“This is Congo”, una llamada a la acción

Entrenamiento de los soldados del Batallón 42 de las Fuerzas Armadas congoleñas.

La República Democrática de Congo (RDC) es un paraíso. Y una miseria. Dos realidades que conviven en una tierra dispuesta a los intereses occidentales y donde los conflictos armados se alargan ya más de dos décadas. A pesar de su riqueza natural, el país sigue estancado en la clasificación de las naciones más pobres del mundo en Índice de Desarrollo Humano según el informe de las Naciones Unidas en 2016. 

La comunidad internacional apunta los nombres de las nuevas guerrillas y se pone la corbata para dar la bienvenida a las multinacionales que se unen a la cola para conseguir diamantes, oro, coltán, uranio, cobalto o uranio. Mientras, sigue siendo testigo de cómo Joseph Kabila, el presidente, continúa en su puesto a pesar de que su mandato expiró a finales de 2016.

El documental This is Congo del director norteamericano Daniel McCabe intenta poner en perspectiva la situación política, económica y social del país a través de cuatro personajes: un alto rango militar encubierto, un coronel de las fuerzas armadas, una comerciante ilegal de minerales y un modisto. Cuatro puntos de vista para entender las realidades de una nación en el momento en el que el grupo rebelde M23 dominaba los titulares. La cinta, incluída en la pasada edición del Festival de Cine de Human Rights Watch de Londresy al que Wiriko tuvo la oportunidad de asistir, muestra el trabajo McCabe que pasó casi un año empotrado con las fuerzas armadas congoleñas en las inmediaciones de la ciudad de Goma. “Quería que se viese lo que se vive allí. Es complicado señalar una cuestión en concreto ya que existen muchos factores que crean una niebla que dificulta ver lo que ocurre”, explica el director.

La guerra trae héroes. El coronel Mamadou Ndala, que lidera el Batallón 42 de las Fuerzas Armadas, es quizás el protagonista de este documental coral. Ndala cautiva a la audiencia con su personalidad. Su sentido del humor no riñe con la estricta preparación que exige a su batallón que recupera el control de Goma e inicia el desmantelamiento del M23. McCabe mantiene una estrecha relación con Ndala y lo acompaña junto a sus soldados al frente. El resultado es un conjunto de imágenes que impresionan por su contundencia. Es la guerra sin edulcorantes. “No tenía ni idea que iba a ser duro”, reconoce McCabe.

La guerra trae desplazamientos. Hakiza Nyantaba huye de su aldea con la llegada de los rebeldes. Asentado en un campo de desplazados, este modista representa otra de las caras de la inestable situación en la región de Kivu Norte. “Ha vivido seis guerras y siempre va conmigo porque provee aceite, harina y jabón para mis hijos”, dice Nyantaba señalando a su máquina de coser. El alzamiento del M23 en la zona dejó miles de desplazados que volvían a engrosar las listas de ACNUR y otras instituciones que operan en la zona. Siempre pagan los mismos.

La guerra trae confusión. Y entre las fisuras los hay que encuentran la manera de sobrevivir. Bibianne, más conocida como Mama Romance, se gana la vida exportando minerales ilegalmente. Mercadea desde Goma, punto estratégico de esta venta, y corre riesgos para hacer que su producto llegue a capitales como Nairobi. La película nos deja escenas entrañables de una señora que se aferra a lo que no tiene para salir adelante. “El hambre te enseña a comer. Tomo riesgos porque yo ya estoy muerta y no quiero enterrar a mis hijos”, reconoce.

La guerra trae beneficiarios y muchos de ellos están en Kinshasa. RDC lleva más de dos décadas sumida en el caos. Difícil es seguir el ritmo a los nuevos grupos armados que se levantan contra la lejana capital del país. Kasongo, nombre ficticio, aporta una perspectiva histórica, la verdad oculta de la crisis. Este alto rango militar de las fuerzas nacionales, que mantiene el anonimato por razones de seguridad, apunta a la incompetencia de un gobierno corrupto para resolver la situación. O quizás no interese atacar los problemas ya que la guerra distrae y los focos apuntan a otros. Kasongo confirma además la desorganización del ejército y cómo el gabinete negocia la reinserción de los insurgentes en las tropas nacionales. Esta fuente amplía las miras y posa las causas de esta continuada crisis en la colonización belga, la Guerra Fría y el apoyo estadounidense al golpe de estado de Mobutu Sese Seko. “Mobutu echó a los inversores y puso a sus amigos a dirigir las empresas. Todo se paró”, dice Kasongo.

Fotograma del documental This Is Congo.

Las palabras de este militar recuerdan a las del director británico Orlando von Einsiedel quien dirigió Virunga, el documental homónimo sobre el parque nacional al este de RDC. “Vimos en el parque un reflejo de lo que lleva ocurriendo en el Congo durante más de cien años: intereses foráneos vienen al país y toman sus materias primas dejando desamparados a la población”, comentó a Wiriko en 2015.  

This Is Congo es un intento honesto de explicar lo que ocurre en este país ubicado en el centro del continente. Una llamada a la acción para que la comunidad internacional promueva soluciones en un lugar olvidado.

El surrealismo mágico de las hechiceras africanas

Agosto de 1612. Valle de Pendle (Pendle Hille), en el condado de Lancashire, Inglaterra. Hacía calor y la gente se agolpaba en el que se ha considerado como uno de los juicios de brujas más famosos de la época. Alizon Device, una niña de 11 años, fue ahorcada, junto con otras nueve personas, después de admitir que era una hechicera que a menudo se encontraba con el demonio en compañía de su abuela de 80 años. A ella también la ahorcaron sin importar cuántas canas lucía. Y la literatura ha hecho correr tinta desde entonces.

Sí, es una película, pero estos espacios abocados al exotismo por la desprotección de los gobiernos existen en la realidad. La directora pasó más de un mes en uno de ellos en Ghana para documentar un guion que combina la denuncia social y la sátira y que continúa cosechando éxitos después del debut en el festival de Cannes de 2017, por cierto, la primera película zambiana que se ha presentado en el festival francés. El último de los galardones llegaba hace unas semanas con el BAFTA, los premios de cine que concede la Academia británica al debut como mejor dirección.

Este artículo ha sido publicado originariamente en el blog África no es un país, de El País. Para seguir leyéndolo puedes visitar este sitio.

Nace el Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona

Tras meses de trabajo conjunto, Wiriko, Africaye y el Centre d’Estudis Africans i Interculturals de Barcelona –bajo el paraguas de CinemÀfriques–, dan luz a un nuevo y ambicioso proyecto que pretende situar Barcelona como una cita global ineludible para los amantes del celuloide africano: el Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona (FICAB).

En pocas semanas, el cosmopolita y multicultural barrio del Raval de Barcelona se convertirá en un enclave para la cultura africana exhalando cines del continente y de su diáspora en el corazón de la ciudad condal. Del 22 al 25 de mayo de 2018 –y en motivo del Día de Áfricael Festival arranca con el ciclo «Diáspora e Identidad», dedicado al cineasta franco burkinés Cédric Ido en la Filmoteca de Catalunya. A pesar de que oficialmente, el FICAB tiene previsto celebrar su primera edición en mayo de 2019, este ciclo quiere servir para movilizar a los amantes del séptimo arte de la ciudad con vistas al FICAB 2019.

Cartel del ciclo «Diáspora e Identidad», organizado por el FICAB, que se celebrará del 22 al 25 de mayo en la Filmoteca de Catalunya.

Para ello, y durante cuatro días, se proyectarán 4 largometrajes – La Vie de Château, de Cédric Ido (2017), High Fantasy, de Jenna Bass (2017), The African Who Wanted to Fly, de Samantha Biffot (2017) y Miracle at St. Anna, de Spike Lee (2008)– y 2 cortometrajes de Cédric Ido –Twaaga (2013) y Hasaka Ya Suda (2010)–. La programación se complementará con la presencia del director Cédric Ido quien, además, ofrecerá una Master Class en el auditorio de la Blanquerna el viernes 25 de mayo. 

Con el ciclo «Diáspora e Identidad», el FICAB se postula como un nuevo y esperado escenario con el objetivo de mostrar la diversidad y creatividad del continente africano narradas a través del lenguaje cinematográfico. Con vocación de convertirse en un referente necesario dentro del abanico de festivales de cine africano internacionales, quiere servir de herramienta para la revisión del imaginario estereotipado sobre el continente y sus sociedades en una ciudad como Barcelona, con una gran presencia de población africana. Así, se pretende: abrir una ventana a las producciones de mayor calidad que se produzcan en la rica y nutrida industria cinematográfica africana; permitir y facilitar la reflexión y el debate; poner al continente africano en valor y visibilizar las artes y culturas africanas.

Cédric Ido será el invitado especial para el ciclo de mayo de 2018 que el FICAB celebrará en la Filmoteca de Catalunya. Además, el franco-burkinés también ofrecerá una master class en el auditorio de la Blanquerna en el barrio del Raval.

Siguiendo la estela del consolidado Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT), con la nostalgia de lo que un día fue la Mostra de Cinema Africà de Barcelona y bebiendo de grandes festivales africanos como el FESPACO (Uagadugú, Burkina Faso), el DIFF (Durban, Sudáfrica) o el de Cartago (Cartago, Túnez), este nuevo espacio cuenta con el rigor y el apoyo de la academia tanto como de instituciones europeas y africanas. En este sentido, las alianzas con Casa África, Oxfam-Intermón o la organización belga Africalia, adquieren un papel fundamental para la construcción de puentes que permitan que Barcelona se convierta en una cita anual para el celuloide africano, comenzando con el ciclo que arrancará entre el 22 y el 25 de mayo de 2018.

En diciembre de 2018 tendrá lugar un nuevo ciclo que, junto con el que se celebrará en mayo, quiere cohesionar un tejido necesario para la cita con el primer Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona, que tendrá lugar en mayo de 2019.

Barcelona se baña de cines africanos en el mes de la mujer

Desde 1957, el declarado Año Internacional por la Liberación de la Mujer por la Organización de las Naciones Unidas, la ciudad condal, junto a otros puntos del estado, sigue cumpliendo años del movimiento feminista. Una lucha que, teniendo en cuenta que la primera independencia africana fue el 6 de Marzo de 1957, empezó silenciando a un perfil de mujer racializada. Es por ello que, con el fin de acercar un feminismo interseccional a la perspectiva feminista dominante en la esfera barcelonesa, nace el Cicle de Cinema Africà i Dona (CCAD), organizado por la Asociación Cultural Africadoolu en colaboración con el ICUB y los Centros Cívicos barceloneses. Una muestra protagonizada por mujeres africanas que se pasea por el formato audiovisual, plástico y escénico.

Cartel del Cicle de Cinema Africà i Dona (CCAD) 2018. Fuente: Associació Cultural Africadoolu.

Rocío Naranjo, presidenta de Africadoolu, explica que esta propuesta, que tendrá lugar entre el 8 y el 29 de marzo, se enmarca en la capital catalana puesto que además de ser el centro neurálgico donde se desarrollan las actividades culturales de la asociación “es una ciudad que cumple las condiciones de núcleo cosmopolita y además es una urbe que se presta para el arte, convirtiéndose en un referente cultural internacional”. Así, con estas características del territorio y la reducida visibilidad de las producciones audiovisuales africanas, la asociación cultural considera los equipamientos públicos de Barcelona como el portal idóneo para dar a conocer las historias de mujeres africanas que aportan una visión sobre África diferente a la que ofrecen de forma indiscriminada los medios de comunicación”.

Es por ello que presentaron la idea a los centros cívicos de la ciudad, cuya acogida comentan que ha sido muy positiva gracias a la lucha de grupos comprometidos con la visibilización plural y en positivo del continente africano. “La recepción del ciclo también ha sido buena este año por estar en el decenio de la afrodescendencia, aunque también ha contribuido la labor de plataformas que trabajan para dar visibilidad a las culturas africanas y los centros de estudio que han empezado a destapar la historia en relación con el continente africano que en España siempre se negó. Por todo ello hay un interés manifiesto”, recuerda Naranjo. De este modo, nos comenta que el programa final ha superado la expectativa inicial puesto que se ha podido ampliar la programación tanto a nivel fílmico como de actividades paralelas.

Asimismo, y aprovechando la tendencia, hubiera sido un sinsentido que durante el mes dedicado a la mujer en Barcelona, se olvidasen a referentes y personajes racializadas que también forman parte del engranaje cultural de la ciudad. Es así como en el CCAD, además de presentar largometrajes subtitulados al castellano como L’arbre sans fruit (Aïcha Macky, Niger/Francia, 2016), Maman Colonelle (Dieudo Hamadi, RDC/Francia, 2017), Félicité (Alain Gomis, Senegal/Líbano/Francia/Bélgica/Alemania, 2017), Mama Africa (Mika Kaurismäki, Sudáfrica/Finlandia/Alemania, 2011) o Imani (Caroline Kamya, Uganda/Suecia, 2010), cuentan con colaboradoras de la escena artística barcelonesa como la artista plástica Marie Ngom, las bailarinas Chantal Thaou Thiete y Marie Mbengue, la selectora Sarah Ardite, así como la cocinera Kady Jattah, una de las últimas incorporaciones.

Maman Colonelle es una de las películas programadas en el CCAD 2018 Fuente: Associació Cultural Africadoolu.

Todas ellas, participan activamente y forman parte de un ciclo que cumple a la vez un objetivo sociocultural. Como explica la presidenta de Africadoolu: “Nos interesa especialmente visibilizar el trabajo consciente que han estado y están liderados por mujeres africanas que luchan para romper tabúes dentro de sus sociedades y denuncian escenarios de opresión patriarcal, de desigualdad e injusticia social. Ellas combaten en primera persona, sin el yugo ni el asistencialismo que se impone desde occidente”.

De esta manera, además de las proyecciones cinematográficas, se han programado incluso debates participativos con la colaboración de las artistas afincadas en Barcelona, para que además de gozar de la expresión artística de los largometrajes, también pueda transmitirse a los espectadores y espectadoras, un aprendizaje y reflexión crítica. “Crear debates participativos posteriores con mujeres africanas es un instrumento que aportará a la temática del ciclo la mirada de ‘ellas’, las protagonistas, ya que la voz será directa: sin interpretaciones ni filtros”, como apunta Rocío. Igualmente, en relación a la idoneidad de las colaboradoras, nos comenta que “Las mujeres que nos acompañarán en los debates conocen muy bien la realidad de la que hablan las películas, pues todas han crecido o vivido en diferentes países africanos y están vinculadas con las artes, como la música, la danza o la pintura. Por ello consideramos que su aportación es esencial para el desarrollo y cierre de cada proyección del ciclo”.

Marie Ngom, artista plástica colaboradora del CCAD 2018. Fuente: Associació Cultural Africadoolu.

No obstante, las artistas, que a pesar de tener una intensa función en los debates posteriores a las proyecciones, gozan incluso de un espacio de expresión durante las sesiones ya que desde la asociación Africadoolu, entendemos África como un continente plural, tanto por la riqueza y diversidad cultural como por sus manifestaciones artísticas, así que las actividades paralelas se plantean como un viaje a través de los sentidos, donde ver, escuchar, oler y saborear las manifestaciones artísticas y culturales del continente”, resalta la presidenta de la asociación cultural.

De esta suerte, los y las componentes de Africadoolu, nos invitan a acercarnos a los Centros Cívicos de Barcelona (Ateneu Fort Pienc, Barceloneta, Sagrada Familia, Pati Llimona y Cotxeres-Borrell) para poder conocer e impregnarnos de ese viaje sensorial que arrancaba el día 1 de Marzo con al exposición plástica Jigeen Dey… Jigeen Duu… de la artista Marie Ngom, en el Centre Cívic Ateneu Fort Pienc. Para las demás citas, en la programación podréis conocer los acontecimientos del mes. La próxima cita que será este jueves 8 de Marzo a las 19.00h. con la música de Mandé Africa, la proyección L’arbre sans fruit y el debate con Marie Ngom.


Este ciclo no habría sido posible sin la colaboración del proyecto Cinenómada, una iniciativa impulsado por el Festival de Cine Africano de Tarifa que este año cumple su 15ª edición.

La urgencia de celebrar las cineastas africanas

*Charles Ayetan, desde Lomé (Togo)

El paisaje de la cinematografía africana ha estado esencialmente compuesto por hombres y “rociado de algunas raras figuras femeninas”(1). Entre las pioneras se encuentran la egipcia Aziza Amir, cuyo verdadero nombre era Mofeeda Mahmoud Ghoneim (1901-1952) que dirigió la película Laila (Egipto, 1927), la camerunesa Thérèse Sita-Bella (1933-2006), y la senegalesa Safi Faye que realizó en 1975, Lettre paysanne (Kaddu Beykat), el primer largometraje de una africana negra. Su película Mossane fue seleccionada en el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Ouagadougou (Fespaco) en 1997.

Safi Faye fue la primera mujer en realizar una película en África al sur del Sahara con el cortometraje «La passante», realizado en 1972.

La senegalesa Safi Faye fue la primera mujer africana en realizar una película en África al sur del Sahara con el cortometraje La passante, filmado en 1972.

Después de estos primeros años, podemos mencionar otros nombres como los de la argelina Djamila Sahraoui, quien ganó el Etalon de plata en el Fespaco de 2013 con su largometraje Yema; la cineasta togolesa Anne-Laure Folly, quien ha dirigido una veintena de documentales sociopolíticos, incluido Les Oubliés, en el que aborda la guerra de los 30 años en Angola a través de los ojos de las mujeres (2); la congolesa Monique Mbeka Phoba quien ha realizado una docena de documentales y una ficción, destacando Entre la coupe et l’élection (3), de 2007, y el cortometraje Sœur Oyo (2014) un trabajo que relata la vida de los estudiantes en un internado católico. Actualmente, la joven generación de mujeres cineastas del continente manifiestan su determinación para hacer su carrera en el séptimo arte, especialmente en las las escuelas de cine.

 

Actrices con talento

Aunque en general muchas de ellas aún no tienen una gran reputación como las estrellas de los circuitos occidentales (4), las actrices africanas no carecen de talento. De hecho, en los últimos años han destacado los premios en FESPACO de Samia Meziane, por su papel en Voyage à Alger (2011), de Abdelkrim Bahloul, o de Mariam Ouedraogo por su interpretación en Moi Zaphira (2013), de Apolline Traoré. Dos años más tarde, Maïmuna N ‘Diaye en la película L’œil du cyclone (2015), de Sékou Traoré, ganó el premio a la mejor actriz, un galardón que en 2017 fue para Noufissa Benchahida en el filme A la recherche du pouvoir perdu, de Mohamed Ahmed Bensouda.

El dúo de la beninesa Tella Kpomahou y la maliense Fatoumata Diawara contribuyeron sin duda al éxito del largometraje Il va pleuvoir sur Conakry, del guineano (fallecido hace un año) Cheick Fantamady Camara, una película que ganó en 2007 el premio que concede la cadena de radio pública francesa RFI. Recientemente la congolesa Véronique Tshanda Beya ha ganado el premio a la mejor actriz por su papel en Felicité (2017), del director franco senegalés Alain Gomis, en el Festival de Cine de Cartago (Túnez) o el Festival de Khouribga (Marruecos), entre otros.

 

Los festivales de cines africanos para mujeres

Son muchas las iniciativas que promueven el éxito de las mujeres en África y, de hecho, son varios los eventos que apuntan a ofrecer esta perspectiva en el plano cinematográfico. Este es el caso de los festivales de cine para mujeres como el Festival International du Film de Femmes de Salé (Marruecos), el Mis Me Binga (Camerún), el Festival Films Femmes Afrique (Senegal) o el Festival Africain des Films de Femmes Cinéastes (Togo) cuya primera edición comenzará dentro de unos días, entre el 10 y 20 de marzo de 2018.

 

Sin embargo, a pesar de disponer de estas plataformas de promoción, podemos afirmar que no se celebra lo suficiente el papel de las cineastas africanas en el continente. El desafío es desalentador y los actores culturales tienen los medios para tomar medidas que impulsen a las mujeres africanas al rango de estrellas como la actriz y productora sudafricana Charlize Theron.

 

* El togolés Charles Ayetan es periodista, crítico de cine y miembro de la Association des journalistes et critiques de cinéma (AJCC) de Togo. Colabora con la revista Présence Africaine, y el portal Africiné.org de la Federación Africana de Críticos de Cine, donde es responsable de la comunicación. Tuitea desde @CharlesAyetan

 

Traducción por Sebastián Ruiz-Cabrera

Referencias

(1) LEQUERET Elisabeth (1998). “L’Afrique filmée par des femmes”, Le Monde diplomatique, agosto, p.11.

(2) BARLET Olivier (1997). “Quel est le regard d’une femme cinéaste?”, Africultures, 1997.

(3) DIKU Roger (2011). “Entre la coupe et l’élection, un film en hommage de nos Léopards 1974”, Congoone, 20 abril.

(4) PALMIER Jean Joseph (2006). La femme noire dans le cinéma contemporain : star ou faire-valoir?, Ed. L’Harmattan, 2006

Películas

A la recherche du pouvoir perdu (2017), de Mohamed Ahmed Bensouda, ficción, Marruecos.

Entre la coupe et l’élection (2007), de Monique Mbeka Phoba y Guy Kabeya Muya, documental, RDC.

Félicité (2017), de Alain Gomis, ficción, Senegal.

Il va pleuvoir sur Conakry (2006), Cheick Fantamady Camara, ficción, Guinea.

Laila (1927), de Aziza Amir, ficción, Egipto.

Les Oubliées (1997), de Anne-Laure Folly, documental, Francia.

Lettre paysanne (1975), de Safi Faye, ficción, Senegal

L’œil du cyclone (2015), de Sékou Traoré, ficción, Burkina Faso.

Moi Zaphira (2012), de Apolline Traoré, ficción, Burkina Faso.

Mossane (1996), de Safi Faye, ficción, Senegal.

Sœur Oyo (2013), Monique Mbeka Phoba, ficción histórica, RDC.

Voyage à Alger (2009), Abdelkrim Bahloul, ficción, Argelia.

Yema (2012), Djamila Sahraoui, ficción, Argelia.

 

Cuando África va a Berlín

Desde el 15 hasta el 25 de febrero de 2018, el Festival de Cine de Berlín (también llamado Berlinale) acogerá una plétora de películas africanas y reuniones profesionales para su 68ª edición.

En los cines

Imagen de High Fantasy, dirigida por la sudafricana Jenna Bass. Cines africanos

África también estará presente incluso si no se incluye un largometraje en la competencia oficial y ningún profesional en los diversos jurados. Solo el documentalista congoleño Dieudo Hamadi presentará su largometraje Kinshasa Makambo en la sección Panorama.

En la sección Cortometrajes se presenta una película filmada en Mozambique (Madness, por Joao Viana) y otra filmada en Ruanda (Imfura, por Samuel Ishimwe). Fuera de competición, una se presenta el cortometraje nigeriano: Besida, por Chuko Esiri.

La selección de Generación, dedicada a películas para un público juvenil, tiene dos largometrajes: High Fantasy, de Jenna Bass (Sudáfrica), ya presentada en el Festival de Cine de Toronto en septiembre de 2017, y Supa Modo, de Likarion Wainaina (Kenia), producido por One Fine Day Films fundada por el cineasta alemán Tom Tyckwer.

El Forum, donde se presentan habitualmente películas africanas, ha seleccionado varias obras este año: un documental del cineasta camerunés Jean-Pierre Bekolo, Afrique la pensée en mouvement Parte I y II; el largometraje Our Madness de Joao Viana (Mozambique) que se desarrolló a través de la Cinefondation del Festival de Cannes; la versión restaurada de Shaihu Umar de Adama Halilu (Nigeria) filmada en 1976; el segundo largometraje del director marroquí Narjiss Nejjar, Apatrides, lo nuevo del también marroquí Hicham Lasri, Jahilya y el primer largometraje del cineasta congoleño Machérie Ekwa Bahango, Mak’ila. A esto se agrega el cortometraje We live in silence: chapter 1 to 7, por Kundzanai Chiurai (Zimbabue), presentado en la sección Forum Expanded.

 

En el mercado cinematográfico

Los profesionales de continente podrán reunirse en el Africa Hub de la Berlinale, que recibirá a profesionales del continente por segundo año consecutivo, en asociación con el mercado de cine y televisión DISCOP. Situado a la entrada de la European Film Market, este espacio organizará reuniones y presentaciones que incluyen: Monica Rorvik (Wesgro Film and Media Promotion, Sudáfrica), Dorota Lech (Hot Docs, Canadá), Marc Schwinges (Underdog Productions, Sudáfrica), Amani Papy (Burundi Film Center, Burundi), Grace Evaly (Nollywood Germany, Alemania), Elias Ribeiro (Urucu Media, Sudáfrica), Aliki Saragas, Zoe Chiriseri, Sara Blecher (SWIFT, Sudáfrica), Dayo Ogunyemi (234 Media, Kenia/Sudáfrica), Alain Modot (DIFFA, Francia/Costa de Marfil), Tshoper Kabambi (Bimpa Productions, RDC), Chike Maduegbuna (Afrinolly, Nigeria), Tanja Sakota (Wits Film and Television, Sudáfrica), Vincenzo Cavallo (Cultural Video Production, Kenia), Toni Monty (Durban FilmMart, Sudáfrica), Don Edkins (AfriDocs, Sudáfrica) and Judy Kibinge & Peter Mudamba (Docubox, Kenia), Betty Sulty-Johnson (Trace, Francia), Joel Haikali (Namibia Film Commission, Namibia), Fabrizio Colombo & Daniel Nyalusi (Zanzibar IFF, Tanzania), Laza (Rencontres du Film Court, Madagascar), Philipp Hoffmann (Rushlake Media, Alemania), la nuestra revista AWOTELE representada por Claire Diao (Francia/Burkina Faso) y Nicolai Niemann & Nkiru Niemann (GreenMe Global Festival, Alemania).

Africa Hub Talks

En los Africa Hub Talks, que se celebraron del 16 al 20 de febrero hubo títulos muy atractivos. El 16 de febrero tuvo lugar ¿Dónde está el mercado de cine africano”, con Tim Mangwedi (de Mercados para el África subsahariana de DISCOP, Sudáfrica) Dayo Ogunyemi (234 Media, Kenia / Sudáfrica), Elias Ribeiro (Urucu Media, Sudáfrica) y Barbara Weill (CanalOlympia, Francia).

El 17 de febrero “África y adquisiciones, compra a un continente”, con Michiel Berkel (Comart Films, Sudáfrica), Theresa Hill (STEPS, Sudáfrica) y Laurent Sicouri (Canal+, Francia). El 18 de febrero “Reimaginar África, cómo comprar un continente”, con Efuru Flores (florecientes Films, EE.UU.), Tendeka matatu (Ten10 Films, Reino Unido) y Leslie Vuchot (La Agencia Festival, Francia). El 19 de febrero “Sur-Sur, crear los enlaces al sur del hemisferio” con Neil Brandt (Fireworx Media, Sudáfrica) y Joao Queiroz (Querosene Filmes, Brasil). Y finalmente el 20 de febrero El cine africano existe: el World Cinema Fund Africa y otras historias” contada por Michael Henrichs (Die Gesellschaft DGS, Alemania) y Vincenzo Bugno (World Cinema Fund, Alemania).

Solo un apunte recordatorio, solo una película africana ha ganado el Oso de Oro; fue en 2005 con Carmen U-Kayelitsha, de Mark Dornford-May. Hace ahora 13 años…

Traducción: Sebastián Ruiz-Cabrera

África brilla en Rotterdam

Artículo publicado gracias a la colaboración con Awotele.

Del 24 de enero al 4 de febrero de 2018, se celebró la 47ª edición del Festival Internacional de Cine de Rotterdam (IFFR), el festival de cine más grande de los Países Bajos. En esta ocasión, la directora y comisaria Tessa Boerman recibió el encargo de organizar el evento Pan-African Cinema Today (PACT) que reunió a profesionales de África y la Diáspora.

Durante la jornada tuvo lugar una clase magistral del cineasta etíope Haile Gerima, profesor de cine y reconocido miembro de L.A. Rebellion (junto a Julie Dash, Charles Burnett y Larry Clark) y autor de los brillantes trabajos Hour Glass (1972)Child of Resistance (1972)Bush Mama (1976), Wilmington (1978)Ashes and Embers (1982)After Winter: Sterling Brown (1985)Sankofa (1993)Imperfect Journey (1994)Adwa – An African Victory (1999)Teza (2008).

El día 28 de febrero tuvo lugar una mesa sobre panafricanismo aderezada por los miembros del colectivo keniano The Nest (integrado por Jim Chuchu, George Gachara o Njoki Ngumi) y en presencia de realizadores como el mencionado GerimaLuis Mesías (autor del documental W.E.B. Du Bois – A Biography in Four Voices), Shirikiana Aina (directora del documental Footprints of Pan Africanism), Ford Morrison (director de The Foreigner’s Home un documental sobre Toni Morrison, la escritora estadounidense, ganadora del Pulitzer en 1988 y del Nobel de Literatura en 1993), Rosine Mbakam (directora del documental Les deux visages d’une femme Bamiléké), Jon Goff (especialista del National Museum of African American History and Culture de Washington) y la batería del inconfundible talento del freejazz Milford Graves (quien aparece en el documental Milford Grave Full Mantis, de Ake Meginsky). 

La jornada del 29 de febrero estuvo dedicada al futuro de la distribución de películas en el programa de conferencias profesionales Reality Check. Moderado por Wendy Mitchell (BFI, Londres), el día se centró en la atracción de nuevos públicos con contribuciones de Gaylene Gould (BFI, Reino Unido), Nadia Denton (comisaria, Reino Unido), George Gachara (productor, Kenia) y Haile Gerima (director, Etiopía). De hecho, a lo largo del día, cuatro grupos de trabajo discutieron diferentes temas como la diversidad en las audiencias, el acceso al contenido y su diversidad, así como la distribución panafricana. Este grupo estuvo formado por Munya Chidzonga (director, Zimbabue), Claire Diao (crítica de cine y distribuidora, Francia / Burkina Faso), Philip Hoffman (comercial, Alemania), Planta van Hulsen (productor, Países Bajos), Noel Kasyoka (director, Kenia), Pedro Pimenta (productor, Mozambique) y Victoria Thomas (director, Reino Unido).

Mientras, en el CineMart, el mercado de la coproducción, fue bienvenida la presencia de Luck Razanajaona (Madagascar) y sus productores de Wet Films (Francia) que buscaban 500.000€ para su largometraje Disco Africa, el único proyecto africano de esta selección apoyado por el Luxor African Film Festival, el Francophone Images Fund y la Reunion Film Commission. Razanajaona también se ha beneficiado de una residencia de escritura en Sudáfrica (Realness) y Reunión en los últimos años.

El realizador belga Marc-Henri Wahlberg, que fue conocido por el largometraje Kinshasa Kids, vuelve a las carreteras de la República Democrática de Congo con la propuesta de realidad virtual Kinshasa Now – Being a Shégué seleccionada para IFFR PRO x VR, que ofrece una inmersión en la vida de un “niño hechicero”. Después de haber recaudado 600.000€, el cineasta está buscando 230.000€ más con socios internacionales para completar su presupuesto.

Finalmente, aunque la mayoría de la selección de películas de África se han presentado tristemente fuera de competición en la sección PACT, las producciones que han competido han sido las siguientes: por Egipto, Poisonous Roses, de Ahmed Fawzi Saleh y The New World, Episode One, de Ghalia Elsrakbi y Lauren Alexander; y por Marruecos, Tree Identification for Beginners, de Yto Barrada, The Tree, de Cheikh Mohamed Homa y el largometraje Razzia, de Nabil Ayouch.

El director keniano Jim Chuchu participó como jurado en la sección Ammodo Tiger Short Competition, donde han competido 22 cortometrajes de todo el mundo optando a tres premios de 5.000€ cada uno. 

 

Traducción: Sebastián Ruiz-Cabrera

Watu Wote: El terror de Al shabab nominado a los Oscar

Esta vez solo se trata del titular. Esta historia de tan solo 22 minutos y nominada a los Oscar en la categoría de mejor cortometraje es un soplo de aire fresco. Un puntapié a la retórica racista de Trump y a los discursos bañados en fuego de algunos líderes incitando al odio contra el “otro”. Un ejemplo, uno más, de que no se trata de un conflicto religioso sino de terrorismo. A secas. La película Watu Wote: All of Us, dirigida por la alemana Katja Benrath, escrita por Julia Drache y producida por Tobias Rosen, cuenta los hechos reales de diciembre de 2015 que sufrieron los pasajeros de un autobús que se dirigía a Mandera, una pequeña ciudad en el noreste de Kenia, frontera con Somalia. El grupo terrorista al-Shabaab intentó replicar el modelo de asalto y reivindicación que llevara a cabo un año antes (noviembre de 2014) en el que asesinó a los cristianos del autobús, después de separarlos de los musulmanes. Una masacre con 28 fallecidos.

Pero en esta ocasión no fue así. Los pasajeros musulmanes se negaron a cumplir con la demanda de los asaltantes de que identificaran a los cristianos entre ellos, salvándolos de una muerte casi segura. Incluso después de que los terroristas amenazaran con disparar, los musulmanes protegieron a sus hermanos y hermanas e incluso les dieron atuendos religiosos para que no fueran identificados fácilmente. Valentía. Amor. No obstante, murieron dos personas y otras tantas resultaron heridas. La ansiedad incesante creada por el conflicto persistió hasta que un día los pasajeros demostraron que la fe y la solidaridad pueden prevalecer sobre los actos de terror y violencia.

El nairobense Abdi Latif Dahir lo explica así: “Desde hace varios años, Kenia ha sido blanco de ataques terroristas, especialmente desde la intervención del ejército en Somalia en 2011. Los crecientes atentados de Al-Shabaab han desestabilizado la armonía religiosa. De hecho, en sus videos de reclutamiento y mensajes en redes sociales, han jugado con los agravios a los que se enfrentan los musulmanes en una nación de mayoría cristiana, incluida la pobreza, la discriminación y el subdesarrollo en sus regiones”.

La película ya ha ganado más de 35 premios de festivales de cine, incluido el Gold Student Academy Award, los Oscar de los estudiantes de cine, en la categoría de mejor narrativa. Es un hito cinematográfico. Pero también social. El destino quiso que el mismo día de la nominación a los prestigiosos premios de la Academia de Cine de Hollywood se estrenara en Kenia, en el Centro comercial Wesgate de Nairobi. Hay que hablar de ello para superar el miedo. Los miedos. Y por eso como explica Bryan Mwangui “es necesario que se visibilice que en Kenia la convivencia entre religiones es pacífica a pesar de que la prensa internacional se empeñe en mostrar lo contrario”.

La película está protagonizada por Adelyne Wairimu, Barkhad Abdirahman y Fasal Ahrmed (Capitán Phillips) y Abdiwali Farrah (Fishing Without Nets).

El 4 de marzo sabremos si este fogonazo de luz se hace todavía más viral.

Senegal y Sudáfrica ¿a por el Oscar 2018?

Hoy es el día. Poco después de las 15.00 hora española conoceremos los cinco trabajos seleccionados para competir por el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa. Es cierto que bajo la dirección del nuevo presidente John Bailey (Mejor..Imposible, 1997) quien asumía el timón de la Academia de Hollywood hace unos meses, se han introducido algunos cambios para tratar de mitigar los errores que tuvieron lugar el año pasado al anunciar al ganador de la mejor película (que finalmente fue para Moonlight, del director Barry Jenkins). Pero la herencia de la representación blanca, masculina y occidental, continúa siendo la tónica general.

Este año se han presentado un total de 92 filmes para optar a la mejor película extranjera, una cifra récord ya que en 2017 se consideraron elegibles 85. Y de estas 92, han entrado por primera vez en las apuestas países como Haití, Honduras, Laos, Siria o, en el caso africano, Mozambique y Senegal. El trabajo de criba es demoledor. Solo nueve películas pasaron el corte y en unas horas sabremos cuáles se sentarán en el Dolby Theater de Hollywood (Los Ángeles) para la gala de premios de la 90 edición que asegura estar politizada con discursos en contra de las salidas de tono cada vez más frecuentes y peligrosas del presidente norteamericano Donald Trump. Por cierto, la Academia continúa firme en mimar a las productoras Sony Pictures Classics y Magnolia Pictures que lideran esta categoría con tres y dos películas, respectivamente.

Las dos películas africanas entre las 9 candidatas

Sudáfrica: Inxeba, 2017. Director: John Trengove

Inxeba explora de forma rígida e inquebrantable la masculinidad negra situándolo en un entorno aún más silencioso, la iniciación Xhosa. Además, el director construye su mundo con ángulos de cámara íntimos y fotos de naturaleza encantadoras.

Aquí la crítica de la película.

Senegal: Félicité, 2017. Director: Alain Gomis

El nuevo trabajo de Gomis es un canto a la vida. Un tratado de resiliencia visual y musical de más de dos horas y que relata los pormenores de una madre soltera de Kinshasa, Félicité, cuya rutina cambia el día en que su hijo sufre un accidente de tráfico.

Aquí la crítica de la película.


A parte de las seleccionadas Inxeba y Félicité, las películas africanas que se presentaron para competir a la Mejor Película de Habla no Inglesa fueron estas.

Argelia: Road to Istanbul, 2016 Director: Rachid Bouchareb.

Egipto: Sheikh Jackson, 2017. Director: Amr Salama.

Kenia: Kati Kati, 2016. Director: Mbithi Masya.

Marruecos: Razzia, 2017. Director: Nabil Ayouch.

Mozambique: El tren de la sal y el azúcar, 2017. Director: Licinio Azevedo.

Aquí la crítica de la película.

Túnez: The Last of Us, 2016. Director: Ala Eddine Slim.

 

Burgos cumple 11 años de cines africanos

 

Una vez más, como cada año por estas fechas, el cine africano vuelve a la ciudad de Burgos. El pasado 11 de enero dio comienzo el Ciclo de Cine Africano, una cita que se ha ido consolidando y que cada vez cuenta con más público. Este ciclo, organizado por el Aula de Cine y Audiovisuales y el Aula de Paz y Desarrollo de la universidad (UBU) con la importantísima colaboración de la ONGD Al-Tarab y el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT), cumple más de una década acercando los cines del continente negro a sus espectadores y visibilizando realidades que, para muchas personas, siguen siendo desconocidas.

Tres son los cortometrajes producidos en diferentes países que van abriendo bocado. El dramaKindil el Bahr (2017), una coproducción de Argelia, EE.UU. y Kuwait, tuvo el honor de inaugurar el evento al que le seguirá ​La laine sur le dos (2016) y el cortometraje malgache ​Nirin (2015). Los tres largometrajes nos acercan historias de tres países africanos muy diferentes:Wallay nos transporta a Burkina Faso, mientras que Felicité nos relata una historia de una cantante en los locales de Kinsasha, en la República Democrática del Congo e ​Inxeba (La herida en español) nos acerca al conflicto en el que se cruza la tradición xhosa, la masculinidad y la homosexualidad. Una oportunidad única de (re)descubrir las historias que desprenden los cines africanos y poder disfrutar de este espléndido séptimo arte. En Wiriko no nos lo hemos querido perder y hemos entrevistado a Álvaro Alonso de Armiño, codirector del Aula de Cine y Audiovisuales de la UBU.

Wiriko: ​Esta cita parece consolidarse año tras año y ya cumple nada más y nada menos que once años​ ​¿Cómo surgió la idea de organizar un ciclo de cine africano en Burgos?

Álvaro: La idea surgió en el año 2001 cuando el Aula de Cine y el Aula de Paz y Desarrollo de la Universidad de Burgos decidimos colaborar para poner en marcha un ciclo dedicado a cinematografías de países en desarrollo, a conflictos olvidados, cine e inmigración… ese fue el germen. Pero, en 2006 entramos en contacto con el Festival de cine Africano de Tarifa y decidimos centrar este ciclo exclusivamente en el cine africano. La labor del FCAT es encomiable y muy interesante.

W:¿Qué objetivos plantea este ciclo?

A: ​El cine africano es, como casi todo lo que ocurre en ese continente, un gran olvidado y cuando no, solo es noticia para significar catástrofes de todo tipo. Desde el Aula de Cine queríamos dedicar uno de los ciclos del curso a difundir una pequeña parte de su cultura y sobre todo mostrar al público burgalés películas que de otro modo nos resultarían absolutamente desconocidas. Además este ciclo ayuda en cierto modo a romper con ideas preconcebidas sobre lo que podemos encontrar más allá de nuestras fronteras y vislumbrar la enorme diversidad de la cultura africana.

W: ​El Aula de Cine ha hecho una firme apuesta por los cines de África ¿Por qué? En tu opinión, ¿qué crees que tiene de especial el cine africano?

A: ​En estos ya 11 años de ciclos de cine africano hemos visto una evolución muy notable. Un cine que va quitándose complejos para ofrecer algunas de las propuestas más interesantes de la cinematografía actual, abordando temas cada vez más diversos y con una factura fílmica extraordinaria, si bien es cierto que la mayoría de las películas son de directores afincados en Europa y cuenta con coproducción de diferentes países occidentales.

W: ​¿Cuál ha sido la acogida por parte del público en los últimos años?

A: Es uno de los ciclos que mejor funciona y que tienen más éxito de público y eso a pesar de que las películas desgraciadamente no tienen ningún recorrido en los medios de comunicación, ni siquiera en revistas especializadas de cine salvo contadísimas excepciones.

W: En los últimos años parece que los cines africanos están viviendo un enorme boom. ¿A qué dirías que se debe?

A: Creo que puede ser debido a la gran variedad de enfoques que sorprenden por lo inhabitual para el imaginario que se nos intenta crear desde occidente, lleno de tópicos y temas recurrentes.

W: Aquí en España cada vez se organizan más eventos culturales relacionados con el mundo africano ¿Crees que es un instrumento acertado para concienciar sobre la situación real del continente?

A: Todo suma. Desgraciadamente vivimos en un país en el que la cultura en general es un bien que no se fomenta desde las instituciones ni desde el sistema educativo, es un bien solamente de consumo y que nos llega impuesto por los massmedia. Pero desde luego que todos los eventos culturales (el cine es uno de ellos) que se desarrollan en torno al continente africano, ayudan a romper estereotipos y a conocer una cultura muy desconocida para occidente.


No te olvides

Lugar: Centro Cultural de Caja de Burgos. Avda. Cantabria 3 y 5.

Hora: 20.30h.

Venta de Entradas: A partir de las 19.30h. en la taquilla del Centro Cultural de Caja de Burgos. Avda. Cantabria 3 y 5.

En la Casa del Cordón, laborables de 12.00h. a 14.00h. y de 19.00h. a 21.00h. Festivos de 12.00h. a 14.00h.

Precio: Entrada 2,5€

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Mozambique, la sal de la vida en tiempos de guerra

Mozambique, años ochenta. Cada vez son más los habitantes que se juegan la vida llevados al borde de la desesperación por la guerra civil posterior a la independencia que devastó el país desde 1977 hasta 1992. Un viaje en tren de 700 kilómetros desde Nampula, en la costa, hasta la frontera interior con Malaui. Un trayecto fletado de militares de la FRELIMO que llevaban ametralladoras antiaéreas contra las hostiles fuerzas de la RENAMO que intentaban descarrilarlos. Los civiles arriesgaban sus vidas para llevar la sal, que era abundante, y comerciarla por el azúcar, que se había vuelto escaso y rentable. Objetivo: mantener a sus familias en tiempos de escasez. La magia de torear al hambre a cualquier precio. Un camino especialmente duro para las mujeres, porque el miedo a bordo del tren era tan temido como el que podían tener durante el viaje.

Esta historia de arriesgar la vida y la integridad física como un medio de supervivencia se narra en la impresionante película The Train of Salt and Sugar (2016) (El tren de la sal y el azúcar) dirigida por Licinio Azevedo. Basado en una novela escrita por el propio director hace una década, es un trabajo profundo y conmovedor que pone de relieve el valor de recuperar los elementos microscópicos de la historia contemporánea africana: sin grandes efemérides, sin grandes nombres, a fin de cuentas, historias de gente común. Una película que se compromete con una imagen más amplia y humana de Mozambique. Sin duda, un trabajo que en 2018 se convertirá en una de las cintas más destacadas del continente.

Mozambique tiene una historia cinematográfica que ha producido algunas de las películas más desafiantes y progresivas del continente en los años ochenta (Mueda, Memoria e Massacre, 1980 de Ruy Guerra; O vento sopra da norte, 1987, de Jose Cardoso), pero la caída del telón de acero afectó significativamente a las fuentes de ingresos de la industria y a la producción cinematográfica del país. Quizás por este motivo los largometrajes de ficción en el país se han convertido en algo raro en un entorno tan carente de recursos.

En los últimos años el brasileño Azevedo –aunque desde hace más de tres décadas afincado en Mozambique– se ha convertido en una de las figuras esenciales del sector cinematográfico con una miríada de documentales sociales y políticos junto al largometraje Virgem Margarida (2012). En su segunda ficción la fotografía (y el plano inicial en la estación de tren es una clara muestra de ello) es visualmente rica y reflexiva, deteniéndose en el paisaje mozambiqueño, y amplificando la hermosa, pero aterradora frontera en la que el tren se aventura. Es más, la complejidad del lenguaje metafórico colisiona con el profundo pragmatismo de la guerra. Y todo aderezado con las creencias animistas que de forma sutil se van intercalando.

La estrella de la cinta es sin duda la radiante Melanie de Vales Rafael, de 21 años, cuya actuación en esta producción histórica la llevará por el camino de una carrera excepcional. Interpreta el personaje de Rosa, una joven enfermera, que se erige como un emblema de la vulnerabilidad, la ternura y la fuerza del papel que desempeñan las mujeres en tiempos de guerra. La joven actriz consiguió su primer papel cuando tenía solo 14 años junto a Danny Glover en el drama The Republic of Children (2012) del director guineano Flora Gomes.

Creciendo en Brasil, parece que Azevedo siente una afinidad natural por los hilos del realismo mágico que se infunden de la narrativa de su último trabajo, recordando las obras de los grandes novelistas latinoamericanos como Gabriel García Márquez. The Train of Salt and Sugar está lleno de elementos de magia y comedia, lo que subraya la poderosa persistencia de la esperanza y la imaginación, incluso en tiempos de guerra.

Si quieres adentrarte en el cine de Mozambique, te recomendamos que leas este artículo.

 

I Still Hide to Smoke: el hamman y la lucha de la mujer argelina

Frente a las bombas, al atropello de los derechos humanos y a los barbudos hay un hamman. Este esconde un susurro inocente. Para muchos, conspiratorio. En la Argelia de 1995, el integrismo islámico lidera el terreno político y la represión militar viene impuesta por el Frente Islámico de Salvación (FIS). En este contexto se atiende mejor a las pequeñas cosas; al cigarrillo, al mar, a la ropa tendida o a la alegría de saber que se ha restablecido el servicio de agua. En los malos momentos, agua caliente. O una mano amiga que se ofrezca a frotar allí donde no se llega.

I Still Hide to Smoke (2016), de la realizadora argelina Rayhana Obermeyer, es una película coral liderada por la actriz Hiam Abbas (Fatima). Un hamman (baño turco) es el escenario de una cinta que se adentra en los abusos de la sociedad misógina durante la guerra civil de Argelia.

El hamman de Fatima es un bálsamo anímico para un grupo de mujeres que intenta escapar de la rutina. Madres, hijas y amigas. Vírgenes, rebeldes y enemigas. Gordas y delgadas. Casadas, solteras, viudas y divorciadas. En los baños hay cabida para todas. Muchas vienen solo a bañarse mientras otras se exfolian o preguntan por un masaje. Las hay quien además del respiro terapéutico, vienen a buscar consejo, a desahogarse o a olvidarse de los fundamentalistas. Aquí se habla sin tapabocas de sexualidad, matrimonio, divorcio y religión. Se cotillea y se ríe. También se llora. Y se sueña.

Samia (Fadila Belkebla), de 29 años y soltera, sueña con irse con el mar. De perderse en el horizonte. Pero lo que le quita el sueño es buscar un marido. Entra a trabajar en los baños para ver si alguna casamentera la recomienda aunque “nadie se fija en las que limpian o dan masaje”, le advierte Fatima. Samia es testigo en un espacio donde además de la limpieza física existe un aseo mental.

El hamman es un refugio para que las mujeres se presenten sin máscaras, con sus miedos e inquietudes. Un lugar para expresarse libremente y buscar compañía. Incluso es destino para aquellas que apoyan al régimen extremista. Rayhana, que se enfrentó al desafío de encontrar actrices árabes que quisieran formar parte del reparto, propone una cinta con escenas cuidadas y tiernas donde las mujeres descosen estereotipos en unos diálogos atrevidos y que son una mirada al mundo árabe femenino.

Aunque en una sociedad en la que “falta el amor”, siempre hay alguien pidiendo pelea. La seguridad de los baños se verá amenazada cuando Fatima acoge a Mariem (Lina Soualem), soltera y de 16 años, que está embarazada. Su hermano fundamentalista ha conocido el secreto y va buscarla al hamman. Venganza y una daga. La tranquilidad entonces queda a expensas de los barbudos que atormentan la desinhibición cuando llaman a la puerta.

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival de cine contemporáneo Film Africa.