El escritor, Abdulrazak Gurnah

Gurnah y un Paraíso (con muchos matices) aplastado por la colonización

Abdulrazak Gurnah describe con detalle, casi con promiscuidad, escenas a través de la vista, pero también del olfato e incluso de las atmósferas. El escritor nacido en Zanzíbar, que el año pasado recibió el premio Nobel de Literatura, sostiene Paraiso sobre una combinación de recursos básicos, por un lado, el abandono de la infancia que experimenta Yusuf, su protagonista, y por otro la idea del viaje como una experiencia vital, de formación y de crecimiento personal, en este caso jugando con la contradicción entre la idealización de ese viaje y la realidad de unos durisimos encuentros teñidos de dramatismo. La habilidad narrativa de Gurnah le permite transmitir con el mismo vigor los efluvios de los perfumes del gran comerciante Aziz y de sus elegantes trajes vaporosos y la asfixia de la selva, el hedor de las heridas infectadas de los porteadores y las intrigas de los comerciantes y los sultanes locales. El telón de fondo de ese traumático cambio de etapa para Yusuf, coincide con un cambio de etapa, también para su país y para el continente, en general, la extensión de los colonizadores alemanes por el territorio.

 

El escritor, Abdulrazak Gurnah

El escritor, Abdulrazak Gurnah, nacido en Zanzíbar y galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2021. Foto: Cedida por la editorial

Paraíso, fue la cuarta novela de Gurnah escrita en su exilio londinense en 1994, que ya fue publicada por El Aleph en 1997, pero quedó descatalogada. Ahora, tras el galardón recibido por el escritor de Zanzíbar, nos llega una nueva edición de la traducción que Sofía Noguera Medía hizo de Paraíso, publicada por la editorial Salamandra. Este mismo sello ya ha anunciado que la próxima semana saldrá a la venta A orillas del mar, la sexta novela del autor.

El relato que el autor ofrece en Paraíso refleja, en gran parte, la esencia de la obra de Gurnah que el jurado del Nobel concedió “por su conmovedora e inflexible descripción de los efectos del colonialismo en África y de los destinos de los refugiados, en el abismo entre diferentes culturas y continentes”, según reflejaba el dictamen de la academia sueca. En este caso, el azaroso recorrido de Yusuf se va cruzando de diferentes maneras con esa autoridad que se está imponiendo en el continente, primero, más sutilmente a través de comentarios; después de forma más directa en el contacto directo con los soldados europeos, hasta imbricarse definitivamente en un desenlace inesperado. Esa presencia de los europeos aparece como una constante en ese viaje de Yusuf que recuerda mucho a los viajes iniciáticos. Una constante que se extiende a lo largo de la historia como una especie de sombra, una amenaza esbozada que poco a poco se va concretando. En las primeras referencias, destaca la mitología que se ha ido construyendo en torno a esas figuras fascinantes y cómo se extiende toda una visión fantástica, idealizada y magnificada de su existencia.

“¡Hay que ver lo que se cuenta de ellos! La batalla que han librado en el sur, los magníficos sables y las estupendas y precisas armas que fabrican. Nos han contado que pueden comer metal y que tienen poderes sobre la tierra, pero yo no me lo creo. Si pueden comer metal, ¿por qué no iban a poder comernos a nosotros y a toda la tierra? Sus barcos han navegado más allá de todos los mares conocidos y, a veces, son tan grandes como un pueblo”.

A medida que la amenaza se va concretando, la fascinación cede su espacio a las dudas y la incomprensión que se desprende no solo del choque cultural, sino de la actitud con la que esos europeos desembarcan en unas tierras que ya tenían unos equilibrios de poder y unas claras jerarquías sociales.

“-Pero, ¿quién puede decirnos por qué han venido hasta aquí? – replicó Mohamed Abdalla -. Es como si la mismísima tierra se hubiera abierto de repente y los hubiera arrojado fuera. A lo mejor, cuando hayan acabado con nosotros el suelo vuelva a abrirse para succionarlos y llevarlos de regreso a su tierra, al otro lado del mundo”.

Mientras que los colonizadores se instalan como dueños y señores en un espacio en el que consideran salvajes a los habitantes locales y presuponen su falta de organización social y política; el propio relato está introduciendo a quien lo lee en una estructura social profundamente estratificada y en la que abundan los lujos y las frivolidades, pero también la intelectualidad y los placeres más sutiles de la vida.

“A media mañana, una columna de hombres entró en el pueblo. Al mando de los recién llegados iba un europeo que los condujo directamente al claro que había delante de la residencia de Chatu. Montaron de inmediato una amplia tienda de campaña y levantaron un asta de bandera. El europeo, un hombre alto de calvicie incipiente, vestía camisa y pantalones y se abanicaba con un sombrero de ala ancha. Se sentó detrás de una mesa que habían instalado sus hombres y sin más dilación se puso a escribir en un libro”.

El periplo de Yusuf está perlado de paisajes exuberantes, de descubrimientos naturales deslumbrantes y de seductores encuentros humanos. Su recorrido es, entre otras cosas, un conocimiento de un mundo que se abre ante sus ojos todavía (aunque cada vez menos) infantiles e inocentes.

“Una luz violeta de una suavidad increíble, con un tono carmesí procedente de los elevados acantilados y las colinas que formaban las orillas, envolvía el pueblo que se alzaba junto al lago. Al borde del agua había barcas y una hilera de casitas marrones. El lago se extendía en todas direcciones, lo cual hacía que los hombres bajasen la voz con la sensación de que el paisaje se mezclaba con ellos”.

Pero esa expedición vital, que va más allá de su participación en una importante caravana comercial junto al intrigante y misterioso tío Aziz, también es un despertar a la miseria, la crueldad y el infortunio. Esa naturaleza, de una promiscua exuberancia, también es despiadada.

“Viajaron por estrechos senderos, ascendiendo con dificultad a través de una vegetación exuberante. Unas plantas extrañas se abatían sobre ellos dándoles latigazos que les laceraban el rostro y los pies. Nubes de insectos pululaban alrededor de sus cabezas. Cuando se detuvieron para descansar, los insectos aterrizaron sobre ellos en busca de orificios y de carne tierna. Al final de su primer día en Marungu, varios hombres habían enfermado”.

Pero Gurnah incorpora a su narración un elemento que no es demasiado habitual en otras historias ambientadas en los momentos de los primeros contactos de las comunidades locales africanas y los colonizadores. El escritor de Zanzíbar dibuja una sociedad precolonial rica y compleja, marcada por complicadas relaciones de poder, que en realidad la convierten en una sociedad profundamente desigual, discriminatoria y racista. El relato deja claras las relaciones que se establecen entre las comunidades indias, las árabes y las negroafricanas del interior como si se tratase de una rígida pirámide. Los contactos completamente interesados y marcados por el comercio y la búsqueda de riqueza y de poder no esconden el desprecio entre unos y otros que estalla en ocasiones de manera butal.

De hecho el primer trauma de Yusuf se desencadena cuando por motivos desconocidos tiene que abandonar su casa para acompañar a su supuesto tío, Yusuf, un rico comerciante que esconde vergonzosos secretos y que alimenta un halo de misterio que, en realidad, son negocios y conspiraciones de lo más bajos.

“Guardaron silencia por unos minutos. Yusuf tuvo la sensación de que el carrete de su vida rodaba por su mano y dejó que la bobina se soltase sin oponer resistencia. Luego se puso de pie y se alejó. Paralizado por un sentimiento de culpabilidad al haber sido incapaz de mantener fresco el recuerdo de sus padres, permaneció largo rato sentado y en silencio, sumido en sus pensamientos. Se preguntó si sus padres pensarían todavía en él, si seguirían vivos y se dio cuenta de que prefería no saberlo”.

Gurnah no tiene empacho en dibujar las relaciones de sumisión y dependencia entre los diferentes estratos sociales y también algunas relaciones entre las comunidades que acolchadas por la cotidianeidad, aparecen asediadas por los recelos. Tampoco escatima detalles a la hora de mostrar la implicación de los jefes locales en el tráfico de esclavos. Seguramente esa honestidad y esas contradicciones es la que da una especial contundencia a la narración. A estas alturas, habría resultado maniqueo relatar cómo los diabólicos europeos se abalanzaron sobre unas cándidas sociedades africanas. En la historia de Yusuf se proyecta la idea de unos depredadores que se arrojan sobre otros depredadores convertidos en presas y sobre otros que siempre han sido presas e intentan sobrevivir entre los zarpazos de unos y otros. Esos son los matices (importantes) que Gurnah establece a ese Paraíso por el que se pasea Yusuf para despertar a la vida.

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Ciberactivista, periodista y amante de las letras africanas. Co-fundador de Wiriko. Licenciado en Periodismo (UN), postgraduado en Comunicación de los conflictos y de la paz (UAB) y Máster Euroafricano de Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Es coautor del ensayo Redes sociales para el cambio en África (IV Premio de Ensayo Casa África). Sus ámbitos de interés y de estudio son la comunicación, las TIC y la literatura. Responsable de las áreas de Comunicación y de Publicaciones y coordinador de la sección de Letras del Magacín.
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