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El valor de la palabra se renueva en África a grito de Slam

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Ruth Fernández Sanabria

El slam no surge en África, no es propiamente característico de las culturas africanas, ni siquiera tiene por qué hablar del continente de una manera exclusiva y, sin embargo, no puede ser más africano. En realidad el slam es un género literario de poesía recitada que procede de Estados Unidos y esto, ya de por sí, le confiere un aire moderno que atrapa (también) a la juventud africana. El último grito de la moda literaria mundial es algo tan tradicional como la literatura oral africana.

En el club de jazz ‘Get me high Lounge’ de Chicago, la música comenzó a hacerle hueco a la poesía. Corría el año 1985 cuando Marc Smith, un albañil amante de este género literario, se propuso sacar los versos de los libros y llevarlos a los bares, expandiendo la lírica fuera del circuito académico para acercarla a todos los públicos a través de torneos a micrófono abierto. Treinta años después, el slam se ha expandido fuera de las fronteras de Estados Unidos como una bocanada de aire fresco para la poesía que, aunque traslada el género al terreno novedoso de una competición reglada en directo,  lo cierto es que ha supuesto un retorno a hábitos retóricos ya existentes.

edición sudáfrica 2015Para empezar, si se quiere ser un buen slammer no basta con ser buen escritor, hay que saber defender lo que se ha escrito, es decir, hay que cultivar la oratoria tal y como en su día lo hicieron los griegos. También se ha de cumplir con la función de entretenimiento; si lo que se cuenta no es ameno, poco o nada importa que el relato sea bueno. De ahí que las veladas de slam recuerden también en gran medida a las actuaciones de los juglares y trovadores de la Edad Media. Pero además, esta poesía oral tiene que incorporar teatralidad, una capacidad interpretativa que fortalezca el sentido de lo que se dice. Y en ocasiones, el slammer también puede servirse de la música como acompañamiento. Pero si algo es imprescindible en el slam, más allá del autor y su prosa, es la asistencia de un público activo.

Si repasamos los elementos que componen este nuevo género poético tenemos: la oralidad, un narrador convincente, la reciprocidad de los asistentes, la interpretación y la  música. Todos ellos son rasgos propios de la literatura oral procedente de las sociedades tradicionales africanas. A pesar de tratarse de múltiples y distintas comunidades, hay un rasgo en común destacable entre todas ellas: su espíritu colectivo. Es lo que en la filosofía Ubuntu, procedente del extremo sur de África, se traduce como “yo soy porque nosotros somos”, o dicho de otro modo, las partes hacen el todo. Así, en las culturas tradicionales el ritmo de las actividades sociales está marcado por una composición creativa y al mismo tiempo funcional, en la que la literatura oral hace de vehículo de transmisión para entender y retener generación tras generación el Universo africano: sus creencias, sus costumbres y sus raíces identitarias.

Edición Nairobi 2015En Occidente la cultura entra por los ojos y en África por los oídos. En las sociedades occidentales el valor del conocimiento adquiere notoriedad cuando es difundido de manera escrita, como si de este modo tuviera una mayor credibilidad. Y esto es así porque la plasmación de la palabra en un texto le confiere un carácter perdurable, lo que le da un halo de seguridad que no lleva implícita la oralidad en el imaginario occidental. Tal y como establece Ferrán Iniesta en ‘El planeta negro: aproximación histórica a las culturas africanas’, desde los tiempos de la Ilustración “la oralidad sintetizaba en el plano del pensamiento todo ese cúmulo de imperfecciones incivilizadas. Raras veces los investigadores hablaron de historia, pero sí de tradición, es decir aquello que se transmite de forma oral, aquello que se hereda por los descendientes. La tradición no era un aspecto de la historia, sino la no-historia”.

En esta concepción del saber, tiene mucho peso también que la visión occidental del mundo esté profundamente ligada al individuo y de que el conocimiento se adquiera a través de una lectura individualizada entre el sujeto y el texto. No es así en las sociedades africanas, donde la palabra pone en relación a la comunidad y fortalece los vínculos de ésta con quienes la forman. Ése es su poder. La palabra oral conecta, transmite valores, tiene una función mística, ética y didáctica que da continuidad a la identidad del colectivo.

La colonización europea hizo mella en este sentido. Supuso que estos mecanismos orales de divulgación del conocimiento se vieran modificados con la implantación de nuevos códigos de expresión  escrita que, aunque cientos de años después nos han permitido conocer la visión del mundo africano contada por africanos; en el momento de su implementación “el pasaje de la oralidad a la escritura fue en efecto uno los procesos más complejos por los que el africano tuvo que transitar. Las lenguas de estas sociedades, sistemas fónicos por excelencia, funcionaban, y en muchos casos lo siguen haciendo, con estratos sonoros que le dan a las palabras un significado diferente según la gravedad de las vocales. (…) La adopción del código escrito, regido en su mayoría por reglas y normas estrictas, resultó sumamente insuficiente e inadecuado para traducir los diferentes tipos de tonalidades, intenciones y contextos que la oralidad africana sí permitía y que con la escritura se hacían prácticamente invisibles”, tal y como señala Rocío Munguía en ‘De la oralidad a la escritura: Un acercamiento al conflicto lingüístico en los pueblos francófonos del África negra’.

Thabiso, ganador de InZync Poetry Slam, Sudáfrica - SLIPNET.CO

Thabiso, ganador de InZync Poetry Slam, Sudáfrica – SLIPNET.CO

El slam recupera las señas lingüísticas que no era capaz de sostener el papel y vuelve a incorporar a las lenguas nacionales en la literatura. Incluso integra nuevos lenguajes, argots urbanos que combinan idiomas europeos con idiomas africanos. Y esto es así porque las ciudades son la cuna en la que se mece este moderno arrorró. Como el hip hop o los grafitis, el slam es una manifestación de la cultura urbana importada al continente que demuestra que las sociedades africanas no viven ajenas a la modernidad de la globalización. Tanto es así que hoy en día es raro encontrarse una ciudad al sur del Sáhara en la que no se celebren veladas de slam, lo que hace que esta modalidad de poesía sea tremendamente popular a lo largo del continente.

Recientemente se ha celebrado en Washington el Individual World Poetry Slam Championship (IWSP). Casualidad o no, la joven sudanesa Emtithal Mahmoud resultó ganadora del Campeonato Mundial de poesía oral. Tiene sentido, el slam es un fenómeno  global pero el último grito de la moda  literaria ya palpitaba en el interior de la nueva generación africana; arraigado como está el valor de la palabra a sus entrañas culturales. Y esto hasta podría considerarse justicia poética, al fin y al cabo justamente la modernidad es lo que ha devuelto a los africanos la capacidad de darle voz a su desprestigiado Universo.

Atanga y las letras ecuatoguineanas

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No son muchos los recursos de la cooperación española que se dedican a la difusión de las culturas africanas y mucho más escasos, todavía, lo son los de la diplomacia. Por eso, merece la pena mencionar, al menos, la “isla” que supone Atanga, la revista del Centro Cultural de España en Malabo, que número tras número, y ya lleva diez, dedica una espacio considerable a las producciones literarias del pequeño país centroafricano.

En el décimo número de esta publicación semestral, que toma prestado el nombre de una fruta tropical popular en el país,  un artículo de Baltasar Fra Molinero nos acerca a la figura de la poetisa hispano-ecuatoguineana, Raquel Ilombe del Pozo Epita. Fra nos la presenta como “la primera escritora guineana que publicó un libro en vida y la primera también de una larga lista de guineanos que pensaron Guinea en un exilio u otro”. La excusa es la publicación de Ceiba II, un poemario de obras inéditas de la escritora en la que el autor del artículo nos advierte que encontraremos “dos ensayos preliminares, uno más teórico y otro más biográfico, que sitúan a Raquel Ilombe como figura cultural central de las letras guineanas, por más que su nombre sea desconocido para la nuevas generaciones”.

ceibaIILo cierto es que a través de los ojos de Fra descubrimos una autora con una historia apasionante, hija de un colono español y una ecuatoguineana de Corisco. Una víctima colateral de las leyes discriminatorias coloniales que la alejaron de su madre a una edad temprana para colocarla en Burgos de la mano de su padre. Una de las pocas mulatas de la época en España “con una vida de mujer de la clase media acomodada” y “educada en las Escolapias, hablaba francés, había tenido clases de ballet y una puesta de largo como correspondía”. Y al mismo tiempo, nos encontramos con una mujer que se lanza a la búsqueda de sus raíces en los últimos años de la colonia y que se preocupa considerablemente por el futuro político de su país de origen en los tiempos turbulentos y resbaladizos de los albores de la independencia, desafiando las reticencias del Franquismo. Una mujer que se compromete con la transición política española, pero también con la de ese país en el que hundía unas raíces que tempranamente habían intentado ser arrancadas.

Al mismo tiempo, nos encontramos con una poetisa de la distancia, del regreso, de la lucha contra el desarraigo, quizá una de las primeras cantoras de la diáspora y de una diáspora además que sistemáticamente se ha encontrado con serias dificultades para expresarse a pesar de la proximidad como es la ecuatoguineana. Entre los versos que nos muestra Baltasar Fra Molinero, que es además uno de los editores de la edición crítica del poemario Ceiba II, se nos descubren todas esas sensaciones, todos esos sentimientos, todas esas preguntas sin respuesta del exilio forzado:

¿Qué has hecho, tierra roja,

que te tengo tan pegada?

¿Qué has hecho, mar?

Me convirtieron en playa.

El editor asegura que “la edición crítica de Ceiba II quiere servir de vehículo a los lectores guineanos del siglo XXI, para los que las historias de la colonia y la independencia son temas del pasado”. Y en ese esfuerzo por volver a coser con versos los dos mundos propios de una mujer desgarrada, Baltasar Fra señala que “Raquel Ilombe fue una guineana que dijo muchas cosas de España y una española que eligió ser guineana para ser consecuente con su historia personal”.

Pero las páginas que el décimo número de Atanga dedica a las letras ecuatoguineanas no se agotan con la figura de Raquel Ilombe del Pozo Epita. La revista dedica también un artículo a “Ëëvóvë Batete 2015 / Día de la Lengua Bubi”, una iniciativa organizada para reivindicar la utilización de esta lengua nacional que corre cierto riesgo de caer en el olvido. Y de la misma manera nos descubre “Miba na veya (Agua y fuego)” un cuento tradicional ndowé.

Estos ejemplos son sólo una muestra del esfuerzo de los editores de Atanga por mostrar la actividad literaria de Guinea Ecuatorial. Unos esfuerzos que ya se hicieron evidentes cuando dedicaron el número 9 de manera casi íntegra al panorama literario del país.

La poesía africana inmersa en el siglo XXI

Portada del portal Badilisha X-Change.

Portada del portal Badilisha X-Change.

Badilisha X-Change es una espectacular Torre de Babel que alberga poesías en catorce idiomas, la mayor parte de ellos, lenguas nacionales africanas. Pero también es una extraña Biblioteca de Alejandría donde se guardan las obras de más de cuatrocientos poetas. Y al mismo tiempo es algo así como un Ágora, en la que los conocimientos están accesibles. Pero, sobre todo, Badilisha es un islote de literatura africana en la que el arte no sólo se mantiene y se preserva sino que además se alimenta y tiene las condiciones más adecuadas para crecer. En su descripción más prosaica, Badilisha X-Change es una plataforma on line en la que se guardan y se exponen las obras de poetas africanos repartidos por todo el mundo.

En ocasiones resulta complicado encontrar el equilibrio entre la tradición y los tiempos modernos y entre preservar una manifestación artística y exponerla para genere más cultura. Badilisha X-Change resulta una buena muestra de este equilibrio. La poesía es probablemente el género literario peor tratado por la industria editorial y, al mismo tiempo, quizá sea la manifestación más firmemente ligada a la tradición africana, ya que muchas de esas obras históricas transmitidas oralmente tenían, originalmente, forma y fondo de poesía. Esta plataforma afincada en Sudáfrica ha conseguido catapultar a la poesía africana al siglo XXI, directamente, si es que no lo estaba ya. La iniciativa alberga las poesías en formato de audio y no sólo es accesible desde cualquier lugar del mundo a través de internet, sino que además está adaptado a los teléfonos móviles. En resumen, Badilisha X-Change es el canal para que los africanos tengan poesía africana en sus teléfonos móviles.

Auspiciado por la organización sudafricana Africa Center, todo un referente en cultura innovadora y transformadora en el continente, la iniciativa del archivo poético sonoro ha tenido una corta vida llena de evoluciones, de adaptaciones y de redefiniciones, llena de dinamismo y de vitalidad, en realidad. Badilisha nació en 2008 como un festival poético anual, pero de los propios eventos, de las reuniones y de los trabajos realizados durante la cita se hizo necesario da un paso. En 2012 se produjo la primera gran reconversión, cuando pasó a convertirse en un archivo sonoro como respuesta a la falta de interés de la industria editorial que limitaba las posibilidades de los africanos, incluidos los propios autores, de acceder a las obras de otros africanos, pero también las opciones de los artistas de trascender los límites de sus países y del continente. Recientemente, la plataforma ha sido relanzada, más adaptada a dispositivos nuevos, reorganizada y más atractiva, todo para conseguir el objetivo de alcanzar una audiencia global.

Linda Kaoma, poeta sudafricana y responsable de la iniciativa. Fuente: web de Badilisha.

Linda Kaoma, poeta sudafricana y responsable de la iniciativa. Fuente: web de Badilisha.

Más allá de estar respaldada por el Africa Center y de recibir una parte de financiación de patrocinadores privados y del propio gobierno sudafricano, detrás del proyecto hay tres artistas, concretamente tres mujeres escritoras, Linda Kaoma, Wanjiru Koinange y Malika Ndlovu, que han sido las ideólogas de la iniciativa y sus principales ejecutoras.

Poco a poco el fondo literario sonoro de Badilisha X-Change ha ido aumentando y se ha ido expendiendo, llegando a alcanzar los actuales 408 artistas, afincados en 30 países y que han compartido sus poesías en catorce lenguas, entre las que, además del inglés, el francés, el alemán y el portugués, hay diez lenguas nacionales africanas. Los autores proceden de una veintena de países del continente africano y de una decena de países de la diáspora, repartidos por Europa, Norte América, el Caribe, pero también Asia. El orden alfabético, el país o el idioma son algunos de los criterios de clasificación fundamentales, pero las impulsoras de la iniciativa han introducido otras dos, quizá menos ortodoxas, pero igualmente fundamentales, la temática de las obras y también el tipo de emoción que despierta.

Distribución mundial de las poesías albergadas en el archivo sonoro literario.

Distribución mundial de las poesías albergadas en el archivo sonoro literario.

Cada una de las páginas, ofrece a los visitantes, unos tres mil al mes, según la web del diario británico The Guardian, una biografía del autor, algunos de ellos muy conocido; el audio del poema, declamado en la mayor parte de los casos por el propio poeta; pero también el texto; y, muchas ocasiones, una traducción desde las lenguas nacionales africanas al inglés.

El carácter ubicuo de la plataforma a través de Internet, a pesar de que la organización está físicamente ubicada en Ciudad del Cabo, se refuerza con la presencia de Badilisha X-Change en las redes sociales. La actividad tanto en Facebook como en Twitter no es sólo un mecanismo de difusión sino que ofrece posibilidades nuevas al proyecto. La más evidente es la de compartir fotos de poesía visual, con la etiqueta #PoetryInPictures.

Badilisha X-Change supone una solución innovadora a los problemas de edición del continente africano. Pero también una herramienta de internacionalización de su poesía o la posibilidad que los propios africanos beban de los versos de sus autores más cercanos y, además, abre la puerta a que los autores se conozcan, se influencien mutuamente y crezcan.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente en Planeta Futuro.

Senghor como figura político-cultural

Aula Wiriko

 

 

 

Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Gabriela Pis San Juan

Leopold Sedar Senghor. Foto: Council of Europe

Leopold Sedar Senghor. Foto: Council of Europe

Senghor pronto destacó en la Francia de inicios del siglo XX al convertirse en el primer profesor negro que impartió clases de lengua en las universidades de Tours y París. Es la época en la que conoce a los intelectuales de la diáspora africana, entre los que destacará Aimé Césaire, quien acuñó el concepto de Negritud, defendido, asimilado y exportado más tarde a Senegal por el propio Senghor. Este es el ambiente en el que se forja una toma de conciencia como africano, pero en el que también se impregna de los valores occidentales; esto dará forma a su ideología posterior, pero será también el principal foco de las críticas hacia su figura. Léopold Sédar Senghor, nacido en 1906 en la ciudad de Joal, en la costa senegalesa, pronto se vería inmerso en lo que algunos han llegado a denominar una “triple vida”: profesor, poeta y político. Pero el mismo autor sostuvo que, de haber tenido que elegir, se hubiera quedado con sus poemas. Este profundo amor por la cultura impregnaría también el devenir de su política al frente de un Senegal recién independizado.

Su experiencia como soldado en el ejército francés durante la II Guerra Mundial le servirá para ver en vivo las debilidades de los colonizadores, y ese periodo coincidirá además con la época en la que escribe alguno de sus más célebres poemas. Tras el fin de la guerra, su carrera política se iniciaría como representante de Senegal en la Asamblea Nacional Francesa. Tres años más tarde, después de la publicación de la antología de poesía africana Hosties Noires, funda el Bloque Democrático Senegalés, con el que en 1960 se proclama como primer presidente de la República de Senegal.

Como máximo mandatario senegalés defiende el socialismo africano y representa una especie de portavoz internacional de África. Como poeta y ensayista se preocupa especialmente por la re-construcción de la cultura aniquilada por la colonización. El hilo conductor de su carrera político-artística fue la ideología de la Negritud, que Senghor llevaría a su máxima expresión especialmente en los inicios de sus dos décadas de presidencia, con el objetivo de construir una identidad senegalesa. Esta ideología, promovida a través de la política cultural, pretendía recuperar la tradición a través de la asimilación de influencias externas. Como ejemplo de esta dicotomía entre apropiación y resistencia Senghor ponía como ejemplo a Picasso, un artista que, a pesar de estar al frente del modernismo, no olvidaba sus orígenes andaluces. Eso esperaba del arte senegalés.

Los fenómenos culturales más destacados derivados de esa política se dan en los primeros años de su mandato. Entre ellos destacan la Escuela de Dakar, en la que se encontraban artistas como Amadou Ba, Boubacar Diallo o Djibril N´Diaye, también conocidos como los Pioneros de la Negritud por su proximidad al presidente y el consiguiente trato privilegiado por parte del Estado. Otro de los hitos de la política cultural de Senghor fue la celebración del Primer Festival de Artes Negras de Dakar en abril de 1966, organizado en torno a la idea de los “objetivos y significados del arte negro en la vida de la gente y para la gente”, con Aimé Césaire entre los organizadores, a la que acudieron artistas africanos y afrodescendientes de todo el mundo.

El propio Senghor dedicó gran parte de su extensa obra poética al concepto de la Negritud, como se aprecia en obras como Chants d’ombre (1945),  Éthiopiques (1956),  Nocturnes (1961), Élégies majeures (1979),  o en una de sus antologías más completas como es Oeuvre poétique, que recoge colecciones de poemas del senegalés entre los años 1945 y 1972.

Sin embargo, la Negritud también se convirtió en la ideología que decidía qué artistas y grupos eran considerados afines al discurso nacional y cuáles no, y por lo tanto eran marginales.  De este modo, los artistas en desacuerdo con la corriente principal fundaron sus propias organizaciones: se pusieron en marcha la Galería TENQ (“conexión” en wolof) y el Laboratorio AGIT-Art, un colectivo de intelectuales y artistas visuales liderados, entre otros, por Amadou Sow, que pretendían distanciarse de lo que consideraban una visión apolítica y puramente decorativa del arte. Otros artistas, como el también escritor Wole Soyinka criticaron esta concepción cultural con declaraciones como “el tigre no muestra su tigritud”.

El discurso de la Negritud recibió críticas también más allá del círculo cultural, por creerse un concepto contagiado de eurocentrismo, condicionado por la formación de Senghor en Francia y por su tendencia a ejemplificar la lucha con personajes occidentales. Con una visión esencialista que para algunos resultaba incluso racista al perpetuar estereotipos coloniales de los africanos, como la dicotomía, defendida por el primer presidente senegalés, entre la “razón helena” y la “emoción africana”.

Franz Fanon describe en Los condenados de la tierra esta visión crítica: “A la afirmación incondicional de la cultura europea sucedió la afirmación incondicional de la cultura africana. En general, los cantores de la negritud opusieron la vieja Europa a la joven África, la razón fatigosa a la poesía, la lógica opresiva a la naturaleza piafante; por un lado, rigidez, ceremonia, protocolo, escepticismo, por el otro ingenuidad, petulancia, libertad, hasta exuberancia. Pero también irresponsabilidad“.

Por encima de simpatizantes y detractores, la Negritud de Senghor marcó la época de las independencias con un nuevo discurso emancipador, pese a que una vez que el poeta senegalés dejara voluntariamente la presidencia en 1980 el apoyo se redujo. Sin embargo, la importancia de su figura político-artística quedaría plasmada internacionalmente al ostentar el cargo de vicepresidente del Alto Consejo de la Francofonía, cuando recibió un doctorado honoris causa por la Universidad de Salamanca en 1978, y aun después de su mandato en Senegal, cuando fue elegido para la Academia Francesa el 2 de junio de 1983.

Warsan Shire, poesía para el arraigo

La poetisa Warsan Shire. Fuente: http://penguinrandomhouse.ca/hazlitt

La poetisa Warsan Shire. Fuente: http://penguinrandomhouse.ca/hazlitt

Los escritores africanos tienen difícil (muy difícil) el acceso a la industria editorial internacional y, por tanto, a una audiencia mundial. A estas alturas esa situación está fuera de toda duda. Igual que lo está el hecho de que para los poetas, estas dificultades se multiplican. Eso no quiere decir que por algunas grietas no se asomen, de tanto en tanto, los trabajos de literatos africanos que consiguen que sus versos rompan fronteras y esquemas. Warsan Shire es una de esas figuras. Su mérito no es sólo ser una poetisa que ha roto traspasado barreras, sino que además su obra y su vida tiene características que las hace especialmente atractiva y acreedora de ese reconocimiento internacional que puede hacerle llegar a un público mayor.

Lo primero es su juventud. Con apenas 26 años, Warsan Shire no ha publicado demasiado pero ya ha sido galardonada con el premio de poesía de la Universidad de Brunel, que está concebido como el equivalente al premio Caine de relato corto. Shire fue reconocida con este premio en 2013, su primera edición. Y ese mismo año recibió el Young Poet Laureate for London. Ante las dificultades para publicar, estos reconocimientos, al menos, le han permitido tener una cierta proyección y participar en charlas y talleres en diferentes países.

Lo segundo es su “explotación” de los nuevos medios. También ante esas dificultades, Warsan Shire ha hecho de la red de redes el espacio en el que mostrarse, algunos de sus poemas se pueden encontrar en internet y su labor se desarrolla en sitios web literarios, como Spook, un magacín del que es editora. El ejemplo más claro del uso de Shire de los nuevos medios es su salto a la relativa fama que ostenta. La poetisa se hizo conocida con un video poema que llegó a tener cierto carácter de viral. En “For Women Who Are Difficult To Love” (Para mujeres que son difíciles de amar), la delicadeza de las palabras no esconde la crudeza de su significado ni tampoco una radical reivindicación de la independencia y la integridad femenina. En realidad, es un poema que bien podría haber sido un himno o, cuando menos, una firme declaración de intenciones.

Warsan Shire – “For Women Who Are Difficult To Love” from MovingOn & StereoOpticon on Vimeo.

Seguramente por trabajos como este el nombre de Warsan Shire aparece, a menudo, ligado a magacines femeninos (o más bien feministas). Este, el compromiso, podría ser el tercer elemento de la obra de la autora, que se ha implicado con sus poesías también, por ejemplo, en la lucha y la sensibilización contra la mutilación genital femenina. En todo caso, el conjunto de sus poesías rezuman una visión de una mujer independiente y activa.

Lo cuarto es su trayectoria vital. Warsan Shire es una joven con una parte keniana (donde nació), otra británica (donde está afincada), pero sobre todo otra somalí (de donde son sus padres). Así es como más se siente, o al menos, como más se define. Shire dice de sí misma que es una somalí que no ha estado en Somalia. Y ese riesgo de desarraigo es, precisamente, lo que empuja a escribir a esta poetisa. Ella misma ha afirmado en varias ocasiones: “Sé que la poesía me ha salvado la vida. Me ayuda a dar sentido, articular, sanar, revisar, reescribir, reimaginar, celebrar, maldecir, preguntar, sentir y entender”. O bien: “Nunca he estado en Somalia y soy somalí. Así que, los poemas para mí son una forma de crear una conexión con un país en el que nunca he estado”. Al mismo tiempo, eso no impide que Shire se enorgullezca de sus condiciones particulares: “Quería ser una escritora somalí, pero los escritores somalíes que de referencia eran mucho mayores y todos hombres. No hay muchas personas con el mismo bagaje que yo, haciendo lo que estoy haciendo: estoy escribiendo sobre Somalia y estoy escribiendo desde aquí (Londres), pero mi película favorita es ‘Las vírgenes suicidas ‘, que está ambientada en un suburbio norteamericano. Me encanta el cine de terror. Me encanta el hip-hop. Fui criada en un ambiente de inmigrantes y refugiados. Crecí en Brent. Y todo eso, si se mezcla, el resultado no es nada típico, no es lo que se podría esperar. Pero todo eso está muy arraigado en mi cultura”.

Por toda esta trayectoria, la temática de su poesía aparece profundamente marcada. Habla de la guerra, del sufrimiento, del desarraigo, de las migraciones y también de la familia y del hogar. Pero de la misma manera, sus versos exploran terrenos como el crecimiento personal, la construcción de la identidad y la capacidad de acción. Y en su vertiente más comprometida, ha escrito contra la mutilación genital femenina y contra los trastornos alimenticios como la bulimia, una enfermedad que ella misma padeció. Así, en el quinto de sus rasgos destacables Shire mezcla experiencias propias con otras que no ha llegado a vivir pero que le resultan muy próximos, como demuestra el hecho de que escribe sobre Somalia, a pesar de que hasta hace unos meses nunca había pisado el país. En todo caso, la propia autora ha explicado en entrevistas en algunos medios que le gusta más escuchar que hablar y eso es lo que le lleva a reproducir experiencias que no ha vivido, pero de las que considera que se debe escribir.

Una sexta característica es un estilo muy particular, un uso del lenguaje sencillo, directo y delicado. Sus versos están recubiertos de una enternecedora inocencia, pero en el centro son desgarradoramente honestos. En las críticas y en las entrevistas se reproduce sistemáticamente la idea de que Warsan Shire aparece como una autora vulnerable que desnuda su intimidad ante los lectores y seguramente su sinceridad, su verdad, es uno de los elementos que resultan especialmente atractivos. Para ella, sin embargo, no hay otra manera de entender la poesía, asegura que escribe de manera casi automática que por eso se siente más cómoda con el verso libre y, por ello, no corrige el estilo de lo que surge de su interior. Una visión muy particular de la poesía a la que le lleva estar “viviendo” los versos sobre la marcha.

“No me preocupo por el estigma, la vergüenza, ni la osadía. Para mí, la escritura es catártica, una forma de vida. Es igual de importante la supervivencia y la salud mental como la creatividad y la expresión. La vulnerabilidad y la transparencia son, para mí, una configuración predeterminada y no trato de racionalizarlas”, comenta Shire en una entrevista.

Con todas estas piezas se construye la personalidad y la obra, que en este caso están muy próximas, de una promesa de la poesía somalí, o de la poesía afropolita, quizá. Teniendo en cuenta el género que cultiva Shire, sin embargo, resulta complicado aventurado cuál va a ser el resultado práctico de este potencial y de esta capacidad para dejar una huella indeleble en una audiencia numerosa.


 

Aidoo: Historias de mujeres fuertes

Ama Ata Aidoo

Ama Ata Aidoo

Vamos a intentar solucionar un agravio coincidiendo con el momento en el que el foco se pone sobre las cuestiones de género y las mujeres que hacen cosas, por aquello del recién pasado 8 de marzo. No es ese el agravio. No tenemos remordimientos de género en esta sección, básicamente porque las mujeres escritoras africanas son legión y grandísimas creadoras. El agravio viene, más bien, del hecho de no haber dedicado en exclusiva una entrada a una de las grandes, la ghanesa Ama Ata Aidoo.

aidoo2Aidoo es uno de esos ejemplos de mujeres fuertes que tan atractivos resulta. Su biografía está llena de hitos que llaman la atención sobre su figura. Nació en el seno de una familia real fante, una familia, por cierto, muy preocupada por la educación. Según cuentan sus semblanzas Aidoo supo desde los 15 años que quería ser escritora. Lo consiguió al terminar su licenciatura en inglés, cuando en 1965 publicó su primer libro, una obra de teatro titulada The dilemma of a ghost que supuso una pequeña revolución. A partir de ahí se desplegó una intensa carrera tanto académica como literaria en la que se mezclan los premios internacionales por sus obras con los puestos en instituciones educativas estadounidenses y ghanesas, e incluso, durante un breve lapso de tiempo la responsabilidad como ministra de Educación. Si los libros de Aidoo dejasen la más mínima duda de su implicación, desde luego su paso por el ministerio ghanés sería suficiente para disiparlas. Después de 18 meses abandonó un cargo evidentemente atractivo, pero en el que no se cumplía con las expectativas creadas, probablemente su posicionamiento inequívoco a favor de los derechos de las mujeres no era del todo bien recibido.

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Ama Ata Aidoo aparece como la precursora (muy adelantada) de una generación de autoras africanas entre las que se encuentra ahora, por ejemplo Chimamanda Ngozi Adichie o NoViolet Bulawayo. Una de las características fundamentales de la obra de Aidoo es la evidencia de las contradicciones para conjugar la tradición africana con la vida moderna occidental. Sin embargo su perspectiva no es la de la incompatibilidad sino la del recorrido interno de los personajes para conseguir que esos dos ámbitos encajen de la manera más natural posible. Un buen ejemplo es Anowa (1970), que en las ediciones posteriores a menudo aparece publicada junto a The dilemma of a ghost, en la que revisita una leyenda tradicional ghanesa.

Aunque, sin duda, el papel de las mujeres en la sociedad es la preocupación fundamental de Aidoo. Se podría decir que la mayor parte de sus historias son historias de mujeres, aunque no nos podemos conformar con una descripción tan fría. Las historias de Aidoo son historias de mujeres fuertes que rompen con el mito de la mujer africana pasiva y victimizada. Las protagonistas de Aidoo toman las riendas de sus vidas y se hacen responsables de sus decisiones. No se dejan llevar por la corriente.

aidoo3La novela Changes: a love story es uno de los mejores ejemplos de esta voluntad de mostrar figuras femeninas con iniciativa y con empuje. En la historia, una mujer, Esi, se enfrenta a la disyuntiva de tirar adelante con su proyecto de vida o plegarse a las “instrucciones” de su marido Oko. Esi ni está dispuesta a ser la mujer correcta que se supone que se espera de ella y prefiere ser la mujer que quiere ser. Por otro lado, ni siquiera Oko está convencido de que su esposa sea como se espera, sino que su posición está condicionada por las presiones de la sociedad a través de la presión de sus propios amigos y de su entorno.

El tema fundamental de Changes: a love story es sin duda la comunión entre los intereses personales y las instituciones tradicionales, los sentimientos como el amor y la realización personal, la vida tradicional y la moderna. Pero la aparición de la abuela de la protagonista en el relato, nos lleva a la empalmar con una trayectoria de mujeres fuertes africanas que se extiende a lo largo de la historia.

aidoo4Ama Ata Aidoo está también detrás de African love stories. An anthology, una obra colectiva que supone también una transgresión, al menos en lo que se refiere a los prejuicios sobre el continente y, más concretamente, sobre las mujeres africanas. El compendio de relatos breves recoge obras que tienen en común el amor, pero una visión del amor contemporáneo. Entre la lista de los autores de estos relatos aparecen nombres como el de la marfileña Veronique Tadjo o la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, entre muchos otros. Uno de los principales valores de esta antología es un cambio en la visión de la imagen de la mujer africana. Incluso en algunas obras de autores del continente, las mujeres aparecen como víctimas pasivas. En African love stories. An anthology, sin embargo, las mujeres son activas, tienen iniciativa y, sobre todo, muestran la complejidad y la diversidad de las figuras femeninas del continente, porque la mujer no es un personaje plano.

Su última obra es también un compendio de relatos breves, Diplomatic Pounds & Other Stories.  En las diferentes historias Aidoo vuelve a sus temas habituales, mujeres, comunión entre la vida tradicional y la moderna y, en este caso, con un especial peso del hecho migratorio y de la mujer africana en la diáspora. De la misma manera, el estilo de Aidoo se mantiene intacto en la medida en la que tiene un gran peso la tradición oral. Hay quien dice que, precisamente, la prosa de la escritora ghanesa atrapa y es capaz de conseguir que el lector se sienta dentro de la historia por su estrecha vinculación con ese estilo narrativo tradicional.

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Se espera que en breve aparezca un documental en el que se revisa la vida y la obra de Ama Ata Aidoo. Según explican, los impulsores de esta iniciativa, el equipo ha seguido a la autora durante un curso completo. En ese periodo, la escritora muestra sus múltiples caras, visita su pueblo natal en el interior de Ghana, pero también asiste a un homenaje en su honor en la Universidad de California y al estreno de una obra basada en su texto Anowa.

“Todo arte es activista aunque sea de forma inconsciente”

Museo Nacional de Nairobi. Foto: Sebastián Ruiz.

Museo Nacional de Nairobi. Foto: Sebastián Ruiz.

El pasado fin de semana, el Museo Nacional de Nairobi acogió una jornada de conferencias y actuaciones bajo el título MINI STORYMOJA HAY FESTIVAL. El evento, celebrado para compensar la anulación del último día del STORYMOJA HAY FESTIVAL, programado del 19 al 22 de Septiembre y afectado por los ataques terroristas del centro comercial Westgate, ocupó dos escenarios privilegiados en el recinto: el anfiteatro y el auditorio Louis Leakey.

A las 9 de la mañana, la directora del colectivo Storymoja, Muthoni Garland, abría la jornada con talleres de escritura, para dar paso a un tributo al escritor ghanés Kofi Awoonor, asesinado en el atentado del centro comercial, de la mano del escritor keniano Binyavanga Wainaina. Al mismo tiempo, charlas sobre el “Activismo Online” y debates entre los bloggers más famosos del país calentaban los motores para la conferencia de dos autores que han basado sus obras de ficción en el panorama político de Kenia: Kinyanjui Kombani (autor de The Last Villains of Molo) y Richard Crompton (autor de The Honey Guide). Asimismo, una pregunta que ha pasado a sobrevolar el ideario de los jóvenes kenianos en el último mes tomaba posesión en el auditorio principal: “¿Somos realmente uno?” (en referencia al slogan nacionalista “We Are one”).

Periodistas y blogeros debatiendo sobre el ciberactivismo. Foto: Sebastián Ruiz.

Periodistas y blogeros debatiendo sobre el ciberactivismo. Foto: Sebastián Ruiz.

A la hora del almuerzo, mientras el olor del arroz de coco inundaba la entrada del anfiteatro, algunos escritores debatían la importancia de juzgar los delitos cometidos durante la violencia postelectoral en el país tras las elecciones de 2007. Ahí, los poetas de the ICC Witness Project competían, no muy severamente, con una charla más bien dirigida a amantes de la literatura romántica en una sesión bautizada como ‘Drumbeats on mobile’, dedicada a debatir las principales características de los romances literarios  del Este de Áfric: las diferencias entre el amor romántico “a la occidental” y el africano; la concepción de la belleza o la relevancia real del beso; las flores o los bombones en las historias de amor kenianas.

Pero la charla más relevante en materia artivista fue la que se tituló bajo el rótulo “Art and Activism”. Encima del escenario, cuatro ponentes perfilaron el papel del arte para la transformación social. Moderada por la oradora Mshai Mwangola, se inició con la participación de Ngungi Githuru, un conocido activista social keniano que despertó a la audiencia cantando y poniendo sobre la palestra la firme presencia de la oralidad en sociedades urbanas, modernas y cosmopolitas como la de Nairobi.

La sexóloga keniana Getrude Mungai disertando sobre el amor romántico occidental. Foto: Sebastián Ruiz.

La sexóloga keniana Getrude Mungai disertando sobre el amor romántico occidental. Foto: Sebastián Ruiz.

Abrió el debate la doctora Wambui Mwangi, una comprometida profesora de ciencias políticas que ha decidido dejar su plaza en la Universidad de Toronto y volver a Nairobi. A parte de ser docente en la Universidad de Nairobi, dirigir el grupo de escritores activistas Concerned Kenyan Writerso, o de escribir obras como Internally Misplaced, Wambui se dedica a fotografiar la Kenia más alejada de las guías turísticas. Su mirada a través del objetivo de la cámara es una visión cotidiana y cercana a la realidad: ropa tendida; carreteras asfaltadas; rascacielos; o tiendas de electrodomésticos. “¿Por qué esperar una mirada exótica de las fotografías africanas? O incluso ¿por qué centrarse en la narrativa de la pobreza?” En la ponencia, Wambui dejó clara la idea de que Kenia está conformada por muchos tipos de personas. La diversidad de población garantiza que haya gente como ella, encima de un escenario, hablando de arte, del poder para transformar la realidad, de cambiar la imagen de un espacio, un país o una generación, de influenciar e inspirar a toda una sociedad a través de la creción de nuevas iconografías. Su blog, Generation Kenya, está lleno de historias cotidianas capaces de cambiar el foco de atención de los medios y de la sociedad civil y centrarlo en las historias que conforman el panorama cultural keniano contemporáneo.

Le siguió Njonjo Mue, un conocido activista social y abogado de derechos humanos que ha sido varias veces encarcelado por actos como saltar encima del coche de un ministro o por escribir textos que han comprometido el gobierno keniano. Como Wambui, Njonjo es una de esas mentes brillantes que formaron parte de la Diáspora. Estudió en Oxford y trabajó en Sudáfrica, pero decidió volver a casa y luchar. Njonjo defiende la idea de que “la juventud keniana debería conformar una especie de ejército de defensa comprometido con los derechos de la juventud y capaz de crear un futuro mejor”. Es director de la Comisión Nacional Keniana de Derechos Humanos y escribe textos muy interesantes desde su blog personal: Generación Uhuru. En la ponencia, Mue puso especial énfasis en una de sus mayores pasiones: la poesía. Y defendió que “las palabras tienen mucho poder para transformar la realidad de una sociedad”.

Activista keniano, Ngungi Githuru, interpretando una canción en swahili.

Activista keniano Ngungi Githuru interpretando una canción en kiswahili. Foto: Sebastián Ruiz.

En la misma línea, intervino Keguro Macharia, un profesor de literatura comparada y miembro del Concerned Kenyan Writers Collective que ha escrito muchísimo sobre los derechos de los homosexuales y contra la homofobia, y que, además, es portavoz de LGTD Kenia. Como Mwangi y Mue, Macharia decidió abandonar su plaza como docente en Estados Unidos y volver a su país natal. Con el colectivo Koroga, un grupo de poetas y fotógrafos kenianos, incendia el mainstream narrativo; y en Gukira, su blog personal, relata fotografías del alma de forma corta y concisa. De hecho, su mensaje en el Mini Hay Festival enfatizó “la capacidad de impregnar las mentes con píldoras narrativas cortas”. Defendió la importancia de algunos proverbios, de algunos versos, sean en forma escrita, oral o pintada en las paredes como graffiti, para impactar en la forma de pensar y actuar de las personas.

La importancia de las narrativas, de las imágenes, de la iconografía… Y la imposibilidad de que, de una forma u otra, lo que se produce tenga un impacto en la sociedad, fueron las conclusiones de la ponencia, que terminó con la voz de Mshai Mwangola afirmando que “todo arte es activista aunque sea de forma inconsciente”.

The Spoken Word Project: Slam panafricano work in progress

spokenwordprojectYa os hemos hablado en esta sección del slam, casi como un nuevo género emergente, una combinación en realidad de diferentes disciplinas y de influencias (locales y globales, modernas y tradicionales). También se destacó su carácter de movimiento, un movimiento prácticamente panafricano, porque se reproducían los mismos esquemas en países de todo el continente, pero también porque muchos de los grupos tenían contactos entre sí, aunque eran informales, casi personales. Ahora, sin embargo, nos encontramos con un ambicioso proyecto que plantea estas condiciones continentales de manera más evidente. Auspiciado por el Goethe Institut de Sudáfrica llega The Spoken Word Project, un concurso-demostración continental que se desarrolla sucesivamente en Sudáfrica, Madagascar, Camerún, Angola, Mali, Uganda, Kenia y Costa de Marfil. De hecho, el proyecto está ahora mismo en pleno desarrollo.

En realidad no son tanto los países los que participan en esta iniciativa, sino más bien las ciudades, nadie duda que el slam es un movimiento eminentemente urbano. Por este motivo, el planteamiento del proyecto es conectar a través del verso y la poesía declamanda Johannesburgo, Antananarivo, Yaundé, Luanda, Bamako, Kampala, Nairobi y Abidjan.

El proyecto comenzó a circular el pasado mes de mayo, iniciado el viaje en Johannesburgo, ya que uno de los elementos fundamentales de la iniciativa es la itinerancia, pero no una itinerancia cualquiera, sino una que liga, que va cosiendo los lugares por los que pasa. Este es el sentido de que las demostraciones y los concursos no se desarrollen simultáneamente sino de manera sucesiva. Las reglas del concurso adoptan de esta manera una de las propias características de la historia que tiene la capacidad de viajar rebasando cualquier tipo de frontera y que además en cada etapa de su viaje se modifica, se repiensa, se personaliza, se adapta y se recrea. Al mismo tiempo, el viaje es también una realidad muy africana. Las migraciones dentro del continente son una realidad tan antigua como el propio suelo sobre el que se producen y el proceso ha ido configurando lazos y relaciones insospechados, entre comunidades, a veces, entre etnias, o entre países.


Es así cómo The Spoken Word Project va creciendo a medida que viaja, cómo en cada una de sus etapas suma algo. El viaje comenzó en Sudáfrica en mayo y de todos los participantes fueron seleccionados Noel Kabelo “KB” Ringane, Sbu Simelane, Sabelo Ayanda Lushaba “Juba”. Sus actuaciones se proyectaron en Antananarivo, la segunda etapa, antes de la competición en la capital malgache. Los slamers debían añadir a sus actuaciones algún elemento que hiciese referencia a las demostraciones que ya se habían realizado en la sede anterior, ya fuese continuar con un tema, compartir un objeto o repetir un personaje. El objetivo es que la historia viaje como siempre ha hecho y que a su paso vaya creciendo, vaya tejiendo relaciones insospechadas entre narraciones y artistas, que vaya configurando una red continental hecha en realidad de poesía y oralidad. De Johannesburgo, el ovillo pasó a Antananarivo, de allí a Yaundé, para viajar luego a Luanda, la siguiente etapa fue Kampala y aún están pendientes los pasos por Nairobi, Abidjan y Bamako.

The Spoken Word Project es, en realidad, una muy acertada elección. Por un lado, el slam es una realidad que cada vez más aparece y crece en los entornos urbanos. Por otro lado, tiene un alcance prácticamente continental, desde Dakar hasta Addis Abeba se pueden encontrar colectivos que con más o menos medios, con más o menos organización hacen veladas de slam. Además, el slam encaja perfectamente con la tradición africana de narración oral, de poesía declamada y de importancia del acompañamiento musical, pero al mismo tiempo se proyecta hacia el futuro, a través de influencias y de interacción con manifestaciones en otros lugares del mundo y de la incorporación de las nuevas formas de comunicarse y de tejer redes.

No en vano, uno de los puntos fuertes de The Spoken Word Project es la publicación de los vídeos de las interpretaciones en un espacio web gestionado por el Goethe Institut y una de las principales maneras de difundir la actividad es una página de Facebook que no hace sino reforzar esas redes que se van tejiendo. Si las historias que se recitan en las interpretaciones se van cruzando entre sí, las redes sociales, y Facebook concretamente, son el punto de encuentro, el ágora en la que se ponen en común y se dan a conocer al resto del mundo.

La literatura africana herida en el ataque al WestGate

En uno de los primeros poemas del poeta, novelista, ensayista y diplomático ghanés Kofi Awoonor se pueden leer los siguientes versos:

I am on the world’s extreme corner,

I am not sitting in the row with the eminent

But those who are lucky

Sit in the middle and forget

I am on the world’s extreme corner

I can only go beyond and forget.

Se trata de un fragmento de “Songs of Sorrow”, publicado en Rediscovery el primer libro de Awoonor, editado en 1964, hace casi cincuenta años. Aunque ahora se puede interpretar como una advertencia, es prácticamente seguro que su autor no hacía referencia al que sería su final. El de Kofi Awoonor es uno de los más de sesenta nombres que aparecen en la lista de víctimas del ataque que el pasado sábado se produjo en el centro comercial WestGate de Nairobi, en Kenia. El que era, casi con toda seguridad, el poeta ghanés vivo más reputado encontró la muerte en el tiroteo protagonizado por un comando presuntamente vinculado a Al Shabab, según las primeras reivindicaciones. Más bien la muerte le encontró a él, en forma de una bala sin destino concreto cuando realizaba una actividad, a priori, nada arriesgada: pasear por un centro comercial en la otra punta de África, respecto a su Ghana natal. Durante su vida, vivió exilio y cárcel y fue el pasado 21 de septiembre de 2013, mientras esperaba a participar en el festival StoryMoja Hay Festival de Nairobi cuando falleció.

Kofi Awoonor. Fuente: Graphic Online

Kofi Awoonor. Fuente: Graphic Online

Kofi Awoonor-SeaA pesar de que ninguna de sus obras ha sido editada en castellano, la figura de Awoonor es enorme, aunque sólo sea por sus múltiples dimensiones.  En primer lugar, está el Awoonor literato, el que reflejó en sus poesías toda la tradición de la literatura ewe. Robert Fraser señala en West African Poetry: A critical history que la aparición de Rediscovery supuso un impacto porque trasladaba no sólo a la letra impresa sino también a un idioma extraño como el inglés los formatos de la poesía tradicional ewe. Después llegaron otros títulos poéticos como Night of My Blood, en 1971, o The House by the Sea, en 1978, que recoge sus experiencias en la cárcel, después de ser acusado de apoyar un golpe de estado. Pero Awoonor también fue novelista y nada complaciente. Su primera supuesta novela fue This Earth, My Brother … An Allegorical Tale of Africa, publicada en 1971. Supuesta novela, porque en realidad supone un género experimental más próximo a la poesía en prosa en algunos momentos y perlado de referencias y simbolismo religioso que se trenza con una narrativa, más o menos, clásica.

Después está el Awoonor conservador y defensor de la tradición literaria africana. Es evidente, por la temática y el formato de sus obras, que su propia actividad literaria es ya un alegato a favor de los géneros genuinamente africanos. Awoonor revisita en sus obras esa literatura tradicional para adaptarla a nuevos tiempos y demostrar su vigencia. Pero además, desarrolló una actividad investigadora, científica y divulgadora en este sentido. Sin ir más lejos, el ensayo The Breast of the Earth: A Survey of the History, Culture and Literature of Africa South of the Sahara, publicada en 1975, es una transcripción de su tesis doctoral, la que defendió en Estados Unidos, haciendo virtud de la necesidad y arrancando la parte más positiva al hecho de que haber sido obligado a abandonar Ghana.


Hay también un Awoonor político y militante, al que se considera, nada más y nada menos, que responsable del concepto del panafricanismo que defendió el primer presidente de la Ghana independiente, Kwame Nkrumah. El literato recién desaparecido fue uno de los más próximos colaboradores de Nkrumah, tanto que cuando éste cayó en el golpe de estado de 1966, Kofi Awoonor se vio obligado a exiliarse. A su regreso, no abandonó su posicionamiento político y, de nuevo, su significación le llevó a ser considerado uno de los soportes de un golpe de estado, lo que le llevó a la cárcel. Esta dimensión impregna hasta tal punto la actividad de Awoonor que reiteradamente se descubre en sus obras literarias el tema del impacto de la colonización europea en África. En otras ocasiones sus denuncias y sus críticas fueron menos sutiles como en el caso del ensayo Ghana: A Political History from Pre-European to Modern Times, de 1990.

Kofi Awoonor-EarthLa última de las dimensiones, al menos, de las más destacables de Awoonor ha sido la de diplomático, se podría decir incluso, estadista y figura preeminente en general. En varios periodos, el literato fue representante diplomático de Ghana en diferentes países. Pero durante su representación ante la Organización de las Naciones Unidas, se hizo especialmente visible al liderar la cruzada internacional contra el régimen racista del apartheid de Sudáfrica. Su carácter de prohombre se ha evidenciado tras su muerte, no sólo por las reacciones en diversos lugares del mundo y por las reseñas sobre su fallecimiento en medios de comunicación de todo el planeta, sino porque su desaparición ha provocado una manifestación popular en Accra, la capital de su Ghana natal.

Una de las virtudes de Kofi Awoonor ha sido ser capaz de trenzar de manera natural todas estas dimensiones y hacer que la literatura fuese el principal vehículo de todos sus demás compromisos, con el panafricanismo, con la cultura propia, con la libertad o con la independencia. Así, su muerte en Nairobi provocó de manera inmediata la suspensión del StoryMoja Hay Festival y la sustitución por un homenaje que se celebró el lunes en la misma ciudad en la que perdió la vida. El propio Binyavanga Wainaina, uno de los literatos keniatas más populares, ha animado en estos últimos días la participación en este reconocimiento a través de su cuenta de Twitter. De este modo, la literatura africana, puede considerarse también una de las víctimas o, al menos, una de las heridas en el ataque al centro comercial WestGate.

Entrevista con Leeto Thale, poeta y artista de la palabra hablada

Artículo escrito por Estrella Sendra: Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo por la Universidad de Sevilla, máster en Critical Media and Cultural Studies en el SOAS de Londres y especialista en cine y culturas africanas. Actualmente es profesora de Media Studies en la University Foundation Programme (David Game college) y directora de Marketing para el Norte de África, América Central y del Sur. Su ópera prima es Témoignages de l’Autre côté, un documental sobre la inmigración senegalesa en España.

Leeto Thale. Foto: Estrella Sendra

Leeto Thale. Foto: Estrella Sendra

Leeto Thale llegó a Londres en 2001 desde Sudáfrica para continuar su carrera como poeta, escritor, músico y artista de la palabra hablada. Su presencia en la red resulta todavía extraña y dispersa. Sin embargo, es frecuente encontrárselo bailando entre los ritmos de los eventos musicales de Londres, y escuchando el trabajo de otros escritores. De ahí que ‘Africa Writes’, el festival de literatura africana organizado por la Royal African Society entre el 5 y 7 de julio, contase con él en su segunda edición. Leeto deja sus escrituras durante un par de horas, llega con su habitual sonrisa y boina, y nos concede el placer de esta conversación con él, en el parque Victoria, al este de Londres.

Estrella Sendra: ¿Por qué escribes? ¿Qué es lo que te empuja a escribir?

Leeto Thale: No tiene por qué haber un tema necesariamente. Es muy aleatorio. En la mayoría de las ocasiones, escribo cuando encuentro algo que casi me quita el aliento.  Creo que el dolor es una de esas cosas que me empuja a escribir. Cuando estás pasando por un momento doloroso. Y también la incertidumbre. Escribir suele aliviar esas sensaciones, esas incertidumbres que surgen en la vida. Porque creo que, por naturaleza, estamos inclinados a querer saber. En realidad, esa sería la mayora motivación, querer saber. Muchas veces hay circunstancias a las que uno no sabe cómo responder, y para mí, escribir es una respuesta a intentar entender esas emociones y a pensar sobre lo que está pasando. Yo también hago música, con lo cual, ese es otro canal para responder a esas emociones. Es decir, lo que me motiva, principalmente, a escribir es la incertidumbre, el dolor, a veces también, el miedo, y tratar de situarme a mí mismo en este mundo. Y la belleza, totalmente. Porque hay muchísimas cosas que ves y te preguntas de dónde vienen. Y de nuevo, es parte de ese sentido de querer saber. Se trata de una especie de fotografía, en la que al escribir intentas capturar momentos, bien para compartirlos con otras personas o para recordarlos.

E.S.: ¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Había algún escritor en tu familia o tus espacios primarios de socialización?

L.T.: Mi historia es poco convencional, porque no hay ningún escritor en mi familia, por lo menos, en la familia que yo conozco. Sí me consta que mi madre tiene un talento natural para cantar y que mi padre solía escuchar música en casa, pero poco más. No tenía nada demasiado inmediato que me empujara a escribir. Normalmente, me encerraba en mi habitación y me ponía a escribir. Pero no estaba escribiendo conscientemente como si fuera un acto creativo, sino escribiendo simplemente. Esa consciencia se dio más tarde. Y aún así, creo que siempre he visto mi trabajo más reflexivo que creativo. Con la música fue distinto, porque desde pequeño, algunas se me metían en la cabeza, al escucharlas en la radio, y luego estaba deseando volver a escucharlas. Así que pronto me metí en una radio musical y empecé a experimentar. Y luego ya, empecé a salir e ir a eventos de palabra hablada, y al ver a otra gente fue cuando pensé, “¡hum, yo quiero hacer esto!”

E.S.: Durante tu participación en el festival de literatura africana, ‘Africa Writes’, te declaraste un amante del ritmo, y en efecto, al recitar poesía, tu estilo es una mezcla entre rap y oralidad. Cuando escribes y compones, ¿piensas en algunos ritmos o canciones en particular?

L.T.: Creo que no es algo que tenga que calcular o descubrir. Simplemente sucede. En el momento en que el tema en cuestión aparece, él es el que dicta el ritmo. Que no es un patrón repetido de sonidos simplemente, sino que tiene también que ver con emociones. Así que tampoco es que al escribir me preocupe que la música tenga que encajar con lo que quiero decir. Simplemente sucede. Y también, el tema puede cambiar el ritmo, dependiendo de dónde esté, lo que esté sintiendo y lo que esté sucediendo a mi alrededor. Pero la verdad es que no me preocupa tanto el tema en sí de lo que esté escribiendo sino si lo que esté escribiendo tiene música. Porque, en ese sentido, la música es única, porque es audible. La melodía en sí es bastante muchas veces. Ya te indica si se trata de una canción triste o alegre, sin necesidad de tanta descripción. La gente depende demasiado de la palabra. Además, es mucho más difícil escuchar poesía que escuchar poesía a través de música.

El artista sudafricano Leeto Thale, en Londres. Foto: Estrella Sendra

El artista sudafricano Leeto Thale, en Londres. Foto: Estrella Sendra

E.S.: Aunque escribes sobre cualquier tema, desde el propio poema con el que empezaste tu intervención en el Africa Writes, ‘She dances’, sí se notaba una celebración a la mujer, ¿cuánto protagonismo tiene en tus poemas?

L.T.: Muchísimo. No sé de dónde viene. A lo mejor es reflejo del amor que siento por mi madre, o mi hermana. Tal vez se trate de modelos de crecimiento, de fuerza, de dureza, y de cuidado que la gente admira. Mi madre siempre ha sido una ama de casa, que ha sacrificado mucho. Y ese sentimiento se ve reflejado en mi trabajo. He vivido mucho con ellas. Y como hombre, siento también mucha atracción por la belleza femenina, aunque pueda sonar artificial. Pero a veces ves a mujeres y al verlas, te parece que estuvieras viendo a Dios. Porque pueden parecer tan hermosas que casi se te para el corazón. Al escribir sobre ellas intento que salgan de su caparazón y que sean. Y de eso es justo de lo que trata mi poema ‘She dances’. Porque creo que he visto a muchas mujeres vivir en esa situación y aunque se las vea así, no parece que se trate del estado natural de la mujer. Hay mucho más detrás de esas amas de casa. Además, con las mujeres, a mí me resulta mucho más sencillo hablar de temas que tienen que ver con el corazón.

E.S.: Durante el Africa Writes, en respuesta a la pregunta de Bernardine Evaristo, moderadora de tu panel, sobre hasta qué punto tu africanidad afectaba tu modo de escribir, respondiste que no sabías qué parte de ti era africano. ¿Podrías desarrollar un poco más esa idea?

L.T.: Es algo muy complicado, porque uno no tiene necesariamente que pensar sobre lo que es. De algún modo, mi africanidad afecta totalmente mi trabajo, pero es difícil de contestar. Porque cuando escribo no escribo como africano, pero soy africano, así que eso sale a la luz. A veces pienso que es lo que trae ritmo a mi trabajo, pero de nuevo, ¿es eso algo africano? No lo creo, todo el mundo tiene ritmos. Es algo más bien humano. No sé, no me gusta poner mi africanidad por delante de mí mismo o mi creatividad.

E.S.: ¿Consideras importante agrupar o categorizar la escritura, ya sea poemas, novelas, etc., como africana, cuando los autores sean africanos?

L.T.: Con eso no tengo tantos problemas, por varias razones. En primer lugar, porque como escritor, uno quiere vivir de su trabajo, y en realidad, esas son categorías que ayudan a vender. El problema es cuando esa categoría se ve arrinconada en una estantería de una librería, cogiendo polvo, y esto es lo que pasa casi siempre. Es muy difícil encontrar literatura africana. Y eso es lo que es más bien el problema, porque en realidad, la mente humana está continuamente categorizando. Pero claro, es muy raro encontrarse con una sección de literatura europea, etiquetada como tal, porque es la dominante. Así que yo diría que el agruparla de ese modo es una oportunidad de visibilidad y de llegar al estatus que se merece.

E.S.: Cuando escribes, ¿piensas en lectores globales y por tanto, modificas en cierto modo lo que quieres expresar, o sueles escribir simplemente lo que sientes?

L.T.: Sí, pienso en lectores globales. Me gusta estar conectado a todo el mundo y la idea de ser accesible. Al final se convierte en un proceso muy reflexivo, en el que al escribir tengo que preguntarme si expresa lo que quiero expresar, con esas palabras. Así, uno no escribe para sí mismo, sino también para compartirlo con los demás.

E.S.: En tu trabajo has experimentado una transición desde una poesía inicial de protesta hacia una poesía un poco más general. ¿Qué es lo que crees que incitó este cambio?

L.T.: Creo que tiene que ver con mi llegada a este país. El no tener el dolor en frente de tus narices y empezar a ver otras cosas y experimentar otras sensaciones. Y las disfrutaba más que las iniciales, en las que sentía que tenía que protestar.

E.S.: Aunque te guste escribir sobre cualquier cosa, ¿tienes algunos temas recurrentes en tu trabajo?

L.T.: Más bien, paso por etapas. De protesta, a otra que se podría llamar “espiritual”, que tiene que ver con aquello que nos define, a otra más general, sobre el perfume de las cosas. Cuando me siento y escribo, ¿qué estoy haciendo? Escribo cuando me siento feliz. Escribo cuando anticipo algo que va a pasar. Escribo para capturar momentos y sensaciones, cosas que desconozco. Soy una persona muy sensible y me resulta bastante más fácil que a otra gente sentirme inundado por ciertas sensaciones y responder a ellas componiendo, o bien con música o bien, con poemas.

Poesía catártica contra la corrupción

Corrupthius1Cuando se habla de la poesía como catarsis seguramente no se piensa en algo tan explícito como “Les Vers de Corrupthius”. Cuando se habla de la poesía como pedagogía, tampoco. Y quizá cuando se habla de ella como arma de transformación social, se piensa en un impacto un poco más sutil. “Les Vers de Corrupthius” son de todo menos sutiles. Seguramente, Tommy David Golé Bi Gnamien ha considerado que esta pintoresca divinidad de la corrupción no merecía ni discreción, ni sutileza, ni ningún miramiento. Al contrario, lo que se imponía en esta situación era la más descarnada sinceridad para denunciar una de las mayores lacras sociales en África, la de la corrupción. ¿Falta algo en la frase anterior? Ah, sí. La corrupción, como se hace más que evidente en nuestro entorno, no sólo es patrimonio de África, aunque quizá nosotros también necesitaríamos de un Tommy David Gol Bi Gnamien que la denunciase con imaginación… mejor no nos alejemos del tema.

Tommy David Golé Bi Gnamien es un aduanero marfileño de 40 años. Acaba de publicar un libro en el que denuncia la corrupción. No es una investigación periodística, ni un ensayo, ni siquiera una novela. Tommy David Golé Bi Gnamien ha puesto su denuncia en verso. Les Vers de Corrupthius ou comment déparasiter l’humanité (ese es el título completo de la obra) es un volumen de poesía en el que el autor no deja títere con cabeza. En un ejercicio de honestidad, este funcionario de la Direction Général des Douanes de Côte d’Ivoire, reconoce que la corrupción afecta a todos los ámbitos de la sociedad marfileña y se convierte en uno de esos fenómenos en los que la realidad supera la ficción. La propia estructura del libro reproduce esa especie de dinámica de la bola de nieve que a menudo adquiere la corrupción cuando va pudriendo lo que toca. Al principio Corrupthius, una especie de divinidad de la corrupción, confiesa sus manejos, para acaba dándose cuenta de que los hombre incluso han superado sus designios.

Resulta chocante ver cómo un proceso tan burdo como el de la corrupción, algo tan aferrado a una cotidianeidad de prácticas chabacanas puede esconder un cierto lirismo. Tommy David Golé Bi Gnamien demuestra una sensibilidad especial con la que consigue que palabras mundanas como Général Inspecteur o Général Directeur, rimen con otras mucho más grandilocuentes como honestidad, verdad o alma. La referencia a la rima es absolutamente metafórica, porque todas las poesías están formadas de versos libres, tanto en la métrica como en la rima. En todo caso, el aduanero-poeta pone de manifiesto una brillante habilidad para hacer malabarismos con las palabras y conseguir que incluso la aburrida burocracia encaje en el ritmo poético. Su repaso es absoluta y lamentablemente exhaustivo. Corrupthius confiesa sus relaciones con el médico, con el abogado, con el político, pero también con el ciudadano de a pie.

Crónica de la aprición del libro en la edición del 26 de febrero de 2013 del diario marfileño L'Expression. Fuente: Editorial Publibook

Crónica de la aprición del libro en la edición del 26 de febrero de 2013 del diario marfileño L’Expression. Fuente: Editorial Publibook

Seguramente, la posición de Tommy David Golé Bi Gnamien para hablar sobre el tema es envidiable. La imagen del aduanero es la primera que nos viene a la mente cuando mentamos la corrupción. ¿Qué no sabrá un aduanero sobre billetes deslizados discretamente o sobre miradas hacia otro lado? El autor, sin embargo, no sólo ha demostrado su valentía dando un paso al frente en un contexto tan complicado, sino que además en una buena parte de las comparecencias en los medios que ha propiciado la publicación del libro Tommy David Golé Bi Gnamien ha ejercido de Corrupthuis. El aduanero ha confesado que ha escrito estas poesías como un ejercicio de catarsis, asegura que le han sido impuestas y deja entrever que pretendía saldar una deuda con la propia sociedad marfileña, con la que considera que estaba en deuda. El autor afirma valiente que ha sido corrompido y corruptor  y que eso ha sido, fundamentalmente lo que le ha llevado a denunciar la situación.

No deja de sorprender la mecánica de las presentaciones del libro. Tommy David Golé Bi Gnamien publicó Les Vers de Corrupthius ou comment déparasiter l’humanité en un primer momento en Bélgica y después llevó su obra a Costa de Marfil. En la presentación en el país africano sus jefes, los responsables del servicio de aduanas marfileño han sido los principales valedores de la obra. Y así, el aduanero-poeta ha llenado de versos comprometidos los puestos del país. En medio de la burocracia, Tommy David Golé Bi Gnamien ha hecho emerger la autocrítica y la poesía y eso, al menos, ya es un mérito destacable.

– Algunos fragmentos del libro en Google Books

Voces desconocidas del África

Parece la eterna queja. Las voces desconocidas del África nos darían para hacer una serie casi interminable de autores que a duras penas llegan a las librerías españolas. Aprovecharemos esta sentencia que el crítico literario de Congo-Brazzabille, Landry-Wilfrid Miamprika utilizó en un artículo del año 2003 para intentar ir descubriendo algunas de esas voces plasmadas en letras, en la medida de lo posible.

A guisa de homenaje y de pago por este préstamo comenzaremos con una obra del propio Miamprika, autor de Voces Africanas. En el mencionado artículo, Miampika rescata la obra de cinco poetas que recupera en su volumen. Tres congoleños Tchikaya U Tam’si, ƒ Jean-Baptiste Tati Loutard y Sony Labou Tansi, un mauriciano Edouard J. Maunick y un chadiano Nimrod, forman este abigarrado grupo unido por el análisis de Miampika en base los cuatro elementos (el fuego, el agua, la tierra y el viento).

Tchikaya U Tam’si

El crítico considera que en su poesía, Tchikaya U Tam’si, es un autor de fuego básicamente por una descanada visión que combina tragedia y amor. El poeta congolés dibuja un universo de desierto, zarzas o cactus, junto a flores, fuentes dulces y pechos maternos. Tchikaya U Tam’si llevan a unos escenarios al mismo tiempo fantasmagóricos y agradables (evidentemente, de manera alternativa) que entroncan con referencias reales, es decir, plenamente reconocibles más allá del universo poético.

Siguiendo con su referencia elemental, Miamprika considera a Jean-Baptiste Tati Loutard un poeta de agua. En su descripción, más allá de las referencias abstractas, Tati Loutard no escatima las menciones comprometidas. Quizá puedan parecer veladas, pero lo cierto es que están en sus versos. Cuando el poeta en el poema “Carta a una muchacha de Nueva York” escribiendo desde una “orilla” africana se compadece que la receptora de sus letras: “¡Qué pena me das, tú, tan lejos, recluida en el desierto de cemento y de acero / Con los más bellos sueños de los hombres / Metidos en mochilas de ladrones!”. Loutard muestra un orgullo de su posición que se convierte en declaración de intenciones en un autor africano.

Más allá de la dimensión temática la poesía de Loutard resulta de una luminosidad tremendamente atractiva. Recuerda, aún a riesgo de caer en tópicos, al atractivo de la exuberante vegetación. De algún modo, los versos de este congoleño se convierten en la visión de un bosque tropical, por la frescura que emanan y por la vida que se adivina.

Sony Labou Tansi sería el representante de una poesía que combina tierra y fuego en esa clasificación del crítico congoleño. Al margen de su poesía, Miamprika considera a Tansi el autor de la novela que inauguró la modernidad literaria del África francófona, aunque no sepamos muy bien qué significa este hito, con La vie et demie.  Por lo que se refiere a sus versos son directos, desprovistos de demasiados artificios.

Édouard J. Maunick combina fuego y aire en esa estructura elemental que realiza Miamprika. Su origen marca el sentido de la poesía de este mestizo oriundo de la Isla Mauricio, por un lado su insularidad, la presencia constante del mar en los versos y en su universo poético y, por otro, la angustia de su condición de mestizo que le lleva a preguntarse sobre el origen, sobre la situación, incluso del lugar en el que nació. Con una deliciosa descripción de su isla como “una isla expulsada de África por telúrica guerra”, Maunick ya avanza el sentido azorado de sus versos, aunque esas características no son necesariamente pesimistas. “me volvió a enderezar con un gran golpe / de mar me apuntaló a la contra frente al horizonte”, es una muestra de esa mirada al futuro.

Por último, Nimrod es el poeta del aire para Miamprika, un aire que, según el crítico, sería el responsable de la  limpieza de sus versos. Nimrod se aferra con una mano a la realidad, tratando temas como el del genocidio de Rwanda o situándose en el escenario de un huerto mundano, mientras que con la otra juguetea con las palabras y con la precisión del verso. Con este doble juego, Nimrod consigue elevar esas realidades, en unos casos dramáticas, en otros cotidianas, a un nivel de belleza y delicadeza que parece chocar frontalmente con la temática. Sin embargo, la habilidad para navegar en universos diferentes hace que ese choque no sea para nada violento.