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Adichie y Bulawayo marcan el paso

Portada del número de dicembre de New African Magazine, con la lista de los 100 personajes más influyentes del continente

Portada del número de dicembre de New African Magazine, con la lista de los 100 personajes más influyentes del continente

Ya se ha hecho pública la lista de los cien africanos más influyentes del año que elabora la revista New African Magazine. Puede parecer extraño que aparezca esta noticia en la sección de Letras Africanas, pero nos interesa el hecho de que en esa clasificación hay escritores, concretamente escritoras. Dos y las dos mujeres. Se trata de, como no podía ser de otra manera, Chimamanda Ngozi Adichie y NoViolet Bulawayo, ambas destacadas en esta sección en artículos anteriores.

Los propios editores de la lista advierten que la influencia es una característica que “siempre genera debate” y advierten que es evidente que no hay porqué estar de acuerdo con la clasificación que ellos elaboran. En la edición de diciembre, que recoge el especial sobre la lista, los responsables de la publicación explican que la influencia no es equivalente a la popularidad y que lo que se valora en este inventario es, en realidad, la capacidad de impacto público, social y político de los discursos de sus protagonistas. Si nos ha llamado la atención la lista, no ha sido por el hecho en sí que huele a recapitulación de fin de año, sino el espíritu que la anima y que sus promotores ponen de manifiesto cuando dicen recoger los nombres de los africanos que han tenido “un impacto significativo y que han ayudado a reformular el panorama del continente en los ámbitos en los que trabajan”. “Contribuyeron a la redefinición del discurso africano en 2013 y creemos que jugarán un papel muy importante en el año 2014. ¡Es de esperar, por el bien de África!”, asegura un texto que explica el objetivo de la lista.

Empecemos con las malas noticias, para que al finalizar la lectura nos quede buen sabor de boca. Bien, pues la principal mala noticia es que se podría decir que la literatura ha perdido peso en esta lista. En la edición de 2012, entre modelos, músicos o actores, aparecían cinco escritores, en total. Y su presencia no era para nada discutible, ya que nos encontrábamos nombres como los de los nigerianos Wole Soyinka o Chinua Acheve o el sudafricano JM Coetzee. La enumeración de literatos influyentes se completaba con la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie y el ghanés Ayi Kwei Armah (posiblemente el más desconocido de todos ellos).

La renta ha bajado en esta última edición y sólo las escritoras Adichie y Bulawayo se han podido colar entre los africanos con más ascendencia moral. En realidad, quizá no sea justo decir que Adichie se ha colado. Repite por segundo año, algo que no es demasiado habitual, así que se puede decir que el lugar es suyo, de pleno derecho.

Chimamanda Ngozi Adichie. Fuente: Wed de New African Magazine.

Chimamanda Ngozi Adichie. Fuente: Wed de New African Magazine.

En 2012, Chimamanda Ngozi Adichie era incluida, fundamentalmente, en la lista por su espectacular carrera y por brillante proyección. Se valoraba el éxito de ventas de sus, entonces, tres libros y el previsible éxito de la película basada en su novela Medio sol amarillo. Y el “¿qué será lo siguiente?” que se planteaban los autores de la lista era suficientemente representativo. La revista recogía una de aquellas frases en las que Adichie ensalza la capacidad de la literatura para construir y transformar la sociedad, que en Wiriko nos fascinan, como ya hiciera en su archiconocido discurso de TED Talks: “Muchas historias son importantes. Las historias han sido utilizadas para despojar y calumniar. Pero también pueden utilizarse para potenciar y humanizar. Las historias pueden quebrar la dignidad de un pueblo. Pero también pueden reparar esa dignidad rota”.


‘Americanah’ by Chimamanda Ngozi Adichie por tvnportal

En 2013, sin embargo, los motivos de la presencia de Adichie en la lista de los 100 africanos más influyentes se han modificado ligeramente. En este caso, se habla de la presentación de su obra Americanah, que era posiblemente la primera de sus novelas a la que se le coloca delante el calificativo de “esperada” y del estreno de la adaptación al cine de Medio sol amarillo. Se diría que la autora nigeriana ha madurado, pero lo que más se valora en New African Magazine es que no se ha acomodado. Es una escritora con las responsabilidades de una autora consagrada, pero sigue tan controvertida e incisiva como cuando era apenas una desconocida o una promesa. Continúa dispuesta a poner el dedo en la yaga de “los temas difíciles de la raza, el género y la política”. Evidentemente, los ecos de su reflexión sobre la historia única aún no se han silenciado y eso también pesa. Sólo en el canal oficial de TED en Youtube el video ha sido visto más de un millón de veces (sin contar el resto de plataformas que lo han replicado y compartido) y todavía hay gente que lo sigue descubriendo como si lo hubiese pronunciado ayer. De nuevo, uno de los valores de la escritora es que tiene mucho camino por delante. Esta audacia se plasma en la frase que la revista recoge de Adichie: “Soy una persona que cree en el inconformismo… Estoy profundamente insatisfecha por las injusticias y la manera de funcionar del mundo… mi insatisfacción me lleva a escribir”.

NoViolet Bulawayo. Fuente: Web de la revista New African Magazine

NoViolet Bulawayo. Fuente: Web de la revista New African Magazine

Quizá resulte más sorprendente la inclusión de la zimbabwense NoViolet Bulawayo en esta lista. Sin embargo, cómo lo vamos a discutir nosotros si titulamos el artículo que le dedicamos en esta sección “NoViolet Bulawayo, el nacimiento de una nueva estrella”, casualmente una idea muy similar a la que formulan los responsables de la lista de New African Magazine que parece que nos interpelan cuando afirman: “No cabe duda de que, verdaderamente, una nueva estrella de la literatura femenina africana ha nacido”. Curiosamente Bulawayo comparte con Adichie un cierto espíritu indómito y da la sensación de que, al igual que ocurre con la nigeriana, el inconformismo lleva a la zimbabuense a escribir. Al menos, eso es lo que se extrae de la frase que New African Magazine reproduce: “Crecí en una época muy diferente en Zimbabue; como parte de la primera generación de niños nacidos después de la independencia, experimenté la estabilidad, el éxito y la normalidad y, por supuesto, el Zimbabue que recuerdo se ha desaparecido terriblemente”.

Noviolet Bulawayo, interview at launch of ‘We Need New Names’ from British Council Arts on Vimeo.

Los méritos de Bulawayo son la consecución del Caine Prize en 2011 y la nominación al Man Booker Prize (que, finalmente, no consiguió), pero sobre todo están en las líneas de We Need New Names, que todavía no ha sido traducido al español (¿alguna editorial se anima? Probablemente, el de su libro ha sido el lanzamiento más exitoso y con más repercusión de la primera novela de una autora africana, aunque seguramente esta percepción sea tan subjetiva como la propia lista de los 100 africanos más influyentes.

Nos gustan las escritoras que se han incluido en esta lista, aunque sólo sea como excusa para dar visibilidad a la literatura africana, pero para la del año 2014, señores de New African Magazine, ¡sean un poco más generosos con la literatura!

Chimamanda Adichie, el peligro de una sola identidad

Chimamanda Ngozi Adichie. Fuente: http://dynamicafrica.tumblr.com/

Chimamanda Ngozi Adichie. Fuente: http://dynamicafrica.tumblr.com/

Desafortunadamente Chimamanda Ngozi Adichie no ha conseguido su objetivo en su tercera novela Americanah. Sí, se trata de aquella autora nigeriana, más conocida por el memorable discurso en TED sobre El peligro de una sola historia (del que ya se ha hablado en Wiriko) que por obras antológicas como Medio sol amarillo. Pues a pesar de la espectación despertada por Americanah, la novela parece un fiasco. Al menos si tenemos en cuenta el objetivo planteado por la propia autora en una entrevista publicada hace sólo un par de días en The Guardian. En ella Adichie confesaba que la novela pretendía ser una “historia de amor a la antigua usanza”… “Desgraciadamente” Americanah es, como era previsible, más, mucho más que una simple historia de amor. “Afrotunadamente” en aquella respuesta Adichie hacía gala del mismo tono inicisivo e irónico que destila en sus obras de ficción. Así que es evidente que cuando un autor realiza un ejercicio como el de la nigeriana en su última novela, diga lo que diga, no pretende hacer “sólo” una historia de amor.

Chimamanda Adichie se dio a conocer para el gran público a través de aquel discurso de TED que quién más y quién menos ha encontrado oportuno compartir en Facebook y que se ha convertido en una referencia para comentar en diferentes foros. En todo caso, la nigeriana era ya una autora de referencia y ampliamente premiada en el mundo de la literatura anglófona. Al margen de la popularidad, uno de los principales valores de esta novelista es un estilo narrativo particular que combina la capacidad para enganchar a través una prosa agradable, entrañable y atractiva la profundidad de un mensaje con un indudable contenido pedagógico. Uno de los elementos más atractivos del discurso de TED era que Adichie parecía que estaba contando un cuento tierno sin molestar a nadie mientras transmitía una reclamación radicalmente reivindicativa. No son características exclusivas de aquella intervención que ha quedado para la posteridad, sino que se tratan de los rasgos más propios de la forma de narrar de Adichie.

Cubierta de la nueva novela de Adichie.

Cubierta de la nueva novela de Adichie.

En Americanah la novelista nigeriana se atreve con la mayor parte de los temas fundamentales de la literatura universal desde un enfoque africano sin complejos. La tan traída y llevada historia de amor, es realidad el hilo conductor de la novela, seguramente, ese cebo (sin connotaciones negativas) que hace que el resto de temas, mucho más espinosos sean digeridos por el lector como si se tratase de una suave papilla. Adichie cuenta la historia de dos jóvenes nigerianos que inician un romance durante sus primeros años en el país africano. Llegado un momento, ambos protagonistas consideran necesario abandonar el país. Ella viajará a EE.UU. A él le habría gustado seguirla, pero en un mundo convulso de pronto se encuentra en Londres. Ella irá despertando a la vida, descubriendo, experimentando en un contexto de éxito personal y profesional, con los inconvenientes de ese crecimiento vital. Él, sin embargo, tendrá que desenvolverse en medio de la clandestinidad provocada por los problemas administrativos.

Quince años después de haber abandonado el país, los apasionados jóvenes se reencuentran de nuevo en Nigeria, pero el tiempo no ha pasado en vano, las cosas no son exactamente iguales a cómo las dejaron. La protagonista se ha convertido precisamente en una “americanah” el apodo que se emplea en el país africano para referirse a los que retornan de los EE.UU. para ridiculizar sus nuevas costumbres. Ella, sin embargo, no ha renunciado a su identidad africana durante su ausencia. Es más su proceso de crecimiento personal va afianzando sus orígenes. Es desde la distancia cuando más se convence de la importancia de sus raíces.

Así, la autora nigeriana hace frente a un proceso cotidiano para muchos, muchísimos africanos en la diáspora, el de la construcción de su identidad. La importancia de las cuestiones raciales son presentadas, por Adichie también de la manera más natural, desde las relaciones que la protagonista mantiene con hombres blancos y negros durante su periodo estadounidense, hasta elementos que pueden parecer tan banales como el orgullo por su cabello, pasando por el hecho de tener que hacer frente a los tópicos sobre los africanos (ya sean los más idílicos y los más negativos). El mito del regreso es también fundamental en esta obra y, sobre todo, en contraposición a lo que el retornado realmente se encuentra a su vuelta.

En su estilo narrativo, Adichie rompe también otros lugares comunes o, cuando menos, recurrentes en la literatura africana. Frente a los tipos de mujeres sufridoras, abnegadas y, a menudo, desgraciadas que nos encontramos a menudo en las novelas africanas, la escritora nigeriana construye un personaje femenino que vive con alegría y una cierta despreocupación. Aquí, en una descripción de este tipo, el problema es siempre el de las connotaciones de los adjetivos, pero la protagonista de Americanah vive con naturalidad la evolución vital de una joven que se enfrenta a un mundo nuevo y lleno de contradicciones pero también de oportunidades de descubrir. Sin olvidar que la protagonista es una mujer de éxito, un éxito propio, absolutamente independiente, sin estar sujeto al devenir de ningún hombre.

Tanto un tipo como otro de personaje femenino son igualmente verosímiles y realistas. Adichie muestra en este sentido el amplio abanico de posibilidades. La frescura le permite establecer críticas tanto a la cultura occidental como a la nigeriana huyendo de una simplicidad y un maniqueísmo que a priori podrían resultar mucho más atractivos (por fáciles de entender). La autora nigeriana solventa esta complejidad, de la manera más efectiva posible: al fin y al cabo todos sabemos que la vida es complicada así que nada mejor que contarla de la forma más sencilla posible, con naturalidad.