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Uganda, epicentro cultural del África del Este

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Chica Pokot, un grupo nacional o étnico que se encuentra entre Kénia y Uganda. Imagen de Eric Lafforgue.

Con la población más joven del mundo (el 77% de los ugandeses son menores de 30 años, mientras casi la mitad de la población no llega a los 15), Uganda es a día de hoy una nación prometedora con tantas oportunidades como retos. Mientras la industria tecnológica sigue dominando las esperanzas para el crecimiento económico del país, las economías creativas empiezan a despuntar como plataformas donde la juventud se expresa en su máximo esplendor. Ya sea desde el universo literario, las artes plásticas, el sector de la moda o desde su industria cinematográfica (Ugawood), Uganda se ha situado en el mapa regional como uno de los enclaves culturalmente más interesantes de toda África. Y uno de nuestros destinos preferidos. Siendo uno de los países más pacíficos del mundo, saltó a las portadas de varios periódicos internacionales después de que su presidente, Yoweri Museveni, y en respuesta a unos desafortunados comentarios del presidente español Mariano Rajoy, alegara que Uganda es mejor destino turístico que España.

Turistas occidentales en una furgoneta en Uganda. Imagen de Vice.com

Turistas occidentales en una furgoneta en Uganda. Imagen de Vice.com

A pesar de la mala propaganda del país (sus mediáticas políticas homófobas, un pasado sumido a la sombra del dictador Idi Amín…), común en las narrativas afropesimistas y eurocéntricas sobre el continente, Uganda no es peor destino turístico que España (país más corrupto de Europa, cuyo pasado franquista nunca fue juzgado y posición 33 en el ránking mundial de la libertad de prensa). Aquellos que creen que Uganda solo puede ofrecer visitas a familias de gorilas en peligro de extinción se sorprenderían. Para los que ven Uganda como un destino exclusivo para intrépidos viajeros y aventureros mochileros, no podrían estar más equivocados.

Wildwater Lodge, uno de los hoteles más lujosos de Uganda, situado en las Fuentes del Nilo.

Wildwater Lodge, uno de los hoteles más lujosos de Uganda, situado en las Fuentes del Nilo.

La imponente panorámica de los rápidos de las Fuentes del Nilo, en Jinja, y el retiro de The Haven, las vistas del lago Victoria de hoteles como el Cassia Lodge, experiencias culinarias únicas en la isla de Bulago como las que regala el Pineapple Bay Resort o hasta el lujoso reposo en el antiguo cráter volcánico del Kyaninga Lodge, en el interior del país, solo son aptas para bolsillos acomodados y exigentes. En este sentido, Uganda, como España, puede ser explorada desde muchas ópticas: la natural, la urbana, la de sol y playa, la de selva y sabana, la de congresos y convenciones, la religiosa, la gastronómica, la de compras…

Sin embargo, si una Uganda se está posicionando a nivel regional, esa es la Uganda cultural. Si hace pocos meses os hablábamos del DoaDoa, el mercado de artes escénicas del África del Este, hoy hay que hacer referencia a lo que se ha convertido en el festival de música y artes más importante de toda la región: el Bayimba. Después de que hace pocas semanas los organizadores del Sauti Za Busara, en la isla de Zanzíbar, anunciaran la cancelación de su edición para 2016, y se hicieran evidentes las dificultades de los festivales culturales africanos, la octava edición del Bayimba lo convierte en un puntal a aplaudir y fortalecer para todos los amantes de la cultura. Sin duda, un pilar para la promoción del turismo cultural en la región.

2015-BayimbaBayimba, la crónica: 

Del 18 al 20 de Septiembre, el recinto del teatro Nacional de Kampala acogió conciertos, sesiones de Dj’s, obras de teatro, espectáculos de danza urbana, exposiciones de fotografía, artes visuales o proyecciones cinematográficas en un entorno urbano y culturalmente abierto dispuesto a dejarse seducir. Con entradas a poco más de 1 euro, horarios desde la mañana hasta la medianoche y una programación afrocéntrica con un fuerte sabor local, el Bayimba supo agradar a todos los públicos y descubrió decenas de tendencias a la mayoría de su audiencia.

La mayor sorpresa, para aquellos que aún no los conocían, vino de la mano de Tanzania. El tanzano Msafiri Zawose, con un repertorio de música Gogo, un estilo tanzano a partir de distintos instrumentos locales como el zeze o el ndono, supo aliñar la noche con la dosis perfecta entre música melódica e hipnotizante, y los bailes frenéticos de una banda musicalmente completa, estéticamente muy cuidada y conseguida escénicamente. Si bien no se trata del vídeo del directo en el Bayimba, recomendamos el vídeo que Abdi Rashid, director de Roots International y programador de las noches musicales del Pub Choices de Nairobi, subió recientemente en su canal de Youtube.

La camerunesa Kareyce Fotso, fue otro de los ases desvelados durante el festival. Con un repertorio inflamable y 100% bailable, la cantante demostró el talento y la sensibilidad que están haciendo su sonido exportable al exterior de África, siguiendo los pasos de su paisana Coco Mbassi u otros cameruneses como el formidable Blick Bassy. Su set estuvo acompañado de dos grandes ases, el ugandés Joel Sebunjo, un grande de la Kora – instrumento tradicional del África Occidental- y el maliense Ali Keita.

Durante todo el festival, las actividades no pararon de sucederse en los distintos escenarios que infectaron de arte Kampala. Santuri Safari, un colectivo de Dj’s, locutores de radio, lo que ellos denominan “conectores culturales” y artistas de todo África del Este, estuvieron al cargo del escenario secundario. Construyendo puentes sonoros entre la música tradicional y los sonidos electrónicos más contemporáneos, Santuri Safari creó la atmósfera alternativa para el Bayimba. Una atmósfera que fue complementada por un espacio dedicado a la sociabilización y el relax alrededor de la percusión tradicional y del Ajono: un ritual en torno a una cerveza tradicional en el que el grupo se sienta en círculo y en el que cada tres minutos aproximadamente, se pasa la pajita al vecino de tu izquierda en señal de confianza.

Casi 3.000 asistentes según los organizadores, marcaron el patrón de la diversidad cultural. A diferencia de otros festivales de música y artes africanas del Sur del Sáhara, el Bayimba se caracteriza por centrarse en la cultura local y regional, algo que no tan solo empodera a los músicos y artistas de la región, sino que subraya la intención de sus promotores en apoyar el talento local sin necesidad de contar con artistas extranjeros o estrellas africanas internacionales afincadas en la diáspora. La sostenibilidad de este increíble proyecto cultural, que ha cerrado su octavo año de andadura con un éxito rotundo, tiene mucho que ver con su trayectoria anual y su inclusión de pequeños y grandes nombres en todas las áreas culturales a las que abraza. Entre ellos, la comercial y famosísima en Uganda Sheeba.

Las tiendas y tenderetes de ropa, detalles, souvenirs y moda local hicieron el agosto (en septiembre). Con todo, el impacto económico del festival en la ciudad de Kampala se hizo notar en restaurantes, hoteles y clubs nocturnos, donde los Dj’s de Santuri Safari alargaron las noches en “after parties” abarrotadas en bares de moda como el Iguana, donde la gente se desplazó en boda-boda, el transporte urbano más extendido y barato de la capital ugandesa.

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Balance: éxito rotundo.

Jennifer Nansubuga Makumbi. Una promesa ugandesa

Jennifer Nansubuga Makumbi. Fuente: web de la autora

Jennifer Nansubuga Makumbi. Fuente: web de la autora

La colina de Mengo, donde se ubica el palacio real y la capital del antiguo reino de Buganda es el escenario en el que comienza The Kintu Saga, la primera novela de la ugandesa Jennifer Nansubuga Makumbi. Sí, el escenario es sugerente, pero la trama no lo es menos. Se trata de la obra ganadora de la edición de 2013 de The Kwani? Manuscript Project, un premio para trabajos inéditos de escritores africanos impulsado por la editorial independiente keniana Kwani?. La voluntad del certamen es dar un empujón a los autores emergentes y precisamente su última ganadora ha sido una de las escritoras convertidas en una promesa de la literatura ugandesa. Makumbi ha reafirmado su condición de esperanza literaria convirtiéndose también en la última ganadora regional del sector africano del Commonwealth Short Story Prize. Otro certamen orientado a nuevas voces de autores anglófonos de todo el mundo.

Las expectativas que proyecta Makumbi se apoyan en la particular y creativa capacidad que ha demostrado la escritora ugandesa afincada en el Reino Unido. The Kintu Saga es una coctelera en la que se mezclan toda una serie de elementos, ingredientes de buena calidad por separado. Pero Makumbi no sólo tienen buen ojo para escoger los componentes, sino que los agita con gracia y consigue que se mezclen formando un coctel tan gustoso como atractivo.

Sin destripar el contenido de esta novela se puede explicar que comienza con uno de los protagonistas, Kamu Kintu, muerto. De hecho la presentación de este individuo tiene una pincelada macabra, ya que aparece por primera vez como un cuerpo no reclamado en una morgue. Sin embargo, la autora lo presenta con una naturalidad que elimina cualquier sensación desagradable. Kamu Kuntu es, en realidad, el penúltimo elemento de una saga familiar maldita, cuyas desventuras se inician 250 años antes en el corazón del antiguo reino de Buganda. Y así es como Makumbi encuentra la manera adecuada para pasearse por una época histórica sugerente y fascinante. Pero The Kintu Saga no es una novela histórica. Es más, es una novela en la que a través de la historia se dibuja la vida cotidiana de la sociedad ugandesa. La novela tiene un cierto misterio, pero tiene también una reflexión sobre los comportamientos sociales, sobre la familia, sobre las convicciones y su transgresión. Como se ha dicho en algunas reseñas (aunque parezca que no es mucho decir) es “una novela sobre la vida”.

Resulta curiosa la manera en la que según la propia autora se gestó la novela. Jennifer Nansubuga Makumbi asegura que empezó a fraguarse en su cabeza pensando en la enfermedad mental de su padre, pero que tomó un rumbo nuevo cuando, desplazada al Reino Unido se dio cuenta de que se presentaba África como un continente gobernado por la irracionalidad y la locura. Y, por otro lado, la autora señala que su voluntad al escribir es entretener, pero también pretende provocar, generar debates y formular preguntas.

Logo del The Kwani? Manuscript Project

Logo del The Kwani? Manuscript Project

En The Kintu Saga y en el estilo de Makumbi, en general, hay mucho de narración tradicional, hay mucho de tradición de oralidad, mucho de relato oral. La propia escritora explica los motivos de este estilo en un artículo titulado “On how I started to write from African oral traditions” desde una perspectiva más personal que académica. Explica que sus dos primeros recuerdos son, por un lado, “el de la hora del cuento de la noche con mi abuelo, en la aldea de Kande, en el distrito de Luwero” y, por otro, la búsqueda por parte de sus padres de libros en los estantes de las librerías de la ciudad. “El recuerdo más vivo sin embargo, es el de mi abuelo, que era tradicional, y el de mi padre, que era occidentalizado, discutiendo sobre dónde debería vivir yo”, continúa. El padre apostaba por que la niña se criase en la ciudad y recibiese una educación “apropiada”, mientras que el abuelo prefería que permaneciese en el pueblo “para conseguir la conexión con la tierra de la tradición original”. El resultado de aquella discusión tiene mucho que ver con el estilo de Makumbi: “El compromiso alcanzado fue que estudiaría en la ciudad con mi padre y pasaría los periodos de vacaciones con mi abuelo”.

En la aldea, la autora tuvo un contacto estrecho con la “oratura”, los cuentos, las leyendas, los proverbios y descubrió cómo las historias de las familias se inscribían en esas expresiones literarias y cómo se mezclaban con la historia, precisamente como ocurre en la trama de The Kintu Saga. Mientras que la ciudad se sumergía en la lectura de los clásicos de la literatura occidental y en el inglés más correcto, que era, para su padre, casi una obsesión.

Mientras espera a la publicación de The Kintu Saga, que le abrirá las puertas de la industria literaria, tanto africana como europea, Jennifer Nansubuga Makumbi se ha enterado de que ha ganado el premio regional de África del Commonwealth Short Story Prize. En este caso, la historia, Let’s tell this story properly, trata otro tema que para Makumbi es importante, el papel de las mujeres y su fuerza para superar obstáculos. El relato cuenta los avatares de una viuda ugandesa que se encuentra en un aeropuerto de Manchester con el ataúd en el que viaja el cuerpo de su marido y tiene que enfrentarse a los inconvenientes inesperados que se le presentan.

Makumbi no es aún la ganadora definitiva de este premio dedicado a los escritores anglófonos de todo el mundo, sin embargo, sí que se le puede considerar ya una promesa de la literatura ugandesa que tiene mucho que decir.