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“Las Industrias Creativas y Culturales no son una solución mágica para los problemas de desarrollo de África”

En un momento en que las Industrias Creativas y Culturales (ICC) generan 250.000 millones de dólares al año y unos 29.5 millones de empleos en todo el mundo, hemos querido conversar con un experto en la materia para que nos cuente de qué forma este tipo de actividades podrían contribuir a mejorar las estadísticas de desarrollo del continente.

Christiaan De Beukelaer es profesor de política cultural en la Universidad de Melbourne. Se licenció en musicología (Universidad de Amsterdam), es máster en Estudios Culturales (Universidad de Lovaina) y Estudios del Desarrollo (Universidad de Leuven) y tiene un doctorado en Industrias Culturales (Universidad de Leeds). Su campo de investigación se ha centrado las industrias culturales y el desarrollo humano en Burkina Faso y Ghana, y a día de hoy, es uno de los pocos académicos que trabaja el tema de las industrias culturales africanas.

Christiaan De Beukelaer

Gemma Solés: ¿Podríamos decir que las ICC serán un sector clave para el desarrollo de África en los próximos años?

Christiaan De Beukelaer: En 2008, el Informe sobre la Economía Creativa de la UNCTAD afirmaba que la participación africana en el comercio internacional de bienes creativos equivalía a menos del 1% del comercio mundial total (UNCTAD y PNUD, 2008, 6). Esos datos son un poco exagerados. Los países africanos tuvieron una participación combinada de las exportaciones de bienes creativos del 1,56% en 2002, del 1,97% en 2007 y del 2,40% en 2015 (UNCTADstat 2017). Esto demuestra un aumento significativo en el papel que juegan los países africanos en el comercio mundial de productos creativos.

Sin embargo, si se tiene en cuenta que los países africanos tienen una población total de alrededor de 1.200 millones de personas, es decir, el 16% de la población mundial, la participación del continente en el mercado global de bienes creativos es marginal. Contrariamente a la afirmación general de la UNCTAD de que los países “en desarrollo” están aumentando constantemente su participación en la economía creativa mundial, una mirada cuidadosa a los datos disponibles revela que China (clasificada como “país en vías de desarrollo” por la ONU) ha incrementado considerablemente las exportaciones de bienes creativos (De Beukelaer, 2014).

Desde la aprobación de la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO (2005), la amplia aceptación de los Informes de la Economía Creativa de la UNCTAD (2008; 2010) y de los informes sobre Economía Creativa de la UNESCO (2013), muchos gobiernos africanos han empezado a crear leyes para apoyar las industrias creativas. Esto indudablemente significa que el sector se hará más visible y adquirirá mayor significado e importancia.

Aún queda por ver en qué medida el sector podrá cumplir con las afirmaciones optimistas, y a menudo exageradas, sobre sus reivindicaciones respecto de una serie de objetivos de desarrollo. Mucho depende del tipo de industrias que se apoyan y de las formas en que los gobiernos, las empresas, los artistas, las organizaciones internacionales, etc., deciden sobre las formas en que se acercan al sector. En este contexto, no existe un enfoque único para hacer que el sector funcione, y el tipo de desarrollo que el sector fomentará depende de las decisiones de los responsables políticos, lo que significa que los activistas culturales tienen un papel importante a desempeñar para defender opciones particulares. Su función consiste principalmente en negociar el equilibrio entre las diferentes opciones y prioridades.

G.S.: En tus investigaciones, argumentas que África, debido a su gran diversidad, debe encontrar su propio modelo de Industrias Culturales y Creativas. ¿Hacia dónde deberían ir las ICC africanas para tener éxito?

C. D. B.: Sostengo que “África” ​​necesita reflexionar sobre los tipos de modelos que funcionarán para el continente – y estos modelos serán invariablemente diferentes entre los países. El clima político actual, las prácticas existentes, los legados coloniales, las prioridades sociales y las conexiones internacionales son elementos que influyen en las industrias culturales y creativas que existen en el continente (De Beukelaer 2016). Más sencillamente, lo cierto es que las industrias culturales y creativas «africanas» existen y han existido durante mucho tiempo. Pero los enfoques conceptuales, las distinciones sectoriales y la comprensión empírica de las lógicas de estas industrias se derivan predominantemente de estudios en países occidentales. Aunque aceptamos que las diferencias entre los Estados Unidos y el Reino Unido son reales y significativas, y que las relaciones entre Alemania y Francia son tan cruciales como las que existen entre Italia y Croacia, sólo estamos empezando a comprender las particularidades de las regiones africanas. Los países y las ciudades son importantes. (De hecho, las fronteras africanas poscoloniales siguen dependiendo casi totalmente de la Conferencia de Berlín de 1884-85 que dividió el continente entre los colonizadores europeos, lo que significa que las prácticas culturales no se encajan claramente en las fronteras territoriales de los estados-nación).

Mi sugerencia aquí es tan simple como difícil. En primer lugar, se necesita más investigación para comprender mejor cómo funcionan las ICC en las diferentes sociedades y en el contexto sociocultural de todo el continente. En segundo lugar, esta investigación debería traducirse en afirmaciones seguras acerca de los conceptos y modelos que existen, que pueden coincidir con los modelos occidentales existentes, pero que probablemente incluyan prácticas y actividades que no existen (en la misma forma) en otros lugares. En tercer lugar, es necesario tomar decisiones claras.

Las ICC no son una solución mágica para los problemas de desarrollo de África. Si el sector va a tener un papel más allá de sí mismo (la creación e intercambio de expresiones simbólicas), todos los involucrados deben sopesar qué tipo de objetivos se deben alcanzar. La inclusión social puede ser un objetivo, pero requiere mucho trabajo, ya que las ICC tienden a perpetuar (si no exacerbar) las desigualdades sociales. Esto se debe a que el sector depende en gran medida de mano de obra no remunerada (voluntariado y pasantías), trabajo mal pagado (largas horas, a menudo para organizaciones que no pueden compensar horas extras) y porque la importancia de las redes sociales beneficia desproporcionadamente a quienes empiezan desde posiciones socioeconómicas fuertes. El crecimiento económico podría ser un objetivo, pero aquí la forma en que interviene el Estado (como regulador o participante activo) es tanto una consideración política como técnica. Del mismo modo, las ICC pueden utilizarse en estrategias para el desarrollo sostenible, pero también aquí, estas industrias no son una solución mágica, y existen diferentes vías estratégicas para elegir (Duxbury, Kangas y De Beukelaer, 2017).

G.S.: ¿Está el propio concepto de Industrias Creativas y Culturales “envenenado” o demasiado “pervertido” por los discursos del “Norte Global”? ¿Qué dicen los académicos y/o expertos africanos sobre las industrias culturales y creativas como factores clave para el desarrollo en el continente?

C. D. B. : El concepto de las industrias culturales y creativas no está necesariamente “envenenado” o “contaminado”, pero ciertamente es confuso. En primer lugar, las industrias “culturales” y “creativas” no son lo mismo. Las diferencias pueden parecer triviales cuando se examinan las clasificaciones de los sectores, pero sus historias y su significado político hacen que esas diferencias sean cruciales. Comentar esto en el espacio tan limitado que tengo aquí no haría justicia a esta complejidad. Justin O’Connor (2011; 2010) ha hecho un gran trabajo explicando estas historias, y Gaëtan Tremblay (2011) y Nicholas Garnham (2005) han discutido sus implicaciones en los datos y la política respectivamente.

En segundo lugar, al igual que en cualquier otro ámbito de la política pública, hay diferentes enfoques ideológicos de las ICC. A menudo, estas interpretaciones y estrategias se reducen a un simple conjunto de binarios derecha/izquierda o mercado/estado. Pero es difícilmente útil, ya que la existencia y regulación del sector es mucho más compleja. Pero a pesar de esta complejidad, es crucial entender que los debates sobre las ICC no están libres de valores ni neutrales. Siempre vienen con algún nivel de perspectiva ideológica y alguna forma de influencia ideológica.

Lo que se necesita, diría yo, es un mayor compromiso con el rango de los perfectivos normativos y las opciones que definen el debate. Sólo cuando se consideran activamente y abiertamente estas opciones se pueden tomar decisiones informadas.

Uno de los temas en el debate actual es que la mayoría de los comentaristas sobre el sector en África lo están haciendo desde su trabajo en el activismo. Si bien esto es tremendamente útil en términos de su comprensión del sector (Arterial Network es una de las grandes plataformas de debate en este sentido), estos comentarios raramente alimentan el debate académico. Si bien la academia no es de ninguna manera el único nivel o contexto en el que se sostiene el debate legítimo, es la plataforma a través de la cual la participación internacional (también con organismos como la UNESCO y la UNCTAD) acontece en su mayoría.

G. S. : Afirmas que hay muchos modelos en el campo de las economías creativas. ¿Cuál es el modelo más extendido? ¿Por qué no es bueno para todos?

C. D. B. : Las diferentes organizaciones optan por enfoques que se centran en lo que consideran importante. La UNCTAD, la organización que dirigió los Informes de Economía Creativa, fue fundada para repensar y reequilibrar las relaciones comerciales mundiales. Por lo tanto, tiene sentido que favorezcan aquellas actividades que de hecho pueden desempeñar un papel en el comercio (internacional). Esto significa que las actividades que no se monetizan permanecen bajo el radar.

La UNESCO, organismo especializado de las Naciones Unidas en educación, ciencia y cultura, tiene su propia oficina de estadística que proporciona datos sobre actividades culturales. Está arraigado en una comprensión más amplia de la cultura y no mira el comercio solamente, pero también se centra en por ejemplo la participación. Los Indicadores de Cultura para el Desarrollo de la UNESCO (CDIS) examinan de manera holística la relación entre cultura y desarrollo.

La OMPI, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, utiliza una clasificación que se centra en los bienes y servicios que tienen un componente de propiedad intelectual para ellos. Esto da lugar a otra clasificación.

DCMS, el Departamento de Cultura, Medios de Comunicación y Deporte del Reino Unido ha sido la agencia gubernamental pionera que promovió las industrias creativas. Su clasificación ha sido retomada por el British Council en su intento de promover el sector en todo el mundo.

La lista continua. Por lo tanto, no hay básicamente un modelo dominante. Y la elección de cualquiera de estos modelos viene con ciertas ventajas, pero también limitaciones. Esta es precisamente la razón por la cual -como ya he dicho- debemos tomar decisiones claras, consideradas y motivadas sobre el tipo de trabajo que pretendemos apoyar.

G. S. : Pero sí hay una clara brecha entre las leyes que se pretenden implementar desde arriba (por ejemplo, las leyes contra la piratería en la industria de la música) y las prácticas generalizadas de piratería o el mercado informal en terrenos culturales … ¿Cómo se puede cerrar esa brecha?

C. D. B. : Esta es una pregunta difícil. En este nivel, las ideologías, modelos y enfoques chocan. Dependiendo de la perspectiva de uno, las opciones aquí son significativas. En mi trabajo, por lo general, he sido reacio a proporcionar una postura normativa, ya que no es mi papel como investigador deliberar opciones de políticas. Considero que mi papel es meramente una clarificación de opciones y sus implicaciones, a través del estudio empírico de lo que ha estado sucediendo.

Dicho esto, hay pruebas de que la piratería a menudo sirve como un impulsor de la innovación que interrumpe las prácticas existentes y altera las industrias establecidas. Sin duda, son a menudo ilegales, pero la supresión de tales actividades ilícitas ha sido históricamente alcanzada por la incorporación de sus prácticas en el modus operandi de los jugadores de la industria existente – o la creación de nuevos actores que operan legalmente (creo Apple y Spotify).

La tensión subyacente es que existe la necesidad de equilibrar los derechos humanos con los derechos de autor, como argumenta Farida Shaheed (2014). En un próximo artículo con su colega Martin Fredriksson, argumentamos que centrarse únicamente en la aplicación estricta de la legislación sobre derechos de autor -aunque legalmente bien- plantea algunas cuestiones éticas. ¿Cuáles son los derechos más protegidos? ¿Quién debe tener acceso a la cultura, sólo aquellos que pueden pagarla? ¿Y quién debería cosechar los rendimientos, y cómo deberían ser equilibrados entre creadores e interesados ​​de la industria?

G. S. : ¿Qué podemos aprender de las nuevas maneras de consumir música o cine en África?

C. D. B. : Mucho – las nuevas superposiciones entre la distribución digital y física y el consumo son fascinantes. No me he centrado en esto hasta ahora para comentar los detalles de estas nuevas modalidades, pero actualmente estoy desarrollando algunas investigaciones para ese fin con Andrew J Eisenberg (NYU Abu Dhabi).

G. S.: ¿Cómo podrían las ICC representar una verdadera fuente de desarrollo para África?

C. D. B. : Todo depende de qué tipo de “desarrollo” estamos hablando. Este es un tema que desarrollo ampliamente en mi libro Developing Cultural Industries: Learning from the Palimsest of Practice (De Beukelaer 2015). En resumen, el “desarrollo” tiene muchos aspectos, y antes de que podamos juzgar el papel que las ICC pueden desempeñar en el desarrollo, tenemos que definir de qué tipo de desarrollo estamos hablando. Y aunque es fácil fingir que todos estamos hablando de lo mismo, y que no hay una verdadera discusión necesaria para asegurarnos de estar en la misma página, cualquiera que trabaje en desarrollo reconocerá la necesidad de definir claramente de lo que estamos hablando.

Además, gran parte del debate se basa en el supuesto de que las ICC impulsarán el desarrollo, pero luego argumentan que el propio sector necesita desarrollo. Esta es una falacia lógica: si lo que impulsa el desarrollo necesita desarrollo, entonces ¿cuál es exactamente la base o raíz de ese desarrollo?

En mi propio trabajo, he definido el desarrollo como se utiliza en el enfoque de “desarrollo humano y capacidades”, avanzado por los filósofos Amrtya Sen y Martha Nussbaum. Argumentan que no es tanto la finalidad del desarrollo (su mera utilidad) la que debe contar más, sino que el desarrollo se refiere a la posición que una persona tiene que definir y decidir a la hora de valorar la vida y actuar respecto a eso. Por lo tanto, en lugar de tener un mero acceso a la educación como una meta de desarrollo, este enfoque valora nuestra capacidad para tomar decisiones informadas sobre una gama de opciones educativas que podemos tener (incluyendo, por ejemplo, las opciones vocacionales o académicas). Sin embargo, este enfoque no está exento de críticas, dado sus presupuestos liberales inherentes a las sociedades, y su enfoque en cómo los individuos (y no los grupos sociales o culturales) valoran diferentes opciones de desarrollo. Por lo tanto, no afirmo que esta definición sea la mejor posible; simplemente lo usé para corroborar las afirmaciones (en gran parte sin fundamento) hechas acerca del “desarrollo humano” en la literatura de las CCI.

Al final, sin embargo, prefiero enfatizar las diferentes perspectivas que surgen de diferentes definiciones, que apuntar cuál creo que es ‘mejor’ o la menos mala.

G. S. : ¿Se tiene suficientemente en cuenta el valor no monetario de la cultura, o estamos demasiado obsesionados con cifras cuantificables?

C. D. B. : Según mi experiencia, la mayoría de las personas que trabajan realmente en la cultura -incluidas las de los ministerios- estarán de acuerdo en que el valor monetario de la cultura no tiene un gran poder respecto al valor o valores que puede transmitir. Pero debido a que los datos económicos sobre la cultura están más fácilmente disponibles, es una forma muy atractiva de valorizar la cultura. Esta es precisamente la razón por la cual se necesita una investigación cualitativa más fundamentada para avanzar en nuestra comprensión de las maneras en que entendemos y valoramos la cultura.

* Este artículo ha sido publicado originalmente en el boletín del Centre d’Estudis Africans i Interculturals de Barcelona

Feria de Arte de Kenia, lanzadera para el talento nacional

Bicicleta a partir de materiales reciclados, de Cyrus Kabiru. Foto cedida por la Kenia Art Fair.

Bicicleta a partir de materiales reciclados, de Cyrus Kabiru. Foto cedida por la Kenia Art Fair.

Artistas como Michael Soi o Cyrus Kabiru han puesto el nombre de Kenia en el panorama mundial de las artes visuales. Sin embargo, el país está experimentando un deslumbrante auge de la creatividad junto a los esfuerzos de múltiples emprendedores locales. La primera Feria de Arte de Kenia es una prueba de que esta nación del África del Este tiene que estar en el ojo de mira de cualquier amante del arte africano.

Mientras que el rico y variado paisaje del arte africano goza de eventos gloriosos dentro del continente como el Dak’art en África Occidental o la Feria de Arte de Johannesburgo en el África austral, el Este de África emerge dentro de la escena continental como un  gigante artístico en sí mismo. Después del nacimiento de la Bienal de Arte de Kampala, en Uganda, y la segunda y exitosa Subasta de arte del Círculo de Arte de Nairobi, 2014 podía haber cerrado la agenda artística casi convencido de que había logrado un enorme éxito impulsando las artes visuales de la región. Sin embargo, 2014 todavía tenía una traca final guardada para los amantes de las artes visuales de África.

Durante cuatro días, la Sala de Exposiciones del Centro Sarit, en el barrio nairobense de Westlands, ha sido el epicentro de la primera y vibrante Feria de Arte de Kenia. Apodada, Kenia Art Fair, el emocionante encuentro se celebró del 6 al 9 de noviembre reuniendo artistas, galeristas, coleccionistas, amantes del arte y curiosos, que han plantado las semillas para promover el arte made in Kenia.

Organizado por Kuona Trust y patrocinado por el centro Go Down Arts, Pawa 254 o el conglomerado de medios kenianos Nation Media Group, la primera Feria de Arte de Kenia ha reunido personalidades de gran relevancia en la escena artística nacional para debatir sobre el estado de las artes en el país y construir mayor cohesión entre las distintas iniciativas y propuestas a través de diferentes charlas de gran interés para el panorama de las artes visuales locales.

Algunos de los participantes fueron: Abdi Rashid Jibril de Arterial Network, Danda Jaroljmek de la Agencia Circle Art, Elisabeth Nasubo del Ministerio de Cultura keniano, creadores como la artista y diva de la performance Ato Malinda o el dibujante y caricaturista Gado, quienes pusieron la carne en el asador en diferentes paneles de gran actualidad, como “el arte digital”, “el papel del gobierno de Kenia en el apoyo al sector de las artes visuales contemporáneas”, “dibujos animados y cómic”, “arte y emprendeduría” o “los retos de los artistas visuales”.

Kenya Art Fair / Sebastián Ruiz - Wiriko.

Kenya Art Fair / Sebastián Ruiz – Wiriko.

Con entrada libre y gratuita para todo el mundo, los organizadores estiman que más de 5.000 personas pasaron por la Feria durante los cuatro días en los que se celebró. Según lo expresado por la directora de Kuona Trust, Sylvia Gichia, incluso la Primera Dama keniana Margaret Kenyatta estuvo caminando por la feria de arte, cosa que muestra su apoyo a los creadores y a las iniciativas empresariales entorno al mundo del arte nacional.

Kenya Art Fair / Sebastián Ruiz - Wiriko.

Kenya Art Fair / Sebastián Ruiz – Wiriko.

Más allá de las salas de exposiciones, las conversaciones y debates han sido un espacio de intercambio y retroalimentación dialéctica gracias a la amplia participación de una audiencia muy interesada en el tema. A pocos momentos para el cierre, la “necesidad de unidad” como conclusión se solidificó como ideal colectivo. Pero los retos del sector siguen sin resolverse a pesar de la intensidad de los debates celebrados durante la Feria.

¿Cómo transferir el interés por el arte fuera del elitismo? ¿Qué nuevos modelos de distribución pueden beneficiar a aquellos artistas que no están representados en las agencias o galerías? Cómo utilizar las plataformas digitales para promover y vender arte a un precio justo para los artistas? ¿Están las iniciativas de arte kenianas suficientemente cohesionadas? Si se consigue crear una feria anual, ¿se deberían fomentar reuniones periódicas que permitiesen un más amplio desarrollo de la escena artística de Kenia?

Y a pesar de que las preguntas resten en el aire, las semillas para hacer crecer el universo de las artes visuales de Kenia están ya plantadas, y hasta el momento, el logro es que se han logrado situar en el mapa mundial del arte con mucho vigor.

Hacia una economía creativa en África: ACEC 2013

acceafricaEn su corta vida y apenas celebrada la tercera edición, la African Creative Economy Conference (ACEC 2013) es ya una cita ineludible para gestores culturales, artistas, políticos, investigadores y periodistas que buscan un punto de encuentro donde intercambiar información e ideas sobre el rol de las industrias creativas en el continente. Tras dos ediciones en Nairobi y en Dakar, la edición de 2013 se ha celebrado en Ciudad del Cabo que ha sido la anfitriona y la encargada de recibir a gran cantidad de agentes culturales de varios países africanos. La cita ha tenido lugar en el City Hall desde el 6 hasta el 10 de octubre. No es de extrañar que se celebre en la ciudad seleccionada como capital mundial del diseño en 2014, lo que además le sirve como muestra del gran hervidero cultural que será la ciudad en apenas tres meses.

Claramente el auge del sector cultural y creativo del continente se va haciendo notar cada vez más y las nuevas tendencias se hacen escuchar con más fuerza a nivel mundial. Los discursos que reproducen constantemente la idea de que “África es pobre” o “pobre África”, van quedando obsoletos y diluidos en un paisaje cultural y artístico que está en plena ebullición. Quizá África (sin ánimo de hacer de África un país) va unos pasos por delante en el cada vez más extendido pensamiento de que la cultura tiene gran potencial como elemento facilitador del proceso de desarrollo, frente a una vieja Europa que en los tiempos que corren ve la cultura como un derecho prescindible y como un lastre para la mejora de la economía. Esta idea de vincular cultura y desarrollo es por lo que los agentes culturales están apostando en estos momentos.

Hay que tener en cuenta que el concepto del “Economía creativa” está calando de forma gradual en las sociedades tanto africanas como occidentales. Christiaan de Beukelaer (Universidad de Leeds) durante su investigación el Burkina Faso, Níger y Ghana le preguntó a la gente cómo veían las industrias culturales y creativas en su país. Una gran parte de las respuestas fue que no había industrias culturales o creativas allí (“no creemos en ello”, “están en fase embrionario”, etc.). Aunque según De Beukelaer, esto no quiere decir que no haya una gran producción cultural, sino que “hay un compromiso estructural insuficiente con muchas iniciativas que proporcionan diferentes puntos de vista sobre los intermediarios en la interacción entre cultura y economía en muchos lugares del continente”. El mismo autor sostiene que es necesario continuar con un debate sobre qué es y que implica la economía creativa. ¿Qué tipo de sectores culturales? ¿Qué desarrollo? ¿Cuál sería el ejemplo? Son algunos posibles debates que lanza este investigador y ponente de esta edición de 2013.

Por otra parte, investigadores como Ned Dalby destacan las oportunidades que pueden aportar las industrias creativas a la economía. La creciente interacción entre arte y nuevas tecnologías, el desarrollo de nuevas industrias como Nollywood (la segunda después de Bollywood) o la posibilidad de diversificar y evitar la dependencia del continente de los recursos naturales son algunos de los ejemplos de estas oportunidades. Dalby también enfatiza el papel de la cultura en la democracia, que permite a los ciudadanos expresarse de forma creativa a través del arte y la cultura, lo que le dota de gran poder frente a los sistemas opresivos o injusticias del sistema, así como para el diálogo intercultural tan importante para lograr un mayor entendimiento en la diversidad social , cultural y económica.

Arterial-Network-Logo4En este panorama, Arterial Network —una de las organizaciones más consolidadas a nivel panafricano en el campo de las artes y las industrias creativas— ha sido la impulsora de esta iniciativa global desde hace tres años (La African Creative Economy Conference) (ver vídeo de presentación al final de este artículo). Como el propio nombre indica, esta organización es una red de individuales, organizaciones, instituciones, empresas y donantes comprometidos con el sector cultural y creativo en África. Y este proyecto en concreto permite una puesta en común de las dinámicas, propuestas y creación de redes en este ámbito. Un gran número de organizaciones e instituciones —algunas europeas— , contribuyen a la realización de este gran evento, en el que se cuestionan y se debaten las posibilidades, debilidades y retos a los que se enfrentan las economías africanas.

La UNESCO, UE, UA y UNCTAD también han tenido la palabra sobre cuál es su posición al respecto, así como los compromisos que se adoptan en el terreno de las industrias creativas. Estos debates desgranaron los tipos de manifestaciones culturales (música, cine, artes visuales, moda, artesanía, etc), se pusieron en cuestión los mercados internacionales que distribuyen los bienes y que dan soporte a estas industrias creativas y se exploraron modelos de financiación para nuevos proyectos culturales, como el crowfunding. El encuentro también ofrecía un espacio al intercambio de experiencias sobre  la puesta en marcha de proyectos culturales en diferentes países de África. En paralelo a estas jornadas, exposiciones, conciertos y presentaciones de libros eran puntos de encuentro alternativos para aquellos que se dedican o están interesados en el mundo del arte y la cultura.

¿Cuál es el futuro del sector creativo en África? Con esta pregunta clausuró este tercer encuentro realizado en Cape Town donde se llamaba a la puesta en común de nuevas direcciones, sugerencias, ideas, etc., que ayuden a seguir construyendo el camino hacia esta dirección. Estamos convencidos de que al sector artístico y cultural en África le espera un gran futuro. Son infinitas las propuestas e infinito el potencial que tienen el arte y la cultura como elemento crucial en el desarrollo. Así todo, para avanzar hacia esta dirección es necesario recordar que África no es homogéneo y que existen diferencias entre regiones, países y diferencias incluso dentro de cada país. Esto habrá que tenerlo en cuenta a la hora de realizar una estrategia común.

[quote author=”UNCTAD 2010″]El término “economía creativa” apareció en el 2001, más estrictamente en el libro de John Howkins, acerca de la relación entre creatividad y economía. Para Howkins, “la creatividad y la economía no son temas nuevos, pero lo que sí es nuevo es la naturaleza y alcance de la relación entre ambos términos y cómo ellos se combinan para crear valor y riqueza extraordinarios”

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