montón de Folk, pero nuestro estilo se caracteriza sobre todo porque siempre mantenemos el Soul y el Funky” remarca el artista. “Antes me gustaba el término “música popular” porque la definición del diccionario la describe como un cierto tipo de música que se define por cierto pueblo en un determinado tiempo y región. Eso fue lo más cerca que podía llegar a un género. En este mundo moderno de la tecnología,  muchos de nosotros estamos expuestos e influenciados por todo tipo de música, y cada vez es más común ver estilos de música que no encajan en ningún género. Ahora nos llaman ‘World Music’, lo que supongo que significa literalmente músicas del mundo. Y no me importa vivir con ello…” afirma.

Pero ¿de qué hablan las letras de un dueto que no tiene lenguaje común más allá de la música? “Escribimos sobre las cosas que son importantes para nosotros, cosas que creemos e ideas que queremos compartir con la gente”. ¿Y qué hay de la canción Passport, que el equipo de Wiriko quiso utilizar para el vídeo del Vis a Vis 2014? “En nuestra canción Passport, cantamos sobre cómo la música es esa bendición que nos permite viajar por el mundo, pero también de la forma en que los visados ​​y las fronteras pueden hacer que eso sea tan difícil” cuenta Joe. “En la canción Ghetto, cantamos acerca de cómo este mundo está cada vez más lleno de guetos, por que hay muchos vampiros absorbiendo los recursos y la energía de la gente. Creo que los viajes y la música que hemos encontrado nos han inspirado. Simplemente tratamos de escribir sobre lo que sentimos, sobre este mundo y la forma en que lo vemos” subraya.

Joe & Sekou, bien conocidos en algunos de los festivales africanos más punteros como el Sauti Za Busara, creen que es muy importante que se invierta más en este tipo de eventos en el continente pero que también se tiene que invertir en dar a conocer las producciones africanas en el extranjero. “Hay un auge obvio de las economías locales, pero creo que el crecimiento duradero real está en el intercambio cultural. Les dije a algunos amigos occidentales que iba a tocar en África, y se les veía confundido y le pregunté ‘¿Que pasa?’. Realmente me sorprende ver lo poco que algunas personas saben sobre el continente africano, y sin embargo, las rotundas opiniones que tienen al respecto. Cuando enseño fotografías a mis amigos, no pueden creer lo hermosos que son los paisajes y las muchas historias de la amabilidad de la gente. Creo que los medios occidentales han intentado retratar a África de una manera determinada, y todo lo que tenemos que hacer es, en realidad ir a verlo con el fin de destruir todos los estereotipos sobre África y los africanos” sentencia el artista. “Es mi firme creencia de que este tipo de intercambios son de gran importancia tanto para el Occidente como para África en este momento de la historia”.

Y queda patente, viendo la agenda del dueto, que su energía va dirigida a mostrar la riqueza sonora de este encuentro cultural. Tal como confiesa Joe: “Este va a ser el año más ajetreado de toda mi vida. Estamos muy ilusionados por todo lo que nos queda para este 2014. Este verano vamos a estar tocando en diferentes festivales de Italia, Alemania, Reino Unido, Kenya, Canada y Estados Unidos. Va a ser brutal. Y sí! También vamos a venir a España! Tocaremos en el Festival la Mar de Músicas el 26 de Julio y esperamos poder confirmar alguna cita más en la península”.

Así que ya sabéis, si tenéis oportunidad, no dudéis en acercaros a Cartagena este verano. No os vais a arrepentir!