A puños con la realidad gabonesa

Christ Mickala es el protagonista de Boxing Libreville, la ópera prima de Amédée Pacôme Nkoulou

Christ Mickala está empapado en sudor. Derecha, izquierda, derecha. Otra vez. Uno, dos, tres. Una vez más. Finta y golpe abajo. El joven gabonés entrena sin descanso. El boxeo es su refugio a pesar de que no le da dinero. Es el entusiasmo. “No hay que pegar duro, sólo hay que tener constancia”, le dice su entrenador.

Pero la constancia no da de comer. Christ se dedica a descansar, a ir a entrenar y a guardar la puerta de la discoteca en la que trabaja. Va al mercado, discute con su novia y vive de prestado con su tía. Poco más.

Boxing Libreville es una mirada a la cotidianidad. Amédée Pacôme Nkoulou filma escenas íntimas de un joven soñador y frustrado. El documental recoge las instantáneas de la capital de Gabón a través de este púgil que malvive, al igual que el 30% de la población gabonesa. Pobres en un país de petróleo y magnesio ya que sólo unos pocos acumulan más del 90% de la riqueza del país.

Christ no entiende de porcentajes. Y por no querer, no quiere ni saber. Se tira en el sofá, pero el boletín informativo de la radio lo molesta. Ya están hablando los políticos y la juventud gabonesa tira la toalla.

Es la Libreville del verano de 2016 y se está librando otra pelea. Ali Ben Bongo, hijo del expresidente Omar Bongo, quiere asegurar un segundo mandato. En la otra esquina de este cuadrilátero político está el que fuera jefe de la Comisión de la Unión Africana, Jean Ping.

La gente no quiere hablar de política. La polarización del país se extrema y se tienta la desconfianza. Muchos no quieren votar. Otros tienen otras preocupaciones. ¿Qué carajo importa quién se sienta en la silla si no hay ni agua para lavarse?

De los ocho candidatos a la presidencia, sólo dos caben en un combate que se celebra el 27 de agosto: Bongo y Ping.

Nkoulou filma escenas íntimas de un joven soñador y frustrado en el contexto de las elecciones presidenciales de 2016

“Arde Libreville”, anuncia la radio tras los comicios. Bongo ha ganado con el 49.8% de los votos mientras que Ping consigue un 48,2%, sólo 5.594 papeletas menos. Y ya está montada.

El documental acaba ahí. No recoge las acusaciones de fraude electoral y las reticencias de la comunidad internacional al resultado. Tampoco se observa cómo Ping se declaró ganador para que posteriormente el Tribunal Constitucional ratificase la victoria de Bongo.

El final llega tranquilo, con la realidad pegando hostias y todos en guardia, evitándola. Es difícil reconciliarse con la realidad y quizás las elecciones eran sólo una excusa para empezar de nuevo. Un reto, como aquello de ponerse con la dieta a partir del lunes, y que quedó en nada. La esperanza de cambio se esfumó y Christ sigue pegando derechazos.

Boxing Libreville formó parte de la programación de la 8ª edición del festival de cines africanos y su diáspora de Londres, Film Africa. Esta fue la ocasión para estrenar en el Reino Unido la ópera prima de Nkoulou que se coló entre los nominados al Mejor Documental de los Premios de la Academia de Cine Africana de este año.

Los ancestros que rebuscan en la música tanzana

Miembros del grupo Wahenga, liderada por el músico John Kitime / Foto: Tanzania Heritage Project

El músico John Kitime bucea en los sonidos de “los viejos tiempos” cada domingo. Durante tres horas dirige un programa donde promueve la conservación del estilo retro desde la sede de la emisora EFM en Dar es Salaam.

Son los recuerdos del panorama musical tanzano de los años 60 a los 80 y donde la retahíla de bandas incluían a DDC Mlimani Park Orchestra, Vijana Jazz, Kilimanjaro y Urafiki Jazz. La música de la época era pegadiza y además se usó como herramienta para construir la unidad nacional y la solidaridad panafricana después de años de colonialismo. Es el sonido de unas generaciones que se creían invencibles.

La Tanzania libre bailaba al ritmo de un género conocido como Zilipendwa, y que puede traducirse como “los que fueron amados”. Este swahiili jazz o rumba tanzana parece desaparecido en la actualidad, pero Kitime intenta desmontar este pesimismo a diario.

Es cierto que la nostalgia viene con argumentos. Los salones de bailes cerraron de Dar el Salaam. Otros se demolieron. Muchas grabaciones de aquella época no se han conservado y los músicos tuvieron dificultades para desarrollar sus carreras. La liberación política y económica del país en los 90 empeoró la situación e hizo que los músicos locales tuvieran que enfrentarse a los efectos de la llegada de los medios privados. El pop arrasó en las radiofrecuencias y el gobierno cortó el financiamiento. Desde hace años, la Dar House of Music and Sports se dedica más a encordar raquetas que a vender discos.

Ahora, un documental protagonizado por Kitime revive los recuerdos de una música del pasado que se resiste a morir.

Wahenga, Los Ancestros en español, es el recorrido del músico en su misión por rearmar un grupo que recupere la banda sonora de los primeros años de la independencia. La película, dirigida por Amil Shivji y Rebecca Corey, sigue la rutina de un reencuentro de viejos artistas que vuelven ilusionados a comerse el mundo.

El documental, incluido dentro de la 8ª edición del festival cinematográfico Film Africa, reivindica el Zilipendwa mientras el espectador asiste a los ensayos y a la grabación de un álbum que refleja la persistencia de Kitime para con este proyecto.

La iniciativa cuenta con la ayuda de Tanzania Heritage Project, que fomenta la conservación del patrimonio musical de Tanzania y se ha embarcado en la digitalización de la “edad de oro” de su música. Con Wahenga, tanto banda como documental, se asegura que la tradición no muera en un trabajo que no queda anclado en relamer el pasado.

La banda liderada por Kitime se adapta a otros géneros populares contemporáneos y busca inspirar a las nuevas generaciones. De ahí que se incluyan las colaboraciones de jóvenes como la rapera Chiku Keto.

Wahenga es la reunión de unos amigos enamorados por la música que a pesar de su entusiasmo luchan contra los retos del panorama musical actual. El grupo finalizó en 2015 la grabación de su disco y, tras las falsas esperanzas y varias negativas de distintos sellos discográficos, todavía esperan la oportunidad de que salga al mercado. De momento hay que contentarse con sus directos en Tanzania y algunos temas grabados con el productor Sam Jones que pueden escucharse a continuación.

Sylvia: amor y destrucción llegados desde Nollywood

Richard ha tenido desde pequeño la compañía de Sylvia, su amiga imaginaria

Chico conoce a chica. Chica se enamora de chico. Y el chico le rompe el corazón. Los primeros veinte minutos de Sylvia, la nueva película del director nigeriano Daniel Oriahi, llegan hasta ese momento trágico. Previamente, todo es un cuento bonito de dos jóvenes que se conocen desde la niñez.

La elipsis aligera la adolescencia de Richard y Sylvia, protagonistas inseparables de esta historia. Las escenas dulces se suceden y terminan abruptamente cuando suena el despertador del joven. Son las 6 de la mañana y segundos antes ella le ha entregado un hibisco, detalle clave para conocer la relación de ambos.

Pronto el espectador cae en la cuenta de que Sylvia es sólo un sueño. Es la amiga imaginaria que ha acompañado a Richard desde que tiene memoria.

Lo afable se estropea. ¿Cómo se abandona a alguien irreal e inmaterial?

Con Sylvia, Orahi continúa ensanchando los límites de lo que conocemos de Nollywood. Ya lo demostró con su anterior título, Taxi Driver (Oko Ashewo), y ahora vuelve de la mano del novel productor Ekene Som Mekwunye para realizar una película que aborda la temática de la salud mental.

El festival de cines africanos y su diáspora, Film Africa, ha apostado en su octava edición por buscar nuevas narrativas que ilustren la diversidad de géneros y estilos venidos de Nigeria, la segunda industria cinematográfica del mundo en niveles de producción por detrás de la de la India (Bollywood) y por delante de Hollywood. En Nollywood no todo se reduce a una suma simplista de criterios para dar con la fórmula mágica de la “construcción masiva”.

Para ello, el director ha filmado este thriller psicológico en el que los sueños se tornan en pesadillas cuando Richard decide casarse con su novia, la de carne y hueso. Ahí, Sylvia (Zainab Balogun) decide destruir su vida. El llanto desconsolado de la joven muda en una risa feroz y el pasaje termina con Balogun mirando desafiante a la cámara -¡qué ojos!-. Llega la hora del sofoco.

Sylvia se convierte en sexo, destrucción y violencia. Locura, obsesión y posesión. Y poco puede hacer Richard para mantenerse lejos de una amiga imaginaria que se le aparecerá en la oficina, en el gimnasio y poco a poco trepará por cada pensamiento.

Los sueños de Richard se convierten en su vida. No sabe discernir entre la realidad y la ficción y su amiga, herida, no cesará hasta cumplir su venganza.

Zainab Balogun, protagoniza la cinta nigeriana, Sylvia

Realismo mágico en la ópera prima de Samuel Bazawule

Fotograma de ‘The Burial of Kojo’ del ghanés Samuel Bazawule

La culpa se entierra, pero no se olvida. A Kojo le persigue desde hace siete años cuando su hermano mayor, Kwabena, se casó con la mujer que él amaba. La noche nupcial tornó en tragedia por la muerte de la novia en un accidente de tráfico. Kojo conducía. Kwabena quiere venganza.

Desde entonces siempre sueña lo mismo y no puede desprenderse del recuerdo. Se miente a sí mismo e intenta reducirlo todo a una pesadilla. Kojo calla, huye y emprende una nueva vida.

Pero la culpa siempre trepa por algún resquicio.

The Burial of Kojo, es el debut cinematográfico de Samuel Bazawule. Este rapero ghanés, más conocido como Blitz The Ambassador, fue el encargado de inaugurar la octava edición del festival de cine africano y su diáspora Film Africa.

La cinta es la historia de dos hermanos enfrentados por la misma mujer. La hostilidad viene de hace tiempo y torna en guión de telenovela. Entre medias está Esi, la hija de Kojo, y protagonista de un cuento cargado de realismo mágico.

Tras la desaparición de Kojo, Esi tiene la tarea de encontrarlo. Para ello tendrá que escudriñar sus sueños y poder averiguar los secretos de su padre mientras conoce la venganza que prepara su tío. La pequeña es en la Los hermanos toman distintos roles en una historia que cabalga entre la vida y la muerte.

El guión recuerda a los cuentos de los abuelos, esas historias imposibles donde se desafía al destino. La línea argumental se desarrolla en medio de un juego entre el tiempo y el espacio donde aparecen guiños simbólicos reconocibles para la audiencia: Kojo quiere ser libre (paloma) de un pasado que lo acosa mientras Kwabena augura (cuervo) un trágico final.

Esi es la protagonista del debut cinematográfico de Samuel Bazawule

La ópera prima de Bazawule destila simbología y prosigue un camino que el director ya había explorado en su trilogía de cortos DiasporadicalSin embargo, Bazawule no se olvida del contexto actual de Ghana y la película pone también el foco en la minería ilegal del país y sus implicaciones políticas y sociales.

“El cine no ha sido muy justo con África. Si ves la cantidad de información en el cine y las distintas narrativas se mueven alrededor de muy pocos temas, casi siempre poco favorecedores.  The Burial of Kojo fue una oportunidad de contar una historia mágica lejos de la norma de la guerra y otras cosas traídas por Hollywood. Y también [es una oportunidad] para dar retratos íntimos que no hemos visto en el cine africano”, apuntó Bazawule en una reciente entrevista a BRIC TV.

The Burial of Kojo es la batalla contra la huida permanente. La carga se alivia en la confrontación con el pasado. Sólo así, Kojo será libre.

Film Africa 2018: la celebración londinense de los cines africanos

Fotograma del cortometraje ‘Hair Cut’, de británico-ghanés Koby Adom

Está de vuelta. Como el frío. Film Africa, inicia hoy su octava edición y Wiriko mantiene su apuesta por la cobertura de la celebración más grande en el Reino Unido de cines africanos y su diáspora.

Hasta el próximo domingo 11 de noviembre, el equipo de la Real Sociedad Africana (Royal African Society, en inglés) ha preparado un programa con 39 títulos de 15 países africanos, incluyendo 18 estrenos.

El foco de este año está puesto en Kenia y Nigeria, dos de las industrias cinematográficas más bullentes del continente. Los comisarios han acordado plasmar historias de madurez y primer amor, relatos documentales de comunidades intersexuales y transgénero, thrillers experimentales y psicológicos, etc. para intentar abarcar las distintas narrativas de los jóvenes cineastas que viven y trabajan en África y la diáspora.

The Burial of Kojo de Blitz Bazawule inaugura esta edición. Es el estreno en tierras británicas del rapero y director ghanés con una película que aborda un drama familiar ambientado en el contexto de la industria minera ilegal de su país.

Por otro lado, el festival se despedirá con Kasala! de la directora nigeriana Ema Edosio. En esta ópera prima se presenta la historia de unos jóvenes estafadores de Lagos y que cuenta con referencias al estilo peliculero de Jackie Chan y Chuck Norris y sus patadas voladoras.

El festival también incluye cintas como Rafiki, que fue la primera película keniana en presentarse en el Festival de Cannes, así como la última entrega de Akin Omotoso, A Hotel Called Memory, primera película muda de Nigeria.

La juventud y la rebelión se observan en títulos como Five Fingers For Marseilles mientras que aKashadel director sudanés Hajooj Kuka, explora satíricamente la vida del pueblo y la ideología de los rebeldes Sudán. La migración también cuenta con espacio en el festival gracias a títulos como Deltas, Back to Shores, Lost Warrior, Chateau, y A Season in France.

Film Africa 2018 vuelve en esta edición con el programa de cortometrajes que se disputarán el premio anual Baobab. Además la participación de la audiencia es imprescindible para otorgar el galardón al mejor largometraje que fue a parar el año pasado a Call Me Thief.

“Invitamos a aquellos ansiosos por experimentar, debatir y celebrar la riqueza de historias que los cineastas africanos nos ofrecen en esta fiesta de cine de 10 días. ¡Hay algo para todos!”, dice la subdirectora de la Real Sociedad Africana, Sheila Ruíz.

África y diáspora en corto (II)

Boneshaker

Dir: Frances Bodomo

(2013)

13 minutos

La joven (solo tiene 30 años) cineasta ghanesa Frances Bodomo está elevando a las alturas el nivel de los cortometrajes africanos, tanto en temática como estéticamente. Os traemos hoy, en esta segunda entrega de cortometrajes africanos, su ópera prima en la que retrata la historia de una familia de África Occidental, perdida en América, que viaja a una iglesia evangélica en Luisiana para encontrar una cura a la extraña enfermedad que padece su hija. Boneshaker tiene un brillo resbaladizo y nostálgico con imágenes granulosas y anaranjadas de la vegetación del sur de Estados Unidos; una alegría para la vista. El trabajo tiene un aspecto intimista que representar la espiritualidad a través de una lente honesta. Sin duda, vale la pena buscar en la filmografía de Bodomo mientras de manera ambiciosamente nos continúa acercando historias ricas y fascinantes a la pantalla. Y ojo, no dejéis pasa la oportunidad de investigar sobre su exitoso Afronauts (2014).

 

África y diáspora en corto (I)

Buitenkant (The Outside)

Inauguramos sección de cortometrajes en la que pretendemos acercar miradas del continente y sus diásporas con historias actuales que contribuyan a un mejor entendimiento de las realidades sociales.

Y comenzamos con Buitenkant (The Outside) una joya que evidencia la problemática de las personas  sin hogar en una de las ciudades más turísticas de África. El director William Nicholson lo explica así: “Vivo en una parte de Ciudad del Cabo donde hay un marcado contraste entre las vidas de los profesionales de clase media que viven en bloques de apartamentos y una comunidad de personas sin hogar muy matizada que vive en las calles directamente en los márgenes”.

La actriz sudafricana Rehane Abrahams es la encargada de interpretar a una persona sin hogar. Y durante 11 minutos el espectador será testigo de su viaje mientras lucha contra las dificultades de no tener un lugar al que llamar casa y de los comportamientos fisiológicos, emocionales y territoriales a los que se enfrentan muchas personas que viven en su misma situación. Pero hay un giro. En un golpe de suerte, encuentra un juego de llaves de un apartamento, un descubrimiento que le otorgará la oportunidad de escapar de su dura realidad, aunque solo sea por un momento. Al principio, hace lo que se podría esperar de alguien en su posición y saquea el lugar, buscando comida, ropa y otros artículos para robar. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, su golpe de suerte trae consigo su propio conjunto de desafíos y confusión. En resumidas cuentas, Buitenkant detalla un día en la vida de una mujer sin hogar que se encuentra sola y dentro del piso privado de un completo desconocido.

¡Buen visionado!

Animación africana: la búsqueda de experiencia, perfección y reconocimiento

*Marie Laurentine Bayala

Personajes realizados por la Asociación de Cine de Animación de Burkinabé (ABCA).

Las aventuras de Tom Sawyer, Las tortugas Ninja, Clémentine Alicia en el país de las maravillas son algunas de las caricaturas que han acompañado a generaciones de niños y niñas africanos desde la irrupción de la televisión a finales de la década de 1950. Hoy, por ejemplo, Las aventuras de Tintín se pueden ver en la televisión nacional de Burkina Faso. Es decir, los caminos para desarrollar películas de animación en el continente son prácticamente inexistentes y los proyectos de películas están, en su mayoría, respaldados por Europa, Estados Unidos y Asia.

Dada la escasez que caracteriza a este género, un grupo de jóvenes decidió unirse en 2009 para dar forma a sus historias creando la Asociación de Cine de Animación de Burkinabé (ABCA). La ABCA forma a sus miembros en materia de animación y transmite su pasión por el dibujo a los jóvenes de la capital y otras regiones del país. Recientemente, treinta personas de Koudougou, Bobo-Dioulasso y Dédougou realizaron un proyecto de animación bajo los auspicios de la asociación y en un mes consiguieron realizar una película. Esto quiere decir que una generación de cineastas se encuentra en el proceso de redefinir el futuro de este género gracias a su determinación por realizar películas a pesar del contexto desfavorable en el que se desarrollan. “Los talentos emergentes se encuentran principalmente en Sudáfrica, Nigeria, Marruecos, Costa de Marfil, Burkina Faso y Senegal.

No hay capacitación para desarrolladores. Solo hay talleres breves que introducen a los participantes en técnicas de animación y programas específicos como TV Paint, Adobe Photoshop, Adobe Flash, Toon Boom 3D S-Max y Maya”, explica Claver Yaméogo, director burkinabé de cine de animación con sede en Tokio, Japón. Después de sus estudios de animación en Francia, pasó nueve meses haciendo el primer episodio de Soamba. Actualmente se encuentra inmerso en una película de animación sobre la Princesa Yennenga.

¿Cómo, entonces, alimentar la imaginación de los niños pequeños mientras se les presenta la diversidad cultural de África, garantizando así la preservación de la identidad cultural del continente? Para Serge Dimitri Pitroipa, la animación puede jugar un papel clave. Él sugiere modernizar las historias para hacerlas más cautivadoras. “Tenemos muchas historias que, si se cuentan tal cual, no interesan a los niños. Por ejemplo, el Manga: se han modernizado. La animación podría ofrecer nuevas perspectivas a muchas historias. Desafortunadamente, los niños gastan su tiempo viendo canales extranjeros cuando tenemos nuestras propias historias para vender y mostrar. Y con este enfoque en mente diseñamos Afro Game. Los decorados son futuristas. De hecho, puedes observar que la esencia de la historia es la misma, sin embargo, el envoltorio ha cambiado”, subraya Pitroipa. Afro Game es una película de animación que Pitroipa y sus colegas realizaron después de una formación en Dinamarca.

Las películas de acción a menudo recurren a la animación, ya sea para efectos especiales, o para agregar nuevas escenas a narrativas ficticias. Las ilustraciones pueden reforzar la trama, o incluso conservar la historia cuando no es posible acceder a una configuración determinada. En este sentido, Pitroipa y debido a la imposibilidad de grabar o fotografiar el desarrollo de la ceremonia de despedida del jefe Mossi, ha recurrido al recurso de la animación para su recreación. “La animación es un soporte en las películas de ciencia ficción porque a través de ella es posible contarlo todo. Algo que no ocurre en el caso de la ficción o el documental”, señala Claver Yaméogo, quien considera que la animación africana aún no está lista para beneficiarse de oportunidades de colaboración o financiación internacional.

La animación es una forma de arte en equipo en la que necesitas, además de mucho tiempo y dinero, diversas especialidades como guiones gráficos, composición, coloración, animación, etc. “El acceso a la financiación es difícil. En Burkina Faso, las personas aún no están listas para financiar una película que solo verán dentro de unos dos años. De vez en cuando, el Ministerio nos respalda”, agrega Pitroipa. A pesar de su determinación de impulsar el cine de animación, algunos miembros de la ABCA han abandonado la aventura ya que es difícil ganarse la vida en esta industria. La animación africana todavía necesita experiencia, perfección y reconocimiento. Y para que eso suceda, Claver Yaméogo está convencido de que los Estados deben involucrarse y crear escuelas de cine de animación que ofrezcan oportunidades de producción y trabajo.

*Marie Laurentine Bayala es periodista de Burkina Faso

Traducido por Sebastián Ruiz-Cabrera

‘Our Africa’: oda a la utopía soviética

* Artículo publicado en el blog de África no es un país, de el diario El País

Juguemos al reverso de la historia. Década de 1960. La URSS inicia sus programas de ayuda humanitaria basados en la ideología marxista en varios países africanos que acaban de independizarse. Un contexto tapizado de gloria, banderas rojas y estrellas amarillas. Pero ahora vayamos al plano audiovisual. ¿Llegó esta imagen al continente africano? Parece que sí y así lo demuestra el documental Our Africa (2018), del director ruso Alexander Markov, un trabajo de arqueología histórica en el que vuelven a la vida las imágenes de los cineastas soviéticos que fueron contratados para documentar los lazos entre Rusia y África desde 1957 a 1992. Unos viajes cinematográficos que generaron una plétora de instantáneas que varias décadas más tarde continúan siendo un documento histórico que desconcierta, fascina y también revela.

El film abre con una escena en blanco y negro en la que se aprecia cómo un escultor remata una estatua gigante de Lenin. Había llegado la hora de exportar. A continuación, se observa un noticiario de la época –de corte propagandístico– con el mapa de África dibujado, los nombres de los países en cirílico, y una voz en off que explica en ruso que “en la 15ª Asamblea General de Naciones Unidas, 16 países africanos entran por primera vez a formar parte de esta familia”. Unas imágenes de archivo que enseñan cómo una comitiva de representantes del continente africano entra en el auditorio ovacionada por una audiencia diplomática –y blanca– entregada.

Acto seguido aparece Nikita Khrushchev, líder de la Unión Soviética desde 1955 hasta 1964, sucesor de Joseph Stalin. Viste un traje de chaqueta oscuro y alterna dos movimientos: el del dedo índice que zigzaguea el viento de la sala subrayando la lucha contra el capitalismo y el del puño cerrado que irrumpe con golpes secos en el atril. Y este extracto: “No vivimos en la Tierra por la gracia de Dios o por la vuestra [el capitalismo] sino por la inteligencia del gran pueblo soviético y de todas las naciones que luchan por su independencia. No podéis ahogar la voz de un pueblo, la voz de una verdad que resuena y lo seguirá haciendo. La esclavitud colonial ha muerto y lo seguirá haciendo. ¡Abajo con ella!”.

La algarabía de las imágenes de los años de las independencias africanas es contagiosa. Un anhelado sueño que es filmado por diferentes artistas y que, más allá del componente ideológico, aglutina elevadas dosis de puro cine. Se aprecian avenidas engalanadas en Senegal, Tanzania, Togo, Burkina Faso o Congo y multitudes de africanos que sostienen carteles de bienvenida a los dirigentes rusos que iniciaban giras diplomáticas por el continente, pero también a un ejército civil que bajo el paraguas de la cooperación cultural, técnica y científica fueron enviados a África en barco. Como subraya Josephine Woll, para la URSS la transición del zarismo al comunismo fue similar al cambio en África del colonialismo a la independencia.

Para seguir leyendo el artículo puedes visitar el blog de África no es un país.

 

Ouaga Girls: el motor de Burkina Faso

*Artículo original publicado en el blog de El PaísÁfrica no es un país.

Hay muchas formas de mostrar las calles aterciopeladas de humo de motocicleta en Uagadugú, la capital de Burkina Faso. Pero la que eligió la realizadora nacida en Suecia y criada en el país africano Theresa Traore Dahlberg podría ser perfectamente la de alguna reconocida marca de coches. Cámara lenta, cuerpos esbeltos, vestuario que golpea desacompasadamente la paleta de colores, un cielo gris pastel, y la guinda: una cuidada banda sonora de afrofunk por Richard Seydou Traoré. Sí. Los primeros dos minutos del documental Ouaga Girls simbolizan lo que en Wiriko ponemos tantas veces de manifiesto: que las sociedades africanas están en movimiento y son creativas. Y su directora lo grita a los cuatro vientos mostrando una visión transversal de la vida de varias jóvenes que se enfrentan a la inevitable y difícil transición universal de la adolescencia a la vida adulta en este país de África occidental.

La película se desarrolla en Burkina Faso (La tierra de los hombres íntegros) justo después de la caída del régimen de Blasie Campoaré, tras 27 años en el poder. Un contexto social y político que se desvela sutilmente a través de conversaciones de radio, vallas publicitarias, conversaciones telefónicas y otros momentos transitorios. Ellas sienten la brisa de la renovación en el país, pero para las mujeres no hay entusiasmo en las elecciones gubernamentales de finales de 2014. La vida continúa para las chicas con una silenciosa resignación que en esencia no cambiará nada. Es más, a pesar de que la escuela de Formación Profesional fue establecida como parte del proyecto de desarrollo social implementado por Thomas Sankara, ellas no tienen ningún tipo de confianza en el nuevo Gobierno que salga de los comicios. Una agridulce sensación (el 52% de los jóvenes están desempleados) que se adereza con las imágenes de un concierto del activista y cantante Smokey; la música como válvula de escape. Y el puño en alto.

Llama la atención que esta historia se desarrolla entre martillos, llaves inglesas y motores oxidados. Pero este documental de 83 minutos –y presentado recientemente en el DOCS Barcelona– va más allá de un trabajo sobre los roles tradicionales, más bien muestra a un grupo de chicas que se encuentra en su último año en una escuela de Formación Profesional esperando salir al mercado laboral en un sector ampliamente reservado a los hombres.

– Papá, aunque soy chica, me quiero dedicar a la mecánica de coches, aquí, en Burkina Faso.

Una barrera de género que no las disuadirá en su empeño por acabar los estudios, aunque para ello tengan que hacer malabares para sobrevivir en sus sombrías situaciones económicas. He aquí un trabajo fílmico que enfatiza la libertad de las protagonistas, incluso en medio de la incertidumbre.

Para leer el artículo completo, puedes hacerlo en la página de África no es un país.

Keteke, humor y sarcasmo en la Ghana post independencia

En 2015, la exministra de Turismo, Cultura y Artes Creativas de Ghana, Elizabeth Ofosu-Adjare, solicitó a las aerolíneas internacionales que incluyeran películas ghanesas a bordo de sus vuelos a Accra, la capital. La misiva sonaba bien, pero se quedó en suspense. Dos años después, la película Keteke (2017), dirigida por Peter Sedufia, se postula como un éxito viral no solo para el país que en 2017 celebraba el 60 aniversario de la independencia de Inglaterra, sino en los diversos festivales en los que está siendo seleccionada.

El título del trabajo de Sedufia alude al medio de transporte, que se convierte en un elemento indispensable para el guion: en Keteke se cuenta la historia de una pareja que pretende marchar a la ciudad para dar a luz, pero llegan tarde para coger el tren. Lo pierden. Una decisión equivocada los abandona en el medio de la nada. Así que, ¿llegarán a tiempo a la urbe para el parto o se arriesgarán a tener al bebé en el pueblo más cercano? En realidad es también un guiño histórico del joven realizador al servicio ferroviario de los años 80 en Ghana, cuando el ferrocarril era el único medio de transporte en las zonas rurales.

Otro de los regalos en la película, además de la hermosa fotografía, es el tema principal de la banda sonora, interpretada por el también ghanés Worlasi, y que ofrece una buena mezcla de estilos tradicionales, como el Palm Wine, y otros contemporáneos con presencia evidente de sonidos electrónicos. Una vez más, el cine funciona como correa de transmisión cultural. Keteke retrocede en el tiempo para explicar una historia que tocaría aspectos importantes de la sociedad: cómo son las relaciones humanas, las tradiciones, la magia “negra” y las infraestructuras ghanesas mediante el uso del humor y el sarcasmo.

Luc Bendza: El africano chino que quería volar

El pasado viernes se estrenaba en la Filmoteca de Catalunya, durante el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB), The African Who Wanted to Fly (El africano que quería volar), un documental que dejó a más de uno con la boca abierta. Se trata de la historia de Luc Bendza, un gabonés que supo de muy pequeño qué quería ser de mayor gracias a las películas chinas de artes marciales. Sí, has leído bien. De hecho, el objetivo era seguir los pasos de sus ídolos Bruce Lee y Jackie Chan para alcanzar su meta: aprender a volar.

Fragmento de la película El africano que quería volar, de Samantha Biffot.

El documental, de la también gabonesa Samantha Biffot, tiene varios puntos interesantes: el de la diáspora africana en China; el de mostrar otra cara del gigante asiático en África alejada de los estereotipos; el de introducir al espectador en el arte marcial wushu; y, quizás, en tener la capacidad de seducir al espectador sobre un género fílmico, el de la lucha, que en Occidente no tiene mucho reconocimiento. Sin embargo, y como explicó el realizador alemán Wener Herzog: “Toda la filmografía de Godard es un timo comparada con una buena peli de kung fu”.

Hijo de altos funcionarios, Bendza nació en 1969 en la tranquila provincia gabonesa de Ogougue-lolo, en el centro del país. No sería hasta la edad de 11 años que este joven intrépido quedó hipnotizado con las películas de artes marciales, aunque el paso definitivo para viajar –con fuertes resistencias familiares, en particular de su madre– lo daría con 15 años. Entonces sí que desafió la gravedad. Un negro en China era un reto identitario más duro que cualquiera de los entrenamientos a los que se vería sometido. El propio Luc explica en un fragmento del documental que fue a una exhibición en una zona rural y que cuando lo vieron aparecer, todo el pueblo salió corriendo… Huyeron. Lo cuenta entre risas, pero no deja de visibilizar el desconocimiento que existe sobre el continente africano en otras regiones del mundo.

El gabonés Luc Bendza.

Sus éxitos comienzan en 1990. Gracias al entrenamiento junto al maestro Wang Huafeng, Luc consigue ganar la medalla de oro en un campeonato de Miao Dao, una técnica en la que mediante acrobacias tiene que soportar un sable de 1,5 metros. ¿La curiosidad? Que en aquel entonces solo cinco personas dominaban esta práctica en China. Pero este solo fue el primero de una larga lista de vistorias para Luc. Dos años más tarde participaría en un campeonato donde atrajo la atención del representante de uno de sus ídolos: Bruce Lee. Impresionado por la actuación del joven africano, le ofreció un papel en una película de artes marciales… Un sueño para el gabonés que aceptó sin dudarlo. Aunque este film nunca llegaría a ver la luz, le permitió hacer sus pinitos en algunas producciones como Dragon from Shaolin (1996), Warriors Of Virtue (1997) o Extreme Challenge (2001). Por cierto, el 20 de julio se cumplirán 45 años de la muerte de Bruce Lee (falleció a los 32 años) que, aunque parezca mentira, solo terminó cuatro películas, según detalla Iván E. Fernández Fojón en su libro Bruceploitation. Los clones de Bruce Lee (Appleheadteam).

El trabajo de Samantha Biffot lleva al cine una historia inspiradora. Pero el día a día en la vida de Luc Bendza continúa a caballo entre Pekín y Libreville haciendo de embajador africano en Asia y de maestro experimentado en su tierra en la que se encuentra luchando por la última de sus batallas: el reconocimiento de los suyos. Sin embargo, The African Who Wanted to Fly es más que el viaje personal de Bendza. Más bien captura a la perfección la cultura del cine popular en muchas partes de África de mediados de los años ochenta y principios de los noventa. La aspiración de Bendza ha sido ampliamente compartida por muchos jóvenes que soñaban con convertirse algún día en Bruce Lee y otros maestros del arte marcial. Un trabajo que proyecta por lo tanto cómo podría haber sido el sueño de muchos jóvenes si hubieran hecho su viaje.