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El fotógrafo Mário Macilau explora nuevos lenguajes

Su experiencia vital le ha dado una mirada especial para la fotografía. El mozambiqueño, Mário Macilau, ha demostrado una capacidad y una sensibilidad particular para reflejar en su trabajo a los invisibles, a los “grupos socialmente aislados” como dice en la descripción de su cuenta de Instagram. Aprovechamos una estancia en Barcelona de este reputado e innovador artista visual y nos encontramos con una sorpresa, una noticia inesperada. Macilau está haciendo una residencia en Jiwar Barcelona, pero no en el marco de un proyecto fotográfico, sino para terminar su primer libro de poemas. Un arriesgado cambio de lenguaje sobre el que conversamos.

El fotógrafo mozambiqueño Mário Macilau ultima su primer libro de poesía. Foto: Carlos Bajo

Este joven mozambiqueño interpreta su gusto por la fotografía en una línea que se funde y se confunde con su propia trayectoria vital y la historia de su país. “Nací, prácticamente una década después de la independencia de Mozambique y en medio de la guerra civil. Llegué a la infancia en un época de optimismo y de una especie de clima de exploración de la libertad, queríamos vestir nuevas ropas, queríamos pasear por la calle…”. Y fue esa apertura la que se mezcló con otro fenómeno, “la aparición de lo que llamaban ‘los fotógrafos de calle’ que iban haciendo fotografía comercial por las comunidades”, recuerda Macialu. Habla de aquellos pioneros con admiración a pesar de que confiesa que no quería hacer exactamente lo mismo que ellos, pero como mínimo le abrieron las puertas de ese mundo: “Era fascinante para mí. Era increíble imaginar a una persona grande dentro de una fotografía tan pequeña. Me atraía la idea de poder congelar el momento”.

Con esa fascinación el jovencísimo Mário Macilau comenzó a hacer sus pinitos en la fotografía en las calles de Maputo, siempre con un enfoque muy particular y muy diferente del de aquellos que le rodeaban. Para él, al principio fue un juego; después, y aunque no lo reconozca expresamente, se convirtió en un compromiso. “Me interesaba cómo funcionaba la máquina, cómo se imprimía la película”, comenta divertido, mientras va explicando cómo hizo sus primeras fotos. A aquellos “fotógrafos de calle” les alquilaba sus máquinas en cuanto había podido reunir un poco de dinero. “Invertía lo que ganaba para experimentar”, cuenta y añade que, a veces, la inversión era tan inmediata que ni siquiera le quedaba dinero para revelar las fotos que había hecho. “Hacía las fotos para mi mismo, muchas veces, sólo por el placer del clic. En realidad yo lo que quería hacer era arte fotográfico, pero nunca había visto una exposición, no tenía ninguna referencia. Lo que ocurría era que no me importaban demasiado las definiciones”, explica.

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La historia de cómo Mário Macilau se metió de lleno en la fotografía, la ha contado repetidamente. El amigo al que unos expatriados le regalan una cámara de fotos; el amigo que se la ofrece; Mário que no tiene dinero; que se lo piensa; Mário que acaba cambiando el teléfono móvil que trabajosamente había conseguido su madre; Mário que le dice a su madre que le han atracado para justificar que ha perdido ese objeto de lujo que era un móvil. Y después, la oportunidad de hacer más fotos, del laboratorio artesano, de retratar el mundo de los jóvenes invisibles que tan bien conocía, de darse a conocer, de exposiciones internacionales, de convertirse en un referente.

Seguramente este recorrido permite entender un poco mejor, el concepto que este artista mozambiqueño tiene de la fotografía, tanto del proceso como del resultado. “La fotografía es un proceso de transmisión, una forma de compartir el punto de vista, de expresar lo que vemos y de revelar lo que se esconde”, esa es una de las obsesiones de Macilau, acabar con la invisibilidad. Pero para ello es fundamental fotografiar desde dentro, por así decirlo: “No basta ser fotógrafo. Hay que ser fotógrafo antes de la máquina, hay que conocer y tener acceso. De alguna manera, la fórmula ideal es que tu formes parte del contexto, que seas capaz de entender las sensibilidades que la gente a la que fotografías está mostrando, que puedas conseguir que la gente se sienta tranquila. Tienes que contestar a las preguntas, a la vez que les das voz”.

“La fotografía no es sólo un objeto estético”, sentencia el joven fotógrafo con serenidad, “es una herramienta de cambio. No puede ser sólo belleza, tiene que transmitir un mensaje”. “Trabajo sobre los grupos socialmente aislados porque nací y crecí en estos grupos. Tenía que hacerlo. La mayor parte de las personas que forman parte de esos grupos no saben leer, ni escribir y no conocen sus derechos. Yo no me pongo delante de ellos viéndolos como pobres, sino que veo su humanidad”, confiesa. Ese ha sido el secreto del éxito de la obra de Macilau, su línea de trabajo que ha recibido mayor atención. Sin embargo, con cierta frustración, Mário lamenta que las condiciones de vida de esos colectivos apenas han cambiado en relación a las que él mismo sufrió: “La política no ha cambiado nada en todos estos años. Todo sigue siendo un problema de poder y dinero. Para mejorar esas condiciones tienen que empezar por conocer sus derechos e intentar influir en las cosas más básicas de la vida”.

Aunque pasa la mayor parte del tiempo viajando por diferentes ciudades y pasando de una residencia a otra, su base continua estando en Maputa, allí trata de volver siempre que puede y por eso continúa estando cerca de esas comunidades que siempre han sido su vida. Mário reconoce que su influencia ha ido creciendo, pero también su responsabilidad. “Ahora los chicos de la calle, saben que tienen una posibilidad real de cambiar”, comenta.

Sin embargo, es evidente que la comodidad no es el estado natural de Mário Macilau, quizá por eso, en medio de todo esa experiencia, cuando tiene un reconocimiento claro como fotógrafo, se ha embarcado en un nuevo reto. “Estoy terminando mi primer libro de poesía”, confiesa apartando ligeramente la vista con una mueca de rubor. Y en este nuevo lenguaje, el impulso de Macilau tiene algunas continuidades respecto a la fotografía, pero también considerables diferencias. “La poesía es poesía”, titubea el artista mozambiqueño, “es una forma de revelar, pero de revelar lo que he vivido. La poesía tiene el romanticismo, lo lírico, la rima, evidentemente hay poesías que también contestan pero no es el criterio único”. Según su explicación, la fotografía desvela lo que está oculto del mundo, mientras que la poesía es una revelación de la intimidad.

Los trabajos que compondrán este libro han sido escritos aquí y allí, en diferentes países, “durante esos momentos de soledad que tienes cuando viajas o estás en una residencia nueva, cuando estás lejos de tu gente”. Mário Macilau ha querido, intencionadamente, reunir poesías que hablan sobre el amor y la guerra, sobre todos los temas que se puedan ocurrir, porque “lo que me importa es escribir” sin etiquetas, ni definiciones, como ya había destacado Macilau en sus primeros tiempos al otro lado de la cámara. Su intención es que ese libro vea la luz en Mozambique y también en eso la atención del joven artista está centrada en los suyos.

JJ Bola, una sensación más allá del mercado

Nos estamos acostumbrando a que cada vez con más frecuencia despunten en la escena literaria internacional autores y autoras de origen africano. Cada vez más a menudo nos encontramos con lanzamientos de primeras novelas que resultan éxitos mundiales y que anuncian, a priori, el inicio de prometedoras carreras para escritores y escritoras africanas. Cada vez más habitualmente las grandes firmas de la industria de la edición global se fijan en prometedores narradores y narradoras africanas para dedicarles todo su arsenal de promoción y márketing y convertirlos en nuevas sensaciones literarias. Con J.J. Bola ha ocurrido algo parecido, pero sólo en parte. Precisamente, las diferencias son las que hacen que la emergencia de este escritor congoleño, nacido en Kinshasa y afincado en Londres, resulte incluso más atractiva.

El escritor congoleño afincado en Londres, JJ Bola. Fuente: Agencia Pontas.

No place to call home (algo así como “No es un lugar para llamar hogar”) es el título de la primera novela de J.J. Bola, publicada en junio del año pasado en el Reino Unido, pero no es su primera obra. Antes el escritor congoleño ha publicado tres colecciones de poemas: Elevate, en 2012; Daughter of the Sun, en 2014; y WORD, en 2015. La segunda gran diferencia con respecto a otros autores lanzados meteóricamente al estrellato es que No place to call home no ha aparecido en una de las editoriales que manejan el mercado internacional, sino en un modesto sello londinense, OWN IT!, completamente inmerso en la escena independiente y alternativa, hasta el punto de que no es una editorial sino una promotora de libros, música o películas, entre otros formatos.

Sin el apoyo de una gran editorial, han sido los lectores los que han aupado a JJ Bola a la categoría de escritor de moda. El escritor congoleño llamó definitivamente la atención de todo el mundo cuando fue incluido en una (realmente) larga primera selección del Not the Booker Prize que impulsa el periódico británico The Guardian. Un premio que cuenta con el voto popular de los lectores para las selecciones y, en parte, para el veredicto final. Aunque, JJ Bola no pasó a la selección final ya había puesto un pie en la primera división literaria del país y a partir de ahí continuaron los éxitos. Llamó poderosamente la atención durante su participación en la edición de 2017 del Festival Writivism que se celebra en Kampala. Despertó tanto interés que protagonizó lo que se llamó “el efecto JJ Bola”, que consiste en agotar en dos días todas las existencias de libros propios en dos días de festival.

Todos estos indicios sólo dan una idea de la capacidad para enamorar de la novela de JJ Bola, que en gran medida bebe de su trayectoria poética. Se trata de una historia, precisamente, de refugiados congoleños en Londres. No place to call home cuenta la historia de Jean y su familia, de origen congoleño y refugiados en la capital británica. La historia del muchacho permite a JJ Bola armar un relato en torno a la identidad y la integración, una narración teñida por la influencia de la distancia y de las renuncias.

Las diferentes reseñas destacan la capacidad para narrar de JJ Bola, el sabor acogedor de la prosa que se pone al servicio de las historias mundanas de las relaciones familiares y de las reflexiones profundas de un adolescente en un país del que aún no se siente parte. Sin embargo, uno de los elementos fundamentales de la novela son los personajes, el retablo formado por la abigarrada familia de Jean, incluso los familiares lejanos que se van sumando a la escena y los propios miembros de la comunidad en la que los refugiados pretenden integrarse configuran esa nómina. La últimas de las cuestiones que destacan de JJ Bola los críticos es la habilidad para tocar con ternura y delicadeza temas poco amables y cómo a pesar de hablar de violencia o de desarraigo, el escritor es capaz de generar un ambiente de esperanza.

La esperanza que nos queda es que este éxito inapelable de JJ Bola sirva para que llegue a las estanterías de las librerías en castellano. Teniendo en cuenta que la agencia Pontas se encarga de su representación, aumenta la confianza en que alguna editorial de la península se anime a editar al autor congoleño.

El Kamel: “El mito y la narración oral han orientado mis creaciones artísticas”

Dice la ONU que “la poesía contribuye a la diversidad creativa al cuestionar de manera siempre renovada la forma en que usamos las palabras y las cosas, y nuestros modos de percibir e interpretar la realidad”. El pintor tunecino Slimen El Kamel encuentra en este género literario su musa, presente desde su infancia a través de la oralidad. Con él continuamos rindiendo homenaje a la poesía, celebrada en su Día Mundial este miércoles 21 de marzo.

“Yo nací en una comunidad rural donde el mito y la narración oral florecen. Estas narrativas han orientado mis creaciones artísticas tanto como la percepción que tengo de la realidad desde que era un niño”, dice el artista tunecino. Procedente de Mazouna, en la región de Sidi Bouzid, su niñez la asocia a los cuentos y los poemas, una herencia literaria que construyó sus primeros conocimientos y certezas a través de lo que imaginaba al escuchar. Más tarde, ya en la facultad de Bellas Artes, El Kamel aprendió a materializar ese imaginario narrativo en una práctica pictórica que acabó por convertirse en su inspiración y su propio estilo. Para él la línea que separa lo real de lo imaginado es un camino más presente en la vida cotidiana de lo que pensamos.

Como un lenguaje adquirido, este artista visual explica que la imagen es un elemento sumamente arraigado a la persona. Así, a menudo y de un modo automático, antes de poner en marcha una acción la visualizamos: nos disponemos a cocinar porque mentalmente ojeamos la nevera, nos vestimos en función de la combinación que hemos previsualizado de las prendas y, muchas veces, lo que hemos visto en sueños condiciona cómo dormimos y hasta cómo nos enfrentamos al día que tenemos por delante.

Hoy Slimen El Kamel es un pintor de 34 años que compatibiliza sus clases en el Instituto Superior de Bellas Artes de Sousse con su labor pictórica, que ha seguido enfocada hacia el impacto que la imagen tiene en las personas y, por ende, en las sociedades que éstas forman. “El arte para mí es en sí mismo un fin. No lo percibo como un objeto de lujo, siento que es algo integral a la vida, como la inhalar y exhalar. Para mí el arte tiene el objetivo de concienciar”, manifiesta y añade: “Mi responsabilidad como profesor de Bellas Artes, junto a mi interés por la política, también han encaminado de manera considerable mi obra a reexaminar constantemente nuestra percepción de las cosas. Así es como progresamos”.

Para muestra su serie ‘L’Espace du Jeu’ (‘El lugar para jugar’, en español), donde cuestiona a través de figuras alegres y coloridas la restricción que en muchos contextos se impone a través de la ropa para proyectar la imagen deseada por una organización. Esta colección ha sido recientemente expuesta en la 1:54 Marrakech, la primera edición de esta feria de arte africano contemporáneo celebrada en el continente, un hito que para El Kamel ha supuesto “traer a casa un sentimiento de orgullo y reconocimiento dirigido tanto a los artistas como a la ciudad”.

Tras mostrar su obra por ferias de África, Europa y Asia, ahora Slimen El Kamel prepara su próxima exhibición individual en la galería Sulger-Buel Lovell de Londres para el mes de octubre. No nos adelanta si la poesía continuara siendo la musa de sus nuevos lienzos, pero sí quiere precisar que si bien su trabajo “puede ser visto como universal, para mí siempre será mi trabajo en relación a mi hogar, Túnez”.

Poesía liberada y liberadora desde Zimbabue

Como el viento intocable es la definición misma del artivismo, de la reivindicación creativa, como dicen algunas de sus impulsoras. Es un ejercicio de libertad y de autoafirmación en su propia concepción; su publicación original es el mismo ejemplo de la valentía, la voluntad de cambiar el mundo y de hacerlo más justo; y su traducción y edición en castellano es simplemente un ejercicio de rebeldía y una necesaria muestra de la diversidad que podemos encontrar en le continente, es un absoluto riesgo por parte de la editorial Baphala que ya ha demostrado que no le tiene miedo a nada y que está dispuesta a aportarnos la dosis de reivindicación que necesitamos. Atención: Como el viento intocable es una antología de poesía de autoras lesbianas que pretenden usar la creatividad para visibilizar a un colectivo desplazado y acosado. Este libro es poesía liberada como expresión de sus autoras que conquistan una voz propia y liberadora en cuanto al colectivo LGTBIQ.

La poetisa Makhosazana Xaba, responsable de la antología. Fuente: Baphala Ediciones

Esta antología que nos trae la editorial Baphala es el resultado del taller de escritura creativa para mujeres lesbianas celebrado en la ciudad zimbabuense de Bulawayo durante la última semana de octubre de 2015. Impulsado por el colectivo sudafricano GALA, se apoyo sobre la organización zimbabuense Sexual Rights Centre (SRC) que trabaja a menudo con el artivismo en el colectivo LGTBIQ. En este caso, el taller fue animado por Nombulelo Madonko del SRC y el peso recayó sobre la poetisa sudafricana Makhosazana Xaba, conocida como Khosi, que condujo ese taller de escritura creativa. Khosi Xaba ya fue una de las encargadas de recopilar los trabajos contenidos en la antología Queer Africa, editado en castellano como Los deseos afines. El resultado de aquellos trabajos en Bulawayo es el que ahora nos trae la editorial Baphala: un volumen con veintidós poesías de siete autoras, que previamente no eran necesariamente poetisas, aunque el resultado resulta de una diversidad tremendamente atractiva.

Es interesante descubrir en el volumen todas las explicaciones sobre el espíritu del taller que lo alumbró y de esa antología resultante. El nivel de contexto con el que cuenta el lector y la reflexión de las impulsoras es, sin duda, un valor añadido. El taller se desarrolló en un país en el que el colectivo LGTBI ha sido absolutamente proscrito en las últimas dos décadas y no fue pura casualidad. “El silencio y la invisibilidad perpetúan la idea de que las personas LGTBI no son parte del tejido social, idea que incluye ese omnipresente mito de que ‘la homosexualidad no es parte de la cultura africana’”, señala Greame Reid, fundador de GALA, en su texto introductorio. Reid añade más concretamente en relación con la recopilación de poesías: “La poesía en esta antología versa sobre el descubrimiento de una voz, la expresión de la experiencia y un impulso al activismo”.

Nombulelo Madonko una de las responsables del SRC habla sobre una vía de contestación que su organización fomenta “la reivindicación creativa” y reconoce el potencial de la poesía en este sentido. “El libro habla directamente a las experiencias de las mujeres queer y les ha dado voz en espacios donde no pueden estar presentes”, señala Madonko. Khosi Xaba es, en realidad, el verdadero motor de esta iniciativa en la que siete mujeres con inquietudes y dotes artísticas diversas se convirtieron en poetisas para revindicar su homosexualidad y cambiar el mundo. “El taller de escritura fue un espacio para que mujeres que nos identificamos como lesbianas pudiéramos pasar tiempo juntas, en un entorno seguro en el que utilizar la escritura como instrumento de expresión personal”, dice Xaba en su introducción a la antología.

La poetisa explica la dinámica de los talleres que se desarrollaron durante cinco días y cuenta: “Tratamos la amplia cuestión del uso de la propia voz, a través de la poesía, para expresarse por una misma”. Expresión y compromiso se van fundiendo constantemente en el relato que la dinamizadora hace del taller en el que se gestó la antología. La poesía llega a aparecer, según los casos, como una herramienta de catarsis mediante la que las autoras se enfrentaban a recuerdos y vivencias, a menudo, traumáticas relacionadas con su orientación sexual y la persecución social y política. Pero, para Xaba, no se trataba sólo de repensarse, sino también de reconstruirse, es decir, de comenzar a forjar un futuro sobre una base de aceptación y de reclamación de sus identidades. Pero no sólo se trata de que este ejercicio pueda cambiar la vida de las autoras que participaron, sino que pretende modificar también el clima social. “Espero que después de leer su poema, los lectores se pregunten: ‘¿Qué voy a hacer yo al respecto?’. Sabemos que nunca cambia nada hasta que una masa crítica de personas se alza, se pronuncia y actúa”, señala Xaba. “Es nuestro deseo que este volumen de 22 poemas insufle esperanza a todas las activistas que aspiran a ser escritoras y a aquellos que, tal vez, se estén preguntando por el valor de la poesía”, concluye su texto la poetisa.

El resultado de este proceso de reflexión y de creación comprometida se traduce en el resultado de los poemas. No se trata de haber hecho un taller de escritura creativa, se trata de que durante ese taller cada una de las autoras se ha mirado hacia adentro y se ha mostrado a las demás, de ahí, en gran medida la diversidad de los enfoques de las escritoras que han plasmado sus inquietudes personales. Así, la antología contiene desde textos eróticos reflexiones psicólógicas.

Blu dice:

Porque eres mi Fijación,

Mi anhelo, mi vicio,

Mi compulsión, mi adicción

El picor que no quiero, no pretendo

No puedo rascar

¡Mi Fijación!

Mientras que Duduzile Salitaire Maseko afirma:

Estoy atravesando el desconcierto

Perdiendo el contacto con todo

Mi mundo se ha hecho añicos

Como el viento tan intocable

Como el río, ha corrido

Mientras Norma Stanley usa la poesía para hablar, entre otras cosas, de la añoranza

Recupero la fuerza

Me siento herida

Me siento abandonada

Cegada por las lágrimas

Soñe contigo

Sikhulile Precious Sibanda emplea los versos para proyectar su identidad

Cuando la conocí

Cada momento con ella lo disfruté

Puede decir lo que quieras

Esta es quien soy

Pero sin duda si hay un poema desconcertante en la antología es el de Amanda Thandeka Pugeni “Angry Black Woman (Negra Cabreada)”. Es una auténtica oda a la reacción airada ante la injusticia. Es la advertencia de lo que ocurre cuando se acaba la paciencia y los oprimidos estallan. Y dice:

Soy esa negra cabreada

Que intentas ignorar

Bella por fuera

Oscura por dentro

Las emociones que braman como un toro negro

Soy proscrita

La espina de la rosa

El agua limpia fluyendo a la cloaca

No me conoces

Esto no es poesía, sino rabia.

Esta es sólo una muestra de unas obras que merece la pena descubrir para profundizar en la diversidad de las artes africanas en su máxima expresión.

Tienes una cita con Como el viento intocable hoy, 22 de junio en Santander, en la Librería del Puerto; y mañana 23 de junio en Bilbao en Louise Michel Liburuak.

Un destello para una poesía que trata de brillar más allá de África

No es habitual tener noticias de publicaciones de poesía. Sin embargo, acaba de producirse un hecho que no sólo nos demuestra que la poesía, a pesar de todos los inconvenientes, continúa peleando para mantenerse a flote. Pero, no sólo eso, sino que además nos ofrece una pequeña degustación del panorama de la lírica en el continente. Concretamente nos ofrece diez nombre, de otros tantos jóvenes poetas. La excusa para acercarnos a este grupo de nuevos valores literarios es la publicación de la lista de finalistas del Brunel International Poetry Prize, uno de los pocos premios de estas características. Apenas se le puede poner un pero a esta iniciativa: que no esté impulsado desde el propio continente, sino desde una universidad británica.

Los diez poetas incluídos en la lista de finalistas del Brunel International Poetry Prize. Foto: Brunel International Poetry Prize

Se trata de la quinta edición de este certamen que está destinado a poetas que todavía no hayan publicado un poemario. A pesar de todos los obstáculos que enfrenta la poesía, el gusto entre los jóvenes escritores y el vivero que se está generando en el continente se pone de manifiesto con los datos de participación. Los organizadores aseguran que en esta quinta edición han recibido 1,200 aspirantes. Sólo en esos cinco años han duplicado el número de trabajos recibidos.

La solvencia de este premio de poesía viene avalado por la calidad de sus anteriores ganadores. Los jueces además han demostrado un buen ojo a la hora de encontrar a los nuevos valores con calidad. La primera de las galardonadas con este premio, en 2013, fue Warsan Shire, una deslumbrante poetisa de origen somalí de la que ya se ha hablado en esta sección. La etíope Liyou Libsekal, en 2014; la sudanesa Safia Elhillo y el ugandés Nick Makoha, en 2015; y los nigerianos Gbenga Adesina y Chekwube O. Danladi, en 2016, completan la nómina de ganadores hasta el momento. El poeta o la poetisa que consiga este reconocimiento recibirá además una dotación de 3,000 libras esterlinas.

El toque de prestigio se afianza con los jueces que deciden el ganador. Entre esos árbitros encontramos los nombres de Chris Abani o de Kwame Dawes, entre otros. Son ellos, junto a otros tres escogidos, incluida la ganadora en 2015, Safia Elhillo, y el fundador del certamen, Bernardine Evaristo.

Lo más importante de esta iniciativa es poder acceder a los trabajos de estos jóvenes escritores. Por eso, la propia página del premio ofrece una pequeña muestra de los trabajos de los diez finalistas. Se puede acceder a estas poesías seleccionadas, que no son todas las presentadas, a través de estos enlaces.:

Evaristo, se ha mostrado satisfecho por la presencia de una autora del Norte de África, lo que supone una cierta superación de las barreras que se establecen habitualmente entre los distintos escenarios del continente. La somalí Sahro Ali, es una de las dos actores que también generan el regocijo del presidente y fundador del premio, porque es una de las que habla de manera explícita de temas que tienen que ver con la problemática a la que se enfrentan los miembros del colectivo LGTBI. Prevalecen en esta lista los autores nigerianos, pero Evaristo señala que esta situación responde a que el mayor número de aspirantes procede de este país. Eso si, salvo Leila Chatti, la escritora tunecina, el resto de finalistas proceden de países de la antigua esfera anglófona del continente.

Lo más destacable de este premio es que pone de manifiesto la pujanza de un género que, por otro lado, en todos los lugares del mundo es considerado un género muy marginal. Sin embargo, como demuestra este premio, muchos autores africanos están dispuestos a seguir ofreciendo al mundo poesía de calidad.

Literatura no limits

Se han decidido a hacer caer todas las barreras, a eliminar los límites de la literatura. Continúan avanzando en un ambicioso e involuntario objetivo que ni siquiera se han planteado formalmente. El colectivo de escritores Jalada sigue avanzando, sigue en movimiento y lo demuestra especialmente con su última propuesta un festival literario itinerante a medio camino entre un festival al uso, un bibliobús y una gira artística. Los miembros del colectivo no sólo visitan doce ciudades en cinco países de África Oriental, sino que han previsto para cada una de esas paradas una programación específica, en un alarde de creatividad, también en el diseño de los eventos.

Imagen promocional del festival. Fuente: Jalada

Primero hicieron caer las fronteras y edificaron un colectivo de escritores y escritoras panafricano como nunca había existido antes, con autores de cinco nacionalidades (Kenia, Uganda, Zimbabue, Nigeria, Sudáfrica) en el núcleo inicial. Esa diversidad de procedencias ha ido aumentando a medida que aumentaban también los miembros de esta conspiración literaria continental. En ese derribo de fronteras acabaron incluso con una barrera más alta que las de los estados y es la de los antiguos ámbitos coloniales. Jalada ha conseguido acercar a escritores de países con pasado anglófono con otros procedentes del antiguo ámbito francófono.

Después superaron los límites temáticos. Las líneas rojas, como ha comentado alguna vez Sonia Fernández, la autora de Literafricas, que les aparecen a la mayor parte de los autores africanos y que les marcan los temas sobre los que se espera que hablen. Y, sobre todo, esas líneas rojas marcan los temas sobre los que un autor africano no debería hablar. De nuevo, demoler las convenciones fue apenas un pasatiempo para este colectivo. Se presentaron en sociedad y se han ido haciendo con un nombre a fuerza de construir antologías de relatos sobre temas que nadie habría sospechado antes o, al menos, por los que muy pocos editores habían apostado hasta ahora. Han hablado, sin tapujos y sin complejos, sobre erotismo y también sobre afrofuturismo, por ejemplo.

Luego, acabaron con los límites culturales. Esa enorme riqueza cultural que alberga el continente, su diversidad, se ha interpretado, en ocasiones como una dificultad añadida para la difusión, por ejemplo, de la literatura. Jalada se ha puesto delante de esta valoración y simplemente la ha sobrepasado. Cogieron “Ituĩka Rĩa Mũrũngarũ: Kana Kĩrĩa Gĩtũmaga Andũ Mathiĩ Marũngiĩ”, un relato original del keniano Ngũgĩ wa Thiong’o y publicaron una antología en la que traducían esta historia a 32 lenguas africanas (incluidas las antiguas lenguas de las metrópolis coloniales) y abrieron la puerta a continuar aumentando la lista le lenguas.

Finalmente han terminado de menospreciar los límites de los géneros ideando un poco ortodoxo festival literario itinerante. Jalada Mobile Festival es la primera edición de esta propuesta que durante un mes viajará por doce ciudades de cinco países de África del Este. Empezando por la capital de Kenia, Nairobi, se desplazarán a Nakuru y Kisumu, antes de cruzar la frontera de Uganda para instalarse dos días en Kampala y de allí a Kabale. Abandonarán después Uganda y cruzarán a la República Democrática del Congo para detenerse en Goma. Su siguiente parada está en la capital ruandesa, en Kigali. Y, a partir de ahí, comienzan el periplo tanzano que llevará al festival a visitar Mwanza, Arusha, Dar Es Salam y Zanzibar, para regresar a Kenia en la última estación, en Mombasa.

Para cada una de esas paradas, los miembros de Jalada han previsto un programa de actividades diferente que incluyen debates sobre los temas inusuales en esos foros, que realmente son los que interesan a esa nueva generación de creadores. Se discutirá sobre asuntos tan diversos como el papel de algunos medios de comunicación en la construcción de la sociedad, como es el caso de la radio; o algunas formas de cultura tradicional, con un especial interés sobre la tradición oral y su influencia en las formas literarias más actuales; se analizarán las nuevas fronteras de la literatura y algunos mitos y leyendas; se debatirá sobre las organizaciones y los colectivos que han sostenido en los momentos más difíciles la escritura y la lectura como formas de transformación e, incluso, de rebeldía. Son sólo algunos de los temas propuestos, entre los que no se ha olvidado, evidentemente, la cuestión de las lenguas nacionales.

Pero también se proyecta esa diversidad en las actividades paralelas que acompañan en cada estación a los debates y las conferencias. Si en Nairobi se ha previsto un catálogo de todas las posibles intersecciones entre la poesía y la cultura urbana, en Kigali se proyectará una nueva dimensión de la antología que Jalada publicó sobre sexo, sensualidad e intimidad a través de la danza. En todo caso, la palabra hablada será la inevitable protagonista de estas actividades que pondrán de manifiesto como un mismo fenómeno y una misma experiencia se materializa de forma diferente cuando se funde con la cultura local. Si la poesía urbana tiene un sabor especial en Dar Es Salam, propio de la tradición árabe y en Kampala, la particularidad viene del nacimiento del hiphop en las iglesias evangélicas.

En fin, toda una nueva muestra de diversidad que Jalada vuelve a poner de manifiesto en su proceso de redefinición de las líneas de la literatura, unas líneas que nunca son fronteras.

Un poema para defender los derechos de los LGTBI

Lee Mokobe en una imagen cedida por él mismo.

Lee Mokobe en una imagen cedida por él mismo.

Lee Mokobe se ha puesto delante de un auditorio y ha explicado cómo se siente un joven que se enfrenta a un entorno en el que no se acepta que se sienta como un chico a pesar de haber nacido con un cuerpo de chica.

Fui un misterio anatómico,

una pregunta que se quedó sin respuesta

un caminante por la cuerda floja

entre el niño torpe y la niña que pide disculpas.

Y al cumplir los 12, la fase muchacho dejo de parecer encantadora.

Encontró tías nostálgicas

que querían verme las rodillas a la sombra de las faldas

y me recordaban que mi actitud nunca iba a traerme un marido en casa,

que yo existo para el matrimonio heterosexual y la procreación.

Y me tragué sus insultos junto con sus afrentes.

Naturalmente, no salí del armario.

Es un fragmento de la historia de Lee. La que contó durante el evento TEDWomen2015 en la ciudad californiana de Monterrey. Habría que decir, más bien, la que declamó. Lee Mokobe es un slammer de 21 años, apenas 20 durante la conferencia, sudafricano afincado en Estados Unidos y que se ha convertido en uno de los estandartes de la lucha por los derechos del colectivo LGTBI.

Su poesía en la iniciativa TED ha superado ya el millón de visualizaciones y así es cómo este slammer ha explicado al mundo cómo se siente un joven transexual y cómo se enfrenta a un entorno hostil. También, aunque no está en su poema, Lee Mokobe transmite su compromiso durante su actuación. Sí, Lee es un artista comprometido. “Creo que cuando tocas las emociones de alguien, cuando apelas a la conciencia de alguien, le estás empujando a posicionarse, a dar una respuesta y habitualmente lo hace con mucha humanidad. Cuando creas arte que incite a una respuesta, obligas a las personas a ser introspectivas, a mirar dentro de sí mismo y de los demás para encontrar una solución”, explica Mokobe, para justificar su convicción en el poder transformador del arte.

Este artículo ha sido posible gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y Planeta Futuro (El País). Para seguir leyendo, pincha aquí.

Adam Small, el ejemplo de la diversidad sudafricana

Los medios se han llenado de obituarios esta semana, sobre todo los sudafricanos, para rendir un homenaje al poeta Adam Small. Se trata de un reconocimiento que, por otro lado, le costó recibir en vida. Sin embargo, en los últimos años, ya nadie dudaba de la altura artística de este escritor que ha representado de la misma manera la contradicción de la sociedad que permitió y sufrió el apartheid y, al mismo tiempo, uno de los principales potenciales de esta sociedad, su diversidad.

El poeta Adam Small. Fuente: www.dispatchlive.co.za

El poeta Adam Small. Fuente: www.dispatchlive.co.za

La vida de Adam Small, su propia biografía rompía con algunos de los falsos principios que habían cimentado el estado de discriminación en Sudáfrica. El autor, además, no dudó en alimentar esa contradicción, para dinamitar unos prejuicios que dificultaban la convivencia. Small ha sido posiblemente el escritor afrikáans negro más importante. Afrikáans y negro, dos características aparentemente contrapuestas que le valieron la invisibilidad durante los años del régimen racista. Demostraba, no sólo, que afrikáans no era necesariamente sinónimo de blanco, sino que además la sociedad sudafricana era mestiza, una evidencia que incomodaba al régimen supremacista.

Portada de "Klaverjas", de Adam Small.

Portada de “Klaverjas”, de Adam Small.

Pero Adam Small no era sólo un símbolo. Fue un escritor, poeta, ensayista y dramaturgo, sobresaliente afortunadamente reconocido, aunque fuese de manera tardía. Y fue, además, un activista irredento. Y todo ello, al mismo tiempo. Selló su compromiso como miembro del Black Consciousness Movement, la alternativa a un ANC acorralado. El BCM era el movimiento liderado por uno de los líderes antiapartheid más silenciado Steve Biko. Small, se implicó en esta corriente que ponía en cuestión la dualidad planteada por el régimen segregacionista.

En general, Adam Small fue un auténtico transgresor, pero su desobediencia no era simple provocación sino el cuestionamiento de todos los pilares del discurso del apartheid. Su verdadero estilo incluía la elección de la lengua, afrikáans, sí, pero no la variante más formal. Small pronto se decantó por un dialecto, el kaaps, rodeado de un aura de impureza que todavía exasperaba más a los poderosos.

A pesar de que sistemáticamente le negaron los reconocimientos formales, no pudieron poner en duda su calidad como escritor y eso le dio una popularidad que seguramente le confirió una cierta protección.

En sus obras, una docena de libros de poesía y sus columnas en los medios, Small hablaba de las víctimas del apartheid y cuestionaba el sustrato ideológico del sistema. Otro de los temas destacables fue el exilio de algunos de los elementos más preeminentes de la comunidad negra y, sobre todo, de las diferentes comunidades mestizas.

Después de la caída del régimen de segregación le llegaron los reconocimientos, e incluso, su rehabilitación en el ámbito académico del que había sido marginado por su apoyo a los estudiantes de la universidad de Ciudad del Cabo en los años setenta. Con el nuevo sistema llegaron todo tipo de premios y honores, desde doctorados honoris causa hasta la medalla de la academia de sudafricana de las artes y las ciencias, sin olvidar un Hertzog Prize, en 2012, por su contribución al teatro. Un galardón con un marcado sabor a redención ya que se otorga habitualmente a la publicación de una nueva obra, aunque no era el caso.

Antes incluso de su muerte, Adam Small consiguió que se reconociese el valor de esa diversidad que él mismo representaba y que el régimen del apartheid había tratado de ocultar.

Mark Djadou, la oda al África liberada

No son muchos los autores africanos que escriben directamente en español. La lista se desvanece (prácticamente) cuando hablamos de poesía. El togolés Mark K. Djadou quiso titular su libro poético África, más de lo mismo (2012), pero perfectamente podía haberlo llamado “África desencadenada”. Djadou construye a través de los versos un relato de un continente anhelado, un continente liberado, pero sobre todo un continente de africanos libres.

El escritor togolés Mark Djadou.

El escritor togolés Mark Djadou.

En la introducción al autor del propio volumen, el editor del poeta togolés dice de él que “se ha quitado definitivamente el velo de la inocencia”. Da la impresión de que Djadou ha cambiado el concepto de su poesía. Si un día fue el ejercicio que un recién llegado hacía para tratar de comprender un entorno que le desconcierta, ahora es una herramienta, un arma. El poeta canta a la belleza de sus recuerdos del continente, quizá en ocasiones, idealizado y, tal vez voluntariamente sublimado para contrapesar el discurso negativo más habitual. Pero también denuncia, critica y exige. Denuncia el expolio, critica la situación actual y exige una reacción.

La experiencia de la partida tiñe una buena parte de las poesías de Djadou, puros versos del destierro. La arcadia de una África de imágenes diversas o el dolor de la distancia hablan en las palabras del poeta. Algunos de los versos de Djadou ni siquiera admiten interpretación:

Si fuese auténtico africano,

viviría en el manto verde de la sabana

y trataría de encontrar el manjar delicioso

y la esencia de mi existir.

Los versos de Djadou aparecen bien acompañados en este libro. Por un lado, por algunos pensamientos y glosas del propio autor. Por otro lado, por las ilustraciones de un compatriota con un destino que discurre en paralelo al del poeta. Traore Soule Mohamadou es un artista gráfico togolés, también afincado en España que intercala sus trabajos con los del escritor.

En las páginas de África, más de lo mismo, el continente es un personaje más. En realidad, es un personaje protagonista: un “edén”, una bella mujer soñada, un amanecer. Pero, para Djadou, África es también y sobre todo una denuncia y una esperanza, un ideal que se debe conquistar.

Libro África más de lo mismo - PortadaÁfrica,

estás desangrándote

y retrocediendo en el tiempo

año tras año.

Tu presente pasa lentamente

y tu futuro ni siquiera

lo has soñado.

Dice en “Espíritu de cambio” a modo de grito de realidad y añade en “Nuevo día en África” como deseo:

En África,

un nuevo día brillará.

¿Quién sabe si será mañana

o pasado mañana?

El poeta togolés afincado en España, canta a la diáspora y al exilio, a la distancia y a pesar de un cierto sabor a fracaso, sus versos destilan futuro, a veces, casi en forma de plegaria, como en “Raíces africanas”:

África,

tú que me haces libre

de todas veleidades anárquicas,

y seguiré junto a tus profundas raíces.

confío, en ti

Algunos de los giros de Djadou destilan una frustración que, sin embargo, el poeta convierte en energía. A las palabras duras de “Africano en el atolladero”, le siguen las de “Hijo de la libertad”.

En el atolladero, al paso del tiempo,

aprendí no esperar a nadie.

Ni mi destino de otros.

Pero, sin duda, y a pesar de los matices la mirada este poeta del exilio se dirige hacia el futuro, una mirada con la que supera los escollos de la vida del migrante y un futuro en el que ve construirse un continente más justo para sus ciudadanos. En su futuro más inmediato, por cierto, el escritor togolés ve la publicación cercana de una novela, otra manera quizá de proyectar sus esperanzas.

Abdoulaye Bilal Traoré, un griot en España

Abdoulaye Bilal Traoré. Cedida por el autor

Abdoulaye Bilal Traoré. Cedida por el autor

“Los mejores testigos de la historia fueron nómadas. Griots, cuentacuentos o viajeros recorrieron el mundo durante siglos para entender al otro, transmitir historias ajenas y construir puentes. El movimiento es parte del aprendizaje” (Aldekoa 2014, 137). Bilal Traoré forma parte de estos trotamundos que no cesan de dar y recibir conocimientos con la única intención de comprender el mundo que nos rodea y acercarnos los unos a los otros. Aldekoa, con rigor periodístico y pasión por las historias, alza su voz desde África para pintarnos el diverso mosaico que configura el Océano África. Bilal Traoré, con la sensatez de un librepensador y la delicadeza de un fino observador, compone y recompone desde España el collage de la sociedad actual.

Será de Bilal Traoré de quien hablaremos en esta ocasión porque no sólo nos trae un pedacito de África sino que el senegalés que vive en él se entremezcla y se confunde con el español que lleva más de quince años conviviendo y aportando a esta tierra. Traoré, músico, escritor, cuentacuentos, actor,… es, en definitiva, un neo-griot, aquel que “recibe la palabra sin mentira y la trasmite sin distorsiones. En el siglo XXI, el griot tiene que investigar esta misma palabra y adaptarla a su tiempo”. Pretendemos que este artículo sirva para presentaros al escritor y a la persona, por ello, repasaremos su pensamiento a través de sus creaciones y sus proyectos. En primer lugar, el pasado y su comprensión son la base para construir un futuro mejor, nos dice: “La felicidad se busca entre los escombros de las dificultades del camino estando claro que, para reconstruir cualquier deterioro, hace falta tener en mente o a la vista, lo que fue” (Punto de vista: el voto). El presente pasa por la unión entre las comunidades que, para Bilal, se logra dando a conocer las realidades de cada cual y compartiendo: “Informar más, informar bien e informar con respeto” (Invasión).

9788468633909Defiende la fraternidad de los pueblos y se propone como objetivo “hacer ver de dónde vengo y quién soy para que nos encontremos y veamos los puntos de encuentro”. De hecho, tiene un papel activo en la sociedad gallega con actividades en centros educativos. Trabaja con los niños, la sociedad de mañana, despertando en ellos la curiosidad por otras realidades, construyendo puentes entre los dos continentes y propiciando una educación intercultural: propone atractivos viajes virtuales a Senegal, organiza divertidos talleres de percusión y cuenta desconocidos cuentos africanos acompañándose de su Djembe. Transmite trans-formando, es un passeur de culturas que logra descubrir al público otras culturas subrayando divergencias y convergencias.

Oculto al sol (2010) es el primer poemario en español publicado por Abdoulaye Bilal Traoré. Con él, logra romper otra de las fronteras que impiden la comunicación acercándose a nosotros, sus vecinos españoles, mediante nuestra lengua. Los idiomas representan un medio de adentrarse en las culturas, defiende la idea de “parler et d’écrire dans plusieurs langues, de connaitre et se défendre dans tant d’autres pour un meilleur développement personnel et collectif” (“hablar y escribir en varias lenguas, de conocer y defenderse en muchas otras para lograr un mejor desarrollo personal y colectivo” en Guiss-Guiss). Su obra poética y lingüística es, sin embargo, mucho más amplia. Sin intermediarios, el arte de Traoré se encuentra en acceso libre a todos los lectores porque es un espíritu deseoso de intercambiar, de hablar y de escuchar. En sus cuatro blogs (en francés, en wolof, en español y en gallego) se puede encontrar una cantidad enorme de material, sobre todo, poesía, pero también ensayos, cuentos y reflexiones sobre la actualidad.

Sus poemas son la esencia de historias sin desarrollar, sus cuentos, novelas breves y sus ensayos, el monólogo interior de sus preocupaciones. Su Yo poético vive constantemente entre dos mundos, entre el aquí y el allí, entre la individualidad y la colectividad -“Tú y yo, él y los demás, todos somos” (Extremadura. 2010, 65)- reflejando de forma clara su compromiso social. Por ello, la temática que nos encontraremos es ecléctica: hará referencia a la política mundial, “El pobre quiere emerger, / el emergente corre a por el desarrollo / y el desarrollado se hunde en el diván de la especulación” (Tres orígenes de la geopolítica cerebral)-; a los problemas actuales como la migración, tanto a los peligrosos viajes como a los múltiples accidentes y conflictos para alcanzar tierra europea:

Una imagen de una actuación de Abdoulaye Bilal Traoré. Cedida por el autor

Una imagen de una actuación de Abdoulaye Bilal Traoré. Cedida por el autor

“Il était sept heures du matin

et Samba me susurra: Au revoir.

Un à plus tard qui devint à plus jamais.

(…) La mer ne parle pas ma langue

elle la croque l’avale et la fait trépasser

La mer ne voulut me rendre mon ami (La mer ne parle pas ma langue)

También denuncia las situaciones de clandestinidad y marginalidad una vez aquí: “sobrevivir / trastornado, deambular sin papel asignado / entre dos mundos” (Mendigo); grita a las injusticias y repulsa el racismo con viveza. Es universal y atemporal pero también concreto dando visibilidad, por ejemplo, al drama humano ocasionado por el hundimiento de un pesquero en la costa gallega o a la generosidad humana tras el terremoto de Lorca: “Despertar es el sonar extraño de seguir respirando / cuando renace la consanguinidad de la solidaridad / por el corazón sacudido” (Un despertar de la ciudad de Lorca). Existe, además, un amplio abanico de poemas más íntimos donde las sensaciones y la belleza e influencia de la naturaleza son el centro del mensaje. “Da pedra mesma do río/ tenra vida xerminando / É o carballo de eiquí / caparazón duro da canteira, / auga derretindo. / Din que isto non é fervenza de vida?” (De corazón).

La realidad intercultural que lo rodea y su afán tanto por comprender el mundo como por lograr sociedades más unidas y diversas han logrado que este griot cree, por escrito -aunque la oralidad y la gestualidad se dejan adivinar-, una nueva serie de cuentos en español. Los Cuentos de Cuenta Sin Contar se encuentran en proceso de valoración editorial y constituyen una joya de interferencias culturales, lingüísticas y estilísticas. La obra destaca por su eclecticismo: las historias divertidas, de juegos, de cotilleos, reflexivas, de amor, de confianza y autosuperación se entremezclan con cuentos violentos, de traición, ambición y crueldad, lo mismo que personajes pícaros y osados comparten experiencias con otros comprometidos o curiosos. De nuevo, la fraternidad y la transmisión enérgica de una gran sabiduría, representada en parte en los proverbios que invitan a la reflexión, son el hilo conductor de estos cuentos: “Escuchar a los demás porque simplemente cuando enferma la Palabra, el Oído tiene que estar bien de salud”.

“Cuenta Sin Contar” porque los segundos sentidos y la simbología se esconden tras cada palabra, tras cada nombre o cada lugar: a las realidades cotidianas se une, de repente, la magia; los animales actúan como humanos mientras las personas se deshumanizan,… Cada uno de los cuentos, repletos de intrahistorias, describe lecciones, a veces violentas, que resultan, en principio, chocantes para el público español y que no son más que el reflejo de otras moralejas. Así, los cuentos consiguen que nos cuestionemos sobre nuestros propios valores y principios, dejando, además, patente la necesidad de dedicar nuestro tiempo a los demás. Las bases del wolof, del francés y del gallego se vislumbran en un texto en español repleto de giros lingüísticos inesperados. La voluntariedad de estos fenómenos en el texto reflejan una visión del mundo particular que sirve para readaptar la oralidad al contexto de recepción. En definitiva, el constante va-et-vient que realiza Traoré entre los diferentes patrimonios culturales que lo forman nos presenta historias universales en las que la colectividad es la esencia de la humanidad “porque están los caminos donde sólo se puede andar en plurales” (El Yin. 2010, 26).

Pero la obra de Traoré no es solo para leer, ver, sentir y descubrir mundos y formas nuevas de comunicación, es también, y sobre todo, una obra para escuchar porque “la vida sin música sería incontestablemente un muy grave error, inaguantable para el vivo”, nos dice Cuenta Sin Contar. La música es sin duda otro medio de expresión, es parte de la vida y de la cultura de la que Traoré proviene. La música constituye en sí otro lenguaje con el que comunicar, la lengua de la percusión usa sus ritmos para transmitir el movimiento hacia los demás “(…) Ya siento el movimiento / que conduce a la interconexión de todo en uno. / Dentro de mi éxtasis bailarín, / siento el calor que me lleva al otro / que acaba siendo necesidad complementaria” (Expresión corporal. 2010, 28)

En definitiva, la interculturalidad latente en Bilal Traoré no es solo un proceso individual sino que nos afecta a todos en cuanto sociedad. Los contextos, dicen, modifican a los artistas pero estos también, mediante sus creaciones, transforman y aportan nuevas imágenes de las sociedades que nos obligan a salir de nuestras identidades cerradas y a repensarnos en la pluralidad. Su obra nos abre las puertas a la hibridez afroespañola porque Traoré tiene como objetivo aprender mucho sin olvidar sus raíces. Para ello, crea un espacio de diálogo enriquecedor en el que las comunidades se reconstruyen para afrontar la realidad diversa y múltiple en la que nos ha tocado vivir.

Aldekoa, Xavier. (2014) Océano África. Madrid: Península.  

Traoré, A. B. (2010) Oculto al Sol. Bubok Publishing.

Agostinho Neto: el poeta presidente

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Karla Chagas Iglesias 

El trabajo tiene por objetivo aproximarse brevemente a la vida y obra del escritor, médico y político angoleño António Agostinho Neto, en el entendido que conociendo a este autor nos estaremos acercando a la Angola de su tiempo. Neto es considerado un hombre fermental en la historia de los angoleños a partir de su destacado rol en la cultura y política, siendo el primer presidente de la República Popular de Angola desde 1975 y hasta su muerte en 1979. A través de su historia de vida se visibiliza el compromiso político de la literatura en un contexto emancipatorio plagado de luchas “ganadas” y “perdidas” y que finalmente llevaría a la libertad, no exenta de reveses y dificultades.

La obra de António Agostinho Neto (Angola 1922-URSS 1979), al igual que sucedió con otros escritores africanos, se inscribe dentro de lo que se ha denominado “literaturas de frontera”,[1] en tanto se ubica entre el último período de dominación bajo la colonización –portuguesa, en este caso-, y de la reciente independencia, una vez iniciados los procesos emancipatorios de mediados del siglo XX.

Ilustración 1: BARRADAS, Acácio (editor)Agostinho Neto: Uma vida sem tréguas: 1922-1979. Disponible en: http://rubelluspetrinus.com.sapo.pt/neto1.htm

Ilustración 1: BARRADAS, Acácio (editor)Agostinho Neto: Uma vida sem tréguas: 1922-1979. Disponible en: http://rubelluspetrinus.com.sapo.pt/neto1.htm

La literatura en lengua portuguesa de Angola, Cabo verde, Guinea-Bisao, São Tomé y Príncipe y Mozambique ha sido “menos reconocida” que las literaturas inglesa y francesa de otras naciones africanas. La falta de traducciones ha sido un “freno” a la difusión de dichos trabajos, aunque “paradójicamente la literatura negroafricana en lengua portuguesa existió, irónicamente, con anterioridad a la francófona y a la anglófona” debida a la temprana colonización desarrollada por los portugueses en África, así como ser los que más tiempo permanecieron en ella.[2] La eclosión de la literatura lusófona fue a partir de 1930, con el “afianzamiento de los sentimientos nacionalistas  dentro de la intelectualidad lusoafricana y sus aliados, y como la expresión de una conciencia política y social durante los años que precedieron a las independencias. De hecho, la interrelación entre las condiciones socioeconómicas, culturales y políticas dio nacimiento a un movimiento literario nacionalista. Como resultado de ello, la mayoría de las producciones literarias se centró en las reivindicaciones culturales, políticas y socioeconómicas.”[3]

 

El tren africano

Un tren

subiendo de un difícil valle africano

chirría que chirría

lento y anticuado.

Grita y grita

quien lo explotó no perdió

más no ganó todavía.

Muchas vidas

empaparon la tierra

donde se asientan las vías

y se hunden bajo el peso de la máquina

y en el barullo de tercera clase.

Grita y grita

quien lo explotó no perdió

más no ganó todavía.

Lento, ridículo y cruel

el tren africano…

En: Sagrada esperanza.

traducción de José A. Goytosolo- Xosé L. García

 

Agostinho Neto al igual que muchos de los artistas y referentes africanos de su tiempo, realizó sus estudios universitarios en la metrópoli debido a la ausencia -o casi nula presencia- de universidades en las colonias. Se radicó primero en Coimbra y luego en Lisboa, en donde se formó en medicina, al tiempo que escribió poemas y promovió la cultura y tradiciones angoleñas a partir de integrar diversos movimientos. En esta ciudad fundó, en colaboración con los escritores Amílcar Cabral, Mário de Andrade, Marcelino dos Santos y Francisco José Tenreiro, el Centro de Estudios Africanos, cuyos fines culturales y políticos estaban dirigidos a la afirmación de la nacionalidad africana. La institución fue prohibida por las autoridades portuguesas en 1955.[4]  Su primer trabajo llamado Quatro Poemas de Agostinho Neto fue publicado en la metrópoli en 1957.

Paralelamente a sus estudios, continuó su formación política y consolidó su visión revolucionaria, independentista y socialista.  En 1955 debido a su poesía revolucionaria y su militancia política fue encarcelado y condenado a prisión. Un año después circuló en los medios intelectuales una petición internacional en apoyo a su liberación. La misma fue acompañada por figuras como: Aragon, Simone de Beauvoir, François Mariac, Jean-paul Sartre y Nicolás Guillén, entre otros. En total fue encarcelado en tres ocasiones.[5] Vale recordar, que en Portugal desde la década del veinte del siglo XX ejercía el poder un gobierno autoritario de inspiración fascista bajo el mando de Oliveira Salazar. Bajo este contexto, Portugal desarrolló una política y defensa militar muy a contrapelo de las voces emancipatorias que con fuerza emergían de sus colonias.

Por otra parte, en algunos de los recientes Estados del África subsahariana, figuras de la literatura serán las que ocupen los cargos de poder durante la construcción de los países. Probablemente, el caso más conocido y emblemático sea el de Leopold Sedar Senghor, defensor de la negritud, quién fuera primer presidente de Senegal (1960-1980). La negritud y el panafricanismo fueron movimientos basados en la “reivindicación y rehabilitación de la cultura negra expoliada desde la trata de negros hasta el colonialismo. Es un discurso no solo de protesta y de combate, sino también de exaltación de la personalidad negra”.[6] Bajo la impronta de estos, las consecuencias de la dominación y el colonialismo fueron temáticas centrales. La literatura lusoafricana desarrolló relaciones estrechas con estos movimientos. Tras las independencias, fueron ganando terreno otras temáticas hacia las problemáticas imperantes o el realismo social.[7]

A partir del análisis de la obra de Neto se han identificado ciertas constantes, tales como: el abordaje de temáticas cotidianas a través de una mirada “no panfletaria”, la presencia de temas como la noche y la oscuridad, simbolizando el “sometimiento y el “subdesarrollo”, la esperanza y la ausencia de “sentimentalismos”, así como una descripción detallada del paisaje africano.[8]  En esta breve reseña se han incluido dos de sus poemas traducidos al español, los cuales forman parte de la versión Sagrada Esperança. En Comboio Africano (El tren africano), el autor utiliza la metáfora del tren para hablar de la penetración foránea en Angola y el resto del continente. O choro de África (El llanto de África) es una poseía que denuncia el sometimiento y el yugo de la esclavitud a la que fue sometido todo el territorio, pero que igualmente se manifiesta esperanzadora.

Publicaciones de A. Neto
Obras Poéticas
1957 Quatro Poemas de Agostinho Neto, Póvoa do Varzim
1961 Poemas, Lisboa, Casa dos Estudantes do Império
1974 Sagrada Esperança, Lisboa, Sá da Costa (incluye poemas de los dos primeros libros)
1982 A Renúncia Impossível, Luanda, INALD (edición póstuma)
Obras Políticas
1974 Quem é o inimigo… qual é o nosso objectivo?
1976 Destruir o velho para construir o novo
1980 Ainda o meu sonho
Fuente: http://www.lusofoniapoetica.com/artigos/angola/agostinho-neto/biografia-agostinho-neto.html

Más arriba se mencionó que la militancia política de Neto fue desarrollada desde muy temprana edad, y que bajo el contexto represivo portugués perdió su libertad en varias ocasiones. En 1955 colaboró con la creación del partido político llamado Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) de orientación marxista, el cual se formalizaría un año después. Bajo la clandestinidad también se fundarían más tarde en Angola, el menos radical Frente Nacional de Liberación de Angola (FNL,1962) y la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA,1965). En 1962, Neto sería elegido presidente del MPLA.

Entre 1961 y 1975 sucedió la llamada Guerra de Independencia, en donde los angoleños organizados en estos movimientos y en forma paralela se enfrentaron a las fuerzas portuguesas. Para conservar sus posesiones coloniales, Portugal destinó más de  140000 soldados, lo que representó cerca del 40% del presupuesto estatal.[9] La revolución portuguesa conocida como “revolución de los claveles” fue la que finalmente posibilitó a las colonias independizarse en 1975.

 

El llanto de África

El llanto durante siglos

en sus traidores por la esclavitud de los hombres

en el deseo alimentado entre ambiciones de soplos románticos

en los tambores llanto de África

en las sonrisas llanto de África

en los sarcasmos en el trabajo llanto de África.

 

Siempre el mismo llanto en nuestra alegría inmortal

mi hermano Nguxi y mi amigo Mussunda

en el círculo de las violencias

aun la magia poderosa de la tierra

y de la vida fluyente de las fuentes y de todas las partes y de todas las almas

y de las hemorragias de los ritmos de las heridas de África

hasta en el florecer aromatizado de la selva

hasta en la hoja

en el fruto

en la agilidad de la cebra

en la sequedad del desierto

en la armonía de las corrientes o en el sosiego de los lagos

hasta en la belleza del trabajo creador de los hombres.

 

El llanto de siglos

inventado en la esclavitud

en histerias de dramas negros almas blancas perseguidas

y espíritus infantiles de África

las mentiras llantos verdaderos en sus bocas.

 

El llanto de siglos

donde la violada verdad se consume en el círculo de hierro

en la deshonesta fuerza

sacrificadora de los cuerpos cadavéricos

enemiga de la vida

cerrada en los estrechos cerebros de máquinas de contar

en la violencia

en la violencia

en la violencia.

 

El llanto de África es un síntoma.

 

¡Nosotros tenemos en nuestras manos otras vidas y alegrías

desmentidas por nosotros en los lamentos falsos de sus bocas!

 

Y amor.

Y los ojos secos.

 

Extraído de POETAS AFRICANOS CONTEMPORÁNEOS, org. Fayada Jamis, Virgilio Piñera, Armando Álvarez Bravo, Manuel Cabrera y David Fernándes. (Traductores). Madrid: Biblioteca Jucar, 1975.

 

De este período tan fermental son sus obras políticas: Quem é o inimigo… qual é o nosso objectivo? y Destruir o velho para construir o novo, los cuales reflexionan, entre otros temas, sobre los desafíos ante el nuevo tiempo político del país.

Luego del fin del dominio portugués Angola, viviría el inicio de una guerra civil mucho más cruenta que la lucha por la independencia, debido a la intervención conjunta de Sudáfrica y los EEUU, quienes apoyaron a los movimientos de derecha.[10]  Neto ocupó en 1975 la presidencia de un país dividido y bajo la lucha de poderes, así como de injerencias externas, que bajo una extensa guerra le costó la vida a cientos de miles de angoleños y angoleñas.

Por último, resta reflexionar sobre la vigencia de Agostinho Neto. En este sentido, el escritor angoleño Abreu Praxe, afirmaba:  “Sempre que os jovens se iniciam na arte da escrita uma das referências que procuram é Agostinho Neto, pelo que a sua presença mantém-se actual, presente e respeitada”.[11]  Asimismo, apuntaba sobre los caminos realizados por Neto y como se encargó de dar con su obra “respostas existenciais do seu tempo, desde os processos de luta de libertação dos povos, a emancipação e afirmação das pessoas.”[12] Sus palabras, nos invitan a releer al escritor a través de una mirada actual y crítica, a la luz de las dificultades aún no superadas por las naciones africanas.

[1]    Categoría extraída de los materiales de curso. Bloque III: Literaturas: entre la palabra y la letra impresa , Segunda sesión: Literaturas postcoloniales – Las primeras literaturas de las independencias.

[2]    Ngamba, Monique Nomo “Una visión comparada de las literaturas negroafricanas postcoloniales en lenguas europeas”, Tonos Digitales. Revista electrónica de estudios filológicos, Numero 10, noviembre 2005. http://www.um.es/tonosdigital/znum10/estudios/P-Nomo.htm

[3]    Ibid.

[4]    http://www.agostinhoneto.org/index.php?option=com_content&view=article&id=766&Itemid=230

[5]    http://www.ecured.cu/Agostinho_Neto.

[6]    Ngamba, Monique Nomo op cit.

[7]    ibid

[8]    SOLER, Marc, “Edición de la poesía de Agostinho Neto” en: Tele/expres, 22 de setiembre de 1980, p.17. Disponible en: https://ddd.uab.cat/pub/jag/jagobrcreali/1980/GoyP_0049.pdf

[9]    GARCÍA, Fernando, LORENZO, JOSÉ M., Historia del Mundo Actual. 1945-1995.Memoria del medio siglo, Madrid, Alianza Editorial, 1996, p. 274.

[10]  HOBSBAWM, Eric, Historia del siglo XX, Barcelona, Crítica, 1996, p. 448.

[11] http://www.portalangop.co.ao/angola/pt_pt/noticias/lazer-e-cultura/2011/8/35/Poesia-Agostinho-Neto-mantem-viva-memoria-dos-jovens,78f17797-fa47-4955-9e4e-0c5bd67b6aa0.html

[12]  Ibid.

El valor de la palabra se renueva en África a grito de Slam

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Ruth Fernández Sanabria

El slam no surge en África, no es propiamente característico de las culturas africanas, ni siquiera tiene por qué hablar del continente de una manera exclusiva y, sin embargo, no puede ser más africano. En realidad el slam es un género literario de poesía recitada que procede de Estados Unidos y esto, ya de por sí, le confiere un aire moderno que atrapa (también) a la juventud africana. El último grito de la moda literaria mundial es algo tan tradicional como la literatura oral africana.

En el club de jazz ‘Get me high Lounge’ de Chicago, la música comenzó a hacerle hueco a la poesía. Corría el año 1985 cuando Marc Smith, un albañil amante de este género literario, se propuso sacar los versos de los libros y llevarlos a los bares, expandiendo la lírica fuera del circuito académico para acercarla a todos los públicos a través de torneos a micrófono abierto. Treinta años después, el slam se ha expandido fuera de las fronteras de Estados Unidos como una bocanada de aire fresco para la poesía que, aunque traslada el género al terreno novedoso de una competición reglada en directo,  lo cierto es que ha supuesto un retorno a hábitos retóricos ya existentes.

edición sudáfrica 2015Para empezar, si se quiere ser un buen slammer no basta con ser buen escritor, hay que saber defender lo que se ha escrito, es decir, hay que cultivar la oratoria tal y como en su día lo hicieron los griegos. También se ha de cumplir con la función de entretenimiento; si lo que se cuenta no es ameno, poco o nada importa que el relato sea bueno. De ahí que las veladas de slam recuerden también en gran medida a las actuaciones de los juglares y trovadores de la Edad Media. Pero además, esta poesía oral tiene que incorporar teatralidad, una capacidad interpretativa que fortalezca el sentido de lo que se dice. Y en ocasiones, el slammer también puede servirse de la música como acompañamiento. Pero si algo es imprescindible en el slam, más allá del autor y su prosa, es la asistencia de un público activo.

Si repasamos los elementos que componen este nuevo género poético tenemos: la oralidad, un narrador convincente, la reciprocidad de los asistentes, la interpretación y la  música. Todos ellos son rasgos propios de la literatura oral procedente de las sociedades tradicionales africanas. A pesar de tratarse de múltiples y distintas comunidades, hay un rasgo en común destacable entre todas ellas: su espíritu colectivo. Es lo que en la filosofía Ubuntu, procedente del extremo sur de África, se traduce como “yo soy porque nosotros somos”, o dicho de otro modo, las partes hacen el todo. Así, en las culturas tradicionales el ritmo de las actividades sociales está marcado por una composición creativa y al mismo tiempo funcional, en la que la literatura oral hace de vehículo de transmisión para entender y retener generación tras generación el Universo africano: sus creencias, sus costumbres y sus raíces identitarias.

Edición Nairobi 2015En Occidente la cultura entra por los ojos y en África por los oídos. En las sociedades occidentales el valor del conocimiento adquiere notoriedad cuando es difundido de manera escrita, como si de este modo tuviera una mayor credibilidad. Y esto es así porque la plasmación de la palabra en un texto le confiere un carácter perdurable, lo que le da un halo de seguridad que no lleva implícita la oralidad en el imaginario occidental. Tal y como establece Ferrán Iniesta en ‘El planeta negro: aproximación histórica a las culturas africanas’, desde los tiempos de la Ilustración “la oralidad sintetizaba en el plano del pensamiento todo ese cúmulo de imperfecciones incivilizadas. Raras veces los investigadores hablaron de historia, pero sí de tradición, es decir aquello que se transmite de forma oral, aquello que se hereda por los descendientes. La tradición no era un aspecto de la historia, sino la no-historia”.

En esta concepción del saber, tiene mucho peso también que la visión occidental del mundo esté profundamente ligada al individuo y de que el conocimiento se adquiera a través de una lectura individualizada entre el sujeto y el texto. No es así en las sociedades africanas, donde la palabra pone en relación a la comunidad y fortalece los vínculos de ésta con quienes la forman. Ése es su poder. La palabra oral conecta, transmite valores, tiene una función mística, ética y didáctica que da continuidad a la identidad del colectivo.

La colonización europea hizo mella en este sentido. Supuso que estos mecanismos orales de divulgación del conocimiento se vieran modificados con la implantación de nuevos códigos de expresión  escrita que, aunque cientos de años después nos han permitido conocer la visión del mundo africano contada por africanos; en el momento de su implementación “el pasaje de la oralidad a la escritura fue en efecto uno los procesos más complejos por los que el africano tuvo que transitar. Las lenguas de estas sociedades, sistemas fónicos por excelencia, funcionaban, y en muchos casos lo siguen haciendo, con estratos sonoros que le dan a las palabras un significado diferente según la gravedad de las vocales. (…) La adopción del código escrito, regido en su mayoría por reglas y normas estrictas, resultó sumamente insuficiente e inadecuado para traducir los diferentes tipos de tonalidades, intenciones y contextos que la oralidad africana sí permitía y que con la escritura se hacían prácticamente invisibles”, tal y como señala Rocío Munguía en ‘De la oralidad a la escritura: Un acercamiento al conflicto lingüístico en los pueblos francófonos del África negra’.

Thabiso, ganador de InZync Poetry Slam, Sudáfrica - SLIPNET.CO

Thabiso, ganador de InZync Poetry Slam, Sudáfrica – SLIPNET.CO

El slam recupera las señas lingüísticas que no era capaz de sostener el papel y vuelve a incorporar a las lenguas nacionales en la literatura. Incluso integra nuevos lenguajes, argots urbanos que combinan idiomas europeos con idiomas africanos. Y esto es así porque las ciudades son la cuna en la que se mece este moderno arrorró. Como el hip hop o los grafitis, el slam es una manifestación de la cultura urbana importada al continente que demuestra que las sociedades africanas no viven ajenas a la modernidad de la globalización. Tanto es así que hoy en día es raro encontrarse una ciudad al sur del Sáhara en la que no se celebren veladas de slam, lo que hace que esta modalidad de poesía sea tremendamente popular a lo largo del continente.

Recientemente se ha celebrado en Washington el Individual World Poetry Slam Championship (IWSP). Casualidad o no, la joven sudanesa Emtithal Mahmoud resultó ganadora del Campeonato Mundial de poesía oral. Tiene sentido, el slam es un fenómeno  global pero el último grito de la moda  literaria ya palpitaba en el interior de la nueva generación africana; arraigado como está el valor de la palabra a sus entrañas culturales. Y esto hasta podría considerarse justicia poética, al fin y al cabo justamente la modernidad es lo que ha devuelto a los africanos la capacidad de darle voz a su desprestigiado Universo.