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Animación africana: la búsqueda de experiencia, perfección y reconocimiento

*Marie Laurentine Bayala

Personajes realizados por la Asociación de Cine de Animación de Burkinabé (ABCA).

Las aventuras de Tom Sawyer, Las tortugas Ninja, Clémentine Alicia en el país de las maravillas son algunas de las caricaturas que han acompañado a generaciones de niños y niñas africanos desde la irrupción de la televisión a finales de la década de 1950. Hoy, por ejemplo, Las aventuras de Tintín se pueden ver en la televisión nacional de Burkina Faso. Es decir, los caminos para desarrollar películas de animación en el continente son prácticamente inexistentes y los proyectos de películas están, en su mayoría, respaldados por Europa, Estados Unidos y Asia.

Dada la escasez que caracteriza a este género, un grupo de jóvenes decidió unirse en 2009 para dar forma a sus historias creando la Asociación de Cine de Animación de Burkinabé (ABCA). La ABCA forma a sus miembros en materia de animación y transmite su pasión por el dibujo a los jóvenes de la capital y otras regiones del país. Recientemente, treinta personas de Koudougou, Bobo-Dioulasso y Dédougou realizaron un proyecto de animación bajo los auspicios de la asociación y en un mes consiguieron realizar una película. Esto quiere decir que una generación de cineastas se encuentra en el proceso de redefinir el futuro de este género gracias a su determinación por realizar películas a pesar del contexto desfavorable en el que se desarrollan. “Los talentos emergentes se encuentran principalmente en Sudáfrica, Nigeria, Marruecos, Costa de Marfil, Burkina Faso y Senegal.

No hay capacitación para desarrolladores. Solo hay talleres breves que introducen a los participantes en técnicas de animación y programas específicos como TV Paint, Adobe Photoshop, Adobe Flash, Toon Boom 3D S-Max y Maya”, explica Claver Yaméogo, director burkinabé de cine de animación con sede en Tokio, Japón. Después de sus estudios de animación en Francia, pasó nueve meses haciendo el primer episodio de Soamba. Actualmente se encuentra inmerso en una película de animación sobre la Princesa Yennenga.

¿Cómo, entonces, alimentar la imaginación de los niños pequeños mientras se les presenta la diversidad cultural de África, garantizando así la preservación de la identidad cultural del continente? Para Serge Dimitri Pitroipa, la animación puede jugar un papel clave. Él sugiere modernizar las historias para hacerlas más cautivadoras. “Tenemos muchas historias que, si se cuentan tal cual, no interesan a los niños. Por ejemplo, el Manga: se han modernizado. La animación podría ofrecer nuevas perspectivas a muchas historias. Desafortunadamente, los niños gastan su tiempo viendo canales extranjeros cuando tenemos nuestras propias historias para vender y mostrar. Y con este enfoque en mente diseñamos Afro Game. Los decorados son futuristas. De hecho, puedes observar que la esencia de la historia es la misma, sin embargo, el envoltorio ha cambiado”, subraya Pitroipa. Afro Game es una película de animación que Pitroipa y sus colegas realizaron después de una formación en Dinamarca.

Las películas de acción a menudo recurren a la animación, ya sea para efectos especiales, o para agregar nuevas escenas a narrativas ficticias. Las ilustraciones pueden reforzar la trama, o incluso conservar la historia cuando no es posible acceder a una configuración determinada. En este sentido, Pitroipa y debido a la imposibilidad de grabar o fotografiar el desarrollo de la ceremonia de despedida del jefe Mossi, ha recurrido al recurso de la animación para su recreación. “La animación es un soporte en las películas de ciencia ficción porque a través de ella es posible contarlo todo. Algo que no ocurre en el caso de la ficción o el documental”, señala Claver Yaméogo, quien considera que la animación africana aún no está lista para beneficiarse de oportunidades de colaboración o financiación internacional.

La animación es una forma de arte en equipo en la que necesitas, además de mucho tiempo y dinero, diversas especialidades como guiones gráficos, composición, coloración, animación, etc. “El acceso a la financiación es difícil. En Burkina Faso, las personas aún no están listas para financiar una película que solo verán dentro de unos dos años. De vez en cuando, el Ministerio nos respalda”, agrega Pitroipa. A pesar de su determinación de impulsar el cine de animación, algunos miembros de la ABCA han abandonado la aventura ya que es difícil ganarse la vida en esta industria. La animación africana todavía necesita experiencia, perfección y reconocimiento. Y para que eso suceda, Claver Yaméogo está convencido de que los Estados deben involucrarse y crear escuelas de cine de animación que ofrezcan oportunidades de producción y trabajo.

*Marie Laurentine Bayala es periodista de Burkina Faso

Traducido por Sebastián Ruiz-Cabrera

El lenguaje de las telas

Viaje a través de ‘El Lenguaje de las telas’

El Museo Nacional de Antropología aloja hasta el 20 de mayo de 2018 ‘El lenguaje de las telas. Arte textil en África Occidental, Ghana, Mali y Costa de Marfil’. Con esta acertada apuesta el museo madrileño está batiendo récords de visitas, y las estadísticas no nos extrañan dada la calidad de la exposición, que se completa con un programa de actividades del que forma parte la visita guiada que se realizará hoy 10 de mayo a las 18:30. La muestra se centra en la riqueza de los tejidos, elaborados de forma ancestral en Ghana, Mali y Costa de Marfil, orígenes desde donde proceden las cinco técnicas textiles que estructuran la exhibición: kente, adinkra, korhogo, bogolan y batik. Pero ‘El lenguaje de las telas’ es también un viaje en múltiples direcciones guiado por las fotografías de Kim Manresa (Barcelona, 1960), los ejemplares representativos de las distintas telas y los diseños de moda contemporánea de Maica de la Carrera quien, junto a su hermana Laura, está al frente de la Galería de MAMAH AFRICA, responsables de esta muestra.

El lenguaje de las telas

Entrada a la exposición ‘El lenguaje de las telas’ en el Museo Nacional de Antropología.

“Esto es un espacio dedicado sobre todo a la moda y a la cultura africana, en la que hay dos partes diferenciadas, una dedicada a la moda centrada en las colecciones de Maica y otra donde hacemos exposiciones temporales. Decidimos hace unos años homenajear a países del continente africano. Empezamos con Etiopía, luego seguimos con Camerún,Mali y por último Guinea Ecuatorial”, explica Laura de la Carrera.

Además de Mali, volaron un poco más al sureste para aterrizar en Ghana. “Nos abrieron las puertas y estamos muy agradecidas. A nivel institucional la Embajada de Ghana nos ha apoyado muchísimo, y nos puso en contacto con todos los centros de tejeduría, tanto en Accra como en Kumasi”.

Fotografía de Kim Manresa expuesta en el Museo Nacional de Antropología.

Fotografía de Kim Manresa expuesta en el Museo Nacional de Antropología.

“Cuando estábamos en Mali trabajaba Maica a través de sus diseños, escogiendo las telas que íbamos a exponer, Kim con la fotografía y yo como historiadora realmente, ya que me he ocupado más del tema de textos, documentación, recogiendo todos los testimonios y la investigación de campo”, señala Laura.

Las capturas del fotoperiodista ilustran cada uno de los procesos de elaboración textil artesanal que se viene realizando hasta la actualidad. En esta ocasión el reportaje fotográfico se ha impreso sobre tela, aportando un particular acabado totalmente apropiado con el carácter de la exposición. No busca un encuadre perfecto, ni atiende a la técnica utilizada, Kim se centra en las historias que quiere contar obteniendo magníficos resultados como los que plasma en ‘El lenguaje de las telas’.

El diseño de la exposición nos encamina de forma clara y atractiva a cada una de las cinco muestras textiles. Uno de los elementos comunes a todos ellos, además de su singular belleza, es el contenido simbólico que recogen. El enriquecimiento de las artes visuales con las verbales conforma un tándem habitual en el panorama general de las artes africanas. De este modo se genera un sistema de comunicación multisensorial, donde pueden interpretarse distintos mensajes a partir de una representación metafórica.

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Primera parada: Ghana

Si comenzamos por las telas kente, viajamos a las ciudades rivales de Adanwomase y Bonwire, cercanas a Kumasi. La historia de Ghana se puede leer en sus creaciones, restringidas a la realeza ashanti y jefaturas locales. El término deriva de kenten, que significa cesta, bien como referencia a la tela de rafia con la que se hicieron los primeros tejidos, bien por la similitud a los patrones de una cesta. Una tela kente se valora por su efecto visual, valor simbólico y complejidad técnica. La distribución de los colores no se realiza arbitrariamente, sino que se alternan con un simbolismo concreto. Existen infinidad de proverbios y leyendas, como por ejemplo el diseño conocido como nkyinkyim o zig-zag, que alude al camino sinuoso y versátil de la vida, un desafío diario constante lleno de luces y sombras.

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No nos alejamos mucho de los centros de elaboración de las telas kente para llegar a los famosos tejidos adinkra. Se originan en la antigua capital de Kumasi y en Ntonso, una pequeña localidad al noreste de ésta. La leyenda sobre su origen atribuye el término al nombre de Nana Adinkra, soberano del antiguo reino de los gyaman ubicado en Costa de Marfil, que en el XIX fue capturado y asesinado por los ashanti a raíz de una batalla. Estas telas tradicionalmente oscuras eran señal de luto, mas hoy en día también han adoptado colores más claros para ser utilizadas en ceremonias de carácter festivo.

El tejido es estampado con tampones de calabaza tallados, aunque en la actualidad también se usa la madera o el metal. El tinte procede de la corteza del árbol badie junto con raíces del árbol kuntunkuni, si bien hoy en día también se sustituye este complejo tinte por acrílico. Los motivos ornamentales traducen en sus formas un significado concreto, y funcionan como medio de transmisión del saber ashanti.

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Segunda parada: Costa de Marfil

En el caso de los tejidos korhogo hay que hacer un salto temporal y espacial mayor. Son elaboradas por los senufo de Costa de Marfil, si bien habitan también en Mali, Burkina Faso y Ghana. El término procede de la ciudad donde se hallan los principales talleres y, a diferencia de otras técnicas textiles de orígenes ancestrales, la producción de estas se origina en torno a 1960. Cuentan con la técnica filafani como antecedente, que significa tela pintada, y se decoran en toda su superficie creando tapices narrativos donde se plasma la cosmovisión de los senufo. Utilizan el tejido como lienzo donde representar animales a modo de intermediarios con el mundo natural, vegetales y personajes enmascarados, esenciales en ritos como la ceremonia de iniciación de la sociedad masculina Poro.

En este apartado se muestra una selección de las colecciones conservadas en los almacenes del museo, entre las que encontramos, además de tejidos korhogo, obras como las “cabeza de Poro” o puertas talladas con la misma decoración que los textiles. Como nos explica Laura de la Carrera, en el apartado Korhogo se han conjugado las piezas senufo con un particular reportaje fotográfico realizado con mucho cariño: “Le hemos querido dar protagonismo a través de la fotografía de Kim. Hay una serie de fotografías en blanco y negro que hizo Kim hace cuarenta años en la ciudad de Korhogo. Una ciudad que por cierto después de la Guerra civil ya no existe, está desolada. Entonces son fotografías que tienen ese valor documental, que son muy interesantes, en las que se muestra cómo están pintando esas telas. Además son fotos del primer país que visitó Kim”.

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Tercera parada: Mali

En cuanto a las telas bogolan, debemos dirigirnos hacia el norte siguiendo el curso del Níger hasta la capital maliense, Bamako, y hacia Segú. Laura y Maica de la Carrera llegaron entusiasmadas: “Mali la verdad es que es un país que a nivel textil conocíamos. No habíamos estado físicamente nunca pero había sido una referencia para nosotras, sobre todo para mi hermana”. Esta técnica ha sido trabajada por los pueblos minyanka, dogón y especialmente bambara. Constituye todo un símbolo identitario en Mali e incluso en toda África, llegando a expandirse fuera del continente por Europa y América a través del comercio y la moda. El término significa hecho de arcilla, puesto que este es el material primordial que se usa junto con el algodón para su elaborada producción.

A diferencia de las kente, las bogolan son trabajadas por las mujeres. No en vano nos revelaba Laura que “la mujer maliense es la que más maestría tiene en todo el continente”. El hilado se realiza retorciendo fibras cortas hasta unirlas en una hebra continua con la ayuda de un huso. En cambio, el tejido es una tarea que con infinito respeto llevan a cabo los hombres mediante telares horizontales de doble lizo. Las bandas de algodón se introducen durante horas en las tinajas con agua hirviendo y basilan o plantas que curan, dotando de sus propiedades sanadoras a las telas. Una vez se sacan del barreño que corresponde a cada color se dejan secar al sol, para repetir el proceso de inmersión  y obtener la intensidad deseada. Cuando está teñida se fija la decoración simbólica con distintos instrumentos, utilizando patrones o a mano alzada. A finales de la década de 1970 el grupo Bololan Kasobane comenzó a reimpulsar esta técnica tradicional en desuso para transmitir sus mensajes a las nuevas generaciones.

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Por último, llegamos la sección dedicada a los tejidos batik y otras técnicas que podemos encontrar en Mali y Ghana, si bien hay ciertas diferencias entre las telas realizadas en cada capital, Bamako o Accra. Como ya advertimos, en esta exposición no hay compartimentos estancos, sino un mar de influencias que abren el abanico de posibilidades creativas. En este caso encontramos sus orígenes en Asia. Concretamente llegaron de Indonesia las primeras telas, traídas por soldados ghaneses en el siglo XIX.

Se trabaja con la técnica tradicional usada en las telas bogolan, protegiendo con cera las zonas reservadas mientras se realizaban los baños de tintura. Las líneas que deja el resquebrajado de la cera una vez se ha endurecido aportan el efecto visual tan característico de estos textiles plenos de colorido. Y no hemos acabado con las transferencias en esta técnica. El tipo de algodón más utilizado para su elaboración se denomina bazin riche, importado de Europa y actualmente también de China. A este material se debe su característico efecto adamascado usado en Mali, mientras que a la técnica de estampación attache o técnica de atar, la coloración irregular de la tela.

El proceso completo de elaboración del batik es sumamente laborioso. Para el estampado decorativo de los tejidos en Ghana se usan bloques de gomaespuma tallados además de tampones de madera tallada, que se sumergen en cera caliente para ser estampados. Cuando la tela se ha tintado y secado hay que eliminar la cera mediante baños de agua hirviendo con jabón.

Por otra parte cabe destacar las distintas colaboraciones en la exposición, que han aportado un valor contemporáneo a la misma. Así, las golondrinas de la intervención de Carmen Varela migran desde África vestidas con tejidos kente, hasta las ropas de Maica de la Carrera que podemos disfrutar a lo largo de toda la muestra. El mestizaje que ofrecen las creaciones de la galerista de MAMAH AFRICA son fruto de las transferencias entre ambos continentes. La diseñadora se nutre de la tradición textil africana para elaborar los diseños de moda contemporánea desde hace veinte años. Su hermana Laura nos explica su labor: “respetar este tejido con unos diseños muy básicos y clásicos dando protagonismo a la tela, pero también haciéndolo ponible y visible aquí en Europa”. En definitiva, una exposición donde se aprecia el cariño y el esfuerzo invertidos además de ser una oportunidad única para apreciar la belleza encriptada en el arte textil de África Occidental.

El surrealismo mágico de las hechiceras africanas

Agosto de 1612. Valle de Pendle (Pendle Hille), en el condado de Lancashire, Inglaterra. Hacía calor y la gente se agolpaba en el que se ha considerado como uno de los juicios de brujas más famosos de la época. Alizon Device, una niña de 11 años, fue ahorcada, junto con otras nueve personas, después de admitir que era una hechicera que a menudo se encontraba con el demonio en compañía de su abuela de 80 años. A ella también la ahorcaron sin importar cuántas canas lucía. Y la literatura ha hecho correr tinta desde entonces.

Sí, es una película, pero estos espacios abocados al exotismo por la desprotección de los gobiernos existen en la realidad. La directora pasó más de un mes en uno de ellos en Ghana para documentar un guion que combina la denuncia social y la sátira y que continúa cosechando éxitos después del debut en el festival de Cannes de 2017, por cierto, la primera película zambiana que se ha presentado en el festival francés. El último de los galardones llegaba hace unas semanas con el BAFTA, los premios de cine que concede la Academia británica al debut como mejor dirección.

Este artículo ha sido publicado originariamente en el blog África no es un país, de El País. Para seguir leyéndolo puedes visitar este sitio.

AfroCubism: “hay mucha música del oeste de África que necesita salir a la luz”

El elenco de AfroCubism Revisted se presenta en Londres / Foto: @dennismcinally

La burocracia se puso de por medio. Nick Gold, cabeza pensante del sello discográfico World Circuit, quiso hacer una trabajo colaborativo entre músicos de Malí y Cuba hace veinte años. Pero los malienses, por problemas de visados, nunca pisaron la isla. Los cubanos reunidos en el estudio Egrem de La Habana decidieron hacer uso del espacio y nació uno de los hitos musicales más importantes del pasado siglo: Buena Vista Social Club. En 2010 Gold recuperó la idea. Esta vez en Madrid, Elaides Ochoa, Toumani Diabaté, Bassekou Kouyaté y Kasse Mady Diabaté entre otros se reunieron para grabar AfroCubism.

“El primer proyecto fue algo muy famoso. Y ahora lo revisamos porque hay mucha música que necesita salir a la luz. Y no sólo de Buena Vista Social Club sino del oeste de África”, explica el trompetista cubano Yelfris Valdés. El músico, junto con el senegalés Seckou Keita, hablaron con Wiriko antes de la presentación de AfroCubism Revisited en el Islington Town Hall de Londres.

Este nuevo proyecto es otro capítulo en una historia cultural que se remonta a la llegada de los esclavos africanos a la por entonces colonia española. En este caso sólo el maliense Bassekou Kouyaté (ngoni) repite en grupo joven pero muy bien capacitado y en el que se unen Seckou Keita (kora), Yelfris Valdés (trompeta), Hammadi Valdés (percusión) y Ednar Enrique Bosch Landa (guitarra). Unos músicos que apenas tuvieron una semana para conocerse y ensayar el repertorio de lo que fue una actualización del disco AfroCubism aunque también se acomodaron algunas composiciones propias.

“Esta es una nueva generación de jóvenes músicos pero también es más diversa. No es sólo Cuba y Malí sino Senegal, Gambia e incluso Italia. El desafío es mantener el respeto a los mayores que hicieron el trabajo aunque a mí me gustaría que el proyecto tomara otra dirección. Algo más variado donde se probaran más sonidos cubanos procedentes de la cultura yoruba e ir más profundamente a la cultura mandé”, describe Keita.

Yelfris Valdés ha asumido la dirección musical de este proyecto en el que ha tratado de “que todos tengan un lenguaje propio y que converjan. Teníamos que sentirnos cómodos y pasarla bien”. Impera la música en un intercambio que abarca distintos territorios separados por el océano Atlántico pero cuyos bagajes sonoros se entrelazan fácilmente.

“Cuando trabajo con músicos cubanos siempre me dicen que lo que hacen es África. La cultura mandé hizo que los sonidos cubanos se enraizaran en nuestra tierra”, dice Keita. “Los cubanos somos muy acérrimos de nuestra clave 6×8 pero eso ya existía en la cultura mandé y es algo que hemos admitido. Además hay ritmos, por ejemplos yorubas, que aunque no son populares en Cuba conectan con el África occidental”, explica Valdés.

Bassekou Kouyaté es el único integrante del primer proyecto AfroCubism. Foto: @dennismcinally

Tanto Keita como Valdés se mostraron entusiasmados por pertenecer a este grupo que basa su trabajo en el respeto a los anteriores miembros. Apuestan por disfrutar de la colaboración y asentarse en la amplia frontera entre la música tradicional y los nuevos sonidos para ahondar en un intercambio musical que ahora busca la continuidad.

“Es una pena dejar toda la responsabilidad a Nick (Gold). Después de que se lanzara el álbum no se hizo nada. La posibilidad es que el “afrocubismo” renazca y continúe con otra generación”, dice Keita cuya visión es muy similar a la de Valdés: AfroCubism fue algo efímero. Había muchas estrellas y muchos egos y además estaba la parte monetaria. Eran muchos los costes para reunirlos a todos y llevar a las figuras al escenario. Esto puede ser una nueva etapa en lo que se conoce como músicas del mundo ya que es un proyecto al que se le puede sacar fruto”.

Los vínculos entre Cuba y los países del oeste africano se consolidan cada cierto tiempo. Algunos son eternos, como la Orchestra Baobab y otros aparecen para reafirmar una historia sonora que parte de una misma tierra. Richard Bona publicó el pasado año su particular recorrido por las raíces sonoras de África en Cuba mientras que el propio Seckou Keita acaba de lanzar un álbum en colaboración con el pianista cubano Omar Sosa. AfroCubism Revisited es otro paso hacia delante de un movimiento que regenera una conexión musical natural con el Atlántico como único intermediario.

Las epopeyas del oeste africano: Literatura viva

Aula Wiriko

 

 

 

2ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Pablo Arconada Ledesma

África Occidental cuenta con una particularidad literaria muy importante. Si las epopeyas están muy vivas a lo largo y a lo ancho del continente lo cierto es que esta región guarda una producción literaria sin precedentes, y lo mejor, la ha mantenido a lo largo de su historia.

Actualmente resulta complicado encontrar una definición universal de epopeya. Al género europeo se fueron sumando otras obras nacidas en diferentes puntos del planeta lo que hacía que la concepción europea para la epopeya quedara desfasada. Ángel Antonio López Ortega hace referencia a este género como un tipo de discurso narrativo estable, con una estructura temporal concreta y un personaje que asume una herencia mítica y que acaba por suscitar gran admiración. 1 Esta definición podría encajar perfectamente con las epopeyas de esta región.

Si bien, y a diferencia de las grandes epopeyas europeas nacidas al calor de la Edad Media (pienso en El Anillo de los Nibelungos, el Canta de Roldán o el Cantar de Mío Cid, por citar alguna), las epopeyas del oeste africano han contado con una resistencia a desaparecer de la mentalidad popular y nacional envidiable. Si en Europa hemos tendido a guardar todo ese conocimiento en libros, para aprenderlo una vez en la vida, los pueblos de esta zona conviven con sus epopeyas y aprenden de ellas de forma continua.

Couv_SOUNDJATALa epopeya es un género vivo puesto que todavía cabe la posibilidad de escucharla en muchos territorios del continente donde existe una oralidad latente y gracias a las técnicas de memorización y recitación de unos personajes conocidos como griot. ¿Pero quiénes son estos “griot”? ¿Cuál es su papel? Vicente Enrique Montes Nogales les define como artistas con diferentes habilidades pero que destacan por su dominio de la palabra. Esto desde luego no excluye a la música y a la danza que suelen estar presentes en las representaciones. Si bien no siempre se dan las mismas características en todos los griot, ya que algunos no utilizan instrumentos, por lo que no se puede generalizar. Estos son, en definitiva, los encargados de velar por la continuidad de la epopeya en el imaginario del pueblo, acercándoles la realidad de su pasado.2

Las grandes epopeyas del oeste africano como son “Sundiata o la epopeya Mandinga”, “La epopeya Bambara de Segou”, “La gesta de Ham-Bodêdio o Hama el Rojo” o “La epopeya peule de Fuuta Tooro”3 por nombrar las más conocidas, representan un pasado glorioso que no debe olvidarse. Las epopeyas guardan el valor de la tradición y la capacidad de unir el presente con el pasado. Esta literatura viva, gracias al papel de los griot pero también al imaginario colectivo, amplía la capacidad de mantener una memoria histórica rica y útil.

En África, la epopeya es mucho más que un género condenado al olvido y muchos de los pueblos africanos entienden su tradición y su pasado como parte de su vida. Esa es la razón clave por la que la epopeya en este continente no está encadenada a un libro. Además, las hipótesis que establecen la tradición oral como un rasgo “primitivo” o de pueblos no desarrollados ya no tiene cabida. Gracias a la oralidad de las epopeyas, los africanos conocen su historia y son capaces de encontrar una conexión pasado-presente que nosotros, en Europa, hemos perdido hace tiempo.

1 López, Ortega, A.A., “Las epopeyas del África Central” en Revista poética medieval , 25, pp. 199-220, 2011

2 Montes, Nogales, V.E. “Los productores de las epopeyas oesteafricanas: los griot o los protectores de la memoria” en Archivum: Revista de la Facultad de Filología, Tomo 56, pp. 233-262, 2006

3 Montes, Nogales, V.E., “Héroes y Heroinas en las epopeyas africanas, una difícil relación” en Intertexto y Polifonía, I, pp.493-500, 2008

BIBLIOGRAFÍA

  • Creus, J., “Memoria y cambio en los relatos épicos africanos” en Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, vol. LXI, nº1, pp. 179-209, 2006
  • López, Ortega, A.A., “Las epopeyas del África Central” en Revista poética medieval , 25, pp. 199-220, 2011
  • Montes, Nogales, V.E. “Los productores de las epopeyas oesteafricanas: los griot o los protectores de la memoria” en Archivum: Revista de la Facultad de Filología, Tomo 56, pp. 233-262, 2006
  • Montes, Nogales, V.E., “Héroes y Heroinas en las epopeyas africanas, una difícil relación” en Intertexto y Polifonía, I, pp.493-500, 2008
  • Montes, Nogales, V.E., “La epopeya de África Occidental y la epopeya castellana: un análisis de literatura comparada” en Çédille Revista de estudios franceses, nº 10, 2014
  • Niane, D.T., “Soundjata ou l’epopee mandingue”, Présence Africaine, 1971
  • Kesteloot L. y Dieng, B., “Les épopées d’Afrique Noire”, Karthala Editions, 2009

Escaparate literario desde Costa de Marfil

Prix Ivoire1

Los premios y concursos son siempre un sistema controvertido cuando se aplica a la literatura, y son habituales las críticas desde las más variadas perspectivas, desde la falta de legitimidad de los convocantes hasta la arbitrariedad de los criterios o las intenciones mercantilistas (más que artísticas o culturales) que se pueden esconder detrás de algunos de ellos. El hecho es que todas estas condiciones se cumplen en África e, incluso, en ocasiones se suman algunas más relacionadas, por ejemplo, con enfoques neocoloniales o, incluso, de explotación (por hacer un paralelismo) de recursos, pero en este caso humanos.

En todo caso, hay un elemento que en un premio siempre se coloca en la columna de las ventajas y es la cuestión de la visibilidad. En el mejor de los casos, un concurso hace que emerjan libros o autores que estaban más o menos sumergidos. En este caso, el Prix Ivoire pour la Littérature Africaine d’Expression Francophone, tiene de alguna manera, esa virtud de escaparate, más allá de los dos millones de francos CFA de los que está dotado (algo así como unos 3.000 euros). Al margen del resultado final, es decir, del fallo del jurado, del único autor que podrá poner en su curriculum que se ha alzado con este galardón en una edición concreta, el premio que ha llegado este año a su sexta convocatoria, nos llama la atención sobre una serie de nombres. Algunos de estos autores tendrán después una trayectoria más larga y, en todo caso, se asoman a un púlpito nada despreciable.

El Prix Ivoire no tiene vocación de descubrir autores absolutamente desconocidos, teniendo en cuenta que premia libros que ya han sido publicados. Pero desde aquí, desde Europa, ésta es una buena excusa para asomarnos a la habitualmente poco accesible literatura africana. Según señalan los propios impulsores del certamen, la asociación marfileña Akwaba Culture, a modo de objetivo, se trata de “un premio africano de literatura destinado a recompensar a un autor africano por una de sus obras”.

En pleno mes de agosto, se hizo pública la lista de los finalistas del premio que debería fallarse el próximo noviembre. Pero es precisamente, este paso, el de la exposición de los primeros preseleccionados, el que cumple fundamentalmente esa labor de escaparate. Evidentemente, el premio es una iniciativa marfileña pero con una vocación panafricana (del África francófona, eso sí) impulsado por la asociación Akwaba Culture y apoyado por el Ministerio de Cultura y de la Francofonía de Costa de Marfil, la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), la Embajada de Francia en Abidjan, el grupo Librairie de France y Orange – Costa de Marfil.

La lista de estos preseleccionados nos descubre un grupo de autores africanos procedentes de cinco países, entre los que se encuentran algunos desconocidos para nosotros y otros que ya han tenido su momento de gloria, o que al menos han tenido una cierta proyección, como es el caso del gabonés Janis Otsiemi, del que ya hemos hablado en esta sección. Simplemente a modo de llamada de atención, el resto de los preseleccionados son los marfileños Josette Abondio y Flore Hazoumé, el guineano Mamadou Aliou Bah, los cameruneses Hemley Boum y Marcel Nouago Njeukam y la marroquí Badia Hadj Nasser. Vale la pena seguir la pista de todos ellos.

Por lo que se refiere a la trayectoria del premio y para seguir llamando la atención sobre autores africanos que no han terminado convirtiéndose en “superestrellas” del panorama literario europeo, pero que merecen atención, el primero de los ganadores (en 2008) fue el senegalés Racine Kane; le siguió el marfileño Tiburce Koffi; en 2010, el galardón fue para la camerunesa Elisabeth Ewombè-Moundo; en 2011 fue premiada la única obra de no ficción de este palmarés, se trató de una biografía de Félix Houphouët-Boigny, concretamente los dos últimos de los tres volúmenes de esta obra de Frédéric Grah Mel; y por último, la última laureada (en 2012) ha sido la senegalesa Mariama N’doye.

Los propios organizadores del premio reconocen que se trata de una buena manera de darse publicidad para los autores y de conseguir visibilidad, gracias a la colaboración con numerosos medios de comunicación y, aunque no lo reconozcan explícitamente, gracias al prestigio que se ha ido construyendo esta convocatoria. Una parte de este prestigio viene dada por el hecho de que el acto de la entrega se convierte en una gran fiesta de la literatura africana francófona. Por el palco de los autores invitados han pasado nombres como Aminata Sow Fall, Djibril Tamsir Niane, Cheikh Amadou Kane, Boubacar Boris Diop, Henri Lopes o Alain Mabanckou, por citar sólo algunos de ellos. En la fiesta que se celebrará en noviembre, este honor recaerá en  la ruandesa Scholastique Mukasonga y el guineano Tierno Monénembo.