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“Alida y el reino de Uluf”, literatura fantástica basada en la tradición africana

Eric G. Moral ha hecho un complicado ejercicio. En Alida y el reino de Uluf no sólo ha construido una historia inspirándose en la tradición y la cosmovisión diolá, sino que además lo ha hecho intentando trasladar también los códigos culturales que hacen que esas creencias se vivan de una manera concreta. Este joven escritor catalán no sólo ha intentado acercarnos una realidad, sino que además pretende que entendamos como la viven sus protagonistas. La primera novela de Eric G. Moral es una feliz provocación por el descaro con el que rompe y supera la mayor parte de los estereotipos. Mañana jueves, el mismo autor presenta el libro en Barcelona, en la librería Gigamesh.

Eric G. Moral, el historiador catalán autor de “Alida y el reino de Uluf”. Foto: Carlos Bajo

Este historiador puede permitirse el complicado ejercicio por la familiaridad que tiene con la realidad de la que habla. Estudiante de Historia en la Universidad de Barcelona, se acercó a la realidad africana de la mano de uno de los gurús del africanismo en el Estado, Ferran Iniesta, y fue cocinando su pasión en ese círculo de estudios africanos barcelonés que fija su atención en cuestiones históricas, antropológicas o filosóficas del continente. Así, hasta dar el salto a la Casamance, al sur de Senegal, donde se fue acercado a diferentes aspectos de la tradición diolá y ha acabado estudiando la huella del paso de la colonización por los sistemas de organización locales, como parte de su tesis doctora. La historia de Alida y el reino de Uluf le ha permitido dar una nueva dimensión a todas las experiencias que ha vivido, sin el corsé de la academia, pero con el más profundo respeto a sus protagonistas.

¿Qué nos puedes explicar del argumento de Alida y el reino de Uluf sin desvelar el misterio?

La historia se desarrolla en un país imaginario, Bubayum, y cuenta la aventura de una niña africana adoptada, Alida, que tiene que regresar a su país de origen para buscar a su padre que ha desaparecido. A Alida, le acompañará Sam, que es un niño alemán que representa exactamente lo contrario de Alida, es un escéptico, no cree en la magia, está lleno de estereotipos…

Vayamos por partes, Bubayum es un país ficticio, pero se parece bastante a una territorio real, ¿no es así?

Evidentemente, cualquiera que conozca un poco la Casamance, al sur de Senegal, reconocerá en Bubayum la zona de la Baja Casamance, que es la zona en la que yo he trabajado. Es una especie de homenaje a mis amigos diolás. Y tampoco es que intente ocultarlo, la gente que vive en Bubayum son los kiolás. Son más bien guiños y he preferido marcar una distancia por la parte de ficción que también hay.

Ambientar una novela en África, no es habitual y cuando se hace, en la mayor parte de los casos, es un simple escenario…

Sí, es cierto. En mi caso, he intentado que sea algo distinto. He querido presentar una parte de África que conozco y he intentado dibujarla de la manera más parecida a como la perciben mis amigos. De hecho hay frases textuales que me han dicho a lo largo de mis viajes a mi para explicarme las cosas.

Y, ¿por qué los protagonistas son precisamente dos niños?

En realidad, tengo debilidad, desde siempre, por las historias protagonizadas por niños y creo que le pasa a mucha gente, ¿no? Supongo que es algo así como una vuelta a la infancia que te lleva mucho más fácilmente a las aventuras que todos hemos imaginado. Por otro lado, los niños son más inocentes pero también son más abiertos y están más dispuestos a entender, a aceptar y a asumir cosas nuevas. Así que dentro de la historia me daban mucho más juego. Por ejemplo, la propia curva de la evolución de los personajes sólo es verosímil si son niños. Es decir, a medida que van encontrándose y conociendo algunas realidades, van cambiando su forma de pensar, van aceptando y reemplazando algunas creencias que tenían. Tal como ocurre, sólo es creíble si son niños, porque los adultos son mucho más reacios.

Has hablado de la magia, ¿qué importancia tiene la fantasía que en esta novela?

Yo crecí leyendo libros de literatura fantástica y soy un apasionado de este género. Cuando viajé por primera vez a la Casamance de repente descubrí un lugar en el que esa dimensión que nosotros consideramos fantástica está completamente viva. La diferencia entre lo que es real y lo que no, es difusa, hay cosas que nosotros consideramos brujería, pero que allí forma parte de la vida cotidiana y que además es transversal, se presenta de muchas manera y en diferentes ámbitos de la vida con mucha naturalidad. No hay ningún conflicto en la relación entre los sobrenatural y la vida real. Y ese ambiente, evidentemente está muy presente en la historia.

Pero no debe ser fácil acceder a esa relación entre el mundo invisible y el visible.

Bueno, relativamente. Yo tengo la sensación de que cuando te acercas, hablo en el caso de la Casamance que yo conozco, de manera honesta, con voluntad de conocer y no con voluntad de juzgar, la gente te va explicando cosas y de repente te encuentras con que todo el mundo conoce casos de revenants, es decir, de muertos que han vuelto y que es algo muy habitual. Está claro que hay partes secretas en las creencias, pero creo que lo fundamental es la manera en la que se acerca el observador. Si ven que realmente te interesas, te cuentan muchas cosas, porque les encanta hablar sobre su cultura, lo que ocurre es que les duele que se les desprecie.

El historiador Eric G. Moral, ha aprovechado sus investigaciones para acercar una nueva visión de África. Foto: Carlos Bajo

¿Por qué has decidido escribir una novela juvenil?

Creo que hay un déficit importante en el sistema educativo respecto a todo lo que tiene que ver con África y espero que esta sea una herramienta más para acercarse al continente. Habitualmente, por ejemplo, cuando a los estudiantes se les explica la colonización en realidad no se les está explicando la colonización sino la presencia de los europeos en África. En la novela se habla sobre el periodo colonial pero desde la óptica de los africanos. Al fin y al cabo, los niños son los adultos del mañana, ¿no?

¿Así que hay una intención, digamos, pedagógica en Alida y el reino de Uluf?

Bueno, mi principal objetivo es entretener, pero sí que es cierto que intento romper estereotipos. Es un poco delicado, porque intento darle la vuelta a las ideas preconcebidas, pero la protagonista, Alida, es una niña adoptada y en Bubayum hay una rebelión, que son dos estereotipos habituales. Sin embargo, cuando avanza el relato se ven las particularidades de la adopción de Alida y también de la rebelión en Bubayum.

Hablas de magia y de brujería, por ejemplo. Cuando se habla de estas realidades tan diferentes y que en nuestra cultura tienen connotaciones tan negativas, ¿no es un problema, incluso, la lengua? Es decir, escoger las palabras que no tengan esa carga y que se entiendan, ¿no es un inconveniente?

Pues sí, era algo que me preocupaba mucho. Claro, lo que para nosotros representa la palabra “brujería”, no es lo mismo que representa para los kiolá de la historia, o para los diolá del mundo real. Pero tampoco tenemos otra palabra para esa realidad. Por ejemplo, en el caso de los fetiches, le di muchas vueltas e incluso estuve debatiendo con mi editor. Al final decidimos que valía más la pena utilizar la palabra diolá bakin (que se pronuncia bachin), explicando en el libro a qué realidad se corresponde esa palabra. La verdad es que es un poco complicado y que hay un riesgo de que el lector se confunda. He intentado ser muy respetuoso y mostrar las creencias y las tradiciones sin caer en la superficialidad.

Precisamente, ahora la literatura fantástica y sobrenatural de autores africanos está recibiendo reconocimiento internacional. Hay quién dice que África es un filón en este género. ¿Qué te parece?

En gran medida estoy de acuerdo. En África encontramos miles de historias inspiradoras para los que nos gusta la ciencia ficción, pero al mismo tiempo hay algunos riesgos, porque esas historias para las personas que las viven son reales. Creo que hay que acercarse a esa realidad, a esa relación entre lo visible y lo invisible siempre con mucho, con muchísimo respeto. Además hay que tener en cuenta el riesgo de la apropiación cultural… Repito, que creo que la clave es el respeto. Pero además de la literatura fantástica es muy interesante ver cómo en los autores africanos esa dimensión sobrenatural entra de una manera muy sencilla en la literatura realista, precisamente, por esos códigos culturales. Ese también es un fenómeno curioso.

¿Cómo se han tomado la historia las personas en las que te has inspirado, tus amigos diolá?

La mayoría todavía no han tenido oportunidad de leerla, pero sí que le he hablado muchas veces del proyecto. Cuando lo hacía, se reían y me decían que tuviese cuidado porque si contaba esas cosas me iban a tomar por loco.

“La migración es el resultado de siglos de saqueo”

Heredero de Touré Kunda, una de las bandas más míticas de África Occidental, el músico mauritano-senegalés Daby Touré resurge con un nuevo álbum lleno de reivindicaciones sociales

Daby Touré en un estudio de grabación. Nicolas Diop.

Daby Touré en un estudio de grabación. Nicolas Diop.

En Mauritania, país predominantemente árabe-bereber, la esclavitud se ilegalizó formalmente en 2007, modificando la Constitución para reconocer la diversidad cultural. Sin embargo, en la excolonia francesa sigue habiendo familias enteras trabajando de forma esclava para mauritanos de tez clara, que admiten tener derechos heredados sobre los negros. Poco o nada se está haciendo para liberar a esta población del yugo histórico. Los activistas del país son perseguidos y la comunidad internacional no quiere actuar de forma contundente por miedo a perder a Mauritania como aliado en la lucha contra el terrorismo yihadista. Así, el racismo campa a sus anchas entre las porosas fronteras del Sahel y muchos negros se ven obligados a migrar.

Este fue el caso de Daby Touré y su familia. Con solo 18 años, en 1989 Touré emigró con su padre a París, invitado por sus tíos Sixu e Ismael, huyendo de esta lamentable situación. Ellos habían emigrado desde Casamance, en el sur de Senegal, donde parte de la familia se había establecido generaciones atrás. Los antepasados remontan sus raíces al antiguo imperio de Mali. Sin embargo, el conflicto armado de Casamance empujó a la esta generación de los Touré a moverse hacia la metrópolis francesa. “La migración es algo natural para nosotros. Es la historia del ser humano. Usamos la palabra de forma negativa, pero es algo muy positivo. Cómo se convirtió en negativo, no lo sé, pero sería urgente recordarlo”, reivindica Daby Touré desde su París adoptivo.

Cuando llegó a Francia desde Nuakchot, el joven Daby descubrió que tenía allí una gran familia, un icono de la diversidad cultural que había revolucionado los sonidos parisinos con una de las bandas que mejor tejió el discurso cosmopolita de la capital. Eran los míticos Touré Kunda y estaban en la cresta de la ola. Daby se unió a sus primos, tíos y su padre y con la historia de la migración desde Mauritania por bandera, popularizaron un discurso multicultural con el soninké, el wolof, el mandinga, el dioula o el criollo portugués, hablados en la región más sureña de Senegal, entronizándolos como estrellas del cosmopolitismo del París de los 80 y 90. Su símbolo, el elefante, representación de la familia, volvió a trasladarse a Casamance en el año 2000. Pero Daby decidió quedarse en la urbe francesa y seguir dedicándose a la música.

Este artículo ha sido posible gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y Planeta Futuro (El País). Para seguir leyendo, pincha aquí.

 

Oussouye, arena de lucha femenina

Lucha senegalesa en Dakar. Foto: Vanessa Anaya

Lucha senegalesa en Dakar. Foto: Vanessa Anaya

El Mundial de Fútbol celebrado en Sudáfrica en 2010 o la reciente Copa Africana de Fútbol, son algunas evidencias más de la capacidad de movilización social que tiene este deporte en África (y en gran parte del mundo) . Aunque si damos un salto y nos vamos a África Occidental, concretamente a Senegal, el fútbol encuentra un oponente claro: el laamb o la lutte senegalesse. O más bien, se podría llegar a decir que entre los senegaleses la lucha arrasa y deja de lado al supuesto deporte rey.

Hoy en día la lucha senegalesa se ha convertido en el deporte más rentable del país, siendo una salida para muchos jóvenes sin empleo o que provienen de las zonas más pobres del país. Supone una manera relativamente fácil de ganarse la vida, sobre todo para los que triunfan en el mundo de la lucha ya que se pueden llegar a embolsar miles de euros en un solo encuentro. Ello es debido a su gran popularidad entre los senegalesas, y su repercusión en los medios lo que provoca un claro aumento en publicidad alrededor de las luchas y sus protagonistas.

Pero sus orígenes son más lejanos que este boom actual. En la época pre-colonial las etnias sérer (Delta del Siné- Saloum) y joola (Cassamance) lo  practicaban para celebrar el fin de la recolección o para dar suerte en la próxima, para impresionar a las posibles futuras mujeres o como demostración de fuerza. Era, además, la danza (bàkk) que acompañaba los sonidos del tam-tam que el griot tocaba en esas mismas celebraciones.

Hoy en día ha trascendido las celebraciones comunitarias para pasar a formar parte del ocio urbano de los mas grandes estadios de Dakar. Los dakarois esperan con impaciencia la llegada del domingo para ir al estadio a animar a su luchador, que se entregará totalmente a su público. Una vez metidos en “arena” las reglas son claras: el primero que apoye sus cuatro extremidades en el suelo, que apoye la espalda o se salga del perímetro delimitado por los sacos de arena, perderá.

Pero ser luchador (mbeurkatt) no es sólo una cuestión física (¡que lo es!), sino mística. Los marabouts les acompañarán durante la lucha para alejarles de la mala suerte mediante una serie de baños rituales y rezarán por ellos para acercarles la victoria, por lo que el rol del marabout en el encuentro, es crucial. Los luchadores cuentan con sus gris-gris (talismanes) para protegerles e intimidaran a sus adversarios mediante los “baccou”, que es un alarde de sus proezas en forma de canto.

A partir de ahí, la suerte está echada…

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Lucha senegalesa femenina en Casamance

La lucha senegalesa se hace un hueco en nuestra sección de artes visuales a través de la fotografía. Laeila Adjovi realizó recientemente un reportaje fotográfico en Casamance para la BBC África sobre las mujeres en la lucha senegalesa.

Y es que aunque la lucha es principalmente terreno masculino, las mujeres también participaban en estas celebraciones ya desde la época pre-colonial. Cada vez más, ellas vuelven a tomar los “rings” de arena como una demostración de fuerza real, y en una mayor proporción, simbólica. La expansión de la lucha en los Juegos Olímpicos ha significado el empuje para promocionar la participación en la lucha entre las mujeres.

Si desde Dakar, atravesamos el país hasta Oussouye, en Casamance, uno de los lugares de donde procede este deporte, encontramos la participación de las mujeres casi intacta entre los diola, como antaño. Estas luchas se realizan sobretodo en el marco de la fiesta del Rey en septiembre y después de las coshechas. En la lucha femenina las reglas son similares, aunque hay algunas diferencias como que no están autorizados los gris-gris ni la intervención de los marabouts. Las categorías son generacionales y el ritual va acompañado de música y danzas que varían entre las diferentes comunidades rurales.

De hecho la idea es fomentar su participación para no perder una costumbre muy arraigada que hoy en día va más allá de ser una práctica deportiva, y se coloca como una de las principales actividades físicas y lúdicas y socio-educativas donde, como en el caso de la lucha masculina, las mujeres demostrarán su coraje, su carácter y su afirmación ante su adversaria. Supone también el acercamiento entre los individuos y los pueblos, ya que pone de manifiesto las particularidades culturales de la comunidad.

Hoy en día Oussuye es uno de los pocos lugares (por no decir el único) donde se practica la lucha tradicional femenina. Quizá ello se deba al creciente éxodo rural hacían las ciudades o debido a los embarazos precoces entre las mujeres de la comunidad.  Pero la intención se seguir manteniendo la tradición e incluso profesionalizarse está muy presente en las comunidades. Una muestra de ello es que muchas mujeres de la zona hoy en día integran el equipo nacional.

Os dejamos con el reportaje de Laeila Adjovi:

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Más información:

Leila Adjovi

RFI

Maïmve, Etiènne (2008). De la pratique de la lutte traditionnèlle feminine a la pratique de la lutte olympique feminine.  Universidad de Cheikh Anta Diop.