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Cinco escritoras africanas renovadoras

Leonora Miano huye explícitamente de la consideración de “feminista”, mientras que Chimamanda Ngozi Adichie nos recuerda que “todos deberíamos ser feministas”. Es cierto que la primera de ellas, reniega del feminismo sólo desde una dimensión terminológica. “Si el feminismo consiste en hacer valer los derechos de una categoría ultrajada, ni que decir tiene que lo suscribo”, matiza Miano, que lo que rechaza es el término como una simple etiqueta que limita y constriñe. Adichie por su parte abandera un feminismo renovador, fuera de lo común, alegre y, al menos, formalmente despreocupado. En este 8 de marzo, recordamos cinco escritoras africanas. Pretenden ser sólo cinco ejemplos (muy pocos) de todo un universo de escritoras. Son un pequeño combate contra la invisibilización.

Léonora Miano

Se ha convertido en un tiempo casi récord, en una referencia de las letras en el ámbito de habla francesa y en un valor en alza a escala global. En las conferencias en las que desgrana los principios de su escritura, esta novelista camerunesa rechaza la mayor parte de las categorías que se le atribuirían de manera habitual. Su negación de etiquetas como la de literatura africana y la de literatura feminista tiene que ver con la perniciosa capacidad que estos compartimentos tienen para poner límites. Por eso, Miano se levanta contra las construcciones sociales de género, las que atribuyen características, comportamientos y habilidades concretas a hombres y mujeres, sólo en atención a su sexo.

Más que esas etiquetas compresivas, a la novelista le gusta traspasar líneas, sobre todo, las del pensamiento. Por ese motivo, construye personajes que cuestionan frontalmente los estereotipos. En sus historias, los hombres están cargados de rasgos que se atribuiría habitualmente a las mujeres y viceversa. Miano comenta divertida estos ejercicios, pero no como un puro juego, sino como una práctica de aproximación a la realidad, en la que las categorías no son cajones herméticos.

Chimamanda Ngozi Adichie

Quizá no valdría la pena mencionar a la que probablemente es la novelista de origen africano más popular actualmente. Si a una escritora de origen africano no afecta la invisibilización, seguramente es a esta autora nigeriana. Sin embargo, si se habla de mujeres escritoras se ha demostrado en los últimos años que Adichie tiene un magnetismo especial que ayuda a poner los puntos sobre las íes sin discusión. Habitualmente sus novelas están protagonizadas por mujeres. Mujeres de carne y hueso que se enfrentan a profundas contradicciones y que proyectan la vida real de cada uno de los sectores a los que pertenecen (el matiz es importante, un solo personaje no puede ser la representación de todo un género y, en ocasiones, se ha acusado a la novelista de ser parcial en su dibujo de la mujer).

Sin embargo, entre novela y novela, Adichie ha vuelto en los últimos tiempos a encontrar momentos para hacer otra cosa que le ha servido para acercarse especialmente a su público. Las charlas convertidas en virales, comprometidas e inspiradoras, están en la base de su popularidad en el Norte global. Y, últimamente, ha unido a sus apariciones públicas, algunas actividades en redes sociales. Así se ha ocupado de lanzar una idea del feminismo fresca, renovadora, desacomplejada y poco dogmática. En la misma línea, Adichie ha hecho un alegato de una maternidad satisfactoria pero no idealizada y, sobre todo, que no implica el sometimiento de las madres. Esta reflexión pronto estará disponible en español.

Buchi Emecheta

No tendría sentido hablar de mujeres escritoras en el marco del 8 de marzo y pasar por alto a Buchi Emecheta. La autora nigeriana recientemente desaparecida ha sido para muchas personas la puerta de entrada a una concepción del feminismo que iba más allá de la visión occidental. Emecheta demostró a muchas mujeres y a muchos hombres que se puede vivir el feminismo de muchas maneras diferentes y que sólo está equivocado quien pretende que la suya no sólo la mejor, la auténtica y la genuina, sino también la única.

De nuevo, Emecheta cuestionó su inclusión en el movimiento feminista, pero lo hizo, como ya hemos señalado en el caso de Miano, sobre todo por una cuestión terminológica. Cuando ella se resistió a ser enclaustrada en esta categoría consideraba que la etiqueta no reflejaba su experiencia de la vida en femenino, por eso aseguraba que ella lo que era, era en realidad una mujer, a secas. Sin embargo, después de sus aportaciones, seguramente, muchas más personas han podido verse reflejadas en el concepto, porque a través de sus novelas lo extendió. Emecheta aportó al pensamiento y a la vida feminista un nuevo enfoque sobre la vida y la actividad de las mujeres, sobre la maternidad y la crianza. Un enfoque genuinamente cocinado en la tradición de diversas sociedades africanas y conceptualizado en su contacto con las sociedades occidentales.

Edwige Renée Dro

La escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

Forma parte de una joven generación de escritores y escritoras de diferentes países africanos que se han abierto paso a machete en el difícil mundo de la industria editorial. En su caso, esta autora marfileña ha desbrozado el camino a golpe de relato corto. Relatos que le llevaron a estar incluida en una selecta lista de los 39 autores africanos de menos de 40 años más prometedores. Su aparición en la antología Africa39 es sólo un hito y no sería justo reducir su carrera a ese episodio, pero sin duda ha sido el que le ha permitido darse a conocer de una manera más global.

Edwige ha empleado una segunda vía para construir su camino y una vía, precisamente, todavía poco extendida entre sus compañeros y compañeras de “profesión”. La escritora marfileña ha convertido las redes sociales en sus aliadas, por un lado, para compartir sus trabajos, pero también en una dimensión de su vida más amplia. Edwige Renée Dro no concibe su escritura alejada de su militancia y, en ese sentido, sus tuits, por ejemplo, transmiten inquietudes y experiencias, pero también esa visión del mundo que tan profundamente marca su escritura.

Warsan Shire

La poetisa Warsan Shire. Fuente: http://penguinrandomhouse.ca/hazlitt

Ha roto con casi todos los estereotipos. Nacida en Kenia, de padres somalíes pero residente en Londres, esta jovencísima poeta ya se ha hecho con todos los premios imaginables, pero no sólo eso, su popularidad se ha disparado de una manera absolutamente fuera de lo normal, para una poetisa de la diáspora somalí en Reino Unido. Sus poemas forman la columna vertebral del último videoalbum de Beyoncé Lemonade. Fue aparecer en los créditos del trabajo de la cantante estadounidense y ser buscada por todos lados. Antes, Shire se había destacado como una poetisa irreverente, y quizá por ello los críticos dicen que el álbum de Beyoncé es el más social y comprometido de su carrera.

A pesar de haber vivido casi toda su vida en Londres, Warsan Shire reconoce que le ha influido mucho más su vida como refugiada y que bebe de la tradición de sus padres. No se puede pasar por alto la importancia que tiene en la sociedad somalí la poesía, aunque la de Shire, sin duda, es otra cosa. La joven poetisa habla de las inquietudes femeninas, del sexo y de la intimidad, de la relación con la madre, del desarraigo y de la religión. De todo y siempre sin impedimentos, en ocasiones casi de manera atropellada. Uno de los poemas que más había trascendido de Shire, era For Women Who Are Difficult to Love (Para mujeres que son difíciles de amar), que a pesar de su delicadeza transmite un mensaje crudo y una reivindicación radical de la necesidad de independencia femenina. Curiosamente, cuando se habló en esta sección de esta poetisa, se dijo que “es un poema que bien podría haber sido un himno o, cuando menos, una firme declaración de intenciones”. Al parecer, Beyoncé se ha encargado de convertir esos versos en el himno que estaban llamados a ser. Warsan Shire está trabajando en un nuevo libro de poesías que podría ver la luz en breve.

El feminismo se queda huérfano de Buchi Emecheta

Curiosamente ella misma se desmarcó del feminismo y contrapuso su postura diciendo que sólo era una mujer, alineándose así en el womanism. Sin embargo, sus historias hablaban mucho más alto que las etiquetas y, seguramente de lo que ella huía era de una clasificación concreta del feminismo, de lo que a veces se considera feminismo clásico y no deja de ser una interpretación constrictora en la que se imponen los cánones occidentales. A pesar de renegar, o más bien de apartarse con cierta modestia, Buchi Emecheta enriqueció el feminismo, lo hizo más abierto y le incorporó visiones poco extendidas. Por eso, aunque seguramente muchas personas no los saben, el feminismo se quedó un poco huérfano el pasado 25 de enero.

La escritora nigeriana Buchi Emecheta. Fuente: The Guardian (Nigeria)

Buchi Emecheta, una de las autoras nigerianas de referencia, falleció en Londres a los 72 años de edad y dejando una amplia bibliografía, pero sobre todo un ejemplo. A menudo es considerada como pionera en una literatura que por fin reflejaba los padecimientos femeninos para enfrentarlos y derribar las discriminaciones. Esa postura, ella la adoptó con naturalidad, sin aspavientos, como quien de pronto abre una puerta que todos antes hubiesen negado que existiera. Esa naturalidad de Emecheta, probablemente bebe de su propia experiencia.

Hablaba en sus novelas de los matrimonios precoces y sabía de lo que hablaba porque fue comprometida a los once años y casada a los dieciséis. Hablaba del choque de culturas con autoridad porque emigró a Londres junto a su marido. Hablaba de las desavenencias conyugales, sabiendo de lo que hablaba porque su matrimonio, mientras duró, no fue un lecho de rosas. Hablaba de las situaciones de discriminación y sometimiento a las que se ve la sometida la mujer, porque su esposo se resistió a que publicase su primera novela e, incluso, quemó su manuscrito. Hablaba de la necesaria independencia femenina, precisamente porque puso fin a su convivencia conyugal, cuando al consorte le dieron esos accesos de piromanía literaria. O hablaba de la maternidad y de la fuerza de la crianza, porque ella sola se ocupó de sus cinco hijos, cuando prefirió la literatura y la libertad al yugo de un ignorante.

Curiosamente, pronto fue considerada una “joven escritora británica” por los que no tienen reparo en atribuirse los méritos de los demás y a pesar de que es un absoluto referente, su vitrina de premios no ha estado especialmente llena. Muchas y muchos son los que descubrieron la literatura africana con Buchi Emecheta. Otras tantas y tantos, descubrieron con esta novelista nigeriana la literatura de mujeres. Y otros y otras simplemente disfrutaron de una contadora de historias capaz de conseguir que las vidas de personajes, más o menos, cotidianas reflejasen la épica de las mujeres anónimas, la lucha de la gente de la calle, la historia de las pequeñas historias.

Lo cierto es que esos escasos reconocimientos en vida, no fueron excesivamente contestados, seguramente porque la altura de la escritora estaba por encima de toda valoración y porque el apoyo de sus incondicionales ni siquiera se fijaba en tan banales homenajes. Eso sí, una vez fallecida, sus obituarios han llenado las páginas de la prensa internacional. Entiéndase este comentario simplemente como una constatación de la realidad y no como una crítica, básicamente, porque la muerte de Emecheta ha sorprendido a esta sección sin haberle dedicado ninguna reseña.

En los tiempos en los que otra autora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, se abre paso con un discurso refrescante sobre un feminismo alegre, no se puede olvidar a esa otra madrina que se atrevió a romper algunos límites, precisamente, sin estridencias y sin buscar ni esperar reconocimiento.

Como despedida me quedo con un tuit de una experta en estas disciplinas a través de la cuenta de @literafricas: